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Capítulo 3

Estudios sobre el Plan Ceibal de Uruguay: trayectorias evaluativas en torno a una experiencia pionera

Sebastián Benítez Larghi

1. Introducción: el Plan Ceibal y su universo de evaluaciones

En el presente capítulo se analizan los principales estudios y evaluaciones dedicadas a la experiencia pionera de modelos Uno a Uno en Latinoamérica: el Plan Ceibal de la República Oriental del Uruguay. Para ello se indagan tanto los actores intervinientes como las perspectivas epistemológicas y marcos teórico metodológicos presentes en aquellos trabajos. Luego de describir el universo de evaluaciones que toman al Plan Ceibal como objeto de estudio identificando actores e instituciones intervinientes, estrategias de abordaje y métodos predominantes, se recorta el corpus de análisis y se revisa la articulación existente entre interrogantes y objetivos de investigación, conceptos y categorías de análisis, estrategias metodológicas adoptadas y hallazgos y recomendaciones propuestas en los principales estudios seleccionados. A modo de conclusión, se sintetizan las trayectorias de evaluación en torno al Plan Ceibal.

El Plan Ceibal comenzó a fines del año 2006 con el objetivo de dotar de una computadora portátil a todos los niños y maestros de las escuelas primarias públicas del Uruguay. La implementación se realizó en cuatro etapas: en 2007 se entregaron las netbooks XO en el departamento de Florida, en 2008 el plan comenzó a expandirse a los demás departamentos del interior y en 2009 llegó a la capital, Montevideo. El Plan Ceibal es desarrollado conjuntamente por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU). A nivel nacional, el plan forma parte del Programa de Equidad para el Acceso a la Información Digital (PEAID) y, a nivel internacional, toma como referencia las iniciativas llevadas adelante por la organización One Laptop per Child (OLPC). Si bien en un primer momento el plan contemplaba la entrega de netbooks de tipo XO únicamente en las escuelas primarias, en los últimos años se ha comenzado a abarcar el nivel secundario y se ha incorporado la entrega de otro tipo de hardware, como las tabletas.

Dado su carácter pionero en América Latina, el Plan Ceibal ya muestra una larga trayectoria de evaluaciones. Cabe destacar que el propio Plan Ceibal ha previsto la creación de un Departamento de Evaluación y Monitoreo, desde donde se lleva a cabo el seguimiento del plan y se realizan distinto tipo de evaluaciones.

Durante la investigación se han recuperado al menos diez trabajos oficiales. Algunos de estos son informes de monitoreo periódico que se hacen sobre el plan (por ejemplo el llamado Ceibalómetro, que mide diferentes indicadores cuantitativos sobre los alcances y logros del Ceibal). Otros estudios son el resultado de financiamientos obtenidos mediante concursos o a través de consorcios entre instituciones académicas nacionales (como la Universidad de la República y la Universidad Católica de Uruguay), internacionales (como IDRC) o con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

No obstante la amplia gama de evaluaciones existentes, particularmente sobre el impacto en el aula y en el aprendizaje, nuestro estudio recupera cómo en dichos estudios aparecen los padres, familias, adultos o comunidades. Por lo tanto, el corpus de análisis fue seleccionado en pos de indagar los modos en que las familias y sus vínculos con la tecnología son recortados y conceptualizados por las evaluaciones. En este sentido, las reflexiones aquí señaladas se refieren a este punto exclusivamente y no resultan generalizables a todas las evaluaciones del Plan Ceibal.

En el siguiente cuadro se presentan los datos principales de los trabajos relevados que conforman el universo de estudio de nuestra investigación.

Año

Título

Autor/es

Instituciones intervinientes

Objetivos

Metodología

2008

OLPC (Una Computadora por Niño), análisis de la implementación de pilotos

S. González Mujica

IDRC-CRDI

Identificar las causas del bajo empleo de la red del Portal de Conectividad Educativa

Cuantitativa y cualitativa

2009

Monitoreo y evaluación de impacto social del Plan Ceibal. Metodología y primeros resultados a nivel nacional

A. Martínez, S. Alonso y D. Díaz

Plan Ceibal

Medir impactos del Plan Ceibal en las principales poblaciones beneficiarias: niños, familias, docentes y la sociedad en general

Cuantitativa y cualitativa

2010

El impacto del Plan Ceibal en el acceso y uso de TIC

Departamento de Evaluación y Monitoreo

Plan Ceibal

Medir impacto del ceibal en la reducción de la brecha digital y otras brechas sociales y en la inclusión social

Cuantitativa

2012

Buenas prácticas de la comunidad Ceibal

L. Bianchi y S. Laborde

Plan Ceibal y PNUD

Generar y sistematizar información sobre las experiencias innovadoras vinculadas al Plan Ceibal fuera de la escuela

Cualitativa

2013

“Contribución del Plan Ceibal a la reducción de la brecha digital y a la inclusión digital”, en Plan Ceibal e inclusión digital. Perspectivas interdisciplinarias

L. Pittaluga y A. Rivoir

Universidad de la República y Observatic

Conocer los cambios en los comportamientos de los integrantes de los hogares afectados por el Plan Ceibal y sus comunidades

Cuantitativa y cualitativa

2013

Profundizando en los efectos del Plan Ceibal

G. Melo, A. Machado, A. Miranda y M. Viera

Universidad de la República de Uruguay y CIDE de México

Medir el impacto del Plan Ceibal en los resultados académicos en matemática y lectura

Cuantitativa

2014

Evaluación Anual

en Primaria – 2013

Departamento de Evaluación y Monitoreo

Plan Ceibal

Medir si el Plan Ceibal logra los objetivos de reducción de la brecha digital y conocer el nivel de dominio de las TIC

Cuantitativa

2014

La experiencia de apropiación de las computadoras XO en las familias y

comunidades beneficiarias del Plan CEIBAL

Rosalía Winocur y Rosario Sánchez Vilela

Universidad Católica del Uruguay y Universidad Autónoma Metropolitana de México

Comprender y evidenciar la perspectiva desde la cual los sujetos viven y comprenden su relación con la tecnología, especialmente entre las familias de menores recursos

Cualitativa

2014

Evolución de la brecha de acceso a TIC en Uruguay (2007-2013)

Departamento de Evaluación y Monitoreo

Plan Ceibal

Medir el impacto del Plan Ceibal en la reducción de la brecha digital

Cuantitativa

S/D

Ceibalómetro 6 años

Departamento de Evaluación y Monitoreo

Plan Ceibal

Medir el impacto del Plan Ceibal en la reducción de la brecha digital

Cuantitativa

En líneas generales, las evaluaciones consisten en estudios descriptivos, en algunos casos directamente exploratorios, que tienden a realizar un monitoreo y diagnóstico del Plan ceibal. Esta naturaleza descriptiva se observa en la formulación de los interrogantes y, en consecuencia, en la presentación de los resultados.

La gran mayoría plantea una “evaluación” de los programas, con toda la carga que este término conlleva. Solo en pocos casos se presenta el estudio como una “investigación”.

Los marcos epistémico, teórico, metodológico por lo general no aparecen explicitados. Esto tiende a reforzar la naturaleza descriptiva de los estudios. Especialmente, se observa una falta de definición de las categorías de análisis. Más bien, se plantean algunas dimensiones y variables –a veces contradictorias entre sí en términos teóricos– y un conjunto de indicadores para relevarlas. Dentro de las categorías de análisis, se observa una clara tendencia al uso de las nociones de impacto, efectos, influencias aplicadas a medir los supuestos cambios y transformaciones que la implementación de los modelos Uno a Uno traería aparejados.

La mayoría de los estudios que pudimos relevar son de corte cuantitativo, y generalmente tienen como objetivo principal medir el impacto del Plan Ceibal en la reducción de la brecha digital en el Uruguay. Otros trabajos combinan estrategias cuantitativas y cualitativas y pocos son de neto corte cualitativo.

Dentro de este universo de estudio, se procedió a construir el corpus de análisis conformado por cuatro evaluaciones tomando como criterios de selección el objeto de estudio (esto es que estuvieran enfocados en evaluar el alcance del Plan Ceibal en las familias y las comunidades), la relevancia, la etapa del Ceibal en que fue producida la investigación y la diversidad metodológica.

