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4 El papel de la Hispanic-Anglosphere (anglósfera hispánica)

Un estudio inédito de la relación de José de San Martín con James Duff, 4.º conde de Fife

Graciela Iglesias-Rogers[1]

Esta ponencia es el resultado de más de dos décadas de investigaciones motivadas por una misión periodística que llevé a cabo como corresponsal en Europa del diario La Nación. Todo comenzó con un comentario casual de un amigo que me dijo haber leído en una guía de turismo Michelin que en la ciudad escocesa de Banff había “algo” relacionado con el general José de San Martín. Un par de viajes a esa ciudad ubicada a más de 700 kilómetros al norte de Londres y varias entrevistas mediante en otros puntos clave de Escocia resultaron en un par de artículos, incluido uno publicado en la Revista La Nación, donde detallé cómo San Martín había viajado a Banff en 1824 para visitar a un entrañable amigo, James Duff, 4.º conde de Fife (Iglesias, 1997, 2000). La relación de estos dos hombres había sido prácticamente olvidada tanto por argentinos como por británicos y lo poco dicho en los libros de historia contenía inexactitudes, especialmente en lo que respecta a la figura de James Duff, de quien se aseguraba, erróneamente, que había conocido a San Martín en Cádiz durante las guerras napoleónicas porque había estado enrolado en las fuerzas británicas comandadas por el duque de Wellington. Corregir ese error abrió la puerta a una avalancha de preguntas mayores sobre la naturaleza de la participación de individuos británicos en ese y en otros conflictos bélicos. La búsqueda de respuestas me llevó a emprender una larga ruta de estudios académicos en la Universidad de Oxford que culminó con una tesis doctoral, la publicación de un libro y eventualmente un cambio de carrera (Iglesias-Rogers, 2014).

Durante esos años nuevas perspectivas comenzaron a surgir también en la disciplina histórica que facilitaron el proceso de esclarecimiento al alentar interpretaciones globales, transnacionales y especialmente entrecruzadas (entanglement history, histoire croisée) (Werner y Zimmermann, 2006). El enfoque entrecruzado debe mucho a las discusiones teóricas que forman parte del “giro espacial” en la historia, ya que interpreta el espacio no como algo dado, sino como el resultado de procesos relacionales a nivel social y cultural. Para comprenderlo mejor es útil dejar atrás en nuestra mente los mapas geográficos planos y estáticos para pensar un poco en términos de las redes sociales que operan a través del Internet, las cuales no reconocen ni fronteras físicas ni soberanías tradicionales para crear un espacio intangible y que, sin embargo, es muy real. La historia entrelazada investiga la interconexión de las sociedades o, para decirlo de manera sencilla, lo que resulta del contacto e interacción de individuos y comunidades –en este caso, creando lo que, con una red internacional de historiadores, expertos de otras disciplinas y también de afuera del ámbito académico, denominamos como la Hispanic-Anglosphere (anglósfera hispánica) (Werner y Zimmermann, 2006; Crespo Solana, 2014; Iglesias-Rogers, 2021)–. Este concepto crítico desafía viejos supuestos de enemistad y aislamiento mediante el estudio de los individuos, las redes y las comunidades que hicieron de las Islas Británicas (Cornualles, Escocia, Gales, Inglaterra, Irlanda, las islas del canal de la Mancha y la Isla de Man) un centro crucial para el mundo hispánico global y un puente entre la Europa, las Américas, el África y el Asia españolas en un período que, tal vez no muy diferente al actual, estuvo marcado por desastres naturales, la dislocación de gobiernos globales, la construcción de Estados nación, el surgimiento de identidades nacionales y del nacionalismo (finales del siglo XVIII y principios del XX) (Iglesias-Rogers, 2021).[2]

El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado en 1825 por el Reino Unido y las Provincias Unidas del Río de la Plata fue el primer documento oficial británico de reconocimiento de la independencia de una nación hispanoamericana. Esta ponencia argumentará que fue en gran medida un producto de la Hispanic-Anglosphere (anglósfera hispánica). Y lo hará desde el ángulo de la relación de San Martín con James Duff, 4.º conde de Fife. Sobre esa premisa, resulta natural comenzar por establecer quién era el amigo por quien, en un mundo sin ferrocarriles, automóviles y aviones, el general San Martín recorrió cientos de kilómetros para visitar un rincón relativamente oscuro de un país que apenas conocía. Y para ello es necesario conocer algunos detalles de su vida personal. También conocido como James (Diego) Duff, vizconde Macduff, el 4.º conde de Fife (1776-1857) nació en Housedale, Dunecht (Escocia), el 6 de octubre de 1776. Lo hizo sin estar predestinado a tales rangos. Se convirtió en el heredero de uno de los más vastos territorios, incluidos los que hoy incluyen el palacio real de Balmoral, solo cuando su tío, el 2.º conde de Fife (llamado también James Duff, 1729-1809), dejó entrever públicamente su intención de pasar el legado a su hermano, Alexander Duff (3.º conde de Fife, 1731-1811), y a sus descendientes, quedando el pequeño James Duff así destinado a recibir la fortuna por cuanto su tío –no ajeno a los placeres que llevan a la paternidad– no tenía hijos legítimos. Es probable que el conde lamentara la decisión porque pronto tuvo que salir a mitigar el descalabro ocasionado por el escandaloso divorcio de los padres de su joven heredero. Alexander Duff se había casado en 1775 con Mary Skene (1752-1805). La unión era ventajosa porque el enlace sumó numerosas propiedades en Aberdeenshire y Forfarshire al imperio potencial de los Fife. La pareja tuvo siete hijos,[3] pero la ausencia prolongada del marido parece haber contribuido a que Mary, casi veinte años más joven, se tomara pocas molestias en ocultar un apasionado romance con un miembro distante de su propia familia. La vergüenza motivada por el affaire desencadenó el divorcio concedido por la justicia en 1789, cuando Mary estaba embarazada de su última hija, Sarah, a quien Alexander reconoció a cambio de que la niña no viviera con sus hermanos.[4] Es importante saber que, contrariamente a la costumbre y práctica inglesa, el matrimonio en Escocia se consideraba un contrato civil y no un sacramento eclesiástico. La infidelidad y el abandono se consideraban incumplimientos del contrato, lo que constituía causal de disolución de la unión por instigación de cualquiera de los sexos en completa igualdad. Sin embargo, la legislación escocesa mantuvo una interpretación diluida de la prescripción bíblica de la pena capital para los adúlteros: el culpable se consideraba legalmente “muerto” en cuanto a las relaciones con su excónyuge y sus hijos, con quienes se le prohibía el contacto. En teoría, los adúlteros y desertores perdían todos sus bienes, no solo los que formaban parte del contrato matrimonial original, sino también los adquiridos durante el matrimonio. Además, se le prohibía al culpable contraer matrimonio con el codemandado (Guthrie, 1910-1911; Wark, 1928-1935; Leneman, 1998, 1996).

