5 Las ilusiones de la sobremodernidad

SH: ¿Y en relación con el término que usted de alguna manera acuñó, que es la sobremodernidad, que aquí a veces se llama “hipermodernidad”?

 

MA: Utilicé la sobremodernidad en el sentido de la sobredeterminación. Freud había utilizado ese término; Althusser lo retomó para decir que hay tantos factores explicativos, que tienen efectos acumulados y son difíciles de analizar. Existe una causalidad excesiva, de algún modo. Creo que eso marca bastante lo que es la sobremodernidad. Me refiero a que los atributos de la modernidad, a saber, la afirmación del individuo, la aceleración de la historia y el dominio del espacio se han multiplicado en nuestra época. Pero puede producir efectos difíciles de analizar y complejos, e incluso contradictorios.

 

SH: ¿Pero eso se relaciona con la tecnología, con el mundo virtual?

 

MA: Sí, por supuesto. Con el mundo virtual y con las tecnologías. Si tengo la impresión de poder estar en todas partes a la vez y controlar lo que pasa, puedo tener la ilusión de estar en todos lados. Así como la ilusión de que puedo hacer cosas a mi voluntad y de que puedo hacerlas instantáneamente. Lo cual no es cierto, por más que creamos que sí porque los medios de la tecnología son importantes.

 

SH: Es la dinámica del consumo generalizada.

 

MA: Sí, es eso. El individuo consumidor es el hiperconsumidor. Consume todo, incluso los instrumentos de comunicación. La comunicación se ha vuelto un objeto de consumo. Podemos consumir de todo y tener la impresión de que todo es posible.

 

SH: Bueno, quizás este afán de consumirlo todo sirve para sentir que no se pierde nada.

 

MA: Sí, exacto. Hay un ideal de exhaustividad. Como ilusión, desde luego. Ese mundo de ilusiones lo vemos funcionar. Vemos cómo la gente puede sentir que todo le resulta posible. Pero también, en otros momentos, tienen la certeza de que es una ilusión. Ese sentimiento de soledad que puede aparecer en el mundo sobremoderno es el precio a pagar por esa libertad ilusoria. La soledad, o el aislamiento. Porque la soledad es otra cosa, es algo que podemos buscar.

 

SH: Es más interesante.

 

MA: Sí, más interesante. Pero el aislamiento es el hecho de estar alienado. Alienado en un mundo en el que nos encontramos solos.

SH: Como etnólogo y antropólogo, le pregunto si en el recorrido de sus preguntas ha llegado a alguna cultura que tenga una pequeña propuesta vital diferente, que quizás le llamó la atención por la manera en que existía en este mundo.

 

MA: Es cierto que la vida sobremoderna es una vida llena de ilusiones. La ilusión de poder actuar sobre las cosas es una fuente de angustia en la medida en que enseguida nos damos cuenta de que no podemos hacerlo. Entonces, sobreviene una decepción, que es propia de la condición sobremoderna. Creo que el problema de la sobremodernidad es que debería tornarse moderna. Es un problema de lo que llamamos la globalización. La globalización es el aspecto económico y tecnológico, precisamente. Esa globalización va demasiado rápido, en la medida en que ignora los atributos del pensamiento simbólico: la gestión del tiempo y del espacio, que rige la relación con el otro y, al hacerlo, también rige la relación con uno mismo. Dicho de otro modo, este es el drama de la modernidad, que logra aniquilar sus propios elementos constitutivos. En fin, que puede llegar a hacerlo.

 

SH: Ahora, justamente, esos elementos constitutivos que nombra –el espacio y el tiempo–, usted los nombra o por lo menos los encuentra en bicicleta, ¿no?

 

MA: Sí, es cierto. La bicicleta me interesó porque mucha gente la utiliza en la ciudad hoy. Creo que es un buen reflejo porque cambia la relación con el tiempo y el espacio, precisamente. Nos los hace sentir. Hay un esfuerzo físico a realizar, que es limitado porque las bicicletas ahora son muy eficaces. Además, existen ayudas, pequeños motores ligeros. Motores eléctricos que pueden colocarse en las bicicletas. Es decir que gente que no es fuerte puede de todos modos andar en bicicleta. Es cierto que nos cambia la relación con la ciudad, con la vida en la ciudad. Porque hay itinerarios que descubrimos, en lugar de los itinerarios que seguimos y que corresponden a los medios de transporte. Hay itinerarios que cambian, una relación con el espacio que cambia. También hay una sensibilidad respecto del tiempo, porque nos percatamos de que hay que pedalear, así que hay que avanzar.

 

SH: Ese pedalear es como si fuera también el transcurso del tiempo.

 

MA: Sí. Además, respecto de la bicicleta, se dice que uno nunca se olvida de cómo utilizarla. Por más que no hayamos tocado una bicicleta durante 50 años, uno se sube y ya está. Es como nadar. Por supuesto que las fuerzas cambian, disminuyen. Pero es una realidad que permite enfrentarse directamente con el tiempo y el espacio. Porque van juntos, en ese caso.

 

SH: O sea que la bicicleta es una manera de resistencia.

 

MA: Exactamente. Es una manera de resistencia porque el tiempo y el espacio resisten ellos mismos, ¿no? Es una excelente ocasión para volver a valores fundamentales.



Deja un comentario