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10 La construcción
del “continente descuidado”

La influencia de Lucy Guinness en la imagen protestante de América del Sur

Paula Seiguer[1]

Este capítulo pretende realizar un aporte a la investigación sobre las misiones protestantes en América del Sur, y particularmente sobre aquellas que tuvieron un origen británico. Las misiones británicas han sido consistentemente subestimadas por la bibliografía especializada, que se ha concentrado mayormente en la presencia de las iglesias norteamericanas. Varios autores han sostenido incluso que las iglesias del Reino Unido no eran misioneras en la región, o que solo se limitaron al trabajo entre los inmigrantes británicos, dejando la evangelización en manos de las iglesias norteamericanas (Bastian, 1994; Villalpando, Lalive D’Epinay y Epps, 1970; González y González, 2008; Bebbington, 2022). Esto es simplemente falso, como puede verse a partir de los nutridos trabajos que han abordado las misiones de la South American Missionary Society[2] (Seiguer, 2017, 2022; Morales Schmuker, 2019; Bascopé Julio, 2016; Regúnaga, 2020; De la Fuente Stranger, 2014, 2024; Torres Fernández, 2006; Córdoba, 2020; Montani, 2017; Gómez, 2017) o de los Hermanos Libres (Espinosa, 2025).

Más allá de la existencia de una presencia misionera británica en la región, este capítulo nace de la convergencia entre preguntas sobre dos temas específicos, y muy poco estudiados: la agencia femenina en las misiones y la construcción de una mirada o imagen protestante sobre la región.

En relación con la pregunta por los roles desempeñados por las mujeres en las misiones, las fuentes parecen mostrarnos un mundo donde la agencia pertenece casi universalmente a los hombres, quienes a menudo son los únicos mencionados con nombre y apellido. Sin embargo, sabemos que las misiones contenían un número variable de mujeres, que en promedio parecen haber constituido en torno al 40 % del personal misionero, un número cercano al calculado por Dana Robert en su obra sobre las misioneras norteamericanas (Seiguer, 2015; Robert, 1996). Existen algunos pocos escritos sobre las mujeres en las misiones sudamericanas (Morales Schmuker, 2021; De la Fuente Stranger, 2014, 2024; Griffin, 2014; Amestoy y Rivera Martínez, 2024). He escrito con anterioridad sobre todo lo que implicaba el rol de esposa misionera y el de misionera soltera en el campo, y sobre la complejidad de reconstruir sus biografías a partir de los escasos indicios que nos brindan las fuentes de la literatura misionera, donde las solteras a menudo solo son mencionadas por su apellido, mientras que para las casadas solo se indica el de su marido (Seiguer, 2015). Sin embargo, no existen trabajos que hayan abordado un rol que a menudo es más invisible aún: el de aquellas a las que podríamos llamar “misioneras del teclado” (de la máquina de escribir), las mujeres que colaboraron con las misiones como escritoras, secretarias de las sociedades misioneras, editoras de periódicos y corresponsales de los misioneros.

Hay muchos ejemplos de la importancia de estas mujeres en la construcción de la literatura misionera: por ejemplo, Elizabeth Marsh, la viuda de Allen Gardiner, el fundador de la South American Missionary Society, escribió el volumen de la historia oficial de la sociedad, Records of the South American Missionary Society (Marsh, 1895). Gertrude Wilson, profesora de historia casada con un pastor anglicano, parece haber sido la verdadera autora del primer libro atribuido al famoso misionero Wilfrid Barbrooke Grubb, Among the Indians of the Paraguayan Chaco. A Story of Missionary Work in South America (Barbrooke Grubb [Wilson], 1904). Muchas mujeres asumían este tipo de roles cuando las presiones familiares las forzaban a dejar de lado un papel más activo como misioneras sobre el terreno: es el caso de Susan Ellen Burleigh, quien escribió Witnessing under the Southern Cross: Mr. and Mrs. Burleigh at Wollaston and Tekenika (Burleigh, 1902) cuando se retiró de la misión en Tierra del Fuego después de la muerte de su marido, o el de Ethel Byatt, que escribió The Red Man’s Child and How He Lives (Byatt, s. f.) sobre sus experiencias en la misión anglicana en el Chaco cuando se retiró después de su matrimonio con Andrew Barbrooke Grubb. Otras escribían mientras eran misioneras, como lo hacían los hombres. Pero algunas eran verdaderas profesionales de la difusión, y podían tener un impacto muy grande en este sentido. La misionera de la cual me ocuparé en este capítulo, Lucy Evangeline Guinness, es un ejemplo de esto.

