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5 Lenguas y discursos diversos

Dentro de las producciones escritas que, de manera general, consideramos literatura, existe gran diversidad, la cual incluye –entre otros casos– los textos escritos en lenguas extranjeras, pero que, a pesar de esta característica, poseen elementos que permiten leerlos como parte de la producción nacional. Es el caso de las obras de Eluned Morgan, escritora galesa de larga residencia en el país, quien escribió en su lengua materna varios textos. Entre ellos, Hacia los Andes, que, en su traducción española, se lee en el circuito escolar de varias ciudades de Chubut.

En otra órbita completamente diferente, Luis Felipe Noé integra una larga lista de artistas que, destacados en una disciplina, no dudaron en abordar la creación también en discursos diferentes. El texto de Noé que hemos seleccionado, Una sociedad colonial avanzada, es un particular libro donde se combinan lo visual y lo lingüístico. Claramente arraigado en un momento y en un lugar, pone de manifiesto cómo el artista emplea discursos diferentes para expresar una misma posición crítica ante la realidad.

Una escritora galesa de la Patagonia. Eluned Morgan: Hacia los Andes

El tan mentado “crisol de razas”, sintagma que tradicionalmente caracteriza la conformación poblacional de la Argentina, suele incluir, por lo general, a españoles, italianos, franceses, habitantes del vasto Imperio otomano y judíos de diversas regiones de Europa. Olvidamos con frecuencia que desde 1865 el valle del río Chubut fue colonizado por un grupo de galeses, quienes se instalaron, fundaron ciudades y desarrollaron actividades agrícola-ganaderas[1]. Además, trajeron con ellos su cultura, que sostuvieron con tesón. Escribieron libros y publicaron periódicos, siempre en galés.

La colonización galesa posee varias particularidades, una de las cuales es la intención primigenia –declarada por sus mismos protagonistas– de

conseguir un país deshabitado, que no estuviera bajo ningún gobierno propio, formar y mantener sus costumbres nacionales, y ser un elemento constructivo y no ser asimilados por su país de adopción; un país al cual pudieran emigrar en forma suficientemente numerosa como para echar los cimientos de un futuro gobierno galés, para tener congregaciones galesas, escuelas galesas y conseguir un dominio tan absoluto sobre el territorio como para no desaparecer, absorbidos por otros pueblos vecinos (Matthews, 1954: 12).

Finalmente, no lograron concretar este propósito y asumieron la nueva nacionalidad; es importante destacar cómo su participación fue determinante en la resolución del conflicto limítrofe entre Argentina y Chile, pues los galeses de la zona cordillerana del Chubut se consideraron argentinos (Martínez Ruiz, 1977: 54).

Desde el arribo a la Patagonia y durante muchos años, lucharon para preservar su identidad, a partir del libre uso de la lengua –derecho que no tenían en Gran Bretaña–, la conservación de la religión protestante (en diversas ramas) y la reproducción de las antiguas costumbres galesas.

Dentro de una producción literaria interesante, compuesta principalmente por crónicas y diarios de viaje, nos detenemos en la figura de Eluned Morgan (1870-1938), hija menor de Lewis Jones (1836-1904), quien fue uno de los fundadores de la colonia galesa en la Patagonia. La ciudad de Trelew (en galés: Tre = ‘ciudad’, Lew = ‘Luis’: ‘ciudad de Luis’) lleva el nombre en su honor[2].

Con el paso de los años, Eluned Morgan se convirtió en una figura de relevancia en su comunidad y es recordada como una de las principales escritoras galesas de la Patagonia. Escribió cuatro libros, todos en galés. El primero es Hacia los Andes (1904), luego Algas marinas (1909), En tierra y mar (1913) e Hijos del Sol (1915). Nació a bordo de la nave “Myfanwy” que llevaba a sus padres desde Gran Bretaña a Chubut. Se crio en el valle y fue enviada a Europa para completar sus estudios, volvió y se dedicó a la enseñanza en su provincia. Creó escuelas para niñas en Trelew y Gaiman. Posteriormente, tuvo a su cargo el periódico Y Drafod (El Mentor), fundado por su padre y aún existente. Comenzó a mostrar sus aptitudes literarias desde joven, en la composición de Eisteddfod, piezas literarias de la tradición galesa, a partir de 1891[3].

Hacia los Andes, escrito mientras vivía en Gales, narra la experiencia que vivió Eluned cuando realizó un viaje a la colonia el 16 de octubre en la cordillera de los Andes, después de la gran inundación de 1899.

Según manifiesta Morgan, los colonos galeses tenían una visión particular tanto del país donde habitaban, como de sus habitantes. La primera distinción se planteaba entre criollos e indios. La etnia que habitaba en la zona colonizada por estos europeos era la de los tehuelches, aunque también se menciona a los araucanos.

El texto se detiene particularmente en la descripción de la naturaleza, menciona algunos encuentros con aborígenes, y manifiesta una serie de reflexiones sobre la situación de estos pueblos. Es importante destacar que, si bien el proyecto galés de colonización no incluía en su interior a los indígenas, sí postulaba una situación de convivencia basada tanto en la cooperación como en el mutuo respeto.

