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Capítulo 7. Los últimos años de la Normal como formadora de maestros (1955-1969)

En este capítulo abordaremos, en tres apartados, el convulsionado período que le siguió a la caída de Perón, estudiando el proceso de “desperonización” que se dio después de la cesantía de la directora Morales (1955) y la breve gestión del director Armando Brasesco (1956-1957), a la que le siguió el prolongado mandato del director Carlos Salomón Cejas (1957-1968), donde ocurrieron los sucesos conocidos como la “laica o libre” y, hacia el final, la eliminación del ciclo de magisterio en la Normal. El año 1969 fue cubierto por la vicedirectora, Josefina Madrid de Arroyo, resultando la tercera mujer designada y la última directora de esta etapa.

El golpe de Estado contra Perón se materializó el 16 de septiembre de 1955, e instaló a los generales Eduardo Lonardi primero, y Pedro E. Aramburu después, al frente del Poder Ejecutivo, en lo que se conocería como la Revolución Libertadora. Dicho golpe contó con el apoyo de un grupo heterogéneo de socialistas, nacionalistas y católicos, entre otros, que formó alianzas inestables y cambiantes a lo largo del período (Spinelli, 2005; Galván y Osuna, 2018). El nombramiento como ministro del área educativa de Atilio Dell’Oro Maini, un abogado estrechamente vinculado a personas e instituciones de la Iglesia Católica, resultó la primera desilusión de los laicistas que apoyaron el golpe.

Distintas investigaciones han ilustrado cómo el antiperonismo en el poder, se debatió entre refundar un supuesto orden republicano- democrático y erradicar al peronismo de la cultura política argentina (Tcach, 1994; Nieto, 2009; Pécora, 2016; Escudero, 2018). El programa antiperonista apuntaba a intentar convencer a los peronistas o a sus simpatizantes, que habían sido víctimas del engaño de un líder corrupto e inmoral (Rodríguez Lamas, 1983; Panella, 2000; Spinelli, 2005; Galván y Osuna, 2018). Para Ferreyra (2018), “desperonizar” podría definirse como el proyecto de eliminación del peronismo como identidad política, e implicó técnicas diversas: exonerar a los que habían sido funcionarios, intervenir sindicatos, investigar las supuestas irregularidades del gobierno depuesto, proscribir el partido, y prohibir la mención de Perón y Eva, entre otras. En general, la “desperonización” se hizo con el aval de los medios oficialistas y en ciertas ciudades del interior, las comisiones investigadoras generaron numerosas denuncias de fraude y corrupción administrativa; llevaron a cabo allanamientos y requisas continuas a domicilios particulares; detenciones reiteradas a profesionales y dirigentes políticos y gremiales; cambiaron los nombres de los barrios, plazas, avenidas y calles; y pasaron documentales difamatorios en las salas de cine (Pécora, 2016). Asimismo, se reivindicó un pasado en clave antiperonista, entendido como anti rosista, a través de las conmemoraciones oficiales de la batalla de Caseros y homenajes a figuras históricas “liberales” como Mitre, Sarmiento y San Martín (Pécora, 2016; Escudero, 2018).

En el ámbito educativo, diferentes trabajos han planteado lo sucedido en las provincias en los niveles primario, secundario y universitario, describiendo la nueva normativa que se aprobó, las acusaciones que se realizaron, las defensas que se esgrimieron, los resultados de estas persecuciones y las múltiples arbitrariedades que se cometieron (Ascolani, 2001; Fuentes, 2008; Petitti, 2014; Pécora, 2016; Rodríguez, 2018b).

El 23 de diciembre de 1955, el ministro Dell’Oro Maini dio a conocer el decreto-ley 6403, que en su artículo 28 establecía que la iniciativa privada podía “crear universidades libres” capaces de expedir diplomas y títulos habilitantes. Después del anuncio, docentes y estudiantes del nivel medio y universitario de todo el país, salieron a las calles a manifestarse en lo que se conoció como la “laica o libre”. En general, los que apoyaban el artículo eran mayoritariamente católicos y decían defender la “Universidad libre”, y los que estaban a favor de la “Enseñanza laica”, se identificaban con el reformismo de 1918. En algunas ciudades se produjeron tomas de los edificios y enfrentamientos con la policía, y en mayo, el ministro debió renunciar debido a la magnitud de las protestas (Bartolucci, 2008; Manzano, 2009; Califa, 2010; Zubillaga, 2012; Micheletti, 2013). El conflicto continuó, pero fue menos intenso, y con el peronismo proscripto, la Junta Militar llamó a elecciones. El nuevo presidente Arturo Frondizi, designó a otro ministro católico, Luis R. Mac Kay, quien logró que el Congreso aprobara el texto definitivo del artículo 28 (Ley 14557) en 1958 y pudieran comenzar a funcionar las primeras casas de estudio privadas. Entre el anuncio, la sanción de la norma y los meses posteriores, se sucedieron nuevas protestas en todo el país.

