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7 Conclusiones

– ¿Crees que saben?

– ¿Qué saben qué?

– Ya sabes. A qué me dedico.

– ¿De qué hablas, Dee?

– Vamos, ya sabes… nos vestimos bien, ¿entiendes? Cruzamos toda la ciudad. Un lugar elegante como éste. (…) Actuamos como si fuéramos de aquí, ¿me entiendes? (…) Sólo digo que, ya sabes, siento que el pasado no te deja nunca…, tú me entiendes, como que por más que lo intentes…, nunca puedes llegar a ningún lado, ¿me entiendes?

– A nadie le importa un bledo tu historia. Tienes dinero, puedes ser lo que digas que eres. Así son las cosas (The Wire, 2002, Temporada 1 – Episodio 5)

El objetivo general de esta tesis fue aportar conocimientos en el área temática del análisis de la estructura social, específicamente en el campo de estudios de la estructura de clases y la movilidad social. En este sentido, hemos puesto el foco en la indagación del vínculo entre el origen social, las diferenciales trayectorias intergeneracionales de clase y el acceso desigual a determinados activos y recursos que configuran el bienestar material de los hogares. La pregunta de fondo que circundó todo el libro hizo referencia al modo y la fuerza con la que las desigualdades de origen se expresan en etapas futuras de la vida de los individuos y los hogares, específicamente, en el posicionamiento de clase y en las condiciones de vida.

En el ámbito académico nacional, en los últimos años, se ha producido una vasta investigación acerca de los procesos de movilidad social que han tomado lugar en los últimos 40 años y que han dejado su huella en lo que hemos identificado bajo el modelo neodesarrollista. Asimismo, si bien de un modo menos sistemático y con menor intensidad, también se ha indagado acerca de los efectos que la estructura de clases presenta como elemento explicativo de la desigualdad. En esta tesis, intentamos conjugar ambas indagaciones (estudios de movilidad social y análisis de clase) bajo un mismo modelo teórico-analítico, que permitiera una visión, lo más global posible, del proceso de estratificación.

En dicho modelo de análisis identificamos dos aspectos, que representamos en instancias y mecanismos. Las primeras remiten a lo que definimos como instancias o esferas de estratificación y se componen a partir de la posición de clase (por parte de los hogares, al momento de los relevamientos), los antecedentes de clase y el bienestar material de los hogares. Cada una presenta cierta autonomía de las otras, aunque en esta tesis estudiamos algunas de las líneas de causalidad que las conectan. Dichas esferas también pueden comprenderse como dimensiones de la desigualdad social centradas en las condiciones, en las oportunidades y en los resultados (Dubet, 2011; Mora Salas, 2005; Reygadas, 2004, 2008; Therborn, 2016). El otro aspecto fundamental de dicho modelo radica en el abordaje de los mecanismos y estrategias que ligan, en forma separada y combinada a dichas esferas, y que se configura como una de las temáticas menos abordadas desde los estudios de estratificación y movilidad social, al menos desde un enfoque cuantitativo (Goldthorpe, 2017).

De este modo, las contribuciones de esta investigación al campo de estudios específico, no deben buscarse únicamente a partir de los resultados empíricos a los que hemos arribado, sino también en la elaboración de un enfoque, que como señalábamos, permite abordar tanto teórica como empíricamente, la transmisión de las desigualdades desde el origen de clase a las condiciones de vida. En otras palabras, creemos que es vital que el estudio de las clases sociales sea concebido a partir de las condicionalidades que configuran a los diversos grupos, así como de las condicionalidades que dicha estructura (de clases) genera sobre otros aspectos. En términos de contribuciones empíricas, como señalaremos a continuación, los resultados y hallazgos a los que hemos llegado en esta tesis, han permitido cuestionar y matizar nuestra hipótesis teórica de partida, en la que se otorgaba un peso central a los constreñimientos y condicionalidades que la pertenencia de origen efectuaba sobre el acceso desigual al bienestar material.

