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6 Origen, posición de clase y bienestar material

La transmisión intergeneracional de las condiciones de vida (2012-2015)

En los dos capítulos precedentes hemos analizado la relación entre el posicionamiento en la estructura de clases y el acceso al bienestar material, así como los condicionamientos de origen (principalmente el origen de clase) sobre el destino de clase de los hogares analizados para la CABA en 2012-2015. Siguiendo un carácter progresivo en el análisis, en este capítulo nos proponemos conjugar las dos esferas o instancias que acabamos de señalar: por un lado, el análisis de clase y, por el otro, el análisis de la movilidad social o de las trayectorias intergeneracionales de clase. Particularmente nos interesa conocer si las desigualdades evidenciadas en el acceso al bienestar material por clase social pueden ser comprendidas, de un mejor modo, a partir del análisis de las trayectorias intergeneracionales: ¿Cuánto de las desigualdades de origen se “arrastran” hacia la desigualdad en el bienestar material? ¿En qué medida la mediación de la posición de clase resulta centralmente explicativa?

Al incorporar el enfoque de las trayectorias intergeneracionales de clase al estudio del bienestar material, corremos el eje tradicional de analizar la movilidad social en tanto variable dependiente, pensándola como variable explicativa de las oportunidades de vida (Erikson y Goldthorpe, 2002: 4). En este sentido, el enfoque de las trayectorias intergeneracionales en tanto factor explicativo general de diversos aspectos, y específicamente, de las condiciones de vida y el bienestar material, ha sido una relación poco estudiada en la bibliografía especializada (Torche y Spilerman, 2009: 75). Esperamos, entonces, poder brindar un análisis acabado de la desigualdad, desagregada analítica-temporalmente en sus tres instancias (Dubet, 2011; Mora Salas, 2005; Reygadas, 2004, 2008; Sen, 1992; Therborn, 2016): a partir de las condiciones de partida (origen de clase), las oportunidades (destino de clase) y los resultados (bienestar material). De lo que se trata es de “unir” empíricamente dichas instancias a los fines de poder hallar ciertas regularidades a ser explicadas teóricamente.

En este caso, desarrollamos la hipótesis de trabajo Nº3, en la que indicamos que la relación entre el posicionamiento de clase de los hogares, y su acceso al bienestar material, se especifica al considerar conjuntamente el impacto que ejerce el origen de clase. Hasta aquí, por un lado, sostuvimos, tanto empírica como teóricamente, la ligazón existente tanto entre el posicionamiento de clases y las diferentes aristas del bienestar material, así como las condicionalidades que ejerce el origen de clase en términos de configuración de determinadas trayectorias típicas o modales. En este sentido, en este capítulo, llevamos a cabo un prueba posible acerca de la hipótesis de la “acumulación de (des)ventajas”, en la medida que evaluamos la importancia que asumen los antecedentes de clase en el futuro bienestar de los hogares.

El capítulo será dividido en dos partes. Primero presentamos una aproximación exploratoria-descriptiva de la relación entre el origen social, la posición de clase, las trayectorias intergeneracionales y las distintas aristas del bienestar, a partir de la utilización de una técnica de análisis factorial. Esto tiene al menos dos objetivos. Por un lado, buscamos describir las principales dimensiones constitutivas de la desigualdad en el acceso al bienestar material y su vinculación con los factores anteriormente señalados, mediante la construcción de lo que denominaremos “espacio social del bienestar material”. Por el otro, la técnica factorial utilizada nos permite la construcción de un índice sintético de bienestar material que resume las principales diferenciaciones halladas para cada una de las dimensiones.

Una vez establecidas de forma exploratoria-descriptiva las asociaciones múltiples existentes entre las instancias adscriptivas, la posición de clase y las condiciones de vida de los hogares, presentamos distintos modelos explicativos basados en “análisis de dependencia”, es decir, considerando como variable dependiente a los distintos componentes del bienestar material. Al igual que en el subcapítulo 5.3, pero en este caso modificando la variable dependiente, evaluamos el impacto del origen social, la posición de clase, la trayectorias intergeneracionales y las distintas instancias adscriptivas-contextuales. Asimismo, indagamos el modo de transmisión (directa e indirecta) de las (des)ventajas de origen en el bienestar material, controlando por las distintas variables presentadas.

6.1. La movilidad social en el espacio social multidimensional[1]

El objetivo en este subcapítulo consiste en poner en juego empíricamente, bajo un formato exploratorio-descriptivo, los distintos elementos que hemos analizado a través de los capítulos 5 y 6. Para tal fin, nos valdremos exclusivamente de la técnica de análisis de correspondencias múltiples, ya descrita en el apartado metodológico. En este sentido, dicha técnica resulta sugerente debido a que nos permite aclarar las principales dimensiones latentes que surgen de la interacción de las diversas variables consideradas así como por su potencial gráfico derivado del carácter geométrico de la misma. A diferencia de los análisis mediante tablas de contingencia o de regresión, el ACM permite la captación del sistema completo de relaciones que se configuran en el espacio geométrico, lo que la posiciona como un buen instrumento para una problemática multidimensional, tal como la que estamos estudiando.

En primer lugar, nos enfocamos en el momento de la construcción de la herramienta heurística que denominamos “espacio social del bienestar material”. Teniendo como marco la noción bourdiana del término, concebimos al espacio social en tanto posible representación de la estructura social. En la misma intervienen diversos factores, campos, grupos, recursos, que dan configuración a dicho espacio. Ahora bien, al referirnos al “espacio social del bienestar material”, hacemos alusión a la forma que asume la distribución de determinados activos y recursos de los hogares en la totalidad de una población considerada. De esta forma, la noción también se acerca a la idea que proponía Sorokin (1953) sobre el mismo concepto, cuya finalidad era captar la mayor parte de las heterogeneidades y complejidades de la sociedad. Considerar la existencia de una espacialidad del bienestar material implica, desde una primera mirada, abordar al fenómeno es sus múltiples dimensiones, no asumiendo que existe una única forma de ordenación y posicionamiento de las distintas situaciones de acceso al bienestar.

Empíricamente, dicho espacio se constituye como la representación bidimensional de los elementos que conforman al bienestar material, tal como lo hemos planteado. De este modo, nos permite comprender qué activos (o la falta de estos) son los que posicionan relativamente a los hogares en situaciones más ventajosas o desventajosas en términos de bienestar material.

Construyendo el espacio social del bienestar material

Debido a que el propósito de la utilización del ACM es la construcción de un espacio geométrico que represente las desigualdades existentes a nivel de la distribución del bienestar material entre la población estudiada, las distintas dimensiones de dicho concepto son incorporadas en el análisis como modalidades activas. En otras palabras, son aquellas que intervienen en el análisis generando las dimensiones o factores emergentes. En la tabla 6.1 presentamos las variables activas consideradas con sus categorías.

Tabla 6.1. Variables activas

variables_acm

* Solo medido en EMSyOSA. ** Para la ENES esa variable se categoriza del siguiente modo: propiedad de 1 auto, propiedad de 2 autos, no propietario de auto. Fuente: elaboración propia.

El nivel de ingresos es trabajado en cuartiles y hace referencia a los ingresos totales del miembro del hogar (jefe/a o cónyuge) con dominancia; el nivel de consumo se mide a partir de la posesión de ciertos bienes o equipamientos del hogar compatibles para ser trabajados tanto en la EMSyOSA como en la ENES; por último, respecto a las características de la vivienda cuatro aspectos son abordados: la propiedad de la misma, forma de acceso, posesión de segunda vivienda y zona de la ciudad en la que se emplaza.

