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Introducción

Ricardo Antunes, Alberto L. Bialakowsky,
Ana Cárdenas, Luci Praun, Francisco Pucci y Mariela Quiñones

La presente compilación reúne ponencias expuestas en el Grupo de Trabajo 17: “Trabajo y Reestructuración Productiva” del Congreso ALAS de Montevideo 2017, en coincidencia con su destacado Comité Académico Editorial, para ofrecer de esta forma, con diversidad de autorías regionales y temáticas relevantes, una muestra de sus contribuciones, en la estima de que sus lectores podrán comprobar la calidad de sus aportes científicos, que a la vez van en aliento para renovar encuentros de debates e intercambio.

La composición de esta compilación ha tenido en cuenta cinco dimensiones relevantes, que obraron en las sesiones del grupo de trabajo –Trabajo y Reestructuración Productiva del XXXI Congreso ALAS– y que, en consideración de los compiladores, muestran aportes sustanciales en el análisis de las dinámicas que encarnan los actores de la fuerza de trabajo dentro del capitalismo regional, para comprender científicamente y con mayor profundidad sus relaciones y colisiones sociales y subjetivas en la actualidad. Dada la complejidad que amerita el desarrollo de cada eje temático, su elaboración especializada quedó a cargo secuencialmente en autoría de Francisco Pucci (I. Flexibilidad y precariedades laborales)Mariela Quiñones (II. Sindicalismo, movimientos de resistencia y contextos nacionales); Ricardo Antunes y Luci Praun (III. Procesos de trabajo y cadenas de valor / Processos de trabalho e cadeias de valor); Alberto L. Bialakowsky (IV. Subjetividades y contextos laborales); Ana Cárdenas Tomazic (V. Metabolismos del sistema: género, capital financiero y sujeto). Cabe señalar, a estos efectos, que se han preservado sus expresiones en forma bilingüe, tal como se han ofrecido en las ponencias.

I. Flexibilidad y precariedades laborales

El modelo taylorista-fordista inspiró el desarrollo de la producción industrial de los países desarrollados desde fines del siglo pasado hasta los años setenta. El modelo se trasladó también al sector de servicios, donde se organizó el trabajo a partir de los mismos principios desarrollados por Taylor, con las adaptaciones requeridas para cada actividad específica. En Latinoamérica, la producción industrial y los servicios se organizaron sobre los mismos principios, aunque en algunos casos, se conservaron vestigios de la producción artesanal. Esta forma de organización del trabajo también dio lugar a la formación de los sindicatos modernos, que nucleaban a contingentes importantes de trabajadores que tenían condiciones de trabajo similares y que organizaban y desarrollaban acciones colectivas (huelgas, manifestaciones, etcétera), como único recurso de presión para negociar sus reivindicaciones frente a los empresarios.

La crisis del modelo taylorista-fordista se asocia a la agudización de la competencia en los mercados internacionales, que se produce en los años setenta, y a la incapacidad de este modelo de dar cuenta de una demanda cada vez más exigente en términos de calidad y de variedad. Esta incapacidad se debe a los fundamentos que dieron origen al modelo. Variedad y calidad en el producto implican incorporar la inteligencia del trabajador al proceso productivo y hacer más flexible la organización del trabajo. La negación de estos elementos son componentes constitutivos centrales del modelo taylorista-fordista. Si la producción se piensa y se organiza exclusivamente desde la gerencia, el proceso productivo será necesariamente rígido y el trabajador queda desligado de cualquier exigencia de calidad en relación al producto final, siempre y cuando cumpla con las tareas prescriptas.

Autores como Piore y Sabel[1] demostraron que el modelo taylorista no era la única posibilidad de organización de la producción industrial, y mostraron cómo en algunas zonas industriales de Europa se estaban desarrollando modelos alternativos, que recuperaban muchos procedimientos artesanales que el taylorismo había desplazado. La revolución científico-tecnológica de los años setenta permite introducir la informática a los procesos productivos, lo que transforma la lógica de los procedimientos, permite programar los procesos y modifica el perfil de la mano de obra necesaria para estas nuevas tareas, lo que genera un aumento de las exigencias de calificación y de educación (por ejemplo, capacidad de manejo de lenguajes abstractos).

Los nuevos modelos productivos que comienzan a desarrollarse están basados en la flexibilización del proceso productivo, o flexibilidad interna, que implica un incremento de la participación de los trabajadores en la concepción y en la ejecución de las tareas (círculos de calidad) como mecanismo para aprovechar la experiencia y el conocimiento de los trabajadores, la capacidad de afrontar diferentes tareas. Con esto se rompe la secuencialización de procedimientos (polivalencia) de manera de poder afrontar demandas diversas y variables y la horizontalización de las relaciones jerárquicas, en la medida en que se prioriza el involucramiento del trabajador con las necesidades de calidad y eficiencia de la empresa en relación al control de operaciones previamente diseñadas. La flexibilización del proceso productivo apunta a aumentar la calidad y variedad de los productos, al reintroducir la inteligencia y el conocimiento de los trabajadores en el proceso de trabajo.

También se produce una flexibilización de las condiciones de contratación de la mano de obra, o flexibilización externa. Esto implica la sustitución de los contratos por tiempo indeterminado o de larga duración por los contratos a término, la vinculación de la evolución salarial con diversas modalidades de productividad, la eliminación de diferentes componentes de protección jurídica y de seguridad social de los trabajadores, etcétera. La flexibilización externa le permite a la empresa adaptarse fácilmente a las condiciones fluctuantes del mercado y de la disponibilidad de recursos humanos.

Las nuevas formas de organización del trabajo (NFOT), inspiradas en muchos casos en los modelos japoneses de producción, comienzan a extenderse a la producción industrial, aunque el modelo taylorista no desaparece por completo. Más que la sustitución de un modelo por otro, se desarrollan una variedad de respuestas que combinan de manera más o menos exitosas componentes de los dos modelos. Por otra parte, estos cambios tienen desarrollos diferentes según los países y las ramas de producción que se analicen.

Estas nuevas modalidades de organización del trabajo con base en la microelectrónica van unidas a una estrategia de descentralización del capital, con proliferación de pequeñas empresas con alta dotación de capital y bajo empleo de mano de obra, formas de contratación del trabajo fuera de la empresa, fragmentación del proceso de producción en diversas unidades dispersas territorialmente, etcétera[2]. Esto trae como consecuencia la decadencia de las grandes organizaciones obreras y de los modos de regulación keynesianos basados en la negociación colectiva entre empresarios, Estado y fuertes sindicatos obreros. También se desmorona el ámbito material donde se sustentaba la solidaridad obrera y los modos de reclutamiento político de los partidos que defienden los intereses de los trabajadores[3]. La desregulación y la flexibilidad como criterios cimentadores de los diseños productivos que acompañan la modernización tecnológica acentúan la fragmentación de demandas y la heterogeneidad de situaciones, lo que debilita los referentes colectivos y de clase de los actores sociales. Se generan múltiples diferenciaciones sectoriales y por empresa, de acuerdo a desempeños y productividades asignadas por el mercado, lo que acentúa las heterogeneidades salariales, las diferencias de capacidades redistributivas, la competencia por las calificaciones y el desarrollo de estrategias individualistas al interior de las unidades productivas.

