Otras publicaciones:

9789877230581-tapa

9789877230956_frontcover1

Otras publicaciones:

Book cover

9789871867493-frontcover

8 La sociedad de la ¿información?

Entre las fake news y la enseñanza del pensamiento crítico

Laura Mercedes Tomala y María Florencia Domínguez [1]

–Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos. –La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. –La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda… eso es todo.

 

Alicia a través del espejo, Lewis Carroll (1871)

I. Nada nuevo bajo el sol

No estamos ante un fenómeno novedoso, las “noticias falsas” se remontan prácticamente al mismo momento de la invención de la imprenta. No existe un mejor ejemplo de nuestra historia reciente que la portada del diario Clarín del 25 de marzo de 1976 cuyo título fue “Las fuerzas armadas ejercen el gobierno” con el copete “Total Normalidad”.

La propagación en medios de comunicación del término fake news tomó mayor relevancia con el resonante caso de Cambridge Analytica en 2018, luego que una investigación periodística del diario británico The Guardian revelara que tanto en la campaña de Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos de 2016, como en la campaña por la ruptura con la Unión Europea en el Reino Unido, denominada Brexit, en el mismo año, la empresa había utilizado datos de millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento, con fines políticos. La firma se describía a sí misma en la web como una consultora de “microtargeting conductual”, con capacidad estratégica para brindar “apoyo a campañas políticas” y “soporte digital”, lo cual implicaba, en pocas palabras, la labor de analizar los datos extraídos de las cuentas privadas de 50 millones de usuarios, todos ellos obtenidos de manera engañosa, para luego convertir a esos usuarios objeto de las campañas políticas de sus clientes.

Para obtener la información necesaria de los usuarios, Cambridge Analytica hizo circular por Facebook una aplicación con el nombre This is your digital life, que funcionaba como un test online. Para poder realizarlo, la app solicitaba el inicio de sesión en Facebook y la aceptación de algunos permisos que habitualmente los usuarios habilitan sin leer previamente. De esta manera la aplicación accedía a los datos, contactos, ubicación y actividad de los usuarios de manera totalmente libre, sin restricciones ni filtros. Una vez analizados los miles de millones de datos obtenidos, fueron utilizados estratégicamente para enviarles de manera sutil contenido político a determinados targets susceptibles de modificar su conducta en las próximas elecciones. Si bien es objetable la forma en que fueron obtenidos los datos, podríamos inferir que no se modifica de gran manera la lógica de las campañas políticas a lo largo de la historia, pero es en el contenido de aquellos mensajes en donde reside la mayor de las polémicas. Mediante los datos psicográficos obtenidos se organizó una PSYOPS (Psychological operations)[2], en donde los usuarios objetivos recibían información falsa, imágenes manipuladas, videos abstraídos de sus contextos originales a través de usuarios falsos (trolls), o pauta publicitaria soslayada como supuestas noticias, que reforzaban los sentimientos de miedo o ira de los usuarios, provocando un “relato de la realidad customizado” para despertar cierta reacción en el receptor que, intuitivamente, tenderá a compartir esa publicación, extendiendo su propagación de manera exponencial, viralizando el contenido falso. El receptor de aquella información no se preocupa por verificar la veracidad de la información compartida, dado que, tal como plantea Boris Groys, en el paradigma de las redes sociales como vidriera y construcción del ser, lo que construye la identidad individual no es la realidad, sino lo que la autopropaganda de contenido compartido en mi perfil digital construye sobre mí. Las nuevas subjetividades alienadas por la virtualidad exigen imágenes diseñadas sin importar su exactitud contextual.

Habitualmente, este tipo de imágenes apelan a dos pasiones fundamentales, como ya podía leerse en el célebre texto de Gustave Le Bon de 1895, Psicología de las masas: el odio y la ignorancia. Estos dos aspectos de las imágenes permiten la construcción de un enemigo interno que logra generar cohesión social en contextos de exacerbación de los nacionalismos, invocando a una retórica moralista que lucha contra el “mal” que amenaza, consolidando el odio, lo cual conduce al miedo social, y termina justificando cualquier camino para la restauración del “orden” perdido.