De este modo se seleccionaron las evaluaciones llevadas a cabo por el propio Plan Ceibal como el “Primer informe nacional de monitoreo y evaluación de impacto social del Plan Ceibal, 2009”, coordinado por Ana Laura Martínez, o como el trabajo “Buenas prácticas de la comunidad Ceibal (2010-2011)”, dirigido por otra de sus coordinadoras, Laura Bianchi, junto al PNUD; otra realizada por la Universidad de la República, bajo la coordinación de Ana Rivoir, y la más reciente, desarrollada por el equipo dirigido por Rosalía Winocur a través de un concurso público del Plan Ceibal. Estos cuatro trabajos conformarán el corpus de análisis.

El informe de Martínez et al. (2009) constituye el primer esfuerzo del Plan Ceibal por evaluarse a sí mismo en un momento donde la práctica iba cambiando los propósitos y prioridades. Por ello, debe destacarse que sus hallazgos han fundado una base de conocimiento tanto para su asimilación por el propio plan como para el diseño de las nuevas modalidades de evaluación que lo sucedieron. El estudio tiene como objetivo general “describir en qué medida el Plan Ceibal contribuye a la reducción de la brecha digital y a la promoción de la inclusión digital” (Martínez et al., 2009: 16). Para ello busca mostrar cómo funciona su implementación y detectar las principales áreas de impacto del Ceibal. La estrategia de la investigación es exploratoria y descriptiva utilizando técnicas cuantitativas y cualitativas. En cuanto a los instrumentos, el informe se basa principalmente en una encuesta representativa a nivel nacional, realizada en junio de 2009, que fue aplicada a directores, maestros, niños y familias, tanto en el interior (con implementación del Plan Ceibal a la fecha del relevamiento) como de Montevideo (sin implementación de Ceibal).

El libro publicado por Bianchi y Laborde (2012) es un manual de “buenas prácticas” elaborado a partir de la evaluación de experiencias innovadoras vinculadas al Plan Ceibal que han tenido impactos sociales y económicos, fuera y dentro de la escuela. Este tipo de publicaciones es un recurso bastante frecuente en las evaluaciones de políticas públicas. Debido a la participación del PNUD en el estudio, es probable que la perspectiva de las “buenas prácticas” haya sido inspirada en las propuestas de los organismos multilaterales.

El libro Plan Ceibal e inclusión social coordinado por Ana Rivoir amplía el campo de la evaluación, abordando: a) el impacto cuantitativo del Ceibal en la educación (medido con un estudio “antes y después”); b) los efectos del uso de la XO en el desarrollo de las habilidades cognitivas y lingüísticas de los niños y su incidencia en el aprendizaje escolar, y c) su contribución a la inclusión social a través del conocimiento de qué tipo de usos realizan y la apropiación de la computadora de Plan Ceibal (combinando técnicas cuantitativas y cualitativas). Es el capítulo sobre este último punto, escrito por Pittaluga y Rivoir (2013) y titulado “Contribución del Plan Ceibal a la reducción de la brecha digital y a la inclusión digital”, el que formó parte del corpus de nuestra investigación.

El informe de investigación llevada a cabo por Winocur y Vilela (2014) tiene como característica distintiva que puso el acento en que las personas entrevistadas hablaran de su experiencia a partir de sus propios recursos simbólicos y biográficos, sin guiones preestablecidos y sin buscar explícitamente que los usuarios describieran sus desempeños con las XO dentro y fuera del hogar. Winocur y Vilela buscaron comprender y evidenciar la perspectiva desde la cual los sujetos viven y comprenden su relación con la tecnología y, al mismo tiempo, aportar a la construcción de indicadores cualitativos para evaluar este tipo de políticas públicas.

2. Modos y formatos de evaluación en el corpus de investigación: ¿qué, cómo y para qué?

En esta sección, se analizan –formulados como interrogantes– los principales rasgos epistemológicos, teóricos y metodológicos y los hallazgos de las evaluaciones que forman parte del corpus.

¿Quiénes evalúan y por qué se los elige?

En el corpus de evaluaciones del Plan Ceibal se registra una trayectoria donde los primeros estudios son encarados por el Departamento de Evaluación y Monitoreo del propio plan, y van dejando lugar al ingreso de otros actores, como las Universidades y equipos de investigación conformados por expertos. Esta transición e incorporación de nuevos actores se ve reflejada tanto en los objetivos como en los marcos teórico-metodológicos desde donde parte cada uno de los trabajos. Así, mientras las primeras evaluaciones, por ejemplo la de Martínez et al. (2009), responden directamente a las preocupaciones iniciales por monitorear el impacto de la política pública en la inclusión digital, las evaluaciones más recientes (Pittaluga y Rivoir, 2013; Winocur y Vilela, 2014) evidencian otras preocupaciones por reconstruir las experiencias familiares y comunitarias de apropiación de las XO. En este sentido, podría pensarse que cuando la institución que demanda el estudio –en este caso el propio Plan Ceibal– también es la encargada de llevarlo adelante, la preocupación por medir el impacto de la política y la consecución o no de sus objetivos delinea con fuerza los propósitos, interrogantes y perspectivas de investigación. En cambio, cuando la investigación es encargada por vía de concursos públicos y entran en juego otros actores académicos, se abre un campo con cierto margen de autonomía epistemológica, teórica y metodológica. Entonces parecieran jugar dos factores determinantes en los paradigmas y modelos evaluativos: el tiempo transcurrido desde la implementación de la política y el ingreso de actores externos como agentes de evaluación de la misma.

Asimismo, el ámbito de evaluación pareciera incidir en el marco conceptual de los estudios. En los casos de Martínez et al. (2009) y Bianchi y Laborde (2012), dos estudios llevados adelante directamente por el propio equipo de evaluación del Plan Ceibal, se observan conceptos e intereses promovidos por los organismos y agencias internacionales que financian o financiaron el Plan Ceibal. Por ejemplo, en el caso de Martínez et al (2009), si bien no aparece explícito quién solicita y financia la evaluación por detrás del Estado uruguayo, al mencionar algunas dimensiones de la evaluación se deja entrever, sin embargo, el peso de las instituciones internacionales al marcar ciertos indicadores de evaluación:

Si bien el modelo de evaluación y monitoreo se centra en los objetivos del proyecto, se relevan asimismo resultados e impactos indirectos y no buscados, tal como lo indican las recomendaciones internacionales al respecto (IAIA: 2004, entre otros) (Martínez et al., 2009: 15).

De este modo, se reconoce una diferencia en la perspectiva y el diseño de la evaluación dependiendo del ámbito en el que los estudios se inscriben y de los actores intervinientes.

¿Qué objetivos, interrogantes e hipótesis se señalan para realizar cada evaluación?

La trayectoria señalada se ve reflejada también en la formulación de objetivos e interrogantes. En este caso, el derrotero va de planteos plenamente exploratorios y descriptivos hacia modelos explicativos y comprensivos de las realidades de apropiación de las TIC. De este modo, se observa un esquema acumulativo de conocimientos: las nuevas investigaciones reconocen y recuperan los resultados de sus antecedentes y proponen miradas e interrogantes más complejos. Verbos como describir, relevar, conocer y diagnosticar utilizados en los primeros trabajos van cediendo frente a términos como indagar, comprender, reconstruir, contraponer.

Por ejemplo, el objetivo general del trabajo pionero de Martínez et al. está dedicado a “describir en qué medida el plan Ceibal contribuye a la reducción de la brecha digital y a la promoción de la inclusión digital” (Martínez et al., 2009: 16). El carácter descriptivo de los objetivos del trabajo tiene su correlato en los interrogantes de investigación planteados: todos con el mismo sentido, se preguntan en qué medida las XO transforman distintos aspectos de la vida escolar y familiar de los beneficiarios.

