En ciertas circunstancias me parece que no corresponde no hablar con lenguaje inclusivo.
Rocío, profesora de Literatura
Quisiera comenzar mencionando que en este libro opté por la utilización de la primera persona del singular para dar cuenta de la narración etnográfica. De este modo, busqué evidenciar que el proceso de construcción de conocimiento se realizó desde una metodología y perspectiva antropológicas. Es decir, no pretendí borrar mi presencia como articuladora entre el material empírico proveniente del trabajo de campo y los debates y conceptos teóricos con los cuales lo hago dialogar. En segundo lugar, considero que en cualquier texto, pero sobre todo en una investigación sobre Educación Sexual Integral, se debe reconocer que el uso que se hace de la lengua escrita está cargado de la propia subjetividad de quien lo redacta y, por lo tanto, trasluce su postura frente a ciertas disputas centrales. El lenguaje inclusivo no sexista o no binario es un tema en discusión en nuestro país y en varios otros, y, como describiré más adelante, también en la escuela en la que desarrollé mi investigación.
El lenguaje no sexista es una de las reivindicaciones de sectores que denuncian la desigualdad de género, la invisibilidad de las disidencias sexuales y la dominación patriarcal. Algunas transformaciones en la lengua se dan a través de su uso cotidiano y por las luchas de los activismos, mientras que otras son mediadas por las instituciones públicas y los tratados internacionales. De este modo, en los últimos años, fueron creados diferentes guías y manuales de lenguaje inclusivo con un alto nivel de análisis, detalle y sugerencias, por parte de universidades y organizaciones gubernamentales en países como Argentina, Chile, México, Perú, Uruguay, Costa Rica y España, por mencionar algunos. Estas iniciativas resultan relevantes en cuanto expresan y legitiman las disputas que se están dando en los movimientos sociales, en las luchas feministas y en los espacios académicos. A su vez, considero que pensar el lenguaje no sexista en Argentina tiene sus singularidades, ya que tomar distancia de las definiciones impuestas por la Real Academia Española es también un acto de soberanía. Si bien con el solo empleo del lenguaje no binario no se están subvirtiendo las condiciones históricas, económicas, políticas y sociales de desigualdad, se está al menos colaborando en reconocerlas y visibilizarlas. Dicho esto, mi objetivo es evidenciar el sexismo, el binarismo y el androcentrismo presentes en el lenguaje, tomando distancia de la utilización del masculino genérico.
Para ello, el texto de este libro va adoptando diferentes estilos. En relación con lxs autorxs citadxs y parafraseadxs, mantuve las marcas de género o el uso del lenguaje no sexista que estxs utilizaron. Es decir, recurro al masculino genérico, al desdoblamiento o doble mención (“profesores y profesoras”) o al empleo de recursos tipográficos como las barras (“los/as profesores/as”) o la x (“lxs profesorxs”) en función de la elección que cada autorx haya realizado. Entiendo que cada uno de estos escritos surge en un contexto determinado, y que los contrastes que generan los diversos usos del lenguaje “hablan” de los escenarios y discusiones en los que esos escritos se encontraban insertos. Así, fue especialmente interesante detectar cómo algunxs autorxs han utilizado de diferentes maneras el lenguaje no sexista a lo largo del tiempo. También cómo una de las investigadoras citadas optó por utilizar una combinación de estas estrategias al hacer referencia a jóvenes trans. Del mismo modo, mantuve textuales las palabras de lxs docentes, no solo por respetar la literalidad de sus enunciados, sino porque además ello permite vislumbrar en qué momentos y en referencia a quiénes lxs profesorxs prefieren incorporar el lenguaje inclusivo en sus discursos.
En cambio, en los fragmentos dedicados al análisis, he optado por la utilización de la terminación en x, como marcadora de la diversidad y superadora del binarismo. Me inclino por esta alternativa porque encuentro que les da la oportunidad a lxs lectorxs de “completar” como prefieran el texto escrito. Si bien su uso imposibilita la pronunciación, es un ejercicio que permite que cada unx imagine en cada caso cómo suena la x. Además, la incorporación del lenguaje no sexista en la oralidad puede por momentos volverse dificultosa, o ir en contra de la economía del lenguaje. La escritura, por el contrario, facilita esa distancia reflexiva y temporal que la expresión oral no siempre tiene.
Teniendo el lenguaje no sexista una pretensión política, es esperable que interpele y genere todo tipo de reacciones, menos indiferencia. En su artículo periodístico “Que incomode”, Marina Mariasch sostiene que las críticas gramaticales al lenguaje inclusivo “son vehículo de una verdadera objeción ideológica. Fíjate quién objeta y sabrás también qué posicionamiento tiene respecto de otros debates” (2019: s/p). En este sentido, soy consciente de que leer un libro que va y viene entre “os/as”, x y dobles menciones puede resultar engorroso e incómodo, pero, como esta etnografía busca poner en evidencia, también son incómodas para algunxs la diversidad sexual y la perspectiva de género. Que incomode, entonces.