Por otra parte, la cuestión de la construcción de una imagen o mirada protestante sobre América del Sur me ha llevado a analizar los libros, informes y artículos escritos por misioneros que dieron forma, a través de la escritura pero también de las imágenes (Seiguer, 2025), a una serie de ideas sobre el subcontinente, sobre sus paisajes, sus recursos, sus habitantes, sus necesidades y su futuro. Esas ideas provenían en parte de las experiencias que los misioneros compartían a través de sus escritos, pero también tenían su origen en lugares comunes en circulación a partir de escritos previos de viajeros y guías de viaje, de informes comerciales y tópicos tan clásicos como la “leyenda negra” de la Inquisición española. Hacia finales del siglo XIX, esta mirada protestante sobre América del Sur adquirió contornos más concretos para terminar sintetizándose en la descripción de la región como el “continente descuidado” (neglected continent) por el protestantismo en su expansión global, enfatizando sus necesidades insatisfechas y la escasez de la presencia misionera. La autora de esa imagen repetida y perdurable fue Lucy Evangeline Guinness, quien sin embargo nunca puso un pie sobre América del Sur.

Por todo esto, el presente capítulo se concentrará en la figura de Lucy Guinness y su impacto en el movimiento misionero en tanto escritora y divulgadora profesional, una verdadera “misionera del teclado”. El primer apartado reconstruirá la historia personal y familiar de Guinness, mostrando cómo su trayectoria contribuyó a ubicarla en un lugar desde el cual podía tener la influencia necesaria para tener semejante impacto. La segunda sección se concentrará en las circunstancias de producción, los contenidos y los efectos de su crucial obra South America, the Neglected Continent, de 1894 (Millard y Guinness, 1894). Finalmente, se presentarán algunas conclusiones.

Lucy Evangeline Guinness Kumm

Lucy Guinness nació en julio de 1865, la tercera de los siete hijos del pastor congregacionalista irlandés Henry Grattan Guinness y su esposa, Fanny Emma Fitzgerald. Su padre era nieto de Arthur Guinness, el fundador de la cervecería que aún hoy es sinónimo de Irlanda, y aunque no era heredero del negocio familiar, había gozado de las ventajas de la pertenencia a una familia de fortuna, que además financió parte de su obra evangelística. Henry y Fanny eran una pareja muy conocida dentro de los círculos del activismo evangélico de la segunda mitad del siglo XIX. Henry era un predicador independiente extremadamente popular y carismático, que en 1857, con solo 18 años, se había lanzado a recorrer las islas británicas proclamando el Segundo Avivamiento.[3] Fanny, originalmente miembro de los Plymouth Brethren, se casó con él en 1860, y tomó un rol muy activo en el movimiento: predicaba por su cuenta, y desde 1868 fue la editora de la revista The Regions Beyond and Illustrated Missionary News. Hasta 1872 hicieron giras misioneras por Gran Bretaña, los Estados Unidos, Francia y el Cercano Oriente. A partir de ese año se establecieron junto con sus hijos en la zona más pobre de Londres, el East End, donde fundaron el East London Training Institute for Home and Foreign Missions (conocido como Harley College) en asociación con el conocido filántropo Thomas Barnardo. Este emprendimiento resultó un gran éxito. En 1875 se agregó una nueva sede (Cliff College, en el condado de Derbyshire). En 1879 se construyó un edificio ad hoc en la sede londinense, y en 1884 se sumó una institución preparatoria para mujeres misioneras. El movimiento terminó dando origen a la Regions Beyond Missionary Union, una sociedad misionera no denominacional que se concentró en la Argentina, Perú y el Congo (Guinness, 1908; Murray, 1998, pp. 268-269).

