Andrea Lluch[1] y Neil Rollings[2]
Introducción
Este artículo analiza las actividades de la Cámara de Comercio Británica en la República Argentina (CCBRA), ubicada en Buenos Aires, desde la guerra de las Malvinas de 1982 (abril-junio) hasta el comienzo de las negociaciones que culminaron en la normalización de las relaciones diplomáticas en 1990. Las Cámaras de Comercio desempeñan un papel clave en la acción colectiva del empresariado. En particular, las cámaras extranjeras existen para facilitar el comercio y la inversión entre dos países. Sin embargo, tras la guerra de Malvinas, estas funciones prácticamente desaparecieron y el perfil de la CCBRA se alteró. Ambos gobiernos impusieron prohibiciones de importación de los productos del otro, congelaron activos y aplicaron otras restricciones, lo que afectó al comercio y a la inversión directa, que, en gran medida, se detuvieron hasta el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 1990. Otra dificultad para la actividad de la Cámara fue que, hasta 1990, en Buenos Aires funcionó apenas una “Sección de Intereses Británicos” (SIBBA), ubicada en la Embajada de Suiza, mientras que su contraparte argentina operaba en la Embajada de Brasil en Londres. En general, las relaciones estuvieron marcadas por la disputa sobre la soberanía de las islas: el gobierno argentino no aceptaba negociar sin abordar este tema, mientras que el británico estaba dispuesto a discutir cualquier otro tema, excepto la soberanía de las islas. La desconfianza mutua era evidente y los actores privados enfrentaron severas limitaciones para influir en la situación.
En este contexto, podría esperarse que la CCBRA redujera sus actividades e incluso se disolviera, dado que sus funciones principales ya no existían. En cierto modo, esto fue así, ya que adoptó deliberadamente un bajo perfil público. No obstante este entorno desfavorable, la CCBRA no solo siguió activa, sino que también desarrolló nuevas formas de actividad para intentar restablecer los vínculos económicos entre ambos países. Así, este capítulo sostiene que la Cámara buscó mantener una coalición de intereses en la comunidad angloargentina, apoyando la creación de nuevos centros de investigación (think tanks) y colaborando con ellos para promover la reanudación de los vínculos comerciales entre ambos países, sin exponer abiertamente a las empresas británicas en Argentina ni llamar la atención pública ante posibles críticas. Paralelamente, la Cámara se convirtió en una fuente clave de datos económicos y empresariales para el gobierno británico.
De todos modos, debe considerarse que la situación fluctuó varias veces, con eventos como la transición del gobierno militar al gobierno democrático de Alfonsín en diciembre de 1983; el colapso de las negociaciones de Berna en julio de 1984; la eliminación de la prohibición de importar la mayoría de productos argentinos por los británicos en julio de 1985; la suspensión inesperada de la prohibición argentina sobre productos británicos en la primavera de 1986; el anuncio de la Zona de Conservación de las Islas Malvinas (FICZ) por parte de los británicos en octubre de 1986 que reavivó las tensiones; y la elección de Carlos Menem como presidente en 1989. A pesar de que oficialmente se mantuviera la intransigencia, estos eventos aumentaron la incertidumbre en el gobierno británico, lo que hizo que la información y las gestiones de la Cámara en esas coyunturas críticas resultaran valiosas.
El capítulo emplea el marco propuesto por Doh et al. (2022) para analizar las actividades de la Cámara. En el estudio de Doh, centrado en el campo de la “diplomacia empresarial”, se identifican tres criterios principales: inteligencia, comunicación e influencia. Argumentamos que la Cámara mostró estos tres elementos a pesar del entorno desafiante en el que operó entre 1982 y 1989, o mejor aún, gracias a él. Además, incorporamos el contexto histórico en el análisis, ya que desempeñó un papel fundamental para comprender los resultados, especialmente porque el período de posguerra fue muy dinámico y las funciones de la Cámara resultaron particularmente sensibles a las distintas coyunturas críticas identificadas.
Este capítulo se apoya en registros e información primaria recopilados en los archivos de la CCBRA en Buenos Aires, así como en documentación del gobierno del Reino Unido, en particular del Ministerio de Asuntos Exteriores y del Falkland Islands Department, que también supervisaba las actividades de la delegación británica en la embajada de Suiza (SIBBA). También se ha consultado documentación de la oficina privada de Margaret Thatcher, disponible en su fundación. El capítulo comienza con una breve revisión historiográfica, seguida del análisis de la relación comercial entre ambos países. Luego, se centra en el impacto de la guerra en la comunidad angloargentina y, posteriormente, en las acciones de la Cámara, primero durante el conflicto militar y luego entre 1982 y 1989, momento en el que se retoman las discusiones diplomáticas entre ambos países.
Un breve esbozo historiográfico
La disputa entre Argentina y el Reino Unido por las Malvinas ha sido ampliamente analizada desde diversas perspectivas académicas, incluyendo la mirada diplomática[3] y las relaciones internacionales, los estudios militares y de seguridad, la geopolítica y las dinámicas regionales, así como los estudios coloniales y de descolonización.[4] También se destacan los análisis políticos,[5] sociales,[6] culturales[7] y los vinculados con los estudios de la memoria, la comunicación (media studies) y la opinión pública.[8]
La diversidad de enfoques y contribuciones dificulta la síntesis, pero cabe señalar que, en la literatura argentina, las Malvinas constituyen un símbolo que marca el fin de una larga y dolorosa dictadura militar. La cuestión de Malvinas también ha impulsado una agenda de investigación en constante renovación. Durante los años 90, predominó el análisis militar y diplomático, aunque las perspectivas de las ciencias políticas subrayaban la importancia de comprender los contextos políticos internos de ambos países y las limitaciones de la diplomacia convencional para solucionar disputas de soberanía profundamente arraigadas (Makin, 1992). En Cisneros y Escudé (1999) y en Corbacho (2003, 2008) se ponderan diversos estudios y se propone una síntesis argumentativa sobre el período aquí estudiado, en particular sobre el proceso de prenegociación y los roles de los mediadores entre Argentina y Gran Bretaña hasta 1990.[9] La compilación de Borón y Faúndez (1989) refleja el contexto de finales de los años ochenta al incluir una amplia variedad de temas. Estos, desarrollados por 36 académicos, abordan la relación entre Argentina y el Reino Unido después del conflicto y antes de la reanudación de las relaciones diplomáticas.
En las últimas décadas, los historiadores en Argentina han dedicado numerosos estudios a pensar y repensar la cuestión de las Malvinas. Lorenz (2022, 2023) presenta una visión historiográfica de las guerras y sus períodos posteriores, destacando cómo el discurso argentino ha enfatizado la causa nacional para reclamar las islas. Señala que ha habido varias guerras y revela las distintas interpretaciones del conflicto a lo largo del tiempo. Asimismo, Tato (2023) relaciona las Malvinas con la formación de la identidad nacional, resaltando su importancia emocional y su carácter polémico, lo que dificulta un análisis equilibrado. El 40.º aniversario de la guerra de 1982 ha suscitado nuevas discusiones (por ejemplo, Tato y Soprano, 2022; Duarte, 2021; Mira y Pedrosa, 2021; Moloeznik, 2022, entre otros). Los análisis recientes del conflicto van más allá de las narrativas tradicionales nacionalistas o diplomáticas y geopolíticas.
