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4 Metodología de trabajo

Para cumplir con el objetivo del trabajo, se contactó a integrantes de runner teams de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) entre los meses de julio de 2016 y diciembre de 2018. Todos eran corredores aficionados que participaban de carreras de calle. Fueron entrevistados en lugar, día y horario de entrenamiento fijado previamente con su coordinador de grupo, y en esas instancias se realizaron las evaluaciones antropométricas y las entrevistas, luego de la firma del consentimiento informado.

Ese día se explicó grupalmente el tipo de investigación, sus objetivos, la modalidad de entrega de los cuestionarios y las características explicitadas en el consentimiento informado sobre confidencialidad, anonimato y beneficios de participar en el estudio. Voluntariamente accedieron a participar 67 corredores entre todos los grupos contactados. Se mantuvo la comunicación vía correo electrónico. Se les enviaron los resultados de sus evaluaciones y los cuestionarios que debían responder y devolver por la misma vía junto a los estudios de laboratorio referentes al perfil lipídico.

Se utilizaron tablas de referencia argentinas tanto para las variables antropométricas (ARGOREF) como para las recomendaciones de alimentos y porciones (GAPA).

Para garantizar el cumplimiento de los principios éticos en el trabajo de campo y en el análisis de los datos del presente estudio, se solicitó un consentimiento informado verbal y escrito, utilizando un modelo adaptado del instrumento de OMS (Comité de Evaluación Ética de la Investigación, CEI), mediante el cual se informó a los participantes de la investigación cuál era el objetivo del estudio, de qué forma participarían y el tiempo que les requeriría participar (anexo 1).

También se aclaró que la participación era voluntaria y confidencial, que era posible retirarse del proyecto en cualquier momento sin que eso perjudicara a la persona en cuestión de ninguna forma, y que la información recabada sería confidencial y no se usaría para ningún otro propósito fuera de los establecidos en esta investigación. Se asumió el compromiso de respetar los principios de beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia para la investigación con seres humanos y los derechos de los individuos consignados en la declaración de Helsinki para la investigación sobre seres humanos (AMMA, 2013).

Se obtuvo dictamen favorable del Comité de Ética para la investigación científica y tecnológica de la Universidad Abierta Interamericana bajo el número 0-1032 (apéndice 1).

Composición corporal y cineantropometría

Según la OMS, la evaluación nutricional (EN) se define como la interpretación de la información obtenida a partir de parámetros alimentarios, bioquímicos, clínicos, antropométricos y de actividad física para determinar la situación nutricional de individuos o poblaciones (Márquez Rosa, 2010).

Para el Comité Olímpico Internacional (COI), la nutrición influye profundamente en la mayoría de los procesos celulares que ocurren durante el ejercicio y la recuperación, por lo que la nutrición deportiva como especialidad busca aplicar los principios fundamentales de esta ciencia para mantener la salud y mejorar el rendimiento (COI, 2012).

La EN de un deportista puede brindar distintos resultados según el momento del año en que se realice dentro de la periodización de su entrenamiento. Los datos se registran en una anamnesis, donde se incluyen datos sociodemográficos, medicación o suplementos consumidos, historia personal y familiar de salud-enfermedad, de la actividad física desarrollada, del peso corporal, de sus hábitos alimentarios, de descanso, de actividades diarias, sus objetivos deportivos y las fechas de competencias proyectadas, si las hay. Los pasos que incluye la EN son:

  • Definir el objetivo a evaluar: que sea claro, puntual y posible de ser evaluado.
  • Recolectar los datos con un instrumento confiable, que responda al objetivo teniendo en cuenta tiempo y costo de la implementación, y, si es factible, que cuente con validación científica.
  • Analizar los datos, transformándolos en parámetros comparables para interpretarlos y compararlos con estándares.
  • Comparar los datos con las referencias para determinar la adecuación de estos.
  • Evaluar la intervención.

Los parámetros por analizar son antropométricos, bioquímicos, clínicos y de historia de salud, dietéticos o de la ingesta dietética y entrenamiento o actividad física (Onzari, 2014).

La composición y el peso corporal influyen directamente en el rendimiento del atleta y condicionan cualidades como la fuerza, la agilidad, la velocidad, la resistencia y la potencia del atleta (American Dietetic Association, 2009). En general, a mayor proporción de masa muscular frente a la de masa grasa, mayor será la capacidad de fuerza del individuo en relación con su peso; sin embargo, debemos tener en cuenta que las proporciones óptimas varían según el deporte y el deportista. Además, influyen la estatura y la complexión, por lo que se requiere ser grande y alto en algunos deportes, pero pequeño y ligero en otros (COI, 2012).

Estudiar la composición corporal comprende determinar los componentes principales del cuerpo humano. Esto se puede estimar a través de dos métodos:

  • Modelo bioquímico: basado en la densidad corporal, como la hidrodensitometría, la bioimpedancia eléctrica, la interactancia infrarroja o la absorciometría fotónica por rayos X (DEXA).
  • Modelo de fraccionamiento anatómico: divide la masa corporal total en diferentes compartimentos. Actualmente se utiliza el método de Kerr y Ross de cinco componentes: masas adiposa, muscular, ósea, residual y de piel. Para su cuantificación se requieren 22 mediciones antropométricas (Ross y Kerr, 1991).

“Cineantropometría” es una palabra compuesta por cine (palabra griega que significa “movimiento”), antropo (palabra griega que significa “hombre”) y metría, o sea, “medición”. Es decir que es la ciencia que estudia las medidas corporales y las asocia al movimiento (MacDougall, 2011). El término fue descripto por primera vez por William Ross en 1976, y consiste en aplicar métodos para la medición del tamaño, la forma, las proporciones, la composición, la maduración y la función de la estructura corporal (Rupérez García, 2015).

Esta disciplina describe la estructura morfológica del individuo en su desarrollo longitudinal y las modificaciones provocadas por el crecimiento, el entrenamiento y el plan alimentario (Mazza, 2003).

A nivel individual, se usa la antropometría para identificar a las personas que necesitan una consideración especial de modificación de algún o algunos de los parámetros evaluados, o para valorar la respuesta de esa persona a una intervención específica. Aplicada a la práctica deportiva, los datos obtenidos integran la evaluación nutricional del deportista y orientan a conocer la posibilidad de rendimiento deportivo. Tanto en las poblaciones como en los individuos, se usan los datos antropométricos para tomar decisiones sobre los tipos de intervención que se prevén. Entre las aplicaciones típicas, están las medidas sobre la necesidad o no de programas de intervención, sobre a quiénes deben estar dirigidos los programas y sobre cuál será su naturaleza. Estas aplicaciones son similares a las relacionadas con la detección de individuos (OMS, 1995).

En vista de que la composición corporal influye en el rendimiento deportivo e incluso varía entre deportistas de una misma competición, el estudio de las características antropométricas, morfológicas y funcionales del atleta resulta esencial para el mantenimiento de la competitividad. Varios trabajos han demostrado que dichas características están relacionadas considerablemente con el rendimiento de los corredores (Ramírez Vélez, 2005).

Antropométricamente, los corredores son deportistas de bajo peso corporal y masa grasa. Ser pequeño ofrece ventajas termorregulatorias: producen menos calor y lo disipan más eficientemente que los sujetos con mayor tamaño corporal. Desde la nutrición deportiva, se recomienda que la alimentación del corredor proporcione suficiente cantidad de carbohidratos para cubrir las necesidades de energía. Además, durante la carrera se sugieren bebidas de rehidratación (Onzari, 2014).