Hemos separado este capítulo en tres secciones. En primer lugar, bajo el rotulo de “discusiones abiertas”, reflexionamos sobre aquellos aspectos con los que hemos discutido y dialogado en esta tesis, y que presentan una ubicuidad, a veces implícita, en todo el recorrido emprendido hasta aquí. En segundo lugar, revisamos los principales hallazgos y resultados de la tesis, posteriormente presentado una mirada esquemática, sintética y analítica de los mismos a partir de la construcción de un mapa conceptual. Dicho mapa podemos considerarlo como el punto de llegada de esta tesis, en el que se resumen sistemáticamente todos los hallazgos que hemos presentado. Por último, planteamos algunas nuevas hipótesis explicativas que hemos elaborado a partir de dichos hallazgos, y que derivan, necesariamente, en posibles exploraciones, que las limitaciones propias de esta tesis no han permitido alcanzar.

7.1. Discusiones abiertas

¿Cuáles fueron los tópicos o aspectos que motivaron esta investigación y con los cuales en esta tesis intentamos dialogar? En primer lugar, una de las condiciones de posibilidad de este estudio fueron los diversos y relevantes trabajos, análisis y debates en congresos y seminarios que se hicieron sobre la estructura de clases y la movilidad social para la Argentina reciente post 2000. Sin dichos avances referidos al análisis estructural y morfológico de las clases sociales y su conformación a través de las pautas de movilidad social, difícilmente esta investigación podría haberse llevado a cabo. De este modo, este estudio debe comprenderse como un heredero y continuador de aquellos trabajos. Sin embargo, las preguntas de investigación aquí planteadas también dan cuenta de cierta “saturación empírica” evidenciada en estos casi veinte años de renovado interés por estas cuestiones. Ya contamos con una importante cantidad de datos acerca de cuánto pesan las clases en la estructura social, sobre sus efectos en otras dimensiones o sobre los niveles de movilidad existentes (tanto en términos absolutos como respecto a la fluidez social), y aunque con sus matices, podríamos aseverar que los resultados arribados permitirían hablar de un cierto “consenso estadístico”: pautas y tasas similares, coeficientes que señalan tendencias homogéneas, etc. Esta tesis carga, en parte, con dicha mochila, ya que para construir algunos argumentos fue necesario transitar por el camino ya abierto por otras investigaciones, pero a cada paso intentamos una innovación en términos teóricos, metodológicos o técnicos. Si pudiéramos ponerlo en pocas palabras, tratamos de estudiar los fenómenos que ocurren “más allá” de lo evidenciado en una tabla de movilidad (Blackburn y Prandy, 1997: 501).

En segundo lugar, y como derivación de lo anterior, esta tesis en sus inicios comenzó como eco de los interrogantes planteados por Kessler y Espinoza (2003), al sugerir la hipótesis de la “movilidad espuria”, noción que podría ligarse a lo que comúnmente en la literatura sobre movilidad social se conoció como “inconsistencia de estatus” o “incongruencia de estatus”. La hipótesis de que los movimientos ascendentes, en términos intergeneracionales, podían no redundar en cambios respecto a las condiciones de vida o en el bienestar subjetivo que los sujetos implicados experimentaban, creemos que necesitaba de nuevas comprobaciones a nivel empírico que incorporaran, por un lado, otras dimensiones de análisis (estudio de aspectos objetivos como el bienestar material) así como un conocimiento más acabado acerca de los patrones de movilidad social evidenciados luego del período de convertibilidad[1]. Si bien no podemos clasificar a esta tesis, o los abordajes de la misma, como parte de los estudios sobre “inconsistencia de estatus”[2], es rastreable la influencia de los mismos en los objetivos específicos e hipótesis aquí planteadas.

