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3 Sindicatos, nacionalismo y antifascismo en Entre Ríos (1932-1936)

María Clara Vuoto (UADER)[1]

Son ellos la escuela de la revolución. No dudamos ni un solo instante que la clase obrera argentina sabrá aplastar a la dictadura fascista. (El Despertar del Obrero, 1934).

Introducción

El siguiente trabajo tiene como objetivo analizar el debate desarrollado al interior de la Unión Obrera Provincial de Entre Ríos (UOPER) creada en 1932 y la Federación Obrera Comarcal Entrerriana (FOCE) de 1935, respecto al cambio experimentado por el nacionalismo en la provincia en el periodo previo al desencadenamiento de la Guerra Civil Española. Nos detenemos ahí ya que a partir de entonces el foco de atención se trasladó al plano internacional y modificó el análisis realizado por los sindicatos. Específicamente, nos interesa mostrar que el surgimiento de la UOPER se dio en el marco de la lucha antifascista en la provincia de Entre Ríos y analizar cuáles fueron las respuestas construidas por las organizaciones obreras en clave antifascista para hacer frente al avance del nacionalismo. El periodo 1932-1935 se trata del de mayor diversidad de ideas dentro de la UOPER. En febrero de 1935, antes de que la Tercera Internacional llamara a constituir frentes populares buscando alianzas para enfrentar al enemigo “nazi-fascista”, se produjo una fractura y muchos sindicatos abandonaron la Unión y formaron la FOCE. De todas formas, ese quiebre no implicó cambios en el debate sobre el nacionalismo.

Entendemos a los sindicatos como actores relevantes en la escena pública atravesados por factores ideológicos que median sus opiniones, discusiones y propuestas. En los años treinta el nacionalismo argentino modificó el perfil elitista predominante en la década de 1920, sumando trabajadores y sectores medios en sus filas (McGee Deutsch, 2005; Rubinzal, 2018). A partir de la línea de análisis de Sandra McGee Deutsch (2005) y Mariela Rubinzal (2018) sobre las transformaciones del nacionalismo a partir de 1930, proponemos realizar un aporte desde una óptica regional, focalizando la observación en el plano de las opiniones y los debates que circularon en la prensa obrera.

Alberto Spektorowski define al nacionalismo argentino, como “una corriente de pensamiento que tuvo influencia directa del nacionalismo integral europeo […], pretendiendo ser una tercera vía entre el liberalismo y el socialismo marxista, viniendo a proponer otras soluciones a los problemas” (Spektorowski, 1991).[2] Según Rubinzal se caracteriza por tener un núcleo ideológico basado en la reivindicación de pertenencia al catolicismo y al antisemitismo y la consideración de la nación como un bloque culturalmente monolítico, cuya preservación requirió de una sociedad jerárquica y ordenada. Asimismo posee una visión decadentista y conspirativa de la historia y la política, la denuncia de complot y la consecuente cruzada en defensa de la nación. (Rubinzal, 2018). En Argentina, durante los años treinta el nacionalismo buscó nuevas respuestas a la cuestión social, elaborada en clave “autoritaria, antisemita, antifeminista, antiliberal y anti-izquierdista” (Rubinzal, 2018: 54).

Por su parte, en cuanto a la cultura antifascista, la entendemos como corriente de opinión diversa que apareció entre mediados de los años de 1930 y mediados de los años de 1940 y conformó una cultura política que incluyó las ideologías de izquierda y los sectores liberales defensores del sistema republicano (Bisso, 2005). Se trata de una “red de relaciones sociales y una red institucional que se organizó a partir de un tejido de centros culturales, ateneos, bibliotecas” (Pasolini, 2005: 82). El aporte de María Eugenia Bordagaray sobre la relación entre anarquismo y antifascismo ayuda a pensar las características que presenta la cultura antifascista en su vertiente de izquierda y particularmente al anarquismo (2013).

La mayor parte de los estudios sobre movimiento obrero en Entre Ríos se centra en la represión de fines de los años de 1910 y principios de los años de 1920, desde el clásico trabajo de Reula (1971), hasta investigaciones recientes (Gilbert y Balsechi, 2008; Mayor, 2016; Panizza, 2008; Díaz, 2014; Leyes, 2022). Sobre la situación acontecida después del golpe de Estado de 1930, los trabajos son más escasos. Recientemente, avanzando sobre la década de1930, la investigación de Rodolfo Leyes constituye un aporte sustantivo ya que brinda una mirada integral sobre el antifascismo en la provincia de Entre Ríos y donde concluye que “la intervención contra las fuerzas fascistas concretó una alianza con sectores progresistas de los partidos burgueses, en especial, con los radicales en el poder” y que por lo tanto “fue el impulso al reformismo obrero.” (Leyes, 2019: 1).

Como han señalado Argachá y Busiello (2013), en la provincia de Entre Ríos tuvieron lugar diversos agrupamientos vinculados al nacionalismo y a la derecha. Los autores describen experiencias educativas, sociales, políticas y deportivas relacionadas con el nacionalismo y también acciones antifascistas. Estas prácticas comenzaron en los departamentos de Concepción del Uruguay y Villaguay, donde se localizaba la mayor parte de las colonias de Jewish Colonization Association. Teniendo en cuenta, en qué medida el avance del nacionalismo tenía un peso significativo en la provincia, en este capítulo nos interesa profundizar en los debates de la UOPER y la FOCE en torno a las acciones a tomar al respecto. Es decir, analizaremos la respuesta del antifascismo en el periodo previo a la Guerra Civil Española.