En ese contexto, aunque existe una vasta bibliografía, esta no se enfoca específicamente en las relaciones empresariales ni recurre a las perspectivas de la historia empresarial para analizar las secuelas del conflicto de 1982. Sin embargo, esto no impide reconocer las contribuciones que han abordado la reducción de las relaciones comerciales y económicas entre ambos países a lo largo del tiempo (Tussie, 1989; Jones, 1989; Thomas y Hayson, 1989; Bulmer-Thomas, 1998; King, 1991). Además, algunos estudios ya han investigado los efectos inmediatos de las sanciones económicas durante la guerra (Martin, 1992; entre otros). Estos trabajos, en general, resaltan cómo Gran Bretaña realizó esfuerzos diplomáticos para garantizar y mantener el respaldo de sus socios en la Comunidad Europea, lo que condujo a que la CEE impusiera varias sanciones severas contra Argentina (Ludlow, 2020).
Otra línea argumenta que Gran Bretaña ha conservado el control de las Islas Malvinas por motivos geopolíticos y estratégicos, a los que en las últimas décadas se sumó el interés por las reservas de hidrocarburos en las aguas circundantes. La literatura destaca su posición como puerta de entrada a la Antártida y como acceso a recursos petroleros, minerales y marinos en el Atlántico Sur (Ruzza, 2011; González Martín, 2013; Berardi, 2023; entre otros). Livingstone (2018) analizó cómo el gobierno británico y las empresas petroleras estaban interesados en explotar esas aguas y cómo, a lo largo de la disputa, los ministros se centraron en garantizar el acceso a hidrocarburos y otros recursos marinos. También señaló que durante la guerra de las Malvinas los ministros del Reino Unido temían que la pérdida de las islas pudiera establecer un precedente para reclamaciones territoriales en la Antártida. En un análisis más reciente, Livingstone (2022) examina cómo las empresas británicas, en particular las petroleras, han influido en la posición de los gobiernos laboristas en las negociaciones sobre soberanía con Argentina, tanto antes como después del conflicto.
Uno de los temas más polémicos en las negociaciones entre Argentina y el Reino Unido ha sido la gestión, regulación y uso de la pesca en el Atlántico sudoccidental (Beck, 1991). En los años 80, esta cuestión adquirió mayor relevancia, ya que entre 1982 y 1987 la zona cercana a las Malvinas era de las pocas sin regulaciones pesqueras. Tras el conflicto de 1982, flotas de diversos países –como Japón, España, Bulgaria, Filipinas, Italia, Finlandia, Panamá, Alemania Oriental y Occidental, y la Unión Soviética– lograron capturar grandes volúmenes en el área de las Malvinas y regiones adyacentes (Margheritis y Tedesco, 1991). La disputa por la pesca generó varios conflictos y se convirtió en una prioridad tras la reanudación de las relaciones diplomáticas en 1990. La explotación de los recursos naturales de las Falklands/Malvinas sigue siendo un interés clave para ambos países en la actualidad, como señala el análisis de Berardi (2023).
Las relaciones económicas anglo-argentinas
Las relaciones económicas entre Gran Bretaña y Argentina han variado a lo largo de los últimos dos siglos. La historia y las causas del deterioro de esta relación a largo plazo han sido objeto de numerosos debates historiográficos y de estudios académicos importantes, que no pueden abordarse por completo aquí (Platt, 1977; Lewis, 1975; Rock, 1975/2010; Goodwin, 1981; Gravil, 1985; Miller, 1993; Escudé, 2021; entre otros). Gran parte de la literatura sobre la relación entre ambos países se centra en aspectos comerciales y en el imperialismo informal. La tesis de H. S. Ferns publicada en 1960 sobre las relaciones anglo-argentinas en el siglo XIX abrió una línea de investigación que sería muy prolífica en las décadas siguientes (Lluch y Lanciotti, 2009).
El caso de Argentina es relevante porque en 1913 era la cuarta economía en captar capital extranjero y el principal destino de la inversión británica en América Latina. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, la influencia de las empresas británicas comenzó a disminuir. En los años 50, la presencia de empresas estadounidenses creció y desplazó a las británicas, aunque su dominio nunca fue tan amplio como el de estas últimas (Lluch y Lanciotti, 2021). A partir de 1950, el protagonismo dejó de centrarse en las compañías ferroviarias o de servicios públicos y pasó a estar controlado por un grupo de multinacionales británicas que decidieron expandirse o iniciar actividades industriales en un entorno de mayor intervención económica, como Shell, Unilever, Reckitt Benckiser, Glaxo, entre otras (Miller, 1993).
La nacionalización en los años 40 y 50 no afectó de la misma manera a todos los intereses británicos. En los sectores comercial y bancario, varias empresas con larga trayectoria continuaron operando, lo que evidencia una mayor adaptabilidad a los cambios en los entornos institucionales. En 1971, Gran Bretaña seguía siendo el segundo país de origen de las empresas extranjeras en Argentina, y si solo consideramos las 100 más grandes, diez firmas británicas figuraban en esa lista y tenían una presencia destacada en el sector industrial (Gráfico 1). Por ello, autores como Miller argumentan que la significativa reducción del flujo comercial desde la década de 1970 no tuvo un impacto equivalente en las inversiones –ya fueran financieras o directas– relacionadas con la presencia de empresas multinacionales. Se sugiere que tanto la disminución del número de empresas británicas como la pérdida del mercado argentino ocurrieron gradualmente, incluso en 1950, cuando estas representaban casi la mitad de las importaciones de América Latina, como se observa en el Cuadro 1. Sin embargo, como indicó Tussie (1989), el conflicto intensificó una tendencia ya presente. Esto no ocurrió en el sector financiero, ya que el 10 % de la deuda bancaria de Argentina estaba en manos de bancos británicos, como Midland y Lloyds.
El conflicto provocó una interrupción inmediata en las importaciones directas del Reino Unido a Argentina. Los datos disponibles muestran una caída significativa, aunque también un incremento en el comercio a través de terceros países. SIBBA estimaba que el volumen comercial era cuatro veces superior a las cifras oficiales, y señalaba que el tráfico en ambas direcciones generalmente pasaba por Ámsterdam, Montevideo o Dublín. Un informe británico de 1987 estimaba las exportaciones a Argentina en 161 millones de libras, una cifra considerablemente mayor que los 4 millones reportados oficialmente en 1985.[10] Tussie (1989) y Thomas y Hayson (1989) presentan un análisis similar, señalando no solo la entrada de productos a través de canales informales, sino también que, pese al incremento desde 1986, los flujos eran limitados antes de 1982.
La literatura ha señalado factores internos en las economías latinoamericanas, como las crisis económicas y los bloques regionales, así como la creciente preferencia de Gran Bretaña por los mercados europeos, como causas de esta caída a largo plazo. Bulmer-Thomas (1998) también indicó que el bajo rendimiento de las exportaciones desde los años 70 estuvo influenciado por el alto costo del crédito, la preferencia por los mercados de habla inglesa y que las ventajas comparativas de Gran Bretaña se consolidaron en la exportación de servicios, un aspecto que no se refleja en las estadísticas comerciales con América Latina. Además, indicó que esas importaciones británicas podrían estar subestimadas, ya que posiblemente se realizaron a través de filiales en Estados Unidos, lo que afectó las cifras comerciales con Argentina. Como se mencionó, la reducción de un flujo ya limitado ha disminuido el interés en la literatura sobre la presencia de las multinacionales británicas que continuaron operando en Argentina, así como sobre el papel de las empresas importadoras, muy activas en la comunidad empresarial británica en Argentina, agrupadas en la CCBRA.
