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Capítulo 2. La eliminación de las becas para varones y sus consecuencias (1889-1907)

En este capítulo estudiaremos las gestiones de Alejandro Carbó (1889-1892), la segunda intervención de Torres (1892-1894), y las de Leopoldo Herrera y Víctor Dupuy (1894-1907). En cuatro apartados, presentaremos, en el primero y segundo, las reacciones de los directores alrededor de la decisión del Ministerio de eliminar y luego restituir las becas para varones, en el tercero ilustraremos las repercusiones que tuvieron otras medidas de los ministros, como el cierre del Profesorado de Jardín y el nuevo recorte a las becas de varones; y por último, sistematizaremos la información acerca del destino que le dieron los responsables de la cartera educativa a los primeros egresados, desde 1874 hasta los inicios del siglo XX.

Acerca de la situación política y económica de la época, mencionaremos que, con la consolidación del Estado nación, el incremento de las inversiones extranjeras contribuyó a fortalecer el mercado interno y el desarrollo del modelo agroexportador (Rapoport, 2010). Sin embargo, la balanza comercial se mantuvo desfavorable y, ya fuera por las condiciones estructurales de maduración de las inversiones, o por las políticas expansivas que no se detuvieron, en 1889 comenzó un rápido proceso de devaluación que dio lugar a una crisis de enorme magnitud cuyas consecuencias se extendieron hasta 1894 (Rapoport, 2010). Los principales perjudicados fueron los sectores urbanos, empleados estatales, trabajadores, pequeños comerciantes, artesanos, importadores, ahorristas y algunas empresas financieras (Míguez, 2008). El año de la “gran crisis”, en 1890, la Unión Cívica de la Juventud amplió su base con el apoyo de la población urbana, pasó a denominarse Unión Cívica y organizó una revolución cívico-militar. Aunque fue derrotada militarmente por el gobierno nacional, la llamada “Revolución del Parque” consolidó el crecimiento de fuerzas opositoras, que en 1891 y 1893 organizaron revueltas en las provincias (Rock, 1977). Hacia 1894, Argentina comenzó a recuperarse, sin embargo, la fragmentación de la élite política y la movilización en las calles, lejos de subsanarse, se agudizaron cada vez más. Por otra parte, en 1897 la economía argentina se vio envuelta en una nueva crisis, de la cual se sobrepuso a comienzos del nuevo siglo. A pesar de las tensiones preexistentes, Julio A. Roca asumió por segunda vez la presidencia en 1898, pero en 1901, el Partido Autonomista se dividió entre los partidarios de Roca y los de Carlos Pellegrini, lo que dio lugar a una coyuntura favorable para el debate sobre la necesidad de modificar la representación de los opositores políticos (Castro, 2012).

Estas sucesivas crisis económicas y políticas afectaron profundamente el funcionamiento de la Normal de Paraná, como veremos a lo largo de estas páginas. Al mismo tiempo, estas primeras décadas de existencia de la Escuela, han sido calificadas por distintos directores, funcionarios e investigadores, como las mejores de toda su historia, debido, principalmente, a que sus egresados varones influyeron en los sistemas educativos de todas las provincias, como ninguna otra Normal en el país (Figueroa, 1934; Chavarría, 1947; Pérez Campos, 2016), calificando el período 1875-1906, como la “edad de oro” de esta Normal (Montoya, 1967). Disponemos, sin embargo, de pocas investigaciones que hayan profundizado en las trayectorias de estos egresados (Bosch, 1992), y menos aún, de las egresadas (Yannoulas, 1997). Por otra parte, se ha señalado que los Colegios Nacionales se crearon con el propósito de formar a las élites políticas (Tedesco, 1993; Legarralde, 2008), pero ha sido poco atendido el hecho que los varones normalistas de Paraná también incursionaron exitosamente en ese campo como gobernadores, ministros y legisladores, y fueron, además, las máximas autoridades de los Colegios, en tanto rectores y vice rectores (Bosch, 1992).[1]

En base a lo expuesto hasta aquí, desarrollaremos cuatro hipótesis vinculadas. Acerca de las trayectorias de los directores de esta etapa, observaremos que los tres argentinos tenían perfiles parecidos: eran egresados de Paraná, habían sido altos funcionarios antes de asumir y vicedirectores al momento de ser nombrados, dos (Carbó y Herrera) tenían vínculos con referentes de la política provincial y nacional, y se alejaron de sus cargos por desacuerdos con ciertas medidas. Indicaremos que el puesto de Paraná, visto en el largo plazo, fue uno más de sus extensas carreras. En segundo lugar, mostraremos cómo la eliminación en 1891, de las becas para varones y las posteriores idas y vueltas con esta medida, tuvieron un impacto muy grande en la composición de la matrícula del curso de magisterio, iniciándose un proceso lento pero constante, de feminización del alumnado y de sus egresados, y de disminución de la cantidad de estudiantes provenientes de otras provincias. Los sucesivos directores criticaron estas decisiones, haciendo notar a los ministros, que la Normal estaba perdiendo para siempre su fisonomía original, tan elogiada por los contemporáneos, de poseer una matrícula casi enteramente masculina y de jóvenes oriundos de otros distritos. Pese a ello, ninguno de sus reclamos fue atendido. En tercer término, señalaremos que la clausura que hizo el ministro del Profesorado de Jardín, perjudicó directamente a profesoras y estudiantes, aunque recibió el aval de una parte de los varones de Paraná, quienes descreían de la utilidad de los Jardines de Infantes. En cuarto lugar, veremos que uno de los destinos que les asignaron a los primeros egresados fue la dirección y el profesorado de las Normales de varones y cuando estos cursos de magisterio fueron cerrados (entre 1900 y 1903), fueron reubicados en las otras Normales. En este sentido, ilustraremos que hubo dos reglas no escritas que guiaron a los ministros: la primera era que las mujeres no podían ser directoras de instituciones masculinas; y la segunda, que ellos sí estaban habilitados para ser directores de las Normales de mujeres y mixtas. Mientras, solo unas pocas egresadas de profesoras fueron designadas directoras de Normales en otras ciudades. A pesar de estas desigualdades, es preciso reconocer que, si bien los varones de Paraná integraron una élite profesional dentro del normalismo, las egresadas de Paraná conformaron, a su vez, una incipiente y novedosa élite profesional femenina.[2]

La eliminación y restitución de las becas para varones

En 1889, el director Ferrary renunció por razones de salud y retornó a su provincia. Asumió su vicedirector, Alejandro Carbó. Egresado de Paraná en 1879, fue nombrado por Torres al año siguiente para ser maestro de la Escuela de Aplicación y profesor del Curso Normal. En 1881 dejó de trabajar en la primaria y fue designado secretario. Desde 1886 era vocal del Consejo de Instrucción Pública de la provincia de Entre Ríos, impulsando la elaboración de varios reglamentos y la publicación del Boletín de Educación (Chavarría, 1947; Montoya, 1963).

