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4 Desmetropolización y nuevas transiciones urbanas como oportunidad

¿Hacia ciudades cuidadoras
en escenarios post pandémicos?

Silvia Lilian Ferro

Introducción

En este capítulo se analiza en primer lugar, la potencial gravitación de la crisis global del cuidado en la desmetropolización es decir, la desconcentración demográfica desde las metrópolis hacia otras localidades de menor porte percibida en metrópolis latinoamericanas en los últimos años, donde se vislumbran nuevas fases de transición urbana. Para ello, se seleccionó la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), capital federal de la República Argentina, como estudio de caso recortando el período temporal de interpretación de datos e información a los últimos 10 años. Esta decisión metodológica se tomó en consonancia con lo apuntado por la literatura técnica de referencia: “En líneas generales, las ciudades de mayor tamaño son las que han estado creciendo menos en población desde los años setenta, posiblemente por tratarse de espacios geográficos más consolidados. Por el contrario, las ciudades de menos de 1 millón de habitantes son las que más han crecido en término medio, aunque dentro de ese escenario de desaceleración descrito anteriormente que, para este grupo de ciudades, ha sido más pronunciado en la última década”. (ONU Habitat, 2012: 28)

Seguidamente, se realiza un análisis prospectivo de posibles reconfiguraciones urbanas como consecuencia del impacto de la pandemia en la conjunción entre desmetropolización y crisis global del cuidado (Durán, 2011) en la región, teniendo en cuenta los profundos cambios demográficos, sociales, económicos y culturales- advertidos ya antes del escenario pandémico- que enfrentarán las sociedades latinoamericanas en las siguientes décadas y particularmente en países del área MERCOSUR.

La información obtenida e interpretada es resultado de la contrastación de información estadística construida tanto por organismos multilaterales internacionales, como de nivel nacional y metropolitano, con la información recogida en una muestra intencional por cuestionarios y confrontando finalmente estos datos con lo apuntado en la literatura académica de referencia en las temáticas seleccionadas. Por ser un muestreo no probabilístico sus resultados pueden ser considerados apenas exploratorios, precisándose de una muestra probabilística para obtener aproximaciones más precisas.

La aplicación de cuestionarios se realizó en la segunda mitad año 2020 a personas que decidieron dejar la CABA en los últimos diez años, luego de residir en ella de forma permanente, tanto en forma individual como con su grupo familiar y que están establecidos actualmente en otras ciudades y medios rurales del país. El cuestionario fue aplicado a través del formato online, dado el contexto pandémico imprevisto que contorneó esta investigación y, por tanto, fue autoadministrado. Combina posibilidades de respuestas cerradas, de escala de Likert y preguntas de respuesta abierta. La selección, creación y organización de las variables traducidas en la forma de preguntas del cuestionario siguió lo recomendado por Babbie (1999) en cuanto a estructura, coherencia interna y distribución de las variables en el instrumento. Las cuestiones de diseño fueron condicionadas por el formato de la plantilla de la herramienta digital utilizada (Google Forms). En algunos casos se consiguió repreguntar y ampliar información con entrevistas tanto a personas seleccionadas para el muestreo, como a miembros informantes de organismos públicos e investigadores académicos relacionados a la temática.

Los resultados obtenidos en el procesamiento de la información cuantitativa y cualitativa ratifican tendencias demográficas y urbanas observadas estadísticamente en la región, así como dimensiones innovadoras del conocimiento sobre el tema a consecuencia de la aplicación de la perspectiva de género, junto con el uso de categorías y desarrollos conceptuales de la Economía del Cuidado y de los estudios migratorios[1].

Transición urbana y desmetropolización

Considerada una consecuencia de la primera Revolución Agrícola (Service,1975) la experiencia urbana[2] en nuestra especie habría acontecido entre 6.000 a 7.000 años antes de nuestra era (Harari, 2018). El orden patriarcal, casi tan antiguo como la aparición de las ciudades en la experiencia humana asigna roles familiares y funciones sociales diferenciados, asimétricos y jerárquicos a hombres y mujeres. A lo largo de esta extensa etapa temporal (Saffioti, 2004), diferentes sociedades, o las mismas en diferentes momentos de su historia, habrían experimentados diversas intensidades[3] en su orden patriarcal imperante (Segato, 2016), justificándose esta situación discursivamente mediante diversos dispositivos normativos (Scott, 1996) que atribuyen significantes culturales, religiosos y políticos a la diferencia biológico-sexual de la especie humana.

A la construcción social de la femineidad, resultante del ethos civilizatorio patriarcal, le correspondería, además de una posición subalterna respecto de los hombres en la esfera pública y también en la doméstica, funciones específicas adscritas a ellas casi en exclusividad, derivadas de la interpretación sobre su rol en la procreación humana: el cuidado de la vida de los otros en todos sus aspectos, físicos, psíquicos, espirituales y culturales a lo largo del ciclo vital de cada persona de su entorno filial.

“Con la emergencia de la grilla universal moderna, de la que emanan el Estado, la política, los derechos y la ciencia, tanto la esfera doméstica como la mujer que la habita, se transforman en meros restos, en el margen de los asuntos considerados de relevancia universal y perspectiva neutra” (Segato, 2016: 117).

A pesar de los cambios sociales y comportamentales impulsados también desde la Modernidad por movimientos sociales como los feministas (Amorós, 2005) demandando igualdad de oportunidades respecto de los hombres en todas las actividades humanas, el cuidado sigue siendo imperativo para las mujeres y opcional para los hombres.

En Occidente, antes de la Revolución Industrial –cuyo inicio podríamos situar a finales del siglo XVIII– tanto la producción para el mercado como la producción de bienes y servicios de consumo familiar solían coincidir espacialmente en los hogares, propios o ajenos (Hufton, 1992), especialmente en las áreas urbanas[4]. Las dobles jornadas de trabajo de las mujeres de los sectores populares transcurrían caracterizadas por una distribución diaria del tiempo y del espacio de movilidad que cambiaría drásticamente con la generalización de las consecuencias de la Revolución Industrial (Williams, 2001). Con su consolidación, la fábrica se tornó el lugar privilegiado de la producción de bienes y servicios mercantilizados, situándose en un espacio físico diferenciado respecto de los hogares de trabajadores domiciliarios y de patrones. Esta nueva situación intensificada a lo largo del siglo XIX, potenció movimientos migratorios campo-ciudad en gran parte del mundo, acelerando la urbanización en forma sostenida.

Actualmente América Latina es la región mundial más urbanizada, aun cuando su desarrollo industrial fue y es mucho menor en escala y alcances respecto de lo ocurrido en el Norte Global: “Casi el 80% de su población vive actualmente en ciudades, una proporción superior incluso a la del grupo de países más desarrollados” (ONU Hábitat, 2012:11). Asimismo, según proyecciones realizadas por organismos internacionales multilaterales se estima que el 85% de la población latinoamericana estará viviendo en ciudades hacia el 2030 y su tasa de urbanización es prácticamente el doble de la existente en Asia y África (ONU Hábitat, 2012:18). Sin embargo, esta situación es resultante de un proceso histórico tan acelerado como desorganizado, especialmente desde la mitad del siglo XX en adelante: una característica de la región es que el giro rural-urbano se produjo en menos de 40 años (1950-1990), con un ritmo tan acelerado que califica como “explosión urbana” (ONU Hábitat, 2012:18).

Esta explosión urbana tuvo como trasfondo desigualdades crónicas en las estructuras socio-económicas de la región, provenientes del pasado colonial de nuestras sociedades, que se amplifican en la actualidad asumiendo la forma de segregaciones espaciales (Maricato, 2003) y con altos niveles violencias urbanas, marca distintiva también de muchas de las grandes ciudades de la región. América Latina no es la región más pobre en comparación con otras a escala global pero sí es la más desigual, tomando en cuenta un conjunto de indicadores que conforman un complejo donde se articulan cuestiones étnicas, territoriales, económicas y de género.

