En la misma colección

978-987-723-057-4_frontcover1

12-4583t

En la misma colección

9789877230741-frontcover

12-2770t

2 Radiestesia de las provincias en las antologías de poesía argentina

María Amelia Arancet Ruda [1]

El fenómeno o lo dado: nuestro objeto

A priori nuestra intención era la de revisar antologías panorámicas de poesía argentina en la década de 1950. Sin embargo, durante el relevamiento de obras, el objeto fue derivando hacia lo provincial, puesto que sorpresivamente eso fue lo hallado. Son antologías en su mayoría representativas de la poesía de una ciudad, de una provincia o de una región[2]; y más bien desatendidas al considerar la literatura nacional como un todo.

En el presente capítulo, entonces, mediante el material recabado, con un corpus principal de ocho antologías, postulamos la existencia en ese momento de un umbral que abre hacia un panorama de poesía nacional ajena a la metrópoli.

Antes de abocarnos a ellas juzgamos necesario ordenar las antologías halladas en cuatro grupos, diversos entre sí y de variado caudal. Las organizamos teniendo en cuenta la categorización realizada por José Francisco Ruiz Casanova (2007), con el fin práctico de partir de una visión inicial clara. Así, determinamos cuatro grupos de antologías: el generacional, el panorámico, el temático y el provincial. Este es el orden que, además, seguiremos en nuestra exposición; es decir que revisaremos el contexto del caso para desembocar, sobre el final, en las antologías provinciales, cuya existencia cuestiona fuertemente la historización de la poesía argentina, tanto como las antologías que vienen con posterioridad a la década mentada.

Contexto: floración de antologías

Ni generación ni grupo

En primer lugar mencionamos el grupo generacional, muy brevemente por ser el más aludido cuando hay referencias a la poesía del medio siglo. En verdad, se trata de dos obras: Antología de una poesía nueva (1952), por Raúl Gustavo Aguirre, que representa a la segunda vanguardia nucleada en torno de Poesía Buenos Aires; y Poesía argentina moderna (1953), ordenada por Horacio Jorge Becco y Osvaldo Svanascini.

En este primer grupo se acerca a lo más estudiado de la época: la segunda vanguardia. Solo puntualizamos dos observaciones. Una acerca de la denominación ‘generacional’, muy usada en el ámbito de las antologías. Suele servir para indicar un recorte de poetas de estética similar, tal la antología de Aguirre; pero, también, para apuntar a aquellos que son sencillamente coetáneos, tal la de Svanascini y Becco. De abocarnos a ellos, se requeriría, entonces, de una designación más específica. En lugar de miembros de una generación, sería más exacto referirnos a coetáneos.

Por otra parte, en particular respecto del cincuenta, es necesario volver a formular el carácter de generacional, estéticamente hablando, reconsideración extensible a otros períodos. Muchos de quienes publican en Poesía Buenos Aires, por ejemplo, serán tomados como centrales para el sesenta, e incluso después. Tal múltiple ubicación, por mencionar casos muy renombrados, se adjudica a Alejandra Pizarnik y a Joaquín Giannuzzi. Y al mismo Edgar Bayley, quien es autor del manifiesto invencionista y, a su vez, uno de los precursores del objetivismo en la Argentina.

A propósito de lo cuestionable de los rótulos cuando se emplean de manera taxativa, coincidimos con Américo Cristófalo en sus “Notas…” sobre la poesía argentina entre 1940 y 1955. Especialmente concordamos cuando, después de mencionar la muy señalada “‘retracción’ formal del ‘40” (2007: 63) respecto de la vanguardia martinfierrista, sostiene que la crítica apenas ha interrogado regularidades y fijezas que enlazan el lirismo neorromántico[3] con el modernismo y con las vanguardias primera y segunda. En relación con esta hipótesis, inmediatamente plantea que los modelos historicistas ponderan de manera extrema lo que se define como ruptura, la cual se da siempre en una circunstancia condicionante y, además, está hecha de vaivenes entre tradición y ruptura. Consideramos oportunas y adecuadas las observaciones de Cristófalo, en tanto posibilitan ver un entramado más amplio y más complejo, urdido de continuidades y de reenvíos pocas veces tomados en cuenta. Es decir que el rótulo de “generación” que emplea Ruiz Casanova, fiel a la tradición española, se muestra poco precisa, o excesivamente simplificadora. Y más que de un grupo se trata de un dúo.

¿Grupo de uno?

El segundo grupo en la década del cincuenta, que llamamos panorámico, es más bien un bosquejo, pues incluye una única antología, estructurada sobre la base de un gesto abarcativo ―si se la compara con las canónicas hasta esa fecha, e incluso después―, pero que se presenta como regional: se trata de Cien poetas rioplatenses 1800-1950, por Roy Bartholomew, de 1954.

Esta antología de Roy Bartholomew[4] fue terminada en 1951 y publicada en 1954. Se trata de una obra ideada y realizada en México y que, por casualidad o accidente, no se publicó allí. De esta obra señalaremos su presentación y su recorte; Cien poetas rioplatenses 1800-1950 viene a reforzar una misma visión: la de la poesía de una provincia o de una región, que abona lo efectivamente más numeroso. Dice Bartholomew en su “Prólogo” que inicialmente en México el proyecto había sido reunir cien de las mejores poesías argentinas, cosa en que había comenzado a trabajar en la “pobladísima biblioteca de Alfonso Reyes” (1954: IX); pero que, a poco de haber empezado, pensó “[…] no presentar cien poesías argentinas, sino cien poesías rioplatenses, de autores de ambas orillas del Plata, desistiendo de los poetas regionales[5] de la montaña;” (IX). A lo que agrega:

…pensé (y pienso) que el libro ganaría así en unidad de expresión; pues, siendo una la lengua, una la historia, una la evolución cultural, similar el progreso de Montevideo y Buenos Aires, es lícito considerar que pueden presentarse en un cuerpo de muy apreciable unidad los poetas cuya formación o cuya vida ha transcurrido de preferencia junto a ambas márgenes del río, ancha médula de agua y limo[6], y que esa unidad es mayor que la que pueden presentar entre sí los poetas nacidos dentro de los límites del país uruguayo o, mayormente, dentro de los límites de mi país. (IX)

Llama la atención el adjetivo “regionales”, ambiguamente aplicado a los poetas “de la montaña” y con un dejo ligeramente despectivo por considerarlo de menor importancia. Lo cierto es que Bartholomew, cuando enumera los factores similares que justifican el recorte propuesto ―lengua, historia, evolución cultural y progreso―, está presentando precisamente una antología regional. Al poner énfasis en su unidad asocia el Río de la Plata con una región más, queriéndolo o no. Así, esta antología es panorámica por el título; harto canónica por el conjunto; y regional por las aclaraciones del prólogo. Tal dificultad de clasificación aumenta porque, si bien señala lo lingüístico como elemento de cohesión, ofrece un apéndice especial para incluir la obra en inglés de Hudson.

Es inevitable pensar en esta antología como una suerte de adelanto, posiblemente involuntario, de lo que hoy se considera literatura de las regiones argentinas

Dos antologías, dos polos

En tercer lugar está el grupo temático, que inicialmente no íbamos a tomar. Sin embargo, hallamos que su consideración es relevante respecto del imaginario. Así como en 1950 aparece la antología dedicada al Libertador General San Martín, es bastante elocuente que en la década de 1990, específicamente en 1993, luego reeditada, modificada y aumentada en 2002, se publicara La erótica argentina (antología poética 1600/1990), con selección y prólogo de Daniel Mujica. Así como la del cincuenta pone de relieve la formalidad social, la de Mujica (luego, Muxica) ostenta la marca de un amplio gesto políticamente inclusivo, que cuestiona aquel ser nacional: incorpora lo precolombino, lo anónimo, lo folclórico ―al menos, sus autores―, lo femenino en mayor proporción, el discurso poético homosexual, las últimas producciones ―la 2ª ed. se extiende hasta el año 2000 (cfr. Arancet Ruda, 2012a)―.

Al considerar conjuntamente las dos antologías realizadas según un tema[7], se explica, en parte, por qué en ese momento era imposible una antología panorámica. Estas antologías temáticas son Los poetas argentinos cantan al Libertador[8], por Ángel B. Rivera y Ricardo Piccirilli, de 1950; y Poesías de las provincias que he conocido, por Sir Eugen Millington-Drake[9]. Estas dos antologías son bastante fieles a los imaginarios reinantes y al campo creado. Especialmente ellas constituyen lo que hemos denominado el ‘umbral’, en materia de antologías, hacia la década del cincuenta.

Ambas ponen en primer plano varias cuestiones relativas a la vida y a la muerte de un canon, uno de cuyos agentes es el tema editorial, que implica relaciones entre lo económico, lo cultural y lo político. Es un área donde se trata en simultáneo con muy diversos agentes de la sociedad: desde el distribuidor o vendedor de libros; pasando por el autor, el ilustrador, el traductor; hasta el sector político en sentido estricto. Como señala Bourdieu, “Por el hecho de que el libro […] es a la vez mercancía y significación […] el editor es también un personaje doble, que debe saber conciliar el arte y el dinero, el amor a la literatura y la búsqueda de beneficio” (1999: 242). Y, agregamos, la supervivencia en aguas políticas turbulentas.

Estas antologías son realizadas en fechas muy cercanas, 1949 y 1950, por la Sociedad Anónima de Impresiones Generales Guillermo Kraft Limitada, fundada en 1864, la cual por esos años, como tantas otras empresas, mantenía delicadas relaciones con el poder.

Kraft Limitada integraba la Cámara Argentina del Libro[10] (CAL), entidad creada por un grupo de editores que en 1938 conformaron la Sociedad de Editores[11]; en 1941, al lograr personería jurídica, adoptaron la nueva denominación. Hasta mediados de 1945 la Institución fue presidida por Guillermo Kraft, quien en ese momento dejó la presidencia, pero no la Cámara.

Estas dos antologías, de idéntico formato e ilustradas por Alejandro Sirio, comparten también el hecho de no constituir novedad estética[12]. Por este último rasgo se puede afirmar que están dirigidas a un receptor masivo ―en la medida en que la poesía puede tenerlo― que suele optar por lo conocido, aquello que no se sale del horizonte de expectativas previsto. A la par, hacen evidente el conflicto ambiente, pues desde lo realizado por una misma editorial ―Kraft― indirectamente se está cuestionando qué sentido darle a lo nacional argentino. En efecto, casi en la misma fecha en una y en otra antología se generan respuestas distintas. Claramente, la actividad editorial de Kraft en estas dos antologías refleja la pulseada simbólica entre sectores sociales en torno de una definición: de qué se hablaría cuando se hablara de nación.