La psicoanalista Nora Merlin, en su libro Mentir y colonizar, considera que para entender el carácter activo, compulsivo e inconsciente de esta obediencia es necesario entender que la “formación reactiva” es un mecanismo de defensa distinto de la represión, el cual consiste en la transformación de una pulsión de rasgo de carácter sustentado en su opuesto: el odiador ama su goce sádico como la salvación de la patria.

Siguiendo esta perspectiva de análisis, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) realizó un estudio[3] con datos que emergen de Twitter, que revela que, de un total de 126.000 afirmaciones difundidas en esa plataforma entre 2016 y 2017, las mentiras se propagan porque suelen provocar respuestas de temor, indignación y sorpresa. Las informaciones falsas reciben un 70% más retuits que las veraces, es decir que los usuarios las comparten mucho más entre sus seguidores, ayudando a multiplicar su difusión. Además, de ese estudio se desprende que la difusión de información falsa no se debe esencialmente a los bots que están programados para difundir historias inexactas. “Descubrimos que la falsedad se difunde significativamente más lejos, más rápido, más profundo y más ampliamente que la verdad, en todas las categorías de información, y en muchos casos por un orden de magnitud”, dice Sinan Aral, profesor de la Escuela de Administración MIT Sloan.

II. El poder de las imágenes

El uso de imágenes resulta fundamental a la hora de construir, circular y viralizar noticias falsas. El filósofo Franco “Bifo” Berardi reflexiona:

A medida que se reemplaza el patrón secuencial de la escritura impresa con la configuración de imágenes, la mente social tiende a reemplazar lo crítico con una metodología de interpretación mitológica. La evaluación crítica es posible sólo cuando el intercambio de signos es lo suficientemente lento para poder ser examinado secuencialmente por un lector y cuando el receptor dispone de tiempo para discernir entre la verdad y la falsedad. Esto es lo que se llama crítica. La información visual, particularmente el flujo electrónico de configuraciones, es demasiado rápido para la examinación crítica. (2017, 153-154)

Décadas antes, el filósofo Marshall McLuhan advirtió que la transición del entorno industrial moderno al electrónico, con su demanda de interacción, nos devolvería nuestra perdida conciencia tribal, dado que los cambios sociales son el efecto que las nuevas tecnologías ejercen sobre el orden de nuestras vidas sensoriales. No obstante, esas tribus ya no serían grupos pequeños y aislados porque los nuevos medios de comunicación se extenderían a través del planeta, y de este modo acuña el término “aldea global” para describir la morfología actual de la sociedad de la información.

Sin embargo, la International Fact-Checking Network (IFCN)[4], organización que promueve y certifica la excelencia en fact-checking (chequeo de información) por parte de organizaciones descentralizadas alrededor del mundo, en nuestro país el sitio web Chequeado forma parte de esta red, entre una de sus principales herramientas establece la necesidad de evaluar la veracidad y coherencia de cualquier imagen que acompañe una noticia como una de las primeras medidas dentro del protocolo de validación de contenido a corroborar.

Comunidades como Bellingcat y #DigitalSherlocks o proyectos como Jigsaw[5] (propiedad de Google LLC, subsidiaria de la multinacional estadounidense Alphabet Inc.) que funcionan con herramientas como Assembler[6], prometen derrotar a las imágenes “construidas” con fines de sostener noticias falsas, utilizando detectores tecnológicos que identifican diferentes tipos de manipulación y evalúan si estas imágenes han sido “alteradas”. Es interesante detenerse a analizar la constante necesidad de las nuevas tecnologías de corroborar la construcción de una imagen literal en estado puro, cuestión que ha sido ampliamente discutida en los ámbitos semiológicos desde los años ‘70 a esta parte, en donde académicos de la estatura de Barthes, Eco, Dubois, Joly, Scolari, entre otros, han desarrollado el tema y demostrado la esterilidad de pretender la construcción de las imágenes fotográficas como meras reproducciones mecánicas de “la realidad” sin que intervengan en su “lectura” aspectos de codificación socioculturales, antes, durante y después del instante del clic. Todo esto sin mencionar cientos de interfaces mediante las cuales esa misma imagen ha tenido que ser procesada para llegar a la plataforma en donde es encontrada. Interfaces que son en sí mismas estructuras simbólicas que se crean como metáforas de diferentes objetos y espacios:

