Otras publicaciones:

12-3876t

9789877230055_fullcover

Otras publicaciones:

9789871867974-frontcover

tapa_estrada_final

Trayectorias laborales de mujeres pobres urbanas

¿Con trabajo registrado se supera la pobreza?

Gabriela Bukstein

Resumen

El objetivo de este estudio es analizar las modalidades de vulnerabilidad del empleo y de las condiciones de trabajo y de vida que transitan mujeres pobres urbanas a partir de la obtención de un trabajo registrado en una empresa privada. Dichas compañías, del ámbito local e internacional, están especializadas en la comercialización masiva de productos o servicios, dirigidos a clientes ubicados en la base de la pirámide, los que se constituyen en consumidores potenciales como clave para el desarrollo de estrategias para el crecimiento y expansión del negocio futuro, según investigaciones realizadas por Prahalad (2008) y Yunus (2005), entre otros. Tal es así que en la Argentina, algunas empresas de comercialización, como Coppel, MR, Elektra, implementaron una forma alternativa de crédito de consumo dirigida a personas excluidas y no bancarizadas, por no cumplimentar los requisitos tradicionales exigidos para acceder al sistema financiero formal. Parten del reconocimiento de la necesidad de facilitar el acceso al crédito de consumo a las personas en situación de pobreza. Las compañías de comercialización, para acceder a los sectores de bajos recursos, organizan equipos de trabajo, conformados mayoritariamente por mujeres pobres urbanas que viven en los mismos barrios donde habita la población meta que se busca incluir a partir del acceso al crédito de consumo. El nuevo rol que desempeñan es denominado “ejecutivas de cuenta” o “facilitadoras de créditos”, entre otros. La estrategia teórico-metodológica utilizada consiste en un abordaje cualitativo a partir del análisis empírico de trayectorias laborales de mujeres pobres urbanas que permiten comprender y detectar las transformaciones, positivas y negativas, a partir de su inserción en el mundo del trabajo y, al mismo tiempo, su repercusión en la vida personal y privada. Finalmente, se brindarán lineamientos sobre las estrategias organizativas innovadoras de dichos trabajadores por las empresas privadas.

Palabras clave

Trayectorias laborales; crédito de consumo; mujeres pobres urbanas.

Introducción

Las microfinanzas han tenido grandes cambios en los últimos cincuenta años, y se hicieron más visible debido al éxito de algunas prácticas, como los modelos del Banco Grameen en Bangladesh, fundado por Yunus, y el Banco Sol en Bolivia, entre los principales. Sus peculiaridades más explícitas son la “proximidad” (desplazamiento a sus hogares, atención a personas analfabetas, etcétera); la sustitución de garantías por la responsabilidad grupal e incentivos; la formación, el empoderamiento, la motivación; y la preferencia de las mujeres como prestatarias porque son más responsables y los beneficios que obtienen impactan en forma directa a toda su familia.

Actualmente, se han diversificado las finalidades del crédito y se orientan también a préstamos para consumo, para educación, para vivienda, etcétera. Por eso, más que “microcrédito” se utiliza el término de “microfinanzas”, entendiendo que a la concesión de crédito se puede sumar la prestación de otros servicios: bancarios, de formación y asesoramiento, vivienda, consumo.

Invariablemente, la historia de las microfinanzas se ha limitado al modelo estándar del otorgamiento de microcréditos y solo una pequeña fracción de las personas ubicada en la parte inferior de la pirámide accede a los servicios financieros otorgados por instituciones formales, bancos y empresas de comercialización. Este amplio sector desarrolla su actividad entre la economía social y la capitalista tradicional, combinando recursos mercantiles y no mercantiles que pueden ser donaciones, trabajo voluntario y remunerado; y de esta manera se integra la lógica del mercado junto a la de la solidaridad y la redistribución (Bukstein, 2004).

En la Argentina, algunas empresas de comercialización, tales como Coppel, Elektra, etcétera, implementaron una forma alternativa de crédito de consumo dirigida a personas excluidas por no cumplimentar los requisitos tradicionales exigidos para acceder al sistema financiero formal. Parten del reconocimiento de la necesidad de facilitar el acceso al crédito de consumo de las personas en situación de pobreza, para mejorar su calidad de vida, lograr un mayor confort y dignidad. Las personas que no cuentan con acceso al crédito tienden a ser pobres y, a menudo, no tienen activos para ofrecer como garantía de préstamo.

