Usos y sentidos de la juventud en el PRO y el radicalismo
Introducción
Luego de un período de retraimiento de la militancia juvenil en la política partidaria, en la década de 2010 asistimos en Argentina a un proceso de expansión y visibilización pública de las organizaciones juveniles partidarias, acompañado de una interpelación creciente por parte de la dirigencia política a los jóvenes, y de una problematización y debate público acerca su papel en la vida política. Como hemos argumentado en el primer capítulo, la juventud es uno de los principios a partir de los cuales se divide y organiza el trabajo político dentro de un partido, se regulan las relaciones de poder entre sus miembros, y se crean ámbitos de acción y de sociabilidad a partir de criterios etarios más o menos institucionalizados. Por otro lado, es también una categoría movilizada por la militancia (definida como juvenil) para su presentación de sí y su legitimación hacia dentro y hacia fuera de la organización partidaria. Retomando estas dimensiones, en el presente capítulo nos proponemos analizar los usos y sentidos que adquiere la juventud en el PRO y la UCR de la CABA.
En primer lugar, nos ocuparemos de la juventud en su dimensión político-moral. Desde esta perspectiva, analizaremos los sentidos que adquiere, en el PRO y el radicalismo, la juventud en tanto categoría movilizada para la legitimación (y deslegitimación) de ciertas prácticas políticas, y como principio de interpelación y construcción de una juventud desde la cual, y en nombre de la cual, se habla y actúa.
En este sentido, mostraremos que, en un partido como el PRO, liderado por una figura sin antecedentes partidarios y que recluta a muchos de sus dirigentes por fuera del campo político, los sentidos que adquiere la juventud se enmarcan en un ideal de “nueva política” entendida como una ruptura con una política asociada a prácticas corruptas e identidades obsoletas. Así, la juventud aparece en el PRO como la expresión más acabada de una serie de atributos vinculados a la “nueva política”: la renovación del personal político, la superación del pasado y el pragmatismo. En un partido como la UCR, con una cultura partidaria sedimentada que pone a la historia en el centro de la escena, la juventud no se presenta como una ruptura ni una superación del pasado, sino como heredera y guardiana de los valores históricos del partido, y como encargada de aggiornar los modos en los que esos valores son llevados a la práctica. Así, mostraremos que la militancia de la JR se legitima presentándose como una juventud con capacidad de crítica ante la dirigencia del partido para el resguardo de ciertos valores ligados a la identidad radical. Dentro de esta generación de militantes radicales que ingresa al partido en el escenario post-2001, en franco declive electoral y fuera del gobierno local y nacional, la capacidad crítica y el apego a los valores del radicalismo son atribuidos a la autonomía de estar “en el llano”.
En segundo lugar, nos ocuparemos de la dimensión organizacional de la juventud dentro de cada partido. Así, veremos cómo opera la juventud como un principio de división del trabajo político y de reparto del poder, a partir del cual se regula el alcance y los límites de las prácticas políticas de quienes integran el partido en base a criterios de edad, y las relaciones entre la dirigencia y la militancia juvenil. Veremos, a su vez, de qué modos se conjuga y entra en tensión la juventud como principio de legitimación e interpelación con la juventud en tanto modo de organizar y regular las prácticas dentro de estos partidos.
Así, argumentaremos que, a pesar de que el PRO enaltece a su juventud partidaria como expresión de la llegada de “gente nueva” a la política, y de la flexibilidad y ausencia de “lastres ideológicos” que caracterizan a la “nueva política”, su organización juvenil es sumamente dependiente y está subordinada a las internas de los dirigentes mayores. La juventud ocupa en el PRO un lugar de minoridad y desarrolla tareas auxiliares y específicamente juveniles. Al mismo tiempo, la condición juvenil se constituye en un recurso del que se valen algunos militantes para construir carreras políticas y profesionales ascendentes apadrinados por dirigentes del partido interesados en formar grupos de militancia juvenil propios. En el caso de la JR, veremos que se trata de una organización formalmente integrada a las estructuras partidarias, con presupuesto propio y representación en sus órganos de conducción. Mostraremos que, a pesar de contar con una agenda propia de reivindicaciones, su capacidad de incidencia en asuntos programáticos relevantes es muy limitada. Veremos, además, que la capacidad de crítica e innovación movilizada por la JR como principio de legitimación se encuentra, a su vez, restringida por la dinámica de la competencia intrapartidaria y la conformación de sus líneas internas, y por la rigidez de su cultura partidaria.
Nuevos, frescos y pragmáticos. Los sentidos políticos y morales de la juventud en el PRO
Esto tiene que ser un cambio de verdad, necesitamos que cada vez más gente nueva participe en política. En este proyecto están todos invitados: aquellos que apoyaron al peronismo en la búsqueda de la justicia social o al radicalismo en la defensa de la República, y esa enorme mayoría, especialmente de jóvenes, que no participaron en los debates ideológicos del siglo pasado, que lo que quieren es una Argentina moderna en la que puedan ser felices, un país para la gente. A ellos, a todos ustedes, les quiero decir que llegó la hora, llegó la hora de una sana rebelión, de la innovación, de romper con los paradigmas, de animarse a participar, especialmente aquellos que son jóvenes de espíritu y que creen que el cambio es posible. – Mauricio Macri[1]
El modo en el que los militantes y dirigentes del PRO movilizan la noción de juventud como una categoría político-moral se inscribe dentro de un marco de sentido más amplio estructurado a partir de la oposición entre la “nueva” y la “vieja” política, que aparece recurrentemente en las entrevistas realizadas a militantes juveniles y en los discursos públicos de los dirigentes del partido (Grandinetti, 2015b; Vommaro et. al., 2015). La “vieja política” -vinculada al pasado pero como una forma que debe ser superada en el presente- se encuentra asociada a la “política de los políticos”, esto es, a una política subordinada a las discusiones propias del juego político o a la mera competencia por el poder, encerrada en una lógica confrontativa y conflictiva, e impulsada por compromisos ideológicos irreflexivos o por la persecución de intereses corruptos o egoístas de políticos que buscan perpetuarse en sus cargos. La “nueva política”, en cambio, se caracteriza por el ingreso de personas provenientes de ámbitos distintos a la política, que no cargan con el “lastre” de las viejas ideologías e identidades ni con los “vicios” de la política tradicional y que, por lo tanto, conciben a la política como una actividad “al servicio de la gente” y no de sí mismos, es decir, como la solución pragmática y consensuada de los problemas cotidianos de personas despolitizadas y sin ideología[2], que son representadas (a)políticamente a partir de una idea de “cercanía” que implica un distanciamiento de los repertorios y lenguajes tradicionales de la política.
Enmarcada de este modo, la juventud se convierte en el PRO en la expresión más pura de una serie de propiedades relacionadas entre sí y puestas sobre relieve en la metáfora temporal de la “nueva política”: la renovación del personal político, la superación de una cultura política del pasado (de sus ideologías, identidades y repertorios), y la actividad política entendida como una gestión pragmática.
Nacido para presentar la candidatura de un empresario y dirigente del fútbol a la jefatura de gobierno de la CABA, el PRO tiene como gesto fundacional la reivindicación de la entrada a la política de personas sin experiencia previa, especialmente de quienes han sido exitosos en el ámbito privado o en las organizaciones de la sociedad civil. La inexperiencia, lejos de ser un problema para “meterse en política”, es en el PRO una cualidad valiosa que implica no encontrarse contaminado por las prácticas de quienes “siempre vivieron del Estado” y participaron de la “vieja política”. La llegada de “gente nueva” es, en el discurso de los militantes y dirigentes del PRO, sinónimo de la renovación de la política, entendida como ruptura con las viejas prácticas “perversas” de los políticos que se reciclan y perpetúan en el poder, cerrándoles las puertas a quienes quieren participar desde otros ámbitos. Es en este sentido que la juventud aparece como la metáfora más pura de la renovación, entendida como la entrada de personas sin experiencia política previa y por lo tanto sin el lastre de las viejas prácticas, como argumentan estas militantes juveniles del partido:
Lo que aportan los jóvenes es que muchos entran a militar sin ninguna participación política previa y eso de alguna forma hace que te formes en un partido y evite que vengas con una carga más pesada, con un residual. – Agustina, JPRO.
Yo creo [que los jóvenes] estamos como frescos, o sea, yo me encuentro mucho con la expresión en la calle de «ay, no, querida, ni te gastes, esto ya se hizo y no funcionó» (…) Perfecto, yo soy joven, yo soy nueva, tengo otro tipo de fuerza, tal vez, o de resistencia al fracaso, que sé yo, tengo 28 años, tengo pocos años en política, no es que intenté todo mil veces y ya estoy frustrada y no tengo más ganas, al contrario (…) Los jóvenes traemos otro tipo de fuerza, somos más frescos en esto, por ahí tenemos otra visión, creemos que las cosas pueden funcionar. Para mí, tiene que ver con renovar el espíritu, no sé si pasa por lo que los jóvenes pueden aportar en cuanto a conocimiento, sino en la actitud. – Mariela, JPRO.
En este sentido, la juventud se inscribe dentro de un relato más amplio, que incluye también el ingreso de empresarios, ejecutivos, directivos de ONG y figuras del espectáculo, todos ellos, en palabras de Mauricio Macri, “jóvenes de espíritu” y protagonistas de la construcción de una “nueva política”. Si Mauricio Macri representa para los militantes de JPRO la idea de la renovación de la política, y esta renovación alcanza su expresión más pura en la juventud, como grupo y como “espíritu”, el PRO es presentado por sus militantes juveniles como un partido no sólo joven, sino conformado mayoritariamente por gente joven, y por ello dotado de sus mejores cualidades[3]:
No hay gente muy grande en el partido, ahora que me pongo a pensar, y todos tienen esa actitud de ir [adelante], como de: «Bueno, hagámoslo ¿Qué hay que hacer? ¿Esto? Bueno, resolvámoslo». No se dan muchas vueltas, es gente ejecutiva, eso es lo que me gustó del partido (…) Esta actitud no la tienen en otros partidos, el comunero de Proyecto Sur da miles de vueltas, lo único que hace es quejarse, tiene mentalidad de viejo, se viste de marrón, es como Pino [Solanas]. – Mariela, JPRO.
