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Prólogo

José Alberto Yuni

En el ámbito académico-científico la recepción de un nuevo texto es siempre motivo de interés, curiosidad y alegría. El interés nos conecta con la expectativa de encontrar ideas nuevas, de que una obra nos permita interpelar lo ya conocido o de reconocer la artesanía del autor en la elaboración de filigranas teóricas que nos permiten ampliar y ensanchar nuestros horizontes de representación respecto a determinados temas. Un nuevo libro siempre habilita el reconocimiento de la falta y, con ello, el deseo de sumergirse en él en la búsqueda de aquello que promete. Un libro nuevo también moviliza la curiosidad en tanto que nos predispone a adoptar una actitud exploradora y nos conecta con el deseo de averiguar y descubrir nuevos territorios del saber. Y un libro nuevo también genera alegría en tanto representa algo que adviene al mundo, algo vivo que se irá desplegando en múltiples lecturas, relecturas e interpretaciones que re-crean y resignifican el texto propuesto por el autor.

Para quienes habitamos el mundo académico, un nuevo libro siempre es celebratorio y renueva el sentido de nuestra condición de intelectuales. Celebramos el alumbramiento de una obra que ha sido imaginada, gestada y cuidada para ser lanzada al diálogo con los otros. Una obra que es expresión de la pulsión generativa inherente a toda creación humana y que revela la voluntad de su autor por compartir eso que es algo de sí mismo, en un acto de comunión con los lectores.

Por ello, prologar un libro siempre es un desafío ya que opera como un portal que invita, sugiere y estimula a los eventuales lectores a sumergirse en las páginas que esperan. Y es también una enorme responsabilidad ya que supone que el autor deposita en el prologuista la confianza en que podrá interpretar el significado de su obra y proponer algunas claves para su abordaje. Pudiera parecer tarea fácil escribir la presentación del libro de un autor con quien hace poco más de dos décadas compartimos el trayecto vital-profesional, desarrollamos juntos varios trabajos y gestamos diferentes espacios de formación académica. Sin embargo, no lo es.

Este texto de Claudio Urbano expone de manera sistemática los desarrollos que ha venido realizando desde el año 2000 y que articulan una serie de temas-problema que son objeto de su interés intelectual y su recorrido como académico e investigador. En tal sentido, el libro debe leerse como una propuesta de un modelo conceptual ‒que ha sido validado en relación con diferentes temáticas y disciplinas‒ cuyas bases y derivaciones se exponen en el texto.

La psicología es la matriz de formación del autor y su extensa trayectoria en el campo de la clínica individual y grupal con sujetos y colectivos en situaciones vitales críticas ha sido la cantera de sus preocupaciones teóricas. Su aproximación al ámbito de la psicogerontología y sus tareas de intervención “psi” con personas mayores lo han llevado a pensar acerca de la identidad y las subjetividades en el curso vital, advirtiendo el sesgo de diferentes enfoques psicológicos acerca de ellas. Su encuentro con el campo de los estudios sociales y culturales y, en particular, con los aportes de Mijaíl Bajtín, le permitieron repensar la cuestión de la constitución subjetiva desde una lectura socio-semiótica articulada con los debates del psicoanálisis contemporáneo.

Asumiendo algunos supuestos de los enfoques construccionistas de las identidades personales y colectivas, el autor propone otras claves para dar cuenta de los procesos de constitución subjetiva y acuña una noción clave: la de re-significación identitaria. Esa categoría teórica se presenta como una herramienta poderosa que permite conectar la discusión contemporánea sobre el sujeto y las subjetividades con la cuestión de las narrativas. En tal sentido, podría decirse que el principal aporte del texto es que restituye, desde una perspectiva compleja y multirreferencial, al sujeto al campo de las narrativas.

Diferentes autores contemporáneos sostienen que la episteme de nuestra época se estructura en torno al giro narrativo, cuya presencia en el campo de las ciencias sociales es cada vez mayor. Las teorías posmodernas manifestaron un profundo desdén por la cuestión del sujeto (básicamente asimilado a la concepción cartesiana heredada de la Modernidad), y al celebrar el reconocimiento de múltiples identidades visibilizaron el estallido de esa noción tradicional y su consecuente abandono. Por su parte, el postestructuralismo al poner en valor las “historias mínimas” generó un mayor interés por los métodos biográficos. No obstante, hablar de giro narrativo implica ir más allá de las elecciones metodológicas y postular que a través de las narrativas es posible la reconstrucción de fenómenos sociales, psicológicos y de producción cultural.