El recorrido de los Guinness resulta típico de la transición que ocurrió en el movimiento evangélico hacia finales del siglo XIX. La expansión de las misiones protestantes a nivel global fue llevando a un reconocimiento de la necesidad de crear instituciones que formaran a quienes se enviaba a regiones desconocidas, a menudo sin un salario regular. La buena práctica misionera requería el estudio de la lengua del lugar de destino, pero también una sólida formación teológica, prácticas de oratoria, conocimientos de geografía e historia, y el desarrollo de habilidades que permitieran presentar de manera efectiva los conceptos del cristianismo a quienes los oían por primera vez. Conocimientos prácticos como el manejo de una imprenta o la carpintería eran también importantes en algunos destinos. Aparecieron así los llamados Bible colleges para la profesionalización misionera, algunos de ellos asociados a determinadas iglesias o sociedades, otros independientes y transdenominacionales. Predicadores experimentados como los Guinness podían convertirse en docentes valorados en la formación de misioneros.

Como hija de una familia ilustrada, acomodada y que valoraba profundamente las habilidades femeninas, Lucy y sus hermanas (especialmente su hermana mayor, Geraldine, la única que sobrevivió a la infancia) recibieron una educación muy cuidada, y al igual que sus hermanos varones tomaron parte tempranamente en el negocio familiar. Luego de unos años estudiando en París junto a su hermana, Lucy acompañó a su hermano mayor, Henry (Harry), en su trabajo misionero en Australia y Tasmania, donde completó sus estudios. Luego volvió a Londres, y se instaló en Harley College, conviviendo con los misioneros en formación. Con el fin de informarse sobre las necesidades de la zona, trabajó durante un tiempo en una fábrica local (acompañada, aclaraba su padre –preocupado por demostrar su respetabilidad–, por una sirvienta), viviendo en habitaciones alquiladas junto con otras obreras fabriles. A partir de esta experiencia escribió su primer libro, Only a Factory Girl, que llevó al establecimiento de un hogar cristiano para jóvenes obreras. Cuando la salud de su madre le impidió continuar con la edición de la revista de la sociedad, Lucy la reemplazó durante unos 9 años. En 1890 acompañó a su padre en una gira por los Estados Unidos, en donde dio conferencias sobre las misiones mientras ayudaba a fundar nuevos núcleos del Student Volunteer Movement (el movimiento que reclutaba jóvenes universitarios para servir como misioneros en distintas partes del mundo) (Guinness, 1907).

Fue en este contexto cuando, en 1894, escribió la obra que nos ocupa, South America, the Neglected Continent. Luego editó las cartas de su hermana, quien había ido como misionera a China y se había casado en 1894 con Frederick Howard Taylor, el conocido hijo del fundador de la China Inland Mission, James Hudson Taylor. La obra se publicó a nombre de Geraldine, una reconocida autora por su propio mérito, como Letters from the Far East. En 1898, a la muerte de su madre, emprendió una larga gira misionera con su padre, que incluyó la India. Como resultado de ese viaje, Lucy escribió el que sería su mayor éxito de ventas: Across India at the Dawn of the Twentieth Century (Guinness, 1898). El viaje continuó por el Cercano Oriente, y en Egipto conocieron a un joven misionero alemán ocupado en la difusión del cristianismo en Sudán, Hermann Karl Wilhelm Kumm. Dos años más tarde, en 1900, se casaron en El Cairo (Conley, 2000, pp. 95-98; Guinness, 1907).

