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Introducción

En la madrugada del 15 de julio de 2010, ocurrió en Buenos Aires un hecho insólito para la historia política del país (y posiblemente del mundo): a las cuatro de la mañana centenares de personas marcharon por la ciudad vacía y dormida. Cantando, entre cornetas y el acompañamiento de bocinas de los primeros camiones que comenzaban a circular, los manifestantes improvisaron un desfile nocturno desde el Congreso hasta el Obelisco. Festejaban la reciente aprobación de una reforma a la Ley de Matrimonio que contempla a las parejas de gays y a las parejas de lesbianas. Llevaban banderas coloridas, reían, saltaban, coreaban canciones de protesta que hasta la víspera no existían y de pronto “si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”. Callao y después Corrientes respondían con el mutismo de sus semáforos en funcionamiento para nadie. Algún vecino se asomaba al balcón francés y aplaudía en pantuflas. Luego volvía a encerrarse rápido. Sí, porque además de ser las cuatro de la mañana, era julio, y en julio hace mucho frío en Buenos Aires.

Si las movilizaciones callejeras se caracterizan por ser manifestaciones públicas, esta marcha no dejaba de resultar paradójica: nadie estaba allí para observarla. Y a la vez, todas las miradas estaban puestas en ese proceso que acababa de culminar en Argentina, convirtiéndola en el primer país en América latina en reconocer el derecho al matrimonio a gays y lesbianas. ¿Cómo había podido suceder algo así? La paradójica publicidad de aquel desfile está en consonancia con un fenómeno de visibilidad de la homosexualidad y redefinición del espacio público que operó durante el proceso de debate del que terminó siendo llamado “matrimonio igualitario”. Esto es: a la vez que se discutía ampliar o no la institución matrimonial, se dio también una disputa en torno a los significados del debate político democrático, sus reglas y actores autorizados. Ello trajo a su vez una redefinición de los márgenes de publicidad de algunas sexualidades no heterosexuales, alterando (provisoria o permanentemente) sus regímenes de visibilidad.

Hasta entonces en Argentina, como en el resto de la región, el matrimonio era entendido como la unión entre un hombre y una mujer, vedando a gays y lesbianas la posibilidad de casarse y acceder a los beneficios sociales y económicos derivados del matrimonio y el reconocimiento de sus vínculos de pareja. El reconocimiento estatal de las parejas homosexuales nos habla de una situación anterior en la que el ejercicio de la ciudadanía no estaba plenamente garantizado para quienes viven y se definen fuera de la norma heterosexual. A su vez, la revisión de los bienes materiales y simbólicos asociados al matrimonio nos advierte sobre la necesidad de elaborar trabajos que aborden los vínculos entre Estado, política y sexualidad. En este sentido, me propuse indagar sobre las disputas en torno a la regulación estatal de las parejas gay-lésbicas y, a partir de allí, interrogar los vínculos entre conyugalidad y ciudadanía.

La tesis examina la regulación estatal de la conyugalidad en Argentina a partir de estudiar los procesos políticos en torno al tratamiento legal de las parejas homosexuales. Se analiza el proceso de reconocimiento formal de las parejas gay-lésbicas iniciado en 2002 con la sanción de la Ley de Unión Civil de la Ciudad de Buenos Aires y que concluye en 2010, con la Ley 26.618, al incorporarlas al Matrimonio Civil.

Dos focos de interés convergen en el tema elegido. Por una parte, el proceso que concluyó en la sanción de la Ley 26.618 permite analizar la naturaleza y desarrollo de las políticas públicas, a fin de complejizar la comprensión en torno al Estado y al vínculo de éste con cuestiones vinculadas a la sexualidad. En los marcos legales y aparatos burocráticos del Estado se presuponen y reproducen relaciones de sexualidad y género asimétricas. A la vez, la institucionalidad estatal opera como terreno de lucha en donde se legitiman o marginan demandas e iniciativas de integrantes de la comunidad política, incluyendo aquellas relativas a la sexualidad y el género, que ponen en juego prácticas y estrategias diversas, disputando y redefiniendo el accionar estatal.