La pregunta que nos formulamos aquí es qué significan estas dos antologías respecto del canon y del imaginario nacionales. Miradas en perspectiva, vemos lo siguiente:

  • La de 1950 representa una clausura, uno de los últimos coletazos del nacionalismo poético promovido desde el gobierno, “coletazo” que es, a la vez, posiblemente ―no lo sabemos― una maniobra de supervivencia por parte de una empresa editorial más bien antiperonista.
  • La de 1949 constituye una apertura. Obra de un funcionario inglés ―oportunamente se lo puede sumar a la lista de viajeros de esa nacionalidad que ofrecen su testimonio literario― promovido en su accionar por entidades ideológicamente contrarias al gobierno, como la SADE y la CAL. Sin embargo, hace lugar a la producción poética de las provincias, a las que, en cierta medida, el Peronismo había favorecido.

Estos gestos, de apariencia paradójica, llevan en sí las controversias culturales de la época. Pero, superado el momento, la antología del 49 permanece como un hito, al ser entendida y reconocida más tarde, en 1961 y en 1971, como iniciadora en relación con la difusión de la poesía de otros lugares del país que no son Buenos Aires.

Así, circa 1950 hallamos estos dos casos de antología, polarizados, que materializan uno de los pares de tensión variable dentro de un campo literario (Bourdieu, 1992): el de heteronomía/autonomía, léase la antología de Rivera y Piccirilli y la antología de Millington-Drake, respectivamente.

Los poetas argentinos cantan al Libertador, realizada y publicada a propósito de cumplirse el Centenario de la muerte del General San Martín, reúne cincuenta y siete poemas. Las composiciones cubren un espectro que empieza con Vicente López y Planes, seguido de varios otros de los autores presentes en La lira Argentina; luego se agregan algunos autores de la llamada segunda generación romántica ―por supuesto, es infaltable Olegario V. Andrade―; algunos poetas conectados con la producción más o menos folclórica, como, v. g., Ismael Moya, Ataliva Herrera y Basilio de Charras; otros consagrados de la época, como Fernández Moreno ―así, a secas― y Arturo Capdevila; algunos asociados de manera directa con el nacionalismo un poco anterior ―tales los casos de Leopoldo Lugones y de Ricardo Rojas―, o bien un poco posterior ―Ignacio B. Anzoátegui―; finalmente, el golpe de actualidad del libro es un poema de César Fernández Moreno; el único.

Se trata de una obra enteramente encargada por el gobierno. Los nombres de los antólogos están casi ocultos; solo figuran en un cuerpo de letra pequeñísimo y en el colofón[13]. Sí aparece, en cambio, después de la portada, en el centro de una gran página en blanco la leyenda “General JUAN PERÓN/ Presidente de la Nación Argentina” y, en la siguiente, la extensa nómina de la Comisión Nacional por Ley 13.661 por el Año del Libertador General San Martín. A continuación de ella, está la ilustración a página completa de Alejandro Sirio, en la que San Martín supervisa desde la retaguardia en lo alto de un cerro el avance de sus granaderos. Luego de esta impronta plástica, que deja bien plantada la presencia de una mirada controladora, se abre paso la hueste de las palabras: prólogo y poemas, todos bajo la vigilancia del General. ¿Cuál General? El prólogo dará, ampliada, la respuesta. En él se repite: “¡Prodigioso destino el de nuestra poesía! Apenas nacida recibe el don maravilloso de una Patria nueva, que ‘se levanta en la faz de la tierra’, y le ofrece como tema de inspiración EL HEROÍSMO DE SU PUEBLO y las hazañas de sus próceres” (1950: 13). Se añade luego que la figura del prócer había sido eclipsada por dos agentes deleznables: “por la incomprensión y el recelo de los politiqueros, que no creen en la grandeza aunque la tengan delante de los ojos” (1950: 14). Y prosigue, redondeando ideas con el fin de atar cabos:

Por eso, el libro que ahora publicamos, efemérides poéticas del Libertador, desde los días de Maipú hasta la época actual, en que su Patria, renovada y engrandecida por la Revolución peronista honra a su arquetipo, puede ofrecerse como un incentivo a los poetas de mañana […] (1950: 14).

Cerca del final, ya los términos o, más bien, los Generales, se confunden: “La visión que hoy tenemos de San Martín crecerá aún más, junto con el pueblo argentino, ‘la máxima creación sanmartiniana’ al decir de Perón” (1950: 14).

Bajo una ideología gubernamental tan rotunda, se explica, en parte, la ausencia de una antología panorámica en la época. El mandato acotaba tan fuertemente, que no quedaba espacio para hacer una selección que, aunque no renovara el canon, seguramente se saldría de esa regla impuesta en todos los ámbitos de la vida en sociedad[14].

Retomando la antología de los poemas al Libertador, más allá de que el año 1950 brindara la excusa para poner en el centro la figura de San Martín, su exaltación dio cauce al nacionalismo, moldeado en este caso en torno de una figura magnificente asociada con la liberación, con la emancipación respecto de los opresores poderes imperialistas. En el principio había sido España. En 1950 eran Inglaterra y los Estados Unidos, fundamentalmente.

Las composiciones de Los poetas argentinos cantan al Libertador ―lo cual, una vez más, nos mueve a preguntarnos qué Libertador― promueven la consabida idea del nacimiento de la Patria. Desde el “Prólogo” se sugiere un segundo nacimiento, con lo cual hace falta contar con un padre y con una madre. Naturalmente, he allí a Perón y a Eva. De todas maneras y por el momento, en la antología que nos ocupa, que es temática e ideológica por entero, la figura de Ella está ausente ―¿relegada?―. Solo mencionaremos que en la reciente antología Poetas depuestos. Antología de poetas peronistas de la primera hora, de 2011, son numerosas las veces en que se conectan como pares las figuras de Perón y de San Martín. Es decir que, al menos en una buena parte del imaginario colectivo, eran figuras, si no equivalentes, por lo menos, íntimamente ligadas.

Es necesario agregar que esta antología, que abre la década, queda prohibida por decreto durante ocho años, entre 1956 y 1964, como todo aquello que ostentase la palabra Perón y cualquier derivado o término asociado. Al mejor estilo de Lewis Carroll en su Alicia, la revolución “Libertadora” prohibía estos cantos al “Libertador”. Desde afuera parece una práctica del non-sense. No hay dudas de que era muy difícil llevar a cabo un emprendimiento serio de antología de la poesía del país como totalidad, dentro de nuestras fronteras, dicho esto muy sobria y someramente. Esta dificultad se debía a que el concepto de nación, esto es de “comunidad política imaginada” según Anderson (1983), se iba imaginando de maneras cada vez más diversas y en simultáneo; y, otras veces, de modos muy similares, incluso con los mismos trajes y palabras, pero con actores o protagonistas enfrentados.

¿Naif?

Retomando a Bourdieu (1992), nos preguntamos con él si hay productores culturales ingenuos (330). Tratándose de antólogos, parece muy improbable. Como señalara brillantemente Claudio Guillén, en Entre lo uno y lo diverso (1985), el antólogo es primero lector, mejor aun un súper-lector: aquel a quien la praxis asidua le brinda un conocimiento que luego, puesto ya en el lugar de orquestador, vuelca a modo de autor, para así guiar a otros lectores, nuevos.

En cambio, Sir Eugen Millington-Drake podría entenderse como un productor autónomo e inocente respecto del canon nacional. Al parecer, en su obra “domina el gusto personal del coleccionista”, según expresión tomada de Alfonso Reyes (1930: 131). Este es el gesto que destaca Carlos Alberto Erro, el primer prologuista y, por entonces, Presidente de la SADE. Según Erro, Millington-Drake no quiso hacer una antología, puesto que “Quien tal tarea abraza, empieza por procurarse el conocimiento más exhaustivo posible de una literatura y luego selecciona aquellas piezas que considera de más valor o más representativas del estilo de los autores escogidos” (12), y esta es una “recopilación de viajero” (13). En ella, Millington-Drake reunió lo que fue encontrando acorde con su gusto a lo largo de viajes que se insinúan como distendidos, con especial interés por los habitantes, por su carácter y por su modo de vida, de todo lo cual los textos querrían ser reflejo.

Este acento en la indagación cultural es revelado por el mismo Millington-Drake en su prólogo y, sobre todo, en la estructura que da al libro. Si miramos el Índice General, se presenta el título “Liminares”[15] que reúne los prólogos y, después, “Viaje poético”, que encabeza el listado del resto del libro, hace de gran portón hacia los poemas, pero no aparece en el cuerpo del texto. Siguiendo el orden se ofrece bajo el subtítulo de “Prólogo” un poema de Gervasio Melgar ―de Campana[16]― titulado “Los libros”, donde se descubre la intención didáctica de la obra, evidente en esta composición que invita e incita a la lectura de “libros de nuestra tierra” por cuán lejos llevarán: “Averigua en los libros lo que soñó Sarmiento;/ pregúntale a los libros quién era Rivadavia.// (…) y en alas de los libros recorrerás la Patria…” (39). Inmediatamente, empieza el trayecto y va consignando los lugares geográficos que le ofrece la ruta hecha en tren[17] de correo, según refiere el autor en su prólogo; por eso las palabras de Patricio Gannon, uno de los cuatro presentadores del libro, se titulan “La musa del andén”.

Ya en marcha, la sección inicial es “El Sur y la provincia de Buenos Aires”. Deliberadamente, Millington-Drake empieza por el puerto de Bahía Blanca, porque dice que allí desembarcaría para luego ir hacia el sur patagónico, y después Tandil, Azul, Mar del Plata, La Plata y Campana.

La otra sección es “La Gran Aldea”. Y, a continuación, “El Litoral”, subdividido en Rosario, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Resistencia. Le sigue “El Norte”, donde el viajero/antólogo separa Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja. La gran zona a la que avanza posteriormente es “El Centro y el Oeste”: Córdoba, Alta Gracia, Río Cuarto, La Pampa, Villa Mercedes, San Juan y Mendoza. Y acaba con un “Epílogo” que es el “Romance de las carretas patrias” de Arturo Capdevila, una suerte de antepasado funcional del ferrocarril.

Frente a la moderadísima presencia de los antólogos en la antología de 1950, en esta llamada recopilación ―que sí catalogamos como antología, según el atestiguado método de selección que empleó Millington-Drake, un método no académico para un público no académico― hallamos a un antólogo que es autor de su obra, de principio a fin. En el último texto liminar, Arturo Capdevila da cuenta de cómo el inglés realizaba la selección guiado por el placer, la intuición y, posteriormente, la aprobación del público. Dice Capdevila:

Cuando algo le llega al alma deduce que está bien. Pero no resuelve nada todavía. Espera otra prueba: la prueba ante los auditorios desprevenidos. La cotización de los aplausos marca los grados de su acierto de elección. Procede siempre así. En la apelación a esos auditorios ingenuos, constituidos por jueces incólumes, a virtud de su propia condición de ingenuos, se sostiene cumplidamente la autoridad del coleccionista[18] (35).

Es decir que Millington-Drake no pretende innovar, sino hallar inmediata resonancia, aceptación incondicional, esto es: identificación. Aunque no podemos saber cuáles eran sus verdaderos móviles, de acuerdo con este modus operandi, es admisible pensar que la selección está presidida, muy pragmáticamente, por cierta lógica de oferta y demanda.

