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Introducción

En los años ‘70 se desarrolló en Francia una corriente feminista materialista caracterizada por estudiar, criticar y denunciar la traducción que se produce del discurso a los cuerpos. Dicha corriente tenía como objetivo examinar las condiciones materiales que se hallan por debajo de las ideologías dominantes y de los acuerdos sociales, elementos que cumplen un papel fundamental en la estructuración de nuestras vidas. El materialismo toma como premisa la tesis marxista de que no es la conciencia de la persona la que determina su ser, sino que es el ser social lo que determina su conciencia (Marx, 1859). Por lo tanto, es esta cuestión del “ser social” de las mujeres, es decir, el lugar que estas ocupan en la sociedad, sus obligaciones y derechos, su papel político y su posición económica, lo que dicha corriente feminista se propone indagar con el fin de dilucidar el origen y el por qué de su conciencia. En otras palabras, se propone -en una primera instancia- comprender las condiciones, posibilidades y límites de la vida tanto material como simbólica de las mujeres, para -en una segunda instancia- esclarecer los fundamentos de sus conciencias.

El objetivo de este trabajo consiste en demostrar la importancia que tiene el lenguaje en la estructuración de no sólo nuestras subjetividades, sino también de nuestras relaciones y de nuestra manera de pensar, percibir y hablar. El lenguaje que utilizamos refleja la manera en que pensamos y percibimos: sus categorías ponen en evidencia la manera en que está estructurado nuestro pensamiento y -a partir de este- la manera en que estructuramos eso que llamamos realidad. El lenguaje que hablamos forma parte de una trama de significados que es producto de una ideología determinada y de un modelo de realidad determinado. Dicha realidad es afianzada y legitimada por el lenguaje, a la vez que dicho lenguaje es consolidado y adquiere sentido por dicha realidad. De esta manera, el lenguaje, la ideología dominante y la lectura que se hace de la realidad funcionan como elementos complementarios de un círculo hermenéutico, en el cual cada uno es reafirmado y reafirma al mismo tiempo. Lo que se intenta demostrar en este trabajo es el lugar preponderante que debe de tener el lenguaje a la hora de llevar a cabo cualquier tipo de transformación en el plano de la realidad. De esta manera, intentaremos demostrar el hecho de que todo cambio social, político o ideológico debe venir acompañado de transformaciones lingüísticas que refuercen, legitimen y consoliden los cambios llevados a cabo en el plano material. De esta manera, evidenciaremos la necesidad de que todo agenciamiento en el plano material vaya acompañado de agenciamientos en el plano simbólico, es decir, en el lenguaje.

Para llevar a cabo nuestros objetivos y demostrar de manera clara nuestra hipótesis, realizaremos un trabajo analítico en el cual partiremos de las premisas más elementales con el objetivo de ir escalando -poco a poco- hasta el último de nuestros argumentos. Queremos desenhebrar cada una de las nociones que nos interesan para poder diferenciar claramente su origen, sus elementos y la manera en que se articulan y comprender sus implicancias. Tomaremos nociones desarrolladas por pensadoras y pensadores de distintas disciplinas como la sociología, antropología, filosofía y lingüística con el objetivo de comprender en profundidad y de manera panorámica algunas de las ideologías que se hallan por debajo de la realidad material de las mujeres -legitimándola y afianzándola-, las implicancias que esto tiene y el lugar que adquiere el lenguaje en dicha problemática.

En el primer capitulo, nos introduciremos en el concepto de pensamiento heterosexual desarrollado por la teórica feminista Monique Wittig. Esta autora, reconocida fundamentalmente por sus aportes a la teoría lesbofeminista, concibe a dicha matriz de pensamiento como un marco simbólico a partir del cual se producen los conceptos, se moldean las subjetividades y se delimitan las relaciones. Dicha matriz crea las estructuras elementales de cualquier tipo de saber, por lo cual es imposible pensar, actuar, ser por fuera de ella. Es un régimen político e ideológico que se encuentra presente en todos los ámbitos que interpelan al ser humano en sociedad -la organización social, la política, la economía y la cultura- y cuyo poder se revela en el plano simbólico a través del lenguaje, es decir, a través de la manera en que representamos el mundo. Como todo régimen, la matriz de pensamiento heterosexual posee múltiples herramientas de delimitación, control y prohibición que ejercen sobre las relaciones -y los cuerpos mismos- una coerción física y moral. De acuerdo con el planteo de Wittig, dicha matriz es la base ideológica de la opresión de las mujeres; opresión ideológica que luego se traduce a los cuerpos.