En el caso de la EMSyOSA, en total incluimos 17 variables y 39 modalidades, mientras que la ENES fueron 12 variables y 30 modalidades. Luego de aplicar la técnica de ACM, el espacio de propiedades se redujo en dos factores que explican el 76,24% y el 80,78%[2] de la inercia o varianza (ver tabla 6.2 y gráficos 6.1 y 6.2). Por su parte, para ambos relevamientos, el primer factor explica la mayor parte de ésta (72,2% – 77,02%) y el segundo factor entre 3,76% y 4,02%. Es necesario dar cuenta de cómo se descompone la varianza en los dos factores, ya que su peso indicará la importancia que se le adjudicará a cada uno de ellos. Si bien el primer factor bastaría para dar una robusta explicación acerca de las desigualdades en las condiciones de vida, la retención del segundo, como veremos más adelante, nos permite enriquecer dicho análisis.

Gráfico 6.1. Gráfico de sedimentación (scree test). CABA 2012-2013

scree1

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013.

Gráfico 6.2. Gráfico de sedimentación (scree test). CABA 2014-2015

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Fuente: elaboración propia en base a ENES-PISAC 2012-2013.

Tabla 6.2. Inercia (varianza) de los factores retenidos. CABA 2012-2015

resumen_acm

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013 y ENES-PISAC 2014-2015.

Posteriormente a conocer cuántos factores serán interpretados, podemos presentar las contribuciones de cada modalidad a la varianza total de cada factor (contribución absoluta) o contribuciones absolutas y las calidades de la representación (contribución relativa) o contribuciones relativas, que representan la contribución de cada factor a la varianza total captada cada modalidad (ver anexo) (López Roldán y Fachelli, 2015). A partir de estos datos establecemos qué contribuciones son aquellas que aportan en mayor medida a la variabilidad hallada en cada factor, identificando las que exceden la contribución media (Le Roux y Rouanet, 2010: 52), en este caso las que superan el valor de 0,026 (EMSyOSA) y 0,033 (ENES). La mayor parte de las modalidades contribuyen principalmente a la dimensión 1, con excepción de aquellas vinculadas a las características de la vivienda, que también cobran importancia en la constitución de la dimensión 2. Para el caso 2012-2013, podemos encontrar que las principales contribuciones a la dimensión 1 se dan en las siguientes variables: ingresos, TV Led, notebook, consola de videojuegos, heladera con freezer, celular, servicio de internet, servicio de cable, reproductor de Blu-ray, aire acondicionado y automóvil. Sin embargo, en 2014-2015, las modalidades contribuidoras al factor 1 son mayormente las mismas, quitando los bienes como el celular y el automóvil, y sumando tarjeta de crédito y acceso-propiedad de la vivienda. Para 2012-2013, al segundo factor contribuyen principalmente, ingresos, heladera con freezer, celular, servicio de cable, tarjeta de crédito, acceso a la vivienda, tenencia de segunda vivienda, mientras que para 2014-2015, se suma la tenencia de colchón a las ya citadas anteriormente. La lectura de las contribuciones relativas (ver anexo), también señalan que la mayor proporción de la varianza para cada modalidad es explicada generalmente por la primera dimensión.

En este sentido, a partir de las lecturas de las distintas contribuciones según factor y según modalidad, nos podemos apoyar en la representación gráfica que la técnica ofrece a los fines de completar una interpretación sobre el fenómeno estudiado. A continuación presentamos los gráficos 6.3 y 6.4, en el que se muestran representadas las modalidades activas, desde donde puede hacerse una interpretación más intuitiva de los factores emergentes 1 (eje de las abscisas) y 2 (eje de las ordenadas). Las coordenadas son presentadas de forma estandarizada. Por otro lado, agregamos los gráficos de nube de individuos, en los que cada punto representa a un caso de la muestra seleccionada, dando cuenta la distancia entre los mismos de las disimilitudes respecto a su posicionamiento ante el acceso al bienestar material.

Gráfico 6.3. Modalidades activas (dimensión 1 y 2). CABA 2012-2013

acm1

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013.

Gráfico 6.4. Modalidades activas (dimensión 1 y 2). CABA 2014-2015

acm2

Fuente: elaboración propia en base a ENES-PISAC 2014-2015.

Gráfico 6.5. Nube de individuos (dimensión 1 y 2). CABA 2012-2013 y 2014-2015

nube 

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013 y ENES-PISAC 2014-2015.

El primer factor, como bien dijimos, es el que da cuenta de la mayor parte de las diferenciaciones que se despliegan en el espacio social. En este sentido, polariza a la población en función de las capacidades de los hogares para acumular activos y recursos constitutivos del bienestar material. Las mayores puntuaciones (lado derecho del gráfico) se asocian a hogares posicionados en el cuarto cuartil de ingresos totales individuales, que disponen de una segunda vivienda de su propiedad y que cuentan con algunos bienes específicos como reproductor de Blu-ray y automóvil. En el caso de la ENES, la tenencia de un segundo automóvil también aparece como un aspecto diferenciador respecto al bienestar material. Asimismo, la privación de algunos bienes de consumo masivo como el teléfono celular, heladera con freezer o conexión a internet, penalizan fuertemente a los hogares en la distribución relativa, segregándolos en el hemisferio izquierdo de los gráficos. Respecto a las características de la vivienda, el hecho de ser propietario o inquilino no pareciera contribuir fuertemente al factor 1[3]. Sin embargo, la forma de acceso y la zona de residencia, si son significativas, evidenciándose en las asociaciones existentes entre las modalidades: el mayor nivel de acumulación de activos se vincula a posibilidades de acceso a la vivienda a través de financiamiento (para la ENES también el acceso con ahorros propios) y a la residencia en las zonas mejores provistas de servicios urbanos de la ciudad (zona norte y centro)[4].

Un comportamiento similar a lo observado para esta dimensión se presenta en el análisis que Bourdieu realiza en su clásico estudio de La Distinción (2012a), en donde el primer factor mide las diferencias en cuanto a la acumulación de capital, o en un estudio más próximo al aquí presentado, en el que Fachelli et al. (2012: 56), al analizar la estratificación social argentina, encuentra que el principal factor explica la distribución de oportunidades de acceso a bienes primarios.

El segundo factor es más complejo de interpretar, ya que podemos decir que explica dos aspectos diferenciados. Por un lado, principalmente para la muestra de la EMSyOSA polariza claramente a las situaciones extremas de las medias. El hemisferio norte del gráfico factorial, muestra a aquellas modalidades que reflejan condiciones de vida con mayores niveles de acumulación (extremo derecho) junto con aquellas de mayor nivel de privación (extremo izquierdo). En segundo lugar, el factor 2 también deja entrever ciertas diferenciaciones con respecto a la tenencia y características del acceso a la vivienda, polarizando a aquellos que disponen de una segunda vivienda y a los que han podido acceder a la propiedad mediante la compra al contado[5]. Como bien podemos observar la forma gráfica que adquiere la distribución de las modalidades es la de una herradura o parábola (también llamado efecto Guttman) y se trata de una configuración típica (Baranger, 2009: 110).

Para el caso de la ENES, el segundo factor no le otorga al gráfico el formato de una parábola, diferenciando a aquellos que se encuentran en posiciones extremas (mayor y menor bienestar material) de los que se encuentran en una situación promedio (centro del gráfico). El segundo factor más bien polariza los casos de mayor privación relativa respecto al bienestar. Posicionados a más de cinco desvíos estándar se encuentran, en el hemisferio superior-izquierdo, la modalidad de no tenencia de colchón, mientras que en el hemisferio inferior-izquierdo encontramos las siguientes situaciones: 1er cuartil de ingresos, no tenencia de celular y un acceso a la vivienda diferenciado de los tradicionales.

