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Glosario

Este breve glosario se ofrece a modo de orientación especialmente para los lectores que no están familiarizados con algunos términos psicoanalíticos lacanianos. Cabe aclarar que los significados que aquí se brindan implican un recorte tanto en extensión de conceptos como de contenidos a los efectos de proveer una mínima guía para este trabajo, por lo cual no debería pensarse que de este modo se agotan los sentidos posibles que los términos fueron adquiriendo a través de los distintos contextos. (con Lacan y aún después de él) .

 

A (El Otro con mayúsculas): El Otro (Autre) designa el registro de lo Simbólico porque es el que ofrece la batería significante a un Sujeto. Si bien cualquiera puede cumplir o encarnar el rol de Otro, este podría ser identificado con la estructura del lenguaje mismo y por eso Lacan dice que un Sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido. También el Otro puede ser entendido como la Ley, sin embargo conviene aclarar que no necesariamente y siempre hay que identificar Ley con el Otro, dado que en cada sujeto y según su estructura la legalidad varía, por ejemplo en neurosis está presente un significante que no se manifiesta en la psicosis. (Significante del Nombre del Padre) y por lo tanto esa diferencia legal implica diversas consecuencias subjetivas. A su vez, no se pude entender al Otro queriendo instaurar una legalidad por fuera de él. Es decir, no hay un Otro del Otro, no hay metalenguaje, ni una ley que rija al Otro dado que él mismo es la ley del significante y sus efectos.

 

Angustia: Trabajada en el cuerpo del texto (Capítulo 4)

 

Demanda: Según Lacan se escribe: “D”, con mayúscula, porque pertenece al registro de lo Simbólico. En efecto, dirá que se trata de una desviación de las necesidades del ser humano por hablar. Dicho de otra manera, por hablar las necesidades están sujetas a la Demanda y retornan al Sujeto enajenadas. El mensaje siempre es emitido desde el lugar del Otro (ver Otro) pero hay algo reprimido primordial que no se articula nunca en una Demanda aunque siempre aparece en el retoño que es el deseo. Para Lacan la Demanda no se refiere estrictamente al reclamo de satisfacción sino a la presencia o ausencia del Otro, habitualmente jugado en la relación primordial con la madre, que dice Lacan que es la que está “preñada del Otro”. El Otro es el que está provisto del privilegio de satisfacer las necesidades o de privar, y en ese sentido, es en la frustración donde se pone de manifiesto su don mayor que reside en brindar aún lo que no tiene, es decir brindar amor. Por eso, toda Demanda en definitiva es Demanda de amor, en tanto reclama fundamentalmente presencia o ausencia situación que permite transformar todo pedido en prueba de amor.

 

Discurso: A diferencia de la simple palabra el discurso en Lacan es el que hace lazo social. No se pueden dar aquí todos los detalles al respecto, pero a grosso modo hay que decir que Lacan lo trabaja especialmente en el Seminario 17 diciendo en realidad que es la estructura discursiva la que revela la ligazón social con los otros. El discurso revela los tipos de lazos que se pueden producir y por los que se pueden ir pasando. Es decir, la estructura discursiva es dinámica y un sujeto puede ir transcurriendo por distintos discursos. Dicha estructura está compuesta de lugares y letras; los lugares son: el del agente, el del otro, el de la producción o producto y el lugar de la verdad. A su vez, en esos lugares se van ubicando las letras y a mediada que se mueven o giran un cuarto de vuelta por los lugares mencionados van produciendo los distintos tipos de discursos. Los discursos son: el del amo, el del analizante, el universitario y el del analista. Y las letras que irán girando son S1 (Significante amo), S2 (la batería significante), “a” (objeto “a”) y S/ (Sujeto barrado). De esta manera, y a modo de ejemplo, el discurso amo se da cuando en el lugar del agente se ubica un S1 (significante amo), en el lugar del otro hay un S2 (un otro al que se le reclama un saber de esclavo), en el lugar de la producción se produce un objeto “a” que nunca calma al amo, y en el lugar de la verdad se revela la inconsistencia de un sujeto barrado,

 