Precisamente la urbanización acelerada –sumada a otros procesos convergentes experimentados por la mayoría de las sociedades latinoamericanas– impactó profundamente en la esfera del cuidado debido a las dificultades, especialmente para las mujeres, de conciliar el trabajo remunerado extradoméstico con las responsabilidades del cuidado familiar, en ciudades velozmente crecidas espacialmente que requieren desplazamientos cada vez más consumidores de tiempos y energías entre los hogares y los lugares del trabajo remunerado extradoméstico.

Desde el último tercio del siglo pasado, las metrópolis latinoamericanas comienzan a mostrar signos de estancamiento demográfico y de salida de personas en número significativo que optan por residir en ciudades intermedias o en localidades más pequeñas en diferentes regiones del “interior” de los países.

El éxodo migratorio del campo a la ciudad ha perdido peso en la mayoría de los países. Las migraciones son ahora más complejas y se producen fundamentalmente entre ciudades, a veces traspasando las fronteras internacionales. También son relevantes los movimientos de población dentro de las ciudades, entre el centro de la ciudad y su periferia, así como entre centros urbanos secundarios[5]. (ONU Hábitat, 2012:17).

A pesar del estancamiento, cuando no decrecimiento poblacional en grandes ciudades, la mancha urbana sigue extendiéndose: “Las ciudades tienden a ocupar más suelo del necesario por crecimiento demográfico y urbano” (ONU Hábitat, 2012:32), produciendo una dificultad adicional a la movilidad pública, al extenderse la mancha urbana por acumulación especulativa de suelo y vivienda urbanos, lo que podríamos denominar “inflación espacial”. Esto es parte de procesos de especulación financiera in crescendo también desde el último tercio del siglo pasado, los que-entre otros impactos-desarrollaron burbujas inmobiliarias en gran parte del mundo y expresivamente en las metrópolis, explicando la extensión de la mancha urbana, a pesar del decrecimiento poblacional de las mismas señalado antes aquí.Al respecto, la CABA tiene el 24% de sus viviendas vacías (INDEC,2010), lo que implica casi un cuarto de la superficie urbana afectada por la expansión especulativa.

El intenso flujo migratorio entre ciudades es también una característica latinoamericana, en su magnitud, respecto del mundo: “El número de ciudades se ha multiplicado por seis en cincuenta años. La mitad de la población urbana reside hoy en ciudades de menos de 500.000 habitantes y el 14% en las megaciudades”. (ONU Hábitat 2012:17). El caso argentino sigue la tendencia regional (Noel, 2017).

Figura 1. Distribución de la población urbana argentina por tamaño del asentamiento urbano[6]. Serie histórica y proyecciones

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Fuente: UN DESA, 2019.[7]

Esto se verifica también en el muestreo intencional realizado para este estudio, ya que la mayor parte de las personas encuestadas dejó CABA en dirección a otra ciudad:

Figura 2. Respuestas a “Tipo de localidad donde reside actualmente”

Gráfico de las respuestas de Formularios. Título de la pregunta: Elija el tipo de localidad donde reside actualmente. Número de respuestas: 40 respuestas.

Fuente: Elaboración propia.

Dentro de los flujos migratorios interurbanos, encontramos un tipo específico denominado “desmetropolización” formando parte de lo que se ha denominado como nueva transición urbana[8], la cual estaría ligada directamente a otros cambios estructurales: “la transición urbana y la transición demográfica[9] se encuentran unidas, aunque sus vínculos son complejos; en general, los países que se urbanizaron antes experimentaron procesos de transición demográfica más tempranos” (Rodríguez y Villa, 1998: 34). Precisamente Argentina es uno de los casos –junto con Uruguay– de urbanización temprana y transición urbana con más correlación significativa respecto a la región.

Usualmente, las localidades de menor porte que reciben el flujo migratorio de salida de las metrópolis reciben nombres como ciudades “secundarias”, ciudades “dormitorio” y otras denominaciones que refuerzan su carácter satelital respecto de la metrópolis. Esto forma parte de procesos de conurbanización y periurbanización, es decir del desborde de la traza urbana metropolitana, que muchas veces integra a la misma a ciudades antes alejadas o separadas por un espacio semi-rural o hinterland rural. Este tipo de denominaciones, según Noel (2017) forman parte de miradas duales desde un punto de vista situacional de investigadores metropolitanos en gran medida, que no pueden captar por ello las dinámicas particulares de estas ciudades las que-aunque ligadas a las metrópolis en sus dinámicas-conservan identidades, rasgos y formas de vida mucho más autónomas de lo que connotan categorías que las designan apenas en su función dependiente de la metrópolis, independientemente de su tamaño;

Con poblaciones que oscilan entre los cientos de habitantes y unos pocos miles, estas pequeñas aglomeraciones no son las comunidades autónomas que el atavismo de muchos investigadores querría proyectar en ellas –su propio tamaño impide considerar esto con un mínimo de seriedad– pero tampoco son ciudades dormitorio, enclaves especializados o meros satélites parasitarios de las grandes urbes (Noel, 2017: 144)

Asimismo, según informan estudios técnicos de organismos internacionales las condiciones de facilitación de la desmetropolización en dirección a ciudades de menor escala, tiene que ver con lo que estas ciudades de acogida tienen para brindar y no solo con lo que las metrópolis dejan de ofrecer: “Los avances logrados en acceso a agua, saneamiento y otros servicios han aumentado el atractivo de las ciudades intermedias, lo que apunta a un mayor equilibrio del sistema de ciudades de los países.” (ONU Hábitat 2012:17). La contracara de este proceso es la profundización de las fragmentaciones urbanas “importadas” desde las metrópolis hacia las ciudades de acogida (Noel, 2018:1).

Esta apreciación se refuerza con el diagnóstico realizado por organismos internacionales, en cuanto a que:

Al factor del atractivo económico, hay que agregar otros, que van desde las ventajas de comunicación y localización –por ejemplo, las que brindan ciudades secundarias situadas cerca de una ciudad principal– hasta las externalidades negativas, reales o percibidas, vinculadas con muchas grandes aglomeraciones urbanas (entre ellos, mayores índices de violencia, la congestión del tráfico, altos niveles de contaminación o un coste de vida y del suelo urbano más elevado). (ONU Hábitat, 2012:24)

Analizando los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) de los últimos años, podemos constatar que en CABA la desmetropolización es un fenómeno feminizado. Los datos agregados demuestran una mayor continuidad de la residencia de hombres locales que de mujeres locales, lo que contradice la relación demográfica simple: entre residentes permanente de la ciudad a esa fecha, las mujeres representan el 53%, es decir, aun cuando los hombres son cuantitativamente menos que las mujeres, se sobrerepresentan entre quienes siendo oriundos de la ciudad (lugar de nacimiento) se mantienen residiendo en ella, especialmente en los rangos de edad comprendidas en la PEA[10] es decir, con capacidad relativa mayor que otros grupos etarios en la decisión de migrar.

Figura 3. Hombres residentes en CABA por lugar de origen y grupos de edad (Segundo Trimestre 2020)

Gráfico

Fuente: Elaboración propia en base a datos EPH (INDEC.

Figura 4. Mujeres residentes en CABA por lugar de origen y grupos de edad (Segundo Trimestre 2020)

Gráfico

Fuente: Elaboración propia en base a datos EPH (INDEC).

Como las mediciones del segundo trimestre del 2020 (último periodo disponible al momento de la redacción del presente texto) estarían impactadas por el inicio de la declaración mundial de la pandemia con cuarentenas y restricciones de movimientos internacionales, se desdoblaron para este estudio, resultados previos y posteriores a marzo del año pasado.

