Características y modalidades de intervención
Adriana Rofman, Paula Rosa y Agustina Gradin
Introducción
La participación de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en distintos ámbitos de la vida pública constituye un fenómeno de creciente relevancia en la dinámica política y social de la Argentina. El desarrollo de la sociedad civil organizada argentina, una tendencia que acompaña la historia del país, es visible en su intervención en los entramados de respuesta a las necesidades sociales, en su rol protagónico en la emergencia de nuevas agendas, así como en la movilización en torno a demandas bien heterogéneas (De Piero, 2005; Rosa, 2015; Gradin, 2018; Rofman, 2019; Gradin, Rofman y Rosa, 2021; 2025). En este sentido, el desarrollo social, económico, político y urbano de la Argentina se apoya, en buena medida, en el accionar de un universo amplio y variado de espacios de la sociedad civil organizada.
La investigación académica ha acompañado este proceso, desde diferentes abordajes. Las primeras producciones buscaron visibilizar las características particulares de este ámbito, mientras que los estudios posteriores se abocaron principalmente a comprender la emergencia de organizaciones populares de protesta, y, en las primeras décadas de este siglo, alumbraron numerosos análisis de experiencias más particulares. Es decir, habiendo pasado ya más de tres décadas de estudios sobre la sociedad civil organizada, contamos hoy con una profusa literatura sobre su estructura y su accionar, que configura un corpus de conocimiento muy rico, a la vez que fragmentado y poco sistemático.
La relevancia que asume el papel de las organizaciones de la sociedad civil en escenarios complejos como el actual convoca a construir una visión acorde sobre este universo, que recupere la escala de conjunto y el fundamento empírico que orientaba los trabajos de la etapa inicial, a la vez que las miradas más profundas y de espíritu cualitativo que sostenían los estudios posteriores.
Proponemos, así, aportar a una comprensión actualizada de este ámbito, teniendo presente que las acciones colectivas desplegadas en los últimos años se inscriben en un contexto de creciente complejización de la vida social. Una complejidad que no se explica por un factor único, sino que es resultado del avance de una situación de policrisis, donde confluyen problemáticas económicas, sociales, ambientales, culturales y políticas (Svampa, 2025; Jayasuriya, 2023; Tooze, 2022), que operan, además, en escalas global, nacional y local de manera superpuesta. Se trata de una condición estructural donde las múltiples crisis lejos de manifestarse de manera aislada, se articulan entre sí, potenciando recíprocamente sus efectos y produciendo un impacto agregado superior a la suma de sus manifestaciones individuales. Las múltiples crisis que se entrelazan en problemas puntuales dan cuenta de la complejidad de los problemas públicos actuales, a la vez que evidencian la diversidad de saberes y de experiencias que ponen en juego los actores de la sociedad civil para hacer frente a sus efectos. Un emergente clave de esta dinámica de policrisis fue la pandemia de Covid-19, puesto que involucró un complejo de fenómenos críticos de diverso orden y escala, y generó una respuesta movilizada y activa de la sociedad civil organizada, entre otros actores sociales y políticos. En este sentido, centrar el análisis en la acción del universo asociativo frente a la pandemia constituye un enfoque particularmente productivo para comprender sus características y modalidades de intervención.
Por lo tanto, en este capítulo nos proponemos construir una caracterización actualizada y a escala acerca del accionar de la sociedad civil organizada durante la crisis pandémica. Para ello, tomamos como fuente de datos los resultados del proyecto “Territorios en Acción” impulsado por FLACSO-Argentina, la UNGS y el CEUR-CONICET, durante los años 2020 y 2021. Esta iniciativa lleva adelante un mapeo colaborativo y registro de organizaciones de la sociedad civil argentinas, que constituye una de las bases de datos más completas, y detalladas sobre el tema en nuestro país[1]. Si bien el proceso de registro de organizaciones se ha extendido en el tiempo, y acumula en la actualidad más de 9000 registros, para este artículo nos enfocaremos en los casos relevados durante los dos años de la pandemia.
Nos interesa ahondar en ¿cuáles serían las características de este espacio, y cuáles sus modos de intervención en la vida social y la construcción de lo público, en el contexto de policrisis? Los interrogantes que guían este capítulo se inscriben en estos dos aspectos centrales: partiendo de una caracterización más estructural del universo organizacional durante la pandemia, interesa luego comprender la arquitectura de modalidades de intervención que se despliegan, especialmente en momentos de crisis.
Así, el primer apartado construye una lectura sintética de la producción académica argentina sobre el tema durante las últimas décadas, a fin de valorar los aportes y los pendientes de cada etapa. En el segundo apartado, exponemos las orientaciones teóricas y metodológicas que sostienen el análisis que se presenta a continuación. Dicho análisis, en el tercer apartado, presenta una caracterización institucional actualizada del universo de OSC argentinas, para luego profundizar sobre sus modalidades de intervención, en base a la fuente de datos mencionada. Como reflexiones finales, proponemos un diálogo entre los abordajes previos y los resultados presentados en el artículo, como aporte a la construcción de una comprensión integral del universo de la sociedad civil organizada argentina de nuestros días.
Aportes y debates sobre la sociedad civil organizada en Argentina
El interés por las organizaciones de la sociedad civil en Argentina surgió en la década de 1990, influido por los estudios desarrollados en Estados Unidos por Salamon y Anheier (1996). Estos autores definieron el campo desde una perspectiva institucional, considerando a las OSC como parte del tercer sector, es decir, organizaciones que no pertenecen ni al Estado ni al ámbito económico. Esta conceptualización contribuyó a la difusión de términos como “organizaciones no gubernamentales” u “organizaciones sin fines de lucro” para designar estos espacios asociativos. En línea con esta visión, los estudios argentinos adoptaron los criterios propuestos por estos investigadores estadounidenses, con el objetivo principal de dimensionar la relevancia, magnitud y heterogeneidad del universo asociativo de la sociedad civil.
La emergencia de esta agenda de investigación estuvo íntimamente ligada al proceso de reconfiguración del Estado durante el neoliberalismo de los años noventa. La retirada del Estado de su rol tradicional como garante de derechos sociales generó una vacancia institucional que fue ocupada, en parte, por actores del tercer sector. Esta transferencia funcional no fue neutra: implicó una redefinición del rol de las OSC, que pasaron a ser vistas como “instrumentos” eficaces para la implementación de políticas socio asistenciales, desdibujando muchas veces su potencial de acción crítica o transformadora.