Gráfico 1. Las 200 principales empresas por país de origen,
Argentina 1913-1971

| GB | 81 % | 66 % | 56 % | 42 % | 39 % | 26 % | 13 % |
| EE. UU. | 7 % | 11 % | 32 % | 31 % | 28 % | 38 % | 43 % |
| Otros | 12 % | 23 % | 11 % | 27 % | 33 % | 36 % | 45 % |
Fuente: Lanciotti, N. y Lluch, A. (2022). Grandes Empresas en Argentina/Big Companies in Argentina Database (1913-1971). Proyecto BID PICT 2015/3273, Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, Argentina. Disponible en https://argentinaempresas.com/.
Cuadro 1. Participación de Argentina en el comercio británico
con América Latina, 1870-1995
| Años | Exportaciones británicas a la Argentina (porcentaje del total) | Importaciones británicas desde Argentina (porcentaje del total) |
| 1870 | 11,8 | 5,9 |
| 1890 | 28,4 | 25,5 |
| 1910 | 35,4 | 42,6 |
| 1920 | 37,5 | 59,4 |
| 1930 | 46,5 | 55,6 |
| 1938 | 53,9 | 52,3 |
| 1950 | 25 | 47,1 |
| 1960 | 25,5 | 47,1 |
| 1970 | 15,7 | 19,5 |
| 1980 | 16,4 | 10,8 |
| 1990 | 2,7 | 7,7 |
| 1995 | 10,6 | 10,1 |
Fuente: Elaborado por Bulmer-Thomas (1998, p. 10).
La Cámara de Comercio Británica en la República Argentina
Bennett (2011), en una de las pocas investigaciones sistemáticas sobre las cámaras de comercio, señala cinco características clave: actúan como voces de la comunidad empresarial local, son voluntarias, representan intereses generales, tienen un arraigo local y están legitimadas mediante un proceso deliberativo, tal como un memorándum y sus estatutos. A nivel internacional, se observan dos modelos: en Europa continental, estas adquirieron estatus legal y la afiliación era generalmente obligatoria para todas las empresas. Por otro lado, en países como Argentina y Estados Unidos, la membresía era voluntaria (Bennett, 1995).
Dentro de una historiografía limitada, hay un tipo de cámara que ha recibido aún menos atención: la cámara de comercio bilateral, que consiste en cámaras establecidas en un país para representar a empresas de otro país. Estas cámaras de comercio eran (y son) muy comunes, ya que empresarios del país de origen se reunían en el país anfitrión en diversas partes del mundo como una forma de apoyo mutuo, construcción de identidad, networking y, en última instancia, lobby ante los gobiernos de ambos países para fortalecer los vínculos comerciales y las inversiones.
La Cámara de Comercio Británica en la República Argentina (CCBRA) es un ejemplo de este tipo de institución, fundada en 1913 como una organización privada respaldada solo por empresas asociadas voluntariamente. Su principal objetivo era “fomentar un comercio bilateral exitoso y la inversión entre Argentina y Gran Bretaña” (acta de la Asamblea General de la CCBRA de 1987). Como mencionamos antes, la historiografía ha dedicado poca atención a estas entidades, excepto el trabajo pionero de Goodwin (1981), quien analizó los registros de la Cámara Británica de Comercio en Buenos Aires. Goodwin revela una polarización temprana de intereses entre distintos grupos de la comunidad empresarial británica en Argentina, lo que sugiere que la visión del grupo como cohesivo y coordinado no resulta precisa. Para ello, distingue entre cuatro grupos principales: importadores, compañías importadoras con intereses manufactureros, firmas importadoras y fabricantes locales, y aquellos que solo fabricaban en el país. Las tensiones en estos grupos se intensificaron a partir de los años veinte, debido a la creciente competencia de otros países en ciertos sectores, al crecimiento de la industria local y a la percepción de una menor competitividad. La polarización de intereses entre importadores e industriales locales aumentó en la década del treinta, impulsada por controles de cambio y el aumento de las tarifas aduaneras, que no afectaron por igual a todos los sectores. Importadores, empresas de ferrocarriles y de servicios públicos sufrieron profundamente por estas restricciones económicas, mientras que los industriales se mostraron más confiados en las políticas nacionalistas. No obstante, este grupo encontró una oposición reiterada en el interior de la Cámara de Comercio y, recién en 1943, pudo organizar un subcomité de industria nacional (national industry sub-committee).
Por lo tanto, históricamente, la CCBRA ha representado diversos, heterogéneos y cambiantes intereses, lo cual se refleja en su perfil y en la composición de sus miembros. En 1914, había 85 miembros activos y 9 asociados. Para 1938, los asociados sumaban 275 y en 1949, durante el peronismo, llegaban a 385. Luego, la cifra de miembros disminuyó hasta 262 en 1965. Desde entonces, los números se estabilizaron, con nuevas empresas industriales británicas que llegaron o expandieron sus operaciones. No obstante, desde los años 70, la CCBRA enfrentó crecientes desafíos. Creó un subcomité para ampliar las oportunidades comerciales y compartir su experiencia en distintos círculos empresariales. En 1973, difundió un nuevo índice comercial para promover un mejor conocimiento en la comunidad y para adaptarse a los nuevos sistemas de comercialización. Este índice incluyó 472 empresas, como agentes, licenciados, representantes exclusivos y filiales (36) de empresas británicas en Argentina.
A lo largo de su historia, la Cámara ha tenido una relación cercana con las autoridades locales en asuntos que afectan a las empresas asociadas en Argentina. También ha mantenido contacto frecuente con el personal del Departamento Comercial de la Embajada Británica en Argentina y con el embajador, quienes participaban en eventos y asambleas ordinarias de la Cámara. Además, ha establecido fuertes lazos con la Asociación de Cámaras de Comercio Británicas en Londres, la Cámara de Comercio de Londres y la Cámara de Comercio Británica y Latinoamericana, manteniendo relaciones recíprocas con las dos últimas.[11]
En 1978, la CCBRA contrató a la agencia de publicidad LINTAS Buenos Aires para realizar una encuesta a todas las firmas asociadas (se enviaron 179 cuestionarios en ese momento), con el fin de evaluar los servicios ofrecidos y prepararse para relanzarse y adaptarse a la nueva realidad del comercio entre Argentina y Gran Bretaña. Antes de la guerra de 1982, la CCBRA reconocía que su principal preocupación era “how it may best contribute to the revival of Anglo-Argentine trade when the time is again opportune”.[12] Los resultados de la encuesta no fueron del todo negativos, ya que el 76 % consideró que sus servicios eran efectivos. Sin embargo, señalaron que los miembros experimentaban “ansiedad por más información”, que no se satisfacía por completo con las publicaciones Britannia e Informe Anual, ni con algunos servicios de la Cámara. La intención de la Cámara era reorganizarse y relanzar sus servicios antes de 1982, pero debido al estallido de la guerra y a la ruptura de las relaciones diplomáticas, el gobierno argentino no aprobó dicha reorganización hasta después de 1990.