El 2.º conde tomó las riendas de la situación. Instrumentó el casamiento de Mary con un primo, George Skene, por más que había sido citado como codemandado, instalando a la pareja y a la pequeña Sarah en Londres con una pensión de 100 libras anuales entregada al cónyuge a cambio de que lo mantuviera informado de los movimientos de Mary, especialmente garantizando el respeto a la prohibición de contactar a sus hijos.[5] “Espero que los muchachos (James y su hermano Alexander) nunca sepan que yo estuve detrás de todo esto”[6], confesó el conde a sus agentes en Escocia, despachando al mismo tiempo a su heredero a estudiar en un internado en Westminster School, una de las escuelas privadas más antiguas de Inglaterra. Mary escribió varias veces para pedir más ayuda financiera, rogándole a “el hombre que tomó el cuidado de mis hijos, no olvidar a su madre”.[7] George Skene, quien probaría ser un bribón, dio muestras de cumplir con su parte del trato negando constantemente rumores de un posible contacto.[8] Como muchas escuelas de élite, Westminster School se apoyaba en la reputación de formar jóvenes disciplinados con una sólida educación clásica. En realidad, a veces era el centro de enormes alborotos que terminaban con estudiantes expresando su rebeldía en las calles de Londres. La educación era notoriamente liberal: los alumnos eran alentados a cuestionar, desafiar y debatir, y sobre todo a no tener miedo a forjar sus propias ideas (Derham, 2016). James no tardó en demostrar que no tenía la más mínima intención de seguir el camino delineado por su tío. Esfuerzos para que estudiara leyes en la universidad de Oxford –donde no llegó a completar dos años académicos– y un puesto en Lincoln’s Inn, con alojamiento pago en el Inner Temple, la principal asociación profesional de abogados y jueces británicos,[9] solo sirvieron para ponerlo en contacto con el set del príncipe de Gales (futuro príncipe regente y Jorge IV, 1762-1830), entonces hogar de la vanguardia cultural británica, socialmente transgresora, así como de la oposición política a la línea gubernamental favorecida por el 2.º conde de Fife. En sus filas se encontraba la recientemente ennoblecida familia Manners. En 1799, en flagrante desafío a la explícita desaprobación de su tío, James Duff contrajo matrimonio con la más joven de sus hijas, Maria Caroline Manners (1780-1805).[10] Tomó meses de intensa correspondencia para que el 2.º conde reconociera a regañadientes que podía ser ventajoso tener a su sobrino en el entorno del futuro monarca británico.[11] Y el camino a la reconciliación fue solo abierto cuando en 1803 James Duff aceptó instalarse en Escocia para liderar la milicia organizada por su tío para la defensa del condado de Inverness, en un acto de lealtad patriótico tras la ruptura del pacto de Amiens que reinició las guerras napoleónicas.[12] Pero la tregua familiar apenas duró dos años.

La conexión de Cádiz

En medio de los festejos navideños de 1805, James Duff abandonó todo para viajar al continente. La precipitada partida se produjo tras una doble tragedia: en una sola semana, Maria Caroline, embarazada, murió de rabia tras ser mordida por su perro preferido y su madre, Mary Skene, falleció en un incendio. Con el objetivo de “olvidar”, salió en búsqueda de aventuras.[13] Pero con ello frustró los intentos de su tío por consolidar su posición en el establishment británico al conseguirle un escaño en la Casa de los Comunes en las filas del oficialismo.[14] Duff viajó a Berlín y luego a Viena, donde participó en la campaña para montar una resistencia panalemana en contra de Napoleón. Su hermano Alexander Duff también abandonó Escocia, en su caso para participar en la segunda invasión de Buenos Aires con el regimiento 88th Connaught Rangers, que se rindió poco después de atacar la ciudad el 5 de julio de 1807 (Tayler y Tayler, 1914, p. 216). James no se enteró de ello hasta años más tarde. La noticia de la muerte de su tío el 2 de enero de 1809 no demoró tanto. Su padre, de 78 años, se convirtió en el 3.º conde de Fife, pero en la aristocracia de Irlanda, por cuanto la nobleza británica que le habría dado un asiento en la Casa de los Lores había sido conferida a su hermano y herederos varones de su cuerpo y se extinguió, por lo tanto, con el 2.º conde (Tayler y Tayler, 1914, p. 195). Duff, en tanto, adquirió el título subsidiario de vizconde Macduff. Lejos de convencerlo todo esto a poner proa de regreso a Gran Bretaña, el vizconde tomó contacto con un primo distante del mismo nombre que actuaba de cónsul en Cádiz, pidiéndole que lo pusiera en contacto con la resistencia española. El 23 de marzo de 1809 escribió al líder de la junta patriótica española Gaspar Melchor de Jovellanos para ofrecerse como voluntario en el ejército español, participando así en sus filas durante gran parte de la guerra de la Independencia Española (1808-1814) (Iglesias-Rogers, 2014).