El espacio social del bienestar material desde la estructura de clases y las trayectorias intergeneracionales

En este apartado analizamos el modo en que la introducción de las variables suplementarias se vincula con los factores emergentes. La inserción de variables ilustrativas se realiza con la intención de indagar cómo los factores adscriptivos, de posicionamiento de clase y de trayectoria, se vinculan con el bienestar material, pero no desde una lógica explicativa, como sucede a partir de un análisis de regresión o de varianza, en el que los aportes de las variables independientes sobre la dependiente pueden ser cuantificados y evaluados en función de su significación estadística, sino bajo el “espíritu descriptivo” de la técnica empleada. En este sentido, podemos pensar a este ejercicio como una primera aproximación a la hipótesis indagada.

Para analizar el desempeño de las variables suplementarias se utilizarán dos herramientas: los gráficos factoriales con las variables suplementarias superpuestas sobre los ejes 1 y 2 (gráficos 6.6, 6.7, 6.8 y 6.9) y las desviaciones producidas entre las coordenadas extremas de cada variables para cada factor (ver 6.4), considerando que las desviaciones mayores a 0,5 pueden ser consideradas como “notables”, mientras que las superiores a la unidad pueden ser definidas como “importantes” (Le Roux y Rouanet, 2010: 59). Las coordenadas principales de las variables suplementarias pueden consultarse en anexo. Dentro de las variables suplementarias consideramos aquellas con las que hemos trabajado en el capítulo 5, es decir, clase social, clase social de origen, nivel educativo, nivel educativo de origen, cohorte, lugar de nacimiento y género. Asimismo, agregamos como nueva variable a la trayectoria intergeneracional, que es construida a partir de la conjunción de la clase social de origen y la clase social de destino. A continuación ilustramos la construcción de dicha variable (tabla 6.3)[6].

Tabla 6.3. Tipos de trayectorias de movilidad intergeneracional

trayectoias

Fuente: elaboración propia.

Tabla 6.4. Desviaciones de las coordenadas* de las variables suplementarias. CABA 2012-2015

suplementarias

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013 y ENES-PISAC 2014-2015. Variables con desviaciones “notables” en negrita. * Las desviaciones fueron calculadas a partir de las coordenadas principales de cada modalidad.

Gráfico 6.6. Modalidades suplementarias (clase social, clase social de origen, nivel educativo, nivel educativo de origen, cohorte, lugar de nacimiento, género). CABA 2012-2013

sup1

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013.

Gráfico 6.7. Modalidades suplementarias (trayectoria intergeneracional, cohorte, lugar de nacimiento, género). CABA 2012-2013

sup2

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013.

Gráfico 6.8. Modalidades suplementarias (clase social, clase social de origen, nivel educativo, nivel educativo de origen, cohorte, lugar de nacimiento, género). CABA 2014-2015

sup3

Fuente: elaboración propia en base a ENES-PISAC 2014-2015.

Gráfico 6.9. Modalidades suplementarias (trayectoria intergeneracional, cohorte, lugar de nacimiento, género). CABA 2014-2015

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Fuente: elaboración propia en base a ENES-PISAC 2014-2015.

Analizando la tabla 6.4, podemos observar que existen desviaciones “notables” para el caso de la clase social, la clase social de origen, el nivel educativo y la trayectoria de movilidad. Es decir, estas variables se encontrarían asociadas con una posición más o menos ventajosa en el espacio social del bienestar material. En el gráfico 6.6 y 6.8, en azul, se identifican las posiciones de clase de los encuestados: tanto en 2012-2013 como en 2014-2015, los perfiles correspondientes a la clase directiva-profesional son los que se apropian, en forma relativa, de una mayor cantidad de activos y recursos de bienestar, mientras que aquellos pertenecientes a la clase trabajadora no calificada son los que en peor posición se encuentran. Las posiciones de clase media técnica-rutinaria y la pequeña burguesía se localizan en un espacio similar, cercano al tipo promedio de distribución del bienestar material. El nivel educativo persigue el mismo patrón, aunque penalizando fuertemente a aquellos que solamente han alcanzado el nivel de primario completo. El origen de clase, si bien no alcanza una puntuación casi notable en 2012-2013 (0,477) y notable en 2014-2015 (0,539), pareciera comportarse de forma similar a la posición de clase del encuestado aunque de forma más conservadora: a mayor posición, mejor situación de bienestar material.

Esto último se complementa con lo referenciado en los gráficos 6.7 y 6.9, al analizarse las trayectorias de movilidad social respecto a la primera dimensión específicamente. El origen social cuenta, no es lo mismo provenir de una trayectoria en ascenso, de herencia o de descenso. Las diferencias pueden pensarse de mejor modo como matices, en el caso de la clase directiva–profesional, al contar con orígenes en la misma clase o provenir de una trayectoria ascendente y en el caso de las posiciones de reproducción y descenso de clase media y de acceso a la misma vía clase trabajadora. Ahora bien, la brecha de bienestar existente es de mayor magnitud entre aquellos que se posicionan en la clase trabajadora desde larga data (en términos intergeneracionales) y aquellos que provienen de un camino descendente desde las clases medias (específicamente para 2012-2013).

Las categorías de varón y mujer se mantienen cercanas al centro del mismo, evidenciando una débil relación con las diferenciaciones propuestas por los factores. La cohorte de nacimiento permite especificar principalmente al factor 2, dando cuenta de las mayores posibilidades de acceso a la vivienda para aquellos nacidos en momentos históricos anteriores, tales como el período “justicialista” y “desarrollista”. El lugar de nacimiento ayuda a lograr una mejor interpretación de la dimensión 1 fundamentalmente, ya que posiciona del lado derecho (mayor bienestar material) a aquellos nacidos en CABA y en la Provincia de Buenos Aires y del lado izquierdo (mayor privación) a los migrantes internos y externos.

La construcción de un índice de bienestar material

Como bien señalamos, diversos autores plantean las virtudes de las técnicas factoriales para la construcción de índices que sinteticen información sobre la distribución del bienestar material, la riqueza o los activos y recursos con los que cuentan los hogares para su reproducción (Baranger, 2009; Filmer y Pritchett, 2001; McKenzie, 2005; Minujin y Bang, 2002; Torche y Spilerman, 2009; Vélez Grajales et al., 2015). Algunos de estos trabajos señalan que únicamente con retener el primer factor emergente del análisis puede considerarse como suficiente, ya que el mismo explica una proporción de varianza importante. En términos sustantivos, la construcción de un índice de bienestar material nos permite presentar los hallazgos arribados a partir del análisis factorial en un formato simplificado, en el que se condensa simultáneamente la información de los tres aspectos relevados: ingresos, acceso a la vivienda y consumo.

En este sentido, podemos pensar en el índice como una escala que permite posicionar a los hogares a partir de la tenencia y apropiación de los activos y recursos considerados. Sin embargo, como hemos visto, la (no) posesión de algunos bienes posiciona a los hogares a mayor o menor distancia entre sí, por lo que el índice también adquiere un carácter ponderado (McKenzie, 2005: 6). De este modo, este tipo de índice, que podríamos denominar “positivo” o “empírico”, es apropiado para el estudio de la desigualdad, ya que el posicionamiento de los hogares no depende tanto de la posesión de activos por encima de un umbral normativo o pre-fijado, sino más bien del “estado de situación” de la distribución de activos en la población y en el tiempo estudiado.

