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4 Tras las huellas de la enunciación: abordajes discursivos de la argumentación

María Carolina Domínguez, Marisa Elizalde y Luciana Ferratto

1. Introducción

El análisis de los discursos sociales ha cobrado una gran relevancia en las últimas décadas en el ámbito de las Ciencias Sociales y de las Humanidades. Esta preeminencia se constata no solo en el desarrollo de las disciplinas que conciernen al estudio del lenguaje en particular (como la Lingüística, la Sociolingüística, la Etnografía del lenguaje, entre otras) sino también en aquellas esferas del conocimiento que atañen a lo social, pero que requieren de herramientas metodológicas de abordaje de los materiales lingüísticos.

En cuanto a sus orígenes, el término “análisis del discurso” (AD en adelante) proviene de un artículo de Zellig Harris, publicado en 1952, en el que se lo emplea por primera vez para aludir a la extensión del análisis de procedimientos a unidades trasoracionales, es decir, mayores a la oración. A fines de la década de los sesenta estos estudios se consolidan como campo académico, inscripto en la tradición pedagógica del comentario o la explicación de textos.

Su desarrollo se vincula con el proceso iniciado durante el Mayo francés (1968), en un clima intelectual caracterizado por cuestionamientos en el plano académico. En este contexto, comienzan a resquebrajarse las concepciones respecto a los límites disciplinares y las investigaciones en los estudios del lenguaje se amplían a la indagación de otros aspectos que trascienden el análisis oracional. Este proceso denominado giro discursivo implicó una mirada crítica acerca de la estrechez de los límites de la oración como unidad de análisis y la necesidad de ampliar la mirada hacia las condiciones de emisión de los enunciados.

Durante la década de los setenta, se desarrollaron dos de las principales corrientes en los estudios del discurso, cuyas conceptualizaciones configuran un marco de referencia en las investigaciones actuales: la denominada Escuela Francesa y el Análisis crítico del discurso. Bajo la denominación de Escuela Francesa de Análisis del discurso se designa a un grupo de investigadores, entre los que se encuentran Michel Pêcheux, Dominique Maingueneau, Patrick Charaudeau, Émile Benveniste, entre otros, que estudian el discurso en articulación con las condiciones socio-históricas en las que se produce. Desde esta perspectiva, la enunciación está fuertemente condicionada por aspectos sociales, políticos, culturales y, por eso, es preciso recurrir al contexto al analizar los discursos.

Por otro lado, la corriente crítica del discurso tiene como base los estudios de Michel Foucault realizados en 1969 acerca de las relaciones sociales, la ideología y el poder. Según esta tendencia, el propósito no consiste únicamente en analizar los mecanismos de construcción del discurso, sino que implica conocer el contexto social en el que se inscribe y sus mecanismos de reproducción. Por ende, el analista se ocupa de develar las relaciones de dominación, discriminación, poder y control que se manifiestan a través del lenguaje (Wodak y Meyer 19).

En la actualidad, el AD representa un campo heterogéneo que integra aportes de diversas disciplinas y cuyas herramientas de análisis se definen de acuerdo con las perspectivas teóricas adoptadas. Su objetivo radica en comprender las prácticas discursivas asociadas con ámbitos diversos de la vida social (Narvaja de Arnoux Análisis del discurso). Se lo concibe como una actividad que implica una dimensión crítica, en tanto permite visibilizar los mecanismos de producción del discurso que se encuentran naturalizados en el uso del lenguaje. En efecto, la construcción de los discursos manifiesta posicionamientos de parte de los sujetos, aunque se adopten formas pretendidamente neutras. Como señalan Jean-Claude Anscombre y Oswald Ducrot, la opacidad es una característica constitutiva del lenguaje debido a que este siempre expresa una valoración del mundo.

Narvaja de Arnoux et al. (Lectura) afirman que al hacer uso del lenguaje el emisor construye discursivamente una versión de sí mismo, del referente y de aquel/aquellos a los que se dirige, por lo que producir discursos implica “montar una verdadera puesta en escena” (11), como desarrollaremos más adelante.

En la actividad de interpretación, el analista busca descubrir las huellas de esa puesta en escena, que se revelan en las elecciones lingüísticas hechas por el sujeto enunciador. De esta manera, a partir de la selección de rasgos, que el analista considera indicios de una regularidad, efectúa un proceso de relevamiento de fenómenos recurrentes, a los que vincula con saberes no lingüísticos. Este proceder le otorga al AD un carácter interdisciplinario, puesto que no solo se apela a los conocimientos propios del ámbito lingüístico sino también a los provenientes de otras disciplinas, determinadas según el objeto de análisis. Asimismo, el analista selecciona conceptualizaciones y recorridos metodológicos variados, en función de los requerimientos de la propia práctica y de los objetivos establecidos (Narvaja de Arnoux Análisis del discurso). Si bien el discurso constituye la unidad de análisis de esta disciplina, el modo de proceder varía de acuerdo con las perspectivas teóricas adoptadas e, inclusive, según la propia concepción del objeto teórico.

1.1. Aproximaciones teóricas a la noción de “discurso”

Si bien el concepto de discurso proviene de la Filosofía, en la lingüística tuvo un desarrollo creciente a partir de la década de los cincuenta, con los estudios realizados en el campo de la Pragmática[1]. Esta disciplina toma en consideración los factores extralingüísticos que regulan el uso del lenguaje, es decir, aquellos aspectos que exceden el abordaje gramatical. El interés radica en estudiar las condiciones que determinan el empleo de enunciados concretos emitidos por hablantes concretos en situaciones comunicativas concretas (Escandell Vidal 13-14).

Las investigaciones en dicho campo posibilitaron ampliar la mirada en los estudios del lenguaje y trascender los límites impuestos por el enfoque tradicional. De esta manera, nociones como “emisor”, “destinatario”, “enunciado”, “intencionalidad”, entre otras, comenzaron a formar parte de las investigaciones lingüísticas y constituyeron los antecedentes en los estudios del discurso. Además, como señalan Charaudeau y Maingueneau, la influencia de la Pragmática permitió que se desarrollaran ciertas ideas básicas respecto al discurso como una forma de aprehender el lenguaje. Entre ellas, mencionan:

  • El discurso supone una organización transoracional, es decir, excede los límites de la oración, al movilizar estructuras de distinto orden. De esta manera, los discursos poseen reglas de organización vigentes en una comunidad determinada que remiten al plano de texto, a la extensión del enunciado, etc.
  • El discurso está orientado, no solo porque está concebido en función del objetivo del sujeto, sino también porque se desarrolla en el tiempo, de manera lineal.
  • El discurso es una forma de acción, debido a que todo enunciado constituye un acto que tiene como finalidad modificar una situación. Esta concepción tiene sus orígenes en los estudios que se enmarcan en la Teoría de los actos de habla, desarrollada en la década de los sesenta.
  • El discurso es interactivo, porque compromete a dos personas que están marcadas en los enunciados por el par de pronombres YO-TÚ. Toda enunciación, incluso la producida sin la presencia de un destinatario, implica un intercambio, una interactividad constitutiva con otros enunciadores. La polaridad entre un YO y un TÚ en el discurso es formulada por Benveniste en su Teoría de la Enunciación, que abordaremos en apartados posteriores.
  • El discurso es contextualizado; en efecto, no se puede asignar verdaderamente un sentido a un enunciado fuera del contexto de producción. Además, las circunstancias de emisión inciden en la formulación de los enunciados.
  • El discurso es tomado a cargo; es decir, remite a un YO, quien a la vez establece localizaciones personales, temporales, espaciales e indica la actitud que adopta ante lo dicho y respecto al co-enunciador, al sujeto a quien está dirigido el discurso.
  • El discurso está regido por normas. La actividad verbal, como todo comportamiento, sigue determinadas reglas. Cada acto de lenguaje implica a su vez normas particulares porque todo acto de enunciación no puede plantearse sin justificar de una u otra manera su derecho a presentarse tal y como se presenta.
  • El discurso está captado en un interdiscurso. De esta manera, solo adquiere sentido en el interior de un universo de otros discursos con los que “dialoga”, mediante diversos recursos, como la parodia, la cita, el comentario, entre otros.

En el marco de la corriente crítica en los estudios del discurso desarrollada en la década de los setenta, este es concebido como una «práctica social», que es socialmente constitutivo y está socialmente constituido. Es constitutivo porque ayuda a mantener y reproducir el statu quo social, como en el sentido en que contribuye a transformarlo (Fairclough y Wodak 258). De esta manera, abordar el discurso supone “adentrarse en el entramado de las relaciones sociales, de las identidades y de los conflictos, intentar entender cómo se expresan los diferentes grupos culturales en un momento histórico, con unas características socioculturales determinadas” (Calsamiglia Blancáfort y Tusón Valls 16).

Comprender los discursos en tanto prácticas sociales permite analizarlos en función del contexto en el que se producen, circulan y al cual transforman. En los textos que integran el corpus de análisis de este capítulo vinculados con la disputa interprovincial entre La Pampa y Mendoza por el río Atuel, se puede observar esta relación dialéctica entre el evento discursivo y la estructura social que lo configura. En cuanto a su constitución, estos discursos tienen lugar en el marco de contextos sociales e instituciones que los determinan y adoptan rasgos diversos al inscribirse en un posicionamiento u otro del debate. A su vez, ejercen una influencia en el contexto porque constituyen prácticas que visibilizan reclamos ante un conflicto y cuestionan el orden social.

1.2. Perspectivas en el Análisis del discurso

Como hemos señalado, el AD posee un carácter interdisciplinar, en la medida en que la interpretación de los discursos implica poner en diálogo diversos saberes especializados. Pero esto no invalida su especificidad: si bien los mismos materiales pueden ser analizados por distintas disciplinas, la perspectiva adoptada define el tipo de análisis y su alcance (Maingueneau “Peut-on assigner des limites à l´analyse du discours?” 65).

En relación con los enfoques que puede tomar el analista del discurso, distinguiremos las conceptualizaciones desarrolladas en el marco de la perspectiva funcionalista, en particular, el análisis pragmático del discurso que, en nuestro país, fue impulsado a partir de las investigaciones de Salvio Martín Menéndez. Desde esta orientación, la discursividad es considerada un fenómeno de naturaleza pragmático-cognitiva, que alude a las producciones concretas realizadas en función de la intencionalidad comunicativa de los hablantes. El análisis pragmático del discurso comprende, a su vez, diversos puntos de vista que lo integran:

  • Perspectiva pragmática: privilegia la interpretación de los discursos a partir del uso de las estrategias que emplean los sujetos en contextos específicos. Esto supone que el discurso posee una doble inscripción: por un lado, inmediata, en una situación comunicativa determinada y, por otro, mediata, al integrar una serie discursiva particular.

El análisis realizado en el marco de esta perspectiva pretende ser descriptivo, explicativo e interpretativo. Es descriptivo porque toma como punto de partida el análisis de las formas lingüísticas a partir de las relaciones que establecen entre sí; es explicativo porque permite dar cuenta del funcionamiento de esas relaciones, y es interpretativo porque la interpretación depende de variables discursivo-contextuales que posibilitan la asignación de un sentido determinado. Por eso, no se analizan discursos aislados sino a partir de las interacciones que configuran series.

  • Perspectiva textual: consiste en el relevo de principios y reglas que permiten describir y explicar una materialidad discursiva realizada en circunstancias particulares por sujetos que poseen una intención determinada. Al tener como unidad de análisis discursivo el texto, supone un abordaje de tipo gramatical.

Los principios que rigen esta perspectiva son la cohesión y la textura. El primero corresponde a las relaciones de significado que dan lugar a la textura, entendida como la cualidad o condición de que un conjunto de relaciones cohesivas se integre en un discurso. De esta manera, el análisis permite dar cuenta de cómo operan esas relaciones en la materialidad textual determinadas por la gramática y el léxico.

  • Perspectiva discursiva: dentro del análisis pragmático del discurso, las estrategias discursivas constituyen el principio metodológico. Se definen como los modos particulares de combinar recursos para lograr un determinado fin de la manera más eficaz posible. El sujeto hablante las emplea de manera racional, en función del plan que ha trazado y que el analista debe reconstruir.

Las conceptualizaciones expuestas constituyen un marco de referencia ineludible en los estudios discursivos actuales y nos otorgan una perspectiva válida para abordar el discurso argumentativo en particular. En efecto, si bien el carácter social se encuentra presente en las diversas manifestaciones de uso del lenguaje, en la argumentación resulta más evidente por la posición subjetiva que adquiere el sujeto enunciador en su discurso. Este rasgo constitutivo implica analizar un discurso a partir de la situación de enunciación que se configura, en vinculación con el contexto y con otros discursos sociales con los que dialoga.

2. “La puesta en escena”: argumentación y enunciación

Antes de la enunciación, la lengua no es más que la posibilidad de la lengua.

 

Benveniste, “El aparato formal” 84

Examinar cómo se configuran y circulan los discursos sociales que se construyen desde la argumentación implica abordar tales producciones lingüísticas desde la situación de discurso. Uno de los aspectos más destacados de la dimensión argumentativa es que pone de relieve la escena de enunciación, tal como la define Maingueneau (Le contexte; Analyser), ya que “enunciar no es solamente expresar ideas, también es tratar de instalar, de legitimar el marco de su enunciación”[2] (Análisis de textos 85). Desde esta perspectiva, el estudio de los textos en general, y del argumentativo en particular, exige la articulación de diversas disciplinas, pero especialmente la consideración de las teorías del campo lingüístico que proveen herramientas para el análisis tanto desde los planos de la enunciación como del enunciado argumentativo.