En este contexto, gran parte de las publicaciones de la época priorizaron enfoques empiristas y métodos descriptivos que permitieran clasificar y medir el universo de las OSC argentinas. El esfuerzo analítico se orientó a la elaboración de panoramas descriptivos y a la construcción de tipologías que permitieran ordenar esta pluralidad de experiencias dentro de marcos comprensibles (Thompson, 1995; PNUD/BID/GADIS, 2004; Filmus, Arroyo y Estébanez, 1997; Campetella, González Bombal y Roitter, 2000; CENOC, 2007).
Estas investigaciones coincidían en su definición del universo: espacios asociativos voluntarios, sin fines de lucro, autónomos, orientados al bien común, y situados fuera de los ámbitos estatal, político y de mercado. También compartían que se trataba de un campo amplio y heterogéneo, lo que llevaba a elaborar clasificaciones y tipologías. Filmus, Arroyo y Estébanez (1997) propusieron una clasificación basada en el modo de intervención y la relación con la comunidad: asistencia directa, apoyo a otras organizaciones o producción de estudios. Por su parte, Campetella, González Bombal y Roitter (2000) utilizaron criterios institucionales y normativos para su clasificación, diferenciando a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) del resto de las asociaciones sin fines de lucro, y destacando dos grandes tipos de acciones, las centradas en la promoción del desarrollo social que brindan bienes y servicios, generalmente articuladas con el Estado, y aquellas centradas en la promoción y defensa de derechos, con autonomía. Otro abordaje, el de PNUD/BID GADIS (2004), puso el foco en la dimensión organizacional, cruzando dos ejes: la relación entre miembros y destinatarios (ayuda mutua o filantrópica) y, dentro de cada lógica, diferentes segmentos según población objetivo o tipo de actividades. Más adelante, el CENOC (2007) -organismo nacional a cargo del tema- elaboró una propuesta de clasificación que tomó como referencia una base de datos amplia proveniente de sus propios registros. Ello le permitió diseñar una clasificación más rica, que incorporó múltiples criterios de análisis: un plano más descriptivo que consideró la integración organizacional, niveles de institucionalización, filiación y alcance territorial; y otro más teórico, que clasificó las organizaciones según la orientación de su trabajo: promoción humana, promoción social, promoción del desarrollo y promoción de derechos.
El abordaje que propusieron estos estudios expresó apropiadamente el momento histórico en que tenía lugar esta reflexión, una etapa inicial en el desarrollo del tema, cuando el principal objetivo apuntaba a visibilizar la relevancia de la sociedad civil organizada en nuestro país, y caracterizar la heterogeneidad interna. Por ello, la preocupación por construir marcos clasificatorios e instrumentos de medición apropiados llevaba a poner el foco en la organización individual como unidad de análisis, y a considerar al universo de OSC como una sumatoria de unidades heterogéneas, lo que desdibuja la importancia de la dimensión relacional de la sociedad civil, las articulaciones interorganizacionales. Además, el punto de partida conceptual, que definía a este mundo como un tercer sector, independiente de los ámbitos estatal y económico, lo que también opacaba las interrelaciones de los espacios asociativos en redes más diversas y de mayor cobertura, donde las OSC compartían acciones con actores políticos y económicos. Así, estas aproximaciones perdían de vista un aspecto central de la sociedad civil organizada: su carácter de entramado en red y su papel en la vida económica y política. A pesar de estas limitaciones, propias de la etapa fundacional de estudios sobre este tema, estas producciones constituyeron el único esfuerzo de comprensión y producción de conocimiento a escala, del universo de la sociedad civil organizada argentina. Las aportaciones posteriores sobre el accionar de la sociedad civil se inclinaron hacia el otro extremo del péndulo, tanto en términos teóricos como metodológicos.
En la etapa siguiente, en la primera década del siglo, el análisis sobre este tema se vio fuertemente influido por las movilizaciones sociales que rodearon a la crisis del 2001, y la emergencia de nuevos sujetos sociales y políticos: actores de base popular que combinaron demandas socioeconómicas con repertorios de acción colectiva propios de los movimientos sociales contrahegemónicos. Así, en esos años se publicaron numerosos trabajos que tuvieron por objeto a estos novedosos emergentes de la sociedad civil organizada, y compartieron un fuerte compromiso ideológico con la potencialidad transformadora de estas organizaciones sociales. Esta corriente puso el foco en un segmento particular del universo asociativo: las organizaciones contestatarias surgidas en el marco de esa movilización, mayormente de base popular, actores no tradicionales en la historia de la sociedad civil argentina. A la vez, la perspectiva enlaza con una orientación teórica previa –más presente en el resto de América Latina– que abordaba a la sociedad civil en clave de movimientos sociales, destacando así su carácter democratizante, por la ampliación de la dinámica participativa y la incorporación de nuevos actores y mecanismos en los sistemas democráticos representativos. La mayoría de estas producciones adoptaron un abordaje cualitativo e interpretativista, aplicado preferentemente a estudios de caso acotados, con el propósito de dar cuenta de la emergencia de nuevas formas de participación e identidad política. Así, se dejó de lado el enfoque más descriptivo propio de la época anterior y la pretensión de elaborar caracterizaciones o clasificaciones extensibles al conjunto del campo.