A partir de entonces Lucy se concentró en las misiones africanas. Sus padres habían creado en 1878 la Livingstone Inland Mission para el Congo, de la cual Fanny fue secretaria durante años. Lucy y Karl se dedicaron primero a Sudán y luego a Nigeria, aunque desde roles diferentes. Ella recorrió el Reino Unido dando conferencias y él se dedicó a la construcción de la misión desde el campo. Tuvieron dos hijos. Lucy murió en 1906, con 41 años, a causa de un embarazo ectópico.

El continente descuidado

La figura de Lucy Guinness es importante en relación con América del Sur porque su obra, escrita desde Gran Bretaña y sin haber estado nunca allí (a pesar de haber viajado extensamente por el mundo), tuvo un fuerte impacto en cómo el movimiento misionero británico y norteamericano miró a la región.

El libro es en realidad una obra en coautoría con otro profesional de la escritura misionera: Edward C. Millard. Millard se dedicaba a acompañar a un predicador itinerante muy conocido, George Carleton Grubb, en sus giras en distintas partes del globo, y luego escribía libros sobre estos viajes, crónicas de los avivamientos religiosos generados a partir de su prédica (Millard, 1891, 1893). En la primera parte de South America, the Neglected Continent, de 52 páginas de longitud, Millard relata el desarrollo de una campaña llevada a cabo por Grubb en 1893, recorriendo la Argentina, Uruguay y Brasil. Detalla sus desplazamientos y sus observaciones sobre la sociedad sudamericana, punteados por reflexiones sobre la superstición local, la falta de verdadera fe cristiana y sus consecuencias morales, y la culpa de la Iglesia católica: todos lugares comunes de la literatura misionera protestante sobre la región en la época.

La gira tenía su origen en la invitación de un laico anglicano residente en la Argentina, W. Barnett, miembro del comité de la South American Missionary Society. Barnett había leído sobre tours previos realizados por el evangelista, y había conseguido que la visita fuera bienvenida por el obispo anglicano Waite Hockin Stirling, obispo de las Islas Malvinas, quien tenía jurisdicción sobre toda América del Sur desde 1869 (Seiguer, 2018). La South American Missionary Society y la Convención de Keswick[4] apoyaron la iniciativa (Millard y Guinness, 1894, p. 12).

La segunda parte, sobre la cual quiero concentrarme, fue escrita por Lucy Guinness. Es más extensa, de 115 páginas, y mucho más ambiciosa, en varios sentidos. En primer lugar, porque contiene una descripción mucho más amplia y general del subcontinente, que excede los lugares visitados por Grubb y Millard. La obra recorre América del Sur país por país, describiendo algo de su historia y su presente, detallando sus necesidades espirituales y, sobre todo, su situación en términos de la evangelización protestante. Aquí aparece otra dimensión que muestra la ambición del escrito de Lucy Guinness: está lleno de datos estadísticos, muchísimas fotografías, dibujos y pinturas, mapas, y una mezcla muy atractiva de gráficos, tablas, anécdotas emotivas y una convocatoria para hacer misión allí.

La tesis principal del libro gira sobre el abandono, el descuido por parte de los protestantes de una zona del mundo muy vasta, muy rica, con una naturaleza exuberante y grandiosa, con economías y población en crecimiento, con grandes cantidades de indígenas apenas o nada evangelizados. Por ende, la intención de la obra es enfatizar las potencialidades y las necesidades, instando a los protestantes a actuar y asegurarse de que el futuro del continente no quedase en manos de la Iglesia católica. Esta era caracterizada como corrupta, incapaz, responsable de mantener a la población en la miseria y la ignorancia y, después de 400 años de dominio, responsable también de los altos niveles de analfabetismo (recordemos que para los protestantes era difícil aceptar una salvación sin la lectura individual de la Biblia), de la cantidad de niños nacidos por fuera del matrimonio y del atraso generalizado.