A mi entender, el aporte de este libro es que invita a pensar las narrativas no sólo como un “producto” de la subjetividad o de la dinámica socio-cultural, sino como las posibilitadoras del proceso mismo de constitución subjetiva y de estructuración del orden social. En los diferentes capítulos, Claudio Urbano despliega la idea de que el pasaje de cachorro humano a individuo y sujeto social implica recibir un baño de lenguaje en el que no solo somos signados e integrados a un universo de significaciones, sino que somos inscriptos en un orden simbólico que sienta las bases para la representación de sí y, con ello, el advenimiento del Yo como instancia de producción identitaria. Advenimiento que instaura, pero que a la vez inscribe el devenir en una continua reactualización durante la trayectoria vital.

A lo largo del curso vital, el sujeto se verá amenazado y/o desafiado por diferentes crisis que le demandan el trabajo psicosocial de mantenerse integrado en las discontinuidades del trabajo de vivir en un orden sociocultural en permanente movimiento. En ese proceso, la re-significación de la identidad supone la revisión de las formas con las que el Yo se narra a sí mismo, y esa reflexividad lo conducirá a la elaboración de una nueva versión de sí y consecuentemente a reformular la narrativa de sí. En ese acto necesario e incesante de sostenimiento de la identidad personal y social a través de la reversión de las narrativas del Yo, se despliega la complejización psíquica a lo largo de la vida, y en ese proceso de múltiples identificaciones se reactualiza el acto de sujeción al orden sociocultural.

De esta manera el autor, con el auxilio del psicoanálisis y de los aportes bajtinianos, propone pensar la constitución subjetiva como un continuo a lo largo de la vida, y la resignificación identitaria como un proceso dialógico, habitado por la polifonía y la heteroglosia que a través de la narrativa de sí, (se) articulan en el Yo en tanto dispositivo productor de subjetividades individuales y sociales. De ese modo, la hibridación de diferentes aportes teóricos le permite al autor esbozar una teoría del sujeto que habilita el diálogo con las perspectivas actuales de las teorías queer, los estudios de género o los estudios decoloniales, al dar cuenta de los interjuegos entre lo transubjetivo, lo intersubjetivo y lo intrasubjetivo en las tensiones de la constitución subjetiva, la resignificación identitaria y la reconfiguración del Yo a través de las narrativas.

Si el trabajo de sostener la identidad supone la tarea de elaborar narrativas transformadas, reformadas y alteradas de sí mismo, la producción narrativa del sujeto debe abordarse también de un modo original. Para el autor, las narrativas no pueden ser abordadas ingenuamente como una expresión mimética de la conciencia de sí, del autoconocimiento del sujeto o de la evocación de los acontecimientos vividos. Por ello, apelando nuevamente al legado bajtiniano, el autor sostiene que las narrativas de sí deben ser abordadas como elaboraciones ficcionales, formas noveladas que el sujeto tiene de contarse a sí mismo. Novelas del Yo que pueden reeditarse en cada presente y que, al hacerlo, modifican la versión anterior de lo vivido y de la anticipación de lo porvenir. Así, la re-elaboración de las narrativas de sí supone que el sujeto pueda otorgar otro signo a lo vivido y en la reformulación de su relato biográfico transforme los significados y los sentidos que enuncia su posición como autor de su propia experiencia vital.

El texto plantea, además, que el sujeto no sólo es un mero productor de una narración de sí, sino que requiere ser interpretado en conexión con las múltiples posiciones subjetivas que deben atenderse para comprender la relación entre resignificación identitaria e identidades en el curso de la vida. Superando la perspectiva del sujeto como autor de su relato biográfico, Claudio muestra la necesidad de considerarlo en múltiples posiciones que lo implican de modo diferente frente a la demanda de elaborar una narrativa de sí.

En tal sentido, propone pensar al sujeto como autor protagonista de la acción, que en la afirmación del soy siendo puede reconocerse a sí mismo en las discontinuidades de los cambios; como testigo que testifica el atravesamiento de los acontecimientos en su trayectoria vital; como lector que re-interpreta incesantemente el texto biográfico en el marco de los condicionantes socioculturales; como relator de su texto bio-gráfico en las sucesivas reediciones y modificaciones estilísticas que, en cada presente, requiere la reelaboración de la novela de sí para mantenerse integrado y sostener su mismidad, a pesar de las transformaciones de los cambios producidos en el mundo interno y externo.

