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3 Carreras de calle y corredores

La Asociación Internacional de las Federaciones de Atletismo define a las carreras callejeras como las disputadas en circuitos de calles, avenidas y carreteras con distancias oficiales que rondan entre los 5 y 100 km. En la sección VIII, art. 240 del Reglamento de Competición 2018-2019 sobre Carreras de Carretera, la IAAF establece que las distancias estándares son de 5, 10, 15, 20 km, Media Maratón, 25 km, Maratón, 100 km y relevos en carretera (IAAF, 2017).

La popularización del running se produjo en los años 70 en Estados Unidos cuando se celebró la primera maratón popular de Nueva York, con 127 participantes. Actualmente la cifra llega a 50.000 corredores (CinfaSalud, 2017).

Hijós (2017) refiere que en la Ciudad de Buenos Aires en 1903 se corrió la primera maratón en el Jardín Florida. Participaron 30 atletas. Desde entonces, siguieron algunas iniciativas e, incluso, desde 1934 y por 32 años se corrió la Maratón de los Barrios organizada por la revista El Gráfico. En 1913 se fundó la Federación Internacional de Atletismo Amateur (actualmente la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo–IAAF), que es el organismo rector de las competencias de atletismo a nivel mundial, encargado de establecer las reglas y de otorgar la oficialidad a las marcas obtenidas por los atletas. El maratón no tuvo categoría femenina hasta 1984, pero hoy las actividades deportivas demuestran que, cuando las potencialidades físicas son entrenadas, las diferencias se traducen en pocos metros en disciplinas del atletismo. Hace más de una década atrás, solo el 5% de las mujeres corría, no más del 20 o 25 % de los inscriptos en carreras de resistencia, mientras que hoy llegaría a ser un 49 % (Hijós, 2017). Según el estudio CinfaSalud realizado en 2017 en España, basándose en la Encuesta de Hábitos Deportivos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, un 30,4 % de los españoles practican el running y, de estos, un 37 % son mujeres. Esto es un dato positivo en una sociedad mayormente sedentaria, ya que, de acuerdo a datos del Eurobarómetro sobre deporte y educación física (UE, 2014), el 59 % de los europeos no realizaba ejercicio ni practicaba deporte alguno habitualmente.

En el atletismo, las carreras están compuestas por cinco categorías: carreras de velocidad, medio fondo, fondo, obstáculos, y relevos. Pero también incluye eventos en pista y campo, carreras de ruta, cross country, montaña y otras, en las cuales se busca desafiar al rival, lograr triunfos y superarse a uno mismo (IAAF, 2017).

Las carreras de medio fondo se realizan en distancias intermedias (de 800 a 3.000 m). Las carreras por encima de 3.000 m se consideran pruebas de larga distancia o de fondo, y son muy populares en Argentina, donde se celebran con frecuencia carreras de 5 km y 10 km o aun de 15, 21, 42 y hasta 100 km, llamadas ultramaratón”. Las competiciones populares de fondo son las manifestaciones deportivas de carácter popular extendidas mundialmente, que cuentan con un gran número de participantes de todas las clases y niveles sociales. Estas carreras constituyen verdaderos eventos de magnitud, abarcando distancias de varios kilómetros, y suelen desarrollarse en entornos urbanos, recorriendo las principales avenidas de la ciudad o pueblos donde se organizan (Salguero y Martos, 2011).

Debido a que los kilómetros recorridos por cada tipo de carrera son de amplio rango, los modelos de entrenamiento, sus requerimientos y demandas físicas son muy diferentes según la distancia que se deba correr. Sin embargo, el lactato y el VO2 son factores comunes, junto a la adquisición de capacidades como resistencia, velocidad, flexibilidad, fuerza y potencia (Giorgi Laverde et al., 2011). Los corredores de media y larga distancia tienen elevada capacidad aeróbica y un estilo de desplazamiento energéticamente económico, dado que estas carreras son deportes de resistencia. Los factores que contribuyen al éxito en estas pruebas son la economía de movimientos, el dominio táctico y la velocidad máxima en el final de la prueba (Onzari, 2014).