  1. Una interfaz está diseñada dentro de un contexto cultural y a su vez diseña contextos culturales.
  2. La interfaz responde y materializa la lógica económica del sistema en el que se inscribe. Es un dispositivo político.
  3. La ideología de la interfaz está siempre incrustada en la propia interfaz, pero no siempre es visible.[7]

Las respuestas de este tipo de medidas adoptadas para el análisis nos devolverán siempre como resultado una respuesta dicotómica, una imagen será verdadera o falsa, real o modificada. Es entonces cuando nos preguntamos ¿es suficiente esta respuesta para dar cuenta de la compleja red de construcciones y reconstrucciones a la que fue sometida? ¿No es excesiva tal simplificación?

En este punto nos parece interesante retomar a WJT Mitchell, quien se cuestionaba “¿Qué quieren realmente las imágenes?” y de ese modo instaló la cuestión del deseo. La pregunta “¿qué quieren las imágenes?” tiene que ver específicamente con el sentido de la imagen, asume un aspecto diferente, un giro pictorial, en el que se observa un cambio de la imagen desde lo artístico.

La idea de que las imágenes tienen un tipo de poder social o psicológico en sí mismas es, de hecho, el cliché imperante en la cultura visual contemporánea. La afirmación de que vivimos en una sociedad de espectáculo, vigilancia y simulacro no es meramente una revelación de la crítica cultural avanzada; un icono de la publicidad y los deportes como Andre Agassi puede decir que “la imagen lo es todo” y ser entendido como alguien que habla no solo sobre imágenes, sino para las imágenes. Como alguien que se ve a sí mismo como “nada más que una imagen” (Mitchell, 1996: 71-82).

III. Infodemia y una nueva lógica en noticias falsas

El 11 de marzo de 2020, desde Ginebra, el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que el nuevo coronavirus “SARS-CoV-2” era una pandemia. En ese mismo momento en Argentina, miembros del Ministerio de Salud de la Nación junto con la Secretaría de Medios y Comunicación Pública y representantes de la Organización Mundial de la Salud brindaron una capacitación destinada a periodistas para una comunicación responsable en situaciones de riesgo con el objetivo de evitar que circulen noticias falsas. El 19 de marzo de 2020 el presidente Alberto Fernández anunciaba el comienzo de una cuarentena que implicaba el aislamiento social preventivo y obligatorio. La única vacuna para este virus era permanecer en nuestras casas. La vida intramuros genera angustia y ansiedad y el consumo de información en exceso seguido del riesgo de recibir información no chequeada conduce a un intenso malestar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) acuñó el término “infodemia” para referirse a la sobrecarga de información falsa y a su veloz propagación entre la población y los medios, que genera pánico o promueve conductas incorrectas.

El presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), Santiago Levín, advirtió acerca de la importancia al momento de seleccionar las fuentes de información: “Vamos a pasar mejor estos días si rechazamos las fuentes tóxicas que circulan por las redes y en medios de comunicación”[8].

Con el paso de los días, creció tan rápidamente la infodemia como la propagación del virus, lo que llevó al Ministerio de Salud de la Nación a desarrollar la campaña en redes sociales: “La información falsa y los rumores se propagan más rápido que el coronavirus”[9]. Esta sobrecarga de información también afecta a la salud pública, generando pánico, ansiedad, mayor aislamiento y angustia. El escenario puede intensificarse aún más ya que estos datos se propagan en las noticias, en redes sociales, y las fakes news otra vez ganan terreno. De algún modo podemos inferir cuáles son los intereses económicos y/o políticos tras la creación de este tipo de información falsa, pero cuando la que está en juego es la salud mundial, ¿cuáles son los intereses detrás de la creación de falsas curas milagrosas?

