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Introducción

El tema de esta tesis de licenciatura es la fenomenología inmanente de Michel Henry (1922-2002). Ella supone una revisión general de la historia de la fenomenología y de las tesis generales que la animan, pues busca conducir hasta su radicalidad el problema que se encuentra a la base de toda investigación fenomenológica, a saber, el problema del fundamento de la manifestación. La intención de este trabajo es enfrentarse directamente con el núcleo de la filosofía henryana, es decir, realizar una indagación y una constatación de los límites que alcanza el pensamiento de Henry. Más aun, tal intención se inscribe en el ámbito al cual se encuentran reconducidas todas las investigaciones henryanas. Este ámbito es el de la subjetividad. Ésta no sólo es el fundamento en el que descansa toda fenomenalidad sino también la dimensión en la que ésta última alcanza su límite. El motivo de esto, veremos, radica en que Henry define la subjetividad como el aparecer absoluto y como la donación absoluta e invisible del sentimiento. Delimitado así nuestro campo de estudio y el propósito general que lo recorre, debemos presentar ahora el objetivo específico de este trabajo, el cual posee un carácter eminentemente problemático. Se trata, pues, de estudiar qué rol cumple la temporalidad en el planteo inmanente de Henry desarrollado en La esencia de la manifestación (1963).[1] [2] Este objetivo específico adquiere un aspecto problemático en la medida en que supone la pregunta por el lugar de la temporalidad en la concepción henryana de la subjetividad. Dicha concepción parece resolver el problema que se le presenta a la fenomenología husserliana al intentar dar cuenta, mediante un análisis intencional, de la manifestación de la intencionalidad misma. Esto genera, como puede advertirse, un movimiento al infinito. Dado que el pensamiento de Henry abandona el planteo intencional y fundamenta el aparecer del ego en el carácter afectivo de éste y en la donación pática de sí, el ego obtiene su status fenomenológico sin el riesgo de hundirse en un regreso sin fin. Esto significa que la manifestación del ego no depende de distancia alguna y es, por lo tanto, ajena y anterior al despliegue del mundo. La ausencia de una distancia fenomenológica también es, según Henry, la ausencia de tiempo.[3] Pero, ¿es igualmente posible que tal manifestación ocurra sin siquiera durar? ¿Es posible aceptar, desde una perspectiva fenomenológica, que un acto puede ser tan inmediato que carezca de duración temporal?

Los problemas que se le presentan a una concepción de la subjetividad que niega o no precisa las condiciones temporales de la subjetividad son variados. Pero reparemos tan sólo en que, de no contar el ego con una constitución temporal, su unidad se encuentra, por lo menos, amenazada. Por otro lado, si el ego es el fundamento trascendental de los fenómenos, es preciso preguntarse también cómo lograrían ellos obtener una constitución temporal. Es decir, si la subjetividad no se da en el tiempo, ¿cómo puede ella proporcionarle tiempo a los fenómenos que constituye? Como se advierte, estas dos cuestiones no son problemas menores. Lo que intentaremos responder a lo largo de esta investigación es si estas cuestiones fueron atendidas por Henry y, si lo fueron, qué solución se deriva mediata o inmediatamente de su filosofía.

Para alcanzar el objetivo específico mentado, es necesario considerar tres aspectos. En primer lugar, se deberá resolver si la donación del ego a sí mismo, bajo el modo del sentirse a sí del sentimiento, tiene lugar en el tiempo. En segundo lugar, debe considerarse cómo es posible que exista el tiempo si la condición de todo aparecer escapa a la temporalidad. Es decir, cómo es posible que, en la dimensión de la trascendencia, fundada según Henry en la inmanencia de la subjetividad, existan objetos temporales y pueda existir una vivencia tal como la del recuerdo. En tercera y última instancia, se debe evaluar, a partir de los resultados alcanzados por medio de nuestro examen de la subjetividad, si el ego puede ser considerado una unidad a pesar de que prescinda de una constitución temporal.

