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Introducción

1. La fenomenología es el “acontecimiento más importante de la filosofía contemporánea” (Gaos, 2007: 23), “la principal corriente de pensamiento de nuestro tiempo” (Henry, 2009: 31). Pero debemos reconocer, tan pronto como admitimos aquello, la dificultad de precisar cabalmente qué es la fenomenología. Herbert Spiegelberg ha dado cuenta de dicha dificultad, procurando sortearla en su cometido de proporcionar una definición del llamado “movimiento fenomenológico” (1982: 1).[1] La noción de “movimiento”, en efecto, resulta ser una metáfora adecuada para representar la índole dinámica de la fenomenología en tanto filosofía: es que su desarrollo, que involucra el despliegue de ciertos principios intrínsecos, alberga la posibilidad de diferentes trayectorias que así como pueden contar con un punto de partida en común –aquellos mentados principios–, carecen por otro lado de la certeza de dirigirse hacia un definido y predecible lugar de llegada. Tal como señala Dermot Moran (2011: 18), “la fenomenología (…) está inextricablemente ligada al siglo XX. Es un movimiento fracturado, y su inspiración frecuentemente parece correr como una corriente subterránea enriqueciendo el suelo, más que como un movimiento explícito y autoconfiado por derecho propio”.

¿Cuál es el fondo común que nos permite hablar, entonces, de “movimiento fenomenológico”? Podemos afirmar que su historia comprende, al menos en lo que sería su primera fase, el decurso del pensamiento filosófico de Edmund Husserl. Spiegelberg lo describe apelando a la figura de una espiral convergente sobre un centro, a saber, el fenómeno de la conciencia subjetiva. “En ciertos giros de esta espiral algunos de sus seguidores fueron desviados a una tangente, como si fueran seguidores de líneas sugeridas por Husserl mismo durante una fase más temprana, mientras que él ya había cambiado su curso” (Spiegelberg, 1982: 2).

Esta observación nos plantea un interrogante acerca de cuál ha de ser el criterio de demarcación entre pensamiento fenomenológico y no-fenomenológico. Si el círculo de los discípulos de Husserl fue sufriendo modificaciones en su composición a lo largo del tiempo, bien cabe preguntarse si acaso los primeros en acercarse a su magisterio hubieron de dejar de lado su adscripción al movimiento fenomenológico como tal, distanciándose del canon establecido por su maestro, o si aquel movimiento es, conforme a lo que ya hemos anticipado, un todo complejo que resiste cualquier tipo de definición parcial y que en su complejidad resulta capaz de abarcarlos a todos en torno a un mismo eje.

El ideal de construir una definición fenomenológica de la fenomenología, adscribiendo al motivo de que “la fenomenología sólo es accesible a un método fenomenológico” (Merleau-Ponty, 2002: 10), recorre la obra de numerosos exponentes de la disciplina y tal vez sea una asignatura todavía pendiente o, más aun, probablemente de imposible cumplimiento efectivo: es que “la comprensión de la fenomenología radica únicamente en tomarla como posibilidad” (Heidegger, 2014: 49). No obstante, tal como reconoce Spiegelberg, aunque “no hay ninguna duda de que el fundador y líder del propio Movimiento Fenomenológico fue Edmund Husserl” (p. 3), su institución debe atribuirse a la creación del Anuario de filosofía e investigación fenomenológica (Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung) en el año 1913, cuya responsabilidad editorial recaía tanto sobre el mismo Husserl, como en la labor conjunta de aquél con Moritz Geiger, Alexander Pfänder, Adolf Reinach y Max Scheler. Explica Spiegelberg, a propósito del Jahrbuch:

La fenomenología no es un sistema que los editores comparten. Lo que los une es la convicción común de que es sólo mediante un retorno a las fuentes primarias de la intuición directa y a la aprehensión de las estructuras esenciales derivadas de ellas, que podremos ser capaces de utilizar las grandes tradiciones de la filosofía con sus conceptos y problemas; sólo así podremos estar en una posición para clarificar tales conceptos intuitivamente, para restablecer los problemas sobre una base intuitiva, y así eventualmente resolverlos, al menos en principio (p. 5).

2. Precisamente aquel año de la fundación del Jahrbuch, una joven estudiante procedente de la prusiana ciudad de Breslau, llamada Edith Stein, llegaba a la ciudad de Gotinga para incorporarse al círculo de estudiantes y profesores reunido en torno al magisterio de Husserl. El tema del presente trabajo es la recepción de la fenomenología en el pensamiento de la joven Edith Stein, tal como se pone de manifiesto en los lineamientos centrales de su Tesis doctoral, Sobre el problema de la empatía (Zum Problem der Einfühlung), exitosamente defendida en Friburgo en 1916 y parcialmente publicada en Halle un año más tarde.