Entre las fake news que circularon podemos citar audios de médicos a quienes les usurparon sus nombres e imágenes, teorías de posibles vacunas, versiones del origen del virus. Ante esta problemática de circulación de desinformación específicamente durante la pandemia, las grandes empresas de redes sociales como Facebook, Instagram, Google y Twitter establecieron una suerte de colaboración con la OMS y el Gobierno de la Nación a los fines de garantizar una distribución de información confiable. Así es como en las redes al buscar palabras clave vinculadas a la COVID-19, aparece la landing oficial de Presidencia de la Nación sobre coronavirus. Cada empresa se comprometió a eliminar a la mayor brevedad los contenidos con información falsa, peligrosa y engañosa contraria a los cuidados y formas de prevención indicados para combatir el virus.

Por su parte, a nivel internacional, Facebook donó un millón de dólares a la Red Internacional de Verificación de Datos del Instituto Poynter (IFCN), cuyo código de principios se basa en una serie de compromisos que las organizaciones cumplen para promover la excelencia en la verificación de hechos de manera transparente y no partidista como instrumento fundamental del periodismo de investigación. Esa red en la Argentina nuclea al sitio Chequeado, mientras, a nivel local, Facebook donó al gobierno nacional créditos publicitarios (ads credits) con el fin de dar a conocer las campañas de prevención en sus plataformas durante la pandemia. Además, los servicios de mensajería de esta empresa, que también incluyen a Instagram y Whatsapp, acordaron con la Secretaría de Innovación Pública y el Ministerio de Salud implementar un chat bot, a través del cual se puede acceder a información oficial y segura acerca del COVID-19 desde un servicio de respuestas automatizadas que brinda asesoramiento e información precisa de manera rápida y confiable.

A nivel regional, la agencia de noticias Télam lanzó “Confiar”, una plataforma dedicada a la verificación de la información que circula sobre el coronavirus, que tiene el objetivo de brindar herramientas y aportar criterios que permitan diferenciar la calidad y veracidad de las noticias. Según la presidenta de Télam, Bernarda Llorente[10]:

Incluir un sitio dentro de la agencia, dedicado a la verificación de la información, recurriendo a fuentes oficiales, datos, hechos, voces autorizadas e investigación científica, puede servir para mitigar la proliferación de fake news, a causa del desconocimiento, las incógnitas sobre el propio coronavirus e, incluso, los prejuicios.

La agencia de noticias desarrolló este espacio “por los riesgos que implica la mala información” y para “poder verificar los datos que circulan, brindando herramientas a los ciudadanos para detectar las noticias falsas o inciertas y despejar sus dudas a través de información veraz y chequeada”. La plataforma consta de tres partes. Una de ellas se trata de una especie de trivia de “verdadero o falso”, en la cual se puede chequear la información que circula en los medios de comunicación, y en caso de ser falsa se detalla la información oficial. Otro apartado se denomina “Fake news”, ahí se pueden observar las noticias falsas más difundidas durante el brote de coronavirus acompañada de su verificación. Por último, “Caja de herramientas” permite chequear el origen o fuente de una noticia a través del link de su imagen, video o posteo replicado en redes sociales. En esa misma plataforma se reciben consultas de usuarios como también noticias que consideren falsas o erróneas.

