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Introducción

Mi cuerpo, ese extraño tan conocido por mí

que se desvanece entre los fragmentos de mis imágenes.

Soy quien me habita,

el espectador de esta apariencia

que muta en figuras que se transforman en sus formas.

Soy lo que aparece ante mis ojos: un rostro, una mirada,
una expresión,

una huella que se hace surco para depositar una palabra
que le otorgue sentido.

Soy esa grieta en donde se filtra y escapa ese sentido.

Yo uno y muchos.

¿Desde dónde me miro?

¿Cuál es el punto que referencia mi imagen?

Aquel punto que permite el acceso transparente de mi apariencia

y deja detrás mi sombra que desborda sus bordes

para velar la certeza de mi imagen.

Soy el foco que pre-figura el semblante de mis fragmentos.

A veces como espectador contemplo mi unidad en perspectiva.

A veces me implico y complico mis sentidos.

Pierdo el foco de mi unidad.

Soy la duda que interpela mi creencia.

¿Sólo soy una creencia enunciada de manera afirmativa?

Soy la negación de mi afirmación,

el punto ciego en donde habita la angustia de no ser.

El espacio oscuro en donde soy solo sombra.

Soy la mirada que deja fuera cualquier duda
que desmienta el sentido.

Aquel necio que no cuestiona su apariencia

y que niega el semblante de su sombra.

Soy el mediador de mis imágenes.

Soy,

no hay duda.

La duda no cuestiona mi existencia,

sólo el foco que enuncia mi existencia.

Soy uno refractado al abismo de muchas formas.

Soy lo inaprensible del ser.

El sitio en donde se escapa la certeza.

Soy la incertidumbre que me pone en la orilla del proyecto.

La anticipación que es antes y después de la afirmación.

Soy el reflejo de mis sentidos múltiples.

El faro que hace presente el sitio donde llegar.

Soy quien suma mis fragmentos y les da un índice total.

Soy uno en mis diversidades.

Soy el narrador que cuenta los muertos en batalla.

Soy quien perdona sus deudas y quien pone en garantía
su propia identidad.

Soy uno y muchos.

Soy todos y ninguno.

Soy la resta del tiempo vivido

y la suma del tiempo consumido.

Soy quien se apropia de sí y se produce en su mirar.

Soy reflejo de existencia y palabra de autoridad para dar sentido
a quien soy.

 

Claudio Urbano

La discusión conceptual acerca de la constitución subjetiva, la identidad y la subjetividad se nutre de las discusiones contemporáneas que han puesto en cuestión los supuestos ontológicos, gnoseológicos y epistemológicos que caracterizaron los debates teóricos y los quiebres en la racionalidad moderna acerca de los procesos de configuración de lo humano (Cyrulnik y Morin, 2005; Karol, 1999; Harlan, 1984; Mannoni, 1979). Estas discusiones han permitido la emergencia del sujeto humano como objeto teórico, desenmarcado de concepciones esencialistas que sitúan su constitución como un fenómeno dado a priori e independiente de los procesos de socialización (Schnitman, 1995; Morin, 1995). Ello ha convocado el interés desde múltiples disciplinas por los procesos de constitución de identidades, los procesos identitarios y la conformación de las subjetividades (Sibilia, 2005; Merea, 2005; Urbano y Yuni, 2005; Singer, 1998).

En este horizonte se inscribe nuestro intento de analizar el proceso de la constitución de las identidades y la subjetividad a través del curso de la vida, como una perspectiva propicia desde la cual abordar las narrativas. La constitución de la identidad es un proceso psíquico individual y subjetivo que supone el subsidio de lo social y colectivo. Conjuga la puesta en juego de elecciones individuales, realizadas en el marco de posibilidades y condicionalidades de los factores socioculturales.