Para llevar a cabo este trabajo consultamos información de diferentes medios gráficos. Destacamos la prensa obrera y comercial de diversas ciudades de Entre Ríos y Buenos Aires. Los periódicos obreros de Entre Ríos examinados fueron: El Despertar del Obrero, publicación de la UOPER, Avance que perteneció a la FOCE y comenzó a editarse en la ciudad portuaria de Diamante en el año 1935, El Debate, diario de Gualeguay, ciudad del sur entrerriano, Crónica de Diamante y La Juventud de Concepción del Uruguay. Asimismo consultamos los mensajes de los gobernadores, las producciones de militantes sindicales y los diarios de sesiones de la Cámara de Diputados provincial.

El debate en torno al nacionalismo y el surgimiento de la UOPER

El 6 de septiembre de 1930 tuvo lugar un golpe de Estado que desplazó a Hipólito Yrigoyen de la presidencia e instaló a Félix Uriburu al frente del gobierno nacional. El uriburismo nucleaba “a los grupos más intransigentes de la derecha nacionalista y a sectores tradicionales del conservadurismo” (Macor, 2001: 53). En un contexto marcado por el avance de los liderazgos nacionalistas en Europa, la crisis económica mundial y la represión de la dictadura de Félix Uriburu, Entre Ríos no sufrió la interrupción institucional de 1930. Ello se debe a que a la impronta antipersonalista, que posicionó a sus gobernantes como acérrimos críticos de la gestión presidencial de Hipólito Yrigoyen y evitó que los golpistas intervinieran el territorio (Motura, 2013). Esta situación, como ya se ha dicho en el capítulo anterior, solo tuvo lugar en Entre Ríos y San Luis. Los representantes provinciales de la Unión Cívica Radical en Entre Ríos continuaron en funciones, independientemente de que hasta 1935 el radicalismo no participó de las elecciones a nivel nacional. En 1930, terminada la gestión de Eduardo Laurencena, asumió la fórmula Herminio Quirós-Cándido Uranga. Debido a que ambos fallecieron en 1931, el gobierno de la provincia pasó a manos de Luis L. Etchevehere (1931-1935), quien al término de su mandato fue sucedido por Eduardo Tibiletti (1935-1939), todos ellos pertenecientes al radicalismo antipersonalista.

El escenario sindical de 1930 visibilizó un vacío de organizaciones obreras de carácter provincial. Eso se debía a la ola de represiones desarrolladas en 1921, en consonancia con lo ocurrido en el resto del país, cuando sectores vinculados al nacionalismo y nucleados en la Liga Patriótica protagonizaron ataques contra los trabajadores entrerrianos. La represión tuvo como epicentro las ciudades de Gualeguaychú y Villaguay, pero generó desconcierto en todo el territorio e imposibilitó la construcción de una organización obrera provincial, a pesar de los debates entablados previamente. La desmovilización se mantuvo hasta 1932, cuando se creó la UOPER (Gilber y Balsechi, 2008). Surgió por la necesidad de contar con un espacio de representación sindical a nivel provincial y efectivamente quedó integrada por sindicatos de diferentes partes de la provincia.[3]

Su conformación tuvo lugar en un contexto signado por la desocupación, la crisis económica y la continuidad institucional. Las consecuencias de la crisis económica de 1929 se vivieron con intensidad en las provincias vinculadas a la producción agropecuaria. En el caso entrerriano el éxodo de población, la desocupación, las dificultades en la producción agraria y la posibilidad de tecnificación del campo ocuparon gran parte del debate público. La economía entrerriana sufrió una caída del 45% de las exportaciones agrícolas (Belini y Korol, 2012). Los más perjudicados fueron los productores vinculados a las actividades agropecuarias y los trabajadores que debieron abandonar sus hogares en búsqueda de nuevas oportunidades.

El carácter crítico de la situación económica se reflejó en las prensas obreras, que mencionaron en sus páginas los sufrimientos padecidos por las familias trabajadoras, y también en los informes de los gobernadores en funciones. El gobernador Etchevehere afirmó, por ejemplo, que mientras que en 1920 el saldo comercial era de 30 millones de pesos en el año 1931, había descendido a 3 millones (Entre Ríos, 1933). Si bien manifestó que tomaría cartas en el asunto, proyectando medidas que permitieran generar trabajo y mejorar las condiciones de producción agraria, en 1934 refería a la continuidad de las dificultades económicas y al “quebranto extraordinario de nuestra producción” (Entre Ríos, 1934: 5). Incluso en 1936, el gobernador Tibiletti hizo referencia a las consecuencias de la crisis económica, detallando que los fenómenos climáticos, la invasión de plagas y el impacto de la crisis mundial habían generado la pérdida de ganancias para el agricultor, la desocupación para los trabajadores rurales y el despoblamiento del campo entrerriano (Tibiletti, 1936: 6). La duración de los efectos de la crisis económica en la provincia se vinculan con el hecho de que, a diferencia del rol intervencionista que tuvo el estado nacional y que impactó en las provincias de la región cerealera como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, en el caso de Entre Ríos no se llevó a cabo una política de regulación de los mercados ni de impulso a la industria local (Mateo, Camarda y Rodríguez, 2018).

Otra cuestión a tener en cuenta en relación con el surgimiento de la UOPER fue el crecimiento del movimiento antifascista. La UOPER surgió en respuesta al impacto de las políticas nacionalistas y antisemitas que tuvieron lugar en la provincia de Entre Ríos, especialmente en la costa del río Uruguay, sobre todo después del alejamiento de Uriburu de la presidencia. El ministro del interior del gobierno de Uriburu, Matías Sánchez Sorondo, organizó la Sección Especial de Represión al Comunismo dependiente de la Policía Federal. Luego de las elecciones de abril de 1931 Sorondo debió alejarse del gobierno. Sin embargo, en las elecciones que se llevaron a cabo en noviembre de ese año, por las cuales en 1932 asumió la Concordancia, Sorondo fue electo senador nacional por el Partido Demócrata Nacional en la provincia de Buenos Aires. Desde allí, en 1932 y en 1936 presentó un proyecto de ley de Represión al Comunismo y Sindicalización Gremial.[4] Si bien la primera vez fue rechazado por el Senado, en 1936 obtuvo la media sanción, pero no pasó la Cámara de Diputados. Como señala Nerina Visacovsky “se trataba de dos momentos bastante diferentes. Hasta los acontecimientos europeos desencadenados en 1936, la extrema derecha no captaba adhesión ni en la clase política ni en el empresariado.” (2010: 78).

