Agenda policial y prensa de referencia durante la transición democrática en Argentina
María Paula Gago
Introducción
Desde el regreso a la democracia en Argentina en 1983, las ciencias sociales han producido una extensa cantidad de estudios sobre el delito (Gago, 2020). Dadas las características de este trabajo, no es posible referenciar la vasta producción bibliográfica que abarca desde el estudio del sistema penal y carcelario hasta políticas públicas y seguridad humana; por este motivo, solo se referencian aquellos trabajos que están en vínculo directo con el objeto de estudio de este artículo, es decir, las narrativas mediáticas del delito.
Exceptuando los estudios que se centran en el análisis de las características retóricas, temáticas y enunciativas de las crónicas rojas (Brunetti, 2011; Ford, 1994; Steimberg, 2000), como los trabajos de Saítta (2013) y Caimari (2012) sobre la prensa popular, concretamente el diario Crítica en las décadas de 1920 y 1930 respectivamente, y otros estudios específicos que se enfocan en los relatos del delito en la prensa durante la última dictadura (1976-1983) (Dosa, Comolli, Santanna y Dadamo, 2002; Gago, 2017), predominan las investigaciones que examinan la producción, la circulación y el consumo mediático del crimen y la violencia en la vida cotidiana desde 1990, con énfasis en el componente securitario (Focás, 2020; Gutiérrez, 2011; Galvani et al., 2015; Calzado, 2015; Calzado y Morales, 2021; Martini y Pereyra, 2009; Morales, 2016; Santagada, 2017; Kessler, Becerra, Aruguete y Raimondo Anselmino, 2022; Zaffaroni, 2012).
Sin embargo, no hay una abundante producción acerca de las narrativas mediáticas sobre el delito durante el período 1983-1989 en la prensa gráfica de circulación nacional. Entre los principales antecedentes directos al tema, se hallan los trabajos de Vilker (2006), centrado en el análisis de dos semanarios especializados en el policial, uno de tendencia sensacionalista y el otro investigativo; el de Kessler (2010), en el marco de un libro más amplio sobre el período alfonsinista, que expone en un subcapítulo las características de las agendas mediáticas sobre el delito. Finalmente, Galar (2016) y Gayol y Kessler (2018) analizan, en cuanto que problemas públicos, un conjunto de muertes que se constituyen en casos policiales conmocionadores, ocurridos en la historia reciente argentina.
Estas indagaciones aportan claves interpretativas sobre la mutación que se produce en los relatos policiales de la prensa durante la década de 1980. No obstante, no abordan de modo específico las agendas policiales de los diarios objeto de este trabajo durante la transición a la democracia. Por lo tanto, esta carencia señala la pertinencia y el potencial aporte de este capítulo para los estudios de prensa y delito en la historia reciente, desde el punto de vista del análisis del discurso.
Los objetivos planteados en estudios previos (Gago, 2018), que se basaron en describir las dimensiones temática, retórica y enunciativa de la agenda policial para comprender la lógica de producción de la noticia sobre el delito en una coyuntura excepcional como fue la última dictadura ocurrida en la Argentina, permitieron corroborar que el análisis de los sumarios policiales permite caracterizar las épocas en las que ocurrieron. En consecuencia, la hipótesis que orienta este trabajo sostiene que el contexto social e histórico influyó en sus agendas policiales, esto es, la “descomposición” (Quiroga, 2004) que experimentó el régimen militar luego de la derrota en la guerra de Malvinas (1982) incidió en los criterios de noticiabilidad de los medios analizados y en la clave interpretativa de los crímenes y delitos ocurridos en ese entonces.
En particular, en el presente trabajo se analizan las agendas policiales de dos de los principales diarios de referencia argentinos de circulación nacional –Clarín y La Nación– luego de la derrota en la guerra de Malvinas (1982) y hasta la asunción del presidente electo democráticamente Raúl Ricardo Alfonsín (1983). El objetivo es comprender de qué manera el contexto histórico y social incidió en los sumarios informativos policiales de cada medio, teniendo en cuenta que el estudio de la noticia policial resulta fructífero para comprender y recorrer la historia argentina reciente. La categoría de delito es flexible, cambiante y por eso histórica (Ludmer, 1999), y la noticia policial –considerada la sección “blanda” de los periódicos, cuyo fin es el de nutrir el “morbo” de las audiencias– es implícita o explícitamente una noticia política (Saítta, 2013), dado que solicita acciones del Estado, delimita una concepción sobre qué es el bien y qué es el mal, asigna funciones a la Policía, a la Justicia, delinea modelos delictivos, victimarios y víctimas, entre otros (Ludmer, 1999). En este aspecto, la importancia de estudiar las narrativas mediáticas sobre el delito radica en la importancia de los diarios y de los medios de comunicación como actores políticos (Borrat, 1989) que buscan influir en la toma de decisiones del sistema político del que forman parte y de su rol como formadores de opinión pública y difusor de los imaginarios sociales (Baczko, 1999).