La guerra de Malvinas y la comunidad angloargentina
La comunidad angloargentina fue la más grande fuera del imperio británico y de Estados Unidos (Mercau, 2017). Diversos estudios han resaltado a los diferentes actores que componían esta comunidad, como sectores sociales, religiosos, culturales, deportivos, económicos y empresariales (Gravil, 1985; Rock, 1975/2010; Silveira, 2025; Mercau, 2017; Seiguer, 2017; Seiguer y Silveira, 2025). La comunidad británica en Argentina experimentó un declive gradual, especialmente a partir de mediados del siglo XX. La mayoría de los estudios se concentraron en etapas anteriores, con algunas excepciones, como Cortés Conde (2007), quien analizó el idioma y las identidades, así como el impacto de la guerra de las Malvinas en el sentido de pertenencia y en las prácticas lingüísticas de la comunidad angloargentina. Para 1982, se estimaba que esta comunidad contaba con aproximadamente cien mil miembros, incluyendo unos 7500 residentes temporales, cerca de diecisiete mil con pasaportes británicos y otros treinta mil elegibles para obtener la ciudadanía.[13]
Desde el 2 de abril de 1982 y durante 74 días, Argentina enfrentó su primer y único conflicto bélico del siglo XX. La llamada “crisis por las Malvinas” tuvo repercusiones en los ámbitos diplomático y militar, afectando notablemente a la comunidad británica. La mayoría de los gerentes británicos que trabajaban en empresas extranjeras abandonaron el país durante ese período de conflicto. Según Mercau (2017), el 7 de abril el Consejo de la Comunidad Británica (CCB), creado en 1939 para coordinar actividades culturales, filantrópicas y benéficas de los británicos nacidos en Argentina y de aquellos de ascendencia británica que residían en el país, solicitó a la primera ministra británica Margaret Thatcher que buscara una solución pacífica a la crisis, dada la significativa presencia y tamaño de la comunidad británica en el país.
En relación con la Cámara, su papel se vio alterado. Justo después del desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, trató de posicionarse como mediadora potencial. Sus publicaciones muestran cautela, procurando presentarse como un actor local que abogaba por una solución pacífica. Entre las acciones que no se pueden detallar por completo aquí, envió otro telegrama a la primera ministra británica, Margaret Thatcher (14 de abril), pidiéndole que buscara soluciones pacíficas para llegar a un acuerdo. Es decir, en la misma línea que el enviado por la CCB. También ofreció al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina colaborar en lo posible para lograr ese objetivo. Desde el 22 de abril se creó un Comité Especial, en el que el gerente actuaría como coordinador para asistir a los miembros ante cualquier problema derivado de la crisis con Gran Bretaña. A partir del 29 de abril, la Cámara abrió una “Casa Abierta” todas las tardes, de 16:00 a 17:00 horas, para “miembros y amigos” con el fin de discutir problemas y otros asuntos surgidos a raíz de la crisis.[14]
La Cámara envió otros telegramas para reclamar ante las sanciones económicas, entre ellos al presidente del British Overseas Trade Board (15 de abril) y al presidente de la Comunidad Económica Europea expresando “su profunda preocupación por las medidas restrictivas relacionadas con las importaciones provenientes de Argentina”. Los contactos persistieron con el Bank of England (15 de abril), al que también se le transmitió inquietud por las sanciones económicas impuestas.[15]
La Cámara fue sumada como participante en las conversaciones pseudodiplomáticas a través de la Embajada de Suiza. El 19 y 23 de abril de 1982, D. Joy se comunicó con la Cámara mediante una carta de la Embajada Suiza en Argentina y, reconociendo sus buenas intenciones, sentó el tono para las futuras interacciones:
The British Government is, like your Chamber, concerned that the good relations which have existed between the two peoples are now at risk. However, this situation has not been of our seeking: it has been caused by the unprovoked aggression by the Argentine Government against the Falkland Islands and their Dependencies.[16]
Al mismo tiempo, se formó una comisión especial integrada por miembros de la comunidad británica en Argentina, conocida como “Comisión Coordinadora de la Colectividad Británica en la República Argentina”. Esta comisión estuvo liderada por Alberto Molinari (de la CCBRA) y Guillermo Murchison, ambos empresarios. Su objetivo declarado era “colaborar o aportar a una solución pacífica”.[17] Dicha Comisión articuló a distintos miembros de la comunidad británica, quienes realizaron viajes al exterior, principalmente a Gran Bretaña y Estados Unidos. En esta campaña se enviaron comunicados a la prensa local[18] y se mantuvieron entrevistas con representantes de medios extranjeros, en las que se explicaba la postura de la comunidad británica en el país. Incluso se propuso enviar una delegación a las Islas Malvinas, integrada por personas que alegaban tener conocimiento de la comunidad malvinense. En todo el discurso público se mencionaba el peso de las instituciones que representaban a la comunidad británica y los lazos que las unían con Argentina, reflejándose el intento de rescatar su importancia (por ejemplo, en comparación con los habitantes de las Islas Malvinas o los isleños):
Desde hace aproximadamente 150 años, muchas instituciones han contribuido al bienestar de la comunidad y al desarrollo del país. Algunas son centenarias, con objetivos culturales, educativos, asistenciales, deportivos, comerciales y agropecuarios, que han ampliado su acción para abarcar a toda la población del país. Ejemplos son el Hospital Británico de Buenos Aires (fundado en 1844), la Corporación del Cementerio Británico (1821), el Colegio San Andrés (1838) y el Club Inglés (1898).[19]
El 27 de abril, el Comité Coordinador expresó públicamente su respaldo al gobierno argentino y sostuvo que Gran Bretaña mostraba una actitud hostil. Coincidiendo con autores como Mercau (2017), se considera que la guerra provocó una crisis de identidad en la comunidad angloargentina. La tensión por mantener identidades duales es clara y, al igual que en organizaciones como la Asociación de Cultura Británica, la Cámara resaltó sus orígenes y su financiamiento locales, además de apoyar la causa argentina durante el conflicto. En mayo, envió un segundo telegrama a Margaret Thatcher, reiterando el llamado a la paz y enviando copias a los líderes de los tres partidos de la oposición en el Reino Unido, así como a la prensa extranjera y local. Las respuestas del lado británico siempre llegaban días después, culpando al gobierno militar argentino, aunque reconocían a la Cámara como un interlocutor válido en asuntos relacionados con las inversiones británicas en Argentina. Mientras llevaban a cabo estas gestiones, y en cumplimiento de la Ley 22591 (de mayo de 1982) sobre la indisponibilidad de bienes británicos por la guerra de Malvinas (artículo 7), debieron informar al Ministerio del Interior sobre la composición de la Comisión Directiva, así como enviaban copia del acta de la última asamblea para ponerse a disposición de las autoridades y ajustar sus acciones en el posconflicto.[20]
Después de la guerra: la reconfiguración de las relaciones angloargentinas
Después de la guerra, Argentina persistió en reclamar sus derechos sobre las Malvinas, mientras que el gobierno británico mostró interés en normalizar las relaciones bilaterales, pero no en discutir la soberanía de las islas (Little, 1989). Las posturas de ambos gobiernos se mantuvieron relativamente estables a lo largo del período, lo que impidió que las negociaciones diplomáticas mostraran avances significativos. En la fase inicial hubo pocos intercambios, principalmente contactos y visitas no oficiales entre representantes políticos, así como actividades de instituciones como la Cámara y otros organismos, como se explicará a continuación. Sin embargo, esta continuidad en el plano diplomático enmascara distintos niveles de tensión, ya analizados en la bibliografía. Esta postula que la intransigencia británica y el conflicto por la pesca (1986) llevaron al gobierno de Raúl Alfonsín a adoptar un nuevo enfoque hacia Londres. En las negociaciones no oficiales (non-papers), respaldadas por Estados Unidos, la diplomacia argentina propuso incluir la soberanía de Malvinas bajo un “paraguas” para facilitar los avances en dichas negociaciones. El acercamiento entre las partes, iniciado a través de los non-papers y con la inclusión del “paraguas” (que reconocía la existencia del litigio y los reclamos de soberanía de ambas partes, pero se reservaba para negociaciones concretas en el futuro), marcó el comienzo de un proceso de diálogo cuyos resultados se evidenciarían recién durante la gestión del presidente Menem (Corbacho 2008).[21]
Durante este período de ausencia de relaciones diplomáticas, como se mencionó en la introducción, el Reino Unido mantuvo una representación reducida en la Embajada de Suiza en Argentina, conocida como la Sección de intereses británicos en Buenos Aires. Entre 1982 y 1984, David Joy fue responsable de la coordinación; en 1985 y hasta 1986, fue reemplazado por Colum J. Sharkey. En 1987, Alan Hunt asumió ese rol y en 1989, Roger Golland tomó su lugar. Estos diplomáticos mantenían un contacto informal y constante con los líderes de la Cámara en Buenos Aires, quienes apoyaron la reactivación económica sin abordar el debate sobre la soberanía, lo que ubica su postura como de tipo reactiva. Como se indicó, el capítulo emplea el marco propuesto por Doh et al. (2022) para analizar las actividades de la Cámara. En el estudio de Doh, centrado en el campo de la “diplomacia empresarial”, se identifican tres criterios principales: inteligencia, comunicación e influencia. La exposición de estos tres niveles se ha simplificado por motivos de espacio y para facilitar la comprensión, mediante la selección de ejemplos clave.