Por otra parte, las instancias institucionales donde se debatió la reforma del Matrimonio Civil funcionan como esferas públicas en las que se manifiesta la multiplicidad de públicos existentes en la sociedad. Por ello, atender a los discursos de la sesión parlamentaria, por ejemplo, permite también analizar los discursos sobre sexualidad, diversidad sexual, papel del Estado y de la institución matrimonial, y los vínculos entre éstos y ciudadanía circulantes en el marco más general de nuestro país.

La pregunta amplia que orienta la investigación desarrollada en la tesis es cómo la gestión estatal de la conyugalidad genera efectos diferenciales en la ciudadanía. Analizar de qué maneras el Estado argentino procesó la demanda de reconocimiento de la conyugalidad gay-lésbica permite abordar esa pregunta, al indicar qué actores y bajo cuáles reglas producen los discursos legítimos en la materia. Para ello, varios interrogantes empíricos guiaron la indagación: ¿Cómo es el contexto nacional al momento de sanción de la Ley y en qué medida y de qué maneras la coyuntura condicionó su proceso de sanción? ¿Quiénes fueron los actores intervinientes y cuáles sus respectivos objetivos, alianzas y transformaciones, si las hubiera, a lo largo del proceso? ¿Qué argumentos y principios se sostuvieron, y cómo fue definido el asunto?

Finalmente, ¿qué discursos circularon durante el debate? ¿qué elementos de la gestión estatal de la conyugalidad se ponen en discusión ante las demandas de inclusión de parejas gay-lésbicas y qué perspectivas abre, en términos de derechos sexuales, la reforma de la Ley de Matrimonio?

La ampliación del estatuto matrimonial para incluir a las parejas homosexuales se integra al horizonte de análisis de los procesos de democratización acaecidos en los últimos veinticinco años en nuestro país. Por una parte, estos procesos de consolidación democrática se entienden más allá del fortalecimiento de las instituciones formales de la república y llevan la atención hacia la ampliación de los derechos o sujetos de derechos considerados legítimos. Por la otra, la perspectiva de este trabajo afirmará que existe un proceso de democratización allí donde las normas dejan de considerarse necesarias, y se vuelven discutibles, negociables, expuestas a interrogación y deliberación, es decir contingentes.

En lo que sigue de esta introducción presento las reformulaciones efectuadas en las preguntas y el diseño del proyecto de investigación entre una primera etapa del trabajo, cuyo resultado es la Tesis de Maestría Contornos sexuados del concepto de ciudadanía: interrogantes a partir de la Ley de Unión Civil de la Ciudad de Buenos Aires, y otra posterior que concluye en esta Tesis doctoral. Luego describo la estrategia metodológica del trabajo de investigación y de la escritura del texto de la tesis, y reflexiono sobre las potencialidades y limitaciones afrontadas en el campo. Finalmente, presento la estructura de la tesis, los contenidos de los capítulos y, para una parte específica, el uso del género de “folletín” para exponer una sucesión de eventos cuyo final abierto caracterizó el proceso investigativo de esta tesis.

De la conyugalidad heterosexual al matrimonio igualitario

El proceso de investigación que concluye en esta tesis tuvo dos etapas diferentes, separadas por la elaboración y defensa de una tesis de maestría. A lo largo de estas páginas serán varios los momentos en que se establezca un diálogo con aquel trabajo, se retomen algunos de los puntos allí planteados y se profundicen algunas líneas de interpretación entonces expresadas. Me interesa ahora indicar cómo se reformuló el proyecto doctoral a partir de la experiencia de la tesis de maestría y mostrar cómo esta propuesta se vio alterada, corregida y aumentada, ante un acontecimiento político. El proceso político en torno a la Ley 26.618 de matrimonio gay-lésbico alteró en varios sentidos la perspectiva de esta tesis.