Con fines metodológicos y siguiendo a Maingueneau (“Situation d’énonciation”; Análisis de textos), conviene distinguir las nociones de contexto, situación de comunicación y escena de enunciación, ya que estos términos operan en diferentes planos (ver Cuadro n.°1) y proceden de marcos teóricos diversos y su empleo indiscriminado genera confusiones de orden teórico y en el análisis textual.

2.1. Contexto(s)

El concepto proviene de las teorías semánticas influidas por las corrientes pragmáticas que enfatizan la importancia del proceso interpretativo por parte del alocutario; en otras palabras, el sentido se construye a partir de la información que proporcionan los componentes del contexto. Este comprende tres fuentes de información:

  • el entorno físico o situacional
  • el contexto lingüístico o cotexto: las secuencias verbales que preceden o siguen a la unidad que se busca interpretar.
  • El conocimiento de mundo o saberes compartidos por los participantes de la interacción verbal.

Consideremos, a modo de ejemplo, el folleto repartido en 2012 y 2013 durante las movilizaciones en Santa Isabel por el Río Atuel y la defensa de los recursos hídricos en La Pampa.

La imagen puede contener: texto

https://es-es.facebook.com/TodosporelAtuel/posts/132272716952662/.

A primera vista, se destaca el enunciado “¡Llevamos casi un siglo de sustracciones y más de sesenta años sin escurrimientos permanentes!”, que nos permite extraer los elementos necesarios para la interpretación contextual a partir de las tres fuentes de información consignadas:

  • El entorno físico o situacional permite interpretar unidades como “Llevamos” (los pampeanos) o el fragmento “la región que usted está atravesando”, ubicado en la columna lateral izquierda titulada “Río Atuel”, designa con “usted” al lector del folleto y lo sitúa geo-temporalmente en el mismo momento y lugar en que lo lee.
  • En el nivel cotextual, por ejemplo, “un siglo” puede reponerse a partir del fragmento “Las alteraciones del caudal del río comenzaron en el año 1918” o “más de sesenta años sin escurrimientos” remite a la construcción del dique El Nihuil, información ya indicada en la columna central “Historia”.
  • El conocimiento de mundo o saberes anteriores a la enunciación compartidos por los destinatarios implica, por un lado, la asociación de las “sustracciones” con el lema del “río robado”[3] y, por otro, la referencia a los reclamos permanentes vehiculizados a través de presentaciones judiciales y a una memoria identitaria común.

Ahora bien, para analizar las producciones lingüísticas desde el punto de vista del estudio de los textos, resultan más operativas las categorías teóricas de situación de comunicación y escena de enunciación ya que “permiten aprehender desde dos abordajes complementarios la situación de discurso asociada a un texto” (Maingueneau “¿‘Situación de enunciación’?” 5).

2.2. Situación de comunicación

Se encuentra enlazada a las circunstancias “exteriores” o sociales en que se realiza. Es la situación de discurso a la que todo texto está ligado de modo indisociable y se establece sobre la base de ciertos parámetros (Maingueneau “Situation d’énonciation” 6-8):

  • La finalidad, acorde con el género discursivo. En el caso del folleto, cuya función es apelativa o “conativa” de acuerdo con la clasificación de orden comunicacional que establece Roman Jakobson[4], se busca incidir en la conducta del receptor, lograr su adhesión.
  • El estatus de los participantes. La circulación de la palabra en un género discursivo no es “libre” sino que a cada participante se le atribuyen derechos, deberes y saberes. En el folleto, el emisor es un grupo que comparte una convicción y se siente comprometido con la causa; se coloca en situación asimétrica con su receptor a partir de los datos y la información que le ofrece. Sin embargo, esta desigualdad es exigua ya que el papel de lector de un folleto requiere un esfuerzo mínimo si lo comparamos, por ejemplo, con el de un saber especializado.
  • Las circunstancias adecuadas de tiempo y lugar requeridas por el género discursivo. En este caso, podemos reponer las circunstancias a través del anclaje témporo-espacial explicitado en la página de Facebook en la publicación del 10 de marzo de 2013: “Folleto que se entregó el año pasado y este año durante las movilizaciones en Santa Isabel por el río Atuel”.
  • El modo de inscripción en la dimensión temporal, que contempla la periodicidad, la duración, si el discurso tiene continuidad o su caducidad. Como se puede deducir de la cita transcripta en el ítem anterior, el folleto tuvo periodicidad durante dos años pero, a su vez, se encuentra inscripto en un universo de discurso más amplio que se inicia a mitad del siglo XX y tiene continuidad hasta el presente y, en tal sentido, participa de un interdiscurso conformado por diversos géneros discursivos referidos a dicha temática.
  • El medio o soporte (oral o escrito), modo de existencia material: volante impreso con texto y mapa.
  • El plan textual o modo de organización al que está asociado el género discursivo (objeto de estudio de la lingüística textual). En el ejemplo considerado, se trata puntualmente de un tríptico que organiza la información en tres columnas: “Río Atuel” (ubicación y datos hidrográficos), “Historia” de las sustracciones y “Gestiones que siguieron al fallo” (especificación de las acciones legales). Con letra más grande y en colores, en la columna derecha se apela al lector con una exclamación que emula un grito de reclamo.
  • Un cierto uso de la lengua, determinado a través de las diversidades lingüísticas de lenguas o de las variedades de una misma lengua. En este caso, el español de Argentina, variedad estándar con jerga profesional propia del ámbito jurídico.

2.3. La escena de la enunciación

En cambio, desde la teoría de la enunciación, examinar la configuración de la escena enunciativa supone analizar el “interior” del discurso, otorgar centralidad a las “coordenadas” personales, espaciales y temporales que componen el acto enunciativo y en las que se apoya la referencia extratextual o deíctica. Para esta perspectiva teórica, “un texto es, de hecho, la huella de un discurso en el que la palabra es puesta en escena” (destacado en el original; Maingueneau “¿‘Situación de enunciación’?” 8)[5]. En el marco del análisis del discurso y de las teorías de la enunciación, Maingueneau (Le contexte, Analyser, “Situation d’énonciation”) adopta una metáfora teatral para acuñar la siguiente categoría teórico-metodológica: la escena de la enunciación, que, a su vez, se despliega en otras tres complementarias: la escena englobante, la escena genérica y la escenografía.

  • La escena englobante es la que corresponde al tipo de discurso (religioso, publicitario, administrativo, filosófico, literario, etc.); en el ejemplo anterior, quien recibe el folleto debe ubicarse en la escena englobante de una causa política, en el sentido lato de la palabra; es decir, un asunto público del Estado provincial de La Pampa que interpela a la ciudadanía pampeana. Pero la escena englobante no resulta suficiente para especificar las producciones verbales, por lo que es necesario determinar otra escena:
  • La escena genérica, como su nombre anticipa, es el género discursivo particular con rasgos organizativos propios; en el caso analizado, se trata de un folleto o tríptico propagandístico que informa acerca de la historia de la sustracción y de las gestiones realizadas por instituciones y organismos estatales provinciales e intenta promover la adhesión al reclamo por los recursos hídricos. El folleto, como tipo textual, puede inscribirse en una serie discursiva junto con panfletos, manifiestos, proclamas, y otros tipos similares, por su carácter efímero, sometido a una lectura rápida y generalmente incompleta; puntualmente, en el caso analizado predomina el tono de protesta y de denuncia; asimismo, actualiza la práctica del cara a cara, se plantea como un llamado a la acción y tiene anclaje coyuntural. Participa, así, de lo que Carlos Mangone y Jorge Warley denominan una “literatura de emergencia” (34-35).

Ambas escenas, la englobante y la genérica, definen el marco escénico del texto y determinan su adecuación en términos pragmáticos.

  • La escenografía consiste en el escenario que se crea para captar la adhesión del público; Maingueneau advierte que no se trata de un “decorado” sino de un dispositivo “en bucle” o circular: la enunciación del texto instituye una escena que, a su vez, legitima el discurso. Así, en el folleto considerado, la escenografía, reforzada a través del mapa que precisa su localización geográfica, se instala en las tierras desiertas de la región del Oeste pampeano, en el cauce ahora seco del río Atuel, y evoca, a través de la carencia, un paisaje físico de ‘vida’ vegetal, animal y humana. Esa imagen de “una fisonomía de vida vegetal y animal completamente distinta” que solo puede recuperarse a través de la memoria y los testimonios de viajeros y antiguos pobladores de los asentamientos oesteños que resistieron en el lugar constituye la escena validada (Maingueneau Análisis de textos 83-84) o convalidada (Maingueneau “¿‘Situación de enunciación’?” 7)[6]. Se trata de un procedimiento frecuente en el que una escenografía se apoya sobre estereotipos descontextualizados, susceptibles de ser extrapolados y resignificados en otros discursos. Estas escenas ‘validadas’ o ‘convalidadas’ no constituyen una escenografía sino hechos o eventos instalados en la memoria colectiva, a los cuales se considera dignos o no de reproducción. El repertorio de escenas ‘convalidadas’ disponibles varía según el grupo al que el discurso se dirige; en este caso, el pueblo pampeano posee sus propias memorias y crónicas compartidas del “río robado” y se interpela al destinatario desde una relación identitaria que lo compromete a apoyar y ser partícipe del reclamo.

Cabe aclarar que los géneros discursivos oscilan entre dos polos: los que se ajustan a su escena genérica y no despliegan una escenografía (por ejemplo, una guía telefónica, un vademécum, un prospecto médico) y los que exigen su configuración (como el caso de la literatura en casi todos sus géneros); en el intermedio, fluctúan los géneros pasibles de presentar escenografías múltiples y diversas pero que suelen amoldarse a su escena genérica habitual (como ocurre con textos académicos o los manuales escolares, por mencionar algunos ejemplos). Otra salvedad es que la escenografía se manifiesta con plenitud solo cuando puede controlar su desarrollo sin la intervención de los destinatarios, como sucede en los textos escritos. En las interacciones orales, aun cuando estén institucionalizadas, las reacciones o imprevistos provocados por los interlocutores atentan contra la posibilidad de la enunciación escenográfica (Maingueneau “¿‘Situación de enunciación’?” 7).

Con el objeto de graficar la distinción entre los niveles lingüístico y textual, la consideración de la diversidad de tipos y géneros de discurso y la enumeración de los elementos propios de la enunciación, a modo de resumen se propone la siguiente tabla (Maingeneau “Situation d’énonciation” 12):

Cuadro 1

PLANO DE LA ENUNCIACIÓN

Situación de enunciación

Situación de locución

Enunciador / coenunciador
No persona

Locutor / alocutor
Delocutor

PLANO DEL TEXTO

Situación de discurso

Punto de vista externo

Punto de vista interno

Situación de comunicación

Escena de enunciación
Escena englobante
Escena genérica
Escenografía

3. Las marcas lingüísticas de la enunciación

Finalmente, en la enunciación, la lengua se halla empleada en la expresión de cierta relación con el mundo.

 

Benveniste, “El aparato formal” 85.

Para recapitular, los enunciados son producto de una enunciación y, por lo tanto, solo pueden referir al mundo si contienen la escena y conservan las marcas de ese acontecimiento lingüístico (Maingueneau Análisis de textos 109). En este aspecto, los indicadores que se toman en cuenta son los que delimitan la situación de enunciación lingüística: enunciador, coenunciador o enunciatario, espacio y tiempo. Este anclaje resalta la propiedad reflexiva del lenguaje, en la que han puesto el acento las teorías pragmáticas y de la enunciación, ya que el enunciado puede representar hechos solo si manifiesta el acto en el que se produjo (Maingueneau Términos 42-43; “Situación de enunciación” 1). En efecto, las huellas que resulta necesario relevar en la superficie del enunciado para reconfigurar la enunciación son: la deixis[7] personal (marcas del yo-nosotros/tú-vos-ustedes, en oposición a llamada 3º persona gramatical, él/ella/ellos/ellas), la deixis espaciotemporal (“aquí” y “ahora” de la enunciación) y las modalizaciones (actitud del enunciador respecto del enunciatario, el enunciado y el mensaje). En los apartados que siguen, daremos cuenta del tratamiento de estas coordenadas.

3.1. Ser persona o no-persona en la enunciación, esa es la cuestión

Los trabajos fundacionales acerca de la persona gramatical y los tiempos verbales corresponden a Benveniste y se dan a conocer a fines de la década de los cincuenta del siglo pasado, pero se sistematizan en 1966 con la publicación de Problèmes de lingüistique générale[8]. El punto de partida del aparato formal de la enunciación es la persona gramatical que denota al individuo que profiere el enunciado: yo, y por extensión nosotros. Como señala Maingueneau (“Situación de enunciación” 8), Benveniste no hace uso del término enunciador; su incorporación a la lingüística es posterior. Este indicio de persona es, a la vez, opuesto y complementario en la relación con un presente en el discurso y es también el que determina la modalización del enunciado (la interrogación, la intimación, la aserción, entre las más frecuentes). Esta polaridad no implica simetría: yo siempre tiene una posición de trascendencia con respecto a (Benveniste Problemas 181). Cabe destacar que yo y son categorías lingüísticas, no remiten a la “realidad” ni al enunciador o al coenunciador respectivamente, sino a las huellas de esos sujetos en el discurso. En otro plano, diferenciado de la relación entre enunciador y enunciatario, se encuentra la no-persona, él/ella y sus plurales. Benveniste (Problemas 165-167; 176-178) utiliza esta denominación en lugar de la “tercera persona” de la gramática tradicional para resaltar que no puede asumir un acto de enunciación; es aquello a lo que el discurso refiere:

Benveniste prefirió hablar de “no-persona” antes que de “tercera persona” tal como lo hacía la tradición gramatical. Siguiendo la línea de trabajo de Benveniste, se han analizado con frecuencia las divergencias lingüísticas existentes entre el enunciador y el co-enunciador por un lado y la no-persona por el otro. Una de las asimetrías más interesantes es la imposibilidad de sustituir anafóricamente los marcadores de las posiciones de enunciador y de co-enunciador: no se puede evitar la repetición de “yo” o la de “vos” (“sí yo ya sé que yo llegué tarde pero yo no tuve la culpa”) mientras que la no-persona dispone de una amplia variedad de procedimientos anafóricos tanto léxicos como pronominales. (Maingueneau “Situación de enunciación” 2)

Así, la categoría lingüística de persona es una posición relativa —su significado varía de acuerdo con el usuario— en un esquema formal que podría graficarse de la siguiente manera:

im p. 187 cap 4

En el folleto reproducido antes, puede observarse que la única huella directa que alude al enunciador se encuentra tácita en el verbo “llevamos” o “estamos” en la primera persona plural, que analizaremos más adelante en la consideración del nosotros; además, estos elementos se encuentran desligados del cuerpo informativo. En el texto predomina la no-persona, el río robado, y los enunciados impersonales propios de la objetividad que supone la exposición de hechos verificables. Sin embargo, todo enunciado comporta un enunciador, así como un coenunciador representado por el “usted”, en posición tónica o de sujeto, usada como tratamiento de respeto. De acuerdo con el Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE, aunque el referente de “usted” es siempre una segunda persona, pues designa al interlocutor a quien se habla, gramaticalmente es un pronombre de tercera (etimológicamente, proviene de la contracción del grupo nominal vuestra merced). Por ello, vemos que está acompañado por la frase verbal “está atravesando” en tercera persona.