El procedimiento consiste, brevemente, en la asignación de puntajes factoriales, derivados del ACM, a cada uno de los hogares que conforman las muestras utilizadas. Debido a que el programa estadístico utilizado calcula dichos puntajes en forma estandarizada, hay hogares que asumen valores negativos. Esto puede ser problemático para la aplicación de algunas técnicas de análisis (McKenzie, 2005: 7), así como dificultar la lectura de los datos, por lo que se optó por normalizar los puntajes dentro de un mínimo de 0 y un máximo de 1. En la tabla 6.5 presentamos algunas medidas de tendencia central y dispersión, tanto para los puntajes factoriales así como para el índice normalizado. Asimismo presentamos los histogramas y la curva de distribución para el índice de bienestar material (gráfico 6.10)

Tabla 6.5. Puntajes factoriales e índice de bienestar material. CABA 2012-2015

puntajes

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013 y ENES-PISAC 2014-2015.

Gráfico 6.10. Histograma de índice de bienestar material. CABA 2012-2015

curvas 

Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013 y ENES-PISAC 2014-2015. Asimetría: -0,322 (2012-2013); -0,660 (2014-2015). Curtosis: 2,668 (2012-2013); 2,720 (2014-2015)

Podemos observar que una vez normalizados los puntajes a través de un rango que va del 0 al 1, las medias del índice de bienestar material, tanto para 2012-2013 como para 2014-2015, presentan valores cercanos (0,60 y 0,68, respectivamente). Por otro lado, el histograma, así como los valores de asimetría y curtosis, dan cuenta que ambos índices no se distribuyen en forma normal al presentarse un mayor corrimiento hacia la derecha y una mayor forma de “pico”.

Construido el índice, en la tabla 6.6 calculamos la media, la mediana y el desvío estándar para cada una de las variables que se han incorporado bajo modalidad suplementaria. De esta forma podemos realizar una aproximación descriptiva al modo en que el bienestar material se distribuye en función de las características de clase, de origen social y adscriptivas-contextuales.

Tabla 6.6. Media, mediana y desviación estándar del bienestar material según variables suplementarias. CABA 2012-2015

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Fuente: elaboración propia en base a EMSyOSA 2012-2013 y ENES-PISAC 2014-2015.

Respecto a las variables de interés, podemos observar que tanto la posición de clase como la trayectoria de movilidad, permiten dar cuenta de cierta dispersión de las condiciones de vida medidas a partir del bienestar material promedio. ¿Qué significa esto? A mayor posición de clase, mejoran las posibilidades de bienestar, pero también las trayectorias de movilidad intergeneracional funcionan como descriptivas de las desigualdades en las condiciones de vida. Asimismo, el origen social de clase considerado aisladamente también permite diferenciar probabilidades de acceso al bienestar material, aunque de un modo menos “discriminador” que la posición de clase del hogar: mientras que la diferencia entre la clase mejor y peor posicionada (considerando la media) para el caso de la origen de clase es de 0,15 y 0,20, para las muestras de 2012-2013 y 2014-2015 respectivamente, según la posición de clase del hogar la brecha se intensifica en 0,27 y 0,38. Una tendencia similar persigue el nivel educativo del hogar y el nivel educativo de origen. Dentro de las variables adscriptivas-contextuales, tanto el género como la cohorte no parecieran marcan diferencias sustantivas respecto al acceso al bienestar material, aunque si el lugar de nacimiento (principalmente en la muestra de 2012-2013), al penalizar fuertemente el puntaje para aquellos hogares provenientes de otro país.

Cerrando este subcapítulo, podemos detenernos en señalar que, al menos en términos descriptivos, observamos por un lado que la posición de clase ejerce un rol fundamental en la consolidación de desigualdades en torno a las condiciones de vida. Sin embargo, el origen de clase y las trayectorias intergeneracionales, aunque en menor medida, también permiten una consideración en tanto fuentes posibles del bienestar material. Desde esta primera mirada, podemos comenzar a especificar la tercera hipótesis señalando que los antecedentes de clase ejercerían un impacto directo, y a través de la trayectoria intergeneracional, sobre el bienestar, habilitando cierta acumulación o perpetuación de (des)ventajas, aunque el posicionamiento alcanzado por los hogares, en términos de clase, se configure como el elemento fundamental (de aquellos indagados) para entender las desigualdades en los resultados.

6.2. Efectos de origen, de destino y de trayectoria en la distribución del bienestar material[7]

Una vez establecidas de forma exploratoria-descriptiva las asociaciones múltiples existentes entre la posición de clase, el origen social, las trayectorias intergeneracionales, las características adscriptivas-contextuales y las condiciones de vida de los hogares, esbozaremos distintos modelos explicativos considerando como variable dependiente a los distintos componentes del bienestar material. Conocidos los patrones entre dichas variables, el análisis de dependencia nos permite abordar la contribución de cada una de las variables independientes consideradas en la explicación de la variable dependiente, en este caso, el bienestar material en sus tres dimensiones: los ingresos monetarios totales percibidos por el dominante del hogar, el acceso a la propiedad de la vivienda y el nivel de consumo.

En términos sustantivos, el subcapítulo 6.1 nos permitió describir preliminarmente la existencia de una relativa asociación entre los antecedentes de clase y las trayectorias intergeneracionales respecto a la distribución de las condiciones de vida en los hogares de la CABA para 2012-2015. Hasta aquí, podemos señalar que la hipótesis de trabajo Nº3 podría ser corroborada con los datos observados. Sin embargo, poco pudimos señalar acerca de la intensidad con que dichas instancias impactan en el propio bienestar. Hacia dicha tarea nos dirigimos.

De este modo, el presente subcapítulo puede ser pensado como una continuación o ampliación de aquellos aspectos revisados en el 5.3. Si allí lo que intentábamos responder era acerca de las causas que intervenían en el proceso de estratificación social, en este caso, lo que presentamos es un abordaje que permita la comprensión de la distribución y el acceso al bienestar material, a partir de determinadas características de origen, de destino y adscriptivas-contextuales. En el esquema 6.1 presentamos, a grandes rasgos, las relaciones que intentaremos cuantificar y explicar, representando con líneas sólidas las vinculaciones directas entre las variables y las líneas punteadas las relaciones indirectas o mediadas. Dichas flechas no representan la totalidad de las relaciones empíricas y teóricamente pertinentes de abordar, sino las que interesan a partir de los objetivos de este trabajo.

Esquema 6.1. Proceso de condicionamientos al bienestar material

Fuente: elaboración propia

Para responder a estos interrogantes utilizaremos las técnicas de regresión lineal múltiple y regresión logística binomial. Los modelos elaborados se constituyen en forma anidada, es decir, sumando cada uno, una o varias variables independientes de interés: en principio se evalúa el efecto de los factores de origen (nivel educativo y clase social de origen) sobre el bienestar material; en segundo lugar, se suman los efectos de la posición de clase y el nivel educativo que presenta el hogar; en tercer lugar, se agregan controles por cohorte de nacimiento, género y lugar de nacimiento del miembro dominante del hogar; por último, en forma no anidada[8], incorporamos la variable de trayectoria intergeneracional, para analizar específicamente la influencias de la movilidad social sobre el bienestar material. Por otro lado, al igual que en el subcapítulo 5.3, indagamos el modo de transmisión (directa e indirecta) de las (des)ventajas de origen en el bienestar material, controlando por las distintas variables individuales y adscriptivas-contextuales[9].