Comunicación
Las actividades de comunicación comenzaron desde los primeros días del estallido de la guerra y, tal como lo describe la literatura, se llevaron a cabo en función de la gestión de distintos intereses. Esto incluyó visitas individuales a Londres, sin carácter oficial, así como la organización de reuniones en Buenos Aires. La comunicación fue continua con el representante del gobierno británico en la embajada en Suiza en Buenos Aires, quien, además, participaba en asambleas y mantenía reuniones particulares ante demandas o consultas específicas. Asimismo, la información recopilada se incluía en los informes semanales que SIBBA enviaba a Londres.
La comunicación, por supuesto, abarcó a sus asociados a través de canales tradicionales, informales o estructurados de manera ad hoc, tanto durante como después del conflicto. Esto lo documentan las actas y otros documentos que incluyen consultas personalizadas con socios y la organización de eventos, que fueron escasos hasta 1984 y aumentaron progresivamente hasta que, en 1988, se detectó una cuasinormalización de las tareas de comunicación y sociabilidad. Entre estos eventos se encontraban los tradicionales almuerzos mensuales, en los que representantes de los sectores corporativo y público se reunían a invitación de la Cámara.
Antes de 1982, una gran parte de la actividad consistía en recibir visitas o coordinar encuentros comerciales entre ambos países. La cámara consideraba esto como una función clave, ya que permitía aprovechar el conocimiento, la experiencia y las sugerencias de empresarios locales, calificados y residentes, quienes compartían “gustosamente este valioso capital para promover los intereses británicos”. Con el tiempo, esta tarea fue sustituida por atender a los pocos visitantes británicos. Sin embargo, desde 1986 estas visitas también aumentaron. A partir de 1988, dicho sector ocupó casi toda su agenda debido al descongelamiento, primero, y luego al restablecimiento de las relaciones diplomáticas.
Un aspecto clave de la comunicación fue mantener un diálogo constante con el gobierno argentino durante la última etapa de la dictadura militar y con el gobierno de Raúl Alfonsín. Otro espacio de interacción, que se superpone al de influencia, fueron sus redes y su comunicación regular, tanto formal como informal, con think tanks como el South Atlantic Council y el Centro de Estudios sobre el Atlántico Sur (CEAS), sobre los cuales volveremos en la próxima sección.
Otro campo de comunicación, más dinámico y variable según las circunstancias, fue con pares corporativos, e incluyó a organizaciones como la Unión de Cámaras Extranjeras, la Cámara Argentina de Comercio y otras Cámaras Británicas de países de América Latina y los Estados Unidos, así como con la Cámara de Comercio e Industria de Londres. Finalmente, el diálogo y la comunicación también fueron concordantes con otros de la comunidad angloargentina, aspecto expuesto en la sección anterior, pero que continuó durante este período e incluyó la gestión de otros aspectos como la importación de libros en lengua inglesa.
Inteligencia
En este nivel, la cámara realizó esfuerzos significativos y abordó casi todos los aspectos señalados por la literatura según Doh et al. (2022). Esto implicó monitorear el entorno sociopolítico, gestionar temas estratégicos y expandir las redes más allá de lo económico, alcanzando ámbitos como el derecho y la academia, que compartían una visión similar del conflicto posmalvinense, cercana a la postura británica, como se muestra en una nota de la revista Gente en 1984. El cuerpo de esta nota expresaba:
Es obvia la conveniencia de desvincular el problema de las relaciones entre la Argentina y Gran Bretaña de la cuestión de las Malvinas. Así, como nadie pidió al gobierno militar que invadiese las Malvinas, nadie urge al gobierno constitucional a que encuentre una solución inmediata a la disputa de soberanía sobre las islas. Hay otros problemas, muy serios y complejos, cuya solución requiere del gobierno la mayor concentración de esfuerzos posible. La solución de la soberanía de las Malvinas no es imperiosa; puede esperar. [22]
El autor de esta nota fue el Dr. Arnaldo Musich, un actor clave en el entramado de relaciones y de networking. Aunque nunca ocupó un cargo en la Cámara, desempeñó un papel crucial en la creación del CEAS y actuó como interlocutor informal con autoridades argentinas y británicas.[23]
En la gestión de algunos temas estratégicos (como el intento de restablecer relaciones económicas) y en la expansión de redes, se observa un fuerte apoyo a instituciones como el South Atlantic Council. En los archivos de la Cámara se encuentra información detallada, minutas de las reuniones e información confidencial desde fines de 1983 y años subsiguientes.[24] La Cámara colaboró con este grupo británico desde sus inicios, tanto enviando contactos para sumar a la reunión organizativa a fines de diciembre de 1983 e inicios de 1984[25] como, luego, mediante gestiones o visitas de sus miembros a Buenos Aires. Sus principales representantes fueron Cyril Townsend (Conservative MP, miembro del Foreign Affairs Committee of the House of Commons), George Foulkes (Labour MP, miembro del Foreign Affairs Committee of the House of Commons), el Dr. Walter Little (lecturer en Latin American Politics, Universidad de Liverpool y asesor del Comité de Asuntos Exteriores, Cámara de los Comunes) y el Dr. Christopher Mitchell (senior lecturer, City University, Londres). Sin poder entrar en detalles sobre el papel de estos espacios ni sobre sus integrantes, el objetivo del Centro fue “reunir a un grupo de personas interesadas en el Reino Unido para colaborar en la búsqueda de una solución pacífica y duradera al problema de las Malvinas y en la restauración de relaciones normales con Argentina”.[26]
Las publicaciones oficiales indicaban que su membresía estaba compuesta por cincuenta ciudadanos del Reino Unido, provenientes del parlamento, la academia, los negocios, los medios, la justicia, la diplomacia y las iglesias.[27] El lado académico, especialmente en torno a la figura de Walter Little de la Universidad de Liverpool, fue una de las patas más visibles de este grupo, que realizó varios viajes, publicaciones y actividades, como lo evidencia su página web.[28] Esto permitía que tanto el grupo político como el más ligado al mundo empresarial mantuvieran un perfil más bajo y menos operativo. La organización de estas redes muestra que la Cámara no actuaba en solitario, sino que coordinaba con otros actores, como estudios jurídicos (especialmente M. & M. Bomchil), figuras del mundo empresarial, como el mencionado Musich, e incluso se establecieron contactos –aunque no tan fluidos– con académicos o con figuras políticas nucleadas en el CARI.[29]
La Cámara sería un actor clave en la organización de la contraparte argentina del SAC, conocida como el Centro de Estudios del Atlántico Sur (CEAS), en marzo de 1985. En este caso, se replicaban objetivos similares, como “analizar los diversos aspectos de la situación entre la República Argentina y el Reino Unido, tratando de buscar y ofreciendo soluciones a los problemas del conflicto del Atlántico Sur”. Aunque afirmaba que sus actividades se llevarían a cabo “con total independencia de cualquier otra entidad nacional o extranjera”, las evidencias sugieren una alineación muy estrecha con las acciones corporativas de la cámara.[30] Los impactos de las restricciones comerciales, la presencia de “interventores” en empresas británicas en Argentina y los requisitos de visa eran ejemplos de temas que predominaban en tareas de inteligencia desde una perspectiva que se autoproclamaba realista en pos de influir para restablecer los vínculos comerciales entre ambos países.