Falo: En Freud la fase fálica es la última etapa de la sexualidad infantil previa al período de latencia (la latencia aproximadamente es entre los 5 o 6 años y la pubertad). La fase fálica vale tanto para el niño como para la niña y se caracteriza por el predominio que adquiere el falo, sea por el sostén de la premisa universal: “todos tienen falo”, sea por la posibilidad de enfrentarse con la realidad de que haya alguien que no tenga falo. En este último caso, dicha posibilidad equivale a la noción de castración. Pero para enfrentar esa posibilidad de privación el camino se dirige al plano simbólico. En ese sentido, el falo pasa a ser un significante, porque permite pasar la falta al plano simbólico de la ley. A propósito, Lacan en su texto “La significación del falo” (Lacan, 1987) dice que el falo en Freud no es una fantasía o efecto imaginario, tampoco es un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc.) como realidad, tampoco es el órgano, pene o clítoris que simboliza, sino que falo es un significante, cuya función es designar en su conjunto los efectos de significado en cuanto que el significante los condiciona. Es decir, efectos posibles por la presencia del significante. En ese sentido, el falo es el significante del deseo porque está en el lugar del Otro, e implica una diferencia respecto a la Demanda, al marcar la falta en el Otro. (o falta en la madre)

Por consiguiente, la noción de falo también puede ser entendida no ya como significante sino como significación, es decir aquel elemento imaginario que viene a cubrir un enigma. Lacan lo explica mediante una metáfora que denomina “metáfora paterna”. Es la posibilidad de sustituir un significante por otro y producir un significado donde no hay una respuesta. En efecto, el niño o la niña no saben qué desea la madre, y por lo tanto esa casilla permanece enigmática hasta que ocurra alguna operación que dé respuestas a ese interrogante. El significante del nombre del padre (no presente en psicosis) es aquel que viene a sustituir o a responder qué desea la madre: lo que desea es el falo, y en ese sentido el falo no es allí un significante sino un efecto de producción de significado. El Otro o el Padre es entendido como metáfora y el producto significado es imaginario. El niño o la niña, a partir de ese momento querrán ser ese falo que la madre desea, a partir de lo cual las derivaciones son múltiples. Por último, la noción de falo podría también considerarse como límite de un goce, un goce que se puede situar fuera del cuerpo (falo como real). El goce fálico como lo excluido del cuerpo por el trazado de un límite. Si no fuera posible dicho trazado que implique un afuera (gracias al significante del nombre del padre) el goce retorna al cuerpo y se deriva en una estructura de psicosis.

 

Inconsciente: Teniendo en cuenta que es un concepto muy amplio y muy trabajado desde distintos aspectos, sólo se hará aquí un breve lineamiento a los efectos prácticos de este trabajo. En Lacan el inconsciente es uno de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis junto con los de repetición, pulsión y transferencia,

Para Lacan, el inconsciente es aquello que está estructurado como un lenguaje. En sus últimos Seminarios dirá que el inconsciente, (al igual que lo Real y el Goce), estrictamente no existe. Se lo ubica como lo ajeno, y por eso dirá que en realidad ex – siste en tanto es lo que permanece insistiendo y parodiando sentidos, siempre por fuera de la cadena significante en la que surge el sujeto. El inconsciente no es una sustancia sino que se produce o potencia al hablar, dado que el ser hablante mismo implica un fuera de sí o extrañeza de sí que retumba más allá de su conciencia. Cabe aclarar que, cuando Lacan dice “como un lenguaje”, está indicando que no se identifica con la lingüística, porque el significante de Lacan a diferencia del de Ferdinand de Saussure y otros, produce efectos de significado en el cuerpo (ver Significante). Gracias a la posibilidad de separación de un significado único, y al sostén de una hiancia, el significante mediante combinaciones y sustituciones inconscientes produce nuevos e innumerables efectos de significado. Por ese motivo, Lacan dice que lo que él hace no es lingüística sino “lingüistería” respecto a un ser que por hablar introduce el rasgo por el cual hace surgir la ausencia o la falta. Y en ese sentido tampoco se trata de la lengua sino de “lalengua”.

 

Letra: Estrictamente la noción de letra en Lacan no se reduce a un fonema ni es un modo de escritura de un significado o un pensamiento, sino que la letra escribe significantes en tanto marcas subjetivas y es producción del inconsciente. Pueden ser fonemas, palabras, proposiciones, etc.) Lacan, mediante la expresión “leer a la letra” se referirá a un tipo de lectura distinta a la de leer significados. Si bien la letra aloja significantes, ella misma es una condensación o un conjunto que expresa las marcas subjetivas y libidinales de un sujeto, los modos de goce, las repeticiones, las posiciones frente a la ley y a la falta. La letra hace posible esa escritura que incluye elementos ilegibles. Hay una diferencia entre el habla y lo escrito, dado que el inconsciente produce letras que no pueden ser leídas de igual modo que las letras de un discurso porque se trata de otros saberes del sujeto.