Esta descripción quedó plasmada en la idea del “continente descuidado” (neglected) que figuraba en el título. No solo se convirtió en una forma habitual de llamar a América del Sur en los círculos misioneros del período (véase, por ejemplo, Christian and Missionary Alliance, 1897, pp. 14, 84, 86; Beach, 1901, pp. 141, 191; Every, 1908, p. 151), sino que fue retomado en distintos momentos del siglo XX para actualizar los llamados a la acción. En 1907 un importante organizador misionero norteamericano llamado Francis E. Clark (fundador de la sociedad juvenil interdenominacional Christian Endeavor) escribió un libro llamado The Continent of Opportunity (Clark, 1907). La obra jugaba con el conocimiento del público del concepto del neglected continent y buscaba mostrar lo que se había hecho desde 1894 y las oportunidades que se abrían con los avances de la libertad de culto, para enfatizar la necesidad de actuar de inmediato. Más adelante, en 1936, un misionero de la Evangelical Union of South America, el escocés Alexander Stuart McNairn, terminaba la presentación de su obra Why South America? diciendo: “Largamente conocido como el Continente Descuidado, rebautizado como el Continente de la Oportunidad, ¡Dios quiera que América del Sur no termine siendo conocida como el Continente de la Oportunidad Descuidada!” (McNairn, 1936, p. 124, traducción propia).

¿Cuáles fueron los motivos del éxito de la fórmula? Por un lado, muchos reconocieron la justicia de la descripción. En el contexto del llamado “gran siglo misionero” (Brown y Tackett, 2008, p. 10; entre otros), la expansión del protestantismo se había focalizado ante todo en los territorios bajo dominio imperial europeo o norteamericano. Por ello, Asia y África habían sido destinos mucho más importantes que América del Sur. Sin embargo, para finales de siglo el panorama comenzaba a cambiar: el cierre de la expansión hacia el oeste, declarado por la oficina del Censo de los Estados Unidos (1890), inició un nuevo proceso de expansión del cristianismo norteamericano más allá de sus fronteras. Pocos años después de la publicación del libro, en 1898, la explosión del “levantamiento de los bóxers” en China condujo a la masacre de muchos misioneros y llevó a las sociedades británicas y norteamericanas a considerar otros destinos posibles de misión. Pero, además, los cambios internos de América del Sur, en donde la conformación de Estados nacionales más estables había ido acompañada por una mayor tolerancia hacia la disidencia religiosa, y en muchos casos por declaraciones de libertad de culto, favorecían esta nueva mirada sobre la región. Lucy Guinness era una persona con acceso a múltiples fuentes de información sobre el movimiento misionero a nivel global. Su formación, sus conexiones familiares, las redes de conocidos de sus padres, la correspondencia de los misioneros enviados a distintos puntos del globo formados en los Bible colleges que ella editaba en la revista de la Regions Beyond Missionary Union, todo esto la colocaba en una posición de privilegio para hacer este análisis.

Por otra parte, South America, the Neglected Continent es una obra diseñada para ser de una lectura sencilla. Casi todas las páginas están muy ilustradas, lo que reduce la cantidad de texto. Además, contiene un sinfín de historias, fragmentos de cartas en primera persona enviadas por misioneros y anécdotas llamativas: es evidente que está pensada para un público muy amplio. El trabajo tomado por Lucy en su edición resulta notable cuando consideramos la cantidad de fuentes diversas a las que recurrió para juntar todo este material. Archivos de otras sociedades misioneras como la South American Missionary Society, fotografías de stock de casas de fotografía profesional, citas y parafraseos de múltiples libros de viajeros y guías de viaje, artículos sobre Sudamérica publicados en alemán e inglés en revistas seculares, cartas e informes de misioneros varios, el uso muy creativo de pinturas que representan a Europa y de dibujos de múltiples artistas, la compilación de cifras de diferentes iglesias y sociedades misioneras, la confección de gráficos y mapas atractivos. La calidad de la obra en ese sentido es testimonio del profesionalismo de ambos autores, pero sobre todo de la capacidad y los recursos de Lucy Guinness, quien como divulgadora profesional sabía cómo atraer al gran público.