Otro aspecto que resulta de interés en este texto es el papel que otorga al aprendizaje como un acto continuo de humanización por el que se sostiene la sujeción al orden simbólico y se garantiza la inclusión en la vida social. Desde esa perspectiva el aprendizaje sería un proceso imprescindible para que la complejización psíquica se despliegue en la trayectoria vital y, por lo tanto, sería una necesidad existencial. El autor aborda esta cuestión apelando al doble sentido del término aprendizaje en tanto adquisición y como acto de aprehender, es decir, como apropiación de valores, creencias, conocimientos, actitudes y disposiciones, que incorpora a sus tramas de pensamiento, sentimientos y vivencias. Sin aprendizaje ‒en ese doble sentido‒ no hay posibilidad alguna de que el sujeto pueda percibir y afrontar los desafíos de la adaptación a sus múltiples transformaciones. Sin aprendizaje no hay posibilidad de transmutar la vivencia en experiencia, y esta en conocimiento de sí; no hay posibilidad de apropiarse de nuevos signos y símbolos para poder re-significarse; no hay posibilidades de adquirir herramientas y lenguajes nuevos que permitan nuevas formas de re-presentarse. Sin aprendizaje, la vitalidad y la vivacidad no podrían renovarse y movilizar el deseo y la voluntad del sujeto para mantenerse integrado a lo colectivo, ni sostener el proyecto vital en las circunstancias que impone el trabajo de vivir. Sin aprendizaje, la constitución subjetiva y el trabajo del Yo quedarían atrapados en la repetición y la cristalización en modos de ser/estar pretéritos.

Este punteo de los aportes más relevantes que ofrece el texto muestra también las potenciales apropiaciones que entendemos que posee. De hecho, como hemos dicho anteriormente, entendemos que el trabajo fundamenta de una manera singular la perspectiva narrativa, enriqueciendo las herramientas conceptuales disponibles actualmente. La perspectiva abierta, compleja, polifónica e interseccional que subyace en la concepción del sujeto y su constitución subjetiva la convierten en un recurso teórico original para dar cuenta de cuestiones tales como la conformación de múltiples y diversas identidades singulares y colectivas en un enfoque que articule la instancia psíquica, el orden social y el imperio de lo simbólico, tanto en sus dinámicas de reproducción como de alteración de sus condiciones de existencia. Por otra parte, el modelo teórico posibilita el análisis del carácter performativo de las instituciones y los dispositivos socioculturales en la producción sígnica de las subjetividades y su inscripción en los cuerpos y en los modos de representación de sí.

Por su parte, el texto no sólo sostiene una perspectiva antiesencialista de las identidades y del sujeto humano, sino que fundamenta desde múltiples referencias teóricas el carácter móvil, flexible, dinámico, contextual, recursivo y paradojal del trabajo identitario a lo largo de todo el curso de la vida. En tal sentido, la propuesta del autor tensiona las concepciones naturalizadas de las identidades como un acto de pura autodeterminación, o como expresión de las determinaciones de la estructura social; por ello aporta herramientas para abordar cuestiones del campo pedagógico, de la psicología del desarrollo o de los estudios culturales de las edades de la vida.

Asimismo, la propuesta de Claudio sobre la multirreferencialidad del sujeto en relación con la producción de una narrativa de sí abre múltiples interrogantes teóricos y metodológicos respecto a cómo abordar su estudio desde la investigación en las diferentes disciplinas de las ciencias humanas y sociales. El abordaje de las narrativas de sí como entrada al conocimiento del mundo de los otros requiere el abandono de la ilusión de transparencia del relato biográfico; de la ingenuidad del mimetismo entre lo narrado y lo vivido; de la comprensión de los relatos como textos vivos, en movimiento, sujetos a reedición y revisión según el recorrido experiencial y las demandas que implica sostener la propia identidad más allá de los cambios que conlleva el atravesamiento del tiempo y la temporalidad.

Cabe advertir a los lectores que están frente a un texto rico y generoso en sus múltiples aperturas. Sin embargo, estas aperturas solo serán posibles con su compromiso lector y con el ejercicio que supone todo acto de comunicación y diálogo: escuchar(nos/se). Asimismo, este es un texto que invita a la relectura y a las múltiples lecturas. Fiel a su estilo personal, hay una escritura densa, profunda y compleja, que apela a la metáfora y a la poética para poder decir y decir mejor lo que desea dejar y compartir de su trabajo. Este es un texto atravesado por las vicisitudes del vivir y por la vida misma que atraviesa la potencia intelectual del autor, por ello, estoy convencido de que contiene no solo ideas, sino vida transformada en conocimiento; conocimiento que como a él le gusta imaginar, decir (y practicar) es como el pan que se ofrece para saciar el hambre y como un gesto nutricio para alimentar lo mejor de lo humano.

Deseo que estas palabras previas hayan sido las apropiadas y les hayan brindado a los eventuales lectores algunas claves para invitarlos a atravesar el portal hacia las páginas siguientes. Deseo que en ellas se encuentren con el autor de este texto y que en/con sus aportes puedan enriquecer la comprensión de nuestra condición de sujetos humanos, seres narrados y narradores de mundos vividos, e imaginar mundos otros por vivir y para vivir con otros.

 

Mayo de 2021



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