La autora reproduce en la obra algunos datos históricos de la reciente colonia, sumados a su vivencia personal, dentro de una narración que reelabora estos componentes para conformar un texto “literario”.

“Nosotros”: los galeses

La narradora se configura como una individualidad y a la vez como parte de un colectivo dotado de un largo listado de virtudes. Los galeses son trabajadores incansables, que –aunque portadores de otra cultura– se integran con el entorno natural. Las ciudades y pueblos que levantan siguen los modelos de la tierra de origen; luchan contra la adversidad de la naturaleza con valor y energía: “Pero los galeses de la Patagonia no son gente de entrelazarse las manos en desesperanza diciendo que se les acabó el mundo; ellos han enfrentado muchas tormentas y aprendieron a sacar el mejor partido de los peores sucesos” (Morgan, 2007: 21).

Constituyen un grupo cerrado y, a pesar de estar muy alejados de Gales, conservan su adscripción nacional y sus costumbres. Los niños nacidos en Chubut siguen perteneciendo a la comunidad originaria, sin que se evidencien intenciones de integración. Establecen relaciones amistosas con todos los habitantes de la región, preservando siempre su identidad.

Conservan también antiguos rencores, particularmente sus diferencias con Inglaterra, país dominante: “Inglaterra procuró, por todos los medios, modificar el amor y la tendencia cultural del galés, pero hasta ahora sin resultado” (Morgan, 2007: 81).

Esta “tendencia cultural” se sostiene con fuerza en los orígenes celtas, a los que se refiere la autora con insistencia. Incluye también una experiencia propia, cuando, en un bosque jamás visitado por ningún blanco, y mientras todos duermen, ella permanece despierta toda la noche y relata:

¡Qué inolvidable hechizo! Mientras viva seguiré creyendo en los duendes; acaso ¿no estuve rodeada de miles de ellos durante toda la noche merodeando, entretejiendo, cavando y jugando, conversando a gusto mientras yo me maravillaba y me admiraba, haciendo nuevos descubrimientos a cada momento? (Morgan, 2007: 89).

Paradójicamente, un fuerte elemento de cohesión para esta comunidad lo constituye un cristianismo militante, presente en cada momento de la vida[4]. El texto es pródigo en citas bíblicas, así como en alusiones y referencias a las creencias compartidas.

Este componente de la identidad galesa es determinante, pues marca la diferencia entre la comunidad y los “países católicos” Argentina y Chile, que, a la vez, son menos civilizados que Gales. Hay por lo menos ambigüedad cuando se expresa que “la pequeña colonia se halla en los límites entre Chile y Argentina […]. ¿Cuál será la suerte de este pequeño grupo de protestantes que se encuentra como en el foso de los feroces leones?” (Morgan, 2007: 67). Y agrega la narradora: “Muchos disturbios y constante preocupación motiva la cuestión de los límites entre Chile y Argentina, pero allí crece, silenciosa y gravemente, un límite celta […]” (Morgan, 2007: 68). Se manifiesta a través de estas palabras la pervivencia del antiguo ideal de estado independiente[5].

“Ellos”: el gobierno nacional

La colonia galesa se considera, si no fuera, al menos lo suficientemente alejada de la potestad del gobierno nacional como para ejecutar políticas diferentes en relación con los aborígenes: “Los ilustres senadores de la Argentina juzgaban que el único camino para obtener el desarrollo y progreso de la Patagonia era eliminar por completo a los antiguos nativos” (Morgan, 2007: 52). Los soldados argentinos trataban a los cautivos (indios) de un modo “inenarrablemente cruel” (Morgan, 2007: 42), a diferencia de los galeses, ya que “se tomó la espada y el soldado para civilizar a los indios de la Patagonia; pero un puñado de galeses […] traía consigo otro modo de civilizar” (Morgan, 2007: 52).

Además de esta presencia gubernamental prácticamente inaprensible, pues aparece solo a través de referencias, casi no se encuentran en el texto alusiones a los pobladores criollos. Solo un personaje menor, caracterizado por su “tez oscura” (Morgan, 2007: 36), que recibe a los viajeros, les permite pernoctar en su “cabaña” y los atiende con calidez. Se destaca en este “muchacho” la hospitalidad, ya que, como todos los “puesteros de campo”, se enorgullece de ofrecer asistencia a quienes lo requieran.

“Nuestros amigos”: los indios

Cuando Morgan se refiere al primer encuentro entre inmigrantes y aborígenes, asevera: “[…] se fundó entre el indio y el galés una amistad que se conservará, espero, mientras un aborigen continúe hollando las estepas” (Morgan, 2007: 22)[6].

Recuerda uno de los primeros hechos trágicos acontecidos a los colonos: la muerte de tres jóvenes que fueron asesinados por los indios, quienes los confundieron con soldados argentinos. Responsabiliza de este hecho a la “civilización” corruptora: “Los viejos paganos, simples y pacíficos, habían sido convertidos por obra y gracia de la civilización en bandidos feroces y la sed de sangre la principal pasión de sus vidas” (Morgan, 2007: 45).