Respecto de la autonomía, el hecho de ser extranjero exime largamente al antólogo de atarse al canon. Va construyendo su obra con marcada libertad. A medida que atravesaba las provincias recogía la mayoría de los poemas, pero otros los sumó, sencillamente, porque quiso. Así, por ejemplo, dice que no podía dejar de lado a Lugones ni a Borges ―lo cual da cuenta de su conocimiento de nuestro canon―; y también señala que otros autores de renombre, al enterarse de su empresa, generosamente le acercaron algunas composiciones. Es decir que es un antólogo con estatuto de autor sumamente independiente, pero no exactamente naif. En todo caso, está liberado del peso institucional que se atribuía a un antólogo nativo.

Si confrontamos ambas antologías, muy diversas entre sí, tenemos, por un lado, el canto nacionalista de loas grandilocuentes, sobre todo en los poemas correspondientes al seudoclasicismo, que subraya la figura excepcional del héroe. Por el otro, un viajero inglés que se detiene exactamente en lo contrario, en lo pequeño y en lo cotidiano más común; la notable insistencia de la palabra “modesto” en los textos escritos por el mismo Millington-Drake sostiene lexicalmente este enfoque. De este modo, lo altisonante y lo desapercibido oponen estéticas ―la heroica y la del everyman―, tanto como ideologías ―nacionalismo patriótico y valoración de lo exótico― e intenciones ―la didáctica y la diletante―.

Al leer la recopilación de Millington-Drake resalta su estética en general muy conservadora, pero no la asociaría con el neorromanticismo elegíaco del cuarenta, en tanto esta corriente tendía a fijarse más en el pasado y en lo perdido. Los poemas que colecciona Sir Eugen ponen énfasis en el presente con sus afanes y en el entorno que los enmarca, que los sustenta. En tal sentido, el gusto es muy británico; podríamos pensar en la escuela pictórica del paisajismo inglés.

Lo extraño del caso se debe a que, aunque muy peculiar, es también un libro de viajero y, por lo mismo, podríamos aplicar para su lectura los elementos propios de la poética de libros de viajes[19]. Como embajador en la Argentina, entre 1942 y 1946[20], Millington-Drake recorrió asiduamente el país y dice haber dado casi la misma conferencia, por lo menos con el mismo título del libro, “Poesías de las provincias que he conocido”, “desde Tucumán hasta Llao-Llao, y desde Santa Fe hasta Mendoza” (1949: 20); también, en Bahía Blanca; lo mismo que al volver al país, en 1948, cuando la presentara en varias ocasiones, principalmente ―dice― en la Casa del Escritor, además de la Sala Argentina del Teatro Cervantes (1949: 21).

Este viajero recorre diversos ámbitos geográficos y espirituales y va trazando esbozos de cuanto percibe. La finalidad ilustrativa de los poemas seleccionados constriñen la selección, puesto que de cada localidad solamente elige composiciones que den cuenta, sobre todo, del espacio ―algo semejante hará Roberto Ledesma en 1964, es decir quince años después, en su antología Una geografía argentina vista por poetas[21]―. Algunas veces se busca dar noticia del ámbito con una concepción más amplia. Como fuere, está atento a la idea de “viaje poético” que tiene que tomar instantáneas fotográficas o hacer bosquejos a lápiz. El poema elegido debe mostrar sin velos algo muy característico del lugar visitado[22]. Hay una mirada que se posa un instante, el tiempo de un alto en el camino, no más que eso; el interés reside en continuar el viaje. La realización de la antología está planteada como la confección de un álbum de postales, souvenirs, fotografías y sketches, cada uno de ellos, y en conjunto, suficientemente ilustrativo. A la par, en la labor hay permiso para cierta ligereza e imprecisión, por no tratarse más que de la referencia de una experiencia individual de paseante. El objeto final tiene el cometido primordial de representar al antólogo mismo, cosa contundentemente enunciada desde el título, Poesías de las provincias que he conocido, donde el yo gramatical está instalado y donde queda delimitado el objeto como solamente aquello que ese yo tuvo ocasión de visitar.

Sin embargo, más allá del pintoresquismo que podía atraer a un viajero inglés, su viaje/antología no deja de ser experiencia configuradora de patria, según Victor Turner (Anderson, 1983: 85), pues crea una significación. Sir Millington-Drake junta y compone estas piezas como viajero, es decir como testigo; a continuación las da a conocer como conferenciante en repetidas oportunidades y, finalmente, como autor. Al llevar a cabo esta recopilación y esta divulgación congrega lugares y personas. Esto es: hace que la comunidad imaginada se halle en situación de imaginarse más vívidamente, al mediar una suerte de confrontación simbólica.

Este efecto de individualización y, a la par, de conglomeración es uno de los primeros que provoca toda antología, por el hecho de que cada poeta se ve allí, destacado, y, a la vez, junto a otros, que puede conocer, o no. Cada autor individual, o cada sector representado ―provincias, regiones, ciudades―, se encuentra leyéndose a sí mismo y leyendo a los demás. Así, por ejemplo, hallamos a las bonaerenses ciudades de Azul y de Campana junto a las cordobesas de Villa Mercedes y de Alta Gracia, todas como lugares igualmente productores de poetas. Estas aproximaciones no eran para nada frecuentes a la hora de armar el canon nacional, es decir que con el libro de Millington-Drake el marco se ve ampliado. ¿Por qué reunirlos, todos de distintos lugares, deliberadamente? Porque son todos argentinos, parece la respuesta. Vemos que, un año antes de Los poetas argentinos cantan al Libertador, donde la nación es la legión de héroes anónimos reunidos bajo el mando de un líder indiscutido y sobresaliente (San Martín-Perón), en Poesías de las provincias que he conocido se está dando otra respuesta respecto de qué cosa es ‘nación’: un vasto territorio a recorrer habitado por una gran variedad de personas; y en ese conjunto Buenos Aires es un lugar más, por importante que sea. Los poetas argentinos afirma la idea de nación de manera directamente simbólica y ligada con la política; Poesías de las provincias también afirma la idea de nación, pero desde lo territorial y lo cultural. Una vez más se instala la recurrente pregunta que escruta de qué cosa hablamos cuando de la nación argentina se trata, más específicamente todavía: de literatura argentina. Una vez más vemos que las posibilidades de recorte y, por consiguiente, de enfoque, son varias.

Finalmente, un grupo allende la General Paz

Hasta aquí recorrimos antologías que no llegan a constituir grupo, más o menos sueltas. Solo encontramos efectivamente un conjunto al arribar a las provinciales. Hallamos siete antologías ―siempre puede haber más―: dos de 1952, de San Luis y de Tucumán; una de 1953, de Córdoba; dos de 1955, de entre Ríos y de La Pampa; una de 1956, de La Plata; y una de 1957, de Santa Fe.

Todas ellas hacen hincapié en la importancia de la geografía y de los hábitos relacionados, para definir una pertenencia y, por tanto, una identidad. Podría asemejarse al regionalismo romántico. Sin embargo, tal acento responde a que la necesidad en ese momento es sumarse al todo pero como otro diferenciado, tanto de Buenos Aires como Capital Federal, como de otras provincias. De hecho el “pago chico” es destacado en su rasgo universal, el que vehiculiza la voluntad de hacerse visible y de alcanzar reconocimiento más allá de lo vecinal.

Lo que podría interpretarse apresuradamente como una continuación de la promoción ―mejor que generación― del cuarenta es, en verdad, algo más. La “Introducción” a la “muestra” puntana lo explicita largamente al señalar que se ha tomado conciencia de la falta de la voz de las diversas “regiones” ―usa esta expresión―. Asimismo, en la que corresponde a La Pampa es expreso el deseo de “visibilidad”. Subrayamos que en todas las antologías antedichas se destaca insistentemente su carácter de ser la primera, rasgo que denota una fuerte voluntad de ocupar otro lugar, así como la conciencia de tiempos nuevos.

1952: Muestra de la poesía puntana actual. San Luis, Editorial San Luis ―de la Asociación de Empleados del Banco de la Provincia de San Luis―. Prólogo: Plácido Alberto Horas. 213 pp.[23]Horas tuvo un importantísimo papel como catedrático en relación con la Psicología, en una época en que todavía no existía la carrera de Psicología como tal en la Argentina. El largo prólogo abunda en exponer la obra cultural de la Asociación, en sus distintas vertientes (coro, grupo teatral, biblioteca, revista, etc.). Se aclara que se elige la denominación “muestra” por sobre la de ‘antología’, porque el antólogo principal participa de la creencia en que el segundo término implicaría reunir “lo mejor de las mejores formas” y con un máximo rigor (12).

Se insiste en que la obra es un esfuerzo gremial de la Asociación de los Empleados del Banco de San Luis, entre otros emprendimientos a partir de 1945, también asociados con la cultura, con la “vida del espíritu”. Se subraya que es la primera antología. Es diacrónica y parte de principios del s. XIX, por ello principiaron la revisión por Juan Crisóstomo Lafinur. La antología gira toda en torno de la naturaleza ―concebida de manera general, panorámica, o en detalle― y de las formas de vida de una región. Es muy marcado este acento.

1952: Primera antología poética de Tucumán. Resultado del Certamen de Poesía[24] organizado por la Comisión Provincial de Bellas Artes. Actuaron como jurados: Don Bernardo Canal-Feijóo, Don Manuel Gonzalo Casa y Don Alfredo A. Roggiano. Tucumán, Ed. de la Comisión Provincial de Bellas Artes de Tucumán. Con la colaboración técnica-artística del Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. Ilustraciones (diez): Luis [Lajos] Szalay. 109 pp.

1953: CARREÑO, Carlos H. Exposición de la poesía lírica contemporánea cordobesa. Córdoba, Ediciones Centro. 146 pp. El antólogo posee amplia trayectoria en el periodismo cultural. El espíritu de la obra es ambicioso, ya que su enunciatario es América (“En cumplimiento de nuestro plan cultural trazado, tenemos el agrado de presentar al público lector de América, la presente Exposición de la Lírica Contemporánea Cordobesa”). El recorte toma los poetas de la generación anterior y de la contemporánea a la publicación. El criterio de selección, esbozado muy ampliamente, posee un cierto cariz romántico acerca de que es la geografía la que aviva la inspiración. Acorde con esta idea, el antólogo desliza una concepción bastante cuarentista, para la cual la poesía es un “refugio” que se ofrece frente al espíritu materialista.

