1 La etnología de los otros
y de uno mismo

SH: Bienvenido Marc Augé a la Argentina, una vez más. De todas maneras, usted es un viajero empedernido, no solo por el mundo sino también por el subte, pescando signos del futuro y huellas del hombre. Pero antes de entrar en los temas quizás más fecundos, o por lo menos los términos que usted acuñó y que andan dando vueltas por distintas disciplinas –me refiero a los “no lugares” o a la “sobremodernidad”–, antes de entrar a morder esos huesos conceptuales, quería saber qué es un etnólogo. Porque, en realidad, usted es antropólogo, pero en muchos de sus libros aparece esta noción que es una vía de la antropología –el etnólogo–. Además, usted trabaja una forma de la autobiografía, quizás, que es la etnología de sí mismo. Así que empecemos por usted. ¿Quién es usted?

 

MA: Vasta pregunta. Creo que la etnología es el estudio de una comunidad, de un pequeño grupo. Y es un estudio que el etnólogo hace solo. Trabaja solo. Y es un aspecto importante de la cuestión, sobre el cual Lévi-Strauss llamó la atención, para decir que la etnología, como la matemática, responde a una vocación. Eso en primer lugar. Nos encontramos solos, dentro de un grupo cuyo funcionamiento intentamos comprender. La crítica que se hace a veces de que el etnólogo proyecta sus propios elementos en los demás es una crítica ligera e inexacta, a mi entender. Porque el etnólogo está un poco perdido. Se ha ido de su casa y aún no ha entrado en casa del otro, si es que alguna vez lo logra. Entonces, está como suspendido entre dos situaciones. Pero, en principio, intenta entender la cultura del otro. La cultura es el sistema de relaciones sociales que se dan y que siempre están prescritas. Hay una repartición de gente en el espacio que obedece a reglas a menudo explícitas. Reglas que hay que estudiar. Y eso es la etnología.

 

SH: ¿Qué quiere decir con “está solo”?

MA: Está solo, primero físicamente. Es raro que los etnólogos trabajen de a dos. El etnólogo está solo frente a un grupo constituido como tal y que afirma su diferencia. Por eso, el etnólogo debe abstraerse de sus referencias habituales. Y no le cuesta tanto hacerlo, pues está un poco perdido al inicio. Debe intentar impregnarse de la cultura de los demás, por más que haya aspectos bien precisos. Plantea preguntas. Hay todo un corpus etnológico, y siempre se pueden formular las mismas preguntas. De hecho, ese es un aspecto destacado para la comparación de las culturas. Porque dondequiera que estemos, las preguntas que planteamos siempre tienen pertinencia. Las relaciones hombre-mujer, la relación con la muerte, las relaciones de poder… Todo eso tiene sentido. Puede cobrar distintas formas, pero la pregunta siempre tiene sentido. Y por eso la formulamos.

SH: ¿Y las respuestas?

MA: Las respuestas varían, por supuesto. No son siempre las mismas. La diferencia cultural existe. Las culturas no son semejantes. Son semejantes por las preguntas que plantean. Pero las respuestas varían considerablemente. De hecho, eso puede suponer un problema. Porque hay usos culturales que son un poco problemáticos. De manera general, todas las culturas se enfrentan con relaciones de poder. No hay sociedad que carezca de formas de poder. Para empezar, la relación hombre-mujer. Las culturas, desde ese punto de vista, son diversas y todas ellas respetables por las preguntas que plantean, y no son comparables por las respuestas que aportan.

SH: Interesante esta idea del poder como central en las diferentes culturas, y la idea del poder principalmente entre el hombre y la mujer.

MA: Sí, es allí donde empieza. Siempre. Es la desigualdad fundamental, sea cual sea la forma de cultura, pese a la fábula del matriarcado primitivo que es, obviamente, una fábula. El trabajo del etnólogo consiste en intentar entender la originalidad de las formas sociales que se desarrollan en un lugar dado.

SH: ¿Y el etnólogo de sí mismo, como usted lo trabaja en este libro?

MA: He utilizado la expresión “etnología de sí mismo” para significar que muchas veces sabemos que la identidad, incluida la identidad individual, se crea a través de la alteridad, a través de las relaciones. Eso empieza con los padres y la educación. No nacemos de la nada. Esa relación con los otros mediante el cual nos construimos es esencial y primera. La etnología de sí mismo es el hecho de tomar consciencia de todo eso. Siempre estamos en relación con el otro, y la etnología de sí mismo no es una etnología volcada hacia el egocentrismo. Al contrario, es una suerte de tentativa para entender qué tipos de relación con el otro se construyen en distintos ámbitos y en diferentes momentos de la vida o de la existencia.

SH: Sería un complemento del psicoanálisis.

MA: Sí, es eso. En cuanto a la antropología… La antropología tiene una meta más general. Es una etnología comparada, si se quiere. Cuando hablamos de antropología, hablamos de la antropología estructural, del parentesco, del poder. Se apela a una pluralidad de ejemplos. Uno intenta encontrar reglas que atraviesen las culturas. Además, es más general. La antropología estructural es el ejemplo más conocido, puesto que los sistemas de parentesco dependen de sistemas de transformación que pueden reconstituirse. Y podemos notar que cada cultura tiene su configuración, pero cada configuración puede transformarse lógicamente para desembocar en otra forma. Esos sistemas en transformación pueden estudiarse en sí mismos. Pero, de modo general, podemos decir que la antropología es una reflexión más vasta, más amplia, que se basa en ejemplos múltiples.



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