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7 Memes y semiocapitalismo

Uso estratégico de las nuevas herramientas discursivas

María Florencia Domínguez y Laura Mercedes Tomala[1]

El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa.

 

F. Nietzsche

Llegaron de la mano de los centennials, se propagan a la velocidad de la luz y tanto celebridades como políticos pueden convertirse en uno de ellos: los “memes” se constituyen como una representación de la “mentalidad de época” de nuestros tiempos, aunque sus inicios pueden ser rastreados desde las vanguardias estéticas del siglo XX.

La investigadora de ciencias sociales especializada en los estudios de la juventud, Rossana Reguillo, define a los memes como “una suerte de imágenes-textos que condensan, simplifican, mezclan y resaltan —en un tono casi siempre festivo— distintos elementos para elaborar y posicionar una idea. Constituyen hoy un importante y nada desestimable arsenal de lucha simbólica de los movimientos”[2], y ubica a estos fenómenos de la mano de la generación más poderosa, tecnológicamente hablando, los adolescentes.

El meme no sólo cuenta con la fuerza de la imagen, sino que el posterior debate que alcanza a generar en redes sociales pone voz a ciertas discusiones que de otro modo no salen a la luz, siendo que es adoptado por la sociedad para distribuirlo, modificarlo y volver a viralizarlo, y de este modo llega a convertirse en una nueva forma de comunicación de masas.

Por su parte, el escritor, filósofo y activista italiano Franco “Bifo” Berardi en su libro Fenomenología del Fin (2017) se pregunta por la transformación que está sufriendo nuestra capacidad de sentir, y afirma que, con la transición tecnológica hacia el entorno digital, hemos llegado a un punto decisivo en la disociación entre empatía y vínculo social:

Hoy en día, la tecnología digital se basa en la inserción de memes neurolingüísticos y dispositivos automáticos en la esfera de la cognición, en la psique social y en las formas de vida. Tanto metafórica como literalmente podemos decir que el cerebro social está sufriendo un proceso de cableado, mediado por protocolos lingüísticos inmateriales y dispositivos electrónicos. En la medida en que los algoritmos se vuelven cruciales en la formación del cuerpo social, la construcción del poder social se desplaza del nivel político de la conciencia y la voluntad, a nivel técnico de los automatismos localizados en el proceso de generación de intercambio lingüístico y en la formación psíquica y orgánica de los cuerpos (2017, 34).

La natividad digital es un atributo propio de la juventud de nuestros tiempos, los jóvenes son autodidactas de las tecnologías digitales, que forman comunidades culturales en redes sociales y aprenden a comunicarse en ese escenario fuera de la educación tradicional. Esta mutación en nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos no es reversible. Nunca volveremos a una conexión simplemente alfabética y conjuntiva. Dado que no podemos pretender que el conflicto social se resuelva con un retorno a formas comunicacionales del siglo pasado, nos preguntamos si las nuevas formas simbólicas de los movimientos representadas en el fenómeno del meme podrán lograr reestablecer la conexión entre empatía y vínculo social.

¿Cuenta la sociedad con la capacidad crítica lo suficientemente desarrollada como para hacer un uso instrumental del meme que pueda poner en agenda las problemáticas y denuncias sociales que escapan al discurso hegemónico del poder de turno? O, por el contrario, ¿se profundizarán el individualismo, la falta de empatía y la pérdida de la capacidad de análisis reproduciendo discursos cada vez más breves?

I. El meme como mentalidad de época

En la actualidad el concepto de meme refiere en una pieza de humor gráfico y comunicación que forma parte de la cultura digital, que se destaca por su alta capacidad de ser modificable, de ser distribuido, de ser viralizado a través de las redes sociales en Internet. No obstante, para indagar sobre el origen del término, hay que remontarse a 1976, cuando Internet era apenas una tecnología incipiente, sin características ni protocolos comerciales. Es en el libro del biólogo Richard Dawkins, El gen egoísta, publicado en ese año, donde se acuña el neologismo “meme” para hacer referencia a ideas, comportamientos o estilos que se extienden culturalmente entre personas.

