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Prólogo

Julieta Calmels

La salud mental y los derechos humanos pueden definirse como un campo de trabajo y pensamiento. Este es resultado de un legado histórico y de una fuerza viva que, en nuestro país, dio lugar a grandes transformaciones e invenciones en materia de salud y derechos a nivel general.

A partir de esta tradición –viva, pujante y actual–, desde la asociación civil ENCLAVES decidimos lanzar una colección de textos que aborden diferentes ejes problemáticos que hacen a este campo de trabajo y pensamiento: dictadura argentina, violencia institucional, Estado de derecho versus estado de excepción, infancias y derecho, género y diversidades.

El objetivo es dar a conocer las conceptualizaciones y experiencias que están produciéndose por un amplio conjunto de profesionales, intelectuales, militantes y actores, las cuales no tienen, hasta el momento, un ámbito que las reúna y les dé la circulación y el alcance que merecen. Asimismo, estamos convencidos de que los textos reunidos tienen la fuerza –no solo intelectual, sino también política– para ser usados como herramientas que estimulen y acompañen las prácticas en salud mental y derechos humanos de los profesionales argentinos y también, ¿por qué no?, de aquellos otros que, residiendo en distintos países, puedan encontrar en la experiencia argentina algunos elementos útiles para emprender un camino de transformación en el campo de la salud y los derechos. Para el armado de la colección “Salud Mental y Derechos Humanos: Herramientas conceptuales para el pensamiento y la acción” hemos respetado un orden que, a primera vista, toma la forma de un criterio cronológico, dado que este primer libro aborda, desde diferentes ángulos, la temática de la dictadura argentina. Pero a poco de leer los artículos aquí reunidos, el lector podrá advertir que lo que pareciera un capítulo del pasado reciente toma la forma de un núcleo duro de problemas que trascienden en gran medida a un período particular de la historia y dan lugar a problematizaciones necesarias para leer la realidad contemporánea y pensar el trabajo con las personas que fueron objeto de las violencias del Estado. Como plantea Luis Sanfelippo en la introducción de este libro, se trata de “Un pasado […] demasiado vivo como para que los muertos puedan descansar en paz y los vivos nos demos el lujo de dejar de recordarlo”.

Por ello, la colección debe leerse en una sucesión de volúmenes-libros, donde los núcleos problemáticos que allí se debaten tiene una ilación lógica más que temporal, conceptual más que cronológica y política más que académica. En los sucesivos volúmenes podrán verse desplegadas otras temáticas caras a la realidad argentina actual, pero que no se reducen al ámbito acotado de nuestro territorio. Pues también remiten a una realidad regional y mundial que en esta hora del siglo ha comenzado a inclinarse hacia la profundización de las desigualdades sociales y a un especial desdén por los derechos humanos y los derechos en general, arrasando con las conquistas que la década pasada había logrado instaurar. Esta puja con la historia presente y futura es, podemos decir sin rodeos, el motor que nos mueve a quienes trabajamos en el proyecto que aquí se lanza y con el cual buscamos contribuir a promover mayores condiciones de igualdad, libertad y derechos para nuestras sociedades.

El campo de la salud mental y los derechos humanos contiene una relación intrínseca entre ambos términos que no es antojadiza ni en lo conceptual ni en lo político. Las particularidades de la historia argentina, en relación con fenómenos de violencia extrema, como fueron las repetidas dictaduras militares y el impacto masivo de ellas en la población y en las instituciones, despertó en sectores de nuestra sociedad (muy especialmente en los organismos de derechos humanos) una búsqueda de instancias de justicia y también de reparación para las víctimas. Esto se tradujo en experiencias variadas, para las que los psicólogos y otros trabajadores de la salud mental crearon dispositivos y técnicas y adoptaron un enfoque acorde al trabajo con esta población. Estos desarrollos encontraron, luego de un tiempo, un escenario propicio para desplegarse desde el interior del Estado, gracias a una reconfiguración de las políticas de reparación en nuestro país y, particularmente, a la implementación durante la última década de procesos de justicia inéditos a nivel mundial, tanto por su modalidad como por su alcance.

Estas situaciones ubicaron a la Argentina en el lugar de pionera en el mundo y abonaron a constituir, con absoluta legitimidad, un campo propio de intervención: la salud mental y los derechos humanos.

Por otra parte, quisiéramos destacar el desarrollo temprano del campo de la salud mental en nuestro país, con experiencias pioneras de articulación interdisciplinar e intersectorial que se reflejaron, por ejemplo, en el gran número de profesionales de elevada calidad de formación. De esta manera, se logró construir un pensamiento crítico en torno a la práctica clínica, las instituciones de encierro, las violencias y la función del sistema de salud en su conjunto. Esta tradición, forjada desde la década de 1960 e interrumpida y perseguida durante la última dictadura, fue retomada tras el retorno a la democracia y cobró fuerza con la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental 26657, que constituye un faro ordenador de estándares básicos en materia de salud mental y que, al mismo tiempo, presenta como novedad la incorporación de los derechos humanos en un lugar estructural de la normativa.

La actualidad de la Argentina, como hemos anticipado anteriormente, nos enfrenta a una situación que, sin exagerar, puede definirse como un abrumador retroceso en lo relativo a los derechos humanos de la población. En primer lugar, se observa un incremento notorio del accionar represivo de las fuerzas de seguridad, que ya ha generado muertes y comienza a gestar un nuevo conjunto de víctimas de la violencia estatal. En segundo lugar, quisiéramos destacar el aumento creciente de los presos políticos, que vulnera todas las garantías procesales y legales que rigen para cualquier ciudadano. Observamos que, junto a estos dos factores, el desplome del Estado de derecho –como resultado buscado de las políticas neoliberales del actual Gobierno– trae aparejado una caída de las instituciones de la democracia y del Estado como garante de los derechos más elementales, sumiendo a las grandes mayorías sociales a situaciones de despojo de gran parte de los bienes materiales y simbólicos con los que se desarrolla la vida. Ello, como es de imaginar, constituye un factor sumamente crítico, que afecta de lleno a la salud y a la salud mental en términos singulares y colectivos.

Es en el marco de esta realidad social que emprendemos, con la urgencia inquietante del tiempo en que vivimos, un nuevo proyecto intelectual y político, como lo es el lanzamiento de esta colección. Apostamos a que el pensamiento y la acción sean dos términos capaces de reunirse y potenciarse. Como nuestra tradición nos ha enseñado, intentamos un modo de pensar la acción y hacer el pensamiento, para volverlos una fuerza colectiva que nos reúna una y otra vez, y así encontrar lo mejor de nosotros y avanzar hacia lo mejor para todos. Para que cada uno, en el lugar donde esté y con la tarea que emprenda, esté menos solo y sortee todo lo posible el desánimo al que estos tiempos difíciles nos empujan. En suma, para que la tradición que nos habita, el deseo que nos empuja y las convicciones que nos orientan sean menos individuales y más comunes. Y que, por sobre todas las cosas, veamos la necesidad de no renunciar jamás a hacer de cada acto un paso necesario para un futuro más cercano y más alentador.



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