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Anexos

Aclaraciones metodológicas

Presentar los resultados de la investigación realizada supone ofrecer algunas aclaraciones metodológicas o teórico-metodológicas relacionadas con el marco teórico que se ha elegido en el campo sociológico. Se trata de una sociología abiertamente cualitativa, que se apoya esencialmente en relatos de tipo biográfico, abiertos; que otorga centralidad a la construcción del relato, a la aprehensión de la realidad reconstruida a través de la interacción, connotada por los juegos de la percepción y las emociones, y a la subjetividad del actor.[1]

Dentro de los métodos cualitativos, cuyos resultados están por definición particularmente sujetos a cuestionamientos (p.e., Beaud, 1996), no se busca legitimar una realidad estudiada recolectando recurrencias hasta la saturación. Cuando las hay son tomadas en cuenta y se trabajan como portadoras de significados. Sin embargo, si la manifestación repetida de un fenómeno se concibe como un método para proteger la investigación de la presión subjetiva interpretativa del investigador, cabe subrayar cuán aleatorio y subjetivo resulta establecer el criterio de saturación de los datos. Por ello, su análisis integra nuestra perspectiva, pero no la guía. Desde el estudio cualitativo de las trayectorias tampoco se busca desprender los datos fácticos que ofrece el relato de la significación que reviste para el entrevistado, condición, para algunos autores, de distancia o neutralidad.[2] Dicho de otra manera, se considera que por un lado es justamente esa significación la que le da sentido al hecho descrito, mientras que por otro no existe relato ni experiencia retrotraída en el tiempo que no se encuentren sujetos a los juegos de la memoria y la reinterpretación en situación de entrevista.

De las más de cuarenta entrevistas realizadas en el marco de esta investigación, son centrales diez historias de vida o, mejor dicho, historias de vivencias y experiencias compartidas por mujeres, trabajadoras, que migraron de las provincias argentinas, de Paraguay o de Perú para incorporarse en el sector del cuidado y doméstico –generalmente, aunque no siempre, en los dos alternativamente.[3] Siempre que fue posible, las entrevistas (entre dos y seis por cada persona) tuvieron lugar en espacios que las trabajadoras consideraron propios (sus hogares) y/o en espacios neutros (cafés). Aún orientadas por la voluntad de conocer las vivencias laborales, se llevaron a cabo entrevistas abiertas, biográficas y, al menos desde las pautas de investigación, no cronológicas. Así, si algunas entrevistadas partieron espontáneamente de la infancia, otras se situaron en el presente, a tal punto que una entrevistada omitió involuntariamente hablar de sus cinco primeras décadas de vida en el Perú, tema que desarrollará el final al pedírselo la investigadora. Abiertas y flexibles, las entrevistas buscan dar espacio al desarrollo del relato, partiendo de la idea, ampliamente verificada a los largos de las investigaciones, que las aparentes digresiones de los entrevistados son en realidad el camino que siguen para decir algo en particular.

Las trayectorias trabajadas en ese capítulo, así como los análisis presentados en los siguientes, provienen de estas historias de vida con sus puntos fuertes (la profundidad de la mirada subjetiva alcanzada) y sus puntos débiles (incertidumbre en las referencias temporales, información variable entre las entrevistadas en función de la historia que recrean en la situación de entrevista). La indagación del significado del trabajo de cuidado, el análisis de su aprehensión subjetiva y de la percepción de la trayectoria propia, guió la elección, a pesar de las reticencias de una parte importante de la sociología, temerosa de verse tildada de subjetivista.[4] El artículo de Bourdieu “La ilusión biográfica” (1986) condensa dos grandes críticas dirigidas al método biográfico. Por un lado, ante quien crea en la transparencia del relato, el sociólogo advierte que la vida contada es un engaño. Es una historia construida como una ficción legítima e interesante tanto para el narrador como para aquel que lo escucha. En parte la reconstruye el narrador en función de un final ya conocido, dando lugar a la “ilusión teleológica”. A través de ella el narrador recupera una unidad y continuidad de sus múltiples estados en el tiempo y el espacio (ilusión de ipseidad). Finalmente, al contar su propia historia, el narrador la piensa como una creación original que escapa del anonimato (ilusión de lo propio), cuando finalmente se descubren tras esta alteridad los efectos comunes de las regularidades sociológicas.