La modernización tecnológica afectó a Latinoamérica, aunque en forma diferenciada según países y regiones. Su lugar privilegiado ha sido la gran industria de los sectores vinculados a la exportación y su motivación básica, el aumento de la calidad de los productos para obtener padrones de competitividad internacional en el mercado externo[4]. Con la integración de la microelectrónica y de los procesos informatizados en los sistemas de producción, la organización taylorista del trabajo será reemplazada por nuevas formas de organización del trabajo y de la producción. Las transformaciones tecnológicas se vuelven, por tanto, un factor clave para el aumento de la capacidad competitiva de los sectores de punta de la economía de cada país[5]. Esta reestructuración es heterogénea y está fundada en la flexibilidad unilateral de las relaciones laborales[6] y no siempre implican sistemas participativos de gestión[7].

La difusión de determinadas herramientas de gestión, tales como los modelos de calidad total, las normas ISO 9000, la certificación de competencias, etcétera, se inscriben en el proceso de difusión de los nuevos modelos productivos en el marco de la globalización de las economías. Sin embargo, estas herramientas de gestión se aplican en contextos productivos que tienen sus especificidades en términos de culturas de trabajo, racionalidades empresariales, relaciones laborales y poder sindical. De ahí que la aplicación concreta de las herramientas de gestión para modificar los modelos productivos adquiera diferentes características en función de ramas de actividad, empresas e, incluso, en función de realidades microsociológicas al interior de cada empresa[8].

En ese sentido, la organización del trabajo tradicional en la industria latinoamericana, si bien se inspira en los métodos y las concepciones tayloristas-fordistas, lo hace de manera más atenuada en cuanto a sus efectos que lo que ha sido en otros contextos. Es en este contexto productivo donde se realiza la incorporación de modernos instrumentos de gestión (calidad total, reingeniería, etcétera), que tienen efectos variados según ramas o sectores de actividad. Sin embargo, pese a la heterogeneidad de las situaciones, las estrategias de modernización productiva ensayadas por los empresarios en los últimos años parecen priorizar la flexibilidad externa (flexibilización de las condiciones contractuales de trabajo) más que la flexibilidad funcional (polivalencia del desempeño laboral al interior de la empresa), aunque la matriz histórica de las relaciones laborales y la acción del movimiento sindical han disminuido relativamente la primera tendencia. Su consecuencia parece ser un creciente proceso de desregulación, expresada en el predominio de relaciones informales entre los actores laborales.

Tanto a nivel de la industria como a nivel de los servicios, las estrategias empresariales priorizan la reducción de costos vía flexibilización de las condiciones contractuales de la mano de obra o la tercerización de partes del proceso productivo más que la apuesta a una mejora en el desempeño laboral de la empresa. Este proceso de desregulación implica que las condiciones generales de trabajo se incorporen también a una lógica de mercado en la que el trabajador asume los riesgos laborales por su propia cuenta. Todas las dimensiones señaladas anteriormente confluyen en que los trabajadores tiendan a aceptar la degradación de las condiciones de trabajo y en muchos casos “salaricen” estas malas condiciones de trabajo.

La fragilidad jurídica de las nuevas situaciones laborales –en términos contractuales– y las diversas modalidades que estas implican colocan a los trabajadores en una situación vulnerable en términos de riesgos ocupacionales, seguro de enfermedad y diversas prestaciones de la seguridad social. El deterioro de las condiciones de trabajo muestra sectores con mayor desprotección, dependientes de formas de precarización del empleo, como: el trabajo clandestino, el cuentapropismo, las changas y, en general, todo lo que es característico del sector informal de la economía. También se demuestra la mayor vulnerabilidad etaria, como el trabajo de niños y adolescentes o el crónico abandono, como en el caso de los trabajadores agropecuarios, a domicilio o del servicio doméstico.

Los trabajos compilados en el marco de estas dimensiones sobre la flexibilidad y la precariedad laboral dan cuenta de las dichas discusiones descriptas ut supra sobre los cambios provocados en el diseño de los procesos de trabajo y que se desarrollan en diferentes sectores, tanto industriales como de servicios, en tres países latinoamericanos. Así, las autoras Sofía Magalí Vitali Bernardi, Gretel Philipp y Magalí Marega analizan en su texto “Estrategias gremiales frente a la precarización laboral en el sector bananero de Los Ríos, Ecuador” cómo los procesos de tercerización de la industria bananera en esta región han sido la base de la expansión y desarrollo de esta actividad económica de creciente relevancia en el país. En el segundo trabajo, de Orlando Guevara Villalobos, Flexibilidad laboral en tiempos de distribución digital: los desarrollado res de videojuegos independientes y sus malestares”, se analizan singularmente las complejidades en términos de inserción e identidad laboral que se presentan en las redes de producción flexible en las que se desenvuelve el crecimiento de los videojuegos independientes en pequeña escala en Costa Rica. Por último, se presenta una investigación de Natalia Berti, “Entre la rutina y la especialización en la industria del software y los servicios informáticos: una mirada desde una economía semiperiférica”, en la que compara tres modelos de gestión de la industria del software y los servicios informáticos a partir de su implementación en seis centros de servicios y desarrollo (CSD) ubicados en la ciudad de Córdoba, en Argentina.

II. Sindicalismo, movimientos de resistencia y contextos nacionales

Para una breve reconstrucción del escenario donde se desarrolla hoy el movimiento sindical, cabe mencionar que en la actualidad nos enfrentamos a sistemas de relaciones laborales renovados, producto de la sinergia de un conjunto de transformaciones que han ocurrido en los sistemas productivos, los contextos nacionales e internacionales y en los propios trabajadores; factores todos que han contribuido a la configuración actual, que algunos autores han denominado como un sistema de relaciones laborales “post-fordistas”. Una de las particularidades de este sistema es que en el mismo han incidido fuerzas contradictorias, que recogen tanto la herencia de las políticas neoliberales de los noventa –que impulsaron reformas laborales que deterioraron fuertemente y modificaron sustancialmente los derechos históricamente alcanzados por los trabajadores y disminuyeron el papel de los sindicatos– como las tendencias contrarrestadoras iniciadas por los gobiernos progresistas de izquierda que tendieron a sucederlas en muchos países de la región. Ambas con orientaciones muy distintas acerca de la economía y de la sociedad, lo que dejó legados, de alguna manera, contradictorios.

A su vez, en la actualidad, son pocos los países que han logrado mantenerse en esta posición, lo que ha significado la reposición de la agenda neoliberal de la mano de los gobiernos conservadores y liberales que en los últimos años triunfaron en Argentina, Colombia, Chile, Perú y Brasil, que vuelven a instaurar niveles de desregulación y flexibilidad instalados en la década de los noventa. Todo esto, como dijimos, ocurre en el marco de un conjunto de transformaciones de nuestras sociedades que –tal como los procesos de creciente individuación de los trabajadores– son resultado de la referencia a un contexto signado por los procesos de globalización y las condiciones que estos imponen, tales como una fuerte orientación hacia un mercado externo o la fuerte presencia de empresas multinacionales; es decir, de cambios que trascienden las orientaciones políticas de los gobiernos de turno.