La teoría de Dawkins plantea que los agentes sobre los que opera la evolución son los genes en lugar de los individuos, y redefine el concepto de gen como unidad informativa heredable que produce varios efectos concretos, entre muchos de ellos, el “egoísmo” del gen es un efecto que nos interesa destacar por la potencia superviviente que evoca para servir como una metáfora de la probabilidad que posee un gen para prosperar en el medio, la supervivencia de un gen depende intrínsecamente de su capacidad de adaptación a su entorno. Para dar cuenta cómo se efectúa en la evolución epigenética la transmisión cultural, Dawkins acuña el concepto de meme como agente responsable de ella en las personas, haciendo un paralelismo con el concepto de gen y con las mismas reglas de la evolución propias de ese “egoísmo”.

Ya acercándonos más en el tiempo, tomando la definición de memes de la investigadora en ciencias sociales especializada en los estudios de la juventud, Rossana Reguillo, citada anteriormente, podemos ver que para construir un meme es necesario contar con una imagen, adaptarla, intervenirla, agregarle una cuota de humor, acidez, reproducirlo, distribuirlo y finalmente viralizarlo. El tono cómplice, ácido e insurrecto del meme es fundamental. En esta búsqueda hacia una definición de meme, Reguillo destaca la acción conectiva, la imaginación, y cómo “el factor generacional juega a favor de las insurrecciones, en tanto supone dos elementos claves: altas destrezas tecnológicas y tramas simbólicas (y epocales) compartidas”. Si bien destacamos como característica propia del meme la insurrección, cabe tener en cuenta que este elemento de comunicación está al servicio tanto de jóvenes que se sienten representados por movimientos revolucionarios de izquierda como por grupos reaccionarios de ultraderecha. Otro dato a tener en cuenta en la experiencia meme es que continúa en los comentarios, entonces, los memes reúnen múltiples sentidos.

Continuando en esta búsqueda de una definición más aggiornada, Limor Shifman en su libro Memes in Digital Culture sugiere la siguiente:

Puede ser útil cambiar la definición de Dawkins al mirar los memes no como ideas únicas o fórmulas que se propagan, sino como grupos de elementos de contenido. Combinando estos dos principios, defino un meme de Internet como: a) un grupo de elementos digitales que comparten elementos comunes características del contenido, forma y / o postura, que b) fueron creados con conocimiento mutuo, y c) fueron circulados, imitados y / o transformados a través de Internet por muchos usuarios (2014, 18).

Asimismo, Shifman destaca en los memes una característica vinculada al sentido de pertenencia, en cuanto a la construcción y representación de creencias compartidas, por medio de esta herramienta en la que cada usuario replica contenidos conforme a sus valores, símbolos, cultura, entre otras sensibilidades que definen a sus comunidades, sirviéndose del humor como transmisor efectivo para la comunicación de su mensaje.

Para comprender la forma discursiva de los memes es necesario recurrir al enfoque de Gérard Genette esbozado en Palimpsestos: la literatura en segundo grado (1982), donde analizaba el texto literario desde su forma lingüística, utilizando el concepto de “transtextualidad”. Genette define la hipertextualidad como “toda relación que une un texto B (hipertexto) a un texto anterior A (hipotexto), en el que se injerta de una manera que no es la del comentario”. Este concepto plantea que todo texto es un objeto perteneciente a la cultura que parte de un texto previo. El meme podría considerarse también un objeto perteneciente a la cultura, que parte de un suceso trascendente anterior dentro de una coyuntura determinada.

En este punto, podemos rastrear ciertas conexiones del desarrollo de este tipo de intertextualidades en los artefactos artísticos de las vanguardias históricas de las primeras décadas del siglo XX. Siguiendo con el ejemplo de la obra L.H.O.O.Q (1919) de Marcel Duchamp, se puede apreciar cómo retoma otra obra, La Gioconda de Da Vinci, para hacer un uso paródico de ella. En efecto, la vanguardia histórica se permitió la experimentación y exploración de nuevas producciones de sentido. Con técnicas como el collage o la yuxtaposición de imágenes, reorientaban y renombraban los dispositivos estéticos; en la obra mencionada, la imagen modificada de la célebre Mona Lisa pasa de la pintura a la postal para transformarse en un objet trouvé, fuera de su contexto original, de forma tal que genera variaciones de sentido. Estos ready-made, así llamados por el artista francés, estaban orientados a estimular el carácter activo del espectador, integrándolo a la producción de sentido de la obra, al incentivarlo a introducirse en el microcosmos configurado mediante lógicas de sentido alternativas alejadas de las pactadas socialmente, para que hiciera una interpretación propia de los objetos encontrados, sin importar cuán absurda pudiera ser la imagen generada.

