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Conclusiones

El despliegue llevado adelante en el escrito ha manifestado algunas señales incrustadas en el camino que sería preciso reponer. Sin ánimos de concluir conclusivamente el trabajo realizado, ponemos de manifiesto los enunciados lanzados como labranza de la tierra preparada para la siembra que pacientemente aguarda su nacimiento. En el templado germinar de la simiente, recogemos sus frutos y espigas en su fecundidad azarosa que nos da alimento. Asimismo, en el diseminar de la semilla emergen sus propias posibilidades, vástagos que abren horizontes para su propia dispersión, o para su cuidado y florecimiento en otras cosechas, sosteniendo su crecimiento.

Comenzamos esta investigación con la pregunta conductora de un fundamento que pudiera orientar nuestra estructuración en América. En torno a ella se han recorrido las vías que nos permitieron intuir el sino del entramado unificador que gobierna y atraviesa cielo y tierra. En ese discernir de criticidad reinante, percibimos una oportunidad para pensarnos desde una perspectiva auténtica. Porque desde una primera instancia consideramos que el despliegue de la pregunta merece su insistir, porque no hay nada que pueda crecer si no es desde un estar, desde una estancia, desde una tierra que permite el trazado de caminos. Embargados por esa búsqueda que nos hace dignos –por más que se lo intente obturar- de asumir sitios, historias, pensamientos y símbolos, que nos hacen estar-siendo en nuestra propiedad propia. Ella revela un nosotros, que solo se hace carne cuando se liga al suelo que le da sostén. En él se comienza el sentido de fundar-fundiéndose, brindando una posibilidad nuestra para pensarnos. No en una fundamentación inconmovible y última, no en una eliminación de lo advenido y aún gobernante, sino en el recoger abierto-cerrante que redispone nuestra vista hacia nuestra estructuración originaria: la que se inviste en el mutuo interrelacionarse que en el dejar-ser preserva espacio para fusionar horizontes entrelazando una multiplicidad-unificadora.

En la medida que nos abramos al pensar del estar-siendo podremos acceder a una dimensión principiante para nuestro horizonte americano. Dimensión que sutil y cautelosamente custodia nuestra pertenencia a un estar-siendo que ancestralmente nos envía en un hallarnos que aún está por-venir. En el decidirnos por ese pensar, se nos hará presente velada y desveladamente la verdad inicial de América, su sapiencialidad correspondiente a una vegetalidad vivificante que se inunda en la experiencia de ser semilla para el fruto. Allí nuestro preguntarnos por el contexto latinoamericano, o argentino dejará de ser una pregunta superficial, allí se ahondará en la riqueza y vastedad de un estar-siendo ambiguo, misterioso, pero propio. En esa propiedad la pregunta por la amenaza de la técnica que nos acecha, se hará correspondiente, se habitará en su cuestionamiento a la orilla de su umbral. Allí meditaremos en un estar-siendo que se ubica en la diferencia del sistema, rastreando otro pensar, en el corazón abierto del símbolo sagrado que exhuma entrañas de tierra y palabra sangrante. En ese ámbito nos guarecemos en la emergencia de la salvación americana: en su asumirse. Desde allí pensaremos otras formas de orientarnos, de escucharnos, de hacer política, de comprendernos, de preguntarnos. Porque lo popular no es esa significación genuflexa conformada por el entramado capital-democrático; porque el paisaje, la tierra y el cielo no es deleite del ocio tecno-natural; porque la cultura no es el entretenimiento narcisista de la subjetividad; porque lo institucional es coercitivo para el pensar; por eso en el despejar de la palabra reuniente, nos mantenemos en el acontecimiento claroscuro de lo sencillo, en el habitar que dispensa mundo, que funda hogar para el nosotros que proyecta salvación. Allí acaecerá nuestra verdadera exuberancia, la de pensar en términos de recolección.

Desde el fondo hosco de la tierra y los rayos centellantes de los cielos, emerge ese pensar renovado en y de América, un pensar que no pregunta en términos de esencias: en función de saber qué son las cosas, de calcularlas, de dar y pedir cuentas, de definirlas, de racionalizarlas. El pensar del estar-siendo persiste como palingenesia del sustrato del cual sorbe, de su espíritu telúrico que lo retrae a una historia que todavía pesa sobre sí. Y desde esa consistencia se nos abre su testimonio: la reunión de la diferencia; del sí y del no; el sobrellevar de la contradicción en su ocultarse y desocultarse a una; el reverdecer del rastro ajado que quedó de los mortales. Por tanto desde aquí, se percibe el aliento del nomos de la tierra que originariamente abre futuro.

Concluye esta sucinta búsqueda con un arribo, provisorio, frágil, siempre cambiante, pero arribo al fin. Tras esa búsqueda va nuestra filosofía: tras el acierto, tras el nosotros que dé fundamento a aquello que siempre se fuga, simplemente para decantar en nuevas búsquedas y nuevos sentidos. Pero sin hacer desmedro de nuestros tanteos, de nuestros ensayos; a fin de cuentas, la vida se nos va en ello…



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