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Prefacio

Este libro se basa en una tesis doctoral presentada y defendida en 2020 en la Universidad de Buenos Aires.[1] El escenario político que había comenzado a delinearse en Argentina luego de la salida de la crisis de 2001, y que todavía permanecía durante el trabajo de campo y la escritura de aquella tesis, se ha transformado durante los últimos años.

Empecé a interesarme por las militancias juveniles de derecha a comienzos de la década del diez. Las agendas mediática y académica prestaban una atención casi exclusiva a las militancias kirchneristas. Eran los tiempos de “la vuelta de los jóvenes a la política”. La Cámpora había hecho su lanzamiento en el Luna Park y el funeral de Néstor Kirchner, meses después, había desplegado en el espacio público una politización juvenil que terminaba de evidenciar un cambio en la relación de las juventudes con la política, sus dirigentes y organizaciones. Un cambio que despertó la sorpresa de quienes se habían acostumbrado, durante las décadas previas, a la idea de una juventud desvinculada de la política partidaria.

Esta era, sin embargo, otra Argentina. Un país que, luego de la crisis de 2001, había logrado estabilizar su sistema político y recobrado ciertas capacidades estatales y márgenes de legitimidad para la política institucional. En esa Argentina post-2001 había nacido, también, un partido de derecha que, a pocos años de su primera experiencia electoral, se había hecho del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el PRO.

Me interesó, en aquel momento, conocer quiénes eran esos jóvenes que -muy con el zeitgeist y muy contra el zeitgeist– militaban, pero no en el progresismo, el peronismo o la izquierda, sino en un partido fundado años antes por un empresario y dirigente deportivo. No provenían de los ámbitos de sociabilidad y participación en los que nos habíamos acostumbrado a encontrar militantes juveniles, pero allí estaban, poblando en tiempos de campaña las esquinas de la ciudad con sombrillas de colores, repartiendo globos y tocando timbres.

Diez años después, ni las juventudes kirchneristas ni las del PRO parecen vibrar como lo hacían en aquella Argentina. Las primeras sufrieron el impacto desmovilizador de las derrotas de 2015 y 2017, y tras un deslucido gobierno del Frente de Todos, no marcan ya el norte de la relación de las juventudes con la política. La militancia juvenil del PRO, mucho más acotada en número y despliegue territorial, perdió dinamismo durante la gestión gubernamental de 2015-2019 y terminó de enterrar el atractivo que podía tener para algunos jóvenes luego del fracaso de su experiencia en el gobierno nacional y la derrota en las siguientes elecciones presidenciales. La juventud de la Unión Cívica Radical, que había sobrevivido al colapso de su partido luego de 2001 y acompañado, finalmente, el ascenso nacional del PRO desde la alianza de centroderecha Cambiemos, ha quedado nuevamente recluida en los claustros estudiantiles de algunas universidades, luego del naufragio de su sociedad con el macrismo.

Si la militancia de Jóvenes PRO imprimió su estilo a la politización juvenil por derecha diez años atrás, la “juventud libertaria” pareciera marcar hoy la impronta de los involucramientos de derecha (Semán, 2023). Aquella era una generación signada por la crisis de 2001, primero, y por el “conflicto del campo” de 2008, después. Militaban en una sociedad crecientemente movilizada y polarizada, pero también en la que podía constatarse cierto consenso respecto al valor de la acción estatal. Hacían política en un partido de derecha en el marco de la “primavera kirchnerista” (y del “giro a la izquierda” en la región), del auge de las militancias partidarias y de la interpelación política a las juventudes. La política había “vuelto a enamorar”, en gran parte porque se presentaban y disputaban proyectos de sociedad alternativos, capaces de movilizar, prometer y elaborar narrativas convincentes sobre el pasado y el futuro.

Esta nueva generación de jóvenes que se acercó, de modos más o menos orgánicos, a Javier Milei, al libertarianismo y otras variantes de la extrema derecha, en cambio, no vive en aquel país. La Argentina que recibe a estos jóvenes a la vida pública es una marcada por las secuelas de la pandemia y el doble sinsabor de los gobiernos de las dos coaliciones que, durante ocho años, disputaron y detentaron el poder estatal. Es una Argentina sobreendeudada, que ofrece proporcionalmente cada vez más trabajos mal remunerados, precarios o informales, con un Estado en crisis y una sociedad que ha perdido de su horizonte, hace tiempo, la movilidad social ascendente.

Este libro, basado en una tesis doctoral que buscó entender cómo dos partidos políticos muy disímiles pero aliados en una coalición de centroderecha (el PRO y la UCR) lograban reclutar y movilizar militantes juveniles en la Ciudad de Buenos Aires, puede servir para entender algunas dinámicas de politización adversarial que ya estaban entre nosotros, tanto como para contrastar, implícitamente, las formas de involucramiento juvenil (a la derecha del centro) en “aquella” y “esta” Argentina.


  1. Construcción y supervivencia de la militancia partidaria. Las organizaciones juveniles del PRO y la UCR en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tesis de Doctorado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2020.↵


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