1955: RUIZ, Luis Alberto (selección, prefacio y notas). Entre Ríos cantada. Primera antología iconográfica de poetas entrerrianos. “Palabras preliminares”, por Luis Alberto Ruiz[25]. Buenos Aires, Ediciones Antonio Zamora[26] ―distribuidora exclusiva: Editorial Claridad. 218 pp. Antología dedicada a Antonio Zamora. Ruiz señala como “los mayores poetas entrerrianos” a Gervasio Méndez, a Olegario Víctor Andrade y a Evaristo Carriego. En este prefacio sostiene como centro para articular la obra el paisaje entrerriano, hecho de geografía, demografía, usos y costumbres. Más afinadamente, luego, señala que el criterio unificador para la selección ha sido la captación vivencial de Entre Ríos. Divide su planteo en tres partes: 1ª) dedicada a “los mayores poetas entrerrianos”, 2ª) poetas modernistas; 3ª) “la escuela entrerriana”, que Ruiz diferencia del martinfierrismo metropolitano.

Dice: “Nuestra singular orografía se ha metido en la medula [sic] de nuestros líricos, y la personalidad de nuestro escenario natural avasalla la personalidad del hombre y lo predispone impulsivamente a la contemplación, a la adoración, al canto” (12-13). Y, conforme tal natura, los elige por su tipicidad y los clasifica por su espacio propio: 1) típicamente isleños: Reinaldo Ros y José María Díaz; 2) típicamente ribereños: Chabrillón, Carlos Alberto Álvarez, “algo de Groso y Román, de Seri, de Ana Teresa Fabani y Carmen Segovia García (isla y ribera con frecuencia en Ortiz y en Mastronardi); 3) típicamente rurales: “el mismo Román”, “Amaro Villanueva en ciertos poemas de Versos para la oreja; Fermín Chávez, en Como una antigua queja y Fernández Unsaín en Este es el campo, casi la totalidad de Daniel Elías y de Enrique Urquiza Martínez. Por eso [sin dudas, afirma lo que sigue para instaurar deliberadamente la polémica] la poesía entrerriana se diferencia tan hondamente de la poesía de Buenos Aires o de la vecina Santa Fe, las dos únicas provincias «sin paisaje» del país” (13).

Como antólogo en relación con el concepto de poesía, no es menor que Ruiz incorpore no solo poemas, sino poetas inéditos ―tal el caso de Galo Zaragoza―; tanto como el hecho de que no considere que poesía es sinónimo de verso, al incluir, por ejemplo, a Mateo Dumón Quesada, con sus bellísimos relatos de estirpe gaucha.

Por otro lado, se emparenta abiertamente con Millington-Drake al señalar que Reynaldo Ros ―en verdad, Reinaldo Dardo Rosillo― fuera incluido por el inglés. A la par, deja ver su conocimiento y consulta de otras antologías cuando menciona que Carlos Alberto Álvarez es incluido por David Martínez en su 45 poetas argentinos, de 1949 (159). No cabe duda acerca de que Luis Alberto Ruiz es un lector harto competente.

1955: GIGENA DE MORÁN, Rosa Blanca. Plumas y pinceles de La Pampa[27]. Buenos Aires, Editorial Dinámica Gráfica. Este es “un libro precursor en cuanto a la sistematización y valoración de textos y escritores contemporáneos que dejará su impronta en las producciones venideras” (Cavallero, 2010). Recordemos que La Pampa había sido Territorio Nacional hasta de 1882 hasta 1951, cuando se convirtió en provincia Eva Perón, y ello hasta 1955, cuando volvió a ser La Pampa, ahora sí provincia.

Es interesante que la apasionada compiladora ―según se deja ver en sus prólogos y en las bio-bibliografías que construye― sea una mujer, algo no usual por entonces. Esta antología tiene la particularidad de querer hacer presente a La Pampa, como tal, en su literatura y en su plástica.

1956: SARAVÍ CISNEROS, Roberto (Selección, prólogo y noticias). Primera antología poética platense. Buenos Aires, Ediciones Antonio Zamora ―distribuidora exclusiva: Editorial Claridad―. Prólogo. Antología dedicada a Pedro Henríquez Ureña. 191 pp. Una vez más, la intención de la antología provincial es llegar más allá: “dar a conocer en más extensos ámbitos una visión de conjunto de los poetas platenses que, en muchos casos, y no obstante sus indudables méritos, han quedado relegados al estrecho círculo vecinal” (9).

Da cuenta de la antología Entre Ríos cantada, publicada un año antes, cuyo diseño externo es similar. Es decir que las provincias miran las antologías de las otras; aparte de que, en este caso, se trata de dos libros editados por Zamora.

Comienza con el modernismo, motivo por el que quedan afuera los decimonónicos, no menos importantes; con excepción de Almafuerte, que, en verdad, está en un período bisagra, de convivencia de tendencias. Con este gesto queda establecido Almafuerte como eslabón, según continúa viéndoselo en la historia de la poesía en la Argentina.

1957: ZEINSTEJER, Felipe. Primera antología de poetas del Litoral. Santa Fe, Librería y Editorial Castellví. 110 pp. Estrictamente el recorte geográfico y cultural es el litoral santafesino. Dice en las solapas que quiere ofrecer “Desde el que cultiva el romanticismo adecuado a nuestra época y manera de sentir, hasta las expresiones de vanguardia”. Y en el “Pórtico” precisa: “Así como existe el poeta romántico, el eglógico, el descriptivo, y tal vez hasta el poeta social, existe también la tremenda necesidad de agruparlos y hacerlos conocer” (1957: 13).

Con un tono que hoy resulta excesivamente laudatorio, se dejan expresas las intenciones de alcanzar reconocimiento, tanto en la propia región litoraleña, cuanto más allá de sus límites geográficos. Y, todavía más, se anhela merecida admisión para las distintas zonas del país: “¡Ojalá todas las regiones de la patria hagan lo mismo para poder reconocer algún día que cada una de ellas tiene su propia dimensión y su propia voz!” (13).


En “los poetas del medio siglo”, como los llama Luis Ricardo Furlan (1988), se percibe un quiebre que permitió infiltraciones e inminencias, con sus marchas y contramarchas, hacia el cambio[28].

El hecho de que la época tomada sea denominada como “la época de oro” de la edición en la Argentina (De Diego, 2006) explicaría, en parte, el mejor acceso de las provincias a la publicación. Así como explicaría también tal facilidad la acción benefactora del Peronismo, que favoreció, de diversos modos, a las provincias para que produjeran sus obras. De hecho, dos de las antologías ―San Luis y Tucumán― son abiertamente editadas por el Estado. Otras dos son editadas por Antonio Zamora ―Entre Ríos y La Plata―, quien era un hombre de izquierda que quería permanecer cerca de las luchas sociales, por lo cual es coherente su deseo de promover la publicación de los excluidos hasta ese momento ―se sabe que los autores argentinos publicados eran pocos; menos aun, de provincia; y todavía menos, si escribían poesía―. Antonio Zamora/ Claridad dio visibilidad y voz a muchos que no la tenían.

El hito

Estas antologías provinciales tienen su antecedente en Millington-Drake, a quien, v. g., en la de Córdoba Ruiz alude explícitamente.

Más adelante también es destacado como precursor. En 1961, Nicolás Cócaro publica la antología Provincias y poesía; y en 1971 Alfredo Veiravé publica otra cuyo título es nada menos que el epígrafe de la de Cócaro: …y argentino en todas partes[29]. Ambas antologías, la de Cócaro y la de Veiravé, respectivamente doce y veintidós años después de la antología de Sir Eugen Millington-Drake, en sus prólogos lo mencionan como iniciador del trabajo de recolección general. Así, la que primero ubicamos como antología temática es, a la par, antología de las provincias, o bien panorámica, mucho más que otras que se presentan como tales.

Cócaro dice que Millington-Drake es un “hito” (1961: 12). Es necesario observar los varios poetas que Nicolás Cócaro consigna solo por su nombre, ya que no todos pudieron ser antologados, sea en su prólogo “Mapa lírico de las provincias”, o en uno de los apéndices, “Nota sobre las provincias”. Algunos de estos autores son realmente muy destacables, aunque varios hoy siguen siendo ignorados por el marco nacional ―razón por la cual el ojo de Cócaro puesto sobre ellos resulta todavía más fino e inclusivo―. Mencionamos a aquellos que en particular nos parecen relevantes y poco considerados, salvo alguna reciente excepción: Leda Valladares de Tucumán (16); Luis Franco de Catamarca (17); entre los mendocinos nombra a César Mermet, aunque es de Santa Fe (19); un joven Jorge Leónidas Escudero de San Juan; Osvaldo Guevara de Córdoba (152); Armando Tejada Gómez de Mendoza (154); Juan Carlos Bustriazo Ortiz de La Pampa (157). En cuanto al ordenamiento en la antología, es alfabético.

A su vez, Alfredo Veiravé (1971) alude a Millington-Drake en su prólogo, y cita la nómina completa de poetas que hiciera el inglés, incluida su división/itinerario. También alude a Cócaro como antecedente, de modo mucho más breve, pero no menos intenso, sobre todo cuando se lamenta, al igual que Veiravé, por la falta de sistematización del estudio sobre el proceso literario en las provincias (11). Por otra parte, confecciona un listado con varias “otras publicaciones provinciales” (24) de las que hasta ese momento él tenía conocimiento, porque, de hecho, había otras[30]. Este saber respecto del cincuenta se muestra bastante más ordenado ―cronológico y según el año de nacimiento― que el de Cócaro.

Alfredo Veiravé agrega a su antología un subtítulo que muestra una evolución; habla de “50 poetas del país”. El autor opta por no decir ‘provinciana’, a pesar de que el título del prólogo es “La poesía en las provincias”; en su lugar emplea el de ‘provincial’. Evita este adjetivo porque engloba muy diversas regiones para referir tan solo ‘oposición a la capital’ como único rasgo propio. Además, el adjetivo ‘provinciano’ es dueño de cierto matiz despreciativo y, también, connota la idea de ‘rudimentario’.

Por otro lado, no parece fortuito el hecho de que en el mismo año, impresa en la misma segunda quincena de julio de 1971, la SADE publicara la antología He nacido en Buenos Aires. Poemas de la ciudad[31], con selección y prólogo de Ángel Mazzei[32]. La concepción de Buenos Aires como una región más, ya propuesta en la antología viajera de Millington-Drake en 1949 y en la cuasi panorámica de Roy Bartholomew en 1954, se repite como un eco, voluntario o no, pero pasible de ser interpretado como tal, en la publicación al unísono por parte de la SADE de estas dos antologías[33].

En perspectiva, ¿qué canon?

Si miramos un recorte que no se atiene solo al canon promovido a posteriori, sino que toma lo efectivamente producido en materia de antologías en ese momento, saltan a la vista tres hechos que hacen al campo literario:

  1. la novedosa irrupción de antologías provinciales;
  2. que doce y veintidós años después hay eco del bosquejo cartográfico de la lírica argentina trazado en 1949 por Millington-Drake, que entronca con la idea de literatura de las regiones argentinas. Este hecho, por contraste, no es menor, ya que posteriormente la principal historización vuelve a cerrar el canon, a ceñir el traje a la medida de Buenos Aires y de los géneros predominantes;
  3. en tercer lugar, la organización y el tratamiento convencionales, por décadas, que después recibirá la poesía, en principio, desde la Historia de la literatura argentina del CEAL, cuyo valor de obra de consulta es innegable, tanto que se convirtió en referencia obligada.