Metodología
La metodología utilizada para analizar el corpus es cualitativa y combina las categorías de la sociosemiótica (Verón, 1993) y del análisis del discurso (Benveniste, 1999). Se enfoca en las dimensiones temática, retórica y enunciativa del corpus, considerando sus condiciones de producción, con el objetivo de entender las características de los sumarios informativos policiales durante el período transicional.
Verón (1993) distingue dos aspectos en la investigación de discursos sociales: producción y reconocimiento. El análisis de producción clasifica el discurso según sus reglas de generación, conectándolo con otros discursos similares. El análisis de reconocimiento reconstruye las reglas de interpretación del discurso. Por lo tanto, un discurso puede tener una sola gramática de producción, pero múltiples gramáticas de reconocimiento (Verón, 1993). Esta distinción teórica subraya que el análisis de las reglas de producción de un discurso no permite predecir sus efectos en reconocimiento.
El análisis discursivo de este trabajo se centra en las condiciones de producción de cada publicación, abordando sus niveles temático, retórico y enunciativo. La perspectiva sociosemiótica postula que el sentido se materializa en los discursos y es en el nivel enunciativo donde se construye el vínculo entre un medio y su audiencia, por este motivo, propone una primera separación y posterior rearticulación con la teoría de la enunciación (Benveniste, 1999), puesto que esta provee las herramientas para proceder al análisis de las dimensiones temática (el qué), retórica (cómo) y enunciativa (efectos de sentido).
En el nivel temático, es crucial diferenciar entre los motivos o rasgos temáticos (Segre, 1985), los cuales, al articularse, conforman el tema propiamente dicho, es decir, la “categoría semántica que atraviesa todo el texto” (Zecchetto, 2002, p. 197). En cuanto a la dimensión retórica, ésta se refiere a las formas expresivas, a cómo se puede decir o mostrar algo (Zecchetto, 2002). Dentro de este nivel, se analizan los subjetivemas, esto es, los adjetivos y sustantivos que sirven para nombrar, evaluar y calificar. También se estudian las figuras retóricas y las finalidades que se persiguen con el uso de estos recursos. En el nivel enunciativo, el análisis se centra en el vínculo que el enunciador construye con el enunciatario a partir de marcas como los deícticos de persona, tiempo y espacio, y las modalidades de enunciación y enunciado.
En consecuencia, en esta investigación se analizan los discursos periodísticos del corpus en sus dimensiones temática, retórica y enunciativa, prestando atención a las marcas y huellas que revelan los componentes enunciativos: enunciador, destinatario y el vínculo entre ambos.
Sobre el corpus
Para poder realizar este trabajo, se acotó un corpus que satura un sistema completo de semejanzas y diferencias (Barthes, 1993). Está conformado por un total de 1136 unidades informativas, de las cuales 641 pertenecen al diario Clarín y 495 a La Nación. La elección de estos dos medios se debe a su amplia circulación y a su notable influencia en la opinión pública. Aunque ambos pueden ser clasificados como prensa de referencia según la tipología de Steimberg (2000), o sea, diarios enfocados en noticias de economía y política tanto nacional como internacional, y que emplean un discurso informativo y argumentativo para construir la imagen de un enunciador objetivo que dice la verdad, presentan diferencias en sus contratos de lectura (Verón, 1985).
Clarín fue fundado por Roberto Noble, abogado, político y periodista argentino, el 28 de agosto de 1945. Desde su primer editorial, se autodefinió como un medio independiente de los partidos políticos tradicionales (Ulanovsky, 2005). El diario se dirigió desde sus inicios a un público masivo, lo que se refleja en su variedad de suplementos y secciones, incluyendo una dedicada a noticias policiales. Desde su inicio contó con un diseño ágil que articulaba imágenes y texto escrito. Sivak (2013) y García (1997) destacan la habilidad de Noble para comprender el mundo de la prensa y visualizar oportunidades comerciales. Por ejemplo, tras la expropiación del periódico La Prensa en 1951, Noble se apropió del negocio de los avisos clasificados. También Clarín buscó acuerdos con el gobierno de Juan Domingo Perón, con lo que obtuvo beneficios en papel, créditos bancarios y publicidad (Sivak, 2013). Sin embargo, entre finales de los 50 y principios de los 80, adoptó el ideario del desarrollismo nacional (Borrelli, 2016). En 1975, mostró ambivalencia en su posición sobre el gobierno de Isabel Martínez de Perón, apoyando tanto la resolución institucional de la crisis como la intervención militar contra la guerrilla (Borrelli, 2016). Durante la dictadura, Clarín defendió el régimen militar y criticó la política económica de Martínez de Hoz (Borrelli, 2016), y obtuvo acciones en Papel Prensa junto a La Nación y La Razón. En 1983, la relación con el presidente Alfonsín fue tensa. Héctor Magnetto, CEO desde 1972, profesionalizó la empresa buscando mayor libertad en política y negocios y la derogación del artículo 45 de la Ley de Radiodifusión, que impedía a los medios gráficos adquirir licencias de radio y televisión. Sivak (2015) señala que Alfonsín estableció límites a ese expansionismo dado que les permitió tener una radio, pero no un canal de televisión, y esa decisión favoreció el enfrentamiento entre su gobierno y el matutino.