Contradictoriamente, tras un contexto de crisis del sindicalismo en el mundo y en América Latina, producido por las reformas neoliberales de reestructuración económica, los estudios sobre el movimiento obrero y sindical han girado a analizar cómo es que estos se están revitalizando, al implementar nuevas estrategias, y/o sobreviviendo en distintos en contextos institucionales desfavorables. Oportunamente, la emergencia de gobiernos de izquierda y el crecimiento de normas colectivas que regulan el trabajo, junto al fortalecimiento de las instituciones que protegen al trabajador, llevan a hablar de la reversión de esta tendencia, del fortalecimiento paralelo del actor sindical y de las dimensiones colectivas que se instalan como referentes culturales del mismo. A su vez, muchos de estos países, como señalamos, vieron revertidas estas tendencias y acusan una vuelta a las amenazas de la era neoliberal; los derechos a la negociación se ven limitados, y se fortalece la capacidad del empleador de imponer unilateralmente las reglas a su favor.

Como consecuencia de esto, la realidad de los sindicatos reclama ser analizada a lo largo de toda América Latina desde estos cambios y desde tales contradicciones. Las ponencias seleccionadas, creemos, contribuyen a desarrollar esta situación y a comprenderla mejor a través de su descripción. Por un lado, los procesos de democratización y de ampliación de los derechos de ciudadanía laboral se han visto drásticamente cercenados por el triunfo o la imposición, en el caso de Brasil, de gobiernos conservadores. Por otro lado, reformas laborales en el marco de un gobierno de izquierda no generaron suficientes cambios en el marco de la cultura política instaurada por los gobiernos precedentes como para llegar a tener una inflexión en la tendencia impuesta por los gobiernos anteriores. Este último es el caso de la reforma de Michelle Bachelet en el país andino. Por otro lado, no siempre el creciente nivel de sindicalización generó espacios potenciales de incidencia del sindicalismo en el escenario político y económico, como es el caso de Uruguay. Por otra parte, el crecimiento del sindicalismo no siempre fue impulsado desde reformas laborales de izquierda, que proviene del mismo sindicalismo, y que, como en el caso de Perú, provocó un proceso de “autorreforma sindical”, y que ocurre a partir de un proceso de discusión orgánica.

A su vez, esta sucesión de etapas e impulsos y retrocesos del sindicalismo ligados no solo a los contextos nacionales, sino también –como ya mencionamos– a un contexto internacional ha generado una “ruptura cultural” de acuerdo a la percepción de sindicalistas más tradicionales. En efecto, se toma consciencia de que se han perdido tradiciones y regulaciones tácitas de los comportamientos, sea entre los propios trabajadores o los propios sindicalistas. La hipótesis que está plasmada en muchos análisis es que el movimiento sindical estaría experimentando un cambio en sus representaciones sociales, marcado por la coexistencia de representaciones propias de las lógicas de acción tradicionales centradas en la valoración de los derechos colectivos y las relaciones de conflicto capital-trabajo con otras lógicas emergentes –más individualizadas– y otras, producto de un cambio civilizatorio, desde el cual, en la conformación de la identidad del trabajador –sobre todo los jóvenes–, empiezan a primar dimensiones tales como el género, la generación, la raza o el medioambiente. En este sentido, junto a las demandas tradicionales ligadas al empleo, salario, salud y condiciones de trabajo, formación, categorías profesionales, derechos sindicales, como las principales, aparece todo un conjunto de nuevas demandas que no necesariamente están estructuradas orgánicamente, sino que su fuerza se sostiene en la dimensión simbólica de la acción en sí misma –marcar el trabajo invisible y también la invisibilización (de la mujer, del joven, del discapacitado, del migrante, como tantos otros, en el trabajo)–.

En primer lugar, se presenta la contribución de Marco Aurélio Santana y Natália Cindra, “Juventude trabalhadora e movimiento sindical. A resistencia em um contexto de perda de direitos”. La misma tiene por objetivo analizar las recientes medidas y reformas que vienen siendo puestas en marcha por el gobierno de Michel Temer en Brasil, sus primeras consecuencias e impactos para la clase trabajadora. La ponencia tiene el mérito de presentar en base a un estudio de caso, el de Brasil, el significado que el nuevo ciclo de reformas laborales conservadoras está teniendo en la clase trabajadora. Se trata de la reposición, igual que en la década de los noventa, de una agenda neoliberal, en fuerte alianza con el capital internacional y las élites económicas y empresarios asociados al mismo.

En el plano del trabajo, estos gobiernos han impulsado reformas laborales que deterioran fuertemente y modifican sustancialmente los derechos históricamente alcanzados por los trabajadores, y restauraron los niveles de desregulación y flexibilidad instalados en la década de los noventa. Nuevamente, hay una redistribución jerárquica entre la negociación colectiva y la ley al interior del sistema de fuentes (flexibilidad), aunque muchas veces se trata lisa y llanamente de una “derogación de las reglas preexistentes, que imponían limitaciones en el marco de las relaciones laborales para permitir la imposición de reglas por vía unilateral a favor del empleador”[9]. Es decir que, en muchos casos, la flexibilidad opera como desregulación. Debido a que este es el sentido que se le quiere otorgar al cambio, se vive hoy una situación por la cual las transferencias que la sociedad redistribuye por el hecho de ser trabajador en condición de asalariado se debilitan drásticamente. Esta promoción de relaciones laborales menos estables, precarias, informales, a su vez, acusa un fuerte cambio de la estructura social de estos países, con efectos muy fuertes, sobre todo en los hogares más jóvenes.

La situación se agrava si se considera que es justamente este grupo el que, como remarca el artículo, es el más distante de las organizaciones sindicales brasileñas. En cuanto a estas, su debilitamiento es también uno de los propósitos de la reforma laboral: financieramente –la reforma prevé el fin del pago obligatorio de la cuota sindical–, arremete contra su representatividad, ya que establece que las empresas con más de 200 empleados pueden contar con “representantes de los trabajadores” que negocien en su nombre y que quienes tengan educación superior y cobren una cifra tope puedan llegar a acuerdos individuales. Esto, aunado a una fuerte tendencia de criminalización de los movimientos sociales, ponen al sindicalismo en Brasil, como en muchos otros países que viven reformas similares, en una situación muy desfavorable.

La ponencia de Carlos Enrique Mejía Alvites, “Actores y discursos en el proceso de renovación sindical de la Confederación General de Trabajadores del Perú entre 2003 y 2011”, tiene como objeto analizar el proceso de cambio institucional iniciado por la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) como respuesta a la crisis de la acción sindical que se inicia en la década de los ochenta por efecto de las políticas neoliberales. Este proceso de cambio, que se denominó “autorreforma sindical”, puede ser abordado como un estudio que da cuenta a partir de una experiencia cuáles han sido los disparadores y los procesos a los que ha estado abierto el sindicalismo latinoamericano en términos de reflexividad. A su vez, contribuye a estudiar aquellos procesos que fueron denominados por la literatura como “revitalización sindical” (union renewal) –trabajos liderados en América Latina por autores como Cecilia Senén Gonzales, Andrea del Bono y David Trajtemberg en el Cono Sur, y Carola Frege, John Kelly, Lucio Baccaro, Adrien Thomas y especialmente los de Ray Hyman, entre otros, desde Europa–[10].

El caso peruano se inicia en 2003 cuando la CGTP conformó la Comisión Sindical Nacional de Reestructuración Organizativa. La “autorreforma sindical” se desarrolló a través de un proceso de cambio que comprendió tres ámbitos específicos de la estructura sindical: los mecanismos de afiliación; los mecanismos de gestión interna y los procedimientos de representación de intereses. Alrededor de estos ejes se articulan viejos y nuevos actores organizados en diferentes sectores laborales, grupos de edad, género y orientación ideológica.

