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1 La conformación de la oferta cultural de dos ciudades no metropolitanas de la provincia de Buenos Aires

Melina Fischer

Introducción

“Acá pateás una piedra y sale alguien que hace cultura, ya sea un escritor, un plástico, alguien que hace teatro”. Con esta frase, un artista de Villa Gesell planteaba la singularidad de su ciudad en cuanto a la “cultura” en el marco de un evento dedicado a conversar sobre la situación de la actividad cultural de las ciudades de la costa atlántica bonaerense[1]. De esa manera, el artista sintetizaba una apreciación compartida por sus colegas a lo largo de la reunión, que postula, en este caso a la ciudad de Villa Gesell, como un lugar con abundantes propuestas culturales y con una gran densidad poblacional de artistas. Esta misma forma de comprender a la oferta cultural también la encontraríamos presente en los relatos de actores de la ciudad de Tandil, ubicada en centro de la Provincia de Buenos Aires. Ahora bien, esta imagen de la abundancia de la producción cultural en estas localidades se distancia del panorama ofrecido por la literatura sobre ofertas y consumos culturales, que presta escasa atención a lo que sucede en las ciudades de pequeña y mediana escala (Grillo, Papalini, y Benítez Larghi, 2016). En efecto, la mayor parte de estos estudios se concentran en la Ciudad de Buenos Aires y otras capitales, lo cual es justificado por algunos autores por la concentración de industrias culturales en dichas ciudades (Rotbaum, 2008; Wortman, 2001, 2006). Ahora bien, creemos que este argumento no debe interpretarse en términos de escasez de actividades culturales en otros espacios urbanos. Como muestra el Atlas Cultural de la Argentina elaborado por el SInCA, si bien las industrias culturales se concentran en los espacios metropolitanos, el patrimonio cultural, los eventos y actividades de cultura popular tienen mayores espacios y prevalencia en las provincias no metropolitanas (Villarino, 2010)[2].

En el presente texto nos proponemos contribuir a saldar esta vacancia en cuanto a los estudios sobre ofertas y prácticas culturales en ciudades no metropolitanas, analizando las formas en que se conforma la oferta cultual de dos ciudades del interior de la Provincia de Buenos Aires. Esta reconstrucción parte de una investigación cualitativa que atiende a la perspectiva de los propios actores y que busca captar las singularidades que adquiere cada espacio urbano en cuanto a su actividad cultural, indagando en los vínculos con las propias características de estas ciudades, a saber: su escala, sus instituciones, sus actividades económicas, sus repertorios identitarios, el signo político de los gobiernos locales, los públicos de las propuestas, entre otras dimensiones[3].

¿Qué entendemos por ciudades no metropolitanas? Sin adentrarnos en discusiones acerca de cómo definir a la escala de las ciudades, en este trabajo, al referirnos a los espacios urbanos no metropolitanos, queremos dar cuenta de aquellas ciudades de escala pequeña y mediana que se encuentran alejadas de los grandes centros urbanos (como el AMBA o las ciudades capitales de Córdoba y Rosario)[4], justamente aquellos donde se concentra la investigación sobre ofertas, prácticas y consumos culturales.

Comencemos ahora a conocer brevemente a las ciudades que analizaremos. En primer lugar, Villa Gesell, fundada en el año 1931, es una ciudad de alrededor de 37.000 habitantes ubicada en la Provincia de Buenos Aires, sobre las costas del Mar Argentino, a una distancia de 370 km de la Ciudad de Buenos Aires[5]. Se trata de una ciudad turística, basada en el modelo de “sol y playa”, que recibe una gran cantidad de turistas durante la temporada de verano (del 15 de diciembre al 15 de marzo), cuya afluencia puede alcanzar al millón y medio de visitantes (Noel, 2020a). De esta forma, la vida de los habitantes de esta ciudad está atravesada por una temporalidad que divide al año en dos partes: por un lado, la temporada de verano; y por el otro, el resto del año, muchas veces llamado “invierno” pese a abarcar más estaciones del año (otoño y primavera)[6]. Así, durante los meses de la temporada estival el número de personas que circulan por la ciudad aumenta de manera exponencial, lo cual afecta casi todos los espacios por los que los habitantes transitan diariamente, así como a la oferta cultural de la ciudad y las posibilidades de apropiación de la misma por parte de sus residentes.

Tandil, por su parte, es una ciudad más antigua, cuyos orígenes se remontan al año 1823 cuando se comenzó la construcción del Fuerte Independencia como parte de la campaña de la Provincia de Buenos Aires de desplazamiento de la población aborigen hacia el sur del país con el fin de alcanzar un dominio efectivo sobre dicho territorio e incorporar tierras fértiles que permitan la expansión de la producción y exportación de productos pecuarios (Ratto, 2013). Se ubica en el centro de la provincia, a una distancia aproximada de 350 km de la Ciudad de Buenos Aires y tiene una población casi cuatro veces mayor que Villa Gesell, compuesta por 134.000 habitantes. Asimismo, en cuanto a su composición poblacional, también debemos destacar que esta ciudad tiene una mayor proporción de población joven respecto con Villa Gesell, ya que cuenta con la presencia de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN)[7]. Ello no solo supone que sea menor la proporción de jóvenes que abandonan la ciudad para realizar estudios universitarios, sino que la ciudad también atrae a jóvenes de ciudades vecinas. En cambio, en el caso de Villa Gesell, muchos jóvenes se trasladan a Mar del Plata[8] o al Área Metropolitana de Buenos Aires cuando finalizan la escuela secundaria con el fin de continuar con estudios superiores[9]. Si bien Tandil también es una ciudad turística, no se trata de un turismo estacional, a la vez que es centro de otras actividades económicas como de índole industrial, agropecuaria, producción de quesos y chacinados, entre otras.

Como puede verse, cada ciudad presenta sus propias particularidades, lo que nos permite realizar una comparación por medio de contrastes y contradicciones, es decir, una comparación que en lugar de realizarse con casos semejantes, busca establecer contrastes con lo contrario o diferente (Da Matta, 1997). Por ello, a lo largo del texto iremos haciendo numerosas comparaciones entre nuestras ciudades, de forma que las características de cada lugar nos permitan, a su vez, alumbrar las singularidades de cada espacio urbano.