Según Batista Gollnitz (2015), existen dos tipos principales de corredores: al corredor de corta distancia que compite por alcanzar la máxima velocidad se lo llama “velocista”, mientras que al corredor de largas distancias que compite por alcanzar una mayor resistencia se lo llama “maratonista”. La gran diferencia entre estos dos opuestos es el tipo de fibras musculares que deben utilizar. Una persona que ejercita para una carrera de velocidad necesita generar mucha energía en poco tiempo. Utilizará fibras del tipo II (blancas o de contracción rápida). Esto explica por qué la masa muscular de un corredor de velocidad suele ser mayor en los deportistas más veloces. Un maratonista necesita ir distribuyendo la energía de manera progresiva durante mucho tiempo. Es un beneficio no tener un sobrepeso muscular, ya que mientras mayor sea el peso del cuerpo, mayor será la masa que movilizar durante toda la carrera y utilizará fibras de contracción lenta o rojas, de tipo I (Batista Gollnitz, 2015).

A diferencia de la planificación profesional del atletismo como disciplina, los corredores aficionados suelen disponer de no más de una hora diaria para su entrenamiento. No obstante, las motivaciones pueden ser diferentes para estos actores: la profesión en el caso de los atletas y, en el caso de los corredores aficionados, la búsqueda del encuentro individual con sí mismos o grupal con otros y en pos de un estilo de vida saludable. Además, los distintos aspectos de la cotidianeidad de los deportistas son reacomodados en función de los entrenamientos y las competencias, como cuestiones relativas a la alimentación, el descanso, la vida social. La forma en la que una persona planifica su entrenamiento se corresponde con su perfil y su compromiso. Correr de manera grupal supone un interés que suele ir más allá de lo deportivo: implica relacionarse, compartir una meta, brindar o recibir apoyo en momentos de debilidad. El corredor solitario, en cambio, ya sea por su carácter o por otros motivos, se repliega en sí mismo y afirma alcanzar un alto nivel de concentración. Independientemente de la modalidad de entrenamiento elegido, el corredor entiende el correr como una forma de promover un estilo de vida, cuidar el cuerpo, ordenarse en la vida y la alimentación y, a la vez, comprender que se puede alcanzar un logro deportivo (Hijós, 2017). El grado en que se involucran los actores en estas prácticas implica la incorporación de una serie de valores sobre la vida y patrones de uso del cuerpo, realizando performances más o menos ritualizadas que envuelven preceptos morales tales como el esfuerzo, la voluntad, la armonía y el compañerismo, y estéticos como la liviandad o la belleza. En síntesis: toda una concepción de la salud y/o el bienestar (Gil, 2016).

Lupton (1996) afirma que el cuidado de la salud es promovido en las sociedades contemporáneas como una responsabilidad en gran parte de los individuos. La realización de deportes y el ejercicio físico son considerados como algo “bueno” para el cuerpo y la salud, mientras que el sedentarismo es considerado como algo “malo”. El argumento médico influencia las decisiones de los individuos sobre las conductas que incorporan para su cuidado corporal (Lupton, 1996. En Ballesteros et al., 2014).

Además, se observa que los deportistas pertenecen a hábitats fundamentalmente urbanos y metropolitanos. Respecto a los deportistas que trabajan, en su mayoría permanecen sentados durante la mayor parte de su jornada laboral –situación similar al presente trabajo de investigación– y para ellos el deporte representa una manera de mejorar la forma física y el aspecto físico (Pérez Flores y Muñoz Sánchez, 2014. En Llopis Goig, 2015).

Marcén Muñío y cols., en su apartado Las carreras populares como fenómeno social”, encuentran igualmente la satisfacción derivada de la interacción social y de la búsqueda del resultado y destacan la influencia de la pertenencia a un club de atletismo y estar asesorado por un entrenador. En su revisión, estos autores describen una interacción entre diferentes motivaciones para iniciarse (influencia de la familia o los amigos, mantenerse en forma, perder peso, etc.) y para mantenerse en la práctica, donde influyen factores de entrenamiento y sensaciones positivas que se obtienen al correr (Marcén Muñío et al., 2014. En Llopis Goig, 2015).