Cuando la expedición galesa, dirigida por el único sobreviviente, llegó al lugar de la masacre, las víctimas fueron enterradas y acompañadas por el canto del “antiguo y glorioso himno ‘Millar de maravillas’”, varias veces repetido. Según la narradora, invisibles a los ojos de los blancos, había numerosos indígenas listos para atacar, cuyo ímpetu fue detenido por la fuerza del canto, y reflexiona:

¿Cuál será el encanto contenido en el canto desde los días de Saúl hasta los actuales? ¿Cómo aquietó a la bestia existente en cada corazón y transformó el fuego que centelleaba en todos los ojos en cristalinas lágrimas sobre las oscuras mejillas? (Morgan, 2007: 47).

Es decir, el episodio se justifica pues fue producto de una confusión originada en la crueldad que los “otros” blancos ejercían sobre los indios. Esta distinción entre blancos se sostiene en las propias palabras de los aborígenes:

Durante la conversación en el toldo se pronunció la palabra “cristianos” y le pregunté a quién se refería con esta denominación de “cristianos” […].

–“A los blancos”, me contestó.

–“Pero, ¿no somos nosotros también cristianos?”- dije.
–“Ah, no, ustedes son amigos de los indios” (Morgan, 2007: 52).

Además de inferirse que solo los galeses respetan el verdadero espíritu de Cristo, muy diferente de la “civilización” invocada por la “Campaña del Desierto”, se percibe en el relato una visión del aborigen como “buen salvaje” (se los llama “hijos de natura”), particularmente por sus creencias, que los aproximan de manera ingenua a la fe. Estas ideas se desarrollan y ratifican en el capítulo vii, denominado “Los aborígenes de la Patagonia”, donde se incorporan algunos datos históricos, tomados quizás de viajeros ingleses. Cuando se introduce en el tema fundamental, las relaciones entre indios y galeses, incorpora los propios recuerdos, ya que Eluned ha sido compañera de escuela del cacique tehuelche Kengel.

Sintetiza de la siguiente manera las características fundamentales de su pacífica convivencia:

Los galeses del Chubut no procuraron convertir ni civilizar a los indios, pero les extendieron su mano fraternal e intercedieron en su favor repetidas veces en el Congreso de la Capital cuando la persecución los abrumaba, amenazando con extinguirlos por completo. Los habitantes del desierto comprendieron que los recién llegados no habían arribado a sus tierras para despojarlos de las mismas ni tampoco para oprimirlos, sino para convivir con ellos pacíficamente. El indio enseñó al galés a ser un hábil cazador, lo cual salvó a la colonia del hambre muchas veces (Morgan, 2007: 56).

Lejos de una perspectiva racista, describe al aborigen teniendo en cuenta tanto sus características físicas como espirituales[7]. La narradora prioriza estas últimas, y es a partir de sus creencias a partir de lo cual cuestiona la validez de la colonización blanca “yanqui”, inglesa o española. Su postura es francamente indigenista en cuanto se posiciona como defensora del aborigen ante los avances argentinos de 1880[8], y, cuando se refiere a sus sufrimientos, asevera: “Si se escribiese siquiera la centésima parte de estas cosas, Sudamérica también tendría su Cabaña del Tío Tom; mas lamentablemente, no hay quien la escriba” (Morgan, 2007: 62).

Este capítulo presenta una particularidad ya que en él se incorpora la palabra del indio. En medio de la campaña de exterminio, el cacique Saihueque habría enviado una carta a Lewis Jones (padre de Eluned), donde solicitaba su mediación:

[…] usted, mi amigo, no comprenderá nunca los sufrimientos espantosos que recibimos mi pueblo y yo de manos de nuestros perseguidores… Llegaron furtivamente y armados a mis tolderías cual si fuera yo un enemigo y un asesino (62). Las tierras que mis antepasados y Dios me dieron, me han sido arrebatadas […]. A causa de esto, amigo, le pido que eleve al Gobierno todas mis protestas y las aflicciones que he sufrido. No soy culpable de nada, soy un criollo noble […] (ibid.).

La perspectiva de Morgan conjuga el orgullo nacional con la fuerza de su cristianismo, de lo que resulta una posición heterodoxa no solo en relación con el pensamiento y la acción del poder hegemónico nacional, sino para los mismos europeos. La defensa del aborigen y, de manera amplia, de la igualdad entre las razas se sustenta en un conjunto de valores humanitarios que Eluned traslada al colectivo de los colonos galeses.

Literatura ¿argentina?