En 1888, como vimos, las maestras norteamericanas habían dejado de ir a Paraná, y por primera vez, el puesto de regente de la primaria fue ocupado por un varón de nacionalidad argentina, Ernesto Bavio, recibido de la casa. Lo acompañaron Violeta A. Lelong y Fernando Rodríguez (reemplazado luego por Juan B. Perini) como sub regentes de los primeros grados y de los últimos, respectivamente. Ese año, las únicas mujeres que daban clases en el Curso Normal eran Eufrasia Manso (Economía Doméstica y Labores de mano) y Arminda Ramírez (auxiliar de Labores), de un total de 16 profesores varones. En la Escuela de Aplicación, los varones se encontraban en los grados superiores y ellas daban clases en los dos primeros grados, donde había mucho más trabajo porque las aulas estaban superpobladas. En el Jardín había solo mujeres (Eccleston, Justa Gómez, Rita Latallada y Emily Eccleston, su hija).

Hemos mencionado que hacia 1890, el país estaba en el medio de una profunda crisis económica que repercutió directamente en el ámbito educativo. Distintos funcionarios comenzaron a denunciar que los varones becados de las Normales abandonaban los cursos antes de recibirse o luego no ejercían la profesión, por lo que estaban claramente defraudando al fisco. Por motivos de recorte presupuestario, en 1891 el ministro decidió suprimir por decreto las becas para varones, lo que provocó la disminución abrupta de la matrícula masculina en todas las Normales de varones y mixtas del país y también en la de Paraná (Cuadro 4)

En el informe anual de 1892, el director Carbó destacaba este descenso, que aún no era tan pronunciado y se dedicaba a plantear cuestiones de la gestión cotidiana. Recordaba que la directora Eccleston se quejaba porque había solicitado más materiales para el Jardín, pero el Ministerio no los había adquirido aún. Para remediar esta situación, el director, con el acuerdo de Eccleston, proponía recibir solo “60 niños de las clases pudientes” e imponer una cuota mensual a los padres destinada a formar una caja especial del Jardín, “con cuyo producido se adquirirían fácilmente los materiales indispensables, con poco gasto de los particulares, ninguno de la nación y con muchísimo provecho de los infantes y de la escuela” (Memoria, 1892, p. 876). Dicho proyecto no prosperó, aunque el Jardín seguía aumentando su matrícula año a año: en 1891 habían concurrido 72 niños (35 varones y 37 niñas). Ese año se graduaron de profesoras de Jardín: Eugenia Ballesteros, Eladia M. Figueroa, Pía A. Didoménico y Tomasa Boero.

En aquel extenso y detallado informe, Carbó destacaba, entre otras cosas, que había procurado por todos los medios levantar cada vez más el espíritu nacional, haciendo concurrir a los alumnos a cuanto festival se realizara para conmemorar los grandes acontecimientos de la nación. Desde 1891 instituyó, decía, la Semana de Mayo y la Semana de Julio, impulsó la creación del Museo Escolar Argentino y las conferencias científicas de carácter público, brindadas por la Sociedad de Amigos de la Historia Natural.

A poco de comenzar su gestión, Carbó había recibido la visita de distintos inspectores que calificaron negativamente la enseñanza de algunas materias en la primaria. En una oportunidad, el inspector Zubiaur informó al ministro que en la clase de Física de sexto grado se habían tomado exámenes finales a 30 alumnos en menos de 120 minutos y que esto le había causado “sorpresa, dolor, disgusto y decepción”, y acusaba al director: “Hago responsable a la dirección por su excesiva condescendencia y en segundo lugar a ese profesor, que ha arrojado tan negra mancha sobre el inmaculado estandarte de la Escuela Normal del Paraná” (Memoria, 1889, p. 295). Unos años después, el comisionado inspector Santiago H. Fitz- Simon, escribió al ministro que había comprobado que los alumnos habían respondido erróneamente a las preguntas sobre Matemáticas, Trigonometría, Geometría e Idioma Nacional. El regente Bavio, decía el inspector, le había informado que había dos secciones de tercer grado y una de primero, cuyos maestros habían sido amonestados varias veces porque no imponían el orden en sus clases y no tenían suficiente preparación. Pedía que se separaran de sus puestos a Tomás Puw, Ana Robles y Ana L. y López, todos egresados de Paraná. El inspector se manifestaba de acuerdo con estos alejamientos, y consideraba además, que había que cerrar cuatro secciones de la primaria porque había demasiados alumnos y con ese ahorro, se podría introducir la asignatura Trabajo Manual. Así también, el inspector sugirió que, como la Escuela de Aplicación era mixta y ya había un número importante de niñas, se nombrase al frente de la regencia a una profesora.

Seguidamente, el ministro Juan Balestra le dio la razón en todo al inspector, exoneró a estos tres docentes y conminó al director a “hacer desaparecer, a la mayor brevedad, todas las deficiencias e irregularidades actuales y colocar a esa Escuela en el alto nivel que antes ocupó” (Memoria, 1892, p. 295). Carbó leyó el dictamen, que “contenía graves acusaciones” contra su persona y les contestó a los dos con una larga carta que se publicó en las Memorias del Ministerio. Pedía que se reconsiderasen esas expresiones que él creía muy ofensivas, porque de lo contrario, dejaría la dirección.

En otro párrafo, opinaba sobre la sugerencia del inspector respecto a que era necesario nombrar a una mujer como regente de la Escuela de Aplicación, dado que era mixta. Carbó le contestó exponiendo un pensamiento común en la época, sobre el lugar de las mujeres en la burocracia educativa (Rodríguez, 2021). Carbó citaba las conclusiones del Congreso Pedagógico de París realizado en 1889, donde se afirmaba que las maestras podían hacerse cargo de los niños de hasta diez años de edad, pero que los directores de las escuelas mixtas de más de 30 alumnos, debían ser varones y apuntaba que, en Paraná, ya tenían más de 400 alumnos. Nadie ponía en duda, decía, la capacidad de la mujer para atender por sí sola las escuelas maternales e infantiles, pero las mujeres no podían dirigir una escuela primaria completa, porque era sabido que el hombre era más apto para juzgar más fríamente, con más imparcialidad, más autoridad y espíritu de conciliación, los conflictos que surgieran. Carbó admitía que si bien hasta 1888, la regencia de la primaria había estado siempre desempeñada por maestras norteamericanas (Ward, Wade, Allyn, Grant, Strong y Walles), añadía que éstas con frecuencia iban a pedirle apoyo al director para “robustecer su autoridad” o para “hacer cumplir sus disposiciones” (Memoria, 1892, p. 932).[3] Al contrario, desde que había asumido Bavio como regente, aseguraba, todas las dificultades habían desaparecido. De todos modos, creía que era muy positivo que hubiera cada vez más estudiantes mujeres en la Normal de Paraná, lo que daba cuenta de la confianza pública de la que gozaba, aunque creía necesario aumentar el número de becas para seguir estimulando su ingreso.