Mientras ocurre el aislamiento en distintas partes del mundo, el filósofo esloveno Slavoj Žižek reflexiona en torno a la pandemia y explica cómo, bajo la excusa del aislamiento, permanecemos en cuarentena en nuestras casas recibiendo otros virus que se propagan que no tienen que ver con cuestiones de salud: “La propagación continua de la epidemia de coronavirus también ha desencadenado grandes epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo”. No obstante, una visión más optimista del escritor nos demuestra que:

Quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global.[11]

¿Seremos capaces de contagiarnos de solidaridad? Si bien las plataformas en la actualidad han decidido involucrarse en la erradicación de las fake news y en esta coyuntura todo parece indicar que será la información brindada por la OMS la que prevalezca por sobre las fuentes no confiables, hubiera sido interesante que tomaran cartas en el asunto antes de que su veracidad y ganancias hayan sido cuestionadas en cortes internacionales. Además, también se ha decidido tomar medidas en contenidos con otras temáticas, evaluándolo mediante algoritmos que cumplen la función de censores, permitir su visualización por parte de otros usuarios o hacer que sean menos visibles que otras. Es aquí en donde reside el conflicto: ¿los nuevos validadores de verdad serán los algoritmos?

Al prestar atención a las nuevas metodologías del marketing de contenidos, podemos claramente observar que se pone especial énfasis en el engagement del público pertinente para cada “producto”, con el fin de crear una comunidad de apariencia horizontal, que consuma y se encargue de sostener su supuesto valor.

Uno de los rasgos más inquietantes de este fenómeno es la construcción cultural eminentemente sesgada que se potenciará a lo largo del tiempo. Si bien históricamente nuestras opiniones y construcciones conceptuales están sesgadas por la realidad que cada individuo vive, las nuevas generaciones estarán cada vez más limitadas por las realidades que los algoritmos determinarán como pertinentes para ese individuo. ¿Cuáles serán entonces las posibilidades de empatizar con lo diferente o construir una realidad contra-hegemónica, en un mundo cada vez más a la medida?

IV. Nuevas lógicas, nuevos conocimientos

El desafío fundamental ante el que nos encontramos en la actualidad es la encrucijada sobre cómo debe ser la educación en tecnología y medios del futuro frente a lo que Barbero considera como un entorno de información y de saberes múltiples y descentrados por relación al sistema educativo que aún nos rige, y donde nos encontramos ante una experiencia cultural nueva, o un sensorium nuevo, retomando a W. Benjamin.

Actualmente seguimos concibiendo la educación del mismo modo que a lo largo del siglo XIX y XX. Se considera una persona alfabetizada a quien domina la cultura escrita o impresa, en donde es indispensable tener adquirida la habilidad de la lectura y la escritura. Sin embargo, la mayoría de los contenidos que debemos decodificar en la actualidad se desarrollan en sistemas audiovisuales distribuidos en múltiples soportes y formatos, ya no solo en libros. Por lo tanto, una persona que se encuentra alfabetizada en la acepción tradicional del término, ¿cuenta con las herramientas necesarias para desarrollarse en la sociedad actual?

El planteo de esta problemática no pretende enmarcarse específicamente en la necesidad de que la educación básica genere mano de obra calificada para el nuevo mercado laboral digital, similar a lo acontecido en el siglo XIX con el capitalismo industrial. La intencionalidad es la de desarrollar una sociedad con las capacidades para poder incorporar las aptitudes necesarias para analizar los discursos y contenidos mediáticos de una manera coherente, deshaciéndose de cualquier supuesto inocente o analíticamente liviano. En este punto es interesante mencionar los términos acuñados por el pedagogo Paulo Freire sobre el sentido y finalidad de la alfabetización[12]:

  • Dimensión instrumental: relativa al dominio técnico de cada tecnología
  • Dimensión cognitiva: relativa a la adquisición de los conocimientos y habilidades específicos que permitan buscar, seleccionar y analizar la información brindada.
  • Dimensión actitudinal: relativa al desarrollo de un conjunto de valores y actitudes hacia la tecnología.
  • Dimensión política: relativa a la toma de conciencia de que las tecnologías de la información y comunicación no son asépticas ni neutrales.