La estrategia llevada a cabo por las compañías de comercialización, para acceder a los sectores de bajos recursos, se realiza a través de la organización de equipos de trabajo, conformados mayoritariamente por mujeres que viven en los mismos barrios donde habita la población meta que se busca incluir con el acceso al crédito de consumo.

El puesto laboral asignado por las empresas a estas mujeres es denominado “ejecutivas de cuenta”, “facilitadoras de créditos” o “asesoras de créditos”, etcétera. En su rol, las mujeres constituyen el nexo entre la empresa y las personas de sectores pobres para que se les otorgue el crédito. El nuevo rol empodera a las mujeres, promueve la igualdad e impulsa el desarrollo de sus aptitudes y competencias, pero al mismo tiempo estigmatiza y discrimina.

El objetivo de este estudio es analizar el impacto en la vida de las mujeres pobres urbanas a partir de su inserción laboral en un trabajo registrado en compañías de comercialización. Es decir, poder determinar el cambio en su vida personal y laboral y de ese modo, poder dilucidar las transformaciones a partir de su historia laboral registrada. Si bien nos demuestran que es posible encauzar la vida de las personas en vulnerabilidad y exclusión social, brindando el derecho y la oportunidad de un trabajo formal en el marco de la “economía informal”, pese a los avances, aún es necesario seguir profundizando en el tema e incorporar otros actores, como el Estado, para lograr una sociedad más justa y equitativa.

Mujeres pobres urbanas

Todos los seres humanos tienen derecho a tener activos y oportunidades; la falta de los mismos es considerada pobreza. En general, se relaciona a la pobreza con el acceso desigual a los recursos, unido a la exigua participación en instituciones tanto sociales como políticas; debido a que las opciones de los pobres son limitadas por la escasez de recursos y por la imposibilidad de negociar mejores prestaciones por falta de poder. Por ende, podemos caracterizar a la pobreza como la carencia de recursos culturales, sociales y materiales, medida por sus bajos ingresos, para satisfacer las necesidades básicas humanas, como la vivienda, la educación, la salud, la nutrición y el acceso al agua potable. Además de las limitadas oportunidades sociales, políticas y laborales excluidas de la obtención de bienestar.

Siguiendo la clasificación de bienestar realizada por Nussbaum y Sen (1996: 103), se encuentran los siguientes componentes para alcanzarla: empleo y condiciones de trabajo, recursos económicos, familia e integración social, salud y acceso al cuidado de salud, educación y capacitaciones, vivienda, recreación y cultura, seguridad de la vida y de la propiedad y recursos políticos. La revisión del acceso y la calidad de cada uno de estos bienes permite mostrar las condiciones de pobreza en las que se encuentran las personas porque consideramos que para analizar y comprender el problema de la pobreza, sería necesario conocer la cantidad de pobres, quiénes son y la causalidad de su condición.

De ese modo, la pobreza es la consecuencia final de la exclusión social. Según Arriagada, “La exclusión social se refiere a dos dimensiones: la falta de lazos sociales que vinculen al individuo con la familia, la comunidad y más globalmente con la sociedad y la carencia de derechos básicos de ciudadanía” (Arriagada, 2004: 6). Las personas pobres no acceden a un trabajo formal, no poseen cubertura médica, carecen de poder, su educación es deficiente, y desde la perspectiva de género, son aquellas mujeres que no pueden combinar sus responsabilidades familiares y laborales. Existe una sobrerrepresentación de las mujeres entre los pobres, lo cual se debe a que mayoritariamente sufren discriminación que las excluye del acceso y la igualdad en el mundo laboral. Dicha exclusión se transforma en una traba para su desarrollo humano y personal (Max-Neef et al., 1990), lo que afecta también a la sociedad.

Además, las personas que viven en zonas urbanas en condiciones de pobreza cuentan con viviendas precarias, servicios públicos de baja calidad y sufren el hacinamiento; lo que impacta directamente en la salud, en especial de mujeres y niños.