En relación con las Escuelas Normales, varios profesores de la época, coincidían en señalar que la reforma Rothe terminó “desvirtuando” el espíritu original de las Normales, ya que juzgaban negativamente que la formación docente específica se hubiese acortado a dos años. Por ejemplo, en su libro El normalismo, de 1960, el pedagogo Luis J. Zanotti dijo que uno de los “orígenes de la decadencia del normalismo” fue la reforma de Rothe de 1941, que redujo el ciclo del magisterio a dos años e implantó el ciclo básico común al bachillerato y al magisterio. Los viejos normalistas, se incluía, “no perdonaremos nunca esa reforma, ya que consideramos que resumir toda la práctica de la enseñanza en un solo año y toda la pedagogía y didáctica en dos” era “un delito de leso normalismo” (Zanotti, 1960, p. 30). El otro “problema”, según el pedagogo, estaba vinculado a la posibilidad que tenían ahora las normalistas, de ingresar a la Universidad. Zanotti creía que, si bien las mujeres seguían concurriendo mayoritariamente a la Normal, él advertía “la desaparición” de la “vocación magisterial femenina” de antaño, ya que, en la actualidad, la gran mayoría de las estudiantes deseaba “seguir carreras universitarias que casi nunca tenían que ver con la enseñanza”. La maestra actual, criticaba, iba a dar clases a la escuela primaria “con los libros de la Facultad de Medicina, Abogacía o Arquitectura bajo el brazo, no se podía quedar a la reunión de personal convocada por la directora porque debía llegar a una clase de trabajos prácticos o asistir a una conferencia”. Zanotti se lamentaba: “Esto era algo totalmente distinto de la maestra joven de hacía treinta o cuarenta años atrás, que comenzaba su carrera pensando que había llegado al más alto grado de las aspiraciones intelectuales o económicas de una mujer. Las más inteligentes y capaces, las muy ambiciosas y esforzadas seguían, a lo sumo, un Profesorado”.

Por otra parte, tanto a nivel internacional como en el país, se multiplicaron las reuniones, impulsadas por los organismos internacionales, que abordaban la situación de la educación secundaria y de las Escuelas Normales. En Argentina, hubo cierto consenso en determinados eventos, que el normalismo se encontraba en crisis y resultaba urgente extender el número de años para la formación docente (Rodríguez, 2019). La dictadura de la llamada Revolución Argentina (1966-1973) iniciada por el general Juan C. Onganía intentó llevar a cabo una reforma educativa que, entre otras cosas, propuso la creación de la “escuela intermedia” y el pasaje de los estudios de magisterio al nivel terciario (Gudevelicius, 2011; Rodríguez, 2013). Debido a la tenaz oposición de parte del gremialismo docente, de todos los puntos que tenía originalmente la reforma, solo se concretó este último.

Finalmente, el 13 de diciembre de 1968 por medio del decreto ley 18001, el presidente de facto Juan C. Onganía y el secretario de cultura y educación José M. Astigueta, ordenaron suprimir el ciclo de magisterio en los planes de estudio del nivel medio de la enseñanza y en 1969, se cursaría el último año de dicho ciclo. Por el decreto 8051/68 se justificó la medida afirmando que al futuro maestro había que exigirle la aprobación de estudios completos de nivel medio como condición previa al ingreso a la carrera. Se establecía que en los establecimientos donde se cursara el ciclo de magisterio, se podrían adoptar en su lugar, los siguientes planes: Bachillerato con Orientación Pedagógica; Bachillerato en Letras; Bachillerato en Ciencias Biológicas; Bachillerato en Ciencias Físico- Matemáticas; y Bachillerato con Orientación Agraria. La resolución ministerial 2321 de 1970, aprobó en forma experimental un nuevo plan de estudios en los recién creados Institutos Superiores de Formación Docente (Rodríguez, 2019).

A partir de lo dicho hasta aquí, en este capítulo buscamos mostrar, acerca de las tres trayectorias de los directores, que todos eran egresados de Paraná y que el director Brasesco fue designado para desplazar a la directora Morales, acusada de “simpatizar” con el gobierno derrocado. Brasesco pertenecía al grupo de los echados de la Normal en 1949, por lo que su designación y la reincorporación de los otros profesores, fue interpretado como un “premio” a la “lucha” contra el “régimen depuesto”. Sin embargo, su gestión duró muy poco, y fue reemplazado por Cejas, quien resultó el tercer director que más tiempo estuvo en su cargo, y a quien las autoridades le reconocieron ser padre de un hijo que había fallecido en la “batalla” contra el peronismo. Cejas además, fue el primer y único director del período estudiado, que llegó a concursar su cargo, bajo la nueva normativa establecida por el Estatuto del Docente. Por otra parte, veremos que el proceso de “desperonización” en Paraná adquirió algunas particularidades, en tanto las acusaciones a los docentes hicieron foco en sus “simpatías” por el “régimen”, pero también en sus afinidades con el nacionalismo de Genta del período anterior. En referencia a las luchas conocidas como la “laica o libre”, sus líderes aseguraban que éstas eran similares a las huelgas paranaenses de 1918, con la diferencia que las mujeres eran ahora la mayoría en las manifestaciones. Por último, señalaremos que existió, entre el director, los docentes y la prensa en general, cierto acuerdo respecto a que era necesaria una reforma al sistema de formación docente, y su traslado a un nivel superior.