Tabla 1. Impacto por sexo del inicio de la pandemia en residentes de CABA por lugar de nacimiento y sexo (primeros dos trimestres 2020)

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Fuente: Elaboración propia en base a datos de EPH.

Cuando desagregamos los datos por edades, podemos ponderar el impacto diferencial en hombres y mujeres del movimiento poblacional afectado por el inicio de la pandemia según últimos datos trimestrales disponibles, podemos notar que la coyuntura de la emergencia sanitaria por COVID19, incrementaría la feminización de la desmetropolización.

El mayor dinamismo migratorio desmetropolizador femenino, puede entenderse en clave de estereotipos de género sostenidos por los resabios de un orden patriarcal que, a pesar de muchos avances característicos de la sociedad argentina, se resiste a abandonar su rol de organizador de la convivencia social y familiar. Este orden patriarcal, fuertemente contestado pero aun protagónico, sigue colocando sobre las mujeres las responsabilidades, casi exclusivas, del cuidado, tanto de la prestación de servicios gratuitos como de la gestión y organización de la prestación familiar de los mismos y en este sentido, las metrópolis ofrecen cada vez más obstáculos para una conciliación de los tiempos de la vida extra doméstica con la doméstica, principalmente por los horarios y desplazamiento que emergen de modelos de trabajo morfológicamente androcéntricos consolidados en el siglo XIX y que muestran una gran pervivencia en el presente, a los que se corresponden modelos análogos en la movilidad pública intraurbana.

Respecto a quienes se desmetropolizaron previamente a la pandemia, aun cuando se subraya el carácter exploratorio de la muestra intencional realizada, se observa que aun en el caso de parejas con o sin hijos, el impulso de traslado de residencia permanente lo toman las mujeres y los hombres siguen. En tanto los hombres respondientes vivieron en CABA en promedio 29,7 años, ellos lo hicieron 28,1. Ellos demuestran además una tendencia a la renuencia en cambiar de situación de residencia una vez dada.

Figura 5. Respuestas a la pregunta “Habitualmente piensa en volver a vivir en CABA?”

Gráfico

Fuente: Elaboración propia.

Consultados en respuesta cerrada respecto a las posibilidades de reversión del proceso: “¿Habitualmente piensa volver a vivir en CABA?”, predominó el “no” con el 65%. A quienes respondieron afirmativamente, se colocaron las siguientes opciones para elegir entre ellos la razón más importante del deseo de retorno, ordenadas aquí desde las más elegidas a las menos sin desagregar por sexo: “ocio, deportes y vida cultural”, ”cambiaron las expectativas iniciales mías y/o de mi grupo familiar”, “acceso a servicios de salud en la vejez”, “Acceso a estudios superiores de hijos/as u otros familiares” y ”disminución de las responsabilidades de cuidados a dependientes familiares”. Cuando correlacionamos por sexo de los respondientes a estas opciones, observamos que “acceso de servicios a la salud durante la vejez” y “cambiaron las expectativas iniciales de mi grupo familiar” fueron mayoritariamente marcadas como importantes por mujeres[11]. Ya en lo pertinente a estilos de vida típicamente como “ocio, deportes y acceso a cultura”, así como “acceso a estudios superiores para hijos/as u otros familiares” las respuestas manifestaron paridad en importancia y entre respondientes hombres y mujeres.

Esta feminización de la desmetropolización en CABA que indican las estadísticas -analizadas en diálogo con lo que sugieren las respuestas desagregada por sexo de la muestra intencional realizada- en confluencia con la desproporcionada participación de las mujeres en las responsabilidades del cuidado, tambien evidenciado estadisticamente, nos conducen a nuevos interrogantes para comprender mejor no solo las dinámicas, sinó también los impactos y prospectivas de este tipo de flujos migratorios interurbanos tanto en Argentina como en otros países.

En otras palabras, ¿cómo podemos comenzar a entender la gravitación del cuidado y su asimétrica distribución no sólo en el plano interpersonal-es decir entre hombres y mujeres en los núcleos de convivencia-sino institucional- entre familias, estados y empresas-como push factor desmetropolizador?

Desmetropolización y género

La literatura de referencia identifica que las grandes ciudades serían menos amigables para las mujeres en atención al sistema patriarcal de ideas, emociones y conductas que prevalecen en nuestras sociedades. Esto podría desglosarse a partir de lo identificado a continuación:

Los patrones de desplazamiento tienden a ser diferentes para mujeres y hombres. Ellas en general, dependen más del transporte público y tienden a realizar más viajes con diferentes fines. La complejidad de los patrones de desplazamiento de las mujeres está relacionada con el hecho de que tienden a hacer más tareas domésticas y cuidar a las personas en el hogar en comparación con los hombres, por lo que necesitan combinar el trabajo diario con viajes a la escuela, la guardería, centro de salud, compras (McGuckin y Nakamoto, 2005). Las mujeres también tienen más probabilidades de viajar para acompañar a otros miembros de la familia, como niños y ancianos. Dado que las mujeres tienden a tener menos acceso a los automóviles por razones culturales y socioeconómicas, dependen más del transporte público que los hombres. En América Latina y el Caribe, en promedio, más del 50% de los usuarios de transporte público son mujeres y, en el caso de Argentina, las mujeres representan más del 60% de los usuarios de transporte público en la ciudad de Buenos Aires (BID, 2017). Sin embargo, la mayoría de los sistemas de transporte público existentes en la región no están diseñados teniendo en cuenta las necesidades de las mujeres (BID, 2015). Esto se puede ver cuando los autobuses y las vías peatonales no tienen en cuenta las necesidades específicas de los cuidadores que viajan con cochecitos de bebé (que suelen ser mujeres) o cuando las paradas de autobús no están diseñadas para evitar largas caminatas a los centros comerciales y laborales, que pueden ser especialmente peligrosas por la noche en caminos sin vigilancia o mal iluminados. La falta de servicios de transporte diseñados de acuerdo con las necesidades específicas de hombres y mujeres se debe a las normas culturales y estereotipos de género existentes, que tradicionalmente asocian a las mujeres con los espacios domésticos y les impiden trabajar en el sector del transporte y participar en procesos de toma de decisiones para contribuir al diseño de mejores soluciones y así mejorar tu movilidad (Duren et al, 2018:28)

Desagregando estos problemas como posibles push factors con incidencia en la desmetropolización según información recogida en los cuestionarios aplicados, podemos desplegar las siguientes observaciones. Las diferencias por sexo en la movilidad urbana tienen que ver con la tensión entre un sistema de transporte público diseñado según necesidades de trabajadores masculinos desligados de responsabilidades de cuidado de otros como sí ocurre con las mujeres, eminentes cuidadoras sean trabajadoras asalariadas o no. Las responsabilidades del cuidado de otros generan una gama de actividades y trabajos que precisan de desplazamientos que en las grandes ciudades insumen tiempos y energías exponencialmente diferentes que en urbes más pequeñas, debido a que en las metrópolis “la mancha urbana sigue expandiéndose, a pesar de la desaceleración demográfica (ONU Hábitat, 2012:17).Esto se explica a partir de procesos recientes de latifundización urbana, complicando aún más la movilidad atendida con sistema de transportes públicos deficientes en la mayor parte de los casos nacionales latinoamericanos. En el muestreo los problemas asociados a la movilidad urbana como pull o push factor aparecen representadas en las respuestas “mejora en la calidad de vida suya y/o de su grupo familiar” y “mejor conciliación entre la vida familiar y laboral/productiva”.

Figura 6. Respuestas a la pregunta “¿Cuál es la razón más importante por la que decidió dejar de vivir en CABA?

Gráfico

Fuente: Elaboración propia.

