La juventud del PRO y del radicalismo en los centros de estudiantes universitarios
Introducción
Las universidades y sus centros de estudiantes han sido, históricamente, un espacio de participación central para las juventudes partidarias en Argentina. Así, ya desde los orígenes de los principales partidos argentinos, el mundo político y asociativo de las universidades se convirtió en uno de los más importantes ámbitos de acción, socialización política y reclutamiento de su militancia juvenil (Walter, 1968; Toer, 1988; Buchbinder, 2010; Arriondo, 2011; Ermosi, 2015; Beltrán, 2013; Califa, 2013; Millán, 2016). En este capítulo nos ocuparemos de estudiar la militancia juvenil del radicalismo y del PRO en los centros de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el primer caso, y de la Universidad Católica Argentina (UCA) y la UBA, en el segundo.
La historia de la militancia radical se encuentra ligada casi desde sus orígenes al movimiento estudiantil, constituyendo la UBA uno de sus principales espacios de participación, de reclutamiento y de conformación de agrupaciones internas en la Ciudad de Buenos Aires (Chiroleu, 2000; Horowitz, 2008; Beltrán, 2013; Prats, 2016). En cambio, los vínculos del PRO con el movimiento estudiantil y con la UBA son más bien lábiles y recientes, sus principales dirigentes no han participado de la vida política de la universidad (Vommaro, 2018) y sus militantes juveniles encuentran grandes dificultades para insertarse allí. En contraste, la militancia juvenil del PRO participa activamente, y con considerable éxito, de la vida asociativa de la UCA, un ámbito con el que el partido establece vínculos informales pero fluidos y que presenta una mayor cercanía sociocultural con su núcleo de militantes juveniles porteños.
La primera parte de este capítulo estará dedicada a la militancia radical en la política estudiantil de la UBA. En un primer apartado, examinaremos los vínculos históricos del radicalismo y de su juventud con el movimiento estudiantil y con la vida político-asociativa de la UBA, desde sus orígenes en la primera década del siglo veinte hasta su período más crítico a comienzos del siglo siguiente. En un segundo apartado mostraremos que, aún en la adversidad, la UBA constituyó un refugio para la militancia juvenil radical luego del colapso partidario de 2001 y de los años siguientes, desde donde recompuso su organización en la CABA, renovó generacionalmente a su dirigencia partidaria y se estructuraron sus principales líneas internas actuales. Asimismo, examinaremos las estrategias que estos grupos internos desplegaron para sostener su poder en algunas facultades de la UBA, recuperar centros de estudiantes perdidos o refundar agrupaciones disueltas luego de la crisis. En un apartado siguiente nos ocuparemos de analizar los repertorios de acción del radicalismo en los centros de estudiantes de esta universidad. Mostraremos que, a pesar de que sus agrupaciones universitarias se encuentran orgánicamente incorporadas al partido, el radicalismo universitario opta por despolitizar sus repertorios y velar su identidad radical ante los estudiantes como forma de conservar este recurso esencial para el partido y su militancia, enfocándose en brindar servicios gremiales a los estudiantes y eludiendo las cuestiones político-partidarias. En un último apartado de esta sección, veremos cómo se articula la militancia estudiantil con la territorial, analizando la intervención de grupos de militantes universitarios en la competencia intrapartidaria a partir de la apertura de comités barriales en la CABA.
La segunda parte del capítulo estará dedicada a la participación de la militancia juvenil del PRO en los centros de estudiantes de la UCA y la UBA. En una primera sección, mostraremos la relevancia de los centros de estudiantes de la UCA para el reclutamiento partidario y la socialización política de los militantes juveniles del PRO. Señalaremos que se trata de ámbitos que les permiten adquirir saberes y destrezas utilizables en la militancia dentro del partido y ganarse cierto prestigio interno en tanto referentes estudiantiles que “abren las puertas” de la UCA al PRO y reclutan nuevos militantes, permitiéndoles establecer vínculos privilegiados con los dirigentes partidarios y desarrollar carreras ascendentes en la organización juvenil. En una segunda sección, analizaremos la participación de esta militancia juvenil en la vida política estudiantil de la UBA. Argumentaremos que la lejanía sociocultural del PRO y su organización juvenil respecto a ese ámbito, junto con el desinterés del partido en invertir en el desarrollo de su militancia universitaria, permite explicar las dificultades que han tenido sus agrupaciones, hasta el momento, para insertarse con éxito en los centros de estudiantes y los espacios de representación estudiantil en las distintas facultades. Mostraremos, además, cómo desde esta relativa ajenidad, las y los militantes del PRO han construido una presentación de sí basada en la gestión y la oferta de servicios al estudiante, al mismo tiempo que en la impugnación de ciertos repertorios y lenguajes propios de la política en la Universidad, interpelando a un estudiante hastiado de la política, que la considera una molestia más dentro de la cotidianeidad de su vida estudiantil.
El radicalismo y la vida político-asociativa de la UBA y las universidades nacionales
Con las banderas de la autonomía universitaria, el cogobierno estudiantil, la libertad de cátedra, el laicismo, la asistencia libre y la gratuidad, el movimiento reformista originado en las revueltas estudiantiles de 1918 en Córdoba dio inicio a la participación política estudiantil en las universidades argentinas (Walter, 1968; Chiroleu, 2000; Kandel, 2007; Bonavena, Califa y Millán, 2007; Buchbinder, 2010). El movimiento reformista, hijo de la expansión de las clases medias urbanas y la explosión de la matrícula universitaria, nace casi en paralelo a la llegada del radicalismo al gobierno nacional. Ambos procesos se apoyaron en esas nuevas capas medias, pusieron en cuestión el poder de la elite social y política tradicional, y abogaron por una ampliación de la ciudadanía política. El vínculo del radicalismo con el movimiento estudiantil reformista fue, en consecuencia, muy temprano (Chiroleu, 2000; Horowitz, 2008). Poco tiempo después de la creación de la Federación Universitaria Argentina (FUA), en 1918, el presidente Hipólito Yrigoyen (1916-1922; 1928-1930) recibirá a sus dirigentes y les expresará su apoyo. Si bien la FUA se conforma como una organización apartidaria, participaban en ella, ya desde sus orígenes, militantes de diversos espacios políticos, incluida la UCR (Beltrán, 2013).
El gobierno de Marcelo T. De Alvear (1922-1928), del ala conservadora de la UCR, inaugurará pocos años después, sin embargo, un período de varias décadas de contrarreformas con la sanción de un nuevo estatuto universitario en 1923. El golpe de José Félix Uriburu (1930-1932), unos años después, prohibirá la actividad política estudiantil y eliminará el cogobierno estudiantil. En 1944, el gobierno de facto de Edelmiro Farrell (1944-1946) eliminará la autonomía e intervendrá las universidades. Si bien en 1945 se normalizarán, en 1947, durante el primer gobierno de Juan D. Perón (1946-1955), se anulará la autonomía nuevamente, se prohibirá la actividad política en las universidades y se le quitará el voto a los representantes estudiantiles, elegidos ahora por sorteo entre aquellos con mejor promedio (Pronko, 2000). El golpe de estado de 1955 restablecerá, al menos formalmente, la autonomía y el cogobierno, habilitando, además, la creación de universidades privadas, reclamo de la Iglesia Católica para poder fundar universidades con formación religiosa. Será Arturo Frondizi (1958-1962) quien reglamentará la ley de la dictadura habilitando las universidades privadas en 1958, lo que dará lugar a una serie de movilizaciones en contra y a favor de las universidades confesionales. Con el derrocamiento de Arturo Illia (1963-1966) comenzará un período de fuerte persecución política y represión al movimiento estudiantil que se hará patente al iniciarse la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970) con una violenta represión de las protestas de estudiantes y docentes en la UBA contra la intervención de las universidades en 1966, conocida como “la noche de los bastones largos” (Califa, 2013; Bonavena y Califa, 2018).
Durante este largo período de contrarreformas, intervenciones y persecución al movimiento estudiantil, se consolida un espacio heterogéneo de agrupaciones que levantaban las banderas del reformismo de 1918. Ligadas al anarquismo, al Partido Socialista (PS) y al radicalismo, algunas de estas agrupaciones reformistas confluyeron en 1967, un año después de la noche de los bastones largos, en la Unión Nacional Reformista Franja Morada, antecedente de lo que sería la Franja Morada radical años después (Beltrán, 2013). Se trataba de agrupaciones de diversas extracciones políticas y partidarias de la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de Córdoba, que se identificaban como reformistas y, muchas de ellas, utilizaban el sello Franja Morada, recordando las escarapelas que los reformistas del 18 habrían confeccionado a partir de cinturones eclesiásticos de ese color.
Un año después, un grupo de dirigentes juveniles del radicalismo creará, en 1968, la Junta Coordinadora Nacional (JCN), un espacio interno del partido que se propondrá, entre otras cosas, recuperar a la JR como organización juvenil orgánica nacional, luego de la fractura del partido en 1957 (Benítez, 2010; Fernández, 2010; 2017). La JCN decidió organizarse en frentes: el gremial, el universitario, el barrial y el partidario. La estrategia para el frente universitario era hacer de la Franja Morada (FM) la organización del radicalismo en las universidades. Este proyecto termina de consolidarse cuando uno de los “coordinadores”, Federico Storani, llega a la conducción de la FUA (siendo precisos, de una de ellas, porque se encontraba dividida en dos) en 1973. Previamente, los radicales se habían encargado de que tanto los socialistas como los anarquistas abandonaran la organización. Así nace la FM que terminaría años después integrando orgánicamente la UCR como su brazo universitario, con representantes con voz y voto en sus órganos de conducción.
A pesar de que los radicales controlaban la FUA, los primeros años de la década del setenta del movimiento estudiantil estuvieron liderados por el peronismo y su Juventud Universitaria Peronista (JUP), que viviría su momento de auge con la llegada de Héctor Cámpora (1973-1973) al gobierno, y con la vuelta de Juan Perón al país y a la presidencia meses después (Millán, 2016). Con la muerte de Perón en 1974, las acciones violentas del grupo paramilitar de ultraderecha conocido como la Tripe A durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón (1974-1976) y la posterior dictadura cívico-militar iniciada en 1976, el movimiento estudiantil vivirá la más terrible persecución de su historia. Sin embargo, mientras la JUP y otras agrupaciones de izquierda y peronistas dejarán de funcionar, con gran parte de sus dirigentes secuestrados y asesinados por el gobierno militar o exiliados, FM se mantendrá en la semiclandestinidad, amparada en la FUA, que continuará operativa durante la dictadura (Beltrán, 2013).
Así, la vuelta de la democracia encontrará a la FM fortalecida frente a otros espacios del peronismo y de la izquierda en la UBA (Arriondo, 2011; Yann, 2017). No solo no se había disuelto como organización, sino que había conservado la FUA y se había acercado, a través de la JCN, a quien resultaría el presidente electo en 1983, Raúl Alfonsín (Benítez, 2010; Fernández, 2010). Muchos ex dirigentes de la FM y de la JCN se integrarán al nuevo gobierno en posiciones clave. De este modo, la recuperación democrática y los primeros años del alfonsinismo marcarán el inicio de un período de expansión de la FM en la UBA, al calor de la “primavera democrática” y el auge del alfonsinismo. El ocaso del gobierno de Alfonsín, visible en las elecciones legislativas de 1987, tiene su correlato en la UBA, cuando la agrupación de centroderecha UPAU gana, ese mismo año, cuatro centros de estudiantes manejados hasta entonces por FM (Talento, 1988; Arriondo, 2011, 2015; Beltrán, 2013; Blanco y Vommaro, 2018).
Sin embargo, la década del noventa -de declive para la UCR a nivel nacional- será muy favorable para el radicalismo en la UBA, que no solo mantendrá el rectorado, sino que llegará a presidir diez de los catorce centros de estudiantes en 1994 (Beltrán, 2013). Será por esos años que la FM de la UBA se posicionará como una voz opositora a las políticas del gobierno de Carlos Menem (1989-1999), especialmente a la sanción de la Ley de Educación Superior en 1995. Coordinada con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y sus sindicatos docentes CTERA y Conadu, la FUA -en manos de la FM de Buenos Aires- encabezará movilizaciones educativas durante la segunda parte de los noventas. Algo de este ímpetu se mantendrá con la llegada de Fernando De la Rúa (1999-2001) al gobierno, cuando la agrupación radical confrontará en varias oportunidades con su ministro de educación, Juan Llach, y se movilizará contra los intentos de recorte del presupuesto universitario del fugaz ministro de economía Ricardo López Murphy. Sin embargo, estos posicionamientos públicos contra el gobierno de su propio partido no lograron evitar que la crisis de 2001 los arrastrara consigo.