Hecha esta introducción, en el siguiente apartado abordaremos el peso de las distintas instituciones y espacios culturales en la conformación de la oferta cultural de cada ciudad. Luego, en un segundo apartado analizaremos la influencia que tiene el turismo y los públicos en la actividad cultural de estas ciudades, seguiremos con un apartado destinado a estudiar el vínculo de los espacios culturales con el patrimonio y, finalmente, cerraremos el capítulo con unas breves conclusiones.

Las instituciones y los espacios culturales

En este apartado intentaremos brindar un panorama acerca del tipo de instituciones y espacios culturales que predominan en las ciudades no metropolitanas estudiadas. En primer lugar, debemos señalar que una parte significativa de la actividad cultural de estas ciudades depende de sus respectivos gobiernos municipales, los cuales gestionan sus propios espacios y actividades culturales, a la vez que apoyan al desarrollo de la actividad de los artistas y productores culturales locales. Ahora bien, como nos proponemos mostrar a continuación, el peso que adquiere el Estado municipal en cuanto a la generación y apoyo de actividades culturales presenta sus diferencias en cada una de las ciudades analizadas.

Comenzado por Villa Gesell, esta localidad cuenta con una Secretaría de Cultura, Educación y Deportes, de la cual dependen tres museos (el Museo Histórico Municipal, el Museo de los Pioneros y el Museo y Archivo Histórico Municipal del Veterano de Guerra de Malvinas, todos ubicados en el predio denominado Pinar del Norte), dos casas de la cultura (una en Villa Gesell y otra en Mar Azul), tres centros culturales (los centros culturales Chalet de Don Carlos, Pipach y Homero Manzi) y dos talleres de arte (Taller de Arte para la Ciudad y el Taller Municipal de Cerámica). Mientras que todos estos espacios funcionan durante todo el año, la Secretaría cuenta además con otra serie de espacios de temporada de verano: un anfiteatro al aire libre donde se realizan conciertos corales, dos ferias de artesanías y manualidades, a la vez que gestiona también la actividad de los artistas callejeros sobre la peatonal de la Avenida 3[10].

Asimismo, una de las actividades más importantes que tiene bajo su órbita esta Secretaría se vincula con su amplia oferta de cursos y talleres gratuitos que se ofrecen durante los meses de “invierno”, es decir, entre marzo y noviembre[11]. Si bien en los inicios del área de Cultura la oferta de los talleres se centralizaba en la Casa de la Cultura de Villa Gesell, con el tiempo se fue expandiendo a otros espacios, tanto propios de la Secretaría de Cultura como de organizaciones comunitarias o privados que “prestan” su espacio a cambio de un canje de impuestos municipales[12]. De igual manera, al analizar las propuestas de esta secretaría, es posible ver que busca priorizar en sus ofertas a los artistas locales (por ejemplo, brindando espacios para sus propuestas), así como a mostrar la historia y la “identidad” local (especialmente a través de sus museos).

En virtud de estas características de la gestión cultural municipal, hemos encontrado que los artistas o responsables de otros espacios culturales no municipales, evalúan a la Secretaría de Cultura como un espacio abierto a sus propuestas. No obstante, varios de nuestros informantes también han señalado críticamente que esta receptividad hacia sus iniciativas no es acompañada por una evaluación de la calidad de las mismas, lo cual no contribuiría a darle un carácter profesional a las actividades culturales de los espacios municipales. De igual manera, señalan que si bien el municipio recibe las propuestas de los artistas locales, su apoyo se limita a facilitar el espacio sin contribuir en la difusión de las actividades o en generar estrategias para obtener públicos.

Ahora bien, en el caso de Villa Gesell, si bien las actividades culturales dependen en gran medida de la Secretaria de Cultura, Educación y Deportes, también encontramos que hay ciertos espacios, actividades y espectáculos culturales que son manejados o trabajados de manera conjunta con la Secretaria de Turismo. En efecto, al tratarse de una ciudad turística, muchas actividades culturales son gestionadas por dicha secretaría, en la medida en que se las considera un atractivo para el visitante así como un recurso para “atraerlo”. Así, hay una serie de espacios municipales gestionados por la Secretaría de Turismo, en los que suelen tener lugar diversos espectáculos durante la temporada de verano o ciertas fechas turísticas como fines de semana largos, que son presentados como parte de la agenda cultural en la folletería oficial de información turística: la Plaza Primera Junta, el Parador Turístico de Mar de las Pampas, el Teatro Municipal y el Polo Cultural “Antigua Terminal”. En este sentido, esta secretaría se orienta a brindar espectáculos en escenarios más masivos y sitios de ubicación estratégica como la playa o la Plaza Primera Junta (en pleno centro de la ciudad), a traer espectáculos de bandas y artistas de reconocimiento nacional o internacional y a organizar y promocionar las fiestas locales[13].

La ciudad de Tandil, por su parte, cuenta con una Subsecretaría de Cultura y Educación, en cuya órbita se encuentra la Dirección de Cultura. En cuanto a los espacios dependientes de esta subsecretaría se encuentra, en primer lugar, el Museo Municipal de Bellas Artes (MUMBAT), uno de los espacios culturales municipales más antiguos de la ciudad (inaugurado en 1937), que ocupa un lugar central dentro de la Dirección de Cultura y que, igualmente, ha sido el espacio municipal más nombrado y reconocido por nuestros entrevistados. Asimismo, la subsecretaría gestiona otros espacios ilustres como el Salón Blanco del Palacio Municipal (inaugurado en 1920) que se utiliza para conciertos corales, así como la Casa de la Cultura (edificio de estilo francés, construido entre los años 1912 y 1918) donde se emplaza la Subsecretaría de Cultura y Educación con su administración y programas dependientes del área. También esta Subsecretaría cuenta con una Casa de la Historia y de la Cultura del Bicentenario[14], dos teatros (el Teatro de la Confraternidad Ferroviaria y el Teatro del Fuerte), el Taller de picapedreros y escultores, un mercado de pulgas que funciona en una plaza los domingos (“San Juan Bosco”), el Mercado Artesanal Tandil y un centro cultural (Centro cultural y social Salón San Pacífico). A su vez, de la Subsecretaría de Cultura y Educación dependen una serie de escuelas municipales de arte (Escuela de Música Popular, Escuela de Artes Visuales, Escuela de Artes y Oficios, Escuela Municipal de Danzas).

Al igual que en el caso de Villa Gesell, el municipio de esta ciudad también organiza algunos eventos o fiestas populares, con la diferencia de que, en este caso, no es el único o principal organizador. Así, muchos de estos eventos son organizados de manera conjunta con la UNICEN, con espacios culturales o productoras de eventos, así como con agrupaciones de productores locales (por ejemplo, de quesos y chacinados).