El PRO es un partido joven. La mayoría de los dirigentes, de los directores, gerentes, muchos tienen menos de 40 años, 30 años, mi director general llegó acá con 29 años. Creo que lo que buscamos es aire fresco, persona que no estén contaminadas con tanta política de hace años, que vengan a refrescar, que vengan a dar un salto de calidad, algo nuevo – Manuel, JPRO[4].
Esta idea de la juventud como metáfora de la renovación de la política a partir del ingreso de “gente nueva” puede ser entendida en relación a una visión de la política como gestión eficaz de problemas concretos, en la que las identidades político-ideológicas resultan contraproducentes, obstaculizantes y obsoletas. Encontramos en la militancia de JPRO una concepción de la política fuertemente ligada a la idea de gestión, a una resolución pragmática de problemas que va más allá de cualquier ideología, considerada como una “mochila”, como algo que restringe la capacidad de acción[5]. La política resulta, entonces, una gestión no ideológica de problemas de “la gente”, y en este sentido, es considerada un “servicio”. En consecuencia, la ideología es entendida como un conjunto de ideas heredadas del pasado y desactualizadas, que fijan soluciones preestablecidas de antemano y constituyen un obstáculo para una gestión eficiente[6]. De este modo dan cuenta de su relación con la ideología y las identidades políticas algunos entrevistados de JPRO:
Todos los que trabajamos en el despacho somos gente nueva en la política y definimos la política de otra manera, no bajo los estándares del peronismo o del radicalismo, sino como un espacio de servicio para la gente. – Nicolás, JPRO[7].
Lo bueno de no estar atado a ninguna mochila ideológica clásica, si te atas a que el PRO es de izquierda, el PRO es de derecha, el PRO es progresista, el PRO es liberal, el PRO es lo que vos quieras, te obliga a actuar de acuerdo a los valores que tiene esa ideología que por ahí quedó desactualizada con el paso de los años (…) El PRO, al no tener una mochila, te permite pensar todo el tiempo hacia dónde vamos, qué hacemos o a qué apuntamos porque nada nos obliga a no irnos de un camino. – Javier, JPRO.
Lo que nosotros tratamos es de ir tomando medidas de acuerdo a lo que nosotros pensamos que va a ser mejor para los vecinos (…) No hay una ideología que nos enmarque, sino que nosotros vamos tratando de solucionar los problemas de los vecinos y estar cerca de la gente. – Andrés, JPRO.
La necesidad de superar las prácticas de la “vieja política” tiene su correlato en la necesidad de desprenderse de debates del siglo pasado que, según la militancia de JPRO, poco tienen que ver con el presente y que, no sólo ofrecen respuestas dogmáticas y poco flexibles, sino que además introducen asuntos excesivamente teóricos y abstractos, que sólo le interesan a unos pocos y se encuentran completamente desconectados de la “gente”. Por otra parte, los debates ideológicos implican una actitud contrapuesta a la gestión, un dar vueltas siempre sobre lo mismo sin llegar a hacer nunca nada.
Se entiende así que la juventud en el PRO –y la juventud que el PRO interpela– aparezca aquí como ajena a esos “antiguos debates ideológicos del siglo XX”, de los cuales no ha participado y frente a los cuales no tiene ningún interés porque hablan en un lenguaje y de un mundo que es el del pasado. Estos militantes dicen no necesitar de identidades político-ideológicas para legitimarse, puesto que, según una entrevistada, los “avala la gestión”.
En consecuencia, los militantes de JPRO se presentan como ajenos a las ideologías, dispuestos a “pensar de cero”, proponer nuevas soluciones y asumir una actitud pragmática, y por ello, en condiciones de dar respuestas a las preocupaciones de aquellos jóvenes desideologizados y distantes del “microclima político”, a los que se interpela y pretende representar. Es a partir de esa proximidad entre el militante juvenil del PRO y el “joven no político”, que las connotaciones político-morales de la categoría juventud movilizadas por la militancia de JPRO se constituyen en principios de legitimación de sus propias prácticas políticas. Así lo explica un dirigente juvenil del partido:
Caemos en la tentación de estar tan en el microclima que nos parece que la unidad latinoamericana es más importante que tener una vivienda propia o que conseguir un laburo, y la verdad que cuando los sábados a la mañana voy a jugar al fútbol con mis amigos y después nos vamos a comer algo, las cosas que a ellos les interesan y que los podrían movilizar son muy puntuales y tienen que ver con poder realizar su proyecto de vida y con poder vivir un poco mejor que como vivieron sus viejos (…) Lo que nosotros creemos es que estando en el siglo XXI nosotros tenemos que ser un partido moderno y un partido que mire hacia adelante, eso no implica negar ni olvidarse del pasado, pero implica hablar del futuro. Y a veces sentimos que otras juventudes [partidarias] tienen una mirada mucho más reivindicativa que aspiracional, están mucho más preocupados en buscar a quien parar en la vereda de enfrente, y frente a qué reivindicar qué, en vez de hablar [de] a qué aspiran como sociedad o como generación. Bueno, nosotros creemos que nuestro liderazgo tiene que ser más aspiracional y hablar de lo que queremos hacia adelante. – Lucas, JPRO[8].
En el nudo de estas cuestiones encontramos una visión del futuro como lo opuesto al pasado que funciona como metáfora moral. El pasado –que es en realidad el presente que ha de quedar en el pasado– aparece representado por una dirigencia enquistada que se recicla permanentemente y por identidades políticas obsoletas y debates ideológicos que son un obstáculo para el hacer. El futuro, de este modo, no es entendido como continuidad con una tradición, como recuperación de algún legado –como veremos luego con la JR- o proyecto inconcluso, sino fundamentalmente como ruptura. La política, la “buena política”, entonces, se piensa en tiempo futuro. Hacer buena política es “mirar para adelante”, es poner al pasado en su lugar, el lugar de la historia, para desde allí “construir el futuro en lugar de reconstruir el pasado”. El pasado tiene su lugar, y su lugar no está en la acción política:
Tratamos en general de mirar hacia adelante, nosotros tenemos una lógica de mirar hacia el futuro, pero tratar de decir: todo lo que pasó en Argentina, está bien, es bueno que sea juzgado, es bueno que miremos en el pasado, es bueno que no nos olvidemos, pero también es bueno que no nos quedemos en el pasado, sino que miremos en lo que va a venir, en lo que podemos llegar a ser. – Andrés, JPRO.
Como ya hemos argumentado en el primer capítulo, los usos y significados de la juventud deben ser leídos en el marco de las luchas simbólicas y políticas de las que forman parte. Detrás de la idea de “dejar de mirar al pasado” se esconde una impugnación a cierta tradición de los movimientos sociales, estudiantiles y de derechos humanos que ha caracterizado a la participación juvenil desde el retorno de la democracia (Bonaldi, 2006; Vázquez et. al., 2017; Vommaro y Cozachcow, 2018), y que el kirchnerismo ha retomado e impulsado a partir de 2003. Resulta difícil, entonces, no encontrar en estas formas de pensar e interpelar a los jóvenes un intento por disputar sentidos respecto a su lugar en la política argentina, frente a las formas más visibles y tematizadas públicamente de militancia juvenil de los años recientes, esto es, frente a la militancia juvenil kirchnerista, pero también frente a un lenguaje común a la participación juvenil desde la vuelta de la democracia –la JR incluida[9]– que ha hecho de la exigencia de “memoria, verdad y justicia” respecto de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar una de sus principales banderas de movilización y de construcción de identidades (Jelin, 1989; Kriger, 2016; Blanco y Vommaro, 2017). Así, en los espacios kirchneristas, la participación juvenil es entendida como la continuación del legado de la generación de los sesenta y setenta, y como la recuperación de una herencia que se supone perdida en los noventa con el neoliberalismo, la de –en palabras de Néstor Kirchner- una “generación diezmada” por la dictadura, que es, a su vez, la generación de sus principales dirigentes (Vázquez y Vommaro, 2012).
En cambio, desde el PRO se apela a una juventud que no se legitima por establecer lazos con el pasado, sino justamente por romper con ellos o directamente por no poseerlos. Aquellos años setentas que para la militancia kirchnerista constituyen un asunto politizado y del presente, para la militancia juvenil del PRO son un puro tiempo pretérito que debe ser contemplado pero que no constituye un terreno actual para la acción, como plantea una de nuestras entrevistadas:
Yo respeto la historia, creo que hay que juzgarla como tal, pero dejarle el lugar que ocupa. Es historia para aprender y no cometer los mismos errores, pero no podemos ir manejando mirando por el espejo retrovisor, hay que pensar para adelante (…) La Cámpora todo el tiempo con los setenta, reivindicando derechos históricos… está buenísimo, no digo que no hay que hacerlo, lo que digo es que hay que dejarle a la historia el lugar que le corresponde y mirar para otro lado. – Agustina, JPRO.
A su vez, si en el kirchnerismo la ruptura con el pasado es con la década del noventa, como una década en la que la política se disfraza de gestión desideologizada, la ruptura del PRO es justamente con una visión “obsoleta” de la política en términos de identidades ideológicas para defender una visión fuertemente ligada a la idea de gestión como solución de problemas. Al presentarse a sí mismos como una juventud política “aspiracional y no reivindicativa”, la militancia de JPRO moviliza una idea de juventud que pone en cuestión y pretende desacreditar algunos de los principios a partir de los cuales las juventudes kirchneristas construyen su identidad política y se legitiman como militantes.
Aún cuando la juventud es presentada por los militantes de JPRO como la superación del pasado, las propiedades político-morales de la categoría son remitidas a ciertas condiciones sociohistóricas desde las cuales estos militantes construyen sentidos acerca del pasado reciente. La idea de “generación de la democracia”, esto es, de los nacidos en democracia, aparece como un modo de otorgar un fundamento sociohistórico a aquellas propiedades políticas y morales atribuidas a sí mismos y a la juventud como grupo generacional al que pretenden representar.
Si los jóvenes eran presentados como desvinculados de las tradiciones e identidades político-ideológicas, orientados por preocupaciones pragmáticas ligadas a la vida cotidiana, la inserción laboral o la vivienda, y por lo tanto, dispuestos a pensar “desde cero”, sin encorsetamientos ideológicos y con una flexibilidad que los dotaba también de un mayor pluralismo para aceptar disensos y lograr consensos, desde la narrativa de la “generación de la democracia” estas propiedades político-morales de los jóvenes son atribuidas al hecho de haber nacido en un país y en un mundo en el que las confrontaciones ideológicas perdieron sentido y ya no estructuran la vida política. De este modo, desde la perspectiva de la militancia de JPRO, los nacidos en democracia no se formaron políticamente en un marco de lucha entre izquierda y derecha, ni de enfrentamiento entre facciones ideológicas, y por lo tanto no piensan a la política desde estas categorías ni la conciben como confrontación.