El tercer aspecto con el que intentamos dialogar en esta tesis fue con la noción política y de sentido común de “movilidad social”. Al igual que muchos conceptos sociológicos, éste asume acepciones distintas en el uso cotidiano y en el uso académico. Mientras que en esta tesis la movilidad social implica un cambio de posición de clase respecto a aquella ocupada por la familia de origen, en el sentido común la misma puede ser pensada en tanto proceso de mejora general, inclusión social, integración, mejora salarial, cambios en las oportunidades de vida, etc. Resumiendo, la movilidad social, en el mundo de la vida cotidiana, remite menos a una idea explícita de cambio intergeneracional o intrageneracional de clase o estrato social y se asocia más al proceso de mejoramiento o empeoramiento de las condiciones de vida. En algunos discursos políticos, dicho cambio es asociado al accionar colectivo y a la intervención estatal, mientras que en otros se asocia con procesos de índole más individual, volitivos y, por ende, meritocráticos (Chávez Molina, Pla, y Matozo, 2015). Sin embargo, comprendemos que, si bien el trabajo científico trata de clasificar, delimitar y otorgar coherencia, a través de conceptos, a ámbitos de la realidad social, esto no implica que determinados usos y nociones de sentido común no permitan una revisión de nuestros artefactos conceptuales. Nociones como “reproducción ascendente” (Pla, 2012, 2016), “movilidad colectiva” (Palomino y Dalle, 2012) o “movilidad espuria” (Kessler y Espinoza, 2003), entendemos que son intentos por trazar dichos puentes entre conceptualizaciones construidas para momentos históricos precedentes y aspectos de la realidad social que se transforman o resignifican. En esta tesis mantuvimos una idea “clásica” de movilidad social, asumiendo que la misma puede ser medida a partir de determinadas dimensiones e indicadores, pero planteando, a su vez, que dicho concepto tiene una cercanía inherente con otros aspectos ineludibles como son las propias percepciones de los sujetos, sus condiciones de vida, la estabilidad que pueden presentar dichos movimientos en el tiempo, etc.

Finalmente, estas discusiones en la trastienda de la tesis derivaron en el uso combinado (a veces en forma inconsciente) de la noción de movilidad social intergeneracional y trayectoria intergeneracional de clase. En un primer momento, podemos decir que ambos conceptos remiten a un mismo aspecto, es decir, al cambio que se produce desde un momento 0 hasta un momento n en la vida de personas pertenecientes a dos generaciones sucedáneas, pudiendo establecerse distintos puntos de referencia entre las puntas de origen y de destino. Sin embargo, en el título de esta tesis hacemos opción por el segundo de estos conceptos, por lo cual alguna preferencia explicitamos. En este sentido, creemos que el concepto de movilidad social se encuentra más atado y próximo al ejercicio de contar casos en celdas de una tabla, en el que se conjugan posiciones de origen y de destino, a partir de la cual se extraen tasas, índices o coeficientes específicos. Asimismo, como hemos expuesto, dicha noción cobra principalmente fuerza dentro del paradigma estructural-funcionalista (si bien no es privativa del mismo). Como contrapartida, la noción de trayectoria tiene y adquiere su identidad en abordajes alternativos al anteriormente citado, basta nombrar la obra crítica de Bertaux (1994; Bertaux y Bertaux-Wiame, 1997; Bertaux y Thompson, 2006), la idea de trayectoria presente en la conceptualización del espacio social elaborada por Bourdieu (1990, 2012a, 2012b; Weininger, 2005) o la mirada sintética que realiza Cachón Rodríguez (1989) conjugando ambas tradiciones. Resumiendo, para nosotros el concepto de trayectoria intergeneracional de clase nos permite despegarnos del mero hecho de considerar a la movilidad social como un ejercicio cuantitativo de conteo, para especificarla como proceso que puede actuar como factor explicativo de otros fenómenos de realidad social, particularmente en este caso, de la distribución del bienestar material. La idea de trayectoria nos ayuda a escapar temporalmente de la tabla de movilidad social para así buscar respuestas a viejos y nuevos interrogantes.

7.2. Principales hallazgos y contribuciones de la tesis

Los principales resultados y hallazgos de esta tesis deben ser referidos a las indagaciones y desarrollos que hemos efectuado en los capítulos 4, 5 y 6. Como hemos dejado planteado, los mismos son estadísticamente representativos de los hogares con algún cónyuge ocupado, mayor de 30 años, residente en la CABA en el período 2004-2015. En algunos casos, se hizo referencia a períodos o momentos históricos pasados pero a partir de información retrospectiva relevada entre los años anteriormente señalados. De esta forma podemos particularizar seis hallazgos centrales:

Como saldo del período (2004-2015), los cambios en la estructura de clases se evidenciaron en el crecimiento de la clase directiva-profesional, la clase obrera calificada y la clase media técnica-rutinaria. Por su parte, tanto la pequeña burguesía como la clase obrera no calificada, principalmente en su estrato marginal, sufrieron una reducción. Es decir, el achicamiento relativo se efectuó principalmente en los estratos no asalariados de la estructura de clases.