En el caso de La Nación, su origen se remonta a 1870, cuando fue fundada por el periodista y político argentino Bartolomé Mitre. La creación del diario se inscribió en el marco de su proyecto político e intelectual, articulado con el proceso de consolidación del Estado nacional, del cual Mitre había sido presidente entre 1862 y 1868. Desde entonces, cultivó un estilo sobrio y argumentativo, consolidándose como un actor relevante en la opinión pública sobre temas políticos, económicos y sociales (Sidicaro, 1993). Entre fines del siglo XIX y fines del XX, se transformó en una pujante empresa periodística, eje de varios proyectos editoriales de relevancia. Bajo el lema de ser una “tribuna de doctrina”, el diario adoptó una perspectiva liberal-conservadora, centrada en la defensa del orden institucional y de las libertades económicas, representando los intereses del gran empresariado nacional, en particular el ligado a los sectores rurales. Esta orientación lo llevó a legitimar distintos golpes militares bajo la premisa de restaurar el orden público e institucional, incluido el del 24 de marzo de 1976. Durante la dictadura posterior apoyó la restauración del orden público y la “lucha antisubversiva”, pero fue distanciándose del proyecto económico que, pese a tener una retórica liberal, no redujo el peso estatal en la economía. Luego obtuvo beneficios directos, como su participación accionaria en la empresa de papel para diarios Papel Prensa S.A., donde fue socio del Estado junto a los diarios Clarín y La Razón en negociaciones promovidas por el régimen. Hacia el final de la dictadura, comenzó a dar cuenta de algunas críticas sociales, aunque sin revisar su apoyo a la lucha contra la “subversión”.
Durante 1982-1983, el diario no tenía sección policial, por lo que el reconocimiento de las noticias policiales se hizo a partir de considerar sus rasgos genéricos (Bajtín, 1982). Desde el punto de vista temático, los relatos sobre el delito se centran en crímenes que involucran a personas de sectores populares, reflejando la complejidad social y los cambios políticos, económicos y culturales que reconfiguran los modos de vida. Estas narrativas, con una intención política, moralizante y educativa, construyen identidades de víctimas, delincuentes, el Estado, la policía y la Justicia, de modo de exigir orden y control social (Ludmer, 1999). Predominan en ellas un tipo de retórica “sensacionalista” y la fuente predominante es la policial. Asimismo, la crónica es el género más utilizado para reportar delitos dado que les permite a los periodistas emplear recursos literarios dentro de un formato de no ficción. La clave no es solo informar sobre un hecho en particular, sino cómo se narra esa historia, con el cronista desempeñando simultáneamente los roles de detective y narrador.
Resultados
La oferta informativa
Dentro del tema propiamente dicho, que es el policial, en los sumarios informativos de La Nación y Clarín se identificaron, a excepción de uno, motivos temáticos idénticos. En Clarín se relevaron un total de 641 noticias. Entre las unidades menores de contenido, se reconocieron como predominantes los siguientes: asesinatos políticos, asesinatos, muertes en incendios, siniestros viales, drogas, violencia en el fútbol, policías asesinados en hechos delictivos, suicidio y asaltos.
En la muestra relevada, la mayor cantidad de unidades informativas fue sobre asesinatos (258), mientras que la menor cantidad se registró en aquellas noticias referidas a narcotráfico (8). Como Clarín contaba con secciones, a excepción de los asesinatos con connotaciones políticas que se ubicaban en la sección “Política”, el resto de las unidades informativas se situaban en la sección “Policía”.[2] La diferencia entre ambos tipos de noticias se realizaba, fundamentalmente, en función de los actores involucrados. Las noticias policiales se ubicaban, en general, entre las páginas 30 y 36, aunque esto variaba en cada ejemplar. La sección “Política” era lo primero con lo que se encontraba el lectorado, dado que se ubicaba en las páginas 2 y 3.