Una de las primeras decisiones posteriores al estudio del debate en torno a la Ley de Unión Civil había sido continuar el proceso de investigación centrándome en materiales actuales. El trabajo de campo desarrollado para la tesis de maestría había indicado la dificultad de saldar el hiato temporal entre los procesos bajo estudio y el momento de indagación. Investigar entre el 2007 y el 2008 sobre el proceso de sanción de la Ley de Unión Civil del año 2002 conllevaba una perspectiva histórica particular. En especial, el relevamiento mediante entrevistas señalaba la necesidad de poner bajo esta perspectiva los relatos que iba recabando. Aquellas miradas sobre sucesos del 2001 y 2002 estaban imbuidas del presente en que las entrevistas eran realizadas.[1]

Si bien este hiato temporal no había resultado un impedimento para la investigación y constituía más bien una salvedad a la que era necesario atender, procuraba que mis próximas entrevistas no tuviesen ese sesgo, entusiasmada por trabajar un proceso que estuviese en curso. Quería trabajar sobre algún asunto que tuviese también chances de entrar en debate, y donde mi investigación pudiese dialogar con procesos políticos actuales.

La investigación anterior en torno a la Ley de Unión Civil había indicado, finalmente, la fecundidad de trasladar el foco de atención hacia la institución matrimonial. Era el matrimonio (con sus cargas sacras, su peso simbólico y los derechos que otorga), la institución que confrontaba a mis informantes con la realidad de una ciudadanía devaluada. Si -como veremos- la heteronormatividad es un dispositivo social que naturaliza la heterosexualidad, me interesaba indagar a partir de algunas de sus prácticas y discursos “concretos”, avanzando por su perfil más opaco: el de la heterosexualidad. Normativas, programas, leyes permitirían analizar cómo (bajo qué supuestos y con qué efectos) la conyugalidad funciona como un vector de acceso a la ciudadanía. Pensaba indagar sobre la heteronormatividad a partir de estudiar diferentes modalidades de intervención estatal (programas, leyes, etcétera) en donde la pareja fuese un referente importante, un “sujeto de derechos”. Me interesaba entrevistar a funcionarios, legisladores, activistas y jueces interrogando sobre distintas modalidades de regulación estatal de la conyugalidad.

Sin embargo, hacia fines del 2009 la puesta en debate del matrimonio gay-lésbico hizo que se reorientara el trabajo. La pregunta en torno a los vínculos entre conyugalidad y ciudadanía estaba siendo planteada en el espacio público. La demanda por matrimonio reclamada por el activismo de lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT) interpelaba práctica y políticamente cuáles eran las aptitudes necesarias para acceder a los derechos derivados de aquella institución. Se dispararía entonces un proceso político cuyo punto de cierre se localiza en julio de 2010, cuando se sanciona una nueva Ley de Matrimonio Civil, la 26.618. Inesperadamente, esos casi nueve meses se convirtieron en un intenso trabajo de campo, signado por el día a día.

Reorientar la tesis hacia el proceso de debate en torno a la reforma de la ley de matrimonio transformó la perspectiva de la tesis y redefinió el lugar que la conyugalidad tendría en ella: una tesis que inicialmente tenía una perspectiva más bien deductiva (ciertos interrogantes en torno a la regulación de la conyugalidad que pretendía rastrear en un trabajo de investigación en torno a legislaciones y políticas públicas), viró de cabeza para partir del proceso político, entendido como caso de estudio (Stake 1994; Coller 2000), y desde allí, plantear los interrogantes. Como se verá, paradójicamente la conyugalidad es uno de los elementos más opacos del debate en torno a la Ley 26.618. Otros asuntos, en cambio, aparecen con mayor nitidez: un debate en torno a los significados de la igualdad política y un proceso político de configuración y reconfiguración de la esfera pública. Son ellos los que, más bien inductivamente, esta tesis se vio convocada a tratar.

El deseo inicial por trabajar un proceso en curso fue cubierto hasta el paroxismo, la comedia y el cansancio. Esta vez no hubo que acortar el hiato temporal del desfasaje histórico; sino bien por el contrario, intentar tomar un distanciamiento crítico que permitiera analizar el proceso político en perspectiva, y escribirlo. Estos y otros desafíos atravesaron el trabajo.