Como ejemplo de la diversidad de lecturas a las que apelaba Lucy Guinness, la siguiente cita está tomada textualmente (aunque sin citarlo) de un clásico, la London Encyclopaedia de 1829 (Millard y Guinness, 1894, pp. 69-70, tomado de Curtis, 1829, p. 62):

Sus ampliamente extendidas mesetas, sus sabanas casi inmensurables, y sus poderosos ríos que ruedan sus aguas majestuosas sobre las planicies hasta el océano, impresionan a la mente con sensaciones de temor reverencial y de sorpresa. Ubicado entre las cumbres de los Andes el viajero europeo parece como levantado hacia un nuevo horizonte y rodeado por los fragmentos en ruinas de un mundo superior. (Traducción propia)

En el próximo fragmento, las frases que aparecen entre comillas son citas (no atribuidas) a una obra de Henry Walter Bates, secretario de la Royal Geographical Society y viajero naturalista, un experto en América del Sur y Central reconocido en la época (Millard y Guinness, 1894, p. 72, tomado de Bates, 1878/1882, p. 300):

América del Sur está dividida en catorce grandes países, e incluye representantes de casi todas las variedades de raza y lengua […] desde las tribus indias de aspecto “triste y calmo” desparramadas por las llanuras de las pampas […] Los numerosos negros y cuarterones de los estados septentrionales y centrales se encuentran en el lugar siguiente en la escala social de los mestizos, gente mezclada de sangre española o portuguesa e india, el “sensual y exuberante populacho de media casta” resultante de la cruza entre las razas blanca y roja. […] El elemento español y portugués es políticamente dominante, mientras que los “hombres rojos” constituyen la mayoría de la población. (Traducción propia)

En realidad, la obra, editada y extendida por Bates, estaba a su vez basada en una traducción de un libro anterior de Friedrich von Hellwald (1842-1892), un escritor austríaco de divulgación muy popular (von Hellwald, 1877).

Este uso de la literatura previa es similar al tratamiento que se dispensa a las imágenes, extraídas de fuentes muy diversas con el fin de construir un relato coherente de las potencialidades y necesidades del “continente descuidado”, como lo he analizado previamente (Seiguer, 2025). Pero son quizás los mapas y diagramas originales del libro donde más puede apreciarse el mensaje que Lucy Guinness buscaba transmitir.

La segunda parte, redactada por la autora, abre con “el mapa misionero negro de América del Sur”. Como se aclara en la leyenda, “las necesidades espirituales de América del Sur pueden juzgarse por la oscuridad de este mapa” (Millard y Guinness, 1894, p. 68, traducción propia). En referencia a otro diagrama, Lucy Guinness decía que “se dejan en negro a los millones que no han sido iluminados por la LUZ DEL MUNDO” (p. 78, mayúsculas en el original). Con esta segunda imagen buscaba sintetizar gráficamente la cantidad de población que nunca sería tocada por el mensaje protestante si no se aumentaba el número de misioneros, recalcando así la urgencia del mensaje de una manera bastante original. Estas imágenes (seleccionadas de entre muchas otras) sirven como ejemplos de los variados modos en que la misionera intentaba sistematizar su argumentación para un público amplio.

Figura 1. Mapa misionero negro de América del Sur

Fuente: Millard y Guinness (1894, p. 68).

Figura 2. Las necesidades espirituales de América del Sur. Cada cuadrado representa 40.000 personas. Suponiendo que cada misionero presente en América del Sur en 1894 llegara a impactar a 10.000 personas, solo los cuadrados en blanco serían evangelizados

Fuente: Millard y Guinness (1894, p. 78).