El tema no es menor, en el contexto de los cambios antes enunciados; el sindicalismo latinoamericano se enfrenta a varios desafíos, entre los cuales no solo se encuentra el desafío histórico de organizarse para “reunir fuerzas” (sumar trabajadores sindicalizados y ganar espacios de acción), sino que se enfrenta también a un “problema de organización”. En un contexto en el que ganan terreno los procesos de individualización y un tipo de demandas de corte más utilitario, la cuestión de clase no es el único problema a resolver por el sindicalismo, sino también la cuestión de “cómo organizar el colectivo”. A su vez, este problema está íntimamente ligado a cómo el sindicalismo contribuye al desarrollo, llevando, incluso, la lucha de clases a la lucha por los modelos de desarrollo, lo cual radica en descentrar su reflexión en términos de actores sociales para pasar a hacerlo en términos de individuos portadores de derechos que se organizan en torno a luchas, que algunos autores reconocen como luchas por el reconocimiento[11]. Frente a estos cambios, en la actualidad, la tendencia mundial es consolidar una estrategia de crecimiento y organización mediante la “afiliación directa”.

En definitiva, múltiples han sido los cambios de orden político, social, económico y cultural que transforman notablemente los contextos en los que opera hoy el sindicalismo latinoamericano. Bajo este diagnóstico, podríamos adelantarnos a decir que los autores que contribuyeron a este libro estarían de acuerdo con el lema “renovarse o perecer”. Se trata de un contexto en el que las causas externas –producto de la globalización, los cambios tecno-productivos, el avance de la ideología del management y el individualismo en general–, así como la consolidación de gobiernos de derecha en muchos países, por un lado, y las causas internas –heterogeneidad de intereses, burocratización, entre otros–, por el otro, han debilitado en extremo los sindicatos. En el contexto actual, son varias las iniciativas para paliar los efectos; entre las más importantes y en las que ponen énfasis estos autores son: su organización, su acción en el terreno sociopolítico, principalmente, su articulación con un modelo de desarrollo alternativo y, sobre todo, la unidad sindical, ante todo, frente a las reformas impulsadas por los gobiernos de derecha, conservadores y antitrabajadores. Todo esto, bajo la idea de que la meta actualmente es que la acción sindical gane en eficacia y resistencia y contribuya a generar reivindicaciones que impulsen a los trabajadores a adherir a una fuerza colectiva.

III. Procesos de trabajo y cadenas de valor / Processos de trabalho e cadeias de valor

São profundas as mutações vivenciadas pelo capitalismo da era digital-informacional-financeira. Merece destaque, nesse contexto, o nascimento de novas formas de extração da mais valia, especialmente nos serviços e em setores de produção não material. Isso porque a principal transformação da empresa flexível não foi a conversão da ciência em principal força produtiva, conforme Habermas[12], mas sim a imbricação progressiva entre trabalho e ciência, imaterialidade e materialidade, trabalho produtivo e improdutivo[13].

Essas mudanças, em ritmo acelerado na transição do século XX para o XXI, têm como uma de suas premissas o aprofundamento da capacidade de mobilidade das corporações transnacionais e, de forma articulada, do fluxo do capital pelo globo. O capital, segundo David Harvey[14], “é sangue que flui através do corpo político e todas as sociedades que chamamos de capitalistas, espalhando-se, às vezes como um filete e outras vezes como uma inundação, em cada canto e recanto do mundo habitado”. Em sua trajetória, reinventa-se para que possa romper barreiras que, porventura, se ergam e impeçam seu ciclo de valorização.

É nesse cenário que se inserem as reflexões propostas em “Cadeias globais de valor no contexto do empreendedorismo e governança urbana”, primeiro artigo que compõe este eixo temático. No capítulo, Simone Wolf observa, valendo-se da perspectiva de cadeias globais de valor, como a ampliação da mobilidade das corporações transnacionais e os movimentos que essas efetuam rumo à periferia do sistema implicam na imposição de “dinâmicas e arranjos institucionais dos sistemas produtivos e mercados de trabalho” locais que, além de repercutirem em escala global, ensejam “formas disfarçadas de assalariamento que levam a processos de precarização de direitos e condições laborais em escala mundial”.

Tomando como ponto de partida as relações de trabalho no Brasil, particularmente aquelas desenhadas a partir dos anos 2000, Wolf volta seu olhar para um desses “filetes” que irrigam e alimentam a dinâmica de acumulação no capitalismo contemporâneo. Abrigadas sob a perspectiva do empreendedorismo, e fomentadas a partir de políticas públicas de incentivo fiscal, acesso a financiamento, e flexibilização da legislação trabalhista, assume relevância a constituição, desde o ano 2000, de um conjunto de Pequenas e Microempresas (PME), “responsáveis por empregar mais de 52% da força de trabalho formal” e capazes de responder “por mais de 40% da massa salarial do país”, conforme dados de 2015, apresentados por Wolf. No interior desse grupo de PME, a socióloga destaca aquelas que atuam no setor de software e suas conexões com as cadeias de valor globais do ramo de Tecnologia da Informação (TI). Revelam-se então como estas cadeias, dinamizadas a partir de corporações globais, repercutem em diferentes etapas do processo produtivo, articulando distintos momentos de um mesmo processo e provocando alterações substanciais nos mercados de trabalho locais.

As cadeias globais de valor reconfiguraram, impulsionadas pelo advento da acentuação da liberalização da economia, conforme destacado pela autora em base aos estudos de Huws et al.[15], “as antigas clivagens econômicas entre centro e periferia”. Conjugam alto grau de mobilidade por parte das empresas líderes globais, com o aceno permanente de inserção das economias da periferia do sistema na divisão internacional do trabalho. As repercussões desse processo, centrais na configuração das cadeias, consiste na imposição de novo padrão de emprego e salário, com desdobramento no conjunto das relações de trabalho vigentes nas distintas localidades.

Os estudos de Wolf estabelecem um profundo diálogo com o crescimento do fenômeno social que Úrsula Huws[16] (2003) denominou como cybertariado, e Braga e Antunes concebem como infoproletariado[17], fortes exemplos da ampliação das atividades de serviços e de sua participação crescentemente no processo de valorização do capital. Integrados nas cadeias produtivas de valor, este segmento converte-se em partícipes decisivos no processo de geração do valor do capitalismo de nosso tempo. Tanto os trabalhos materiais quanto os imateriais, estando cada vez mais inter-relacionados nas cadeias produtivas, tornam-se também partes integrantes e subordinadas à forma-mercadoria[18].

Um segundo artigo nos desloca para o cenário das relações cotidianas de trabalho e vida constituídas no contexto da atividade agrícola. Vale dizer, de antemão, que o deslocamento, longe de nos apresentar dois mundos, revela-nos os fios que tecem a unidade do sistema capitalista, no qual também as fronteiras entre a atividade agrícola e a industrial e de serviços apresentam-se cada vez mais esfumaçadas. Evidencia-se também, a partir do foco proposto pela pesquisa, a profunda capacidade do sistema em articular relações de trabalho fundadas em antigas e novas formas de trabalho, adequando-as às suas necessidades de geração do valor.