El estudio de Bianchi y Laborde (2012) da un paso más en relación con los efectos del Plan Ceibal. Más allá del alcance de las metas propuestas por la política pública, “esta investigación se origina con el objetivo de indagar sobre aquellos derrames o impactos generales en tanto resultados positivos o negativos y por lo general contingentes al sistema referente (Plan Ceibal)” (Bianchi y Laborde, 2012: 17). Las autoras entienden por derrame aquellos “efectos secundarios” de la política, mientras que por impacto aluden a la finalidad de un proyecto que genera cambios en el ambiente. Así, como problema y objetivo general de investigación, el trabajo plantea:

Problema de investigación: indagar sobre el impacto (externalidades) a nivel comunitario del ingreso de las XO a la vida familiar y el acceso a la conectividad gratuita, identificando prácticas y resultados que hayan generado y ampliado oportunidades para el aprovechamiento de estas tecnologías en la mejora de la calidad de vida de los involucrados (actores).

Objetivo general: generar y sistematizar información sobre las experiencias innovadoras vinculadas al Plan que han tenido impactos sociales y económicos, fuera del aula y de la escuela, entendidas como buenas prácticas en una perspectiva de desarrollo humano y comunitario, en tanto son sostenidas a través de una red de intercambio y contención ente los actores involucrados (Bianchi y Laborde, 2012: 18).

El trabajo de Pittaluga y Rivoir (2013) se propone avanzar todavía más respecto al monitoreo descriptivo aunque se evidencian algunas tensiones entre objetivos e interrogantes. Por un lado, los objetivos explícitos de la investigación apuntan a “generar conocimiento original en torno a los efectos del programa a nivel de los hogares y la comunidad” y “plantear la medida en que el Plan Ceibal está reduciendo la brecha digital, relevando los indicios que dan cuenta de si se están reduciendo, además, otras brechas sociales, generando así procesos de inclusión social” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 51; el subrayado es nuestro). Sin embargo, por otro lado, los interrogantes de investigación ponen el foco en la capacidad de apropiación de los actores:

¿Cuál fue la incidencia de factores como el nivel socioeconómico, cultural y educativo; las características de los usuarios de edad, género y el lugar en el que viven (urbano o rural); la interrelación con otras desigualdades o brechas de desarrollo (ingresos, territoriales, educativas, etcétera); la capacidad de apropiación de las tecnologías para el desarrollo que tiene que ver con los aspectos subjetivos de cómo visualizan la tecnología los individuos y su potencialidad para el desarrollo individual; los distintos tipos de uso (uso con sentido) y grado de apropiación de la computadora portátil, tanto individual como colectivo, y la apropiación respecto al nivel sociocultural de las personas? (Pittaluga y Rivoir, 2013: 51).

De este modo, mientras que los objetivos parecieran responder a un paradigma positivista basado en un modelo explicativo, los interrogantes dan cuenta de un paradigma preocupado más por indagar la percepción de los sujetos acerca de sus prácticas.

El trabajo de Winocur y Vilela (2014) busca escapar a aquella tensión ya que desde el mismo momento de concursar el proyecto se estableció que el objetivo general buscaría “reconstruir las experiencias de apropiación de las XO en las familias de menores recursos beneficiarias del Plan Ceibal y sus entornos comunitarios” (Winocur y Vilela, 2014: 2). De este modo, se asume desde un primer momento la complejidad del vínculo entre tecnología, sujeto y cambio social tal como se corrobora al recorrer los presupuestos e hipótesis que guían la investigación:

Establecer cuál es la forma de usar, apropiar y socializar la XO entre las familias pasa no solo por monitorear las condiciones de acceso, la adquisición de habilidades informáticas y el desarrollo de competencias, sino por la exploración de imaginarios y racionalidades culturales muchas veces contradictorios con la racionalidad científico-tecnológica que proponen explícita o implícitamente los programas oficiales de desarrollo digital (Winocur y Vilela, 2014: 1).

¿Qué marco epistemológico, teórico y metodológico se define y qué perspectivas disciplinarias y referencias bibliográficas se citan para respaldar modelos, conceptos, categorías, metodología y estrategias de análisis utilizados?

Respecto a la explicitación de marcos epistémico-teórico-metodológicos, en los trabajos del corpus se observa la misma trayectoria señalada en el punto anterior. En el estudio primario de Martínez et al. (2009) no se observa tal explicitación. Luego, los trabajos de Bianchi y Laborde (2012) y Pittaluga y Rivoir (2013) dedican sendas secciones para definir los conceptos clave. Finalmente, el trabajo de Winocur y Vilela (2014) no solo desarrolla aquellas definiciones sino que también destina un espacio significativo para reflexionar sobre la perspectiva epistemológica desde la que parte el estudio y cómo ella incide en su marco teórico y diseño metodológico.

Para comenzar, debe señalarse una profunda diferencia epistemológica entre los estudios relevados. Esto es, la perspectiva desde la cual se construye el conocimiento difiere notablemente en los textos de Martínez et al. (2009) y de Bianchi y Laborde (2012), por un lado, y los de Pittaluga y Rivoir (2013) y de Winocur y Vilela (2014), por el otro. En los primeros, el conocimiento se produce tomando a la política pública como centro. Se evalúa el impacto y los efectos (ya sean primarios o secundarios) del Plan Ceibal en las familias y las comunidades y se seleccionan los “casos exitosos” para detectar “buenas prácticas”. El centro de gravedad está siempre puesto en la capacidad de impacto de la política sobre las poblaciones beneficiarias. Por lo tanto, el saber alcanzado por estos estudios radica en conocer cuánto se cumplieron o no dichos objetivos (en el caso de Martínez et al., 2009) mientras que aquellos hallazgos que escapan a la lógica de la política son conceptualizados (en el caso de Bianchi y Laborde, 2012) como “derrames”: “entendidos como efectos secundarios de una actividad, los que en economía son tomados como gastos o beneficios no controlados por los que los incurren y que no están reflejados en los precios” (Bianchi y Laborde, 2012: 17). En los segundos, en cambio, el conocimiento se construye a partir de los relatos de los propios actores beneficiarios y lo que se busca comprender son los sentidos que el Plan Ceibal en general y las XO en particular adquieren en sus vidas cotidianas.

La perspectiva epistemológica va de la mano de los conceptos, categorías y dimensiones teóricas utilizados. En este sentido, se evidencia una trayectoria en el marco teórico de los estudios del corpus cuya dirección va en un grado de abstracción creciente y un determinismo tecnológico decreciente. Es decir, a medida que avanzan los trabajos, la complejidad analítica de los hallazgos es mayor y el centro teórico sobre los vínculos entre tecnología y sujeto se desplaza desde las TIC hacia los actores sociales. Las definiciones y alcances de la noción de apropiación ilustran cabalmente esta trayectoria.

En los orígenes, subyace una visión determinista de la tecnología. El trabajo de Martínez et al. (2009) constituye el ejemplo más claro. Su marco teórico metodológico obedece a la concepción que se tiene de la propia política pública y de sus condiciones de recepción. Así el concepto clave es el de impacto: planteados ciertos objetivos, la evaluación busca medir si ellos se han cumplido o no y, en este último caso, determinar las razones de su incumplimiento. De este modo, el trabajo contribuye con creces a la necesaria contabilidad que la política debe darse a sí misma midiendo el rendimiento de sus acciones. Ahora bien, esta necesidad se traduce en una concepción determinada del vínculo entre tecnología y cambio social: lo que se busca medir es el impacto de las TIC en los sujetos, a quienes se los evalúa y mide para determinar cuánto hacen de lo que el plan espera de ellos. En el mismo sentido, el estudio habla de que este tipo de políticas consiste en “medidas que apunten al aumento de las capacidades de los ciudadanos para beneficiarse de su uso” (Martínez, et al., 2009: 11). Así, la tecnología es concebida en tanto objeto capaz de brindar un conjunto determinado de beneficios que emanarían de sus cualidades técnicas, frente a lo cual lo que deben hacer las políticas públicas es capacitar a la población para que pueda acceder y aprovechar esos beneficios.