La UBA como refugio para un partido en crisis: derivas del radicalismo universitario luego de 2001 y recomposición de la UCR local
Los fracasos económicos del gobierno de De la Rúa, sus intentos de recortar el presupuesto universitario e, inclusive, de discutir el arancelamiento de las universidades públicas, sumados al desprestigio de la FM ante una serie de escándalos con repercusión mediática[1], dieron lugar a un período de declive del radicalismo en la política estudiantil de la UBA, luego de los años dorados iniciados con la vuelta de la democracia, que ubicaron al radicalismo, hacia los noventas, en una posición hegemónica dentro de la universidad más grande del país[2].
Al momento de asumir el gobierno De la Rúa, en 1999, la FM conducía –en algunos casos en alianza con agrupaciones ligadas al FREPASO- nueve centros de estudiantes (Derecho, Medicina, Arquitectura, Farmacia, Psicología, Odontología, Económicas, Veterinarias y Sociales). Un año después, había perdido dos (Sociales y Veterinarias) y, hacia 2001, meses antes de la caída del gobierno, se quedó solo con cuatro (Derecho, Medicina, Farmacia y Odontología). En Económicas, la agrupación independiente de izquierda Tontos pero No Tanto (TNT), liderada por Iván Heyn y Axel Kicillof, se adjudicó el triunfo, lo que dio lugar a una larga disputa con FM, que no reconoció el resultado y terminó creando un centro de estudiantes paralelo que funcionó hasta 2003[3]. Días después de la caída del gobierno radical, en diciembre de 2001, el radicalismo perdería también la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA)[4] en manos de un frente de agrupaciones de izquierda e independientes, luego de 18 años de presidirla. Las cosas no irían mejor en los años siguientes. Muchas de las agrupaciones de FM en las distintas facultades de la UBA se desintegrarían y dejarían de presentarse a las elecciones por varios años. Otras, cambiarían de nombre y de colores para sobrevivir, estableciendo alianzas con sectores del socialismo y del peronismo. Solo en la Facultad de Derecho el radicalismo conservaría su sello y colores históricos, a pesar de los magros resultados y de las fracturas internas[5].
Si bien FM perdió gran parte del electorado estudiantil en muy pocos años, el radicalismo supo sostener su poder dentro la UBA. Ante un partido en crisis, fuera del ejecutivo local y nacional, con una reducida bancada en la Legislatura porteña[6] y escasas chances electorales en el distrito, la UBA fue uno de los pocos ámbitos institucionales en los que el radicalismo de la CABA continuó enraizado después de 2001 (Prats, 2016). Fueron ex dirigentes de la FM, en muchos casos convertidos en funcionarios de la Universidad, quienes dieron lugar a un proceso de recambio generacional dentro de la UCR porteña, constituyendo una línea interna dentro del partido junto a dirigentes jóvenes provenientes de otras universidades nacionales del país. Así, en 2003, se funda la agrupación Cantera Popular en la provincia de Santa Fe[7], un espacio interno que, en la CABA, expresaría al sector de la FM que, luego de haber sido discutida su legitimidad en las elecciones del centro de estudiantes de Económicas en 2001, había logrado retener sus posiciones de poder en los distintos claustros de la facultad, refundando la agrupación bajo el nombre Nuevo Espacio (NE). Emiliano Yacobitti -que había presidido el centro de estudiantes de Económicas desde 1998, pasando a la secretaría general de la FM Regional Buenos Aires en 2001 y a la presidencia de la FUA en 2002- sería el referente más visible de esta línea interna de la UCR en la CABA. Cantera Popular llegaría a presidir en forma ininterrumpida la JR Nacional desde 2004 y la JR de la CABA desde 2005, y en 2013 alcanzaría la presidencia de la UCR porteña, constituyéndose en la línea mayoritaria dentro del partido en la CABA. Así, la UBA permitió a algunos dirigentes provenientes de la militancia universitaria acumular capital político y movilizar recursos para incidir en la vida interna del partido, ganando posiciones primero en su organización juvenil, para desde allí, construir poder interno a partir de una estructura territorial de comités barriales que le permitieron constituirse en la facción dominante del partido en la CABA y en un actor de peso a nivel nacional.
La militancia universitaria del radicalismo se encuentra dividida en dos líneas internas, por un lado, las agrupaciones del sector de NE/Cantera Popular, afincado en la Facultad de Ciencias Económicas y presente también en Psicología (EDI), Medicina (NE), Odontología (AFO), Ciencias Sociales (Nuevo Sociales) y Farmacia y Bioquímica (NE); y, por el otro, las que conservaron (o se refundaron recientemente bajo) el sello FM, con su bastión en la Facultad de Derecho y presencia en Filosofía y Letras, Arquitectura, e Ingeniería.[8]
Además de expresar disputas dentro del partido y de su organización juvenil -actualmente entre Cantera Popular y los sectores opositores a este espacio- la división entre estas líneas expresa también una disputa en torno a los usos y el valor de los símbolos y tradiciones históricas del partido en el mundo universitario, y muestra los caminos divergentes que siguieron las militancias radicales en estas facultades luego de la crisis de 2001. Mientras el radicalismo de la Facultad de Derecho hizo de haber mantenido el nombre y los colores de la agrupación -a pesar de los magros resultados en las elecciones de su facultad durante más de una década- una suerte de bandera hacia dentro del partido, signo de su fidelidad a la identidad radical en la Universidad, el sector de Económicas, liderado por Emiliano Yacobitti, rápidamente se despegó de la simbología franjista para, luego de los ya mencionados escándalos que llevarían a la creación de un centro de estudiantes paralelo, refundar la agrupación bajo el nombre de Nuevo Espacio, cambiando el tradicional color “morado” por un estridente color naranja. Este vínculo más pragmático con la identidad y los símbolos radicales en la UBA le sirvió para conservar el apoyo estudiantil luego del colapso del radicalismo en 2001 y reconfigurarse –al menos en la presentación pública, como veremos más adelante- como una agrupación integrada por diversos sectores políticos, despertando el rechazo de la dirigencia más tradicional de la FM. Paradójicamente, la dirigencia de NE presenta esa desafiliación simbólica respecto al radicalismo como una vuelta a las raíces de la FM de finales de los sesenta, antes de ser plenamente cooptada por la UCR, y como una forma de ser fiel a los intereses del radicalismo universitario al sostenerlo en una posición de poder más allá de las etiquetas. Así explican estas disputas militantes de ambos sectores:
En el 2001, con todo el declive del radicalismo, todas las estructuras se empiezan a rediscutir, y en esa rediscusión también estaba la Franja que había tenido manejos que por ahí no habían sido los mejores, vos pensá el helicóptero y todo eso como un efecto dominó repercutiendo en todos los ámbitos de militancia. Las dos facultades que normalmente conducen la agrupación son Económicas y Derecho, por la masividad. Y justamente Económicas y Derecho tenían posturas distintas: una postura más tradicionalista de ‘sigamos siendo radicales, sigamos siendo la Franja, por la tradición, por los años…’ eso representaba Derecho; y una posición más de estructura de poder, en términos de la mejor forma de mantener vivo al radicalismo y la militancia del reformismo y a la Franja es volver a la base. O sea, cuando nace la Franja en el 67 no eran todos del radicalismo, su gran mayoría era del partido, pero había mucha gente que por ahí era de otros partidos o que era independiente, que estaba preocupada por un modelo de universidad, eso por un lado. Y por el otro, que no había que perder las estructuras de poder, porque al fin y al cabo vos hacés política para transformar realidades, y la forma de transformar realidades es teniendo un espacio de poder. – Nancy, JR (NE).
Era un trabajo difícil, pero creo que lo más valioso que hicimos fue mantenernos con nuestra identidad, no cambiar (…) Si nosotros, como hicieron en otros lados, hubiéramos cambiado el nombre, capaz que la recuperación en términos electorales podría haber sido mucho más rápida (…) Cualquier estudiante que entra a estudiar acá relaciona a la Franja Morada con el brazo universitario de la Unión Cívica Radical, entonces, si nosotros nos paramos en un esquema político más amplio, lógicamente pueda ser más fácil tener una llegada porque no estás tan relacionado con lo que pasa en el contexto político nacional o local de la Ciudad de Buenos Aires. – Gastón, JR (FM Derecho).
La muerte del ex presidente Raúl Alfonsín en 2009, con un masivo funeral y una reivindicación pública de su figura, la aparición de un candidato competitivo en el distrito como Martín Lousteau en 2013, el recambio generacional y el fortalecimiento interno de dirigentes nacidos en el radicalismo universitario (con la emergencia de Cantera Popular) le permitieron al radicalismo mejorar su situación en la vida política estudiantil de la UBA. En primer lugar, volvieron a formarse agrupaciones radicales en algunas facultades donde hacía años que no presentaban listas: Psicología en 2011 (EDI), Arquitectura en 2012 (FM), Ingeniería en 2013 (Nueva Ingeniería y, desde 2016, FM), Exactas y Naturales en 2014 (NE), Filosofía y Letras en 2016 (FM). Mientras en 2009 el radicalismo había presentado listas en siete de las trece facultades, en 2017 alcanzó el máximo (entre 2009-2018) de once facultades.
En el período 2009-2018 mantuvo, con un importante caudal de votos, los centros de estudiantes de Económicas y de Odontología, y se consolidó como segunda fuerza en Derecho (donde llegó a ganar en 2015) y en Farmacia. Condujo el centro de estudiantes de Medicina durante 5 años consecutivos, creció rápidamente en la facultad de Psicología (ganando la conducción del centro en 2019) y en Arquitectura, (en alianza con el PRO y otras agrupaciones reformistas afines al radicalismo) donde en el período analizado no llegaron a ganar el centro de estudiantes pero sí las elecciones estudiantiles del Consejo Directivo. En otras facultades como Filosofía y Letras, Sociales, Exactas y Naturales, e Ingeniería, los intentos de reinstalarse no dieron buenos resultados. Un caso extraño es el de Veterinarias, donde NE era la segunda fuerza hasta 2011 y, luego de cinco años sin presentarse, terminó ocupando un lugar marginal dentro de la vida política estudiantil de la facultad. La única facultad en la que, durante el período 2009-2018, no se presentó ninguna lista radical (es decir, de una agrupación que integre la Regional Buenos Aires de Franja Morada) es en Agronomía. Allí, una agrupación de centroderecha, denominada Línea Agronomía Independiente (LAI), lideró durante 20 años el centro de estudiantes, hasta que en 2018 perdió en manos de un frente de agrupaciones de izquierda, kirchneristas e independientes. Si bien no tiene vínculos formales con la UCR, algunos informantes entrevistados caracterizaron a LAI como una agrupación “aliada” al radicalismo dentro de la política de la Universidad.
Tabla 5.1. Posición y porcentaje de votos obtenidos por las listas integradas por el radicalismo en las elecciones de los centros de estudiantes de la UBA por facultad (2009-2018)
Fuente: elaboración propia en base al portal Juventud Informada, Página/12 Universidad y páginas de los centros de estudiantes.
Notas:
– Arquitectura, Diseño y Urbanismo:
* Reforma es una agrupación cercana al radicalismo pero que no forma parte del partido. Surge luego de la desaparición de FM en la FADU.
** Reforma, cercana al radicalismo, obtiene el tercer lugar con 11,3%.
*** Integrado por FM, PRO, Reforma y Coalición
**** Integrado por Corazón FADU, Franja Morada y Coalición.
***** Integrado por FM, PRO y Coalición.
– Ciencias Sociales:
* Integrado por NE y aliados del Partido Socialista.
– Derecho:
* Además de FM, se presentan las agrupaciones radicales 1918, del sector de NE/Cantera Popular (7mo lugar, 4%) y El Faro, cercana al dirigente Julio Cobos (11ro lugar, 0,7%).
– Farmacia y Bioquímica:
* Agrupación de radicales (NE/Cantera Popular) y reformistas ligados al frente nacional UNEN.
– Psicología:
* Agrupación perteneciente a NE/Cantera Popular, con aliados del Partido Socialista.
** Alianza de radicales y socialistas.
– Ingeniería:
* Agrupaciones radicales y reformistas ligadas al frente nacional UNEN.
– Odontología:
* Agrupación radical del sector de NE/Cantera Popular que integra la FM Regional Buenos Aires.
En cuanto a las alianzas con otros espacios políticos, durante los últimos años del período analizado, las listas radicales se presentaron, en algunos casos, en frentes junto a otras fuerzas aliadas a nivel nacional o local, bajo etiquetas que remitían directa o indirectamente a aquellas coaliciones. Tal es el caso de UNEN en Psicología (2013) e Ingeniería (2014), que incluía también a socialistas; del frente GEN en Farmacia y Bioquímica (2014 y 2015), compuesto por radicales de NE, militantes del partido GEN de Margarita Stolbizer y otros sectores afines; y de los frentes con el PRO en Arquitectura en 2015, 2016 y 2018. Dependiendo la facultad, la línea de NE ha establecido, por su parte, acuerdos con el socialismo y con ciertos grupos peronistas que se integran a sus agrupaciones (NE, EDI, AFO) y funcionan como aliados, más o menos informalmente, dentro de la vida política de la UBA.