En última instancia, South America, the Neglected Continent era un apasionado llamamiento a ocupar una zona que había quedado relegada de la expansión protestante previa, inspirando en los espíritus de los lectores la decisión de ayudar, fuese con dinero u ofreciéndose como misioneros, a las pobres almas de los “descuidados” y “necesitados” sudamericanos.

En los años siguientes, la Regions Beyond Missionary Union sostuvo misioneros en Argentina y Perú (Harry Guinness lista 9 de ellos en cada país para 1903; Guinness, 1903, pp. 66-67). Varios de ellos habían ido por su cuenta y se afiliaron más tarde a la sociedad; otros eran egresados del Harley College. La sobrina de Lucy Guinness, Geraldine, pasó un tiempo en Perú, y a partir de aquella experiencia siguió los pasos de su madre y de su tía y escribió un libro al respecto, Peru: Its Story, People and Religion (Guinness, 1909). En 1911 estas misiones pasaron al ámbito de la recién conformada Evangelical Union of South America (EUSA), que desarrolló también otras en Brasil y Bolivia. Sin embargo, unos años más tarde, en 1948, la Regions Beyond Missionary Union incorporó una misión preexistente en Perú, la Peru Inland Mission, que sostuvo por su cuenta hasta reunirla con las de la EUSA en 1990 para conformar Latin Link.[5]

Conclusiones: ¿por qué resulta importante la figura de Lucy E. Guinness?

La figura de Lucy Guinness resulta destacable desde varios puntos de vista. En primer lugar, se trata sin duda de un personaje que formaba parte de lo que podríamos llamar una aristocracia de las misiones. Su pertenencia a una familia ilustre y rica, con conexiones en diversas partes del mundo, le habilitó una actividad de nivel inusual incluso en el móvil siglo XIX, particularmente para una mujer. Las mujeres de clase acomodada tuvieron a menudo oportunidades de romper los moldes que la época construía para la mayoría de su género (Canning, 2006). Su educación, su historial de viajes, su amplia correspondencia con misioneros en distintas partes del globo, su acceso a recursos (dinero, libros, revistas, una imprenta) y su trabajo como editora le permitieron tener una visión de alcance mundial que pocos tenían en su época. Así, la mirada de Lucy Guinness nos permite ubicar a América del Sur en el marco del movimiento misionero protestante en su momento de expansión, y explorar cómo la élite misionera la consideraba como área de misión en relación con los panoramas que presentaban otras áreas como China, la India, el Cercano Oriente o África central y occidental. En el fondo, nos permite pensar cómo se construyó un imaginario sobre la región que impactó sobre sus destinos en las décadas posteriores. Resulta claro que no alcanza con estudiar la acción de los misioneros sobre el terreno: para comprender los objetivos y las formas que adquirieron las misiones es necesario investigar el trasfondo ideológico y organizativo que les daba origen y sustento.

Por otra parte, un libro como South America, the Neglected Continent no solo circulaba en el medio eclesiástico protestante. Es importante no olvidar que la literatura de viajes misionera era leída por una multitud de personas que ejercían sus funciones en otros ámbitos seculares: de hecho, la inmensa mayoría de los habitantes de los Estados Unidos y Gran Bretaña en el siglo XIX eran miembros de alguna iglesia, y por ende eran afectados por los imaginarios construidos de esta manera.

Al mismo tiempo, Lucy Guinness es representativa del trabajo de muchísimas mujeres que trabajaban como secretarias de sociedades o comités, editoras y escritoras conectadas con el mundo misionero. En la era de la profesionalización de las misiones, de la cual los colleges de formación misionera que creó la familia Guinness son un buen ejemplo, existió también una profesionalización de las mujeres que resulta difícil percibir, dado que las fuentes suelen presentarlas como las compañeras de misioneros o predicadores varones. Lucy Guinness destacaba por su conocido apellido, que nunca dejó de usar (de casada firmaba como Lucy E. Guinness Kumm), donde muchas de estas otras trabajadoras (entre las que debemos contar a su madre, su hermana y su sobrina, todas ellas escritoras misioneras) quedaban en la relativa oscuridad por ser conocidas solo por el apellido de su marido. Sin embargo, estas mujeres podían tener un impacto importante sobre el mundo misionero. A menudo ocupaban posiciones claves en términos de la circulación de saberes (recepción y edición de cartas e informes, por ejemplo), y su actividad influenciaba las decisiones que luego tomaban los comités formados por hombres. Estas figuras de las “misioneras del teclado” merecen sin duda una mayor exploración.