La “desperonización” y el regreso de los sancionados del 49

A la llegada del golpe, y con la directora Morales todavía en funciones, el Centro de Estudiantes Secundarios de Paraná presentó una declaración en la cual se rendía un “cálido homenaje a los heroicos integrantes de las fuerzas armadas” y se invitaba a todos los estudiantes secundarios de Paraná a colaborar con el propósito de “no permitir nunca más ser dominados por el despotismo y la dictadura” (El Diario, 21/9/55). Los ex profesores de la Escuela Normal y del Instituto del Profesorado que habían sido trasladados y cesanteados de sus cargos en 1949, se dirigieron a las nuevas autoridades solicitando que les permitieran el acceso al establecimiento, para depositar flores ante el busto de Sarmiento el sábado 24 a la mañana. La nota expresaba que habían sido desalojados de la Normal por “los elementos de la Alianza Nacionalista y del peronismo, que revivieron la Mazorca en esta histórica casa de estudios” (El Diario, 23/9/55). Firmaron el comunicado: Hortensia Wybert, María Teresa R. de Fernández de la Puente, Ángela Bovolini, Beatriz Bosch, Josefina Madrid de Arroyo, Nydia Arin Beori, Ezequiel Yaconcik, Oscar Reula y Carlos Alberto Álvarez. Como podrá apreciarse, después del golpe, tanto en Paraná como en el resto del país, los antiperonistas comenzaron a asociar abiertamente la figura de Perón a la de Rosas y a la violenta organización de la Mazorca (Halperín Donghi, 2005).

Aprovechando la presencia de estos ex profesores, el sábado 24 el gobierno les hizo un acto de homenaje. La concurrencia fue calculada en varios miles de personas, quienes ovacionaron a los miembros de la Junta Militar, y a los que “volvían a la casa luego de su separación de las cátedras, por haber sostenido los ideales del prócer”. Durante el acto se cantaron viejos himnos y el busto de Sarmiento fue cubierto de numerosas ofrendas florales. Además, miembros de la Federación del Magisterio que se encontraban presentes, solicitaron a la Junta Militar que cesara la intervención a su organización (El Diario, 25/9/55). Mientras, los alumnos de la Normal “retiraron los retratos de los personajes del régimen caído” (El Diario, 26/9/55).

El profesor Carlos A. Álvarez, que había sido exonerado en marzo de 1949, habló en nombre de los organizadores del acto y pronunció un discurso que fue transcripto en El Diario. En uno de sus pasajes, afirmaba que “las víctimas de entonces”, sabían que no iban a “volver a pisar” la Escuela, mientras “la negra nube del despotismo oscureciera estos anchos patios, estas diáfanas aulas y aquellas generosas terrazas” (El Diario, 25/9/55). Al día siguiente, alumnos de la Normal se acercaron a la redacción de El Diario, donde, además de expresar su alegría por el homenaje, denunciaron que en la Escuela Normal continuaban las mismas autoridades y reclamaban que se las dejara cesantes. De la directora Morales, decían que era “una persona que actuó en todo momento en complicidad con la dictadura derrocada por la Revolución, discípula de aquel siniestro personaje que se llamó Jordán Bruno Genta” (El Diario, 26/9/55). Poco tiempo después, Morales fue reemplazada en la dirección por Pedro José M. Beades, jefe de preceptores, y luego por Armando Brasesco, egresado de Paraná, quien se encontraba entre los docentes que habían sido trasladados en marzo de 1949.[1] Unos meses después, fue nombrada vicedirectora Damiana Beades. La regente, María Laura Crespo Zavalla continuó en su cargo hasta mayo de 1956, cuando fue designado en su lugar, el profesor Carlos Salomón Cejas, maestro de la Escuela de Aplicación. Filiberto Reula había sido nombrado interventor del Instituto del Profesorado.