Fue en ese período cuando entabló amistad con San Martín, entonces capitán en el ejército español, así como con otros miembros activos de la Hispanic-Anglosphere, particularmente en el campo de la política y de las artes, algunos de los cuales jugarían años más tarde un papel importante en la campaña libertadora sudamericana. Tres voluntarios británicos en el ejército español (Samuel Ford Whittingham, Philip Keating Roche y William Parker Carrol) eran veteranos también de la segunda invasión de Buenos Aires en 1807, con el último enlistado en el mismo regimiento del hermano del vizconde (Iglesias-Rogers, 2014). Dos de los ayudantes de campo más confiables de otro voluntario británico en las filas españolas, Charles William Doyle (quien llegaría a alcanzar el grado de teniente general), fueron Justo Rufino de San Martín, hermano menor del general San Martín, y José María de Torrijos y Uriarte (Iglesias-Rogers, 2014, p. 160).[15] Este último se convertiría en el líder de los liberales españoles, cuya trágica muerte en 1831, representada por Antonio Gisbert en su célebre pintura Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (1888), fue aclamada por el poeta español Antonio Machado como el evento que marcó el nacimiento del movimiento romántico español (Machado, marzo 1938, como se citó en Alonso, 1985, pp. 213-217). En 1815, Torrijos se negó a unirse a la fuerza expedicionaria para “pacificar” los dominios americanos porque, según dijo, “no deseaba esclavizar a nuestros hermanos latinoamericanos” (Iglesias-Rogers, 2014). Esto coincidió con el envío a Montevideo de uno de los regimientos entrenados bajo su supervisión en Cádiz y del que había sido comandante, los Tiradores de Doyle. En 1825, mientras estaba exiliado en Londres, viviendo con la ayuda proporcionada por Doyle y otros amigos británicos, Torrijos tradujo al castellano el primer relato biográfico del general San Martín escrito por uno de los mejores oficiales de San Martín en el ejército del Perú y veterano británico de la guerra peninsular, William Miller (Miller, 1829; Saenz de Viniegra de Torrijos, 1860). La traducción de Torrijos ha pasado a formar parte del canon de la historiografía latinoamericana desde su adopción por el historiador y estadista argentino Bartolomé Mitre (Mitre, 1887, pp. 119-121; Mitre, 1893, p. 36).

El conde de Fife mantuvo una relación aún más estrecha con el futuro libertador del Cono Sur. Probablemente, ambos se conocieron mientras luchaban a las órdenes del general Antoine de Coupigny, emigrado francés al mando de la segunda división del ejército andaluz. San Martín era entonces capitán del ejército español (Iglesias-Rogers, 2014, 159).[16] De lo que no caben dudas es de que la amistad se vio consolidada por una saludable afición compartida por la buena música, especialmente la guitarra, el teatro y los puros.[17] Durante una convalecencia a raíz de un accidente en la sitiada ciudad portuaria de Cádiz, Macduff entabló amistad con varios miembros de lo que se denominaba vagamente el “partido americano”,[18] entre ellos el diputado por Nueva Granada (Santa Fe, Colombia) José Mexía Lequerica (Jerdan, 1830, pp. 146-147), la familia Alvear y el banquero Duncan Shaw (Iglesias-Rogers, 2014; Alcalá Galiano, 1886, p. 356). La muerte en 1811 de su padre, el 3.º conde de Fife, incrementó la presión familiar para que regresara a Escocia y se hiciera cargo de sus vastas propiedades. El flamante 4.º conde de Fife esgrimió durante dos años todo tipo de excusas para no hacerlo. Mientras tanto, unió fuerzas con un comerciante londinense, Frederick Grellet, para desarrollar, organizar y promover la creación del primer Fondo Patriótico financiado con fondos privados para brindar asistencia a las viudas, huérfanos y familiares más cercanos de quienes cayeron en defensa de España y que en ese momento estaban excluidos de los beneficios del Montepío, el programa de asistencia para militares (Iglesias-Rogers, 2021, pp. 239-240). Fue también en 1811 cuando se enteró de que San Martín, deseoso de volver a América, se había encontrado con que el gobierno español no estaba dispuesto a permitir que un hábil soldado con veintidós años de experiencia abandonara la península, incluso cuando había logrado que sus superiores militares le dieran licencia para viajar a Lima.[19] No queda claro si Fife estaba al tanto de los motivos ulteriores de San Martín, pero el hecho es que consiguió para su amigo un pasaje a Inglaterra, varias cartas de presentación e incluso cartas de crédito, a las que, según la biografía de Miller, San Martín no tuvo necesidad de recurrir (Miller, 1828, pp. 423-424; Miller, 1829, pp. 402-403; Mitre, 1887, p. 36). Fue gracias a esa ayuda que San Martín llegó a Londres, capital entonces del movimiento emancipador latinoamericano, y desde allí, en los primeros meses de 1812, viajó a Buenos Aires que lo convertiría en el héroe de tres naciones (Argentina, Chile y Perú).

