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5 Narrativas vivenciales: tejidos ficcionales a través de los cuales el yo de-viene en sí mismo

Quien escribe, teje.

Texto proviene del latín textum, que significa tejido.

Con hilos de palabras vamos diciendo,

Con hilos de tiempo vamos viviendo.

Los textos son como nosotros:

Tejidos que andan.

 

Eduardo Galeano

En este capítulo se aborda la noción de narrativas vivenciales como condición para que se haga efectivo el proceso de resignificación identitaria, a través del cual el Yo de-viene subjetivamente en otro/s de sí y otro con otro/s. Para ello, se retoman los atravesamientos entre las categorías narrativas vivenciales, identidad personal y resignificación identitaria.

En los últimos años las ciencias sociales y humanas registran una amplia expansión de estudios basados en narrativas, y para algunos autores la investigación narrativa va en camino de constituirse en un enfoque paradigmático del campo. Estas perspectivas se inscriben en la tradición de los estudios biográficos y pretenden recuperar las voces y los discursos de los propios sujetos como punto de partida de la producción de un conocimiento científico de lo social.

Lejos de la actitud objetivante de la noción tradicional de investigación, las narrativas suponen la re-construcción del punto de vista del sujeto, quien, a través de una construcción discursiva, da cuenta de su experiencia personal. La noción de narrativa se apoya en la idea de que la producción de discursos sociales es una construcción a la vez social y subjetiva, que supone una acción intencional que selecciona lenguajes y temas por medio de los cuales los sujetos expresan su visión del mundo y de su experiencia personal en él.

Nuestra noción de narrativa interpela la mirada ingenua que sostiene la ilusión de la transparencia de la conciencia individual, así como el supuesto de que a través de los discursos los sujetos reproducen su pensamiento a modo de copiado de la conciencia. En otras palabras, entendemos las narrativas como creaciones que se producen en determinadas condiciones sociopersonales y que responden a necesidades particulares de los sujetos.

En tal sentido, la premisa que sostiene nuestra argumentación se sustenta en que

la identidad personal se constituye en un continuum (Erikson, 2000); supone la síntesis e integración de las autodefiniciones que el sujeto tiene de sí mismo. Es decir, la forma en que el sujeto se define, describe e interpreta en tanto ser único y particular. (…) Se construye en el interjuego e interacción que se produce entre el auto-reconocimiento y el hetero-reconocimiento (Urbano y Yuni, 2001: 52).

Desde esta perspectiva, no es posible pensar en la constitución de “una identidad personal sin hacer referencia a los sistemas de representación en los que ella emerge” (Yuni, Urbano y Arce, 2003).

La identidad personal es el producto que articula las instancias de conformación intra/inter/transubjetivas en las que se performan las identidades sociales e individuales. De ahí que la identidad personal se re-crea y re-significa en el curso vital en el trabajo de otorgar sentido al diario vivir.

A partir de la categoría teórica de resignificación identitaria intentamos dar cuenta de los procesos que permiten al sujeto sostenerse idéntico a sí mismo, en la apropiación/asimilación de los cambios que propone e impone el trabajo de vivir. Mediante los procesos de re-significación el sujeto actualiza las significaciones de las versiones de sí mismo; cambiando los modos de posicionarse frente a sí y los otros, en torno a su experiencia de la temporalidad, la ocupación de lugares sociales y el desempeño de roles.

Los procesos de re-significación identitaria constituyen un verdadero trabajo de elaboración psíquica. Permiten al sujeto sostener/apuntalar la integridad de su Yo en la continuidad, permanencia y estabilidad de la complejidad de las experiencias espacio/temporales que configuran sus condiciones de existencia. Este trabajo psíquico es un trabajo personal, pero también supone el auxilio del orden de lo social. Es en los procesos de intercambios comunicativos con otros donde se ponen en juego las tensiones entre lo que el sujeto sabe, siente y actúa respecto a/de sí mismo.

La identidad personal se constituye/expresa en la narración que realiza el sujeto respecto a las autodefiniciones mediante las que se describe e interpreta en sus condiciones de mismidad, integridad, continuidad y permanencia en su acontecer temporal. Estas narraciones adquieren el carácter de ficciones porque el dinamismo del relato ad-viene/de-viene de la invención de posiciones subjetivas/subjetivantes del sujeto, que opera como autor, testigo, lector y relator de su texto bio-gráfico.

