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Presentación de la obra

En la nueva relación establecida entre Estado y universidad en la década del 90 se establecieron mecanismos de regulación, entre ellos, la normativa que abarcó los dos subsistemas de la educación superior, y enmarcada por esta ley, una política de evaluación de la calidad de las instituciones universitarias y sus carreras.

Desde la sanción de la Ley de Educación Superior las instituciones universitarias están obligadas a acreditar las carreras de posgrado para poder ofertar títulos que posean validez nacional. La CONEAU en cumplimiento de las funciones que le fueran asignadas pautó los procedimientos y diseñó los instrumentos para relevar la información necesaria para emitir juicios de valor y tomar decisiones de recomendar o no la acreditación de las carreras en evaluación.

La autora efectúa un análisis de los instrumentos utilizados para llevar adelante el proceso evaluativo, haciendo foco en la etapa de la autoevaluación con el objetivo de detectar posibles amenazas a su validez y confiabilidad. Hace una asimilación del proceso de autoevaluación con el de una actividad investigativa; la construcción de los instrumentos de recolección es analizada con las categorías propias de la metodología de la investigación. Este marco conceptual resulta un potente analizador de todo el conjunto, aportando rigurosidad y criterios científicos.

En la obra se distinguen dos órdenes de amenazas a la validez y confiabilidad: uno es el orden conceptual y el otro, el orden instrumental.

Respecto al primer orden se plantea que una evaluación goza de validez cuando hay una consistencia entre aquello que mide y el concepto que se está investigando. Es aquí donde la autora encuentra una de las amenazas a la validez. No surge de la norma que establece los estándares de calidad para el posgrado (la Resolución Ministerial 160/11) una conceptualización clara de lo que se entiende por calidad, de allí que la operacionalización de este referente sea susceptible de no contener todos los atributos que posee y que requieren ser especificados para ser medidos. Posteriormente a este trabajo se sancionó una resolución modificatoria (RM Nº 2385/15) que establece precisiones en los estándares requeridos para las dimensiones “carreras interinstitucionales” y “evaluaciones y trabajos finales para la obtención del título”; reglamenta además la emisión de diplomas y certificados. Esta normativa avanza en la definición de indicadores de calidad respecto a la anterior, pero en ella persiste lo encontrado por la autora como deficitario, que es la conceptualización de calidad.

Existen otros aspectos de orden conceptual que representan amenazas a la validez y confiabilidad, quizás uno de los más relevantes es la falta de consideración sobre aspectos epistemológicos relacionados con la disciplina de cada carrera universitaria. Cada disciplina posee una metodología particular de abordaje de su objeto de estudio, posee una tradición disciplinar propia y características peculiares en los modos de enseñanza y de investigación. Las especificidades deberían traducirse en la aplicación de estándares diferentes si se pretende medir aquello que se quiere medir, y captar ese recorte de la realidad lo más fiel y objetivamente posible.

En cuanto al orden instrumental, se hallaron diversos déficits que también afectan el grado de validez y confiabilidad de la evaluación. Se encontró por ejemplo la ausencia de instrucciones claras sobre la naturaleza de los instrumentos de medición y su forma de aplicación, que si estuviesen explicitadas reducirían las posibilidades de errores. El formulario vigente al momento que fue hecha la investigación fue modificado, aunque no sustancialmente, por lo cual algunas de las dificultades encontradas en su completamiento aún persisten.

Si bien puede pensarse que algunos criterios de la normativa de estándares adolecen de precisión, es importante considerar que el espíritu de la norma es proporcionar estándares y criterios mínimos que se deberán aplicar en un marco amplio y flexible que respete la autonomía de las universidades e instituciones universitarias y considere las diferencias regionales, institucionales y disciplinares.

La comunidad universitaria se encuentra permanentemente enfrentada al desafío de lidiar con los procesos de acreditación de los posgrados, que se han ido complejizando a lo largo de la historia de la CONEAU. La sistematización en los formularios de la información para facilitar su procesamiento informático por el equipo técnico de la institución ha redundado en rigideces para el registro de la información que dificultan una carga adecuada que permita reflejar la riqueza de estas actividades. Un claro ejemplo de ello es la forma de registrar las horas de actividad del cuerpo docente que no tiene en cuenta la división fragmentada de las mismas. La simplificación informática fuerza cargas deformadas para cumplir con los requisitos formales de número de horas totales de los docentes.

Rara vez se reflexiona desde la academia sobre estos temas con el nivel de detalle encarado en esta obra. Por ello el presente libro constituye un aporte valioso para todos los actores universitarios involucrados en los procesos de acreditación con algún grado de responsabilidad tanto en la definición de los estándares de calidad para los posgrados, como en la selección y elaboración de los instrumentos. Tomar en consideración las amenazas halladas por la autora redundará en mejores instrumentos para la realización de procesos de acreditación de un modo más transparente y compartido por los múltiples actores que están involucrados en él.

 

Adriana Accinelli

Directora del Departamento
de Orientación Curricular

Osvaldo Barsky

Director del Centro
de Altos Estudios en Educación
Universidad Abierta Interamericana



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