Si bien la estructura de clases mantuvo una configuración similar a la heredada a partir de las transformaciones socio-económicas ocurridas hacia finales de la década del setenta, hemos observado algunos cambios menores en el tamaño y la composición a nivel de clase y estrato. Dichas transformaciones en las clases sociales fueron impulsadas por las novedades introducidas a partir del nuevo modelo de acumulación (pasaje del modelo aperturista a neodesarrollista), que permitieron un mayor dinamismo en el mercado de trabajo (principalmente debido a la disminución de la desocupación) y cierta reindustrialización incipiente. Asimismo, la estructura de clases de la CABA exhibe el mayor nivel de población situada en lo que podemos denominar “sectores medios” (aproximadamente un 73% en 2015).

La relación clase – bienestar material se sostuvo a lo largo del período, a pesar de las oscilaciones ocurridas entre algunos años. En este sentido, la clase se comporta, para las tres dimensiones del bienestar indagadas, como un factor estructurador de la desigualdad o, en términos weberianos, como “probabilidad típica” en la configuración de las oportunidades de vida.

Respecto a la distribución de ingresos, más allá de la tendencia hacia la reducción de la desigualdad evidenciada a lo largo del período 2004-2015, se reproduce un formato de apropiación jerarquizada o un proceso de limitación (Wright, 1979: 65-66) tanto desde la óptica de las clases como de los estratos sociales. En términos de desigualdad inter clases, la misma tendió a disminuir a lo largo del período, salvo para 2008 y 2014 (años marcados por la crisis financiera internacional y devaluación, respectivamente). El acceso desigual a la propiedad de la vivienda por clase se sostuvo en forma jerarquizada, más allá de la tendencia decreciente de hogares propietarios evidenciada en todo el período. Asimismo, también mostramos cómo las desigualdades de clase tienen su correlato en el proceso de segregación residencial de los diversos grupos a lo largo de la geografía de la ciudad: mientras que los miembros de la clase directiva-profesional se asientan con mayor fuerza en el norte, la clase obrera encuentra acceso, mayormente, en el sur de la ciudad. En el acceso al consumo es en la única dimensión en la que percibimos cierta igualación entre las clases sociales, al observarse una apropiación generalizada de una gran parte de los bienes medidos para todos los hogares. A pesar de que las desigualdades por clase se mantienen, en términos comparativos, entre 2004 y 2015, dimos cuenta que el carácter explicativo adjudicado a la posición de clase se reduce sustantivamente.

En términos intergeneracionales, es decir comparando el período bajo estudio con momentos históricos pasados, la estructura de clases se ha modificado, creciendo la clase directiva-profesional y la clase media técnica-rutinaria y reduciéndose la pequeña burguesía y la clase obrera calificada. Estos cambios, en el tamaño relativo de las clases, obedecen principalmente a transformaciones estructurales ligadas al pasaje del modelo sustitutivo de importaciones al aperturista o de valorización financiera.

Si bien estos cambios identificados a partir de lo que se ha denominado como “movilidad estructural” tuvieron una fuerte presencia en la mayoría de los grandes aglomerados del país, estos procesos terminaron de configurar a la CABA como una “ciudad de servicios” o “de clases medias”. El crecimiento de la población con un mayor nivel de credenciales educativas, tanto universitarias como terciarias, ante la mayor demanda de puestos de mayor calificación y servicios especializados, permitió un fuerte ascenso desde ocupaciones manuales y no calificadas hacia las filas de la clase directiva-profesional y la clase media técnica-rutinaria. Como contraparte el achicamiento de la pequeña burguesía, así como de la clase obrera calificada guarda relación con la política económica destinada a la industria nacional por la última dictadura y durante los años noventa (apertura comercial, impulso al sector financiero, etc.), que generó un desmantelamiento de pequeñas y medianas empresas y fábricas.

El estudio de la fluidez social permitió comprender que la estructura de la movilidad social porteña si bien se aleja, principalmente, de las orientaciones meritocráticas, tampoco puede ser entendida únicamente desde un enfoque basado en la mera reproducción social. Los movimientos son principalmente de mayor intensidad entre las clases aledañas, tanto en los sectores medios como en la clase obrera.