La idea de una “generación de la democracia”, tal y como es elaborada por la militancia de JPRO, no sólo permite anclar en la historia los sentidos atribuidos a la juventud sino también funciona como un criterio de demarcación entre jóvenes y mayores, dentro y fuera del partido. Los más viejos del partido, y especialmente aquellos que son políticamente viejos (a juicio de algunos entrevistados y entrevistadas, “no hay viejos” en el PRO o son “muy pocos”), es decir, los que tienen una trayectoria política que excede al partido, suelen ser presentados por los militantes juveniles como más ideologizados, más rígidos y atados a identidades políticas del pasado, al mismo tiempo que menos comprometidos con los valores democráticos, como señalan estos militantes:
A mí me cuesta pensar que nuestra generación, tal vez por el hecho de ser una generación nacida y como mínimo formada en democracia sea una generación que se defina ideológicamente. – Lucas, JPRO.
Hay una brecha muy grande entre las personas que nacimos en democracia y los que no lo hicieron, porque ahí en ese momento las luchas que había eran distintas, por ahí los clivajes de ese momento eran otros (…) Ellos han vivido realmente la lucha de izquierda y derecha, ellos han vivido el mundo bipolar, han vivido las dictaduras salvajes que hemos tenido, y por eso también están forjados de otra manera y piensan distinto a nosotros, por ahí a veces por eso están mucho más ideologizados. – Andrés, JPRO.
En consecuencia, el hecho de no haber vivido en dictadura, ni en un mundo “bipolar”, esto es, haber nacido en democracia, funciona como un criterio, no fundamentado meramente en la edad, de división entre jóvenes y mayores, que es también una forma de delimitar las fronteras entre dos formas de pensar y hacer política.
En la sección siguiente, veremos cómo estas fronteras y atributos se objetivan y traducen en la organización partidaria del PRO como modos de división del trabajo político y del poder.
¿Arenero o trampolín? La juventud como principio organizacional en el PRO
Si en su dimensión político-moral la juventud aparecía en el PRO como portadora de valores de renovación, pragmatismo, flexibilidad y orientación al futuro, en tanto principio a partir del cual se divide el trabajo político y se regula el alcance de las prácticas políticas dentro del partido, la juventud se presenta como una instancia de minoridad y de preparación. La traducción de la categoría “juventud” dentro del partido no ocurre mecánicamente, y por lo tanto debe ser analizada atendiendo a la definición organizacional de sus grupos etarios, sus fronteras y posiciones, como así también las posibles tensiones y disputas en torno a estas.
A diferencia de otras organizaciones juveniles cuyos vínculos con los partidos políticos son informales, JPRO –al igual que la JR- no sólo se vale de la categoría de juventud para su presentación pública, sino que además integra orgánicamente el PRO como su rama juvenil. Esto significa que, en tanto organización juvenil, pretende nuclear a todos los miembros que han sido definidos como jóvenes dentro del partido, proporcionándoles un espacio de militancia, cierto tipo de actividades específicas y una relación con el resto del partido y su dirigencia desde el papel de jóvenes. La existencia misma de una organización juvenil en el partido supone ciertas competencias y alcances regulados para las prácticas de los miembros en función de su edad.
Como en otros partidos políticos, en el PRO –al igual que en la UCR- la frontera entre jóvenes y mayores se encuentra institucionalizada a partir de criterios etarios que regulan la pertenencia a la juventud partidaria. Así, JPRO es un espacio de participación exclusivo para los menores de 30 años. Si bien este límite superior establece la edad a partir de la cual ya no se puede participar más en JPRO y no determina, necesariamente, la participación compulsiva en la organización de todos los menores de 30 años, esta definición institucionalizada de la juventud a partir de un límite superior de edad tiene múltiples efectos: en primer lugar, explicita y determina el tipo de militante autorizado a participar de la organización juvenil, y por lo tanto regula el alcance de las prácticas y responsabilidades que puede desempeñar en el partido; en segundo lugar, instituye un mecanismo automático de renovación de los miembros y de las autoridades, siendo que la organización juvenil con límites de edad es por definición un espacio de transición y de participación relativamente efímera; por ende, en tercer lugar, limita la longevidad política que puede esperar un militante en la organización juvenil, y por ello limita, también, la emergencia y estabilización de líderes juveniles, y en cierta medida, la consolidación de grupos internos e identidades específicamente juveniles autonomizadas de la organización partidaria y sus dirigentes.
Si bien JPRO cuenta con autoridades y con un estatuto propio, se trata de una organización dependiente económicamente y subalterna respecto a la toma de decisiones dentro del partido. A pesar de que su estatuto establece mecanismos de elección autónoma de autoridades a través del voto directo de los integrantes, en los hechos los miembros del comité ejecutivo (un órgano de gobierno compuesto por un presidente, un vicepresidente, cinco vocales y catorce secretarios y subsecretarios en diversas áreas temáticas) son consensuados entre los dirigentes partidarios de modo de mantener el equilibrio entre las distintas agrupaciones internas del partido, al colocar representantes juveniles de cada una de ellas dentro del Comité.
Así, JPRO, nacida como la única organización juvenil del partido[10], se compone de un mosaico de agrupaciones internas de mayor o menor tamaño, que responden directamente a ciertos dirigentes partidarios. La expansión y visibilización de la militancia juvenil y de las agrupaciones que se autoidentifican como juveniles en la Argentina de la década de 2010, a la que ya hemos hecho referencia, tuvo como efecto en el PRO la aparición de una diversidad de agrupaciones juveniles internas creadas por algunos de los dirigentes del partido, en muchos casos desde dependencias del gobierno local, como desarrollaremos en el sexto capítulo.
En consecuencia, la juventud partidaria funciona como un espacio de articulación entre diversas facciones, donde se dirimen las diferencias, se regula la competencia y se asignan cargos de modo de mantener cierto equilibrio formal entre ellas. En la visión de algunos de las y los entrevistados, es justamente esta fragmentación la que termina por subordinar a JPRO a las internas de la dirigencia, dificultando su consolidación como organización juvenil con voz propia dentro del partido:
Jóvenes PRO contiene distintas agrupaciones dentro del PRO. O sea, en general, las agrupaciones están dividas por referentes políticos (…) Es un problema, porque lo que hace es que Jóvenes PRO no pueda tener una visión compartida de hacia dónde ir, y muchas veces se terminan trasladando internas de grandes a chicos. – Pablo, JPRO[11].
Se dio mucho que cada referente tenga su grupito de militancia, y que después se dieran cuenta de que «bueno, son jóvenes, [entonces] ¿Qué hacen? Juventud, quiero un pibe representante mío en Juventud», se dio mucho eso (…) En un partido en el que no hay internas, las decisiones grandes, las toman los grandes. Si me preguntas si los pibes formamos parte de algunas decisiones: no (…) Pero sí tenemos margen para plantear, para planificar, y para decir lo que no nos gusta o para proponer cosas. – Agustina, JPRO.
La juventud aparece dentro de la organización partidaria como una instancia de moratoria política, de preparación y de transición hacia el mundo de “los grandes”, esto es, hacia la toma de decisiones y la participación política plena. Por ello, el lugar de los jóvenes consiste fundamentalmente en el acompañamiento de los dirigentes partidarios, haciendo el trabajo en las calles durante la campaña, organizando actividades territoriales y participando de espacios de formación política.
El tipo y volumen de las tareas militantes de JPRO, como ocurre generalmente en todas las organizaciones partidarias, suele estar marcado por la agenda electoral. Así, mientras durante las campañas la actividad se vuelve intensa, en los años no electorales JPRO se dedica especialmente a las actividades de formación y “contención” de su militancia. Dentro de las actividades que los entrevistados suelen llamar de “contención” se encuentra una diversidad de estrategias para sostener y afianzar el compromiso en años en los que la necesidad de movilización de la militancia por parte de los dirigentes partidarios es menor. Así, se organizan reuniones informales en bares (los llamados “afters”, luego del horario de trabajo) que pueden incluir la presencia de dirigentes del partido, o jornadas solidarias (pintadas de fachadas de casas y escuelas de barrios desfavorecidos, colecta y reparto de juguetes para el día del niño u otras fechas festivas en hogares u hospitales, campeonatos deportivos, limpieza de espacios públicos, etc.)[12]. Por otra parte, fuera de las épocas de campaña, se destacan las actividades de formación, que generalmente consisten en charlas de dirigentes partidarios y funcionarios acerca de temas vinculados a las políticas implementadas por las gestiones de gobierno del PRO.
El trabajo político de JPRO cobra otra dimensión en los años electorales, cuando son convocados a participar de las campañas. Un primer grupo de acciones de campaña incluye un repertorio que la militancia llama acciones de “proximidad”. Hacer campaña en las calles, escuchar al “vecino” y conocer los problemas del barrio aparece como una oportunidad de “estar cerca de la gente” y por lo tanto de sentirse realizando un cierto ideal de la política que consideran superior al de aquella “vieja política de la rosca” [13].
Sin embargo, lo que diferencia el trabajo de campaña de JPRO del resto del partido es que ellos son, además, los encargados de capturar el “voto joven”, porque, en palabras de un entrevistado, “los jóvenes atraen jóvenes”. La ley sancionada a finales de 2012 que reconoce el derecho (optativo) al voto para las personas entre 16 y 18 años de edad, junto con la ya mencionada centralidad que ha adquirido la cuestión de la participación juvenil dentro de los debates públicos recientes, la expansión de las organizaciones juveniles partidarias y la percepción por parte de los militantes del creciente peso electoral de los menores de 30 años, hace que estas prácticas de interpelación al “votante joven” adquieran cierta relevancia dentro del repertorio de campaña de la organización. En sintonía con la idea de un joven distante de la política y de las ideologías, a los jóvenes se los busca especialmente en eventos nocturnos durante los fines de semana. Una militante de JPRO cuenta su experiencia en búsqueda del “voto joven” durante la campaña de 2015 por la jefatura de gobierno de la CABA:
Se iba a Palermo, a Plaza Serrano, y era “La noche de Horacio” [nota: Horacio Rodríguez Larrera, entonces candidato], una cosa así, y vos tenés que contestar preguntas sobre actualidad, sobre el PRO, y si las contestabas bien te daban un vacito que decía “Sigamos con el cambio”, o sea, boludeces, pero que después de varias campañas uno se da cuenta que el adolescente o el preadolescente o el joven se empieza a interesar más cuando son juegos, cuando te regalan un llaverito, te regalan esto, ahí es como que se copan, si les das un flyer es como que agarran el flyer, lo tiran y chau, nos vemos (…) También hicimos que toquen bandas en los parques, en las plazas, eso también les gusta, y se aprovecha [el programa cultural del gobierno de la Ciudad] “Bandas por Barrios”, van muchos chicos y ahí se aprovecha a hablar con los chicos. – Estefanía, JPRO[14].