Em seu artigo, “Vidas em trânsito: mulheres migrantes dos cocais maranhenses nas cidades canavieiras paulistas”, Maria Aparecida de Moraes Silva, pesquisadora consagrada nos estudos das distintas dimensões que envolvem os processos migratórios no Brasil, volta seu olhar especificamente para o trabalho em áreas rurais e, de forma inseparável, para a dura travessia de homens e mulheres entre diferentes, distantes e remotas localidades do país. Travessia que deixa profundas marcas em suas vidas e nas de seus descendentes.

Não raro, observa a autora, a partida desses trabalhadores, em grande parte oriundos da região Nordeste do Brasil, envolve apenas homens jovens e adultos. Para trás ficam mulheres e crianças. Vidas que se separam na esperança de novamente se juntarem quando o labor, condicionado ao tempo do corte da cana, da lavoura do café e da colheita da laranja, deixa de existir: momento de voltar para casa e se preparar, na luta pela sobrevivência, para um novo ciclo de migração, quando a produção e a colheita novamente demandam o retorno.

Em sua pesquisa Moraes Silva coloca em evidência um grupo de mulheres que segue junto com seus companheiros, filhos ou netos, nessa longa travessia em direção ao interior do estado de São Paulo. O fluxo se dirige mais precisamente à cidade de Guariba, que é parte da Região Metropolitana de Ribeirão Preto, localidade conhecida pela intensa atividade de cultivo de cana-de-açúcar, maior polo produtor de açúcar e álcool do país. Deixam para trás, separados por mais de três mil quilômetros, a cidade de Timbiras, no Maranhão, estado cuja localização desenha o limite entre as regiões Nordeste e Norte do país. A pesquisadora destaca a importância dessas mulheres tanto nas atividades que desenvolvem em suas cidades de origem, quando lá permanecem, quanto no caso em que seguem a caminhada rumo a Guariba, no estado de São Paulo.

Morando em acomodações alugadas, não raro com tanques e banheiros de uso coletivo, nas periferias da cidade, essas mulheres incorporam à rotina doméstica o tempo e a lógica de trabalho dos canaviais. São vidas submetidas à dinâmica do trabalho duro, superexplorado, marcado pela violência dentro e fora de casa, pelas inúmeras privações, pelo pouco convívio familiar. A dinâmica imposta pelo trabalho dos homens, tal como descreve a autora, expõe as profundas diferenças de gênero, perceptíveis em cada movimento que tece o dia a dia. Vidas que se veem diante do imperativo de laços de sociabilidade e temporalidade distintos daqueles experienciados em suas cidades de origem. Mulheres que, diante das inúmeras dificuldades, tecem um conjunto de estratégias de sobrevivência, entre elas a de manter unida a família para que, com um pouco de dinheiro, possam juntos, ao fim de cada temporada de labor, voltar para casa. Nas atividades nos canaviais, a lógica do capital é sangue que inunda cada minuto da vida, ainda que o cotidiano desses homens e mulheres, tal como indica a autora, seja tecido por pequenos, mas constantes, atos de resistência.

Um terceiro artigo, de autoria de Fabiane Santana Previtalli e Cílson César Fagiani, compõe esse eixo temático. Em “O trabalho docente na educação básica sob o Estado gestor no Brasil”, os pesquisadores analisam as demandas de formação profissional entre professores, assim como as repercussões das mudanças desencadeadas na organização do trabalho na atividade docente.

A pesquisa, realizada entre professores de três cidades do estado de Minas Gerais, no Brasil, apontou para a acentuação da intensificação do trabalho docente fruto, entre outras variáveis, da ampliação das funções desenvolvidas. Observou-se também como disseminação de estratégias de controle do trabalho típicas dos modelos gerenciais desenvolvidos no interior das grandes corporações opera no sentido de converter a atividade docente em prática marcada pela sobrecarga, pela dificuldade da realização de atividades pautadas pela qualidade, abrindo campo para a disseminação da desmotivação.

As escolas, vale destacar, têm se convertido nas últimas décadas em importante espaço cuja organização encontra-se cada vez mais concebida para reproduzir uma dada racionalidade favorável às premissas neoliberais e, de forma decorrente, às novas exigências do padrão de acumulação flexível. Ao ocupar, nesses espaços, papel essencial, a atividade docente é constantemente moldada, não sem resistência, para produzir e reproduzir valores e práticas favoráveis à formação de indivíduos com “postura aberta”, “flexíveis”, “colaborativos”, “engajados”, empreendedores”.

Proceder nesse sentido, entretanto, tende a confrontar-se profundamente com a essência de uma prática educativa humanizadora, cujos valores se dirigem não para o indivíduo, mas para o sujeito coletivo; não para a competição do mercado, mas para os laços solidários; não para o conformismo social, mas para a crítica e capacidade de transformação do mundo e de si mesmo. Esse confronto de projetos, ainda que nem sempre revelado com clareza, faz pairar entre os professores um difuso sentimento de mal-estar. Que seja este sentimento também fonte de resistência à progressiva perda de autonomia, ao esvaziamento do sentido do trabalho, e à sua profunda precarização.

Os diferentes objetos escolhidos pelos autores dos capítulos que compõem essa seção do livro revelam, entre outros aspectos, a disseminação e heterogeneidade das formas de intensificação do trabalho, a constante burla dos direitos, a superexploração, a vivência entre a formalidade e a informalidade, as exigências de metas, a rotinização do trabalho, o despotismo dos chefes, coordenadores e supervisores, os salários degradados, os trabalhos intermitentes, os assédios, adoecimentos e mortes. Esse conjunto de características, que marca o trabalho na contemporaneidade, indica um forte processo de proletarização e de explosão de um novo proletariado de serviços que se expande em escala global, diversificando e ampliando a classe trabalhadora.

E se há uma nova morfologia do trabalho, é necessário constatar também o advento de uma nova morfologia das formas de organização, de representação e das lutas, da classe trabalhadora. O mundo atual é um excepcional laboratório para se compreender esta nova era das lutas sociais.

IV. Subjetividades y contextos laborales

Escribía Mario Benedetti: “Desafiliación es un término usado en varios artículos que Lawrence Lipton escribió en The Nation acerca de esa actitud de los nuevos intelectuales. Lipton colocó un epígrafe de John L. Lewis que decía: Nosotros nos desafiliamos”[19]; y lo tomamos punto de partida metafórico para señalar la profundidad de la intersección ineludible entre lo subjetivo y lo colectivo, la afiliación y el desprendimiento.

Investigar la subjetividad en el campo de la sociología y de las ciencias sociales del trabajo no ha sido tan frecuente o equiparable al análisis de los sujetos laborales colectivos, sin embargo no se ha eludido, sino que por el contrario, se encuentra este análisis entrelineado en la mayoría de los estudios, se sabe, y resulta ineludible abocarse a ello para comprender en integridad el trabajo como “hecho” social. Quizás una orientación en la recuperación creciente de esta dimensión han sido las temáticas que conciernen a la salud-enfermedad laboral y, específicamente en sus orígenes en salud mental, a la “psicopatología del trabajo”. Este campo mismo giró a la exploración de otras esferas de la subjetividad, tales como las relaciones entre conciencia, alienación e inconsciente, tanto individuales como colectivos, y sus determinantes, incluso dentro del campo terapéutico, avanzando hacia una comprensión e interpretación psicodinámica[20]. Entre aquellas raíces de conjunciones entre poder, trabajo y subjetividad, puede recordarse aquel párrafo con referencias precisas sobre los componentes de alienación-enajenación-extrañamiento estudiados en los tempranos manuscritos filosóficos de Karl Marx de 1844, en los cuales se señalaba que el trabajo concreto, para transformarse en mercancía, debía atravesar la mutación del sujeto creador en sujeto “trabajador”, que por efecto de la dominación social, deberá ofrecer su praxis subjetiva como un “objeto transable en el mercado”, una mercancía más. Para este autor, y en la mayoría de las corrientes de pensamiento social crítico, dicha “cosificación” organizada en la forma de “cooperación despótica” resultó constituirse en una clave esencial para el desarrollo del sistema, junto con la denominada acumulación originaria.