La cuestión teórica se complejiza con el correr de los capítulos ya que el trabajo muestra interés por matizar una visión centrada en la tecnología mediante el uso de

conceptos relevantes en este sentido, que permiten considerar la multi-dimensionalidad del problema, así como las características y necesidades de los sujetos, son los de inclusión digital y uso significativo (frecuentemente traducido como “uso con sentido”). Este tipo de uso implica conocer los medios (en particular, aunque no exclusivamente, internet) y saber cuándo y cuáles usar al servicio de objetivos individuales o colectivos (Martínez et al., 2009: 11).

Sin embargo, los conceptos de “uso con sentido” y “uso significativo” no son llevados a su extremo sino que la noción de impacto predomina a lo largo de todo el informe. Por ejemplo, en el capítulo 6 nos encontramos con el siguiente subtítulo: “Indicadores del impacto del acceso al nuevo recurso en la movilización de capital social” (Martínez et al., 2009: 42). Claramente aquí se presupone que la tecnología tiene impacto sobre el capital social de los niños y sus familias. Lo mismo sucede en el capítulo 7, donde se habla directamente del “impacto a nivel subjetivo” de las XO midiendo para ello los cambios reportados (por los propios alumnos y/o sus madres) en el comportamiento, actitudes y motivación de los niños. Empero, en otros pasajes, la capacidad de agencia de los niños es reconocida en el informe al interpretar los fines de los usos:

para los niños, el uso de computadoras y la conexión a internet implica la posibilidad de apropiarse del mundo desde su perspectiva, ya que la computadora les ofrece mediante las diferentes aplicaciones, crear animaciones, programar, leer, sacar fotos, dibujar, filmar, es decir, modelar su mundo y proveer a la computadora de sentido para sí mismos, dentro de su entorno cultural (Martínez et al., 2009: 45; el subrayado es nuestro).

De todos modos, llama la atención que este sentido de la apropiación aparezca justamente cuando se habla de usos no escolares o educativos. De esta forma, existe una aproximación al concepto de apropiación pero no una clara definición teórica metodológica sobre sus alcances y limitaciones. La cita anterior demuestra que el marco teórico implícito en el informe entiende la apropiación simplemente como el mero para qué se utiliza la XO sin ahondar en las representaciones y significados que las actividades y finalidades adquieren según el sector social y el género, como si el uso lúdico del tiempo libre o la práctica de la fotografía colectiva adquirieran el mismo sentido tanto para las clases medias-altas como para las clases populares, para las mujeres como para los varones, para los hogares urbanos como para los hogares rurales.

El libro de Bianchi y Laborde (2012) avanza en términos de abstracción y complejidad teórico-metodológica. En términos conceptuales, se propone ir más allá de una definición crítica de la brecha digital para adentrarse en los procesos de apropiación de la tecnología.

En definitiva, los niveles de acceso y uso de las TIC no podrían ser los únicos valores a tener en cuenta como medida del impacto sobre la desigualdad digital. Las condicionantes individuales, sociales e institucionales dan lugar a capacidades de transformación de estos recursos en forma diferente, y por lo tanto de alguna manera limitan la elección y, por ende, los logros. Si esa limitación está dada por la desigualdad en las condiciones iniciales de logro, aun accediendo a ciertos resultados, continúa persistiendo la desigualdad. Por tanto, se vuelve central no solo observar el proceso de apropiación a través del acceso a diversas tecnologías y usos en diferentes contextos, sino los logros alcanzados a través de la capacidad de transformación de los recursos de los que cada sujeto dispone (Bianchi y Laborde, 2012: 30).

Este avance implica una visión descentrada de la tecnología, superando visiones meramente instrumentales y comprendiendo las mediaciones técnicas y sociales que la constituyen: “en este sentido, analizaremos las cualidades de la tecnología como objeto técnico y como objeto social (incluyendo los fenómenos de la información y la comunicación)” (Bianchi y Laborde, 2012: 30). Ahora bien, cabe cuestionarse hasta qué punto el estudio logra desprenderse de la lógica impuesta por las agencias y organismos internacionales a las evaluaciones de impacto de las políticas públicas. En tanto se concibe a las “buenas prácticas” como “derrames o impactos generales en tanto resultados positivos o negativos y por lo general contingentes al sistema referente (Plan Ceibal) producto de prácticas espontáneas y de alguna manera no están referidas a una planificación inicial” (Bianchi y Laborde, 2012: 17), queda clara la intención de recuperar las interpretaciones que los actores construyen en torno a la tecnología. Sin embargo, la misma noción de “buenas prácticas” mantiene amarrado el estudio a cierto etnocentrismo ya que los criterios de éxito o fracaso de las prácticas no terminan de desligarse de la racionalidad presupuesta al momento del diseño de la política pública. Es decir, la clasificación de un derrame o efecto inesperado como positivo o negativo parece continuar dependiendo de los preconceptos implícitos desde el diseño mismo de la política.

El capítulo de Pittaluga y Rivoir (2013) asume claramente una perspectiva no determinista de la tecnología ya que pone el foco en los usos y significados dados por los distintos actores. Esta asunción se ve reflejada en la definición de los conceptos centrales del estudio. Así, la noción de brecha digital es entendida de forma “compleja y multidimensional” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 51) y no como el mero acceso a las TIC. Por lo tanto, consideran que “sin políticas específicas o con políticas con un sesgo puramente de acceso a la tecnología no habrá efectos sobre el desarrollo ni sobre la inclusión social” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 54). Para pensar el vínculo entre tecnología y sujeto, retoman a Castells y otros (2007, citados en Pittaluga y Rivoir, 2013: 54) en relación con el qué, por qué y para qué de los usos de las TIC que hacen distintos actores. “Uso con sentido” y “uso efectivo” se convierten entonces en dos conceptos centrales del estudio. Respecto al primero, las autoras señalan que “el usuario comienza a tener control y elección sobre la tecnología y su contenido. El uso es percibido como útil, productivo, significativo y de relevancia para el individuo” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 53). En cuanto al “uso efectivo” de la tecnología,

implica conocer las herramientas, saber cuándo y cuáles usar, en función de determinados objetivos individuales o colectivos. A tales efectos, es necesario tener estrategias de uso y saber para qué se quiere usar la tecnología. Este tipo de uso está condicionado por la capacidad y posibilidad de producir contenidos propios, de acceder a información y conocimiento útil y en el propio idioma y tener capacidad para analizar críticamente la información (Pittaluga y Rivoir, 2013: 54-55).

De este modo, producto de la combinación conceptual señalada, la investigación llega a la noción de Apropiación social de las TIC: “Si un grupo dispone de las TIC, sabe cómo utilizarlas y las utiliza con un sentido que le permita resolver necesidades o problemas, se habrá producido apropiación social de las TIC” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 55). Más allá de que la noción de apropiación presente en el texto contemple solo a aquellos que manejan las TIC como únicos sujetos capaces de apropiárselas, el corpus conceptual manifiesta el esfuerzo por correrse de una investigación centrada en la tecnología como agente del cambio social.

El estudio de Winocur y Vilela (2014) demuestra el mayor grado de abstracción y teorización. Esto se evidencia tanto en dos grandes capítulos dedicados a la explicitación del marco teórico y el estado de la cuestión como en el nivel de reflexión ejercido tanto durante el diseño metodológico como durante el análisis de los datos recabados. En este punto, el concepto de apropiación resulta clave y aparece largamente trabajado tanto en términos teóricos como en cuanto a su operacionalización metodológica. Para ello las autoras recuperan la definición otorgada por Thompson (1998) respecto a la circulación y recepción de mensajes mediáticos para analizar la apropiación de TIC:

Apropiarse de un mensaje consiste en tomar su contenido significativo y hacerlo propio. Consiste en asimilar el mensaje e incorporarlo a la propia vida, un proceso que a veces tiene lugar sin esfuerzo, y que otras supone un esfuerzo consciente. (…) Nos referimos a un conjunto de circunstancias que, en el caso de los productos mediáticos, difieren de las circunstancias en las que se produjo el mensaje. La apropiación de las formas simbólicas –y en particular, de los mensajes transmitidos por los productos mediáticos– es un proceso que puede extenderse más allá el contexto inicial y la actividad de recepción (Thompson, 1998: 32; citado en Winocur y Vilela, 2014: 6).