Poco antes de la creación de la UOPER, en junio de 1932, en Concepción del Uruguay la Unión Obrera Departamental había participado de la confirmación de un Comité Antifascista con el fin de “combatir esas manifestaciones de reacción por considerar que si llegaran a tomar cuerpo perderían las más caras conquistas de libertad.” (Los Principios, 16/6/1932 en Argachá y Busiello, 2013). En agosto la prensa advertía que el día 20 “saldrán a realizar actividades la Liga Patriótica, legionarios y el novel partido fascista nacional en contra del comunismo. Como es costumbre terminan asaltando y saqueando casas de judíos, extranjeros y salones obreros, como sucedió en el enero último” (El Despertar del Obrero, agosto 1932). Como muestra Nerina Visacovsky “las redes judías marxistas lograron activar con cierta libertad hasta 1930” (Visacovsky 2015: 87). Sin embargo, en el marco de los discursos de Sorondo por “combatir” el comunismo, “el obrero judío reunía una cantidad de cualidades que lo volvían apto para ocupar la categoría de nuevo “chivo expiatorio” (Visacovsky, 2010:77). En agosto de 1932 se concretó un acto en Concepción del Uruguay contra la creación del Partido Fascista[5] y la Legión Cívica Argentina que había sido creada en 1931 durante el gobierno de Uriburu. (El Despertar del Obrero, 1932).

Finalmente, en septiembre de ese año se formó la UOPER nucleando la Federación Obrera Comarcal de Diamante y la Unión Obrera Departamental de Concepción del Uruguay. Durante la asamblea de conformación, el sindicato de panaderos de Concepción del Uruguay mocionó el repudio al fascismo y las manifestaciones reaccionarias de la “plutocracia argentina”. De la misma manera lo hicieron al referirse al proyecto de ley presentado por el Senador Matías Sánchez Sorondo para combatir al comunismo.

La UOPER se trató del único espacio de representación provincial hasta 1935, cuando se fragmentó. Resultado de esa escisión se creó la FOCE, como otro espacio con proyección provincial.[6] El 29 de febrero de 1935 se realizó el Primer Congreso Extraordinario de la FOCE, con sede en la ciudad portuaria de Diamante. Estuvieron presentes sindicatos de estibadores, panaderos y trabajadores de los talleres ferroviarios de diferentes ciudades o zonas rurales de la costa del río Paraná.[7] Las causas que motivaron la separación fueron objeto de múltiples lecturas: la diferencia ideológica entre sindicalistas y anarquistas, las prácticas verticalistas y autoritarias de los representantes de la UOPER no aceptadas por el grupo anarquista de Diamante, las diferencias en cuanto al papel del Estado en la lucha de clases y la expulsión del núcleo anarquista por no acatar las decisiones tomadas en forma colectiva dentro de la Unión Sindical. Pero más allá de las causas, lo cierto es que las diferencias no fueron saldadas y a partir de 1935 la provincia contó con dos centrales sindicales que convivieron hasta 1943.

Para considerar los elementos del debate en torno a las acciones a llevar a cabo ante los avances del nacionalismo, estructuramos cuatro ejes de análisis. Todos están relacionados y conviven en tiempo y espacio, su división se estableció solo con un objetivo analítico: a) las características que presentó el ataque a los obreros; b) las giras y actos de repudio encabezadas desde del antifascismo construido por el sindicalismo entrerriano; c) el rol del Estado provincial ante el avance nacionalista; d) la campaña de libertad a los presos obreros como elemento de disputa ideológica al nacionalismo.

El ataque a los obreros

Las operaciones de ataque a los trabajadores, tanto a nivel local, provincial, como nacional, fueron denunciadas desde la prensa obrera. Esas acciones estuvieron materializadas en la persecución a las ideas de izquierda, la criminalización de los sindicatos, la destrucción de espacios de representación gremial, el antisemitismo e incluso el asesinato. A lo largo del periodo estudiado (1932-1936) la lectura recurrente sobre la posibilidad de una dictadura fascista se fue haciendo cada vez mayor. En 1932, las actividades de la Legión Cívica contra el comunismo evidenciaron la gravedad de la situación.

El 20 de octubre de ese año se realizó una peregrinación al Palacio San José de Concepción del Uruguay. El diario La Juventud afirmó que “fue espléndida como manifestación del nacionalismo”. Estuvo organizada por el obispo de Paraná, Monseñor Martínez, y contó con la presencia de representantes del gobierno provincial, de la Acción Católica y de las Fuerzas Armadas. Entre los motivos de la peregrinación se afirmó “la necesidad de estrechar filas para oponerse con éxito a las pretensiones de los grupos exóticos que atentan contra la estabilidad de las instituciones” (La Juventud, octubre de 1932).

Las acciones de los grupos nacionalistas continuaron al año siguiente. Encontramos una expresión en mayo de 1933, en motivo de la celebración del aniversario patrio. El 24 de ese mes, “varios vecinos” solicitaron garantías al ministro de Gobierno de la provincia ante amenazas a las familias judías (Argachá y Busiello, 2013). El Debate refería a publicaciones difundidas por los grupos nacionalistas respecto a la realización de acciones contra sinagogas o casas de familias judías. Según expresaba “en la ciudad de Basavilbaso, departamento Concepción del Uruguay, integrantes de la Liga Patriótica de Villaguay pegaron carteles insultantes contra la comunidad judía.” (El Debate, mayo de 1933).

