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6 Discusión

El trabajo se propuso como objetivo general analizar la relación entre la percepción que corredores amateurs de ambos sexos manifiestan sobre su estilo de vida y sus decisiones alimentarias y los valores objetivos y medibles de la composición corporal y el perfil lipídico.

Al caracterizar la muestra, se vio que el 41 % de los corredores fueron de sexo femenino y que el rango etario fue de entre 25 y 66 años. Similares resultados tuvieron el estudio español CinfaSalud (2017) y otros, como Shipway y Holway (2010) Ramírez Góngora y Prieto Alvarado (2016), Maureira (2014), Ferreira Roriz y cols. (2014), y Olivera y cols. (2007). Según Hijós (2017), el running es una herramienta de superación y, al mismo tiempo, de cambio social que permite que las personas busquen una mejor calidad de vida, dejando atrás el sedentarismo. La creciente participación de las mujeres en las competencias de resistencia es expresión de legitimidad en la práctica para el sexo femenino, y se relaciona con intereses estéticos vinculados a la forma física y a la ampliación de los vínculos sociales (Hijós, 2017).

Por otra parte, un reciente análisis de la tendencia de participación en el Maratón de Nueva York, desde 1980 hasta 2009, demostró que el porcentaje de los finalistas menores de 40 años disminuyó, mientras que el porcentaje de corredores veteranos que consiguieron terminar la prueba aumentó. La fácil disponibilidad que supone realizar un deporte individual es un factor que influye notablemente en el gran desarrollo de la carrera de resistencia en las sociedades actuales, condicionadas por la falta de tiempo (Astorgano Diez et al., 2017).

Pérez Flores y Muñoz Sánchez (2014), en referencia a la realidad española, mencionan que esta modalidad deportiva engloba a casi la mitad de los deportistas españoles. En su mayoría son mujeres, y de cada diez mujeres que practican deporte, seis de ellas lo realizan orientado a la salud. En este trabajo se observa que la edad influye en su práctica: comparado con los más jóvenes, los deportistas mayores son prácticamente el doble (Pérez Flores y Muñoz Sánchez, 2014. En Llopis Goig, 2015).

En ese sentido, el porcentaje de participación del sexo femenino en los casos comparados es muy similar. En referencia al rango de edad, se observó una mayor dispersión, aunque la edad promedio es cercana a los 40 años. Esto se corresponde con las referencias de estadísticas internacionales sobre la edad de inicio en actividades de modalidad amateur cada vez más a edades superiores, así como también a la incorporación gradual de las mujeres al deporte en general y, en particular, a las carreras de calle. Aunque en este estudio no se ha indagado sobre las motivaciones que llevan a estos deportistas a iniciarse y sostener la práctica deportiva del running, se observaron pocas ausencias a los entrenamientos, que se realizaban incluso después de la jornada laboral o por la mañana de un sábado, lo que implica adherencia y compromiso hacia una actividad que claramente los motiva y colabora en su bienestar físico y emocional, y cuya rutina de entrenamiento ha sido elegida en modalidad grupal, lo que fortalece el sentimiento de pertenencia y la continuidad de la actividad en un ámbito de socialización.

Al analizar el IMC, se hallaron valores superiores al estudio CinfaSalud de España (2017) y similares al estudio de De Oliveira et al. (2007). Sin embargo, se pudo analizar que, de ese porcentaje de corredores con sobrepeso, la mitad tenía bajos niveles de %GC. Además, es muy cercano el valor de corredores con sobrepeso u obesidad al estudio de Ferreira Roriz et al. (2015).

Los valores de TA y de suma de 6 pliegues en mujeres fueron menores a las referencias nacionales ARGOREF, como es esperable dado que se trata de una actividad física aeróbica y de resistencia en la que interviene el metabolismo oxidativo de las grasas como fuente prolongada de energía. Sin embargo, la suma de 6 pliegues en hombres resultó superior a la población de referencia.

Si bien en este estudio no se calculó la masa muscular ni la masa ósea, podemos conjeturar que, dado que de los que presentan sobrepeso la mitad no posee exceso de grasa corporal, entonces ese aumento de peso podría deberse al entrenamiento y su efecto sobre la masa magra.

La mayoría de los corredores se mostraron interesados especialmente por conocer los resultados de su evaluación antropométrica. Incluso, para algunos era la primera vez que eran valorados por esta técnica. Fue notorio que un tercio de la muestra tuvo un valor de sumatoria de 6 pliegues en nivel alto o muy alto, y además, entre las mujeres –aunque en bajo porcentaje– se observó un nivel alto de riesgo cardiometabólico según ICC e incluso entre ellas hubo valoración de IMC en nivel de obesidad, lo que amerita una intervención más eficaz desde el entrenamiento y el asesoramiento nutricional, así como enfocar en un trabajo interdisciplinario la prevención de lesiones asociadas al sobrepeso y de complicaciones cardiovasculares. En estos casos particulares, podría ser necesario analizar la antigüedad en la incorporación al runner team y si tenían alguna modalidad de entrenamiento específica e individualizada.