Una diferencia importante respecto con Villa Gesell, es que aquí no hemos encontrado un rol activo por parte del área de turismo en la gestión cultural, más allá de la difusión de las actividades culturales en su grilla de eventos (disponible en la página web así como en las oficinas de información turística de la ciudad), hecho que se vincula con el “perfil” de la actividad turística en esta ciudad centrado en el contacto con la “naturaleza” y la búsqueda de tranquilidad.

Por otro lado, en esta localidad los espacios municipales no constituyen las primeras referencias de nuestros entrevistados al momento de hablar de las actividades culturales de su ciudad. En contraposición, una de las primeras instituciones mencionadas por los actores es la UNICEN, en particular los espacios culturales que dependen de ella: la Facultad de Arte, el Teatro La Fábrica y el Centro Cultural Universitario (así como el espacio INCAA[15] que funciona allí) . En este punto, es importante mencionar que las universidades nacionales se financian con una porción del presupuesto nacional que es aprobado cada año en el Congreso de la Nación, de forma que disponen de una importante magnitud de recursos, la cual se torna aún más significa en el caso de un municipio de una ciudad no metropolitana[16]. Por otro lado, mientras que encontramos una percepción acerca del municipio de Tandil como una instancia que apoya de forma desigual a las distintas actividades o actores culturales, la UNICEN, en contraposición, es presentada por nuestros informantes como una institución más accesible y que colabora con las diversas propuestas locales.

Asimismo, la ciudad de Tandil cuenta con una serie de institutos terciarios de arte que dependen de la Provincia de Buenos Aires (el Instituto del Profesorado de Arte Tandil Escultor Carlos Allende, el Conservatorio de Música Isaías Orbe y la Escuela Provincial de Cerámica). La importancia de todas estas instituciones de formación en arte radica no sólo en que promueven el desarrollo de los artistas locales y de actividades propias, sino que propician también el desarrollo de públicos para las ofertas locales, al generar grupos de personas interesadas en el “arte” y la “cultura”. Asimismo, como destacan frecuentemente nuestros informantes, la presencia de estos espacios formativos contribuyen a la profesionalización de la actividad cultural en la ciudad, no sólo a partir de la formación de profesionales en arte sino también por los efectos que tiene más allá de sus instituciones (por ejemplo, profesionales que siguen formando a otros artistas o que llevan su conocimiento a sus equipos, lo que genera, a su vez, una competencia de cierto “nivel de profesionalidad”). Esto implica una diferencia respecto del caso de Villa Gesell, donde la presencia de instituciones de formación universitaria y terciaria con orientación en arte es mucho menor, existiendo solo una extensión de la Escuela de Arte de General Madariaga[17], que ofrece formación en música popular. La falta de estas instituciones también implica que los artistas locales o bien se hayan formado de manera amateur o que hayan desarrollado sus trayectorias profesionales en otras ciudades.

Otra característica sobresaliente de la oferta cultural de Tandil es la presencia de varias salas de teatro no comercial. En este sentido, además de la oferta del Teatro La Fábrica dependiente de la universidad, así como de los dos teatros municipales, la ciudad cuenta con otras dos salas de teatro independiente: el Club de Teatro y el Teatro Bajosuelo. Nuevamente, aquí podemos ver el efecto de la presencia de la Facultad de Arte, en particular sus carreras de grado y posgrado en teatro, en la generación de espacios y actividades teatrales. En este sentido, la situación en cuanto a salas de teatro difiere también del panorama de Villa Gesell, en tanto esta ciudad no cuenta con espacios específicamente dedicados a esta actividad durante todo el año, sino que estos espacios funcionan durante la temporada de verano, cuando, además del mencionado Teatro Municipal, abre una sala de teatro independiente (La Casa de los Artistas) y dos salas de teatro comercial (Teatro Gesell Plaza y Teatro San Martín).

En cuanto al cine, tanto Villa Gesell como Tandil cuentan una sala de cine comercial, mientras que Tandil cuenta además con una sala del Espacio INCAA que ofrece cine nacional a precios “accesibles” y que es mencionado como el cine predilecto por muchos de nuestros informantes.

Otra diferencia respecto de la oferta cultural de estas ciudades es que Tandil cuenta con una galería de arte y otros espacios de arte de gestión privada, mientras que en Villa Gesell no encontramos estos espacios, sino talleres de artistas individuales que tienen sus puertas abiertas al público y que, en muchos casos, se organizan colectivamente en una serie de “rutas culturales”. Estos mapas o rutas de “cultura”, “arte” y “artesanías” son iniciativas de grupos de artistas independientes que elaboran un recorrido por sus propios talleres u otros espacios culturales que se encuentran ubicados cerca unos de otros y que, en su mayoría, no están incluidos en los clásicos mapas de atractivos culturales que ofrece la Secretaría de Turismo[18]. Así, estas rutas culturales pueden ser entendidas como estrategias de los artistas locales, caracterizables por lo que algunos autores llaman emprendedurismo (Vargas y Viotti, 2013), para dar a conocer sus espacios y obras.

En cuanto a otros espacios como museos y centros culturales, podemos ver que Villa Gesell sólo cuenta con sitios municipales de esta clase (lo cuales ya han sido mencionados). En contraposición, Tandil, además de los espacios municipales, cuenta con un museo histórico gestionado por una organización sin fines de lucro (el Museo Histórico Fuerte Independencia Tandil), así como un Museo de vehículos de época y un Museo de Arte Religioso que funciona en la Parroquia Santísimo Sacramento. Asimismo, la ciudad de Tandil cuenta con dos centros culturales ubicados en el Barrio de la Estación (El Centro Social y Cultural La Vía y el Centro Cultural La Compañía).

También Tandil se caracteriza por la mayor presencia de bibliotecas populares: mientas que en Villa Gesell encontramos dos de estos espacios, Tandil cuenta con catorce bibliotecas populares, la mitad de cuales fueron fundadas en el primer tercio del Siglo XX, es decir, en una época de crecimiento de este tipo de instituciones barriales, tanto por iniciativas de grupos de vecinos como de otras instituciones como el Partido Socialista (Gutiérrez y Romero, 1995). En este sentido, la mayor antigüedad de la ciudad de Tandil y las actividades económicas que se desarrollaron en sus diversos momentos históricos (como la actividad picapedrera, agropecuaria, ferroviaria, etc.), son elementos que han contribuido a la emergencia de este tipo de espacios.