Influencia
En este nivel, se detectan con claridad las continuidades y solapamientos con las actividades del área de “inteligencia”, aunque el énfasis se desplazó hacia gestiones concretas para influir en actores políticos y económicos. No se identifican acciones en el ámbito de las relaciones públicas, como señala la literatura, ya que la Cámara prefirió mantener un perfil bajo en este frente. Sin embargo, esa estrategia podría haberse coordinado con los centros previamente mencionados, como el SAC y el CEAS. De las muchas acciones realizadas, la más relevante fue aquella que buscó influir en decisiones de política pública, especialmente en el restablecimiento de relaciones diplomáticas, un campo que resultó poco fructífero, debido al antagonismo entre las posiciones de uno u otro gobierno, como ya se explicó.
Por lo tanto, la Cámara concentró esfuerzos en accionar contra las sanciones vigentes, primero contra Argentina por parte de Gran Bretaña. Y luego, y en especial, alrededor de las disposiciones que regulaban los bienes británicos en Argentina. En forma sintética, la Cámara resaltaba que, finalizado el conflicto, dos tipos de sanciones afectaban el intercambio económico entre ambos países: a) la Secretaría de Comercio del Ministerio de Economía no despachaba Declaraciones Juradas de Necesidades de Importación cuando el país de origen de la exportación era el Reino Unido de Gran Bretaña; y b) laLey 22591 (mayo de 1982), luego modificada por la Ley 22820 (mayo de 1983), mantenía restricciones para la disponibilidad de los bienes de propiedad de “súbditos británicos” o de toda firma indirectamente controlada por ellos (se requería el 50 % del capital). Estas regulaciones se flexibilizaron, aunque sin anuncios oficiales, creando muchas interpretaciones ambiguas en la práctica. En realidad, las normas mencionadas fueron suspendidas oficialmente solo en 1989 con el Decreto 1146.
Para comprobar el cumplimiento de la ley, en 1982 se creó una autoridad de aplicación: la Comisión Nacional de Vigilancia. La CNV designó veedores en cada una de las empresas que se consideraron británicas. Algunas fuentes, sin ser precisas (y no se ha accedido a la documentación de este organismo), señalan que, al sancionarse la norma, se incluyeron casi 90 empresas en este listado, pero, con el correr del tiempo, menos de 30 contaron con veedores efectivos. Algunas de las implicancias de esta reglamentación fueron el requerimiento de un permiso especial para remitir dividendos, regalías y retribuciones por servicios, entre otros aspectos. Por ello, desde la Cámara, como se mencionó, se sostuvo que la Ley 22591 se mantuvo vigente, más allá de los cambios y de las promesas de levantamiento. Asimismo, la Cámara recordaba que las compañías británicas estaban excluidas de los contratos en el sector público, que a los aviones británicos les estaba vedado el acceso al espacio aéreo argentino y que ningún buque de bandera británica podía entrar en aguas argentinas.
Desde 1983, además de elaborar informes con los argumentos mencionados, la Cámara recopiló datos concretos sobre las restricciones contra las empresas británicas en Argentina. La información inicial fue proporcionada no solo por sus asociados, sino también por abogados del estudio Klein & Mairal Abogados, y posteriormente se solicitaron datos al Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido. Desde 1985, el reclamo no solo se centraba en la vigencia de las leyes, sino también en su efectiva aplicación cuando surgían dificultades, incluyendo períodos de inactividad de la CNV o divergencias en la interpretación legal. Con el tiempo, se sumaron restricciones generales para operar con moneda extranjera y otras medidas derivadas de una economía altamente inestable. Al comparar con las fuentes británicas, se detecta una alineación discursiva con, por ejemplo, los reportes de SIBBA, lo cual también se debe a que la Cámara, como se explicó antes, era uno de los principales informantes del gobierno británico en estas temáticas.
La Cámara sostuvo reuniones con varios funcionarios del gobierno y mantuvo una comunicación fluida con la Comisión Nacional de Vigilancia. Si se analiza el patrón de quienes recibieron a la Cámara, se detecta la prevalencia de funcionarios de segundo rango, pero también el acceso de algunos funcionarios de alto nivel (ministerios de Economía e Interior y, una única vez, el canciller Dante Caputo).
Atender los reclamos individuales de sus miembros fue otra área en la que se intentó ejercer su influencia. Por ejemplo, el gerente del Bank of London & South America Limited se comunicaba con el gerente de la Cámara el 16 de febrero de 1984, explicándole los impactos negativos provocados: “by the non-existence of the Comisión Nacional de Vigilancia”, ante lo cual indicaba “I should be glad if the Chamber would take the matter up officially”.[31] También señalaba que su veedor no se animaba a autorizar el pago de dividendos y que la CNV no respondía a sus solicitudes. Otras firmas enfrentaron desafíos específicos y, sin poder detallarlos aquí, en general fueron similares al caso del Banco de Londres (donde la disposición de activos y la remisión de dividendos eran los puntos centrales, aunque también aparecían aspectos como ventas de acciones o liquidaciones de firmas no operativas). En otros casos, como el de Nobleza Piccardo, la Cámara debió elevar el reclamo ante el Ministro de Economía y se excusó en el “amable ofrecimiento que nos efectuara en la entrevista que mantuviéramos con fecha 7 de mayo de 1984”.[32] En este caso, el conflicto se diferencia del resto, pues surgió por la negativa del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) a la solicitud de prórroga del contrato de asistencia técnica que la empresa tenía celebrado con su matriz, la British-American Tobacco Co. Ltd.