El diario Los Principios afirmaba que ante la solicitud de los vecinos que pedían garantías, el ministro de gobierno, Alfredo Giandana, impartió al Jefe de Policía de Basavilbaso un despacho que expresaba la denuncia respecto a los carteles que incitaban la violencia contra la colectividad israelita. En el mismo, lo autorizaba a “impedir y reprimir cualquier tentativa que importe lesionar las garantías individuales que reconocen y acuerdan la constitución y las leyes.” (Los Principios, 27/5/1933, en Argachá y Busiello, 2013). En respuesta, la delegación instruyó un sumario a dos empleados ferroviarios que habían pegado los volantes mencionados en los muros. Según Los Principios pertenecían a la “Asociación Patriótica de Villaguay dirigida por políticos conservadores” (Los Principios, 27/5/1933, en Argachá y Busiello, 2013). Paralelamente, en mayo de 1933, en la capital provincial se constituyó una Liga Antifascista que tuvo repercusión en diferentes localidades de la provincia. En septiembre de ese año se anunció que el teniente coronel Emilio Kinkelin, ex secretario del presidente de facto José F. Uriburu, junto al doctor Juan Carulla habían iniciado una gira por Corrientes y Entre Ríos “para revisar las brigadas armadas de los fascistas” (Argachá y Busiello, 2013: 34).

Con el tiempo, las acciones contra los obreros fueron diversas y encendieron una alarma dentro de los espacios sindicales, que comenzaron a debatir la táctica a seguir de acuerdo a los sucesos de la provincia y también de otras regiones donde la avanzada del nacionalismo era mayor. Por ejemplo en Santa Fe, las acciones también sumaron agresiones físicas y asesinatos. Tal fue el caso del obrero Benjamín Salvatierra atacado el 3 de febrero de 1935 en Santa Fe, durante un acto organizado por la Federación Obrera Local (Acción Libertaria, 1935). Así, el peligro del fascismo fue en aumento en cuanto a su credibilidad y en 1935 con la posibilidad de la conformación del bloque fascista del litoral se reafirmó la sospecha:

Actividades fascistas: en estos últimos días se ha recrudecido las actividades que desde un tiempo se vienen desarrollando en Santa Fe y Paraná. Ya no llegan personajes de segundo orden como Brachetti, sino también dirigentes conservadores de la provincia de Buenos Aires y hasta un general en situación de retiro y que tuvo destacada posición en el gobierno de la dictadura de Uriburu. Todos cumpliendo la misión de proselitismo con mira a la conformación del bloque fascista del Litoral […], el fascismo está preparando sus huestes para entrar en acción, Sánchez Sorondo, Kinkelin, Rivero y compañía son los jefes visibles de este movimiento. Ya no hay más equivocaciones, la alternativa es dictadura o revolución (Avance, agosto de 1935).

Las particularidades del antifascismo construido por el sindicalismo entrerriano: giras y actos de repudio

El segundo punto en debate se relacionó con las particularidades que debía adoptar el antifascismo: acciones de denuncia y repudio al “avance fascista” y participación en asambleas, reuniones sindicales y mítines convocados en diferentes ciudades entrerrianas. Entre 1932 y 1936 múltiples eventos demostraron la preocupación e interés de la UOPER.

En 1932 se acordó sumar el peligro del “avance fascista” en la próxima gira provincial para difundir en todo el territorio entrerriano lo que estaba sucediendo. (El Despertar del Obrero, septiembre de 1932). Las giras de organización fueron una práctica habitual de las centrales obreras que en Entre Ríos. Se trataba de viajes realizados por cuadros sindicales a puntos donde no existía organización previa o ésta era muy débil (Leyes, 2021:107). Son consideradas un fenómeno cultural de conexión de los trabajadores (Díaz, 2014:104). En el caso de Entre Ríos, el debate sobre el nacionalismo como tema a tratar en las giras estuvo presente desde 1921 debido al accionar de la Liga Patriótica. Con la creación de la UOPER, el debate fue retomado durante los años treinta y entre 1932 y 1939 se realizaron tres giras por las ciudades entrerrianas (Leyes, 2021).

En octubre de 1933, en el marco de los acontecimientos vinculados a los grupos nacionalistas mencionados en el apartado anterior y la creación de la Liga Antifascista en la ciudad de Paraná, el Centro Socialista de Concepción del Uruguay organizó un mitín antifascista (Argachá y Busiello, 2013). En noviembre, tuvieron lugar en Diamante dos actos de repudio al fascismo, “donde se cuestionaron los crímenes cometidos y se dio el toque de alerta frente al avance de sus legiones armadas” (El Debate, noviembre de 1933).

Como mencionamos, el debate sobre los modos de enfrentar al nacionalismo incorporó múltiples frentes. A la denuncia discursiva se sumó la proyección de milicias obreras.[8] En 1934 la UOPER afirmó desde la prensa obrera que “no es posible que mientras los camisas pardas o negras desfilen o realicen prácticas de defensa y ataque, los trabajadores pensemos en un solo instante si ha de ser con discursos que neutralizamos al enemigo. Al fascismo y a la Legión se los combate organizando las milicias propias del sindicato” (El Despertar del Obrero, mayo de 1934). La discusión sobre organizar grupos armados que comenzó a visibilizarse en 1934 estuvo presente en los periódicos, pero solo fue proyectada en el plano de las ideas. No contamos con fuentes que evidencien la existencia de milicias obreras. Si bien las giras y actos de repudio se concretaron y los ejemplos sobran a lo largo y ancho de la provincia, en el caso de los grupos armados, su registro solo aparece en el plano discursivo.