Por su parte, de las 495 unidades informativas relevadas en La Nación, se identificaron las siguientes unidades menores de contenido: asaltos, asesinatos, asesinatos políticos, noticias judiciales, muertes en incendios, policías asesinados en situaciones delictivas y siniestros viales.
En términos cuantitativos, las noticias sobre asesinatos políticos fueron las que más se contabilizaron en la muestra seleccionada, un total de 220 unidades informativas, siendo la de menor cantidad diez noticias sobre muertes en incendios. Como se mencionó, La Nación no contaba con una sección específica para policiales, por lo cual las noticias sobre el delito compartían la misma superficie redaccional con otras como, por ejemplo, las unidades informativas sobre asesinatos políticos −como los ya mencionados casos Dupont y Cambiaso y Pereyra Rossi−, el estado del tiempo o el reclamo de familiares por personas desaparecidas durante el período dictatorial. Las páginas en las cuales se solían publicar estas noticias eran la 12 o la 14.
Si bien ambos diarios compartían los motivos temáticos predominantes, se verifica que en Clarín se incluyen noticias sobre suicidios, tópico ausente en la oferta informativa de La Nación dentro del periodo analizado.
Finalmente, Clarín incluía una mayor cantidad de unidades informativas sobre asesinatos sin connotaciones políticas, mientras que en La Nación preponderan en términos cuantitativos los asesinatos políticos (donde ambos tipos de noticias, asesinatos con o sin connotaciones políticas, compartían superficie redaccional). En Clarín, en cambio, se consideró el motivo temático “asesinato político” al ser ubicadas este tipo de noticias en la sección “Política”.
Las formas expresivas
En La Nación se identificó en un 77 % de las unidades informativas analizadas, tanto en los titulares como en su desarrollo, la utilización de la cronografía, por ejemplo: “En las últimas horas de ayer se conocieron las identidades de las dos víctimas del macabro hallazgo en un pozo ciego de una casa quinta […] de la localidad de Moreno” (La Nación, 3 de octubre de 1982, p. 12). También, se reconoció en 85 % de los titulares y en el desarrollo de las noticias la incorporación de subjetivemas (sustantivos, adjetivos y frases) para calificar el tipo de delito, la víctima y el victimario, y en un 90 % la utilización de verbos impersonales. Por ejemplo: “Detúvose a 5 sujetos que asaltaban a homosexuales” (La Nación, 3 de octubre de 1982, p. 12); “Asesinaron a golpes a un bailarín del Teatro Colón” (La Nación, 20 de junio de 1983, p. 8); “Conociéronse detalles sobre una organización de narcotraficantes” (La Nación, 25 de junio de 1983, p. 11). En el 33 % restante, se verificó que en un 25 % del corpus no se identificaron figuras retóricas específicas, sino la prevalencia de un lenguaje de corte descriptivo y denotativo: “Está fuera de peligro el taxista asaltado” (La Nación, 13 de octubre de 1982, p. 6). Mientras que en el 8 % se reconoció la hipérbole (por ejemplo: “Duro golpe al tráfico de drogas”, La Nación, 23 de junio de 1983, p. 14).
En Clarín se identificó en un 65 % de las unidades informativas analizadas, tanto en los titulares como en su desarrollo, la utilización de la hipérbole como forma de titular (por ejemplo: “Trágica explosión”, Clarín, 18 de junio de 1983, p. 36). En un 85 % la cronografía en el desarrollo de las noticias: “Habrían sido detenidos los responsables de Simón Cimerman, hecho ocurrido a fines de 1980 en un hotel céntrico de Mendoza” (Clarín, 4 de octubre de 1982, p. 34). Asimismo, se registró en el 97 % de los titulares la incorporación de subjetivemas (sustantivos, adjetivos y frases) para calificar el tipo de delito, la víctima o al victimario: “Dictan prisión preventiva para un policía asesino” (Clarín, 17 de junio de 1983, p. 38). En el 35 % restante, se verificó que se utilizó un lenguaje descriptivo y no se identificaron figuras retóricas definidas, por ejemplo: “Asaltan oficinas de una empresa” (Clarín, 17 de junio de 1983, p. 38).
En perspectiva comparativa, no hay diferencias acentuadas entre ambos diarios en cuanto a la utilización de subjetivemas en titulares y en el desarrollo de las noticias para caracterizar el tipo de delito, la víctima o el victimario, como tampoco en la apelación a la cronografía como figura retórica predominante en el desarrollo de la noticia. En donde se verificaron mayores discrepancias es en el uso de la hipérbole como figura retórica para titular, y Clarín resultó el que más utiliza ese recurso, mientras que La Nación apela a la utilización de verbos impersonales en titulares, forma expresiva que no se reconoció en Clarín (véase figura 1).