3.2. ¿De quiénes hablamos cuando hablamos de nosotros?

Benveniste observa que, en la mayoría de los casos, el “nosotros” no equivale a una pluralidad de “yo”, sino que el pronombre de primera persona del plural adquiere distintos valores (Problemas 168). A continuación, se propone una revisión de los matices de su empleo que señalan distintas autoridades lingüísticas.

La primera diferenciación establecida por Benveniste en distintas lenguas es el aspecto inclusivo/exclusivo de la primera persona del plural (Problemas 168-171). Es importante tener en cuenta que esta propiedad se determina desde la posición del enunciador. Así tendríamos:

  • Nosotros inclusivo: (yo + tú-ustedes-vosotros): reunión de las personas entre las que existe una relación de subjetividad (yo / no-yo); se opone a la no-persona (él-ellos). Como ejemplo, podemos mencionar el mensaje del gobernador Carlos Verna a las aproximadamente cinco mil personas que participaron de la Correcaminata “Pampeanos por el río Atuel” que tuvo lugar en las calles de la ciudad de Santa Rosa el 27 de octubre de 2018: “Cada uno de nosotros es una gota de este río simbólico”[9]. Con esta expresión, se dirige a los ciudadanos, entre los que se incluye, quienes, con esta iniciativa, buscan visibilizar la ausencia del curso del río.  
  • Nosotros exclusivo (yo + él-ella-ellos-ellas): reunión de las formas subjetivas en la correlación persona y no-persona; se opone a la persona no-yo (tú-ustedes-vosotros). En la nota periodística “El Atuel, historia del río robado en Argentina” (9 de abril de 2018), publicada en RT Español, que se presenta como el primer canal de televisión ruso en idioma castellano con señal de alcance mundial, encontramos este uso en las palabras de Héctor Gómez, entrevistado en su carácter de Presidente de la Fundación Chadileuvú: “Los pampeanos vivimos este problema como un despojo y una injusticia, para nosotros Mendoza nos robó el Atuel con la complicidad de los distintos gobiernos nacionales”. En esta aserción, el yo no incluye al enunciatario de su discurso, sino que subraya su pertenencia e identificación con un grupo social determinado.
  • Nosotros mayestático o retórico (de majestad, y este del latín maiestas, maiestātis): “plural arcaizante empleado en lugar del singular para expresar la autoridad de reyes, papas, etc.” (RAE). Benveniste considera que el “nosotros de majestad” constituye un yo amplificado “dando una persona más considerable, más solemne y menos definida” (Problemas 170). Consiste en que una autoridad real o eclesiástica o un alto cargo se refiera a sí mismo (yo) a través de la primera persona del plural (Nos). Este uso puede diferenciarse con la mayúscula, como ocurre en la transcripción de los mensajes y discursos del Papa Juan XXIII. En este Mensaje Urbi et Orbi de la Navidad de 1961 se dirige a los fieles: “Como el Padre celestial, Nos que representamos sobre la tierra su universal paternidad […] Venid, venid a Jesús; venid todos cuantos estáis en el mundo, cuantos sufrís y tenéis penas; Él os llama con nuestra palabra, Él os alarga los brazos, como hacemos Nos en este momento…” (Discorsi).
  • Plural de modestia, también llamado nosotros de autor o de orador por Benveniste (Problemas 170-171): esfuma la afirmación rotunda de yo en una expresión más vasta y difusa, como ocurre en el discurso académico, por nombrar un caso. Veamos un ejemplo tomado de la exposición de Beatriz Dillon, en representación de la Universidad Nacional de La Pampa, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación a raíz del conflicto entre La Pampa y Mendoza por el Río Atuel (incluido en el corpus):

Señores miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, respetable audiencia, buenos días. En el marco de los numerosos antecedentes, investigaciones y estudios multidisciplinarios realizados por docentes e investigadores de la Universidad Nacional de La Pampa en relación con la problemática hídrica de nuestra provincia y atento al tiempo que se dispone, hemos decidido focalizar la presentación en los aspectos sociales, culturales y ambientales.

En esta cita, quien organiza el discurso y efectúa los recortes y aspectos a resaltar es un yo correferencial a la autora, pero dilatado en una primera persona del plural. También puede ocurrir que el yo asuma el nosotros como forma de respaldar su palabra en la comunidad científica que lo legitima, como podemos observar un poco más adelante en la misma alocución:

El cese del escurrimiento permanente ha ocasionado a los pobladores oesteños que resistieron, en el lugar, la pérdida de valores culturales ancestrales asociados con el uso del río, que los ha sumergido en una “amnesia hídrica”, categoría analítica que hemos definido para explicar cómo más de cuatro generaciones y las que vendrán ven comprometidos sus saberes cotidianos sobre los usos del río.

  • Nosotros partisano o beligerante: es exclusivo y, a la vez, confronta con el interlocutor. “[…] posibilita enfocar al enunciador y amplificar su posición con algún grupo de referencia, para marcar cierta oposición alusiva frente a un interlocutor excluido; suele ser característico del discurso político” (González de Requena Farré 212). Se observa en la siguiente nota periodística en la que hay una apelación directa al contradestinatario:

Curiosamente ahora les molesta que la prensa nacional e internacional se ocupe del tema del río robado y utilice expresiones tales como “desastre ambiental”, “éxodo de población” y “decisión unilateral de Mendoza”. Sería interesante conocer, hermanos cuyanos, qué sinónimos serían de su agrado.
Sorprende que sectores hasta ayer partidarios de la inflexible postura de “ni una gota de agua a La Pampa”, súbitamente hayan despertado a la verdad e insten en llegar a un acuerdo urgente entre ambas provincias reconociendo, de paso, un riego no eficiente en su provincia y el deterioro físico y sufrimiento humano que tuvo y tiene nuestro territorio por la sustracción del Atuel. (levemente modificado “Río Atuel: los mapas no mienten”)

  • Nosotros colectivo o con referencia genérica: en estos casos, nosotros refiere a un colectivo o grupo amplio que comprende tanto al enunciador como a la comunidad científica, a la sociedad o al género humano en su totalidad y apela a la experiencia. Encontramos este uso en las palabras con las que Pablo Montoya se dirige a la audiencia durante la entrega del premio José Donoso en 2016: “El mundo en que vivimos nos remite a la noción de infierno. José Donoso, que se apoya en Christopher Marlowe, nos lo recuerda en el inicio de El lugar sin límites. Habitamos unas coordenadas debajo del cielo y en ellas somos torturados con frecuencia”.
  • Nosotros representativo: hace referencia al enunciador y al grupo político propio o a la población en general, como ocurre, por ejemplo, en el Preámbulo de la Constitución Nacional: “Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina”. Este uso puede notarse también en el siguiente extracto del discurso que, en 2017, el entonces Gobernador de la Provincia de La Pampa, Carlos Verna, leyó durante la audiencia de conciliación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación por la demanda contra Mendoza por el Río Atuel:

Como quedó plasmado hasta aquí, y cumpliendo con mi responsabilidad política en lo que representa esta causa, tan cara para todos los pampeanos, hoy vengo no solo en representación de los ciudadanos de mi provincia, también estoy aquí como un ciudadano más. Yo soy uno más, entre todos los pampeanos, que ha transcurrido su vida sabiendo que los derechos de su provincia fueron violados. Venimos denunciando y luchando; luchando y trabajando; trabajando con la esperanza de recuperar lo que nos robaron. Confiando en un acto de justicia que nos devuelva nuestro río Atuel.

Merece atención este caso de primera persona del plural en la que el yo se desfocaliza en dos direcciones: por un lado, forma parte del conjunto de los ciudadanos, grupo en el que se autorreferencia como “uno más, entre todos los pampeanos” y, al mismo tiempo, se incluye como eslabón de una línea sucesoria de gobernantes que, desde la provincialización, han actuado en representación del Estado y llevado adelante el reclamo a través de una serie de acciones políticas y jurídicas.

  • Nosotros de condescendencia: refiere a una única segunda persona (tú-vos-ustedes). Se utiliza para atenuar el impacto de una orden y la diferencia jerárquica: “(…) es habitual el uso de la ‘primera persona del plural condescendiente’ en los géneros en los que se establece una diferencia jerárquica respecto de los roles de locutor-autor y destinatario-lector, como sucede en los textos pedagógicos, la divulgación científica o la recomendación médica” (Tosi 134). Ejemplos: “Para la próxima clase, resolvemos los ejercicios de la guía”, del profesor al grupo de estudiantes; o en la indicación médica “Este mes nos toca hacernos los análisis”.
  • Nosotros sociativo o de cortesía: “plural que se usa en la lengua convencional para dirigirse al oyente o a los oyentes implicando al hablante por razones de cortesía o afectividad” (RAE). Ejemplo: “¿Qué tal estamos hoy, eh?”, o un “No paramos de trabajar aunque sea sábado, ¿eh?” del jefe a un empleado.
  • Nosotros portavoz: representa a una no-persona en primera persona del plural al mismo tiempo que excluye al interlocutor, como sucede en las demandas judiciales:

“Jurisdicción y competencia: Es competente el Juzgado al que nos dirigimos, conforme a lo dispuesto en el artículo 52-1.7º de la LECiv”.

También puede observarse el uso de un nosotros corporativo, como ocurre en quien se erige en portavoz de una empresa: “¡Hola! Te llamamos de la empresa XXXX para ofrecerte un plan de inigualable…”

El análisis de la deixis también permite examinar la relación entre enunciador y coenunciador o enunciatario, la persona no-yo, que, en el sistema gramatical tradicional se corresponde con las formas de segunda persona (tú/vos/usted/ustedes). Estas marcas caracterizan el vínculo que se establece entre los interlocutores de acuerdo con los usos sociales: en el español de Argentina, el empleo del voseo implica cierta familiaridad o cercanía, mientras que o usted se reservan para situaciones con algún grado de formalidad o distancia. Debe hacerse la salvedad de que estos usos son convenciones que adquieren su significado en un contexto social determinado. También es frecuente encontrar fórmulas de tratamiento que denotan jerarquía institucional o social (“Damos la bienvenida a los señores padres”). Pueden encontrarse, además, algunos usos especiales:

  • En algunos casos, el “tú” no tiene como función señalar al oyente, sino personalizar enunciados impersonales:

Cuando uno toma una decisión así, tiene que atenerse a las consecuencias. (impersonal)

Cuando tomás una decisión así, tenés que atenerte a las consecuencias. (personal)

  • El pronombre uno puede implicar la desfocalización de la persona que enuncia: “Uno conoce mucha gente cuando anda en la calle; esta mañana me pasó en la cola del banco encontrarme con un muchacho con el que empezamos a charlar y terminamos siendo parientes”.
  • Segunda persona del singular desfocalizadora: al centrarse en la segunda persona del singular, el sujeto enunciador (yo) desaparece y se pierde la referencialidad del interlocutor, deshaciéndose así la identidad del sujeto del enunciado: “A veces te preguntás cómo llegaste a esta situación… yo sé que cometí muchos errores, pero ¿por eso tenés que agachar la cabeza?” Como podemos ver, en este ejemplo se sustituye la persona (yo) por la persona no-yo (tú).
  • Otro uso especial consiste en atribuir un enunciado a sujetos no parlantes o animales, por lo general mascotas, en primera persona; es decir, sustituir la segunda persona por la primera como si las palabras fueran proferidas por la entidad no parlante: “¡Qué contento me levanté hoy!”; “Me parece que tengo ganas de ir a pasear”.