También realizaron acciones en solidaridad. En 1935 el asesinato de Salvatierra fue un acontecimiento de impacto nacional y tuvo como respuesta una huelga general que unificó a la Federación Obrera Regional Argentina y otros sindicatos autónomos, cuyos ejes fueron: agitación antifascista, denuncia ante cualquier maniobra de encubrimiento, boicot a empresas que financian el fascismo, organización de grupos de autodefensa. (Acción Libertaria, julio de 1935). En Entre Ríos los acontecimientos de la provincia vecina desencadenaron manifestaciones como la redacción de documentos y la adhesión a medidas de acción directa, como el Manifiesto de la Acción Juvenil Libertaria de Diamante.[9] En el mismo apareció nuevamente la necesidad de “responder con medios contundentes” (Acción Libertaria, marzo de 1935) ante el recrudecimiento de las acciones nacionalistas en el plano nacional. El repudio frente a la muerte de un obrero en manos de los sectores nacionalistas sumó a sus mentores ideológicos que gozaban de impunidad: “algunos fascistas fueron detenidos pero no los altos personajes que solventaron las bandas asesinas, todos están tranquilos tras su elevada posición social, mientras se tejen leyendas sobre camaradas y prófugos ácratas que están en sus casas” (Acción Libertaria, marzo de 1935).

Por su parte, el 18 de agosto de 1935 en la ciudad de Paraná, se organizó un acto que corrió por cuenta de “Nervio”, agrupación anarquista vinculada al sindicato de estibadores de Diamante[10] (integrantes de la FOCE). Contó con la presencia de oradores militantes de Federación Anarco Comunista Argentina[11], referentes en la constitución del antifascismo en clave libertaria como Ana Piacenza (Bordagaray, 2013) y Juan Lazarte. Ángel Borda del sindicato de estibadores de Diamante fue otro de los oradores. El discurso de todos tendió a caracterizar la situación económica y a realizar una crítica severa al fascismo. Cabe destacar el llamado realizado por Ana Piacenza a las mujeres, a ocupar su verdadera posición en la sociedad y enfrentar al nacionalismo (Avance, agosto de 1935).

En enero de 1936, en un pasquín aparecido en San Salvador se afirmó que los obreros “no tenían que afiliarse a los sindicatos porque eran un grupo de explotadores judíos”. En este caso la UOPER reaccionó repudiando el pasquín y planteando que defendían los derechos de todos los trabajadores sin diferencia de raza o religión (El Despertar del Obrero, enero de 1936). En febrero de ese mismo año una manifestación contra el fascismo tuvo lugar en la localidad de Villa Clara, Departamento Villaguay, organizada por el Sindicato de Oficios Varios. Dicha concentración atacó al denominado “nacionalismo laborista” (El Despertar del Obrero, febrero de 1936).

Todas las medidas giraron en torno a visibilizar una situación nueva, que fue materia de debate dentro de los espacios sindicales y reflejó la preocupación existente: un nacionalismo que había mutado su discurso convirtiéndose en un peligro eminente para los espacios de representación obrera. Hacia 1936, los referentes sindicales coincidieron en que el fascismo penetró en las capas pobres de la población con su propaganda demagógica, utilizando el nombre de agrupaciones nacionalistas, tomando como base la cuestión racial y estableciendo en su programa una serie de puntos pertenecientes a las agrupaciones de izquierda para “enganchar” a los trabajadores. (El Despertar del Obrero, febrero de 1936).

Las acciones frente al avance nacionalista y el rol del Estado provincial

El tipo de acciones que se concretaron entre 1932 y 1936, de difusión y denuncia sobre el posible “avance del fascismo” fueron consecuentes con la situación que experimentaba el nacionalismo en Entre Ríos y en el país. En el plano nacional se conformaron organizaciones obreras nacionalistas como la “Federación Obrera Nacionalista Argentina (FONA), creada en 1932, el Sindicato Obrero Nacionalista Argentino (SONA) en 1934 y la Sub Comisión de Asuntos Gremiales de la Legión Cívica (Rubinzal, 2018). Si bien estos espacios se replicaron en Entre Ríos después de 1937 –cuando aparecieron organizaciones como la Federación Obrera de Entre Ríos, integrante de la Falange Argentina Nacional Sindicalista (1937) o la Corporación Obrera de Entre Ríos partícipe de la Central Sindical Obrera de la Falange Española (Rubinzal: 2018)–, entre 1932 y 1936 observamos la existencia de grupos en diversas ciudades cuyas acciones no se correspondían con agrupamientos permanentes sino con hechos aislados, reuniones, peregrinaciones desfiles públicos o la visita de personajes de referencia nacional. Fue después de 1937 cuando apareció rastro de una mayor organicidad en los espacios nacionalista, dejando de ser actividades efímeras para pasar a proyectar espacios más estables. Si bien es necesario seguir profundizando en el recorrido y la representación que éstos agrupamientos tuvieron en la esfera pública entrerriana, es posible afirmar que su presencia era parte central del debate desarrollado en los espacios sindicales.

En cuanto al rol estatal, existió una constante denuncia sobre la complicidad asignada al Estado ante los ataques realizados por los grupos nacionalistas, por acción u omisión. Los representantes de la UOPER denunciaron la existencia de cierta “tolerancia del gobierno con las entidades ultra chauvinistas” (El Despertar del Obrero, mayo de 1934). Si bien no hay evidencias de que llegaran a materializarse, la justificación de la organización de milicias para la auto-defensa de los trabajadores se amparó en la responsabilidad estatal frente a la nueva situación y en su inacción ante al ataque a los obreros. El debate no era nuevo, la defensa frente a las legiones fue un tema candente desde las represiones de 1921, pero en los años treinta se profundizó debido a las diversas acciones realizadas en la región y al rol que desde los espacios sindicales se otorgaba al Estado.