Este texto, al igual que otros producidos por los galeses de la Patagonia, nos presenta una serie de cuestionamientos que estamos lejos de resolver: ¿se trata de literatura nacional si fue escrito en galés, leído en galés en el país de Gales, y fuera de allí solo en Chubut…? Además –salvo en el caso citado–, la presencia galesa no incidió en la política argentina en general ni en la cuestión indígena en particular. Sin embargo, la impronta de esta inmigración no es menor en una provincia de la nación: Chubut. La lectura de Hacia los Andes es común en las escuelas de Gaiman, los Eisteddfods continúan realizándose todavía en numerosas ciudades de la región…

Mujer, inmigrante, el nombre de Eluned Morgan es apenas conocido en una provincia del sur; sin embargo, la lectura de su obra ilumina un retazo de la producción discursiva que podemos integrar a la literatura nacional.

Una sociedad colonial avanzada, de Luis Felipe Noé: ¿escritos de un pintor?

Luis Felipe “Yuyo” Noé (1933) es un reconocido artista plástico argentino, destacado representante de la llamada “Nueva Figuración”. A lo largo de una extensa carrera artística, ha publicado numerosos libros, la mayoría relacionados con su oficio. Sin embargo, también ha escrito textos de otro carácter, como sucede con Una sociedad colonial avanzada, publicado en 1971 y elaborado en su mayor parte durante la estadía del autor en Estados Unidos.

Postulamos que se trata de un libro de época, en cuanto está atravesado tanto por las problemáticas sociopolíticas del momento, como por una actitud militante del escritor. Tiene la particularidad de unir texto e imágenes, con la característica de que los textos se aproximan al aforismo: frases breves o muy breves complementadas con imágenes, cuyo tema es la sociedad argentina del momento.

De modo que Noé puede ser estudiado no solo como un “artista plástico que ocasionalmente escribe”, sino también como un artista que pinta y escribe, inscrito en una genealogía literaria con modos de escritura y presupuestos ideológicos comunes, que marcaron la producción escritural de muchos autores latinoamericanos por las décadas de 1960-1970.

Estos artistas cuya “especialidad” no es precisamente la literatura no se presentan como “escritores”, sino como creadores que exploran otras formas de expresión, fuera de aquella que los define. Tal es el caso de Noé, quien se había destacado como integrante de un grupo de importancia en la renovación de la pintura argentina de la década del 60[9]. Después de vivir unos años en Nueva York, en un momento de crisis personal sobre su actividad pictórica, Noé regresó a Argentina en 1968, y en 1971 Ediciones de la Flor publicó Una sociedad colonial avanzada. El libro fue reeditado en 2003, con modificaciones en la gráfica, por Asunto Impreso Ediciones.

Un libro de tesis

El título en sí mismo constituye una caracterización de la sociedad argentina. Y encierra también una contradicción: ¿cómo lo colonial es avanzado? Esta paradoja aparente es resuelta en las 68 páginas sin numerar que unen textos e imágenes, con una particularidad: si bien la escritura es de Noé, las ilustraciones –excepto la última– fueron realizadas por otros dibujantes: Caloi, Oski, Quino, Héctor Cattolica son algunos de ellos.

Para contextualizar el momento de su publicación, es necesario recordar que en 1966 el general Juan Carlos Onganía derribó el gobierno democrático de Arturo H. Illia y se proclamó presidente. Lo sucedió Roberto M. Levingston, hasta marzo de 1971. Desde esa fecha hasta 1973, el presidente de facto fue el teniente general Alejandro A. Lanusse.

El libro fue reeditado en 2003, todavía bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, luego del catastrófico gobierno de la Alianza, que, presidido por Fernando de la Rúa, había provocado una crisis política, económica y social de caracteres nunca vistos en la historia argentina.

Sin ánimo de realizar afirmaciones carentes de sustento en el propio texto, es posible considerar las semejanzas entre ambas épocas (primera y segunda edición), particularmente en el desánimo y la desesperanza que las circunstancias provocaron.

Asevera Liliana Lukin en el prefacio:

La idea, que inicialmente fue hacer una obra de arte conceptual, surgió de su estadía de los 60 en Estados Unidos, a partir de la definición imperante de “sociedad industrial avanzada”, de la inevitable comparación y de la pregunta acerca de qué clase de sociedad era en todo caso la Argentina” ( Noé, 2003: 10).

Volviendo al título, la caracterización de Argentina como sociedad colonial puede –¿debe?– leerse en el contexto de época, cuando la afirmación “Patria sí, colonia no”[10] resonaba con énfasis juvenil. Lejos del voluntarismo expresado por este eslogan, el libro muestra cómo el país, a pesar de ciertos aspectos propios de las sociedades avanzadas, persistía en una situación colonial (o neocolonial, en términos más actuales).

Para fundamentar esta tesis, se enlazan reproducciones de publicidad gráfica, de artículos periodísticos, dibujos de diez artistas plásticos y textos a la manera de apotegmas[11].

Una frase del Vargas Llosa sesentista abre el libro: “Mientras más ame a su país un escritor será más severo y duro con él. Porque en el dominio de la literatura, la violencia es una prueba de amor” (Margen, n.° 1, noviembre de 1966). Más allá del posicionamiento del autor como “escritor” –a lo que nos referiremos en otro apartado–, resulta importante la introducción del concepto de “violencia”.