Otro aspecto interesante para destacar sobre las intertextualidades de estos artefactos estéticos es su materialidad histórica y social. En el caso de L.H.O.O.Q cabe destacar su soporte material, la postal sobre la que está inserta la imagen, uno de los medios de comunicación de imágenes más populares que poseía la sociedad parisina de 1920. Parte de esa materialidad histórica es también su carácter crítico con respecto a la situación social en donde son producidos, algo presente, por supuesto, en una cantidad importante de obras vanguardistas. En este sentido, es claro que el soporte digital hace a la materialidad histórica del meme, pero también lo es su crítica social, si bien se trata de una característica que se encuentra siempre presente en ellos, habitualmente son utilizados con estos fines. Precisamente, como objetos discursivos, los memes son parte de elaboraciones argumentales que, según afirma Ryan M. Milner en su libro The world made meme (2016), son usados en discusiones políticas y sociales de suma relevancia, resignificando los elementos y cargando imágenes simples y formatos de comunicación aparentemente banales con sentidos complejos.

Finalmente, en esta contraposición de memes y obras de la vanguardia histórica, se puede mencionar que parte de la conceptualización de los ready-made implicaba el borramiento del concepto de lo original y la propiedad autoral de la obra, por eso se exclamaba a viva voz que nada podía ser plagiado, ya que no existía la figura del autor como dueño de la obra.

Para abordar mejor la problemática subyacente y vigente en torno a la obra original y su copia cabe pensar en las palabras de Boris Groys al respecto:

El estatuto de copia se vuelve una convención cultural cotidiana, así como ocurría antes con el estatuto del original […] La reproducción está tan infectada por la originalidad como la originalidad está infectada por la reproducción. Al circular en varios contextos, una copia se vuelve una serie de originales diferentes.
Figura 7. Meme de EAMEO, colectivo de humoristas gráficos referente en redes sociales

II. Transtextualidad, hipermediación, hipertextualidad y humor

Retomando el concepto de transtextualidad de Gérard Genette, donde se plantea la existencia de una hipertextualidad entre un texto A y un texto B, para adaptarla a nuestro análisis del meme, entendemos, se hace necesario incorporar un tercer nivel de apropiación, que llamaremos (C) para denominar así al feedback constante entre el texto A y B, haciendo del hipertexto un hipertexto 2.0 o hipermediación en la acepción que ofrece Scolari:

Reenvíos, hibridaciones y contaminaciones que la tecnología digital, al reducir todas las textualidades a una masa de bits, permite articular dentro del ecosistema mediático. Las hipermediaciones, en otras palabras, nos llevan a indagar en la emergencia de nuevas configuraciones que van más allá -por encima- de los medios tradicionales. (2008, 114)

La hipertextualidad de los memes borra los límites del autor, ya que los productores de memes son los mismos consumidores, prosumidores, como identifica tempranamente Toffler a este modelo de agenciamiento, donde los usuarios son a la vez consumidores y productores del mismo producto, así, son los mismos agentes quienes consumen y comparten memes, que luego modifican y vuelven a compartir, estableciéndose un proceso de retroalimentación positiva que acelera el ritmo de regeneración de los memes y amplifica su expansibilidad.

Pero, ¿qué hace tan pregnante al meme? Un elemento fundamental para su iteración resulta ser el uso del humor, el sarcasmo, la broma y el chiste. Mark Twain, aquel sabio cuentista norteamericano que supo captar la atención de sus lectores mediante la prensa escrita, cabe destacar, el principal medio masivo de comunicación en el siglo XIX, sentenciaba: “el problema con el humor es que nadie lo toma en serio”. En efecto, el humor como herramienta transformadora es opositor, cuestionador y transgresor, según constataba Freud en “El humor”, este tiene la propiedad de ser:

[…]defensa frente a la posibilidad de sufrir, ocupa un lugar dentro de la gran serie de aquellos métodos que la vida anímica de los seres humanos ha desplegado a fin de sustraerse de la compulsión del padecimiento, una serie que se inicia en la neurosis y culmina en el delirio, y en la que se incluyen la embriaguez, el abandono de sí, el éxtasis (1927, 158).