La deshidratación progresiva durante el ejercicio es frecuente puesto que muchos deportistas no ingieren suficientes fluidos para reponer las pérdidas producidas. Esto puede provocar una disminución del rendimiento físico y, además, aumenta el riesgo de lesiones, e incluso puede poner en riesgo la vida. Por este motivo, es muy importante elaborar una estrategia capaz de mantener un nivel de líquido corporal óptimo mientras se hace ejercicio, tanto en los entrenamientos como en la competición (Palacios Gil Antuñano et al., 2008).

Las adaptaciones fisiológicas y el rendimiento deportivo de los atletas son influenciados por el perfil cineantropométrico. Por ejemplo, los resultados de Landers y colaboradores (2000) indicaron que la longitud de las extremidades inferiores y los bajos niveles de grasa corporal se asociaron con el tiempo de registro en atletas de élite. También se han informado incrementos a lo largo de la temporada tanto en el VO2 máx. como en la potencia anaeróbica, al igual que reducciones en los pliegues cutáneos (Ramírez Vélez, 2005).

Desde hace décadas, diferentes estudios han dejado suficientemente claro que el perfil antropométrico es un factor de selección muy importante para el éxito deportivo (Rocha, 1975; Esparza y cols., 1993). Por otro lado, se ha de tener presente que, si un individuo presenta un hándicap biológico o limitación de las capacidades necesarias para un deporte, ni siquiera una cantidad excesiva de entrenamiento le va a permitir superar la carencia inicial. Centrándonos en aquellas disciplinas de carrera en las que el metabolismo aeróbico tiene gran importancia, hay que tener en cuenta la masa corporal, puesto que su variación modifica la economía de carrera y la longitud de zancada en corredores de media y larga distancia, e incluso parte del rendimiento en una carrera de 10 km se explica por el índice de la masa corporal y el somatotipo (Sánchez Muñoz et al., 2003).

La Sociedad para el Avance de la Cineantropometría (ISAK) elaboró un manual con normas de medición que estandarizaron la técnica a nivel mundial. Además, estableció una acreditación que se basa en un sistema de jerarquía de cuatro niveles, con el objetivo de que todos cumplan con un mínimo error técnico de medida. Existen dos perfiles de evaluación antropométrica: reducido y completo, de acuerdo a la cantidad de medidas a efectuar en el evaluado, entre perímetros o circunferencias, diámetros y pliegues cutáneos (ISAK, www.isak.global).

Los lineamientos de ISAK son internacionales, y esta asociación ha trabajado durante muchos años para formular recomendaciones para la evaluación antropométrica de deportistas específicamente, pero aportando un espectro de posibilidades de aplicación más amplio, es decir, que estas recomendaciones pueden aplicarse también sobre la población en general. En Australia, estos lineamientos han sido respaldados tanto por el Laboratorio de Esquemas de Asistencia de Standards de la Comisión de Deportes de Australia, como por la Asociación Australiana para las Ciencias del Deporte y el Ejercicio (Norton y Olds, 2004). De estas mediciones surge la sumatoria de seis pliegues (tricipital, subescapular, supraespinal, abdominal, muslo frontal y pantorrilla). El espesor del pliegue tomado hace referencia al tejido adiposo subcutáneo (Chambers et al., 2014).

Con este dato, y a través de diferentes ecuaciones matemáticas de predicción antropométrica, es posible calcular el porcentaje de grasa corporal (%GC), que representa información importante para el cuidado de la salud y el manejo de la obesidad. De estas fórmulas, la de Durnin y Womersley (1974) que figura en las tablas ARGO-REF utiliza el valor de 4 pliegues e incluye entre ellos al bicipital, que no es de los utilizados para las sumatoria de 6 pliegues. Fue generada como ecuación para la población en general y no es específica para un grupo humano o disciplina deportiva. Su desventaja es que tiende a sobreestimar la grasa en sujetos magros y a subestimarla en los obesos.

Otras ecuaciones permiten estimar el porcentaje de masa grasa a partir de la densidad corporal. Estas han sido construidas gracias a investigaciones previas que han utilizado cadáveres para calcular las densidades y las proporciones relativas de los componentes químicos de los distintos tejidos corporales. Entre las más conocidas, están la de Siri (1961) y la de Brozek (1963). Ambas producen estimaciones similares (entre 0,5 y 1,0 en el porcentaje de grasa) (Sáez Madaín, 2000). La fórmula de Jackson/Pollock (1978-1980) es la menos usada y abarca 3 pliegues, diferentes según el sexo.

Yuhasz en 1974 editó una fórmula para jóvenes de entre 18 y 30 años, que es una de las que más se utiliza actualmente; esta fórmula tiene dos ecuaciones diferenciadas para ambos sexos, incluyendo el valor de los 6 pliegues cutáneos (Holway, 2010).

En un estudio realizado con 250 alumnos universitarios en Aguascalientes (México), se corroboró que el %GC corporal no se correlaciona con el índice de masa corporal y la circunferencia de cintura. Los autores sugieren que, si se quiere evaluar la composición corporal, es necesario utilizar %GC y dejar al IMC como un índice de tamizaje de peso corporal. Sus resultados fueron similares a los de Beechy et al. (2012) y Quiang (2012) (Del Campo Cervantes et al., 2015).

Circunferencia de cintura (CC)

Es una medición utilizada para la evaluación de riesgo cardiovascular y asociación a enfermedades crónicas no transmisibles. Según Boulé y cols., la cintura abdominal se reduce de manera importante después de una serie de ejercicios en pacientes con diabetes ya que existe una relación positiva entre la circunferencia de la cintura, la obesidad central, la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico y las enfermedades cardiovasculares (Boulé et al., 2005. En Giorgi Laverde et al., 2011).

En el estudio denominado IDEA (International Day por Evaluation of Abdominal Obesity) realizado en Colombia, los resultados comprobaron que el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas aumenta con el tamaño de la circunferencia abdominal, independientemente del índice de masa corporal (IMC), por lo cual es un indicador práctico y útil (Ruiz et al., 2012).

En esta misma línea, la investigación de Castellanos et al. (2011) sostuvo que el perímetro abdominal constituye el principal predictor de obesidad abdominal, un estado que favorece la resistencia a la insulina y la aterosclerosis. El tejido adiposo visceral es más resistente a la insulina que el tejido subcutáneo, lo que provoca una hiperinsulinemia compensadora que, a largo plazo, produce disfunción de las células β del páncreas, la aparición de diabetes mellitus y un aumento del riesgo cardiovascular.

También arriban a similares resultados Cedeño Morales y cols. (2015) en su estudio realizado con 105 individuos: el perímetro de cintura constituye un parámetro de medida imprescindible en la valoración del paciente obeso, independientemente del IMC, puesto que se ha demostrado una asociación positiva entre obesidad abdominal y riesgo cardiometabólico.

Índice cintura-cadera (ICC)

Fue usado hasta hace poco tiempo para evaluar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Tiene menor sensibilidad y especificidad que la medición de circunferencia de cintura. Varios estudios respaldan su menor utilidad como indicador de riesgo cardiometabólico: Cedeño et al. (2015) se basa en que el perímetro abdominal, en concreto el perivisceral, se asocia con un mayor riesgo de ECV. Taylor et al. (2000) compararon medidas antropométricas con la grasa troncular y encontraron que la CC es mejor indicador de la distribución localizada de grasa corporal, especialmente abdominal (Roman et al., 2016).