Contrariamente a la idea de que la identidad es un constructo-psíquico-existencial que se construye en los primeros ciclos del desarrollo evolutivo y que configura un núcleo más o menos estructurado e invariable en el curso de la vida, nuestra posición sostiene que la identidad es móvil, dinámica, continuamente re-centrada, interactiva y que se reconstituye en el proceso de vivir. Si ser es ser-siendo, la subjetividad es un continuo y permanente proceso de re-significación de la identidad personal y de un modo de ser/estar como sujeto “marcado y nombrado” por esa identidad.

Abordamos estas cuestiones desde una perspectiva multirreferencial (Ardoino, 2005) que asienta sus bases epistemológicas en las teorías de la complejidad (Morin, 1996). Estas conciben la realidad como campos de problemas complejos que requieren para su aprehensión de diversas referencias teóricas que sitúen a quien observa en vistas tomadas a partir de puntos divergentes.

El andamiaje conceptual que sostiene este texto, como aporte al campo de las narrativas y las subjetividades, se apoya en enfoques teóricos del campo de la psicología y de los estudios culturales. Recurrimos a desarrollos teóricos fundamentados en diversos enfoques del campo psicológico tales como los de inspiración psicoanalítica de orientación lacaniana, la psicología del desarrollo, el enfoque sistémico y la perspectiva cognitivista.

La elección de estos enfoques se basa en que todos ellos han sido atravesados por el giro lingüístico, como revolución paradigmática que transformó radicalmente el desarrollo de las ciencias humanas y sociales a partir de la segunda mitad del siglo XX. Esas perspectivas teóricas permiten abordar la complejidad, las interacciones recursivas y las relaciones de co-implicación de las tríadas individuo/sujeto/sociedad e identidad/subjetividad/dispositivo cultural; tríadas sobre las cuales articulamos nuestro modelo conceptual.

Este modelo representa un esfuerzo de reconstrucción y entramado de diversos aportes conceptuales que pretende diseñar un mapa teórico que permita cartografiar el objeto de estudio. La lógica de construcción y exposición del modelo que se propone en estos capítulos es la del despliegue progresivo de categorías que se van entramando siguiendo los dinamismos de la co-implicación y la recursividad de la triada identidad/subjetividad/dispositivo cultural. Como dijimos, el modelo pone en diálogo diferentes vertientes del campo psicológico que operan como sustento de la trama que articula y sostiene la estructura teórica de nuestra propuesta. A los fines de ubicar a los lectores respecto a los elementos que configuran nuestra episteme, explicitamos los siguientes aportes:

  • El modelo contextual dialéctico de desarrollo psicológico (Riegel, 1975; 1976) propone un análisis contextualizado del cambio, en el que el desarrollo es producto del entrecruzamiento de un sistema de normas que lo regulan, las mediaciones que el propio sujeto introduce como parte de un grupo social y las herramientas que su cultura le provee. Postula la interdependencia entre el sujeto y el contexto ecológico-cultural como dos instancias íntimamente relacionadas en una espiral dialéctica en la que mutuamente se forman y transforman. Lo distintivo del desarrollo humano en todos los ciclos del curso vital estaría dado por su propensión al cambio antes que por su orientación a la estabilidad. Aquello que experimenta modificaciones a lo largo del curso vital es el tipo de vector de los procesos de cambio, los que están en una constante interacción recíproca. En este modelo confluyen los aportes y supuestos de diferentes disciplinas, entre los más relevantes, cabe mencionar los enfoques innovadores que en el campo de la física introdujo Prigogine (1984) con su teoría del caos; en la biología, los aportes de Maturana y Varela (1988) con su concepto de autopoiesis; Bateson y Von Bertalanffy (1995) con la Teoría General de Sistemas. Estos aportes pusieron en cuestión la concepción homeostática del sujeto, la sociedad y las instituciones, y plantearon que el desarrollo de las funciones biológicas y psicológicas son las resultantes de la interacción e interdependencia con el medio sociocultural.
  • El enfoque del curso vital se trata de un conjunto de principios fundamentados en diferentes teorías (psicológicas, sociológicas, antropológicas, biológicas) que orienta la descripción, la interpretación y el análisis de los procesos de desarrollo evolutivo a lo largo de todo el curso vital. El valor de este enfoque radica en su capacidad para poder responder cuatro problemas fundamentales propios de la psicología del desarrollo. En primer lugar, permite explicar la naturaleza dinámica, contextual y procesual del desarrollo evolutivo. En segundo lugar, ofrece un modelo que da cuenta de las transiciones relacionadas con la edad y las trayectorias vitales en el que se relativiza la influencia de la edad cronológica y se revalorizan los aspectos biográficos del sujeto como moduladores de los procesos de cambio. En tercer lugar, describe cómo las diferentes fases del curso vital son moldeadas y condicionadas por los contextos sociales, por los significados culturales atribuidos a cada una y por la posición que ocupan los sujetos en la estructura social. Finalmente, el enfoque del curso vital explica cómo el tiempo histórico y la pertenencia a distintas cohortes modelan el proceso de desarrollo, influyendo tanto en los individuos como en los grupos e instituciones sociales (Erikson, 2000).
  • Aportes del psicoanálisis heterodoxo. En gran medida nuestro trabajo es tributario de la noción de sujeto de Lacan (1901-1981), psicoanalista francés de tendencia estructuralista, que en su relectura de Freud hace hincapié en la importancia del papel del lenguaje y del análisis lingüístico. Lacan introduce la noción de sujeto escindido (dividido) por la intromisión de la función simbólica, la que en su eficacia opera como un efecto de sustitución de la falta (que se encuentra en el orden de lo real) que le permite habitar un discurso. El sujeto surge como una noción lógica, como un lugar determinado por la posición diferencial que un significante ocupa para otro significante. El sujeto surge como aquello que representa un significante para otro significante. En este caso la representación no equivale a la transposición de un signo a una cosa que se presenta en el plano de lo inteligible, sino que se trata de la re-presentación en el sentido de que vuelve presente algo que está ausente. El sujeto es quien representa la presencia de la ausencia que se presenta incesantemente ante el significante y es aquello representado por otro significante.

En la noción de sujeto opera la escisión como condición necesaria para que a través de la palabra sustituya lo que le falta, es decir que introduzca una presencia en la ausencia y esta opere como condición de sujeción a lo largo de toda la cadena de significantes. El sujeto surge como efecto de corte de la intromisión de la función simbólica en tanto instancia trans-individual. La noción de sujeto no se confunde con la conformación del Yo, en tanto el Yo se constituye en la instancia imaginaria individual que resulta de los procesos de identificación alienante, que opera tratando de encubrir el efecto de la división que lo causa.

Retomamos, también, algunos aportes de Piera Aulagnier (1923-1990), psicoanalista formada en Francia, que plantea el ad-venimiento del Yo como una instancia anunciada en el discurso materno, que prepara las condiciones para que este de-venga en un espacio preexistente que se le impone. La autora plantea el carácter identificante del discurso materno que opera sobre el infans o cachorro humano, que posibilita que este despliegue sus experiencias para conocer y nominar las consecuencias afectivas de su realidad. Resalta el papel que juega el proceso identificatorio ‒resultado de la función relacional entre el infans con el deseo materno, el cuerpo, la realidad, la intromisión de la función paterna y los sucesivos encuentros con los otros representantes del campo social‒ en la constitución subjetiva.

El Yo adquiere en estos procesos relacionales puntos de referencias simbólicos que le permiten realizar su proceso de historización. Sugiere que abordar la noción de sujeto en psicoanálisis requiere hablar de la psiquis como “pluralidad de personas psíquicas”. Protagonista de una historia, el sujeto es la resultante de sucesivas remodelaciones y reconstrucciones sustentadas en las teorizaciones del yo y en el trabajo de simbolización que este hace desde el presente, apoyado en un fondo de memoria que se inscribe en el psiquismo a partir del impacto afectivo de los distintos aconteceres de su vida. El Yo se constituye en el historiador y en el narrador de sus propias causas.