El tercer momento en el estudio de la sociedad civil argentina, se alejó de esta posición para recuperar una perspectiva de análisis que le permita comprender la expansión de este ámbito. En efecto, una vez superados los momentos más agudos de la crisis, la participación social se ha diversificado, dando lugar al surgimiento de actores de la sociedad civil con agendas más heterogéneas. Así, en las últimas décadas la vida pública argentina ha visto aparecer y consolidarse nuevos campos de acción de la sociedad civil organizada: el movimiento feminista, las iniciativas de economía social y solidaria, la producción cultural y comunicacional de base asociativa, el movimiento ambientalista, la producción social del hábitat, entre muchos otros sectores de participación social. La reacción de la investigación académica ante la multiplicación de experiencias consistió en una profusa literatura, que se interesó por estudiar el papel que juegan los espacios asociativos en el desarrollo de estas agendas y en los procesos de intervención pública al respecto. En este sentido, se propusieron un abordaje teórico metodológico que buscó abarcar fenómenos de cierta escala, lo que llevó a tomar en consideración conjuntos o redes de OSC y a analizar procesos con mayor diversidad de actores, a diferencia del enfoque cualitativo de los trabajos anteriores. Se trató, en su mayoría, de estudios que abordaron esta cuestión a partir del interés por dar cuenta de los procesos de desarrollo y articulación de actores en los sectores específicos de intervención social que encarnaban esas agendas. En este sentido, se ha generado un abanico de líneas de investigación sectoriales, que no necesariamente dialogan entre sí. El accionar de las organizaciones de la sociedad civil se volvió relevante en el marco de cada campo en particular, y, en consecuencia, los estudios reprodujeron una comprensión fragmentada sobre el ámbito, que se alejó aún más de una caracterización a escala del conjunto del universo, al que hacíamos referencia previamente. Al mismo tiempo, esta última corriente contribuyó a sacar a la luz una dimensión poco estudiada hasta ese momento: el sentido público –y no solo político– del accionar de las organizaciones. Estos estudios incorporaron la dimensión relacional como un aspecto central de la investigación, y de esa manera el análisis se enriqueció en relación a las etapas previas: supera la visión compartimentada, puntual, de los estudios fundacionales, así como el estudio en profundidad de casos únicos, propio de las investigaciones sobre movimientos sociales. Esta producción contemporánea refleja bien el carácter público de la sociedad civil organizada: hace visible su vinculación con las políticas públicas, destaca su papel en la reproducción social, identifica sus impactos de incidencia en la agenda, etc.
En síntesis, la investigación social ha venido dando cuenta de las transformaciones ocurridas en la sociedad civil organizada desde las últimas décadas del siglo pasado. Sintéticamente, esta reflexión ha recorrido tres etapas: momento fundacional, orientado a dar visibilidad al mundo de las OSC, dar cuenta de su magnitud y ofrecer claves de ordenamiento del campo. Predominio de los abordajes descriptivos y a escala del universo; foco en los movimientos sociales de base popular, interesado en comprender en profundidad a estas nuevas organizaciones, con abordaje cualitativo y predominio de estudios de caso; y, interés en las OSC como parte del entramado de agendas público-sociales, que jerarquiza la dimensión relacional de las OSC –entre sí y con el ámbito estatal–, a la vez que pierden centralidad como objeto de estudio. De esta manera, cabría resumir que la preocupación por construir una comprensión abarcativa del fenómeno comenzó a declinar con el inicio de este siglo, a la par que ganaron relevancia estudios más profundos, enfocados en experiencias particulares, o abordajes sectoriales que encuadran el accionar de la sociedad civil en agendas específicas.
Como resultado de esta trayectoria contamos hoy con un cuerpo importante de conocimiento sobre las características, prácticas, acciones y articulaciones de la sociedad civil argentina en las últimas dos décadas. Sin embargo, no se ha recuperado la aspiración inicial de visibilizar y caracterizar el universo a escala de su realidad actual. En este marco, es el propósito de este artículo reubicar a la sociedad civil organizada como un objeto de análisis, retomando la visión de los estudios fundacionales acerca de la importancia de visibilizar sus rasgos comunes y comprender su accionar, e identificar regularidades basadas en evidencia empírica. A la vez, interesa sostener la riqueza de las perspectivas de análisis que aportaron los estudios posteriores, tanto en relación con sus dinámicas y sentidos internos como sus articulaciones en red. Proponemos entonces, recuperar estos propósitos y enfoques previos, aprovechando sus contribuciones para elaborar una caracterización abarcativa y densa del universo de las OSC argentinas recientes.
Lineamientos teórico-metodológicos
Abordar el desafío de construir una caracterización actualizada del universo de la sociedad civil organizada requiere contar con una definición de la misma en tanto objeto de análisis. Como se evidencia en la reseña de la trayectoria investigativa en este campo, los diferentes abordajes se apoyaban en conceptualizaciones y recortes empíricos propios de cada enfoque, sin llegar a confluir en una noción unívoca y consensuada. En tal sentido, esta contribución comienza por formular una definición del campo de la sociedad civil organizada, teórica y operacional, que enlace con los aportes y debates previos, a la vez que permita comprender la riqueza y diversidad del mundo asociativo argentino en la actualidad.
Proponemos, así, considerar a la sociedad civil como uno de los espacios que constituyen lo público, es decir, la organización de la sociedad en su conjunto. Entendemos al universo societal como el resultado del entrecruzamiento de lógicas distintas: la del ámbito de los derechos y obligaciones que sostienen el Estado; la dinámica competitiva de la acumulación económica que conforma el mercado; y la que guía el ámbito de acción sobre lo común: las relaciones, dinámicas, y recursos que encarnan la intervención de la sociedad sobre sí misma, la sociedad civil. Tres lógicas que se apoyan en instancias institucionales diferenciadas, pero que se entrecruzan en los fenómenos sociales reales, generalmente híbridos. Por lo tanto, no se trata de esferas aisladas, sino de ámbitos de acción diferentes, a la vez que relacionados entre sí.
Mirada desde nuestra perspectiva, la sociedad civil consiste en un universo de manifestaciones sociales diversas, que pueden corporizarse en formas organizativas y acciones colectivas de diferentes tipos, en demandas articuladas, en formas de comunicación establecidas; es decir, en un conjunto de expresiones organizadas, que vehiculizan necesidades y problemas del ámbito privado hacia el espacio público. En este sentido, cabría pensarla como un espacio de mediación entre los intereses privados y la agenda pública, que se apoya institucionalmente en organizaciones y otras formas de intervención pública, basadas en los principios de la autogestión y la colaboración no lucrativa. Así, consideramos a la sociedad civil organizada como un espacio de participación y asociación voluntaria, basada en vínculos libres y no obligatorios -que se distinguen de los principios de autoridad, derechos y obligaciones que organizan las relaciones de ciudadanía estatal-; y que se movilizan por objetivos de carácter público o colectivo y generan valor social, a diferencia de la dinámica de acumulación y la competencia económica del mercado.