Bajo la dirección de Brasesco, se dieron a conocer varios decretos que dejaban cesantes a profesores de la Escuela Normal y del Instituto del Profesorado. Entre otros, fueron cesanteados del Instituto del Profesorado: Rosa V. Andrili, Josefa E. Permateu de Ríos, Francisco V. Sánchez y Doraliza E. Marcantoni de García Leiva. De la Normal, Rosa N. Bergallo de Serio Hauser, la maestra de grado Celia Luisa Alegro, Hugo W. Amable y Diego A. Sánchez Pizzola. A este último se lo acusaba de ausentarse con frecuencia y por períodos prolongados de la Normal, y seguir cobrando su sueldo, mientras concurría a “los cursos de la Escuela Superior del Peronismo de Buenos Aires” y a la provincia de Salta, donde estuvo un tiempo como interventor del Partido Peronista (Libro Copiador, 1953-1956, AHEN).

De Amable se decía que fue cesanteado por los hechos de octubre de 1948, donde, siendo alumno y celador del Instituto, había pronunciado el día 17 un “discurso insultante”, en el que agravió con “inaudita torpeza a Sarmiento, desafió a los profesores democráticos y ensalzó a Rosas, con lo que se dio comienzo a la implantación violenta en el Instituto, del nacionalismo totalitario, rosista y peronista, mediante la separación de profesores y la persecución de alumnos”. Se remarcaba que, una vez recibido, y “evidentemente como premio a su anterior actuación, fue nombrado profesor de la Escuela”. No era posible, se concluía, que ejerciera el magisterio quien había agraviado al prócer, precisamente en la Escuela fundada por Sarmiento. También se cesanteó a José J. Venturino, quien después de los episodios de 1941, se recibió de profesor y fue designado para dar clases en el Instituto y la Normal. Se lo acusaba por haber “hecho proselitismo en favor de las doctrinas que profesaba como miembro calificado de la Alianza Libertadora Nacionalista y del Partido Peronista” (Libro Copiador, 1953-1956, AHEN).

En febrero de 1957, Armando Brasesco fue reemplazado en la dirección de la Escuela Normal por Carlos S. Cejas, que era, como vimos, regente de la Escuela de Aplicación. Cejas había nacido en la provincia de Santiago del Estero, hizo el magisterio en la Escuela Normal de La Banda (Santiago del Estero) y en 1924 egresó como profesor de la Normal de Catamarca. Luego se trasladó a Paraná, donde estudió en la Facultad de Ciencias Económicas y Educacionales de la UNL y obtuvo el título de profesor de enseñanza secundaria, normal y especial en Filosofía y Pedagogía en 1929. En 1931, ingresó a trabajar en la Escuela de Aplicación de la Normal de Paraná como maestro, siendo uno de los que implementó la Escuela Nueva bajo la regencia de Rodríguez (ver capítulo 5) y luego dio clases en el curso de magisterio. En 1932, se casó con María Elena Duclós y tres años después nació su único hijo, Carlos Alfredo Cejas Duclós. En 1933 comenzó a trabajar como docente en la Escuela nocturna Leandro N. Alem, en 1939 fue designado vicedirector y en 1945, director. Su vida se vio atravesada por una tragedia personal, en el contexto de los levantamientos militares contra Perón. El 16 de septiembre de 1955, su hijo, con 20 años de edad, murió a bordo del destructor “Cervantes”, durante acciones que desarrollaba la Marina en el Río de La Plata. La muerte de Cejas, que fue recordado como un “heroico cadete naval”, tuvo una enorme repercusión en la Marina – el almirante Isaac Francisco Rojas le dedicó un poema- y en toda la ciudad.[2] Una vez producido el golpe de Estado, la Junta Militar a cargo del gobierno de la provincia, dispuso que los alumnos de las escuelas de Paraná le rindieran un homenaje al cadete “que perdiera la vida luchando por la Revolución Libertadora” (El Diario, 28/9/55). En septiembre, sus restos llegaron a la Base Aérea de Paraná, en un avión de la Marina de Guerra. En el recorrido por la ciudad hasta el cementerio, se realizaron numerosos homenajes en los que participaron la Compañía de Boy Scouts “Justo José de Urquiza” a la cual había pertenecido, la comisión de homenaje “a los exiliados”, el Centro de Estudiantes Secundarios de Paraná, juntas de vecinos y numerosas escuelas de la ciudad, entre la que se destacaban la nocturna que había dirigido su padre, la Escuela Normal, el Colegio del Huerto y la Universidad Popular. El Diario titulaba: “Entre una fila interminable de escolares, entraron a la ciudad los restos del cadete Cejas” (Diario, 30/9/55, p. 1).[3]

En suma, el director Cejas, si bien no había egresado de la Escuela Normal de Paraná, su trayectoria desde los años de 1930 como maestro de grado, profesor en el curso de magisterio, regente y el haberse convertido en el padre del “héroe de Paraná”, le otorgaron suficiente legitimidad local para ocupar ese prestigioso puesto. Cejas se mantuvo hasta 1968, como dijimos, convirtiéndose en el tercer director que más tiempo duró en el cargo, después de Victoria y Echenique. Completó su mandato la vicedirectora egresada de Paraná, Josefina Madrid de Arroyo.