3.3. Los apelativos

En el campo léxico, los apelativos constituyen otro mecanismo de deixis personal conocido también como deixis social (Calsamiglia Blancáfort y Tusón Valls 118). En un artículo señero de 1970, Delphine Perret considera que se definen tanto por su función como por su forma, es decir, la mención a una persona o a un grupo de personas. Señala que hay apelativos usuales, tales como los pronombres personales, los nombres propios, algunos sustantivos comunes, los títulos (“señor”, “mi general”), ciertos términos de relación (“camarada”), los términos de parentesco, los términos que designan a un ser humano (“niña”). Otros vocablos empleados metafóricamente también constituyen apelativos usuales (“mi patito”). De manera similar, algunos cumplen la misma función (“mi chiquito”). La autora los clasifica en:

  • Locutivos: designan a la persona que habla o locutor; son correferenciales a la primera persona (yo/nosotros), por ejemplo “Quien les habla, este humilde servidor, quiere manifestarles su más profundo agradecimiento”.
  • Alocutivos (vocativos): designan a quien se habla o alocutario; refieren a la segunda persona (tú/vos/ustedes). La expresión, por mencionar un ejemplo, “Compañeros y compañeras” denota una relación fraternal, de camaradería entre “iguales” y con marca inclusiva de género. Veamos ahora la reflexión sobre el apelativo “señoras y señores” que realiza Cristina Salazar Burneo desde la perspectiva del lenguaje inclusivo: “Señoras y señores: dirigirse así a las audiencias nunca puso en peligro el español, quizá porque esos vocativos señalaban un orden bien instituido: los señores y sus esposas”.
  • Delocutivos: designan a aquello de lo que se habla, la tercera persona (él/ellos) o “no-persona” en términos de Benveniste. Por ejemplo, para referirse al jugador de fútbol Lionel Messi, se lo nombra como “Lío”, “La Pulga”, “El crack argentino”, “Messías”, “D10s”, el acrónimo GOAT (en inglés greatest of all times) castellanizado como “la cabra” ya que ese es el significado como entrada léxica.

Para Perret, todo apelativo comporta un triple carácter:

  1. carácter deícticopermite la identificación de un referente, con la ayuda de todos los indicios que puede aportar la situación comunicativa.
  2. carácter predicativoel significado de la denominación elegida, incluso si es “pobre”, permite efectuar una cierta predicación que da cuenta de la relación entre locutor y alocutor.
  3. manifiesta las relaciones sociales: permite efectuar una segunda predicación, sobreentendida, que remite a la relación social del enunciador con la persona designada.

Todo apelativo implica una evaluación subjetiva por parte del enunciador, pero el vocativo, específicamente, menciona al alocutario y llama su atención a través de un término que lo designa y le indica que el discurso se dirige a él. El término elegido manifiesta también la relación social que el locutor mantiene con él y le asigna una caracterización y un papel que orientan su interpretación del discurso. La predicación, por lo general, comporta un juicio acerca del alocutario, que puede apreciarse con mayor claridad en las injurias vocativas. Además, el empleo de un vocativo expresa una relación social que puede ser acorde a un vínculo ya determinado o puede tener como único objeto instaurar la predicación de esta relación.

Consideremos, a modo de ejemplo, un extracto del discurso de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante el Acto de inauguración de la Galería de los Patriotas Latinoamericanos con motivo del Bicentenario en la Casa Rosada (Buenos Aires, Argentina, 2010):

Queridos compañeros mandatarios de los países de la América del Sur; señores gobernadores y gobernadoras de las provincias argentinas; legisladores y legisladoras; académicos; intelectuales; Madres; Abuelas; organizaciones de Derechos Humanos; trabajadores; empresarios: aquí estamos, 200 años después y creí que era una buena manera de conmemorarlos en este escenario, en la inauguración de la Galería de Patriotas Latinoamericanos, aquí en la Casa Rosada de Buenos Aires […]

La enumeración de vocativos implica distintos tipos de relaciones: desde el sintagma nominal con matiz afectivo y de camaradería que comporta el “queridos compañeros” para referirse a los demás presidentes de países sudamericanos allí presentes (a los que llama por su nombre de pila al finalizar su discurso evidenciando una relación cercana), al “señores”, en tanto título que se antepone al cargo como indica la convención, pero estableciendo la distinción de género (“gobernadores y gobernadoras”), al igual que al dirigirse, en forma neutra, a “legisladores y legisladoras”. Sin embargo, este desdoblamiento no se emplea en las siguientes menciones ya que se utiliza el masculino genérico al nombrar a los “académicos”, mientras que “intelectuales” no está marcado genéricamente. A continuación, menciona a “Madres; Abuelas; organizaciones de Derechos Humanos”; la mayúscula indica que se refiere a asociaciones civiles que se constituyeron para denunciar los crímenes de lesa humanidad y recuperar a los bebés e infantes apropiados por la última dictadura militar en Argentina (1976-1983). Finalmente, en el listado se coloca a los trabajadores, configurados históricamente como grupo alocucionario del partido peronista, y, en último lugar, a los empresarios identificados con “la patronal” y la prevalencia de intereses económicos. Como figura retórica de pensamiento, la enumeración consiste en una acumulación, en este caso descendente: de mayor a menor relevancia, conforme al uso protocolar en las primeras menciones y a una disposición selectiva en las últimas. En el ejemplo analizado, la enumeración conjuntiva construida en torno a la designación de los alocutarios, y con unidad de criterio morfológico (sintagmas nominales o sustantivos) permite establecer una gradación descendente a través del asíndeton (uso del punto y coma) para construir una predicación constitutiva de la relación social del locutor con los actores sociales a los que convoca en su discurso.

3.4. Localizaciones espaciales y temporales

Dado que la enunciación implica la copresencia de enunciador y enunciatario, para referirse a las coordenadas contextuales se emplean deícticos espaciales y temporales.

  • Deixis espacial

Organiza el espacio físico en el que tiene lugar la enunciación en relación con el yo o persona del discurso. Siguiendo con la metáfora teatral de la “escena” de la enunciación propuesta por Maingueneau, “se selecciona, del entorno físico, aquello que interesa destacar, y se sitúa en el fondo o fuera del ‘escenario’ aquello que no interesa o sólo de forma subsidiaria, es decir, se construye el ‘proscenio’ y los decorados del fondo del escenario” (Calsamiglia Blancáfort y Tusón Valls 119). También es llamada deixis por ostensión porque el empleo de un deíctico espacial suele ir acompañado por un gesto o expresión que señala o designa un lugar (Kerbrat-Orecchioni 59). Cumplen la función de deícticos espaciales los adverbios o construcciones adverbiales de lugar aquí o acá / ahí / allí o allá; los demostrativos este/a / ese/a / aquel/l;las expresiones cerca / lejos; arriba / abajo; delante / detrás; a la derecha / a la izquierda, etc.; ciertas construcciones prepositivas como delante de / detrás de, cerca de / lejos de; y algunos verbos de movimiento: ir / venir, acercarse / alejarse, subir / bajar (Kerbrat-Orecchioni 63-70). De acuerdo con Helena Calsamiglia Blancáfort y Amparo Tusón Valls, la deixis espacial tiene también una función muy importante en la delimitación del territorio (como lo entiende Erving Goffman) y el espacio público y privado, incluso a través de expresiones metafóricas como “pasarse de la raya”, “meterse donde no lo llaman”, “por ahí no vayas”, etc. (119).

En relación con los textos compilados en el corpus, podemos ejemplificar con expresiones tales como “bajo mis pies el cauce seco del río robado” o “las razones están frente a nuestros ojos: el cauce está totalmente seco”, que sitúan al enunciador en el lugar mismo de los hechos y se convierte en testigo de la irrefutable prueba de las consecuencias del corte del río.

  • Deixis temporal

Se establece por referencia al momento de la enunciación (tiempo 0), es decir al “ahora” (presente) sobre el que se establece la línea temporal del “antes” (pasado) y el “después” (futuro). De acuerdo con Catherine Kerbrat-Orecchioni (59-63), estas localizaciones se establecen a través de las desinencias verbales que indican tiempo, de adverbios y construcciones adverbiales, de locuciones prepositivas (antes / después /a partir de) y de adjetivos temporales (viejo / nuevo / moderno / antiguo / actual, etc.). La autora propone el siguiente cuadro para los adverbios y locuciones adverbiales (Kerbrat-Orecchioni 61-62):

Cuadro 2

Deícticos
Referencia: T0

Relativas al cotexto
Referencia: y expresado en el cotexto

Simultaneidad

en este momento;
ahora

en ese/ aquel momento;
entonces

Anterioridad

ayer; anteayer; el otro día
la semana pasada;
hace un rato;
recién, recientemente

la víspera;
la semana anterior;
un rato antes;
un poco antes

Posterioridad

mañana; pasado mañana
el año próximo;
dentro de dos días:
desde ahora; pronto (dentro de poco);
enseguida

al día siguiente; dos días después;
al año siguiente;
dos días más tarde;
desde entonces; un poco después;
a continuación

Neutros

hoy:
El lunes (= “el lunes más próximo, antes o después a T0”);
esta mañana, este verano

otro día

El significado de las localizaciones temporales debe reponerse de acuerdo con las coordenadas específicas que se les asignan en cada enunciado. Veamos, por ejemplo, la nota periodística de opinión “Río Atuel: los mapas no mienten”, estructurada sobre un eje deíctico temporal:

A esta altura resulta innegable la marcada preocupación que se ha instalado en la provincia de Mendoza con relación al río Atuel, puesta de manifiesto a través de distintos sectores con ópticas variadas, pero todas apuntando a lamentar la actitud pampeana por el comienzo del nuevo juicio y a dolerse por la falta de conversaciones técnicas y políticas. En realidad, es bien sabido que esas conversaciones las propuso La Pampa a lo largo de décadas y los “hermanos mendocinos” ignoraron o despreciaron olímpicamente. Curiosamente ahora les molesta que la prensa nacional e internacional se ocupe del tema del río robado y utilice expresiones tales como “desastre ambiental”, “éxodo de población” y “decisión unilateral de Mendoza”. Sería interesante conocer qué sinónimos serían del agrado de los cuyanos.

Sorprende que sectores hasta ayer partidarios de la inflexible postura de “ni una gota de agua a La Pampa”, súbitamente hayan despertado a la verdad e insten en llegar a un acuerdo urgente entre ambas provincias reconociendo, de paso, un riego no eficiente en su provincia y el deterioro físico y sufrimiento humano que tuvo y tiene nuestro territorio por la sustracción del Atuel. […]

Pero además de estas propuestas más o menos engañosas, algunos olvidadizos mencionan que este diferendo tiene una duración de medio siglo cuando dentro de poco se cumplirán cien años del primer despojo, y construyen una línea defensiva de falsedades muy parecidas a mentiras. […]

En esta nota puede advertirse que las locuciones “a esta altura”, “a lo largo de décadas”, “duración de medio siglo” deben interpretarse en relación de simultaneidad con el momento de publicación de la nota de opinión (23-01-2015), mientras que la oposición “antes/ahora” se establece a partir “las razones que llevaron a la Corte Suprema de Justicia a declarar la condición interprovincial del río”, hecho con el que también se relaciona el adverbio “súbitamente” que hace “despertar” a los contradestinatarios de la nota. Asimismo, el significado de la locución prepositiva “dentro de poco” y el sintagma “cien años del primer despojo” deben situarse con posterioridad al momento de enunciación, es decir en 2018. Reponer el significado de esta indicación temporal implica también que el lector deba poner en juego lo que Teun van Dijk (44-5) denomina marcos (o frames) de referencia, es decir competencias y saberes que extralingüísticos, en este caso, que la historia de la sustracción del río se remonta a 1918 cuando Mendoza comenzó a hacer terraplenes para taponar los brazos del Atuel que entraban a La Pampa.

Antes de examinar la deixis en los tiempos verbales, ofrecemos el cuadro que Calsamiglia Blancáfort y Tusón Valls (117) proponen para relevar la deixis enunciativa y las referencias exteriores al enunciado:

Cuadro 3

Deixis

Contexto- marco de la enunciación

«Mundo exterior»

de persona YO
(mío)
TU/USTED/VOS
(tuyo/suyo)
EL/ELLA/OS/AS
(suyo)
NOSOTROS/AS
(nuestro/a)
VOSOTROS/AS/USTED/ES
(vuestro/suyo)
de lugar AQUÍ/ACÁ/ AHÍ ALLÍ/ALLÁ
AQUELL/A/O
ESTE/A/O ESE/A/O
+ – CERCA LEJOS
de tiempo AHORA ENTONCES
(antes/después)

3.5. Las relaciones de los tiempos verbales en la enunciación

Los tiempos verbales tienen valor deíctico pero, al mismo tiempo, participan de otros mecanismos más complejos en lo que atañe a las relaciones que se establecen en su uso, tal como Benveniste lo señala en 1959 para la lengua francesa[10] al organizar las formas temporales en dos sistemas de correlación distintos y complementarios que se corresponden con dos planos de enunciación[11]:

  • Plano de la historia, que caracteriza el relato de sucesos pasados: “se trata de los hechos sobrevenidos en cierto momento del tiempo sin intervención alguna del locutor en el relato” (Benveniste “Las relaciones” 54); excluye toda forma lingüística autobiográfica. En la enunciación histórica se constatan formas de la tercera persona gramatical o “no-persona” y la correlación temporal se organiza sobre la base del Pretérito perfecto simple, en simultaneidad con el Pretérito imperfecto para acciones durativas en el pasado o para descripciones; para las retrospecciones, el Pretérito pluscuamperfecto y para las prospecciones, el Condicional simple. Para esclarecer el funcionamiento, transcribimos a continuación un fragmento de un texto de Edgar Morisoli (“Temas pampeanos: recursos hídricos”) acerca de la historia del proceso de sustracción hídrica sufrido en la provincia pampeana; destacamos las formas verbales que permiten la ejemplificación:

texto cap 4 1

 

  • Plano del discurso, entendido este último en sentido amplio: toda enunciación supone un locutor que tiene la intención de influir de alguna manera en un receptor. Comprende “todos los géneros en que una persona se dirige a otra, se enuncia como locutor y organiza lo que dice en la categoría de la persona” (Benveniste “Las relaciones” 56). Se privilegia el aparato formal de la enunciación: la persona (yo), y la segunda persona o persona no-yo (tú/vos/ustedes). La enunciación discursiva se estructura sobre el presente como tiempo base; para las retrospecciones, el Pretérito perfecto simple, el Imperfecto y el Pluscuamperfecto y, para las prospecciones, el Futuro simple (en español rioplatense, la forma perifrástica con valor de futuro: verbo ir conjugado en presente + preposición a + infinitivo: “voy a contar”). Veamos el funcionamiento en un ejemplo:

texto cap 4 2

Cabe señalar que, como Benveniste advierte, la distinción entre estos planos es a efectos metodológicos ya que, en la práctica, puede pasarse de uno a otro (por ejemplo, cuando el historiador comenta o evalúa los hechos relatados o incorpora la voz de un personaje) o pueden darse en forma conjunta cuando el discurso es transpuesto en el plano histórico (el discurso indirecto).