 

moi ( el “yo Imaginario u otro con minúscula) Hasta principios de los años 60, el “yo” (moi) era designado por Lacan con la letra “a” minúscula, la que luego a la altura del Seminario X pasó a designar al objeto “a”. La minúscula (moi) indica que se trata del plano Imaginario, a diferencia de lo Real y de lo Simbólico. El moi no es el Je en tanto este último refiere a un sujeto de discurso, sino que se trata de la construcción imaginaria de un yo, al modo del narcisismo freudiano, es decir, de una representación efectuada en una instancia denominada “estadio del espejo” que se produce con la apoyatura simbólica de Otro que nombra y que hace posible la unificación imaginaria de las partes del cuerpo. El yo en tanto reflejo siempre es un otro (con minúscula) y en esa dialéctica imaginara también se lo puede pensar como Freud, agujereado, incompleto o ilusoriamente unificado. Por eso entre el yo y el “Ideal del yo” siempre hay una distancia insalvable.

 

Objeto “a”: El objeto “a” estrictamente no es el objeto moderno del conocimiento, ni un objeto de la percepción (no se lo ve, no se lo escucha), aunque asume al cuerpo en su dimensión de pérdida y de desprendimiento subjetivo. El objeto “a” es la posibilidad por la cual el sujeto es causado en su deseo, al tiempo que enfrenta su falta, pues ser sujeto es surgir a partir de una pérdida. En consecuencia, el sujeto no se las tiene que ver con la nada sino que él surge, se causa y se posiciona según este objeto con el cual se identifica. La presencia del objeto es presencia de ausencia mítica del mismo sujeto y por eso su particularidad reside en que “falta en su lugar” (ver lo Real), a diferencia de cualquier otro objeto que podría cambiar de lugar y estrictamente no faltar. De allí que Lacan lo explique diciendo que es aquello que se ofrece al mismo tiempo que solicita ser rechazado porque “no es eso”. El objeto “a” no es un significante y al mismo tiempo no es notable más que por la escritura que es donde cobra valor de encarnación o consistencia como pieza separada o como producto en función de los desprendimientos o pérdidas subjetivas ligadas al cuerpo y sus orificios, por ejemplo: pecho, objeto oral; heces, objeto anal; mirada, objeto escópico; voz, objeto invocante. El objeto “a” es presencia y soporte de una “falta en ser”, en ese sentido se produce del lado del sujeto y es semblante que vela un agujero en el Otro. Sin este objeto toda teoría falla dado que faltaría la condición de fondo de ausencia que hace posible toda construcción subjetiva.

 

Plus de Goce: (plus- de -jouir) Lacan quiere mostrar una ambigüedad en este término y produce una homología entre el “plus de gozar” y la plusvalía de Marx, en tanto algo se sustrae. Pero, con ello en realidad está haciendo referencia al objeto “a” (ver “objeto a”) dado que lo que está en juego en dicho objeto por un lado revela una renuncia de goce y en ese sentido la denominación “plus” tiene una connotación negativa, sustractiva, al advertir sobre una pérdida, pero por otro lado, produce una ganancia de otro tipo de goce (“plus” en el sentido de algo más) que paradójicamente se relaciona con la falta misma, o un goce de esclavo. Por lo tanto, se trata más bien de un goce paradojal en la falta. Sin embargo, también se puede interpretar que el “plus” se dirige a un sufrimiento de un carácter especial, porque para el sujeto ese acto de negación y afirmación, (negación de la falta mediante la presencia del objeto y afirmación de la falta que el mismo objeto la revela) lo produce como sujeto al tiempo que lo ubica frente a un gozo extraño del que no puede sustraerse por completo y del que más (plus) termina padeciendo.