Además de subrayar que los relatos de vida son construcciones que difieren de la vida tal como transcurrió (construcciones y puestas en escena que constituyen justamente el material de estudio de este libro), Bourdieu apunta otro escollo del método en la falta de distancia del sociólogo, que, al tomar el relato acríticamente, contribuye junto con el narrador a la elaboración ilusoria de una historia que no existe. Bourdieu, entre otros autores (p.e., Passeron, 1989), se hace el portavoz de la desconfianza hacia los sujetos y su subjetividad preconizada por una disciplina cuyo objetivo consiste en desprender hechos y procesos sociales objetivos (sociales versus individuales; objetivos versus subjetivos). Aunque todavía estructuren en parte el pensamiento, estas oposiciones son hoy por hoy cuestionadas. Se le otorga más importancia al sujeto (como lo atestigua el uso de las entrevistas semi-dirigidas, abiertas y biográficas) aun cuando el sociólogo se empeña en extraer de los relatos “acontecimientos” y “hechos significativos” que atestiguan lo que, exteriormente, determinaría las conductas de los individuos, sin considerar los “sentimientos” y las “opiniones” no sujetas a interés por la disciplina, postura con la que esta investigación no coincide.[5]Desde este análisis, las posibles recurrencias aparecen en el estudio de las similitudes y disimilitudes entre las experiencias vividas, como se ve a lo largo del libro. Sin embargo, siguiendo a autores como J.-F. Laé, el trabajo va en concordancia con la idea de que no es indispensable que la sociología coleccione recurrencias para que su objeto de estudio y la disciplina sean legítimos y sus resultados “verdaderos” o al menos aceptados por su comunidad científica de pertenencia (Laé, 2004).

El relato biográfico representa efectivamente una producción que poco tiene que ver con la vida en sí, tal como se desarrolló –lo que no significa que las experiencias compartidas no sean reales, o tan solo fruto de una imaginación desbordante– y es justamente así que resulta importante e interesante, ya que contiene, en su contenido y forma narrativa, elementos que permiten acceder tanto a la construcción de los significados y representaciones como a mecanismos y dispositivos sociales. Schwartz invita a distinguir el “registro biográfico en sentido amplio, (que) designa el conjunto de los enunciados por los cuales un narrador evoca eventos vividos por él, próximos o lejanos”, del “efecto biográfico” en sentido estricto, que designa “la figura descrita por Bourdieu cuya esencia puede resumirse en pocas palabras: es la ‘bella forma’ del ‘yo’, del sujeto intencional, dotado de vida propia e ipseidad, del cual se supone entonces que posee son centro de gravedad en sí mismo” (Schwartz, 1990: 176).

Cabe preguntarse si los relatos tienden necesariamente hacia la producción del “efecto biográfico”. Así como el sujeto no domina su vida atravesada por múltiples constreñimientos (sociales, históricos, institucionales, familiares, laborales, contingentes), tampoco controla del todo la historia compartida, que a menudo toma la forma de luchas parcialmente resueltas. Se distinguen la vida del relato de la vida, o mejor dicho se busca reconocer sus lazos: “Después de todo, el relato de nuestra vida es parte de nuestra vida. Parafraseando a Walter Benjamín, el problema no consiste en saber cuál es la relación entre la vida y el relato sino, más bien, cuál es el lugar de este dentro de aquella” (Portelli en James, 2004: 162), o cómo el individuo habita su propia historia (De Gaulejac, 1995). Los relatos de vida deben analizarse como producciones, que con sus fallas (incoherencias, silencios, catarsis) dan acceso a universos sociales y culturales, universos de sentido y experiencias de sujetos. Los elementos contenidos en los relatos han de situarse respecto a diversos estratos de construcción-reconstrucción (en la historia relatada y la historia presente, la historia contada con respecto a la historia presente, el relato en sí con sus nudos y rugosidades, lo gestual que lo acompaña, la situación de comunicación, el entramado de fuerzas que atraviesan y sostienen las vivencias y sus relatos).