En 1986, la Cámara, en colaboración con la SIBBA, llevó a cabo una nueva encuesta entre las 20 principales empresas británicas que tenían un veedor designado. Los resultados revelaron que tres de ellas enfrentaron problemas, mientras que diecisiete no reportaron quejas. La conclusión es significativa respecto a la situación; en los casos problemáticos, las dificultades estaban relacionadas principalmente con el desempeño del veedor, el tipo de solicitud o transacción. La Cámara, por entonces, admitía que, con el paso del tiempo, la CNV se había vuelto más flexible y que los veedores de la CNV tenían muy poca presencia. También se advierte que a algunas de las mayores empresas no les interesaba aportar indicios de su origen británico, debido a la sensibilidad del consumidor argentino ante el tema. Más allá de la CNV, en 1985, las autoridades argentinas utilizaron la Dirección Nacional de Inversiones Extranjeras para ejercer cierto control sobre las actividades de las firmas británicas. La situación no fue lineal; hubo un descongelamiento cuando el gobierno británico eliminó las restricciones a las importaciones en 1985, lo que permitió un aumento en la actividad comercial desde 1986 (año en que, por primera vez desde 1982, se solicitó a la Cámara que proveyera asistencia comercial ante interesados británicos en retomar actividades comerciales), aunque posteriormente se volvieron a imponer algunas restricciones debido al escalamiento del conflicto pesquero.
Desde 1987, la economía del país enfrentó mayores dificultades, que culminaron con el fin del Plan Austral, una nueva devaluación y un aumento acelerado de la inflación, lo que condujo al llamado Plan Primavera en agosto de 1988. En un contexto político y económico cada vez más desafiante para el gobierno de Alfonsín, las expectativas inflacionarias no mejoraron. La depreciación de la moneda y la salida rápida de capitales provocaron un aumento notable de la inflación mensual desde el segundo trimestre de 1989, que alcanzó un régimen de hiperinflación en mayo. Ese mismo mes, Carlos Menem ganó las elecciones presidenciales y el 8 de julio Alfonsín le entregó anticipadamente el gobierno.
En medio de una situación de alta inestabilidad, la Cámara no dejó de intentar influir, incluso con cierta impaciencia, defendiendo la necesidad de eliminar las restricciones vigentes. Esto se evidencia en un memorándum de 1987 que señalaba que, para entonces, Argentina era el principal perjudicado por dichas sanciones. Además, resaltaba que los 13 socios principales de la Cámara empleaban a 11 330 personas.[33] Desde 1988, el renovado Boletín de la CCBRA empieza a mostrar signos de reactivación en las actividades económicas, de incorporación de nuevos socios y de establecimiento de contactos potenciales para nuevos negocios. Esto, en cierto modo, reflejaba ya un regreso a las tareas tradicionales de una cámara bilateral de comercio.
Reflexiones finales
Entre 1982 y 1989, la Cámara continuó existiendo, pero tuvo que adaptar sus funciones, aunque mantuvo el foco en “influencing people on the wisdom of eliminating the discriminatory restrictions on free trade, investment, and technology transfer”.[34] En la práctica, su influencia fue menor de lo que se esperaba, aunque ninguna de las vías informales logró resolver las diferencias entre los gobiernos del Reino Unido y de Argentina hasta el reanudamiento del diálogo diplomático en 1989.
La Cámara ofreció un canal informativo alternativo, sin plantearse que fuera el único, para monitorear los intereses británicos en Argentina. Las fuentes del gobierno británico mostraron desconfianza hacia el gobierno radical y, en ocasiones, cierta incertidumbre respecto a una política argentina considerada ambigua. Esto habría reforzado la relevancia de la información proporcionada por la Cámara desde la perspectiva británica. En cuanto a las tareas de inteligencia, su rol ha sido menos destacado, pero, como se demostró, la Cámara desempeñó un papel relevante en la creación de think tanks como el SAC y el CEAS, que intentaron construir redes más amplias para promover la idea de restablecer los vínculos comerciales entre Argentina y el Reino Unido.
En cuanto a sus esfuerzos por influir, la Cámara llevó a cabo actividades en distintos frentes, entre ellas gestiones relacionadas con el estatus de los bienes británicos. Específicamente, intentó mediar en casos puntuales ante obstáculos como el envío de beneficios, las regalías, las autorizaciones de inversión y la administración de activos. Durante ese período se elaboraron diversos informes y reportes, algunos oficiales y otros informales. No obstante, es claro que la CCBRA tuvo que adaptarse a la diversidad de intereses de su membresía. Como se constató, desde 1984 la mayoría de las empresas británicas no enfrentaron problemas significativos y la situación variaba mucho de un caso a otro. Algunas incluso preferían ocultar su origen británico para evitar llamar la atención, lo que refleja la diversidad de circunstancias. A eso se sumaban las áreas grises en la legislación y los cambios (no oficiales ni declarados) en las políticas de la CNV. Además, las sanciones se combinaron con restricciones cambiarias en una economía cada vez más inestable e inflacionaria.
En conjunto, la Cámara atravesó una crisis existencial marcada por una tensión identitaria notable, especialmente en los primeros años posteriores a la guerra. Por ello, además de ocuparse de lo económico, se mostró muy activa en mantener vínculos con diversos intereses de la comunidad angloargentina. A partir de 1986, la organización experimentó un reposicionamiento y, desde 1988, su discurso se volvió más impaciente con las autoridades locales, señalando que Argentina era el país que más sufría por la falta de restablecimiento de los vínculos comerciales. Desde ese año, también se percibe cierta ansiedad en su discurso ante las próximas elecciones presidenciales.
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[Notificaciones a los socios con fecha del 29 de abril de 1982]. Archivo CCBRA, Buenos Aires, documentación varia.
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Tabbush, A. (2013). The British-Argentine long-lasting relationship. Reflections on the Bicentenary of the May Revolution. South Atlantic Council. http://www.staff.city.ac.uk/p.willetts/SAC/COMMENTS/AT170813.HTM.
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UK/Argentine Trade (s. f.). The National Archives (TNA), Foreign Office files (FCO), 7/124918. https://tinyurl.com/4xkmsp37.