¿Son los servicios, estúpido? Repertorios de acción del radicalismo en los centros de estudiantes de la UBA
A pesar de que las organizaciones estudiantiles radicales de las distintas facultades de la UBA, nucleadas en la Franja Morada Regional Buenos Aires, tienen sus representantes con voz y voto en los órganos de gobierno de la UCR porteña, su pertenencia al partido no es algo que hagan visible ante los estudiantes. En algunos casos, como el de NE de la Facultad de Medicina, se presentan como “una agrupación estudiantil independiente que no responde a los intereses de ningún partido”, en otros, como en NE de Ciencias Económicas o EDI de Psicología evitan hacer explícita su pertenencia al radicalismo presentándose como agrupaciones “reformistas” y “plurales” en las que participan militantes de diversas fuerzas políticas junto a “independientes”. En la FM de la Facultad de Derecho, aún cuando sus militantes usan la iconografía de la pluma y el martillo del escudo de la UCR en sus buzos morados, se presentan públicamente ante el estudiantado como “alfonsinistas” o como “reformistas”, eludiendo las referencias explícitas al partido. Lo cierto es que, más allá de la participación de algunos estudiantes no afiliados y de la inclusión –en Económicas y Psicología, por ejemplo- de algunos militantes del Partido Socialista, estas agrupaciones no solo responden políticamente al radicalismo sino que integran formalmente la UCR, tal y como lo establece la carta orgánica del partido.
Las militancias radicales en las facultades tienden a escaparle a las cuestiones político-partidarias al acercase al estudiantado. Los repertorios de acción, como mostraremos, varían entre las distintas facultades y entre las dos líneas internas del radicalismo en la UBA. Sin embargo, en ambos casos, el foco de sus actividades se concentra en lo que suelen llamar “servicios” al estudiante[9]. Por un lado, se trata de actividades de asesoramiento sobre cuestiones académicas y burocráticas de las facultades: brindan información y recomendaciones a los estudiantes sobre cátedras, docentes, fechas de inscripción, trámites, becas, correlatividades, entre otras cosas. Como ocurre con la mayoría de las agrupaciones estudiantiles, tienen mesas en los pasillos de las facultades donde, a lo largo de la extensa jornada de cursada, siempre hay uno o dos militantes disponibles para responder consultas. En los últimos años han ido sumando canales no presenciales como grupos de WhatsApp o, en el caso de la FM de Derecho, un chat automatizado llamado “Sara” donde los estudiantes pueden solicitar información vinculada a las materias o al calendario académico de la Facultad. Así describen sus repertorios estos militantes radicales de la UBA:
Acompañamiento en todo. El pibe entra perdido a la facultad, entra perdido en un mundo de 25 mil personas, y no sabe a dónde ir, a dónde hacer trámites. Nosotros en lo gremial le hacemos los trámites a absolutamente todos los alumnos. Ese es el rol de una agrupación universitaria, además de defender, obviamente, ahí te estoy hablando en el día a día, estar pendiente de la oferta de cursos, de que la gente que labura todo el día y solo puede cursar a la noche tenga las materias que tiene que cursar. – Lautaro, JR.
Económicas es una facultad que en términos políticos no discute, o sea, el estudiante no discute (…) Llegarle con discusiones políticas es muy difícil, entonces nosotros nos focalizamos en ese marco, más en los espacios de gestión, que tengan las computadoras, que tenga internet, que tengan becas. – Nancy, JR.
Los militantes, además, suelen cursar sus materias con las remeras o buzos de la agrupación buscando posicionarse como referentes estudiantiles dentro de las aulas. La idea de una militancia orientada a los servicios se sostiene en la construcción de una presentación de sí de las y los militantes radicales como un estudiantes ejemplares, que conocen en profundidad los asuntos académicos de las carreras que cursan y están en condiciones de asesorar a otros estudiantes a partir de su propia experiencia[10]. Esta imagen del estudiante ejemplar se contrapone, en el discurso de los radicales, con la del militante que convierte a la facultad en una excusa para hacer política, que cursa la mínima cantidad posible de materias y tarda largos años en recibirse:
En las aulas el militante de la Franja tiene, por un lado, la obligación y por el otro lado, naturalmente le sale ser referencia en el aula, primero por estar atento de cuándo son los parciales, cuáles son los apuntes, tenerlos disponibles para los compañeros, digitalizarlos (…) El militante de la Franja se empezó a hacer dueño del aula. Eso que te digo, yo voy a militar con la remera de la Franja y sos referente. Entonces, de repente, salís del aula y un compañero te dice: che, vos que la entendés un poquito mejor… – Fabricio, JR[11].
Nuestra última campaña [en la Fadu] y lo que venimos trabajando hace un tiempo es el ser estudiantes, o sea, nosotros somos estudiantes, yo estoy en el segundo año de Arquitectura teniendo 21 años, tengo la edad justa para haber hecho todas las materias en tiempo y forma, nosotros somos estudiantes, estamos ahí porque estudiamos y en el momento en el que terminemos de estudiar nos iremos. – Lucrecia, JR.
Otro eje de las actividades de las agrupaciones radicales en la UBA pasa por las “charlas académicas”. También concebidas como un servicio a los estudiantes, organizan charlas sobre temas vinculados a la formación técnica o al ejercicio profesional que buscan complementar la formación curricular de las distintas carreras. Estas charlas son dictadas por profesores afines, estudiantes avanzados o graduados que militan en la agrupación o el partido, pero se concentran casi exclusivamente en cuestiones “útiles” para la inserción profesional de los estudiantes (“Cómo redactar una demanda”, “Práctica profesional judicial: qué hace un juez, un fiscal o un defensor”, “Sacale el jugo a los fallos”, “Gestión e información contable aplicada a los pequeños negocios”, “Técnicas cuantitativas con R”, son los títulos de algunas de estas charlas en Derecho o Económicas). Las agrupaciones brindan también clases de apoyo para algunas materias y, por ejemplo, la FM de Derecho tiene un podcast sobre contenidos curriculares. Esporádicamente, algunas charlas se abocan a temas de coyuntura, aunque sin perder su tinte académico. En varias oportunidades durante las campañas electorales de 2017 y 2019, por ejemplo, el dirigente y candidato radical Martín Lousteau dio “conferencias” y presentó su libro en las facultades de Derecho y Económicas, pero nunca fue presentado como dirigente, candidato o diputado del radicalismo. Sobre el repertorio de las “charlas académicas”, nos comentan estos militantes:
Tratamos de hacer charlas más académicas porque es lo que más les interesa, en más de una oportunidad llevamos a algún dirigente del partido, pero más teniendo en cuenta la crisis del radicalismo, particularmente acá en Capital Federal, no nos servía para nada, de hecho, terminamos intentando ir nosotros mismos para que cuando sacamos la foto no esté tan vacío el salón, pero lo que sí hacemos, al abordar alguna temática de índole académica, que los disertantes sean personas que coincidan en cómo nosotros vemos la problemática a tratar. – Omar, JR.
La charla académica te suma mucho porque complementa la formación que le falta a la carrera, lo que más éxito tiene en Derecho es la formación práctica, boludeces como cómo se escribe un escrito judicial. – Lautaro, JR.
La única figura del radicalismo que es utilizada con frecuencia por las distintas agrupaciones es la de Raúl Alfonsín. Su nombre y su imagen suelen aparecer en las páginas de Facebook de FM y NE de las distintas facultades de la UBA, cada vez que se conmemora alguna fecha histórica vinculada al ex presidente: el aniversario del retorno democrático, del juicio a las Juntas militares, de la publicación del informe de la CONADEP (el “Nunca Más”), o de su muerte.
La invitación a participar de actividades partidarias a otros estudiantes se da de forma selectiva e individual. En ningún caso estas agrupaciones invitan públicamente a actos partidarios o a actividades en los comités. En cambio, cuando un estudiante que se acerca a las agrupaciones muestra un mayor interés por la política o por el radicalismo, se lo invita a participar de actividades partidarias. En otros casos, se los acerca al partido a través de actividades solidarias organizadas, como vimos en el capítulo anterior, a través de ONGs creadas ad hoc por algunos comités con el fin de captar la participación de jóvenes no afines a la política partidaria.
Así, los repertorios de la militancia universitaria y los de la militancia territorial están escindidos dentro de la juventud partidaria. Si bien es muy frecuente la militancia cruzada en ambos ámbitos, el tipo de prácticas que se desarrolla en cada uno de ellos cumple finalidades y sigue lógicas distintas. Como vimos anteriormente, NE se inscribe en una línea interna mayoritaria dentro del partido a nivel local (Cantera Popular), al mismo tiempo que domina la política de varias facultades (Económicas, Odontología, Psicología, Medicina), lo que le permite mantener ambas estructuras relativamente separadas entre sí. FM (no alineada con Cantera Popular), en cambio, es la segunda fuerza dentro de la única facultad en la que ocupa posiciones relevantes (Derecho) y busca desde el ámbito universitario, como veremos en la próxima sección, constituirse en una línea interna opositora dentro de la UCR porteña. Esto hace que sus militancias universitarias y territoriales actúen más coordinadamente y que, desde la Universidad, se busque influir más abiertamente en la vida interna del partido. Tal fue el caso del posicionamiento de FM de Derecho ante la conformación de la alianza Cambiemos en 2015. En una carta pública dirigida al Presidente de la UCR, Ernesto Sanz, previa a la Convención partidaria de Gualeguaychú, la FM de Derecho se opuso a una alianza con el PRO: “si el Comité Nacional de la UCR opta por avanzar en la construcción de acuerdos electorales con fuerzas conservadoras como el PRO, nuestro partido le daría la espalda a su historia, a sus principios y a sus militantes”, puede leerse en la carta en la que argumentan su posición contra esta coalición electoral por “razones históricas, ideológicas y de identidad”.
El hecho de pretender constituirse en una línea interna opositora al oficialismo partidario, así como haber conservado el nombre original de la agrupación, hace que la FM de Derecho se despegue menos de su identidad radical y le dé más lugar a las cuestiones políticas extra-universitarias dentro de sus prácticas y discursos. No solo se posicionaron en contra de la alianza con el PRO, sino que desde que Cambiemos llegó al gobierno en 2015 fueron pronunciándose críticamente acerca de la gestión de Mauricio Macri, asumiendo posturas más cercanas a la oposición. Así, por ejemplo, publicaron comunicados contra el acuerdo con el FMI, contra los recortes en las becas PROGRESAR (“la educación pública viene a ser una variable de ajuste por parte del Gobierno Nacional en manos de Cambiemos (…) en nuestra condición de estudiantes reformistas y alfonsinistas reafirmamos nuestro rechazo a una política que año a año disminuye el presupuesto educativo”), contra la ley de reforma previsional y la “militarización” del Congreso durante su debate en 2017, contra la derogación del protocolo de interrupción legal del embarazo en 2019, entre otros temas.
Las agrupaciones de NE, por su parte, van desde el apoliticismo (en Económicas o Medicina) hasta posicionamientos más políticos, como en el caso de la agrupación en Psicología (EDI), aunque generalmente sus tomas de posición tienen que ver con cuestiones restringidas a la salud pública o a las políticas educativas. Así, las agrupaciones del sector de NE modulan sus repertorios y sus posicionamientos ideológicos en función de la facultad en la que actúan.
Las cuestiones de género ganaron, en los últimos años, un lugar importante dentro de la militancia universitaria en general, y el radicalismo no fue la excepción. La FM de Derecho presentó a través de sus consejeros estudiantiles un proyecto de licencia por paternidad (“Desde la Franja, como agrupación feminista, luchamos por una sociedad de iguales”, decía el comunicado que anunciaba el proyecto), organizó unas jornadas sobre “La construcción de una agenda de género en la Facultad de Derecho” y participó de los últimos Encuentros Nacionales de Mujeres. NE, por su parte, presentó un proyecto de protocolo para casos de violencia de género en Económicas, y ambas agrupaciones han convocado a marchar en las movilizaciones de “Ni Una Menos”. Mientras FM de Derecho, NE de Psicología (EDI) o de Sociales (Nuevo Sociales) se posicionaron públicamente a favor de la legalización del aborto y convocaron a las movilizaciones en 2018 y 2019, en NE de Económicas no tomaron una posición pública al respecto.
En suma, a sabiendas de que las agendas político-partidarias resultan poco redituables dentro del electorado universitario al que el radicalismo busca interpelar, las agrupaciones radicales apuestan, desde finales de los ochenta, a un repertorio de acción basado en los servicios gremiales y académicos, y, en menor medida, en las propuestas recreativas o solidarias. Ante el desprestigio del radicalismo luego de 2001, en función de las características del estudiantado de cada facultad, oscilan entre cultivar un perfil “independiente” y apolítico, o posicionarse políticamente sobre algunos temas sin explicitar públicamente su pertenencia a la UCR. La UBA constituye una fuente de recursos de gran importancia para el radicalismo porteño y su militancia juvenil. Sin embargo, paradójicamente, para conservar esa estructura de poder en la Universidad, el radicalismo opta velar su identidad radical entre los estudiantes. Mantener este recurso central para la vida del partido les exige ocultar total o parcialmente su pertenencia al radicalismo, presentándose como agrupaciones “independientes” o “plurales”, enfocadas en brindar servicios a los estudiantes.