Hasta aquí, las antologías reunidas trazan un panorama de la poesía argentina en los años cincuenta diverso del que suele traerse a colación cuando de tal período se habla. Si el criterio único es la novedad estética, tiene cierta lógica que se aluda exclusivamente a la llamada segunda vanguardia, que reúne a invencionistas y a surrealistas. Pero poesía del medio siglo y segundo vanguardismo son vueltos sinónimos, y en verdad no lo son. Aparte del sentido común, así lo atestiguan las primeras antologías de provincias, no generacionales, que tampoco pueden considerarse ciegamente como resabios reaccionarios.

Las ocho antologías destacadas ofrecen una perspectiva disonante respecto de lo que la historia literaria difundió después acerca de la década del cincuenta. Para dibujar otro mapa[34] nos parece oportuno revisar los “cánones de literatura” pensados por Alastair Fowler (1988). Ellos son los siguientes:

  1. el canon “oficial”, que se institucionaliza “mediante la educación, el patrocinio y el periodismo” (97);
  2. el canon “personal” (97), que permite optar por obras y autores que no están en el oficial;
  3. el canon “potencial” (97), que “comprendería el corpus escrito en su totalidad, junto a la literatura oral que aún pervive”. En principio, debemos decir que esta categoría parece hacer excesivamente extensa la noción de canon. Inmediatamente aclara que lo llama potencial en tanto frecuentemente permanece inaccesible;
  4. desprendido a partir de la categoría previa, el canon “accesible” (98), que es naturalmente más limitado;
  5. los “cánones selectivos” (99), surgidos de las preferencias dentro de ellos. Tienen fuerza institucional y suelen equivaler a elencos oficiales; sobre la base de los que se generan elencos alternativos;
  6. el “canon crítico” (99), mucho más breve y generalmente accesible.

De estos cánones de Fowler, además del ‘oficial’, nos resultan operativos el ‘accesible’ y el ‘potencial’. Respecto del segundo, Fowler refiere algunas de sus “limitaciones prácticas” (98), como las dificultades de publicación[35]; nosotros agregamos, como factor de visibilidad, las restricciones a la difusión ―distribución y prensa― y la todavía insuficiente educación formal para todos, ya sea en cuanto al alcance o a la profundidad[36].

A estas variedades de cánones agregamos la de canon posible, que abarca el conjunto de autores y de obras que en cada época consiguen abrirse paso. Es una combinación de tres de ellos: 1) el ‘oficial’, con sus bajas y sus altas del momento ―queda en claro que se trata de una propuesta bastante estable, pero con fluctuaciones―; 2) el ‘accesible’, es decir, el que es dado a conocer según las publicaciones a que puede aspirar un poeta, conforme con la posibilidad del lector de reunirse con tal obra efectivamente y, por último, de acuerdo con la suerte del antólogo para difundir su obra, 3) el ‘potencial’, que incluiría a aquellos autores, obras y sectores que, al no estar ocupando el centro, tienen alguna chance de moverse hasta allí.

 

canon oficial + canon accesible + canon potencial = canon posible

 

En el marco del canon oficial nacional, las provincias permanecían casi completamente en latencia, hasta que el gesto realizado por parte de un extranjero las acercó a la luz focal en 1949. Después fue reconocida la existencia de su poesía, aunque sin ingresar en la escena principal. Las antologías provinciales de la década del cincuenta mostraron la faz de una producción vasta que, en principio, ocupaba solo un margen.

A este amplio sector del canon posible cabe aplicar una de las clases de marginalidad de que habla Jitrik. Se trataría de una marginalidad[37] “ambigua o especulativa”, por la cual quienes la componen, más que abolir el canon oficial, pretenderían ser parte de él.

¿Avance de las provincias?

El estudio de las antologías de poesía en los cincuenta nos deparó una verdadera sorpresa: la irrupción de la presencia más o menos coetánea de las provincias en la escena antológica nacional[38]. La vara del crítico/zahorí, sencillamente, dio con ellas. Estas antologías del llamado medio siglo plantean una verdadera reconfiguración de lo nacional, desde lo social y su imaginario[39].

Queda en claro que en 1950, en ocasión del Centenario sanmartiniano, fue posible algo que hoy pensamos improbable: confeccionar una antología poética asociada con una definición de patria. Huelga decir que el mundo ya es otro. Realizada desde el gobierno, su marca ideológica es muy fuerte –tanto para incluir, cuanto para excluir–; tan fuerte como lo fue su posterior prohibición temporaria, ambas acciones llevadas a cabo bajo la tutela del mismo verbo: ‘liberar’. En tales condiciones tan polarizadas, ninguna liberación era factible en el ámbito de las antologías. Para cada facción el canon era uno y, además, intocable. El método socio-político largamente practicado en nuestro país, no fue tanto la proclama, cuanto el silenciamiento. Sencillamente, no ingresaba en la antología lo que desde el poder fuese percibido como fuerza opositora. Desde otro punto de vista, es evidente que la antología no podía desplegar una de sus funciones esenciales: la crítica. Asimismo, se destaca el cuasi constitutivo juego de exclusiones e inclusiones que, hasta la fecha, dificulta asumir la totalidad.

La ampliación del canon “porteñocéntrico” se da de manera marcada a partir del cincuenta, pero con periódicos retrocesos y con avances muchas veces espasmódicos[40]. Tales cambios surgieron del “canon accesible” (Fowler), es decir: el material efectivamente publicado, el hallable y el seleccionado. Hasta el momento, comprobamos que son siete las antologías de provincia, región o ciudad halladas. No sabemos si estas publicaciones tienen conexión, o no, con los viajes, las conferencias y la antología de Sir Eugen Millington-Drake. No obstante, resulta una casualidad llamativa la existencia de aquel puntapié inicial, continuado doce y veintidós años después por Cócaro y Veiravé, quienes nuevamente harían una antología de poetas o de poesías de las provincias. El aumento de visibilidad del interior en ese momento es mucho, en especial al compararlas con las antologías generales posteriores, donde la sensibilidad a sus radiaciones disminuye[41]. Y es menor aun, en las historias de la literatura. Es decir que el rastreo bibliográfico puso en primer plano un área usualmente relegada, si tomamos como referencia el canon más extendido de nuestras letras. Así, estas antologías señalan, a la par, dos caras de apariencia contradictoria al predicarse de la misma acción; esto es: la publicación de antologías provinciales indican tanto su lugar de marginalidad, cuanto el esfuerzo de canonización.

Colaborando con el mismo gesto de apertura, está el hecho de que Millington-Drake en su “Viaje poético” haya ubicado a Buenos Aires como “la Gran Aldea”, uno más entre todos los otros lugares visitados. Cinco años después, Roy Bartholomew publicó su antología histórica y panorámica con la que contribuyó a hacer más borroso el foco, puesto que, si bien destacó la zona de Buenos Aires, lo hizo en su carácter de región, no de representación de todo el país.

Los años cincuenta parecían poco propicios para realizar una antología de la poesía nacional. Sin embargo, fueron marco adecuado para dar cabida a novedades de las que el canon central no podía ni quería ocuparse. No nos referimos tanto a modificaciones estéticas ―que las hubo, claro está, aunque aquí no hayamos aludido a ellas―, sino a una manera distinta de imaginar la nación y, en consecuencia, también un modo diferente de concebir los estudios literarios.

Como una aguja en un pajar[42]: así se busca la poesía en el canon nacional; y, de igual forma, la poesía de las provincias en las antologías panorámicas. No hay lugar a dudas de que estas antologías están buscando ser vistas como identidad. Aunque frecuentemente se ignore, la sola existencia de estas antologías deja expreso que lo argentino excede lo porteño ―perogrullada muchas veces dejada de lado―. Y lo más fácilmente indicado como propio, tal vez ineludible, es la geografía y ciertas formas de vida ―usos y costumbres― que suele aparejar[43].

Consideramos que la antología moderna ―fundamentalmente la panorámica― debería lograr un término medio entre heteronomía y autonomía. Es decir que se confeccionaría para un público que, si fuese frecuentador del tema, encontraría en general lo esperado y, a la par, novedades tendientes a ampliar el canon. La aurea mediocritas crítica debería estar presente junto a la propuesta de ampliación y de renovación, seguramente en dosis variables según el antólogo/autor. No olvidemos que en el caso de la poesía, la antología sigue siendo su principal historización.

La pregunta por la medida en que las provincias constituyeron y/ o constituyen un margen en el canon nacional, donde la poesía ya es un margen, es, entonces, orientadora, según nos lo va planteando el mismo material encontrado. Quizás una de las principales preguntas siguientes sería de qué manera cada provincia, ciudad, región se representa a sí misma en la antología correspondiente. Es necesario tener en cuenta que el todo que llamamos ‘literatura argentina’ es una sumatoria de elementos y, a la par, es una entidad más. El constructo utilitario denominado ‘canon’ responde, quizá, más a esta última entidad, asociada, a su vez, con la identidad nacional. Pero, volviendo atrás en nuestro desarrollo, vemos que el sistema es más amplio y que, si se quiere una visión más completa, más atenta a lo efectivamente dado, es necesario considerar y asumir como propio también lo que no suele incluirse.

Bibliografía

ACCAME, Jorge; ÁLVAREZ, Arturo; ANDRUETTO, María Teresa; et alii. (2008). La colección. Ed. al cuidado de Elena Bossi y Guillermina Casasco. Córdoba: Ediciones del Copista.

ACHUGAR, Hugo. (1997). “Parnasos fundacionales, letra, nación y estado en el siglo XIX”. En Revista Iberoamericana, vol. LXIII, Nº 178-179, enero-junio.

AGUIRRE, Raúl Gustavo (selección, pról. y notas). (1952). Antología de una poesía nueva. “Para un concepto actual de poesía”, por R. G. A. (pp. 9-24). Portada y cubierta: Nélida Fedullo. Bs.As., Ediciones Poesía Buenos Aires, 87 pp.

AMÍCOLA, José. (2006). “Otras voces, otros cánones”. En Revista Orbis Tertius, año XI, Nº 12. Disponible en: [http://goo.gl/xg8Iz2].

ANDERSON, Benedict. (1983). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Trad.: Eduardo L. Suárez. México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

ARA, Guillermo. (1970a). Suma de poesía argentina 1538-1968. Primera Parte: Crítica. Bs.As.: Guadalupe.

——. (1970b). Suma de poesía argentina 1538-1968. Segunda Parte: Antología. Bs.As.: Guadalupe.

ARANCET RUDA, María Amelia. (2012a). “Una antología de poesía erótica argentina, de Daniel Muxica. Es justo y necesario”, trabajo presentado en el Simposio “Erotismo, cuerpos, identidades, Universidad Nacional de Salta, Facultad de Humanidades, Instituto de Investigaciones Literarias “Luis Emilio Soto”, Salta, 28, 29 y 30 mayo de 2012 (mimeo).