Esta conceptualización permite albergar variadas formas de participación: desde la histórica opinión pública, hoy reconfigurada en redes sociales, las movilizaciones en espacios públicos, hasta formas más estables de asociación, como las organizaciones de la sociedad civil. Este es el universo que nos interesa en este artículo, teniendo claro que son expresiones o cristalizaciones -relativamente estables, pero muy dinámicas- de un movimiento más amplio. En consecuencia, las organizaciones de la sociedad civil constituyen espacios asociativos relativamente permanentes y/o institucionalizados, que conforman un entramado heterogéneo y plural, conformado por una multiplicidad de grupos o movimientos diversos y autónomos, regidos por una lógica diferente a las acciones estatales y del mercado (De Piero, 2005).
Para construir una caracterización reciente y a escala acerca del accionar de la sociedad civil organizada durante la crisis pandémica analizamos la información del relevamiento llevado adelante por la iniciativa “Territorios en Acción”. Los datos sobre las OSC fueron generados a partir de las respuestas a un cuestionario en línea, impulsado y difundido por la propia iniciativa, completado de manera autoadministrada y voluntaria por organizaciones de la sociedad civil de todo el país[2]. Los resultados del relevamiento se presentan en una base de datos y en su representación cartográfica mediante un mapa interactivo, que se encuentra alojado en la Plataforma abierta de datos espaciales de Argentina POBLACIONES (CONICET/ODSA). En ambos casos, el registro de los datos es acumulativo, es decir, que los mismos se van agregando a la base de datos y al mapa en la medida que éstos se producen y se registran. Los datos analizados en este capítulo fueron recolectados entre mayo del 2020 (inicios de la pandemia Covid-19) hasta finales del 2021, llegando a constituirse en un total de 1451 organizaciones analizadas.
Particularmente, la caracterización de las organizaciones mapeadas se realizó a partir de la variable “campo de acción” recuperando lo señalado por las mismas como su principal acción desarrollada, en base a categorías cerradas. Incorporamos también para la caracterización de las OSC, otras variables relevantes en el cuestionario, todas con categorías de respuesta predefinidas, como son: 1) el alcance territorial; 2) el alcance de las personas destinatarias; 3) la participación en redes de la OSC; 4) tipo de relación con el Estado, y 5) tipo de vinculación con el Estado según nivel jurisdiccional.
Sumado a lo anterior, realizamos el análisis de preguntas abiertas del cuestionario en las cuales se les solicitaba a las OSC que detallen las actividades que realizaban en dos planos: “actividad principal” -mencionada en primer lugar-, y “actividad secundaria” –la que señalaban a continuación–. A partir del análisis de estas respuestas construimos la variable “modalidades de intervención” que está conformada por nueve categorías cerradas, denominadas como “grupos de actividades”. Esta variable nos permitió identificar regularidades en las acciones concretas llevadas adelante de manera cotidiana y también permitió la identificación de agendas temáticas abordadas por estas organizaciones logrando un análisis situado, pormenorizado y cercano con las tareas habituales desarrolladas por las OSC en el periodo de pandemia.
Caracterización actual de la sociedad civil organizada
Un primer acercamiento a la caracterización de la sociedad civil organizada argentina en el contexto de la pandemia de Covid-19, como expresión aguda de la situación de policrisis, conduce a delinear una configuración estructural que seguramente precede a esa emergencia.
En este sentido, la información relevada sobre la conformación y acción colectiva de las organizaciones de la sociedad civil de nuestro país durante los años de la pandemia permiten establecer algunos rasgos generales sobre la configuración de este campo. Si bien los datos fueron relevados en el contexto particular de la pandemia, los aspectos analizados en este punto aluden a rasgos institucionales ya establecidos, que se fueron configurando a lo largo de las últimas décadas, y que probablemente se han sostenido luego de la pandemia.
En primer lugar, se trata de un universo heterogéneo en lo relativo a la estructura institucional de los núcleos que lo conforman. Si bien la forma jurídica predominante es la de asociación civil o fundación, conviven con un espacio importante de organizaciones que no se encuadran dentro de los parámetros legales institucionales de nuestro país, pero que tienen una fuerte presencia en los territorios. Esto da cuenta de la proliferación de acciones colectivas organizadas a partir de problemas o demandas propias de cada realidad, que no llegan a formalizarse legalmente. Este fenómeno se advierte particularmente en barrios populares, donde aparecen asociaciones de base y organizaciones pequeñas no consolidadas como comedores, merenderos, ollas populares, centros comunitarios, entre otros.
Esta diversidad de formatos está acompañada por un espectro también muy diverso de campos de acción. El accionar de las organizaciones de la sociedad civil abarcan un abanico bien amplio de problemáticas y campos de intervención, donde la asistencia social es sin duda predominante, pero contiene también otras temáticas fuertemente instaladas en la agenda de las organizaciones como la educación y formación, la niñez y la juventud, el trabajo y producción/economía social, entre otras.
Como se puede ver en la Tabla N° 1, el rango de problemáticas que constituyen los ámbitos de intervención de las organizaciones da cuenta de la complejización de la cuestión social y la importancia que han asumido agendas más recientes. En este sentido, resulta evidente que la tarea asistencial constituye un papel significativo, pero en absoluto único para el mundo asociativo, dando cuenta así la diversificación de su campo de acción.
Tabla N° 1. Campo de Acción de las OSC
| Campo de acción de las OSC | Casos | % |
| Asistencia social | 327 | 22,54 |
| Educación y formación | 242 | 16,68 |
| Niñez y juventud | 178 | 12,27 |
| Trabajo y producción / economía social | 162 | 11,16 |
| Derechos | 126 | 8,68 |
| Cultura y comunicación | 64 | 4,41 |
| Género y diversidad sexual | 58 | 4,0 |
| Salud | 50 | 3,45 |
| Medio ambiente, hábitat y vivienda | 33 | 2,27 |
| Adultos mayores | 25 | 1,72 |
| Discapacidad | 18 | 1,24 |
| Deportes | 11 | 0,76 |
| Otros | 157 | 10,82 |
Fuente: Elaboración propia
En segundo lugar, un rasgo destacado de este universo organizacional es su estrecho vínculo con el contexto territorial que da origen a la asociación. Como se puede ver en la Tabla Nº 2, la gran mayoría de las organizaciones relevadas opera a escala local, es decir, barrial o municipal. Este dato pone en evidencia que la proximidad espacial, las relaciones de vecindad, constituyen un basamento de importancia para la constitución de las organizaciones, así como para la definición de su área de intervención.