Trabajar sobre un proceso contemporáneo

Ante el cambio de escenario que enfrentaba la tesis, los objetivos de la investigación se reformularon y con ello, el diseño de la estrategia metodológica. El proceso político en torno al reconocimiento de las parejas gay-lésbicas sumaba un nuevo y rico capítulo al iniciarse el debate sobre los proyectos de reforma del Código Civil. La pregunta que guiaba la investigación continuaba siendo la misma: ¿a través de qué procesos la gestión estatal de la conyugalidad constituye un vector regulador de los cuerpos y genera efectos diferenciales en la ciudadanía? Se trataría entonces de describir el proceso político en torno a aquella cuestión, reconstruyendo la coyuntura del debate y analizando actores, estrategias y discursos en torno al reconocimiento legal de las parejas homosexuales en nuestro país.

Intentar describir densamente ese proceso político supuso buscar comprenderlo en profundidad antes que explicarlo por sus causas o por leyes generales (Kornblit 2004: 9). Aunque gran parte de la ciencia política contemporánea se inclina hacia la búsqueda de causas y teorías explicativas, la perspectiva elegida procuró más bien leer o interpretar el proceso, sirviéndome de algunas herramientas conceptuales y analíticas de la ciencia política para enriquecer la comprensión de un fenómeno complejo.

Cuatro fueron las estrategias puestas en marcha para construir los datos:

Relevamiento y sistematización de documentación: leyes, fallos y trascripciones tipográficas

El proceso de debate en torno al reconocimiento legal de las parejas homosexuales en Argentina contempla una serie de documentos que informan, predominantemente, sobre las voces oficiales en torno al asunto.[2]Leyes y fallos judiciales son el resultado de procesar públicamente una cuestión y son modos específicos mediante los cuales se expresa el Estado. “Condensan” verbalmente y por escrito la acción estatal. En este sentido, resulta pertinente analizarlos ya que expresan la voz autoritaria sobre determinado asunto. En nuestro caso, estudiar leyes vinculadas al matrimonio y examinar fallos judiciales en torno a la conyugalidad homosexual permitió conocer la voz oficial[3] del Estado sobre la cuestión.

Las trascripciones de debates legislativos son también otro momento en que se expresan las voces oficiales de un debate. Estas Actas funcionan como “documento respaldatorio” que registra el procedimiento mediante el cual se arribó a una ley: basadas en el supuesto de que el Poder Legislativo funciona a partir del debate, las trascripciones tipográficas informan sobre los dichos del mismo. Así, a diferencia de los fallos judiciales (de los que se desconoce explícitamente el procedimiento), las leyes se consideran válidas en tanto y en cuanto han sido debatidas en el Congreso. Veremos en el próximo capítulo que el espacio parlamentario es un espacio público “fuerte”, por cuanto lo que allí se resuelve tiene “fuerza de ley”. Lo dicho durante aquellas sesiones también puede considerarse parte de las voces institucionales en torno a un asunto. A su vez, como desarrollo en el Capítulo 4, el espacio público parlamentario funciona como una particular caja de resonancia de otros espacios no institucionales, por lo que analizar los discursos allí circulantes permite aproximarnos a los discursos sociales en torno a la conyugalidad, la ciudadanía y la política.

Este corpus documental principal, formado por leyes, fallos y trascripciones de debates legislativos,[4]se complementó con otras fuentes vinculadas a los actores participantes del proceso, como solicitadas, gacetillas, informes y pronunciamientos. Estos documentos elaborados ya sea por organizaciones LGBT u otros actores favorables a la iniciativa, como por lo que consideraremos “el espacio público reactivo” fueron seleccionados en base a su pertinencia y relevancia.

La pauta elaborada para el análisis de estos documentos exploraba las siguientes dimensiones: definiciones de la cuestión (asunto de familia, sexualidad, derechos humanos, no discriminación); construcción de antecedentes (qué asuntos o debates anteriores son referenciados para construir la definición del asunto); nociones en torno a la pareja, la conyugalidad o la institución matrimonial; definiciones de la homosexualidad y las personas homosexuales; temporalidad (pertinencia del tratamiento de la iniciativa, peso de las agendas políticas internacionales, cómo se presentan el pasado y el futuro); competencias (de la Legislatura porteña, del Poder Judicial, de los órganos representativos); rol del “Legislador” (legislar sobre lo existente, sobre la “moral media”, criterio de mayorías, legislador como innovador; tratamiento político de las minorías); lugares de enunciación y representación (representación partidaria, de género, provincial, generacional, otras); rol del Estado en asuntos de sexualidad; carácter novedoso o no de la Ley (consagración de nuevos derechos o efectivización de derechos ya reconocidos). Algunas de las dimensiones de la pauta de análisis se desprenden de los objetivos de la investigación propuesta y otros son elementos emergentes del estudio del proceso en torno a la Ley de Unión Civil que se mostraron operativos a la hora de continuar la exploración en torno a la reforma del estatuto matrimonial.

