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Conclusiones

El escrito ha puesto de manifiesto que el discurso tiene un efecto real en la vida material de las personas. Lejos de ser una herramienta que utilizamos para comunicarnos, el lenguaje tiene carácter constitutivo: construye y delimita sujetos, relaciones, realidades. Estos toman fuerza y cobran valor, adquieren sentido, se reproducen y resignifican constantemente a través del discurso. El lenguaje funciona como instrumento visibilizador de las bases ideológicas sobre las que vive una sociedad y -además- como instrumento reproductor tanto de dichas bases como de nuevas creencias. El lenguaje funciona como determinante de toda la esfera de lo real: lo existente, lo aceptado, lo normal, lo esperado, lo legitimado. En otras palabras, no solo expresa o describe una realidad, sino que también la crea: actúa sobre ella. Si, como se dijo, el lenguaje actúa sobre los cuerpos al darles forma y al adjudicarles un sentido, entonces también podemos decir que funciona como una herramienta de control de esas subjetividades a las que constituye. Entonces, el lenguaje también puede ser concebido como un instrumento de control que constituye sujetos, relaciones, ideologías y realidades y los determina bajo su propia lógica.

Fue con el objetivo de evidenciar este poder constitutivo, determinante y estructurante del lenguaje que nos introdujimos -en el primer capitulo- en la noción de matriz de pensamiento heterosexual desarrollada por Monique Wittig. Demostramos cómo dicha matriz de pensamiento funciona como un marco simbólico a partir del cual se producen conceptos, se constituyen subjetividades y se moldean las relaciones. Demostramos cómo dicha matriz delimita las estructuras elementales de todo tipo de saber, haciendo imposible pensar o percibir por fuera de sus límites. En definitiva, demostramos que dicha matriz no es más que un régimen político e ideológico que se encuentra presente en todos los ámbitos que interpelan al ser humano en sociedad. A partir de esto, evidenciamos cómo el poder de dicha matriz se revela en el plano simbólico a través del lenguaje, es decir, a través de la manera en que representamos el mundo. Finalmente, explicamos por qué dicha matriz funciona, de acuerdo con el planteo de Wittig, como la base ideológica de la opresión de las mujeres; opresión ideológica que luego se traduce a los cuerpos.

A partir de esto último, en el segundo capítulo nos introdujimos en el carácter discursivo de la categoría de sexo, con el fin de evidenciar el carácter social, político e ideológico de la misma. Demostramos cómo la ideología de la diferencia que se encuentra a la base de la matriz de pensamiento heterosexual se traduce a los cuerpos mismos, marcándose en ellos. Demostramos cómo la opresión del discurso se vuelve material y cómo, en efecto, las diferencias pertenecientes al plano de las ideas son materializadas, naturalizadas y esencializadas. Demostramos que la categoría de sexo no es más que una interpretación de los rasgos físicos desde el pensamiento heterosexual, lo cual la sitúa como algo que precede a cualquier pensamiento y valorización, como algo dado, y no producto de la ideología que la constituye. En definitiva, demostramos cómo el discurso tiene un efecto material tanto en los cuerpos como en las conciencias de los sujetos.

Una vez que describimos la manera en que la ideología se impregna en los cuerpos, biologizando y estatizando las diferencias pertenecientes al plano de las ideas, pasamos a describir -en el tercer capítulo- cuáles son las consecuencias que esto trae para el grupo social de las mujeres. En este punto, desarrollamos el problema de las mujeres como lo Otro, como lo Inmanente e Inesencial, como lo Relativo en relación a lo Uno. Demostramos cómo las mujeres, al quedar circunscritas al plano de la inmanencia, al no poder individualizarse y al estar determinadas por lo que ser “mujeres” significa, no son libres. Evidenciamos cómo esto último contribuyó a potenciar y perpetuar la invisibilidad que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia. A partir de esto, intentamos manifestar el menester de una apropiación de las mujeres de sus propios cuerpos y subjetividades: de autopercibirse y autodeterminarse por sus propios medios, utilizando como punto de partida sus propias vivencias, sus propios conceptos y su propia manera de entender sus experiencias. Manifestamos la importancia de que las mujeres participen en los procesos de construcción de saber con el objetivo de que se hagan visibles otras miradas que han sido históricamente marginadas. En definitiva, evidenciamos la importancia de que se produzca el advenimiento de las mujeres en la historia y la necesidad de que esto traiga como consecuencia una revisión y una reestructuración de la producción de conceptos desde un lente distinto que el hegemónico.