Correspondencia: evidencia y contexto

Los dos amigos mantuvieron correspondencia durante todos los años de la campaña libertadora. A continuación, delinearé ese intercambio epistolar, poniéndolo en un contexto tanto político como personal para así poder revelar datos inéditos que nos permiten comprender mejor el camino hacia la firma del Tratado de Amistad y Comercio del Reino Unido con las Provincias del Río de la Plata. Hasta el momento, es posible encontrar en los archivos evidencia de siete instancias de comunicación durante ese periodo.[20] La primera es una carta escrita tras la victoria de Chacabuco por el conde en Edimburgo, el 3 de junio de 1817. En un castellano aprendido en las trincheras, Fife aseguraba a San Martín que desde su regreso de España en 1813 había estado “diciendo siempre a mis compatriotas: Paciencia: un hombre por allá sorprenderá a todos. Estuve yo seguro que un golpe sería dado por su brazo”.[21] En el mismo año que Xavier Mina emprendió la fallida expedición en México (Ortuño Martínez, 2006), es probable que el escocés mariscal de campo del ejército español, quien había luchado por defender la constitución gaditana de 1812, haya interpretado la victoria como un gesto a favor de la restauración liberal hispánica. Pero por si acaso esto no fuera así, también advirtió: “No entrañe [sic] por ahora en la historia política de sus asuntos –ni de los motivos– solamente puede usted contar de mí como un buen amigo –sumamente interesado por el bien de San Martín”. Y decía esperar que el tiempo llegaría en el que “nos abracemos otra vez y hablaremos sobre todos los asuntos extraordinarios que hayan sido desde el tiempo de Cádiz”.[22] En el último párrafo, Fife comparó la partida del gobierno absolutista en Chile “a ésa de Napoleón a quien yo vi estando en París cuando llegó [en 1815] y vi salir y entrar al rey [Luis XVIII] –muy [in]quieto por su persona”–.[23] Con la aprobación de la Carta Constitucional de 1814, el “Deseado” Borbón se perfilaba entonces como la mejor chance de revivir el liberalismo en el continente. Fue mucho más tarde, en 1823, cuando despachó la expedición del duque de Angulema a España para restaurar el poder absoluto del también borbón Fernando VII. La carta de Fife terminaba con un “Créame, amigo San Martín, siempre su más sincero y verdadero amigo”.[24]

La segunda prueba es la versión en inglés de una carta de San Martín datada en De Santo, Chile, 9 de diciembre de 1817 y archivada en la colección del Foreign Office.[25] No habiéndose encontrado original, hay que presumir que fue facilitada al gobierno por el conde de Fife, a quien estaba dirigida. En ella, San Martín agradecía sus felicitaciones por las victorias en Chile para pasar a describir las dificultades que tenía en las negociaciones con el representante del virrey de Perú, quien entonces controlaba jurisdiccionalmente Chile, advirtiendo que la relación había llegado a una situación tensa. San Martín dedicó gran parte de la carta a elogiar al príncipe regente, señalando que al “dar libertad a Europa, ha detenido los torrentes de sangre que se derramaban. ¿No serán los desafortunados americanos bendecidos con una de sus miradas compasivas?”.[26] Y pedía a su amigo que intercediera ante él para evitar “tanta miseria”, indicando que “los americanos aceptarán condiciones razonables, siempre que no se les proponga depender en absoluto de la Vieja España; pues no me cabe la menor duda de que preferirán perecer antes que someterse a sus opresores y destructores”. A su ver, la revolución y una guerra ruinosa habían “enfriado las pasiones inherentes a todos los cambios políticos”, y afirmaba que el orden estaba siendo restablecido. “En resumen, amigo mío, las ideas democráticas han perdido el noventa por ciento entre los dirigentes, tanto en este estado como en las Provincias Unidas”.[27]

Interpretar estas palabras desde el presentismo lleva al error. El término “democracia” se asociaba entonces con los peores excesos de la Revolución francesa, situándose entre la anarquía y la demagogia (Innes y Phil, 2013; Posada Carbó et al., 2023). Tampoco ayuda creer, como aún afirman aquellos no versados en la más reciente historiografía,[28] que el gobierno británico apoyó la lucha emancipadora hispanoamericana desde un principio, alentado por un lobby comercial homogéneamente favorable. Las noticias de los sucesos bélicos en Sudamérica polarizaron la opinión en la City londinense, donde grandes intereses económicos se vieron negativamente afectados (Iglesias-Rogers, 2021). George Canning, quien como líder de la Casa de los Comunes jugaría un papel crucial en la firma del tratado de reconocimiento británico de las Provincias Unidas en 1825, estando en 1809 al frente del Foreign Office, había advertido a la resistencia española contra Napoleón que “la alianza entre Su Majestad y España se disolverá por cualquier cambio que rescinda la Constitución monárquica de España”. [29] Y con ello se refería tanto al tipo de gobierno como al carácter global de la Monarquía española. La fallida mediación británica de 1811 descansó sobre ese principio, el cual permaneció prácticamente inalterado en medio de los altibajos de la restauración fernandina en 1814. El más rígido en esa posición era el príncipe regente, quien había visto el efecto que la lucha por la independencia de los Estados Unidos había tenido tanto en la reputación como en la salud mental de su padre, Jorge III. Esto explica el ruego de San Martín a su amigo para que hiciera todo lo posible por cambiar la situación.

Las circunstancias de Fife no eran las que podría imaginarse. A su regreso de España se encontró con la noticia de que poco antes de morir su tío, entonces ciego, había dejado todos sus bienes a un hijo ilegítimo con quien el 2.º conde había mantenido contacto por varios años. Compartiendo también el nombre, Sir James Duff de Kinstair era un general ennoblecido tras participar en la brutal represión de la rebelión irlandesa de 1798.[30] Fife se vio obligado a entrar en batalla legal con él, la cual ganó a medias en 1826, dejándolo en el ínterin navegando una prolongada crisis financiera. Fue solo gracias a sus contactos personales que logró salvaguardar su posición en el establishment británico, alcanzando los más altos grados de la masonería regional y local (gran maestre de los Freemasons escoceses, 1813-1816, y de la Logia Provincial de Banff, 1813-1821). Presididas entonces honorariamente por el príncipe regente, quien también le dio el puesto de Lord of the Bedchamber en la corte (algo así como caballero de compañía del soberano). Fife también ganó varias elecciones para representar al condado de Banff en la Casa de los Comunes (1818-1827).[31]