——. (2012b). “He nacido en Buenos Aires: proclama y asidero”, en MÚSICA Y PALABRA. Ópera, canción de cámara, canción folklórica y popular urbana. Fernández Calvo, Diana (ed.). [CD-ROM], pp. 1-15.

——. (2013). “El canon de lo no canónico: antologías de poesía argentina. El caso de la «presentación» de Alfredo Veiravé. En …y argentino en todas partes”, Actas del XVI Congreso Nacional de Literatura Argentina, Universidad Nacional del Nordeste, Facultad de Humanidades, Resistencia, Chaco. [CD-ROM].

BARTHOLOMEW, Roy (ordenación, pról., notas). (1954). Cien poetas rioplatenses 1800-1950. “Prólogo” (pp. IX-XI). Bs.As.: Raigal (Dir.: Antonio Sobral). 385 pp.

BECCO, Horacio Jorge; Osvaldo Svanascini (ordenada por). (1953). Poesía argentina moderna. “Introducción” (pp. 7-19), por Osvaldo Svanascini. Tapa de J. Batlle Planas. 96 pp.

BERTONE, Concepción (comp.). (2008). Las 40. Poetas santafesinas (1922-1981). Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral.

BUCH, Esteban. (1994). O juremos con gloria morir. Historia de una épica de Estado. Bs.As.: Sudamericana.

BOURDIEU, Pierre. (1992). Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario. Trad.: Thomas Kauf. Barcelona: Anagrama, 1995.

——. (1999). “Una revolución conservadora en la edición”. En Intelectuales, política y poder. Buenos Aires: Eudeba.

BUENO, Mónica; TARONCHER, Miguel Ángel. (2006). Centro Editor de América Latina. Capítulos para una historia. Bs.As.: Siglo XXI.

CAMPRA, Rosalba. (1987). “Las antologías hispanoamericanas del siglo XIX. Proyecto literario y proyecto político”. En Casa de las Américas, vol. XXVII, n° 162, pp. 37-46.

CANAL-FEIJÓO, Bernardo, CASAS, Manuel Gonzalo; ROGGIANO, Alfredo A. (Miembros del Jurado del Concurso). (1952). Primera antología poética de Tucumán. Ilustraciones (diez): Luis [Lajos] Szalay. Tucumán, Ed. de la Comisión Provincial de Bellas Artes de Tucumán, con la colaboración técnica-artística del Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. 109 pp.

CARREÑO, Carlos H. (1953). Exposición de la poesía lírica contemporánea cordobesa. Ilustran: José Alberto Soave y Egidio Cerrito. Córdoba, Ediciones Centro. 146 pp.

CARRIZO RUEDA, Sofía. (1997). Poética del relato de viajes. Kassel, Edition Reichenberger. [Problemata Literaria/37].

CIXOUS, Hélène. (1986). La llegada a la escritura. Bs.As., Amorrortu, 2006.

CÓCARO, Nicolás. (1961). Provincias y poesía. “La voz lírica de las provincias argentinas” (pp. 9-10). “Mapa lírico de las provincias” (pp. 11-23). “Notas sobre las provincias” (pp. 151-157), por N. Cócaro; y otros estudios breves. ECA. Ministerio de Educación y Justicia, Dirección General de Cultura. 170 pp. [Biblioteca del Sesquicentenario, dir. Prof.: Héctor Blas González. Col. Antologías]. Edición costeada por la Comisión Nacional Ejecutiva para la Conmemoración del 150° Aniversario de la Revolución de Mayo” (Ley 14.587). Tapa: Leonor Vassena.

CÓFRECES, Javier. (2006). Primera poesía argentina (1600-1850). Equipo de colaboradores: Vicente Cófreces, Gabriela Franco, Belén Iannuzzi, Matías Mercuri, Eduardo Mileo y Alberto Muñoz. Bs.As.: En Danza.

CÓFRECES, Javier; MILEO, Eduardo; FRANCO, Gabriela. (2008). Última poesía argentina. Bs.As.: En Danza.

——. 2009. Primeras poetas argentinas. Bs.As., En Danza.

CRISTÓFALO, Américo. (2007). “Metafísica, ilusión y teología poética. Notas sobre poesía argentina: 1940-1955”, en Literatura Argentina Siglo XX (Dir.: David Viñas), Tomo 4: El Peronismo clásico (1945-1955). Descamisados, gorilas y contreras. (Compilador: Guillermo Korn). Bs.As.: Paradiso-Fundación Crónica General, pp. 62-72.

DE DIEGO, José Luis. (2006). Editores y políticas editoriales en la Argentina 1880-2000. Bs. As.: FCE.

DEGIOVANNI, Fernando. (2007). Los textos de la patria. Nacionalismo, políticas culturales y canon en Argentina. Rosario: Beatriz Viterbo.

DORRA, Raúl. (2003). “¿Para qué poemas?”. En Con el afán de la página. Córdoba: Alción. pp. 67-77.

ECHAVARREN, Roberto; SEFAMÍ, Jacobo; KOZER, José. (2010). Medusario. Muestra de poesía latinoamericana. Bs.As.: Mansalva.

FOWLER, Alastair. (1979). “Género y canon literario”. En GALLARDO, Miguel (comp.), Teoría de los géneros, Madrid: Arco, 1988, pp. 95-127.

——. (1982). Kinds of Literature. An Introduction to the Theory of Genres and Modes. Oxford: Clarendon Press.

FURLAN, Luis Ricardo. (1974). Generación poética del 50. Bs.As.: Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Cultura y Educación.

——. (1988). Los poetas del medio siglo. Bs.As.: Ediciones El Francotirador, 1996. [Premio Único Municipal de Ensayo; Obra inédita 1988/89].

GARCÍA MORALES, Alfonso (ed.). (2007). Los museos de la poesía. Antologías poéticas modernas en español, 1892-1941. Sevilla: Alfar.

GIGENA DE MORÁN, Rosa Blanca. (1955). Plumas y pinceles de La Pampa. Buenos Aires: Editorial Dinámica Gráfica.

GIULIANI, Alejandra. (2008). “Los editores y la irrupción del Peronismo (1945-1947)”. En Primer Congreso de Estudios sobre el Peronismo: La primera década, Universidad Nacional de Mar del Plata, 6 y 7 de noviembre de 2008. Disponible en: [http://goo.gl/x47Jei].

——. (2009a). “Libros o alpargatas: el comienzo de una historia. Editores, escritores y política en la Argentina de 1945”. En Prólogos. Revista del Programa de Estudios en política, historia y derecho, a. 2, vol. II, Universidad Nacional de Luján, pp. 59-78.

——. (2009b). “El asociacionismo de los editores de libros en la trama de la historia argentina”. En Espacios de crítica y producción, nº 42, noviembre, pp. 9-14.

GONZÁLEZ STEPHAN, Beatriz. (2000). “Coleccionar y exhibir: la construcción de patrimonios culturales”. En: Gunnia, Inke, Catarina Niemeyer, Sabine Slickers, Hans Paschen (eds.). La modernidad revis(it)ada. Literatura y cultura latinoamericanas de los siglos XIX y XX. Berlín, Verlag Walter Frey, Edición Tranvía, pp. 102-118.

GRUSS, Irene (sel. y pról.). (2006). Poetas argentinas (1940-1960). Bs.As., Ediciones del Dock. [Pez náufrago, 22; dir.: Santiago Sylvester].

GUILLÉN, Claudio. (1985). Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la literatura comparada. Ayer y hoy. Barcelona: Editorial Crítica.

JITRIK, Noé. (1996). “Canónica, regulatoria y transgresiva”, en: CELLA, Susana (comp.). Dominios de la literatura. Acerca del canon. Bs.As., Losada, 1998, pp. 19-41. [Orbis Tertius, a. 1, n° 1, La Plata. 1996].

——. (1996b). Atípicos en la literatura hispanoamericana. IPARRAGUIRRE, Sylvia; MONTELEONE, Jorge (coordinadores). Bs.As., Universidad de Buenos Aires.

KRISTEVA, Julia. (1969). “La productividad denominada texto”, en su Semiótica 2. Caracas, Fundamentos. 2° ed.: 1981. [Col. Espiral/ ensayos], pp. 7-54.

LAGMANOVICH, David. (2000). “Canon y vanguardia. Una perspectiva sudamericana”, en Wentzlaff-Eggebert, Christian y Martin Traine, Canon y poder en América Latina. Colonia, Centro de Estudios sobre España, Portugal y América Latina, pp. 78-103.

LEDESMA, Roberto. (1964). Una geografía vista por poetas. Bs.As., Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación y Justicia, Dirección General de Cultura.

MARTINI REAL, Juan Carlos. (1974). Los mejores poemas de la poesía argentina. Bs.As., Corregidor.

MAZZEI, Ángel. (1971). He nacido en Buenos Aires. Poetas de la ciudad. Pról.: “Buenos Aires protagonista”. Bs.As., SADE.

MIGNOLO, Walter. (1982). “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista”. En: Historia de la literatura hispanoamericana. T. I: Época colonial. Madrid: Cátedra.

MILLINGTON-DRAKE, Sir, Eugen. (1949). Poesías de las provincias que he conocido. “Liminares: ‘Sir Eugen Millington-Drake, viajero inglés del siglo XX’, por Carlos Alberto Erro’ (pp. 11-13); ‘La musa del andén’, por Patricio Gannon (pp. 15-18); ‘Poesías de las provincias que he conocido’, por E. Millington-Drake (pp. 19-32); ‘Sir Millington-Drake, el viajero de la verdad poética’, por Arturo Capdevila (pp. 33-36)”. Ilustración: Alejandro Sirio. Bs.As., Guillermo Kraft Limitada. 191 pp.

MINORE, Sergio (selecc. y pról.). (2011). Poetas depuestos. Antología de poetas peronistas de la primera hora. Bs.As., Editorial Punto de Encuentro. [Col. Rescate Poético]. pp. 254.

MONTELEONE, Jorge. (2010). 200 años de poesía argentina. Bs.As., Alfaguara.

MUESTRA de la poesía puntana actual. 1952. Selección preparada por la Asociación de empleados del Banco de la provincia de San Luis. Prólogo, por Plácido Alberto Horas. San Luis, Editorial San Luis de la Asociación de Empleados del Banco de la Provincia de San Luis. 213 pp.

MUXICA, Daniel (selección y prólogo). (2002). Poesía erótica argentina. 1600-2000. Bs.As., Manantial.

NACHÓN, Andi (sel. y pról.). (2007). Poetas argentinas (1961-1980). Bs.As., Ediciones del Dock. [Pez náufrago, 25; dir.: Santiago Sylvester].

PORRÚA, Ana. 2011. “Antologías”, en su Caligrafía tonal. Ensayos sobre poesía. Bs.As., Editorial Entropía. pp. 255-319.

REYES, Alfonso. (1930). “Teoría de la antología”, en La experiencia literaria. Buenos Aires, Losada, 1969. pp. 135-140.