También se incorporaron dimensiones en la última etapa del proceso de investigación. En las metodologías cualitativas el análisis no es una etapa del proceso investigativo que comienza y finaliza en un momento. Por el contrario,

El análisis de los datos es integral a la forma en que las preguntas son formuladas, se seleccionan los lugares y se recogen los datos (…). En el corazón de tal proceso hay un conjunto de cuestiones y procedimientos de investigación que combinados con creatividad e imaginación resultan en el análisis de los datos: un elemento clave del proceso de investigación que no puede reducirse a pasos y fases (Pole y otros, en Valles 1997: 341).

La elaboración de la pauta y la codificación de los documentos pueden ser entendidas como instancias en que la tarea de análisis es puesta en marcha. Las unidades elaboradas para el análisis de los documentos vinculados al proceso de la Unión Civil fueron revisadas, incorporando elementos emergentes del análisis inductivo del proceso de 2010.

Los documentos trabajados (leyes, trascripciones tipográficas y fallos), si bien tienen la ventaja de ser documentos auténticos, también tienen ciertas limitaciones: se expresan mediante un lenguaje específico y, en el caso de las trascripciones, pretenden registrar circunstancias en donde la oralidad, gestualidad, intervenciones informales de miembros de la cámara y/o del público son imposibles de traducir al formato escrito. La observación y la realización de entrevistas me permitieron tener otra vía de acceso a los discursos públicos, por lo que mediante la triangulación de técnicas también identifiqué algunas diferencias que pueden atribuirse a los diferentes registros de cada uno de estos espacios.

Realización y análisis de entrevistas cualitativas

La interacción entre los actores participantes del proceso de resolución de una política pública contiene una dimensión subjetiva, referida a cómo cada actor define la cuestión y percibe la toma de posición de otros actores (Cobb y Elder 1984; Oszlak y O’Donnell 1995). Para comprender el proceso de reconocimiento estatal de las parejas gay-lésbicas en Argentina incorporando la perspectiva de los actores intervinientes, utilicé la técnica de entrevistas. Tratándose de un proceso político donde mi interés estaba centrado en las posturas públicas respecto de la cuestión, las entrevistas buscaban reconstruir la dinámica política desde la perspectiva de los actores y conocer las percepciones sobre las tomas de posición de los demás participantes.

Fueron entrevistados tres tipos de informantes clave: aquellos que participaron del debate como legisladores, integrantes de organizaciones LGBT[5] y otros informantes vinculados al proceso (como abogados, asesores y operadores políticos). Unos y otros contribuyeron a delinear el proceso, desde la presión política, los debates explícitos y subyacentes, hasta la deliberación y toma de decisión final.

La selección de la muestra fue intencional y combiné varias estrategias apoyándome en análisis documental.[6] Discriminé aquellos legisladores que hubiesen tenido un rol preponderante en la cuestión (como autores de proyectos, Presidentes de Comisión) y los combiné con un muestreo de “máxima variación”. Esta estrategia consiste en buscar patrones comunes y líneas de segmentación dentro del universo de análisis a fin de arribar a una muestra pequeña de gran diversidad. En este caso, tanto para la Unión Civil como en el debate sobre Matrimonio, hice divisiones en base a las posiciones ante la iniciativa, el género de la/el legislador y el partido político por el cual se accedió al cargo, a fin de elucidar las variaciones programáticas y/o patrones significativos comunes dentro de dicha variación.