Los relatos que el sujeto realiza de los trazados e itinerarios que otorgan sentido a su acontecer temporal se constituyen en ficciones narrativas en tanto que poseen el estilo de un texto novelado. El texto novelado ubica lo real del acontecimiento vivido en el registro de una construcción simbolizada imaginariamente. En la reconstrucción e interpretación del evento real, el narrador/lector apela a la fantasía (consciente e inconsciente), lo cual produce su distorsión respecto de lo efectivamente vivido. El evento real es tamizado en la experiencia vivenciada subjetivamente y ubicado en un sistema organizado temporalmente, acto en el cual el sujeto le confiere una atribución de sentido existencial que le otorga la jerarquía de evento significativo.

El acto por el cual el sujeto inscribe y se inscribe en las narraciones de los procesos representativos de su historicidad le permite sostener una identidad personal integrada en los aconteceres subjetivos de su temporalidad. Ese acto supone un trabajo constante de otorgar nuevos sentidos a su mismidad, a fin de incorporar dentro de la experiencia vital el de-venir de otros modos de ser sí mismo. El sujeto elabora así un relato que le genera una sensación de continuidad e integra las discontinuidades de tiempos, espacios y modos de aprehenderse subjetivamente a través de procesos de subjetivación particulares, en el marco de contextos colectivos subjetivantes.

De este modo, la producción bio-gráfica se constituye en un sistema de sistemas que conecta espacios, temporalidades y movimientos, a través de heterogeneidades polisémicas y polifónicas. La producción bio-gráfica articula el contenido formal del texto con la composición estilística propia del género en el que se inscriben las narrativas, que dan cuenta de los atravesamientos del pasado, el presente y el futuro. Esta construcción narrativa sitúa el punto de vista de quien narra en las coordenadas de un tiempo presente que contiene las discontinuidades latentes de un pasado y condiciona los gérmenes de las aspiraciones e ideales futuros.

De este modo, las narrativas vivenciales podrían entenderse como un intertexto ficcional que contiene las heterogeneidades de temporalidades, espacios contextuales y movimientos socioculturales inscriptos y adscriptos a/en una trama de significación. La narrativa vivencial se manifiesta en un enunciado que anuncia el diálogo endogámico y exogámico que conecta el lenguaje con el decir/latir de una lengua.

Narrativas: el desandar de las huellas que conforman el interior de un mapa

El cachorro humano es amamantado por la lengua materna que le infunde el soplo cultural de la re-presentación y transmuta la necesidad del ser vivo en demanda vivificante, que lo introduce y sujeta al despliegue de movimientos de significantes, y lo ubica en el registro del deseo de Otro/otros.

Durante los procesos de subjetivación se inscriben en/sobre el sujeto los enunciados de Otro/otros representantes del campo social. Estas inscripciones dejan huellas sobre su subjetividad individual y se constituyen en los actos de sujeción que operan como matriz socializadora humanizante. El sujeto se constituye en el sitio de enunciación de Otro/otros que lo representa/n y significa/n desde el lugar de su enunciado. De ahí que desde su constitución y a lo largo del curso vital, el sujeto humano puede leerse como un texto abierto e inacabado semánticamente en su proceso de resignificación subjetiva/subjetivante.

Las narrativas subjetivas que dan cuenta de las conjunciones y atravesamientos de los tiempos que caen sobre la vida que transcurre pueden entenderse como los intentos por parte del sujeto de dar sentido continuado a las experiencias de vida. Estas experiencias se constituyen a partir de las vivencias subjetivas/subjetivantes a las que el sujeto arriba a través de las inscripciones que las múltiples temporalidades han dejado sobre sus espacios internos/subjetivos y que se encuentran ordenadas en la cronología objetivable de los acontecimientos vividos.

El sujeto se encuentra lanzado a la re-significación del acontecer temporal en el interior de su espacio/tiempo subjetivo, en un trabajo para dar sentido a los acontecimientos ocurridos en tiempos pretéritos y que se recuperan en la sincronía del presente. El sujeto se constituye en el narrador no solo de su historia, sino de las huellas que han posibilitado su proceso de historización. En tanto narrador, el sujeto es el cronista-testigo-testimonial de la inscripción de su historización en relación con las historias en las que se entrama. Queda sujeto a las narrativas de su enunciación y siendo objeto de las prédicas de su enunciado.