La juventud a la que el PRO busca interpelar con este tipo de estrategias se presupone indiferente al discurso político. Las personas jóvenes de entre 16 y 18 años alcanzadas por la nueva ley, como me comenta una entrevistada, “están en una etapa en la que les interesa más el viaje de egresados” que la política. Existe, en cambio, una minoría politizada que pareciera haber sido cooptada por el kirchnerismo –que, desde la visión de la militancia de JPRO, es la que motivó la ley del voto optativo a los 16 años, impulsada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner- y cuya interpelación ya no es posible.
Aún cuando en campaña a estos jóvenes se los busque en el territorio, especialmente en sus ámbitos de sociabilidad nocturnos y mediante actividades lúdicas en las calles, gran parte de las acciones orientadas a este grupo etario ocurre en las redes sociales. Desde la mirada de la militancia de JPRO, se trata de una “generación digital” que interactúa y se vincula con el mundo de la política (cuando lo hace) principalmente a través de Facebook y Twitter. Como nos comenta la misma entrevistada, la “nueva política” adquiere aquí el sentido de una política que se desenvuelve por medios no tradicionales, que hace uso de las nuevas tecnologías y apunta especialmente a los jóvenes:
Hoy la nueva política, que es la juventud, es como que es todo redes sociales, Twitter, Facebook, por mail… y antes era más el salir a la calle, territorio, tocar timbre, mesas, poner mesas a las 6 de la mañana para que venga otro partido (…) tenes que hacer un mix, porque también en la sociedad hay un mix, no tenés o todos viejos o todos jóvenes, tenés los dos y tenés que tratar de llegar a la más amplia gente posible y decis: a los jovenes les llego por acá y a las personas mayores les llego por acá. – Estefanía, JPRO.
Esta división del trabajo presupone una división del poder, y se encuentra implícita en la traducción partidaria de la categoría juventud, lo que pone a muchos militantes de JPRO en una situación ambigua respecto a su auto-adscripción a la juventud partidaria, siendo que al mismo tiempo impugnan los roles asignados, critican la “inmadurez” de JPRO, y en algunos caso rechazan la pertinencia misma de una división etaria y la existencia de un “lugar de jóvenes” que presupone asimetrías y limitaciones en las posibilidades de acción:
A Jóvenes PRO le falta madurez, le falta consolidarse como una agrupación política que maneja poder, eso va a depender de lo que haga Jóvenes PRO y del lugar que el partido le dé a Jóvenes PRO, pero primero tiene que haber una demostración nuestra de decir que estamos preparados para asumir responsabilidades. Asumir responsabilidades [es] hacernos escuchar en los lugares donde se toman las decisiones. – Martín, JPRO.
Jóvenes empoderados, no jóvenes en un lugar de jóvenes, queremos un partido joven de verdad. No es que está el PRO y los Jóvenes PRO. Sino que los jóvenes estén en el PRO. Muchos entendimos eso y nos fuimos a donde están las cosas que importan hoy, en el armado nacional. – Javier, JPRO.
Como se advierte en estos fragmentos de entrevistas, hay entre parte de la militancia de JPRO cierto distanciamiento respecto a la noción de juventud como un principio legítimo a partir del cual distribuir competencias y roles dentro del partido. Muchos de ellos, si bien reivindican la participación juvenil, rechazan que esta deba ocurrir dentro de las limitaciones que propone la organización juvenil. Así, trazan una diferencia entre la “orgánica” juvenil y los jóvenes como un grupo etario o generacional que participa de la gestión. Mientras los jóvenes, así entendidos, ocupan posiciones de protagonismo dentro de la gestión pública y encuentran en el PRO un espacio de realización profesional con oportunidades para crecer políticamente, la juventud como organización partidaria funcionaría, en palabras de un entrevistado, como un “jardín de infantes” en el que los jóvenes juegan a hacer política, mientras las decisiones son tomadas por otros:
Con la Juventud a veces cometés el riesgo de transformarla en un jardín de infantes de gente que juega a hacer política, entonces jugás a que hacés política ahí, entonces [decís] «yo soy el presidente, el vicepresidente, yo soy el de Institucionales y le compito a este», entonces, la lógica berreta de un jardín de infantes (…) y las actividades tuyas [son] muy acotadas, porque tenés poco presupuesto, no tenés mucho margen de acción, entonces es como que estás en un jardín de infantes jugando a hacer política. Y también tenés los vicios de jugar a hacer política (…) Te volvés un viejo político en una estructura joven, te volvés una estructura de comité viejo, a mí me sonaba que la Juventud por momentos se transforma como en un comité [de la Unión Cívica] Radical. – Javier, JPRO.
Puede verse aquí la tensión que señalábamos entre la dimensión político-moral y la dimensión organizacional de la juventud en el PRO. Un “partido joven”, es decir, un partido que encarna la renovación de la política, el ingreso de “gente nueva”, el abandono de las ideologías y la superación del pasado, es también un partido que no reproduce dentro de su organización las estructuras y divisiones de la “vieja política” y los “viejos partidos” como la UCR. A su vez, si es que la juventud expresa aquellos valores político-morales que el PRO moviliza en su definición de la “nueva política”, la división de la juventud en una organización específica, subalterna y dependiente, se vuelve conflictiva y genera tensiones entre la misma militancia.
En el fondo de esta cuestión nos encontramos ante una definición de la juventud instrumentalizada por la dirigencia del partido como un modo de mostrarse cercana y “contagiada” de aquellos valores político-morales exaltados en la noción de juventud que el partido produce. Así, los jóvenes son presentados como emblemas de frescura y de futuro, pero desde una posición subordinada de acompañamiento de la dirigencia, en función de la cual existen como agrupaciones juveniles destinadas a hacer el trabajo de base, a conseguir el “voto joven” y, fundamentalmente, a hacer visible, dentro y fuera, el apoyo juvenil con el que cuenta el dirigente para el cual militan.
Aun así, si la división entre jóvenes y adultos da cuenta de relaciones asimétricas en la organización partidaria y si existe una instrumentalización de lo juvenil por parte de la dirigencia en tanto modo de legitimarse y construir cierta presentación pública, también es verdad que la condición juvenil dentro del partido es en muchos casos capitalizada por la militancia de JPRO, al presentarse como representantes juveniles de cierta línea interna partidaria. La participación en estos espacios juveniles es pensada de un modo reflexivo por algunos de estos militantes como un canal a partir del cual iniciar su carrera política, acceder a cargos de poder y ganar notoriedad en el partido. Ser joven, y especialmente lograr ser reconocido como dirigente juvenil, ha sido también una vía de acceso a posiciones en las listas de candidatos a legisladores o comuneros, o a cargos jerárquicos dentro del ejecutivo, especialmente en la Dirección General de Políticas de Juventud de la CABA[15].
En este sentido, la idea de que el PRO es un “partido joven” no sólo apunta a vincular a la organización con aquellas propiedades político-morales de la “nueva política” que la juventud expresa, sino que implica para los militantes la idea de un partido de formación reciente que les brinda oportunidades de “crecer” profesional y políticamente. El PRO como un “espacio de oportunidades” es una idea que aparece recurrentemente entre los militantes entrevistados, en contraste con partidos “viejos” con grandes estructuras consolidadas como la UCR y el PJ[16]. Así, la posibilidad de acceder rápidamente a puestos en la administración pública, como veremos en el sexto capítulo, funciona como un incentivo selectivo (Panebianco, 1988) para la participación en JPRO que compensa el bajo grado de autonomía política de la rama juvenil partidaria.
Para estos militantes, el PRO es un “partido joven” donde pueden “crecer” profesional o laboralmente (“Yo no sé si en el Justicialismo se puede crecer tan rápido”, comenta uno de los entrevistados), al mismo tiempo que este crecimiento se da según el mérito y la vocación de servicio de cada uno, contra lo que ocurre con los militantes kirchneristas, quienes, en palabras de una entrevistada, “son pibes que tienen primero la palabra cargo o la palabra candidatura en la cabeza”. Con estas palabras describen al PRO sus militantes juveniles:
Yo quería militar en el radicalismo, pero ¿qué pasaba?, el radicalismo era un partido súper viejo, con una estructura muy grande, muy antiguo, que es muy dificil entrar siendo chico, siendo joven, y que realmente te den un espacio, porque yo quería hacer cosas, que te escuchen, que te tengan en cuenta, que te den un rol protagónico. Dentro de eso que yo quería, el PRO era lo más cercano a mi pensamiento, y a la vez era un partido nuevo. – Alejandra, JPRO.
Yo en el PRO reconozco que es un espacio que da muchas oportunidades a los jóvenes que se van sumando sin ningún contacto, yo no conocía a nadie y me vine a sumar tocando una puerta y pidiendo permiso (…) Te permite crecer a vos, tanto profesionalmente como en el partido. – Andrés, JPRO.
Me gusta reivindicar mucho la militancia en el PRO en general y en la Juventud en particular como un espacio de oportunidades. Y digo esto porque en mi caso en nueve años llegue, o un poquito menos, llegué a donde llegué a fuerza de militar de aprender y de dedicarse, no de conocer a tal o cual, digamos entonces cuando en verdad, cuando tengo la posibilidad de charlar con algunos chicos que tienen ganas de sumarse me gusta hacer hincapié en esto de que yo lo siento un espacio muy meritocrático. Sobre todo para nuestra generación eso está bueno. – Lucas, JPRO.