Relativo a la categoría de riesgo según el índice cintura-cadera, se encontró que los varones presentan menor riesgo en comparación con las mujeres.

Los valores de cHDL fueron elevados en casi todos los casos, como era esperable para el tipo de actividad física que implica correr, aunque, en lo que respecta a cLDL, un tercio de la muestra tuvo valores correspondientes al nivel límite alto o muy alto, por lo que luego el índice de Castelli también fue valorizado como riesgoso en casi un tercio.

Cabe destacar que los estándares de referencia para deportistas son limitados, por lo que se usan los referentes clínicos de la población (Onzari, 2014).

En cuanto a los hábitos alimentarios, se hallaron algunos resultados similares en el consumo adecuado de frutas y vegetales, tomando como referencia las GAPA (400 g de hortalizas y 300 g de fruta) del estudio de De Oliveira y cols. (2007) al administrar un cuestionario de frecuencia de consumo y entrenamiento a corredores de Río de Janeiro. Según las ENFR (2013), solo el 2 % de la población argentina cumple con la recomendación. También son semejantes los resultados obtenidos por De Oliveira y cols. (2007) respecto a la adecuación en el consumo del grupo de cereales (76 % vs. 65 % en el presente), a pesar de que la referencia que ellos usaron fue la de la pirámide nutricional adaptada a las características de la población deportista (González Gross et al., 2001): existe solo una diferencia de +30 g de cereal respecto de GAPA. Este dato es de relevancia dada la necesidad de energía a largo plazo en esta actividad de resistencia y con metabolismo aeróbico.

Si se analizan los resultados en forma comparada con el informe OPS/OMS (2004) sobre consumo en Latinoamérica, coinciden en niveles altos de grasas saturadas, azúcares, sodio y productos procesados como bebidas azucaradas, snacks de alto valor calórico y comidas rápidas.

La ingesta inadecuada de bebidas observada es un dato importante teniendo en cuenta los riesgos para la salud que implica la deshidratación en general y especialmente en deportistas de fondo expuestos a mayor tasa de sudoración, y contradice las recomendaciones expuestas en el consenso sobre bebidas para el deportista (Palacios Gil Antuñano et al., 2008). Ante esto, podría estimarse que el consumo de bebidas azucaradas contribuye al aumento de tejido adiposo.

Dado que el instrumento utilizado sobre la frecuencia de consumo no es de origen nacional, se adaptaron expresiones regionales de algunos alimentos a la expresión local y se indagó en todos los grupos de alimentos a los que hacen referencia las GAPA de nuestro país. La presentación en forma de cuadro con casilleros donde se marcaba la opción elegida facilitó la respuesta rápida y certera.

En este estudio el 39 % de la muestra recurre a ayudas y suplementos como complemento del entrenamiento deportivo, similar resultado al obtenido en el estudio de corredores españoles en que el 37,4 % tenía la misma conducta (CinfaSalud, 2017), mientras que otros refieren porcentajes mayores, como Jahnke (2011). Es probable que exista cierto desconocimiento sobre su uso y necesidad, ante una posible falta de asesoramiento nutricional especializado que realice orientación oportuna. El tipo de suplementos elegidos por quienes afirmaron consumirlos fue correspondiente con los habitualmente recomendados para este tipo de actividad física (geles, bebidas isotónicas y barras energéticas).

En el estudio de Tokudome et al. (2004) sobre evaluación antropométrica y de estilo de vida en corredores no profesionales de Japón, se arribó a la misma conclusión del presente trabajo: los corredores de maratón no profesionales japoneses con hábitos de ejercicio vigorosos demostraron un estado de salud favorable según los índices biológicos; sin embargo, los hombres tuvieron mejores valores de TG y cHDL, al contrario de lo reflejado en este estudio. En el estudio de Jiménez et al. (2008), a pesar de que la muestra en estudio eran estudiantes que practicaban actividad física en un nivel moderado o alto (30 %), quienes realizaban regularmente ejercicio físico se percibían más saludables, con menor estrés, y presentaban mejor estado de ánimo que aquellas otras que no realizaban ningún tipo de ejercicio físico. En el estudio de caso de Fabra Heredia y Casadó Marin (2014), se usó otra escala de valoración, pero igualmente surgió que el caso tenía un adecuado cuidado de su salud derivado de la gestión de su estilo de vida, desarrollando un patrón de hábitos saludables como son la alimentación, el ejercicio físico regular y la evitación de estímulos nocivos como drogas o tabaco. Por otra parte, en el estudio de Jürgens (2006) se comparó la percepción de calidad de vida entre sujetos sedentarios, recreativos y de nivel competitivo, con el instrumento WHOQOL-100 (OMS), y resultó que los deportistas obtuvieron una media de percepción de calidad de vida global superior a los sujetos sedentarios, y era mayor a medida que aumentaba el nivel de intensidad del entrenamiento. No fue posible comparar los resultados de otros estudios con el mismo instrumento ya que las poblaciones en que se aplicó no fueron deportistas.