Noé parece reconocer de este modo que se trata de un texto “violento”; según la Real Academia Española, “que obra con ímpetu y fuerza” (rae, 1992: 2093). Este adjetivo caracterizaría, entonces, la actitud del autor, quien de este modo justifica el ímpetu de sus dichos, que podrían resultar ofensivos para algunos sectores de la sociedad argentina.

Entre los paratextos, se inserta una dedicatoria: “A la memoria de Ezequiel Martínez Estrada. A la memoria de todos aquellos que han luchado y hasta han dado sus vidas para desmentir todo lo que aquí se constata”. Martínez Estrada había muerto en 1964, y sobresalió como ensayista interesado en indagar problemáticas nacionales. Es notable cómo, en la misma dedicatoria, la paradoja reaparece y niega con un solo verbo (“se constata”) la eficacia de la escritura del ensayista y la acción de patriotas y revolucionarios.

El prólogo fue escrito por Aldo Pellegrini, destacado poeta, ensayista y crítico de arte (1903-1973). En él, caracteriza a los aforismos como una “voz de protesta”, que conjugan “la indignación y el amor” y cuyo valor reside en que son “explosiones luminosas”, más cercanas a los sentimientos que a la razón. Reivindica en ellos el nacionalismo como amor a un “país viviente”. A la vez, señala con perspicacia la presencia del humor como absurdo y –al mismo tiempo– posibilidad de “renacimiento”.

Cabe señalar que sustentamos nuestro trabajo en el estudio de los textos, ya que las imágenes requieren de herramientas propias para ser analizadas.

Una sociedad…

Entre apotegmas y aforismos[12], las frases de Noé –que se inician en su mayoría con el sintagma “una sociedad”– instalan una visión de la sociedad argentina de fines de los 60, a partir de dos conceptos interrelacionados: “construcción” y “casa”. El país es un edificio aún no terminado, o quizás una suerte de casa construida sobre arena, ya que no ha sabido o podido sustentarse en principios sólidos. Sobre el primero de los términos, destacamos el siguiente texto:

Una sociedad de superestructura tecnológica y de infraestructura neolítica.
Una infraestructura neolítica es la que corresponde a toda sociedad arcaica, o sea que se resiste a toda modificación de su estructura basada en la agricultura y la ganadería (Noé, 2003: 8)[13].

Con un marcado carácter de denuncia, el libro reitera los aspectos criticables del país: la miopía de la clase media, la frustración, el individualismo, la alienación –concepto muy usado en la época–: “Una sociedad donde la vida de relación consiste en alienarse los unos a los otros” (Noé, 2003: 24), cuya definición, extraída del historiador de arte Arnold Hauser y reproducida por Noé, es:

El concepto de “alienación” se apoya en «la vivencia del desarraigo, perplejidad e insustancialidad del individuo, la conciencia de haber perdido la conexión con la sociedad y la vinculación con el propio trabajo, la desesperanza de poner en consonancia las propias pretensiones, valores y objetivos (ibid.)

Las referencias políticas aluden al concepto de “democracia”, la izquierda, los militares:

Una sociedad donde gobierno democrático no significa una mayoría en el poder, sino una mayoría sin poder (Noé, 2003: 69).
Una sociedad donde la derecha agita el fantasma de la izquierda y donde la izquierda no es más que el fantasma agitado por la derecha (Noé, 2003: 77).
Una sociedad donde ejercer la democracia no consiste en compartir una responsabilidad general, sino en transferirle la nuestra a un general (Noé, 2003: 71).

Predomina una crítica acerba hacia ciertas ideas hegemónicas, aquellas que rigen el pensamiento de la clase media: “Una sociedad que hace de la clase media una cuestión de identidad nacional” (Noé, 2003: 15); esto explica la correspondencia entre el pensamiento de Noé y las historietas de Quino, que presentan problemáticas propias de dicho grupo social[14].

Lo que se critica en particular es el deseo de la sociedad argentina de ser otra cosa, no lo que es. El afán por asimilarse al poderoso, al ganador. Esto se manifiesta particularmente en una de las seis publicidades incluidas, la de Cinzano Oro, cuyo título expresa: “El Oro hace la Felicidad. Quien piense lo contrario, miente” (Noé, 2003: 14). Se trata de un postulado que va en contra no solo de un refrán sostenido por la voz popular, “La riqueza no hace la felicidad”, sino también contra valores de índole espiritual.

Los argentinos nos negamos a ser América Latina, en el afán por pertenecer al “primer mundo”: “Una sociedad de América Latina que flota entre Europa y los Estados Unidos”. De este modo, constituimos una sociedad desterritorializada, condenada a un “no lugar”, tal como lo ejemplifica la reproducción de antiguos mapas que establecen el nombre de “Argentina” para Estrasburgo (Noé, 2003: 35), encabezados por el apotegma “Una sociedad fuera de lugar”.