Finalmente, Carbó nunca obtuvo unas disculpas públicas, por lo que decidió renunciar en febrero de 1892. En su libro, Figueroa (1934) se hacía eco de unas versiones que afirmaban que el director se había afiliado al Partido Autonomista Nacional -otros dicen que lo hizo después de haber renunciado (Chavarría, 1947)- y había sido acusado por sus adversarios de tener participación activa en la política, llevando a la Escuela a la anarquía y la indisciplina. Otras interpretaciones aseveraban que Carbó fue víctima del “caudillismo lugareño y la politiquería” que “tejieron intrigas falaces contra la Escuela Normal y su director” (Chavarría, 1947, p. 393).

Más allá de este caso puntual, lo cierto era que, en el marco de la llamada “Revolución del Parque” organizada por la “Unión Cívica” contra el gobierno nacional, las disputas políticas entre profesores y estudiantes varones de las Normales, pero también de los Colegios Nacionales, se sucedían con frecuencia en todo el país, tanto dentro como fuera de los establecimientos.

La disminución de la matrícula masculina y de estudiantes de otras provincias

El gobierno nacional decidió convocar nuevamente a José M. Torres para que se encargara de la dirección, quien debió ocuparse principalmente de disciplinar a profesores y alumnos, enfrentados por motivos políticos (Figueroa, 1934). A su llegada, los estudiantes abandonaron las aulas en un acto de protesta, a lo que el director respondió con la suspensión de los “rebeldes”, pero desde el Ministerio los reincorporaron al poco tiempo. El director continuó insistiendo en que los alumnos no debían involucrarse en asuntos políticos de carácter partidario, ya que interferían en la buena marcha del establecimiento. Recordaba además, que en el Reglamento vigente aprobado en 1886, el director tenía el deber “de hacer comprender a los alumnos maestros, que cualesquiera de ellos que fuese culpable de relajar la disciplina”, sería considerado un “enemigo público” porque damnificaba, no solo a sus directores y maestros, sino a sus condiscípulos y, sobre todo, “a la Nación”, que fundó y sostenía la Escuela Normal. Por tanto, todo alumno maestro que no estuviera dispuesto a respetar las reglas del establecimiento, la legítima autoridad del director y de los profesores, sería “despedido como inhábil”.

Una vez desactivadas las protestas, el director Torres, en su informe de 1893, relataba que seguía habiendo una deserción marcada de los niños de primaria que abandonaban en tercero o cuarto grado. Por ello, buena parte de los aspirantes a ingresar a primer año del Curso Normal, no provenían de la Normal de Paraná y debían rendir un examen de conocimientos. En general, los varones eran todos “pobres de fortuna” pues era sabido “que ningún hijo de familia acomodada” quería ser maestro de escuela (Memoria, 1893, p. 423). El problema, decía, era que el ministro había suprimido las becas para ellos, y, aunque el gobierno entrerriano había otorgado algunas, la matrícula había decrecido notablemente. Explicaba que los estudiantes que ya estaban cursando y eran oriundos de otras provincias, se habían tenido que poner a dar clases en escuelas nocturnas, particulares o emplearse en otras ocupaciones, lo que llevaba a muchos a abandonar la carrera. Esta situación se agravaba en el Curso de Profesorado, donde 14 de los 31 alumnos, eran maestros egresados de las Normales de Santa Fe, Santiago del Estero, Catamarca, Salta, Tucumán, San Juan y Mendoza y se habían trasladado a Paraná especialmente para hacer los dos años del profesorado.

En referencia al personal de la Normal, seguían siendo solo hombres en el Curso Normal, a excepción de Manso, y en la primaria iba aumentando la cantidad de maestras en primero y segundo grado: eran siete, todas egresadas de Paraná (Carmen Jaimes, Emilia Lelong, Eladia Figueroa, Eugenia Ballesteros, Rita Latallada, Felipa James, Macedonia Amavet) y dos auxiliares (Justa Zavalia y Modesta Bavio). De tercero a sexto grado había una sola división, porque eran mucho menos alumnos y los maestros seguían siendo todos varones. En el Jardín estaban Eccleston, su hija Emily y Justa Gómez.

A causa de los problemas presupuestarios que atravesaba el Ministerio, Torres fue muy crítico con el Profesorado y el Jardín. Sostenía que había habido muy pocas egresadas –“trece señoritas”- de las cuales solamente tres habían ejercido su profesión en Jardines durante el año 1892, y el resto lo había hecho en escuelas primarias. Este resultado poco favorable, aseguraba, se debía a “nuestras costumbres”, que se oponían a que una hija graduada pudiese ejercer su profesión “lejos de su casa paterna” (Memoria, 1893, p. 443). También creía que había demasiados niños en el Jardín y que se consumían muchos recursos. En vistas de “tan excesiva erogación mensual”, Torres proponía pasar a los más grandes al primer grado, limitar el número de niños a 35, dejar una sola profesora en el Jardín, las dos restantes ubicarlas en la primaria y eliminar el cargo de la auxiliar, todas sugerencias que no se concretaron (Memoria, 1893).

En el último informe que hizo Torres antes de jubilarse definitivamente, volvió a pedir que se restituyesen las becas para varones. La consecuencia directa del decreto de 1891, remarcaba, fue que de 109 varones que hacían el Curso Normal ese año, quedaron reducidos a 42 en 1893, resultando por primera vez desde 1871, que el número de mujeres (48) superó al de varones (42), tendencia que no hizo más que consolidarse avanzados los años (Cuadro 4). Asimismo, el año 1892 fue prácticamente el último, entre 1871 y 1969, que tuvo 25 varones egresados (20 profesores y 5 maestros, junto a 8 mujeres, cuatro profesoras y cuatro maestras) (Rocha, 2010). Por su parte, en la Escuela de Aplicación, durante todo este tiempo, siempre concurrieron más niños que niñas y en el Jardín, más niñas que niños (Cuadro 4).