El salto al partido. La creación de comités barriales desde la militancia universitaria
Si bien históricamente existieron tensiones y rivalidades entre la militancia juvenil de los comités barriales y la militancia universitaria, en la actualidad ambas formas de militancia se entrecruzan dentro del radicalismo porteño. Los militantes juveniles de los comités suelen ayudar a las agrupaciones radicales en los períodos de elecciones en la Universidad, y es común que los militantes universitarios participen también de algún comité barrial.
Para los dirigentes de las agrupaciones universitarias del radicalismo, abrir comités en los barrios de la CABA es una forma de ganar espacios en el partido y participar de la vida intrapartidaria, haciendo de sus organizaciones estudiantiles líneas internas con incidencia en la toma de decisiones del partido. Así, como hemos visto, dirigentes del radicalismo porteño como Emiliano Yacobitti y Juan Nosiglia, provenientes de la militancia en la FM (luego, NE) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA dieron el salto de la Universidad al partido, abriendo comités bajo el sello Cantera Popular, que en pocos años conquistaría la presidencia de la JR Nacional y, tiempo después, de la JR y el Comité de la CABA. Una estrategia similar ha seguido, más recientemente, la línea minoritaria dentro del radicalismo universitario, el sector conocido informalmente como la “Banda de Derecho”, que nuclea a estudiantes, graduados y profesores de la FM de la Facultad de Derecho de la UBA, y de otras facultades que han conservado el sello Franja Morada dentro de la Universidad[12]. Como estrategia para salir del ámbito estrictamente universitario y ganar peso interno en el radicalismo, los dirigentes de la FM de Derecho han abierto algunos comités en la CABA en los que participan casi exclusivamente militantes universitarios de la FM. Para muchos de estos jóvenes dirigentes, abrir un comité es una forma de dar continuidad a sus carreras políticas una vez finalizado su ciclo en la Universidad. Abrir un comité implica, en primer lugar, ganar visibilidad y reconocimiento en el partido, de modo de poder participar de la competencia interna y ocupar cargos partidarios, tanto en la JR como en el Comité de la CABA. Dar el salto al partido (que, como argumentamos en el capítulo anterior, implica participar de su estructura territorial de comités) les permite poner en valor, dentro de la vida interna de la UCR, el capital político acumulado en la Universidad. Al mismo tiempo, abrirse un lugar al interior del partido implica fortalecerse dentro de las internas del radicalismo universitario. Con estas palabras nos lo explican dos dirigentes universitarios que participaron de la apertura de comités:
Por el hecho de militar en la Franja [Morada] éramos varios que queríamos dar el paso al partido y nos juntamos unos cuantos, por eso el comité surge, sobre todo, en la Franja [Morada de la Facultad de] Derecho, para hacer pie en la política territorial del radicalismo de la Capital (…) Arrancamos medio de cero, pero siempre estuvimos vinculados así que teníamos conocimiento de la política del radicalismo, pero no es lo mismo eso que tener un local y que hacer pie de otra manera, empezar a ejecutar políticamente (…) Ayuda para la vida interna del partido, para la relación con los afiliados, para insertarse en la comuna, para las disputas políticas, vos sabes que cada dos años se renuevan las autoridades del partido y no es lo mismo participar en las mismas sin un local, una referencia política territorial. – Gastón, JR (FM).
Si uno no tiene un comité no te reconocen, no te vinculan con nada… ¿cuál era la lógica [antes]? Expresar las ideas, discutir las ideas. Hoy en día la mayoría de las cosas las terminamos discutiendo por el grupo de WhatsApp y nos juntamos a comer en el comité, pero sin comité no te referencian, más cuando venís de abajo sin ningún promotor como nosotros que abrimos un comité porque teníamos ganas de hacer radicalismo y nada más. – Fermín, JR (FM).
Al momento de abrir un nuevo local partidario, corren con la ventaja de contar con militantes universitarios fácilmente reclutables para las actividades del comité, pero que, al mismo tiempo deben aprender el oficio de la militancia territorial, vincularse con afiliados que –como vimos en el capítulo anterior- pertenecen a otras generaciones, familiarizarse con las disputas internas del partido a nivel local, las dinámicas de cooperación y competencia entre comités dentro de la comuna, y entrar en contacto con referentes y punteros barriales, que en muchos casos carecen de un local y de militancia propia, pero cuentan con redes de afiliados dentro del barrio, cruciales para negociar o ganar internas. Una militante de la FM que participó de la creación de un comité barrial nos explica así estas dificultades:
Mi grupo político empieza en la militancia política de la facultad y después se abre el comité y nos costó muchísimo trasladar, entender cómo funcionaba el barrio, porque uno está acostumbrado a ver gente todos los días, a repartir volantes y que la gente pregunte, y no funciona así el barrio, de ninguna manera, nosotros repartimos cartas, le poníamos mucho huevo a la militancia de barrio pero nos costó años entender cómo funcionaba, que para lograr ese feedback tenés que dar algo concreto. – Nancy, JR
La militancia universitaria es una militancia de tiempo completo, que exige un compromiso cotidiano. Se inicia muy temprano a la mañana y termina al borde de la medianoche, requiere un trabajo proselitista continuo -puesto que todos los años hay elecciones- y, en caso de tener la conducción del centro de estudiantes, un agitado trabajo de gestión. En cambio, la militancia en un comité tiene otros ritmos, “el ritmo de la persona grande”, según las palabras de una militante juvenil con la que conversamos. En los comités conviven militantes de distintas edades, que trabajan y disponen de menos tiempo para militar. Las actividades suelen realizarse pasada la tarde y los comités abren las puertas, generalmente, algunas veces por semana y, si lo hacen todos los días, unas pocas horas.
Para los militantes provenientes de la universidad, esto implica un trabajo de adaptación: los ritmos son otros, los compañeros de militancia también y el trabajo cotidiano se parece poco al que realizan en la UBA. A nivel práctico, militar en un comité es militar para y con los afiliados del partido, desplegando un repertorio de acciones que tienen por objetivo interpelar a un público diferente en términos generacionales, que comparte otros códigos y expectativas. El propósito de la acción militante en un comité, orientado en gran parte a la vida interna partidaria y al vínculo con el afiliado, también supone un trabajo de adaptación para las y los militantes universitarios. Hacer política en un comité los obliga a interiorizarse en las discusiones propias del partido -que al militante universitario lo interpelan solo tangencialmente en su quehacer cotidiano- y a pasar de una agenda gremial estudiantil bastante acotada a empezar a discutir cuestiones de política local y nacional.
La militancia universitaria se da en un contexto de mayor homogeneidad generacional y sociocultural, tanto dentro del grupo de militantes como entre el electorado estudiantil, al mismo tiempo que los pone en un constante contacto con militantes de otros espacios políticos, con los que se convive dentro de cada facultad. En cambio, excepto en tiempos de campaña electoral, el trabajo en los comités se vuelca al interior del partido y los intercambios habituales se dan mayormente entre el mismo grupo del comité y sus afiliados, que pertenecen a distintas generaciones y han desarrollado diversas trayectorias militantes.
A su vez, para aquellos militantes que llegan a los comités desde la militancia universitaria y que no provienen de una familia radical, el pasaje a la militancia territorial, el –en palabras de un entrevistado- “hacer radicalismo” en un comité, significa también hacer política desde una identidad abiertamente radical –algo que ocurre en menor medida en FM y no ocurre en NE, aún cuando están institucionalmente ligadas al partido- y que, a nivel personal, supone terminar de percibirse a sí mismos como militantes radicales. Ante la despolitización de las agendas de la militancia radical en la UBA y la –mayor o menor- invisibilización de su pertenencia a la UCR, participar en un comité les permite completar su militancia política y consolidar su vínculo con el partido.
“Estar cerca de los alumnos”. Socialización política y reclutamiento de militantes del PRO en los centros de estudiantes de la UCA
Los centros de estudiantes de la UCA resultan un ámbito significativo para comprender la socialización política de las y los dirigentes de JPRO, además de uno de los ámbitos de reclutamiento de militantes juveniles en el partido y uno de los espacios de implantación del PRO entre jóvenes de sectores medio-altos y altos de Buenos Aires.
La UCA fue fundada en 1958 y depende del Episcopado de la Iglesia Católica de Argentina. Junto con la Universidad del Salvador, la Universidad Católica de Córdoba y la Universidad Católica de Santa Fe, es una de las primeras universidades privadas del país, creadas por iniciativa de entidades católicas inmediatamente después de la implementación de una ley que habilitaba por primera vez la gestión privada en la educación universitaria[13]. Actualmente, cuenta con sedes en la CABA, Mendoza, Paraná y Rosario. Desde los años noventa, su sede central se encuentra situada en el exclusivo barrio porteño de Puerto Madero, donde su oferta académica se distribuye en diez facultades. Según la información disponible[14], cursan en la UCA 17.024 estudiantes a tiempo completo. Como señala Rodríguez (2015b), desde sus orígenes, su proyecto institucional y pedagógico se propuso formar a la clase dirigente argentina y logró conformarse en un espacio de convergencia de la elite empresarial, terrateniente y política católica. Se trata, en este sentido, de una universidad nacida como una institución de y para las elites católicas tradicionales de Argentina que, a partir de los años ochenta, se constituyó en una opción educativa de los sectores medio-altos y altos.
Tal como lo señalan Tiramonti y Ziegler (2008), se advierte en el sistema educativo argentino de las últimas décadas una tendencia a una creciente fragmentación y segregación, que da lugar a espacios de socialización culturalmente homogéneos, tanto de los sectores privilegiados como de los más desfavorecidos. Si bien el acceso a la educación universitaria (sea privada o pública) se encuentra de por sí restringido y estratificado socialmente, nos encontramos en la UCA ante un espacio relativamente homogéneo y segregado en términos sociológicos, que proporciona ciertas formas de socialización a aquellos grupos que ocupan posiciones privilegiadas, en tanto la posibilidad de participar en él se encuentra material y simbólicamente reservada a los sectores medio-altos y altos en condiciones tanto de afrontar sus elevados costos como, a su vez, de considerar este tipo de universidades dentro de su horizonte de expectativas y planes de vida[15].
La vida político-asociativa de los estudiantes de la UCA en su sede de Buenos Aires se desarrolla en 13 centros de estudiantes organizados por facultad o departamento, entre los que se destacan por su mayor nivel de actividad y politización –según constatamos en nuestro trabajo de campo- los centros de estudiantes de Derecho, y de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Los distintos centros, incluidos los 8 existentes en las sedes del resto del país, se encuentran nucleados en la Federación de de Estudiantes de la UCA (FEUCA).
La capacidad de acción política de los estudiantes de la UCA se encuentra restringida por el marco normativo de la institución. En primer lugar, la participación explícita de los partidos políticos en la vida universitaria está prohibida y los centros de estudiantes son definidos en el “Estatuto General de los Centros de Estudiantes” como “asociaciones políticas apartidarias”. Así, ninguna de las agrupaciones estudiantiles pueden mostrarse cercanas o alineadas a algún partido político. Esto, como veremos, no sólo implica límites a los partidos en su capacidad de inserción dentro de estos ámbitos, sino que da lugar a una especial relación de quienes participan de los centros de estudiantes con las organizaciones partidarias, y a la conformación de ciertas visiones acerca de la política partidaria. A su vez, limita implícitamente los alcances de las acciones llevadas a cabo por los centros de estudiantes, cuyas propuestas y reivindicaciones no pueden exceder lo académico y gremial. En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en las universidades públicas nacionales, los estudiantes no participan del gobierno de la Universidad y, por lo tanto, la representación estudiantil se reduce a un trabajo de cooperación con las autoridades en cuestiones vinculadas a las actividades extracurriculares y de convivialidad académica.
Resultado de estas limitaciones normativas, que cristalizan, a su vez, una cultura política dentro de la Universidad y sus centros de estudiantes, y de las limitaciones propias de la relativa segregación y homogeneidad de estos ámbitos, es que existen escasas relaciones de los centros de estudiantes de la UCA con el movimiento estudiantil, siendo inexistente la articulación con los centros de estudiantes de las universidades públicas y, como veremos más adelante, muy débiles los vínculos entre los militantes de JPRO que participan de los centros de estudiantes de la UCA y los integrantes de las agrupaciones del PRO en la UBA.
Existen, en cambio, fluidas relaciones de los centros de la UCA con los de otras universidades privadas de elite como la Universidad Austral, la Universidad Torcuato Di Tella, la Universidad San Andrés y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires, a través de la Asociación de Centros de Estudiantes de Universidades Privadas (ACEUP). De este modo, puede verse cómo el cierre social y la homogeneidad de ciertos espacios de socialización se reflejan también en las redes que entre ellos se establecen. Son, casualmente, estas universidades -que explícita o implícitamente se proponen formar a las futuras clases dirigentes argentinas y que se encuentran orientadas a los sectores socioeconómicamente más privilegiados- las que permiten a sus alumnos conformar centros de estudiantes, de modo de ejercitarse en el liderazgo y la acción colectiva, mientras que otras universidades privadas menos vinculadas a los sectores tradicionales de la clase dirigente argentina, independientemente del costo económico de sus carreras, prohíben los centros de estudiantes en sus estatutos.