Esto es, entre las propiedades del humor destacan aquellas que permiten simbolizar la protesta y la lucha contra la opresión a través suyo. Precisamente, Ryan M. Milner, en su obra citada más arriba, describe a los memes de Internet como construcciones discursivas que sirven para articular argumentaciones, añadiendo a su cualidad de humor, la cualidad de los memes para transmitir con éxito ciertas ideas y ser en sí mismos formas de argumentación. En la red los chistes pueden crecer de escala de forma rápida y llegar a millones de personas en pocos minutos. El humor ayuda a circular con mayor facilidad las ideas.

III. El meme y los adolescentes como la generación más poderosa

El avance tecnológico, la convergencia digital, el uso de Internet, la velocidad de wifi, los datos móviles, cambiaron la forma de relacionarnos y comunicarnos. “Internet ha alterado la relación numérica tradicional entre los productores de imágenes y los consumidores. Hoy en día hay más gente interesada en producir imágenes que en mirarlas”, afirma Boris Groys (2015, 14).

La inmediatez en que se genera una pieza gráfica y la velocidad a la que se reproduce, difunde y viraliza, son elementos clave al momento de intentar comprender los efectos en la comunicación que generan los memes. Para entender bien su implicancia es necesario indagar acerca de los centennials, quienes, tal como menciona Rossana Reguillo, constituyen la generación más poderosa, tecnológicamente hablando, y de hecho son quienes más producen y viralizan memes[3].

A los fines de intentar entender el vínculo de los adolescentes y jóvenes con las redes sociales y su lugar como prosumidores nos valdremos del proyecto de investigación encabezado por Carlos A. Scolari: “Transmedia Literacy”, del programa Horizonte 2020 de la Unión Europea, con el objetivo de comprender cómo los niños y niñas desde la educación no tradicional construyen ciertas competencias culturales y habilidades sociales, y en el caso de los adolescentes, indagar acerca de cómo consumen, producen, comparten, crean y aprenden en entornos digitales. El proyecto analiza habilidades específicas en ocho países de tres continentes (Australia, Colombia, Finlandia, Italia, Portugal, España, Reino Unido y Uruguay). Se llevó adelante por tres años, desde 2015 a 2018, con un grupo interdisciplinario de 25 investigadores con sólida experiencia en campos como: alfabetización mediática, narración transmedia, contenido generado por el usuario y cultura participativa, etnografía tradicional y virtual, y pedagogía e innovación en educación. Del estudio realizado se desprende que los jóvenes tienen una amplia variedad de conocimientos sobre los medios, y se destaca su rol como prosumidores, en cuanto a la participación que tienen en los procesos de producción, desde escritura hasta audiovisual, pasando por la creación y distribución de audio, fotos o dibujos. Esto refleja que los adolescentes consumen, producen, comparten, crean y aprenden en entornos digitales, y de ese modo están desarrollando por fuera de la educación tradicional habilidades para la producción y gestión de esos contenidos. Los adolescentes aplican estrategias tradicionales de aprendizaje informal dentro de los nuevos entornos digitales.

Hoy en día los avances tecnológicos han expandido las situaciones tradicionales de aprendizaje al crear nuevos espacios en las redes sociales, sitios web y comunidades en línea. En este sentido, YouTube, las comunidades de fans y las redes sociales pueden ser espacios informales de aprendizaje.[4]

Es importante tener en cuenta en esta producción o gestión la esfera individual de los jóvenes, en cuanto a cómo trabajan ellos mismos su imagen online, cómo presentan después esos contenidos. En cuanto a la gestión social, la parte de relaciones, la distribución de ese contenido, la interacción en los grupos de Whatsapp. Esa producción incluye la construcción de un texto, una imagen, un contenido audiovisual, jugar videojuegos, escribir fan fiction, hacer cosplay, compartir memes como una parte importante de la vida cultural de los adolescentes.