En lo que refiere a activistas de organizaciones LGBT, entrevisté a los principales líderes de las organizaciones de alcance nacional. También fueron entrevistados otros militantes que por su participación en etapas particulares sirvieron como informantes clave, por ejemplo quienes asistieron a algunas de las audiencias públicas realizadas en diversas provincias. Finalmente, decidí entrevistar otros informantes, en pos de su participación en el proceso o familiaridad con los ámbitos bajo estudio. También con ellos mantuve charlas informales que complementaron el trabajo de observación.

Entre abril y octubre de 2008 realicé once entrevistas: seis a legisladores/as con participación el debate sobre Unión Civil (cinco de ellos votaron a favor de la Ley y la restante en contra)[7] y cinco a dirigentes de organizaciones LGBT de alcance nacional. En aquel entonces, conseguir los datos de contacto de posibles entrevistados y concertar los encuentros no fue una tarea especialmente difícil. Quienes accedieron a darme una entrevista hicieron lugar en sus agendas (muchas de ellas bien completas) y quienes en cambio la fueron posponiendo, finalmente nunca accedieron a ella.[8]

Ya en esta primera etapa del trabajo de campo las continuas excusas recibidas entre los legisladores reactivos a la Unión Civil me confrontaron con la necesidad de modificar mi carta de presentación ante ellos. Entonces consideré que al trabajar un tema controversial y no siempre calificado como un objeto de análisis político, gran parte de los atributos de mi identidad social quedaron opacados por el asunto en estudio. Así, conjeturé que mis posibles entrevistados supusieron de mí una posición favorable a aquella iniciativa y eso determinó su negativa. Decidí buscar vías alternativas de acceso y cambiar mi presentación, pero la estrategia no dio resultados (Hiller 2009). En la etapa de trabajo de campo del 2010 estas dificultades se verían incrementadas por la polarización que el asunto suscitó, la que hizo todavía más difícil presentarme como investigadora.

Las entrevistas correspondientes al proceso del 2009-2010 se realizaron entre marzo y julio de 2010, de manera simultánea al debate en torno a la ampliación del matrimonio gay-lésbico. En esta oportunidad resultó mucho más difícil establecer algunos contactos y concertar los encuentros (enseguida reflexiono sobre estas dificultades). Realicé ocho entrevistas: tres a legisladoras con participación el debate sobre la reforma del Matrimonio Civil (todas votaron a favor de la Ley), tres a dirigentes de organizaciones LGBT y dos a otros informantes clave.

Las entrevistas tuvieron una duración aproximada de una hora y media y fueron grabadas previo consentimiento. Tratándose en los dos primeros casos (legisladoras y dirigentes LGBT) de figuras y opiniones públicas, se les advirtió sobre la posibilidad de ser reconocidos. En ningún caso eso generó problemas ya que mis preguntas apuntaban a sus posturas públicas y no indagaban sobre aspectos personales o privados. Sí mantengo en reserva la identidad de los otros dos informantes. En general, las personas entrevistadas estaban familiarizadas con la publicidad de sus afirmaciones y con la situación de entrevista (aunque fuese periodística). Sin embargo, si bien ello facilitó la puesta en contacto, la concertación de la entrevista y la comodidad durante la misma, también significó un esfuerzo mayor de parte mía por intentar desarticular en algunos momentos, discursos muy estructurados y cerrados. Afortunadamente creo que logré ese propósito en varios casos, estableciendo un vínculo de confianza que a veces los llevó a compartir anécdotas íntimas u opiniones más personales. No consigno aquellos pasajes de las entrevistas sobre los que explícitamente pidieron confidencialidad.

Ninguna de las personas entrevistadas se negó a responder preguntas ni pidió interrumpir la entrevista. Muchas incluso ofrecieron ser re-entrevistadas en caso de que fuera pertinente. Luego de finalizar cada entrevista, completaba un memo en el que consignaba cuestiones formales (horario, fecha y espacio en que se había desarrollado la misma), las actitudes del participante, climas y reflexiones inmediatas.