Pese a que se reconoce a la pobreza como un fenómeno multidimensional, para su medición, se priorizan los ingresos del hogar, que es la métrica que determina el acceso o no a los recursos. Tal es así que se sintetiza la medición de la pobreza en la línea que separa la capacidad de los hogares de comprar en el mercado el sustento mínimo necesario para la vida y la reproducción.

El círculo vicioso de la pobreza se representa en la imposibilidad de los hombres, pero mayoritariamente de las mujeres, de no obtener ingresos propios, lo cual las hace más vulnerables económicamente, ya que necesitan depender de otros, y lo usual es que sea de su pareja o cónyuge, relación que es factible de modificarse por separación o viudez.

Las mujeres pobres urbanas se encuentran en una posición de doble desventaja, ya que pertenecen a una población marginal y son mujeres. En cuanto a los aspectos educativos, las mujeres jóvenes tienen niveles educativos marcadamente más elevados que las adultas, que muchas veces no finalizan sus estudios primarios. Los ingresos percibidos también las ubica en una situación desventajosa comparativamente con los hombres, pues en general perciben ingresos inferiores a un salario mínimo; y sus ganancias contribuyen significativamente al ingreso familiar.

En lo que respecta a la situación laboral, se podría señalar, en primer lugar, que el trabajo del hogar no es reconocido como remunerable y que su inserción en el mercado del trabajo es inestable y relegado a la economía informal, y así ocupan posiciones subordinadas. En cuanto a las condiciones laborales de las actividades que ocupan, implican una alta desprotección y precariedad, además de que reportan ingresos reducidos, como ya fue mencionado.

La incorporación a un trabajo se realiza a través de canales informales y su precariedad se manifiesta por carecer de cobertura médica o, en un número reducido, las que están amparadas por la cobertura social laboral.

De la trayectoria ocupacional de estas mujeres pobres urbanas, nos interesa recalcar que el ingreso al mercado laboral se produce muy tempranamente, ya que la mayoría desempeña su primera ocupación a una edad muy joven, lo cual se asocia con la no finalización de sus estudios básicos y la crianza de los hijos. Habitualmente, sus empleos adolecen de características muy importantes, tales como: una remuneración justa, una relación contratactual formal, acceso a seguros y derechos laborales, etcétera. Otra de las causas adversas usuales en contextos de pobreza corresponde a la cesantía o desocupación temporal. Es evidente que dicha situación impacta en el ascenso y descenso a la pobreza durante el ciclo vital de personas y hogares. Este esquema ocupacional inestable hace de la pobreza una situación poco previsible.

Por ese motivo, la propuesta de incorporar a mujeres pobres urbanas en un trabajo registrado por empresas de comercialización masiva de productos a grandes cantidades de clientes resulta atrayente y se presenta casi como una alternativa de inserción laboral formal.

Metodología

La estrategia teórico-metodológica utilizada consiste en un abordaje cualitativo a partir del análisis empírico de trayectorias laborales de mujeres pobres urbanas que permite comprender y detectar las transformaciones, positivas y negativas, a partir de su inserción en el mundo del trabajo y, al mismo tiempo, su repercusión en la vida personal y privada.

Se utilizó como técnica de recolección de datos la entrevista en profundidad individual, para lo cual se elaboró una guía de pautas. Las entrevistas fueron grabadas para garantizar la no pérdida de información y para luego, realizar su posterior análisis.

A partir del análisis de la información recabada, se incluyen explicaciones alternativas posibles. A través de las entrevistas en profundidad a mujeres pobres urbanas, nos aproximamos a elementos racionales y emocionales del discurso del grupo de estudio, que se han focalizado en los cambios producidos en la dinámica de la organización al interior de cada familia a partir de su nuevo rol como trabajadora en una empresa de comercialización con trabajo registrado.

Mediante las entrevistas en profundidad, se logra capturar información significativa de los actores involucrados: categorizaciones, imágenes de la vida cotidiana, percepciones profundas, conceptos, etcétera. Su ventaja más evidente es que permite obtener la visión de los individuos, pero de manera indirecta. Realizar una interpretación de la perspectiva de un actor social es principalmente un trabajo de inferencia a partir de la descripción del comportamiento de los sujetos investigados, tanto si la información se deriva de las observaciones, de las entrevistas, o de cualquier otra fuente, como podrían ser los documentos escritos. El análisis cualitativo, también, permite profundizar sobre aspectos cognitivos, emocionales y conductuales con relación al nuevo rol de la mujer.

