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Prólogo

Adela Coria

El esfuerzo por comprender las aristas menos frecuentadas de lo que acontece en las primeras experiencias de intervención pedagógica en escuelas y aulas, y las marcas identitarias que trazan en los procesos subjetivos de los docentes durante la formación inicial, permite reconocer y destacar la tarea analítica de Valeria Bedacarratx como un aporte sustantivo y novedoso al campo de los estudios de la docencia como trabajo y la formación docente. Su lectura pone de relieve sus avatares, dilemas, historias mínimas, resistencias y estrategias, sufrimientos y alegrías, todo ello entramado en diversas instancias institucionales, su dramática, tensiones entre imaginarios y normas, sus proyecciones, con y más allá de los sujetos que las habitan.

En cuatro capítulos, este libro da cuenta de aspectos nodales de una investigación doctoral sostenida bajo la dirección del maestro Eduardo Remedi Allione, reconocido pedagogo y psicoanalista cordobés que acompañó en su hechura a Valeria desde México hasta su último aliento.

Ya es frecuente encontrar aportes que muestran cómo se juega el habitus profesional construido en los pasos por el sistema educativo al momento de asumir ese siempre sorprendente acontecimiento que es la enseñanza. O su contracara, estudios que ponen de relieve los modos técnicos de resolución en la docencia sin considerar las inscripciones de subjetividades, cuerpos y lenguajes en una historia singular y social que los rebasa.

Saldando dilemas que impiden reconocer las sutilezas de la práctica, en este libro recorreremos el trabajo de fina articulación de diversas lecturas teóricas desde la psicología social, el psicoanálisis, la sociología, la filosofía, la pedagogía, sobre las condiciones socio-históricas contemporáneas que son textos disruptivos en las instituciones educativas, la realidad psíquica de los sujetos y las relaciones intersubjetivas en que se despliega el trabajo docente.

En ese sentido, Valeria sostiene y construye detalles sobre las formas en que el proceso de socialización profesional configura la iniciación en el conjunto de comportamientos propios al ejercicio de un rol, cuya matriz supone la reconstrucción de un habitus profesional moldeado por las condiciones subjetivas y socio-institucionales en que él tiene lugar y habilitará la restructuración y aprendizaje de un saber especializado, y prácticas, unas novedosas, otras sedimentadas, o sus mixturas.

Destacará en sus sutilezas cómo algo se desliza desde las formas de percepción, pensamiento y acción que se internalizan en la historia socio-familiar y educativa, deslizamientos que muestran la dimensión del deseo, del orden inconsciente que se inscribe y conforma en la historia pero dispone a actuar en diversos sentidos, muchas veces erráticos, inesperados, capaces de crear situaciones inéditas no previsibles por completo desde la lógica del sentido práctico regulador del habitus que anuda a la primera socialización o a las posteriores prescripciones de sistema.

Desde su escucha atenta y suspendiendo valoraciones en situaciones de entrevista en profundidad, Valeria va reconstruyendo el complejo entramado de lo real, lo simbólico e imaginario en procesos tempranos de práctica, la fantasmática personal e institucional, lo prohibido, deseado y temido que se construye en discursos y prácticas, siempre idiosincráticas de cada principiante en su situación de trabajo “sobre los otros”, apasionante profesión con lo humano. Otros que se sustraen siempre, en alguna medida, de cualquier esfuerzo programado de control, como Freud lo anticipara tempranamente respecto del gobierno o la educación.

Entonces, ¿qué inteligencia se pone en juego frente a esto que escapa de nuestra mirada inquisitiva?, se pregunta Valeria con Dejours. Como hilos tentativos, describirá de modo minucioso las resistencias, estrategias, formas escurridizas de verse con lo real, mostrando cómo en su desplazamiento, el sujeto produce el objeto de su trabajo –la formación- al tiempo que se transforma produciéndose en cierto modo a sí mismo.

Saberes técnicos, artístico-creativos, del legado cultural sedimentado, de tradiciones disciplinares, valoraciones éticas, todos son puestos en crisis en un marco donde las lecturas ofrecidas dan cuenta de cierto declive institucional y de caída de horizontes estables a nivel de la globalización neoliberal imperante, con el predominio de las tecnologías que se constituyen como mercancías y coexisten con el sufrimiento institucional y de los sujetos.

La formación se despliega en instituciones de existencia, como lo ha trabajado extensamente Remedi retomando a Enriquez, instituciones en cuya urdimbre se constituye el individuo como sujeto, que se abre al mundo, que construye lazo social.

Es en las instituciones donde los sujetos despliegan sus afectos y se ven afectados por los otros, espacio social raramente idílico en el que en no pocas oportunidades los saberes disponibles se autoperciben como insuficientes, aunque en ellas también disponen de recursos que permiten sortear el malestar y abrirse a la creación práctica e intelectual, individual y colectiva.

Dirá Valeria, nuevamente con Dejours, que el sufrimiento es una parte constitutiva (no contingente) del trabajo, instando a explorar formas de emanciparse.

Cara y contracara, el reconocimiento que obtiene el recién iniciado permitiría una práctica transformativa, metaforizar su deseo y habilitar el pasaje del sufrimiento al placer, lo que potenciará su labor productiva.

Poco se ha analizado para el caso de las primeras experiencias docentes este carácter ambivalente del trabajo, fuente de infelicidad y alienación a la vez que de sublimación y salud. La organización misma del trabajo puede constituirse en fuente de placer, cuando permite escenificar el deseo de los sujetos y les permite “metaforizar” sus deseos, ofreciendo la posibilidad de tener injerencia en la concepción de la tarea, signada como varios autores lo han destacado por la inmediatez de los acontecimientos, que no se ajusta por entero a las razones largamente razonadas de la teoría o a los mandatos institucionales.

En síntesis, Valeria nos invita a transitar la complejidad de la práctica y la irreductibilidad del trabajo docente en sus inicios -y agregamos en proyección-, al modelo del buen hacer, del éxito, largamente sostenido desde un discurso tecnocrático y mercantilista de la educación de este tiempo pandémico de desamparo y también de recuperación del valor del Otro, Estado, Organizaciones territoriales y sociales, la humanidad que nos alberga y contiene.

Sirvan estas palabras como reconocimiento e insistente invitación a recorrer aquello no siempre pensado y nombrado, en su estructura y en sus pliegues y despliegues, detalles característicos recogidos con sensibilidad y maestría por Valeria, de ese trabajo docente en sus inicios, de los dolores y fantasmas, de sus logros y alegrías, y de cómo es en un marco cultural, social, económico e institucional complejo y conflictivo en tiempos de crudo neoliberalismo pero también de fuertes resistencias emancipatorias, que el sujeto se subjetiva, inscribiéndose en la larga cadena de quienes entre generaciones optamos por jugar nuestras apuestas a la formación de otros y otras.



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