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Reflexiones y sugerencias finales

A lo largo de los cinco capítulos de este libro, se han resaltado tres hechos importantes que se han puesto de manifiesto y han tenido un reconocimiento social amplio. Primero, durante mucho tiempo el consumo de alimentos en el mundo estuvo principalmente pautado por la cultura, las tradiciones y las posibilidades materiales de cada localidad. Con el tiempo, y especialmente durante los últimos treinta o cuarenta años, este ha evolucionado empujado por fenómenos tecnológicos y poblacionales, y ahora responde a pautas globales, más uniformes, que se transmiten y difunden a través de los medios de comunicación y el movimiento de personas. Segundo, que la modernidad, y en particular la creciente globalización del comercio de los alimentos, ha creado un vasto sistema alimentario global en el cual están interconectadas y entrelazadas numerosas cadenas productivas, empresas y procesos económicos que producen alimentos en respuesta a la demanda efectiva de los casi ocho mil millones de consumidores mundiales. Y tercero, que este vasto sistema de producción y consumo requiere, por un lado, asegurar una amplia oferta de alimentos y, por otro, cuidar con especial atención las formas de producción y las cualidades nutricionales y de inocuidad de los alimentos para que no representen un riesgo potencial tanto para la sabia utilización de los escasos recursos naturales del planeta, como para la salud de los consumidores.

Esta lectura de la realidad pone de manifiesto la necesidad de lograr una acción conjunta a nivel global para monitorear e incentivar, de manera consciente y deliberada, la forma en que el sistema alimentario global evolucionará en el futuro. Para que esto sea posible, es necesario contar con un componente organizacional a nivel global que sea capaz de cumplir con ciertas funciones técnicas y políticas para construir consensos y establecer los acuerdos necesarios a fin de progresar en acciones conjuntas que sean justas y equilibradas.

Por otra parte, es evidente que estas acciones de reordenamiento de los roles y funciones de los organismos internacionales, con una visión sistémica y armónica sobre el funcionamiento de los sistemas y subsistemas alimentarios regionales y globales, deben tener su correlato indispensable en la institucionalidad que se dé en los países. Solo así será posible dar la necesaria coherencia y eficacia a las acciones de política pública en el nivel nacional, regional y global.

La organización global que se propone debería ser el elemento central de un sistema de gobernanza global encargado de promover el desarrollo de un sistema alimentario global que, mirando al futuro, incluya de manera equilibrada y justa las cinco dimensiones/atributos que se describen en el capítulo iii.



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