La correlación entre las personas y los tiempos verbales que se corresponden con cada plano pueden esquematizarse del siguiente modo:

Cuadro 4

Plano de la enunciación

Historia

Discurso

Sistema

Pronombre personal

“no-persona” o tercera persona gramatical

persona (“yo”) / persona no-yo (“tú”)

Tiempos verbales

Retrospección

Base

Prospección

Retrospección

Base

Prospección

Pretérito pluscuam­perfecto Pretérito perfecto simple/ Imperfecto Condicional simple Pretérito perfecto simple/ Imperfecto/ Pretérito pluscuam­perfecto Presente

Futuro simple / en español rioplatense, forma perifrástica con valor de futuro

Desde la perspectiva de Harald Weinrich, estos grupos de tiempos verbales pueden organizarse a partir de una línea divisoria o frontera estructural de la situación de comunicación entre el mundo narrado y el mundo comentado establecida a partir de tres ejes: la actitud de locución, la perspectiva de locución y la puesta en relieve.

A partir de esta distinción, clasifica los tiempos básicos de una lengua en dos grupos: el I o tiempos comentativos, que incluye el Presente, el Pretérito Perfecto y el Futuro, y el grupo II de los tiempos narrativos, en el que se encuentran el Pretérito Indefinido, el Imperfecto, el Pluscuamperfecto y el Condicional (los otros tiempos tienen menor frecuencia de uso). Teniendo en cuenta la actitud de locución, el comentario o la narración actualizan situaciones comunicativas en las que no se solo se informa acerca del tipo de situación o género, sino que también incide en la actitud de locución y la relación entre los interlocutores. En los tiempos comentativos, se interpela al interlocutor y se le exige una cierta vigilancia del texto, un grado de alerta mayor; tanto el locutor como el oyente se encuentran implicados. En los de la narración, se puede relajar la tensión y el grado de alerta disminuye. Según el grupo temporal que predomine, se infiere que los tiempos del mundo comentado caracterizan la lírica, el drama, el diálogo en general (incluido el monólogo como una forma particular[12]), el periodismo y las formas del discurso argumentativo: el ensayo, la exposición científica, la deliberación, el sermón, la conferencia, en general, las formas de discursos codificados y performativos. El mundo narrado prevalece en la novela, el relato histórico, la crónica, “y en todo tipo de narración oral o escrita, excepto en las partes dialogadas intercaladas” (Weinrich 65).

El segundo eje, la perspectiva de locución, establece el tiempo verbal que corresponde al tiempo base o cero de la acción para cada mundo respectivamente (el Presente para el mundo comentado y el Pretérito perfecto simple para el mundo narrado) y, desde allí, se determinan las acciones retrospectivas o prospectivas concernientes a ese punto de partida. En el mundo comentado, el Presente marca el grado cero; el Pretérito perfecto se emplea para la retrospección –en combinación con el Imperfecto– y el Futuro, para indicar la prospección. El tiempo cero del mundo narrado se manifiesta principalmente en el Pretérito Perfecto Simple, también puede darse en el Imperfecto o en la simultaneidad de ambos; las retrospecciones se expresan a través del Pretérito Pluscuamperfecto y el Pretérito anterior, mientras que las prospecciones se formulan en Condicional.

Por último, la puesta en relieve hace referencia a la función que cumplen ciertos tiempos verbales al destacar en primer plano algunas acciones y desplazar otras a un segundo plano de acuerdo con el papel que desempeñan en el texto. Por ejemplo, en el mundo narrado, el Pretérito perfecto simple corresponde al primer plano ya que comporta las acciones núcleo; se encuentra en articulación con el Imperfecto, situado en segundo plano, pues desarrolla acciones secundarias o durativas, descripciones, detenimiento del avance de las principales. En el mundo comentado, en general se sostiene el primer plano y la deixis o la información paralingüística revela el segundo plano.

En relación con el Presente, tiempo base del Discurso para Benveniste o Mundo comentado para Weinrich, merece señalarse que es polivalente (Maingueneau), ya que posee valor deíctico al indicar el momento de enunciación como un valor atemporal ligado a su estatuto de forma cero del sistema. A continuación, se reseñan los usos que puede expresar:

  1. Presente de la enunciación o Tiempo 0, a partir del cual se establecen las retrospecciones (“ayer”) y las prospecciones (“mañana)

Comienzo por reiterar mi admiración literaria por Cortázar y mi reconocimiento a su compromiso con la causa emancipadora de América latina”. (Alfonsín “Me hubiera gustado conocer a Cortázar”)

Pero usted conoce los hechos que ahora expongo ante el noble pueblo uruguayo. Constan en un memorándum elevado a su consideración que el doctor Bluth pidió que redactáramos y que se comprometió a entregarle. No alimento dudas de que así lo hizo: el 3 de junio a las 20.00 horas llamó a mi casa en México, D.F. y comunicó: “Hablé con el Presidente y le pido que crea cada una de las palabras que le voy a decir. El Presidente siente un rechazo visceral por las denuncias de costumbre, pero nunca lo vi tan sensibilizado por la situación específica. De manera muy sincera dijo: “Acá (el memorándum) no sobra ni falta una palabra. Voy a hacer todo lo posible para saber y averiguar esto. De este caso me ocupo yo. Me da la impresión de que va a hacer todo lo posible”. (Gelman “Carta abierta al doctor Julio María Sanguinetti”)

  1. Presente histórico: no coincide con el momento de la enunciación; puede reemplazarse por la correlación temporal de la narración: “En 1947, el telegrafista Ángel Garay envía una carta al entonces presidente de la Argentina Juan Domingo Perón para informarle el grave daño ambiental y humano que provoca la obstrucción del curso de las aguas en el oeste del territorio pampeano”.
  2. Presente universal, genérico o de definición: constituye una forma a-temporal que es propia de cierto tipo de enunciados como las máximas, las definiciones, los refranes. Ejemplo: “De acuerdo con la profesora de Geografía, Beatriz Dillon, amnesia hídrica es una categoría analítica que sirve para explicar cómo más de cuatro generaciones y las que vendrán están comprometidas en su saber cotidiano sobre los usos del río”.
  3. Presente habitual, cíclico o iterativo: expresa acciones o procesos reiterativos o que se producen de manera cíclica. Por ejemplo, “Duerme seis horas diarias”; “En el campo, uno se va a dormir cuando cae el sol”.
  4. Presente con valor de futuro o prospectivo: acciones o procesos que aún no se han realizado y se sitúan, por consiguiente, en un futuro objetivo. Generalmente, se utiliza para expresar acciones inminentes o inmediatas. Por ejemplo: “En breve, La Pampa presenta un nuevo recurso ante la Corte Suprema de la Nación por el tema hídrico”.
  5. Presente de mandato o exhortativo: se puede usar con valor de imperativo. Por ejemplo: “Se ponen de pie”.

3.6. Ethos y argumentación

La noción de ethos proviene de la Retórica de Aristóteles, quien la concibe como la construcción que hace el orador de una imagen de sí mismo para garantizar el efecto persuasivo del acto oratorio: proyecta una imagen discursiva a través de la entonación adoptada, los gestos, la demostración de honestidad, que otorgan mayor credibilidad su palabra (Maingueneau Términos 48). En el campo de las ciencias del lenguaje, específicamente desde la pragmática, en 1984 Ducrot recupera el término y determina que “analizar al locutor L en el discurso no consiste en ver lo que él dice de sí mismo, sino en la apariencia que le confieren las modalidades de su habla” (Amossy “La noción de ethos” 4). Posteriormente, Maingueneau reformula la categoría en el marco del análisis del discurso en un sentido más amplio:

La perspectiva que yo defiendo excede con mucho el campo de la argumentación. Más allá de la persuasión mediante los argumentos, la noción de ethos permite en efecto reflexionar sobre el proceso más general de la adhesión de los sujetos a determinado discurso. Fenómeno particularmente evidente cuando se trata de discursos tales como la publicidad, la filosofía, la política, etcétera, que –a diferencia de aquellos que dependen de géneros “funcionales” como los formularios administrativos o los manuales– deben ganar a un público con el que no se cuenta de antemano. (Maingueneau “El enunciador encarnado” 209)

Todo discurso supone un ethos, una representación del garante, del enunciador que se responsabiliza del discurso. Esta dimensión contribuye en forma decisiva en la eficacia y legitimación del logos, que no consiste en una mera articulación de procedimientos al servicio de un contenido o tema. Es un modo de enunciación que resulta de la interacción entre

ethos prediscursivo[13], ethos discursivo (ethos mostrado), pero también los fragmentos del texto en los que el enunciador evoca su propia enunciación (ethos dicho): directamente (“es un amigo quien le habla”), o indirectamente, por ejemplo mediante el uso de metáforas o de alusiones a otras escenas de habla: escenas que se repiten (el aula en la escuela primaria, las confidencias entre amigos), o únicas (el Sermón del Monte de Jesús, “Yo tengo un sueño”, de M. Luther King, etcétera). La distinción entre el ethos dicho y el mostrado se inscribe en los extremos de una línea continua, ya que es imposible definir una frontera clara entre lo “dicho” sugerido y lo puramente “mostrado” por la enunciación. (cursivas en el original; Maingueneau “El enunciador encarnado” 212)

Tanto en los discursos orales como escritos, el tono del enunciador (nótese el reemplazo intencional de la palabra ‘voz’) se sustenta en un carácter (conjunto de rasgos psicológicos, tales como jovialidad, severidad, simpatía, etc.) y una corporalidad (un conjunto de rasgos físicos o de vestimenta).

En el discurso que en 2017 Carlos Verna, entonces Gobernador de la Provincia de La Pampa, leyó durante la audiencia de conciliación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación por la demanda contra Mendoza por el Río Atuel se observa que en el ethos dicho conjuga el prediscursivo, jefe del poder ejecutivo elegido por el voto popular para representar a los ciudadanos de su provincia (“en lo personal, vengo a cumplir con esta enorme responsabilidad que mis comprovincianos me han delegado al elegirme gobernador”), con la intención de mostrarse como hombre del pueblo pampeano: “cumpliendo con mi responsabilidad política en lo que representa esta causa, tan cara para todos los pampeanos, hoy vengo no solo en representación de los ciudadanos de mi provincia, también estoy aquí como un ciudadano más. Yo soy uno más, entre todos los pampeanos, que ha transcurrido su vida sabiendo que los derechos de su provincia fueron violados”. En tal sentido, el tono del enunciador está marcado en forma colectiva por el carácter sufriente (“Nuestra tierra ha sufrido mucho. Todo el oeste de nuestra provincia fue testigo presencial del avance impiadoso del desierto), asentado en el hostigamiento y la violencia (“Han tratado de desalentarnos. Nos fueron empujando al éxodo”) y la doble injusticia cometida primero por la provincia de Mendoza y luego por la complicidad del Estado nacional (“Nuestro oeste, al que yo llamo el oeste profundo de La Pampa, ha sido condenado a la marginalidad de un vasto desierto, por la provincia de Mendoza, con la anuencia del Estado Nacional”). Como hombre de pueblo se proyecta como una víctima (“esta realidad, marcada por la angustia de haber vivido la pérdida de un río” a la que se refuerza con la repetición en varias ocasiones de la palabra “robo” para enfatizar la acción delictiva) y, amparándose en la política de Derechos Humanos, exige una reparación del daño ambiental, social y humano: “Por esto hemos venido todos los pampeanos hasta aquí. Para defender nuestros derechos y el derecho humano de acceso al agua potable que le ha sido negado a nuestros pobladores del oeste”, “Teniendo como meta la preservación y recomposición del ambiente que nos pertenece a todos como habitantes de la República Argentina, y que desnuda la degradación que sufre La Pampa, por el uso indiscriminado que ha hecho Mendoza del río Atuel, transformando nuestros humedales en desiertos”. La imagen de sí mismo que muestra el enunciador es institucional, colectiva y genérica al mismo tiempo más que personal. Investido en la voz de una “provincia nueva… [“construida con retazos que otras provincias no quisieron”], un pueblo largamente ignorado y marginado, se constituye como su defensor, de pie, ante un tribunal (corporalidad) en el marco de un género de discurso jurídico. La escena de habla ritualizada configura una audiencia de conciliación ante la Corte Suprema —cuya tentativa es fallida de antemano—, en la que el enunciador se erige en paladín de la justa causa del reclamo frente al despojo.

4. La expresión de la subjetividad

En los apartados anteriores hemos analizado cómo el discurso argumentativo implica la puesta en juego de diferentes operaciones y estrategias para cumplir con su finalidad, esto es, sostener un punto de vista acerca de un tema pasible de ser problematizado, interrogado o abordado desde distintas perspectivas. De allí que las cuestiones sobre las que se puede argumentar son aquellas que implican un razonamiento doble: ideas factibles de ser abordadas desde dos o más puntos de vista o que se desdoblan en afirmación y negación. Esto pone de manifiesto el carácter dialógico[14] de la argumentación, es decir, la construcción de un sujeto enunciador y de un destinatario posible y, asimismo, la relación con otros discursos.