El investigador adopta una actitud comprensiva, retomando el término que emplea el mismo Bourdieu en una publicación posterior, sin ceder la vigilancia ante las condiciones de producción del relato. El relato no es solicitado en tanto historia que restituye fielmente los acontecimientos sociales o históricos. El relato puede ser fiel o no serlo, las deformaciones abundan. Puede ser completado y corregido, confrontándolo a otras entrevistas, o mediante otras fuentes de información, cuando estas existen. Pero su gran e irremplazable ventaja consiste en ser el único en poder brindar el tipo de información que ofrece. Para Daniel James, que lleva adelante un análisis muy fino del uso de la narración oral en historia, los relatos son objetos complejos que necesitan mucho tacto: “Debemos tener una vez más la precaución de no caer en los supuestos de un realismo ingenuo ni imaginar una cualidad mimética en las narraciones orales cuando expresan consciencia y sentimiento. Puesto que el uso de los relatos orales para tener acceso al dominio de la consciencia y la ‘experiencia de vida’ es una de las cuestiones complicadas por la consideración del testimonio oral como narración. Si bien el testimonio oral es, en efecto, una ventana hacia los aspectos subjetivos de la historia –el universo cultural, social e ideológico de los actores históricos– es necesario decir que la visión que proporciona no es el mero reflejo transparente de los pensamientos y sentimientos tal como realmente fueron o son. Como mínimo la imagen está refractada y el cristal de la ventana es poco claro. (…) Los relatos de vida son constructos culturales que recurren a un discurso público estructurado por convenciones de clase y de género. También se valen de una amplia gama de roles y auto-representaciones posibles y narraciones disponibles” (James, 2004: 128). James desarrolla, una vez reconocida la legitimidad del uso de los métodos biográficos, el abanico de cuestionamientos y dificultades que generan. Los métodos biográficos son aquí tomados en tanto operan una mediación entre la historia individual y la historia social (Ferrarotti en De Gaulejac, 1995), a la vez que la historia individual y la historia social representan campos de posibilidades el uno para el otro, con la fuerza de determinación y la contingencia propias de todo campo de posibilidades (Clot, 1988). Es en esa intersección, en ese “juego” que el sujeto se expone (Ibíd.).

Así, el presente análisis se inscribe en una perspectiva subjetiva,[6] que reenvía al estudio de los valores, significados, representaciones, vivencias compartidas o colectivas, además del de la subjetividad y el sujeto (De Gaulejac, 1995; Borgeaud-Garciandía, 2014), no como elementos estáticos, sino como producciones dinámicas e inconclusas. En este sentido la relación del narrador con su historia o sus historias, así como al relato que ofrece, es dinámico y cambiante. La historia contada nace con el relato. A través de su puesta en palabras, el sujeto la construye y se construye en un mismo movimiento. No es historia pasada, sino un pasado retrotraído al presente, un “pasado-presente”, cuya temporalidad presente se desarrolla en un contexto particular que influye sobre el relato. El contexto y la relación entre entrevistado e investigador son considerados actores del relato (Galloro et al., 2010).

Desde el punto de vista del método biográfico, su particular interés consiste en ofrecer a la interpretación puntos de articulación entre la historia individual y la historia social, lo que hace el ser humano de las determinaciones que se le imponen y el trabajo que realiza para producir su propia existencia (De Gaulejac, 1995). En un contexto de análisis de la relación de las trabajadoras cuidadoras migrantes con su trabajo y su empleo, este tipo de acercamiento metodológico resulta no solo más rico, sino necesario en tanto su historia colectiva es en gran parte ignota, y que no hay otra manera de acceder a ella que escuchándolas. El estudio de los procesos subjetivos ofrece pasarelas de aprehensión e indagación del encuentro y articulación entre lo singular, lo colectivo, lo social y universal. Permite abarcar registros que cierto determinismo sociológico busca separar.[7]Los registros coexisten, se interpelan y se responden en las realidades sociales y el funcionamiento de los actores. Son caras de una misma moneda o facetas de una misma realidad que deberían asimismo poder contar con los aportes de otras disciplinas como la historia, la psicología, la antropología para poder ser analizados en profundidad. Ofrecer al entrevistado la posibilidad de desplegar su historia como lo desea, es multiplicar los “puntos de anclajes” del análisis y pasar por un “individuo empírico”, un sujeto dotado de capacidad de actuar y relatar, que “no nos queda otra que tomar en serio” (Laé y Murard, 1995: 177), que por los relatos de sus vivencias revividas a través de los encuentros con la investigadora ofrece la posibilidad de acercar la “dialéctica entre lo singular y lo universal en el estudio concreto de una vida humana” (De Gaulejac, 1995: 20).