Por consiguiente para el estudio, la apropiación es un proceso, que lejos de ser lineal y acumulativo, está atravesado por sentidos contradictorios (los de los programas y los destinatarios), por prácticas paradójicas (adultos que se mueven con soltura en los exploradores buscando información pero que no saben cómo encender la computadora o llegar al buscador), y resultados erráticos respecto a los objetivos previstos en las políticas de inclusión digital.

Como puede observarse, en este último trabajo el foco está puesto en la experiencia de los sujetos. Lejos de las primeras preocupaciones por el impacto del Plan Ceibal que ubicaba a las TIC determinando cambios en la vida de los beneficiarios, aquí son los sujetos quienes producen apropiaciones prácticas y simbólicas que son significativas en sus propios marcos simbólicos de referencia y que generalmente no son reconocidas por los indicadores de las evaluaciones. Así, la apropiación puede implicar no solo un empoderamiento de los actores sino que el malestar y el rechazo a la tecnología también pueden ser una forma simbólica de apropiación.

¿Qué estrategia metodológica se decide emplear en la evaluación? ¿Qué criterios muestrales o de selección de casos se utilizan? ¿Cómo se definen las unidades de observación y análisis?

El corpus analizado muestra una heterogeneidad en relación con los criterios de selección de las muestras y las unidades de observación y análisis elegidas. Dados nuestros propósitos, los textos que conforman el corpus tienen en común un recorte analítico concentrado en los hogares, las familias y las comunidades. Sin embargo, a la hora de seleccionar la muestra los criterios son divergentes. Veamos uno por uno.

El trabajo de Martínez et al. (2009) define a sus unidades de análisis de acuerdo con los objetivos del propio Plan Ceibal: “las poblaciones a estudiar son múltiples: niños, hogares, escuelas y comunidades. Este informe se enfoca principalmente en los niños y las familias, así como en los cambios en la sociedad uruguaya como un todo” (Martínez et al., 2009: 15). Dado que no se cuenta con antecedentes de evaluación de modelos Uno a Uno, la estrategia de la investigación es exploratoria y descriptiva utilizando técnicas cuantitativas y cualitativas. En cuanto a los instrumentos, el informe se basa principalmente en una encuesta representativa a nivel nacional, realizada en junio de 2009, que fue aplicada a directores, maestros, niños y familias, tanto en el interior (con implementación del Plan Ceibal a la fecha del relevamiento) como de Montevideo (sin implementación del Ceibal). Sin embargo se aclara que los resultados presentados en el informe reflejan los datos de la aplicación del cuestionario en el interior del país. La muestra fue estratificada (Montevideo, interior urbano, escuelas rurales) con sorteo sistemático de grupos al interior de cada estrato. Era representativa de los alumnos de las escuelas públicas comunes con al menos veinte alumnos a nivel nacional y permitía realizar inferencias por grado escolar. Ahora bien, resulta llamativo cómo se han elegido las unidades de información. Sin que el texto explicite cuáles fueron los criterios, se eligió a los directores de escuelas para responder respecto al impacto del plan en los hogares mientras que los cuestionarios destinados a las familias fueron respondidos por las madres. Asimismo, el estudio se apoya en el abordaje cualitativo a partir del cual se visitaron veinte localidades del interior del país para realizar entrevistas en profundidad a maestros y directores, y entrevistas colectivas con familias y niños. Se realizaron entrevistas, talleres y grupos de discusión en 9 pilotos y 8 localidades del interior en 2008 y 20 localidades del interior en 2009. Además, se hizo una actividad específica de uso de la XO con observación sistemática de los procesos y los resultados obtenidos por los niños. Como puede observarse, es destacable la amplitud y representatividad del estudio, más aun teniendo en cuenta que se trata del primero en buscar una sistematización de los alcances del Plan Ceibal sin antecedentes sobre los cuales basarse.

El estudio de Bianchi y Laborde (2012) desarrolla una estrategia cualitativa con enfoques interpretativos que recoge experiencias narrativas (fundamentalmente de adultos) en entornos que han generado iniciativas de aprovechamiento de los recursos brindados por el Plan Ceibal para el beneficio y el desarrollo de los actores involucrados. Este informe fue realizado durante el lapso de diciembre 2010 a diciembre 2011. Así se realizó primero un contacto vía mail y telefónico con referentes institucionales (9) para acceder a casos potenciales de “buenas prácticas” (90). De allí se detectaron 80 casos de emprendimientos productivos. Posteriormente, se seleccionaron 68 casos interesantes, los cuales fueron convocados a relatar su experiencia a través de un Gloster. Se procesaron los relatos destacados y se hicieron talleres de experiencias con 15 casos seleccionados dividos por regiones (norte, centro-sur y región metropolitana) a fin de profundizar en el análisis del relato, y se elaboraron las fichas de descripción de las buenas prácticas. En el trabajo no se explicitan los criterios de selección de esos 15 casos pero de la propia definición de “buenas prácticas” se desprende que deben haberse escogido todos casos juzgados como “exitosos” y dignos de ser replicados.

La investigación reflejada en el capítulo de Pittaluga y Rivoir (2013) combina estrategias cuantitativas (a cargo de Lucía Pittaluga) y cualitativas (a cargo de Ana Rivoir). El abordaje cuantitativo se orienta a analizar el impacto del Plan Ceibal en el uso de computadoras en los hogares del Uruguay, para lo cual se analiza, primero, “la evolución de la brecha de acceso a las TIC” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 56) y, luego, “se compara el patrón de acceso y uso a las TIC en dos regiones del país con distinta exposición al Plan Ceibal en diciembre de 2010” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 56) a partir de los datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Por otra parte, el enfoque cualitativo se orientó a conocer principalmente actores y tipos de usos de las TIC en los hogares e información sobre las potencialidades de estos dispositivos. Para ello se llevaron a cabo 192 entrevistas con adultos de hogares de niños beneficiados por el Plan Ceibal en cuatro departamentos del país. Las entrevistas se hicieron en tres áreas distintas: Barrios de Contexto Desfavorable (BCD), Barrios de Contexto Favorable (BCF) y Pequeñas Localidades (PL). También se entrevistaron 39 informantes clave entre miembros de las comunidades educativas, técnicos, gobernantes, etc.

Finalmente, el estudio de Winocur y Vilela (2014) desarrolla una estrategia con enfoque cualitativo que busca comprender y evidenciar la perspectiva desde la cual los sujetos viven y comprenden su relación con la tecnología a partir de sus propios recursos simbólicos y biográficos. Corresponde a una evaluación después de cinco años de haber iniciado el Programa Ceibal, donde su escala es nacional, estudiando tanto ámbitos urbanos como rurales. La unidad de análisis está enfocada en las familias de los beneficiarios del Plan Ceibal y marca un diseño descriptivo y de perspectiva comparativa de los relatos y experiencias de los entrevistados. Sus técnicas de recolección fueron 125 entrevistas cualitativas semi-estructuradas a las familias seleccionadas y 6 entrevistas colectivas a representantes y líderes comunitarios. Tomando como criterio orientador inicial la muestra representativa que tenía el propio Ceibal (para la distribución de localidades urbanas y rurales) se diseñó una muestra, de acuerdo con un conjunto de criterios significativos, integrada por familias beneficiarias del Plan Ceibal, pertenecientes a los sectores sociales más desfavorecidos en tanto se los considera como los casos críticos donde el Plan Ceibal deposita las mayores expectativas de impacto en términos de transformaciones sociales, culturales y cognoscitivas. Para la selección de las familias se tomaron en cuenta criterios como ubicación geográfica, tamaño de la localidad, composición de la familia, nivel de escolaridad, ocupación de los padres y tiempo de haberse incorporado al Plan Ceibal, además de la ubicación geográfica de la ciudad/localidad y el tamaño.

¿Cómo se definen las categorías y dimensiones de análisis para evaluar la relación entre la familia y la tecnología, y entre la escuela, el hogar y la comunidad?