En este contexto, el alfabetismo transmedia se podría entender como una serie de habilidades, prácticas, prioridades, sensibilidades, estrategias de aprendizaje y formas de compartir que se desarrollan y se aplican en el contexto de las nuevas culturas participativas.[5]

Por su parte, el pensador italiano Berardi plantea la diferencia entre la generación que aprende a hablar y escribir por medio de la voz de las personas cercanas que lo cuidan y la que lo hace desde la tecnología. En su libro Fenomenología del fin (2017) realiza un análisis de los procesos sociales y su relación con la mutación tecnocultural, a los fines de comprender los efectos del cambio de un orden mecánico a un orden digital. El autor describe la emergencia de un “semiocapitalismo”, un modo de producción en el cual la acumulación de capital se hace esencialmente por medio de la acumulación de signos en la sociedad contemporánea. El signo lingüístico se ha emancipado plenamente de toda referencialidad al desplazarse por una espacialidad en la que domina la abstracción, y esa abstracción ha alcanzado las esferas de la ciencia, la política, el arte, las comunicaciones y todo el sistema de intercambios. En esta era en la que no somos capaces de conocernos a nosotros mismos ni a nuestro placer, la economía actual se relaciona con la falta de felicidad. “La felicidad es subversiva, la deserotización de la vida cotidiana es el peor desastre que la humanidad pueda conocer. Se pierde la empatía, la comprensión erótica del otro”[6], afirma el autor. La subjetividad se comunica por redes sociales, por breves mensajes online, y este cambio en la forma de comunicarnos inhibe nuestra capacidad de empatizar con los sentimientos del otro, con su comprensión erótica. El capitalismo en la actualidad se sitúa dentro del ciberespacio y el cibertiempo, y como el capitalismo siempre incita a ir por más, más producción, más beneficio, eso se traduce en la aceleración de la mente, y aquellos que no puedan seguir el ritmo se deprimen, tienen pánico, se matan o asesinan.

El semiocapitalismo descripto por Berardi es la última fase de las transformaciones políticas impulsadas por el neoliberalismo. Apoyándose en el trabajo de Baudrillard, el autor plantea que se trata de una semiología de la simulación basada en el fin de la referencia. La digitalización implica un proceso de sintactización de la comunicación, cada vez podemos entender menos los matices de la comunicación y cada vez más tenemos que reconocer una forma sintáctica. Esa mutación implica necesariamente una plasticidad del cerebro, de la mente y una plasticidad del lenguaje mismo. Pero esta plasticidad no puede desarrollarse plenamente sin un sufrimiento. El tiempo en el cual vivimos es el tiempo en el cual la mutación se manifiesta de manera esencialmente patológica, y esta mutación en nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos es irreversible. “¿Qué sucede cuando un mundo muere, cuando los flujos externos de semiosis superan a, y son más efectivos que, los lenguajes y formas de vida existentes, y todo el mundo de valores, expectativas y códigos morales se desintegra?” (2017, 352) se pregunta el filósofo italiano, y, a la vez, encuentra la respuesta en Malinche, hija de una familia azteca que fuera vendida como esclava y luego se convirtie en amante de Cortéz y en su intérprete. A la Malinche se la cuestionó históricamente como traidora a su pueblo, pero esa caracterización es controversial ya que, cuando estalló el conflicto español con los pueblos originarios, Malinche jugó un rol central para evitar más derramamientos de sangre. Su actividad como intérprete le dio el poder necesario para controlar la información y traducir conceptos. Teniendo en cuenta las transformaciones semióticas, y que nunca volveremos a una conexión alfabética y conjuntiva, ¿tendremos la habilidad y capacidad de Malinche de hacer uso de un nuevo lenguaje con un fin social determinado?

En esta actualidad semiocapitalista que nos toca atravesar, tener la habilidad de utilizar las nuevas formas simbólicas para comunicarnos y alzar la voz ante denuncias sociales que escapan al discurso hegemónico del poder de turno es una forma de resistir y enfrentarnos a las consecuencias de la erosión del entendimiento empático. En definitiva, en esta era, si queremos cambiar algo, el meme bien puede ser la respuesta.