Tabla N° 2. Alcance territorial de las OSC
| Alcance territorial de las OSC | Casos | % |
| Barrial | 508 | 35,01 |
| Municipal (o Departamento) | 363 | 25,02 |
| Provincial | 169 | 11,65 |
| Nacional | 169 | 11,65 |
| Internacional | 22 | 1,52 |
| Otro | 54 | 3,72 |
| NS_NC | 4 | 0,28 |
| S/D | 162 | 11,16 |
Fuente: Elaboración propia
En una línea semejante, la mayoría de las OSC relevadas dan cuenta de una cobertura poblacional relativamente pequeña, ya que más de la mitad de los casos trabajaba para un universo menor a las 500 personas, y un cuarto de la muestra, para menos de 100, como se puede ver en la Tabla Nº 3.
Tabla Nº 3. Cobertura poblacional de las OSC
| Cobertura poblacional de las OSC | Casos | % |
| Entre 101 y 500 personas | 469 | 32,32 |
| Entre 51 y 100 personas | 288 | 19,85 |
| Más de 2000 personas | 175 | 12,06 |
| Entre 501 y 1000 personas | 152 | 10,48 |
| Menos de 50 personas | 91 | 6,27 |
| Entre 1001 y 2000 personas | 64 | 4,41 |
| No lo sé | 50 | 3,45 |
| S/D | 162 | 11,16 |
Fuente: Elaboración propia
Como se evidencia en la Tabla N° 4, el alcance territorial del accionar de las organizaciones está fuertemente relacionado con la magnitud de su cobertura poblacional. La mayoría de los casos registrados son organizaciones de base local, que operan a escala del municipio o del barrio, y que involucran a menos de 500 personas en sus actividades.
Tabla Nº 4. Distribución de OSC según Cobertura Poblacional y Alcance Territorial (en %)
| Cobertura poblacional | Alcance territorial | Más de 2000 | 1001- 2000 | 501- 1000 | 101-500 | 51-100 | Menos de 50 |
| Internacional | 6,7 | 0,0 | 0,7 | 0,9 | 0,7 | 0,0 |
| Nacional | 48,0 | 20,6 | 12,5 | 4,3 | 4,8 | 4,5 |
| Provincial | 16,0 | 12,7 | 19,0 | 12,1 | 9,5 | 12,4 |
| Municipal (o Departamento) | 16,0 | 44,45 | 40,2 | 30,0 | 25,7 | 20,3 |
| Barrial | 6,6 | 12,7 | 24,0 | 50,0 | 56,7 | 58,5 |
| Otros | 6,7 | 9,5 | 3,6 | 2,7 | 2,6 | 4,5 |
| Total | 100 | 100 | 100 | 100 | 100 | 100 |
Fuente: Elaboración propia
De este modo, podría afirmarse que la inscripción territorial de las organizaciones de la sociedad civil constituye una pauta clave de su configuración actual. La territorialización del mundo asociativo probablemente se comprende en el marco del proceso de estructuración crecientemente territorializada de las políticas sociales.
En tercer lugar, otra característica relevante de este mundo organizacional es la envergadura que asume la articulación entre organizaciones y con otras instituciones sociales, como organismos públicos. En el universo relevado, el 58% de las organizaciones participaba en alguna red interorganizacional, y muchas de las cuales integraban varias instancias de articulación. Resulta llamativo que no se registren diferencias sustanciales en la participación en redes según el campo de acción, lo que indica que se trata de una modalidad muy difundida en todos los sectores.
Además, se trata de una trama muy variada internamente, puesto que los 845 casos que conforman ese 58% mencionan más de 600 redes diferentes, que se agrupan en función del ámbito de actuación -como el trabajo con la niñez, la alimentación o las bibliotecas, entre las más mencionadas-, mientras que otras se estructuran en base territorial, como redes barriales, por ejemplo.
El entramado organizacional, además, abarca también relaciones muy extendidas con instituciones estatales. Casi el 40% de las organizaciones manifiesta sostener algún tipo de vínculo con el Estado, un porcentaje que muestra la densidad de las tramas público-sociales en estos ámbitos. Esta vinculación, como se advierte en la Tabla Nº 5, puede asumir diferentes sentidos, y los datos muestran que, en primer lugar, muchas organizaciones transitan más de un tipo de vinculación, y, en segundo lugar, que predominan las relaciones de tipo económico y las experiencias de articulación multiactoral. Como se ve, el sector que más frecuentemente recibe apoyo económico es el de las organizaciones dedicadas a la asistencia social y a la niñez y juventudes.
Tabla Nº 5. Tipo de relación con el Estado de las OSC
| Tipo de relación con el Estado | Casos | % |
| Apoyo económico | 361 | 63,11 |
| Articulación | 337 | 58,92 |
| Capacitación | 264 | 46,15 |
| Total | 572 | 100,0 |
Fuente: Elaboración propia
Por otro lado, la interacción con el Estado involucra a gobiernos de todos los niveles. Un 58% de los casos se vincula con los gobiernos municipales, el 55% con los provinciales y el 46% con el Estado nacional. Estas cifras dan cuenta de una amplia trama de relaciones entre organizaciones y organismos gubernamentales, con predominio del nivel local, reforzando, así, la pauta de territorialización de la acción de las organizaciones.
Así, los datos disponibles sobre las articulaciones de las organizaciones ponen de manifiesto que el panorama de la sociedad civil organizada se presenta como un entramado complejo, un tejido de acciones entrelazadas entre las mismas asociaciones y con los organismos gubernamentales, antes que una sumatoria de iniciativas puntuales.