Sin embargo, muchas de las reflexiones mencionadas en la prensa obrera referían a la situación nacional y no solo de la provincia. De esta forma a los ataques sufridos por trabajadores entrerrianos sumaban casos de otras regiones argentinas. Es decir, el debate sindical no diferenció el plano de responsabilidad que se otorgaba en el nivel regional, cuando se afirmaba la complicidad estatal en los ataques. De esta forma, no es posible diferenciar si se refieren al estado provincial o al estado nacional.

Por su parte, los documentos estatales consultados refieren a conflictos sucedidos entre nacionalistas y obreros sindicalizados de manera diversa. El informe dado por los gobernadores en el marco de la inauguración de las sesiones legislativas entre 1932 y 1936 mencionó los conflictos entre el capital y el trabajo en los cuales tuvo injerencia el Estado mediante la intervención del Departamento Provincial de Trabajo (Entre Ríos, 1933: 22). En cambio, numerosas situaciones conflictivas se invisibilizaron, con el argumento de que se había logrado mantener el “orden público” (Entre Ríos, 1934, 1935 y 1936). En 1934 el gobernador expresaba que “ningún suceso ha perturbado la tranquilidad pública y, por el contrario, la vida social, institucional y política de la provincia se ha desenvuelto con total normalidad” (Entre Ríos, 1935: 10). Este discurso de orden caracterizó los mensajes de los gobernadores durante el periodo estudiado.

Sin embargo, en los debates parlamentarios podemos advertir situaciones de conflictividad. Por ejemplo, en una sesión de mediados de 1935 cuando el diputado del Partido Demócrata Conservador de la ciudad de Gualeguay, Feliciano Rodríguez Vivanco, solicitó que el Poder Ejecutivo provincial informara la presencia de organizaciones extremistas, entendiendo por extremismo “organizaciones de izquierda o de derecha que pudieran perturbar el orden institucional” (Cámara de Diputados, 23/7/1935: 30). En su argumentación presentó panfletos –que decía habían sido difundidos por la Unión Cívica Radical– que vinculaban al candidato conservador con las organizaciones extremistas de derecha, lo cual negaba.

El gobernador de la provincia E. Tibiletti respondió a la solicitud de informe afirmando que la participación en las elecciones del Partido Comunista y del Partido Nacionalista laborista en representación del nacionalismo era legítima porque cumplía con los requisitos de las leyes electorales. En relación a la Legión Cívica afirmó de su existencia en algunas localidades, pero “sin que sus actividades asuman ninguna notoriedad.” Explicaba que hasta el presente esa organización “solo” había actuado en forma ostensible en el Departamento Villaguay. Reconocía que había difundido propaganda antisemita, pero expresaba que la policía la había secuestrado y agregaba que se habían adoptado las medidas pertinentes para evitar que ese hecho se repitiera. (Cámara de Diputados, 23/7/1935: 41). Si bien el debate dejó visibilizar internas partidarias en el plano electoral, permite corroborar la existencia del nacionalismo en la provincia, en línea con lo señalado en la prensa obrera.

Campañas de libertad a los presos obreros presentadas como “disputa ideológica al nacionalismo”

El cuarto y último punto se relacionó con las campañas de libertad a los presos obreros. El argumento central fue que los nacionalistas avanzaban en su disputa ideológica sobre la representación obrera mientras muchos trabajadores eran criminalizados y detenidos injustamente por ser representantes sindicales. Las detenciones deslegitimaban los sindicatos y las luchas llevaban adelante por mejores condiciones de vida y trabajo, dejando abierto el espacio para el ingreso de las ideas fascistas.

En todas las situaciones mencionadas, la prensa obrera afirmó que “las acusaciones fueron infundadas” y el debate giró en torno a visibilizar el conflicto, la ayuda a las familias de los obreros presos y la denuncia de la situación. Desde los sindicatos se construyó la idea de que eran “presos políticos” y que su detención se debía, en parte, al avance de las ideas nacionalistas; ya que en todos los casos se criminalizó a los sindicatos que integraban los obreros. Por ejemplo, daban cuenta de la situación lo sucedido en Bragado (provincia de Buenos Aires) en 1931, donde tres obreros de orientación anarquistas fueron encarcelados, acusados del atentado a José María Blanc, referente del conservadurismo (Vuotto, 1991). También el caso de asociación ilícita de los ladrilleros de San Martín (provincia de Buenos Aires) acusados injustamente en 1933. Respecto a la provincia de Entre Ríos, referían a lo sucedido en una ciudad del norte entrerriano, Conscripto Bernardi, departamento Federal, donde en 1934 perdió la vida un productor cerealero y fueron responsabilizados 22 obreros que se encontraban en un conflicto laboral con el mismo. Al tiempo fueron liberados todos menos el trabajador Policarpo Rodríguez, para quien se pidió 14 años de prisión (El Despertar del Obrero, diciembre de 1934).