Por lo tanto, mientras en un nivel organizacional la juventud partidaria implica límites al alcance y competencias de las prácticas militantes dentro del partido, desde el punto de vista de las trayectorias individuales puede habilitar, en algunos casos, un acceso rápido a cargos públicos y candidaturas para quienes logran atribuirse con éxito la representación de los jóvenes dentro y fuera del partido. Según el análisis de una de las militantes entrevistadas:
El tema de las agrupaciones juveniles, que crecieron mucho desde hace un año y medio [nota: entrevista realizada en 2013], que empezaron a surgir muchas a lo largo de referentes, tuvo que ver con que todos los referentes querían tener una juventud -causa uno- o -causa dos- algún joven vio el nicho de decir: «crezco y levanto el perfil al lado de este referente». Ahí hubo quizás el hambre y las ganas de comer: un referente quería una Juventud y un pibe se la podía armar, y bueno, cerró. – Milagros, JPRO.
De este modo, la necesidad de muchos dirigentes de hacerse de una militancia propia -como modo de ganarse su lugar en el partido y apuntalar sus candidaturas y campañas electorales- abrió entre la militancia oportunidades de hacer de su “ser joven” un capital político que la autorizara a tomar la palabra en nombre y acerca de la juventud, para desde allí abrirse espacios en su carrera política y profesional.
Los herederos. Formas de legitimación y presentación de sí de la militancia juvenil radical
Mientras la militancia de JPRO se presenta y legitima a partir de una idea de juventud ligada a la “nueva política” como ruptura con el pasado, sus ideologías e identidades, la juventud del radicalismo se ubica a sí misma como heredera de una serie de “valores” partidarios históricos, cuya misión es conservar y recrear, muchas veces contra el pragmatismo de la dirigencia. Ser joven en el radicalismo no implica, en la presentación de sí de sus militantes, estar desvinculados de la historia o las ideologías, sino, al contrario, una posición de mayor autonomía que los convierte en guardianes de un legado frente a una dirigencia partidaria más propensa a privilegiar la supervivencia coyuntural del partido antes que su identidad y valores, que asocian, sobre todo, a la transición democrática alfonsinista, a la “socialdemocracia” y a la tradición “reformista” del movimiento estudiantil argentino.
Mientras, como vimos, la posibilidad de hacer una rápida carrera política o profesional era uno de los incentivos para la participación juvenil en el PRO ante la ausencia (o el rechazo) de una identidad política definida y de una ideología que defender, en un partido como la UCR en la CABA post-2001, con una capacidad más limitada para distribuir incentivos selectivos dada su inserción débil y periférica en el Estado[17], los incentivos colectivos ligados a la identidad y la ideología partidaria ocupan un lugar central entre su militancia. Haciendo de la necesidad virtud, esta generación de la JR convierte esto en un atributo positivo. Estar “en el llano” y, por lo tanto, ser menos dependientes de la distribución de puestos públicos, les permitiría, según su visión, asumir una posición crítica y, por momentos, “díscola” o “rebelde” respecto al partido y sus dirigentes. Así, en línea con el ideal de un partido “democrático” y “horizontal” al que suelen evocar, los jóvenes radicales se presentan como capaces de alzar la voz para velar por la consistencia identitaria del partido[18]. Así lo explica uno de nuestros entrevistados:
Esa es la mejor parte de la juventud política: la distancia con el poder hace que uno critique más al poder, cuando se va acercando generalmente genera lo contrario, por eso el radicalismo tiene una Juventud Radical, el objetivo principal de la Juventud Radical, siempre, histórico, cuando [Moisés] Lebensohn la formó, era que gente no está cerca del poder pueda criticar a los que están en el poder. – Fermín, JR.
Esta presentación de sí se sostiene no sólo en relación a la dirigencia adulta del partido, sino también en oposición a otras juventudes partidarias: por lado, la juventud kirchnerista representada por La Cámpora, que se describe como una militancia verticalista, que obedece de forma acrítica a Cristina Fernández de Kirchner y que se formó al calor del poder y los cargos públicos; y, por otro lado, la juventud del PRO, generalmente caracterizada por los militantes de la JR como una militancia de empleados públicos, militantes “rentados” que no desarrollan actividades políticas por fuera de sus trabajos en el Estado. Así, la idea de una juventud “crítica” se asocia en la JR tanto a la lejanía respecto al poder (y con ella a una menor dependencia de los jóvenes hacia la dirigencia partidaria) como a una militancia movilizada por valores antes que por líderes o puestos.
La imagen de una juventud partidaria que salió a las calles contra los recortes presupuestarios en la universidad pública durante el gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001), un gobierno de su propio partido, para sostener una de las insignias históricas de su militancia, es presentada por esta generación como la prueba más acabada de este espíritu crítico y de la JR como quien sostiene y defiende los legados del partido aún con costos elevados para la organización partidaria y su gobierno:
Cuando fue la crisis del 2001, esto es algo que reivindico mucho, por eso milito en el radicalismo y no en otra fuerza política (…) López Murphy asume como ministro de Economía y quiere hacer el recorte en la educación, la primera agrupación política que salió a las calles fue la Franja Morada, a pesar de ser su propio gobierno, y lo lograron bajar a López Murphy, entonces yo en eso siempre hago una diferenciación entre lo que es la Franja o la Juventud Radical y lo que es La Cámpora o la JP [Juventud Peronista], que los chabones tienen una obediencia ciega, y nosotros somos más críticos, incluso de lo que deberíamos ser, a veces, cuando somos gestión. – Sergio, JR.
Más cerca en el tiempo, la existencia de una agenda propia de reivindicaciones como la legalización del aborto o de la marihuana son presentadas también como pruebas de una juventud crítica que presiona a la dirigencia partidaria para defender ciertas políticas fundamentadas en valores históricos de la UCR. El caso de la posición de la JR ante el tratamiento del proyecto de ley para la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo durante 2018 es paradigmático de esta presentación de sí de la juventud partidaria como, al mismo tiempo, crítica de la dirigencia y guardiana de los valores históricos del partido. En este sentido, la JR buscó enmarcar la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo dentro de ciertas banderas históricas del partido, recurriendo a figuras como Raúl Alfonsín, Florentina Gómez Miranda, María Teresa Morini o Elvira Rawson; a conquistas de derechos impulsadas por el radicalismo a lo largo de su siglo de existencia, como la patria potestad compartida, el divorcio vincular, el artículo 14 bis de la Constitución Nacional o el sufragio “universal”; y a los valores de un partido “liberal, democrático, progresista y profundamente laico”, tales como la libertad, la igualdad y los derechos humanos. De este modo, a través de dos cartas a sus legisladores, una conferencia de prensa y la toma del edificio del Comité Nacional en la CABA, al que vistieron con banderas verdes durante el debate en el Senado, la JR exigió a sus propios representantes en el Congreso que “sean consecuentes con la lucha de nuestro partido”, “no traicionen nuestra historia” y “no desoigan a la militancia partidaria”. Citamos aquí algunos pasajes de los comunicados de la juventud del partido dirigidos a las y los integrantes de los bloques radicales de ambas cámaras:
Permítannos hablarles en especial a aquellos radicales que aun en pleno Siglo XXI siguen sosteniendo posicionamientos arcaicos. Sean consecuentes con ese radicalismo que es defensor de los derechos humanos, de los derechos de las mujeres. No pueden hacer caso omiso a las palabras de Raúl Alfonsín, que por aquellos años dijo que el aborto no tenía que ser resuelto con la penalización, si no con el acompañamiento del Estado. Tampoco podemos dejar de mencionar a Florentina Gómez Miranda una de las primeras mujeres radicales que presentó proyectos en este congreso por la conquista de nuevos derechos. La historia nunca fue fácil. Si no hubiesen existido estos valientes por delante, no hubiésemos logrado conquistar la solidez de la democracia que tenemos hoy (…) Nosotros como parte de toda esa generación queremos pedirles a todos y todas, los y las legisladores de nuestro partido que escuchen a los jóvenes, que se hagan eco de este llamado, un llamado por la libertad, por la igualdad y por los derechos humanos.[19]
Tenemos la inmensa responsabilidad de representar a los jóvenes que en este país han elegido un partido liberal, democrático, progresista y profundamente laico; el partido de la Revolución del Parque, el que se rebela ante la injusticia y las desigualdades (…) Abrazamos desde los primeros años de nuestra juventud un partido que siempre ha sido el de la defensa de los derechos civiles, el de la salud pública, el de las mujeres que luchan. Como jóvenes radicales reivindicamos las banderas de Elvira Rawson, de María Teresa Morini, de nuestra inmensa Florentina Gómez Miranda y de otras tantas que nos han marcado el camino de la lucha por las libertades, por la justicia y por la equidad. Conservamos las esperanzas de que en estos últimos días decisivos, quienes representan las ideas del radicalismo en el Congreso de la Nación no desoigan a la militancia partidaria.[20]
La juventud del radicalismo no solo se presenta como heredera y guardiana de los valores históricos del partido y con capacidad crítica para disentir con sus dirigentes, sino también como la encargada de aggiornar las prácticas del partido, aquellas formas que han quedado obsoletas y que no son eficaces para interpelar a la ciudadanía en general y, especialmente, a otros jóvenes.
Así, se produce cierta tensión entre el discurso nostálgico que domina al partido -sobre el pasado dorado de la transición democrática- y la necesidad pragmática de una adaptación de las prácticas de militancia a los nuevos tiempos, en los que el radicalismo se encuentra en una situación de mayor debilidad electoral y en los que el vínculo de la ciudadanía con la política es más lábil. Los jóvenes del partido, en tanto nacieron ya en democracia y no experimentaron la épica alfonsinista como parte de su propia biografía, estarían en mejores condiciones, según sus propios relatos, para recuperar esa historia de un modo menos nostálgico, adaptando los símbolos y valores del pasado a la realidad de las nuevas generaciones. Uno de los militantes de la JR con quien conversamos lo explica así:
Yo quiero salir un poco de la nostalgia, pero tenemos que generar un relato propio de los jóvenes dentro del partido, unificado, que nos permita ir a pedir con más fuerza lugares en el partido, lugares en las candidaturas (…) Veo una cosa muy nostálgica, en algunos casos la veo mal, porque los 80 no van a volver, porque ya pasó, porque fueron otras épocas y era otro mundo, no se había caído el muro de Berlín, por empezar, y era otra economía y era otra cosa, y en ese punto no me parece bien la nostalgia, pero me parece bien reivindicar a Alfonsín, para mi Alfonsín es atemporal (…) Esa nostalgia la veo bien, me parece una buena forma de no perder los principios, las ideas, o sea, que hay mucha nostalgia en el radicalismo, hay tipos que vivieron sus momentos de gloria en los ochentas, tipos que hoy tienen 60 años, 50, que en los ochentas tuvieron sus primeras novias y las consiguieron gracias al partido, porque militaban en una comuna, y nada, la vida de ellos pasó por ahí, y vos te juntas a hablar con ellos y de lo único que hablan es de eso. – Francisco, JR[21].