Cabe preguntarse, dada la prohibición de la política partidaria y el cierre social presente en estos espacios, bajo qué condiciones el PRO logra hacer de los centros de estudiantes de la UCA parte de su medio social. Veamos, en primer lugar, cuál es la dinámica a partir de la cual se conforman las agrupaciones o listas que compiten (aunque no siempre se presente más de una a las elecciones) por los centros de estudiantes. A diferencia de lo que frecuentemente ocurre en las universidades públicas, la lógica que regula la formación de agrupaciones en los centros de estudiantes de la UCA no tiende, en principio, a estructurarse en torno a la adhesión a ciertas identidades políticas ni a replicar las divisiones partidarias nacionales o locales, aunque sí existan agrupaciones que son percibidas por los estudiantes como cercanas a ciertos partidos o en las que sus integrantes sean públicamente conocidos como, al mismo tiempo, militantes de determinadas organizaciones partidarias.
En consecuencia, la dinámica de formación de grupos se encuentra regida principalmente por la afinidad entre amigos, las redes de relaciones interpersonales y las simpatías entre compañeros. Esto, como nos lo explicaron varios dirigentes de JPRO que fueron presidentes de centros de estudiantes en la UCA, posibilita la formación de espacios integrados por estudiantes de diversas orientaciones políticas y, al mismo tiempo, dificulta la formación de verdaderas organizaciones que trasciendan en el tiempo a la conformación de una lista para las elecciones del centro de estudiantes.
En este contexto, son las relaciones informales que el partido establece con quienes integran los centros de estudiantes, la participación de militantes y referentes partidarios en la vida de la Universidad, las posiciones de liderazgo de los militantes partidarios entre sus demás compañeros de lista, y más ampliamente, la afinidad del partido y sus dirigentes con un electorado universitario mayoritariamente de origen católico y de clase media-alta y alta, las que posibilitan la inserción del partido en los centros de estudiantes.
En el caso del PRO, nos encontramos con que desde sus orígenes como partido tiene militantes al frente de las listas ganadoras del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho, y tiene una importante presencia también en el centro de estudiantes de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, convirtiéndose ambos en espacios de reclutamiento de militantes, algunos de los cuales integran o integraron el Comité Ejecutivo de JPRO en la CABA, y hemos entrevistado en el marco de nuestra investigación. Ya en 2004, cuando el partido aún se llamaba Compromiso para el Cambio, una lista denominada Compromiso Estudiantil, encabezada por Francisco Quintana -quien sería luego presidente de JPRO- ganaba el centro de estudiantes de Derecho. Desde aquel año, estudiantes ligados al PRO o a su coalición electoral en la CABA han presidido casi ininterrumpidamente ese centro de estudiantes durante el período estudiado. Debido a la prohibición de los sellos partidarios, a una censura más o menos generalizada a los alineamientos partidarios explícitos y a la falta de constancia en las denominaciones de las listas o agrupaciones, la participación del PRO en los centros de la UCA es más difícil de rastrear y mensurar que en la UBA[16], donde el PRO lleva agrupaciones con el nombre del partido o de sus coaliciones nacionales o locales. Así, la reconstrucción de la participación de militantes juveniles -que se da a título personal, más allá de que se articule con la militancia partidaria, como mostraremos- la hemos realizado a partir de nuestras entrevistas con informantes clave y de información disponible en la web. Así, por ejemplo, en el centro de estudiantes de Derecho, hemos constatado que desde la conformación del PRO hasta 2019, al menos 9 presidentes estaban vinculados a la militancia juvenil del partido[17].
La cercanía sociocultural del PRO y sus dirigentes con la institución y sus estudiantes permite explicar el éxito de su inserción en los centros de estudiantes de la UCA. No sólo por la afinidad en las visiones políticas resultante de una socialización en espacios comunes y de orígenes y trayectorias sociales convergentes, sino porque esa cercanía social se traduce también en redes informales, en presencia de militantes del partido o de adherentes potencialmente reclutables, que “abren las puertas” del centro de estudiantes a los dirigentes partidarios para dar charlas y participar de debates.
De este modo, el reclutamiento partidario de representantes estudiantiles o el ingreso de militantes de JPRO en los centros de estudiantes reviste un interés para el partido y sus dirigentes, en tanto forma de implantación del partido en un ámbito de jóvenes de sectores medio-altos y altos, es decir, una forma de establecer un vínculo perdurable a través del cual hacer llegar sus propuestas de campaña, darse a conocer y recibir invitaciones a charlas, debates y foros, organizados por los centros de estudiantes de la Universidad.
Si bien la Universidad obliga a los centros de estudiantes a garantizar la presencia de referentes de diversos colores políticos en sus charlas y debates, dadas las otras condiciones ya mencionadas de afinidad del PRO con el mundo social de la UCA, este tipo de encuentros se presenta, al menos en los relatos de algunos de las y los dirigentes de JPRO entrevistados, como una oportunidad de reclutamiento de líderes juveniles, tanto invitándolos a participar de actividades partidarias como, ocasionalmente, ofreciéndoles oportunidades laborales en la gestión de gobierno.
En consecuencia, los centros de estudiantes no sólo revisten un interés en tanto permiten establecer vínculos que “abren las puertas” de la Universidad a los dirigentes del PRO para hacer proselitismo de un modo no explícito, sino que sirven para el reclutamiento de jóvenes profesionales para la gestión de gobierno y de nuevos militantes formados y con un alto grado de afinidad sociocultural con el partido.
Al mismo tiempo, estas charlas y debates, que son las actividades más eminentemente ligadas con la política partidaria entre las que realizan los centros de estudiantes de la UCA, se presentan como instancias de socialización política para los estudiantes, no tanto por el contenido de las mismas, sino porque implican la posibilidad de un contacto directo con políticos y dirigentes partidarios. Así, especialmente para quienes participan activamente de los centros de estudiantes, la organización de estos encuentros los pone en contacto directo con el mundo de la política partidaria. En este sentido, la participación activa en los centros les permitió a los militantes entrevistados tanto acercarse al PRO a partir de escuchar a sus dirigentes y contar con contactos en el partido producto de la organización de actividades en el centro de estudiantes, como recibir invitaciones a actividades partidarias -y en algún caso ofertas de trabajo en la administración pública- producto de su condición de representantes estudiantiles. Un dirigente que ingresó a la militancia juvenil en los orígenes del PRO a partir de presidir un centro de estudiantes de la UCA relata en estos términos su entrada al partido:
En 2003 estaba activamente en el Centro de Estudiantes cuando se hizo este ciclo de charlas aproveché para escuchar a distintos candidatos, me acuerdo por ejemplo que estuvieron Aníbal Ibarra, Elisa Carrió y el propio Mauricio [Macri], y mi recuerdo es que post ciclo de charlas tomé la decisión de acercarme a Compromiso Para el Cambio [PRO], sin conocer más que al contacto con el que habíamos llevado a Mauricio [Macri] a la Facultad, digamos. Porque ni siquiera era mío, era un contacto del Centro de Estudiantes, pedí el contacto y lo llamé para decirle que tenía ganas de sumarme y acercarme sin tener absolutamente ningún conocido dentro del partido. – Lucas, JPRO.
Aun así, la socialización política resultante de la participación en los centros de estudiantes no se agota en los vínculos que potencialmente establezcan sus integrantes con dirigentes partidarios y el capital social que puedan adquirir desde allí. A pesar del carácter apartidario de estos involucramientos, la experiencia de participar en un centro de estudiantes proporciona a estos jóvenes una serie de conocimientos prácticos, destrezas y esquemas interpretativos que los preparan para la práctica política, tanto porque los entrenan en tareas luego recuperables en su militancia partidaria, como porque les proporcionan un sentimiento de auto-habilitación para involucrarse y asumir posiciones de liderazgo. Así, la experiencia de conformar una lista, de distribuir cargos, de llevar adelante una campaña electoral, el hecho de asumir roles de representación colectiva, de establecer extendidas redes interpersonales con estudiantes, de tener una relación más fluida y desde el lugar de representantes estudiantiles con las autoridades de la institución, entre otros, expone a estos jóvenes a una serie de prácticas capitalizables en la militancia partidaria.
A su vez, la participación y liderazgo en un centro de estudiantes se convierte en una situación estratégica movilizable en la construcción de una carrera ascendente en el partido. En su doble rol de militantes partidarios y líderes estudiantiles, estos jóvenes garantizan la presencia del PRO en la vida universitaria de la UCA y, fundamentalmente, ponen sus redes de contactos dentro del mundo estudiantil al servicio del reclutamiento partidario. Esto los dota de prestigio al interior de la juventud partidaria, en tanto nutren sus filas con nuevos militantes. Como ya hemos mencionado, la tarea de reclutamiento no sólo se concreta a partir de la presencia de militantes en los centros, sino que se ve propiciada por la cercanía sociocultural del PRO y los estudiantes de la UCA, algo que es percibido por algunos militantes como una “afinidad natural”:
Empecé a tener más relevancia dentro de la Juventud del PRO porque había acercado a mucha gente (…) [Luego de entrar al PRO] empiezo a nutrirme del centro de estudiantes y de un montón de estudiantes para sumarlos al PRO, empiezo a ver que naturalmente por la Facultad había una afinidad con el PRO y con Macri (…) Se daba natural, no sé muy bien decirte la razón, pero supongo que, quizás más antes que hoy, pero en ese momento si cruzabas los votos de los estudiantes de la UCA de Derecho en las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires, te hubiera dado que un alto porcentaje de ese electorado era para Macri. – Javier, JPRO.
A su vez, el interés del partido en estar presente en los centros no se debe exclusivamente a la posibilidad de conseguir nuevos militantes y difundir sus ideas, sino a que esta “presencia” en las universidades es leída al interior de la organización como un indicador de fuerza política y de cercanía del partido con los jóvenes. Así, aquellos militantes que hacen posible que el partido pueda mostrar que está presente en muchas facultades, pueden capitalizar y hacer valer ese logro ante la dirigencia partidaria. Para aquellos militantes del PRO que participan o participaron de los centros de estudiantes de la UCA, la potencial conversión en su carrera militante del capital social y político acumulado en esa experiencia estudiantil, funciona como una retribución a su participación (Michon, 2008; Gaxie, 2015), y aún siendo prácticas formalmente desvinculadas de la vida partidaria, son de hecho capitalizadas y puestas en valor al interior del partido. Así lo describe un dirigente juvenil que participó activamente en la vida político-asociativa de la UCA:
En la política hay mucho gesto simbólico, de decir: tenemos 5 universidades, tenemos 6… que por ahí no es nada, pero el símbolo es muy fuerte, de decir: ¡Wow! Mirá, el PRO está en 9 universidades (…) Antes los más politizados estaban en el partido político y nada más, hoy empezó a garpar [nota: a resultar rentable] estar en las [universidades] privadas (…) entonces al tipo que está más politizado le sirve como una herramienta para su referente, para decir: che, mirá, yo te gané el centro de Derecho o el centro de Políticas. – Javier, JPRO.
Si bien sabemos que los centros de estudiantes de la UCA no son el único ámbito de socialización política de las y los militantes y dirigentes juveniles del PRO entrevistados que estudiaron en esa universidad, resulta interesante la afinidad existente entre las prácticas (y las visiones de los militantes acerca de esas prácticas) en los centros de estudiantes y en el PRO. Esta afinidad permitiría explicar el pasaje fluido y sin conmociones de la participación estudiantil en la UCA a la militancia partidaria, y viceversa.
En primer lugar, como hemos visto en el tercer capítulo, encontramos en el PRO y en los militantes de JPRO, una concepción de la política muy ligada a la idea de “gestión”, a una resolución pragmática de problemas que va más allá de cualquier ideología, considerada como una “mochila” como algo que “te ata” y restringe la capacidad de acción. La política resulta, para las y los jóvenes del PRO –aunque esto lo comparten con el discurso de sus dirigentes- una gestión no ideológica de problemas concretos de la “gente”, y en este sentido, es considerada un “servicio”. Si bien los partidos políticos son bien valorados en términos abstractos, la política partidaria tradicional es entendida como una vieja forma de hacer política, como “la política del pasado”. Cuando consideramos el modo en el que conciben su participación en los centros de estudiantes, encontramos una fuerte sintonía con estas visiones. A pesar de que aquello que hacen o hacían en los centros les resulta, en palabras de un militante, “algo completamente distinto” a la militancia partidaria, su descripción de esas prácticas como orientadas a estar “cerca de los alumnos” y a ayudarlos a resolver problemas de su vida cotidiana, o de las agrupaciones estudiantiles como espacios no ideológicos dirigidos a la gestión de asuntos concretos, resultan afines con sus visiones de la política:
Tenés un matiz enorme de gente, porque el trabajo que ellos hacen [en el centro de estudiantes] no tiene nada que ver con la partidización de la política, es un trabajo específico, en la Facultad, de estar cerca de los alumnos (…) Para mí el centro de estudiantes es [así:] vos te juntas con un equipo de gente que no importa si son afines a Mauricio Macri, o a Cristina Kirchner, o a Alfonsín, no importa, lo importante es qué buscamos, y buscamos [por ejemplo] que la gente en la mesa de entradas pierda menos tiempo, perfecto ¿Cómo lo hacemos? Así, así y así […] Siempre con propuestas muy chicas, y la verdad es que la Facultad nos ayuda mucho, porque nosotros lo planteamos, la Facultad responde, tiene buena onda con nosotros. – Matías, JPRO.