En síntesis, cabría caracterizar a la sociedad civil organizada en Argentina en la actualidad en base a tres rasgos principales. En primer lugar, se destaca la diversidad del campo asociativo, entendida como la multiplicación de organizaciones de diferente tipo, con formatos institucionales variables y también la ampliación y creciente heterogeneidad de los campos de acción y agendas en los cuales intervienen. En segundo lugar, cabe señalar la inscripción territorial de las organizaciones, el fuerte anclaje de las entidades con su territorio más cercano y mayormente circunscripta a entornos acotados. Y, por último, se advierte que este universo está fuertemente articulado en entramados público-sociales, que incluye también a organismos estatales de diferentes campos y niveles de gobierno, en instancias de articulación también diversas. Estas tres características, diversidad, inscripción territorial y entramado público-social, marcan las pautas básicas de una configuración institucional y organizacional particular, que identifican al universo asociativo argentino en los últimos años.
Modalidades de intervención: una arquitectura híbrida
Esta primera caracterización sobre los rasgos institucionales del universo asociativo constituye la base para indagar sobre sus modalidades de intervención. Esto es, analizar qué hacen las OSC y cómo lo hacen. Las regularidades en las formas de trabajo e intervención social de las organizaciones pueden contribuir a caracterizar mejor la dinámica de la sociedad civil organizada.
Poner la mirada en las “modalidades de intervención”, es decir, en las acciones concretas y específicas sobre las problemáticas que interpelan a las organizaciones, supone analizar un fenómeno más dinámico que la estructura institucional caracterizada previamente. En este sentido, hemos focalizado en las respuestas a los desafíos propios de contextos de policrisis, de inestabilidades y carencias intensas, persistentes y múltiples, como los generados por la pandemia. Si bien resulta difícil afirmar que las incertidumbres de la crisis pandémica se hayan resuelto en esos años, más aún en referencia a la realidad argentina, el recorte temporal del COVID-19 constituye un momento particularmente agudo de policrisis, y en ese sentido, un buen analizador de las intervenciones sociales.
En particular, se identificaron los siguientes grupos de actividades:
1 | Entrega de alimentos y bienes de primera necesidad | Provisión de bolsones, viandas, ropa, medicamentos, etc.; y ollas populares, merenderos y/o cocinas comunitarias |
2 | Talleres y capacitaciones | Apoyo escolar, charlas temáticas, capacitación en oficios, tareas de recreación e impulsan talleres para la prevención en diferentes problemáticas (consumo, abuso sexual, violencia de género, diversas enfermedades, entre otras) |
3 | Espacios de encuentro | Actividades de socialización, acompañamiento y contención emocional |
4 | Acompañamiento en el acceso a derechos | Asesoramiento, gestión y acompañamiento en trámites para acceso a derechos y problemas legales, campañas sociales para la visibilización de ciertas temáticas, promoción de la participación ciudadana |
5 | Eventos culturales y deportivos | Actividades deportivas, artísticas, organización de festivales y/o gestión de centros culturales |
6 | Acompañamiento religioso | Eventos religiosos, la predicación del evangelio y/o el apoyo espiritual de los participantes |
7 | Desarrollo de emprendimientos | Actividades de economía social/popular, cooperativas de trabajo, organización de ferias, huertas comunitarias |
8 | Mejoramiento y construcción de viviendas y hábitat | Mejora comunitaria de barrios, espacios públicos y verdes, cooperativas vivienda |
9 | Acceso a información, literatura y otros contenidos | Préstamos de libros, acceso a contenidos digitales, búsqueda de información |
Los resultados, que se presentan a continuación en la Tabla Nº 6, indican que la tarea de entrega de alimentos y otros elementos básicos constituía la actividad más frecuente, una consecuencia esperable de la brusca reducción de los ingresos monetarios generados por el confinamiento. Sin embargo, la crítica demanda de recursos de sobrevivencia cotidiana no implicó anular otro tipo de acciones, también necesarias en ese contexto, como las actividades orientadas a asegurar el acceso a derechos o los talleres y capacitaciones, servicios que cobraban especial significación en la situación de aislamiento. Además, los datos muestran que otras actividades, menos urgentes, también continuaron vigentes en esas condiciones. Esta distribución pone en evidencia que las demandas de la sociedad y la intervención de la OSC, aún en momentos de crisis agudas, no se reduce a la asistencia material, sino que las tramas organizativas cumplen un rol importante en el acceso a otro tipo de prestaciones e instancias de formación y socialización, particularmente en el contexto de encierro de esos meses.
Tabla Nº 6. Actividad Principal de las OSC
| Actividad principal | % |
| Entrega de alimentos y bienes | 37,3 |
| Acceso a derechos | 20,08 |
| Talleres y capacitaciones | 18,36 |
| Eventos culturales y deportivos | 7,04 |
| Desarrollo de emprendimientos | 6,76 |
| Acceso a información | 5,04 |
| Espacios de encuentro | 3,24 |
| Vivienda y hábitat | 1,43 |
| Acompañamiento religioso | 0,76 |
| Total | 100,0 |
Fuente: Elaboración propia
Por un lado, cuando se profundiza en las modalidades de intervención que desplegaron las organizaciones, en relación con el campo de acción en el que se inscribieron, se evidencia un panorama bien diversificado. Los datos que se presentan en la tabla N° 7 muestran que la mayoría de las organizaciones cubre un espectro extenso de actividades, poniendo en acto modalidades de intervención que van más allá del recorte que cabría esperar para cada campo de acción.