Las grabaciones fueron trascriptas y las trascripciones fueron codificadas manualmente y analizadas. Para ello, leí las trascripciones impresas de las entrevistas y las analicé individualmente, reconstruyendo cada caso con la información disponible. Luego codifiqué las trascripciones siguiendo un manual elaborado a partir de los ejes de la guía de entrevista, combinando cuando fuera posible con los códigos del análisis documental y con nuevos códigos emergentes (Glaser y Strauss 1967). Después de la codificación inicial, los fragmentos textuales fueron asignados a cada código y, simultáneamente, una nueva revisión de las entrevistas permitió establecer comparaciones, identificar interrogantes, conjeturas e interpretaciones nuevas o más precisas sobre distintas temáticas, que fueron sistematizadas en una serie de memos analíticos.

Observación: descripción y análisis de campo

En la segunda parte del trabajo de campo, la contemporaneidad del fenómeno estudiado permitió otra vía de acercamiento a la cuestión, mediante la observación. La observación, en tanto técnica de construcción de los datos, permite acceder a las situaciones investigadas en su complejidad y en el momento en que los acontecimientos suceden (Valles 1997). En nuestro caso, ante las dificultades encontradas en el relevamiento de datos mediante entrevistas, la observación permitió a su vez mitigar la reactividad. Esto es, “la tendencia de los actores a modificar sus comportamientos habituales como consecuencia de saberse observados” (Piovani 2007: 199).

Entre diciembre de 2009 y julio de 2010 se observaron distintos tipos de situaciones públicas: reuniones de Comisión y Sesiones parlamentarias de las Cámaras legislativas; marchas y concentraciones a favor y en contra de la iniciativa de reforma del Matrimonio Civil; y otros eventos vinculados al proceso, como conferencias de prensa y presentaciones ante el Registro Civil. Además, se participó de actividades y paneles de discusión emprendidas por organizaciones de la sociedad civil como asociaciones de abogados, fundaciones (como la Friedrich Ebert Stifung) y otras asociaciones en las que se debatieran asuntos vinculados a la posible reforma y/o en las que participaran actores relevantes del proceso, como legisladores o magistrados.[9]

Las mismas fueron atendidas mediante el registro con notas de campo realizadas durante y/o posteriormente a los eventos observados. En dicho registro procuré volcar los tres tipos de notas propuestos en la bibliografía: notas observacionales o sustantivas, en las que registraba de manera amplia y descriptiva los eventos; notas analíticas, donde adelantaba los intentos preliminares de interpretación, y notas metodológicas que apuntaban cuestiones vinculadas con el proceso de investigación y mi incursión en el campo.[10]

En particular entre las dos primeras (notas observacionales y notas analíticas), procuré mantener a lo largo del proceso una perspectiva “abierta”, que se nutriera sin condicionarse al extremo por mis análisis preliminares. La tesis de maestría brindó una matriz de análisis que dio pie a la observación; pero a la vez intenté mantenerme abierta a nuevos signos o tópicos que no estuvieran previamente contemplados.

Asimismo, el trabajo sobre un proceso eminentemente político puso en tensión mis propias expectativas políticas y personales, por lo que las notas metodológicas sirvieron como un canal de reflexión a lo largo del proceso. La observación “endógena” requiere aprender a ser un observador de la propia cultura y para ello en varios momentos fue preciso volver sobre la caracterización del rol técnico del observador participante, para distinguirlo del participante ordinario: el contraste de propósitos entre uno y otro, la atención incrementada del observador, la observación “de ángulo abierto” y la doble condición de miembro y extraña de las situaciones observadas (Valles 1997). Enseguida volveré sobre las tensiones de trabajar un proceso político en curso.

La observación de Reuniones de Comisión y Sesiones parlamentarias (a las que también tendría acceso por medio del análisis documental de sus versiones tipográficas) permitió prestar atención a cuestiones de espacio y estructuración del tiempo centrales para comprender los procesos de interacción de aquellos espacios institucionales (Marc y Picard 1992: 77-79). La observación en distintos eventos informales permitió contrastar la interacción en estos espacios respecto del contexto institucional de los ámbitos formales. La puesta en contacto con asesores y secretarios de legisladores sirvió como puerta de entrada al terreno. Conversaciones informales con ellos también fueron añadidas al análisis y algunos fueron incorporados como entrevistados.