Por un lado, observamos un fuerte cerramiento tanto de la cúspide como de la base de la estructura de clases, es decir, mostrando una mayor tendencia hacia la reproducción. Como hemos señalado, aquí podrían estar operando estrategias “desde arriba” y “desde abajo” (Goldthorpe, 2010b), tales como la transmisión de capital cultural y ventajas adscriptivas, en el primer caso, y la aversión al riesgo relativo (evitar la movilidad descendente), en el segundo caso, ante la existencia de marcadas barreras sociales a la movilidad. Asimismo, los movimientos desde la pequeña burguesía hacia la clase directiva-profesional y la clase media técnica-rutinaria, dan cuenta de la importancia de las estrategias de reconversión de capital (Bourdieu, 2012b), a través de inversiones educativas en niveles universitarios y técnicos, ante la dificultad en el sostenimiento de pequeñas empresas, industrias y comercios. El pasaje de la frontera manual / no manual, de corto alcance, también se erige como un destino posible para los hijos de la clase trabajadora.

Si bien el origen social tiene un peso importante, en tanto condicionamiento al ascenso social, el nivel educativo alcanzado resulta también en gran parte explicativo, actuando tanto como factor mediador, al transmitir parte de las (des)ventajas de partida, así como factor promotor de la movilidad social.

Esto implica al menos dos señalamientos. Por un lado, hemos identificado la centralidad que el logro educativo experimentado por la población tiene en las chances de movilidad social, principalmente sobre la clase directiva-profesional y, en menor medida en la clase media (pequeña burguesía + clase media técnica-rutinaria). En este sentido, la instancia educativa aún continúa funcionando como mecanismo fundamental de ascenso social. Por otro lado, el efecto de origen no se transmite únicamente en forma directa (vía capital social, expectativas, disposiciones ligadas a la familia de origen, etc.) sino también en forma mediada o indirecta, es decir, a través de su influencia sobre las oportunidades educativas. De este modo, la institución educativa juega un rol central en tanto mecanismo mediador y reproductor de las desigualdades de una generación a otra.

Asimismo, el estudio de las instancias adscriptivas-contextuales, permitieron el hallazgo de desigualdades según género en las chances de acceso a la clase media en favor de los hogares con dominancia femenina. Por su parte, respecto a la cohorte y el lugar de nacimiento, las mayores desventajas relativas son experimentadas por los jóvenes y los nacidos en otros países, quienes presentan menores oportunidades de ascenso social.

La distribución del bienestar material se encuentra asociada al origen de clase, aunque dicha relación no presente la misma fuerza que se había evidenciado entre el origen social y el destino de clase. Por su parte, la trayectoria intergeneracional de clase permite comprender ciertos matices respecto a las desigualdades en el acceso al bienestar, aunque las mayores diferenciaciones se observan en función del posicionamiento actual en la estructura de clases.

El efecto presentado por el origen social (origen de clase y educativo) sobre la distribución de los ingresos monetarios, se ve menguado al considerar la posición de clase y el nivel educativo alcanzado del hogar. Este no es un rasgo atípico, sino que también fue remarcado por otras investigaciones que analizaron también los efectos sobre el nivel de ingresos (Erikson y Jonsson, 1998; Esping-Andersen y Wagner, 2012; Fachelli y Torrents, 2018; Jencks, 1979). Respecto al acceso a la vivienda, el origen de clase tampoco pareciera especificarse como un elemento central (salvo para la clase media-técnica-rutinaria y la clase obrera calificada). Esto estaría cuestionando, o al menos matizando, la hipótesis de acumulación de desventajas mediante transferencias monetarias, contactos sociales, ayudas familiares o el impacto de la socialización de expectativas y aspiraciones. La posición de clase de origen si pareciera tener un rol de mayor centralidad en las oportunidades de acceso a la vivienda, así como la cohorte de nacimiento, en favor de los hogares más envejecidos. Al referirnos al nivel de consumo, los factores de estratificación se comportan en forma similar a lo analizado para los ingresos: el origen social presenta un efecto conservador, aumentando el mismo por nivel educativo y clase social.


A los fines de una comprensión global de las tendencias y asociaciones indagadas en este libro, presentamos el esquema 7.1, en el que retomando el modelo de análisis descrito en el capítulo 1, ilustramos y sistematizamos los distintos hallazgos anteriormente señalados:

Esquema 7.1. Esferas de estratificación y asociaciones

Fuente: elaboración propia.