En un análisis anterior del mismo autor, Llopis Goig sostiene que la satisfacción que produce correr es la justificación principal dada por los corredores de su estudio. Le siguen, en este orden, el logro de una meta personal y la aptitud física. En menor medida, aparecen la rivalidad con otros deportistas o la búsqueda de reconocimiento (Llopis Goig y Llopis Goig, 2006).

Ballesteros et al. (2014) indagó sobre los motivos por los que sujetos de entre 20 y 50 años realizan actividad física en el Área Metropolitana de Buenos Aires; si bien la salud emergió como una de las razones, otros incentivos fueron la sociabilidad y el placer asociados a las prácticas deportivas, la competición y la estética, en concordancia con lo expuesto hasta aquí. Para los sujetos y los distintos grupos sociales, realizar o no actividad física además responde a otras razones vinculadas con el disfrute y las experiencias sensoriales del embodiment, como la representación, la búsqueda de desafíos personales y grupales, la sociabilidad y la expresión de la identidad.

La Universidad de Chile en el año 2014 realizó un estudio con 533 sujetos sobre los motivos que llevaban a corredores urbanos amateurs chilenos a participar en carreras de resistencia, en el cual resultó que los principales objetivos consistían en cumplir metas individuales compitiendo contra su propia marca, a modo de “logro personal”. También surgieron la satisfacción y la aptitud física, y que los motivos para correr relativos al control de peso tienden a perder valor conforme se aumenta la experiencia deportiva, mientras que los motivos de superación de metas y competición tienden a disminuir su importancia conforme se avanza en la edad. En ese país se calcula que la actividad del running se ha incrementado en un 600 % en pocos años, contando con más de 12.000 participantes en la Maratón Internacional de Santiago en 2008 (Maureira, 2014).

Rosales Obando (2016) analizó en una muestra de 404 corredores aficionados de Costa Rica sus motivos principales para correr. En la muestra total y en el caso particular de los hombres, estos fueron de reconocimiento, de incremento de autoestima y de superación de metas y competición.

Desde la perspectiva de la psicología, Raglin señala que la sensación placentera de correr activa la relajación y la tranquilidad en una actividad poco compleja y económica. Además, realizada con cierta asiduidad, produce adaptaciones osteomusculares, metabólicas, respiratorias y cardiovasculares que producen beneficios para la salud física y bienestar (Raglin, 2007. En Giorgi Laverde et al., 2011).

En esta área de estudio, Jeanes y cols. (2009) analizaron las características de personalidad de corredores de maratón adultos españoles siguiendo la idea de que este perfil reuniría un compromiso intenso en su entrenamiento, junto a cualidades psicológicas basadas en un elevado sentido de control personal y desafío sobre lo que desea conseguir. Esta personalidad llamada “resistente” implica habilidades características que, en cierta forma, los protege en su estado de salud física y psicológica, gracias a la capacidad de poder actuar como un recurso de resistencia frente al estrés. El corredor de maratón al entrenar y competir establece un grado de responsabilidad y de cumplimiento con expectativas personales y de terceros (entrenador, compañeros, familiares). Es capaz de minimizar los efectos del sacrificio, el dolor y el cansancio porque el compromiso establecido lo ayuda a vencer adversidades con distintas estrategias. Sabe que terminar una sesión de entrenamiento duro, hacer una marca determinada, o mantener un estilo de vida saludable se consiguen con esfuerzo personal activo y con constancia, los vive como un reto (Jeanes et al., 2009).

De acuerdo a la reglamentación vigente, todos los corredores de carreras de calle de más de 5 km en CABA deberán cumplir con la Ley n.° 5.397, sancionada el 05/11/2015, en lo que respecta a los siguientes artículos:

CAPÍTULO II

CARRERAS DE CALLE

Artículo 11.- Se nombrará práctica de carreras de calle a aquellas competencias de 5 km o más y cuando la convocatoria o participación deportiva involucre a grupos de personas que por su cantidad no pueda considerarse práctica deportiva individual.

Artículo 12.- Será de carácter obligatorio la presentación de un Certificado Médico de Aptitud Física (APTO MÉDICO) para la práctica de la misma. Dicho certificado tendrá una validez máxima de 1 (un) año, a partir de la fecha en la que fuera expedido.