Alcanzar un trabajo registrado: sus implicancias

Las entidades bancarias y no bancarias que ofrecen créditos para consumo están destinadas a segmentos diferentes del mercado. Aquí destacamos a las empresas de comercialización como un nuevo agente de bancarización, tales como cadenas de supermercado, zapaterías, casas de electrodomésticos. Su principal actividad es la venta de bienes y servicios, pero dedican parte de sus operaciones a actividades financieras, relacionadas directa o indirectamente con el consumo: créditos de consumo, seguros personales, hipotecarios, educacionales, fondos mutuos, etcétera. Dichas empresas se focalizan en conquistar a quienes no acceden al sistema bancario con facilidad, captando al segmento poblacional con menores ingresos.

Este tipo de servicios contiene un componente “contracultural”, pues su intención es combinar la racionalidad económica, que supone el otorgamiento de un crédito de consumo, con la solidaridad social implícita en la garantía solidaria, ya que está orientado a la inclusión de sectores de la sociedad habitualmente marginados.

Para las empresas, la inserción de la población de bajos ingresos en su cadena de valor significa el desarrollo de herramientas y capacidades que pueden brindarles una ventaja competitiva relevante. De tal forma, ofrecen el acceso a créditos de consumo, préstamos de dinero personales, tarjetas comerciales, etcétera, con relativa facilidad, con la finalidad de lograr la inclusión social de sectores habitualmente excluidos de la banca tradicional e incrementar su rentabilidad.

Se debe señalar que esta inclusión social tiene un precio, que en general no es advertido por las personas de menores ingresos y menos educación cuando firman los contratos o documentación crediticia requerida por las empresas de comercialización, donde se incluyen las comisiones, seguros, asistencia técnica y altas tasas de interés.

Asumimos que esta práctica, para la empresa de comercialización, ha contribuido

no sólo a diversificar las fuentes de crédito en los mercados financieros, sino también a profundizarlo sustantivamente. En el discurso de este sector, se presenta la idea de que esta transformación ha permitido a familias de menores ingresos el acceso expedito a bienes durables, que permiten una mejor calidad de vida (Comité Comercialización Financiero de Chile, 2011, citado en Marambio, 2012).

Tal es así que las diferentes empresas de comercialización que ofrecen servicios crediticos a las personas que se encuentran en la base de la pirámide delinearon un nuevo puesto de trabajo en sus organigramas con características muy precisas y opuestas a la de sus puestos tradicionales. Sintéticamente, se podrían señalar las siguientes: venta directa; personalizada; individual; y conforman mayoritariamente los equipos con mujeres pobres urbanas.

La venta directa es la comercialización de bienes de consumo y servicios fuera de un local comercial fijo. Esto posibilita la atención personalizada, lo cual permite la eficiencia y aceptación en mercados con gran diferenciación, variadas marcas y escasa inversión publicitaria. El tipo de ventas que realizan las empresas se denomina sistema de ventas “puerta a puerta” porque los productos se ofrecen a través de un catálogo en el domicilio del potencial cliente y futuro consumidor final.

La interrelación entre los equipos de trabajo y los clientes insertos en la economía informal constituye la clave principal para el crecimiento exponencial de este método de trabajo. El vínculo estrecho que se genera permite la captación del potencial cliente y la aceptación del proceso de adquisición del crédito. Se necesita mantener una comunicación constante con el cliente, debido al contexto social y económico en que se encuentra inserto, ya que muchas veces su situación es frágil y puede variar drásticamente; en tales circunstancias, es fundamental el apoyo y la orientación. Por lo tanto, el seguimiento y el acompañamiento personalizado de los clientes que componen la cartera crediticia constituyen una parte esencial de sus tareas.

El crédito de consumo que se ofrece es individual, destinado a personas mayores de edad y que generan ingresos a partir de trabajos que realizan en el sector informal, aunque no puedan demostrarlos con un recibo de sueldo.