Mientras los valores del partido, su identidad y sus símbolos, son presentados por la militancia como algo vigente y que merece ser defendido, las prácticas más tradicionales de la militancia radical tienen para su juventud, en palabras de una militante, “olor a naftalina”[22]. La introducción de nuevas tecnologías, entonces, es el aporte generacional que la JR estaría en condiciones de hacer para renovar las formas de militar en el radicalismo y, de ese modo, llegar a otros jóvenes:
Tenemos que avanzar en la utilización de las nuevas tecnologías, si bien desde nuestra identidad, que eso nunca hay que cambiar, pero reformular políticamente a quién queremos representar, qué es lo que somos, cuáles son nuestros objetivos (…) En eso tenemos que tener un rol importante los jóvenes, los jóvenes tenemos que incidir en esos cambios, en la reformulación de la propuesta política del radicalismo. – Gastón, JR.
Para mí eso de producir documentos, cuestiones así, son inútiles, porque no la lee nadie, o sí, alguien la lee en Facebook o en Twitter, pero mucho no sirve para mi, como que se tiene que modernizar un poco más en ese sentido la Juventud, dejar de hacer esas cosas y darle un perfil más innovador, como tiene el PRO, como tienen otros partidos. – Claudio, JR[23].
La juventud a la que les toca interpelar, en coincidencia con la percepción que tienen los militantes de JPRO, pertenece a una generación despolitizada, difícil de movilizar desde las formas más tradicionales de la política. El radicalismo tendría, desde la mirada de sus militantes juveniles, dificultades para salir de su círculo interno, para hablarle a una generación que lo percibe como un partido “viejo” que no le ofrece ni un discurso atractivo ni acceso a cargos públicos. Así, la minoría de jóvenes más politizados estaría ya perdida para el radicalismo porque el kirchnerismo supo construir un “relato” que sabe interpelarla, valiéndose de la bandera de los derechos humanos que las y los militantes radicales consideran propia pero que saben perdida. La juventud menos interesada en la política, en cambio, sería un coto de caza más afín al PRO, que maneja con mayor destreza las nuevas formas de comunicación política, y que puede ofrecer a jóvenes profesionales mayores oportunidades para hacer una carrera laboral y política. Así explican las y los militantes radicales estas dificultades:
Yo creo que ideológicamente para la juventud el partido no es apetecible, no es un partido que hoy en día llame a los jóvenes a entrar al partido, si no es más por una pertenencia familiar o una propuesta de trabajo en un lugar público del gobierno, yo entiendo que hoy ideológicamente, lamentablemente, el partido no es seductor para los jóvenes, y tampoco tenemos tanta facilidad para hacer un discurso que seduzca a los jóvenes. – Fermín, JR.
El kirchnerismo supo construir un discurso y un relato muy ameno hacia el grupo joven, en los derechos humanos… que también fue una responsabilidad del radicalismo. El radicalismo por ahí es más antipático para los jóvenes, por ahí pensás en el radicalismo y pensás en un grupo de viejos tratando de dominar el mundo, entonces eso también es una responsabilidad discursiva del radicalismo, de cómo el partido que priorizó a la democracia, que hizo el juicio a las Juntas, que hizo el Nunca Más, no tiene la bandera de los Derechos Humanos. – Nancy, JR[24].
Así, exceptuando a las y los jóvenes de familias radicales, a quienes pueden interpelar y reclutar con mayor facilidad desde la simbología del radicalismo, la juventud como objetivo electoral y de reclutamiento les exige innovar los repertorios. Como veremos en el capítulo siguiente, una de sus estrategias consiste en la apertura de asociaciones civiles que realizan trabajos de voluntariado solidario sin una identificación explícita con la UCR, de modo de acercar jóvenes –generalmente provenientes de la UBA, a través de FM- reluctantes a la participación partidaria. La candidatura de Martín Lousteau, un dirigente relativamente joven y no proveniente del partido, también ha sido, según las y los militantes, una forma eficaz de despertar interés en jóvenes que de otro modo no hubieran votado al radicalismo. Por otra parte, la producción de una agenda propia juvenil no solo está orientada a incidir en la dirigencia partidaria, como hemos visto, sino que busca también aggiornar las propuestas políticas del partido, remitiéndolas a valores y figuras históricas del radicalismo. Así, la militancia juvenil de la UCR participa de la Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, se moviliza por la legalización del consumo de marihuana, participa de las Marchas del orgullo LGBTIQ+, de las movilizaciones “Ni Una Menos” contra la violencia de género, del Encuentro Nacional de Mujeres, o realiza actividades sobre cuidado del medioambiente, todas ellas cuestiones que no forman parte de la agenda histórica del partido, pero que las y los militantes juveniles buscan articular con sus antiguas reivindicaciones y luchas.
Jóvenes en un partido viejo. Relaciones intergeneracionales y poder en el radicalismo
Como hemos visto en el caso de JPRO, los sentidos políticos y morales atribuidos a la juventud como principio de legitimación no se corresponden necesariamente con los modos en los que la juventud funciona como principio para la división del trabajo político y del poder dentro del partido, que regula las relaciones entre la organización juvenil y el partido que la contiene, y entre las distintas generaciones que interactúan y disputan poder en su interior.
En el caso de la JR, como argumentamos en la sección anterior, su militancia se presenta a sí misma como heredera y defensora de los “valores” históricos y la identidad radical hacia adentro y hacia fuera del partido. Como hemos señalado también, este resguardo y recreación de los valores, esta aptitud para la crítica, se vinculaba con la ausencia de compromisos con el poder, tanto del Estado como de la dirigencia partidaria. Se trata de una juventud que se presenta a sí misma como “en el llano” y capaz de disentir con la dirigencia partidaria para resguardar la identidad radical y sus banderas históricas.
Sin embargo, estos atributos entran en tensión con la realidad de la organización juvenil y su relación con el partido. Como anticipamos en la introducción y desarrollaremos en profundidad en el quinto capítulo, luego del colapso de 2001, ciertas facciones de la UCR porteña lograron refugiarse en la UBA, y desde allí, acumular poder para reconstituir una organización partidaria al borde de la extinción. De este modo, el sector del radicalismo universitario que dominaba la política de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, rebautizado luego de 2001 como Nuevo Espacio, logró conformarse hacia 2003, en alianza nacional con otros sectores del radicalismo universitario, en una línea interna del partido llamada Cantera Popular, que lograría conquistar la conducción de la juventud partidaria, primero, y luego, del partido a nivel distrital. De este modo, la conducción local del partido durante los 2010 tiene sus orígenes en la militancia universitaria y juvenil del radicalismo, por lo que la línea mayoritaria tanto del radicalismo universitario en la UBA, como de la juventud y del partido porteño funcionan como una misma facción en las disputas intrapartidarias del nivel distrital y nacional. Esto ha llevado a una colusión de intereses entre la juventud y la dirigencia mayor del partido en la CABA, así como a una mayor subalternidad de la primera respecto a la conducción partidaria. Este funcionamiento en tándem, bajo el paraguas de la agrupación Cantera Popular, ha sido, según nuestros entrevistados, uno de los motivos por los que aquella juventud “crítica” y “rebelde” ya no sería capaz de alzar la voz ante la dirigencia como en los viejos tiempos. Así lo comentan algunos de los militantes con los que dialogamos:
Hoy [la JR] más que nada es delegada de mayores. Cuando yo empecé a militar éramos más combativos, la conducción de mayores era de otro espacio político y la juventud era del espacio donde milito yo, de La Cantera Popular. Hoy es más o menos lo mismo, entonces tampoco les vamos a hacer mucho lío a los compañeros. Tiene esta cuestión de que nosotros, tal vez por ser el motor militante más activo, podemos solucionarles cosas a los mayores que ellos quizás no tienen estructura para hacerlo, o nos llaman o nos ofrecemos para alguna volanteada o alguna cuestión de difusión. – Lisandro, JR.
Uno como joven no deja de ser militante de una agrupación política [Cantera Popular] que tiene sus posturas tomadas, entonces uno llega como Juventud a determinados cuerpos orgánicos atravesado por decisiones que toman las organizaciones a las que pertenece, entonces, son réplica, lo que se decide en mayores tiene su correlato en Juventud quizás con algún tinte un poco más díscolo, más rebelde o más agresivo si se quiere, pero en general no se ven desfasajes. Yo no creo que la Juventud Radical pudiera hoy hacer una marcha contra una medida gubernamental como en 2001, lo veo muy difícil. – Pedro, JR.
De este modo, la juventud partidaria resulta más bien una herramienta de la conducción del partido para, a través de ella, intervenir de un modo menos moderado en las discusiones nacionales del radicalismo. O bien, actúa como mano de obra disponible en las campañas, para asistir a actos, repartir volantes o realizar el trabajo cotidiano de los comités barriales. No se presentan tan habitualmente, en cambio, conflictos en los que la juventud presione desde abajo a la dirigencia del distrito para forzarla a no torcer el rumbo programático o identitario. Así, la juventud juega a ser la cara “rebelde” (como valor asociado a lo juvenil) del partido antes que a representar el papel de una base militante capaz de alzar públicamente la voz de un modo crítico. Esto resulta una fuente de tensiones o frustraciones en muchos militantes juveniles que consideran que el rol de la juventud debe ser (y ha sido históricamente) el de una base militante crítica, que actúa lejos de los círculos de poder del partido y vela por su coherencia ideológica.