¿Qué sucede con el arte en esta sociedad colonial avanzada?: “Una sociedad cuyo arte es una imagen de lo que ella no es” (Noé, 2003: 3). Afirmaba Noé en 1966[15]:

Hasta ahora asociamos la idea de cultura con algo que se vive pasivamente y por eso importamos cultura y no la exportamos, la falta de originalidad artística y cultural no se puede referir a una ausencia de talento creador sino que tiene que ver con supuestos anteriores que hacen a la sociedad en su conjunto. Por esto la responsabilidad del artista es muy grande (Noé, 2007: 255).

De este modo, se explica su propia producción artística: es responsable, es original, y, sobre todo, no responde al pensamiento hegemónico del momento.

Las diversas aseveraciones descriptivas y críticas de la sociedad argentina tienen, sin embargo, una contraparte: lo no dicho es lo que se afirma, por contraste con lo que se critica. Tomamos las críticas a las ideas de “orden”: “Una sociedad donde no está permitido que uno altere el orden establecido, pero sí que el orden establecido lo altere a uno” (Noé, 2003: 27) y también “Una sociedad donde se reconoce como rebeldía a la que defiende el orden colonial avanzado” (Noé, 2003: 40). La antítesis de este orden es una palabra que recorría Latinoamérica por esos tiempos: “revolución”. Palabra que aparece pocas veces y, casi inadvertidamente, en las últimas páginas del libro: “Una sociedad que al ser conciente [sic.] de que el único futuro posible de América Latina es la revolución, prefiere pensar que nada tiene que ver con América Latina” (Noé, 2003: 78).

¿Entonces solo la revolución puede cambiar el estado de esta sociedad colonial avanzada? No hay una respuesta definitiva. Sin embargo, leyendo palabras del autor muy posteriores (1985), podemos tentar alguna hipótesis: “Arte y cuestionamiento (sea este, o no, de orden social) son conceptos indisociables. Para el arte […] es necesario como un a priori dudar de los supuestos”[16] (Noé, 2007: 276). En el mismo texto, el arte es definido como “una forma de cuestionar el mundo” (Noé, 2007: 279).

Las breves citas anteriores permiten colocar en un contexto intertextual o interdiscursivo el libro que nos ocupa: una obra que pone en duda la mayoría de los supuestos que forman parte de un modo de vida, más aún, un cuestionamiento profundo a una sociedad cuyos rasgos más vergonzosos son expuestos sin veladuras, como intento de provocar una reacción ¿violenta?, ¿revolucionaria?…

Esto implica que es posible la transformación, ya que la sociedad argentina es “una sociedad de gente buena (de veras, es buena)” (Noé, 2003: 88).

El autor, a la manera del “knock out a la mandíbula” arltiano, con un discurso muy personal y de época, interviene de manera directa en la realidad: aporta un libro-objeto que indaga, reprocha, hiere; pero también propone.

Precisamente, la propuesta más clara aparece en las dos últimas páginas, donde, junto al único dibujo de Noé, se lee:

Una sociedad que será una sociedad cuando tome conciencia que no hay destino sin grandeza, grandeza sin poder, poder sin desafío, y que no hay desafío sin revolución ni hay revolución sin unidad política en Latinoamérica y no hay unidad política latinoamericana sin revolución (Noé, 2003: 90)

Pintor, escritor, creador

Cuando esta obra fue publicada, “Yuyo” Noé ocupaba un lugar relevante en el campo de las artes plásticas. Él mismo lo afirma en el comienzo del libro: “[…] dado que el autor está catalogado como pintor… ¿será esto un cuadro? ¿un paisaje? ¿un retrato? ¿una naturaleza muerta? ¿realista? ¿abstracto?” (Noé, 2003: 5).

La ironía sirve para plantear justamente el problema que inicia nuestra indagación. ¿Por qué abandonar momentáneamente un discurso artístico para recurrir a otro?

Una propiedad del código lingüístico, vastamente reconocida, es la traducibilidad, es decir, su posibilidad de reemplazar otros códigos. Según esta propiedad, cualquier mensaje emitido mediante un código no lingüístico puede ser “traducido” a una lengua. Sin embargo, no parece ser este el caso de Una sociedad colonial avanzada, ya que se trata de palabras ilustradas con imágenes. Más bien, se trata de una complementariedad entre ambos códigos[17]. Como asevera Caminada Rossetti, el lector “monta un escenario cuando intenta leer. […]. En esto, el texto toma cuerpo y el relato en sí crea una dinámica entre lo plástico y lo escrito” ( Caminada Rossetti, 2015: 187). Es decir, no hay una opción definida por un código u otro, sino la asunción de que un artista tiene la libertad de emplear cuanto recurso considere necesario para expresarse.

Noé ya había ejercitado la escritura en numerosos artículos relacionados tanto con su propia producción, como con la crítica artística en general,[18] y a posteriori publicó artículos y libros alrededor de sus preocupaciones en relación con el arte[19].