En este caso diferenciamos lo que podemos denominar relaciones primarias de las secundarias. Las primeras dan cuenta de las relaciones y mecanismos que en mayor medida nos hemos centrado en esta tesis, es decir, al vínculo entre el origen social, la posición de clase y el bienestar material. En cambio, las relaciones secundarias nos hablan específicamente de los efectos y condicionamientos que imponen las características adscriptivas-contextuales, que si bien fueron consideradas en esta tesis, su función fue la de controlar y especificar las relaciones primarias.

De este modo, las relaciones con mayor fuerza las hemos encontrado, por un lado, entre la posición de clase y las diversas dimensiones del bienestar material y, por el otro, entre el nivel educativo y el destino de clase. A partir de la primera de estas relaciones comprobamos la importancia que asume la clase como estructuradora de las desigualdades y oportunidades de vida (Dubet, 2015; Hout et al., 1993). Así es que la posición de clase genera ciertas “probabilidades típicas” de acceso a un nivel de ingresos, a la vivienda o al consumo, ya que, a pesar de la fuerza de dicha relación, hemos encontrado un grado de variabilidad en las oportunidades de vida para cada clase (Breen, 2005). En términos relacionales, observamos que aquellas clases que controlan ciertos recursos valiosos, tales como la clase directiva-profesional y la pequeña burguesía, cuyos miembros disponen, en forma combinada o separada, de capacidad de control o compra de fuerza de trabajo ajena, posesión de capital o de credenciales educativas altamente valoradas, pueden, mediante mecanismos como la explotación o el acaparamiento de oportunidades (Pérez Sáinz, 2016; Tilly, 2000), alcanzar diferenciales en términos de resultados de bienestar. Respecto a la segunda relación (nivel educativo – destino de clase), es uno de los aspectos del ya presentado triángulo de movilidad, y señala la importancia que asume el logro educativo alcanzado en las oportunidades de movilidad social (Birkelund, 2006; Breen, 2004; Goldthorpe, 2010b; Hout y DiPrete, 2006).

Dichos resultados no implican que los orígenes sociales no intervengan en las oportunidades de ascenso social, ya que como pudimos observar, parte del efecto del origen de clase se transmite en forma directa (estrategias adscriptivas, estrategias de reproducción, etc.), mientras que otra proporción se transmite vía mediación del logro educativo (estrategias de reconversión, inversiones educativas, etc.). De esta forma, el estudio del “triángulo de la movilidad” no permitiría describir a la sociedad porteña de 2012-2015 como “meritocrática”, ya que si bien la relación entre logro educativo y posición de clase se mantiene fuerte (indicador de que los destinos se explican principalmente por el pasaje por las distintas instancias educativas), el peso del origen de clase sobre el destino de clase, tanto vía directa como indirecta, aún continúa manteniendo su presencia. Podemos señalar, según los resultados arribados, que el origen de clase condiciona el destino de clase, y que éste último, condiciona el acceso diferencial al bienestar material (relaciones señaladas en el cuadro a partir de las líneas gruesas)[3].

Ahora bien, los orígenes de clase ¿en qué medida influencian o tienen importancia en la distribución del bienestar material? En este sentido, partimos de dos ópticas. Por un lado, podemos hacer foco en las trayectorias intergeneracionales de clase, en la medida que el concepto funciona como conjunción de los orígenes y los destinos de clase. En ese caso, los resultados a los que llegamos en esta tesis nos muestran que las diversas trayectorias de clase ejercen una influencia sobre el bienestar material pero en forma leve o conservadora. Siguiendo a Wright (1979), hemos señalado a dicha relación como “selección”, en tanto límites que se ejercen sobre otros condicionantes, en este caso, la desigualdad derivada de la posición de clase. Entonces, la trayectoria intergeneracional de clase nos permite comprender algunos matices respecto a la diferencial apropiación de recursos y activos, pero no adquiere mayor centralidad que otros factores, tal como la posición de clase, en tanto fuerte elemento estructurador de la desigualdad respecto al bienestar material. Por otro lado, el efecto del origen también se puede transmitir en forma directa, independientemente de la posición de clase detentada. Así intervienen las herencias, las ayudas económicas y/o las expectativas familiares de origen. En el mismo sentido, los datos nos han mostrado que dicho efecto es débil, al ser comparado con la posición de clase o el nivel educativo, salvo situaciones de clase particulares anteriormente señaladas.