Artículo 13.- Los organizadores de los eventos mencionados en el artículo 1°, deberán exigir a los participantes la presentación del Certificado Médico de Aptitud Física (APTO MÉDICO) al momento de la inscripción y previo a la realización de cualquier actividad o práctica deportiva. El día de la inscripción el participante deberá exhibir el Apto Médico original y entregar al /los organizadores una fotocopia del mismo.

Artículo 14.- El Certificado Médico de Aptitud Física (APTO MÉDICO) deberá ser expedido por un profesional médico matriculado previa evaluación de la persona (Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, 2015).

Por su parte, el Consejo de Cardiología del Ejercicio “Dr. José Menna” (2007) explicita, en el cap. 2.3 del Libro de recomendaciones de práctica clínica, qué debe consistir el apto médico cardiovascular para la participación en deportes. El examen médico previo se propone detectar patologías que predispongan a la muerte súbita o puedan agravarse ante la sobrecarga del aparato cardiovascular generada con la práctica de ejercicios intensos. La muerte súbita durante la práctica deportiva en individuos jóvenes de entre 13 y 35 años es un evento con baja incidencia entre los atletas (0,5 a 2 /100.000 atletas al año). Sin embargo, se ha estimado que los casos se duplican cuando se los compara con no atletas de la misma edad. Dada la necesidad de los médicos de responder ante el paciente o las instituciones deportivas, educativas o laborales sobre el eventual riesgo de la práctica deportiva, se hace necesario consensuar las acciones que llevará a cabo el profesional con el fin de reducir al mínimo las posibilidades de un evento cardíaco en el campo deportivo. La medicina ofrece una variedad de exámenes complementarios con diversas posibilidades diagnósticas. En Argentina la historia clínica con antecedentes personales y familiares y un examen físico pormenorizado asociados a ECG de reposo deberían formar parte de todos los exámenes preparticipativos en deportes a cualquier edad y en cualquier nivel de competencia. Las evaluaciones podrían repetirse cada 2 o 3 años, según edad y hallazgos previos, mientras continúen en competencia (Consenso Corazón y Deporte, 2007).

En el cap. 2.4 se establecen diferencias entre los grupos etarios de entre 20 y 35, de entre 35 y 50 y mayores de 50 años, así como también entre aquellos individuos sanos y aquellos con alguna dolencia cardiovascular. En dicho consenso se destaca, al igual que en cualquier consulta médica, el papel importante e irremplazable del interrogatorio y el examen clínico cardiovascular del atleta, y se considera necesario incorporar el ECG de reposo como examen complementario, que agrega sensibilidad a los hallazgos del interrogatorio y el examen clínico de los corredores. Por encima de los 35 años, es necesaria la implementación de la ergometría, independientemente de si se trata de un deportista recreativo o de alto rendimiento. En función de los hallazgos clínicos y de los exámenes mencionados, puede surgir la necesidad de sumar al ecocardiograma en la valoración del atleta, en especial ante soplos o cambios electrocardiográficos que indiquen la existencia de hipertrofia ventricular o trastornos de conducción. El ecocardiograma debe ser evaluado cada 3-5 años en los casos normales, según la recomendación del Comité de Cardiología y Deportes de la Sociedad Argentina de Cardiología (Consenso Corazón y Deporte, 2007).

En Galicia (España) se realizó un estudio con 1.655 corredores populares mayores de 16 años en el que los resultados indicaron que el 43,9 % de la muestra presentó RCV bajo, el 17,7 % , RCV moderado, y el 38,4 %, RCV alto en función de la presencia de enfermedad, signos, síntomas o factores de riesgo cardiovasculares, pulmonares o metabólicos. Atendiendo a los criterios del ACSM, las personas con RCV moderado que competían con intensidades elevadas (70,3 %) y todas las que presentaban RCV alto deberían haberse sometido a una evaluación médica deportiva y estar asesoradas por un entrenador titulado. Sin embargo, los resultados han demostrado que esto no era así. Tan solo el 26,7 % de los corredores con RCV moderado y que competían con intensidad elevada recibió consulta y asesoramiento médico deportivo (Seijo et al., 2012).



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