RIVERA, Ángel B.; PICCIRILLI, Ricardo. (1950). Los poetas argentinos cantan al Libertador. Año del Libertador General San Martín. Ilustración: Alejandro Sirio. Buenos Aires, Talleres Gráficos Guillermo Kraft. 184 pp.

ROCCA, Pablo. (2004). “Cruces y caminos de las antologías uruguayas”, en Anales de Literatura Hispanoamericana, vol. 33, pp. 177-241.

RODRÍGUEZ MUJICA, Daniel (selección e introducción). (1995). La erótica argentina. (Antología poética 1600/1990). Bs.As., Catálogos/ El Caldero.

ROSA, Nicolás. (1998). “Liturgias y profanaciones”, en Dominios de la literatura. Acerca del canon. Susana Cella (comp.). Bs.As., Losada, 1998. pp. 59-83.

ROTKER, Susana. (1999). Cautivas. Olvidos y memoria en la Argentina. Bs.As., Ariel.

RUIZ, Luis Alberto (selección, prefacio y notas). (1955). Entre Ríos cantada. Primera antología iconográfica de poetas entrerrianos. “Palabras preliminares”, por Luis Alberto Ruiz (9). “Prefacio acerca de la poesía y los poetas entrerrianos” (pp. 11-13). Dibujos realizados por Miguel C. Defelipe, Norma Frigerio y uno por Alfredo Terzaga. Bs.As., Ediciones Antonio Zamora ―distribuidora exclusiva: Editorial Claridad―. 218 pp. [col. Argentoria. Hombres e ideas de la cultura argentina de ayer y de hoy/ vol. 7].

RUIZ CASANOVA, José Francisco. (2007). Anthologos: Poética de la antología poética. Madrid, Cátedra.

RUIZ MORENO, Luisa. (1999). “Procesos de perceptivización”, en Tópicos del Seminario, nº 2, Revista del Seminario de Estudios de Semiótica, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, pp. 9-30.

SALAZAR ANGLADA, Aníbal. (2009). La poesía argentina en sus antologías: 1900-1950. Una reflexión sobre el canon nacional. Bs.As., Eudeba.

SANZANA INZUNZA, Isaac. (2008). “Inclusión y exclusión: la antología de la polémica”, Revista Borradores, Vol. VIII-IX, Universidad Nacional de Río Cuarto. Disponible en: [http://goo.gl/m5y995].

SARAVÍ CISNEROS, Roberto (selección, pról. y noticias). (1956). Primera antología poética platense. “Prólogo”, pp. 9-17. Retratos fotográficos ―de autores y calidades diversas―, en blanco y negro, antes de cada nota bio-bibliográfica. Bs.As., Ediciones Antonio Zamora ―distribuidora exclusiva: Editorial Claridad―. 191 pp. [col. Argentoria. Hombres e ideas de la cultura argentina de ayer y de hoy/ vol. 10].

SIMIZ, Claudio. (2003). «Aporte al estudio de los grupos poéticos del interior (1940-1980)”. Disponible en: [http://goo.gl/faWGb3].

STIERLE, Karlheinz. (1997). “Lenguaje e identidad del poema. El ejemplo de Hölderlin”, en: CABO ASEGUINOLAZA, Fernando. 1999. Teorías sobre la lírica. G. Agamben, D. Combe, J. Ferraté, J. G. Merquior, J. M. Pozuelo Yvancos, J. M. Schaeffer, K. Stierle, R. Wellek. Madrid, Arco/Libros. [Bibliotheca Philologica. Serie Lecturas. Dir.: José Antonio Mayoral]. 287 pp.

VIDELA DE RIVERO, Gloria. (2003). “El Canto de San Martín (1950) de Leopoldo Marechal y su puesta en escena”, en Revista de Literaturas Modernas, Mendoza, Número 33, pp. 165-185, Disponible en: [http://goo.gl/xWmuFS].

VERA MÉNDEZ, Juan Domingo. (2005). “Sobre la forma antológica y el canon literario”. Revista Espéculo, Revista de Estudios Literarios, Universidad Complutense, n° 30, julio-octubre. Disponible en: [http://goo.gl/FCuiPy].

VEIRAVÉ, Alfredo. (1971). …Y argentino en todas partes. 50 poetas del país presentados por Alfredo Veiravé. Bs.As.: SADE.

WENTZLAFF-EGGEBERT, Christian y TRAINE, Martin (eds.). (2000). Canon y poder en América Latina. Universidad de Colonia [Alemania], Centro de Estudios sobre España, Portugal y América Latina.

ZEINSTEJER, Felipe. (1957). Primera antología de poetas del Litoral. Santa Fe, Librería y Editorial Castellví. 110 pp.