Efectos sobre la distribución de los ingresos monetarios

En tanto aspecto constitutivo del bienestar material en la distribución de los ingresos monetarios operan, además de factores institucionales tales como las estrategias de desarrollo implementadas y la intervención estatal, condicionantes de origen social cristalizados en disímiles trayectorias intergeneracionales de clase. Dentro de los estudios que han conjugado el análisis de la movilidad social y el bienestar, el análisis de la distribución de los ingresos ha sido uno de los aspectos que mayor estudio tuvo y actualmente tiene (Erikson y Jonsson, 1998; Hauser y Sewell, 1986; Jencks, 1979; Pla, 2012; Quartulli y Salvia, 2014). Desde una perspectiva amplia, interrogarse por la movilidad social habilita a pensar qué sucede a partir de los cambios posicionales en la estructura social en términos de recompensas monetarias y qué papel ejercen los antecedentes de clase en el mejoramiento o empeoramiento de los resultados obtenidos por cada uno de los determinados grupos sociales que conforman dicha estructura.

Erikson y Jonsson (1998: 31) señalaban en su estudio sobre Suecia, que provenir de orígenes sociales más privilegiados aumentaba las chances de alcanzar, no sólo un mejor trabajo, sino también mejores ingresos, persistiendo dicho efecto más allá de que los propios sujetos hayan formado sus propias familias y carreras laborales. Si bien esto se explica por la mediación que ejerce la posición de clase alcanzada así como el nivel educativo, hay otros factores en los que el origen social “se filtra” en modo directo: contactos sociales, favoritismo por parte de las empresas y empleadores contratantes hacia sujetos de determinados orígenes, aspiraciones sociales constituidas en el seno familiar, entre otros.

En la tabla 6.7, siguiendo el ejercicio planteado por Pla (2012) y Quartulli y Salvia (2014), incorporamos las brechas de ingresos para cada celda de la tabla de movilidad, de modo de poder conocer las distancias existentes en función del destino y el origen de clase.

Tabla 6.7. Brecha de ingresos laborales (en $ corrientes) del dominante del hogar sobre la media de ingresos de cada clase de destino. CABA 2012-2015

mov_ingresos

En negrita se diferencian los datos correspondientes a la EMSyOSA de 2012-2013. Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 688) y ENES-PISAC 2014-2015 (N=424).

En este sentido tanto según origen (columna de totales) como por destino podemos indicar que los ingresos se distribuyen jerárquicamente a través de la pertenencia de clase. A posición más aventajada, mejores ingresos. Ahora bien, ¿qué sucede al considerar ambos factores al mismo tiempo? El ACM realizado anteriormente, ya nos había arrojado la existencia de cierta correspondencia entre clase, origen de clase y trayectoria intergeneracional a la hora de observar la distribución de ingresos. Sin embargo, al introducirnos en la lectura de las celdas de la tabla de movilidad, podemos señalar algunos matices que dan cuenta de ciertos espacios de independencia y otros de asociación entre la posición de origen y de destino. Para el caso de la clase directiva-profesional observamos la diferenciación de ingresos entre aquellos que provienen de la misma clase o aledañas y aquellos que provienen de la clase obrera, específicamente para 2012-2013. En el caso de la pequeña burguesía así como de la clase obrera calificada, sucede lo contrario, por el cual los ingresos percibidos parecieran distribuirse con cierta independencia de los orígenes. Para la clase media rutinaria-técnica, los ingresos se comportan similares para los orígenes cercanos, diferenciándose hacia los extremos. Por último, para la clase obrera no calificada, los ingresos mejoran a medida que el origen social es más alto.

A continuación presentamos el análisis multivariable para los ingresos percibidos tanto en 2012-2013 como en 2014-2015 (tablas 6.8 y 6.9)[10].

Tabla 6.8. Regresión lineal múltiple. Variable dependiente: Ln (ingresos laborales del dominante del hogar). CABA 2012-2013

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Coeficientes exponenciados. Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 683). * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

Tabla 6.9. Regresión lineal múltiple. Variable dependiente: Ln (ingresos laborales del dominante del hogar). CABA 2014-2015

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Coeficientes exponenciados. Fuente: ENES-PISAC 2014-2015. * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

En primera instancia, observando las medidas de bondad de ajuste de los modelos para ambas muestras, es destacable la mejora considerable generada al incorporar las variables que dan cuenta de la posición de clase y nivel educativo de los hijos/as (el R2 pasa de 7% al 22% para 2012-2013 y de 12% a 28% para 2014-2015). Como bien se ha comentado en el apartado anterior, otras investigaciones recientes (Albertini, 2013; Solís et al., 2016; Weeden y Grusky, 2005; Weeden et al., 2007) señalan el carácter explicativo que aún tiene la clase social respecto a la desigualdad de ingresos. Por su parte, la incorporación del control por género, cohorte y lugar de nacimiento (modelo 3), también producen una mejora relevante, aunque de menor proporción respecto a las variables sumadas en el modelo 2. Por último, el modelo 4, en el que se incorporan las trayectorias intergeneracionales en lugar de la posición de origen y destino, no mejora la varianza explicada respecto al modelo 3 así como tampoco mejora la bondad de ajuste siguiendo al coeficiente BIC, sin embargo permite presentar algunos matices que haremos referencia a continuación.

Respecto a los coeficientes estimados para cada bloque, en el primer modelo observamos una tendencia esperada: los orígenes de clase mejor posicionados frente a los orígenes de clase trabajadora no calificada, perciben un mayor porcentaje de ingresos. El nivel educativo de origen también persigue dicha tendencia. Sin embargo la influencia directa del origen sobre los ingresos se va perdiendo a medida que se incorporan los siguientes controles, principalmente la posición social del encuestado/a (clase y educación). Podemos observar que los coeficientes se tornan no significativos o reducen su intensidad, como es el caso de los orígenes en la clase trabajadora no calificada en 2014-2015. Es decir, el efecto de origen se transmite de forma indirecta a través de la clase social y el nivel educativo como ya han demostrado otros estudios (Esping-Andersen y Wagner, 2012; Fachelli y Torrents, 2018; Hauser y Sewell, 1986; Jencks, 1979; Mastekaasa, 2011). De este modo, reteniendo el tercer modelo para simplificar el análisis, puede indicarse que la posición de clase de destino es la que en mayor medida explica las desigualdades en la distribución del ingreso. La clase directiva-profesional se apropia, en promedio, del doble de veces más de ingreso que la clase trabajadora no calificada (2,3 en 2012-2013 y 2,03 en 2014-2015), aun controlando por nivel educativo, cohorte, género y lugar de nacimiento. Asimismo, las variables adscriptivas-contextuales también ilustran las desigualdades de ingresos: 1) para el caso de 2012-2013, los hogares con dominancia femenina muestran, en promedio, un 35% menos (1 – 0,646) de ingresos respecto a aquellos con dominancia masculina; 2) las cohortes más jóvenes (1976-1982) también se encuentran en situaciones de mayor desventaja respecto a las más viejas, viendo reducidos sus ingresos en aproximadamente un 25% (1- 0,729; 1 – 0,748) y 3) el origen migratorio también cuenta, ya que para 2012-2013, los hogares nacidos en otro país, presentan en promedio una disminución de sus ingresos de alrededor del 20% (1 – 0,802) respecto a los nacidos en la CABA.