Respecto a la variable “mejora en la calidad de vida” en particular, estudios etnográficos específicos sobre la desmetropolización de CABA en los últimos años informan que existen “actores entre los que se destacan jóvenes urbanos desencantados con el mundo metropolitano atraídos por el discurso de la vida verde” (Noel, 2017:135). En el muestreo intencional de este estudio la edad promedio es de 45,2 años por lo que aquí se verifican otros rangos etarios con expectativas similares. El indicador “mejora en la calidad de vida” es prioritario en la decisión de desmetropolizarse en un amplio rango etario en ambos sexos. Otro indicador que muestra la misma amplitud etaria es “costo de vida”, pero a la hora de decidir migrar es menos relevante que la inseguridad entre los hombres. Entre estos el indicador inseguridad como push factor aparece concentrada en la faja etaria de los ́30 y entre ellas tiene mayor amplitud de edad entre las respuestas que lo eligieron como razón para dejar la CABA.

Aunque podemos ver que la inseguridad no aparece como una razón preponderante en las respuestas de ambos sexos a las preguntas que indagan razones para dejar la CABA, es menester aclarar que la palabra inseguridad tiene una connotación reducida a delitos contra la propiedad y no incluye en su expresión popular a delitos contra la integridad corporal como violaciones y contra el asedio urbano con connotaciones sexuales, que sufren diariamente las mujeres en los espacios públicos de las ciudades. Sin embargo, aquí también aparece una diferenciación espacial y de género característica, si bien en los espacios públicos de las ciudades las mujeres sufren en mayor medida delitos como acoso sexual callejero, es en los hogares donde reside la mayor inseguridad de las mujeres[12] incluyendo femicidios y delitos contra la integridad sexual, aunque respecto de estos últimos son los cometidos en la vía pública[13] los que son más denunciados y donde más se constatan victimarios del tipo “agresor desconocido”. Lo que implica que este problema no es afectado por la escala urbana. En el caso de los hombres el lugar de mayor peligrosidad contra su integridad física es el espacio público en el sentido convencional del término.

En el caso específico de la violencia de género si bien comienza a ser más visibilizada desnaturalizando algunas conductas masculinas agresivas pretendidamente culturales en los espacios públicos urbanos que comienzan a ser tipificadas como delitos, la mayor frecuencia de agresiones de distintas modalidades y niveles contra las mujeres se dan en sus vínculos filiales, conyugales y noviazgos, es decir la inseguridad de las mujeres se experimenta con mayor frecuencia en domicilios.

La variable “vínculo con el agresor” presenta un 67,6% de completitud. Los vínculos de la víctima con un agresor que corresponde a las categorías “pareja” y “expareja” representan el 82,1% del total de casos de violencia contra las mujeres registrados. En sentido opuesto, la categoría “agresor desconocido” es casi inexistente (sólo el 0,3% de los casos remiten a esta condición).(INDEC, 2019:33).

Más mujeres jóvenes que hombres participantes de la muestra seleccionaron la variable “oportunidades laborales y de establecer emprendimientos comerciales” como pull factor para el desplazamiento y más hombres de diferentes grupos etarios que mujeres indicaron “constitución de pareja/unión estable/matrimonio” como factor explicativo de salida. Algunos de los respondientes de entrevistas seleccionadas a partir de las respuestas obtenidas en los cuestionarios, son personas que consiguen salir de la metrópolis a partir de su jubilación y otros no jóvenes que consiguen dejar de residir en CABA, aun cuando mantengan los vínculos laborales porque han dejado de tener responsabilidades de llevar y traer hijos/as a sus espacios educativos y de socialización por la mayor autonomía de estos. Otro caso se da entre jóvenes y adultos divorciados con co-parenting con acuerdos de visitas de hijos e hijas menores con régimen que posibilita fines de semana con uno de los progenitores generalmente hombres, que por ello pueden residir en localidad diferente a la de colegios y ámbitos de socialización cotidianos de los menores.

Asociado al hecho de que los costos de vida en las metrópolis son más altos comparados con los de ciudades de menor escala, uno de los elementos de mayor gravitación en las metrópolis está relacionado al precio y acceso a la propiedad urbana, es decir la vivienda. El enfoque de género en la propiedad urbana nos permite identificar los diferenciales que existen entre hombres y mujeres respecto no solo a la propiedad de la vivienda en sentido genérico, sino también en lo que respecta a la seguridad en la tenencia del hábitat y según tipo y condiciones de las viviendas.

Tabla 2. Distribución de los hogares según régimen de tenencia de la vivienda y sexo del jefe de hogar, CABA, 2019
Sexo del jefe de HogarTotalRégimen de tenencia de la vivienda
Propietario de la vivienda y el terrenoInquilino y arrendatarioTenencia precaria1
Total1.305.98853,635,211,3
varón51,827,518,85,5
mujer48,226,116,35,8
1 Incluye Propietario de la vivienda solamente, Ocupante en relación de dependencia por trabajo, Ocupante por préstamo, cesión o permiso gratuito, Ocupante de hecho de la vivienda y Otra situación.
Nota: excluye hogares sin información sobre régimen de tenencia. La suma de las cifras parciales difiere del total por procedimientos de redondeo.

Fuente: Dirección General de Estadística y Censos,Ministerio de Hacienda y Finanzas, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Aquí conviene aclarar que metodológicamente el Censo de Población y Vivienda, así como la sección Régimen de Tenencia de la Vivienda toman como unidad censal los hogares y no las personas[14]. Por tanto, esto dificulta conocer el gender gap real en la propiedad[15] de la vivienda urbana en Argentina. En primer lugar, porque cuando aparecen las mujeres solo lo hacen en calidad de jefas de hogar y esta categoría también contiene sesgos ya que se establece en forma individual, es decir la existencia de un jefe de hogar excluye la de una jefa. Como gran parte de las reivindicaciones de género basadas en el enfoque de derechos, esta perspectiva de jefes/as de hogares únicos y excluyentes, se basa en una dimensión individual. Desde el punto de vista epistemológico de este estudio esta forma de caracterizar la conducción de los hogares y núcleos de convivencia no puede dar cuenta de la organización real de las formas de vida y de la convivencia humana, urbana y no urbana, esta forma de clasificación binaria e individual parte del origen de la reproducción continua de desigualdades, a las que no puede solamente enfrentarse con derechos individuales que terminan siendo conculcados por inercias patriarcales que regulan relaciones interpersonales entre hombres y mujeres así como prácticas familiares en muchos casos.

El 46,2% de los hogares de la CABA cuentan con jefas de hogar mujeres (EAH, 2016) y en forma recíproca el restante sería el total de hogares con jefatura masculina, no contemplándose la realidad de los co-liderazgos económicos y decisorios realmente existentes en los hogares en la actualidad que son como mínimo bidireccionales, cuando no gestionados y liderados en forma cooperativa por varios integrantes del núcleo de convivencia con y sin vínculos de parentesco. En segundo lugar, porque una parte significativa de hombres y mujeres poseen otras viviendas que no son utilizadas como residencia del hogar, son inversiones financieras, así como fuentes de ingresos principales o complementarios en conceptos de alquileres. El caso del crecimiento significativo de las jefas de hogar es un proceso generalizable a la región latino-americana desde la segunda mitad del siglo pasado.

De 1980 a 2010 la jefatura femenina de hogares creció 15,5 puntos porcentuales (CNPHV) y entre 2011 y 2016 continuó creciendo de manera sostenida, pasando de 40,3% a 46,2% (EAH).” El 73,6% de las jefas de hogar propietarias tienen más de 51 años. Entre las jefas de hogar propietarias prevalecen las mujeres viudas (31,3%) y el 20,7% se encuentran en unión o casadas. Es decir que casi el 80% de las propietarias no conviven en pareja. Según el promedio de ingresos, se observa una superioridad en el ingreso total individual de los jefes de hogar sobre los ingresos de las mujeres jefas de hogar. (IVC,2018:3)

Tabla 3. Distribución por sexo de la propiedad de la vivienda en CABA según unidad de observación “hogares”

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Fuente: Elaborado en base a datos obtenidos y procesados ad hoc por área de Estudios Especiales, INDEC.