Índice de masa corporal (IMC)

Descripto por Adolphe Quetelet en 1871, es la relación entre el peso corporal (kg) y la estatura o talla elevada al cuadrado (m). Según estudios epidemiológicos, es útil para realizar una estimación indirecta de la adiposidad corporal. Sin embargo, las variaciones en el peso corporal podrían reflejar la estructura muscular u ósea (Farinola y Rodríguez Papini, 2004).

Por las limitaciones descriptas sobre el índice de masa corporal para evaluar el grado de adiposidad corporal, sobre todo en personas con mayor desarrollo de masa muscular o en ancianos, se han ensayado otras mediciones antropométricas, ya enunciadas, como los pliegues cutáneos y, a partir de ellos, el cálculo de la masa grasa, la masa magra, entre otros (Soca, 2015).

El equipamiento para las mediciones fue una balanza electrónica de bioimpedancia OMRON portátil y el kit Rosscraft SRL portátil fabricado en Buenos Aires, Argentina.

Los datos antropométricos se obtuvieron a través de las siguientes mediciones:

  • Masa (peso) corporal.
  • Talla.
  • Circunferencia de cintura.
  • Circunferencia de cadera.
  • Pliegue tricipital.
  • Pliegue subescapular.
  • Pliegue supraespinal.
  • Pliegue abdominal.
  • Pliegue muslo frontal.
  • Pliegue pantorrilla.

A través de estas mediciones, se obtuvo el IMC, el índice de cintura-cadera (ICC), la sumatoria de seis pliegues (∑ 6 pliegues) y el porcentaje de grasa corporal según Ecuación de Yuhasz Hombres % PG = 4,56 + (∑ de 6 pliegues mm x 0.143), Mujeres % PG = 3.64 + ( de 6 pliegues mm x 0.097) (Yuhasz, 1974).

Las medidas de peso, talla, IMC y suma de seis pliegues fueron luego comparadas con la tabla de referencia ARGOREF.

En la provincia de Buenos Aires, entre 2002 y 2004 se realizó un estudio antropométrico de compilación de datos de deportistas recreacionales llamado ARGOREF. Se analizaron cientos de evaluaciones utilizando el promedio de las dos mediciones efectuadas en cada individuo. Para el análisis de la composición corporal, se utilizó el método de fraccionamiento antropométrico de Kerr y Ross (ISAK), cuyo objetivo es estandarizar mundialmente las mediciones antropométricas asegurando un error técnico de medición aceptable intraevaluadores e interevaluadores y que haya sido validado. Para la elaboración de estas tablas, y con el objetivo de poder obtener comparaciones confiables, se seleccionó una muestra representativa de la población sana, que no fuera sedentaria ni que practicara actividad física con la asiduidad de los deportistas de élite (Holway, 2005).

Evaluación bioquímica: perfil lipídico

A través de pruebas de laboratorio, se pueden determinar parámetros relacionados con el nivel corporal de los nutrientes. Estos datos deben complementarse con los datos alimentarios. Son solicitados por el médico clínico o deportólogo e incluyen hemograma completo, colesterol total, HDL o lipoproteína de alta densidad, LDL o lipoproteína de baja densidad, triglicéridos, glucemia, urea, albúmina, etc. El efecto beneficioso del ejercicio regular para el organismo ha motivado la promoción del deporte en favor de la salud y la prevención de ECNT. Sin embargo, la respuesta en el perfil lipídico después de una sesión de ejercicio físico, así como los efectos de un programa de entrenamiento sobre aquel, es diferente según el tipo de ejercicio, la intensidad, la frecuencia, la duración de la sesión y el tiempo de permanencia en el programa de entrenamiento físico (Durstine y Haskell, 1994. En Boraita, 2004).

El tercer informe del panel de expertos sobre Detección, Evaluación y Tratamiento de la Hipercolesterolemia en Adultos (2001) incluye como factores de riesgo cardiovascular modificables al colesterol total aumentado al colesterol HDL disminuido, al tabaquismo y a la hipertensión arterial. Para evaluar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, también recomienda la determinación de triglicéridos, junto a los mencionados (colesterol LDL, colesterol HDL) y sugiere realizar el cálculo de colesterol no HDL, y los índices colesterol total/colesterol HDL y triglicéridos/colesterol HDL (NHLBI-NIH, 2002). Todos estos parámetros integran el perfil de lípidos para la valoración de la salud cardiovascular y disminución del riesgo cardiovascular.

Colesterol total (CT)

El colesterol elevado es una de las principales causas de la carga de enfermedad en el mundo en cuanto factor de riesgo clave para la enfermedad cardiovascular, cerebrovascular y vascular renal. Se estima que altos valores de este causan 2,6 millones de muertes (4,5 % del total) y una pérdida de 29,7 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), que significan el 2 % del total a nivel mundial (ENFR, 2013).

Colesterol HDL (cHDL)

El ejercicio físico de carácter aeróbico induce a aumentar ligeramente los niveles de colesterol HDL, como sucede con la ingesta de grasas monoinsaturadas (aceite de oliva, frutos secos como las almendras, etc.). De la misma manera, esta protección arterial aumenta con el número de sesiones semanales de ejercicio y disminuye una vez abandonada la actividad física. En este sentido, Carbayo y cols. (2000) en su estudio con varones ingresantes a la Escuela de Policía local de Murcia (España) buscaron valorar los cambios producidos por la práctica y el cese de ejercicio físico moderado en las fracciones cHDL2 y cHDL3. Concluyeron que el ejercicio físico moderado realizado bajo un balance calórico equilibrado sin cambios en el peso ni en el IMC incrementa el cHDL a expensas de sus dos subfracciones: cHDL2 y cHDL3. Cuando el balance energético es positivo, con aumentos en el peso y en el IMC, el cHDL también se incrementa, pero a expensas del cHDL3. La inactividad física, en ausencia de cambios en el peso y en el IMC, induce una pronta regresión del cHDL y del cHDL2, a los valores basales en al menos 4 días.

Colesterol LDL (cLDL)

Algunos estudios (Pincemail et al., 2000) muestran que un alto volumen de entrenamiento, o programas profesionales de entrenamiento con ejercicios de muy larga duración, se acompañan de cambios oxidativos en las partículas LDL. También ocurre en corredores de maratón e incluso en individuos entrenados sometidos a una sesión aguda, con ejercicios de muy larga duración hasta la fatiga. Un aumento del cLDL en deportistas podría significar una mayor proporción de ox-LDL circulante, debido al aumento del estrés oxidativo y el aumento de los radicales libres de oxígeno (ROS) durante el ejercicio (Fernández et al., 2009).

Pese a lo dicho, se ha observado que, además del aumento de ox-LDL que se produce en los deportistas, después de períodos prolongados de entrenamiento de moderada intensidad se ve incrementada también la capacidad antioxidante en plasma, fenómeno que pone de manifiesto la posibilidad de la existencia de un mecanismo de adaptación natural endógeno. Al igual que Fernández, Urdampilleta sostiene que el deporte extremo y de gran estrés oxidativo afecta negativamente en el perfil de colesterol del deportista (Urdampilleta, 2013).