Dicho carácter aparece señalado en los Materiales Curriculares destinados al Ciclo Orientado referidos a la argumentación: así, en el eje de Comprensión y producción oral se expresa: “Tomar en cuenta lo que dicen los demás para confrontar con las opiniones propias y, a su turno, refutar o aceptar opiniones empleando argumentos pertinentes” (18); en el eje de Lectura y producción escrita, se propone: “Realizar lecturas críticas de distintos textos en diálogo contrastando y complementando puntos de vista”, “Presentar el tema y fijar una posición personal; idear argumentos consistentes y adecuados que sostengan la posición tomada para convencer a los lectores”, “Utilizar recursos para expresar la propia opinión” (15-16). Se define así la presencia de diversas voces en la argumentación como un rasgo propio de este tipo de discurso.

En este marco, la voz del sujeto enunciador organiza y relaciona las ideas, selecciona el léxico y las formas sintácticas, es decir, pone en juego una serie de procedimientos retóricos que le permitan expresar y sostener su perspectiva. Esto implica necesariamente una inscripción —más o menos explícita— del sujeto en el discurso; como señala Marta Urtasun en las “Palabras liminares”, la escritura argumentativa “se trata de una escritura en primera persona de un sujeto que está presente en ‘sí mismo y en lo que escribe’”. La presencia del sujeto deja “huellas” en el discurso; se puede hablar así de la subjetividad, entendida como la expresión de un conjunto de creencias, valores y juicios que el enunciador porta como miembro de una comunidad y que se deja entrever en las elecciones retóricas y lingüísticas que efectúa.

Los aportes que la lingüística de la enunciación viene desarrollando coinciden en que este carácter subjetivo es intrínseco al uso del lenguaje; dicho de otra manera, no hay palabras o expresiones totalmente “neutras”, ya que están cargadas de connotaciones sociales y culturales, muchas de las cuales están cristalizadas. Si pensamos la argumentación como un tipo específico de discurso en el que los puntos de vista del enunciador articulan y definen las elecciones retóricas y lingüísticas, la expresión de la subjetividad adquiere una especial relevancia.

Uno de los aportes más significativos para el estudio de la subjetividad en el discurso es el ya clásico libro de Kerbrat-Orecchioni de 1980, en el que aborda de manera exhaustiva lo que denomina “las huellas lingüísticas de la presencia del locutor en el seno de su enunciado, los lugares de inscripción y las modalidades de existencia” de la expresión de la subjetividad (42). Esta perspectiva habilita un acercamiento crítico a los textos, de manera de reconocer dichas “huellas” o “marcas” de la presencia del enunciador en el discurso a partir de su materialidad lingüística. Se propone, en esta línea, examinar los mecanismos léxicos, sintácticos y semánticos que manifiestan la presencia del enunciador en el discurso. Se trata, en definitiva, de indagar en las formas en que emerge en el espacio textual la “voz del autor” (Cassany 44), o la “voz propia” (Castelló et al.; Urtasun y Domínguez).

Para el abordaje propuesto, nos centraremos en dos mecanismos que funcionan como “indicios lingüísticos que muestran la actitud del autor con respecto a lo que dice” (Cassany 44).

4.1. Las modalidades

Dan cuenta de las diversas actitudes del sujeto respecto de sus enunciados, de la situación enunciativa y del interlocutor. Uno de los recursos de los que dispone el sujeto enunciador para expresar su subjetividad son los denominados modalizadores, que pueden ser de diversas clases (léxicos, sintácticos, morfológicos, prosódicos, etc.). Siguiendo la tradición lingüística francesa, distinguimos los siguientes tipos de modalidades:

4.1.1. Modalidad de enunciación: señala el tipo de relación entre los interlocutores. Básicamente, pueden reconocerse tres modalidades de enunciación:
 
Asertiva: el enunciador le otorga a su enunciado un carácter de verdad. Ejemplo: “La lucha contra la desertificación es una lucha contra las injusticias sociales” (Dillon “Texto sobre el río Atuel” 19).
Interrogativa: se presenta como un modo de interpelar al interlocutor. Ejemplo: “¿de qué forma los Estados y sus gobiernos legitiman que haya agua para ciertas personas y actividades y escasee para otras, a punto tal de alterar su supervivencia?” (Dillon “Texto sobre el río Atuel” 19).
Imperativa: el enunciador expresa su deseo de que se realice una determinada acción. Ejemplo: “¡Defendamos el Atuel!”

4.1.2. Modalidades de enunciado: refieren a las maneras de construir los enunciados según la manifestación de subjetividad de quien lo emite, es decir, indican una particular actitud del enunciador acerca de lo que está diciendo. Permiten que el significado de la frase vaya más allá de lo que expresan las palabras y se le agreguen diferentes matices, a través de los cuales se manifieste la posición o la actitud del locutor respecto a sus enunciados. Entre ellos podemos encontrar:

  • De expresividad: manifiestan la opinión del emisor sobre lo enunciado. Se formulan a partir de ciertos elementos léxicos, como adjetivos o adverbios, y también mediante la entonación.

Ejemplos:

“El segundo período, paradójicamente, desde el Censo Nacional de 1947, año del corte definitivo del río Atuel, hasta 1970, arroja cifras contundentes del descenso poblacional” (Dillon “Texto sobre el río Atuel” 19) → el adverbio expresa el juicio u opinión del enunciador acerca de lo afirmado (el hecho resulta paradójico para el sujeto).

“Lo que resulta contundente es que la falta de un escurrimiento permanente, en régimen y de calidad, y las sueltas intempestivas sin aviso provocan daños […]” (Dillon “Texto sobre el río Atuel” 19) → el adjetivo marca la opinión del enunciador respecto de lo expresado.

Como se ve en los ejemplos, la inclusión de adverbios o adjetivos modaliza la frase desde la perspectiva del enunciador y, de esta manera, deja entrever su opinión. Es posible reconocer esta función de los modalizadores; se trata de un juicio apreciativo que afecta a todo el enunciado. Por el contrario, si se lo quita, el enunciado permanece más “neutro”. Veamos este ejemplo:

“Mendoza tuvo una postura reticente a su cumplimiento [de la sentencia]” (Folleto en defensa del Atuel) → enunciado sin modalizar.

Lamentablemente, Mendoza tuvo una postura reticente a su cumplimiento” → al agregarle este modalizador, el enunciador expresa qué opinión le merece el hecho.

Entre los modalizadores de expresividad podemos encontrar adverbios y frases adverbiales (felizmente, lamentablemente, por suerte, por fin, afortunadamente, desgraciadamente, etc.), adjetivos ([es/resulta] injusto/inaceptable/doloroso/imperdonable/ importante /que…).

  • De seguridad / inseguridad: revelan el grado de certeza del emisor respecto de lo expresado. Ejemplos:

“Ese protagonismo ciudadano, en vigilia constante por los derechos de La Pampa sobre sus corrientes fluviales, constituye sin dudas la mejor garantía de que las reivindicaciones no se abandonen y puedan llegar, por fin, a soluciones concretas” (Morisoli Temas pampeanos. Recursos hídricos). → el modalizador “sin dudas” refuerza la aserción.

“Vengo de una provincia nueva, que por mucho tiempo fue territorio nacional; quizás por demasiado tiempo” (Verna “La Pampa denunció ante la Corte el robo del Atuel”). → en este caso, el modalizador “quizás” atenúa la certeza.

Otros modalizadores de seguridad: no cabe duda, en efecto, evidentemente, de hecho, obviamente, seguramente, ciertamente, verdaderamente, realmente, es cierto que, es seguro que.

De inseguridad: posiblemente, quizás, tal vez, puede ser que, probablemente, es posible/probable que, no es seguro que.

  • De necesidad u obligación: resaltan el carácter de apelación o de orden que tiene el enunciado desde la perspectiva del enunciador. Ejemplo:

“Por eso se torna fundamental e ineludible la creación de un Comité de Cuenca” (Verna “La Pampa denunció ante la Corte el robo del Atuel”). → marca el carácter de obligación o necesidad para el enunciador.

Algunos modalizadores de necesidad u obligación: [es/resulta] necesario/preciso/aconsejable, haber+ que, deber+ infinitivo, etc.

4.1.3. Modalidades de mensaje: hacen referencia a la posibilidad de que algunas estructuras sintácticas expresen ciertas formas de valoración. En este grupo podemos encontrar:

Tematización: según las teorías lingüísticas, la colocación de un elemento al inicio de la frase (en posición “tema”) le otorga un lugar destacado y resalta la relevancia que posee para el enunciador. Este procedimiento sintáctico consiste en trastocar el modelo que ofrece la sintaxis regular, es decir, mantener como modelo de referencia la disposición Sujeto/Predicado y, dentro del predicado, la distribución Verbo/Objeto directo/Objeto indirecto/Circunstanciales. El orden de los términos dentro de la oración crea también una secuencia de información. Por su parte, el uso de la sintaxis figurada, es decir, aquella que altera el orden lógico, puede provocar diversos efectos de lectura y además permite distribuir los datos de manera particular, lo que genera colocar el énfasis en alguno de ellos. Ejemplo: “Bien ha sido llamada la del Atuel la causa pampeana por antonomasia en el campo de las reivindicaciones hídricas” (Morisoli Temas pampeanos. Recursos hídricos) → la colocación del modalizador “bien” al inicio del enunciado pone de relieve la valoración del emisor.

Pasivación: implica invertir el orden tradicional “sujeto/objeto” de manera de destacar al objeto y colocar en posición final al agente.

Ejemplo: “Nuestro oeste, al que yo llamo el oeste profundo de La Pampa, ha sido condenado a la marginalidad de un vasto desierto por la provincia de Mendoza, con la anuencia del Estado Nacional.” (Verna “La Pampa denunció ante la Corte el robo del Atuel”) → pone en foco al objeto (“nuestro oeste”) y desplaza a un segundo plano al sujeto de la acción (“La provincia de Mendoza”).

Nominalización: consiste en transformar las acciones verbales o los procesos en formas nominales o sustantivadas. Suele asociarse a la condensación de uno o más conceptos en un término, de modo de que se “borren” los sujetos participantes. Ejemplo: “Acumulación para unos vs. desposesión para otros” (Dillon “Texto sobre el río Atuel” 19). → la cristalización bajo las formas nominales “acumulación” y “desposesión”, en este caso antitéticas, plantea una dicotomía y le otorga una fuerza particular al enunciado.

4.2. El léxico valorativo: los subjetivemas

Tal como hemos visto, desde el momento en que el lenguaje es una construcción social y cultural, toda expresión lingüística implica algún grado de subjetividad. Sin embargo, al momento de seleccionar las palabras o expresiones, el enunciador puede optar entre dos formulaciones, según se centre más en el objeto (objetividad) o en el sujeto (subjetividad). Si se piensa a la objetividad y a la subjetividad como dos polos (Kerbrat-Orechionni), las elecciones del enunciador pueden acercarse más a alguno de ellos y así determinar su carácter. Veamos el siguiente ejemplo:

La Pampa inició un proceso jurídico.

La Pampa inició un proceso complejo.

La Pampa inició un proceso importante.

Si analizamos las elecciones léxicas, podríamos indicar que el adjetivo “jurídico” es más objetivo, mientras que “complejo” o “importante” marcan la valoración del sujeto enunciador. Este dispone de una serie de elementos lingüísticos que le permiten modalizar sus enunciados, ya sea para expresarse de forma más “objetiva” o bien para manifestar sus evaluaciones u opiniones.

Entre estos elementos, se destacan aquellos que expresan una mayor carga subjetiva, denominados subjetivemas. Son las unidades léxicas (sustantivos, adjetivos, adverbios, verbos) que, en un enunciado particular, manifiestan una evaluación o valoración por parte del sujeto. De allí que las elecciones léxicas que efectúa el sujeto funcionarán como “marcas” de su inscripción y/o posicionamiento particular en el discurso.

Si bien existen diferentes clasificaciones posibles de los subjetivemas, para este trabajo proponemos la siguiente, según la propuesta de Daniel Cassany:

Cuadro 5

Categoría
gramatical

Rasgos

Características

Ejemplos

SUSTANTIVOS

Sufijos o prefijos valorativos (-ón /ona, -ucho/a, -aje, -azo/a, super-, mega- etc.) Se agregan al sustantivo y lo modalizan

cuarentón

casucha

libertinaje

golpazo

supermodelo

megaminería

Subjetivos / Connotaciones semánticas Sustantivos que encierran una carga valorativa

catástrofe

piratería

éxodo

despojo

usurpación

sustracción

robo

ADJETIVOS

Objetivos Describen rasgos empíricos

jurídico

interprovincial

aledaño

cuyano

Subjetivos

Implican juicios de valor

excelente

contundente

grave

razonable

injusto

Valorativos

Dependen de la perspectiva del sujeto

escaso

pobre

complejas

infructuosas

lento

complejo

robado

VERBOS

Subjetivos

Implican juicios de valor

azuzar

perpetrar

naufragar

infligir

De sentimiento /con valor expresivo

Indican la apreciación del sujeto

apreciar

estimar

gustar

lamentar

detestar

De decir

Agregan al “decir” un rasgo subjetivo

celebrar

criticar

insinuar

amenazar

admitir

impugnar

rechazar

ADVERBIOS Y LOCUCIONES ADVERBIALES

Subjetivos

Modalizan el enunciado[15]

seguramente

lamentablemente

sugestivamente

sin dudas

por desgracia

Valorativos

Dependen de la valoración del sujeto

lentamente

irregularmente

con rapidez

con frecuencia

A modo de ejemplo, veamos ahora cómo podemos reconocer estos mecanismos en fragmentos de textos argumentativos:

texto cap 4 4

texto cap 4 5

El reconocimiento de las “huellas” o “marcas” del enunciador en el discurso posibilita la puesta en relieve de la subjetividad como un componente esencial e inherente a la praxis argumentativa. Desde el momento en que el enunciador “toma la voz”, se erige como sujeto de ese acto y, por ende, como referencia ineludible para las elecciones retóricas que articularán su enunciado. De allí la relevancia de indagar en esos mecanismos, para develar la aparente “neutralidad” que en ocasiones opera sobre estos textos y así recuperar el carácter de intervención que toda argumentación conlleva.