Asimismo, encontramos que en ambas ciudades existen organizaciones de la sociedad civil dedicadas a proyectos culturales, desde agrupaciones de artistas, ONGs ambientalistas, casas y centros de jubilados que a priori (sin analizar sus actividades) no habríamos considerado “culturales”, pero resultaron ser espacios donde ocurre parte de la actividad cultural de la ciudad y, por eso mismo, también fueron nombradas por nuestros entrevistados al hablar de las actividades y propuestas de sus ciudades. De la misma manera, en ambas localidades existen otra serie de espacios que, en principio, no tienen como principal finalidad generar ofertas o actividades culturales como bares, cervecerías, boliches e incluso casas, galpones o quintas privadas (lo que algunos informantes llamaban “movidas por debajo de la mesa”), en los que suelen tener lugar recitales de bandas o artistas de diverso reconocimiento, estilo y poder de convocatoria.

Así, en términos generales, puede verse que en la conformación de la oferta cultural de estas ciudades hay una hibridación entre la gestión municipal, universitaria, privada, comunitaria y de las organizaciones sin fines de lucro. Ahora bien, uno de los puntos que diferencia a la gestión de la actividad cultural entre Villa Gesell y Tandil se vincula con la cantidad y variedad de actores e instituciones que es posible encontrar en cada ciudad y, en consecuencia, los recursos de los que se dispone para dedicar a la cultura, así como la sinergia que se puede producir al combinar la acción de estos actores entre sí. Así, en Villa Gesell veíamos una gran centralización de la actividad cultural en manos del municipio, de forma que los demás actores tienen una dependencia mayor respecto del apoyo que le puede brindar el Estado municipal. Al contrario, en el caso de Tandil, veíamos que si bien el rol del municipio es considerado menos relevante, tiene mucha presencia la UNICEN con sus diversos espacios y áreas, así como espacios privados, productores independientes y organizaciones comunitarias. Esto no es sólo una ventaja para la generación de actividades culturales por la mayor diversidad de propuestas y recursos disponibles, sino también por la asociación que se produce entre estos actores.

Finalmente, cabe mencionar que ambas ciudades comparten la menor presencia de ofertas de índole masiva e internacional, las cuales suelen concentrarse en los grandes centros urbanos. Por ello, los residentes locales tienden a mencionar este tipo de oferta como una carencia local y, en algunos casos, postulan la necesidad de trasladarse a otras ciudades para apropiarse de este tipo de actividades (Moguillansky y Fischer, 2017).

Los vínculos de la actividad cultural con el turismo y los públicos

Como hemos esbozado en el precedente apartado, una de las grandes diferencias entre nuestras ciudades se vincula con la influencia que ejerce el turismo sobre la actividad cultural local. Así, en la ciudad de Villa Gesell, se destaca el hecho de que su oferta cultural tiene una gran variación entre la temporada de verano y el “invierno” debido, en principio, a la estacionalidad de su actividad turística. Así, durante la temporada de verano, la oferta cultural resulta más abundante, tanto en cuanto a las propuestas y espacios existentes así como en lo que refiere a días y horarios de sus ofertas (de lunes a lunes, con actividades repetidas en varios horarios). Una parte de esta oferta veraniega es de carácter más masivo y mainstream (como el teatro comercial y ciertos espectáculos musicales de artistas reconocidos) así como de carácter privado o impulsado por la Secretaría de Turismo. Asimismo, en esta época también se expande la actividad de artistas y artesanos locales o foráneos, a partir de los anfiteatros al aire libre, los espectáculos callejeros y los diversos paseos de artesanos. En general, estas propuestas tienden a ubicarse en zonas céntricas y turísticas, tanto de la localidad de Villa Gesell como de las localidades del sur del partido (en especial, Mar de las Pampas). Por su parte, como ya hemos señalado, por fuera de la temporada de temporada de verano, la oferta cultural queda centrada en gran medida en los espacios y actividades culturales municipales, con especial énfasis en los talleres y cursos que ofrece el municipio de forma gratuita a través de su Secretaría de Cultura, Educación y Deportes. Así esta última secretaría supone principalmente al residente como destinatario de sus políticas culturales, a diferencia de lo que sucede Secretaría de Turismo, cuyas actividades culturales están orientadas hacia el turista. Incluso, en relación a estas diferentes orientaciones de las políticas culturales de estas secretarías, hemos encontrado en nuestra investigación algunas tensiones entre sus propuestas, por ejemplo, cuando actividades orientadas a públicos masivos, con sus grandes escenarios y sonidos elevados, dificultan el desarrollo de una actividad de pequeña escala que se tiene lugar a metros de la otra.

Por su parte, en Tandil, como ya hemos mencionado, con su paisaje serrano y diversos puntos de atracción turística[19] constituye un destino turístico durante todo el año (Calvento, 2011) y sus ofertas culturales no se ven afectadas significativamente por la actividad turística. Al contrario, en esta localidad la mayoría de las propuestas están orientadas hacia los residentes locales. Ello se evidencia, por ejemplo, en la ubicación de los espacios culturales, lo cuales se concentran en la zona céntrica de la ciudad, que es justamente transitada mayormente por los residentes locales, mientras que el turista tiende a hospedarse y circular en las zonas cercanas a las sierras, buscando descanso y tranquilidad.

Ahora bien, ello no significa que el turismo no intervenga de otras maneras en el desarrollo de la actividad cultural local. En este sentido, hemos encontrado una percepción generalizada de que, desde el municipio, se apoya de manera muy desigual a las diversas actividades y eventos. Según nuestros entrevistados y diversas fuentes, el gobierno municipal tendría a priorizar aquellas actividades que coinciden con cierta imagen de la ciudad, otorgándole mayores beneficios a las actividades ubicadas en los sitios turísticos, así como a los eventos capaces de captar públicos masivos. En ese sentido, las actividades más “barriales” o periféricas, o vinculadas con ciertos consumos identitarios (como el rock), serían las que o bien reciben poco o nulo apoyo, o directamente, topan con obstáculos que serían “puestos” de forma intencional para frenar su desarrollo[20]. En este mismo sentido, algunos eventos que cuentan con el impulso del municipio también son aquellos vinculados a la producción de quesos y chacinados[21], que constituye uno de los “atractivos” de la ciudad que la hacen conocida en la actualidad (Kaczan y Sánchez, 2015).