Un interrogante central de nuestra investigación reside en el lugar –práctico y simbólico– otorgado a las familias y los hogares en los procesos de apropiación de las TIC asignado por las evaluaciones de las políticas Uno a Uno. En el caso del Plan Ceibal encontramos que las primeras evaluaciones toman a la familia y a la comunidad como actores secundarios en aquellos procesos. Siguiendo la misma lógica con la que el plan fue pensado, se espera que su implementación derrame desde la escuela hacia los hogares y los barrios. Así, los primeros estudios que indagan lo que sucede en estos ámbitos conciben –teórica y metodológicamente– a las familias como beneficiarios indirectos del programa (Martínez et al., 2009). La escuela es ubicada en el centro del programa y los hogares como ámbitos marginales. De allí que, como se ha señalado respecto a la evaluación de Martínez et al. (2009), se haya recurrido a los directores como informantes del impacto del Plan Ceibal en las familias y que una de las preocupaciones principales del estudio radique en detectar los “obstáculos para un mayor aprovechamiento familiar” de la XO (ver capítulo 8). La noción de aprovechamiento, asociada a la de “uso con sentido”, resulta así cercana a un determinismo tecnológico implícito en la evaluación realizada: habría potencialidades en las TIC cuyo aprovechamiento implicaría un “uso con sentido” mientras que su no aprovechamiento ubicaría a los miembros de las familias (especialmente a los padres y madres, ya que a través de una sinécdoque demográfica, se toma a una parte por el todo) con un nivel bajo de capacidades realizando usos “sin sentido”. El capítulo 9 parece desandar este camino en tanto se adentra en los cambios en las dinámicas familiares y repasa indicadores de cambio en la relación con el aprendizaje en niños y sus familias con el fin de “resaltar la heterogeneidad en la forma como se han incorporado las nuevas tecnologías en la vida cotidiana de las personas, los diferentes significados atribuidos a ellas, así como las oportunidades detectadas para favorecer una mejor y mayor participación de los adultos en el proceso de aprendizaje de sus hijos y en el suyo propio” (Martínez et al., 2009: 59; el subrayado es nuestro). Mediante el trabajo cualitativo de las entrevistas grupales con padres, surge que existe entre ellos la representación de que las XO son para “personas inteligentes”, o de uso exclusivo para los niños porque su finalidad debe ser únicamente escolar, al tiempo que manifiestan miedos respecto a su incapacidad para controlar lo que sus hijos hacen con la computadora en Internet. Sin embargo, el foco aparece puesto simplemente en los niños como mediadores entre la escuela y el hogar en la incorporación de las TIC. Por lo tanto, las experiencias y los significados que adquieren la computadora e Internet para cada uno de los padres no son reconstruidos ni interpretados en el informe mientras que las secciones finales del capítulo vuelven sobre los datos recogidos con la encuesta en relación con las percepciones y valoraciones de las madres respecto a los posibles impactos –positivos y negativos– que podrían tener las XO en la vida de los hijos: si les hace prestar más o menos atención a las tareas escolares, si pasan mucho tiempo frente a la computadora, si son importantes para el estudio y el trabajo, si contribuyen al desarrollo personal de los niños, si el aprendizaje cambiará a partir del Plan Ceibal, etc.

En el caso del trabajo de Bianchi y Laborde (2012), los usos de las XO por parte de las familias y las comunidades son entendidos como “externalidades” del programa. De allí que para el planteo del objetivo de investigación se deje en claro que se tratará de detectar experiencias innovadoras por fuera del aula y la escuela. El centro sigue puesto en la escuela desde donde se irradia a la comunidad. Cuestión que se evidencia a partir del uso del concepto de derrame: es la escuela la que irradia hacia el hogar y la comunidad como ámbitos secundarios de socialización de las TIC donde se producirían efectos inesperados del Plan Ceibal.

En cambio, los trabajos de Pittaluga y Rivoir (2013) y de Winocur y Vilela (2014) ubican en el centro de sus investigaciones al hogar, las familias y las comunidades. En ambos estudios, lo que sucede en el hogar tiene entidad per se. Así se entiende al hogar ‒y también el barrio y la comunidad‒ como “ámbito de impacto” (Pittaluga y Rivoir, 2013: 57). En ambos casos, el hogar y la familia son reconocidos como espacio y actor centrales de la apropiación. El trabajo de Winocur y Vilela (2014) los comprende como una instancia de conformación y negociación de sentidos y como punto cardinal para la comprensión cabal de las habilitaciones y dificultades que pueden presentarse para la apropiación de la computadora por parte de los sectores populares. Así se concibe al ámbito doméstico

como el espacio físico y simbólico que estructura de manera fundamental el conjunto de prácticas y representaciones cotidianas que intervienen en la apropiación de las tecnologías. La familia no es la sumatoria de los consumos y prácticas individuales de sus miembros sino un ámbito constitutivo de sentido atravesado por lógicas de poder, de género y diferencias generacionales (Winocur y Vilela, 2014: 7).

En el trabajo de Winocur y Vilela (2014), la centralidad del hogar y la familia en la apropiación de las XO tiene su correlato metodológico. En este sentido, la investigación no buscó simplemente recolectar e inventariar opiniones de los miembros de las familias respecto al Plan Ceibal. Tampoco se obsesionó con identificar las ventajas y desventajas que estos actores encontraban en la XO. Por el contrario, de manera coherente con su perspectiva etnográfica, el trabajo citado buscó reconstruir los mundos de vida de las familias para allí comprender los modos –ambivalentes– en que las TIC se incorporaban al hogar.

De esta manera, en el corpus seleccionado se evidencia un desplazamiento –epistemológico, teórico y metodológico‒ del hogar, las familias y las comunidades que salen de los márgenes para ubicarse en el centro del campo de observación y análisis en el estudio del Plan Ceibal.

¿Qué resultados principales se señalan y qué recomendaciones se realizan, y dirigidas a quién?

Como en todo trabajo científico, los hallazgos de investigación y las recomendaciones realizadas por los trabajos del corpus resultan acordes con las perspectivas epistemológicas, teóricas y metodológicas asumidas. Así, lo que cada estudio concibe como un resultado se juega dentro del campo de posibilidades definido desde el propio diseño de la evaluación. Es decir, los hallazgos y, consecuentemente, las recomendaciones, responden a los interrogantes y objetivos de investigación formulados.

En el estudio de Martínez et al. (2009) la presentación de los hallazgos y las recomendaciones van dirigidas tanto a los encargados de la implementación del Plan Ceibal y de los ministerios comprometidos como a los actores de las instituciones educativas. Así en el último capítulo se resumen: impactos positivos, moderados y negativos. Una de las preocupaciones principales en relación con los impactos negativos se refiere a las familias: “a futuro, en los hogares que han depositado altas expectativas en la nueva oportunidad, si no se implementaran las medidas necesarias para corresponderlas (…) y en los adultos que ven desafiados sus roles tradicionales, y requieren más herramientas y apoyos para adecuarse a ellos” (Martínez et al., 2009: 86). En este marco, el estudio brinda recomendaciones para aumentar los impactos positivos y moderar o eliminar los negativos, entre los que se resalta la capacitación de los padres y madres en pos de salvar “este distanciamiento del adulto respecto al nuevo medio genera la pérdida de una oportunidad de usar una herramienta que si bien es del niño, puede ser aprovechada a nivel de todo el hogar” (Martínez et al., 2009: 87). Para ello el rol de la escuela debe ser fundamental pero también su interacción con otros organismos y organizaciones comunitarias. Asimismo, además de facilitar y promover las reparaciones de los equipos, el informe promueve “capacitar en forma diferencial, con mayor profundidad, a los maestros comunitarios ya que tienen un rol importante en la transmisión y promoción del uso con sentido en las familias y una ventaja particular en la llegada personalizada a las familias en situaciones más complejas” (Martínez et al., 2009: 87). En suma, frente a la ausencia de impacto en las familias, al menos en los términos que el programa esperaba, se elabora un conjunto de recomendaciones para adaptar a los adultos a la tecnología y no al revés. El paradigma que dirige la mirada de la evaluación conduce a que los datos empíricos sean interpretados en función de lo que se buscó constatar. En consecuencia, en lugar de recuperar la experiencia de los actores, el estudio recomienda capacitarlos para que puedan aprovechar lo que las XO brindan en potencia.