Cuadro 4. Número de alumnos matriculados y egresados en Paraná (1891-1909)

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Fuente: elaboración propia en base a Victoria (1910). Nota: desde 1888 y hasta 1902 se cuentan las egresadas del Profesorado de Jardín de Infantes (34). Se incluyen sin discriminar los egresados de maestros y profesores, aunque son más los últimos. Están resaltados los años 1893: porque fue la primera vez que las alumnas superaron en número a los varones en el curso de magisterio y 1898: el primer año que ellas fueron más egresadas que ellos.

Debido a éste y otros numerosos reclamos en todo el país, el gobierno nacional restituyó las becas, pero pagando un monto menor. El director advertía que los 25 pesos que se recibían, no alcanzaban para pagar la pensión y la comida y subrayaba que el gobierno de Entre Ríos estaba abonando 30 pesos mensuales a los estudiantes oriundos de la misma provincia. Torres pedía que las becas subieran a 40 pesos como mínimo y se volviesen a distribuir entre las provincias, según la ley de 1870. El ministro le contestó que, como se habían creado Normales de varones en todas las capitales de provincias, ya no tenía sentido que éstas los enviaran a Paraná a hacer el magisterio; y que se estaba estudiando la posibilidad de que los gobiernos enviaran a maestros titulados a hacer solo los dos últimos años (cuarto y quinto) del Curso de Profesorado. Torres no estaba de acuerdo con esta última opción, porque consideraba que estos egresados tenían distintas preparaciones y edades, y a ellos en Paraná, les resultaba muy difícil luego nivelar a todos. La situación actual, concluía, hacía que la histórica Normal de Paraná, que había sido fundada para formar al magisterio de toda la República, estaba de hecho, “suprimida para las trece provincias argentinas”.

El cierre del Profesorado de Jardín y nuevos recortes a las becas para varones

A mediados de 1894 asumió como sucesor de Torres, el vicedirector Leopoldo Herrera, entrerriano egresado de Paraná. Trabajó dos años ni bien recibido, luego estuvo otros dos años en la Normal de varones de La Rioja hasta que volvió a Paraná, donde dio clases en el Colegio Nacional. Herrera tenía una activa vida política, desde 1890 era diputado provincial por la localidad de Diamante, y era legislador cuando fue designado (estuvo hasta 1896). En la Normal de Paraná, además, había sido secretario, contador, tesorero y profesor de Idioma nacional, Caligrafía, Pedagogía, Álgebra, Cosmografía y Trigonometría.

En el reporte correspondiente al año 1894, Herrera mencionaba en tono negativo que en el curso de magisterio y de profesorado había 45 varones y 42 mujeres, es decir, la proporción de unos y otras era casi igual. El director se manifestaba preocupado, igual que su antecesor, por la disminución sostenida de la matrícula de los varones desde que se eliminaron las becas. Dada la poca estima y retribución que recibían los maestros, explicaba, solo los jóvenes que carecían de los recursos indispensables para prepararse en otra carrera, seguían el magisterio. El único estímulo para un joven, pues, era la esperanza de obtener una beca que le proporcionase medios para vivir y la perspectiva de obtener un trabajo que lo sacara de la pobreza. Aquella “inoportuna medida” dejó a los cursos “poco menos que desiertos” (Memoria, 1895, p. 342).

Como ya dijimos, observando las cifras de estudiantes año por año en el Curso Normal, puede observarse que desde 1893 se fue dando una creciente feminización de la matrícula que no hizo más que incrementarse con el tiempo, y en el año 1898, por primera vez las mujeres egresadas (19) superaron a los varones (7) (Cuadro 4).

En 1897 la profesora Eccleston fue convocada para dirigir el Profesorado de Jardín de Infantes de la Capital Federal, por lo que el ministro de turno decidió clausurar dicho Profesorado en Paraná, carrera pionera que estuvo integrada y dirigida por y para mujeres. En un Congreso desarrollado en el año 1900, una de las referentes más importantes de la educación preescolar, egresada del Profesorado de Jardín, Rosario Vera Peñaloza, expuso sobre la situación adversa que vivieron como estudiantes en Paraná. Expresó que resultaba casi cotidiano, que en las aulas se discutiera el sistema froebëliano en la clase de Historia de la Pedagogía, donde todos los varones y comúnmente “las niñas” que no seguían estudios en el Profesorado de Jardín, formaban parte de la oposición a dicho sistema, tanto por “inútil” como por “extranjero”, al tiempo que las “kindergarterinas”, siempre en escaso número, intentaban defenderlo, “aunque seguras de la derrota por el derecho” que daba la mayoría. Cuántas veces, recordaba, terminaron “con lágrimas de impotencia” al salir de las clases. El problema fue que aquellos varones, luego “se hicieron hombres de acción” y “dirigentes de los destinos educacionales” y lo combatieron abiertamente asegurando que “no merecía la pena” ponerle el mínimo de atención (cit. en López y Homar, 1970, p. 285). Efectivamente, ex alumnos de Paraná como Ángel Bassi y Manuel Antequeda pusieron en duda la utilidad de los Jardines de Infantes e incluso ordenaron cerrarlos cuando fueron funcionarios (Rodríguez, 2020). Además, dentro de la escala salarial de los normalistas, las maestras jardineras recibieron los sueldos más bajos hasta la década de 1910, cuando se igualaron con las maestras de primaria (Rodríguez, 2020).

A pesar de estas críticas, desde el Ministerio se dejó abierto el Jardín de Infantes y en la dirección quedó una egresada de la casa, Macedonia Amavet. Sin embargo, el director Herrera no ahorraba críticas al sistema froëbeliano y a la directora anterior, y elogiaba a la nueva, dando a entender que estaba más apegada a “lo nacional” – y no a los “métodos extranjeros”-, era más “moderna” y menos religiosa que su antecesora. Gracias a ella, relataba, el Jardín había sufrido “transformaciones de importancia” (Memoria, 1899). De acuerdo a su apreciación, la “ortodoxia froëbelina” era “enemiga intolerante de toda innovación y repetidora sumisa y mecánica del formulismo inicial” y tendía “a convertir la simpática institución de la infancia en un chocante anacronismo” (Memoria, 1899, p. 265). En reacción “contra esa aberración”, el Kindergarten había evolucionado “para llegar a lo que debe ser: un sistema de educación genuinamente argentino y no alemán o norteamericano” (Memoria, 1899, p. 265). La directora Amavet explicaba que se había dejado “intacto” el espíritu froëbeliano, pero despojándolo de la “atmósfera poblada de hadas y de ficciones engañosas”, sustituyendo los “ya trilladísimos juegos traducidos del Mutter und Koselieder (Cantos a la madre) y las “somnolientas y melancólicas melodías extranjeras imitativas de salmos religiosos” por “juegos y canciones esencialmente originales”, más vivos, alegres, sencillos, cortos y de letras adecuadas, compuestos especialmente por los alumnos del Curso Normal (Memoria, 1899, p. 267).