Por otra parte, la integración del partido a nivel nacional, primero, y más tardíamente a nivel local, en la coalición electoral y parlamentaria de centroderecha Cambiemos, en el período 2015-2019, acercó a la militancia radical, después de una década y media, a una mejor (aunque aún periférica y débil) inserción en el Estado. La juventud que se presentaba como “en el llano”, si bien está lejos de las oportunidades de inserción en la estructura de la administración pública que tiene la militancia de JPRO, pasa a formar parte del oficialismo. Para algunos de nuestros entrevistados, ese ideal de una juventud alejada del poder estaría en riesgo ante la apertura de oportunidades para hacer una carrera política profesional dentro del oficialismo. Luego de largos períodos lejos de la centralidad del poder, la aparición de oportunidades dentro del oficialismo, habría incentivado el perfil más carrerista del militante juvenil radical y opacado su espíritu crítico[25]. Con estas palabras nos lo comenta un militante respecto a la JR a nivel nacional:
La realidad hoy es otra, termina siendo otra porque la política de mayores termina influyendo en la política de juventud, es una deformación de los objetivos (…) Lo veo como algo lógico, porque todos quieren ocupar lugares de poder y todos quieren influir en todo, porque la política es eso también, pero lo veo como algo negativo porque no tenemos una Juventud que hoy en día pueda ir a pegar el grito y decir ‘no me gusta lo que hace el presidente del partido’, sino que lo dicen entre ellos, pero no podemos decirlo porque el presidente depende del laburo que le da tal otro o depende para crecer políticamente de tal intendente o porque lo puso tal o cual dirigente político en ese lugar, y eso hace que no se pueda tener un discurso más, no digo más combativo, más crítico, que muchas veces lo tienen los que están en ese lugar pero no lo pueden decir. – Fermín, JR.
De este modo, la agenda propia de la JR se encuentra limitada a una serie de temáticas percibidas como de interés para las generaciones jóvenes (cuestiones de género, derechos sexuales y reproductivos, consumo de marihuana, medioambiente) que no afectan las orientaciones programáticas, ni la agenda parlamentaria o las decisiones del partido respecto a sus alianzas o estrategias de campaña. El caso del debate parlamentario sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en 2018, al que hicimos referencia en el apartado anterior, da cuenta, además, de la escasa efectividad de la presión de la JR sobre la dirigencia partidaria aún sobre estas temáticas. A pesar de las cartas dirigidas a sus senadores, las conferencias de prensa, la toma del edificio partidario, o la presencia en las vigilias y movilizaciones el día de la sesión, los nueve (de doce) senadores y senadoras de la UCR que se habían declarado previamente en contra del proyecto votaron negativamente el día de la sesión.
Cuando, en 2015, se discutió dentro del partido la conformación de una alianza electoral con el PRO, la posición dominante dentro de la JR porteña no era, según nuestros informantes, a favor de esa estrategia aliancista. Sin embargo, la JR de la CABA no hizo oír su posición en la Convención de Gualeguaychú, en la que se decidió la conformación de Cambiemos, y votó alineada con el resto de la UCR porteña. Esto muestra que el margen de la JR para fijar posiciones en contra (o con autonomía) de la dirigencia del partido, para intervenir en temáticas sensibles para la elite partidaria o para incidir sobre el voto de sus parlamentarios es escaso, más allá de que sus militantes cultiven una presentación de sí asociada a su capacidad crítica y a su espíritu “díscolo”. Así lo explica un militante que integra una línea minoritaria de la JR ligada a la FM de la Facultad de Derecho de la UBA:
Muchas veces las cuestiones del poder de arriba hace que haya discusiones que no se pueden dar [en la Juventud] y eso nos ha pasado a nosotros [los militantes de la Franja Morada en la Facultad de Derecho], particularmente a nosotros que somos bastante rebeldes en la cuestión de qué discusiones dar, suponete nosotros hemos dado la discusión de Cambiemos sí, Cambiemos no, y la Juventud no la dio esa discusión, no quiso, porque desde arriba se bajó una línea de no darla, entonces, cuando vos tenés un dirigente arriba que no te permite dar determinadas discusiones, me parece que fracasas como Juventud, y un poco eso ha pasado en la Juventud Radical. – Francisco, JR.
No solo existe una división de temas de agenda entre la juventud partidaria y la dirigencia mayor, en la que los jóvenes imprimen, en palabras de un entrevistado, un “tinte rebelde” a la agenda del partido pero no participan públicamente de las discusiones que interesan a la elite partidaria, sino que también, al igual que en el caso de JPRO, existe una división del trabajo en la que la organización juvenil asume ciertas tareas específicas. Como hemos visto ya, en ambos partidos, las militancias juveniles tienen la misión electoral de interpelar a los electorados jóvenes, y lo hacen a través de prácticas que implican, a su vez, ciertas definiciones de los intereses y de los vínculos de esta generación con la vida política.
Hacia el interior del partido, y especialmente dentro de los comités barriales, la militancia de la JR discute la eficacia de ciertas prácticas tradicionales, como el reparto de cartas en papel, los llamados telefónicos a las casas de los afiliados para invitarlos a actividades en el comité, o el “punteo” del padrón partidario sostenido mediante vínculos cara a cara con los afiliados del barrio[26]. Más que una impugnación total de dichas prácticas, la militancia juvenil radical reconoce su relevancia para la vida interna de un partido con un padrón de afiliados envejecido, pero discute la eficacia de estas prácticas para interpelar a las generaciones más jóvenes, renovar el reclutamiento de afiliados y militantes, y lograr el voto de quienes no forman parte de la cultura partidaria.
El llamado a modernizar las prácticas mediante la introducción de medios digitales y nuevos lenguajes es también un modo solapado de disputarle poder a una vieja militancia con la que conviven cotidianamente en los comités y que domina un saber-hacer y una sociabilidad barrial que la militancia juvenil no posee. En tanto esos saberes continúan siendo sumamente relevantes en el juego interno del partido, como veremos en el capítulo siguiente, la militancia juvenil debe aprender el oficio al mismo tiempo que intenta hacer valer su aporte generacional en un partido que dirime sus internas mediante el voto de los afiliados y -en tanto esos afiliados se renuevan cada vez más lentamente[27]– tiende a garantizar la reproducción de viejas formas de militancia. Esto produce cierta inercia en la organización y en sus prácticas que ubica a las generaciones más jóvenes de militantes en una posición de inferioridad en tanto sus intentos de transformar los repertorios establecidos encuentran mayores resistencias que en un partido nuevo como el PRO, que además no dirime sus internas mediante el voto de los afiliados ni cuenta con una cultura política sedimentada.
Si bien es posible que la militancia juvenil del radicalismo, en comparación con la del PRO, se encuentre con mayores resistencias para transformar o innovar los repertorios dentro de la organización, también es cierto que cuenta con una estructura formal que le garantiza una relativa autonomía respecto a la dirigencia mayor y le asegura cargos propios dentro de la conducción del partido. En el caso de la UCR porteña, la JR cuenta con 5 delegados propios entre los 34 que componen su máximo órgano de conducción, la Convención de la CABA. Si se le suman los otros 3 delegados designados por la Franja Morada Regional Buenos Aires (que incluye a todas las agrupaciones del radicalismo universitario de la CABA y no solo a las que conservan el nombre Franja Morada), los sectores juveniles y estudiantiles del partido tienen un 23,5% de representación en la Convención. El órgano ejecutivo del partido es la Mesa Directiva, compuesta por un presidente, 2 vicepresidentes y otros 10 integrantes, de los cuales uno es designado por la JR. El nivel más bajo de la burocracia partidaria lo componen los Comités Comunales, cuyas comisiones ejecutivas cuentan con un secretario de juventud. Por otra parte, la carta orgánica del partido establece que, dentro del presupuesto anual elaborado por la Mesa Directiva, una partida debe estar destinada a garantizar el funcionamiento de la JR en el distrito.
Los afiliados de entre 16 y 30 años, además de votar en las elecciones internas generales del partido, eligen a las autoridades de su Juventud. Mediante el voto directo se eligen los delegados que designarán a la Mesa Directiva de la JR y a los cinco delegados que integrarán la Mesa Directiva del partido a nivel distrital.
La presencia de representantes de la JR con voz y voto en los órganos de conducción del partido del partido, establecida en su carta orgánica, brinda a su militancia juvenil una vía de acceso a la burocracia partidaria y una incidencia –al menos formal- en la toma de decisiones con la que no cuentan otras generaciones de militantes dentro del partido. Esta estructura de cargos internos funciona, a su vez, como un incentivo de status (Panebianco, 1988), es decir, como una retribución simbólica que, ante la escasez de cargos rentados en el Estado, provee cargos internos que permiten ganar notoriedad e incidencia interna. Es, por otra parte, en las filas de la JR (o del radicalismo universitario) que los dirigentes de la UCR suelen iniciar su carrera política. Mientras en el PRO las ventanas permanecen abiertas a dirigentes provenientes de otros campos y de otros espacios políticos, en el radicalismo los ingresos al partido fuera de este cursus honorum típico son poco frecuentes, lo que le otorga a su organización juvenil y a la militancia en ella un valor adicional. Así como la militancia en los comités barriales es una pieza central dentro de la construcción de una carrera política en el radicalismo, la militancia juvenil o universitaria es el paso inicial casi obligado para ascender dentro de este partido. Tendremos la oportunidad de detenernos en estos asuntos cuando en los capítulos que siguen analicemos las prácticas de ambas juventudes partidarias en el territorio y la universidad.