Hay un concepto que consideramos central en el pensamiento del artista y que constituye también una herramienta para esta lectura. Está explicado en “Eso que llamamos caos”, un artículo de 1991[20]. Reproducimos su inicio: “Si llamamos caos a todo aquello que se escapa de nuestros habituales parámetros, con los que conformamos una visión general del mundo que pretendemos inalterable (y por eso lo denominamos ‘orden’), evidentemente el caos no existe” (Noé, 2007: 109).

De modo que, “en una sociedad de orden cerrado, caos es lo que no se admite dentro de ella, lo que queda al margen” (ibid.). A partir de esta teoría, es posible ubicar el libro que nos ocupa en la prolífica obra de Luis Felipe Noé.

Se trata de una obra que intenta combatir el orden cerrado, vigente en la sociedad argentina contemporánea, para convertirla en una sociedad “de orden abierto, dinámica y en permanente evolución” (ibid.). Palabras e imágenes atacan, critican y proponen. La tipografía elegida contribuye con esta violencia (reiteramos, entendida como uso de “ímpetu y fuerza”) ejercida contra el lector/espectador.

Hombre de su época, Noé asume el compromiso de producir una obra que –siguiendo la concepción vigente– proponga transformaciones a partir de la descarnada presentación de una sociedad anquilosada en convicciones y prejuicios que necesariamente deben modificarse.

Escrituras diversas

Hacia los Andes es un relato de viaje, pero también es otra forma de las “escrituras del yo”. Si bien no nos hemos detenido en su estatuto genérico, atentos a otros elementos significativos del texto, es importante desde luego relacionar esta obra con las otras escrituras desarrolladas en el primer capítulo. Lo destacable, según nuestra perspectiva, es la posible adscripción de esta y las demás obras de Eluned Morgan a las literaturas de la Argentina, en un apreciable grupo que incluye a autores como Guillermo E. Hudson, Rodolfo Wilcock y Héctor Bianciotti, hoy plenamente integrados al canon.

La figura de Morgan también resulta interesante porque integra el conjunto de “escritoras viajeras” provenientes de Gran Bretaña, con autoras como Florence Caroline Dixie, quien escribió A través de la Patagonia (1880). Sin embargo, se diferencia de ellas en dos aspectos fundamentales: Eluned no solo vivió repartida entre Gales y Argentina, sino que se posicionó con firmeza como habitante de estas tierras.

Aunque poseyó una vasta cultura (hablaba también inglés y español), mantuvo una importante actividad pública y un fuerte compromiso con la educación de los galeses y de sus descendientes. Indudablemente, la condición de mujer contribuyó al olvido de su obra.

Otro colectivo invisibilizado es el que incluye a una cantidad significativa de artistas visuales que, además de su obra plástica, abordan la escritura (ensayística, periodística y ficcional). En una lista que contiene tanto a Eduardo Schiaffino, destacado pintor de la generación del 80 que escribió en 1925 Recodos en el sendero, libro de “recuerdos autobiográficos” (Schiaffino, 1999: 7), como las inclasificables visiones de Xul Solar, es posible mencionar varios nombres de relevancia en la historia del arte argentino.

En esa línea ubicamos a Una sociedad colonial avanzada, libro de “Yuyo” Noé, donde las preocupaciones estéticas se conjugan con una activa participación en los debates políticos y culturales de la época de su publicación. Para Noé, el hacer del artista consiste en “ficcionar la realidad”, sea con palabras o con imágenes. Postula como concepto central que un lenguaje no es “un sistema cerrado de codificaciones sino la aventura del espíritu del hombre” (Noé, 2017); por lo tanto, inferimos que en esta amplia definición caben las diversas formas de expresión frecuentadas por el autor: tanto las visuales como las literarias.

La lectura que hemos desarrollado incluye textos escritos en otras lenguas y producciones de autores provenientes de diversas artes (pintura, escultura, música), a fin de rescatar una serie de escrituras ignoradas que consideramos merecen ser releídas y reubicadas en el amplio campo de las literaturas de la Argentina.