Respecto al cuerpo docente, Herrera manifestaba, orgulloso, que de los 37 profesores y maestros que había, 27 eran egresados de la Normal de Paraná, y en el Curso Normal los docentes eran casi todos varones. Como singularidad hacía notar que en el año 1899 habían ingresado tres estudiantes provenientes de Paraguay, a quienes el gobierno argentino les había concedido becas para terminar sus estudios iniciados en su país, en un momento en que la Normal de varones de Asunción tenía un director y profesores egresados de Paraná. En la Escuela de Aplicación, el nuevo regente era otro varón y las maestras tenían los primeros y segundos grados con alrededor de 60 alumnos en cada aula, y de tercero a sexto, se mantenían los maestros varones, donde los grados eran mucho menos numerosos: en cuarto había 38 alumnos, en quinto 39 y en sexto grado eran 16 niños.

Para esa época, en una revista sobre educación, los normalistas que escribían, criticaban el aumento sostenido de la matrícula femenina que se estaba dando en la Normal de Paraná. A ese paso, decían, no era aventurado afirmar que bien pronto el calificativo de “mixta” “no tendría razón de ser”. Si “en la afamada Escuela del Paraná” la disminución de ellos era “tan sensible”, en diez años más, se lamentaban, esa tendencia sería irreversible (cit. en Rodríguez, 2021, p. 15).

En enero del año 1900, el ministro Osvaldo Magnasco dio a conocer dos decretos que cambiaron de raíz el sistema normalista.[4] Uno de ellos explicaba que, por razones de economía, se volvía a cortar el financiamiento para las becas y se ordenaba que los cursos de magisterio masculinos se anexaran a los Colegios Nacionales. En los hechos, luego de unos años, se terminaron cerrando 12 de los 13 cursos para varones que existían, quedando abierta solo la Escuela Normal de Profesores de Capital (Rodríguez, 2021). Esto afectó directamente a los egresados de Paraná que estaban trabajando en las Normales de varones, como veremos en el siguiente apartado.

En el segundo decreto se estableció que los alumnos que seguían estudios normales con goce de beca, solo podrían conservarla en el caso de obtener en el último curso, la clasificación general de sobresaliente o distinguido. Pero al otro año, se reconocía que muchos alumnos habían perdido sus becas durante el año 1900, porque no habían alcanzado el promedio reglamentario, por lo que se les permitió que las recibiesen los estudiantes que sacaran la clasificación de “bueno”. Con el tiempo, igual que antes, las becas se restituyeron, pero su acceso resultó cada vez más restrictivo, vinculado a las máximas calificaciones y a poder certificar que se provenía de una familia con escasos recursos.

En Paraná, el director Herrera afirmaba que solo habían ingresado al curso de magisterio 10 nuevos aspirantes, la cifra más baja de la historia de esa Normal, interrumpiéndose abruptamente la llegada de jóvenes de las demás provincias, que le habían imprimido en el pasado el carácter nacional a la Escuela. Esto se debía, aseguraba, al decreto de enero que por razones de orden económico, mandó suspender la provisión de becas.

En 1901, el director Herrera fue designado por el Ministerio para viajar a Europa a estudiar los sistemas de formación del profesorado en Francia y Alemania. Asumió en su reemplazo el vicedirector Víctor A. Dupuy, quien era egresado y profesor de la Normal de Paraná. Había trabajado en Santiago del Estero como inspector nacional, director, regente y profesor de la Normal de varones y también había estado dando clases en la Normal de varones de La Rioja. En su informe correspondiente al año 1901, comunicaba que se había incorporado ese año en el Curso Normal, la enseñanza de Trabajo Manual, igual que se venía haciendo en la primaria. En relación con la materia Economía Doméstica, mencionaba que se habían retomado las clases de cocina en los cursos de tercero y cuarto año de magisterio y el sexto grado de la primaria, para imprimir a esa enseñanza el carácter práctico y de aplicación. El problema era que faltaba un local adecuado y no tenían los elementos indispensables, pero “gracias al entusiasmo de las niñas”, algo se había podido hacer (Memoria, 1902).

Mientras, en 1902 egresaban las tres últimas profesoras de Jardín de Infantes de Paraná –recordemos que fue cerrado en 1897-, llegando a ser alrededor de 34 profesoras en total, desde 1888.[5] Solo una minoría de ellas pudo trabajar en Jardines de Infantes públicos, porque hubo muy pocos en las provincias y en las Normales (Rodríguez, 2020).

En 1903, por un decreto del ministro de justicia e instrucción pública, se dispuso que las Normales de Profesores podían expedir dos tipos de títulos: en Ciencias y en Letras, pero en 1905, el ministro Joaquín V. González eliminó estas especializaciones (que se restablecieron en 1914), modificó el plan de estudios del curso de magisterio y lo elevó de tres a cuatro años, respondiendo así a un reclamo muy extendido entre los normalistas.

Herrera volvió a su cargo en 1904, en el que continuó hasta 1907. Según versiones, ese año propuso reemplazantes para las horas de Historia y Geografía y recibió la contestación del Ministerio que ya habían sido designados dos profesores. Herrera, indignado, expresó que su función directiva, con este procedimiento, había quedado afectada, ya que no podía hacerse cargo de los malos resultados del desempeño de los docentes nombrados. Consideraba que, de esta manera, su autoridad iba “disminuyendo paulatinamente” (Chavarría, 1947, p. 480). Este nombramiento que hizo el ministro de los profesores, en forma arbitraria e inconsulta, era bastante común y motivo de queja permanente entre los directores de las demás Normales (Rodríguez, 2018 y 2019). En el mes de febrero Herrera decidió renunciar “a causa de ese desagradable episodio”. Al poco tiempo fue designado inspector de enseñanza secundaria y normal, trasladándose a Buenos Aires. Como señalamos antes, según la ex profesora paranaense, Celia Ortiz A. de Montoya (1967), con la partida de Herrera se cerró “la edad de oro” de la Normal de Paraná.