Tabla Nº 7. Distribución de Actividad Principal según Campo de Acción de las OSC
| Tipo de actividades | Campo de acción | Entrega de alimentos y bienes | Talleres y capacitaciones | Espacio de encuentro | Acceso a derechos | Eventos culturales y deportivos | Acompañamiento Religioso | Desarrollo de Emprendimientos | Vivienda y Hábitat | Acceso a la información | Total |
| Asistencia Social | 76,15 | 9,23 | 2,31 | 4,62 | 1,92 | 1,54 | 4,23 | 0,0 | 0,0 | 1,0 |
| Derechos | 44,33 | 10,31 | 1,03 | 42,27 | 0,0 | 0,0 | 1,03 | 1,03 | 0,0 | 1,0 |
| Niñez y Juventud | 42,5 | 29,17 | 2,5 | 20,0 | 5,0 | 0,0 | 0,83 | 0,0 | 0,0 | 1,0 |
| Trabajo y Economía Social | 25,64 | 13,68 | 0,0 | 18,8 | 0,0 | 40,17 | 1,71 | 0,0 | 0,0 | 1,0 |
| Cultura y Comunicación | 15,91 | 9,0 | 2,27 | 6,82 | 63,64 | 0,0 | 2,27 | 0,0 | 0,0 | 1,0 |
| Género y Diversidad | 10,0 | 22,0 | 10,0 | 56,0 | 0,0 | 0,0 | 2,0 | 0,0 | 0,0 | 1,0 |
| Educación y Formación | 5,39 | 38,92 | 1,8 | 13,77 | 5,9 | 0,0 | 2,4 | 0,0 | 31,74 | 1,0 |
| Salud | 3,13 | 12,5 | 6,25 | 78,13 | 0,0 | 0,0 | 0,0 | 0,0 | 0,0 | 1,0 |
| Total (%) | 37,17 | 18,80 | 3,06 | 19,75 | 6,65 | 0,42 | 7,18 | 1,37 | 5,60 | 1,0 |
Fuente: Elaboración propia
En esta línea, estos resultados muestran que la primacía de la tarea de asistencia alimentaria y de productos de primera necesidad se verifica en organizaciones de muy distintos campos. No solo los casos que se ubican en el sector asistencial concentran sus esfuerzos en esa tarea, sino que también asociaciones dedicadas a la defensa de derechos y enfocadas en la niñez y juventud y en los adultos mayores, habían priorizado esta función en los años de la pandemia, lo que habla del peso de esta problemática. Más allá de esto, resulta también destacable la importancia que le asignan las organizaciones de género y las de salud a las actividades ligadas a facilitar el acceso a los derechos; así como la relevancia que asumen los espacios de encuentro para las organizaciones dedicadas a la ancianidad.
Por otro lado, las modalidades de intervención implementadas por las organizaciones no se reducen a un solo tipo de actividad, al que se menciona como principal en el relevamiento, sino que la mayoría de los casos indagados dieron cuenta de la realización en simultáneo, de varias actividades diferentes, que, a los fines de este análisis, hemos categorizado como secundarias. La tabla siguiente relaciona la actividad informada en primer lugar con la mencionada como secundaria, lo que permite construir agrupamientos de actividades que sirven de base para identificar algunas regularidades.
Tabla Nº 8. Actividad Secundaria según Actividad Principal de las OSC (en porcentaje)
| Actividad secundaria | ||||||||||
| Actividad principal | Entrega de alimentos y bienes | Talleres y capacitaciones | Espacio de encuentro | Acceso a derechos | Eventos culturales y deportivos | Acompañamiento Religioso | Desarrollo de Emprendimientos | Vivienda y Hábitat | Acceso a la información | Total |
| Entrega de alimentos y bienes | 0.0 | 23.62 | 5.26 | 4.96 | 3.5 | 0.29 | 3.5 | 1.17 | 0.29 | 42.57 |
| Talleres y Capacitaciones | 11.08 | 0.0 | 1.75 | 5.54 | 2.92 | 0.0 | 1.46 | 0.0 | 0.0 | 22.74 |
| Acceso a derechos | 1.17 | 7.58 | 0.29 | 0.0 | 0.29 | 0.0 | 0.58 | 0.0 | 0.0 | 9.91 |
| Acceso a la información | 0.58 | 6.12 | 0.0 | 0.58 | 2.33 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 9.62 |
| Eventos culturales y deportivos | 1.46 | 3.79 | 0.0 | 0.87 | 0.0 | 0.0 | 0.58 | 0.0 | 0.29 | 7.0 |
| Desarrollo de Emprendimientos | 0.87 | 1.75 | 0.0 | 0.87 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 3.5 |
| Espacio de encuentros | 0.87 | 0.87 | 0.0 | 0.29 | 0.29 | 0.0 | 0.0 | 0.29 | 0.0 | 2.62 |
| Vivienda y hábitat | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.87 | 0.0 | 0.0 | 0.29 | 0.0 | 0.0 | 1.17 |
| Acompañamiento religioso | 0.58 | 0.29 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.0 | 0.87 |
| Total (%) | 16,61 | 44,02 | 7,3 | 13,98 | 9,33 | 0,29 | 6,41 | 1,46 | 0,58 | 100 |
Fuente: Elaboración propia
En la Tabla Nº 8 sobresale, en primer lugar, la diversidad de combinaciones de actividades, lo que daría cuenta de que cada organización desplegaba una arquitectura compleja de intervención. Es decir, antes que campos de acción concentrados en torno a problemáticas cerradas, parecería que el accionar del universo asociativo argentino en contextos de policrisis tiende a construirse en torno a modalidades de intervención mixtas, que articulan tareas diferentes. Los resultados muestran que las actividades desarrolladas no solo abordan las necesidades básicas, como la provisión alimentaria, sino que incorporan también tareas de formación y capacitación y socialización habituales en épocas de mayor estabilidad, junto con acciones de tono más político, como el acompañamiento en el acceso a derechos.
Cabría afirmar que las OSC argentinas desplegaron, durante el período de pandemia, una arquitectura híbrida de modalidades de intervención, que combinaba acciones de promoción de derechos y asistencia social. El accionar del entramado asociativo articulaba tareas de apoyo directo, como la producción y distribución de bienes y servicios, principalmente vinculados a la asistencia alimentaria, con la facilitación en el acceso a derechos, a políticas públicas y a protecciones sociales, y la formación y socialización, como capacitaciones y acompañamiento educativo en diferentes temáticas y oficios, incluyendo el apoyo escolar, actividades culturales y deportivas, la formación ciudadana, la prevención y la facilitación de espacios participativos, la sensibilización y la capacitación de promotores de derechos, etc.
Estas regularidades dan cuenta de que el impacto de la policrisis en las condiciones de vida de las mayorías sociales ha requerido que las organizaciones adapten sus formas de acción, generando a su vez “poli respuestas” para esa situación. En este marco aparentemente disperso, cabe observar algunos agrupamientos de actividades que configuran “tipos” de modalidades de intervención más frecuentes.