Traer aquí la narrativa de Mario Benedetti, a modo de metáfora, nos permite –a través de las posibilidades polisémicas que brinda el significante “desafiliación”– alentar y co-reflexionar con las contribuciones reunidas aquí y referidas a las subjetividades contemporáneas que se incluyen en esta dimensión sobre “subjetividades y contextos laborales”. Así, partir con este enunciado literario que rememora aquella epopeya social de bifurcación alternativa de la beat generation, como elección subjetiva de ruptura. Se trata de un significado polarmente opuesto, si se quiere, a aquel significado atribuido por el recordado autor Robert Castel que conceptualizara a los procesos de “desafiliación” como efectos penosos del desempleo y el desprendimiento social consecuentes que acompañaron, en las décadas finiseculares, la “corrosión” de la “sociedad salarial”, sus colectivos masivos articuladores y el propio “estado de bienestar”[21]. Esos precipitados múltiples colocaron, sobre todo, a las fracciones subalternas en los márgenes y por fuera de la integración social. En este nuevo siglo, y especialmente en nuestro continente, en esta segunda década de retornos acentuados a la fase neoliberal, puede observarse a la luz de este significante un fenómeno sociopolítico singular, en el que si bien la amenaza de expulsión a la zona del “ejército de reserva” persiste, al decir de Michel Foucault, por efecto sobre la fuerza de trabajo de aquella secuestración originaria[22], los dispositivos de “afiliación ideológica” instrumentados y puestos en “juego de verdad” en esta fase han alcanzado una pregnancia subjetiva muy expandida.

Así, Cecilia Ros y Miriam Wlosko nos brindan, en su artículo “Trabajo y producción subjetiva en docentes investigadores de universidades nacionales”, un pormenorizado análisis teórico y empírico sobre la profundidad del impacto subjetivo al señalar cómo:

a nivel global en las últimas décadas del siglo XX, (han dado) lugar a procesos de reforma del Estado, que en Argentina se profundizaron desde mediados de los noventa. En lo referente al sector educativo, estuvieron en la base de una reburocratización de los procedimientos (mayor control y normativización) y de una creciente “managerialización” de la cultura y los contenidos; esto es, un aumento de procedimientos e instrumentos tecno-burocráticos orientados a metas y productos, que promueven la competitividad y los resultados por sobre los procesos y contenidos (…) Así, la figura del investigador se ha reinventado: fue perdiendo paulatinamente libertad y control del contenido y organización de su trabajo; esto es, su condición de artesanos del saber, para adaptarse paulatinamente a los engranajes de las maquinarias que integran las nuevas formas de producción del conocimiento.

Los significados de la subjetividad abarcan, siguiendo este desarrollo, caracteres subjetivos derivados de las modulaciones antedichas, tales como la competencia entre pares, el individualismo generalizado y “emprendedorismo”. Así, los cuerpos singulares se agregan en un conjunto colectivo vigilado por medio de evaluaciones y métricas cuantitativas, supuestamente “neutrales”. Regulaciones que –como registran las autoras– producen desgaste, rutinización y respuestas productivas conminadas a seguir velocidades y recurrir a repeticiones que inciden negativamente en la propia profundidad científica. Además, observan empíricamente que esta orientación subjetiva ha calado más en los jóvenes; por lo tanto, en su incidencia a futuro. En síntesis, deducimos por estos medios que se da consecuentemente un avance tanto en la apropiación del saber colectivo como en su autonomía. La apariencia individual deviene en un colectivo compuesto por un divisionismo intelectual.

En esta línea interpretativa, resultan coincidentes las investigaciones llevadas a cabo y presentadas aquí por Deidi Maca Urbano y Nelson Molina Valencia, con su contribución en las “Subjetividades emergentes a partir del emprendimiento como forma de gubernamentalidad: una aproximación desde el análisis de discurso de la política pública de emprendimiento en Colombia”. Los autores avanzan en el análisis de estas transformaciones subjetivas como efecto de diseños gubernamentales, un tejido que se traza sobre las conciencias y praxis sociales. Tal como describen:

Es así como encontramos que el papel del Estado está enfocado, principalmente, en la creación de este medioambiente y no en una intervención directa en cuanto a la creación de oportunidades de trabajo de las que se podría derivar ciertas protecciones sociales (…) En la medida en que es el propio sujeto el que debe buscar y generar sus propias oportunidades de trabajo se vería instado a convertirse en un “empresario de sí”. Se tiene así una tendencia hacia una “desgubernamentalización” del Estado.

Esta orientación se configura de modo tal que:

El neoliberalismo no solo trae consigo una nueva relación entre el Estado, la sociedad y la economía, sino que, derivado de ello, también trae consigo una nueva especificación del sujeto de gobierno como agente activo de su propio destino que debe gobernarse a sí mismo de manera responsable, gestionar sus propios riesgos, lograr autoasegurarse, autorregularse.

Resulta apropiado consignar –siguiendo estos estudios– que, por un lado, se trama un “juego de verdad”, que construye una cosmovisión del valerse por sí mismo, a la vez que, por otro lado, se aplican para obstaculizar la construcción de un sujeto colectivo autónomo. El diseño de dicha apropiación alcanza así, incluso, lo que antes podría definirse como fracciones de población trabajadora marginal, y por lo tanto, desafiliada socialmente. Es una población sobre la que se ensayan diversos mecanismos de integración que configuran desde un espectro que va de la asistencia gubernamental a desarrollos empresarios que ensayan formas híbridas de empleo y autosostenimiento. En esta línea, se incorporan aquí las exploraciones de Gabriela Bukstein volcadas en su texto “Trayectorias laborales de mujeres pobres urbanas: ¿con trabajo registrado se supera la pobreza?”. Así, la autora señala:

Se conoce que las empresas, al seleccionar a mujeres pobres urbanas como empleadas, buscan que a partir del rol asignado como asesoras de créditos de consumo, tengan una mayor llegada al público objetivo, es decir, a los potenciales clientes que vivan en sectores populares. Dichas mujeres deben habitar en los mismos barrios donde trabajan, con la finalidad de lograr una mayor empatía con quienes serán sus clientes; deben saber leer y escribir, tener buena comunicación oral, saber escuchar, una actitud proactiva frente al trabajo, manejo de situaciones, muchas ganas y principalmente, necesidad de trabajar. Motiva también la incorporación de mujeres a las empresas de comercialización porque consideran que son más sumisas y fáciles de intimidar en sus lugares de trabajo.