Los destinos de los primeros egresados

Hemos relatado que entre 1900 y 1903 por razones de ajuste presupuestario y baja matrícula, se terminaron clausurando 12 de los 13 cursos de magisterio, dejando abiertas las Escuelas de Aplicación, que tenían muchos más alumnos, siendo anexadas a las Normales de mujeres. Transcurrido un tiempo, varias de ellas fueron transformándose en Escuelas mixtas. Luego de los cierres, el ministro Juan R. Fernández creó en 1903, tres Escuelas Normales Regionales de varones en Corrientes, Catamarca y San Luis, con el propósito de formar maestros rurales, en la idea que ellos eran mejores que ellas para soportar las “rudezas” del campo, pero a los pocos años se transformaron en Normales comunes (Rodríguez, 2020a).

En virtud de una norma de género no escrita, que establecía que una mujer no podía ser nombrada para dirigir una Normal de varones, los ministros privilegiaron a los varones para las Normales masculinas. Por lo que se puede apreciar en el Cuadro 5, en este período, todas estas Escuelas tuvieron en algún momento directores y profesores egresados de Paraná, a excepción de la de Capital. La de Tucumán, fue la única que tuvo un director norteamericano. Estos titulados de Paraná que fueron designados para trabajar en las otras provincias, o bien eran oriundos de esos lugares y habían recibido las becas nacionales con el compromiso de volver, o bien se trasladaron porque les ofrecían ocupar los numerosos cargos que se generaban con la apertura de cada Escuela. Hubo Normales, entre 1875 y 1903, donde la mitad o más de la mitad del personal era recibido de Paraná, como las de Santa Fe, Catamarca, Santiago del Estero y La Rioja (Cuadro 5).

Cuadro 5. Egresados varones de Paraná designados directores, vicedirectores y profesores en las Normales masculinas (1875-1903)
Escuela Normal de varones, lugar y año de fundaciónDirectores, vicedirectores y profesores egresados de Paraná
1875. TucumánDelfín Jijena. Enrique Aymerich. Ramón Aranzadi. Jorge Segovia. 3 profesores[6]
1878. MendozaLisandro Salcedo. Avelino Herrera. Pedro Aubone. Felipe Albelda. 7 profesores[7]
1883. Catamarca
1903. Normal Regional
Francisco Romay (anexa). Alejandro Ruzo. Flavio Castellanos. José E. Basualdo. Santiago OrtegaMaximio Victoria. 10 profesores[8]
1886. CórdobaLuis J. Duclós. Enrique Aymerich. Agustín Salcedo. 7 profesores[9]
1886. Corrientes
1903. Normal Regional
Sinforoso Aguirre.Juan R. Bonastre. 6 profesores[10]
1886. Santa FeJoaquín Argüelles. Adolfo Velázquez. Ramón Aranzadi. 17 profesores[11]
1886. San JuanManuel Antequeda. 11 profesores[12]
1887. San Luis
1903. Normal Regional
Julio de la Mota (anexa). Adeodato Berrondo. Martín Jiménez.Faustino Berrondo. Ismael Atencio. 2 profesores[13]
1887. La RiojaLidoro J. Avellaneda. Pedro Capdevila. Antonio del C. Varela. 12 profesores[14]
1887. JujuySergio Alvarado (anexa). Pablo Arroyo. Javier Acuña. José E. Basualdo. 9 profesores[15]
1888. S. del EsteroJosé A. Cortés (anexa). Víctor Dupuy. Ramón Carrillo. 11 profesores[16]
1888. SaltaFrancisco Alsina. Ricardo Orihuela. 9 profesores[17]

Fuente: elaboración propia en base al Boletín Oficial, las Memorias y Victoria (1910). En 1896 la Normal de varones de Asunción (Paraguay) contrató a los egresados de Paraná: Francisco Tapia, Agripino Figueredo y Ernesto Velázquez. En 1917 se abrió una Normal masculina en Rosario (Nº 3) que también tuvo a un egresado de Paraná al frente, Aníbal D. Chizzini.

Previsiblemente, el cierre de los 12 cursos de magisterio de varones, afectó a los profesores que trabajaban allí y a los futuros egresados de Paraná. Al quedarse sin empleo, en general, consiguieron reubicarse en las nuevas Normales Regionales de varones (Cuadro 5) y en las Normales de mujeres y mixtas, como los casos de Pablo Arroyo, Francisco Alsina y José Basualdo, entre otros (Cuadro 6). Es decir, la segunda norma de género no escrita, era que los varones sí podían dirigir las Normales de mujeres. Como podemos observar en el Cuadro 6, hacia 1915, de las 71 Normales que había en total, casi la mitad – unas 35 Escuelas- tuvieron en algún momento algún director o vicedirector egresado de Paraná.

En suma, más de la mitad de los varones egresados de Paraná fueron empleados en las Normales de maestros y más de 30 trabajaron en la misma Normal de Paraná. Unos cinco fueron contratados por el gobierno de Paraguay para dirigir y ser profesores de la primera Normal de varones de Asunción, y otros cinco trabajaron un tiempo en escuelas de ese país. En general, los normalistas de Paraná tuvieron menos presencia en la ciudad de Buenos Aires, donde existía la Normal de Profesores de varones. Según testimonios de la época, existía cierta rivalidad entre los profesores egresados de Paraná y los de Capital Federal. De todos modos, hubo normalistas de Paraná que trabajaron como maestros y profesores en las numerosas Normales que había en Capital e incluso en dos, fueron sus primeros directores (Cuadro 6). Los docentes radicados en Capital, fundaron la Asociación de Ex Alumnos de la Escuela Normal de Paraná.[18]

Entre los normalistas de Paraná que fueron rectores de los Colegios Nacionales, de 1874 a 1910, encontramos a: Aurelio Carreño (La Rioja), Julio Aguirre (Mendoza), Jorge Segovia (San Juan), Martín Giménez (San Nicolás y Chivilcoy), Pedro Capdevila (La Rioja), Dermidio Carreño y José Argüello (Concepción del Uruguay). De vice rectores estuvieron: José Cuñado (Jujuy), Silvano Castañeda (La Rioja), Fidel Bazán (Córdoba), y Segundo Gómez (Santa Fe).