Ahora bien, debemos mencionar como excepción a la escasa influencia del turismo en las propuestas culturales al fin de semana largo de Semana Santa (es decir, la celebración cristiana de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo), momento en el que la ciudad atrae un número significativo de turistas en virtud de sus atractivos vinculados al turismo religioso[22]. Así, desde el año 1970 el MUMBAT organiza el Salón de Arte Sacro durante Semana Santa en el cual se exponen obras “de connotación espiritual”; el Museo de Arte Religioso tiene asimismo en dicha fecha una muestra especial; y, en el Anfiteatro Municipal “Martín Fierro”, tiene lugar cada año durante dicho fin de semana un espectáculo sacro llamado “Jesús, el nazareno”, en el cual se recrea la Pasión y muerte de Jesucristo.[23].

En este punto resulta interesante preguntarnos a qué se deben estas diferencias entre las dos ciudades, más allá del carácter estacional o no de la actividad turística. En otras palabras, por qué en Villa Gesell el turista sí resulta un destinatario de las propuestas culturales de la temporada de verano (mientras que en Tandil sólo se lo considera de esa forma muy excepcional). Una primera razón se vincula con el “perfil” turístico de estas ciudades. Así, en Tandil el turismo se orienta al descanso y al contacto con la “naturaleza”, mientras que Villa Gesell no sólo es conocida por su atractivo de “sol y playa”, sino también por haber sido el escenario, entre mediados de los 60 y principios de los 70, del movimiento contracultural cuyas principales expresiones fueron el hippismo y el rock nacional (Noel, 2020a, 2020b). En este sentido, como señalan frecuentemente nuestros informantes, en especial los artistas y funcionarios municipales, la “cultura” forma parte del “perfil” turístico de la ciudad de Villa Gesell. Así, ciertas propuestas culturales como los espectáculos callejeros son una clásica oferta nocturna de esta localidad durante el verano que suele atraer a numerosos turistas.

En segundo lugar, la escasez de otras actividades económicas en Villa Gesell, la hacen especialmente dependiente del turismo, de forma que tanto el gobierno municipal como ciertos actores locales entienden a la cultura como un factor dinamizador de la actividad turística. En este sentido, la cultura aparece como un recurso (Yúdice, 2002), que puede ser utilizado para promover el desarrollo del turismo y de la economía local. Este concepto acuñado por Yúdice implica la invocación de la cultura para resolver problemas que antes correspondían al ámbito de la economía y la política e implica alegar que la actividad cultural disminuirá los conflictos sociales y conducirá al desarrollo económico. Así, encontramos en esta ciudad muchísimas referencias a la importancia de la “cultura” como un atractivo complementario al “sol y la playa”, que puede contribuir a fortalecer a la ciudad en cuanto destino, así como generar beneficios económicos a los habitantes locales.

Y en tercer lugar, en íntima relación con el argumento anterior, los propios artistas locales señalan tener dificultades para desarrollar sus actividades durante el “invierno”, debido a la falta de públicos en dicho momento del año. De esta forma, sostienen que la temporada de verano sería el momento más oportuno para visibilizar y ofrecer sus producciones y obtener ganancias de ellas. En cambio, en Tandil, de acuerdo a nuestros entrevistados, la oferta cultural local es exitosa en términos de públicos por parte de la misma población tandilense que “apoya” a las producciones locales. En ese sentido, no aparece de forma tan evidente la necesidad de movilizar a sus propuestas como un atractivo turístico, como sí sucede en el caso de Villa Gesell. De igual manera, los actores tandilenses destacan que el éxito de sus propuestas funcionan como un aliciente para continuar produciendo o abriendo espacios culturales, de forma que el público retroalimenta a la producción cultural local.

De esta forma, Villa Gesell se diferencia de Tandil por la variación de su oferta cultural entre la temporada estival y el invierno, debido a la combinación de su “perfil turístico” con la necesidad de movilizar a la oferta cultural para el desarrollo turístico y económico de la ciudad y de sus artistas.

Espacios culturales, ¿espacios patrimoniales?

Otro de los aspectos más sobresalientes que hemos encontrado en relación a los espacios culturales, se vincula con el hecho de que muchos de ellos son emplazados en sitios “patrimoniales”. En este sentido, gran parte de los sitios culturales locales se presentan como espacios patrimoniales, en virtud de su vinculación con ciertas narrativas histórico-identitarias que gozan de gran fuerza y legitimidad en cada localidad. Así, como señala Vera (2015), lo que cobra valor patrimonial para una sociedad siempre está vinculado al imaginario social instituido, es decir, a una serie de imágenes, objetos, creencias e historias revestidos de cierta legitimidad y que se encuentran consolidadas en el imaginario colectivo hegemónico.

En algunos casos, dicho carácter patrimonial es otorgado de forma oficial por la administración municipal, provincial e incluso nacional y, en otros casos, forma parte de los discursos y apreciaciones de los actores. Ello se debe a que, como señala Prats (2005), los procesos de patrimonialización abarcan dos construcciones sociales distintas, a la vez que complementarias: en primer lugar, la sacralización de la externalidad cultural, es decir, el proceso por el cual se define un ideal cultural y se excluye a lo que no forma parte de él; y, en segundo lugar, la activación, es decir, el proceso por el cual los poderes políticos otorgan valor a ciertos elementos patrimoniales y actúan de alguna manera sobre ellos. En este sentido, existen en estas ciudades numerosas referencias al patrimonio, independientemente de que hayan sido clasificados como tales por parte de sus gobiernos.

Comenzando por Villa Gesell, podemos distinguir en primera instancia dos repertorios identitarios desarrollados por Noel (2011a, 2012, 2020a) que son movilizados en la construcción del patrimonio. En primer lugar, el repertorio de los pioneros, es una narración histórico-identitaria referida a los orígenes de la ciudad que hace hincapié en el carácter excepcional de su fundador (el “Viejo Gesell”) y su temperamento, así como de los pioneros que lo acompañaron en la ejecución de su proyecto de forestación de lo que para 1930 no era más unas cuantas hectáreas de dunas vírgenes, y en la construcción de las primeras y precarias infraestructuras de la ciudad. Por su parte, el repertorio del hippismo, se remonta “la primavera hippie” y refiere al movimiento de efervescencia contracultural que habría tenido lugar en la Villa Gesell de fines de los años 60 y principios de los 70.