La investigadora descubre una línea de mayores exigencias y compromiso subjetivo en la relación asalariada a la vez que un incremento de los riesgos laborales, registrando que:

Al ingresar a un trabajo registrado, se asume que mejoran la situación financiera de la mujer y su posición en la familia y sociedad, con el aumento de su autoestima y su poder de decisión (…) La inclusión de estas mujeres en sus puestos de “ejecutivas de cuenta”, “facilitadoras de créditos” u otras denominaciones se sustenta en la premisa de que al encontrarse excluidas del mercado laboral y sin oportunidades reales en su vida, serían capaces de llevar adelante la ardua tarea de caminar en los barrios populares, con el peligro intrínseco en ellos y seguir adelante, enfrentarse a los vaivenes climáticos, confrontar a los clientes enojados, autoexplotarse para alcanzar los objetivos exigidos y esencialmente, tener un papel sumiso al ser ubicadas en la base de una estructura organizativa jerárquica empresarial.

Se comprueba así en estas aplicaciones las incidencias subjetivas y sociales, las que por una parte pasan a un plano de empleo registrado e “implica empoderar, incluir y construir una sociedad más equitativa pero (que en este caso) al mismo tiempo, discrimina, endeuda, desvaloriza, estigmatiza y no logra romper con el círculo vicioso de la pobreza (estructural)”.

En síntesis, con estos análisis –como adelantábamos ut supra, recomendamos detenerse en su lectura para nutrirnos en la comprensión y relevancia de las dimensiones de la subjetividad y sus contextos laborales. Al mismo tiempo que podrán constatarse, con la diversidad de sus registros brindados aquí, valiosas líneas interpretativas sobre las mutaciones operadas y que –estimamos– en conjunto podrán ensamblarse conceptualmente. Ese, incluso, ha sido nuestro impulso en este recorrido para alentar su lectura y consecuentes debates.

V. Metabolismos del sistema: género, capital financiero y sujeto

El paso de un capitalismo industrial a un capitalismo de los servicios y global[23] está dando cuenta de nuevas formas de metabolismo social. De acuerdo a Mészáros, este corresponde al “marco de referencia último“ de las sociedades capitalistas, específicamente a “la totalidad de determinaciones, desde los procesos materiales directos hasta las prácticas intelectuales más mediadas”[24], referidas a una relación metabólica básica: la relación entre el ser humano y la naturaleza. El carácter determinístico, pero a su vez históricamente mutante, de dicha relación dialéctica se mantiene “incluso en los niveles más alto de desarrollo social y tecnológico que puedan ser imaginados” y se estructura coherentemente “en relación a sus fundamentos materiales sin reducirla a una entidad material abstracta”[25].

Es precisamente en el marco de este proceso de reproducción transhistórica donde la apropiación (“Landnahme”[26]) de nuevos recursos y la redefinición de su uso vienen haciendo evidentes las lógicas de acumulación específicas de este nuevo momento histórico del orden social capitalista. El texto “Ditadura militar: Fundamentos da acumulação financeiro no Brasil” de Francieli Martins Batista tematiza precisamente el modo en que el capital financiero se constituye, en el marco del proceso de globalización, en un recurso material central del modo contemporáneo de expansión y acumulación capitalista[27]. En concreto, el autor reconstruye de manera histórica la formación y el desarrollo del mercado de capitales brasilero y su integración al mercado global de capitales. Más específicamente, Batista analiza el proceso de internacionalización de la economía brasilera considerando la dictadura militar de este país como un momento histórico clave. En el marco de este, el capital financiero adquiere una mayor relevancia dentro del ciclo de acumulación de capital “ao gerar lucros cada vez mais substantivos, independente do setor produtivo, aumentando a discrepância entre o volume movimentado na esfera especulativa e o montante realmente existente -lastro real do capital”.

De acuerdo con Batista, la financialización de la economía brasilera sitúa su origen especialmente en el marco del proceso de “reordenamiento de las fuerzas políticas y económicas” ocurrido durante la dictadura militar de Brasil. Al respecto, la política económica resultante de dicho proceso tendrá como pilares fundamentales la reestructuración tanto del sistema financiero como del patrón de financiamiento establecido a partir del capital externo. Si bien dichas reformas contribuirán a un aumento parcial en el crecimiento de la economía nacional, significarán también una nueva forma de dependencia de Brasil respecto a los capitales extranjeros y las directrices neoliberales resultantes a partir del Consenso de Washington. En efecto, en el proceso de configuración del capitalismo financiero global no han variado sustancialmente las relaciones de dependencia a nivel internacional. Por el contrario, la financialización de la economía se ha constituido en un momento “de continuidad en la discontinuidad”[28], en el marco del cual se reproduce tanto el orden internacional de corte colonial como sus respectivas jerarquías y dinámicas de desigualdad social.

Las relaciones de género están también tendiendo a ser redefinidas para asegurar la reproducción de las sociedades de servicios y del capitalismo financiero. Al respecto, lo que se observa no es una transformación de las jerarquías patriarcales propias de las sociedades capitalistas, sino más bien, una reactivación de las relaciones de género tradicionales, pese a una mayor participación laboral femenina a nivel mundial[29]. El texto “Epistemologías feministas y sus contribuciones críticas a los estudios del trabajo en América Latina” de Ruth Sosa es un aporte significativo en la comprensión del modo en que las relaciones de género han sido y son hoy pilares fundamentales del orden y metabolismo social, así como de sus dinámicas de desigualdad social.

En efecto, el artículo de Sosa es una síntesis crítica acerca de “la capacidad heurísitica y política del prisma feminista para poder alumbrar las agendas pendientes en los estudios del trabajo y en las prácticas en torno a los procesos laborales y de representación sindical y política”. Al respecto, la autora destaca tanto los aportes teóricos como metodológicos que se han hecho a partir de la categoría “género” a los estudios del trabajo, en tanto categoría que “ilumina zonas de la realidad” sin la cual “ciertas dimensiones permanecerían a oscuras”. Al mismo tiempo, Sosa esboza nuevas posibilidades teóricas, epistemológicas y políticas del feminismo para el campo de los estudios del trabajo. En resumen, este texto tematiza el género como una categoría básica del orden y metabolismo social tanto de la sociedad industrial como de los servicios, destacando al mismo tiempo los desafíos actuales de los estudios del trabajo en relación a aquella.

Por último, Luciano Messina Pereira da Silva, Roberta Cristina Sawitzki y Carmem Ligia Iochins Grisci discuten en su texto “Erro no trabalho: concepção de caminhoneiros sob a lógica da gestão gerencialista” el significado que tiene el error en los procesos de trabajo desde el punto de vista de los sujetos. Este análisis se lleva a cabo a partir de un estudio cualitativo de carácter exploratorio a un sujeto-trabajador todavía escasamente estudiado: los conductores de vehículos de carga. Mediante las narraciones de estos camioneros, el autor y las autoras muestran cómo la lógica de gestión gerencialista actual tiende a externalizar, específicamente a subjetivizar, los errores de los procesos de trabajo. Es así como son los propios trabajadores quienes, autogestionando sus propios recursos, deben enfrentar los errores laborales, los cuales de por sí están marcados por condiciones laborales intrínsecamente riesgosas (largas e intensivas jornadas de trabajo así como remuneraciones vinculadas a la productividad). Las causas y las consecuencias recaen finalmente en el sujeto-trabajador:

É praticamente unânime a opinião de que estes erros são provocados por imprudência, pressa, cansaço, distração, falta de atenção ao trânsito, falta de paciência dos motoristas. Novamente aqui, os temas “urgência” e “velocidade” parecem estar presentes e relacionando a vida dos caminhoneiros com as causas de erros que estes observam e/ou cometem no trânsito, no exercício de sua profissão.