Si bien “el 55% de las jefas de hogar son propietarias de la vivienda y el terreno, el 32,3% son inquilinas y el 12,8% son propietarias de la vivienda, pero no del terreno, ocupantes por préstamos, por trabajo u otra situación” (IVC,2018:3), la mayor parte de esas propiedades están en el clasificador “resto de la ciudad” y gran parte de ella en situación de tenencia precaria y en asentamientos irregulares:

El 91,3% de las viviendas con jefatura femenina se encuentran ubicadas en la categoría “resto de la ciudad”, el 4,5% en inquilinatos, hoteles, pensiones e inmuebles usurpados y el 4,2% en villas de emergencia.” es decir “son las jefas de hogar con mayor vulnerabilidad tanto en términos de ingresos como por régimen de tenencia de la vivienda. (IVC, 2018:3)

Cabe interrogarse entonces ¿cuál es la incidencia como push factor desmetropolizador de la asimetría por sexo de la propiedad urbana? Dicho de otro modo ¿incide la cuestión de la desigualdad en la propiedad urbana por sí misma en la mayor movilidad interurbana de las mujeres? Desde el posicionamiento epistemológico que sustenta este estudio las asimetrías de género de la propiedad urbana además de tomar en cuenta los aspectos señalados antes aquí como el tipo de propiedad, la seguridad de su tenencia y la localización, debe ser correlacionada con la circunstancia de que en el caso de las propietarias las necesidades espaciales y habitacionales del cuidado de dependientes familiares y no familiares y la convivencia con animales no humanos[16] así como las edades de las proveedoras de cuidado y propietarias, gravitan de una forma diferencial que en el caso de los propietarios hombres.

Hacia ciudades care-friendly?

La asimetría en el reparto de las responsabilidades y trabajos de cuidados entre hombres y mujeres en los núcleos de convivencia, familiares y no familiares, genera una intensa y creciente conflictividad por el uso del tiempo en los espacios familiares y es contestada fuertemente en el debate colectivo por grupos y movimientos sociales que reivindican un reparto más igualitario, no solo en el plano interpersonal entre hombres y mujeres sino también entre familias, estados y sector privado, dado que se trata de una función esencial para la supervivencia de la especie y para la existencia y funcionamiento de cualquier sociedad.

La demanda de cuidados es universal y excede a los períodos de dependencia propios del ciclo vital de cada persona y de las circunstancias de salud-enfermedad. Esta demanda se resuelve con trabajos de cuidados que proveen tales servicios, gratuitos en la mayor parte de su volumen total implicado en la existencia de una persona:

Por trabajos de cuidados se entiende aquí al conjunto de prestaciones, tanto individuales, como grupales y colectivas que generan servicios altamente personalizados y que demandan inmensas inversiones de tiempos, energías físicas y especialización[17].Estos servicios de cuidados garantizan el bienestar biológico, psicológico, social y espiritual de otras personas que se benefician de ellos; sean prestados en forma remunerada como gratuita, sean prestados en hogares como en espacios públicos (Ferro, 2020:4).

A partir de mediciones de uso del tiempo por parte de sistemas estadísticos oficiales como el realizado ya en varias ediciones por el INDEC, se verifica para la CABA y el total nacional que en los grupos de edad a partir de 15 años existe un gran diferencial significativo entre el hombres y mujeres relevado dentro de la categoría “trabajo no remunerado”[18] donde se encuentra el trabajo familiar de cuidados de dependientes familiares e incluso de aquellos saludables con capacidad para cuidar de sí mismos, pero que eligen no hacerlo (Picchio, 2001)[19] por razones patriarcales. Este desentendimiento se refleja en la muestra realizada, ya que solo mujeres- y en sus ´30- eligieron el indicador “facilitación de acceso al apoyo familiar para cuidados gratuitos” -familiares que colaboran en la crianza de menores o en apoyo a mayores dependientes tanto por vejez como por otras dependencias-como relevante en las respuestas sobre las razones que impulsaron a dejar la CABA para residir en ciudades menores.

Independientemente del grupo de edad la participación de las mujeres en el trabajo de cuidados tanto familiares gratuitos como remunerados extrafamiliares es mayor, si bien en CABA la diferencia por sexo es menos marcada que en el total nacional. Esto es relevante para dimensionar el sostenimiento de la diferencia de tal contribución entre hombres y mujeres tanto en total nacional como en CABA, incluso en mayores de 60 años, titulares de hogares muchas veces con las mismas condiciones de salud.

Tabla 4. Tasa de participación por sexo y edad en el trabajo doméstico no remunerado, comparativo CABA, total nacional urbano
%18 a 2930 a 5960 y más
VaronesMujeresVaronesMujeresVaronesMujeres
Total nacional urbano5285,361,393,257,383,7
CABA54,877,766,592,760,787,2
Horas18 a 2930 a 5960 y más
VaronesMujeresVaronesMujeresVaronesMujeres
Total nacional urbano2,96,53,77,13,14,6
CABA2,23,83,85,52,94,5

Fuente: Elaboración propia sobre datos de la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo (Tercer trimestre 2013).

La facilitación del acceso a servicios gratuitos de cuidados está íntimamente relacionado a las deficiencias de la infraestructura pública de servicios de cuidados. Cuando decimos “infraestructura pública de servicios de cuidados” nos referimos a la materialidad de la provisión del cuidado en todas sus formas de prestaciones basado en el consenso, más tácito que expreso, desde el cual cada sociedad construye la organización social del cuidado. La suficiencia o insuficiencia en cada segmento de la organización de tales prestaciones es responsable directa de push and pull factors migratorios feminizados en sociedades tanto del Norte como del Sur Global.

El déficit creciente en tales infraestructura, primero en el Norte Global y luego extendiéndose a gran parte de Occidente y el mundo, originó demandas que no pudieron ser atendidas por las fuerzas “neutrales” del mercado en cada caso nacional, derivando en la creación de cadenas internacionalizadas del cuidado en dirección Sur Norte Global inicialmente en el último cuarto del siglo pasado y que su continuidad las que aunque reorganizadas en gran medida y reorientada en bloques regionales demuestran la profundidad y la indiferencia hacia lo que se ha denominado crisis global del cuidado.

Los generalizados déficits en las infraestructuras públicas de cuidados son expresión de la ausencia de discusión de este problema en la agenda política de las sociedades en general y de la falta de comprensión de la centralidad económica, política, social y cultural de la cuestión del cuidado y su gravitación en la sostenibilidad de la especie y de sus condiciones de vida[20]. Para medir esa (in)suficiencia se ofrece este cuadro de mapeo genérico de los sistemas de cuidados involucrados en su provisión pasible de aplicación en cualquier sociedad independientemente de la escala jurisdiccional:

Tabla 5. Sistemas universales de provisión de cuidados, según tipo y local de las prestaciones

tabla-5-cap-42_c

1 Aquí se concentran la mayor parte de las llamadas front line occupations, poco pagadas y muy desgastantes por la cercanía de las interacciones con beneficiarios y usuarios; no casualmente ampliamente feminizadas, especialmente visibles en el sistema de salud en el escenario pandémico.
Fuente: Ferro (2020: 59-60).