Tomando como base esto último, en el segundo capítulo nos introduciremos en el carácter discursivo de la categoría de sexo. De acuerdo con Wittig, dicho régimen político e ideológico se traduce a los cuerpos mismos, es decir, se marca en ellos. Tiene un efecto material en los cuerpos y las conciencias de los sujetos. De esta manera, la opresión del discurso se vuelve material y las diferencias pertenecientes al plano de las ideas, son ahora materializadas, naturalizadas y esencializadas. En otras palabras, explicaremos cómo se produce una interpretación de los rasgos fisicos desde el pensamiento heterosexual; lo cual trae como consecuencia la creación de la categoría de sexo como algo biológico, como algo que precede a cualquier pensamiento y valorizacion. En definitiva, dejaremos evidenciados los argumentos que defienden la teoría de que la categoría de sexo es social, política e ideológica, y que no solo es una de las causas de la opresión de las mujeres sino que a su vez la encubre. Para esto, nos valdremos tanto de Wittig como de Christine Delphy, socióloga francesa que estudia el materialismo histórico desde una perspectiva feminista, y de Colette Guillaumin, socióloga también de origen francés que realiza una lectura materialista del concepto de raza.

En el tercer capítulo nos introduciremos -en primer lugar- en las consecuencias que dicha categoría opresiva tiene en la realidad material de las mujeres, para lo cual analizaremos sus implicancias y alcances. Para esto, tomaremos nociones desarrolladas por la filósofa Simone de Beauvoir, quien realizó un exhaustivo análisis de las experiencias que las mujeres tienen en distintos ámbitos de sus vidas desde el lente del existencialismo. Desarrollaremos la idea de las mujeres como lo Otro y lo Inmanente, frente a la Generalidad y la Trascendencia del hombre. A partir de esto, indagaremos -en segundo lugar- en la problemática de la libertad. Segun de de Beauvoir, las mujeres, al quedar circunscritas al plano de la inmanencia y no poder autodeterminarse, al ser esclavas de lo que ser “mujer” significa y no poder rastrear el origen de dicha opresión ya que es encubierta por la categoría “biológica” de sexo y al no poder individualizarse sino que al ser siempre en relación a lo Uno; no son libres. Las mujeres son extrañas para sí mismas. A partir de esto, realizaremos una crítica de la invisibilidad que las mujeres han tenido a lo largo de la historia, lo cual contribuyó a su escasa -si no nula- participación en lo que respecta a la construcción de saber, a la literatura, las artes, la política, etc. El objetivo de dicha sección es evidenciar la importancia de que las mujeres se introduzcan en los procesos de construcción de saber con el objetivo de que se hagan visibles otras miradas que han sido históricamente marginadas; propuesta que es desarrollada por Christine Delphy. En definitiva, queremos demostrar la necesidad de que se produzca el advenimiento de las mujeres en la historia, lo cual tendría como consecuencia una revisión y una reestructuración de la producción de conceptos desde un lente distinto que el hegemónico. En esta tesis queremos demostrar la importancia de que dicho advenimiento de las mujeres en la historia, es decir, dicha transformación en el plano material, vaya acompañado de una transformación lingüística que consolide y legitime los cambios materiales.