El enunciado predicado a través de las narrativas vivenciales adquiere la autonomía de un nuevo texto que referencia el sí mismo del Yo y adquiere la posibilidad de dispersarse en la multiplicidad heterogénea de espacios, tiempos y movimientos socioculturales. De este modo, el enunciado puede desplazarse del enunciante y el sí mismo del Yo mismo. El predicado adquiere autonomía del sujeto, quien queda revestido con las vestiduras de formas discursivas que protegen y cubren la desnudez de Yo como pro-nombre singular que precede a un nombre particular.

Las narrativas vivenciales vivifican la memoria histórica de los procesos a través de los cuales el sujeto puede elaborar una teoría acerca de quién es y de aquello que sobrevive en sí. Teorías de sí y para sí mismo, que se manifiestan en un relato que no sólo contiene los itinerarios y desfiladeros que ha seguido en los procesos de aprehendizaje y de subjetivación. Relato que construye ficcionalmente la continuidad en tanto que oculta las discontinuidades de los diferentes movimientos históricos e historizables de las huellas e inscripciones producidas en el interior de los grupos sociales de pertenencia y de referencia a lo largo del curso vital.

Las narrativas acerca de las teorías del sí mismo constituyen sistemas de relatos abiertos, móviles y permeables a los influjos de lo vital y a las tensiones que amenazan su continuidad. Aquello que el sujeto narra acerca de sí mismo constituye un relato de hibridaciones, en que se han producido transformaciones mutuas en las formas discursivas y en las composiciones del contenido de su narrativa ficcional. La narración opera como un intertexto en el que se expresa la vitalidad de sus procesos de desarrollo.

El despliegue del desarrollo y el dinamismo del lenguaje vivo convocan al sujeto a renovar los sentidos y significados de la prehistoria de sus acontecimientos vitales, en pos de reescribir un relato de sí mismo que se apoye en la relectura de la heterogeneidad de aconteceres en los que se ha visto afectada la existencia y que renueve los pactos con lo por-venir.

De este modo, la memoria se encuentra sostenida en las discontinuidades del olvido y la narración se pone al servicio de la integración de las heterogeneidades generadas por las condiciones variables de producción de los fragmentos discursivos. Al relatar, el sujeto re-crea una versión argumentativa que ilumina las certezas y oculta la incertidumbre de aquello que queda inscripto desde el monologismo cristalizado del mito fundacional del Yo.

Las narrativas que el sujeto realiza de sus procesos de subjetivación se constituyen en relatos de posibilidad, condicionados y condicionales a las (im)posibilidades de las tensiones que emergen de la extracción de una ganancia a la pérdida; del otorgamiento de una oportunidad para sí en lo adverso de una situación o condición. Por ello las narraciones constituyen intentos de entramar la heterogeneidad de enunciados portavoces y portadores de fronteras vitales, que ponen en contacto diferentes modalidades de aprehenderse en los intersticios de los relatos legitimadores de la propia historia.

A través de las narraciones de sí mismo, el sujeto se sujeta a las versiones permeables, móviles, flexibles, inciertas y de polifonía heterogénea que se manifiestan en la co-participación entre la realidad y la fantasía. A través de la re-creación narrativa en un relato, construye la ficción de otorgar un sentido holístico al acto del ser/estar siendo. La narrativa de la propia historia se constituye así en las versiones de una historia en de-venir que interpela la cristalización del ser sido. Ello le exige al sujeto la exploración de su acontecer temporal a través de las transiciones del sí mismo, en pos de sostener su ser siendo.

Narrativas vivenciales: espacio de gestación del debate de seguir siendo

Las narrativas vivenciales expresan los otorgamientos de sentido que el sujeto realiza de su acontecer interno y contienen el relato resultante de la relectura de las versiones argumentales realizadas sobre la base de autoconceptos, creencias y puntos de vista centrados en la toma de posición respecto a las condiciones de posibilidad/imposibilidad que el contexto exterior le provee. Dicha relectura se sostiene en una actitud para reelegir aquello que el sujeto considera significativo y valioso de las huellas que lo han conducido hacia tal o cual posición en la vida. Ello supone realizar un nuevo acto de ligazón de los contenidos de los procesos de historización que conectan en un tejido argumental las discontinuidades, disrupciones y los saltos críticos que han exigido el replanteo de las teorías de sí mismo en función de un pensar, sentir y hacer-se en la historia.