5. “Todas las voces, todas”: la polifonía textual

Para finalizar este recorrido acerca de las particularidades que adquiere la discursividad de los textos argumentativos, nos detendremos en el reconocimiento de los mecanismos que permiten incluir diferentes “voces” en el texto, es decir, la polifonía textual. De acuerdo con Narvaja de Arnoux (Polifonía), este término alude a las variadas formas que adopta la interacción de voces dentro de una secuencia discursiva o de un enunciado y que aparece con mayor o menor grado de explicitación en el tejido textual. Como hemos visto, el carácter dialógico posee una particular relevancia en el discurso argumentativo, ya que su punto de partida es un tema o situación que admite ser abordado desde, al menos, dos perspectivas diversas y, en ocasiones, contrapuestas. De este modo, el sujeto enunciador construye su discurso no solo a partir de sus propios enunciados, sino que también recurre a la incorporación de otras voces, que pueden funcionar como refuerzo de sus posicionamientos o juicios, o bien introducir razonamientos o argumentos contrarios para discutirlos, cuestionarlos o rebatirlos. Como señalan Narvaja de Arnoux et al. (Lectura), esta dimensión polémica siempre está presente en el discurso argumentativo, de manera implícita o explícita.

Las voces que se incorporan no siempre son incluidas con nitidez, debido a que se encuentran subordinadas a la intencionalidad argumentativa del sujeto enunciador. Por eso, la palabra del otro en este tipo de textos puede adoptar formas indirectas y fragmentarias e, inclusive, escabullirse en estrategias de generalización y de reformulación libre. De esta manera, el discurso argumentativo presenta como rasgo polifónico lo que Narvaja de Arnoux et al. (Lectura) denominan “contaminación de voces”, es decir, la presencia de múltiples fuentes de enunciación cuya autoría no siempre es asignada con exactitud.

A continuación, revisaremos algunos de los procedimientos polifónicos más frecuentes:

5.1. Discurso referido

Para su caracterización, seguiremos las conceptualizaciones propuestas por Maingueneau (Introducción), quien lo define como la integración de un discurso o un fragmento de él, en un primer discurso. Si bien nos centraremos en la clasificación tradicional de formas de inclusión, compuesta por discurso directo, indirecto e indirecto libre, en la argumentación también se suelen emplear otros mecanismos para la incorporación de voces como la generalización, el empleo de comillas para marcar el distanciamiento del enunciado referido y diversas formas de alusión a discursos proferidos.

  • Discurso directo: se trata de la reproducción textual de un discurso dentro de otro, en el que cada uno conserva sus propias marcas de enunciación. En los textos escritos, el discurso citado se incorpora mediante el empleo de verbos declarativos o del decir (formas verbales que designan acciones comunicativas), y las comillas, que dan cuenta del distanciamiento respecto de las palabras ajenas.

El discurso directo tiene como propósito generar una ilusión de fidelidad respecto de la locución original, reforzar la veracidad del discurso citado, al constituirse como un fragmento verbal auténtico (Narvaja de Arnoux Polifonía 40). Como señala Maingueneau (Introducción), otorga la autentificación de los enunciados porque restablece la situación de comunicación y brinda la “ilusoria seguridad que provoca la verificación de la exactitud de las citas (como si el recortar el fragmento y ponerlo en un contexto le dejara su integridad profunda […])” (140). Veamos su funcionamiento en uno de los textos que constituyen el corpus: “‘Durante 25 años no ingresó una gota de agua al cauce’, recordó Gómez. Lo que había sido una zona fértil y productiva en medio del desierto dejó de existir. ‘La ganadería ovina que era muy importante y la base productiva de la región desapareció y la población emigró abandonando el territorio’, añadió el presidente de la Fundación Chadileuvú” (Mayor “El Atuel, la historia del río robado en Argentina”). En el fragmento, la inclusión de las palabras ajenas transcriptas de manera textual otorga mayor veracidad a lo enunciado y permite reforzar la argumentación. Las marcas gráficas que revelan la presencia del discurso directo son las comillas y los verbos “recordó” y “añadió”, conjugados en Pretérito perfecto simple del modo indicativo y ubicados al final de las citas, para reforzar la inserción de las expresiones. Es conveniente observar, además, respecto de los verbos empleados, que no solo introducen el discurso referido sino que también aportan información relativa a la actitud del hablante acerca de lo enunciado. En el caso de “recordó”, el verbo remite a un enunciador que se erige como un testigo directo de los hechos, relatados desde una perspectiva experiencial. Por otro lado, el verbo “añadió” permite situar el discurso referido dentro de una “cronología discursiva”, en palabras de Ana Atorresi (283); es decir, ubica el enunciado en el marco de una secuencia de emisiones.

  • Discurso indirecto: como destaca Maingueneau (Introducción), a diferencia del discurso directo, no consiste en la reproducción sino en la interpretación del discurso citado mediante un equivalente semántico, por lo que solo se puede identificar una fuente de enunciación. En este caso, el enunciado referido posee las marcas del discurso que lo cita. Veamos el siguiente ejemplo en el que las palabras ajenas se integran en la enunciación mediante el empleo de este procedimiento: “El entrevistado añadió que Mendoza asegura carecer de agua suficiente ya que entregarla significaría arruinar zonas actualmente en producción” (Mayor “El Atuel, la historia del río robado en Argentina”). En este fragmento, el discurso referido se incluye mediante una transformación gramatical del enunciado ajeno. De esta manera, el verbo “añadió”, que sitúa el enunciado dentro del discurso, se encuentra acompañado por el nexo que incluye el discurso citado. Las palabras ajenas son interpretadas e incluidas como un equivalente de significado. Al mismo tiempo, el discurso indirecto enmarca a otro (“Mendoza asegura…”), en el que se atribuye a la provincia el carácter de fuente de enunciación. Esta segunda referencia acentúa el carácter interpretativo de este procedimiento polifónico, en tanto muestra las sucesivas apropiaciones de los enunciados ajenos.
  • Discurso indirecto libre: consiste en la combinación de los tipos de discurso referido señalados anteriormente. Se caracteriza por la inclusión de un discurso indirecto, sin la presencia de verbos introductores y nexos. Se trata de reproducir no solo el sentido de lo enunciado sino también la forma en la que el enunciador lo expresó. Maingueneau (Introducción) lo define como una forma artificial, reservada a la ficción novelesca, donde la voz narradora se confunde con las impresiones de los personajes. En el siguiente ejemplo, extraído del comienzo de la novela La señora Dalloway de Virginia Woolf[16], observamos la presencia del discurso indirecto libre:

La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores.

Sí, ya que Lucy tendría trabajo más que suficiente. Había que desmontar las puertas; acudirían los operarios de Rumpelmayer. Y entonces Clarissa Dalloway pensó: qué mañana diáfana, cual regalada a unos niños en la playa.

¡Qué fiesta! ¡Qué aventura! Siempre tuvo esta impresión cuando, con un leve gemido de las bisagras, que ahora le pareció oír, abría de par en par el balcón, en Bourton, y salía al aire libre ¡Qué fresco, qué calmo, más silencioso que este, desde luego, era el aire a primera hora de la mañana…! (17)

En el fragmento citado, el relato de los acontecimientos se funde con la conciencia de los personajes, cuyas reflexiones se incorporan sin asignación de autoría ni marcas gráficas. De esta manera, se observa la alternancia entre el discurso indirecto incluido en el relato de la voz narradora y el empleo del discurso indirecto libre, que se corresponde con el desplazamiento a la conciencia de uno de los personajes.

Como hemos señalado, la inclusión del discurso referido cobra una especial relevancia en la argumentación, debido a que la selección de las citas se encuentra subordinada a la intencionalidad del sujeto enunciador, quien puede manipularlas a su conveniencia. Por eso, como afirma Maingueneau (Introducción), dadas las transformaciones a las que son sometidos los discursos en la conversión a enunciados referidos, no es suficiente identificar de dónde ha sido extraída la cita sino, además, analizar su sentido en la nueva estructura a la que se ha integrado. En cuanto a la funcionalidad del discurso referido dentro de la argumentación, distingue como forma de inserción polifónica a la “cita prueba”, que consiste en la inclusión de una cita en el curso de una argumentación, con propósitos diversos (refutar, defender o sostener un argumento). Esta puede ser utilizada en razón de su contenido o simplemente a causa de su autor. En tal caso, adopta la denominación de “cita-autoridad”, cuya presencia responde únicamente a la autoría del discurso. En el ejemplo señalado previamente acerca del discurso directo del Presidente de la Fundación Chadileuvú se observa la presencia de la cita-autoridad. La incorporación de quien se considera una voz autorizada por el cargo que ejerce dentro de una ONG que históricamente ha promovido la defensa de los recursos hídricos de la provincia, le otorga legitimidad al enunciado.

5.2. Intertextualidad

Si bien los antecedentes en relación con este concepto se sitúan en los estudios que Mijaíl Bajtin publicó a inicios del siglo XX, el término fue acuñado a fines de la década de los sesenta por Julia Kristeva en un apartado de su obra titulada Semiótica I, para aludir al “mosaico de citas” a partir del que se construye todo texto y que permite ser leído como doble.

En la década de los ochenta, el crítico estructuralista Gerard Genette reformula el concepto en su obra Palimpsestos. La literatura en segundo grado, y emplea el término transtextualidad para significar la relación que establece un vínculo entre una producción y otras anteriores. Bajo este concepto, distingue cinco tipos de relaciones: intertextualidad (relación de copresencia o correspondencia entre dos o más textos), paratextualidad (relación de un texto con los elementos paratextuales, es decir, aquellos componentes que lo rodean, tanto verbales como icónicos), metatextualidad (relación de comentario entre textos), architextualidad (relación entre el texto y el conjunto de categorías genéricas a las que pertenece) e hipertextualidad (relación que une a un texto con otro anterior del cual deriva). La asignación de intertextualidad depende de las competencias del lector, quien podrá establecer las conexiones entre los textos en virtud de sus lecturas previas, sus saberes y su subjetividad. Como señala Narvaja de Arnoux (Polifonía 39), en los casos en los que la alusión remite a universos culturales más restringidos, la percepción de intertextualidad puede plantear dificultades e incluso, no llegar a establecerse.

En el siguiente fragmento extraído del corpus, podemos observar el empleo de este procedimiento polifónico: “Pero si sentamos a esa mesa a los directamente interesados –productores, trabajadores, industriales, comerciantes y otros– seguramente se hallaría el camino correcto. Si siguen peleando, como dijo Martín Fierro, se los van a comer los de afuera” (“Río Atuel, un problema que puede resolverse con sentido común”). Como vemos, el sujeto enunciador realiza una vinculación explícita entre su discurso y las palabras del protagonista de la obra literaria El gaucho Martín Fierro. De acuerdo con los tipos de relaciones transtextuales definidas por Genette, se trata de la intertextualidad, debido a que se establece una correspondencia entre el discurso propio y el texto literario. De esta manera, mediante el empleo de una tercera persona gramatical (que contrasta con la primera plural utilizada al inicio), se incorpora en forma de comentario, uno de los consejos dados por Martín Fierro a sus hijos en el Canto XXXII de La vuelta de Martín Fierro[17]. La intencionalidad del sujeto enunciador al establecer esta comparación es advertir que si la contienda por el río Atuel no es resuelta entre quienes se encuentran directamente interesados y afectados por la situación, serán perjudicados por terceros. La referencia a los versos de una obra clásica de la literatura argentina que forma parte de un universo cultural compartido posibilita, a los lectores, establecer las conexiones entre los textos y advertir la comparación propuesta.

5.3. Ruptura de la isotopía estilística

La isotopía estilística, es decir, la pertenencia de un discurso a una lengua, a una variedad lingüística, registro, estilo o género, en ocasiones, puede ser quebrantada por la incorporación de enunciados que remiten a otras variedades (Narvaja de Arnoux Polifonía 38). Su presencia en un discurso da lugar a diversos efectos de sentido y pone de manifiesto el posicionamiento del enunciador ante las variedades en juego. Observemos su funcionamiento en el siguiente ejemplo extraído del corpus: “Reaccionen mendocinos y pampeanos, pónganse las pilas y encaren el tema con la misma decisión y fuerza que hoy muchos sanrafaelinos trabajan por el paso Las Leñas a Chile” (“Río Atuel, un problema que puede resolverse con sentido común”). Como se puede apreciar, el enunciado de valor exhortativo se ve quebrantado por expresiones de carácter coloquial (“pónganse las pilas” y “encaren”) que difieren del registro empleado. La presencia de la coloquialidad genera un efecto de cercanía con el lector.

5.4. Ironía

Según lo expresado en Elementos de Retórica Literaria de Heinrich Lausberg, la ironía consiste en “la utilización del vocabulario parcial de la parte contraria con el firme convencimiento de que el público conoce la inverosimilitud de este vocabulario” (118). Constituye una figura de distancia enunciativa respecto de las propias palabras del enunciador, en tanto este pretende que se entienda que su opinión no es tal o es la opuesta (Lozano, Peña-Marín y Abril 160). El distanciamiento puede estar acompañado en el plano textual por el empleo de las comillas. Consideremos, a modo de ejemplo, la siguiente cita extraída de la nota periodística “Catástrofe” de Sergio Santesteban, que integra el corpus: “Después de todo, cuando Nación construyó los embalses también se desentendió de la suerte de La Pampa a pesar de que en esos tiempos estaba bajo su tutela como territorio nacional que era y, por lo tanto, sin autonomía política para defenderse de los ´hermanos´ mendocinos”. En este enunciado, el distanciamiento irónico se observa en el empleo de la palabra “hermanos”, que reviste del significado contrario al referirse a los ciudadanos mendocinos. La ironía se refuerza mediante el uso de las comillas, que indican que el término posee un sentido contrario al habitual.