 

Pulsión: En términos de Freud es una fuerza, impulso o empuje (der Trieb) cuya energía es la libido. Se origina en un estado de excitación o tensión y su propósito es arribar a un fin donde un objeto suprima o disminuya esa tensión. Pero el objeto de la pulsión siempre ha sido problemático, porque a diferencia de un objeto de la necesidad, por ejemplo el alimento, el objeto de la pulsión es variable, y por lo tanto esto le permite concluir a Lacan, que en realidad no hay un objeto determinado de la pulsión, o bien que ningún objeto termina de recubrir la fuerza pulsional dado que su satisfacción entonces no coincide con el supuesto arribo al objeto de la necesidad, sino que su propósito es satisfacerse en su propio recorrido, allí donde el objeto, cualquiera sea, es lo que moviliza. En ese sentido, su recorrido no es sin objeto al tiempo que ninguno, la detiene, dando justamente como resultado un resto que dará sentido al deseo.

La pulsión no es el instinto, ni es una fuerza pura, sino que su concepto implica ya una demanda en juego y un atravesamiento del lenguaje. No es puro flujo sino la dimensión de una demanda y de una falta.

 

Registros (Imaginario – Simbólico – Real ) Los registros en Lacan no surgen todos al mismo tiempo, ni tuvieron siempre el mismo sentido, por ejemplo cuando en los años cincuenta dice “real” no es el Real de los años sesenta sino más bien la realidad. Hasta el Seminario 11 (1964) se podría decir que hay una predominancia de lo Simbólico por sobre lo Imaginario, dado que Lacan en su primera etapa lleva a cabo una crítica contra los posfreudianos quienes apoyaban sus teorías analíticas en base al plano imaginario del yo (enfocado en un tipo de significación, en las emociones, en las identificaciones en general y con el analista, en las contratransferencia, etc.) Pero, a la altura del Seminario 11, y no sin influencias de la filosofía, Lacan termina de introducir el registro de lo Real, el cual empezará a cobrar un valor decisivo en su teoría, sobre todo al final en la articulación con la topología y con la figura del nudo borromeo.

A grandes rasgos, se dan algunas breves orientaciones para caracterizar los registros, los cuales, siempre hay que entenderlos en forma conjunta.

Imaginario: En términos de Freud se asemeja a la construcción narcisista cuya orientación corresponde al plano del “yo” (moi) en el sentido de la realización de un acto identificatorio con una imagen mediante la cual se produce cierta unidad del cuerpo, no sin fallas, pero cuyo proceso no podría efectuarse sin la intervención de un Otro (con mayúsculas o registro de los Simbólico) que atribuye un nombre y brinda legalidad.

Simbólico: Se refiere a la instancia del significante, al Otro con mayúsculas (ver Significante y “A” Otro). Es por excelencia, aunque siempre en el anudamiento de los tres registros, la instancia de surgimiento del Sujeto, en tanto este se conforma marcado por el lenguaje. No hay cuerpo estrictamente biológico, sino cuerpo marcado por lo simbólico (ver también Pulsión y Demanda).

Real: Es lo que queda por fuera de lo Simbólico, pero no es ni la realidad, entendida como lo social, ni la naturaleza, como así tampoco lo prelingüístico, sino que lo Real surge a partir del ingreso al significante. Por ser hablantes se revela un fondo de ausencia como condición y por un faltante en lo Simbólico. Lo Real será decisivo sobre todo en los últimos Seminarios de Lacan, porque se articula con la topología y con los nudos, revelándose la importancia ya no sólo del “uno” del significante y de lo Simbólico, que había predominado la escena hasta los años sesenta, sino la importancia del tres, pues lo Real estrictamente es el tres, el anudamiento de los registros.

 

Repetición: Trabajado en el cuerpo del texto. (Capítulo 4)

 

S (A/) (Significante del Otro barrado): (la barra tacha la “A”) Es un significante que Lacan ubica en un grafo llamado “grafo del deseo” para indicar la inconsistencia del Otro o falla porque no posee todos los significantes. El Otro, de quien en principio partieron los significantes con los que el sujeto se constituye, finalmente no cuenta con todas las respuestas a las demandas y de esa manera se revela en falta. Al mismo tiempo la barra o raya sobre la “A” (Otro) que advierte sobre su incompletud, lo convierte en deseante, razón por la cual paradójicamente el sujeto al tiempo que se enfrenta con el deseo del Otro y su inconsistencia, obtiene la posibilidad de ubicarse como objeto de deseo del Otro, sin la al sujeto se le dificultaría posicionarse a su vez como sujeto deseante a futuro. En consecuencia el Significante del Otro barrado tiene estas dos caras estructurales para el sujeto: la del enfrentamiento con la falta y la de ser deseado por el Otro.