Un indicador muy útil para ponderar la gravitación de la demanda integral, efectiva y potencial de cuidados, es la relación de dependencia demográfica por grupos dependientes de CEPAL: “una medida demográfica para expresar la relación de la población, en términos de edad, entre las personas potencialmente activas y las personas potencialmente dependientes (inactivas). Normalmente se utilizan tres medidas: relación de dependencia total, infantil y adultos mayores.”[21]

Tabla 6. Relación de dependencia demográfica, por grupos dependientes. Comparación de proyecciones demográficas 2020-2050
Grupos depen­dientesPaís
ArgentinaBrasilParaguayUruguay
20202050202020502020205020202050
Total55,7757,3143,4859,2255,5350,3554,8561,73
Infantil38,0630,1329,7123,0544,9431,1431,1426,68
ancianos/as17,7127,1813,7636,1810,5919,223,3635,05

Fuente: Elaboración propia en base a datos de CEPALSTAT.

Dependencia total: Es el cociente entre la suma de los grupos poblacionales (población 0-14 + población 65 y más), en el numerador, dividido por la población de 15-64 años de edad, en el denominador, multiplicado por 100.

Dependencia infantil: es el cociente entre la población de 0-14 años, en el numerador, dividido por la población de 15-64 años, en el denominador, multiplicado por 100.

Dependencia de ancianos: es el cociente entre la población con 65 años o más, en el numerador, dividido por la población de 15 a 64 años, en el denominador, multiplicado por 100.[22]

 

Una limitación importante de este indicador es que la relación de dependencia demográfica se distribuye simétricamente entre hombres y mujeres a partir de los 15 años en cada país. Analizando otros indicadores, como el reparto del tiempo entre hombres y mujeres del trabajo remunerado y no remunerado para cualquier país –y en particular para la región aquí considerada– podemos inferir que los resultados de la tasa de dependencia por grupos poblacionales deberían distribuirse por sexo restando de los hombres su parte de las tareas de cuidados de los dependientes familiares que no dividen paritariamente con las mujeres. Considerando los porcentuales de trabajo no remunerado por sexo en cada país, podemos inferir que la tasa de dependencia ajustada y en media regional, para mujeres y hombres podría estar cerca de la relación 70-30 respectivamente. Estos ajustes en las mediciones correlacionando indicadores darían una aproximación más real de la “foto” de la asimetría.

En contrapartida el porcentaje de mujeres con dedicación exclusiva a tareas domésticas, “amas de casa” en el MERCOSUR no llega al 13% (Ferro, 2020) el resto de las mujeres activas está distribuida en las diferentes categorías de empleo y autoempleo. La ecuación es imposible: o se redistribuye o se minimizan tiempos. El protagonismo de las mujeres en la desmetropolización indica que es más fácil deslocarse con grupo familiar incluido, que conseguir negociar con éxito una redistribución interpersonal más equitativa en los hogares, así como sistémica entre familias, estado y sector empresarial.

Los límites de la planificación care blind

En pocas décadas la población comenzará a decrecer en forma sostenida en toda Latinoamérica. Argentina alcanzará su pico poblacional hacia el 2080 y comenzará a decrecer (UNDESA, 2020) como muestran las fuertes caídas de las tasas de fertilidad en la región y en el país.

Tabla 7. Esperanza de vida al nacer, serie histórica, comparativa y proyecciones
1950-551990-952020-252060-652095-100
HMHMHMHMHM

América Latina

49,455,965,772,172,979,280,784,785,188,6

Argentina

60,467,468,775,673,880,480,985,185,288,9

Fuente: Elaboración propia en base a datos de CEPALSTAT (2019).

Toda la región latinoamericana en pocas décadas alcanzará su pico de crecimiento poblacional, para comenzar a descender despacio e irreversiblemente como el resto del mundo, con algunas poquísimas excepciones. Lo que equivale decir que, la urgencia de creación de un mainstream público del cuidado no depende solo de la temporalidad en la llegada del pico poblacional o la intensidad de su transición demográfica, sino también de la insuficiencia del punto de partida. Es preciso planear la respuesta a esta demanda para Argentina y para el resto de países de la región, también como respuesta a reivindicaciones de equidad de género sostenidas por gran parte de las cuidadoras de nuestras sociedades, independientemente de las dinámicas poblacionales, aun cuando estas señalan urgencias.

Por tanto, la desmetropolización no tiene condiciones para revertirse durante el siglo presentando por el contrario mayores posibilidades de profundizarse. Eso posibilita anticipar los escenarios para las políticas urbanas en lo que respecta a alinearlos y conciliarlos con un fin primordial que es el cuidado de la calidad de los procesos de la vida, que a su vez permite considerar otros objetivos de política urbana coadyuvantes como “fortalecer los mecanismos redistributivos y de cohesión social y territorial.” (ONU Habitat, 2012:15).

Cabría pensar que la planificación urbana podría dar cuenta de estos problemas, aunque debido a experiencias con esta herramienta a lo largo del siglo XX[23], hay razones para pensar que fue muy sobredimensionada en sus posibilidades.

No cabe duda de que en América Latina y el Caribe, que ha sido el laboratorio de muchas innovaciones en los temas relacionados con la planificación y gestión de las ciudades, existen recursos y capacidad que permitirían impulsar un modelo de desarrollo urbano para el siglo XXI, un modelo centrado a la vez en el bienestar de las personas y su inclusión en la sociedad, un modelo que privilegie el empleo local, la diversidad social y cultural, la sostenibilidad ambiental y la reafirmación de los espacios públicos. (ONU Hábitat, 2012: 15)

La planificación urbana como forma de enfrentar las desigualdades que segregan espacialmente es una fe de origen desarrollista (Rolnik,1994) que aunque probadamente insuficiente sobrevive en el presente, como es evidente en el “Prólogo” de Joan Clos del Informe Estado de las Ciudades (ONU Hábitat, 2012:7): “La planificación urbana es la garantía del primer paso hacia la sostenibilidad económica, social y medioambiental de los espacios en los que la mayor parte de la población va a convivir en las próximas décadas: las ciudades”. Surgen entonces interrogantes como: ¿La planificación urbana puede por sí sola resolver las segregaciones espaciales decurrentes de desigualdades? y si así fuese ¿Qué rol podría tener la perspectiva de género en la planificación urbana para alcanzar tales objetivos?

Sin proponer en la perspectiva de este estudio dejar de lado esta herramienta, se ofrece pensarla auxiliando otras estrategias considerando las oportunidades que ofrecen las nuevas transiciones urbanas para colocar en el centro la cuestión del cuidado entendiendo los pull and push factors soterrados que su invisibilización política genera. Resolver por un lado la conciliación entre la vida laboral/profesional/empresarial y la familiar donde evidentemente la escala urbana es un factor muy relevante y por el otro, la redistribución sistémica de las responsabilidades del cuidado entre familias, estados y mercados donde la (in)suficiencia de la infraestructura pública de cuidados son factores coyunturales y estructurales respectivamente que pueden tramitarse en continuo y en simultáneo.

Las mujeres evidenciaron mayor impacto, también en términos migratorios interurbanos e internacionales, en el inicio de las restricciones por la pandemia como se observa en el siguiente gráfico mientras la situación de los hombres demostró pocas alteraciones. La declaración de pandemia global por la OMS fue realizada en marzo del año 2020 y ese mes es precisamente el final del primer trimestre utilizado en las mediciones de la EPH, lo que nos permite realizar un corte preciso para dimensionar las respuestas en la movilidad humana, ya que fue precisamente esa la principal variable colocada bajo restricción gubernamental por indicación de las autoridades sanitarias.