Se conoce que las empresas, al seleccionar a mujeres pobres urbanas como empleadas, buscan que a partir del rol asignado como asesoras de créditos de consumo, tengan una mayor llegada al público objetivo, es decir, a los potenciales clientes que vivan en sectores populares. Dichas mujeres deben habitar en los mismos barrios donde trabajan, con la finalidad de lograr una mayor empatía con quienes serán sus clientes; deben saber leer y escribir, tener buena comunicación oral, saber escuchar, una actitud proactiva frente al trabajo, manejo de situaciones, muchas ganas y principalmente, necesidad de trabajar. Motiva también la incorporación de mujeres a las empresas de comercialización porque consideran que son más sumisas y fáciles de intimidar en sus lugares de trabajo.

Mucha bibliografía sobre el tema (Bridgers, 2012; Harriss, 1990) asegura que las mujeres más que los hombres van a destinar sus ingresos para cuidar a sus hijos, especialmente en lo referente a alimentación, a la educación y a la salud. En definitiva, lo que se asevera es que cuando el ingreso es destinado, direccionado o gestionado por mujeres, los beneficios impactan directamente en el bienestar de todo el grupo familiar; por ejemplo, los ingresos son destinados a que los hijos asistan al colegio, reciban una alimentación más sana, se hacen en su hogar, etcétera, lo que mejora la vida familiar en general.

Las empresas han preferido a mujeres que se encuentran excluidas del mercado laboral; su búsqueda es más sencilla y su selección se sustenta para brindarles la oportunidad de acceder a un trabajo registrado, que en muchos casos es la primera vez, lo cual permite que se puedan involucrar más en el bienestar de su familia, su comunidad y así recobrar su valor en la misma.

Al ingresar a un trabajo registrado, se asume que mejoran la situación financiera de la mujer y su posición en la familia y sociedad, con el aumento de su autoestima y su poder de decisión. La incorporación de mujeres pobres urbanas en dichas empresas se fundamenta en el rol que se les asigna, implementando el sistema de ventas “puerta a puerta” y ofreciendo las bondades del crédito de consumo a sus vecinos, a sus pares, a las personas de bajos recursos que trabajan informalmente y no tienen cómo demostrar sus ingresos.

La inclusión de estas mujeres en sus puestos de “ejecutivas de cuenta”, “facilitadoras de créditos” u otras denominaciones se sustenta en la premisa de que al encontrarse excluidas del mercado laboral y sin oportunidades reales en su vida, serían capaces de llevar adelante la ardua tarea de caminar en los barrios populares, con el peligro intrínseco en ellos y seguir adelante, enfrentarse a los vaivenes climáticos, confrontar a los clientes enojados, autoexplotarse para alcanzar los objetivos exigidos y esencialmente, tener un papel sumiso al ser ubicadas en la base de una estructura organizativa jerárquica empresarial.

Entre las tareas que deben realizar, se destaca la difusión del crédito en stands instalados en lugares públicos o donde se desarrollan espectáculos, eventos culturales, sociales, deportivos, etcétera, o bien, en instituciones que prestan sus instalaciones. La realización de publicidad exterior permite dirigirse a determinados segmentos difíciles de abordar, y además, colocada en lugares estratégicos, se consigue captar la atención de la población meta. El objetivo es lograr una cartera crediticia numerosa, a lo cual se le añade como tarea posterior el seguimiento para la cobranza a término y la morosidad.

El nuevo puesto de trabajo registrado desempeñado por las mujeres constituye una de las pocas oportunidades para sentirse dignas, tener logros materiales a partir de una remuneración fija y como trabajadora, gozar de todos los beneficios que otorga la ley con motivo de la existencia de la relación laboral (vacaciones, aguinaldo, licencia paga, protección contra los riesgos del trabajo y jubilación, entre otros).

Estas mujeres asumen un papel activo en la supervivencia de sus grupos familiares, marcadas por las condiciones de dependencia cultural de los parientes masculinos. Sin embargo, las transformaciones en su vida privada, la nupcialidad, la convivencia, los roles tradicionales, etcétera, llevan a las mujeres a asumir una cuota sustancial, en la provisión de ingresos a través del desempeño de actividades remuneradas y en otras responsabilidades frente a la familia. Se encuentran mayoritariamente sumergidas en una especie de aletargamiento y desgano con la convicción de que solo pueden mantenerse a partir de un subsidio del gobierno; por eso, el acceso a un trabajo registrado y estable las empodera. El empoderamiento es entendido como la concientización, movilización y adquisición de poder de los miembros de una organización, institución o empresa en forma individual y colectiva.