La motivación de este trabajo se remonta a la sorpresa que provoca hallar tan pocas observaciones sobre el tema en La esencia de la manifestación. Tal perplejidad se acrecienta aun más en la medida en que una de las preguntas que inaugura dicha obra es precisamente si la fenomenología del tiempo pertenece o no a la fenomenología primera, destinada a definir las características del aparecer originario.[4] Este interrogante no se aborda de manera específica en ningún sitio de la obra. Sin embargo, la publicación de las notas preparatorias de la mentada obra atestigua que aquélla constituía una preocupación seria para Henry y que, por alguna razón -que por ahora desconocemos-, no llegó a plasmarse en la obra publicada. Este escenario explica, a la vez, la cantidad tan limitada de las contribuciones realizadas a esta problemática. Los aportes significativos que pueden mencionarse al respecto son los de François-David Sebbah, Dan Zahavi, Mario Lipsitz, Sébastien Laoureux y Natalie Depraz.[5] Los tres primeros consideran que en La esencia de la manifestación, Henry intentó excluir la temporalidad del campo de los análisis sobre la subjetividad, por ser aquélla sinónimo de una constitución intencional o de una distancia fenomenológica de la cual el aparecer de la subjetividad carece. Por otra parte, Laoureux y Depraz proyectan los análisis posteriores de Henry, aquellos que parten de la elucidación del concepto de “nacimiento”, para afirmar que ya en La esencia de la manifestación estaba latente el desarrollo de la temporalidad que sólo más tarde cobrará cierto protagonismo. Sin embargo, estas observaciones, aunque válidas, no reparan en los problemas que se anunciaron arriba y, por lo tanto, la perspectiva que ellas instauran es sólo parcialmente adecuada.

Casi inmediatamente después de la publicación de La esencia de la manifestación, Henry se dedica a estudiar el Capital de Marx. En la filosofía de la realidad y de la economía del pensador alemán, Henry encuentra la posibilidad para una extensión del campo de la fenomenología. En 1976, publica los dos tomos de su obra Marx. Más tarde, hacia la década del ochenta, durante su estadía en Japón, Henry comienza a elaborar las reflexiones que serán, en 1985, recogidas en Genealogía del psicoanálisis. El comienzo perdido. Ante estos vaivenes, Gondek y Tengelyi sostienen que “puede ser considerado particularmente como signo del profundo cambio de estas épocas, que él [Henry] se haya vinculado en la década del setenta ante todo al marxismo, en la década del ochenta a la primera línea del psicoanálisis y en la década del noventa casi exclusivamente a la religión cristiana”. [6]

Ahora bien, la temática en cuestión adquiere mayor complejidad en la medida en que los últimos trabajos del filósofo francés, es decir, aquellos que éste escribe en sus últimos diez años de vida, le proporcionan al problema del tiempo una conceptualización específica. Por un lado, y luego de un largo período de alejamiento de la filosofía stricto sensu, Henry publica en 1991 el libro Fenomenología material. En él aparece compilado un conjunto de textos que demuestra la ambición todavía vigente de Henry por renovar las bases de la fenomenología. Entre estos textos hay uno que nos interesa particularmente, “Fenomenología hylética y fenomenología material” (1989), pues está dedicado, en una gran parte, a la crítica de las Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo de Husserl. Por otro lado, aparece más tarde una serie de escritos que inaugura un nuevo período de la fenomenología henryana, caracterizada fundamentalmente por el abordaje del cristianismo y la filosofía de la encarnación. Dentro de este período deben destacarse los siguientes textos: “Parole et religion: la Parole de Dieu” (1992), “Phénoménologie de la naissance” (1994), Yo soy la verdad. Por una filosofía del cristianismo (1996), Encarnación. Una filosofía de la carne (2000) y Paroles du Christ (2002).[7]

En el período señalado, el problema de la temporalidad ingresa en los análisis sobre la constitución del ego a partir del concepto de “nacimiento” y del par conceptual vida-viviente. El corazón de la tesis de Henry puede resumirse en las siguientes consideraciones. Por una lado, la vida es con respecto al viviente un antes absoluto y por eso, el viviente presupone la vida. Pero, por otro lado, la autoafección de la vida absoluta se efectúa incesantemente y, como tal, es la condición fenomenológica del ego. Henry afirma al respecto que “nosotros no nacimos un día sino que somos constantemente engendrados en el autoengendramiento absoluto de la vida”.[8] Por lo tanto, la antecedencia absoluta de la vida permanece en el interior del ego como su condición y su carácter de pasado no se le revela al ego como si fuera un éxtasis temporal, exterior a su presente, sino que constituye la propia autotemporalización del ego mismo. En este sentido, es posible afirmar que la revelación originaria del ego ocurre en el flujo de una temporalidad que lo excede, puesto que él es una generación en el interior de la temporalidad de la vida absoluta previa a él y que es identificada, por otra parte, con la antecedencia de la existencia divina. Sin embargo, fiel a la exigencia de no ceder ante un método objetivante del tiempo, Henry sostiene que el pasado de la vida tiene, para el ego, un carácter inmemorial y, por lo tanto, no puede ser descubierto presentativamente por el recuerdo.