- CONICET-IEHSOLP.↵
- University of Glasgow.↵
- Un estudio ya clásico en Cisneros, A. y Escudé, C. (Dirs.) (1999).↵
- Mercau (2019) ofrece una reinterpretación del conflicto de 1982, situándolo dentro del contexto más amplio de la identidad imperial británica y los legados poscoloniales.↵
- Waldman (2015) analizó cómo la primera ministra británica Margaret Thatcher hizo que la guerra fuera tanto posible como popular en tres áreas clave: su gabinete y gobierno, Estados Unidos y las Naciones Unidas, y el público británico.↵
- Benwell y Pinkerton (2022) analizan los materiales y las actuaciones diplomáticas producidas por los gobiernos de las Islas Malvinas y Argentina desde 2012 hasta 2015, poniendo especial énfasis en las referencias a la guerra de 1982 durante el 30.º aniversario del conflicto.↵
- Lisińska (2023) sostiene que el caso de las Malvinas debería verse como una disputa de identidad. Carassai (2022) traza cómo las Islas Malvinas se convirtieron en una causa nacional para Argentina antes de la guerra, ilustrando cómo estas representaciones han contribuido a la construcción de la identidad nacional y del imaginario territorial.↵
- Para un análisis de la prensa británica, ver Thornton (2015). Clare (2021) examina la producción mediática británica y argentina en la previa a la guerra, durante el conflicto, y reconoce las secuelas y legados de la respuesta mediática a la guerra.↵
- Laucirica (2000) analiza las fallas del sistema internacional para evitar el conflicto. Las discusiones recientes también abordan las estrategias diplomáticas argentinas después de la guerra, por ejemplo, Simonoff (2022).↵
- UK/Argentine Trade (The National Archives [TNA], Foreign Office files [FCO], 7/12918).↵
- James S. Lees, “Golden Jubilee of the British Chamber of Commerce In the Argentine Republic”. B.C.C Bulletin (agosto de 1963, Archivo CCBRA).↵
- “A report prepared by the Research Department of Lintas: Buenos Aires” (septiembre de 1978, Archivo CCBRA).↵
- British Community in Argentina (TNA, FCO).↵
- Notificaciones a los socios con fecha del 29 de abril de 1982 (Archivo CCBRA).↵
- Comunicación entre la CCBRA y el Banco de Inglaterra. (3 de mayo de 1982, Archivo CCBRA).↵
- Copia de la carta de SIBBA enviada al Sr. Alberto Molinari, presidente de la CCBRA (23 de abril de 1982, Archivo CCBRA).↵
- Carta de la Comisión Coordinadora de la Colectividad Británica en la Rep. Argentina a Subsecretaría del Interior, coronel Bernardo Menéndez (30 de abril de 1982, Archivo CCBRA).↵
- “La comunidad británica en Argentina” (La Prensa, 3 de mayo de 1982, Archivo CCBRA).↵
- Carta de la Comisión Coordinadora de la Colectividad Británica en la República al Argentina al Subsecretario del Interior, Coronel Bernardo Menéndez (30 de abril de 1982, hoja 2, Archivo CCBRA).↵
- Las personas que integraban entonces el Consejo Directivo eran: A. F. Molinari (presidente), H. A. Mairal (vicepresidente), B. N. B. Webster (secretario honorario), R. J. Ahrens (tesorero honorario), G. M. Browne. Vocales: M. A. Cranfield, T. N. Hudson, J. G. Beech, N. E. Blanchard, M. Bomchil (h.), E. G. Campbell, A. Edbrooke, J. R. D. Foster, J. C. Hepworth, E. C. Howell, K. C. Kruger, E. C. Pierrepont, P. D. Pinsent, A. A. Pollinson, E. G. Tanner, R. S. Taylor. Gerente: R. L. Briant. (Cámara de Comercio Británica en la República Argentina, 20 de mayo de 1982).↵
- Para una cronología detallada de lo sucedido en este periodo, ver Cisneros y Escudé (1999, capítulo 58).↵
- Musich, A. T., “Las relaciones con Gran Bretaña” (Revista Gente, 1 de marzo de 1984, Archivo CCBRA).↵
- Notes on Musich (TNA, FCO, 141022). El Dr. Arnaldo Musich era descrito por fuentes británicas como un empresario destacado (especialista en economía y finanzas). Director del Conglomerado de Construcción Techint; miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI); presidente del Centro de Estudios del Atlántico Sur (CEAS). Entre 1958 y 1962, en varias ocasiones fue asesor económico del ministro de Asuntos Exteriores, “embajador en comisión” y delegado argentino en reuniones del GATT, OEA y la Asociación de Libre Comercio de América Latina (ALAL). En 1963, fue consultor económico en el BID. En 1976, fue embajador argentino en Estados Unidos. La misma fuente británica consideraba que tendía a exagerar su influencia con el gobierno radical de Raúl Alfonsín. También daba cuenta de que el ya mencionado lobby a través del CEAS para la normalización de las relaciones bilaterales con el Reino Unido lo hizo impopular en varios circuitos y era catalogado como anglófilo. Otra persona que las fuentes británicas nombran es a Carlos Conrado Helbling, asesor económico y ejecutivo de Financiera Roberts.↵
- Debido a la visita de integrantes del SAC, la Cámara organizó un almuerzo en el Club Inglés el 27 de junio de 1984. Participaron: Cyril D. Townsend M.P., presidente del SAC, George Foulkes M.P., en representación de la SAC, Lord Kennet, Rupert Sword, Nicholas Tozer, Dr. Arnaldo Tomas Musich, representante de CARI, Dr. Ernesto O’Farrell, David Joy CBE, jefe de SIBBA. Por la Cámara: Guillermo M. Browne, presidente, Richard J. Ahrens, Carlos A. Álvarez, Dr. Máximo Bonchil, Jorge A. Forrester, Robin F. Gilderdale, Eric C. Howell, Alberto E. Molinari. Otros participantes: Tomislavo E. J. P. Dabinovic, en representación de la Cámara de Comercio Británica, Arthur Edbrooke CBE, Ronald L. Briant MBE (CCBRA, 27 de junio de 1984).↵
- Por ejemplo, se conserva una copia del telegrama enviado por el Dr. Little en fecha 22 de noviembre de 1983 donde expresaba: “Need more London names to approach. Can you circulate your group and telex names and addresses of further contacts to me?” (Little Liverpool, 18 de noviembre de 1983).↵
- The South Atlantic Council, Minutes (enero de 1984, Archivo CCBRA).↵
- Consultado en la página web en diciembre de 2025. Tabbush, A. (2013), “The British-Argentine long-lasting relationship. Reflections on the Bicentenary of the May Revolution” (South Atlantic Council).↵
- “South Atlantic Council Home Page” (South Atlantic Council).↵
- Dentro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) funcionaba un Comité sobre la Cuestión Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur. Creado en 1982, este Comité fue dirigido inicialmente por Judith Ana Canclini de Figueroa, más tarde por Hortensia D. T. Gutiérrez Posse y José María Lladós y desde 1996 por Lilian del Castillo.↵
- El primer Consejo Directivo estuvo integrado por: presidente, Arnaldo T. Musich; vicepresidente primero, Juan Sebastián Soler; vicepresidente segundo, Arturo Edbrooke; secretaria, Silvia Maureen Williams; tesorero, Enrique Pinedo; vocales: Enrique Vera Villalobos, Máximo Bomchil (h.) y Julio Ernesto Curutchet; vocales suplentes, Juan Carlos Casas, Ernesto O’Farrell y Federico Street; revisor de cuentas, Miguel Sussini; revisor de cuentas suplente, Federico Ezequiel Carlés.↵
- Carta del Gerente del Banco de Londres al gerente de la CCBRA (16 de febrero de 1984, Archivo CCBRA).↵
- Carta enviada por la CCBRA al ministro de Economía Dr. Bernardo Grinspun (4 de octubre de 1984, Archivo CCBRA).↵
- Las empresas que destacan eran Banco de Londres y América del Sud, Barclays Bank Plc, Brassovora S. R. L., Commercial Union Assurance Cia. Ltda., Cooper Argentina S. A. C. E I., Duperial S. A. I. C., Hilos Cadena S. A. Com. E Ind., Laboratorios Glaxo Argentina S. A. C. E I., Lever y Asociados S. A. C. I. F., Molinari S. A. C. I. F. I. A., Nobleza-Piccardo S. A. I. C. F. y Shell C. A. P. S. A. (Cámara de Comercio Argentino Británica, 13 de agosto de 1987).↵
- Minutas de la Asamblea Ordinaria de la CCBRA (1987, Archivo CCBRA).↵