Al analizar en el instrumento cuestionario sobre prácticas y creencias de estilo de vida, el nivel alcanzado por el dominio correspondiente a hábitos alimenticios fue saludable, en concordancia con lo valorizado por el DHQ I, en que el consumo general fue adecuado. Es decir, que lo que perciben parece corresponderse con lo que consumen, aunque no pueda demostrarse estadísticamente.

El estilo de vida predominantemente saludable o muy saludable que resultó de la aplicación del instrumento implica una percepción subjetiva de sus prácticas y creencias de forma de vida que repercute en su estado general de bienestar y refuerza los efectos beneficiosos de la práctica regular de actividad física. Esta misma se inserta como un hábito saludable elegido junto a otros.

La mayoría de los corredores consideró entre sus creencias que la salud es “responsabilidad individual de cada persona”, lo que manifiesta una percepción de responsabilidad y compromiso para autogestionar su bienestar físico y mental. Es crucial aprovechar y optimizar esta visualización como motivación inicial para mejorar y sostener un estilo de vida favorable.

De acuerdo a los resultados observados en el presente trabajo, es posible afirmar que la medición oportuna y objetiva de los indicadores antropométricos y del perfil lipídico estudiados contribuye a la prevención del riesgo cardiometabólico y podría repercutir favorablemente en la salud en aquellos corredores que perciben y afirman llevar un estilo de vida más saludable.

Limitaciones del estudio

Una limitación de este estudio fue el reducido tamaño de la muestra, influenciado por las pérdidas acontecidas o por los individuos que debieron ser eliminados de acuerdo a los criterios previstos, además de por la inexistencia de un registro o listado gubernamental o institucional que permita acceder a más corredores con mayor facilidad. El contacto con los runner teams fue personal y dedicado, pero, aunque el interés inicial de los corredores era evidente, tal vez no deseaban invertir más tiempo en responder encuestas o cuestionarios, creyendo que les insumiría más tiempo del real. Se los contactó en varias ocasiones vía mail, pero no todos enviaron la información completa requerida.

Esto acarrea la imposibilidad de realizar inferencias para la población general de corredores de calle, y también es consecuencia de la dificultad de uso de un plan de muestreo probabilístico. Los resultados obtenidos deben ser considerados con las precauciones habituales en los estudios realizados con muestras inducidas. No obstante, debe enfatizarse que permiten apuntar a una población de la que poco se sabe y de la cual no existen referencias nacionales sobre sus características.

A pesar de esto, los resultados obtenidos en el presente trabajo son comparables a los informados en la literatura. Es necesario investigar más en este campo haciendo las mediciones en muestras de mayor tamaño, para así lograr una descripción más amplia de las características antropométricas, de perfil lipídico, hábitos de consumo y estilo de vida, y establecer comparaciones entre diferentes regiones.

Respecto a los instrumentos utilizados, dado que tres de ellos fueron enviados y respondidos vía correo electrónico, se logró una adhesión muy variable de participantes a la modalidad, sobreestimación de características favorables y subestimación de las desfavorables, ya que conocen el valor de llevar un estilo de vida saludable, inadecuada cuantificación de las porciones de alimentos consumidos, etc. Algunos términos pueden ser ambiguos en la población en función del manejo o conocimiento de la información sobre salud y actividad física. Tal como refieren Bazán et al. (2003), el uso del sistema de cuestionarios se presenta como una herramienta eficaz valorada en su contexto de ejecución, es decir, que puede haber un sesgo en la obtención de datos reales ya que registra lo que el encuestado cree que debe contestar al respecto. Esta situación es potencialmente salvable si los cuestionarios se administraran en forma personal. En general, es posible que algunos individuos respondieran de acuerdo a su percepción de respuesta socialmente deseable.

Ante la decisión de utilizar cuestionarios validados científicamente para minimizar la ocurrencia de errores, no se confeccionó ningún instrumento de elaboración propia. En retrospectiva, esto limitó la posibilidad de conocer otras variables o cuestiones que enriquecerían el trabajo, como si actualmente la persona está bajo un plan de alimentación prescripto, cuánto tiempo ha transcurrido desde el comienzo de su entrenamiento como corredor de calle (ya que el estudio de laboratorio podía ser de hasta un año atrás y tal vez se iniciaron en esta práctica más recientemente), si realiza estudios médicos complementarios, cuáles son sus motivaciones para realizar actividad física, cuál es el número de competencias en las que participa por año, si realiza competencias combinadas, si recibe asesoramiento nutricional, entre otras. Además, algunas preguntas de interés precisarían un tratamiento complementario, al plantearse como una primera aproximación que requiere mayor profundidad.

No se hallaron estudios de referencia nacional con los que poder establecer una discusión una vez obtenidos los resultados, y esto obligó a cotejar para cada variable evaluada estudios diferentes en la mayoría de los casos o estudios extranjeros. Esto representa una oportunidad para identificar brechas de información nacional sobre datos escasos y limitados que aborden la relación entre variables antropométricas y perfil lipídico con hábitos alimentarios y estilo de vida en corredores amateurs y sentar las bases para futuras investigaciones.



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