De acuerdo al Consenso de Corazón y Deporte elaborado por la Sociedad Argentina de Cardiología en 2007, el ejercicio intenso modifica el perfil lipídico, lo que implica un mecanismo de mejora del riesgo cardiovascular. Se conoce desde los primeros estudios transversales realizados al respecto que las personas activas tienen concentraciones de colesterol total más bajas que las sedentarias, pero el aumento de la actividad física no produce grandes variaciones en las concentraciones de colesterol total o colesterol LDL. Sin embargo, cuando se comparan estos valores en los corredores de más de 80 km/semana con los que corren menos de 16 km/ semana, se encuentra que en los primeros aumentan los valores de colesterol HDL, disminuyen el índice de obesidad, las concentraciones de triglicéridos y la relación de colesterol total/colesterol HDL, y se modifica el tamaño de la LDL, con aumento de su tamaño y reducción de su oxidación, por lo que es menos aterogénica (Consenso Corazón y Deporte, 2007).

Triglicéridos (TG)

En deportistas, se espera un nivel de triglicéridos por debajo de 70-100 mg/dl. Un valor plasmático elevado es perjudicial ya que estos aumentan la viscosidad de la sangre y, con ella, sus efectos negativos sobre el rendimiento y la salud: aumento de la resistencia periférica y menor fluidez sanguínea, lo cual altera la presión arterial y la coagulación y genera un mayor riesgo de trombos, entre otros. Existe una relación entre la elevación de los triglicéridos en sangre y una mayor susceptibilidad a la oxidación del cLDL. El mecanismo está mediado por la elevación de la insulinemia y la respuesta inflamatoria debido a los microtraumatismos generados por el deporte y el gran estrés oxidativo que producen, entre otros. No obstante, la relación existente entre la hiperlipemia y situaciones de gran estrés oxidativo puede ser causante de un empeoramiento de la salud en el deportista y, por ello, conviene mantener los lípidos sanguíneos, sobre todo TG y cLDL, bajos (Fernández et al., 2009).

Los TG sanguíneos con ejercicios aeróbicos de larga duración bajan considerablemente por el aumento en la actividad de la enzima lipoproteinlipasa (LPL) en el músculo esquelético. La ingesta excesiva de grasas saturadas, alcohol o azúcares aumenta sus niveles (Urdampilleta y cols., 2014).

Leal y cols. también estudiaron la relación entre la actividad física y el perfil lipídico, y mencionan que aquellas personas que tienen un estilo de vida activa poseen el 45 % menos de riesgo de presentar enfermedad coronaria que las personas sedentarias. Las maneras de participar en la actividad física son varias: realizar ejercicio aeróbico de forma regular, practicar caminata rápida, natación, ciclismo y deportes de raqueta, que han mostrado ser la mejor forma de incrementar las HDL, reducir las LDL, disminuir la síntesis de TG y, así, mejorar el perfil lipídico. Está demostrado que por cada disminución en 1 mg/dl de HDL, se producirá un incremento de 2-3 % de este riesgo (Leal et al., 2009. En Castillo Sarango, 2017).

El entrenamiento de resistencia se asocia a un incremento de la sensibilidad betaadrenérgica en el tejido adiposo, lo que provoca un mayor consumo de ácidos grasos como fuente energética. Este fenómeno adaptativo es máximo a los 4 meses de haber iniciado un programa de entrenamiento de resistencia. Pese a que la intensidad y la duración de la actividad física son necesarias para observar efectos beneficiosos en el perfil lipídico, esta relación no está aún claramente definida, y se recomienda que los deportes practicados no sean de ultrarresistencia ni muy traumáticos. Algunos estudios parecen indicar que ciertos deportes con alto grado de estrés físico-muscular podrían afectar negativamente al perfil lipídico de los deportistas, mientras que los deportes de resistencia aeróbica no traumáticos podrían ayudar a mejorar el perfil de triglicéridos, cHDL y cLDL (Boraita, 2004). Si se tiene en cuenta que las respuestas de los lípidos y las apolipoproteínas a un ejercicio se prolongan hasta las 48 h posteriores al cese, en el momento de prescribir un programa de ejercicio una frecuencia de al menos 1 sesión cada 2 días parece adecuada para obtener en el transcurso de los meses las adaptaciones metabólicas necesarias. La duración de la sesión de ejercicio y el período de práctica deportiva parecen tener también importancia a la hora de obtener beneficios en el perfil lipídico. En poblaciones de jóvenes se ha demostrado que períodos de 6 a 12 meses son suficientes para lograr incrementos en el cHDL (Wood et al., 1988. En Boraita, 2004). Los adultos a partir de los 50 años pueden beneficiarse de una mejoría de su condición física y de pequeñas modificaciones en sus valores de cHDL desde el inicio de un programa regular de ejercicio de moderada intensidad. Sin embargo, el tiempo necesario para lograr las adaptaciones del metabolismo lipídico puede ser más prolongado que el requerido en poblaciones más jóvenes. Además de la regularidad, se precisa un programa de ejercicio prolongado, de al menos 2 años, para poder constatar un incremento del cHDL (King et al., 1995. En Boraita, 2004).

Para la evaluación del perfil lipídico, se solicitó el envío vía correo electrónico de los resultados de un estudio de laboratorio de extracción de sangre periférica por individuo y se especificó qué valores del perfil lipídico debía informar. También fue tomado como válido un estudio previo de estas características siempre que no fuera superior a un año desde la inclusión en la investigación. Dado que todos los participantes del presente trabajo eran integrantes de runner teams en los que se solicitaba el apto fisico completo, se tomó el estudio de laboratorio más reciente.

El perfil lipídico a evaluar incluye los siguientes valores:

  • colesterol total,
  • cHDL,
  • cLDL, y
  • TG.

Los índices predictivos de aterogénesis que se calcularon fueron:

  • relación COL-t/HDL-c o índice aterogénico de Castelli,
  • relación LDL-c/HDL-c, y
  • relación TG/HDL-c (De Girolami, 2014).

Se utilizaron como valores de referencia del perfil lipídico los que surgen de las recomendaciones del tercer reporte del panel de expertos del National Cholesterol Education Program (NCEP) sobre la detección, evaluación y tratamiento del colesterol sanguíneo elevado en adultos (ATP III–Adult Treatment Panel III), actualizado en el 2004 (Grundy et al., 2004).

Tabla 2. Parámetros del perfil lipídico. Rangos

Nivel de colesterol total 
(COL T)

-Deseable: < de 200 mg/dl

-Límite alto: 200-239 mg/dl

-Alto: ≥ 240 mg/dl

Nivel de triglicéridos 
(TG)

-Normal: <150 mg/dl

-Límite alto: 150-199 mg/dl

-Alto: 200-499 mg/dl

-Muy alto: >500 mg/dl

Nivel de cHDL

-Alto: ≥ 60 mg/dl
-Normal: 40-59 mg/dl
-Bajo: <40 mg/dl

Nivel de cLDL

-Óptimo: <100 mg/dl
-Cercano al óptimo: 100-129 md/dl
-Límite alto: 130-159 md/dl
-Alto: 160-189 mg/dl
-Muy alto: ≥190 mg/dl

Relación COL.T/cHDL
o índice de Castelli

-Deseable: <4,5
-Riesgoso: ≥4,5

Relación cLDL/cHDL

-Deseable: < 2,5
-Riesgoso: ≥ 2,5

Relación TG/cHDL

-Deseable: ≤ 3,5

-Riesgoso: >3,5

Fuente: Recomendaciones del NCEP-ATP III –Act. 2004 .