En 1819, la resistencia a reconocer la independencia hispanoamericana se vio reforzada con la aprobación del Acta de Reclutamiento Extranjero diseñada para prohibir a los británicos servir en ejércitos extranjeros, especialmente en América (Waddell, 1987; Arielli, Frei y Van Hulle, 2016). Con esto en mente hay que analizar la comunicación de San Martín del 19 de enero de 1819, en la que adjuntaba una carta del teniente coronel de ingenieros James Charles, contándole a Fife que, gracias a su recomendación, había alcanzado el cargo de capitán en la armada chilena con destino a Perú. Tristemente, Charles, de 26 años, perdería la vida en Las Lomas, Perú, el 8 de noviembre de 1819.[32] En la misiva, además de asegurar que “de los muchos oficiales extranjeros que tenemos, los ingleses se han distinguido por su comportación [sic] militar”,[33] San Martín adjuntó una copia del panfleto Contestacion de los Gefes del Ejército Unido de los Andes y Chile al manifesto del ex-mayor general D. Miguel Brayer, sobre su conducta en el tiempo que permaneció en Sud-America (firmado en Santiago de Chile 1ero diciembre 1818). En vísperas de la batalla de Maipú, San Martín expulsó de su ejército al general francés Michel Sylvestre Brayer, veterano de las fuerzas napoleónicas, acusándolo de cobardía e ineptitud y responsabilizándolo por los desastres de Talcahuano y Cancha Rayada. Esto desencadenó un escándalo que ha estudiado en detalle Emilio Ocampo (2005). Todo comenzó cuando, en medio de rumores de que José Bonaparte, exiliado en Nueva York, Filadelfia y finalmente en Nueva Jersey, se preparaba a establecer una colonia napoleónica para lanzar una ofensiva de restauración desde América (Blaufarb, 2010), Brayer y los hermanos Carrera fletaron en los Estados Unidos cinco buques de origen privado que en 1817 ofrecieron en Buenos Aires para la expedición al Perú. San Martín no quiso aceptarlos porque no quería verse obligado a cumplir las condiciones que ellos habían acordado en los Estados Unidos y juzgó más prudente obtenerlos en Inglaterra, un país con reconocida tradición marítima. Brayer se presentó a Juan Martín de Pueyrredón y ofreció sus servicios, que fueron aceptados. Pero en Chile se descubrió un complot atribuido a los Carrera para derrocar a O’Higgins y a San Martín. Uno de los complotados confesó que el plan era entregar el mando supremo del ejército a Brayer, dejar a Luis Carrera como presidente interino de Chile y volver a los Estados Unidos para organizar una expedición naval para atacar a Perú junto con el mariscal Grouchy y otros oficiales bonapartistas cuyos gastos iban a ser pagados por José Bonaparte. Brayer reaccionó al consiguiente fusilamiento de los hermanos Juan José y Luis Carrera (8 de abril de 1818) con una campaña de desprestigio del gobierno revolucionario, incluido un manifiesto al cual los jefes del Ejército de los Andes y Chile contestaron con el panfleto adjunto al conde de Fife. San Martín buscaba así tanto defender su honor como dejar en claro que en la región no había ánimo alguno de apoyar proyectos de restauración bonapartistas.

En la misma carta, San Martín agradecía al conde el haberlo puesto en contacto con la casa comercial Ellice, la cual estaba haciendo gran fortuna con el comercio de pieles en Canadá, en busca de fondos para las nuevas repúblicas de América del Sur (Colthart, 2003).[34] Entonces, el movimiento emancipador apenas lograba encontrar apoyo financiero para sus operaciones a raíz de la gran reticencia que había en Inglaterra por invertir fuera de Europa porque un gran número de casas comerciales se habían visto arruinadas por transacciones realizadas en Sudamérica durante las guerras napoleónicas (Hilton, 2006, pp. 155-156). La recomendación de una firma que ya operaba en el hemisferio no podía ser otra cosa que bienvenida. El 16 de octubre de 1820, San Martín, ya desde el cuartel general en Pisco (costa del Perú) envió dos cartas dando cuenta de los continuos esfuerzos por llegar a un acuerdo con el virrey en Lima y agradeciendo al conde el envío de una caja de cigarros y los elogios que le había dado por actuar durante la contienda, no en forma sedienta de sangre, pero como un “filósofo”.[35] El 27 de marzo de 1821, desde el cuartel en Alcuera, San Martín aludió al bloqueo naval y terrestre por parte de las fuerzas independentistas de Lima, cuyos efectos se hacían sentir en Lima “por el ambre [sic] que se padece; esto obligará a los españoles a dar una vatalla [sic] que tal vez pueda decidir la suerte de esta América”.[36] Consideraba la estrategia parte del “carácter más humano que (la guerra) ha tornado desde mi llegada a estas costas: en fin, veremos la terminación que esto tiene: sea cual fuere, yo habré cumplido con los deveres [sic] de un hombre de vien [sic]”.[37] San Martín incluyó varios boletines del ejército para que el conde pudiera comprender mejor las operaciones y terminó la carta diciendo que no perdía “la esperanza de ver a Ud. pues si la campaña termina felizmente, pienso dar una vuelta por Inglaterra, a fin de tranquilizar mi espíritu algo cansado con diez años de fatigas”.[38]