En este marco, es posible ver que aquellos espacios de la ciudad que fueron claves en el proceso de fundación de la misma o que estuvieron vinculados con Don Carlos Gesell y su familia, al igual que aquellos espacios vinculados con la “primavera hippie”, son considerados de forma casi indiscutida como patrimonio histórico o cultural. En algunos casos, estos espacios son propiedad del municipio y funcionan como espacios culturales, mientras que en otros casos se busca recuperar sitios que han sido “abandonados” u olvidados en cuanto patrimonio para utilizarlos como espacios culturales.

Así, a modo de ilustración, podemos mencionar el Pinar del Norte[24], predio en el cual el fundador inició sus tareas de forestación de la ciudad y construyó sus viviendas, donde actualmente funcionan el Museo Histórico Municipal[25] y el Centro Cultural Chalet de Don Carlos, entre otros espacios. Otro ejemplo lo constituye el ex acuario de Villa Gesell, un espacio creado en el año 1971 por iniciativa de Roberto Gesell, hijo del fundador de la ciudad, el cual cerró sus puertas en la temporada de 1986/1987 y que, luego de casi tres décadas de abandono, fue objeto de un proceso de lucha por recuperarlo, patrimonializarlo y refuncionalizarlo como Museo de Ciencias Naturales y centro de rescate de fauna marina.

Por otra parte, un ejemplo que remite a ambos repertorios es el caso del Centro Cultural Pipach[26], el cual, por un lado, se vincula al repertorio de los pioneros, ya que se trata de un edificio construido por un matrimonio de nobles húngaros a principios de la década del 50, es decir, aún en la etapa fundacional de la ciudad; y, por el otro lado, se vincula al repertorio del hippismo, ya que el lugar funcionó como boliche bailable en la década del 60. Algo similar sucede con las ferias de artesanías y manualidades (la Feria Artesanal, Regional y Artística de Villa Gesell[27] y la Feria de expresiones manuales y Culturales Autóctonas[28]) que han sido declaradas patrimonio cultural de la ciudad en la medida en que se las invoca como herederas del hippismo y del fuerte desarrollo de la actividad artesanal durante aquél periodo.

Por último, podemos mencionar un tercer repertorio moral referido a la identidad local vinculado a “lo ecológico” que ha señalado Noel (2011b) para el caso de la localidad de Mar de las Pampas. Dicho repertorio implica una fuerte valoración de la “naturaleza”[29], del bosque, los árboles, el mar, la arena y los animales, así como el imperativo de minimizar el impacto del hombre y sus obras sobre el dicho “entorno”. En esta línea, hemos encontrado numerosos relatos que dan cuenta de una vinculación entre “naturaleza” y sitios culturales, de acuerdo a los cuales muchos espacios culturales locales estarían dotados de una semblanza particular por el hecho de estar situados en medio de la “naturaleza”. Incluso hemos encontrado que ciertos espacios naturales son considerados como espacios o atractivos culturales por muchos de nuestros entrevistados, como sucede en el caso del mencionado Pinar del Norte.

Respecto de Tandil, las narrativas identitarias que organizan a los espacios culturales se vinculan principalmente con las distintas etapas históricas del desarrollo de la ciudad. En primera instancia, podemos mencionar la etapa fundacional de la ciudad, a partir de la construcción del Fuerte Independencia en 1823 que, como hemos mencionado, formó parte de la campaña de la Provincia de Buenos Aires de desplazamiento de la población aborigen hacia el sur del país. Este elemento de histórico-identitario tandilense se encuentra presente, por ejemplo, en el Museo Histórico del Fuerte Independencia así como en el emplazamiento de algunos cañones originales del fuerte en ciertos espacios públicos de la ciudad (como plazas).

En segundo lugar, a fines del Siglo XIX y comienzos del XX se empieza a consolidar en la ciudad una clase terrateniente fuerte, rica y poderosa políticamente a la vez que se comienzan a establecer una serie de artistas europeos que se volcaron a la enseñanza y a las artes aplicadas. Ello, sumado a la necesidad de la élite local de construir idearios modernos, contribuyó al desarrollo de las bellas artes en la localidad (Suasnábar, 2019). De esta época data el ya mencionando Museo Municipal de Bellas Artes, así como la construcción de importantes edificios y palacios de estilo europeo, por ejemplo, el Palacio Municipal y su Salón Blanco, así como el edificio de la actual Casa de la Cultura.

Por otro lado, el desarrollo de esta élite local fue acompañado y estimulado por la llegada del Ferrocarril Sud en 1883, hecho que contribuyó al crecimiento urbano y poblacional de la ciudad y, en particular, del Barrio de La Estación, donde fueron surgiendo diversos edificios, viviendas e instituciones barriales. Ahora bien, a partir de la reestructuración del modelo económico inaugurado a partir de la última dictadura cívico-militar (1976-1983), consolidada con las reformas neoliberales de la década del noventa, se desmantela una gran parte de la red ferroviaria nacional, incluyendo la estación local, cuyas instalaciones cayeron en desuso o comenzaron a deteriorarse por falta de mantenimiento[30]. Con el cambio de siglo, algunos espacios cedieron su uso a organizaciones comunitarias o dependencias municipales, en su mayoría dedicadas a la realización de actividades artístico-culturales (Silva, 2018)[31]. De igual manera, en la última década, han surgido ciertas discusiones y procesos de patrimonialización en torno al barrio y sus espacios, en un contexto de desarrollo de numerosos emprendimientos inmobiliarios que, desde la perspectiva de los vecinos, conducía al “deterioro” del barrio y la “pérdida de su fisonomía identitaria” (Silva, 2018: 168).

Asimismo, en forma paralela al desarrollo del ferrocarril tuvo lugar la expansión de la explotación minera que posicionó a la ciudad como un centro picapedrero importante, consolidando de a poco una incipiente clase obrera en la zona de Cerro Leones (Suasnábar, 2019). Este pasado de la actividad minera y picapedrera es movilizada en diversos espacios y actividades culturales (tales como el Taller Municipal de Picapedreros y la Fiesta Popular del Picapedrero), así como en la presencia de la piedra en las fachadas de ciertos espacios culturales (tal como la Galería Artemio).

Finalmente, como hemos desarrollado en el apartado anterior, existen una serie de espacios o actividades en la ciudad vinculados con su identidad religiosa que suelen tener lugar especialmente para la fecha de Semana Santa.