El autor y las autoras de este artículo tematizan así, de manera novedosa, el modo en que la subjetividad se vuelve (¡nuevamente!) un recurso central tanto de los procesos de trabajo como, de manera más general, del metabolismo social.

En resumen, los tres textos acá presentados discuten tres ejes fundamentales del metabolismo social actual: el capital financiero, las relaciones de género y la subjetividad. Al respecto, estas reflexiones confirman la radicalización del proceso de “transformación de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías”[30] y la importancia de entender el metabolismo social no solo en términos de la relación ser humano-naturaleza (“naturaleza externa”), sino también en términos de la relación del ser humano con su propia naturaleza (“naturaleza interna”)[31].

De textos y debates

Concluimos esta presentación para convocarlas y convocarlos especialmente a la lectura de estos textos y detenerse en cada una de estas destacadas elaboraciones compiladas, como parte también del valioso acervo de producciones del Grupo de Trabajo ALAS: Trabajo y reestructuración productiva del Congreso ALAS 2017 de Montevideo. Esta obra fue elaborada en esta edición para, ciertamente, ser debatida e incitar a renovados y futuros intercambios, así como también, singularmente, contribuir con el avance de los conocimientos sociolaborales dedicados –en el espacio latinoamericano y caribeño, y del orbe– a transformar y crear socialmente un mundo productivo con equidad.


  1. Piore, M. y Sabel, C. (1984). The Second Industrial Divide. Nueva York: Basic Books.
  2. Ibíd., p. 10.
  3. Gorz, A. (1980). Adieux au prolétariat. París: Edition Galilée.
  4. Humphrey, J. (1995). “Nuevas temáticas en Sociología del Trabajo”, en Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, año 1, nº 1.
  5. Abramo, L. (1987). Modernizaçao tecnologica e açao sindical. Buenos Aires: CLACSO.
  6. De la Garza Toledo, E. (1993). Reestructuración productiva y respuesta sindical en México. México: IIEC, UNAM.
  7. Leite, M. (1995). “Novas formas de gestao de mao de obra e sistemas participativos en Brasil”, en Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, año 1, nº 1.
  8. Supervielle, M. y Quiñones, M. (1999). “La implantación de la flexibilidad en Uruguay”. Documento de Trabajo nº 45, Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Montevideo.
  9. Supervielle, M. y Quiñones, M. (2000). “La instalación de la flexibilidad en el Uruguay”, en Sociologias, Porto Alegre, año 2, nº 4, julio-diciembre, pp. 20-65.
  10. Para este debate, ver: Senén González, C. y Del Bono, A. (eds.) (2013). La revitalización sindical en Argentina: alcances y perspectivas. San Justo: Universidad Nacional de La Matanza.
  11. Fraser, N. (1997). “¿De la redistribución al reconocimiento? Dilemas en torno a la justicia en una época postsocialista”, en Justicia Interrupta: Reflexiones críticas desde la posición postsocialista. Bogotá: Siglo del Hombre Editores/Universidad de los Andes.
    Honneth, A. (1997). La lucha por el reconocimiento: por una gramática moral de los conflictos sociales. Barcelona: Crítica.
    Taylor, C. (1993). El multiculturalismo y la política del reconocimiento. México: Fondo de Cultura Económica.
  12. Habermas, J. “The New Obscurity”, in The New Conservatism: Cultural Criticism and the Historians’ Debate, Cambridge: Polity Press, 1989; Habermas, J. Técnica e Ciência como “Ideologia”, Ed. Abril, São Paulo, 1975.
  13. Cf. Antunes, R. Os Sentidos do Trabalho, São Paulo, Boitempo, 2013.
    Antunes, R. O Privilégio da Servidão, São Paulo, Boitempo, 2018; Mészáros, I. The Power of Ideology, Harvester Wheatsheaf, New York, London, 1989.
  14. Harvey, D. O enigma do capital e as crises do capitalismo, São Paulo, Boitempo, 2011, p. 7.
  15. Huws, U.; Dahlmann, S.; Flecker, J.; Holtgrewe, U.; Schönauer, A.; Ramioul, M.; Geurts, K. Value chain restructuring in Europe in a global economy, Leuven – Brussels, Katholieke Universiteit Leuven, Higher institute of labour studies, 2009.
  16. Huws, U. The Making of a Cybertariat (Virtual Work in a Real World), New York/London: Monthly Review Press/The Merlin Press, 2003.
  17. Antunes, R.; Braga, R. Infoproletários (Degradação Real do Trabalho Virtual), São Paulo: Boitempo, 2009.
  18. Tosel, A. “Centralité et Non-Centralité du Travail ou La Passion des Hommes Superflus. In: Bidet, J. e Texier, J. La Crise du Travail. Actuel Marx Confrontation, Paris: Presses Universitaries de France, 1995. Antunes, R. Os Sentidos do Trabalho, São Paulo, Boitempo, 2013.
  19. Benedetti, M. (1997). “El resto es selva”, en Cuentos completos (1947-1994). Buenos Aires: Seix Barral, p. 167.
  20. Dejours, C. (1998). “De la psicopatología a la psicodinámica del trabajo”, en Organización del trabajo y salud. De la psicopatología a la psicodinámica del trabajo. Buenos Aires: Lumen.
  21. Castel, R. (1977). Las metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Buenos Aires: Paidós.
  22. Foucault, M. (2016). La sociedad punitiva. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  23. Sassen, S. (2007). A Sociology of Globalization. Nueva York: Contemporary Societies.
  24. Mészáros, I. (2001). “The nature of historical determination”, en Critique: Journal of Socialist Theory, 29 (1), p. 120.
  25. Íd.
  26. Compárense: Luxemburg, R. (1913). “Die Akkumulation des Kapitals. Ein Beitrag zur ökonomischen Erklärung des Imperialismus”, en Gesammelte Werke, Bd. 5 (1990). Berlín: Dietz Verlag; Arendt, H. (1991). Elemente und Ursprünge totaler Herrschaft: Antisemitismus. Imperialismus. Totale Herrschaft. München: Piper; Dörre, K. (2009). “Die neue Landnahme. Dynamiken und Grenzen des Finanzkapitalismus”, en K. Dörre; S. Lessenich y H. Rosa, Soziologie-Kapitalismus-Kritik. Eine Debatte. Frankfurt: Suhrkamp, pp. 21-86.
  27. Véase también: Dörre, K., íd.
  28. Mészáros, I. (1975). Marx´s Theory of Alienation. Londres: Merlin Press.
  29. Cárdenas, A. y Yévenes, A. M. (eds.) (2018). Mujer(es), Familia(s) y Trabajo(s): Un debate internacional. Buenos Aires: Teseo.
  30. Polanyi, K. (1944/1989). La Gran Transformación. Madrid: La Piqueta.
  31. Cárdenas, A.; Bialakowsky, A. L.; Jochum, G. y Littig, B. (eds.) (2017). “Transformaciones del Mundo del Trabajo: Desde la Colonialidad del Trabajo hacia el Trabajo Sustentable?”, en Controversias y Concurrencias Latinoamericanas, Revista de la Asociación Latinoamericana de Sociología, vol. 10 (15).


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