Figura 1. Comparación cuantitativa de figuras retóricas y formas expresivas utilizadas en Clarín y La Nación

Fuente: elaboración propia (2024).
Finalmente, en relación con los asesinatos políticos, se verificó que en ambos diarios se utilizaban palabras propias del relato policial como “asesinato”, “testigos”, “fuentes policiales” y otras como “desaparición”, “secuestro”, “fuerzas parapoliciales” o “terror”. Tal como se mencionó en el apartado sobre la oferta informativa de cada diario, la diferencia radicó en que Clarín incluía estas noticias en la sección “Política”, mientras que en La Nación compartían espacio de la superficie redaccional con crímenes y delitos comunes.
El nivel enunciativo
Sobre un total de 495 unidades informativas relevadas, se identificó que en La Nación el 55,5 % fueron crónicas y se utilizaron para la cobertura de delitos y crímenes comunes. El 43,03 % restante fueron noticias, que pertenecen al género informativo, y se emplearon para la cobertura de asesinatos con connotaciones políticas junto con 7 editoriales (1,43 %), del género de opinión, referidas a estos casos.
En Clarín, de los 641 artículos seleccionados, 469 unidades informativas (73,16 %) fueron crónicas utilizadas para la cobertura de hechos policiales. Asimismo, se relevaron 5 editoriales (0,78 %) y 167 noticias (26,05 %) para la cobertura de asesinatos políticos. En ambos casos, se publicaron en octubre de 1982 y en mayo de 1983, a propósito de los asesinatos de Dupont y Cambiaso y Pereyra Rossi (véase figura 2 para una síntesis comparativa).
Figura 2. Géneros periodísticos utilizados en La Nación y en Clarín en noticias policiales y en noticias sobre asesinatos políticos

Fuente: elaboración propia (2024).
En relación con los recursos expresivos utilizados para titular y para construir un vínculo con su lectorado, se identificó que en La Nación se utilizaron en el 87 % del corpus las aserciones. En un 7 %, las falsas personificaciones –citas directas obtenidas de declaraciones que se entrecomillan y emplean para titular–, y en el 6 %, interrogantes amplios. En el caso de Clarín, se relevó que el 92 % de las formas de titular fueron aserciones, el 6 %, falsas personificaciones, y el 2 % restante, interrogantes amplios (véase figura 3).
Figura 3. Modalidades enunciativas utilizadas para titular
en La Nación y en Clarín

Fuente: elaboración propia (2024).
En el desarrollo de las crónicas de ambos diarios, hubo una tendencia a la utilización del modo potencial. En este sentido, se observó la predominancia de verbos como “habría”, “podría”, entre otros. Finalmente, en lo que respecta a los deícticos de persona, las unidades informativas y los editoriales relevados no llevaban firma y no se identificaron los pronombres personales “yo”, “tú”, “nosotros”, “ustedes”. En los artículos analizados, se reconoció la utilización del sustantivo propio “Clarín” o “La Nación” para aludir al enunciador, como, por ejemplo: “fuentes policiales a las que accedió Clarín” o “según supo La Nación”.
Discusión
A inicios de 1982, la dictadura militar atravesaba un periodo de vulnerabilidad debido a la crisis económica y a las crecientes denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos. En este contexto, el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri buscó renovar el régimen con un plan político a largo plazo y una política económica ortodoxa para abordar problemas que el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz (1976-1981) no había resuelto, como la inflación y la reducción del peso del Estado en la economía. El conflicto armado con el Reino Unido, que comenzó el 2 de abril de 1982 y finalizó el 14 de junio de 1982, fue un intento arriesgado de ganar apoyo popular mediante la cuestión de las Malvinas, con el objetivo de reforzar la posición del gobierno. Si una solución diplomática hubiera llevado a un diálogo sobre la soberanía, el escenario futuro podría haber sido muy diferente. No obstante, los errores cometidos en cada paso del proceso resultaron en una rápida transición hacia la democracia, y dejó a los militares sin manejo de la situación. Dado que las condiciones sociales e históricas de producción influyen en los procesos de producción discursiva (Verón, 1993), es precisamente a partir de considerar estos condicionantes como se interpretan los resultados obtenidos.