Otro importante grupo se desempeñó en el ámbito político. Beatriz Bosch (1992), ha contabilizado once egresados de Paraná que resultaron gobernadores: Sergio Alvarado (Jujuy); Gustavo Ferrary, Flavio A. Castellanos, Javier Castro y Agustín Madueño (Catamarca); Dermidio Carreño (La Rioja), Adeodato Berrondo (San Luis); Pedro Barraza (Santiago del Estero); Manuel J: Menchaca (Santa Fe); Manuel Bernárdez (Territorio Nacional de Misiones); y Evaristo Pérez Virasoro (Territorio Nacional de La Pampa). Fueron además ministros, legisladores provinciales y/o nacionales; y prácticamente todos los directores generales de escuela entrerrianos (los equivalentes a ministros de educación), fueron egresados de la Normal de Paraná. Hemos visto en el capítulo anterior, que los varones estuvieron trabajando también como inspectores provinciales y nacionales, profesores y directores de Normales provinciales y de Normales Populares, regentes de Normales y directores de escuelas elementales y graduadas. Solo una minoría estuvo empleada como maestro de primaria o lo hizo por unos años, para luego ascender rápidamente en la carrera docente. Por otro lado, algunos normalistas rindieron en forma libre las materias del Colegio Nacional, se recibieron de bachilleres y luego hicieron la universidad, egresando como médicos, abogados y en menor medida, ingenieros.

Cuadro 6. Egresados varones de Paraná designados directores y vicedirectores en Escuelas Normales mixtas y de mujeres (1876-1914)
Escuela Normal, lugar y año de fundaciónDirectores y vicedirectores
1876, mujeres, C. del Uruguay (Entre Ríos)Justo Balbuena. Ramón Medrano
1878, mujeres, CatamarcaFelipe Castellanos
1880, mujeres, Santiago del EsteroPedro Barraza. Adolfo Díaz. José E. Basualdo
1881, mujeres, SaltaRicardo Orihuela
1884, mujeres, JujuyPablo Arroyo.
1884, mujeres, San LuisVentura Ojeda
1886, mixta, Mercedes (Buenos Aires)Carlos N. Vergara. Víctor Mercante. Julio Torres. Alejo Amavet
1886, mixta, Azul (Buenos Aires)Fidel Fernández
1889, mixta, Río Cuarto (Córdoba)Sebastián Vera. Luis Duclós.
1894, mixta, V. Mercedes (San Luis)Julio de la Mota
1895, mixta, Esperanza (Santa Fe)Froilán Soria. José E. Basualdo. Cirilo Pinto. Manuel Martínez.
1905, mixta, PergaminoVelindo Palavecino
1905, mixta, ChivilcoyAlejandro Mathus
1907, mixta, Monteros (Tucumán)José M. Monzón
1907, mujeres, CapitalAvelino Herrera.
1909, mixta, GualeguayEnrique Bouilly. Santiago Etchemendi
1909, mixta, Posadas (Misiones)Gastón Dachary
1909, mixta, Santa Rosa (La Pampa)Clemente Andrada
1909, mixta, GoyaOsiris L. González. Gregorio Cárdenas
1909, mixta, Mercedes (Corrientes)Cirilo A. Pinto. Modesto Leites
1909, mixta, Bell Ville (Córdoba)Juan F. Villalba
1910, mujeres Nº 2, RosarioMartín Herrera.
1910, mixta, TandilJuan R. Bonastre. Juan O. Gauna
1910, mixta, Victoria (Entre Ríos)Alejandro G. Sánchez
1910, mixta, Lincoln (Buenos Aires)Manuel Sárfield Escobar
1910, mixta, San Justo (Santa Fe)Juan O. Gauna
1910, mixta, OlavarríaCarlos Videla Rivero. Ernesto L. Gómez
1910, mixta, Esquina (Corrientes)Reynaldo G. Marín
1910, mixta, Dolores (Córdoba)Cecilio Duarte
1910, mixta, GualeguaychúAlfredo Villalba
1910, mujeres, CapitalOlegario Maldonado
1910, mixta, PehuajóManuel Sárfield Escobar
1912, mixta, Lomas de ZamoraÁngel Bassi
1914, mixta, S. Fco. M. de O. (S. Luis)Antonio Rodríguez

Fuente: elaboración propia en base al Boletín Oficial, las Memorias y Victoria (1910).

Respecto a las egresadas de Paraná, hubo, entre 1880 y 1909, alrededor de 240 en total, 157 profesoras (sumando a las egresadas del Profesorado de Jardín de Infantes) y 83 maestras (Cuadros 3 y 5). En 1915, de las 71 Normales, ellas eran directoras en seis Escuelas y el resto – quince- eran vicedirectoras, y solo una –Vera Peñaloza- fue designada directora en dos Normales (Capital y Córdoba) (Cuadro 7). A pesar de esta relativa escasez de directoras y vices, cabe destacar que estas primeras mujeres conformaron una temprana e incipiente élite profesional femenina que obtuvo reconocimiento, tanto simbólico –el cargo era muy prestigioso- como monetario, dado que recibieron los mismos salarios que los varones. En este sentido, la Escuela Normal les presentó a estas mujeres un horizonte de posibilidades inexistente hasta ese momento. Si para un varón era habitual trasladarse de una provincia a otra, para estas primeras normalistas, aquello resultaba una experiencia muy novedosa, sobre todo para las solteras, porque implicaba vivir solas y mantenerse con sus salarios (Cuadro 7).[19] Además de directoras y vices, la mayoría de las profesoras trabajó en los Cursos Normales de las Escuelas de mujeres, donde se pagaban mejores sueldos que en la Escuela de Aplicación.

Cuadro 7. Egresadas de Paraná, nombradas directoras y vicedirectoras de Escuelas Normales de mujeres y mixtas (1874-1912)

Escuela Normal, lugar y año de fundación

Directoras y vicedirectoras

1874, mujeres, Capital (nacional. en 1881)Rosario Vera Peñaloza
1876, mujeres, C. del Uruguay (Entre Ríos)María Luisa Ferrari
1878, mujeres, CatamarcaLuisa Castañeda de Sosa
1879, mujeres, San JuanAmérica Ferla de Flores
1880, mujeres, Santiago del EsteroLuisa Castañeda
1883, mujeres, CorrientesYole Zolezzi. Azucena Vega
1884, mujeres, La RiojaClodulfa Ozán. Celia Pelliza Moreno
1884, mujeres, JujuySaturnina Calderón de Ibarra
1884, mujeres, CórdobaRosario Vera Peñaloza. María Luisa Agote
1889, mixta, Río Cuarto (Córdoba)Clodomira Vera
1895, mixta, Esperanza (Santa Fe)Rita Latallada Rosalía Pibull. Elena Etcheverry
1906, mujeres, Santa FeMaría Miño. Macedonia Amavet
1907, mujeres, CapitalVictoria García
1910, mujeres Nº 2, RosarioPetronila Arnoldi
1910, mixta, ConcordiaManuela I. Casanova
1912, mixta, S. Fco. (Córdoba)Rosalía Pubill
1912, mixta, San FernandoRegina C. Pouchán

Fuente: elaboración propia en base al Boletín Oficial, las Memorias y Victoria (1910). Hubo otras egresadas de Paraná que ocuparon importantes cargos en las décadas de 1920 y 1930, como Dolores Dabat (directora de la Normal de Rosario) y su hermana Bernardina Dabat (inspectora provincial).