  1. El 28 de mayo de 1865, partió de Liverpool el velero Mimosa con 165 colonos galeses, y arribó a la Patagonia el 28 de julio. Desembarcaron en Golfo Nuevo, actualmente Puerto Madryn, 153 inmigrantes galeses. El contingente estaba compuesto por hombres, mujeres y niños que provenían de distintos condados de Gales.
    Trajeron consigo los elementos indispensables para formar su hogar en la nueva tierra y algunos elementos para realizar trabajos agrícolas. Sucesivamente, entre 1874 y 1876 llegaron nuevos contingentes de colonos galeses que se radicaron en la colonia.
  2. A poco de su llegada, el Tte. Cnel. Murga funda la localidad de Rawson, hoy capital de la provincia. Otros dos pueblos galeses, Gaiman y Dolavon, fueron organizados por Jones. Años más tarde, el ferrocarril unió Puerto Madryn con el valle inferior del río Chubut. Su cabecera en el valle dio nacimiento a la ciudad de Trelew. A partir de la década de 1870, Lewis Jones tuvo un papel fundamental en el gobierno de la colonia. Fue el responsable de la primera imprenta de la colonia y fundó los periódicos Ein Breiniad (1878) y Y Drafod (1891). En 1898 se publicó su historia de la colonia, Y Wladfa Gymreig.
  3. Los Eisteddfods, de origen druida, que se desarrollaron en Chubut “fueron recuerdos e imitaciones de las tradiciones galesas” (Martínez Ruiz, 1977: 137). En ellos se realizaban competencias poéticas y de cantos colectivos o solistas. Todavía se realizan en varias ciudades chubutenses.
  4. Cuando describe las fuertes lluvias que provocaron una gran inundación en todo el valle, cita: “Aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas del cielo fueron abiertas; y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches” (Morgan, 2007: 16). Reproduce aquí el texto del Génesis, cap. 7, vers. 10 y 11.
  5. En el año 1902, los galeses habían colonizado la región cordillerana de Chubut. El gobierno de Chile reclamaba el valle donde habitaban; en consecuencia, el 30 de abril de ese año se realizó un plebiscito para conocer la opinión de los pobladores acerca de la nacionalidad que querían tener. La respuesta de los galeses fue que “no había preferencias sino cariño de hijos, lealtad a la patria de adopción para unos, nativa para otros”. Así terminó la disputa por ese territorio.
  6. Según Matthews: “El trato con esta familia de indios fue muy favorable para la colonia en las circunstancias en que se encontraba entonces. […] Adiestró, además, a los jóvenes en el manejo de los díscolos caballos y vacas, proporcionándoles el lazo y las bolas. Recibimos también instrucciones útiles en la práctica de cazar animales silvestres, y en consecuencia varios de nuestros jóvenes llegaron pronto a ser hábiles cazadores” (Matthews, 1954: 35).
  7. “El indio posee una personalidad muy interesante, su rostro tiene una expresión de paz y descanso; sus ojos son profundos y graves como reflejando las silenciosas pampas; cada movimiento de su cuerpo esbelto es tan natural y sin esfuerzo como el césped que crece bajo sus pies. Su físico alto y fornido posee la firmeza y la grandeza de las montañas, ofreciendo el ejemplo de una humanidad sana y libre tal como hoy no se encuentra” (Morgan, 2007: 59).
  8. “Cuando el Gobierno Argentino comenzó a perseguir a los viejos nativos en 1880, la Colonia apeló en su favor repetidas veces, mas fue vano todo intento de suavizar algo del férreo veredicto de los gobernantes. Centenares fueron muertos en la guerra injusta y desigual, centenares más fueron llevados prisioneros a la ciudad de Buenos Aires y repartidos como esclavos entre los grandes del país. Si se escribiera el relato de las travesías por aquel mar picado en frágiles y estrechas embarcaciones y las crueldades cometidas; las escenas en el puerto de la ciudad, cuando se separaba al niño del pecho de su madre para ser juguete en algún palacio lujoso donde el pequeño de ojos negros que se aferraba con tanta fuerza al brazo de su padre era arrebatado por algún vanidoso […]” (Morgan, 2007: 61).
  9. Junto a Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega, integró el grupo “Otra figuración”. Trabajaron juntos entre 1961 y 1965.
  10. Consigna recuperada en los 70, empleada anteriormente por la resistencia peronista a la llamada “Revolución Libertadora”.
  11. Según la Real Academia Española, es una “sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte” (rae, 1992: 53).
  12. También según la Real Academia Española, un apotegma es un “dicho breve y sentencioso” (rae, 1992: 172). Utilizamos indistintamente ambas palabras.
  13. Por razones prácticas, hemos numerado las páginas, que originalmente carecen de toda referencia.
  14. Joaquín Salvador Lavado Tejón, “Quino”, nacido en Mendoza en 1932, es un humorista gráfico. En 1965 comenzó a publicar la historieta “Mafalda” en el diario El Mundo. A partir de allí, la tira tuvo un mayor éxito y logró llegar a países de América del Sur y, años después, a Europa.
  15. “Responsabilidad del artista que se va de América Latina y del que se queda”. Artículo aparecido en Mirador, publicación de la Fundación Interamericana para las Artes, vol. 1, n.° 7, Nueva York.
  16. “Arte, autoritarismo y poder”. Artículo publicado en la revista Plural, de la Fundación Plural, n.° 1, Buenos Aires, septiembre de 1985.
  17. El autor publicó unos años después Códice rompecabezas sobre Recontrapoder en cajón desastre, Ediciones de la Flor, 1.º edición en 1974, edición ilustrada con dibujos del autor.
  18. Trabajó en los diarios El Mundo, El Nacional, La Razón y La Prensa, donde también desarrolló temas políticos.
  19. Reproducimos solo algunos títulos: Antiestética, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1988, 2015 [1965]; A Oriente por Occidente (Descubrimiento del llamado descubrimiento o del origen de lo que somos y no somos), Bogotá, Arte Dos Gráfico, 1992; Mi viaje-Cuaderno de bitácora, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, 2015.
  20. Publicado en la revista mural Cíclope, n.° 1, Buenos Aires, 1991.


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