Desde el punto de vista temático, se verificó la coexistencia de noticias sobre delitos comunes y asesinatos políticos en los sumarios informativos de ambos medios. La presencia de secciones permite a un diario jerarquizar la información y, de este modo, facilitar al lectorado el reconocimiento de noticias de corte policial y distinguirlas de aquellas que tenían vínculo con las prácticas represivas desplegadas por el gobierno dictatorial. En consecuencia, Clarín, que contaba con secciones, ubicaba deliberadamente los asesinatos políticos como, por ejemplo, los ya mencionados asesinatos de Dupont y Cambiaso y Pereyra Rossi en la sección “Política”. Pero, en el caso de La Nación, al no contar con secciones, ambos tipos de noticias convivían en la superficie redaccional. Sin embargo, era posible diferenciar entre el delito común y los crímenes políticos a partir de palabras clave que funcionaban como frames (Entman, 1993). Por ejemplo, en La Nación, es interesante indicar que, aun cuando en un primer momento adhirió a la versión oficial, que sostenía que el crimen de Dupont era de índole privada y por motivos económicos, utilizaba términos que no eran propios de la jerga policial como “desaparición” o “desaparecido”: “… la desaparición de Dupont estaría relacionada con aspectos estrictamente privados. Es dable agregar que el desaparecido es propietario de una importante agencia de publicidad que atraviesa por una difícil situación económica” (La Nación, 2 de octubre de 1982, tapa). Unos días después del asesinato, se observa un cambio en la forma de interpretar el evento en un editorial titulado “Un crimen que debe aclararse” (La Nación, 10 de octubre de 1982, p. 8), donde el periódico señalaba que, si bien otros crímenes similares habían ocurrido en las últimas décadas, el caso de Dupont alcanzaba mayor significación “como síntoma de una época triste de la historia argentina, la realidad es que este nuevo episodio ha golpeado con fuerza inusitada” (La Nación, 10 de octubre de 1982, p. 8).
En lo relativo al orden retórico, los diarios presentaban algunas diferencias en cuanto a las formas expresivas, y esto se vincula con su contrato de lectura. Si bien ambos pueden definirse como prensa de referencia, Clarín apuntaba al “gran público”; en efecto, como parte de la renovación que impulsó su secretario general, Marcos Cytrynblum, a partir de 1976 Clarín dedicaría más espacio para los deportes, los policiales y los espectáculos, con abundancia de fotografías. Las tapas privilegiarían un título principal, y se haría recurrente la utilización de grandes tipografías al estilo de la prensa sensacionalista. El diario incluiría temáticas de la vida cotidiana y la farándula y notas “color” para un público masivo (Borrelli, 2016). Esto explica la apelación de Clarín a ciertos recursos textuales de la prensa amarilla como la hipérbole. Asimismo, ratifica la apreciación de Steimberg (2000) sobre el carácter endeble de las fronteras que permitían diferenciar la prensa seria de la prensa sensacionalista en los años 80. En el caso de La Nación, se apeló a un discurso de tipo informativo para comunicar hechos policiales con el fin de construir una imagen de enunciador objetivo que decía la verdad. También, se verifica un corrimiento leve en el contrato de lectura del diario dado el lugar que les otorgó a las noticias policiales en su oferta informativa. Probablemente, esto se vincule con los fenómenos de regulación (Verón, 2004), esto es, con la competencia en el mercado y la influencia de otros medios de comunicación.
En ambos diarios se verificó el uso de la cronografía para la descripción cronológica de los eventos y los personajes, con el fin de favorecer la comprensión del devenir de los hechos policiales, y de subjetivemas que permitían caracterizar el tipo de delito y delimitar una imagen de la víctima y el victimario. A partir de la utilización de estos últimos recursos expresivos, brindaban al lectorado claves interpretativas para poder diferenciar entre casos delictivos, de corte “estrictamente policial”, y aquellos que eran políticos.
Cuando ocurrían asesinatos y las víctimas presentaban, por ejemplo, rasgos de torturas, Clarín y La Nación explicitaban si el caso tenía o no connotaciones políticas. Por ejemplo, el 15 de octubre de 1982, Clarín informaba sobre un doble crimen ocurrido en el centro de la Ciudad de Buenos Aires. Como los cadáveres presentaban signos de martirio y los victimarios habían utilizado un silenciador en el arma de fuego, esto favoreció la hipótesis de un caso con aristas políticas. Sin embargo, el diario jerarquizó la noticia en la sección “Policía” y, en el desarrollo de la nota, explicitaba que era un crimen sin vínculo con el gobierno dictatorial: “… descontando que en este posible ‘ajuste de cuentas’ han intervenido personas altamente entrenadas […] los investigadores se inclinan a suponer que se hallan frente a una organización de ‘profesionales’ de gran capacidad operativa” (Clarín, 15 de octubre de 1982, p. 28). La Nación, por su parte, informaba hacia octubre de 1982 sobre el “presunto secuestro de un hombre” en el barrio de Palermo y desde el título aclaraba: “No fue un secuestro sino una detención” (La Nación, 10 de octubre de 1982, p. 12). En el desarrollo de la crónica, puntualizaba:
… causó alarma en el barrio de Palermo el presunto secuestro de un hombre quien (…) profirió gritos de auxilio […]. No obstante ello, La Nación puede informar que lo que en principio se pensó era un secuestro fue la detención de un imputado por un delito común (10 de octubre de 1982, p. 12).