Entonces, aclarados los pormenores relativos a la bibliografía sobre el tema, debemos precisar que el marco textual en el cual se inscribe este trabajo está delimitado por la publicación de La esencia de la manifestación (esto incluye, naturalmente, los manuscritos preparatorios a la obra) y la aparición del artículo “Fenomenología hylética y fenomenología material”. Sin embargo, dado que en la obra mayor de Henry se encuentran las bases de su pensamiento, es a ella a la que mayormente nos dedicaremos. Dicho esto, introduciremos la hipótesis, relativa a este primer período de la producción filosófica henryana, que habrá de guiar este trabajo. Tal hipótesis contiene un carácter doble. Por un lado, se buscará probar, con la ayuda de sus manuscritos preliminares, que La esencia de la manifestación contiene una preocupación por el sentido de la temporalidad. Por otro lado, consideramos que Henry propone una articulación precisa entre la subjetividad y la temporalidad, la cual caracteriza de modo positivo, y no por exclusión, la manifestación del ego. Pero a la vez, se intentará comprobar que la unidad del ego, al no estar garantizada por una síntesis de tipo temporal, no está absolutamente exenta del peligro de desintegrarse.

La investigación anunciada se llevará a cabo por medio de los pasos que se describen continuación:

El primer capítulo tiene como objetivo ubicar la obra de Henry en un contexto de producción más amplio que se conoce como “fenomenología francesa contemporánea”. La forma que ésta adopta se explica, en primer lugar, por la recepción que tuvo en Francia la obra de Edmund Husserl y de Martin Heidegger (§ 1) y, en segundo lugar, por las derivas del pensamiento fenomenológico posterior al ingreso de la fenomenología en Francia (§ 2).

En el segundo capítulo se presentarán las bases de la fenomenología de Henry. En él se explicitará la meta que la guía, a saber, alcanzar el fundamento absoluto e incondicionado de la fenomenalidad (§ 3). Para ello, será necesaria una elucidación del concepto de “fenómeno” que permita otorgarle al fundamento mismo un carácter fenomenológico (§ 4). Luego, con el planteo de la pregunta por el objeto y el método de la fenomenología inmanente, se conducirá el análisis hacia la constatación de la pertenencia de la fenomenología del ego a la fenomenología primera, en tanto estudio de las condiciones últimas de todo aparecer (§ 5).

En el tercer capítulo se procederá a especificar los motivos por los cuales el ego es entendido como la condición absoluta de la manifestación (§ 6). Así, la tarea de la fenomenología henryana queda definida como el descubrimiento de la subjetividad, en tanto ésta mienta la estructura que garantiza el aparecer del ego como tal. Dentro de dicha estructura se debe hacer mención al nivel de la ipseidad que, entendida como el sentirse a sí mismo del sentimiento, es la condición fenomenológica del ego. A su vez, en el nivel de la pasividad ontológica originaria y, específicamente en la articulación conceptual del sufrimiento y el goce de sí, se encuentran los fundamentos de la efectuación concreta del ego (§ 7). Luego, se pondrá el acento en el carácter trascendental y constituyente del ego (§ 8) para más tarde remitir el análisis a la cuestión de la constitución del ego mismo (§ 9). El problema de la constitución del ego es el punto de partida para la pregunta acerca de la relación entre subjetividad y temporalidad.

En el cuarto y último capítulo el foco estará puesto exclusivamente en el problema de la temporalidad, en relación con el planteo inmanente de la fenomenología henryana de la subjetividad. Luego de precisar las características y los límites de la problemática de la temporalidad (§ 10), se aludirá a los aportes realizados por los comentadores sobre el papel de la temporalidad dentro de la filosofía henryana. Frente a ellos, el objetivo de la investigación debe ser desentrañar la tensión que existe en el seno mismo de La esencia de la manifestación en relación a la pertenencia o no pertenencia de la fenomenología del tiempo a la fenomenología primera (§ 11). Se acudirá, para tal fin, al examen de las fuentes filosóficas que se encuentran a la base de las reflexiones henryanas sobre la temporalidad, a saber, las filosofías de Kant, Heidegger y Husserl (§ 12). En el último parágrafo, se propondrá un posible esquema interpretativo que permita otorgarle a la subjetividad una cierta determinación temporal. En tal esquema serán articulados los conceptos de “autoafección” e “instante”, como claves para comprender la problemática de la temporalidad. Por otro lado, en tanto el ego carece de una instancia que lo constituya temporalmente, deberá evaluarse si éste logra adquirir o no un carácter unitario (§ 13).