Respecto a la incorporación de la variable trayectoria, los coeficientes estimados no permiten marcar cierta tendencia en función de los “caminos intergeneracionales” establecidos. Si bien para 2012-2013 puede señalarse el hándicap que se produce entre quienes tienen orígenes en clase media y reproducen su situación y aquellos que provienen de la clase obrera (1,43 vs 1,39) y en 2014-2015, entre quienes son originarios de la clase directiva-profesional y aquellos que ascienden desde otras clases (1,736 vs 1,703), las principales diferencias se dan por el posicionamiento en la clase de destino.

Recapitulando, en tanto hallazgo relevante, observamos que el origen de clase y la trayectoria intergeneracional, si bien ejercen cierta influencia sobre los ingresos percibidos en los hogares, su importancia es poco relevante, al menos en términos directos. ¿Qué implica esto? Podríamos decir que una vez analizada la relación entre el posicionamiento de clase y el nivel educativo alcanzado respecto a los ingresos monetarios percibidos, no podemos aseverar (estadísticamente) que existan influencias de origen, que la literatura ha identificado a partir de mecanismos como la transferencia de habilidades no cognitivas, modales particulares, expectativas en cuanto a carreras laborales, movilización de capital social o cierta selectividad de los empleadores en función del origen social de los empleados (Erikson y Jonsson, 1998; Jencks, 1979; Mastekaasa, 2011). Este sería un primer elemento que nos alejaría de una interpretación que caracterizara el proceso estudiado netamente a partir de la persistencia de la reproducción social o de las condicionalidades de los orígenes. A diferencia de cuando estudiamos el impacto de los orígenes de clase en los destinos de clase (capítulo 5), en donde estas tesis tienen cierta plausibilidad, al observar los ingresos encontramos una mayor fluidez o apertura (Bukodi y Goldthorpe, 2011: 27). Ahora bien, esto no implica señalar que las influencias de origen no existen, sino que las mismas repercuten y se filtran en instancias previas a la percepción de ingresos. En primer lugar el origen de clase condiciona las oportunidades educativas de los hijos, y posteriormente, las trayectorias educativas condicionan las oportunidades de movilidad social. Finalmente, los resultados respecto a la distribución de ingreso se acotan y, pueden ser pensados probabilísticamente, en función de la posición de clase ocupada.

Efectos sobre el acceso a la propiedad de la vivienda

La relación entre el fenómeno de la movilidad social y el acceso a la vivienda ha sido un campo con menor caudal de estudio que el revisado anteriormente. La sociología urbana inglesa presentó un fructífero debate en torno a las intersecciones existentes entre la esfera del consumo (posesión de vivienda) y la esfera de la producción (posición de clase) (Kemeny, 2013; Saunders, 1978, 1984), aunque poco se ha avanzado en el estudio de los efectos de la trayectoria intergeneracional sobre condiciones de vivienda, específicamente, sobre su propiedad. Algunos trabajos, han estudiado el modo en el que los orígenes sociales, a través diversos mecanismos (herencia, transferencias inter-vivos, socialización de expectativas, etc.) han podido influenciar en las oportunidades de acceso a la vivienda, más allá de la propia posición socio-económica que los hogares presentan (Hamnett, 1991; Kurz, 2004; Lersch y Luijkx, 2015; Savage et al., 1992).

De este modo, tal como lo plantea Bourdieu (2000b: 41), es válido preguntarnos por el peso que ejerce el origen social (definido a partir la trayectoria intergeneracional) sobre el consumo específico de la vivienda, más allá de la estructura y volumen de capital que presentan los hogares analizados. A priori, podemos pensar que la propiedad de la vivienda se constituye como una de las inversiones económicas y sociales más importantes en la vida de una familia debido no sólo a su elevado costo, sino a las consecuencias que dicha decisión asume en el futuro del hogar (Bourdieu, 2000b: 27). El origen social, principalmente en aspecto patrimonial, podría ejercer un rol central en la viabilidad de dicha inversión, bajo la forma de herencias, ayudas, ahorros, etc., independientemente o al margen del volumen de capital acumulado en función de la posición de clase.

En este sentido, en este subcapítulo revisamos una segunda arista de la hipótesis Nº3, en la que señalamos que el origen social condicionaría, de diversos modos, las estrategias residenciales familiares, específicamente, el hecho de acceder o no a la propiedad de la vivienda. Como primera aproximación, en la tabla 6.10 presentamos la proporción de hogares propietarios en función de su clase de origen y de destino.

Tabla 6.10. Porcentaje de hogares propietarios de la vivienda según clase de origen y de destino. CABA 2012-2015

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En negrita se diferencian los datos correspondientes a la EMSyOSA de 2012-2013. Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 688) y ENES-PISAC 2014-2015 (N=424).

Observando las frecuencias marginales de la tabla, podemos dar cuenta de la existencia de una asociación con mayor fuerza respecto a la tenencia de la vivienda, cuando hacemos referencia a la posición de destino de los hogares: dependiendo de la muestra considerada la diferencia entre la clase superior y la inferior es de 22 a 60 pp. Por el contrario, observando el acceso por origen, la distribución se torna más homogénea. Asimismo, observando las celdas internas de la tabla, tampoco puede validarse provisoriamente la hipótesis de que a igual posición de clase, el origen social condiciona las oportunidades de acceso. Únicamente puede identificarse algún tipo de asociación entre origen, destino y propiedad, al referirse a la clase media rutinaria-técnica, la clase obrera calificada y la no calificada.

Ahora bien, si queremos estudiar la intensidad que asume el origen social sobre el acceso a la propiedad de la vivienda, así como el impacto de los aspectos adscriptivos-contextuales, es necesario plantear otro tipo de abordaje. A continuación (tablas 6.11 y 6.12) presentamos los resultados del análisis de regresión logística binaria, tomando como variable dependiente al hecho de que el hogar sea o no propietario de la vivienda.

Tabla 6.11. Regresión logística binomial. Variable dependiente: propiedad de la vivienda. CABA 2012-2013

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Coeficientes exponenciados. Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 688). * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

Tabla 6.12. Regresión logística binomial. Variable dependiente: propiedad de la vivienda. CABA 2014-2015

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Coeficientes exponenciados. Fuente: ENES-PISAC 2014-2015. * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

En este caso se da la particularidad que, si bien ambas muestras evidencian tendencias similares, los modelos 2, 3 y 4 de la ENES-PISAC presentan un buen ajuste respecto a los datos: el pseudo R2 alcanza un valor de 29% en el modelo 3, mientras que para la EMSyOSA el mejor modelo alcanza una varianza explicada de casi el 9%.

Para las características de origen no puede aseverarse la existencia de una influencia relevante de las mismas sobre el acceso a la propiedad, más allá de cierta ventaja de la clase directiva-profesional, la pequeña burguesía y la clase media rutinaria-técnica. Sin embargo, a diferencia de la situación respecto a los ingresos, aun realizando un control a partir de las características de posición de clase y nivel educativo de destino (modelo 2), los efectos directos de la clase de origen se mantienen con una brecha de entre el 75% y 60% para individuos con origen en las clases medias y la clase trabajadora calificada vs aquellos con orígenes en la clase trabajadora no calificada, según los datos de 2012-2013. Para 2014-2015, los datos dan cuenta de la misma tendencia, aunque identificando a la clase media técnica-rutinaria como la más ventajosa respecto a la obrera no calificada. Este persistente efecto directo de origen a igual posición de clase, pudiera estar haciendo referencia a transferencias vía herencia y donaciones desde posiciones que han podido acumular activos patrimoniales en períodos anteriores para luego ser transferidos a sus hijo/as (Torche y Spilerman, 2006) y/o a aspectos de la socialización de personas que crecieron en contextos en los cuales los padres eran propietarios de la vivienda (Lersch y Luijkx, 2015; Torche y Spilerman, 2009: 94).