Este “brío” por diferenciar entre crímenes políticos y delitos comunes pone de manifiesto, por un lado, cómo ambos medios –a pesar de no centrarse en la noticia policial en sus agendas informativas o privilegiarla– se asumían como fuentes con capacidad de discernir y diferenciar la información policial de aquella que no lo era. Y, por el otro, cómo influía sobre sus criterios de noticiabilidad y en la interpretación de los hechos policiales el contexto social e histórico en el que los medios “descubrían” las prácticas represivas desplegadas por el gobierno militar, a la vez que se inclinaban por la defensa de “la República y el imperio de la ley” –sin ninguna autocrítica sobre su comportamiento durante el período–. Aunque entre 1976 y 1978 se empleó una retórica policial para comunicar sobre la “lucha antisubversiva” (Gago, 2018), hacia 1980 los delitos, incluso aquellos que no tenían vínculos comprobables, se ponían en relación con el gobierno dictatorial.
De acuerdo con Borrat (1989), los diarios, en cuanto que actores políticos, asumen el rol de narradores, comentaristas y participantes frente a los acontecimientos de la realidad social. Del análisis realizado se infiere que Clarín y La Nación ocuparon indistintamente los roles de narradores y comentaristas, a pesar de los intentos de este último por borrar marcas enunciativas. El comportamiento asumido por cada medio se infiere a partir de que, en los casos de delitos o crímenes comunes, predominaba la crónica. Al tratarse de un género interpretativo (Díaz Noci, 1995), posibilitaba la articulación de información con el punto de vista del cronista, y eso generaba que los diarios asumieran el rol de narradores y comentaristas de los hechos policiales. En ambos diarios predominó como modalidad de enunciación la aserción para titular, lo cual marca distancia entre enunciador que sabe y afirma y enunciatario que no sabe, a la vez que pone de manifiesto una modalidad de enunciado que connota seguridad en la presentación de la información; sin embargo, los diarios modalizan las aserciones con el uso del potencial en el desarrollo de las crónicas, dado que no siempre contaban con la información confirmada por parte de las fuentes policiales.
Como proponen Gayol y Kessler (2018) y Ludmer (1999), cada momento histórico tiene sus propios delitos y su estudio contribuye al conocimiento de la coyuntura en la que ocurren: en este caso, un período en el que la debilidad del gobierno dictatorial aceleró el camino hacia la restauración de la vida democrática y en donde las prácticas represivas se tornaban intolerables.
Sin embargo, sin contradecir lo anterior, hay que hacer una salvedad en el caso de La Nación. Si bien, por un lado, criticaba la acción de los grupos que reavivaban el miedo, por otro, justificaba su papel frente a los delitos. En un editorial de julio de 1983, el diario argumentaba que, ante el aumento de la criminalidad en Buenos Aires, la combinación de patrullas policiales identificables y vehículos sin identificación era esencial para mantener el orden público:
… prueba de ello fueron las épocas en que la represión de la subversión determinó un gran énfasis en el aspecto preventivo, lo que derivó […] en una singular disminución de la delincuencia común por temor a sus exponentes a ser confundidos con terroristas (La Nación, 22 de julio de 1983, p. 8).
Esto pone de manifiesto el sostenimiento de su posicionamiento favorable sobre el control social basado en el terror, postura que se reconoce vigente en editoriales y notas de opinión publicados bajo períodos democráticos (La Nación, 30 de octubre de 1990, p. 8; La Nación, 23 de noviembre de 2015, s.p.; La Nación, 20 de julio de 2020, s.p.).
Para finalizar, es importante señalar que las interpretaciones presentadas en esta pesquisa se circunscriben al corpus analizado. El material sobre el que se trabajó constituye una muestra no probabilística (Hernández Sampieri et al., 2010); por lo tanto, no es estadísticamente representativa del universo de periódicos argentinos que se publicaron durante el período, dado que, si bien el estudio se realiza sobre los dos principales diarios de circulación nacional, deja por fuera, por ejemplo, a la prensa sensacionalista y a la prensa local. De aquí que quede pendiente profundizar en el estudio de las agendas policiales en otros medios de prensa, ya sean de referencia, populares, de alcance nacional y local. No obstante, se tomó en consideración el corpus porque un diseño cualitativo se centra en la exploración de la realidad sin intenciones de generalizar y extrapolar los resultados a un universo más amplio que el delimitado para el trabajo de campo, y su análisis permitió acceder al conocimiento, siempre parcial, de la labor de los medios, con sus matices y contradicciones, hacia el final de un período que se caracterizó por la manipulación informativa, motivada por la censura de las fuentes oficiales de información, la autocensura y los intereses pecuniarios.