En las miradas planteadas anteriormente podemos ver reflejadas dos maneras casi opuestas de analizar la utilización de nuevos recursos y lenguajes enmarcados en las tecnologías para la comunicación de masas. Es real que nos encontramos ante un nuevo paradigma que transforma por completo la lógica semiótica a la que estábamos acostumbrados en anteriores generaciones, pero no es la primera, ni será la última, de las mutaciones que vivirá la comunicación humana. Estamos convencidas de que se trata de momentos de incertidumbre en donde es necesario el acompañamiento de los jóvenes, nuevos productores nativos de contenidos, para guiarlos en una perspectiva de reflexión en los usos de sus producciones, tal como proponía Barthes; interpelarlos, puesto que “la imagen transmite fatalmente otra cosa aparte de sí misma, y esta otra cosa no puede no mantener una relación con la sociedad que la produce y la consume”. Creemos indispensable una aproximación crítica y performativa al respecto de las capacidades de las nuevas generaciones que no escapan a la estructura del nuevo régimen capitalista de plataformas.

Si bien este texto no pretende hacer un análisis sobre el acceso a la tecnología y se centra en una perspectiva relacionada a las nuevas generaciones y la construcción de una lógica novedosa de contenido, creemos que es inevitable mencionar que la realidad de los países, hoy denominados emergentes o fronterizos, según las últimas categorizaciones de mercado, como es el caso de Argentina, no es homogénea. La distribución del acceso a Internet en nuestro país no es equitativa[7], en muchos hogares aún no existe conexión a Internet o incluso muchos de los adolescentes o jóvenes que, a pesar de corresponder a la generación de los nativos digitales, cuentan con una baja o casi nula alfabetización digital. Es en estos contextos en donde también nos preguntamos: ¿cómo se deberán abordar las dificultades que conlleva la brecha tecnológica entre personas de la misma generación? ¿Cómo podremos lograr acortar las diferencias? Cuando no sólo se trata de las posibilidades de acceso a una determinada tecnología, sino directamente a toda una nueva forma de relacionarnos, comunicarnos e interpretar el mundo que nos rodea.

IV. Los movimientos de jóvenes insurgentes y el meme feminista

En la búsqueda por contrarrestar el poder establecido, los jóvenes que forman parte de movimientos insurgentes utilizan el meme como herramienta para disputar sentidos, alzar la voz y posicionar una idea. Ryan M. Milner, en su obra ya citada The World made meme, caracteriza a los memes como construcciones discursivas que se utilizan para articular argumentaciones y a su vez permiten la participación de muchas voces, aún en medio de una desigualdad persistente.

Los movimientos o grupos de jóvenes que buscan visibilizar una lucha determinada a favor o en contra de una causa en particular, ya no sólo salen a las calles a manifestarse, sino que saben que la disputa tiene lugar en Internet, y que el panfleto político hoy puede ser reemplazado por un meme. Ese meme consta de una imagen con un giro sarcástico y humorístico capaz de llegar a muchas más personas y de impactar con su mensaje, logrando dejar en claro esa postura en contra de una autoridad o irregularidad. Como ejemplo de este tipo de movimientos podemos valernos de las agrupaciones de jóvenes feministas, la llamada “revolución de las hijas” se puso en marcha no sólo en las calles, sino también en los memes para acompañar sus reclamos en contra del patriarcado.

Cuando se decidió discutir en el Congreso la ley de legalización del aborto en la Argentina en el año 2018 vimos un festival de memes del “feto ingeniero”. Se trataba de una alusión a la marcha que realizaban los grupos autoproclamados pro vida que están en contra del derecho al aborto legal, seguro y gratuito, en dónde un grupo de personas se manifestaba con un cartel que incluía la imagen de un feto gigante, realizado con papel mache, acompañado de la frase “yo quiero ser ingeniero”, representando a lo que esos grupos llamaban “el niño por nacer”. Las risas y la complicidad de los grupos que se manifestaban en las antípodas se vieron reflejadas en numerosos memes.