  • Aportes de los estudios culturales contemporáneos respecto a la problemática de la constitución del sujeto y la con-formación de la/s identidad/es. La articulación de autores enrolados en esta corriente se sostiene en su adhesión a la perspectiva de Mijaíl Bajtín (1895-1975), filósofo del lenguaje perteneciente a la Escuela Soviética, quien propone un modo de leer las perspectivas historio(bio)gráficas desde un dialogismo que hace de puente entre las discontinuidades culturales que se producen en la lectura de narrativas ficcionales que pertenecen a tiempos y espacios precisos.

El autor propuso la noción de dialogismo como un modo plurilingüístico/translingüístico en el que se incorporan las escisiones, discontinuidades y movimientos heterogéneos de espacio/tiempo que se producen en los modos de re-leer el pasado. Reconoce que el presente no contiene al pasado de un modo homogéneo, sino que lo construye a través de procesos de re-significación sustentados en la posición relativa de quien lee y en el inacabamiento semántico del texto, que queda abierto en sus referencias al diálogo inacabado con quien realiza la acción de re-lectura. De este modo la historia al igual que la lengua son considerados procesos vivos, dinámicos, cambiantes en sus movimientos de significación.

El recorrido que propone este texto sigue el itinerario de los diferentes tópicos que están planteados en cada capítulo. El primero abre un conjunto de reflexiones acerca de los debates sobre naturaleza/cultura: ¿se nace hombre?, ¿se hace sujeto? Aborda la temática del binomio naturaleza/cultura para ubicar la emergencia de la constitución del sujeto humano a partir de la efectivización de la función simbólica. Para poner de manifiesto cómo a la base de todo modelo explicativo se cuelan las “creencias” acerca de la importancia que se le adjudica (o no) a la intromisión de la función simbólica en los procesos de constitución del sujeto, se analiza un caso relevante en la literatura del siglo XIX: El salvaje de Aveyron. Ese caso permite plantear el carácter performativo de lo cultural para considerar civilizado a alguien dentro de los códigos hegemónicos del poder, en el marco de una estructura societal, cultural e histórica determinada.

El segundo capítulo aborda la temática de la constitución del sujeto psíquico y la adquisición de un estatus social en el complejo entramado del ethos comunitario. Para ello se describen los itinerarios a partir de los cuales emerge el Yo como aquella instancia psíquica producto de un nuevo acto psíquico que anuncia la sujeción a un orden organizado por el lenguaje. Desde allí se postula que el proceso de complejización psíquica es condición necesaria para que se despliegue la actividad mental representativa y la con-formación de una identidad integrada en el de-venir de las expresiones de la subjetividad personal. A su vez, esta se encuentra atravesada por una subjetividad colectiva, a través de la cual la sociedad imprime su sello en la individualidad de los sujetos, y así coloniza los sentidos de la experiencia cotidiana.

El tercer capítulo propone una descripción de los procesos de con-formación intra-inter y transubjetivos en los que se performan las identidades sociales e individuales. Esos procesos se con-figuran a partir de la efectivización del acto de sujeción a un orden que ubica y asigna posiciones diferenciadas en el inter-juego de inter-cambios de acciones entre los miembros que integran ese orden. Desde esta perspectiva, no es posible pensar en la constitución de un Yo particular sin hacer referencia a los sistemas de re-presentación de los que emerge, es decir, del campo social organizado a partir de las estructuras del lenguaje.

El lenguaje, en tanto sistema de re-presentación, pre-existe al acto de con-formación de un sistema identitario singular, que se particulariza en una identidad personal y que de-viene en múltiples subjetividades que se articulan en un cuerpo físico-biológico que opera como el sitio en donde se cristaliza lo estructural de la estructura sociocultural. De este modo, la materialidad real del cuerpo biológico se constituye en el soporte en donde se performa la atribución valorativa que impone la violencia de la significación y la irrupción de una imagen que opera como reflejo de la estructura simbólica.