El libro de la investigación de Bianchi y Laborde (2012), sobre la base de lo recolectado en los Talleres de Experiencia, determinó que a través del uso de XO se generan capacidades (como manejo de programas y aplicaciones, búsqueda en Internet, construcción de información) o se reconocen capacidades ya existentes. De igual forma, se ven oportunidades de integración social que posibilitan la movilidad social y la articulación entre la tecnología y el territorio. En este marco se observó el papel del mediador por su fuerte incidencia en la motivación para emprender y apoyar una iniciativa local que expanda oportunidades para otros a través de la inclusión digital, ya que colabora en el grado de madurez de los usuarios frente a lo que le da significado e interés. Por esto cita la investigación que

es concluyente que el perfil de estos mediadores y su efectividad como agentes está asociado a personas capaces de hacer una interpretación de la lógica técnica a la lógica de la vida cotidiana (traducción), lo cual propicia la generación de productos culturales fiables para unos y otros (redes de proximidad), acercando el mundo global a lo local (puente), con lo cual es clave para la generación de buenas prácticas de apropiación de las TIC con efecto en el desarrollo humano local (Bianchi y Laborde, 2012: 139).

Es por ese motivo que el rol del mediador se vuelve fundamental. Se destaca que los docentes mediadores son los que expanden sus intereses hacia la comunidad, logrando constituir verdaderas comunidades de aprendizaje, las cuales contribuyen a fortalecer la imagen del centro educativo como referente cultural y con ello a revalorizar el vínculo escuela-familia-comunidad. En el camino de crear soluciones para abatir la brecha digital y lograr impactos en la desigualdad socio-cultural, el concepto de desarrollo humano y local, así como las evidencias proporcionadas por estas experiencias y sus buenas prácticas, refuerzan la necesidad de un modelo alternativo a la visión restrictiva de una racionalidad sectorial. Es decir, a partir del análisis de los casos a priori ya seleccionados por ser “exitosos”, la evaluación propone recuperar sus buenas prácticas, promover su sostenibilidad en el tiempo y propiciar que estas experiencias se repliquen en otros contextos. En este punto cabe alertar que, al concebirlos como “efectos secundarios” o “derrames” de la política, se corre el riesgo de recomendar su replicación automática sin comprender que la apropiación es un proceso heterogéneamente situado y, por lo tanto, inescindible de los contextos socioculturales en los que se desarrolla.

En el capítulo de Pittaluga y Rivoir (2013) los hallazgos relativos a las trayectorias y usos de la XO por parte de las familias giran en torno a los motivos de no uso entre los adultos de hogares (la idea de que la XO es propiedad de los niños, falta de tiempo, desconocimiento, entre otros) y al hecho de que el uso con sentido y la apropiación de las TIC por parte de los adultos es aún incipiente. De allí que las recomendaciones –dirigidas, implícitamente, a las instancias estatales que gestionan el Plan Ceibal– propongan mayores posibilidades de capacitación para las familias, centradas especialmente en desarrollar iniciativas para que los adultos se involucren con las tecnologías, encontrándoles un sentido y utilidad para sus vidas cotidianas. Es decir, al poner el foco en la apropiación por parte de las familias, el estudio encuentra que hasta aquí las XO no logran interpelar el universo de sentido de los adultos. Ahora bien, cabría preguntarse acerca de quién/es determinan cuándo un uso es significativo y cuándo no.

En el informe de Winocur y Vilela (2014) los resultados destacan que la XO en el hogar sufre transformaciones en sus usos y aplicaciones, a partir de los sentidos que las familias le otorgan. De esta manera, en cuanto el estudio se propuso recomponer los universos de sentido y las racionalidades en pugna a partir de la implementación del Plan Ceibal, lo que en los anteriores estudios se interpretaba simplemente como impacto negativo o como un uso carente de sentido, aparecen aquí abordados asumiendo toda su complejidad. Así, en lugar de pensar la falta de apropiación familiar en términos de ventajas y desventajas encontradas a la XO por parte de los padres o en términos de motivaciones, el estudio de Winocur y Vilela se sumerge en la ambivalencia de la experiencia y las tensiones abiertas entre representaciones y prácticas. Si bien la mayoría de las familias perciben que la presencia de la computadora en la casa democratiza real y potencialmente el acceso a la información, incorporar la XO al hogar exige que las familias se “adapten” a las condiciones de uso que vienen prediseñadas porque de lo contrario no pueden ser utilizadas, lo cual impone serias limitaciones a las posibilidades de su apropiación simbólica y doméstica. Es decir, no se trata de que las TIC no les hagan sentido a los adultos de las familias, sino que entre los sentidos ambivalentes que les generan, las expectativas van acompañadas de temores, incertidumbres y amenazas. Por ejemplo, la XO rompe la continuidad y representación de la herencia simbólica de los padres de posibilitar las condiciones materiales del saber comprando los libros y útiles necesarios, lo cual provoca sentimientos de exclusión y de pérdida de autoridad frente a sus hijos. Del mismo modo, la confrontación entre las representaciones dominantes acerca del tiempo, del espacio y las condiciones del juego y del estudio que tienen los padres, y las que vienen implícitas en el diseño de la XO, causa confusión y sentimientos encontrados porque no pueden diferenciar cuál es el tiempo del juego y del estudio. De allí que, asumiendo la complejidad de los procesos de apropiación, la principal recomendación del estudio propone generar una nueva estrategia pedagógica para padres de familia que contribuya a fortalecer la idea de que la XO puede ser una mediadora importante entre las familias y/o comunidades, y diversas instituciones públicas y privadas. Para todo ello se sugiere profundizar la investigación de carácter socio-antropológico para ampliar el conocimiento de las experiencias de las familias con las XO en particular y con las TIC en general, y generar insumos para reorientar las políticas y estrategias de alfabetización digital. Sin embargo, el informe no abunda en profundidad acerca de las alternativas posibles de aquella estrategia pedagógica con las familias en pos de superar y trascender los modelos de capacitación y alfabetización digital dominantes.

En síntesis, ninguna evaluación resulta neutral. Todo estudio científico ejerce un recorte de la realidad a partir del uso de determinados lentes teóricos y modos de abordaje. Sobre la base de este prisma se construyen e interpretan los datos, se presentan los hallazgos y se orientan las recomendaciones. El paradigma positivista dominante en la evaluación de políticas públicas busca medir si los objetivos se cumplieron, determinar las causas de su no cumplimiento y sugerir medidas para revertir efectos negativos. En el caso de las familias del Plan Ceibal esto ha conducido a simplemente buscar los motivos del “uso sin sentido” de los adultos dejando de lado la compleja trama de sentido desde donde las TIC son representadas e incorporadas a la vida cotidiana de las personas, inclusive por aquellos que no llegan a usarlas. La comprensión de esas experiencias implica, por el contrario, afrontar dicha complejidad y la opacidad de las prácticas para desde allí reformular las políticas teniendo en cuenta los heterogéneos mundos de su recepción.