Entre las campañas de libertad se organizaron mítines. Por ejemplo en 1935 se realizó en Diamante un mitin por la defensa de los presos sociales y obreros. Más de 1200 personas estuvieron presente y entre los oradores destacamos a E. Latelaro de la Federación Obrera Provincial de Santa Fe, Alberto Bianchi por el Comité de presos de Mercedes y Buenos Aires y Ángel Borda por la FOCE (Avance, octubre de 1935). También se conformaron comités por la lucha de los presos políticos, se redactaron petitorios y manifiestos. Así, en 1933 una delegación de la UOPER integrada por los señores Juan Balsechi, E. Pereyra y el profesor Isidro A. Neyra visitaron al gobernado L. Etchevehere “quien concedió una audiencia especial a la citada delegación, la cual le hizo entrega de un petitorio interesándolo por las penas que estaban cumpliendo algunos obreros por cuestiones ideológicas. El gobierno se comprometió hacer lo que está a su alcance sobre la petición formulada” (El Debate, noviembre de 1933). Se incluyó el pedido de su libertad en los pliegos de reivindicaciones, dejando interpretar la postura de los sindicatos, para quienes muchos trabajadores se encontraban privados de su libertad, mientras los legionarios fascistas podían realizar todo tipo de acciones contra la clase obrera debido a la complicidad de los sectores patronales y del Estado. Finalmente, cabe destacar el manifiesto publicado en Diamante en 1936 por el “Comité Femenino local pro- presos de Bragado” que en uno de sus párrafos expresó:

mujeres proletarias, compañeras de la esclavitud, pensad que mañana vuestros hombres pueden ser víctimas de la reacción oligárquica y vuestros hijitos como los de esas compañeras de los presos de Bragado también pueden quedar sin padres, es necesario solidarizarse y luchar por la libertad de los trabajadores presos por luchar (Crónica, enero de 1936).

A modo de cierre

A diferencia del nacionalismo presente en los años veinte, considerado una vertiente del conservadurismo (Rubinzal, 2006), en 1930 se generó un proceso de popularización, basado en la idea de que “el nacionalismo integral y el fascismo no podían dejar de lado la clase trabajadora, que representaba la fuerza vital de la nación” (Spektorowki: 2017). Junto al avance de diversos proyectos para reprimir al movimiento obrero aparecieron organizaciones, un nuevo marco legal y publicaciones dedicadas a convencer a los trabajadores que debían estar “integrados” a la nación.

La influencia de la situación europea y la transformación del nacionalismo fue un tema debatido por los obreros entrerrianos. Su análisis incluyó diversas aristas entre las que podemos destacar: la preocupación por las acciones contra los trabajadores, la complicidad estatal, la criminalización de sus luchas, la formación de milicias y el debilitamiento de los sindicatos y/o su reemplazo por otros espacios de representación. La modificación del discurso y la proyección de incorporar a la clase obrera a sus filas mereció gran atención en las asambleas y reuniones sindicales, ocupó amplios espacios en sus prensas y generó incertidumbre entre los trabajadores.

El análisis fue realizado en el plano de las ideas circulantes y propuestas emanadas desde los espacios de representación obrera, su posterior concreción no formó parte del siguiente trabajo. La organización en cuatro ejes de análisis permitió la estructuración y comprensión del debate, aclarando que todos los puntos deben ser pensados como aristas del mismo interrogante recurrente entre los representantes sindicales: ¿cómo hacer frente al avance del nacionalismo en los sindicatos?

Por otro lado, la mayoría de los debates dados en Entre Ríos estuvieron relacionados con el contexto regional y nacional. Las acciones en solidaridad y el repudio a leyes sancionadas para combatir el comunismo son ejemplo de que los integrantes de la UOPER y más adelante la FOCE, anclaron sus análisis en el diálogo con referentes sindicales de otras regiones.

Destacamos la conformación de una cultura antifascista, cercana a los sectores de izquierda y reflejada en la pertenencia ideológica de los oradores presentes en actos públicos, mítines, asambleas y reuniones sindicales. Afirmando que el antifascismo construido en los sindicatos debe ser analizado teniendo en cuenta un contexto más amplio, el de una cultura de opinión diversa que incluyó las ideologías de izquierda y los sectores liberales defensores del sistema republicano (Bisso, 2007), entonces, caracterizar al antifascismo entrerriano merece que atendamos a las particularidades de todos los discursos circulante y los presentes en los espacios de representación obrera son solo un fragmente del antifascismo conformado en la provincia durante los años treinta.

Párrafo aparte mereció la interpretación de los datos obtenidos. En muchos casos las reflexiones y debates referían a la situación provincial pero en otros, giraron en torno a hechos, acciones o ideas del plano nacional, latinoamericano y/o europeo. La lectura del nacionalismo local se realizó tomando como parámetro lo sucedido en Europa o en la esfera nacional. Esta situación generó una dificultad para interpretar las particularidades del caso entrerriano. El ejemplo más concreto es el rol del Estado frente al denominado “avance nacionalista”, donde no quedó claro el plano en el que se menciona al “Estado” (nacional o provincial) y el nivel de responsabilidad adjudicado en cada caso.

Para finalizar, afirmamos que el debate sobre el nacionalismo fue un tema presente en los sindicatos y nos proponemos continuar este trabajo, pensarlo como una primera aproximación a la temática, abrir la posibilidad de indagar otras fuentes, ampliar el periodo temporal, dar la voz a otros actores que permitan complejizar la caracterización en torno a la relación entre nacionalismo, antifascismo y sindicatos en Entre Ríos. En un futuro trabajo, además nos interesa estudiar la concreción (o no) de las ideas proyectadas desde los sindicatos y expuestas en este trabajo.