Cuestionario de frecuencia de consumo

La valoración de la ingesta dietética permite conocer el ingreso de nutrientes en el individuo y determinar su adecuación a los estándares de referencia.

Para Morán Fagúndez (2015), la cuantificación del consumo y los hábitos alimentarios ha despertado interés desde tiempos de Hipócrates, dada su relación con el estado de salud del individuo. Desde los años 30 y 40 del siglo XX, este afán por la recogida de datos de consumo alimentario comienza a estandarizarse en forma de cuestionarios, en una época en la que las enfermedades deficitarias e infecciosas eran la causa principal de mortalidad. Debido a la transición hacia mayor prevalencia de enfermedades crónicas a partir de la mitad del siglo XX, los métodos de valoración del consumo alimentario tomaron un rol más orientado a la conservación de la salud y a la reducción del riesgo de sufrir patologías crónicas. Actualmente, constituyen una herramienta fundamental en la determinación de la ingesta de alimentos en los grupos poblacionales. Son útiles para evaluar y vigilar la salud nutricional de la población, permitiendo observar tendencias y cambios en los patrones de consumo. Los datos obtenidos sirven como fundamento para la elaboración de guías, recomendaciones nutricionales y planes de salud, así como para la organización de políticas relacionadas con la alimentación y la nutrición de la comunidad. Sin embargo, es necesario continuar investigando y mejorando la metodología de los cuestionarios individuales para que su aplicabilidad brinde respuestas fieles a las realidades de consumo alimentario (Morán Fagúndez, 2015).

Los indicadores alimentarios brindan información:

  • cualitativa: gustos, hábitos y rechazos alimentarios, tipo de alimentación y manipulación de los alimentos;
  • semicuantitativa: obtenida a través de la frecuencia de consumo por grupo de alimento; y
  • cuantitativa: suministrada en los distintos tipos de recordatorios, registros y pesada de alimentos.

El marco de tiempo es considerado de forma diferente en cada método de evaluación dietética. Algunos se enfocan en el presente, otros en el pasado reciente y otros agregan períodos anteriores. La decisión para considerar cuál usar debe encajar con las metas de la evaluación. El costo, la conveniencia, los argumentos emocionales y los intereses personales no deberían servir de guía para la selección (INCAP, 2006).

El cuestionario de frecuencia de consumo describe en forma cualitativa y descriptiva los patrones de ingesta habitual de una lista de alimentos, y la cantidad y el número de veces en que se los consume por día, semana o mes. Permite evaluar preferencias en grupos y diferenciar nutrientes específicos. La lista debe ser extensa y precisa. Se considera más representativo que el método de recordatorio de 24 horas. Este método fue validado en 1998, mediante la validación bioquímica por Willet y Lenart (Onzari, 2014). Es el más comúnmente usado para estimar la ingesta habitual de alimentos en estudios epidemiológicos, de caso control o de cohorte, y permite clasificar o agrupar los sujetos del estudio según la asociación entre la ingesta y los riesgos de padecer algunas enfermedades. La mayor limitación es que muchos detalles del consumo no son medidos y que la cuantificación no es tan exacta. Además, diferentes cuestionarios pueden desenvolverse de manera impredecible en diferentes poblaciones, por lo que los niveles de ingesta de nutrientes estimados deben ser considerados como aproximaciones. Por esto son más apropiados para categorizar a individuos de acuerdo a su ingesta más que para estimar los niveles de ingesta (INCAP, 2006).

El análisis de los datos requiere transformar los datos obtenidos en parámetros comparables y valores de referencia para compararlos, que pueden ser: grupos de alimentos, ingesta dietética de referencia (IDR) o recomendaciones específicas para deportistas (Onzari, 2014).

Independientemente de la modalidad deportiva, las conductas alimentarias son determinantes en el mantenimiento de la salud, el aumento del desempeño atlético y el control de la composición corporal en atletas. La evaluación sistemática del consumo de alimentos puede ayudar a orientar a los atletas en el manejo nutricional más adecuado (Ferreira Roriz et al., 2015).

Para Onzari (2014), aunque es muy útil, esta información tiene limitaciones: el instrumento de recolección de datos no siempre está validado o no existen estándares de referencia para todos los objetivos buscados. La ingesta alimentaria de un deportista suele ser diferente a la de la población general en cuanto a porciones, horarios o suplementación. La utilidad de esta evaluación radica en que sirve para determinar el estado nutricional, vincular la alimentación con el rendimiento, evaluar la educación nutricional del deportista y evaluar el efecto de períodos de entrenamiento en la ingesta alimentaria.

Los datos de la ingesta de alimentos y líquidos más relevantes que se evalúan son:

  • la cantidad y calidad de macronutrientes y micronutrientes;
  • la frecuencia, el horario y el lugar de las ingestas;
  • patrones semanales y de fin de semana de ingesta;
  • hábitos, creencias, preferencias, restricciones, alergias e intolerancias;
  • formas de preparación más habituales, la rutina de compras, el tiempo disponible;
  • la influencia del entrenamiento sobre las ingestas, los patrones de ingesta antes, durante y después del entrenamiento o las competencias;
  • la utilización de suplementos: uso, efectos, creencias, prescripción;
  • fluctuaciones de ingesta durante el año;
  • la ingesta de líquidos antes, durante y después del ejercicio, los antecedentes de deshidratación (Onzari, 2014).

Para evaluar los hábitos alimentarios en este estudio, se utilizó el cuestionario de historia alimentaria del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos (DHQ I, 2007), adaptado a los objetivos de este estudio. Las modificaciones se realizaron por una necesidad de traducción de los alimentos a vocabulario castellano hablado en Argentina, y se excluyeron alimentos o preparaciones que no fueran de consumo habitual en este país. Se le dio formato de tabla para facilitar su respuesta. Fue enviado por correo electrónico con la instrucción correspondiente a los corredores, y devuelto completo por la misma vía. Su base de datos es una compilación eficaz –conducida desde 2001 a 2006- del registro diario de 24 horas del National Health and Nutrition Examination Surveys (NHANES III), llevado a cabo entre 1988 y 1994 con 40.000 personas encuestadas de Estados Unidos. Incluye tanto preguntas sobre el tamaño de la porción, como sobre suplementos alimenticios. Existe en formato papel y versión web. El cuestionario original se validó confrontándolo con otros cuestionarios diversos de frecuencia de consumo de alimentos, con tasas de respuesta de entre 70 y 85 %, estadísticamente semejantes a otros cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos más cortos (NIH, 2007).

Para todos los grupos de alimentos, se tomaron como referencias las recomendaciones de frecuencia de consumo de las GAPA (Guías Alimentarias para la Población Argentina, Ministerio de Salud. Presidencia de la Nación. Cap. 2, 2016).

Tabla 3. Selección de alimentos. Grupos de alimentos

Plan alimentario promedio

Alimento

Cantidad diaria recomendada

Observaciones

Leche y yogur

500 cc.

Parcialmente descremados.

Queso fresco

30 g.

Queso blando 22 % contenido graso.

Huevo 25 g.
Carnes 130 g.

7 % contenido graso.

Hortalizas 400 g.

Variedad de hortalizas de solo tipo A y B.

Frutas 300 g.

Variedad de frutas.

Feculentos cocidos 250 g.

Cereales y derivados, pastas, legumbres, hortalizas feculentas.