En relación con las trayectorias de vida y laborales de las trabajadoras analizadas, y en consonancia con la perspectiva reivindicada, se adopta la postura de Galloro et al. (2010: 25) cuando observan: “La reconstrucción de un recorrido biográfico no puede de ningún modo confundirse con la trayectoria objetiva de aquel que, respondiendo a una solicitud por parte del investigador, se cuenta. En este sentido, el momento de la enunciación corresponde al de la génesis del recorrido de vida constituido en objeto de análisis”. Este trabajo se diferencia nuevamente de otros cuyos autores que, en el marco de las perspectivas biográficas, apuntan a los “hechos objetivos” como elementos válidos destacables de un relato, el cual que no es más que una verbalización entre decenas de otras posibles (Peneff, 1994). “¿Por qué elegir una versión más que otra? [¿Para qué] dedicarle tiempo a un discurso entre otros?” (Ibíd: 30). Se considera que todo hecho a priori objetivo es antes que nada un hecho relatado, que existe en y por el relato, indefectiblemente articulado con su aprehensión subjetiva. Las trayectorias de trabajadoras empleadas domésticas y cuidadoras reconstruidas a partir de los relatos de vida atestiguan la variabilidad extrema de los “datos objetivos”. Los años constituyen referencias a menudo aproximativas, cuando no erradas. Los sucesos aparecen relacionados con otros sucesos y cobran sentido en ese entramado de eventos, relaciones y contextos filtrados por la memoria y marcados por emociones pasadas y presentes.

A partir de la entrevista, abierta y biográfica, se busca evitar una cronología determinada o focalizar una temática específica. La pregunta de “lanzamiento” de la entrevista (¿Podría usted contarme quién es? ¿Cómo se presentaría?) apunta a permitirle a la entrevistada orientar libremente su relato sin seguir automáticamente el tiempo con los mojones de la cronología y de la trayectoria, y no encerrarla en categorizaciones e identidades preestablecidas (de migrante, de cuidadora o empleada doméstica, etc.).De esta manera se evita imponer una linealidad “natural” al relato que comenzaría con el trabajo (objeto de la investigación) o con “el comienzo”: la infancia, la familia, la escuela, tapando así el interés de una respuesta más inmediata y transversal en el contexto particular de la entrevista. Una cronología termina generalmente imponiéndose en cada relato, en tanto ordena poderosamente la vida y el pensamiento, y por ende la(s) historia(s) que cada uno realiza de su existencia. Sin embargo, los primeros desarrollos de las entrevistas resultan menos previsibles y más ricos al abrir los posibles inicios del relato hacia experiencias o descripciones que en ese momento y en ese contexto resultan significativas para la entrevistada. Esta perspectiva se distingue así de aquellas que analizan las trayectorias de los individuos como tales, o la historia de la vida en su desarrollo diacrónico. Se trata entonces de una doble reconstrucción, por parte de la entrevistada que revisita su historia y por parte de la investigadora que, en el marco de un análisis de las trayectorias, las recrea a partir de la información disponible, necesariamente incompleta.

Llevando al extremo este punto de vista sobre las trayectorias, podría decirse que si el modelo de un relato armado de manera lineal según un orden cronológico en función de fechas claras y eventos tangibles no se corresponde con la realidad de los relatos recogidos a través de las historias de vida, puede ser en parte por tratarse de un modelo construido sobre la base de experiencias ocurridas en contextos muy diferentes de aquel que se analiza, por ejemplo en países desarrollados en tiempos de estabilidad económica y laboral (permitiendo establecer trayectorias lineales ascendientes o descendientes pero poco eficaz para dar cuenta de trayectorias más accidentadas y cambiantes en contextos de mayor imprevisibilidad); por actores hombres cuyas temporalidades difieren de las temporalidades policrónicas de las mujeres (Bessin, 2013).[8] O bien esta relación entre hechos y tiempo, si bien resulta lógica, es, en realidad, simplemente poco afín con la reconstrucción biográfica en situación de entrevista. En los hechos, las reconstrucciones biográficas son muy variables. Si algunas fechas y eventos, pilares de su propia historia, aparecen con claridad, el relato de la mayoría de los acontecimientos sigue lógicas diferentes, imprecisas desde el punto de vista de la cronología, pero muy ricas desde sus lógicas y sentidos propios.