El carácter limitado de la capacidad de acción en los centros de estudiantes se encuentra dado por sentado. Ninguno de los entrevistados manifestó disconformidad respecto a que no pudieran abordarse asuntos políticos de más amplio alcance o que los partidos no pudieran participar de la vida estudiantil. En este sentido, se percibe cierto acuerdo respecto a la legitimidad de las competencias de los centros de estudiantes, que posibilita una relación de cooperación y trabajo conjunto con las autoridades universitarias.
Otro elemento muy presente en las entrevistas que hemos realizado y en el discurso del PRO, es aquello que llamaremos aquí una presentación de sí pluralista. Esta concepción permite amalgamar positivamente la idea de una política entendida como gestión de asuntos concretos, como solución eficiente de “problemas de la gente” sin condicionamientos ideológicos y como “servicio”, con la diversidad de orígenes políticos de la dirigencia del partido. Esta heterogeneidad de afiliaciones y tradiciones políticas es leída desde este ethos como una riqueza, como un signo de pluralismo democrático y apertura que demuestra que las ideologías y las viejas tradiciones políticas no tienen demasiado valor cuando de lo que se trata es de llevar adelante una gestión eficiente y estar “cerca de la gente”. La presentación de sí pluralista confluye, así, con un ethos del hacer, que Vommaro (2015) identifica como parte fundamental del ethos político del PRO. De este modo, una de las características distintivas de esta visión acerca de la política, muy presente entre los militantes entrevistados, es la de una valoración positiva de esta diversidad, entendida como una forma de superación de ideologías e identidades caídas en desuso, y de un espacio en el que priman los valores del diálogo y el consenso entre diversas posturas. En sintonía con el ethos pluralista y del hacer, presente en el PRO y que legitima su heterogeneidad y flexibilidad ideológica, la experiencia de participar en espacios políticamente heterogéneos, donde lo fundamental es “hacer un buen trabajo” de gestión y no construir identidades políticas comunes, es presentada –desde el relato retrospectivo de quienes actualmente militan en el PRO- como enriquecedora y formativa.
“Un ambiente hostil”. La dificultosa implantación del PRO en los centros de estudiantes de la UBA
Si los centros de estudiantes de la UCA eran un ámbito socioculturalmente cercano a la militancia de JPRO, donde se encontraban –en palabras de una entrevistada- con su electorado “natural” y donde podían con relativa facilidad ubicar estudiantes propios en las listas y reclutar nuevos militantes para el partido, la militancia del PRO que participa o ha participado de la vida de los centros de estudiantes de la UBA los describe como un terreno “hostil”, en el que les resulta difícil insertarse y cosechar éxitos electorales.
Lejos de la buena convivencia, la falta de conflictos, las actividades reducidas a lo estrictamente gremial, la cooperación con las autoridades y, en algunos casos, la ausencia de competencia electoral que caracterizan a la participación estudiantil en la UCA, la militancia de JPRO percibe a la UBA como su reverso: se trata de una universidad “muy politizada” y “partidizada”, poblada de agrupaciones que exceden lo meramente estudiantil y que se encuentran ya consolidadas dentro una política universitaria signada por una dinámica contenciosa y conflictiva.
La militancia del PRO atribuye sus dificultades para insertarse en la vida política de la UBA y militar en sus centros de estudiantes a dos factores: por un lado, a la presencia de agrupaciones políticas ya consolidadas que manejan desde hace décadas los centros de estudiantes y frente a las cuales resulta difícil abrirse un lugar (especialmente las ligadas al radicalismo y al socialismo en Derecho y Económicas) y, por otro lado, a la existencia de un estudiantado socialmente más heterogéneo que el de la UCA, cuyas preocupaciones y problemáticas socioeconómicas serían menos permeables al discurso del PRO, y que, además, porta una serie de “prejuicios” respecto a este partido, percibido como de derecha e impulsor de la privatización de la educación pública. Una militante de PRO-Derecho, la agrupación del PRO de la Facultad de Derecho de la UBA, familiarizada también con el mundo de la UCA, explica en estos términos las diferencias entre estas universidades y las dificultades con las que se encuentran en la UBA para insertarse políticamente:
El de la UCA es un público más fácil… ahí sí entra el estereotipo, es un público que vota al PRO, el pibe que va a la UCA, me pasó con mis compañeros de colegio, tenía compañeros que iban a la UCA y que no sabían como se ponía la subtecard en el subte, son gente que vive en otro estrato social, con otras necesidades, que no son las que puede llegar a tener un pibe de la UBA (…) A ver, cómo decirlo sin que suene violento… hay muchos que nos votan porque piensan que es cool o porque no es tan político como los demás, entonces, como hay gente que le molesta la política, nos vota a nosotros y ese es el electorado más fácil que tenemos nosotros, que se puede ver mucho más reflejado en la UCA que en la UBA. En la UCA la problemática de muchos pibes es a dónde me voy a ir de vacaciones en enero y en la UBA es cómo hago para comprar estos apuntes, entonces son dos realidades distintas en las que claramente se nota más el prejuicio que nos tienen a nosotros en la UBA que en la UCA. – Laura, JPRO[18].
Esta lejanía social y política del PRO con el mundo de la política estudiantil de la UBA se manifiesta, además, en el poco interés que ha demostrado el partido en implantarse en esta universidad hasta hace apenas unos años. Así, mientras en la UCA la inserción de sus militantes ocurrió muy tempranamente (como vimos, ya en 2004 un dirigente juvenil llegaba a la conducción del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho), la llegada del PRO a la UBA se dio recién en 2008 y se centró fundamentalmente en la agrupación PRO-Derecho, la primera en ser creada, cuya primera lista se presenta en 2009. Mientras se presentaron listas en forma esporádica desde 2010 en la Facultad de Ciencias Sociales sin que llegara a conformarse un grupo estable de militantes, recién en 2012 lograron formar una agrupación en la Facultad de Ciencias Económicas, que se presentó por primera vez en las elecciones de 2013. Ese mismo año se conforma la agrupación en la Facultad de Ingeniería, y un año después en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. De las 13 facultades de la UBA, entre 2009 y 2018, el PRO presentó listas en 10 de ellas, aunque en forma intermitente. Nunca se presentó en las elecciones de las facultades de Agronomía, Psicología y Odontología. Solo en la Facultad de Derecho lo hizo en forma ininterrumpida desde 2009, y en Ciencias Económicas e Ingeniería desde 2013, con una performance destacable en esta última, especialmente en 2017. En el período considerado, el PRO no ha conformado frentes con otras agrupaciones universitarias, excepto en Arquitectura, donde luego de un buen resultado en su primera elección de 2014, integró el año siguiente un frente con FM y otras agrupaciones afines al radicalismo, alcanzando el primer lugar en las elecciones del Consejo Directivo, pero quedando en segundo puesto en las del Centro de Estudiantes. Ese frente con FM y otras agrupaciones “reformistas” se repitió en otras dos oportunidades (2016 y 2018), mientras que en 2017 retiraron su lista a último momento, acordando con esos sectores, pero sin integrarse al frente. A pesar de que en 2017 y 2018 utilizó en algunas facultades (Veterinaria, Derecho, Ingeniería) las etiquetas de sus frentes electorales nacionales o locales, como “Cambiemos” o “Juntos”, en realidad se trató de listas únicamente integradas por el PRO, que compitieron contra el radicalismo.
Tabla 5.2. Posición y porcentaje de votos obtenidos por las listas del PRO en las elecciones de los centros de estudiantes de la UBA por facultad (2009-2018)
Fuente: elaboración propia en base al portal Juventud Informada, Página/12 Universidad y páginas de los centros de estudiantes.
Notas:
* Llevan el nombre “Cambiemos” (Cs. Veterinarias e Ingeniería) y “Juntos” (Derecho), pero compiten contra las agrupaciones radicales Nuevo Espacio y Franja Morada.
** Se presenta en un frente con las agrupaciones Franja Morada, Reforma y Coalición denominado “Juntos por la FADU”. En 2015, ganan las elecciones para el Consejo Directivo con 32,6%. En 2017 no integran ese frente y tampoco presentan una lista propia. En 2018 conforma nuevamente un frente con Franja Morada y Coalición bajo la etiqueta “Somos”.
El nacimiento de PRO-Derecho y de PRO-Económicas, las agrupaciones de más larga data y que se encuentran mejor consolidadas en sus facultades, pareciera deberse más al emprendimiento de un grupo de militantes, estudiantes de esas facultades, que a una decisión estratégica del partido o de su organización juvenil de hacer pie en la UBA. Al menos en el relato de sus fundadores, estas agrupaciones parecieran haber sido el fruto de la aventura de un grupo de militantes de JPRO que vieron una oportunidad para abrirse un espacio en el partido y en la política estudiantil a través de la presentación de listas del PRO a las elecciones de los centros de estudiantes y la posterior consolidación de un grupo de militantes. Así, si bien contaron con la autorización de JPRO y del partido, los militantes que fundaron las agrupaciones de PRO-Derecho y PRO-Económicas lo hicieron con suficiente autonomía, ante un relativo desinterés del partido y su organización juvenil.
A pesar de que el Comité Ejecutivo de JPRO tiene una Secretaría que aglutina a las distintas agrupaciones universitarias del PRO, conocida como PRO-Universidades, las y los militantes de la UBA entrevistados coinciden en que la pertenencia de PRO-Universidades a JPRO se da “en los papeles”, pero que existe una cierta desvinculación entre la organización juvenil y lo que ocurre en la UBA. Una de las dirigentes de aquel núcleo originario de PRO-Derecho atribuye la falta de involucramiento de JPRO en la conformación de las agrupaciones del PRO en la UBA al hecho de que, en su mayoría, los integrantes del Comité Ejecutivo de la organización juvenil pertenecían a la UCA y eran completamente ajenos a la dinámica política de la UBA y a su impacto en la política nacional:
PRO-Universidades es muy distinto a Jóvenes PRO, tenemos intereses distintos, nosotros vamos más por la facultad, porque creemos que la política universitaria influye de otra manera dentro de la política, o sea, la izquierda se mantiene gracias al presupuesto que saca de la UBA y si le sacás ese presupuesto a la izquierda, quiero ver qué hacen en una campaña de la ciudad o una campaña nacional, es loquísimo pero influye en ese sentido… o mismo los radicales (…) Además los chicos [de Jóvenes PRO] que son de la UCA, claramente no van a entender lo que es la vida de la UBA. – Laura, JPRO.
En este sentido, si bien existe un vínculo institucionalizado entre las agrupaciones del PRO en la UBA y la organización juvenil del partido, la distancia sociocultural del núcleo de militantes de JPRO con el mundo de la política de esta universidad pública y su mayor cercanía con el mundo de las universidades privadas, especialmente de la UCA, ha tenido como efecto un cierto descuido de este ámbito, producto de una subvaloración de su importancia política y, posiblemente, de una sobrevaloración de las dificultades para insertarse, debido a su falta de vínculo con este ámbito y su vida política.