Por otro lado, también hemos considerado, al menos secundariamente, el impacto de lo que denominamos “condiciones adscriptivas – contextuales”, que hacen referencia a aquellas características que los hogares tienen con relativa independencia de su voluntad o agencia. Principalmente nos centramos en el género, la cohorte y el lugar de nacimiento del individuo dominante en el hogar. Estos aspectos, como bien lo marcan las flechas con punteadas, en términos generales, presentan una asociación débil con el posicionamiento de clase de destino y con la distribución del bienestar material, si lo comparamos con las otras instancias estratificadoras. Únicamente encontramos una relación fuerte entre la cohorte de nacimiento y el acceso a la propiedad de la vivienda, que puede vincularse a las oportunidades diferenciales que han tenido los individuos nacidos en períodos de mayor o menor estabilidad económica y de acceso al crédito hipotecario.

Dichos hallazgos nos advierten sobre la posible aplicación simplificadora que en este campo de estudios puede hacerse de la hipótesis de la acumulación de desventajas (Blau y Duncan, 1967; DiPrete y Eirich, 2006; Reygadas, 2004; Saraví, 2006) y de la reproducción social (Bourdieu, 2012b, 2012a). En otras palabras, los orígenes sociales cuentan, pero la posición de clase del hogar de destino adquiere un mayor nivel de centralidad al enfocarnos en el bienestar. Evidentemente, la falta de “capacidad explicativa” del origen social y de la trayectoria de clase sobre el bienestar material, también nos habla principalmente de la existencia de procesos de movilidad social, que si bien fueron atenuándose a lo largo del tiempo, no puede negarse su rol constitutivo en la conformación de la estructura de clases actual.

De esta forma, nuestra interpretación sobre el proceso estudiado señalaría que, al menos al hacer referencia al bienestar material de los hogares en la CABA, la influencia de las condiciones de origen sobre los resultados, podría pensarse en tanto mecanismo secuencial de transmisión de (des)ventajas más que como un mecanismo acumulativo. Mientras que el primero implica un proceso indirecto sobre el bienestar, el segundo alude a un impacto directo, por el que diversas desigualdades (de origen y de destino, en este caso) se solapan y acoplan. La primera secuencia de transmisión indirecta podemos observarla en la influencia del origen de clase sobre el logro educativo, y en su posterior efecto sobre la configuración de la trayectoria de clase, mientras que la segunda secuencia representa ya un estado de desigualdad cristalizada en la que a cada posición de clase le corresponde (hablando en términos probabilísticos) un quantum determinado de bienestar material. Como bien señala Tilly (2000: 128), la dificultad de atenuar los mecanismos indirectos de desigualdad radica en que dichos procesos se justifican, refuerzan y hasta logran crear mecanismos categoriales explícitos, como los que se evidencian en las desigualdades educativas y las desigualdades posicionales de clase.

7.3. Nuevas hipótesis, nuevas exploraciones

Los resultados a los que hemos arribado dan cuenta que la relación entre las trayectorias intergeneracionales de clase y el bienestar material (al menos en el contexto y el tiempo histórico estudiado) se configura en forma compleja. Por un lado, hemos evidenciado el peso central que asume el posicionamiento de clase en tanto eje estructurador de la desigualdad en el acceso al bienestar material. Por el otro, el origen social y las trayectorias intergeneracionales de clase constituidas, parecen matizar dicha relación original, al presentar un leve, aunque existente, condicionamiento al bienestar.

Ante esto, dos hipótesis abrimos para posibles exploraciones futuras. En primer lugar, centrándonos en los mecanismos y estrategias de clase, podríamos señalar que las condicionalidades impartidas por el origen de clase comienzan a perder su potencia estratificadora ante la aparición de otros procesos constituyentes de la desigualdad, tales como la posición ocupada en la estructura de clases, así como, retomando a Torrado (1995), las diversas formas de intervención estatal guiadas por estrategias de desarrollo. De este modo, el foco de la desigualdad debería centrarse menos en las condiciones de origen y más en los eventos que suceden posteriormente al proceso de “igualación de oportunidades”, es decir, en la repartición de individuos y hogares en la estructura de clases.