En primer lugar, la mayoría de las organizaciones que indican como principal actividad la asistencia alimentaria, también realizaban talleres y capacitaciones y llevaban adelante espacios de encuentro y acciones de acceso a derechos, lo que pone en evidencia una modalidad de asistencia integral, que cabe encontrar aún en espacios de atención a necesidades, como los inscriptos en los campos de acción de la asistencia alimentaria, niñez y adolescencia y adultos mayores. En segundo lugar, se verifica cierta asociación entre la realización de talleres y las actividades de acceso a derechos, lo que pone de manifiesto una intervención orientada a la difusión y gestión de los derechos, importante en el contexto de restricciones propias de la emergencia. En tercera instancia, aparece una fuerte asociación entre las actividades orientadas al acceso a la literatura con los talleres y capacitaciones y los eventos culturales y deportivos, un agrupamiento, que expresa una modalidad de intervención de orden cultural y orientada a sostener la socialización, acciones que tenían una importancia crucial en el momento del aislamiento.
En síntesis, podemos identificar tres modalidades típicas de intervención de la sociedad civil organizada en momentos de crisis agudas: la asistencia integral, la difusión de derechos y la promoción sociocultural. Estos tipos de intervención no cubren la gran variedad de combinaciones que corporizan el trabajo de las organizaciones sociales, pero ofrecen un primer marco de análisis para caracterizar las modalidades de acción complejas más prevalentes en ese período.
Reflexiones finales
La rica y diversa producción investigativa sobre la sociedad civil argentina cuenta ya con una trayectoria importante, que ha recorrido varias etapas, proponiendo, cada una, un modelo de abordaje propio del campo. Luego de los intentos fundacionales por construir marcos analíticos comprensivos del conjunto de la sociedad civil organizada, los estudios posteriores se han orientado más hacia abordajes cualitativos, de casos, o estudios de corte sectorial.
Una mirada actual sobre este universo parte de una conceptualización de la sociedad civil como un universo identificable, que se distingue de otros ámbitos societales por su dinámica libre, voluntaria y no mercantil, pero que a la vez está atravesada por fuertes heterogeneidades internas. Partiendo de esta perspectiva, se hace evidente la importancia de construir una lectura actualizada sobre su configuración y modos de intervención.
Siguiendo este propósito, nuestro análisis busca recuperar algunos de los aportes sustanciales de las producciones fundacionales, como la relevancia de presentar al universo de la sociedad civil organizada como un campo de características propias y generalizables al conjunto de este ámbito. En esa línea, proponemos restaurarlo como un objeto de investigación, que por lo tanto requiere estudios a escala ampliada, así como construcciones conceptuales clasificatorias que permitan ordenar el análisis.
En segundo lugar, el análisis de los datos relevados más recientemente confirma la pertinencia de la perspectiva que sostenía a los estudios de los primeros años de este siglo, que, al enfocarse en los movimientos sociales populares, pusieron de manifiesto la importancia de la inscripción territorial de la trama organizativa.
En esta misma línea, el panorama registrado por el relevamiento de Territorios en Acción también da cuenta de la amplitud de la configuración temática de este universo, un rasgo que los trabajos de corte más sectorial, los más recientes, ya habían puesto en evidencia. Así, se presenta un panorama muy heterogéneo, en términos de problemáticas y tipos organizativos, otra de las características claves del universo de la sociedad civil organizada argentina.
Por último, resulta evidente en los datos analizados, que este universo no debería ser pensado en términos de una sumatoria de casos individuales, sino como un entramado de organizaciones, estrechamente articuladas entre sí y con organismos estatales. Estas tramas colaborativas, que asumen formatos muy variados, constituyen el sustrato del accionar de la sociedad civil organizada.
En síntesis, el corpus de información producido en el relevamiento de Territorios en Acción permitió construir una mirada actualizada y a escala sobre el conjunto de las organizaciones de la sociedad civil argentina. Este análisis contribuyó a establecer algunos rasgos básicos de su configuración, que, si bien ya estaban parcialmente presentes en producciones previas, no se habían estudiado para un universo más representativo. De este modo, las características fundamentales de la sociedad civil organizada actual consisten en una fuerte inscripción territorial de su conformación y su trabajo, la creciente diversificación de sus campos de acción, y la articulación con otras organizaciones y con instituciones estatales en el marco de entramados público-sociales cada vez más consolidados.
Estos rasgos estructurales se hacen más visibles en situaciones de policrisis, como la que atravesamos en pandemia, contextos que convocan y potencian la acción pública del mundo de la sociedad civil organizada. En efecto, como demuestran los datos presentados en este documento, en esos momentos las organizaciones pusieron en juego las condiciones institucionales que se habían construido previamente. Sobre esta base, los desafíos agudos y múltiples de la policrisis generaron una estructura de “poli respuestas”, que conforman una arquitectura híbrida de modalidades de intervención, diversas pero articuladas.
Poner el foco en el accionar del universo de OSC en respuesta al contexto de policrisis, permite construir una perspectiva de análisis a escala sobre este campo. Como decíamos previamente, los estudios de conjunto apuntaron a construir tipologías basadas en criterios institucionales, mientras que la investigación sobre la acción de las organizaciones tendía a tomar como referencia casos o sectores particulares. El análisis de las modalidades de intervención, que detallamos en este artículo, pone en evidencia la arquitectura híbrida que caracteriza al trabajo de la sociedad civil organizada en contextos críticos. A la vez, los resultados ponen de manifiesto que, en el marco de esta hibridez, cabe identificar algunas modalidades típicas relevantes, como la asistencia integral, que combina tareas asistenciales con acciones de promoción de derechos; la difusión de los derechos, que suma actividades de incidencia con difusión y formación; y socialización e integración social, que agrupa ofertas deportivas, culturales, encuentros, etc.
De este modo, el abordaje adoptado tiene por objetivo identificar algunas regularidades en las formas de trabajo e intervención que despliegan las organizaciones, en el marco de su campo de acción. Este enfoque conduce a avanzar hacia una caracterización más transversal y dinámica de las prácticas organizativas, con el objetivo de capturar los patrones emergentes de la acción colectiva en un contexto de profundas transformaciones sociales, políticas y económicas. El análisis de las modalidades de intervención posibilitó delinear un conjunto de combinaciones típicas, que representan una herramienta analítica valiosa para comprender las formas contemporáneas de la sociedad civil en Argentina.
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