Otro ejemplo significativo dentro del corpus lo constituye el siguiente fragmento: “Si esperan que las obras lluevan del cielo, deberán buscarse un sillón muy cómodo para esperarlas sentados” (“Río Atuel, un problema que puede resolverse con sentido común”). Aquí, el valor irónico se produce a través de la inclusión de una frase hecha, propia del registro coloquial, que es incorporada para expresar el distanciamiento del sujeto enunciador ante el significado literal de la expresión.

5.5. Parodia: polifonía e intertextualidad

Consiste en el desvío de un texto con una mínima transformación que da lugar a una imitación burlesca. Como señalan Jorge Lozano, Cristina Peña Marín y Gonzalo Abril (162), se trata de un procedimiento polifónico que representa la desviación de una norma. Esta, a su vez, es introducida en el propio texto como un componente material, frente al cual el sujeto enunciador establece un posicionamiento de crítica u homenaje. Si bien es una figura que ha sido ampliamente estudiada en el campo de la Literatura[18], corresponde a toda alusión a una norma, no solo literaria, sino relativa al código, al registro, a las reglas formales, a los géneros, etc.

En la argumentación, la parodia constituye un recurso que puede ser empleado para incorporar las voces de quienes tienen un posicionamiento contrario, al que se busca refutar. De esta manera, la desarticulación del discurso ajeno se realiza mediante el efecto humorístico. Veamos, por ejemplo, el uso paródico del lenguaje denominado inclusivo en un texto del humorista español José Mota (2016):

Bienvenidos y bienvenidas todos y todas, compañeros y compañeras, amigos y amigas. Estoy encantado de poder dirigirme hoy a vosotros y vosotras, militantes y militantas, votantes y votantas. […] Lo importante o importanta es que dejemos constancia y constancio ante los españoles y españolas que nuestros valores y valoras son los de los pueblos y las pueblas, España y Españo. Y que sepan que los problemas y problemos tienen soluciones y solucionas para todos y para todas. Para los obreros y las obreras, para los profesionales y las profesionalas, para los actores y las actrices, directores y directrices, codornos y codornices.

Si bien en la oralidad se admiten diversas formas de uso del lenguaje inclusivo (el empleo del morfema “e” para indicar el género no binario y el desdoblamiento del femenino y masculino para establecer la distinción de género, como se concibe en el discurso citado de la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner), estas deben ser incorporadas de acuerdo con las reglas de construcción gramatical de la lengua. En el texto de José Mota ambas formas se emplean de manera abusiva y, en algunos casos, incorrecta desde el punto de vista gramatical, como resulta en “importanta”, “Españo”, “problemos”, entre otras. Esta torsión al absurdo genera un efecto humorístico. La desviación paródica revela la intencionalidad del sujeto enunciador: desautorizar la propuesta de la utilización del lenguaje inclusivo.

Los procedimientos abordados constituyen las formas más habituales de incorporación de voces ajenas en el discurso argumentativo. Reconocer su carácter polifónico posibilita vislumbrar la dimensión dialógica como un rasgo inherente de la argumentación y, por lo tanto, permite analizar el discurso en el marco de las vinculaciones que establece con los demás discursos que circulan en la sociedad.

6. Para seguir pensando

Hasta aquí hemos presentado las principales “huellas” o “marcas” que permiten dar cuenta de la inscripción del sujeto enunciador en el discurso. En este sentido, desde una perspectiva interdisciplinaria, relevamos una serie de herramientas de análisis lingüístico provistas por distintas teorías que permiten abordar el discurso argumentativo desde la instancia enunciativa. A lo largo del capítulo, además de una sucinta disquisición teórica acerca de las orientaciones disciplinares que fundamentan este abordaje, analizamos el funcionamiento de categorías teórico-metodológicas tales como la configuración de la escena de enunciación, la inscripción de las personas en el enunciado, las marcas espacio-temporales de la situación enunciativa y las problemáticas referidas al ethos o “encarnación” del enunciador en tanto garante del discurso. Asimismo, examinamos también los modos de incorporación de la voz del otro en el propio discurso a través de procedimientos de polifonía e interdiscursividad. Como hemos visto, el uso del lenguaje nunca es absolutamente neutro –ni siquiera en los discursos pretendidamente “objetivos”, como el científico–, dado su carácter de construcción social, por lo que es posible reconocer que determinadas formulaciones lingüísticas comportan un posicionamiento del sujeto. Esto es aún más evidente en el caso de la argumentación, cuyo principio estructurante se basa en sostener un punto de vista o un juicio valorativo acerca de un tema, hecho o situación. Así, elaborar un texto argumentativo es una forma de intervención del sujeto en el mundo, a partir de sus elecciones retóricas; se trata, como afirma Urtasun, de pensar “la escritura como un intercambio de subjetividades, una forma de poner en escena y construir identidad” y, a la vez, “escribir en relación con el mundo, con nosotros mismos” (xx).

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  1. La denominación de “Pragmática” es utilizada por primera vez en el año 1938 por Charles Morris, en su obra titulada Fundamentos de la teoría de los signos, para explicar la relación de los signos con sus intérpretes y el estudio del contexto. Entre las teorías pragmáticas más relevantes se encuentran: la teoría de los actos de habla, desarrollada por John Austin en 1962 y sistematizada por las investigaciones de John Searle en 1969, en la que se destaca la performatividad del lenguaje: su uso no solo consiste en decir sino que implica la acción de hacer; la teoría de las implicaturas conversacionales, cuyos estudios pioneros pertenecen a Paul Grice en 1967 y se añaden más tarde los de Oswald Ducrot a partir de 1984, en la que se estudia la distancia entre lo dicho y lo que se comunica a partir de las inferencias que debe realizar el oyente; la teoría de la cortesía verbal, formulada por Penelope Brown y Stephen Levinson entre 1978-1987, se centra en las estrategias conversacionales destinadas a resguardar la imagen de los hablantes; y la teoría de la relevancia, sustentada por Dan Sperber y Deirdre Wilson y cuyos desarrollos se enmarcan en el período 1986-1995, según la cual el proceso de la comunicación humana está regido por el principio de relevancia: los estímulos que se procesan deben evidenciar un equilibrio entre los esfuerzos requeridos para su procesamiento y sus efectos cognitivos. Para mayor desarrollo de estas líneas de trabajo, véanse Escandell Vidal y Gil.
  2. En lingüística, el término enunciación es acuñado en 1932 por el lingüista suizo Charles Bally (1865-1947), pero es el filólogo francés Émile Benveniste (1902-1976) quien desarrolla la teoría de la enunciación (1966- 1974) y la define como “poner a funcionar la lengua por un acto individual de utilización” (“El aparato formal” 83). Distingue, así, la enunciación como acto de su producto: el enunciado.
  3. Esta problemática refiere al río interprovincial, perteneciente a la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, una de las más grandes del país, que recorre las provincias de La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, La Pampa. La construcción de diques y represas por parte de Mendoza sobre el Río Atuel, afluente del Salado, tuvo como consecuencia que el río dejara de correr en el Oeste de la Pampa y la subsiguiente sequía y desertización. La expresión “río robado” es una aforización (Maingueneau, Análisis de textos 207-213) cristalizada en el imaginario de los pampeanos y forma parte de discursos, acciones y sitios Web oficiales del Gobierno de La Pampa y de los distintos Ministerios, actos escolares, actuaciones de coros infanto-juveniles, etc. y en la popular “Zamba del Río robado” (1959), incluida en el denominado Cancionero de los ríos, cuya letra pertenece al salteño Manuel J. Castilla y fue musicalizada en dos oportunidades por Enrique Fernández Mendía y por Guillermo Mareque. Es una de las primeras composiciones que trata el conflicto hídrico y se ha convertido en una especie de canción emblemática (Romaniuk 70) o “himno” del reclamo.
  4. En la enseñanza secundaria, existe un uso extendido de las funciones del lenguaje tanto en manuales como en planificaciones y programas. Roman Jakobson (1896-1982) sienta fundamentalmente este modelo teórico en el artículo “Lingüística y poética” (1960). Con el objeto de dilucidar “¿Qué hace que un mensaje verbal sea una obra de arte?”, deslinda seis factores del acto de la comunicación verbal y discrimina diferentes funciones para cada uno. Así, cada constituyente del circuito de la comunicación se corresponde con una “utilidad”: el hablante o emisor determina la función emotiva o “expresiva”; el oyente o receptor, la función conativa (en las formas gramaticales del vocativo y el imperativo); el tema o asunto del mensaje, la función referencial; el canal establece una función fática (mantiene el contacto entre los interlocutores); el código, la función metalingüística (metalenguaje de cualquier campo) y, por último, cuando la comunicación se centra en el mensaje mismo predomina la función poética del lenguaje.
  5. «Un texte est en effet la trace d’un discours où la parole est mise en scène» (Maingueneau “Situation d’énonciation” 8).
  6. En el original, “scènes validées” (Maingueneau “Situation d’énonciation” 11).
  7. El procedimiento de la deixis consiste en el señalamiento a través de ciertos elementos gramaticales (pronombres de 1º y 2º persona y sus correspondientes posesivos y demostrativos, adverbios y tiempos verbales) cuyo significado se establece a partir del contexto espacio-temporal en el que surgen. Es un sistema de coordenadas, cuyo punto de partida o cero se determina sobre la base del yo-aquí-ahora del hablante. Si bien el término deixis ya se empleaba en la gramática griega, el alemán Karl Bühler (1879-1963) caracteriza este fenómeno lingüístico en su obra Sprachtheorie. Die Darstellungsfunktion der Sprache (1934), traducida al español como Teoría del lenguaje por Julián Marías y publicada en la Revista de Occidente en 1950. En el mismo sentido, Roman Jakobson utiliza la expresión inglesa shifters (1957), que se traduce al español como conmutadores.
  8. A esta primera edición francesa (1966), le siguió un segundo volumen en 1974: Problèmes de lingüistique générale, 2. Las primeras traducciones en español, a cargo de Siglo XXI Editores, corresponden a 1971 y 1977 respectivamente.
  9. Los ejemplos que pertenecen a textos referidos a la problemática del Río Atuel forman parte del corpus general de este libro, cuyos enlaces se encuentran en el “Anexo”.
  10. Este artículo, publicado originalmente en el Bulletin de la Société de Linguistique de Paris, se incluye en la edición francesa de Problèmes de linguistique générale I de 1966 (pp. 237- 250), pero no así en la versión traducida al castellano (Problemas de Lingüística General I).
  11. Debe hacerse la salvedad de que no se trata de transpolar automáticamente un modelo pensado para el francés al español, y más específicamente al denominado en forma metonímica “rioplatense”. La distinción entre los dos planos funciona como un principio operativo para el abordaje de los textos sobre la cual se realizan caracterizaciones específicas para otros sistemas de tiempos verbales; véase, por ejemplo, el trabajo de María Marta García Negroni “La distinción Pretérito perfecto simple / Pretérito perfecto compuesto. Un enfoque discursivo”.
  12. Benveniste considera el monólogo como una variedad del diálogo, es decir un “diálogo interiorizado, formulado en lenguaje interiorizado entre un yo locutor y un yo que escucha” (“El aparato formal” 89). En esta trasposición, el “yo” se escinde y puede enunciar en primera persona (“¡Cómo me olvidé de preguntarle…!”) o interpelar en segunda persona al locutor (“¿Cómo no le preguntaste…?”).
  13. Representación del ethos del enunciador construidas por el público antes de que tome la palabra. Según advierte Maingueneau, se encuentran tipos discursivos o circunstancias en las cuales el destinatario no puede disponer de representaciones previas del ethos del hablante, por ejemplo, si se lee un texto cuyo autor no se conoce. En cambio, en el campo político o en la prensa “mediática”, por mencionar ámbitos en que mayoría de los hablantes tienen presencia constante, los sujetos se encuentran asociados de antemano con un ethos prediscursivo que cada enunciación puede confirmar o invalidar (Maingueneau “El enunciador encarnado” 207).
  14. A fin de precisar los alcances del término “dialógico”, recuperamos aquí la noción ofrecida por Maingueneau en su obra Términos clave del análisis del discurso. Bajo la entrada “dialogal/dialógico”, refiere al carácter ambiguo que acompaña a estas categorías y sigue las ideas de Bajtin, al precisar que “se aplica a todo discurso, tenga o no ‘diálogo’ en sentido estricto, a raíz del dialogismo fundamental del lenguaje” (36).
  15. Ver el apartado 1. “Los modalizadores”. Allí se presentan los usos subjetivos de los adverbios y el tipo de valoración que expresan.
  16. Seguimos la traducción de Andrés Bosch publicada por Lumen en 2012.
  17. Transcribimos los versos de la obra correspondientes al Canto XXXII, a los que remite el sujeto enunciador en el ejemplo: “Los hermanos sean unidos/porque esa es la ley primera/ tengan unión verdadera/en cualquier tiempo que sea/ porque si entre ellos se pelean/ los devoran los de ajuera.”
  18. Un ejemplo reconocido en el ámbito de la literatura lo constituye la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (1605-1615). En ella, se parodian las novelas de caballería mediante la construcción de un héroe que reúne los rasgos opuestos al del caballero andante, al que pretende imitar.


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