Una buena ilustración de la lejanía sociocultural y política de los militantes del PRO respecto a la política en la UBA es el intento de replicar, dentro de la UBA, repertorios de acción del partido más enraizados en el mundo social de los voluntariados y las ONG, y ciertas lógicas propias de universidades como la UCA en las que la utilización de sellos partidarios se encuentra vedada y los voluntariados forman parte de la formas de sociabilidad y participación habituales. Así, cuando se conforma en 2012 la agrupación del PRO en la Facultad de Ciencias Económicas, que luego se presentaría en las elecciones de 2013, deciden utilizar el nombre “Yo Estoy en Económicas”, en lugar del nombre del partido. Ante la percepción de que presentarse con el sello partidario del PRO podría ser contraproducente, eligen alinearse con la estrategia comunicacional y de reclutamiento del partido y de su organización juvenil de aquel año, que consistió en un programa de voluntariado denominado “Yo Estoy”. De este modo, esta militancia primeriza esperaba atraer el voto de estudiantes de la UBA y reclutar nuevos integrantes para la naciente agrupación invitándolos a participar del programa de voluntariado que organizaba el partido, juntando papeles para reciclar y promoviendo una facultad “más sustentable”[19]. Las confusiones y ambigüedades que generaba en las y los estudiantes este tipo de estrategia, vinculada a un mundo alejado de la política estudiantil de la UBA, los llevó a abandonar la denominación “Yo Estoy”, para adoptar el año siguiente el nombre de PRO-Económicas. Uno de los militantes juveniles fundadores de PRO-Económicas con quien pudimos dialogar nos explica así esa primera experiencia fallida:
Nos encontramos con el primer problema de la agrupación ¿Cuál fue? Que no entendían a qué estábamos, “Yo estoy en Económicas… ¿Qué hacen? ¿Actividad verde?”… Pensaban que estábamos reciclando, pensaban que íbamos en contra de los afiches, porque nosotros pusimos un banner que decía “Por una facultad sin volantes ni afiches, yo estoy en Económicas” (…) No servía lo que estábamos haciendo, entonces dijimos, acá hay que hacer un cambio de rumbo porque la gente no está entendiendo que nosotros venimos a trabajar por la Facultad y somos estudiantes de la Facultad, entonces fue ahí que dijimos “vamos a dejar el proyecto del partido de Yo Estoy, y vamos con nuestro propio nombre, independiente”, y ahí fue PRO-Económicas (…) No entendían que nosotros estábamos haciendo política en la Facultad, creían que éramos una ONG. – Luis, JPRO[20].
El caso de los orígenes de PRO-Económicas resulta ilustrativo de cómo las dificultades para la intervención de JPRO en la vida política de la UBA se deben, en parte, al intento de valerse de un repertorio de acción y de marcos de sentido vinculados a otros ámbitos de sociabilidad, que funcionan adecuadamente en ellos, pero se muestran como ineficaces y hasta contraproducentes en el ámbito de la política estudiantil de la UBA. El intento de replicar las estrategias del partido en esta universidad, ante la falta de experiencia de estos militantes y el desconocimiento por parte del núcleo de dirigentes de JPRO de las características de la actividad política en la UBA, llevó a este grupo de militantes a darse cuenta de que necesitaban reformular la presentación de su agrupación.
El hecho de que, finalmente, todas las agrupaciones del PRO en la UBA adoptaron el nombre del partido seguido del nombre de la Facultad, les permitió valerse de la gestión de gobierno en la CABA como una plataforma para la construcción de una identidad propia y una estrategia de inserción en la vida política de la universidad y sus centros de estudiantes[21]. Así, las agrupaciones “dan la cara” en nombre del PRO ante los estudiantes de la universidad, defendiendo la gestión gubernamental, difundiendo y comunicando sus políticas dentro de este ámbito, y actuando como intermediarios –según los militantes de PRO-Económicas, con poco éxito- entre el gobierno local, sus funcionarios, y las necesidades de los estudiantes, para la instalación de bicicleteros y cestos de basura para reciclaje en la Facultad, entre otras cosas.
En este sentido, presentarse como parte del PRO tiene la ventaja, para estos militantes, de poder capitalizar los –en su visión- “logros” de la gestión pública y conseguir cierta atención de los funcionarios para implementar algunas iniciativas, al mismo tiempo que les presenta dificultades ante un público (especialmente ante los militantes de las otras agrupaciones) que los percibe como cercanos a la derecha y de un origen social acomodado. Así lo comentan dos dirigentes juveniles que participaron de la agrupación PRO-Derecho desde sus comienzos:
Al principio era un insulto atrás de otro, porque la Facultad de Derecho está muy politizada y es el socialismo el que tiene el centro desde hace ocho o nueve años, o más (…) Éramos tres, nos poníamos la remera amarilla, repartíamos volantes (…) La verdad es que lo que nos acompañó fue la buena gestión de Mauricio [Macri] en la Ciudad (…) Teníamos cosas con las que decir: esto que hicimos en la Ciudad… bueno, esto copado [positivo] que se hace en la gestión nosotros lo queremos traer pero para el ámbito de la Universidad. Y fuimos encontrando gente que por ahí simpatizaba con Mauricio [Macri] en lo que era la gestión y decía: bueno se puede bajándolo al ámbito universitario… y ahí se fue acercando gente. – Alejandra, JPRO.
Cuando llegábamos, los de las demás agrupaciones, al principio nos miraban con cara de “ah, son todos de derecha”, después se quedaban hablando con nosotros y veían que éramos pibes normales, que no vivíamos todos en Recoleta, que [algunos] chicos habían ido a colegios públicos, que no tenía nada que ver que militábamos en el PRO sino que éramos pibes como ellos y que queríamos todos lo mismo, de otra manera, pero queríamos lo mismo. – Laura, JPRO.
En este sentido, la llegada del PRO al gobierno de la CABA en 2007 les permitió valerse de la gestión gubernamental para construir una presentación de sí basada en el “hacer”. Así, por ejemplo, en el centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas lograron acceder a la Secretaría de Espacios Verdes y desde allí reproducir políticas del programa “Ciudad Verde” del Ministerio de Espacio Público de la CABA para generar actividades vinculadas al reciclaje y la concientización ambiental. Desde la Facultad de Ingeniería, la agrupación del PRO organizó visitas guiadas para recorrer obras públicas del gobierno de Macri como el entubamiento del Arroyo Maldonado o la nueva sede del Gobierno de la CABA en Parque Patricios. PRO-Derecho llevó a militantes que trabajan en el programa “Primer Empleo” de la Dirección General de Políticas de Juventud a dar talleres sobre armado de currículums y entrevistas laborales. En algunas oportunidades, invitaron a funcionarios del gobierno a dar charlas sobre temas que, en palabras de una militante, “sirvan a los estudiantes” en sus carreras. Por ejemplo, en 2013, en el marco de un ciclo de charlas llamado “Casos de estudio de empresas argentinas en Harvard”, el -en aquel momento- presidente del Banco Ciudad, Federico Sturzenegger, fue invitado por PRO-Económicas a hablar de su gestión en ese banco y Andrés Ibarra, entonces funcionario del Gobierno de la CABA y ex Gerente General de Boca Juniors durante la presidencia de Macri en el club, disertó en la Facultad sobre Boca como una “marca de proyección internacional, la innovación más audaz en la historia del futbol argentino”, según lo describe la invitación al evento publicada en la página de Facebook de la agrupación.
Asimismo, las y los militantes del PRO en la UBA no sólo se encargan de defender y comunicar la gestión gubernamental, sino que adoptan un marco en el que “gestionar” ocupa un lugar igualmente protagónico en la presentación de sí y en el tipo de acciones llevadas a cabo en sus agrupaciones universitarias. Por ejemplo, en 2013 el slogan de campaña de PRO-Derecho fue “Elegí + Gestión” y en 2014, “Nosotros elegimos hacer. Votá a los que hacen”. Los volantes distribuidos por PRO-Derecho y subidos a su página de Facebook dicen “Acercate a nuestra mesa. Estamos para ayudar” y anuncian los distintos servicios y ayudas disponibles: “ayuda para superar el caos de las inscripciones, manual para rendir materias libres, mucha buena onda, guía para sacar el título de bachiller, ayuda con consultas del reglamento, recomendaciones de cátedras, manual para acelerar el trámite del título”. En las mesas están disponibles, para los estudiantes que se acercan, calendarios de inscripciones, diagramas con las materias de las carreras, diversos materiales informativos, lapiceras del partido y caramelos.
De este modo, la mayor parte de sus acciones se orienta a brindar “servicios” a los estudiantes para facilitarle asuntos de índole estrictamente práctico. Por ejemplo, una de las principales actividades de PRO-Derecho consiste en brindar un servicio de fotocopiado gratuito para los estudiantes. En sintonía con esta idea, lanzaron también una aplicación para celulares dirigida a los estudiantes de abogacía, desde la cual se puede acceder a resúmenes, fallos judiciales y leyes. El objetivo, según nos explica una militante a la que entrevistamos, es “simplificarle más la vida” a los estudiantes.
Centradas en asuntos prácticos y cotidianos, las acciones y propuestas de las agrupaciones del PRO en la UBA apuntan a un tipo de estudiante “cansado de la política” en la Universidad y que vive con hastío lo que considera una excesiva politización que molesta e interrumpe el funcionamiento académico de la institución.
Si bien, como vimos, el foco en lo gremial y en los servicios al estudiante también forma parte del repertorio del radicalismo en la UBA, muchas de estas ideas respecto al papel de las agrupaciones estudiantiles y de los centros de estudiantes como proveedores de servicios eficientes, acompañadas de un rechazo de las “ideologías” y un discurso contra las formas habituales de hacer política dentro de la universidad, tiene su antecedente en la agrupación universitaria de centroderecha UPAU que llegó a presidir cuatro centros de estudiantes de la UBA hacia finales de la década del ochenta (Talento, 1988). Resulta relevante señalar que muchos dirigentes estudiantiles de la UPAU y dirigentes juveniles de la UCeDé del período 1982-1989, integran actualmente el PRO (Arriondo, 2015). Algunos de estos antiguos militantes de la centroderecha universitaria de los ochenta, devenidos dirigentes del PRO, sostienen vínculos con la agrupación PRO-Derecho, como es el caso de Juan Curutchet, ex dirigente de la UPAU en la Facultad de Derecho, donde el PRO se instala más tempranamente dentro de la UBA.
La militancia del PRO en la UBA no solo acentúa estas acciones despolitizadas, sino que hace un uso político de la distancia o el hartazgo de cierto sector del estudiantado respecto a la política en la universidad. Así, uno de los ejes de campaña del PRO en todas las facultades ha sido impugnar ciertas prácticas que conforman el repertorio típico de la política estudiantil en la UBA: la pegatina de carteles (“Si no viste gran cantidad de afiches nuestros es porque queremos una Facultad con las paredes más limpias”, dice un volante publicado en el Facebook de PRO-Sociales) y el ingreso a las aulas para dar mensajes e invitar a actividades (“Si no nos ves en las aulas es porque no queremos interrumpir las clases vendiendo avisos sobre lo mismo de siempre”, dice el mismo volante, mientras otro material de campaña de PRO-Sociales le recuerda a los estudiantes su “derecho a no ser molestados”).
Ya sea desde un llamado al orden (aparece con frecuencia la idea de “caos”, “desorden”, “suciedad”) o desde un discurso de cuidado del medioambiente y de modernización (“Yo estoy por una facu más moderna y sustentable”, era uno de los slogans de PRO-Derecho en 2012), las agrupaciones del PRO en la UBA interpelan a un estudiante apolítico cuyo voto se conquista brindando servicios concretos (fotocopias, resúmenes, asesoramiento académico) y no molestándolo con cuestiones políticas. El estudiante que el PRO interpela no está interesado en la discusión política -aún en facultades donde la discusión política forma parte del quehacer académico y del contenido de las carreras- sino en encontrar soluciones a problemas prácticos de su cotidianeidad como estudiantes (inscripciones dificultosas, baños sin papel higiénico, falta de wi-fi, ausencia de un menú para celíacos y vegetarianos en el comedor, etc.) y de su salida laboral.
Si bien comparten con las agrupaciones radicales el énfasis en los servicios gremiales, las agrupaciones universitarias del PRO no se interesan tanto por los asuntos académicos como por las problemáticas de la cotidianeidad del estudiante, especialmente aquellas vinculadas al desorden, la suciedad y la ineficiencia. La política en la universidad, en este sentido, es para la militancia de JPRO –y para los estudiantes a los que buscan interpelar- una fuente de malestares cotidianos: agrupaciones que interrumpen clases para transmitir mensajes, folletos tirados en el suelo, carteles cubriendo las paredes, militantes molestando en tiempos de campaña, etc. Un referente de PRO-Económicas lo explica en estos términos:
Acá salís de cursar y ya te están molestando, entonces lo que se planteó hace dos sábados es por qué no proponemos que se haga un día, y solo un día, de votación en la Facultad, porque es toda la semana (…) Así, ahorrás papel, ahorras actividades de campaña que a la gente no le interesa, no quiere que la molestes, no quiere que le pongas un volante en la cara… los día de campaña en la Facultad son terribles (…) Por eso nuestra campaña va a ser en las redes sociales, no vamos a molestar al votante de Económicas, creemos que cuanto más seamos pesados, menos nos vas a votar. – Luis, JPRO.
Por otra parte, la “hostilidad” de la UBA, en comparación con la UCA o con el electorado general de la CABA, aparece una oportunidad para ejercitarse en la discusión política ante interlocutores formados y politizados, que requieren argumentos y tomas de posición más elaboradas que el ciudadano común.
La UBA es muy divertida para militar, porque tenés mucha gente y mucha gente distinta. Entonces, tenés a uno que te dice: yo voto al PRO, me parece genial las cosas que hacen; y otro que viene y te critica absolutamente todo, y es la mejor práctica para el día de mañana. Somos muchos los que dentro de la agrupación queremos seguir en política de acá hasta el día que nos muramos, y es la mejor práctica discutir con alguien que no te chicanea sino que te hace preguntas en serio, que vos tenés que responder con la verdad, tratando de explicar por qué se hicieron las cosas de determinada manera, y no es una señora de barrio que ve lo que dicen en la tele y nada más, sino que el universitario se informó un poco más. – Laura, JPRO.