- Fragmento del discurso pronunciado luego de conocerse los resultados de las elecciones legislativas del 27 de octubre de 2013, que dieran al PRO como ganador en la CABA. Detrás de Macri, en el escenario, se ubicaron en una tribuna decenas de militantes de JPRO con remeras amarillas que anunciaban el lanzamiento de su candidatura presidencial para 2015.↵
- Landau (2015) vincula este aspecto al origen del PRO como partido del nivel local y la centralidad que adquirió históricamente en la Ciudad de Buenos Aires el ideal técnico ligado a la resolución de problemas de la vida urbana entre las fuerzas políticas municipales.↵
- Una investigación sobre elites políticas de la CABA de la el autor ha participado (coordinada por Gabriel Vommaro en la Universidad Nacional de General Sarmiento y financiada por el CONICET, realizada entre septiembre de 2014 y junio de 2015, en la que se encuestó a diputados nacionales por la CABA, legisladores porteños y miembros de las juntas comunales) muestra que la distribución etaria entre partidos no refleja esta presencia significativa o diferencial de “jóvenes” en el PRO aludida por nuestros entrevistados. Si se consideran los encuestados con 44 años y menos, UNEN registra un 76%, el Fpv y aliados un 35%, el PRO un 26% y Proyecto Sur y aliados un 24%. Si, en cambio, se considera exclusivamente la franja de los que tienen 35 años y menos, Proyecto Sur y aliados presenta un 19%, UNEN un 13%, mientras que tanto el PRO como el FpV y aliados tienen un 9%. Estos datos no pretenden desacreditar la autopercepción o la presentación de sí que hacen los miembros del partido, sino destacar el valor legitimador que tiene para ellos la cuestión de ser un partido “joven”. Esto se vio reflejado en la presentación pública de los datos de un estudio previo del mismo equipo realizado en 2011 sobre los cuadros dirigentes del PRO en la CABA (que incluyó a diputados nacionales por la CABA, legisladores porteños, subsecretarios, secretarios y ministros del Poder Ejecutivo de la CABA), cuando algunos de los encuestados presentes en el evento cuestionaron el número de la edad promedio (47 años) por considerarlo “elevado” según su propia percepción.↵
- Manuel fue a una secundaria católica y luego a una privada laica, ambas en Recoleta, CABA. En 2008, un amigo de la Facultad de Derecho de la UBA, lo invitó a participar de una agrupación de JPRO. En 2013 empezó a militar también en PRO-Derecho. Durante muchos años participó como misionero en un grupo de jóvenes de una parroquia del centro de la Ciudad. Trabaja en un ministerio del GCBA.↵
- Volveremos sobre este punto cuando, en el sexto capítulo, veamos cómo ciertos repertorios de acción y marcos interpretativos de la militancia de JPRO se imbrican con el trabajo en la gestión pública local.↵
- Estas nociones de la política no son exclusivas de la juventud del PRO sino que conforman el discurso dominante del partido, especialmente entre quienes han ingresado a la política desde otros ámbitos. Al respecto, puede consultarse Vommaro, Morresi y Bellotti (2015) y Vommaro y Morresi (2015).↵
- Nicolás hizo su secundaria en un colegio privado laico del barrio de Belgrano. Estudió Derecho en la UCA. Antes de empezar a militar en el PRO en 2011, era voluntario en la fundación dirigida por uno de los referentes del partido. Trabaja como asesor en un despacho legislativo.↵
- Lucas estudió en un colegio católico jesuita ubicado en Recoleta. Se recibió de abogado en la UCA. Se acercó al PRO (CpC) en 2003, a partir de sus tareas como presidente del centro de estudiantes de su facultad. Ocupó un cargo jerárquico en el gobierno de la CABA y actualmente desempeña un cargo electivo en el distrito.↵
- Más adelante mostraremos cómo la JR también participa de estas luchas simbólicas con las juventudes kirchneristas. En lugar de una impugnación a las banderas de “memoria, verdad y justicia”, la juventud del radicalismo disputa la legitimidad del kichnerismo para hacerlas propias. ↵
- Véase la introducción de este libro.↵
- Pablo hizo su colegio secundario en la misma institución católica que Mauricio Macri, el Cardenal Newman de San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad San Andrés. Participó activamente de misiones y voluntariados solidarios dentro de ámbitos católicos. Su hermano maneja un local del PRO en Recoleta, en el cual él coordina las actividades orientadas a los jóvenes. Comenzó su militancia partidaria en 2011, pero colaboró antes con su hermano en la campaña del PRO de 2007. Trabaja en un ministerio del gobierno de la CABA.↵
- En el capítulo 4 nos ocupamos de analizar este tipo de actividades solidarias y su relación con la sociabilidad católica en JPRO.↵
- En el capítulo 4 desarrollamos con mayor detalle el repertorio de acción territorial de la militancia de JPRO durante las campañas. ↵
- Estefanía fue a una secundaria católica del barrio Villa Ortúzar de la CABA. En 2012 empezó la carrera de Derecho en la UBA y su padre le consiguió un trabajo en un ministerio del GCBA. A través de sus compañeros de trabajo, empezó a militar en el PRO. Actualmente participa también de la agrupación PRO-Derecho y trabaja en el despacho de un legislador.↵
- Podemos señalar, por ejemplo, que entre 2007 y 2015 todos los presidentes de JPRO-Capital integraron las listas de candidatos a legisladores por la CABA y resultaron electos. Así, su primer presidente Fernando de Andreis reemplazó en su banca a Marcos Peña (fundador de JPRO) en 2007 y fue re-electo en 2009 (llegando a ser jefe del Bloque PRO entre 2011 y 2013); su sucesor, Ezequiel Fernández Langan, fue electo en 2011, junto a quien era por aquel entonces el presidente de JPRO-Capital, Francisco Quintana; en las elecciones de 2013 resultó electa Victoria Roldán Méndez, quien presidía la organización juvenil; y en las elecciones de 2015 – cuya lista de legisladores fue encabezada por el ex presidente de la organización juvenil Francisco Quintana- el entonces presidente de la agrupación, Maximiliano Sahonero, fue electo legislador. Asimismo, la Dirección General de Políticas de Juventud de la CABA también ha estado en manos de dirigentes de JPRO (Ezequiel Fernández Langan, Francisco Quintana y Nicolás Pechersky). A su vez, la ex presidenta de JPRO-Nacional, Soledad Martínez, fue dos veces Diputada Nacional por la Provincia de Buenos Aires (2009-2017), mientras que su sucesor, Gustavo Senetiner, fue Concejal de la ciudad de Mendoza (2014-2016). Pedro Robledo, presidente de JPRO-Nacional, entre 2015 y 2018, fue Subsecretario de Juventud del Ministerio de Desarrollo Social Nacional (luego denominado Instituto Nacional de Juventud) durante la presidencia de Macri (2015-2019).↵
- Motivos similares atrajeron al PRO a cuadros del radicalismo y del peronismo de la CABA, ante la crisis que atravesaron sus espacios de origen en el distrito luego de 2001, como señalan Vommaro y Morresi (2015) y Vommaro, Morresi y Bellotti (2015). ↵
- Nos ocuparemos de esto en el capítulo 6.↵
- Vale señalar que esta visión de la JR como el ala crítica y rebelde del partido, encargada de velar por los valores de la identidad partidaria frente a una dirigencia condescendiente, forma parte de la historia de las juventudes radicales desde sus orígenes en los años treinta (Giménez, 2011, 2013), cuando se forman los primeros grupos juveniles aglutinados contra la dirigencia partidaria por su quietud frente al golpe a Hipólito Yrigoyen y, unos años después, por la decisión de volver a la competencia electoral. En los años cuarenta, sectores de la juventud del radicalismo se opondrán a la decisión de aliarse con otras fuerzas partidarias, mientras que en los sesenta y setenta se enfrentarán al liderazgo de Balbín y formarán la JCN (Benítez, 2010; Fernández, 2010). Así, en momentos fundacionales de la historia de la JR, se posicionaron como los guardianes del “verdadero radicalismo” en oposición a la dirigencia.↵
- Fragmentos del comunicado conjunto del Comité Nacional de la JR y la FM, publicado el 8 de junio de 2018, dirigido a sus diputados y diputadas nacionales días antes del tratamiento del proyecto de ley.↵
- Fragmentos de la carta del Comité Nacional de la JR, del 3 de agosto de 2018, dirigida a los 9 senadores y senadoras del Bloque de la UCR que se habían pronunciado en contra del proyecto.↵
- Francisco empezó a militar en el centro de estudiantes de su colegio en Santa Cruz. Se mudó a Buenos Aires para estudiar Derecho en la UBA y allí empezó a militar en la Franja Morada en 2008. Es hijo de políticos radicales. Abrió, junto a otros militantes de la Franja, un comité en el barrio porteño de San Cristóbal. ↵
- En el próximo capítulo analizaremos por qué, a pesar de mostrarse distantes de ciertas prácticas tradicionales del radicalismo porteño vinculadas a la política cara a cara de los comités de barrio y el trabajo territorial con los afiliados, los militantes de la JR invierten gran parte de sus esfuerzos en el sostenimiento de aquellas prácticas que reconocen como obsoletas o electoralmente ineficaces.↵
- Claudio estudió en el colegio Carlos Pellegrini de la UBA, pero no participó del centro de estudiantes. Sus padres son militantes radicales desde los ochenta. Comenzó a militar en un comité del barrio de Belgrano en 2013. Estudia Economía en la UBA, aunque no milita en la universidad. Trabaja en el despacho de una auditora radical en la Auditoria General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA).↵
- Nancy estudió en el colegio público Lenguas Vivas, donde tuvo una breve participación en una agrupación independiente del centro de estudiantes. A través de un amigo llegó al radicalismo en 2010 y empezó a militar en un comité de Almagro. Si bien estudia Derecho en la UBA, milita en la agrupación radical Nuevo Espacio en el CBC, la Facultad de Económicas y de Psicología. Trabaja en la Defensoría del Pueblo.↵
- Se trata de la narrativa de una generación de militantes radicales que ingresa al partido en el escenario post-2001, en una etapa de declive electoral y fuera del gobierno local y nacional. Su presentación como una juventud “en el llano” y fuera del poder, posiblemente un rasgo de esta generación de jóvenes radicales, se articula con la de una juventud “crítica” y “rebelde”, que ha caracterizado en diversos períodos a las juventudes del radicalismo, desde sus inicios en los años treinta confrontando con el alvearismo que dominaba el partido (Giménez, 2011, 2013). Sin embargo, como lo muestra la literatura, también desde sus orígenes, la militancia radical tuvo una fuerte inserción estatal -en los períodos constitucionales- y el partido se sirvió del patronazgo para fortalecer su organización (Rock, 1972; Horowitz, 2007). En el sexto capítulo abordaremos la inserción estatal de la militancia radical de la CABA en los años recientes.↵
- Nos ocupamos de estas prácticas y de las tensiones intergeneracionales que despiertan en el capítulo 4.↵
- Tomando el padrón de afiliados de la UCR porteña a 2017, en los diez años que se inician con la regularización de los partidos políticos en 1982 ingresan al partido el 30% del total de sus afiliados actuales, mientras que entre 2008 y 2017, un período considerado como de relativa recuperación de la política partidaria en Argentina, lo hace solo el 6,6%. Fuente: elaboración propia a partir del padrón de afiliados de la UCR en la CABA (2017).↵