En el cuarto capítulo nos introduciremos en la cuestión del lenguaje. En primer lugar, desarrollaremos la propuesta trabajada por las lingüistas Jennifer Saul y Esa Diaz-Leon, quienes realizaron un análisis del lenguaje desde una perspectiva feminista y denunciaron la visión masculina del mundo que este enmascara. Lo que dichas filósofas proponen es que ciertas estructuras del lenguaje demuestran el hecho de que la manera en que nuestra realidad está estructurada y la manera en que representamos dicha realidad en el lenguaje, fueron tareas emprendidas principalmente por los hombres, ya que fueron quienes siempre tuvieron el poder material y, por ende, el poder para simbolizar lo que ellos decidieron llamar realidad. De esta manera, dicha representación de la realidad en el lenguaje no es otra cosa que la mirada masculina del mundo; mirada en la cual la perspectiva de las mujeres está ausente y -por ende- mirada que refuerza su subordinación y perpetúa su invisibilidad tanto en el plano simbólico como en el plano material. A partir de esto, nos introduciremos en las nociones de “laguna conceptual” e “insuficiencia conceptual”; nociones que reflejan perfectamente la ausencia de las experiencias de las mujeres en el lenguaje. Además, desarrollaremos la crítica al sexismo del idioma emprendida por la lingüista Jane Sunderland e indagaremos en la noción de “injusticia hermenéutica” propuesta por la filósofa inglesa Miranda Fricker. Luego, en un segundo momento, nos introduciremos en la noción post-estructuralista del lenguaje, la cual lo concibe como el lugar en donde el sujeto se constituye como tal. De acuerdo con dicha corriente, el lenguaje es potencialmente constitutivo, por lo cual tiene un efecto real en la vida material de las personas. Finalmente, expondremos la tesis desarrollada por la pensadora Maria Virginia Morales, quien -tomando como premisa a Derrida- propone que el carácter constitutivo del lenguaje también significa un re-pensamiento del sujeto de manera discursiva. En otras palabras, el sujeto -al constituirse en el interior de una estructura simbólica como es el lenguaje- se constituye discursivamente. De acuerdo con el planteo de Morales, la configuración social misma es una configuración discursiva, entonces un agenciamiento en el plano del lenguaje abriría paso a una resignificación y rearticulación de la estructuración material y simbólica de lo social. Finalmente, nos detendremos en la noción de performatividad del lenguaje desarrollada por Judith Butler; noción que manifiesta el poder del lenguaje para producir efectos.

En el quinto capítulo, nos introduciremos en las nociones de “ingeniería conceptual” y “ética conceptual” desarrolladas por los teóricos del lenguaje Alexis Burgess, Herman Cappelen y David Plunkett. Dichas nociones constituyen un método práctico que tiene como objetivo realizar desplazamientos lingüísticos que busquen una evaluación y mejora del uso conceptual. Su objetivo es revisar los conceptos que actualmente usamos y reformarlos o diseñar nuevos, siempre partiendo desde un propósito claro -es decir- teniendo en cuenta el objetivo, el móvil, de dicha transformación. La base teórica desde la cual dicho método parte consiste básicamente en considerar a los conceptos como el cimiento de cualquier reflexión y argumentación que no sólo la filosofía, sino también todas las disciplinas que estudian e investigan al hombre y al mundo que lo rodea, llevan a cabo. Por lo tanto, de acuerdo con dicha propuesta, es imprescindible realizar constantes revisiones del lenguaje que utilizamos, el cual -como se dijo previamente- está relacionado con la manera en que pensamos y percibimos. En definitiva, queremos demostrar que si el lenguaje que utilizamos pone en evidencia la estructura de pensamiento que tenemos del mundo, entonces su agenciamiento tendrá efectos concretos sobre dicha estructura. Finalmente, desarrollaremos la importancia que le da Monique Wittig a que las transformaciones socio-políticas vayan acompañadas de agenciamientos en el lenguaje, ya que considera absolutamente fundamental la necesidad de moverse entre lo teórico y lo político.

Para finalizar, queremos dejar en claro que este trabajo aborda el problema de las mujeres y el lenguaje desde una mirada exclusivamente de género, dejando de lado las nociones de raza y clase, porque sería imposible abordar esta problemática desde una mirada interseccional y de una manera intensiva en un trabajo de tesis debido a la extensión, profundidad y dificultad del tema. Sabemos que no todas las mujeres tenemos las mismas vivencias y por eso utilizamos el plural “las mujeres” y no el singular “la mujer” para referirnos al grupo social que constituye nuestro objeto de estudio. Negar las diferencias entre las mujeres sería permanecer dentro de la misma lógica universalizante que intentamos criticar. Como nos dice Bell Hooks en El feminismo es para todo el mundo:

Todas las mujeres blancas de este país saben que su estatus es muy distinto al de las mujeres negras y de color, y lo saben desde muy pequeñas porque tanto en la televisión como en las revistas solo ven imágenes como la suya. Saben que el único motivo por el que las personas de color están ausentes y son invisibles es porque no son blancas.[1]

De esta manera, la decisión de investigar esta problemática desde un lente exclusivamente de género tiene que ver con el hecho de que preferimos un trabajo intensivo y no extensivo. Debido a la complejidad y profundidad del tema, es imposible abordar en una tesis acotada todos los lentes desde los cuales es posible investigar esta problemática. Otros estudios interseccionales de la problemática que trabajaremos en esta tesis podrán ser abordados en próximos trabajos de ampliación.


  1. Hooks, B., El feminismo es para todo el mundo, Madrid: Traficantes de Sueños, 2017, p. 81.


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