Esta vinculación de los espacios culturales con el patrimonio, entendemos que se debe tanto a la legitimidad de la que gozan aquellos sitios que son considerados patrimoniales, como a motivaciones morales vinculadas a la importancia de transmitir y conservar la identidad local y, finalmente, a motivos pragmáticos relacionados con las potencialidades turísticas del patrimonio.

Conclusiones

A lo largo de este texto hemos intentado ofrecer una aproximación a los modos en que se conforma la oferta cultural de dos ciudades no metropolitanas de la Provincia de Buenos Aires, analizando de forma comparativa cómo las características de cada espacio urbano contribuyen a una particular dinámica de la actividad cultural. Considerando las múltiples dimensiones que intervienen en esta configuración de la actividad cultural, en este trabajo sólo nos hemos detenido en algunas de ellas de la forma más concisa posible, en particular el rol de las instituciones de cada ciudad, la vinculación con la actividad turística y las formas de comprender al patrimonio.

A modo de síntesis, uno de los principales contrastes entre las ciudades que estudiamos se vincula con el impacto que tiene la presencia de una Universidad Nacional no sólo en el desarrollo de espacios y actividades culturales, sino también en la generación de artistas, de una actividad “profesionalizada”, así como en la producción de públicos para dichas actividades. De esta manera, veíamos que en Tandil, los actores coinciden en resaltar la importancia de la universidad y sus espacios en el panorama de la oferta cultural de la ciudad. En contraposición, el rol del municipio adquiría menos relevancia, tanto en virtud de sus espacios y propuestas como en cuanto al apoyo brindado a los artistas y productores locales para el desarrollo de sus propuestas. En cambio, en el caso de Villa Gesell, veíamos que el municipio ocupa un rol preponderante en cuanto a los espacios y actividades culturales que genera, como en el apoyo brindado a los artistas locales. La falta de instituciones superiores en arte también constituye una diferencia respecto de Tandil, que implica dificultades para desarrollar una carrera artística profesional en la ciudad, así como el hecho de que muchas propuestas culturales tengan un carácter más amateur.

Otra dimensión de importantes contrastes entre Tandil y Villa Gesell está dada por la influencia que tiene el turismo en el desarrollo de la actividad cultural. En este sentido, veíamos que Villa Gesell registra una variación significativa en su oferta cultural entre la temporada de verano y el resto del año, debido a la estacionalidad de su actividad turística, el perfil de la localidad como una “ciudad cultural” y a la importancia de movilizar a la cultura como un recurso para el desarrollo turístico y económico.

Por otro lado, hemos visto cómo muchos de los espacios culturales de estas localidades se ubican en sitios considerados patrimoniales en relación con ciertas narraciones histórico-identitarias propias de cada ciudad, hecho vinculado con la legitimidad de estos espacios así como con argumentos morales y pragmáticos en torno a la importancia del patrimonio.

Finalmente, resulta pertinente resaltar que nuestro desarrollo sólo abarcó algunas de las aristas que intervienen en la formación de la actividad cultural de estas ciudades, de forma que quedan otros elementos importantes a considerar, entre ellos, la influencia de las orientaciones políticas de sus gobiernos locales, su continuidad política en el tiempo (o la falta de ella), su alineación con los gobiernos provinciales y nacionales, etc. No obstante, esperamos que este capítulo haya contribuido a saldar la vacancia señalada en nuestra introducción en tono a las actividades culturales en ciudades no metropolitanas y proporcione algunos elementos para empezar a comprender sus ofertas culturales.