Pan 120 g.
Aceite, semillas, frutas secas 30 g.
Agua segura 2 l.

Calorías provenientes de alimentos de consumo opcional: 270 aprox.

En esta categoría se incluyen: alimentos grasos (mayonesa, crema de leche, manteca, grasas sólidas), azúcares libres (azúcar de mesa, dulces, mermeladas, etc.), más productos tales como bebidas e infusiones azucaradas, alfajores, chocolates, golosinas, productos de copetín/snacks, panificados dulces o salados, tortas, postres azucarados, helados, barras de cereales con azúcar agregada, o cereales de desayuno con azúcar agregada.

Fuente: MSAL, GAPA, 2016.

Evaluación de la actividad física

Es importante conocer el patrón de hábitos de actividad física en la población adulta y saber en qué medida algunos factores del estilo de vida condicionan la realización de prácticas activas. Esto permitirá diseñar estrategias de promoción y prevención a nivel comunitario dirigidas específicamente a los grupos más vulnerables, a través de políticas de acciónmás eficaces en términos de costo-efectividad (Gauvry et al., 2017).La medición de la actividad física y el sedentarismo representan un desafío debido a las diversas actividades que realizan las personas diariamente con diferentes intensidades y duraciones, lo que podría conducir a resultados ambiguos en las medidas que se utilizan para valorar estos parámetros. Respecto de esto, Booth menciona a los cuestionarios como instrumentos que –aunque fáciles de administrar– tienen el inconveniente de depender de la memoria y de la interpretación individual de la actividad física del entrevistado, además de que es compleja la comparación dentro de los países y entre ellos. Existen dos maneras de medir la actividad física: la modalidad subjetiva, que generalmente se realiza por métodos de autoinforme e incluye cuestionarios, entrevistas y encuestas; y la medición objetiva, que, en cambio, busca valorar parámetros fisiológicos. Algunos ejemplos frecuentemente usados son los podómetros o cuentapasos y los monitores de frecuencia cardíaca (Booth, 2000. En Roldán Aguilar, 2013).

La práctica deportiva está caracterizada por múltiples dimensiones o atributos: frecuencia, duración, intensidad, tipo de actividad y según los dominios.

La frecuencia se refiere al número de veces o sesiones que una actividad es practicada en un período de tiempo (día, semana, mes o año) y la cantidad de tiempo dedicada a la práctica de la actividad física en una sesión, generalmente en minutos. A su vez, la intensidad representa el esfuerzo físico requerido para desempeñar una actividad, o bien el volumen total de actividad física o el gasto energético asociado a esta en un período de tiempo. Esta definición permite clasificar la actividad física, según el esfuerzo aplicado, en vigorosa, moderada y ligera o de baja intensidad (leve) (Vanhees et al., 2005; Serra et al., 2006). Según los dominios la actividad física se clasifica en actividad física de tiempo libre (realizada durante el tiempo dedicado al ocio o descanso, ejecutada voluntariamente como medio de relajación, disfrute o placer y basada en intereses personales), actividad física laboral u ocupacional (realizada en el contexto laboral, generalmente remunerada), actividad física de transporte o desplazamiento (de traslado de un lugar a otro), y actividad física doméstica o del hogar (realizada en el hogar) (Pate, 2008).

La actividad física de una persona también puede ser categorizada por el contexto en el que se produce según el tipo o modo de actividad física. Las categorías más comunes son el trabajo, el hogar, el tiempo libre o el transporte.

Actividad física en el trabajo

La actividad física relacionada al trabajo como actividad intensa implica una aceleración importante de la respiración o del ritmo cardíaco, exige un esfuerzo físico intenso –como levantar peso, cavar o los trabajos de construcción, durante al menos diez minutos consecutivos–, o una actividad de intensidad moderada que implica una ligera aceleración de la respiración o del ritmo cardíaco –como caminar deprisa o transportar pesos ligeros durante al menos diez minutos consecutivos–. Se tiene en cuenta cuántos días a la semana y cuánto tiempo en horas y minutos se invierte en esa actividad, ya que no todos los trabajadores realizan una actividad física vigorosa. Estos se pueden clasificar en cuatro grupos (INSHT, 2014):

  • Aquellos que están relacionados con un trabajo que tiene poca movilidad o desplazamientos, como los oficinistas, recepcionistas, secretarios, transportadores, choferes, etc.
  • Trabajadores con tareas de mucha movilidad o acción, como el caso de los carpinteros, jardineros, mecánicos, trabajadores de oficios varios, entre otros.
  • Los que se distinguen por manejar grandes cargas en forma continua, como el caso de los albañiles, torneros, soldadores, etc.
  • Trabajadores relacionados con tareas intelectuales, como docentes, ayudantes de cátedra, investigadores, estudiantes, abogados, médicos, etc. (INSHT, 2014).

Actividad física en el desplazamiento

La actividad física comprende también el tiempo que se dedica al desplazamiento de un lugar a otro, como ir al trabajo, al colegio, a la universidad, al mercado, al lugar de culto, entre otros. Esta dependerá del medio de transporte (solo caminar, bicicleta, transporte público) que el individuo utilice, la frecuencia y la duración. En algunos países se cuenta con políticas saludables en donde se da preferencia al transporte público, a las bicicletas y a caminar por sobre los automóviles particulares, para generar menos contaminación ambiental o morbilidad relacionada con lesiones y mortalidad y favorecer la actividad física en la población. Estos modos de transporte implican más actividad física, con efectos positivos para la salud, y no interfieren en el efecto invernadero. En un estudio realizado por Basset y col., se encontró que el transporte activo está inversamente relacionado con la obesidad en países en los cuales el transporte activo –definido como el porcentaje de viajes realizados a pie, bicicleta y transporte público– no es predominante, lo que sugiere que la poca presencia de transporte activo podría ser uno de los factores que explican la epidemia de obesidad en algunos países (Basset et al., 2008).

Actividad física en el tiempo libre

Son las actividades que realiza un individuo en el tiempo de ocio, en las cuales la intensidad puede ser variable. Por ejemplo, la práctica de algún deporte o ejercicio intenso que implica una aceleración importante de la respiración o del ritmo cardíaco, como correr, jugar al fútbol o al tenis, patinar, utilizar la bicicleta, levantar pesas durante al menos diez minutos consecutivos, o, por el contrario, la práctica de alguna actividad de intensidad moderada que implica una ligera aceleración de la respiración o del ritmo cardíaco, como bailar, caminar deprisa, ir en bicicleta, nadar, jugar al vóleibol durante al menos diez minutos consecutivos (Barnes et al., 2003).

Este es un campo muy importante en la actividad física debido a que, si en las actividades cotidianas como trabajar o desplazarse los individuos no presentan exigencia física importante, la utilización del tiempo libre en la realización de una actividad física le proporcionará un gasto calórico beneficioso para su salud. Desafortunadamente, esto no ocurre en la mayoría de los individuos, ya que múltiples factores aparecen como obstáculos para la realización de la actividad física, como la falta de tiempo, dinero, pereza (falta de motivación), falta de compañía (soporte social), inseguridad, discapacidad, entre otros (Montealegre Esmeral, 2011).