Las narrativas que un sujeto realiza de los aconteceres del sí mismo se constituyen en sistemas de sistemas de configuraciones que correlacionan argumentaciones intertextuales, composiciones de estilos genéricos, tonos, modos, registros que se condensan en la enunciación de un relato. El relato puede entenderse como el objeto de la narración, en donde aparece de modo manifiesto el argumento como un producto que mimetiza juicios, valores, posiciones funcionales respecto de la inscripción historizable.

El hilo argumental oculta tras su continuidad y pretendida univocidad las discontinuidades latentes que han engendrado las diferencias como disrupciones constitutivas del proceso de historización. Sin embargo, tal pretensión de continuidad contiene voces y pre-textos que ubican la otredad como el lugar de la semejanza, diferente a lo idéntico y no por ello, extraño al relato narrativo. De ahí que las narraciones del sí mismo modelan sus formas discursivas en la relatividad dialógica y complementaria de los pretextos, textos y contextos.

Es posible pensar en las narrativas vivenciales del sujeto como el lugar en donde se inscribe el debate que remite al diálogo que emerge de la heterogeneidad de la polisemia de voces significativas. Espacio de interpelación a la cristalización del relato cerrado, excluyente, canónico y continuo que intenta reducir y capturar el movimiento de lo eidético.

Desde esta perspectiva, las narrativas vivenciales se inscriben en el espacio del debate que desanuda lo que ha quedado amordazado en una forma discursiva totalitaria de sí mismo, incorporando el diálogo entre la codificación y la (de)codificación de lo propio en lo ajeno, de lo colectivo en lo individual, de lo subjetivante del objetivar-se. En ello radica la intertextualidad de las co-implicaciones que propone la acción dialógica, que da lugar a movimientos de asimetría, oposición y complementariedad de sentidos y de formas discursivas que asientan sus bases en las fallas, escisiones, disrupciones y discontinuidades de la memoria, el saber y el poder de la narrativa, el narrador y el lector.

Narrativas vivenciales: poética novelada de una ficción

Las narrativas vivenciales de sí mismo pueden homologarse al estilo de género novelado que posee la

capacidad (de) redefinir en su propio interior todos los géneros y formas discursivas, literarias o no, pasadas y presentes. Es decir que ofrece, teóricamente al menos, la posibilidad de conjuntar y reunir, bajo modalidades específicas, los espacios, los tiempos y los movimientos que, fuera de ella, se presentan escindidos, separados e inconexos. Consiste luego en la estructuración de las representaciones literarias, y los materiales que constituyen su soporte, en torno a lo que el autor (Bajtín) llama una “zona de contacto máximo con el presente de la cultura en devenir”. Esta zona de contacto conlleva, por un lado la reducción de la escisión temporal entre el mundo narrado y el presente de la enunciación, y por otro, el “inacabamiento semántico” del texto, el cual permanece así abierto al contexto de su recepción por parte de los lectores (Perus, 1995: 36).

Asociar el lenguaje del género novelesco a las narrativas vivenciales las sitúa en el espacio transicional entre la realidad y la fantasía, en el que se elabora un intertexto ficcional que moviliza diversos materiales heterogéneos regulados normativamente y estructurados en un como si del juego lingüístico. En el espacio del como si de la narrativa vivencial se atraviesan diferentes movimientos, espacios y tiempos que emergen como co-implicación entre el mundo narrado y su enunciación; en el que prima el inacabamiento semántico que abre a la multiplicidad de sentidos e interpretaciones.

Las narrativas vivenciales no son el informe de las crónicas que atestiguan la ocurrencia de un sistema de sucesos, a la manera de descripción fidedigna y neutra de la realidad por la que se intenta capturar en el relato la mimesis de lo acontecido. Por el contrario, constituyen un relato que articula la heterogeneidad de los materiales organizadores de sentido a través de una composición estilística que abre el contexto de interpretación. En este relato el producto narrado, narrador y lector dialogan en una relación de mutua otredad.