Los normalistas y la “laica o libre” en Paraná

La Escuela Normal de Paraná se vio envuelta en las movilizaciones y huelgas estudiantiles que se dieron en el marco de las protestas nacionales conocidas como “laica o libre”. En la ciudad de Paraná, los estudiantes de la sección de Ciencias de la Educación se dividieron en dos grupos enfrentados, unos fundaron la Junta de Acción Reformista, a través de la cual defendieron la tradición laica, y otros se nuclearon alrededor del Frente Familiar y Estudiantil Pro Enseñanza Libre (Kummer, 2010).[4] De manera similar a lo sucedido en otras localidades, estas divisiones se produjeron entre los demás estudiantes de magisterio de la Normal, del Instituto del Profesorado, del Liceo y del Colegio Nacional.

El 10 de septiembre tendría lugar una sesión especial en la Cámara de Diputados y la Federación Universitaria Argentina (FUA) convocó a una huelga para ese día, a la que se sumaron otras organizaciones como la Confederación Argentina del Magisterio y las agrupaciones de estudiantes de nivel medio. A partir de entonces, las disputas en Paraná cobraron una mayor dimensión y la Escuela Normal tuvo un lugar central. El día 10, se llevó a cabo una asamblea en la plaza Primero de Mayo, en la cual hablaron los representantes estudiantiles de diversos institutos educacionales en favor de la enseñanza laica, y decidieron adherirse al paro de la FUA (El Diario, 10/9/58).

En el marco de la huelga, el edificio fue tomado por los estudiantes reformistas. Al otro día, los alumnos de magisterio y del Colegio Nacional, impidieron la entrada del resto de los estudiantes. Desde los balcones de la Normal se habían instalado equipos sonoros que difundían música e invitaban al resto del estudiantado a adherirse a la huelga. Afuera había una gran cantidad de policías a caballo y de infantería. Alrededor de las 10 de la mañana, un grupo de estudiantes a favor de “la libre” se concentró frente a la Escuela Normal y los policías comenzaron a reprimirlos, siendo “insultados y atropellados por los caballos” (El Diario, 11/9/58). El periódico católico La Acción, informaba que, “Con sable en mano, el escuadrón cargó contra los manifestantes, persiguiéndolos dentro de la plaza, viéndose actuar a personal de infantería”, castigarlos violentamente. Ante la resistencia de los estudiantes, que recibieron el apoyo de trabajadores y empleados que se encontraban en la zona, la policía disparó bombas lacrimógenas y en media hora consiguió dispersarlos, muchos de los cuales quedaron heridos. La Acción denunciaba que el responsable de la represión había sido el gobernador de la provincia (La Acción, 11/9/58).

Por otro lado, el movimiento de Estudiantes Reformistas de Paraná, debió salir a desmentir lo manifestado por la Federación de Estudiantes Libres (FEL), respecto a que ellos habían detenido e insultado a una parte de las alumnas del Liceo, por no adherirse a la huelga (El Diario, 11/9/58). Y el Frente Familiar Estudiantil Pro Enseñanza Libre tuvo que aclarar que no pertenecía a ninguna organización que reivindicara la figura de Rosas (El Diario, 11/9/58).

El día miércoles 12, un grupo de legisladores presentó una moción en la Cámara de Diputados provincial, para solicitar una investigación sobre la represión policial. Concurrieron a la sesión numerosos estudiantes y se aprobó sobre tablas su tratamiento (La Acción, 12/9/58). También se presentó un proyecto de resolución, en el cual un diputado hacía público su desagrado ante la “pasividad con que se mostraron las autoridades educacionales”, frente a “la ocupación de edificios escolares por un grupo de alumnos” (La Acción 12/9/58).

El domingo 14, tuvo lugar en la plaza Primero de Mayo un acto público del Frente Familiar Estudiantil, que, según el periódico católico, contó con la asistencia de una gran cantidad de público. Al finalizar el encuentro, los estudiantes marcharon por la ciudad hasta las puertas de la sede de La Acción (El Diario, 12/9/59 y La Acción, 15/9/59).

El 23 de septiembre, la FUA llamó a una huelga de 48 horas a partir del día 25, a la que adhirieron, entre otros, los estudiantes universitarios y normalistas, el Comité Ejecutivo del Magisterio Entrerriano, el Centro de Estudiantes Reformistas del Colegio Nacional de Paraná y la comisión directiva del Centro de Estudiantes del Instituto del Profesorado (El Diario, 26/9/58 p. 4). En el medio de la aprobación del artículo 28 por ambas Cámaras, se organizaron varias marchas más. El 15 de octubre el Centro de Estudiantes del Profesorado resolvió en una asamblea, continuar la huelga (El Diario, 16/10/48).