¿Quién fue Edith Stein? ¿Cuál era la índole del movimiento fenomenológico al momento en que ella entró en contacto con él? ¿De qué manera se hizo efectiva en su primera obra la recepción de esta convocante novedad filosófica? Tales preguntas abren un campo de indagación favorable al abordaje de la hipótesis rectora de la presente investigación: que el estudio fenomenológico de la empatía efectuado por la joven Edith Stein –expresión más original de su recepción de la fenomenología y, por lo tanto, índice privilegiado para el análisis del modo en que ella supo acoger dicha filosofía y que, en consecuencia, resulta particularmente asumido en este trabajo– puede ser entendido como la adopción de un eje temático de cuyo tratamiento se desprenderían ciertas implicancias sistemáticas, es decir, vinculadas con el modo mismo de concebir el sentido y alcance de la disciplina –a saber, la posibilidad de realizar una lectura realista del problema fenomenológico de la constitución.

Por otra parte, entre los objetivos secundarios de este trabajo subsiste la intención de reivindicar la relevancia de la figura de Edith Stein en el seno de la filosofía contemporánea, examinando su inserción en el entramado del movimiento y la filosofía fenomenológica, cuya incidencia sobre el conjunto de su obra difícilmente pueda exagerarse, dado que ha constituido para ella una auténtica matriz de pensamiento que supo guiar sus reflexiones sobre muy variadas cuestiones a lo largo de toda su vida.[2] Nos acompaña, en este sentido, la presunción, corroborada por varios especialistas en el pensamiento y la obra de Stein,[3] de que el estudio de su disertación doctoral sobre la empatía puede servirnos para sentar las bases para la comprensión de su producción ulterior, a la vez que para adelantar algunas consideraciones acerca del vínculo entre filosofía y teología, capaz de conformar un futuro plan de investigación. De ahí que también se esboce, a la manera de un excurso conclusivo hacia el final del presente escrito, la intuición respecto del carácter precursor del pensamiento steiniano en orden al llamado “giro teológico de la fenomenología” que habría de formalizarse años después de su muerte en las obras de filósofos tales como Jean-Luc Marion, Michel Henry y Jean-Louis Chrétien, entre otros.[4]

3. Este trabajo se estructura en dos partes. En la primera, he de dar cuenta de la conformación histórico-conceptual del movimiento fenomenológico, asumiendo la compleja tarea de aproximarse a una definición de su objeto y de establecer ciertas etapas que aquél ha seguido en su despliegue. A tal efecto, y admitiendo como premisa el hecho de que es la “diversidad (…) entre los practicantes de la fenomenología lo que lo conduce a uno de un interés por las consideraciones generales de la fenomenología al estudio del pensamiento de los fenomenólogos individuales mismos” (Moran: 21), me remitiré al pensamiento, la vida y la obra de tres filósofos indiscutidamente asociados con el movimiento fenomenológico y que han gravitado de distinta manera sobre la persona y la obra de la joven Edith Stein: Edmund Husserl, Adolf Reinach y Max Scheler. Los tres comparten, además, la circunstancia de haber fundado el Jahrbuch, órgano de difusión del pensamiento fenomenológico y, como tal, plataforma insoslayable para la comprensión de sus lineamientos fundamentales. Abordaré, en sendos capítulos, el itinerario intelectual de cada uno, haciendo además particular hincapié en algunas aristas de sus principales contribuciones filosóficas.

En la segunda parte de este trabajo he de dar cuenta de la estructura específica y del contenido particular de la Tesis doctoral de Edith Stein sobre la empatía, luego de presentar y periodizar la historia de su vida, a los fines de subrayar la especificidad del período abordado en estas páginas, al tiempo que para mostrar que la aproximación de Stein al problema de la empatía encuentra su marco de sentido en el contexto histórico-conceptual descrito en la primera parte y es expresión genuina de su más primigenia recepción de la fenomenología. Así, la empatía ha de ser el hilo conductor de nuestra investigación, es decir, el eje fundamental sobre el cual se articulan las dos partes del presente trabajo: la primera, diseñada para ofrecer una síntesis histórico-descriptiva de los núcleos conceptuales que conformaron el clima intelectual con el que entró en relación Edith Stein en su juventud; la segunda, concebida para ofrecer un análisis sistemático-explicativo de los contenidos argumentales de la primera obra de Stein, a propósito de la cual quedan expuestos los lineamientos centrales de su recepción de la fenomenología en el período de 1913-1916 y los aspectos involucrados en la hipotética posibilidad de interpretar en su tratamiento del eje temático indicado, el desprendimiento de ciertas implicancias sistemáticas para la comprensión de la fenomenología como tal.


  1. Todas las traducciones de las citas de la bibliografía consignada en inglés son propias.
  2. Toda la trayectoria intelectual de Edith Stein estuvo signada por su aprehensión del método fenomenológico y su aplicación para la elaboración de investigaciones filosófico-teológicas que respondieron a las vetas –muchas veces no exentas de conflicto– de su propia vida.
  3. Cf. Bertolini, A. (2013). Empatía y Trinidad en Edith Stein. Fenomenología, teología y ontología en clave relacional. Salamanca: Ediciones Secretariado Trinitario.
  4. Cf. Bornemark, Jonna, “Max Scheler and Edith Stein as Precursors to the ‘Turn to Religion’ Within Phenomenology”, en Phenomenology and Religion: New Frontiers, eds. Jonna Bornemark, Hans Ruin (Södertörn: Södertörn Philosophical Studies, 2010), 45-65.


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