Con la llegada del mundus senectus[24] previsto por Agustín de Hipona, especialmente en las metrópolis como la CABA-proceso que no dejará de crecer al menos en el corriente siglo según las proyecciones estadísticas- ciudades con mejor oferta de infraestructura pública de cuidados y enfocadas en diferentes etapas del ciclo vital, como por ejemplo las que se especializan en servicios de cuidados y entretenimiento para la tercera edad existentes ya en diversos lugares del mundo, especialmente en USA[25], pueden ser laboratorios de ensayos de donde obtener experiencias para crear infraestructuras públicas urbanas especializadas en servicios de cuidados de infancia –o incluso de otros segmentos demandantes– porque por el momento[26]: “en Latinoamérica predomina la demanda de cuidados para la población infantil, pero el rápido envejecimiento de la población en varios países latinoamericanos muestra la necesidad de anticiparse a las próximas demandas sociales para poner los medios imprescindibles para su solución.” (Durán, 2011:15)

Conclusiones

Es menester considerar enfoques epistemológicos transversales e interseccionales como el de género con potencial para explicar aspectos estructurales de estas transformaciones. Pero también se señalan aquí, limitaciones teóricas y epistemológicas de la perspectiva de género en la cuestión urbana, porque se centra en derechos y reivindicaciones de las personas como igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y no en la distribución interpersonal y sistémica de actividades como la del cuidado que ordena estructuralmente los posicionamientos de unos y otras, generando y reproduciendo asimetrías en base al orden patriarcal imperante. No hay posibilidades de mejorar la equidad de género de la experiencia urbana, ni en ningún otro aspecto, entre hombres y mujeres sin redistribuir el cuidado a escala tanto interpersonal como sistémica. Por eso aquí se propone colocar en el centro del análisis al cuidado y desde allí discutir cuestiones de equidad y redistribución entre proveedores del cuidado.

La feminización de la desmetropolización en el caso CABA, supera la simple asimetría demográfica y puede tener relación en primer lugar con el mandato patriarcal que sigue pesando sobre las mujeres de ser las garantes primordiales de la calidad de los procesos de la vida de los integrantes de sus núcleos de convivencia. Mejores condiciones estructurales de conciliación de la vida laboral y las responsabilidades familiares pueden conseguirse minimizando la escala de los desplazamientos, entre otros factores coadyuvantes.

El cuidado siempre estará gravitando y condicionando la presencia de hombres y mujeres en cada actividad humana porque es su condición de posibilidad. Así como el cuidado, la casa-habitación es una necesidad vital humana decurrente de la misma vulnerabilidad que hace al cuidado el verdadero garante de la existencia de todas las formas de vida y particularmente la humana. La morada es la primera infraestructura de la existencia corporal humana, pasamos cada vez menos tiempo al aire libre, las horas de intemperie cada vez se reducen más. La pandemia incrementa exponencialmente esta tendencia al encierro, ahora prescrito como cuarentenas medidas sanitarias de contención a la expansión del contagio, pero que se verifica como tendencia previa a la pandemia.

Ciudades organizadas con foco en la provisión y demanda de cuidados tienen la potencialidad de incluir también aspectos ambientales, los cuales están muy presentes en las ciudades y no solo en las áreas rurales como el entendimiento común los supone. Los seres humanos en tanto especie Homo sapiens somos animales y por tanto constituimos un ambiente en sí mismo en el contexto de nuestra convivencia interrelacionada con otras especies del mundo animal y vegetal; así como nuestro hábitat y convivencia están posibilitadas y condicionadas también por minerales. Todo lo vivo depende de ser cuidado para sostener su existencia y de la misma forma pensar las interacciones equilibradas entre seres orgánicos e inorgánicos, humanos y no humanos, es igualmente pasible de ser alcanzado por el cuidado como variable explicativa integral para una experiencia urbana sostenible e inclusiva.

La actual pandemia global por COVID 19 deflagrada desde marzo de 2020 y sin solución de continuidad al momento de entrega de este capítulo vuelve a recrear la situación coyuntural de organización social preindustrial para mujeres y hombres de diferentes sectores sociales, dando lugar a nuevos interrogantes acerca de sus posibles consecuencias en la organización social de los cuidados. Las tendencias del home office y del teletrabajo- ya en desarrollo antes de la pandemia- sin redistribución por sexo más democrática de las responsabilidades domésticas y del cuidado sumados a las sobrecargas igualmente asimétricas del cuidado de los menores en aspectos educativos como el llamado home schooling no son apenas transformaciones impulsadas por la “nueva normalidad” sanitaria .Es el viejo y conocido patriarcado, reloaded, que gravita todavía en la organización familiar y social del cuidado, esta vez profundizado en nombre de la emergencia sanitaria global.

Por otra parte, esta conjunción crítica de emergencia sanitaria y de crisis global de cuidados junto con la profundización de la desmetropolización y el cercano fin del crecimiento demográfico en el mundo, en la región y en el país, puede ser también una oportunidad para reorganizar ciudades a partir de la infraestructura pública de servicios de cuidados enfocada en ciclos vitales específicos o de amplio alcance etario, que podría convivir con tendencias de profundización de las actividades de “encierro” como el teletrabajo y otros cambios tecnológicos que capitalizan algunos sectores sociales. En tanto los proveedores de servicios remunerados de cuidados, actividad que transcurre en el encierro doméstico ajeno en su mayor parte siguen siendo para los más vulnerables de nuestras sociedades latinoamericanas, las mujeres pobres, oscuras y madres solas, que precisan residir en proximidad de los demandantes de sus servicios de cuidados, aunque la realidad las posiciona en las áreas más precarias y alejadas de los centros metropolitanos.

Dado que el trabajo de cuidados domiciliario gratuito o remunerado tiene un alto componente relacional, afectivo y de proximidad difícilmente consiga ser suplantado en lo esencial por los desarrollos tecnológicos como en otras formas de trabajo seriados. Demandantes de cuidados y cuidadores ya sean individuales e institucionales precisan estar localizados con mucha proximidad y ese puede ser un criterio de reorganización social y espacial de la convivencia humana que demuestra tener históricamente vocación masiva de vivir en ciudades.