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  1. María Clara Vuoto es Profesora y Licenciada en Historia egresada de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER). Actualmente se desempeña como docente en el nivel medio y en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Cursa el doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER).
  2. Sobre los conservadores de Entre Ríos ver el capítulo de Nicolás Motura en este libro. Durante los años treinta la nueva derecha tomó cuerpo en los militantes nacionalistas, en bandas paramilitares denominadas ligas o legiones y en un gran número de publicaciones que reflejaban su pensamiento (Dolkart: 2001:154). Según David Rock, “los conservadores representaban a las clases altas ligadas a las economías agroexportadoras e intentaban mantener sus privilegios de clases, los miembros del nacionalismo, de origen variado resaltaban su necesidad de purificar la argentina de la corrupción izquierdista y liberal” (Rock, 2001: 16). Por su parte, el término derecha es una forma de conservadurismo extremo, cuyos puntos de partida abrevan en una concepción organicista de la sociedad y en el antiliberalismo. En el caso de la derecha argentina, tendió a ser un espacio diverso y heterogéneo, durante los años treinta el nacionalismo fue una sus vertientes, también denominada “nueva derecha” en referencia a su distinción de los conservadores o “vieja derecha” (Rock, 2001: 27-28).
  3. En el Congreso Constituyente de la Unión Obrera Provincial de Entre Ríos estuvieron presentes: Obreros Portuarios Uruguay (Tullier Venancio, Paulino Clavijo y J. Corvalan), Sindicato de Camioneros Uruguay (Vicente Pla), Sindicatos de Carreros Uruguay (Secundino B. Sánchez), Sindicato Obreros Panaderos de Uruguay (Elvio Chardain), Sindicato de Trabajadores Clasificadores de Uruguay (S. Charrieri), Federación Obrera Marítima Uruguay (Tomás Delfín), Asociación Trabajadores del Estado Sección Uruguay (solo en carácter informativo), Sindicato de Estibadores de Diamante (Ángel Borda y Torres), Sindicato de Panaderos de Diamante (Mamerto Benítez), Estibadores Puerto Alvear (Juan D. Faini), Oficio Varios Aranguren (Víctor Plaza), Estibadores de Viale, Estibadores de Paraná (Nicolás Escalada), Estibadores de Ibicuy (Martiniano Gómez), Oficios Varios de Villa Clara (Juan Larroza), Oficios Varios de Lucas González (Pedro Fontana), Oficios Varios Macia (Antonio Medina), Federación Obrera Marítima Colón, Sindicato Estibadores de Strobel (Guzmán). Por otro lado dieron su consentimiento, aunque no pudieron concurrir Oficios varios Basavilbaso y Oficio Varios La Paz. También estuvieron presentes los delegados de la CGT y de la Unión Ferroviaria de Capital Federal (El Despertar Del Obrero, septiembre de 1932).
  4. Los proyectos de ley presentados por el Senador M. Sánchez Sorondo en la 33ª sesión ordinaria del Senado en 1932 fueron denominados por Nicolás Iñigo Carrera como “las leyes de defensa social” de los años treinta (2001). El marco legal estuvo acompañado del surgimiento de agrupaciones nacionalistas y un cambio en perfil y concepción de las mismas; influenciadas por la aparición del fascismo en Italia y del nazismo en Alemania, pero con objetivos similares a las décadas anteriores en relación con su vinculación con los “indeseables.”
  5. El Partido Fascista en Argentina fue creado en 1932 y dirigido por Hugo Passalacqua. Participaron obreros de origen italiano y expresaban su admiración por el régimen de Mussolini (Rubinzal, 2006: 11)
  6. Para más información sobre la experiencia de la FOCE se pueden consultar los trabajos de María del Carmen Arnaiz (1989), Gilbert y Balsechi (2008), Adrián Ascolani (2009), Rodolfo Leyes (2019) y Clara Vuoto (2018).
  7. Los sindicatos presentes en la nueva central fueron: Estibadores de Diamante, Strobel, Crespo, Alvear y Hernández y Sindicatos de Oficios Varios de Seguí, Tabossi, María Grande, Hasenkamp, Cimarrón, Federal, Sauce Luna y un grupo de trabajadores de Las Garzas. El sindicato de Oficios Varios de Sosa estuvo presente pero no abandonó la UOPER. Participaron de oyentes dos delegados de la Federación Obrera Provincial de Santa Fe y el grupo editor del diario La Protesta (Avance, octubre de 1935: 2).
  8. En 1932 también apareció el debate sobre la conformación de milicias obreras en Buenos Aires, motivo del constante ataque de la Legión Cívica a las manifestaciones de los trabajadores, en esas circunstancias el Comité de Unión Sindical Clasista (CUSC) comunista afirmó la necesidad de convertir las huelgas generales “en una demostración de frente único proletario y por la autodefensa armada, contra la reacción fascista, para aplastar las bandas legionarias y conquistar los derechos obreros” (Camarero, 2007: 206).
  9. El Manifiesto expresó: “sabemos muy bien que, con lágrimas y lamentaciones ante el compañero caído, ni con petitorios de justicia a quienes son la barbarie entronizada hecha gobierno vamos a contener el avance sanguinario de la reacción patriótica, sedienta de sangre obrera. Estamos dispuestos a responder en decidida forma como lo han demostrado los compañeros en Santa Fe con medios contundentes.” (Acción Libertaria, marzo de 1935).
  10. El sindicato de Estibadores de la ciudad de Diamante integró la UOPER hasta su fractura en 1935, donde pasó a formar parte de la FOCE.
  11. Ana Piacenza y el doctor Juan Lazarte pertenecían a la misma organización: la Federación Anarco Comunista Argentina. El doctor Lazarte era además un intelectual destacado de los años treinta. Nacido en Rosario en 1891, estudio biología, medicina y se vinculó a las ideas anarquistas. Criticó duramente de los espacios académicos por ser espacios privilegiados que reproducen privilegios, se relacionó al gremialismo médico, cuestionó la intromisión del Estado en la medicina y apoyo la medicina social. Colaboró con varias publicaciones entre las que podemos nombrar la revista Nervio, Acción Libertaria (prensa de la Federación Anarco Comunista Argentina) y Estudios, prensa ácrata de España (Ledesma Prieto, 2017).


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