Ahora bien, centrándose en la clase de destino, las probabilidades de ser propietario de una vivienda aumentan aproximadamente el doble para aquellos individuos que pertenecen a la clase directiva-profesional y pequeña burguesía respecto a aquellos peores posicionados. La ENES-PISAC refuerza dicha vinculación, al calcularse que las oportunidades relativas de acceso a la propiedad se multiplican en casi 23 veces para los herederos de la clase superior. Esta relación se específica al considerar conjuntamente los orígenes y destinos de clase, bajo el formato de trayectorias (modelo 4). En este sentido, los “orígenes cuentan”, en la medida en que aquellos individuos con orígenes en la clase directiva-profesional presentan mejores condiciones de acceso a la vivienda frente a aquellos que provienen del resto de las clases. Similar situación se presenta para aquellos que descienden o provienen de las clases medias frente aquellos que tienen orígenes en la clase trabajadora.

Por otra parte, es válido señalar que para el estudio de este tipo de temática, dos efectos deben ser considerados y controlados (Kurz y Blossfeld, 2004: 14; Torche y Spilerman, 2009: 96): la cohorte y el curso de vida. Si bien ambos están correlacionados y pueden ser medidos por el mismo indicador, el primero refiere, en mayor medida, a los contextos históricos que signan a cada una de las generaciones, mientras que el segundo da cuenta de los procesos demográficos, ocupacionales, vitales, etc., por los que transitan los sujetos a lo largo de su vida. En este caso ambos fenómenos son aunados en la variable de cohorte de nacimiento. De este modo, esta mayor desigualdad evidenciada entre los jóvenes adultos y los adultos, podría explicarse, por un lado, por necesidad de una mayor permanencia de los jóvenes en el sistema educativo, así como también a la mayor dificultad para conseguir un empleo estable y de calidad y/o a la dificultad presentada en los últimos años para el acceso al crédito hipotecario, entre otros (Carmona Barrenechea y Messina, 2015; Cosacov, 2012).

Por último, presentamos los coeficientes β para los efectos totales, directos e indirectos, así como el porcentaje correspondiente a cada uno, controlando por nivel educativo alcanzado y posición de clase de destino (tabla 6.13).

Tabla 6.13. Descomposición de efectos de origen. Variable dependiente: propiedad de la vivienda. CABA 2012-2015

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Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 688) y ENES-PISAC 2014-2015 (N=414). * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

Ambos relevamientos dan cuenta que los efectos indirectos, es decir, aquellas influencias del origen social que se transmiten vía posición en la estructura de clases y nivel educativo, son significativos estadísticamente, teniendo como categoría de referencia a la clase obrera no calificada, para la clase directiva-profesional y la pequeña burguesía. Para el caso de los primeros, nos estaría indicando que entre un 51% y un 55% de los efectos de origen se transmiten directamente más allá de la posición que ocupe el hogar en la estructura social. En cambio, tanto para la pequeña burguesía, como para la clase media técnica-rutinaria y la clase obrera calificada, pareciera adquirir más fuerza la transmisión directa del efecto de origen, que podría garantizarse mediante los mecanismos descritos anteriormente: herencias, ayudas económicas, socialización de aspiraciones, etc.

A modo de resumen de este apartado, y a la luz de la hipótesis que hemos puesto a prueba, podemos discutir algunos hallazgos. En primer lugar, nos encontramos con que las muestras utilizadas, si bien marcan una tendencia similar en cuanto al rol explicativo que implican los antecedentes y el posicionamiento de clase, en el caso de la ENES la intensidad de ambos aspectos sobre las posibilidades de acceso a la propiedad de la vivienda son considerablemente más marcadas. En este sentido, las posibles conclusiones que podemos establecer sobre los datos deben hacerse con ciertos recaudos. Apoyándonos en los datos presentados en el capítulo 4, encontramos que a través de la EAH, el estudio de las oportunidades de acceso a la vivienda según la clase social, se acerca a los resultados presentados aquí a partir de la ENES más que a los de la EMSyOSA. Aunque esto no sea un indicio fuerte para suponer que los primeros datos sean “más fieles a la realidad” por sobre los segundos, dichos resultados nos permiten un marco comparativo desde donde observar los datos aquí elaborados.

De este modo, ¿qué interpretamos entonces de los datos de la ENES 2014-2015? En primer lugar, podemos señalar una marcada centralidad del posicionamiento de clase en la probabilidad de acceder a la vivienda, entendiendo que dichas oportunidades se encuentran jerarquizadas. En segundo lugar, la influencia del origen si bien no presenta la misma fuerza que el destino de clase, se mantiene en tanto efecto directo. Con esto nos referimos a que más allá de la clase social, los antecedentes cuentan, principalmente en el caso de la clase media técnica-rutinaria y la clase obrera calificada. A pesar de que en esta tesis no contamos con información acerca de transferencias patrimoniales o de riqueza entre padres e hijos, hay bibliografía en la temática (Albertini y Radl, 2012) que remarca la importancia de las ayudas “altruistas” en el caso de los orígenes de clase trabajadora, a los fines de evitar el descenso social y asegurar un mejor futuro a los hijos. A pesar de que estás ayudas de tipo financiero son más fuertes en la clase superiores o profesionales, las mismas suelen brindarse fundamentalmente bajo dicho formato en lugar de inversiones educativas, en consonancia con lo señalado por Goldthorpe respecto a la existencia de estrategias “desde arriba” y “desde abajo” (Goldthorpe, 2010b). Esta podría ser una plausible explicación de la mayor presencia, en términos de magnitud, en el caso de la pequeña burguesía y la clase directiva-profesional. Por otro lado, observar las chances de acceso a la propiedad de la vivienda a partir de las trayectorias intergeneracionales de clase, permite dar cuenta de hándicap que otorgan los orígenes sociales, principalmente para el caso de quienes se mantienen o descienden desde la clase directiva-profesional.

Efectos sobre el nivel de consumo del hogar

Dentro de las dimensiones del bienestar material propuestas a estudiar en esta tesis, el consumo quizá sea la que menor desarrollo haya tenido en el campo de estudios de la estratificación y la movilidad social. Tempranamente se marcó la importancia en el estudio de la vinculación del consumo con los procesos de movilidad social (Lipset y Bendix, 1963: 294-295) o ha sido tratado desde el análisis de clase, pero haciéndose foco en el aspecto cultural, identitario o diferenciador del consumo (Bourdieu, 2012a; Chan y Goldthorpe, 2007b; Crompton, 1996; De Graaf, 1991; van Eijck, 1997). Vale recordar que diferentes investigadores optan por trabajar con el consumo de bienes durables ya que permiten una mejor aproximación al “ingreso permanente” de los hogares (Filmer y Pritchett, 2001; McKenzie, 2005; Minujin y Bang, 2002). En este sentido, a diferencia de los ingresos corrientes, el quantum de bienes funciona como un proxy posible de riqueza o recursos acumulados.

Al igual que en el caso de los ingresos monetarios y el acceso a la propiedad de la vivienda, podríamos señalar, siguiendo lo postulado en la hipótesis de trabajo Nº3, que el origen social y las posibles trayectorias intergeneracionales trazadas pueden ejercer condicionamientos al consumo material. Por un lado, como consecuencia de tener influencia sobre el nivel de ingresos monetarios apropiado, en tanto factor importante para acceder al consumo a través de una vía mercantil. Por el otro lado, el acceso a algunos bienes más costosos (automóviles, televisores, electrodomésticos, etc.) puede estar articulado a partir de ayudas, préstamos o financiamiento de la familia de origen, bajo la finalidad de garantizar cierto nivel o estándar de vida en el hogar conformado por los hijos.