Pleito contra San Martín en Londres

Para Fife, las perspectivas de seguir ayudando a su amigo se habían visto algo alteradas, porque el 23 de marzo de 1821 se convirtió en el primer noble en la historia británica en ser despedido de su puesto en el palacio, por haber votado en la Casa de los Comunes en contra de un impuesto a la producción de whisky propuesto por el oficialismo, que entonces se conocía como el “gobierno de Su Majestad” (Iglesias-Rogers, 2021, p. 240). Esto no lo apartó del círculo de amistades de Jorge IV, con quien siguió en contacto, jugando incluso un papel importante en la primera visita de un monarca del Reino Unido a Escocia en 1822,[39] pero limitó su ámbito de acción política. En Perú, en tanto, el bloqueo fue más prolongado de lo esperado y particularmente devastador para los limeños, pero alcanzó su objetivo. San Martín ingresó en la capital del virreinato del Perú, proclamando su independencia el 28 de julio de 1821 (Alfaro Lagos et al., 2022). La noticia desencadenó una verdadera fiebre en la City londinense por invertir en bonos de siete naciones emergentes (Buenos Aires, Gran Colombia, Chile, Perú, México, Brasil y la Federación Centroamericana) que pronto se transformaría en una “burbuja” considerada por Griffith Dawson como la “primera crisis de deuda latinoamericana” (Dawson, 1990). También abrió la puerta para que los sectores comerciales británicos perjudicados por el bloqueo buscaran compensación. Fue así como en la corte de la City (Lord Mayor’s Court) se presentó el 18 de noviembre de 1822 el caso “Hodgson versus San Martín”. En este se sostenía que, no teniendo Perú reconocimiento oficial, San Martín debía “al menos 5000 libras, valor de ciertas mercancías británicas, propiedad del demandante”, embarcadas a bordo del barco Anna incautado “ilegalmente” para ser destinado al uso del gobierno del Perú “investido en el susodicho Don San Martín, bajo el título de protector de Perú”.[40] El abogado del comerciante Hodgson exigía también que San Martín fuera declarado “fugitivo” por no haberse presentado a la audiencia. La demanda había sido extendida a los proveedores de bonos peruanos Everett & Co y, como un caso separado, a la casa Thomas Kinder. Ambas demandas fueron rechazadas el mismo día porque el juez consideró “imposible afirmar que el Soberano o jefe de Estado fuera personalmente responsable de los daños causados ​​por las infracciones de sus súbditos” y que, habiendo el incidente tenido lugar afuera de Londres, la corte de la City se consideraba incompetente.[41]

La noticia de la renuncia de San Martín en Lima tardó casi seis meses en llegar a Londres y contribuyó poco a calmar la incertidumbre en el frente financiero.[42] Es en este contexto que hay que interpretar tanto los esfuerzos de San Martín por viajar de incógnito como el asedio de la prensa británica cuando el Libertador llegó a Londres en abril de 1824. Lo hizo tras serle negada la entrada por el régimen borbónico en Francia, donde esperaba reunirse con su hermano Justo Rufino, quien vivía entonces en París. San Martín no viajó a Escocia a ver a su amigo hasta agosto, asegurándose antes de que su hija Merceditas quedara al cuidado de la familia del comodoro Peter Heywood, quien había sido jefe de la estación naval británica en el Río de la Plata.[43] Cinco días tardó en llegar a la residencia de Fife en Banff, la monumental Duff House diseñada por el arquitecto William Adam en 1735 con un solo objetivo: impresionar. El fundador de la dinastía, William Duff, un abogado que hizo fortuna como terrateniente, quería convencer al mundo de que era descendiente de Lord Macduff, el mítico amigo del shakespeariano rey Macbeth, y por eso encargó a Adam la construcción de la mansión más grande en Escocia. Con más de 30 habitaciones, ha servido durante tres siglos como residencia ducal, hospital y hasta campo de prisioneros en la Segunda Guerra Mundial. Ahora es sede de la única sucursal fuera de Edimburgo de la National Gallery of Scotland. El Libertador pasó entre sus ornamentadas paredes una semana, tiempo suficiente para que su estatura de héroe fuera reconocida por las autoridades locales, quienes, sin duda a instancias del conde, le otorgaron el 19 de agosto el título de Freeman of Banff (Lynch, 2009, p. 94).[44] Este fue el único reconocimiento público que San Martín recibió en Europa. Se le otorgó seis meses antes de que George Canning, de vuelta en el papel de titular del Foreign Office, pero con una lectura del mundo distinta a la de su primer mandato, obtuviera la aprobación parlamentaria del tratado con el gobierno de Buenos Aires que dio el primer paso hacia la aceptación de la independencia latinoamericana por parte del Reino Unido.[45]

Como diputado por la ciudad portuaria de Liverpool, cuya prosperidad dependía del comercio transatlántico, y transitando ahora los círculos sociales de Fife en la corte, Canning había transformado su visión globalista para abogar por el reconocimiento de las naciones emergentes sudamericanas, enfrentándose en más de una ocasión a la política de respeto del antiguo régimen europeísta de sus propias filas tory encabezada por el duque de Wellington (Hilton, 2006). A días de alcanzar el puesto de primer ministro en 1827, Canning no solo facilitó el regreso de Fife a su puesto en la corte de Jorge IV, también hizo que se le otorgara el título de nobleza del Reino Unido, con el cual ganó un asiento en la Casa de los Lores (27 de abril de 1827) (Iglesias-Rogers, 2021, p. 241). De ahí en más, San Martín y Fife no volvieron a verse. San Martín intentaría un frustrado regreso a Buenos Aires para luego vivir en Bélgica y Francia. Fife dejó la corte y la bancada parlamentaria para radicarse en su tierra, donde gastó buena parte de su fortuna fundando ciudades, como Dufftown, hoy sede de la famosa destilería de whisky Glenfiddich, con el fin social de dar empleo a los hombres que regresaban de la guerra napoleónica. Falleció en Banff en 1857 (Iglesias-Rogers, 2021, pp. 240-242).

La unidad americana tras el tratado

Quiero terminar refiriéndome a una carta que, cuatro años después de la firma del Tratado de Amistad y Comercio con las Provincias del Río de la Plata, envió William Miller (1795-1861), a quien San Martín había puesto en contacto con el conde.[46] En ella, el general al servicio del Perú adjuntaba una prueba de imprenta de la versión en castellano de sus memorias invitando a Fife a que hiciera comentarios.[47] El conde apenas escribió unas líneas al margen, pero hay una corrección que es sumamente sugestiva porque cuestiona la evaluación ofrecida por Miller del famoso encuentro de San Martín con Simón Bolívar en Guayaquil (26 de julio de 1822), versión que ha sido motivo de gran debate historiográfico.[48]