En el cuarto capítulo, realizamos una crítica al sexismo que le es inherente al lenguaje y demostramos cómo la representación del mundo en el lenguaje no es otra cosa que la mirada masculina del mundo. A partir de esto, evidenciamos el hecho de que la perspectiva de las mujeres de la historia está oscurecida y permanece ausente, lo cual no hace más que reforzar su subordinación y perpetuar su invisibilidad tanto en el plano simbólico como en el plano material. En un segundo momento, desarrollamos la noción post-estructuralista del lenguaje, la cual lo concibe como el lugar en donde el sujeto se constituye como tal. En este punto, también evidenciamos cómo la configuración social misma es una configuración discursiva, por lo cual se puso en evidencia el hecho de que un agenciamiento en el plano del lenguaje abriría paso a una resignificación y rearticulación de la estructuración material y simbólica de lo social. A partir de esto último, se puso de manifiesto la necesidad de que el advenimiento de las mujeres en la historia, es decir, cualquier transformación en el plano material, vaya acompañado de una transformación lingüística que consolide y legitime los cambios materiales. En resumen, en dicho apartado evidenciamos el hecho de que todo agenciamiento social, político e ideológico tiene que darse acompañado de desplazamientos en el plano del lenguaje.

Finalmente, en el quinto capítulo nos introdujimos en las nociones de “ingeniería conceptual” y “ética conceptual” con el fin de proponer posibles métodos prácticos que tengan como objetivo realizar desplazamientos lingüísticos que busquen tanto una evaluación como una reestructuración del uso conceptual. Demostramos el hecho de que los conceptos funcionan como los cimientos de cualquier reflexión y argumentación, dejando en evidencia la importancia de que se realicen constantes revisiones y transformaciones del lenguaje. En definitiva, demostramos cómo el lenguaje que utilizamos pone en evidencia -además de condicionar- la estructura de pensamiento que tenemos del mundo, por lo cual evidenciamos tanto la importancia de su agenciamiento como los efectos concretos que éste tendría.

En nuestra opinión, es la complementariedad entre las transformaciones en el plano material y los desplazamientos en el plano simbólico del lenguaje lo que puede permitir alcanzar cambios profundos y trascendentes. Si los cambios políticos, sociales o ideológicos no van acompañados de agenciamientos en el lenguaje, lo que termina pasando es que el contenido que ha sufrido un cambio se termina identificando con la forma del lenguaje -la categoría- que permanece estática. El lenguaje estatiza el devenir, es decir, estatiza el movimiento que caracteriza al ser. Entonces, si el contenido cambia pero la forma no, el primero termina mimetizándose con la categoría a la que pertenece. Por lo tanto, para que nuestro mundo simbólico acompañe esos movimientos, no queda otra que hacer que el lenguaje mismo se desplace y dé lugar a nuevos espacios para generar nuevos sentidos. Como señala Monique Wittig en su ensayo “El pensamiento heterosexual”:

Mientras tanto, en estos sistemas (que parecían tan universales y eternos —humanos en cierto modo— que se podían deducir de ellos leyes con las que atiborrar los ordenadores y, en todo caso, por el momento, atiborrar la máquina inconsciente) se están produciendo desplazamientos, gracias a nuestra acción y a nuestro lenguaje.[1]

En relación al grupo social de las mujeres, podemos decir que para que encuentren nuevos lugares desde los cuales hablar, entonces un foco importante de su lucha debe estar en el lenguaje. En transformar, reivindicar, resignificar, desplazar y crear lo propio. En intentar hablar desde otro lado, otro enfoque, otro lente; en definitiva: desde el propio. Este punto, lejos de ser una problemática resuelta, abre múltiples aristas a partir de las cuales surgen distintas dudas y cuestionamientos. Anhelamos que el desarrollo de esta tesis deje preguntas en el tintero, las cuales pueden abrir -en un futuro- nuevos caminos de investigación.


  1. Wittig, M., op. cit., p. 56.


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