En el caso de la investigación presentada, cabe hacer algunas aclaraciones. Los encuentros tuvieron lugar para que las entrevistadas compartieran experiencias en los sectores del cuidado remunerado a domicilio y el servicio doméstico en Buenos Aires. Las entrevistadas sabían que lo que los motivaba era su relación con el trabajo. En los casos aquí registrados, la migración que se considera analíticamente como “definitiva” o de más largo plazo (que implica una forma de arraigo), tuvo lugar entre principios de los años 90 y de los años 2000. O sea que en el momento de la entrevista, habían transcurrido entre 9 y 20 años, e inclusive hasta casi cuarenta años si se consideran las movilidades de las niñas-domésticas. Entonces, por un lado, sus experiencias laborales se encontraban desde un principio en el foco del encuentro y, por otro, sus trayectorias laborales largas se han dado en la capital argentina. Tal como lo observaron Galloro et al. (2010) para los trabajadores argelinos en Francia, probablemente el relato de su movilidad y de sus experiencias laborales en Buenos Aires tendría otros matices de haberse realizado la entrevista en sus países o regiones de origen luego de su retorno. Los relatos se construyen desde un “hice mi vida acá” y es desde ese acá que se mira la historia pasada y la trayectoria presente. Finalmente, como se ha mencionado, el relato también se construye en interacción con la investigadora, que está atravesada por dimensiones que comprenden, según los casos y con configuraciones cambiantes (inclusive con una misma persona en diferentes encuentros), lo que se proyecta en cuanto a la pertenencia socioeconómica (“no podrías vivir en una villa”), de género (por ejemplo, en la comprensión de algunos temas que se supone compartida), generacional (de la investigadora con trabajadoras de más edad o que rondan la misma generación, pero con distintas experiencias), migratoria (la investigadora también es migrante, aunque proveniente de migraciones socialmente no desvalorizadas en Argentina), una experiencia compartida (en el caso de cierta familiaridad para con personas afectadas por demencias seniles). Los impactos de estas dimensiones modulan y se transforman con el curso de la(s) entrevista(s), influyendo, a veces más, otras menos, en las presentaciones que componen el relato biográfico.


  1. Una aproximación a los objetos de análisis de este libro por la subjetividad (y no la identidad) se impuso a través de una experiencia a la vez empírica, metodológica y epistemológica que llevó a cuestionar las herramientas disciplinarias heredadas de la formación sociológica recibida (Borgeaud-Garciandía, 2008).
  2. Ver, por ejemplo, Peneff (1994).
  3. Ver nota 2, capítulo 2, para más detalle.
  4. A. Sayad remarca la importancia de reconstruir la trayectoria “integral” de los emigrados, que tome en cuenta las condiciones de origen de los inmigrados (evitando así de caer en perspectivas del fenómeno migratorio parciales y etnocéntricas), aunque no se pretende aquí de ese método que nos “proporcione el sistema completo de las determinaciones que (…) condujeron el emigrado en el punto de llegada actual” (1999: 57), como lo propone el autor, sino que se busca focalizar tanto en el contenido como en la reconstrucción subjetiva de la historia propia y experiencia, desde los actores.
  5. Posición defendida por ejemplo por un importante especialista de este tipo de métodos, Jean Peneff, cuando escribe: “El cuestionamiento biográfico (…) también representa un inconveniente porque la facilidad de este tipo de entrevista limita la vigilancia del investigador, [que] tiende a escuchar sentimientos y opiniones convencionales (…) en vez de eventos y hechos significativos” (Peneff, 1994: 25). Se considera aquí que tanto los acontecimientos como los sentimientos y las opiniones son objetos de la sociología, que deben analizarse en su construcción y relación y que querer separarlos, como si se pudieran aislar en “estado puro”, responde a un voto piadoso.
  6. Doblemente subjetiva, debería decirse ya que se reconoce que interviene la propia subjetividad y sensibilidad de la investigadora en la percepción y recepción del relato.
  7. “El sociólogo elige despegar el acontecimiento del sentido que le otorga el otro, en una voluntad desesperada de desprender la cosa de su estuche de sentido. «Deconstruir los hechos», dice. Aunque es posible identificar diferentes estrategias narrativas puestas en juego en la constitución de la «facticidad», no obstante lo esencial se encuentra en la interpretación que [el otro] trata de «endilgarnos». (…) [Hay que tomar en serio al relato y al narrador] al menos de creer que se podría extraer hechos puros –tan solo la piedra preciosa en su estado natural– liberados de su vaina interpretativa lavada en agua jabonosa” (Laé y Murard, 1995: 176-177).
  8. Las perspectivas cuantitativas sobre las temporalidades masculinas y femeninas si bien ponen a la luz desigualdades no permiten dar cuenta de la complejidad de las imbricaciones y porosidad entre tiempos públicos y privados con sus implicancias subjetivas que afectan mucho más a las mujeres por la diversidad de sus compromisos sociales. Con base en los desarrollos sobre las desigualdades sexuales del trabajo en relación con los tiempos sociales, Bessin emplea el término “temporalidades policrónicas”, “imposibles de compartimentar, [que] mezclan los compromisos privados y cómo estos exponen y fragilizan las posiciones de las mujeres en [la esfera] pública, incluyendo la esfera profesional” (2013: 109) e inciden–podría agregarse– en las configuraciones migratorias complejas de las trabajadoras migrantes.


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