Entre las páginas 367 y 368 de la prueba de imprenta, Miller cuenta cómo San Martín viajó de Callao a Guayaquil para ver a Bolívar y termina afirmando: “La entrevista que se verificó entre estos dos hombres distinguidos parece que no fue muy satisfactoria”. Fife retrucó en el margen: “Not Correct – San Martin told me himself that it was very satisfactory” (“No es correcto – San Martín me dijo él mismo que había sido muy satisfactoria”). Y al final del comentario puso su firma (Fife) para que no se dudara de quién provenía la corrección.[49] La aseveración de Miller es la misma que había aparecido en la versión en inglés publicada un año antes y que el conde parece no haber leído. Es también lo único que se menciona en el libro sobre el encuentro en Guayaquil.[50] La prueba corregida parece haber llegado en algún momento a las manos del editor porque alguien con una caligrafía distinta a la del conde agregó a pie de línea: “To make this history more interesting W. Miller ought to explain the motives of the displeasure as to the General; why to leave the public to judge?” (“Para hacer esta historia más interesante, W. Miller debería explicar los motivos del descontento del General; ¿por qué dejar que el público lo juzgue?”).[51]

El hecho de que esta prueba de galera se encuentre hoy en los archivos de la familia Duff hace pensar que Miller nunca leyó la corrección. Entonces el correo era pagado por el destinatario, y Miller había pedido al conde disculpas en un par de ocasiones por pedirle que pagara el franqueo por adelantado.[52] Puede ser que en esta ocasión Fife no lo hiciera, o que con los frecuentes viajes de Miller a Perú y a los Estados Unidos no lo hubieran encontrado a tiempo (Chichester y Falkner, 2004). Es posible que Miller decidiera ignorar la corrección, pero entonces resulta extraño que el tema no surgiera en ninguna de las cartas que él siguió enviando a Fife hasta 1840.[53] También hay que contemplar la posibilidad de que el conde, viviendo en el contexto creado por el reconocimiento británico de casi media docena de repúblicas sudamericanas, algunas de ellas efímeras, con San Martín en exilio y Bolívar convertido en dictador (Bushnell, 1983), hubiera llegado a la conclusión de que insistir en defender una versión que daba muestras de armonía y unidad en el proyecto emancipador americano había perdido urgencia, y también sentido.

Conclusión

De lo que no caben dudas es de que el camino hacia la firma del tratado firmado por el Reino Unido y las Provincias Unidas del Río de la Plata (hoy Argentina) en 1825 no fue lineal y predecible. Durante más de una década de altibajos, en un contexto global fluido e inestable, lo único que permaneció constante fue lo que, curiosamente, se escogió también como la primera palabra del título del acuerdo –la amistad– entre los que voluntariamente constituyeron una heterogénea y creciente Hispanic-Anglosphere (anglósfera hispánica), de la cual esta ponencia ha dado solo una pequeña muestra. No contando con instituciones para entablar relaciones internacionales, fueron los esfuerzos de esta comunidad –no siempre exitosos, pero sí continuos– los que moldearon la visión estratégica británica hacia el reconocimiento de las nuevas repúblicas hispanoamericanas. Su modus operandi consistía en enlazar lo personal con lo político, cultural y económico para crear, sobre la base de mutua confianza, condiciones para ejercer lo que Joseph Nye ha bautizado como soft power (Nye, 1990; Carbó-Catalan y Roig Sanz, 2022). El proceso fue transformador para todos: la defensa de una monarquía española que garantizaba una América libre de la autocracia napoleónica dio paso a la lucha en contra de un despotismo europeo español que no resultó en una unión hemisférica hispanoamericana sino en la emergencia de diferentes Estados nación. El estudio de la relación del general San Martín con el conde de Fife nos permite además reconocer a dos individuos para quienes, en un mundo progresivamente condicionado por lógicas de “might is right” (la fuerza es lo que vale), y pese a haberse conocido en un contexto militar, resultaba esencial evitar derramamientos de sangre gratuitos. Para ellos, el honor se definía por la búsqueda del bien común por todos los medios –ya sea a través de la negociación con el enemigo o con el establecimiento de proyectos de asistencia social– y por el respeto de la autodeterminación de los pueblos y la defensa de sus intereses, aun cuando ello implicara rescindir posiciones de poder personal.