En el cuarto capítulo se conceptualiza la noción de re-significación identitaria como condición para realizar otros trazos de sí mismo, y ad-venir/de-venir subjetivamente en otro/s de sí. El planteo se asienta sobre la premisa de que la identidad personal es un continuo, que se elabora y re-elabora a lo largo del curso de la vida. Ello supone un trabajo psíquico de otorgamiento de nuevos significados y sentidos a las versiones/visiones que el sujeto tiene de sí mismo a través de sus cambios. El Yo es lo que sobrevive de sí en el trabajo de resignificar-se dentro del acontecer temporal. El de-venir de las identidades de los sujetos a partir de la conformación de subjetividades se constituye en un producto y un proceso que liga lo innato con lo adquirido en el proceso de hominización socializadora. Se aborda también la cuestión de la con-formación de la/s identidad/es como sistema colectivo emergente, que caracteriza los modos de ser/estar de los sujetos, construidos en el marco de un espacio contextual e histórico que con-figura las distintas prácticas comunales.

El quinto capítulo aborda el concepto de narrativas vivenciales como un tejido ficcional a través del cual el yo de-viene en sí mismo. Se conceptualiza la noción de narrativas vivenciales como condición para que se haga efectivo el proceso de resignificación identitaria, a través del cual el Yo de-viene subjetivamente otro/s de sí y otro con otro/s. Proponemos el atravesamiento entre las categorías narrativas vivenciales, identidad personal y resignificación identitaria.

Este capítulo se asienta sobre la premisa de que la identidad personal es una construcción subjetiva que realiza el Yo de sí mismo y que se sostiene mediante los relatos narrativos que expresan los itinerarios que se han seguido en los procesos de historización. Estos relatos son verdaderas ficciones en tanto procesos de re-invención en los que el Yo re-visa, re-crea y re-significa las versiones de sí mismo, mediante el cambio de posiciones subjetivas/subjetivantes que generan nuevas visiones respecto a los modos de ser/estar en determinadas condiciones de existencia. Mediante la noción teórica de narrativa ficcional se intenta dar cuenta del medio que posee el Yo para de-velar algo de sus procesos de construcción identitaria en el marco de coordenadas socioculturales a través de sus relatos biográficos.

El último capítulo aborda el papel del aprendizaje en los procesos de complejización psíquica y en tanto mecanismo de adaptación necesario a lo largo de todo el curso vital para sostener el trabajo de re-significación identitaria. El capítulo propone una visión del aprendizaje que desborda los clásicos enfoques instruccionales y sostiene que el aprendizaje es simultáneamente un proceso, un recurso y un contenido existencial inherente al despliegue vital y al de-venir de la identidad, que habilita la posibilidad de subjetivarse como un acto continuo a través de todo el recorrido del curso vital. En la última parte, se relaciona el aprendizaje con diferentes dimensiones del trabajo psicosocial que realiza el Yo para continuar integrado en las visiones/versiones de sí mismo que apuntalen su integridad, mismidad y continuidad a través del acontecer temporal.

Finalmente, deseo expresar que esta obra condensa un largo recorrido de producción inicialmente ligado al ámbito de la psicología y ampliado al campo de las ciencias humanas y sociales. En ese recorrido, el diálogo y el trabajo con colegas de equipos de investigación y de cursos de posgrado en universidades nacionales y extranjeras ha sedimentado nuestra posición autoral y reafirmado el potencial de este aporte teórico al campo de la investigación narrativa y las identidades. En particular, deseo reconocer la contribución del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), en cuya carrera de investigador me desempeño y que constituye una plataforma institucional desde la cual he podido desplegar este enfoque en relación con diferentes temáticas propias de mi línea de trabajo o de los grupos institucionales de los que formo parte.



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