Los cambios en la vida de las mujeres son inmediatos; cada mujer comienza a alimentarse mejor como así también, los miembros de su familia hacen planificaciones mensuales, se imponen metas para sus vidas, su hogar y sus hijos. Consiguen equipar sus hogares con la obtención de los mismos créditos para consumo que difunden y que tratan de “colocar” en la población de sectores con vulnerabilidad.

La educación formal es considerada por las mujeres como un elemento fundamental, pero priorizan la formación de sus hijos antes que la propia. Sin embargo, al mismo tiempo, algunas de estas mujeres han podido estudiar y obtener un título de la escuela primaria o del secundario, pero el esfuerzo de la carga horaria laboral y familiar, sumado a la carga horaria para estudiar, arroja como resultado que solo una minoría accede a una mejor educación. No obstante, en el imaginario de las mujeres se les presenta la motivación y la necesidad de completar sus estudios, que expresado en sus propias palabras lo explican: “para hacer mejor el trabajo”; “para ser ejemplo ante mis hijos”; “para no sentir vergüenza”.

Algunas mujeres, al acceder a un trabajo registrado, modifican su vida, se empoderan en sus capacidades personales y humanas, y alcanzan mayor autonomía y la ansiada independencia económica. Aunque no logran romper con el círculo vicioso de la pobreza. Siguen viviendo en las mismas villas miserias o barrios populares, aunque con mejorías por la adquisición de electrodomésticos. Siguen habitando en sus mismas casas, pero con mejoras en la infraestructura de sus viviendas. Siguen sufriendo discriminación en sus puestos de trabajo, pero al mismo tiempo son poderosas en los barrios que trabajan y con sus clientes. Siguen conviviendo en el interior de su familia con graves problemas de alcoholismo, drogadicción y machismo, pero logran el respeto de sus hijos y clientes. Y lo más significativo es que se sienten útiles y orgullosas de sí mismas.

En este sentido, superar la pobreza no puede limitarse solo a la generación de ingresos, sino que se debe integrar efectivamente tanto a las mujeres como a los hombres en situación de pobreza a superar su segregación social, territorial, cultural, social, política y así permitir que accedan a las oportunidades de desarrollo. Se podría decir que el nuevo rol, por un lado, empodera a las mujeres, promueve la igualdad e impulsa el desarrollo de sus aptitudes y competencias y, por el otro, las estigmatiza.

Las mujeres insertas en puestos de trabajo registrado tienen la efímera ilusión de poder modificar su realidad y especialmente, la de sus hijos y vuelven al trabajo con denodadas energías para sustentar a su familia y pese a sus esfuerzos, continúan en el ciclo vicioso de la pobreza.

Conclusiones

El aumento de la participación femenina en actividades económicas, específicamente al acceder a un trabajo registrado, impacta, por un lado, en un cambio de actitud en el que la mujer y su comunidad reconocen cada día más su potencial; y por el otro, la necesidad de mitigar la situación de pobreza en que se encuentra inserta mientras que la mayoría tiene un empleo de sobrevivencia, un plan o está desempleada. Sin embargo, es poco probable que el empleo en el sector formal se amplíe lo suficiente como para modificar este contexto. Desde algunas empresas de comercialización, se ha comenzado a generar la inclusión de mujeres pobres urbanas como empleadas para la captación de clientes ubicados en la base de la pirámide como potenciales consumidores de créditos, como una doble oportunidad. 

En una primera instancia, es una oportunidad para incluir a mujeres excluidas del mercado de laboral y que no han tenido posibilidades para desarrollarse económica, social y humanamente, cuyas historias de vida muestran la lucha y el esfuerzo constante para resolver su situación de pobreza. En segundo lugar, es una oportunidad para que todas las personas tengan las mismas condiciones de igualdad en el acceso a créditos de consumo, y así lograr un mayor bienestar. En ambos casos, implica empoderar, incluir y construir una sociedad más equitativa, pero al mismo tiempo, discrimina, endeuda, desvaloriza, estigmatiza y no logra romper con el círculo vicioso de la pobreza.

