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1 Derechos humanos
en la Argentina actual

Entrevista realizada a Jorge Alemán
por Julieta Calmels

Julieta Calmels (JC): Queremos conversar con vos sobre algunos temas de la realidad argentina de este último tiempo. Entre otros aspectos, vemos cómo se ha seleccionado y organizado desde el Gobierno actual un ataque a los derechos humanos a través de diferentes estrategias de discurso y de intervención sobre este campo. Incluso antes de que el presidente Mauricio Macri asumiera el Gobierno nacional, venía construyendo una posición y una lectura respecto de los derechos humanos a través de aquella nefasta declaración de 2014: “Hay que terminar con el curro de los derechos humanos”. Vemos que luego, con la llegada de la alianza Cambiemos y de Mauricio Macri al Gobierno, se sucedieron otra serie de movimientos importantes que apuntaron a poner en duda cierto legado histórico, cierto consenso histórico que Argentina había logrado desde la democracia hasta ahora, como, por ejemplo, la figura de los treinta mil desaparecidos. ¿Cómo ves este cambio de posición y de discurso respecto de los derechos humanos desde el Gobierno actual en relación al legado de los derechos humanos en Argentina?

Jorge Alemán (JA): En primer lugar, habría que reconocer la especificidad que tuvieron los derechos humanos en la Argentina. Por ejemplo, en todos los países occidentales bajo los regímenes neoliberales, los derechos humanos son un subsistema de la realidad, es un departamento más de la lógica del Estado. Y, salvo por el nuevo fenómeno de Donald Trump, en los procedimientos que están bajo los semblantes del Estado de derecho y la democracia, los derechos humanos ocupan una función que tiene que ver con respetar a los niños, con el surgimiento del feminismo en el cenit de lo social… en fin, con toda una serie de consideraciones que se supone que tienen que ver con la manera en que la comunidad debe relacionarse consigo misma, establecer sus límites. Pero en la Argentina, los derechos humanos no fueron un subsistema de la realidad, no fueron una parte de una lógica, sino que fueron creadores de realidad. Es decir, los derechos humanos son una de las grandes construcciones porque hubo un encuentro entre un gran movimiento social, como el de Abuelas, Madres e Hijos y sus diversas derivaciones, y una política de Estado en donde se reconocía el antagonismo, donde no se aceptó la teoría de los dos demonios ni se aceptó que los derechos humanos fueran pura y exclusivamente un hecho formal, administrativo, sino que se los consideró como la construcción de una determinada política. Muchos actos políticos del Gobierno anterior estuvieron siempre acompañados de la presencia de protagonistas de los derechos humanos. Entonces, eso les da un carácter muy excepcional y singular a los derechos humanos en la Argentina porque en Europa son usados como elemento administrativo. Además, hay una tendencia a victimizar a las personas y clasificarlas en paquetes de víctimas: hay víctimas de esto, víctimas de lo otro, víctimas del terrorismo, víctimas de tal cosa y eso no genera una transformación. Diría yo que, incluso, mientras se mantengan en la condición de víctimas, son funcionales a las lógicas dominantes. Funcionan como nuevas formas de etiquetamiento, que han compartido un montón de especialistas, expertos. Los derechos humanos en los países sajones suelen ser un tema limitado a los expertos. Invitan a un experto en psicología infantil para explicar los derechos del niño, o a una feminista que tiene una función en el Estado, o a un experto en todas esas modalidades del acoso o el bullying. En fin, todo eso entra dentro de los derechos humanos que hacen a la naturaleza misma del Estado democrático, del Estado de derecho (siempre teniendo en cuenta que son términos a revisar). Estado democrático y Estado de derecho son, en el neoliberalismo, semblantes que yo no aboliría porque tampoco creo que mejoren las cosas si se suprimen. Pero es cierto que han quedado cada vez más sustituidos por mecanismos y procedimientos que no afectan a las verdaderas decisiones del sujeto; en las cosas importantes, se decide por fuera de la esfera del sujeto. Yo creo que en la Argentina el Gobierno de Mauricio Macri trata de llevar los derechos humanos a ese entramado donde funcione como un subsistema, como un departamento más, como un casillero más de la realidad del Estado.

JC: Digamos, como algo que no afecte a lo común.

JA: Exacto, que no tenga ningún efecto en lo común y que no aparezca como un sujeto político.

JC: Y en relación a la historia, a una mirada sobre la historia, ¿cómo lo pensás? ¿Cómo pensás los discursos que aparecen del lado del negacionismo, por ejemplo, la discusión o la afirmación de que no fueron treinta mil desaparecidos? O bien, los discursos que no hablan más de “teoría de los dos demonios”, sino que ahora plantean la idea de la “memoria completa”.