3. Conclusiones

En las evaluaciones del Plan Ceibal analizadas[1] se evidencia una clara trayectoria donde los estudios se van complejizando en términos epistemológicos, teóricos y metodológicos. Esta trayectoria pareciera obedecer tanto a un proceso de acumulación de conocimiento como a la intervención de nuevos actores encargados de la evaluación –especialmente instituciones universitarias. Más aun, los mismos cambios producidos en el Plan Ceibal han ido demandando nuevos enfoques y estrategias de evaluación. Así, de los primeros estudios exploratorios y descriptivos enfocados en la medición de la posible reducción de la brecha digital a partir del Plan Ceibal, el interés se va desplazando hacia la comprensión de los procesos de apropiación tecnológica en diferentes ámbitos como la escuela, el hogar y la comunidad. Producto de esta trayectoria, se encuentra disponible un rico corpus de evaluaciones cuya diversidad de enfoques no oblitera el diálogo, la complementariedad y la crítica constructiva entre los distintos estudios. Riqueza y complejidad que, sin dudas, han brindado al Plan Ceibal una enorme oportunidad para retroalimentar sus bases y diseños originales ya que a lo largo de todos los estudios se han ido señalando posibles puntos a mejorar. Así, resulta fundamental destacar cómo cada estudio reconoce los hallazgos de sus antecesores y, si bien propone nuevos enfoques, no deja de dialogar con ellos y ofrece, a su vez, nuevos y originales resultados de gran relevancia. En consecuencia, el Plan Ceibal ha tenido la posibilidad de asimilar las críticas y complejizar sus estrategias de evaluación. Seguramente esta particular trayectoria que demuestran los estudios del Plan Ceibal, donde se complementan perspectivas y enfoques diversos y complejos, obedece a la estabilidad política en la que se ha desarrollado el Plan Ceibal tal como lo señala Inés Dussel en este mismo libro: “estas evaluaciones, aunque muestran las dificultades y tensiones, no socavaron el apoyo masivo que el plan sigue teniendo entre la población uruguaya” (Dussel, 2016: 149).

En este derrotero, el lugar ocupado por la investigación cualitativa se ve transformado pasando de ser un mero complemento de la evaluación cuantitativa a configurar una estrategia metodológica en sí misma destinada a reconstruir las experiencias de apropiación de las TIC recuperando la perspectiva de los propios actores beneficiados. Por un lado, este desplazamiento implica un cambio en los conceptos y categorías de análisis que pasan de estar originalmente preocupados exclusivamente en la evaluación del impacto del Plan Ceibal en la reducción de la brecha digital (Martínez et al., 2009), al registro y sistematización de casos concebidos como “buenas prácticas” (Bianchi y Laborde, 2012), al análisis de los usos con sentido de las TIC (Pittaluga y Rivoir, 2013) hasta la comprensión de los procesos de construcción de sentido en torno a las netbooks por parte de las familias beneficiarias (Winocur y Vilela, 2014). Es decir, se evidencia un pasaje desde perspectivas tecnológico-deterministas (según las cuales la XO del Ceibal impactarían en la vida de los beneficiarios) hacia concepciones descentradas donde lo importante es situar los diferenciales –y desiguales– procesos de apropiación de las TIC en el marco de racionalidades socio-culturales diversas. Los dos primeros trabajos reflejan la incidencia de agencias y organismos internacionales en la formulación de sus objetivos y la elección de los conceptos: las nociones de impacto, brecha digital, sociedad de la información, buenas prácticas, efectos inesperados o colaterales, forman parte del arsenal conceptual propio de organismos como el PNUD, el Banco Mundial y el BID que forman parte –directa o indirectamente– del financiamiento de las políticas de inclusión digital y de la matriz y modelos de evaluación dominantes. En cambio, en los dos últimos estudios, las reflexiones teórico-metodológicas parecen mayormente influenciadas por los estudios culturales latinoamericanos. Por otro lado, y consecuentemente, aquel desplazamiento se ve reflejado en las decisiones metodológicas adoptadas, tanto en los criterios muestrales como en la selección de las unidades de información y análisis: si en los casos de Martínez et al. (2009) y Bianchi y Laborde (2012) es la escuela la que irradiaría los beneficios de la digitalización hacia las familias y las comunidades, en los trabajos de Pittaluga y Rivoir (2013) y de Winocur y Vilela (2014) son las familias y los hogares los ámbitos centrales donde se establecen las negociaciones que cuecen los sentidos de la tecnología en la vida cotidiana. Es por ello que, bajo el presupuesto de una necesaria sinergia entre escuela y hogar, los primeros trabajos tomaron a los directores escolares como informantes respecto al impacto del Ceibal en las familias (Martínez et al. 2009) o seleccionaron como casos de análisis aquellos que se mostraron exitosos desde la perspectiva del propio plan (Bianchi y Laborde, 2012) mientras que los segundos se enfocaron en el interior de los hogares como ámbito privilegiado de apropiación de las TIC indagando la producción de sentidos (Pittaluga y Rivoir, 2013) y reconstruyendo la compleja trama de experiencias según la perspectiva de los propios actores (Winocur y Vilela, 2014).

En definitiva, no se trata de privilegiar un modelo evaluativo y descartar otros sino de comprender los modos en que enfoques diversos producen recortes, miradas y acciones diferentes sobre un mismo fenómeno. Así, el registro de datos, su interpretación y presentación como hallazgos conduce a diferentes concepciones sobre los procesos de apropiación de las TIC por parte de las familias y las comunidades que se reflejan en consecuencia, en las distintas orientaciones sugeridas para el rediseño de las políticas públicas de inclusión digital.

4. Bibliografía

Bibliografía del corpus

Bianchi, L. y Laborde, S. (2012). Buenas prácticas de la Comunidad Ceibal. El Plan Ceibal como generador de iniciativas de Desarrollo Humano Local. PNUD y Plan Ceibal, Montevideo.

Martínez, A.; Alonso, S. y Díaz, D. (2009). Primer informe nacional de monitoreo y evaluación de impacto social del Plan Ceibal, 2009. Área de Monitoreo y evaluación de impacto social del Plan CEIBAL. Centro Ceibal. Diciembre, 2009.

Pittaluga, L. y Rivoir, A. (2013). “Contribución del Plan Ceibal a la reducción de la brecha digital y a la inclusión digital”. En Rivoir, A. (coord.). Plan Ceibal e inclusión social. Perspectivas interdisciplinarias. UdelaR, Montevideo.

Winocur, R. y Sánchez Vilela, R. (2014). “Evaluación cualitativa de las experiencias de apropiación de las computadoras XO en las familias y comunidades beneficiarias del Plan CEIBAL”, informe final.

Bibliografía de evaluaciones sobre el Plan Ceibal

Centro Ceibal (2010). El impacto del Plan Ceibal en el acceso y uso de TIC. Montevideo.

Centro Ceibal (2010). Segundo informe nacional de monitoreo y evaluación del Plan Ceibal, 2010. Área de Monitoreo y evaluación de impacto social del Plan CEIBAL. Disponible en https://goo.gl/urckji.

Centro Ceibal (2014). “Evolución de la brecha de acceso a TIC en Uruguay (2007-2013)”, Montevideo.

Centro Ceibal (2014). “Evaluación Anual en Primaria – 2013”, Montevideo.

Centro Ceibal (S/D). “Ceibalómetro 6 años”, Montevideo.

Dussel, I. (2016). “Perspectivas, tensiones y límites en la evaluación de las políticas Uno a Uno en América Latina”, en Benítez Larghi, S y R. Winocur (coord.). Inclusión digital. Una mirada crítica sobre la evaluación del Modelo Uno a Uno en Latinoamérica, pp. 145-166.

González Mujica, S. (2008). “OLPC (Una Computadora por Niño), análisis de la implementación de pilotos”, IDRC, Montevideo.

Melo, G.; Machado, A.; Miranda, A. y Viera, M. (2013). “Profundizando en los efectos del Plan Ceibal”, Universidad de la República de Uruguay y CIDE de México.

Rivoir, A.; Pittaluga, L.; Di Landri, F.; Baldizán, S. y Escuder, S. (2010). El Plan Ceibal: impacto comunitario e inclusión social, Observatorio de Tecnologías de Información y Comunicación, Universidad de la República. Disponible en https://goo.gl/A60kLo.

Bibliografía general

Castells, Manuel; Tubella, Imma; Sancho, Teresa; Díaz, María y Wellman, Barry (2007). “Proyecto Internet Catalunya: La Sociedad Red en Catalunya”. Disponible en https://goo.gl/wA4YiL.

Thompson, John B. (2008). Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación. Paidós, Barcelona.


  1. Una vez más remarcamos que el corpus fue seleccionado en pos de analizar los modos en que las familias y los hogares y sus vínculos con la tecnología son recortados y conceptualizados en las evaluaciones seleccionadas. En este sentido, las conclusiones aquí señaladas se refieren a este punto exclusivamente y no resultan generalizables a todas las evaluaciones del Plan Ceibal.


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