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  5. Alexander Duff al conde de Fife, Housedale (10 de octubre de 1799); Alexander Duff al conde de Fife, Housedale (8 de agosto de 1797).
  6. Conde de Fife a Rose y a Robinson, Londres (13 de marzo de 1790, traducción propia).
  7. Mary Skene al conde de Fife (sin fecha, c. 1796, traducción propia); Mary Skene al conde de Fife (23 de marzo de 1796, traducción propia) y Mary Skene al conde de Fife, 10 Scotland Yard (19 de marzo de 1799, traducción propia).
  8. “George Skene, Scotland Yard, Whitehall (14 junio 1804)”. George Skene fue ejecutado por falsificación de billetes y bonos postales en 1812. “Trial of George Skene for deception and Forgery” (15 de enero de 1812), The Proceedings of the Old Bailey.
  9. Correspondencia del conde de Fife con William Pitt Amherst, Christ Church, sobre el ingreso de James Duff en la universidad de Oxford (31 de mayo al 13 de junio de 1793); carta de William Inglis a Mr. Chalmer (c. 1816) sobre aranceles debidos en el Inner Temple desde 1795.
  10. Carta de Mr. A. Brodie, Leslie House, al conde de Fife (11 de septiembre de 1796); carta del conde de Fife a Alexander Duff, Duff House (16 de octubre de 1796); carta de James Duff a su tío, conde de Fife, Housedale (27 de noviembre de 1796); carta de James Duff al conde de Fife informando de su matrimonio con Ms. Manners, Coombe House, Kingston (11 de septiembre de 1799).
  11. Correspondencia de James Duff con el conde de Fife (septiembre-noviembre de 1799); carta de John Manners al conde de Fife agradeciendo regalo entregado al príncipe de Gales, St. James Street, Londres (9 de octubre de 1799).
  12. Carta de conde de Fife al coronel Grant sobre el nombramiento de su sobrino James Duff como teniente coronel de la Invernesshire Militia (14 de noviembre de 1803).
  13. Col. James Duff a Louisa Manners (10 de enero de 1806); Col. James Duff al conde de Fife, Norwich (14 de enero de 1806).
  14. Correspondencia de Lord Grenville con el conde de Fife (1790-1809).
  15. Expediente Justo Rufino de San Martín (Archivo General Militar de Segovia); correspondencia Doyle re. Justo de San Martín (1810); carta de Justo San Martín a Doyle (7 de enero de 1812); correspondencia de Doyle con Justo de San Martín (junio de 1810 a 11 de febrero de 1811); Doyle re. Justo de San Martín (22 de junio de 1810).
  16. Expediente José de San Martín Matorras (Personal Célebre 3S 6. AGMS, Segovia, España).
  17. José de San Martín al conde de Fife, sin fecha, estampada con sello de Perú (c. 1821-1823); José de San Martín al conde de Fife, Bruselas (19 de marzo de 1827).
  18. Henry Wellesley a Lord Wellesley, Cádiz (12 de diciembre de 1811); Andrés Angel de la Vega al duque de Ciudad Rodrigo, Cádiz (28 de abril de 1813) (Wellesley, A. R. d. o. W., 1858, p. 181; García Godoy, 1998, p. 175).
  19. Heredia, Inspector General de la Caballería de España al Capitán San Martín (9 de septiembre de 1811).
  20. Comunicaciones no relevantes a este período (por ejemplo, San Martín al conde de Fife, Bruselas, 19 de marzo de 1827, AB MS3175/2270) no se han incluido en este estudio.
  21. Carta del 4.° conde de Fife a San Martín, Edimburgo (3 de junio de 1817), original en el Museo Mitre y reproducida con errores menores (ex. Macdoff) en Documentos para la Historia del Libertador General San Martín (Tomo V, enero 1817-junio 1817, traducción propia).
  22. Carta del 4.° Fife a San Martín, Edimburgo (3 de junio de 1817, traducción propia).
  23. Carta del 4.° Fife a San Martín, Edimburgo (3 de junio de 1817, traducción propia).
  24. Carta del 4.° Fife a San Martín, Edimburgo (3 de junio de 1817, traducción propia).
  25. Copia en inglés de carta de San Martín a Fife, De Santo, Chile (9 de diciembre de 1817).
  26. Copia en inglés de carta de San Martín a Fife, De Santo, Chile (9 de diciembre de 1817, traducción propia).
  27. Copia en inglés de carta de San Martín a Fife, De Santo, Chile (9 de diciembre de 1817, traducción propia).
  28. Especial recomendación merece Gallo (2001).
  29. Carta “secreta y confidencial” de Canning al marqués Wellesley (12 de agosto de 1809, traducción propia).
  30. Véase, por ejemplo, correspondencia en 1802 y 1803 del 2.º conde de Fife con Sir James Duff de Kinstair en AB MS3175 2184 y AB MS3175 425/2.
  31. Fife vio reconocido su derecho a los títulos nobiliarios y a las propiedades, pero el acceso a la fortuna quedó supeditado a un trust controlado por Sir James Duff (Tayler y Tayler, 1914; Iglesias-Rogers, 2021).
  32. San Martín a Fife (19 de enero de 1819) y teniente Charles a Fife (19 de enero de 1819).
  33. San Martín a Fife (19 de enero de 1819).
  34. San Martín a Fife (19 de enero de 1819).
  35. San Martín a Fife (16 de octubre de 1820); y San Martín a Fife (sin fecha, pero adjunta a la previa carta).
  36. San Martín a Fife (27 de marzo de 1821, traducción propia).
  37. San Martín a Fife (27 de marzo de 1821, traducción propia).
  38. San Martín a Fife (27 de marzo de 1821, traducción propia).
  39. Correspondencia de Fife con editor de Blackwoods Magazine sobre cobertura de la visita de Jorge IV a Escocia (septiembre-noviembre 1822).
  40. “Lord Mayor´s Court at Guildhall, Nov. 18” (22 de noviembre de 1822, traducción propia).
  41. “Lord Mayor´s Court at Guildhall, Nov. 18” (22 de noviembre de 1822, traducción propia).
  42. “General San Martin” (5 de febrero de 1823); Dawson (1990).
  43. Más detalles de este viaje en Iglesias (13 de agosto del 2000).
  44. “José de San Martín, 19 de agosto de 1824” (Freemen of the Burgh: Records of Royal Burgh of Banff [BH4], Aberdeen City Archives); “The Burgess Roll of Banff -1824-Lieutenant General Don José, San Martin, Colombia [sic]”, en Cramond (1893).
  45. “Treaty of amity, commerce, and navigation, between His Majesty and the United Provinces of Rio de la Plata. Signed at Buenos Ayres, February 2, 1825” (1825).
  46. San Martín al conde de Fife, Bruselas (19 de marzo de 1827).
  47. Carta de Miller a Fife (16 de enero de 1829), adjuntando prueba de imprenta que se ha archivado en carpeta separada.
  48. Véase, por ejemplo, López (1884); Lecuna (1952); Castillo (1972), Cuevas Cancino (enero-marzo de 1978).
  49. Traducción al castellano de la autora. Prueba de imprenta de Memorias del General Miller al Servicio de la República del Perú escritas en Inglés por Mr. John Miller y traducidas al castellano por el General Torrijos (2 vols.).
  50. “The interview which took place between these two distinguished characters does not appear to have been very satisfactory”, en Miller (1828, p. 354).
  51. Traducción de la autora. Prueba de imprenta de Memorias del General Miller al Servicio de la República del Perú escritas en Inglés por Mr. John Miller y traducidas al castellano por el General Torrijos.
  52. Miller a Fife, Canterbury (29 de junio de 1827); Miller a Fife, Canterbury (27 de noviembre de 1828).
  53. Miller a Fife (11 de febrero de 1829); Miller a Fife, Nueva York (10 de octubre de 1840).


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