Conclusiones
En este trabajo se ha analizado la agenda policial de los diarios La Nación y Clarín entre 1982 y 1983 para comprender qué características asumieron sus sumarios policiales en sus dimensiones temática, retórica y enunciativa, desde el punto de vista de sus condiciones de producción. A continuación, se exponen de manera esquemática los principales hallazgos resultantes de la investigación.
Hacia el final del gobierno dictatorial, se verificó la inclusión de crímenes políticos en los sumarios informativos y un esfuerzo deliberado de los medios por diferenciarlos del delito común. Este tipo de prácticas aparecían como inadmisibles y como un peligro inminente para el camino hacia la restauración de la vida democrática. Sin embargo, como se señaló, para La Nación el control social basado en el terror había sido necesario no solo para combatir la subversión, sino para disminuir la delincuencia común. Por lo tanto, si bien no avalaba “esta abundancia de hechos oscuros” (La Nación, 7 de octubre de 1982, p. 12), reconocía la importancia de la represión en la lucha antisubversiva y su carácter preventivo en hechos policiales. Desde el punto de vista temático, se pudo comprobar lo afirmado: en las agendas informativas de La Nación y Clarín, convivieron noticias con connotaciones políticas y noticias de delitos comunes. Asimismo, los crímenes políticos incidieron en la clave interpretativa de los diarios en torno a los hechos delictivos: hacia 1980 los delitos eran puestos en relación con el gobierno. En consecuencia, se desarrolló un discurso informativo que arrojó luz sobre eventos delictivos comunes en clave política. Tras la derrota en Malvinas y la descomposición del régimen dictatorial (Quiroga, 2004), se configuró un discurso informativo que comenzó a cuestionar las acciones de los “grupos parapoliciales descontrolados” que cometían delitos contra civiles.
En cuanto a la dimensión retórica y enunciativa, se aprecia que ambos medios utilizaron la cronografía como figura retórica predominante para facilitar la comprensión de la información, y se diferenciaron en cuanto al uso de la hipérbole para titular, en función de sus contratos de lectura. Asimismo, se comprobó el uso de recursos textuales como palabras o conjuntos semánticos clave que brindaban herramientas a su lectorado para que pudiera discernir entre noticias policiales sin connotaciones políticas y aquellas que sí las tenían. En este sentido, Clarín realizaba una jerarquización de los hechos de acuerdo con la sección en la que los ubicaba, mientras que en La Nación el reconocimiento y la diferenciación se lograban por los actores de la noticia y la utilización de palabras clave como “desaparición”, “tortura”, entre otras que remitían a las prácticas represivas desplegadas durante el período. Ambos diarios compartieron la característica de asumirse como fuentes que evaluaron, clasificaron y distinguieron la información policial de aquella que tenía reminiscencias políticas.
Las conclusiones confirmaron la hipótesis inicial en torno a que la noticia policial no es un segmento neutral, sino que lleva consigo una carga de intencionalidad política al tematizar sobre víctimas, victimarios y plantear demandas hacia el Estado, la Justicia y la policía. También, cada momento histórico supone sus propios modelos delictivos y delincuenciales, y, a partir de su estudio, es posible contribuir a la explicación y comprensión de la coyuntura histórica y social en la cual suceden. Se reserva para otros estudios avanzar en el análisis de las agendas policiales de Clarín y La Nación durante el período 1983-1989, bajo un gobierno democrático, para comprender en perspectiva diacrónica variaciones y continuidades en torno a las claves interpretativas sobre el delito y el control social.
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- Este capítulo fue originalmente publicado en la revista European Public & Social Innovation Review – Epsir, 9, 1-20.↵
- En el período analizado, ocurrieron dos asesinatos políticos que se constituyeron como casos conmocionantes (Fernández Pedemonte, 2010), como lo fueron el secuestro y posterior homicidio del publicista Marcelo Dupont (octubre de 1982) y el de los militantes de la organización Montoneros Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi (mayo de 1983). El caso del asesinato de Dupont –quien era publicista y hermano de un exdiplomático que había efectuado una denuncia pública contra el almirante Emilio Eduardo Massera por el caso del asesinato de Elena Holmberg, diplomática secuestrada y asesinada en 1978– quedó ligado en su proyección pública con el crimen de Holmberg, mientras que los homicidios de Cambiaso y Pereyra Rossi involucraron a efectivos de la policía bonaerense (ambos militantes habían sido secuestrados en un bar de Rosario, torturados y luego asesinados).↵