En segundo lugar, podemos señalar una hipótesis no excluyente de la anterior, que da cuenta de la posible influencia que el contexto socio-económico de la ciudad (principalmente, mayor oferta educativa de calidad y un mercado de trabajo dinámico), en tanto aspecto interviniente en la relación origen de clase – destino de clase – bienestar material. Tales características, como bien señalamos en el capítulo 4, influenciarían en los indicadores de movilidad social y de transmisión del bienestar, en la medida en que existen altas tasas de escolarización, mayores tasas de matriculación en educación superior, mayores oportunidades de acceso a ocupaciones en grandes establecimientos y con altos niveles de protección, etc. Para reforzar esta argumentación, sería necesario profundizar en estudios comparativos que consideren otras regiones del país a ser analizadas, así como a nivel regional e internacional. Algunas exploraciones realizadas a partir de la ENES-PISAC, nos sugieren que si bien las diferencias no son sustanciales, el origen de clase adquiere un mayor peso relativo en la explicación del bienestar material para el total país respecto a lo evidenciado en la CABA (Rodríguez de la Fuente, 2018).

Por último, ante las limitaciones de los hallazgos aquí presentados, creemos que dos estrategias metodológicas deberían llevarse a cabo, a los fines de poder profundizar los “vacíos” que esta tesis ha dejado. Por un lado, desde el enfoque cuantitativo sería menester contar con datos confiables sobre el nivel de riqueza del hogar de destino del/a encuestado/a (bienes, activos financieros, propiedades, etc.), así como del hogar de origen, en el caso de los relevamientos de movilidad social (Solís, 2011). Esto no sólo permitiría evitar la utilización de indicadores poco precisos y sesgados, como puede ser el nivel de ingresos, sino también dar cuenta de otras dinámicas, como pueden ser las transferencias intergeneracionales de recursos entre los hogares. Este sería un modo de captar efectos directos (vía herencia de propiedades, donación de recursos, ayudas económicas, etc.) que quedan invisibilizados al considerar únicamente el nivel socio-económico o la posición de clase del hogar de origen (Behrman y Vélez-Grajales, 2015; Karagiannaki, 2012; Lersch y Luijkx, 2015; Torche y Costa Ribeiro, 2012; Torche y Spilerman, 2009).

Por otra parte, desde la óptica cualitativa, mucho puede aportarse para comprender las estrategias y mecanismos sociales que quedan ocultos dentro de la “caja negra” de las tablas de movilidad o los análisis de regresión (Bertaux y Thompson, 2006: 19; Cachón Rodríguez, 1989). Dicho micro-clima que se genera en los hogares, que se constituye a partir de la socialización de expectativas y el aprendizaje de estrategias hasta la constitución de un hábitus, solamente puede ser captado mediante técnicas que se focalicen en el registro de historias de vida y trayectorias familiares. Si bien hay trabajos específicos que han conjugado ambas metodologías (Dalle, 2016; Pla, 2016), la pregunta por los mecanismos a partir de los cuales las desventajas del origen de clase se transmiten a los hijos, y a su vez, cómo estás impactan en sus posteriores condiciones de vida, continúa siendo un campo abierto y necesario de investigación.


  1. Vale recordar que el estudio de Kessler y Espinoza fue realizado en una localidad del oeste del GBA en el año 2000.
  2. Un intento de replicación del estudio llevado a cabo por Kessler y Espinoza, aunque con una muestra nacional, puede ser encontrado en Pla, Fernández Melián y Rodríguez de la Fuente (2016).
  3. Vale aclarar que, en tanto factor mediador entre los factores adscriptivos y de logro, la intervención estatal y los arreglos institucionales tienen un papel central en dicha relación. No todos los procesos pueden explicarse únicamente en términos de las condicionalidades adscriptas ni a partir de la propia voluntad de la agencia individual. En términos contextuales, la intervención estatal tiene sus efectos sobre el ámbito educativo (aumento de la matrícula de estudiantes, creación de nuevas universidades públicas, entre otras políticas) y sobre el mercado de trabajo (control sobre procesos de contratación basados en aspectos adscriptivos, creación de condiciones para el (de)crecimiento del empleo, etc.).


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