Más allá de esto, la existencia misma de la Regions Beyond Missionary Union creada por los Guinness, y su decisión de comenzar a operar en América del Sur (el libro de Lucy actuó en ese sentido como una declaración de intenciones que luego comenzaron a rendir frutos), es relevante porque presenta un nuevo ejemplo de la voluntad de las instituciones misioneras británicas de intervenir sobre América del Sur, algo a menudo negado o ignorado por la bibliografía. Se hace necesario entonces volver a notar que las iglesias y sociedades misioneras británicas sí estuvieron activas en territorios por fuera del imperio, incluyendo a América del Sur, en el siglo XIX y en el XX también.

El caso de Lucy Guinness nos permite también insistir en las múltiples conexiones que unían a las instituciones misioneras británicas con las norteamericanas: Lucy murió en Northfield, Massachusetts, durante una visita de trabajo a la organización misionera de quien fuera la figura evangélica norteamericana más notable de la época, Dwight L. Moody, y fue enterrada en la parcela familiar de los Moody. El universo de objetivos, ideas e imaginarios compartidos que unía a los Guinness con Moody explica además la circulación de South America, the Neglected Continent en los círculos misioneros estadounidenses. Las relaciones entre América Latina y Gran Bretaña están y estuvieron insertas en lógicas que las exceden, y no pueden ser pensadas solo en forma bilateral.

Todo esto nos indica que en el análisis de la expansión misionera protestante resulta necesaria una mirada más atenta a lo biográfico, pero también a lo global, en un juego de escalas que es importante tener en cuenta. La historia personal, familiar, las redes de contactos, parentesco, matrimonio, de amistad, todos ellos se nos presentan intrínsecamente unidos a las lógicas más estructurales que impulsaron la extensión del protestantismo en el mundo y en América del Sur en particular. Y en esas lógicas, mujeres decimonónicas como Lucy Guinness a menudo jugaron roles de importancia insospechada.

Bibliografía

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  1. Instituto Ravignani, UBA; CONICET.
  2. La South American Missionary Society era una sociedad anglicana independiente con sede en Brighton creada en 1844 por el capitán Allen Gardiner, con el objetivo de evangelizar América del Sur. Para finales del siglo XIX tenía misiones en Chile (Araucanía y Magallanes), Argentina (Tierra del Fuego, Buenos Aires, Rosario) y Paraguay (Chaco).
  3. El Segundo Avivamiento o Segundo Gran Despertar fue un movimiento iniciado en los Estados Unidos que recorrió las iglesias evangélicas desde finales del siglo XVIII hasta la antesala de la guerra civil norteamericana. Se caracterizó por prácticas de culto emotivas, conversiones masivas y un énfasis en la reforma social.
  4. La Convención de Keswick surgió en 1875 como una reunión anual que unía al ala conservadora evangélica de la Iglesia anglicana con otros grupos evangélicos británicos (y luego norteamericanos), con base en un interés teológico común por la experiencia de la santificación (la experiencia de un segundo momento de conversión en donde Dios limpiaba el alma de pecado). Con el tiempo se convirtió en un importante movimiento (el movimiento de Keswick), con una teología propia, cuyos miembros fueron protagonistas del llamado Tercer Avivamiento.
  5. Según la página de referencia de sus respectivos fondos archivísticos en la Universidad de Edimburgo, https://tinyurl.com/mrxyrcec.


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