El 29 de octubre, la Federación Universitaria de Estudiantes Reformistas (FUER) denunció ante la opinión pública, que los rectores de los institutos secundarios y del Instituto del Profesorado, permitían la permanencia de la policía provincial en sus aulas. Por lo tanto, aconsejó al Centro de Estudiantes del Instituto del Profesorado, la abstención de sus afiliados a concurrir a clases. El 30, el Centro de Estudiantes Reformistas del Profesorado llevó a cabo una Asamblea General Extraordinaria en la que resolvió adherirse al paro decretado por la FUA para el viernes 31 de octubre, e invitó a todo el estudiantado al acto público organizado por la FUER y el Movimiento de Estudiantes Reformistas Secundarios de Paraná, a realizarse en la Plaza Primero de Mayo (El Diario, 31/10/58).

Ese mismo día, El Diario publicó una nota del profesor Berio Acosta, dirigida a la juventud de Paraná y a las “niñas” de la Escuela Normal y del Liceo, donde recordaba las huelgas que él había protagonizado en 1918 y reivindicaba la “Paraná liberal”:

Me dirijo a ustedes, muchachos y muchachas de la Reforma que, en 1958, como hiciéramos nosotros 40 años antes en esta Paraná liberal, levantan una bandera que es siempre de futuro para el progreso integral de la Nación. Me dirijo a ustedes, niñas de la Escuela Normal de Sarmiento y del Liceo, desprendido del Colegio de Villarroel, que afirman en sus puras inteligencias un principio fecundo, sin dobleces: la escuela laica (El Diario, 31/10/58, p. 5).

En su Memoria del año 1958, el director Cejas señalaba que los días de huelga impidieron la marcha regular del trabajo en la Normal, ante lo cual, intentó tomar algunas medidas para superar las dificultades. Asimismo, con el fin de volver a unir al estudiantado y alejarlo “de toda preocupación de orden político o confesional”, impulsó la organización de un Club Colegial (Memoria, 1958).

Los conflictos entre los sectores autodenominados “laicos” y los católicos continuarían al año siguiente, en el marco de la organización de los “Seminarios” por parte del ministro Mac Kay. Del 27 de agosto al 3 de septiembre de 1959, se llevó a cabo en los salones de la Escuela Normal y del Instituto Nacional del Profesorado, el “Seminario Regional” de la Zona 6, con el propósito de debatir y hacer propuestas para mejorar la educación. Participaron representantes de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Formosa. Maestros y profesores del sistema público, denunciaron que desde el Ministerio, se había seleccionado “una mayoría artificial” de docentes de “institutos privados de carácter religioso”, es decir, de “monjas y curas” que “llenaron con sus uniformes” el recinto de los Seminarios y buscaron “abolir los principios laicos para imponer la enseñanza religiosa” (AGER, Fondo Cejas, Legajo Nº 6). Ante esta realidad, en las sesiones “se produjo el retiro de más de cien delegados de los establecimientos estatales, quienes puntualizaron sus objeciones e impugnaciones” y pidieron “invalidar las resoluciones aprobadas sin el respaldo necesario”. Ninguno de estos reclamos fue atendido.

La Normal entre 1958 y 1969: el primer director concursado

En 1958, la Escuela Normal continuaba siendo el establecimiento de mayor concurrencia de la ciudad: el nivel medio contaba con 512 estudiantes- casi todas mujeres-, la Escuela de Aplicación tenía 21 grados y 754 alumnos, y el Jardín de Infantes, 5 secciones a las que concurrían 166 niños. Para ese entonces, su cuerpo docente estaba integrado por un director, vicedirector, regente, subregente, directora de Jardín de Infantes, jefe de celadores, 108 profesores, 21 maestros de grado, 5 maestras de nivel inicial y 7 maestros especiales.

Tener la “mejor Escuela de la ciudad”, explicaba el director Cejas, ocasionaba el problema del exceso de alumnos y aulas sobrecargadas, debido a los constantes pedidos de excepción. Solicitaba a las autoridades darle una solución a la masividad y que limitaran el número de estudiantes a 35 por curso, prohibiendo el funcionamiento de clases con 50 alumnos, como pasaba en muchas secciones. La gran cantidad de estudiantes, seguía, impedía que el orden se lograra en todas las horas, destacando la dificultad que se ocasionaba con las horas libres, cuando faltaba un profesor. Además, el edificio continuaba ocupado por otras cuatro instituciones que utilizaban el mismo moblaje y algunas incluso, el mismo material de enseñanza (Memoria, 1958).