Figura 8. Meme de EAMEO, colectivo de humoristas gráficos referente en redes sociales

Los memes del “feto ingeniero” acompañaban a otros tantos memes en este contexto en que la Cámara de Diputados aprobaba un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Miles de mujeres con pañuelos verdes salían a las calles a manifestarse y celebrar. Días antes de que se llevara adelante la votación del proyecto, se desató un fuerte debate político entre los sectores que estaban a favor y en contra de su despenalización. El resultado de la votación fue estrecho: 129 diputados votaron a favor del proyecto y 125 en contra. La manifestación, el discurso y el clamor popular estaban en la calle, pero también en los memes. Había una necesidad no sólo de hacer humor, también de sumarse a una lucha, a un colectivo y de hacer llegar ese mensaje lo más lejos posible. A través del meme se pudo emitir una comunicación en clave feminista, creando comunidad de personas con la misma ideología.

Esta forma de apropiarse simbólicamente del meme para un uso feminista, tiene cierto paralelismo con el ejemplo planteado por Berardi sobre el caso de Malinche, la primera feminista de México que fuera históricamente catalogada como traidora. ¿Coincidencia? Pues no mi ciela.

Figura 9

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Referencias

Barthes, R. (2001). La información visual. En La Torre Eiffel. Textos sobre la imagen. Barcelona: Paidós.

Black, J., Castro, J., & Lin, C. (2015). Prácticas juveniles en artes digitales y nuevos medios: aprendizaje en entornos formales e informales.

Christopher, L., Rowland, N. y Knapp, J. (2016) Memes en cultura digital, ed. Limor Shifman. Cambridge: MIT Press.

Bradshaw, S. y Howard, P. N. Challenging Truth and Trust: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation. Working Paper 2018.1. Oxford, UK: Project on Computational Propaganda. En Internet: https://bit.ly/3fIq9Pc. Consultado 22 de junio de 2020.

Berardi, B. (2017). Fenomenología del fin. Buenos Aires: Caja Negra.

Freud, S. ([1905]-1990) “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1927). Obras completas. Vol. VIII. Buenos Aires. Amorrortu.

([1927]-1991) “El Humor”. Obras Completas. Vol. XXI. Buenos Aires. Amorrortu.

Groys, B. (2018). Volverse Público: Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea. Buenos Aires: Caja negra.

Hernández, F. (2007) Espigador@s de la cultura visual. Otra narrativa para la educación de las artes visuales. Barcelona: Octaedro.

Mirzoeff, N. (2003). Introducción a la cultura visual. Barcelona: Paidos.

Pérez Salazar, G. Aguilar E., Andrea M. E., Archilla, G. (2014) El meme en Internet. Usos sociales, reinterpretación y significados, a partir de Harlem Shake. En Internet: https://bit.ly/2V95Q5J. Consultado 22 de junio de 2020.

Reguillo Cruz, R. “Cultura visual: cuatro estrategias para un reclamo viral”. Revista anfibia. En Internet: http://revistaanfibia.com/ensayo/reguillo/. Consultado 22 de junio de 2020.

Rodríguez, D. (2014). Memecracia. Los virales que nos gobiernan. Cómo las ideas contagiosas usan Internet para manipular a la gente. Madrid: Gestión 2000.

Scolari, C. (2018) Transmedia Literacy. Alfabetismo Transmedia en la nueva ecología de los médios: libro blanco. Barcelona: Transliteracy H2020 Research and Innovation Actions, 2018b. En Internet: https://bit.ly/2B1PbKn. Consultado 22 de junio de 2020.


  1. Universidad Nacional de Tres de Febrero – Especialización en Industrias culturales en la Convergencia Digital.
  2. Ver fuente en Internet: http://revistaanfibia.com/ensayo/reguillo/.
  3. Sobre el comportamiento en red de la juventud, ver: Prácticas juveniles en artes digitales y nuevos medios: aprendizaje en entornos formales e informales, Black, J., Castro, J., & Lin, C. (2015, 97-113).
  4. Ver fuente en Internet: https://bit.ly/2B1PbKn.
  5. Íbid.
  6. Ver fuente en Internet: https://bit.ly/3et8Y3Y.
  7. Ver en Internet: https://bit.ly/2Bu5eRc.


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