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  1. Asimismo, estos resultados iniciales son parte del proyecto de investigación postdoctoral “Desmetropolización y cuidados. Estudio de casos comparados en el área MERCOSUR”, supervisada por el Dr. Gabriel Noel, responsable del proyecto Migraciones y transformaciones sociales en aglomeraciones medianas y pequeñas de la Argentina en perspectiva comparada (PICT 201-0102), Centro de Estudios Socioterritoriales, de Identidades y de Ambiente de los Núcleos de Estudios Migratorios y de Estudios Urbanos, Instituto de Altos Estudios (IDAES), Universidad Nacional de San Martín.
  2. Puede ser vista como un fenómeno irreversible,ya que desde su inicio hasta la actualidad vivir en ciudades nunca dejó de ser la opción preferida, más allá de ciclos de aceleraciones y ralentizaciones.
  3. Segato (2016) plantea que antes de la expansión colonial europea sociedades con las originarias de América no estaban libres de relaciones patriarcales en muchos casos, pero eran patriarcados de baja intensidad con un poder de agencia y de incidencia de las mujeres en sus comunidades mucho mayor que la que se sedimentaron luego de las relaciones coloniales que imprimieron en tales sociedades patriarcados de alta intensidad.
  4. Olwen Hufton (1992) da cuenta de aspectos diferenciales de movilidad campo-ciudad entre hombres y mujeres, antes y en los albores de la Revolución Industrial en Europa, debido a los estereotipos de género que condicionan las ocupaciones y movilidad de unos y otras, siendo las mujeres, especialmente jóvenes, quienes fueron más significativas –temporal y cuantitativamente– que los hombres en las migraciones campo ciudad.
  5. También llamadas “ciudades satélites” o “ciudades dormitorio”.
  6. El caso argentino es un caso monocéntrico, es decir apenas una metrópolis concentradora de población a lo largo en su devenir histórico, ya Brasil presenta un esquema policéntrico con más de una metrópolis, así como otros países de la región presentan modelos bicéntricos. Esto es importante a la hora de planificar estudios de desmetropolización comparados, especialmente a escala MERCOSUR.
  7. https://bit.ly/2Wn5Ra1. Última fecha de consulta: 30 de agosto de 2021.
  8. “Podemos afirmar que en América Latina y el Caribe se están conformando las condiciones para una nueva transición urbana, tanto en lo que se refiere a recursos, como a capacidad, creatividad y a cierta voluntad política tanto de los gobiernos locales como nacionales” (ONU Hábitat, 2012: 7).
  9. Se entiende por transición demográfica “al paso de un régimen tradicional, de mortalidad y fecundidad elevadas, a un régimen moderno, de mortalidad y fecundidad reducidas […] un marco de análisis de las relaciones entre los cambios en las variables demográficas y los cambios económicos, sociales y culturales (Zavala de Cosio,1992: 14-15).
  10. La Población Económicamente Activa (PEA)está integrada por las personas que tienen una ocupación o que sin tenerla la están buscando activamente. Está compuesta por la población ocupada más la población desocupada. (INDEC)
  11. Las mujeres son mayoría entre quienes respondieron el cuestionario. Una distribución más paritaria entre los respondientes en un muestreo probabilístico por conglomerados sería lo ideal para contrastar resultados con en este muestreo exploratorio, en especial en lo referente a este indicador.
  12. La legislación de CABA define la violencia de género como “toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, se ejerce contra las mujeres y otras personas en razón de su género, su identidad y/o expresión de género y su orientación sexual, afectando su vida, libertad, dignidad e integridad, como así también su seguridad personal” Extraído de https://bit.ly/3Bf4fxN. Última fecha de consulta: 30 de agosto de 2021.
  13. Se solicitaron datos desagregaqdos por sexo al Ministerio de Seguridad de la Nación quien elabora mapas de delitos y estadísticas de alcance nacional y metropolitano, sin que a la fecha de publicación de este estudio se haya obtenido respuestas.
  14. Se agradece la colaboración de la Dirección Nacional de Difusión y Comunicación, área Trabajos Especiales del INDEC por la diligente colaboración en el suministro de datos primarios para desarrollar este tema.
  15. También de la propiedad rural, aún más opaca que la urbana.
  16. Sin considerar animales de corral y/o de granja declarados como en el cuestionario, la tasa de mascotas por respondientes de la muestra es de 1,53 respecto de 0,77 de media de hijos/as menores de edad, amplia mayoría entre el universo de hijos/as declarados como convivientes. Lo que puede inferirse como tendencia de comportamientos “no especistas” en los núcleos de convivencia urbanos.
  17. La “especialización” en el trabajo de cuidados es una cuestión debatida porque es una palabra que se identifica con saberes técnicos y científicos acreditados. Aquí se entiende por especialización a la personalización, o sea a la orientación y adaptación a las características y preferencias del destinatario de esos servicios (Ferro, 2020).
  18. Aunque habitualmente aparecen el trabajo doméstico y el trabajo de cuidado como dos dimensiones diferenciables del trabajo no remunerado, en la línea epistemológica que sustenta este estudio se considera al trabajo doméstico sea remunerado o gratuito dentro del trabajo de cuidados porque por ejemplo la limpieza de los hogares constituye una parte importante de la higiene práctica indispensable para la preservación de la salud humana. El mantenimiento de esa diferenciación complica innecesariamente la medición estadística del trabajo de cuidados.
  19. Esta autora señala que en nuestras sociedades un varón adulto sano promedio, casado /unido en cualquier forma de convivencia con una mujer, o residiendo en un hogar con otra/as mujer/es de su grupo familiar, les demandan tanta cantidad de trabajo de cuidados como un niño de 5 años.
  20. Las condiciones de vida, son el piso mínimo de bienestar exigible por una sociedad cambiando siempre en dirección progresiva. Son expectativas de calidad de vida que se van sedimentando a lo largo de su historia demandadas actualmente por vastos colectivos. Existiendo además la tensión entre lo suficiente para atender necesidades básicas y lo deseable en términos de expectativas de consumo social y mercantilmente construidas (FERRO, 2016).
  21. https://bit.ly/38ltiCK. Última fecha de consulta: 30 de agosto de 2021.
  22. https://bit.ly/3kyzSvg. Última fecha de consulta: 30 de agosto de 2021.
  23. A finales del siglo XIX Dardo Rocha idealiza y realiza una ciudad nacida desde la nada para ser capital de la provincia de Buenos Aires siguiendo todos los avances de la planificación urbanística de la época. En Brasil el propio idealizador y realizador de la ciudad de Brasilia, Oscar Niemeyer, reconoce que Brasilia la ciudad creada con el propósito de nacer y existir como capital federal en el medio del Planalto en apenas año y medio 1956-67 en medio de la etapa desarrollista en el gobierno del presidente Juscelino Kubitschek, no consiguieron conculcar a pesar de surgir de laboratorios de planificación urbanística, las fuerzas de la desigualdad social que crean en la traza urbana la segregación, discriminación y el deterioro urbano que se llevan puestos todos los dibujos y cálculos prospectivos. (cf. Minutos 14-15:30 y 16-17:30 en https://bit.ly/3jmxatH. Última fecha de consulta: 30 de agosto de 2021).
  24. El teólogo cristiano Agustín de Hipona (conocido por la Iglesia Católica como San Agustín) que vivió entre los siglos IV y V de nuestra era propuso dividir el ciclo de vida humana en seis edades: pequeña infancia (infantia), infancia (pueritia), adolescencia (adolescentia), juventud (juventus), madurez (gravitas) y vejez (senectus)” en analogía con las edades del mundo antes de su final (Le Goff, 2015:18). En la opinión de la autora de este capítulo la clasificación en seis etapas de la vida humana es muy útil a la hora de ponderar políticas de cuidados focalizadas en ciclos vitales.
  25. En USA son comunes hace tiempos los condominios y barrios cerrados exclusivos para adultos mayores asi como en Brasil a la par de la tendencia a la condominialización, barrios cerrados, tan caracteristica en las ciudades brasileras ya surgen condominios especificos para adultos mayores (https://bit.ly/2UTSfST. Última fecha de consulta: 30 de agosto de 2021) una tendencia que se va a consolidar y que cuenta con el apoyo de autoridades públicas en muchos casos aunque sean iniciativas de “mercado”. En Argentina existen ya ciudades turísticas especializadas en el turismo de esta franja etaria como las Termas de Río Hondo en Santiago del Estero y aunque la tendencia al barrio cerrado todavía está muy segmentada hacia sectores medio altos y altos hay ya claras evidencias de ciudades que además de estar envejecidas en su estructura demográfica atraen también este tipo de residentes permanentes como se verifica en Mar del Plata y ciudades de las serranías de la provincia de Córdoba.
  26. En cuanto a previsiones demográficas y prospectiva de escenarios para sistemas nacionales de cuidados en países del MERCOSUR se destacan las disparidades. Según datos de UN DESA (2020) y CELADE- CEPAL. En tanto, otros países del área ya “gastaron” su bonus demográfico y crecen más despacio, Brasil está con crecimiento poblacional expresivo y va a ser el primero de los países del área MERCOSUR en alcanzar el pico poblacional hacia el 2045 y tendrá a partir de allí, una disminución mucho menos brusca que la subida. Situación parecida tiene Paraguay que alcanzaría su pico poblacional hacia el año 2070. Países pioneros en urbanización, como Argentina y Uruguay tienen el pico proyectado hacia el final del siglo: 2080 e 2085 respectivamente. Junto con la caída de las tasas de fecundidad este fenómeno adquiere la forma gráfica de una “tijera”: caída de la fecundidad y subida de la esperanza de vida.


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