En este estudio se ha usado una herramienta subjetiva, el cuestionario GPAQ (OMS). Este grupo de instrumentos incluye los cuestionarios, las entrevistas y las encuestas. Son más prácticos que las evaluaciones objetivas, pero su validez en la medición individual tiene algunas limitaciones. Pueden incluir registros diarios, ya sea en papel o en formato electrónico. Son menos costosos y mucho más fáciles de administrar que las mediciones de laboratorio de la actividad física, pero tienen el inconveniente de que muchas personas no cumplen con las anotaciones diarias, ya que dependen de la voluntad para registrar diariamente y con precisión.

El cuestionario GPAQ (cuestionario mundial sobre actividad física) ha sido desarrollado por la OMS como parte del método STEPwise de la OMS para la vigilancia de los factores de riesgo de las enfermedades crónicas no transmisibles y recomendado por la Organización Panamericana para la Salud (OPS). Es un instrumento confiable y con validación internacional para la medición de la actividad física. La OMS indica que este instrumento fue desarrollado principalmente para su uso en los países en desarrollo y ha sido sujeto a un programa de investigación que mostró ser válido y fiable; asimismo, este puede adecuarse para agregar diferencias culturales u otros elementos trascendentales en el país respectivo (OMS, 2015).

Ha sido traducido al español y retrotraducido nuevamente al inglés para estandarizar la interpretación de los ítems. GPAQ provee información acerca de los patrones de actividad física habitual y diferencia claramente los ámbitos de realización de diferentes tipos de actividad. Las propiedades del GPAQ son similares a las de otros cuestionarios, pero este presenta la particularidad de recoger información acerca de las diferentes dimensiones de la AF, no ser muy extenso y, por lo tanto, ser más práctico, y haberse puesto a prueba con muestras de sujetos provenientes de diferentes contextos socioculturales. Está destinado a jóvenes y adultos de mediana edad (de 25 a 64 años) de ambos sexos e indaga sobre la intensidad (moderada o intensa), frecuencia (en una semana típica) y duración de las actividades desarrolladas en tres ámbitos: trabajo/estudio, desplazamiento de un sitio a otro, y en el tiempo libre. También pregunta sobre el comportamiento sedentario (tiempo que el individuo suele pasar sentado o recostado, pero sin considerar el tiempo pasado durmiendo).

Para analizar la actividad física, se utilizó el cuestionario (adaptado de acuerdo a los fines del estudio) GPAQ versión 2.0 (Cuestionario Global de Actividad Física, 2006), que permite obtener datos comparables relacionados con la actividad física y salud en múltiples dominios. Abarca otras dimensiones que no fueron contempladas en este estudio.

Fue enviado por correo electrónico con la instrucción correspondiente a los corredores, y devuelto completo por la misma vía.

Cuando se analizan las medidas subjetivas tales como diarios y cuestionarios para su uso en la investigación, a menudo se utiliza el concepto de la unidad metabólica (MET) como metodología para calificar objetivamente el gasto energético y calórico de la actividad física semanal. Un MET o índice metabólico es el gasto de oxígeno (3,5 ml/kg/min de O2) en reposo si se está sentado y tranquilo, el cual equivale aproximadamente a 1 kilocaloría por kilogramo de peso por hora. La puntuación proporciona la cuantificación de las actividades reportadas, lo que permite la comparación y el análisis (Roldán Aguilar, 2013).

Los METs permiten estimar cuánta más energía se requiere para una actividad física respecto de la necesaria en reposo (Ainsworth et al., 2011).

Para la puntuación del cuestionario GPAQ, los participantes son clasificados dentro de tres categorías de intensidad de actividad (bajo, moderado o alto), según su valor total de actividad por semana, expresado en MET-minuto por semana. Esta clasificación está basada en las directrices del instrumento, que presentan los siguientes criterios:

  • Alto o intenso: una persona que alcanza cualquiera de estos criterios puede clasificarse dentro de esta categoría: el sujeto reporta tres o más días en los que realiza actividad física intensa y además alcanza o supera los 1.500 MET-minuto/semana, o reporta siete o más días de actividad física intensa o moderada y además alcanza o supera los 3.000 MET-minuto/semana.
  • Moderado: puede referirse a cualquiera de estas tres situaciones: el sujeto reporta tres o más días de actividad intensa de al menos 20 minutos por día, reporta cinco o más días de actividad física moderada y esta es mayor o igual a 150 minutos semanales, o reporta cinco o más días de actividad física intensa o moderada y además alcanza o supera los 600 MET-minuto/semana.
  • Bajo o liviano: se aplica cuando no se alcanzan los niveles mencionados en las otras dos categorías.
Tabla 4. Intensidad en MET
Liviano Moderado Intenso
Menos de 3 MET Entre 3 y 6 MET Más de 6 MET
Caminar Caminar despacio en la casa u oficina (2 MET). -Caminar 4,5 km/h (3,3 MET).
-Caminar 6,5 km/h (5 MET).
-Subir escaleras.
-Cortar el pasto.
-Caminar 7 km/h (6,3 MET).
-Trotar 8-10 km/h (8-10 MET).
-Subir escaleras corriendo (15 MET).
Actividad laboral -Trabajar con la computadora (1,5 MET).
-Hacer la cama, lavar, cocinar, planchar (2-2,5 MET).
-Lavar el auto, limpiar vidrios (3 MET).
-Aspirar o fregar pisos (3-3,5 MET).
-Cargar y transportar objetos (5 MET).
-Cargar arena (7 MET).
-Palear ladrillos (7,5 MET).
-Hacer actividades pesadas de campo (8,5 MET).
Actividad de placer -Jugar a las cartas (1,5 MET).
-Navegar, pescar (2,5 MET).
-Tocar instrumentos (2-2,5 MET).
-Tirar al aro de básquet (4,5 MET).
-Bicicleta a 16 km/h (6 MET).
-Bailar (3-4.5 MET).
-Natación liviana (6 MET).
-Jugar al tenis doble (5 MET).
-Jugar al vóley (3-4 MET).
-Jugar al básquet (8 MET).
-Bicicleta 22-25 km/h (8-10 MET).
-Jugar al fútbol (7-10 MET).
-Natación moderada a intensa (8-11 MET).
-Jugar al tenis single (8 MET).
-Jugar al vóley competitivo o de playa (8 MET).

Fuente: MSAL, GAPA, 2016.

El cálculo de los niveles de actividad física total para cada corredor se realizó de la siguiente forma, teniendo en cuenta las indicaciones de la OMS para la interpretación y análisis del GPAQ (OMS, GPAQ, 2006):

Trabajo vigoroso (preguntas 1 a 3). Valor MET intenso= 8.0

Trabajo moderado (preguntas 4 a 6). Valor MET moderado= 4.0

Viaje (preguntas 7 a 9). Valor MET= 4.0

Recreación vigorosa (preguntas 10 a 12). Valor MET intenso= 8.0

Recreación moderada (preguntas 13 a 15). Valor MET moderado= 4.0

Sentado (pregunta 16)

Ecuación:

AF total MET-min/sem=
(P2*P3*8) + (P5*P6*4)+ (P8*P9*4) + (P11*P12*8) + (P14*P15*4)