Las narrativas vivenciales intentan formalizar en el relato la unicidad de la experiencia vivida por el sujeto, quien compone un argumento novelado que da cuenta de los destinos de su acontecer temporal. Este relato se propone como un sistema de historización que se asienta en la palabra viva propia del dinamismo del referente que referencia. De ahí que el producto de lo narrado en su proceso de enunciación supone una co-implicación dinámica, móvil, abierta y relativamente inestable entre referente, narrador y lector. El texto resultante es un intento de re-edición de fragmentos del acontecer temporal que se articulan y adquieren una estructura narrativa continua e integrada, que esconde las voces ajenas que operan como referencias identificatorias y enmascara en su trama argumental los quiebres, fisuras y saltos de las temporalidades.

El sujeto que narra su acontecer temporal se ubica, así, en una posición de versatilidad relativa que está dada por

las infinitas variaciones de su actitud para colocarse a la vez dentro y fuera del mundo narrado, para confundirse con y distanciarse de los personajes que crea o de las voces que deja oír, y para traspasar, con la consiguiente reversibilidad de posiciones, imágenes y símbolos, el sistema de fronteras que él mismo establece en su texto en consonancia con las heterogeneidades de tiempos, espacios y movimientos que le marcan su propia cultura (Perus, 1995: 41).

Las narrativas vivenciales se inscriben en un tiempo de historización que se encuentra atravesado y trasvasado por la heterogeneidad compleja de la discontinuidad, las escisiones que remiten a diferentes registros cognitivos y afectivos que impregnan las formas discursivas del proceso de enunciación y de lo enunciado propiamente dicho. El sujeto construye un relato continuado acerca de su experiencia de vida articulando los hitos que exponen los movimientos de compensación y adaptación que organizan el sentido existencial de la vivencia, mediante la elaboración de un relato que simplifica la heterogeneidad de sus procesos de temporalidad. La versión de las narrativas de sí mismo se asienta en la continuidad que entrama el relato histórico de superficie en secuencias de eventos, procesos y aconteceres que se hilan desde la homogeneidad.

Recuperar la heterogeneidad que se esconde tras la homogeneidad del texto de las narrativas vivenciales historizantes supone reconocer que los elementos que configuran los relatos narrados pueden estar conformados por diferentes elementos, legislados por diferentes temporalidades y que pueden participar de diferentes movimientos. “La fragmentación de los espacios, las discontinuidades de los tiempos y la diversidad de los movimientos de los que participan unos y otros impiden así pues postular de entrada la existencia de un sistema (narrativo) único” (Perus, 1995: 42).

Desde esta perspectiva, las narrativas vivenciales se constituirían en los relatos que el sujeto realiza acerca de sí y de sus procesos de desajuste, afrontamiento, adecuación y adaptación a los cambios internos y externos que le impone/propone la vida. Dichos relatos se sitúan en la reversibilidad del tiempo histórico objetivo/subjetivo y en la versatilidad narrativa del narrador. Cada sujeto se encuentra constantemente agenciando sus procesos de constitución de identidad personal/social y de con-formación de su subjetividad, a partir de la elaboración de las crisis que interpelan el sentido de continuidad y unicidad de su posición subjetiva/subjetivante. Esto supone un trabajo psíquico que exige al sujeto re-significar los sentidos y significaciones que tiene respecto a sí, a los otros y a la cultura, a partir de un trabajo de interpelación de los enunciados que apuntalan los sentidos de su existencia.

Aquello que aparece enunciado en las narrativas vivenciales se asienta sobre las matrices de percepción del sujeto. A partir de ellas recepta, entiende, explica e interpreta su realidad existencial. La realidad existencial que el sujeto narra se constituye en una construcción subjetiva pensada y sentida a partir de una perspectiva cognitiva/afectiva, que co-implica el uso de lenguajes (sensoriales/ideativos), temporalidades (homogéneas/heterogéneas) e historizaciones (individuales/colectivas). Co-implicaciones paradójicas que se sostienen en la multiplicidad de sentires, pensares y haceres expresados a través de huellas de lo sido, de la traducción e interpretación del ser siendo y de las creaciones/invenciones de lo por-venir.