De este modo, y siguiendo con los interrogantes planteados anteriormente, nos preguntamos acerca de las influencias que el origen social y la trayectoria intergeneracional pueden tener sobre el nivel de consumo material. En la tabla 6.14 presentamos los valores que asume el índice de nivel de consumo para cada celda en función del origen y destino de clase[11].

Tabla 6.14. Puntaje medio del índice de consumo material según clase de origen y de destino. CABA 2012-2015

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En negrita se diferencian los datos correspondientes a la EMSyOSA de 2012-2013. Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 688) y ENES-PISAC 2014-2015 (N=424).

Las diferencias en el nivel de consumo por clase se presentan casi de forma jerarquizada: a mejor posición de clase, mejor nivel y caudal de consumo. Asimismo, el origen de clase también sería un factor ilustrativo de la distribución del consumo, aunque no tan discriminador como en el caso de la clase de destino. Por ejemplo, considerando el relevamiento de 2012-2013, mientras que la distancia entre la clase de destino superior e inferior es de 0,15 (0,63 – 0,48), para el origen de clase es de 0,09 (0,60 – 0,51). Por su parte, al interior de la tabla la distribución del consumo sigue un patrón similar a la presentada en el caso de los ingresos monetarios o el acceso a la vivienda: mientras que para las clases directiva-profesional, pequeña burguesía y la media rutinaria-técnica, existiría cierta independencia respecto al origen social en la distribución del consumo, para la clase obrera en su conjunto pareciera cumplirse, relativamente, una mejor situación de consumo en función de orígenes en clases sociales más altas.

Nuevamente, para estudiar las intensidades con las cuales se presentan los antecedentes sociales, el posicionamiento de clase y la trayectoria intergeneracional, presentamos los resultados de la aplicación del análisis de regresión lineal múltiple (tabla 6.15 y 6.16).

Tabla 6.15. Regresión lineal múltiple. Variable dependiente: índice de nivel de consumo material. CABA 2012-2013

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Fuente: EMSyOSA 2012-2013 (N= 688). * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

Tabla 6.16. Regresión lineal múltiple. Variable dependiente: índice de nivel de consumo material. CABA 2014-2015

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Fuente: ENES-PISAC 2014-2015. * p < 0.10, ** p < 0.05, *** p < 0.01

Al medir la desigualdad de acceso al consumo nos encontramos con efectos similares a los hallados para el caso del nivel de ingresos, aunque de menor magnitud. Tanto para la muestra de 2012-2013 y 2014-2015, la varianza explicada (R2) asciende de un 8%, al considerar únicamente los factores de origen, a un 21% – 26% al incorporar las características de destino de clase y educativo así como las variables adscriptivas-contextuales. Al igual que en los modelos anteriores, los efectos totales de origen se mediatizan al incorporar el control de clase social, nivel educativo, género y edad (en este caso pierden significatividad estadística). Sin embargo, los orígenes en la pequeña burguesía (hijos/as de pequeños propietarios de establecimientos o trabajadores independientes calificados), en 2012-2013, y en la clase directiva-profesional, en 2014-2015, mantienen sus efectos, aún al ser controlados por clase social y nivel educativo de destino. Podríamos señalar entonces, que las posibles ayudas o financiamiento para el consumo podría ser un aspecto privativo de los orígenes de clase mejor posicionados, que contarían con mayores recursos para ser transferidos, a diferencia del resto de las clases sociales.

Al incorporar la clase social y el nivel educativo del encuestado/a, los efectos se comportan de manera esperada: a mejor posición, mayor nivel de consumo material. En este sentido, ambas instancias se configuran como los factores más relevantes respecto al acceso al consumo, repitiéndose los hallazgos narrados en los casos anteriores. Por su parte, tanto los hogares con dominancia femenina como aquellos provenientes de otras provincias y otros países, muestran cierta desventaja respecto al acceso a los bienes medidos, para 2012-2013. La variable trayectoria también identifica el matiz que otorga la medición conjunta de los orígenes y destinos, remarcando que a igual posición de clase, el origen social otorga cierto hándicap en el nivel de consumo, centralmente, como hemos remarcado, en el caso de los orígenes en la clase directiva-profesional.

A modo de cierre de este apartado, vale señalar que respecto a la dimensión del consumo material, el comportamiento de los hogares presenta cierta similitud que respecto a los ingresos monetarios. Es decir, existe de algún modo un efecto discriminador proveniente del origen social, pero casi en su totalidad se transmite a partir de la posición de clase alcanzada y el nivel educativo. Esto señalaría que por fuera de los procesos de movilidad social y educativa, prácticamente la diferenciación en función del origen social poco señala en términos de consumo.


  1. Parte de lo expuesto en este capítulo fue publicado en Rodríguez de la Fuente (2020)
  2. Para realizar este procesamiento se utilizó el comando MCA del programa estadístico STATA. El mismo se basa en la metodología propuesta por Greenacre (1984).
  3. En el caso del ACM realizado a partir de la ENES, no utilizamos la variable de “propiedad de la vivienda” debido a que su incorporación presentaba ciertas incompatibilidades con la variable de “acceso a la vivienda”. De este modo, optamos por dejar esta última, incorporando una categoría/modalidad que agrupe a todos los “no propietarios”.
  4. La zona sur de la ciudad es donde se concentran las situaciones más críticas en las condiciones de vida medidas por ingresos y necesidades básicas insatisfechas (Mazzeo, Lago, Rivero, y Zino, 2012: 63).
  5. Fachelli, Goicoechea y López Roldán (2014), a partir de un análisis de componentes principales con datos de CENSO 2010 para la CABA, describen un factor emergente similar que lo denominan como “estabilidad residencial” ya que opone a los inquilinos de los propietarios.
  6. Para la construcción de dicha variable seguimos la elaboración planteada en Ipar, Chávez Molina y Catanzaro (2014).
  7. Parte de lo expuesto en este capítulo fue publicado en Rodríguez de la Fuente (2019).
  8. Hemos decidido retirar del cuarto modelo a las variables de clase de origen y destino con el propósito de eliminar la posible colinealidad existente entre algunas categorías de dichas variables y aquellas de la variable “trayectoria”. Asimismo optamos por la incorporación de dicha variable, en lugar de la aplicación de interacciones (entre la clase de origen y de destino), debido al bajo nivel de significatividad estadística evidenciado en las mismas.
  9. Únicamente en el caso del acceso a la propiedad de la vivienda se utiliza la técnica recurrida en el subcapítulo 5.3 (Breen et al., 2013), debido a que para los modelos de regresión lineal, la descomposición de los efectos se realiza de modo simple e intuitivo: la diferencia entre los coeficientes del modelo restringido (efecto total) y el modelo ampliado (efecto directo) permiten el cálculo del efecto indirecto o mediado (Breen et al., 2013: 165).
  10. Los ingresos son expresados en su forma logarítmica natural (ln), debido a que la misma es más sensible a las variaciones en los menores ingresos así como facilita la comparación entre muestras, ya que en su forma exponenciada, los coeficientes pueden ser leídos como el porcentaje de cambio en los ingresos asociados al cambio de unidad en la variable considerada (Jencks, 1979: 8-9).
  11. Dicho índice se construyó a través de la técnica de análisis de correspondencias múltiples. El mismo varía de 0 (nulo consumo) a 1 (nivel máximo de consumo).


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