Evaluación del estilo de vida

En 1948 la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió a la salud como el “completo estado de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad” (OMS, 2006a). A la hora de poder valorar el estilo de vida con fines de prevención, se ha ido evolucionando hasta métodos objetivos, los cuales, mediante cuestionarios o instrumentos, generan escalas e índices que permiten medir las dimensiones que conforman el estado de salud. Actualmente, la salud de una persona se evalúa más allá de su capacidad física: también se tiene en cuenta su contexto social y su salud mental. Según Velarde Jurado y Ávila Figueroa (2002), existen más de 120 instrumentos para medir la calidad de vida en diversas poblaciones. Debido a que la calidad de vida y el estilo o costumbre asumido por cada individuo en su cotidiano vivir se basan en mediciones con variable subjetividad, se requiere de métodos de evaluación válidos, reproducibles y confiables. Uno de los primeros instrumentos utilizados para evaluar las variables del estilo de vida saludable fue el Inventario de conductas de salud en escolares (The Health Behaviour in School Children: HBSC) diseñado por Wold en 1995 y traducido al castellano por Balaguer (1999). En la revisión bibliográfica realizada por Pastor, Balaguer y García Merita (1998), el HBSC es perfilado como un cuestionario específico para adolescentes ya que tiene como virtud que reúne el mayor número de variables de estilo de vida. La Escala de calidad de vida de Olson y Barnes (1982) considera que es en el dominio de las experiencias de vida de los individuos en donde radica el estilo de vida. En la misma línea, Diener, Emmons, Larsen y Griffin (1985) desarrollaron la Escala de satisfacción con la vida, que consta de cinco ítems que apuntan a la percepción y opinión que las personas tienen sobre su vida en general (Leyton et al., 2018).

Para Pastor y Balaguer (1998), las variables relacionadas con los estilos de vida saludables más investigadas han sido: el consumo de alcohol y de tabaco, los hábitos alimenticios, la actividad física, el consumo de medicamentos, los hábitos de descanso, los chequeos médicos, y las actividades de tiempo libre, entre otras.

Más recientemente, Grimaldo (2012) desarrolló el cuestionario de Estilo de Vida Saludable en Estudiantes de Postgrado. El mismo año, Ramírez Vélez y Agredo (2012) validaron el cuestionario “Fantastic” para medir el estilo de vida en adultos colombianos. Estos agruparon los ítems en 10 dominios: familia y amigos, actividad física, nutrición, consumo de tabaco, consumo de alcohol, sueño y estrés, tipo de personalidad, introspección, conducción al trabajo, y otras drogas.

Otro cuestionario completo que también tiene como destinatarios a los estudiantes universitarios para identificar hábitos de vida saludables y problemas en el marco de la promoción de la salud en el entorno universitario es el cuestionario ESVISAUN (Bennassar, 2012). Sotos Prieto y cols. (2015) desarrollaron el índice de estilo de vida mediterráneo (MEDLIFE) para recoger la adherencia a un estilo de vida saludable en adultos de mediana edad de una población española (Leyton et al., 2018).

El cuestionario EVS pretende abarcar a toda la población en general, siendo un cuestionario poco extenso y que mide las variables más utilizadas en los cuestionarios revisados, como son el consumo de tabaco, el descanso y la alimentación.

Entre los que incluyen como variable a la actividad física, se pueden hallar estos instrumentos:

  • Physician-based Assesment and Counseling for Exercise: PACE (Patrick et al., 2001).
  • Inventario de actividad física habitual en adolescentes (IAFHA) (Gálvez, Rodríguez y Velandrino, 2006).
  • Cuestionario de prácticas y creencias sobre estilos de vida (Salazar y Arrivillaga, 2005), que es el elegido en esta investigación. Incluye práctica de actividad física y deporte, tiempo de ocio, autocuidado, hábitos alimenticios, consumo de sustancias psicoactivas y sueño.
  • Cuestionario de estilos de vida de jóvenes universitarios (CEVJU-R), que contiene ítems que evalúan conductas en ocho dimensiones del estilo de vida: actividad física, tiempo de ocio, alimentación, consumo de alcohol, cigarrillo y drogas ilegales, sueño, habilidades interpersonales, afrontamiento y estado emocional percibido (Leyton et al., 2018).
  • Cuestionario para la evaluación del estilo de vida (Life Style Assessment Questionnaire), que mide conductas como fumar, hacer ejercicio, manejar el estrés, nutrición y conocimiento de sus propias medidas físicas (p. ej., pliegue cutáneo, presión sanguínea y colesterol).
  • Perfil del estilo de vida promotor de la salud II (Health-Promoting Life Style Profile II, HPLP-II o PEPS II), que incluye las dimensiones mencionadas anteriormente en la versión en español y cuyos niveles de fiabilidad están entre 0,7 y 0,9, y de 0,9 para la escala total. No obstante, estos no han sido adaptados a la población latina (Salazar Torres et al., 2010).

En un estudio con 160 sujetos sanos realizado en Puebla (México) con el objetivo de determinar los factores de riesgo cardiovascular y su asociación con el estilo de vida promotor de la salud en adultos, se halló que la obesidad (64,4 %) y la hiperglucemia (35 %) podían explicarse por una baja percepción que se tenía sobre la relación del estilo de vida y el riesgo para la salud, especialmente en actividad física. El perfil de estilo de vida promotor de salud fue bajo, con una media global de 49,6 ± 13,86; menores puntajes se observaron en actividad física (media= 34,6 ± 2,47) y manejo del estrés (media= 42,6 ± 18,05). El estilo de vida promotor de salud fue definido como los hábitos personales que los adultos aparentemente sanos refieren tener en sus conductas de actividad física, responsabilidad en salud, manejo del estrés, nutrición, relaciones interpersonales y crecimiento espiritual, que se midieron con el cuestionario PEPS-II. Surge de este estudio que el estilo de vida no saludable contribuye a desarrollar factores de riesgo cardiovascular como lo demuestran la prevalencia de sobrepeso y obesidad de la población mexicana adulta, junto al síndrome metabólico y dislipidemia (Mellado Sampedro et al., 2011).

Para indagar sobre el estilo de vida, se utilizó una adaptación a los fines de este estudio del cuestionario de prácticas y creencias sobre estilos de vida (Arrivillaga, Salazar y Gómez, 2005), que evalúa seis dimensiones del estilo de vida: condición, actividad física y deporte, tiempo de ocio, autocuidado y cuidado médico, hábitos alimenticios, consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, y sueño. Fue enviado por correo electrónico con la instrucción correspondiente a los corredores, y devuelto completo por la misma vía.

Se contó con la autorización de las autoras para su utilización.

Su formato de respuesta es tipo escala de Likert, dando cuatro alternativas con un rango de “nunca” a “siempre” y de “totalmente en desacuerdo” a “totalmente de acuerdo”, respectivamente (Arrivillaga, Salazar y Gómez, 2005).

Las categorías de calificación establecidas para el cuestionario de prácticas y creencias sobre estilos de vida son las siguientes:

  • Prácticas: muy saludable (MS), saludable (S), poco saludable (PS) y no saludable (NS). Se establecieron en términos de la frecuencia de las prácticas ejecutadas.
  • Creencias: muy alto (MA), alto (A), bajo (B) y muy bajo (MB). Estas categorías se establecen según el grado de presencia de creencias favorables o desfavorables a la salud.

Las categorías de calificación del estilo de vida por dimensión son: estilo de vida muy saludable (EVMS), estilo de vida saludable (EVS), estilo de vida poco saludable (EVPS) y estilo de vida no saludable (EVNS). Estas categorías resultan de diferentes cruces entre los resultados obtenidos en las prácticas y en las creencias.

Tabla 5. Rangos de calificación de prácticas y creencias

Fuente: Elaboración propia.



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