En este sentido, la militancia universitaria en la UBA brinda, según estos estudiantes del PRO, un ámbito en el cual desarrollar ciertas habilidades y saberes prácticos que consideran valiosos para su formación política y para su quehacer militante fuera de la Universidad. Así, la adversidad es resignificada como una ventaja comparativa, en tanto esperan capitalizar esta experiencia “hostil” en sus futuras carreras políticas.
En suma, en este capítulo hemos mostrado la relevancia de la UBA como un recurso para la supervivencia de la militancia juvenil radical en la CABA y, en general, de la organización partidaria en el adverso escenario post-2001. Por un lado, las agrupaciones estudiantiles del partido son uno de los principales canales para el reclutamiento y la socialización política de sus jóvenes militantes. Junto con los comités barriales, como vimos en el capítulo anterior, es en las agrupaciones del radicalismo universitario que gran parte de esta militancia inicia sus carreras y desarrolla un cursus honorum en el partido. A su vez, la UBA ha servido de refugio institucional para un partido en crisis, brindando recursos materiales para el sostenimiento de su dirigencia y militancia fuera del gobierno, luego de largas décadas de liderar electoralmente el distrito, como veremos en el próximo capítulo. Así, fue desde la UBA que el radicalismo porteño reconstituyó y renovó su vida interna desde finales de los años 2000. La universidad ha servido de incubadora para que dirigentes estudiantiles radicales “saltaran” al partido conformando, desde el capital político adquirido allí, las líneas internas mayoritarias y minoritarias actuales de la UCR y la JR en la CABA. Por otra parte, vimos que aún cuando la política en la universidad es un recurso clave para el partido y la reproducción de su militancia, las agrupaciones radicales se sirven de un repertorio y un discurso despolitizado que tiende a invisibilizar su pertenencia a la UCR. Mientras el enraizamiento del radicalismo en la vida estudiantil de la UBA es el resultado de una larga historia de inversiones, el PRO no ha hecho mayores esfuerzos organizacionales para implantarse en la universidad. Su dirigencia, en general, no ha participado tampoco en el movimiento estudiantil. Así, la creación de agrupaciones del PRO en la UBA ha sido más el resultado de emprendimientos aislados de militantes juveniles que de un esfuerzo partidario coordinado. Esta militancia ha ensayado diversas estrategias de inserción, generalmente signadas por el rechazo a los repertorios tradicionales de la vida política estudiantil, buscando interpelar a un estudiante hastiado de la política y las demás agrupaciones. En contraste, hemos visto que los vínculos con la vida asociativa estudiantil de la UCA, si bien informales, han sido tempranos y fluidos. Los centros de estudiantes de esta universidad privada han servido para el reclutamiento de dirigentes juveniles del partido, así como ellos han sabido capitalizar dentro de JPRO sus trayectorias en estos espacios. Hemos mostrado, así, que los centros de estudiantes de la UCA, junto con los voluntariados de otras instituciones católicas -como vimos en el capítulo anterior- conforman el medio social de JPRO. Es en estos ámbitos de sociabilidad extrapartidarios que la organización juvenil del PRO se nutre de repertorios de acción, marcos interpretativos y nuevos militantes. En el capítulo siguiente, mostraremos que la administración pública local, como ámbito de sociabilidad y de inserción laboral, es otro de los recursos mediante los cuales el PRO construye y reproduce una militancia juvenil en la CABA.
- El más saliente de ellos fue por el cobro, por parte de militantes de FM de la UBA, de subsidios de un plan de inserción laboral para jóvenes en situación de vulnerabilidad llamado “Nuevo roles laborales”, a cargo de un funcionario porteño que era dirigente de FM y había sido presidente de la FUBA (“Franja Morada separó a dirigentes por corrupción”, La Nación, 10/05/2001). Las denuncias por fraude en las elecciones del centro de estudiantes de Económicas en 2001, que involucraron episodios de violencia, allanamientos policiales y una causa judicial, contribuyeron también a horadar la imagen pública de FM por esos años (“La Justicia definirá en Económicas”, La Nación, 22/11/2001; “Conflicto por la conducción de un centro de estudiantes”, La Nación, 24/02/2002). Durante esos años también fueron varios los episodios en los que los militantes de FM fueron acusados por otras agrupaciones de tener comportamientos violentos (“Escalada de violencia morada”, Página/12, 26/07/2002). ↵
- Con 262.932 estudiantes de grado, según el censo de 2011, es la universidad más grande del sistema universitario argentino. Fundada en 1821, la UBA es la segunda universidad más antigua del país. Sus facultades se encuentran en la CABA, con algunas sedes ubicadas también en el Área Metropolitana de Buenos Aires.↵
- Los años noventas vieron nacer en la UBA a una serie de agrupaciones independientes de izquierda como Tontos pero No Tanto en Económicas, Necesidades Básicas Insatisfechas en Derecho, El Mate en Sociales, Salvemos Los Muebles en Exactas y Naturales, Síntesis en Medicina, Punta del Iceberg en Psicología, entre otras, que crecerían en los primeros años de los dos mil, luego de la crisis. Algunas de ellas y de sus principales referentes (como Mariano Recalde de NBI, o Axel Kicillof e Ivan Heyn de TNT) terminaron sumándose a las filas del kirchnerismo. Sobre las agrupaciones independientes en los noventas puede leerse a Simón (1993); Picotto y Vommaro (2010), Blanco (2017), y Palacio-Valladares (2016).↵
- Los centros de estudiantes de las distintas facultades de la UBA se encuentran agrupados en la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), que integra la Federación Universitaria Argentina (FUA), junto al resto de las federaciones provinciales.↵
- Durante varios años, hasta su unificación en 2010, el radicalismo presentó tres listas en esa facultad: FM, 1918 (de la línea Cantera Popular/NE) y El Faro (referenciada con el ex vicepresidente Julio Cobos).↵
- En las elecciones legislativas de la CABA de 2003, la UCR obtuvo un 1,89% de los votos, resultando electo un único legislador por el partido.↵
- Un grupo de dirigentes juveniles provenientes en su mayoría de la FM de varias provincias firman en enero de 2003, en la localidad santafecina de Sauce Viejo, un documento titulado “100 consensos básicos para fundar la Cantera”.↵
- La división entre las dos principales facultades de la UBA (Derecho y Económicas) no es una novedad en la FM. Por ejemplo, a comienzos de los noventa, la FM de la UBA se encontraba también dividida. Por un lado, una línea interna partidaria llamada “Ateneo del Centenario”, que respondía a Jesús Rodríguez y que en la UBA hacía base en Derecho. Y por el otro, una línea de Económicas que respondía a Enrique “Coti” Nosiglia, fundador de la FM en esa facultad en 1972, y que apoyaba al rector Oscar Shuberoff (Beltrán, 2013).↵
- Simón (1993) muestra que el movimiento estudiantil universitario vivió, hacia finales de los ochentas e inicios de los noventas, una mutación en sus prácticas y concepciones de la política, ganando mayor peso la dimensión electoral y la prestación de servicios al estudiante. Aquí mostramos que esta tendencia, iniciada primero en agrupaciones “independientes” de derecha y luego incorporada por FM, continúa vigente en el radicalismo universitario. ↵
- Esta construcción de una imagen de “estudiante ejemplar”, independientemente de su asidero en la realidad, remite a los orígenes de la militancia franjista de los setenta. En una entrevista reproducida en el libro de Beltrán (2013) sobre la historia de la agrupación, el dirigente de la Junta Coordinadora Nacional Marcelo Strubrin se refiere así a la militancia universitaria radical de los setentas: “Éramos candidatos pero también buenos estudiantes, obteníamos buenas notas, estábamos convencidos de que los mejores cuadros tenían que ser los mejores alumnos. Participábamos de la vida política pero al mismo tiempo teníamos un perfil que nos permitió que la Franja fuera una propuesta racional con una mezcla correcta entre la política y la actividad gremial” (p. 128).↵
- Fabricio hizo la secundaria en el colegio privado Saint-Exupéry de Caballito. Empezó a militar cuando era adolescente en el mismo comité de su padre. Se recibió de abogado en la UBA y militó en la Franja Morada de su facultad. Con compañeros de la Franja abrieron un comité en el barrio de San Cristóbal. Trabaja en un estudio jurídico.↵
- Sector que se referencia en el abogado, ex dirigente de FM y funcionario de la UBA, Carlos Mas Vélez, su hermano Juan Pablo Mas Vélez, y los nietos de Raúl Alfonsín, Juan y Francisco Alfonsín en la Facultad de Derecho. ↵
- Tiene como precedente institucional a la Universidad Católica de Buenos Aires creada por el Episcopado Argentino en 1910 y cerrada en 1922, debido a la falta de reconocimiento estatal de sus títulos. Para una historia de la relación de la Iglesia Católica y el sistema educativo en Argentina puede consultarse Rodríguez (2015a) y Algañaraz (2018). ↵
- Dato proporcionado por QS World University Rankings, consultado por última vez el 16/01/2019 en: https://www.topuniversities.com/universities/pontificia-universidad-catolica-argentina.↵
- Sobre la homogeneidad social y la segregación espacial como criterios de elección de universidades privadas en jóvenes de sectores medio-altos y altos de Buenos Aires, puede leerse a Fuentes (2017). Gessaghi (2015, 2016), por su parte, analiza la conformación de la “clase alta” como categoría social y principio de distinción moral, en su relación con las trayectorias educativas de las “familias tradicionales” argentinas.↵
- Los integrantes de los centros de estudiantes de la UCA que, al mismo tiempo, militan en un partido político suelen encontrarse en la incómoda situación de tener que enmascarar su pertenencia partidaria, al mismo tiempo que intentan articular su participación estudiantil con los intereses del partido y de sus propias carreras militantes. Así, por ejemplo, militantes juveniles del PRO a cargo del centro de estudiantes de Derecho firmaron una declaración de “repudio” ante un artículo de Vommaro y Fidanza (2014) que señalaba que “el PRO maneja desde hace varios años el centro de estudiantes”. En la declaración manifestaron “que esta institución, desde hace años, no responde ni pretende volver a responder a los intereses e ideales del PRO u otro partido político, y que, por el contrario, las recientes gestiones han hecho descomunales esfuerzos para eliminar toda injerencia externa como las que afectaron a esta institución en el pasado”.↵
- Entre ellos, algunos han desarrollado carreras ascendentes en el PRO y ocupaban (en enero de 2019) cargos en la función pública: Francisco Quintana (Diputado del bloque PRO en la Legislatura de la CABA), Alberto Czernikowski (Director de Juventud en la Provincia de Buenos Aires y ex candidato a Intendente de Malvinas Argentinas), Pablo Alaniz (Concejal del PRO en Florencio Varela), Agustín Sánchez Sorondo (Jefe de Gabinete del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible de Buenos Aires), Jesús Acevedo (Secretario de Gestión Institucional de la Nación), José María Grippo (Subsecretario en la Jefatura de Gabinete de la Provincia de Buenos Aires), María Florencia Parietti (Directora General en la Jefatura de Gabinete de la Provincia de Buenos Aires).↵
- Laura se contactó en 2011 con Jóvenes PRO a través del Facebook. Antes, había ingresado a una Dirección del GCBA a través de una amiga de su madre. Pasó por la carrera de Ciencia Política y actualmente estudia Derecho en la UBA, donde también milita y colabora en las campañas de distintas facultades. Antes de entrar a la política participó del grupo de jóvenes de una parroquia. ↵
- Esta idea de usar el nombre “Yo estoy” y valerse de un programa de voluntariado como estrategia proselitista y de reclutamiento en la UBA, surge desde la dirigencia de JPRO, y es adoptada también por la lista presentada en la Facultad de Ciencias Sociales ese mismo año. En Derecho, en cambio, en 2012, la agrupación PRO-Derecho llevaba cuatro años con ese nombre y, si bien utilizó el slogan “Yo Estoy…” y las propuestas vinculadas al programa de voluntariado, siguieron utilizando la denominación partidaria PRO-Derecho.↵
- Luis estudió en una secundaria católica de Villa del Parque, CABA. Empezó estudiar Economía en la UBA y como parte de un programa de pasantías, trabajó un tiempo en el GCBA. Luego de la pasantía se interesó por militar en Jóvenes PRO. En 2012, con otros compañeros de facultad que militaban en el PRO, armaron la agrupación PRO-Económicas. Participó muchos años en una ONG. Actualmente trabaja en una empresa privada.↵
- A partir de 2015, algunas de las agrupaciones cambiaron el nombre a “Cambiemos” o “Juntos”, utilizando los colores y tipografías de las coaliciones nacionales o porteñas del PRO, pero sin la presencia de las agrupaciones de las otras fuerzas políticas (principalmente, del radicalismo), excepto en Arquitectura, donde sí conformaron una alianza.↵