De acuerdo a estas dimensiones es que se vuelve indispensable tomar partido sobre cómo queremos que sea la educación y, entonces, imaginar y plantear cuáles son las mejores estrategias pedagógicas para lograr los objetivos deseados. Lo que nos hace volver una vez más sobre la cuestión de si estamos dispuestos a que los nuevos validadores de la “verdad” sean los algoritmos, cuya propiedad es de las corporaciones digitales. ¿Somos conscientes que, tal como planteaba Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo, quienes tienen esa capacidad son los que mandan?

Ante el desarrollo del capitalismo de plataformas tenemos la misión de formar ciudadanos capaces de tener una comprensión crítica y performativa de las nuevas lógicas de la cultura visual, los algoritmos y las complejas mediaciones que existen en la construcción de sentido.

Referencias

Adobe Digital Index (2015). The Social Intelligence Report –Q2 2015.

Barbero, J. M. (2002). Jóvenes: Comunicación e identidad. Pensar Iberoamérica, revista de cultura.

Berardi, F. (2017). Fenomenología del Fin. Buenos Aires: Caja Negra.

Freire y Macedo (1989). Alfabetización. Lectura de la palabra y lectura de la realidad.Madrid: Paidós.

Freire, P. (1973). ¿Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Groys, B. (2018). Volverse Público: Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea. Buenos Aires: Caja Negra.

McLuhan, M. (1985). La Galaxia Gutenberg. Génesis del “Homo Typographicus”. Barcelona: Planeta.

McLuhan, M. (2009). Comprender los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.

McLuhan, M.; Fiore, Q. (2009). El medio es el masaje. Un inventario de efectos. Barcelona: Paidós.

McLuhan, M.; Powers, B.R. (1995). La aldea global. Barcelona: Gedisa Editorial.

Merlin, N. (2019). Mentir y colonizar. Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal. Buenos Aires: Letra Viva.

Mitchell, W.J.T. ¿Qué quieren realmente las imágenes? Texto original publicado en, Mitchell, W. J. T.; October, Vol. 77 (Verano1996), pp. 71-82.

Scolari, C. A. (2012). Narrativas transmediáticas en España: cuatro ficciones en busca de un destino cross-media. Comunicación y Sociedad, Vol. XXV Nº1 páginas 137 – 163.

Strange, D., Garry M., Bernstein, D. M. (2011). “Las fotografías causan recuerdos falsos para las noticias”. Acta Psychologica Vol 136, 1, páginas 90-94.


  1. Universidad Nacional de Tres de Febrero – Especialización en Industrias culturales en la Convergencia Digital.
  2. Operaciones psicológicas o guerra psicológica. Término nacido en el ámbito de las fuerzas armadas en donde se organizan operaciones para transmitir información específica a determinado público, para lograr una reacción psicológica planeada, influyendo fundamentalmente sobre sus emociones, produciendo una determinada reacción en el comportamiento de gobiernos, organizaciones, grupos e individuos.
  3. En Internet: https://bit.ly/3drjirX.
  4. En Internet: https://ifcncodeofprinciples.poynter.org/.
  5. En Internet: https://jigsaw.google.com.
  6. En Internet: https://jigsaw.google.com/assembler.
  7. Manifiesto para una aproximación crítica a la interfaz. Hangar, Centro de Producción e Investigación de Artes Visuales en Barcelona y UOC, Universitat Oberta de Catalunya, en https://bit.ly/3hPJD6d.
  8. Ver en Internet: https://bit.ly/2YuXlUp.
  9. La campaña se difundió únicamente en redes de Instagram, Facebook, Twitter y Tik-Tok bajo el perfil de usuario del Ministerio de Salud de la Nación @msalnacion.
  10. Entrevista en Telam: https://confiar.telam.com.ar/fake-news.php.
  11. Slavoj Zizek: “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo ‘Kill Bill’ que podría reinventar el comunismo” https://bit.ly/3fPwA2V.
  12. Ver Freire y Maceda, 1989.


Deja un comentario