A modo de conclusión

El sujeto se encuentra tejido por los hilos artesanales constituidos en las tramas de lenguajes, tiempos, espacios y movimientos socioculturales complejos y heterogéneos.

Es la tensión de esta paradoja que moviliza e impulsa la potencia del pensamiento/creación, en la medida en que las nuevas sensaciones que se incorporan a nuestra estructura sensible son intransmisibles por medio de las representaciones de las que disponemos. Por esta razón ellas ponen en crisis nuestras referencias e imponen la urgencia de inventarnos formas de expresión. Así, integramos en nuestro cuerpo los signos que el mundo nos señala, y a través de su expresión, los incorporamos a nuestros territorios existenciales. En esta operación se establece un mapa de referencias compartido, con nuevos contornos. Movidos por esta paradoja, somos continuamente forzados a pensar/crear, acorde con lo que ya se ha sugerido. El ejercicio de pensamiento/creación tiene por tanto un poder de interferencia en la realidad y de participación en la orientación de su destino. Constituyendo así un instrumento esencial de transformación del paisaje subjetivo y objetivo (Guattari y Rolnik, 2005: 480).

Los procesos de re-significación identitaria suponen movimientos y desplazamientos del conjunto de autoconceptos a través de los cuales el sujeto se referencia en relación consigo mismo, los otros y el de-venir de la cultura. Estos movimientos y desplazamientos de los autoconceptos que sitúan y de-finen la identidad personal y colectiva constituyen las condiciones de posibilidad para que el sujeto dialogue con los múltiples espacios, temporalidades y movimientos socioculturales, a fin de seguir siendo sujeto en el de-venir de sus significaciones.

La acción de re-significación identitaria posibilita al sujeto el con-tacto sensibilizador con las fuerzas que interactúan en los diversos campos de existencia. Campos de existencia que son atravesados por múltiples materialidades y formaciones de los registros de lo real, lo simbólico y lo imaginario, en una acción comunitaria que tiende a integrar-se en la diversidad permeable, mudable y mutable del fluir inacabado de las fuerzas vitales autoconservatorias/destructivas que tensionan lo vital.

De este modo, el sujeto se constituye en el lugar donde se efectiviza el inacabamiento semántico del de-venir otro/s de sí que supone el ad-venimiento de nuevas formas de experimentar los modos de existencia, la relación de alteridad con los otros y los procesos de agenciamientos creativos de lo cultural. Y, por supuesto, la elaboración/inscripción/re-construcción de las cartografías necesarias para situar-se en los cambios que impone/propone el fluir de lo vital en las tensiones que amenazan la continuidad de su existencia.

Las narraciones resultantes de las narrativas vivenciales constituyen relatos que pretenden dar cuenta de los avatares y destinos recorridos en los trayectos vitales del sujeto. Estos relatos constituyen diseños de formas discursivas que intentan aprehender las heterogeneidades de espacios, tiempos y movimientos internos y contextuales.

Los relatos de vida son re-creaciones que referencian el sí mismo a través de sus procesos de historización. Estos relatos apelan a la inventiva creativa que selecciona los elementos significativos de los aprendizajes internos y de los aportes que el contexto sociocultural ofrece. Ello en pos de reorganizar la teoría de sí mismo como una nueva combinatoria de otorgamientos de sentidos y de formas discursivas que se expresan estilizados en una poética novelesca.

Tras el relato narrado de la experiencia de vida, el sujeto oculta los procesos e itinerarios subjetivos que ha seguido en pos de re-crear una nueva narración de sí mismo. La narración de-vela la síntesis manifiesta de los argumentos que otorgan sentido al sí mismo, velando las condiciones de producción a partir de las cuales ha emergido. El relato legitimador de la teoría de sí mismo se constituye en un diseño para desarmar a través del diálogo inacabado con la reversibilidad semántica de formas discursivas portadoras de sentido. Diálogo inacabado con la palabra viva que signa, asigna y de-signa de manera re-presentativa la experiencia de vida. Experiencia en constante de-venir de la propia historia, cuya condición inherente radica en la búsqueda constante de re-elaborar los relatos que apuntalen al Yo en las trayectorias de sus cambios y lo inscriban en el dinamismo de lo por-venir.



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