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5 Resultados

El trabajo tomó como población a los corredores amateurs de CABA de ambos sexos con un rango de edad de entre 25 y 66 años. La franja etaria con más corredores fue la de entre 30 y 40 años.

Al evaluar los datos antropométricos, la circunferencia de cintura (CC) en ambos sexos fue menor a los valores de referencia, y casi la totalidad presentó valores bajos de riesgo cardiometabólico. A pesar de las limitaciones descriptas en la bibliografía del IMC, se encontró una prevalencia de sobrepeso entre los varones. Y si se suman los casos de sobrepeso y obesidad en total, se alcanza casi un tercio de la muestra, del que la mitad tuvo %GC alto.

El valor general de la sumatoria de 6 pliegues fue de 77,4 ± 23,9 mm, y se halló que dos tercios presentaban un valor considerado entre bajo y muy bajo, así como también que presentaron un valor bajo de %GC, lo que expresa un nivel reducido de grasa subcutánea habitual en el perfil de corredor de distancia y también un nivel deseable de colesterol total.

En referencia a los valores de cHDL, la mitad de los corredores tenía valores correspondientes al nivel alto, y el 76 % (n=35) presentaba valores dentro de los rangos normal o deseables, correspondientes a las etiquetas de riesgo cerca al óptimo y óptimo de cLDL. Casi la totalidad de la muestra tenía valores normales de TG, así como también valores dentro de lo deseable del índice entre TG y cHDL y del índice de Castelli, mientras que el 24 % (n=9) presentaban un nivel riesgoso de la relación entre cLDL y cHDL.

Al categorizar los hábitos alimentarios de los participantes de la investigación con los criterios establecidos por las GAPA, se encontró que la mayoría de los corredores cubrían las recomendaciones de consumo para los diferentes grupos alimentarios cuanti-cualitativamente.

Sin embargo, la mitad no cubrió la recomendación de consumo del grupo carne y huevo, y un tercio no alcanzó el consumo sugerido del grupo legumbres, cereales, papa, pan y pasta, los cuales son alimentos que constituyen una fuente de energía necesaria para la actividad aeróbica.

Además, la mitad de la muestra excedía la recomendación de consumo de dulces y grasas –alimentos de consumo opcional–. Un tercio no cumplió con el consumo recomendado de agua.

El 39 % (n=18) de los encuestados, refirieron consumir suplementos alimentarios, en su mayoría varones.

Diferenciando por sexo, las mujeres tuvieron consumos más adecuados que los varones en leche, yogures y queso y en hortalizas y frutas. En referencia al consumo de refrigerios, más varones que mujeres cumplían con la recomendación de ingesta de opciones saludables tales como frutas, yogur o cereales, reflejando una mayor presencia de productos industriales con alto contenido de sodio, azúcar o grasas o ausencia de refrigerios.

Imagen 1. Hábitos alimentarios (adecuado/inadecuado) por tipo de comida y grupos de alimentos de corredores de calle amateurs de CABA durante 2016-2018

Fuente: Elaboración propia.

Respecto de la actividad física reportada, se calculó un promedio de 4613,4 ± 1866,7 MET-minutos por semana, por lo que la totalidad de la muestra presentó un nivel de actividad física alto. En promedio, la muestra refirió permanecer sentada 6,1 ± 2,85 horas por día.

Al analizar el estilo de vida de la muestra, los resultados indican que todos refieren un nivel de EV muy saludable o saludable. Respecto a la discriminación por prácticas de estilo de vida y por creencias de estilo de vida, resultaron ambas favorables, predominando la categoría de prácticas saludables y de alto nivel de creencias.

Los dominios en los que ambos sexos alcanzaron un nivel de prácticas muy saludables fueron la recreación y el manejo del tiempo libre, en el que se incluye el momento de descanso, la realización de actividades de recreación y el compartir con amigos o familia el tiempo libre y consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.

Al realizar las correlaciones entre los puntajes obtenidos en estilos de vida con los datos antropométricos y los datos crudos del perfil lipídico (numéricos, no categóricos), se encontraron varias correlaciones estadísticamente significativas: a medida que el IMC aumenta, disminuye el puntaje de estilo de vida, por lo que quienes tenían mayor peso corporal en relación con su talla adoptaban un estilo de vida menos saludable. Además, a mejores valoraciones del estilo de vida, se obtuvieron niveles más altos de cHDL, para ambos sexos. En varones la mayor ∑ 6 pliegues también se correlacionó con un menor puntaje de estilo de vida.



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