A esta realidad cotidiana, decía el director, se le sumaban los cinco establecimientos adscriptos que tenía la Normal. ¿Y qué eran estos establecimientos? En Argentina, el Estado nacional, igual que en otros países, optó por prescindir de tener el monopolio de la formación docente y desde 1897 los ministros permitieron el funcionamiento de institutos particulares, que fueron mayoritariamente católicos, a condición de que se sometiesen al control pedagógico y administrativo del Estado, y se “adscribieran” a una Normal nacional (Rodríguez, 2019). Buena parte del control que debía ejercerse hacia estos institutos, lo tenían que realizar los directores de las Normales. Desde 1921 la Normal de Paraná tenía adscriptos el Colegio del Huerto, una institución católica, y para los años de 1950, se habían sumado cuatro establecimientos privados más, entre los que estaban el Instituto Cristo Redentor y el Instituto Secundario de Viale. En el marco de las manifestaciones de la “laica” o “libre”, previsiblemente, sus directivos, docentes y estudiantes marcharon a favor de la “libre”.

Entre las acciones realizadas durante 1958, Cejas enumeraba la organización de una biblioteca para maestros, la realización de una cartelera de efemérides, un periódico, obras de teatro en el magisterio, festejos especiales dedicados a las fechas patrias y a la despedida de los compañeros que egresaban. En algunas asignaturas, afirmaba, se seguía con el trabajo en equipos, la lectura de obras completas, su registro en fichas y el Plan Dalton en los grados superiores. El director resaltaba la labor de la Cooperadora, que hacía la mayor parte de los aportes para poder funcionar diariamente.

Cada año, añadía, llegaban a la Escuela Normal notas solicitando becas de estudio, pero el Estado nacional financiaba solo unas pocas, por lo que otras instituciones habían resuelto crear fondos para financiarlas, como la Comisión Directiva del Centro de Ex Alumnos de la Escuela Normal, dirigido por la pedagoga Montoya (Becas, década de 1960, AHEN).

En 1958, se sancionó una ley que aprobó el Estatuto del Docente y por primera vez los profesionales integrantes de la burocracia nacional, vieron satisfechos algunos de sus históricos reclamos. Desde fines del siglo XIX, los docentes venían solicitando que se tomasen una serie de medidas, como garantizar la estabilidad en el cargo; conformar un escalafón profesional; realizar designaciones en base a la idoneidad (medida a través del título y la antigüedad); ofrecer ascensos por medio de tribunales integrados por docentes elegidos por sus pares; efectuar los pagos de los salarios en tiempo y forma; y establecer un régimen jubilatorio específico, entre otros. A lo largo del tiempo, se presentaron varios proyectos de ley que no prosperaron, aunque hubo algunas provincias que lograron aprobar sus propios Estatutos antes de 1958.[5]

Dicho Estatuto (Ley 14473/58), entre otras cosas, cambió el mecanismo de selección de los directores, que comenzaron a designarse por “concurso de títulos, antecedentes y oposición”. Una “junta de clasificación”, integrada por docentes, evaluaba los títulos y antecedentes de los aspirantes y presentaba la nómina de los jurados del concurso, que debían evaluar las pruebas de oposición. En 1961, Cejas se presentó, junto con otros colegas, para rendir en la ciudad de Santa Fe, el concurso de su cargo de Paraná. Siguiendo el procedimiento, Cejas fue evaluado y la junta decidió que estaba en condiciones de pasar al segundo momento. Rindió la prueba de oposición que consistía en elaborar “un plan de visita” y un “informe de clase”, y sacó el máximo puntaje (10). En 1962 fue designado director titular.

Por otra parte, Cejas opinaba, igual que otros normalistas, que la reforma Rothe había dejado la formación de los futuros maestros en solo dos años, lo que era muy poco, y consideraba fundamental, realizar un cambio en los planes de estudio. Asimismo, solicitaba a las autoridades que, siendo la Normal de Paraná la primera en el país que formara profesoras para los Jardines de Infantes, se volviese a crear un Profesorado en memoria de Sara C. de Eccleston y Rita Latallada de Victoria, propuesta que no fue aceptada.

En relación con el número de maestros egresados de este último período, se puede apreciar en el cuadro 11, que se mantuvo casi siempre superando los 100 profesionales, resultando una amplia mayoría de mujeres:

Cuadro 11. Maestros egresados Escuela Normal de Paraná (1955-1969)

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Fuente: elaboración propia en base a Rocha (2010).

Cuando se anunció el decreto de diciembre de 1968, que eliminaba el ciclo de magisterio y se creaban los Institutos de Formación Docente de nivel terciario, no hubo mayores comentarios en la prensa, a excepción de un editorial en El Diario que se mostraba de acuerdo con la medida y recordaba que era un anhelo de la comunidad paranaense, que se elevara de nivel la formación.[6] Durante 1969 se cursó el último año del ciclo de magisterio. Si bien las autoridades de la Normal siempre habían elegido la fecha del 16 de agosto de 1871 para conmemorar un nuevo aniversario, en este marco, se hicieron algunos actos rememorando los cien años de las primeras normas aprobadas en 1869 y 1870.