 

Significante: (ver también Sujeto) Lacan en el Seminario 20, aludiendo a R. Jackobson, dice que “todo lo que es lenguaje pertenece a la lingüística, pero si se considera todo lo que de la definición de lenguaje se desprende en cuanto a la fundación del sujeto y lo establecido como inconsciente entonces hay que forjar otra palabra”, que Lacan llama “lingüístería”. Que el inconsciente para Lacan esté estructurado como un lenguaje no significa que pertenezca estrictamente al campo de la lingüística. El ingreso al significante en realidad está dado por un sólo significante que justamente tiene esa propiedad la de permanecer sólo, es decir que considerado de esa manera, diferenciado o aislado, no hace cadena con otros significantes. Pero, unido a otro significante, sí empieza a hacer cadena, las cuales producen efectos de significado. (S1 – S2) El S2 como símbolo de toda cadena posible de significantes. Esta es la clave y novedad de Lacan, el significante no está unido indisolublemente a un significado sino que siempre entre ambos hay una barra que los separa. Por lo tanto el significante no representa un significado ni representa para alguien, por el contrario el significante representa al sujeto para otro significante, es decir que gracias al significante uno o primero que representa al sujeto para otro significante (S1-S2) todos los otros significantes (S3, S4..) pueden entonces representar al sujeto. A partir del S2 se puede pensar en una batería de significantes posibles a condición de que haya un S1 y de que este S1 siempre permanezca diferenciado. El hecho de mantenerse separado del significado (suelto, solo) posibilita sus otras operaciones, las de combinación y de sustitución. Efectivamente, al no estar atado a un único significado, su múltiple concatenación habilita nuevos efectos y sentidos. Además, gracias a la sustitución de un significante por otro, por ejemplo se puede comprender el fenómeno del síntoma, puesto que en su esencia en él siempre está implicado un desplazamiento de significantes y una desfiguración.

El significante es el fundamento de la dimensión de lo simbólico.

Síntoma: Para Freud, desde los comienzos y para explicar la génesis de las neurosis, el síntoma es una formación sustitutiva cuya función es la de reemplazar representaciones inconciliables para el aparato psíquico. En ese sentido, se lo puede comprender en el marco de una defensa, dado que una representación cargada de afecto penoso es sustituida por otra representación (mecanismo de la represión). Pero, poco se entendería si se considerara dicha defensa como lograda, porque efectivamente la clave de la presencia de un síntoma es, en tanto formación de un compromiso, la manifestación de una falla en la defensa, porque sea que se considere la vía de la representación o la vía de un goce, algo reprimido retorna desfigurado en ese síntoma. En Lacan, habría que entender esa sustitución como algo inherente a la propiedad del significante (ver Significante). El hecho de que los significantes puedan combinarse y sustituirse, y que por lo tanto puedan desprenderse de sus conexiones lexicales, es condición para la formación de síntoma. Sin embargo, para un análisis más profundo del tema, además de los presupuestos simbólicos del fenómeno del síntoma, no puede omitirse en Lacan la articulación de lo dicho con el registro de lo Imaginario y de lo Real. (ver registros)

Sujeto barrado (S/): (la barra tacha la “S”) El sujeto para Lacan no es el yo moderno cartesiano, sino que es lo que un Significante hace presente para otro Significante. (S1 – S2) En “Subversión del Sujeto y dialéctica del deseo” Lacan define al Significante de la siguiente manera: “un Significante es lo que representa al Sujeto para otro Significante”. El Sujeto es lo que surge entre Significantes y por lo tanto es lo que aparece no como conciencia sino como lo no reconocido, de allí que la barra que raya la “S” indique la extrañeza y su propia tachadura. Su particularidad consiste en que al mismo tiempo que se produce se tacha, porque su ser en falta, dado que emerge a partir de la identificación con una pérdida, hace que se experimente como ajeno. En ese sentido, es pertinente vincularlo con el síntoma mismo. El sujeto mismo es su propio síntoma para sí en tanto se manifiesta como enigma.

Hay que reparar aquí que Lacan estrictamente no dice que el Sujeto es anterior y que entonces hay algo que viene a representarlo posteriormente sino que se es Sujeto porque hay un Significante que lo hace presente o lo produce, o sea es efecto del ser hablante y por eso se ofrece a otro Significante.



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