Otras tituladas paranaenses fueron regentes en las Normales de distintas ciudades: Cora San Martín (Jujuy); Rosa Vera (Santa Fe); Celia Pelliza (La Rioja); María Ferrary y Laura Ratto (Concepción del Uruguay); Efigenia Andino y América Ferla (San Juan); Clodomira Vera (Río Cuarto y Dolores); Azucena Vega (Rosario, San Nicolás y Corrientes); Julia Etcheverry (Esperanza); y Luisa E. Poltti (Alberdi, una Normal provincial de Córdoba). Además de este conjunto de egresadas que asumieron altos cargos de la burocracia nacional, estuvieron las que trabajaron de maestras en las escuelas provinciales o nacionales. Algunas lo hicieron de manera interrumpida, esto era, las casadas con hijos dejaban la docencia unos años y luego retomaban el trabajo. Las solteras o las casadas que no pudieron o no quisieron salirse del sistema –para muchas, el trabajo docente, con un solo turno, resultó compatible con los roles de esposa y madre- llegaron en su mayoría a ser directoras de primaria y permanecieron hasta su jubilación.


  1. La investigadora Beatriz Bosch (1992) ha reconstruido las trayectorias de los egresados de Paraná oriundos de Córdoba, Catamarca y Mendoza.
  2. El concepto de élite que utilizamos, se refiere a las personas que ocupan las más altas posiciones institucionalizadas en las distintas esferas sociales (Rodríguez, 2019a). En ocasiones, estas personas forman parte de las clases altas y en otras, no.
  3. Es probable que las maestras norteamericanas hayan recurrido con frecuencia a consultar al director, debido a su limitado manejo del idioma español, y no por dificultades para imponer la disciplina.
  4. En 1898 el ex director de la Normal de Paraná y diputado Alejandro Carbó, pronunció un discurso que fue muy elogiado por los normalistas, en defensa de las becas de varones y de los cursos de magisterio masculinos.
  5. Las 34 egresadas fueron: Justa Gómez, Macedonia Amavet, María Errasquín, Rita Latallada, Yole A. Zolezzi, Carmen Jaimes, Aranzazú González, Ana María Cordero, Eugenia Ballesteros, Eladia Figueroa, Pía A. Didoménico, Tomasa I. Boero, María Pabón, Carmen Segovia, María E. Gutiérrez, Joaquina Beraturuecha, Conrada Villaverde, Custodia Zuloaga, Dora López, Zarda, López, Sara Churruarín, Celmira Tiscornia, Matilde G. de la Fuente, Dorila Pereyra, Valentina Berduc, Elvira Faucheux, Teresa Mohando, Elena Etcheverry, Teresa Oberti, María Gutiérrez, Camila Cáceres, Lucila Jiménez, Dalmira Rivolta.
  6. Ramón Aranzadi, Waldino Tolosa, Alejandro Alderete.
  7. Fidel Rodríguez, Antonio Rodríguez, Edmundo Miranda, Dionisio Ariosa, Juan de Dios Flores, Luis Contreras, Jerónimo Semoville.
  8. Javier Acuña, Waldino Tolosa, Felipe Castellanos, Segundo Moya, Héctor Olmos, Agustín Madueño, Washington Figueroa, Manuel R. Acuña, José Tula, Filiberto Inchausty.
  9. Amado Ceballos, Solano Ceballos, Luis Onetto, Manuel Robledo, Fidel Bazán, Romeo Carbó, Juvencio Machado, Arturo Melo.
  10. Marcelino Elizondo, Publio Escobar, Jorge Soler, Dalmiro Silva, Juan Quevedo, Domingo Agüero Valdez.
  11. Al parecer, esta Normal de Santa Fe se cerró en 1896. Carlos Vergara, Segundo Gómez, Modesto Salcedo, Atenor Gerez, Ezequiel Velázquez, José Arce, Jenaro Benet, Enrique Muzzio, Antonio Arce, Adolfo Velázquez, Amadeo Auchter, Fortunato Velasco, Jaime Uranga, Ricardo Caballero, Reynaldo Marín, Agustín C. Zanon, Amadeo Gervassoni.
  12. Modesto Salcedo, Jorge Segovia, Samuel Robles, Víctor Mercante, Modesto Leites, Juan de Dios Flores, Alejandro Mathus, José Echevarría, Benjamín Sánchez, Domingo Agüero Valdez, Jorge Mendoza.
  13. Demetrio Lucero, Eleodoro Jofré.
  14. Dermidio Carreño, Atenor Gerez, Leopoldo Herrera, Aurelio Carreño, Fermín Uzín, David Coronado, Marcelino Martínez, Fidel Bazán, Francisco Tiscornia, Velindo Palavecino, Domingo Hunicken, Domingo Gómez.
  15. José S. Cuñado, José Montero, Torcuato María Naverán, Pastor Gorostiaga, Bernardo García, Octavio Martiarena, Justo Inchausty, Gregorio Cárdenas.
  16. Froilán Soria, Ezequiel Paz, Bernardo García, Pastor Gorostiaga, Manuel Robledo, Publio Escobar, Maximio Victoria, Ramón Díaz, Juan O. Gauna, José García, Ramón Carrillo.
  17. Francisco Núñez, Alejandro Alderete, Alcides G. Juárez, Josué Gorriti, Francisco López Pereyra, Jorge V. Gutiérrez, Isaac Forcada, Belisario J. Flores, Héctor González.
  18. En la Universidad Nacional de La Plata existió el llamado “grupo de Paraná”, nucleado alrededor de la figura de Víctor Mercante, quien llegó a ser decano de la Facultad y fundador y director durante más de una década de la revista Archivos de Pedagogía. Entre otros, estaban los ex directores Leopoldo Herrera y Alejandro Carbó y Celia Ortiz de Montoya, cuando se encontraba estudiando en esa ciudad (Chavarría, 1947).
  19. Esto fue similar a lo que ocurrió con las otras profesoras egresadas de la Escuela Normal Nº 1 de Profesoras de Capital Federal, de donde salió una élite profesional femenina más numerosa que la de Paraná. En otro trabajo hemos analizado las trayectorias de las egresadas de la Normal Nº 1 de la ciudad de La Plata, y en qué sentido fueron parte de las élites locales (Rodríguez, 2019a).


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