En general, las mujeres pobres urbanas, sus familias y los clientes que intentan captar para mantener sus propios trabajos se encuentran insertos en condiciones de pobreza estructural y continúan viviendo en la pobreza. La situación de tener un trabajo registrado puede paliar en algo la pobreza, pero no superarla; por lo tanto, el acceso al crédito de consumo genera efectos duales tanto para los clientes que acceden a los créditos de consumo como para las mujeres que acceden al trabajo formal.

Por un lado, tiene un componente positivo, que representa en los clientes sin recibo de sueldo un efímero bienestar al obtener algunos bienes y servicios que les brindan mayor confort en su vida o les permite acceder a bienes “diferenciales” para lograr la pertenencia a un grupo, por imitación de consumos, etcétera, pero para ello deben pagar las cuotas y los intereses de la deuda según lo pactado. Y por el otro, tiene un componente negativo, que constituye la imposibilidad de pago, que conlleva el sobreendeudamiento, a cargar la deuda impaga y donde la ilusión crediticia problematiza la situación de vulnerabilidad.

Al mismo tiempo, las mujeres pobres urbanas que fueron incorporadas en una empresa de comercialización también se enfrentan con dos componentes. Un componente positivo es el incorporarse al mercado laboral al obtener un trabajo registrado que le permite desarrollarse laboral y personalmente. Un componente negativo es que la estigmatiza y discrimina y no pueden salir de su situación de pobreza.

Finalmente, consideramos que es fundamental crear las bases de un sistema financiero integral que impulse el crecimiento de los diversos sectores de la economía, especialmente de aquellos ubicados en la base de la pirámide, ya que el crédito es un factor determinante para propiciar la recuperación económica, conjuntamente con el desarrollo humano de las personas. Por ese motivo, es necesario que las empresas pongan en práctica pautas que permitan realmente la inclusión social tanto para el cliente interno (empleados) como para el cliente externo, para que de ese modo la aplicación del crédito de consumo destinado a personas ubicadas en la base de la pirámide sea una herramienta integral para los involucrados. 

Bibliografía

Arriagada, I. (2004). Dimensiones de la pobreza y políticas desde una perspectiva de género. Santiago de Chile: CEPAL.

Bridgers, E. (2012). “Women’s Control over Loans and Involvement in Investment Activity: Research Results from Maharashtra and Andhra Pradesh”, en Stanford Journal of International Relations, 13.2, pp. 10-19.

Bukstein, G. (2004). “Análisis de las entidades de microfinanzas y beneficiarios en la Argentina”, en Revista Argentina de Sociología, vol. 2, nº 3.

Bukstein, G. (2007). Economías Locales y Redes Asociativas. Palma: Fundación Cátedra Iberoamericana.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (2001). “Informe de la Reunión de Expertos: Seminario Internacional sobre las Diferentes Expresiones de la Vulnerabilidad Social en América Latina y el Caribe”. División de Población de la Cepal/Celade, Santiago de Chile, Chile.

Harriss, B. (1990). “The Intra-Family Distribution of Hunger in South Asia”, en J. Dreze y A. Sen (eds.). The Political Economy of Hunger. United Nations University. Oxford: Oxford University Press.

Marambio Tapia, A. (2012). “Endeudamiento y “Retailización” en las clases medias: vulnerabilidad y el espejismo de la movilidad”. Primeras Jornadas: Clases Medias en Chile y América Latina: los sujetos pendientes, 20 y 21 de agosto, Santiago de Chile.

Max-Neef, M. et al. (1990). El desarrollo a escala humana. Santiago de Chile: Zed Books.

Nussbaum, M. y Sen, A. (comps.) (1996). La calidad de vida. México: Fondo de Cultura Económica.

Prahalad, C. K. (2008). La oportunidad de negocios en la base de la pirámide. Un modelo de negocio rentable, que sirve a las comunidades más pobres. Bogotá: Norma.

Yunus, M. (2005). El banquero de los pobres: los microcréditos y la batalla contra la pobreza en el mundo. Barcelona: Paidós Ibérica.



Deja un comentario