Epílogo: el centenario de la Escuela

Hemos visto que los dos aniversarios más importantes de la Escuela, estuvieron marcados por algún cambio institucional importante. En agosto de 1921, cuando la Normal cumplió su Aniversario número 50, hacía un año que se había suprimido el Curso de Profesorado, y había perdido su original denominación de Escuela Normal mixta de Profesores. Y en agosto de 1971, a los 100 años, la Escuela se encontraba sin su ciclo de magisterio, dejando de ser la Escuela Normal mixta de Maestros del pasado.

De todos modos, se constituyó una Comisión Homenaje al Centenario de la Escuela Normal, se nombró de presidente al ex director Cejas, y se solicitó la adhesión del ministro de cultura y educación, José Cantini y del gobernador de la provincia, Ricardo Favre. El 26 de septiembre de 1970, la comisión envió una nota en la que elogiaba la labor del ministro para “superar la crisis educativa argentina” y reconocía la importancia de su “programa de transformaciones”. El propósito de recordar el centenario, aun cuando la Escuela ya no formaba más maestros, era “celebrar jubilosamente sus cien años de bien intencionados servicios a la educación del pueblo y la cultura nacional, en el grado de excelencia que el sistema educativo le permitiera” (Fondo Carlos Alfredo Cejas Duclos Leg. Nº 6, AGER).

Finalmente, en agosto de 1971 se organizó un ciclo de conferencias que se dictaron entre abril y noviembre, donde expusieron funcionarios, ex funcionarios, profesores de otras Normales, docentes y jubilados de la Normal y del Instituto del Profesorado de Paraná: Gustavo Cirigliano, Luis J. Zanotti, Adela Fernández de Monjardín, Luisa Cresta de Leguizamón, José M. Lunazzi, Celia Ortiz A. de Montoya, Filiberto Reula, Facundo Arce y Beatriz Bosch. Hubo también una serie de audiciones radiales a cargo de los paranaenses Filiberto Reula, María del Carmen Ríos, Celia Ortiz A. de Montoya, José Culó, Hortensia Wybert y María del Carmen Rodríguez. Además, se transmitieron canciones tradicionales de la Escuela y se desarrollaron actividades culturales y deportivas. Para la “Semana del Centenario”, del 13 al 17 de agosto, hubo una conferencia sobre Rosario Vera Peñaloza, una exposición de libros y un concierto en la Biblioteca Popular. El día 14 se incorporaron retratos de los ex directores Filiberto Reula, Roberto Escobar y Gabriel Echenique y se hicieron homenajes a Sara C. de Eccleston, Sara Figueroa, Filiberto Reula, María del Carmen Rodríguez y Hortensia Wybert. A la noche, tuvo lugar una cena baile en el Club Rowling. El día 17 de agosto por la tarde, el personal de la Escuela y los invitados, participaron en el acto de homenaje a San Martín. De esta forma, el cierre de la Escuela Normal como formadora de maestros, no era visto como una clausura, sino como una modificación más, en una larga trayectoria de transformaciones institucionales.


  1. Brasesco nació en Paraná, en 1898. Fue maestro de escuelas carcelarias y militares y ejerció como docente de Geografía e Historia en la Escuela Normal de Paraná, en la Escuela Nocturna Leandro N. Alem y en el Colegio Nacional (Perete, 1989, p. 55).
  2. El poema se denominaba: “Por la república”, y en uno de sus pasajes decía “(…) son aviadores, marinos, civiles enardecidos, ¡son soldados argentinos! Cejas, Guillochon, Sahores, marineros, suboficiales, son del mar nuevos titanes, lo es Gargiulo y sus infantes. De Villa Reynolds partieron y a Córdoba no llegaron, a dar libertad acudieron más en camino quedaron (…)” (AGER, Fondo Cejas, Legajo Nº 5). Hay además, una calle en la ciudad de Paraná que desde 1959 lleva su nombre.
  3. Durante los años siguientes, al recordarse los aniversarios del golpe de Estado de 1955 en Paraná, el homenaje a Cejas ocuparía un lugar central en la prensa (El Diario, 17/9/58).
  4. El 5 de julio de 1958 se aprobó una resolución por la cual la sección de Ciencias de la Educación dejó de depender de la Facultad de Filosofía y Letras de Rosario y pasó a la órbita del Rectorado como Facultad de Ciencias de la Educación (Kummer, 2010).
  5. En 1954 el gobierno peronista había sancionado un Estatuto del Docente, pero casi no tuvo vigencia.
  6. Como ya mencionamos, la reforma incluía otros puntos, como la creación de un nivel intermedio. En 1970 el personal docente de la Escuela de Aplicación de la Normal de Paraná, debió iniciar la implementación del Primer Ciclo de Nivel Intermedio, que no pudo casi aplicarse porque al otro año se suspendió la medida.


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