JA: Sí; “memoria completa” es los dos demonios recalculado.

JC: ¿Cómo ves este movimiento? ¿Como un intento de reescribir la historia del país? ¿O como un intento de deshistorizar un legado simbólico?

JA: Es esto último que has dicho. Para mí, es deshistorizar. Como ocurre con los billetes que aparecen con animalitos. Es que la historia no te interpele, que no haya más algo que retorne desde la historia, que no estén abiertas las lecturas.

JC: ¿Se trata de una disputa acerca de las versiones de la historia? Me preguntaba si era un neoliberalismo contando la historia o si era una versión más deshistorizante.

JA: No, no. Desde luego que es una disputa. La pregunta es si lo consiguen, si consiguen verdaderamente reabsorber todo, como he visto en algunos países de Europa. Es muy difícil de estimar porque, por un lado, sabemos que la historia es el lugar donde lo reprimido siempre reaparece; pero también es verdad que los dispositivos neoliberales tienen cada vez una fuerza mayor para llevar todo a un presente que dé la espalda al pasado. Entonces, ahí la pregunta que cabe es: ¿cómo van a lograr cerrar esto? Creo que todo depende, para bien o para mal, de qué tipo de crisis se produzca en la sociedad. O sea, no creo que por el solo desarrollo inmanente de una política todo esto se pueda resolver. Lo que vuelve a dar lugar a fenómenos políticos transformadores es siempre previamente algún tipo de crisis. Si no se produce esa crisis (el kirchnerismo mismo no es solo el resultado de la tradición peronista, es también heredero del año 2001), sin esa “crisis orgánica”, como hubiera dicho Gramsci, es probable que no hubiera sucedido lo que sucedió. Perón se iba a ir de vacaciones de la Secretaría de Trabajo y hubiera pasado a la historia como un señor que se iba con su amiga de vacaciones, pero ocurrió el 17 de octubre. Sin un momento crítico, no una crisis orgánica, pero al menos una crisis de representación o una crisis de legitimidad, no se puede reconstruir un actor político que recupere la historia. No es un proceso de reconstrucción solamente, ese es problema.

JC: Ni de espera pasiva.

JA: No, no. Se debe tratar de reconstruirla, pero a la vez tiene que aparecer el hueco donde eso emerja. Por ejemplo, hace unos meses en Argentina, con la reforma previsional,[1] hubo como un momento de crisis, de cuasi emergencia de algo. El problema es que con la crisis sola no es suficiente porque puede haber un enorme sismo social y que quede fortalecido cualquier sector horrible. Así que es necesaria una reconstrucción política que haga lugar para traducir políticamente esa crisis. Y, a la vez, con la construcción política sola tampoco alcanza porque si no tenés algún momento de temblor, permanecés en estrategias electorales, en maquinarias. En España pasa lo mismo: Podemos no es posible sin el 15M.

JC: Bueno Jorge, seguiremos pensando y haciendo esta historia abierta. Te agradecemos mucho por el estímulo y el compromiso político de siempre para pensar la realidad argentina desde una perspectiva de emancipación en la que, como nos señalabas recién, los derechos humanos cumplen un papel indiscutible.

JA: Un gusto; gracias a ustedes.


  1. Se refiere a la Ley de Reforma Previsional enviada por el Poder Ejecutivo al Congreso Nacional con el propósito de reducir el cálculo de actualización de los haberes jubilatorios. En una sesión histórica, el 18 y 19 de diciembre de 2017, tras una votación ajustada, se logró imponer el proyecto del Poder Ejecutivo con un enorme perjuicio para los jubilados. La sesión en la Cámara de Diputados de la Nación se sucedió en un clima tenso, caracterizado por multitudinarias manifestaciones callejeras y por un especial ensañamiento de las fuerzas de seguridad que detuvieron a decenas de manifestantes y personas que circulaban por el centro porteño, así como actos de represión alarmantes a manifestantes y a diputados y diputadas nacionales que habían salido del recinto para solicitar que detuvieran la represión desatada. Todo ello motivó a que se solicitara formalmente la interrupción de la sesión debido al clima de violencia y a que varios diputados estaban siendo atendidos médicamente por las lesiones sufridas por las fuerzas de seguridad. Esa misma noche, de manera espontánea, en diferentes centros del país se desataba una manifestación popular de los ciudadanos, un “cacerolazo”, que desde sus casas y en las esquinas de los barrios se reunían para expresar el rechazo a la decisión de reducir los haberes de los jubilados.


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