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  1. Nos referimos al Primer Foro de Cultura de la Costa, un espacio de debate abierto organizado por un colectivo independiente de la costa argentina que tuvo lugar en el mes de abril de 2017 en la Casa de la Cultura de Mar Azul.
  2. El autor clasifica como provincias metropolitanas a aquellas más pobladas y con mayor nivel de desarrollo económico (Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Provincia de Buenos Aires), mientras que las no metropolitanas refieren al resto de las provincias argentinas, menos pobladas, con menor desarrollo económico (Villarino, 2010).
  3. Este trabajo se enmarca en una investigación doctoral, financiada con una beca de CONICET, sobre prácticas y consumos culturales en las mencionadas ciudades no metropolitanas. Como hemos mencionado, la investigación se basó en un abordaje cualitativo y, en dicho marco, durante el período 2015-2019, realizamos 28 entrevistas semiestructuradas a diversos actores, más de 40 observaciones en espacios y eventos culturales y análisis de numerosas fuentes secundarias.
  4. Si bien la academia también estila utilizar el término de ciudad intermedia para este tipo de ciudades, hemos decido no utilizar dicho concepto, ya que acarrea toda una discusión acerca de cómo definir a dichas ciudades. Así, mientras algunos estudios optan por un criterio numérico (es decir, la cantidad de habitantes), otros trabajos dan primacía al rol de intermediación que cumplen estas ciudades. Para profundizar en esta discusión, ver Noel (2017) y Vapñarsky (1995).
  5. El partido se compone de cuatro localidades: Villa Gesell, Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul.
  6. Como destaca Noel (2013: 6), “los geselinos dividen el año en dos estaciones denominadas “la temporada” y “el invierno” y separadas por dos períodos más o menos liminales sin límites definidos. Así, en su formulación actual “la temporada” se extiende aproximadamente entre mediados de Diciembre y mediados de Febrero, y “el invierno” entre el Domingo de Pascua y el fin de semana largo del 12 de Octubre. Los periodos intermedios no tienen un nombre específico, y pueden adosarse a la “temporada” –sobre todo el comprendido entre Octubre y Diciembre o al “invierno”– en particular el que va desde mediados de Febrero a Semana Santa”.
  7. La Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, es una universidad pública creada en el año 1974. Su sede central se ubica en Tandil y cuenta otras dos sedes en las ciudades de Azul y Olavarría.
  8. Mar del Plata es una ciudad ubicada en la costa atlántica bonaerense. Tiene una población aproximada de 650.000 habitantes. Se encuentra a una distancia aproximada de 100 kilómetros desde Villa Gesell y de 170 kilómetros desde Tandil.
  9. Villa Gesell sólo cuenta con oferta educativa terciaria, por ejemplo, en trabajo social, música popular o un profesorado de enseñanza primaria.
  10. Es una de las calles principales de la ciudad, donde se ubican locales de venta de ropa, videojuegos, restaurants, entre otros. Asimismo, durante las noches de temporada de verano, esta avenida se convierte en peatonal entre los Paseos 104 y 108, siendo el escenario de numerosos artistas callejeros (por ello esta peatonal es conocida localmente como “el teatro más largo del mundo”).
  11. La Secretaría de Cultura, Educación y Deporte de Villa Gesell ofrece cada año alrededor de 90 cursos gratuitos y cuenta aproximadamente con 5.000 alumnos.
  12. Es una práctica por medio de la cual propiedades que se encuentran vacías o con espacios disponibles fuera de la temporada de verano, ceden el uso del espacio al municipio para la realización de talleres. Como contraprestación, son eximidos del pago de ciertas tasas municipales. Entre estos espacios podemos mencionar hoteles, comercios, iglesias, centros culturales, entre otros.
  13. Entre ellas, la Fiesta Nacional de la Diversidad Cultural, la Chocogesell, La Fiesta de Santiago Apóstol, la Fiesta de la Virgen de Copacabana, entre otras.
  14. Dicho espacio nace en el año 2013 del programa del Estado Nacional “Casas de la Historia y la Cultura del Bicentenario”, el cual financió un 40 por ciento de la obra, mientras que el 60 por ciento restante fue cubierto por el gobierno local.
  15. Los espacios INCAA son salas de cine ubicadas en distintas localidades del país que dependen del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Las mismas fueron creadas a partir del año 2004, cuando la Ley N° 17.714 crea el Programa Espacios INCAA, con el propósito de “garantizar la exhibición de las producciones cinematográficas argentinas […] en todo el territorio nacional”, entre otros (Ley N° 17.714).
  16. Para ejemplificar el peso que tiene el financiamiento de la UNICEN, tomaremos los datos del año 2020, en el cual el presupuesto asignado a dicha universidad fue de $2.995.585.972 -equivalente a USD 42.430.396 (El cálculo se ha realizado con la cotización promedio del dólar estadounidense del 2020: $70,6)-. Para ese mismo año el presupuesto municipal fue de $4.392.128.366,3 (equivalente a USD 62.211.500), de manera que el presupuesto de la universidad representa casi una séptima parte del presupuesto municipal para el mismo año. Ahora bien, si consideramos que a la Secretaría de Gobierno de la cual depende la Subsecretaría de Cultura y Educación le corresponde un 11,6% del presupuesto municipal, se puede comprender cómo el presupuesto que dispone la Universidad supera ampliamente los recursos municipales disponibles para cultura y educación.
  17. La Escuela de Arte de General Madariaga, dependiente del Ministerio de Educación de la Nación, comenzó a funcionar como Conservatorio de Música en el año 1989, hasta que se convirtió en Escuela en el año 1996. El profesorado en música popular que se dicta en el anexo de Villa Gesell fue creado en el año 2003.
  18. A grandes rasgos, estas rutas consisten en un folleto, que está disponible en las oficinas de turismo, con un mapa que señaliza cada uno de los espacios y detalla su ubicación. En algunos casos comparten un horario de atención y cuentan con una señalización en sus locales para mostrar la pertenencia al recorrido en cuestión. También, en algunos casos, difunden estos recorridos a través de páginas en redes sociales y medios locales.
  19. Por ejemplo, el Cerro y la Piedra Movediza, el Parque Independencia, El Calvario, El Centinela, la Reserva Natural Sierra del Tigre o el Lago de Fuerte.
  20. En esta instancia, cabe mencionar que Tandil, al igual que Villa Gesell, ha desarrollado desde principios de la década del dos mil su propia marca-ciudad. En particular, desde los comienzos de la gestión del intendente Miguel Lunghi en el año 2003, se comienza a promocionar a la ciudad bajo el eslogan “Tandil, Lugar Soñado” que “implicó asociar a Tandil con la imagen de un lugar donde se preservan las pequeñas escalas y la tranquilidad, pero que otorga servicios y atención calificada” (Calvento y Colombo, 2009: 273). Sobre esta base, es factible pensar que esta imagen general de la ciudad funciona para la gestión municipal como una especie de filtro para apoyar o no a ciertas actividades culturales, siendo más favorecidas aquellas propuestas que más se acerquen a esa idea de tranquilidad y calidad.
  21. A modo de ejemplo podemos mencionar la Fiesta del Salame y el Cerdo, la Fiesta del Queso Tandilero o el encuentro del Folclore y el Salame Tandilero en el marco del Festival de la Sierra.
  22. Tandil cuenta con un Calvario (ubicado en el Monte Calvario) que fue construido entre el año 1940 y 1943. El mismo constituye un gran atractivo para el turismo religioso. Como señala Capristo (2018: 81) dicho “Clavario está considerado tercero en el orden internacional como uno de los lugares de interés turístico más importantes y se conceptúa por sus características únicas en América y quizás en el mundo. Durante la Semana Santa de cada año se congregan personas de todo el país y del exterior”.
  23. Obtenido de https://bit.ly/3zofALr. Ultima fecha de consulta: 30 de agosto de 2021.
  24. Declarado Paisaje Cultural Protegido a nivel municipal por el Decreto Municipal Nº1562/04.
  25. Declarado Bien de Interés Histórico Nacional por Decreto Presidencial Nº784/13 en el año 2013.
  26. Declarado Patrimonio Histórico Cultural por Ordenanza Municipal N°1854/02 en el año 2002.
  27. Declarada Patrimonio Cultural de Villa Gesell por Ordenanza Municipal Nº2184/08 en el año 2008.
  28. Declarada de Interés Cultural por Ordenanza Municipal 2223/08 en el año 2008.
  29. Entrecomillamos el concepto de naturaleza en tanto implica una construcción social. Como señala Descola (2005, pp. 96-97) es imposible “trazar una frontera consensual entre aquello que ataña a la naturaleza y lo que ataña a la cultura”.
  30. Desde entonces, el funcionamiento del tren local fue pasando por diversas etapas. Por ejemplo, como señala Silva (2018: 168) “entre 2006 y 2012 estuvo suspendido el tren de pasajeros, servicio que […] se encuentra nuevamente interrumpido, desde el 30 de junio de 2016, a raíz de una medida del gobierno provincial”. Desde entonces, distintos actores políticos vienen reclamando al gobierno provincial y nacional por el regreso del servicio de trenes.
  31. Así, al momento de nuestra investigación funcionaban en espacios de la estación de tren o del barrio La Estación, el Taller Municipal de Picapedreros, la Incubadora de arte, el IPAT, el Centro Cultural La Vía, el Centro Cultural La compañía, el Teatro de la Confraternidad y la Biblioteca Juan A. Salceda.


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