  1. PUCA, CONICET.
  2. El material hallado modificó y acotó notablemente el foco. En primer lugar no había ninguna antología general ni panorámica. Dimos, en cambio, con varias parciales. Dos puntos principales que habíamos establecido como requisito para admitir una antología dentro de nuestro corpus eran: 1) que fuese una antología publicada en el país ―esto lo pudimos mantener―, y 2) que se presentase como recorte abarcador de poesía argentina.
  3. Muy posiblemente, esta escasa interrogación se deba a que, en los últimos veinte años, la llamada poesía del cuarenta ha sido poco estudiada de manera sistemática, si se la compara con otros períodos de nuestra literatura. Viene al caso mencionar como una excepción, digna de ser recorrida, las investigaciones llevadas a cabo por Víctor Gustavo Zonana sobre varios de los poetas asociados con ese rótulo.
  4. Señalamos brevemente la relación de este antólogo con Jorge Luis Borges, manifiesta por ejemplo ―no sabemos si casualmente― en que ambos consignan a un poeta que no suele figurar, José Antonio Miralla (Córdoba del Tucumán, Argentina, 1789 – Puebla, México, 1825); tal vez por la relación de cada uno de ellos con Pedro Henríquez Ureña y con Alfonso Reyes. Por otro lado, no es menor destacar que fue Bartholomew quien recogió las conferencias que Borges diera en 1977 y quien hiciera las veces de su ayudante para el minucioso trabajo de corrección a fin de publicar el libro de ensayos Siete noches, que lleva un epílogo, muy sobrio, de su autoría.
  5. La bastardilla es nuestra.
  6. La bastardilla es nuestra. Por otro lado, a partir de la expresión “ancha médula de agua y limo”, es inmediata la asociación con los poetas neobarrocos, más bien “neobarrosos”, los cuales, no por casualidad, tienen a sus principales exponentes precisamente en Buenos Aires y en Montevideo. Pensemos de a pares, siempre con un pie en cada orilla, en Néstor Perlongher y en Roberto Echavarren; en Osvaldo Lamborghini y en Eduardo Milán; en Tamara Kamenszain y en Marosa Di Giorgio; en Arturo Carrera y en Eduardo Espina. Todos reunidos, junto con otros poetas de otras nacionalidades, en Medusario. Muestra de poesía latinoamericana, (2010).
  7. Obviamente, lo que sigue como requisito es definir qué es una antología temática, aunque parezca obvio. Por ejemplo, no podemos pensar que una antología de poesía escrita por mujeres sea temática.
  8. Estrictamente es esta sola, ya que la otra se publicó en 1949, pero nos parece lícito incluirla, dadas las semejanzas de circunstancia que las acercan.
  9. No se puede ignorar la circunstancia de que Sir Eugen Millington-Drake fue embajador británico en Montevideo en momentos del episodio de la batalla del Río de la Plata, durante la Segunda Guerra Mundial, y al parecer figura clave para el desenvolvimiento de los hechos en relación con el “Graf Spee”. Además, aunque la Argentina con Perón permaneció neutral casi hasta el fin de la contienda bélica mundial, la simpatía germanófila de las fuerzas armadas era también un hecho. Perón provenía de allí y, por otra parte, estamos hablando de un Caballero de Su Majestad Británica.
    Asimismo, es un dato relevante que Millington-Drake haya sido amigo y admirador de Walter Owen, primer traductor al inglés del Martín Fierro (vid. Walker, John, “Walter Owen: The Latin American Epic and the Art of Translation”, en Latin American Literary Review, Vol. 3, No. 5 (Fall-Winter, 1974), pp. 51-64. En: [http://goo.gl/Jm0GuZ]).
  10. Es necesario destacar que Claridad, por discrepancias con el Consejo Directivo en ocasión de la Feria del Libro de 1943, había renunciado a la CAL. Dice Alejandra Giuliani que “la renuncia de Antonio Zamora, dueño de Claridad, generó una situación enojosa en el CD, dado que se produjo un conflicto personal entre él y el entonces Presidente, Guillermo Kraft. La renuncia es ampliamente considerada en las sesiones del CD y finalmente aceptada” (Actas CD CAL, libro 2, p. 299, sesión del 7 de marzo de 1944 y libro 2, pp. 317-318, sesión del 18 de Abril de 1944) (2008, vid. en: [http://goo.gl/VU8hMF]).
  11. El primer Consejo Directivo de la Sociedad de Editores, en 1938, estaba integrado por: Félix Real Torralba (Presidente), de Editorial Atlántida; Antonio Zamora (Vicepresidente), de Claridad; D. W. Klug (Secretario), de Editorial Pan América; Julio Porter (Prosecretario), de Porter Hnos.; Enrique Pérez (Tesorero), de Espasa Calpe; Juan Vernengo (Protesorero), de Sopena; y los Vocales: Sres. Glusberg, de Anaconda, Sr. Seminario, de Bernabé y Cía., Sr. Reyles, de Editorial Sur y Sr. Pellegrini, de Caband y Cía (en: Actas del Consejo Directivo de la CAL, sesión del mes de Junio de 1938, Libro I, pp. 34-35.) Poco tiempo después se incluyó a las editoriales más nuevas por entonces, “más dinámicas y estrechamente ligadas al nuevo proceso de exportaciones”, como Losada, Sudamericana, Rueda y Emecé (Giuliani, 2008, vid. en: [http://goo.gl/Ue2Rv3]).
  12. La novedad no es estética pero sí ideológica, al menos en lo que respecta a Millington-Drake, ya que no se trata de un emisor argentino. Anticipa el interés que posteriormente comenzará a prestársele a las provincias como entidades en sí mismas y, complementariamente, como parte del país.
  13. “[…] preparada y dirigida por el subinspector general de enseñanza secundaria, normal y especial, señor D. Ricardo Piccirilli; el inspector de enseñanza de igual categoría, señor Doctor D. Ángel J. B. Rivera”.
  14. Cabe lamentar que no figure aquí ningún poema de Leopoldo Marechal, que bien podría haber estado. Estimamos que su ausencia se pudo haber debido a que ese mismo año su poema Canto de San Martín fue el texto de lo que se conoció como Cantata sanmartiniana, con música del maestro Julio Perceval, representada el día 30 de diciembre en el Anfiteatro Griego ―inaugurado ese día― en el Cerro de la Gloria de la ciudad de Mendoza, según consigna en su investigación Gloria Videla de Rivero (2003, vid. en: [http://goo.gl/AOuSJz]). De todas maneras, retomando la idea de la asociación de las figuras, de acuerdo con los usos del momento, durante la puesta hubo en el fondo de la escena un retrato de San Martín y, a los costados, uno de Perón y otro de Evita.
  15. También figura en las hojas del libro.
  16. El antólogo siempre consigna junto al nombre el lugar de origen o el de residencia del poeta.
  17. Este dato resuena fuertemente con la nacionalidad británica del antólogo.
  18. Es de notar que todavía en la época el concepto de antología estaba relacionado con elegir lo mejor, lo cual suponía un vasto conocimiento previo. Por eso se insiste en que esta antología no es tal.
  19. Cabría, a futuro, aplicar a esta obra la morfología de los relatos de viajes, elaborada por Sofía Carrizo Rueda en su Poética del relato de viajes (1997). Tarea que, por el momento, dejamos pendiente.
  20. Había residido antes, por primera vez, en la Argentina entre 1914 y 1919.
  21. En ella el antólogo señala en la introducción que se propone “hacer una geografía argentina, y sería una equivocación buscar en él un estudio sobre la poesía argentina” (7); a lo que agrega: “Por lo demás, para los fines perseguidos aquí, mal podrían evitarse omisiones que literariamente serían injustificables […]” (7).
  22. En las Poesías de la provincia que he conocido de Sir Eugen Millington-Drake de 1949, la visión extranjera es recibida sin problemas, pues antología y viaje quedan equiparados. Si esto lo hubiera producido un nativo, otras habrían sido las olas levantadas.
  23. Consignamos para cada antología provincial/regional los datos bibliográficos completos por considerarlos harto elocuentes respecto de cada uno de los objetos ‘libro’ producidos.
  24. Hay tres merecedores del 1º Gran Premio: Raúl Galán, Guillermo Orce Remis y Tomás Eloy Martínez.
  25. Ruiz, el mismo antólogo, se antologa. En verdad, en la bio-bibliografía dice: “Excluido voluntariamente de esta Antología, los editores han estimado que debe figurar en ella: vinculado a esta casa desde hace diez años […]” (198).
  26. Antonio Zamora iba a ser el editor inicial de Libro del cielo y del infierno, de Borges y Bioy, según Señala Lucas Adur en su capítulo en este libro. Desconocemos por qué motivo finalmente no lo publicó.
  27. Agradezco muy especialmente a la Subsecretaría de Cultura de la Provincia y al Fondo Editorial Pampeano su gentileza y espíritu colaborador manifiestos al haber respondido a mi pedido haciéndome llegar el libro.
  28. Tal como observa luego Américo Cristófalo.
  29. Cfr. Arancet Rud,a 2013.
  30. Por este motivo, para no quedarnos tampoco nosotros con lo que puede aportar el acotado radio en que uno se inserta, hemos enviado varios correos electrónicos a diversas personas en distintas universidades del país. Queremos agradecer su generosa y entusiasta respuesta a Elena Bossi de Jujuy, a Raquel Miranda de La Pampa, a Elisa Moyano de Salta y a María Teresa Andruetto de Córdoba.
  31. Cfr. Arancet Ruda, 2012b.
  32. No sabemos, por el momento, qué relación tiene este libro con La poesía de Buenos Aires. El Modernismo en la Argentina, Editorial Ciordia, 1962. Dado el subtítulo parece referirse a otro aspecto. Asimismo habría que ver qué relación guarda con el recopilado por Horacio Salas, La poesía de Buenos Aires, Editorial Pleamar, 1968. No hemos hecho estas confrontaciones para evitar mayor dispersión.
  33. No sabemos si la intención deliberada fue la de presentar a Buenos Aires como una región más. Sí es evidente una mayor presencia de las provincias. Ya no puede publicarse una antología que no les dé lugar, o bien es necesario compensar tal excesiva figuración porteña ―otro libro en este caso―. Sí nos consta, por consulta en hemerotecas, que ambas antologías fueron proyectadas juntas para inaugurar la labor editorial de la SADE, y que fueron presentadas conjuntamente.
  34. Muchos estudiosos de la producción de nuestros poetas hablan del mapa de la poesía argentina ―en efecto, por ejemplo Veiravé habla de “mapa poético” (1971: 20)―, una figura tentadora y bastante adecuada, pero que tal vez se presta a engaños, porque trae aparejada la idea de fijación. Un mapa sirve para marcar un lugar concreto donde se puede estar, tal vez vivir. ¿Es una antología un lugar habitable? La respuesta es que solo alberga un instante, en tanto la producción de un poeta no permanece inalterable, salvo cuando muere ―y siempre que no aparezcan inéditos―. Pero, entonces, hay que considerar otra movilidad, puesto que en cada época cambian las valoraciones de una obra y de un autor. El mapa puede trazarse, pero a sabiendas de que se modificará.
  35. Alude a la posibilidad de acceder a una publicación. Cabría sumar un elemento a este impedimento: el de poder alcanzar solamente una tirada muy baja.
  36. Mapa político y mapa intelectual no coinciden, afirma y argumenta in extenso Casanova, recurriendo a Fernand Braudel. Lamentable, pero cierto, puesto que para que el capital literario pueda circular e instituirse es necesario que haya quienes lo consuman y lo valoren. De allí que el factor económico elemental se convierte en un requisito: cuando el nivel de analfabetismo continúa siendo importante, cuando el público cultivado escasea, cuando la prensa especializada y los editores afamados son rarezas, se hace harto difícil, sino imposible, la emergencia literaria de una zona periférica.
  37. Una de las varias preguntas que nos hacemos es cuál es el concepto más adecuado para aludir a esta noción de margen. En términos de Tzvetan Todorov, cómo se distribuirían los roles de ‘nosotros’ y de ‘los otros’.
  38. Si bien existen hoy algunos estudios, como el de Claudio Simiz (2003), que quiere indagar en el lugar de las provincias en el llamado mapa poético, nuestro camino fue inverso: no nos propusimos destacarlas, ellas se impusieron solas.
  39. En medio del nublado, queda definitivamente impuesta, per se, la pregunta, cuyas probables respuestas requieren, primero, de pensar nuevos conceptos o, como mínimo, de replantear los habidos como constitutivos hasta el momento, por ejemplo el de canon.
  40. Osvaldo Picardo hizo un análisis del lugar de las provincias en el mapa/canon poético, especialmente de La Carpa y de Tarja. Picardo organizó el 1er. Encuentro Nacional de Poetas, en Mar del Plata, en 1998, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. De esa experiencia surgió el proyecto Mapas de Poesía Argentina, del que fue editado con subvención del Fondo Nacional de las Artes el “Primer Mapa de Poesía Argentina: Solicitudes y urgencias: Carpa y Tarja”, con estudio preliminar del autor y antología de dichos movimientos del noroeste argentino en el período comprendido entre 1943 y 1957. En: [http://goo.gl/ZSiw5i].
  41. Cuando David Lagmanovich se refiere al canon y las vanguardias, repasa la constitución del canon argentino, construido sobre la base de la literatura argentina de Ricardo Rojas, y se pregunta qué es lo que falta en el canon de la primera mitad del siglo XX. Sus respuestas son: lo escrito en el interior del país, la escritura femenina y las vanguardias (2002, pp. 92-93). Más adelante agrega que considera como los principales luchadores contra el canon de los años de la primera vanguardia a Güiraldes, Borges, Molinari y Marechal, quienes hoy lo integran indiscutidamente. En cambio, señala que Girondo no ingresa nunca ―hoy no es así―; tampoco lo hace Jacobo Fijman y, de entre los muchos del interior menciona como abandonado o ignorado el vanguardismo de Bernardo Canal-Feijóo. Asimismo señala que de entre las mujeres apenas se considera a Alfonsina Storni y a Victoria Ocampo, y agrega, sardónicamente y entre paréntesis: “y ahora habrá que agregar, me imagino, a Alejandra Pizarnik” (2002: 101).
    Agrega: “Los rasgos fundamentales son claramente perceptibles. Los autores representados en el canon son hombres; son de la metrópoli y no del interior; y se integran de alguna manera con las líneas tradicionalistas de la cultura argentina: la veneración de la pampa, el conservadurismo político, el hispanismo formal,” (2002: 101). A estos rasgos que considera sociológicamente característicos de la Argentina suma uno de política lingüística, y es que los autores que ingresan en el canon ―dice― son los que respetan las formas debidas de la lengua o que, habiendo experimentado, regresan a ellas (2002, pp. 101-102). Y luego menciona a autores que deberían ser considerados, sobre todo insiste en reconsiderar. Volver a estudiar a Cortázar en tal aspecto renovador, así como en prestar atención a las mujeres, ya que entre ellas destaca lo mejor de lo último, con ejemplos como Liliana Lukin, Inés Araoz, Juana Bignozzi, María Negroni (2002, pp. 102-103).
  42. Aquel gesto fundante de Ramón Díaz ―citado en el “Ingreso”― tiene eco en 2010, a propósito de la publicación de la ingente 200 años de poesía argentina, de Jorge Monteleone, quien ha repetido en entrevistas que la poesía atraviesa toda la historia argentina, y viceversa. Coincidimos plenamente con este rasgo axial, sin embargo, salvo algunos casos, no ha ingresado en el canon. Raúl Dorra (2003) se ocupa de demostrar que, aunque no se la reconozca, constituye siempre la médula de la mejor literatura, y lo hace magistralmente. Nicolás Rosa (1998), más pendiente de la literatura como institución, lo explica de manera contundente: observa la ausencia, o casi, de poesía en el canon porque ―dice― ella no participa de regulaciones, más bien lo suyo es violar las reglas, “los poetas […] son siempre heterodoxos, verdaderos separadores de la cofradía literaria, verdaderos diablos, si nos atenemos a la etimología, dia-bolein.” (1998: 73) Es decir, la poesía es, de los llamados géneros tradicionales, el que más uso hace de la antología y, a la par, el más difícil de institucionalizar. Por tal motivo señalamos que las antologías de poesía urden el canon de lo no canónico.
  43. Sería óptimo continuar buscando “agujas” y estudiar qué derrotero sigue aquel gesto de iluminar zonas usualmente en penumbras o fuera de foco, como la producción provincial en las antologías panorámicas después de la década del cincuenta. Para considerar la poesía de las provincias en el marco de la poesía nacional vale la propuesta que hace Pascale Casanova en su La república de las letras. Allí la crítica francesa retoma la imagen acuñada como título por Henry James, la de “el motivo de la alfombra” ―o, tal vez sería mejor “en” la alfombra―. Para poder apreciarlo, se torna indispensable la posibilidad de ver la alfombra en su totalidad y en perspectiva, a fin de descubrir repeticiones y singularidades. Quizá, también podría pensarse en una constelación y en algunas de las preguntas que de ello se desprenden: qué puntos se ven más por estar más iluminados; al identificar un diseño, qué ingresa en el trazo imaginario ―¿comunidades imaginadas, a lo Benedict Anderson?― y qué queda excluido.


Deja un comentario