  1. La esencia de la manifestación (L’essence de la manifestation) fue originalmente la tesis doctoral que el filósofo francés escribió bajo la dirección de Jean Wahl y Jean Hyppolite y que luego fue defendida en febrero de 1963 frente a un amplio auditorio en la universidad francesa de La Sorbona. La empresa filosófica, que culmina con la publicación de La esencia de la manifestación en 1963, había tenido sus inicios en 1946. Estimativamente entre los años 1956 y 1957, Henry les envía a los directores de su tesis un resumen analítico, en el cual puede advertirse que el título original de la obra era “L’Essence de la revelation”. Allí, Henry define el tema principal de su investigación: el origen de la constitución de una “fenomenología del ego”. Cf. Henry, Michel, “L’essence de la révélation. Résumé analytique”, en Brohm, Jean-Marie; Leclercq, Jean (dir.), Michel Henry, Lausanne, Editions L’Age d’Homme Editions, “Les Dossiers”, 2009, pp. 55-60, p. 55.
  2. Con respecto al criterio para la referencia de las fuentes bibliográficas primarias y secundarias, se resolvió que aquellas obras que cuentan con una traducción al español serán mencionadas y citadas en ese idioma. Por el contrario, de no haber una versión española del texto, el título estará en su idioma original.
  3. Cf. Henry, M., “Notes préparatoires à L’essence de la manifestation: la subjectivité”, Revue internationale Michel Henry, Nº 3, Louvain-la-Neuve, Presses universitaires de Louvain, 2012, p. 174, Ms. A 6-8-4090. A lo largo de este trabajo, estas notas serán citadas como se hace aquí: el primer número refiere a la página de la edición citada y la anotación siguiente refiere al número que identifica la nota citada.
  4. Cf. Henry, M., L’essence de la manifestation , Paris, Presses universitaires de France, 2011, p. 67, trad. esp. de M. García-Baró y M. Huarte: La esencia de la manifestación, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2015, p. 69.
  5. Cf. Sebbah, François-David, “Aux limites de l’intentionnalité: M. Henry et E. Lévinas lecteurs des Leçons sur la conscience intime du temps” en Alter, Nº2, 1994, pp. 245-259; Zahavi, Dan, “Michel Henry and the phenomenology of the invisible”, en Continental Philosophy Review, nº 32, Kluwer Academic Publishers, 1999, pp. 223-240; Lipsitz, Mario, Eros y nacimiento fuera de la ontología griega: Emmanuel Lévinas y Michel Henry, Buenos Aires, Prometeo, 2004; Laoureux, Sébastien, L’immanence à la limite, Paris, Cerf, 2005; Depraz, Natalie, “En quête d’une phénoménologie: le référence henryenne a Maître Eckhart” en Greisch, Jean; David, Alain (dir.), Michel Henry, L´épreuve de la vie, Paris, Cerf, 2001. pp. 255-279.
  6. Gondek, Hans-Dieter; Tengelyi, László, Neue Phänomenologie in Frankreich, Berlin, Suhrkamp, 2011, p. 13.
  7. Cf. Henry, M. Phénoménologie de la vie, Tome IV: Sur l’éthique et la religion, Paris, Presses universitaires de France, 2003, “Parole et religion: la Parole de Dieu”; Henry, M., Phénoménologie de la vie, Tome I: De la phénomenologie, Paris, Presses universitaires de France, 2003, “Phénoménologie de la naissance”; C’est moi la vérité. Pour une philosophie du christianisme, Paris, Éditions du Seuil, 1996, trad. esp. de Javier Teira: Yo soy la verdad. Para una filosofía del cristianismo, Salamanca, Sígueme, 2001; Henry, M., Incarnation. Une philosophie de la chair, Paris, Seuil, 2000, trad. esp. de J. Teira, G. Fernández y R. Ranz: Encarnación. Una filosofía de la carne, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2001; Paroles du Christ, Paris, Éditions du Seuil, 2002; trad. esp. de J. Teira: Palabras de Cristo, Salamanca, Sígueme, 2004.
  8. Henry, M., Phénoménologie de la vie, Tome IV, op. cit., “Parole et religion: la parole de Dieu”, p. 139.


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