Relevamiento sistemático y análisis de medios de prensa

Uno de los objetivos de la investigación fue reconstruir las coyunturas de los debates de la Ley de Unión Civil de la Ciudad de Buenos Aires y de la Ley 26.618 de Matrimonio Civil. Para ello, trabajé con fuentes periodísticas haciendo un rastreo en las versiones digital e impresa de los diarios La Nación, Clarín, Página/12 y Crítica. En el trabajo de campo del 2010 también recurrí a las versiones digitales de algunos diarios locales, cuando se realizaron audiencias públicas en diferentes provincias.

La primera vez, la distancia temporal entre el proceso bajo estudio y el momento de relevamiento hicieron de los medios de prensa la principal herramienta para reconstruir cuáles eran las circunstancias al 2001/2002. En el segundo caso, la simultaneidad de los procesos políticos bajo estudio y la amplia cobertura mediática del asunto aportaron un nuevo perfil al relevamiento, poniendo en tensión (allí donde fuera posible)[11] el rol de los medios de comunicación como actor en el proceso.

El relevamiento sobre la Ley de Unión Civil de Buenos Aires se extendió al lapso transcurrido entre la presentación del proyecto de ley y su sanción (agosto de 2001- diciembre de 2002), incluyendo dos meses anteriores a la presentación ante la Legislatura. Además, incluí el período correspondiente a la elección de mayo del año 2000, momento en que se eligieron Jefe y Vicejefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y se renovaron las sesenta bancas de la Legislatura que continuarían hasta la sanción de la Unión Civil.

El relevamiento sobre la modificación de la Ley de Matrimonio Civil se extendió al lapso transcurrido entre el inicio de tratamiento legislativo en la Cámara de Diputados (octubre de 2009) hasta la reglamentación de la Ley (julio de 2010). Asimismo, se registraron las notas periodísticas aparecidas durante el lapso 2002- 2009 que pudieran informar sobre la cuestión.

En cada relevamiento se buscaron noticias, crónicas periodísticas y artículos de opinión referidos a: proyectos, leyes y disposiciones vinculados a derechos sexuales y reproductivos en el ámbito nacional y de la Ciudad de Buenos Aires (Leyes de Salud Reproductiva y Educación Sexual, Ley de Anticoncepción Quirúrgica, protocolos de regulación de casos de aborto no punible, reconocimiento de las identidades trans, entre otros); regulación estatal de parejas homosexuales en otros países; pronunciamientos sobre el tema de la Iglesia Católica; principales acontecimientos políticos, sociales y económicos del país y, para el trabajo sobre Unión Civil, del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.

En el caso del debate sobre matrimonio en el 2009- 2010, se rastreó también en la cobertura mediática otras noticias que hicieran referencia al matrimonio, la pareja o la conyugalidad. Utilizando muchas veces estos mismos términos como “palabra clave” en los buscadores online de los diarios, dos temas aparecieron recurrentemente: la creciente publicidad de casos de violencia conyugal y distintas elucubraciones en torno a la distribución de poder al interior del “matrimonio Kirchner”.[12] Realicé una línea de tiempo ubicando las notas recogidas en cada periódico, trazando comparaciones entre las diferentes coberturas de cada suceso y entre los distintos eventos.

Potencialidades y dificultades de trabajar un proceso contemporáneo

Trabajar sobre un proceso político en curso permitió un acercamiento diferencial, a la vez que implicó dificultades específicas durante el relevamiento de campo que resultan pertinentes compartir y consignar.

Una primera serie de dificultades tuvo que ver con la propia organización del trabajo de campo, signada por la inmediatez de los hechos. Las cuestiones organizativas se hicieron más dificultosas en la medida en que fue un proceso cargado de imprevisión: fueron varias las reuniones de comisión suspendidas e incluso un par de veces el tratamiento del proyecto fue postergado en la Cámara de Diputados. En este sentido, resultó fundamental establecer contacto y un vínculo de confianza con varios asesores de distintos Diputados que desde el interior del Palacio Legislativo me mantuvieron informada y “siempre lista” para ingresar al recinto las veces que fuera necesario. Una vez que el debate pasó a la Cámara de Senadores, me resultó mucho más difícil establecer este tipo de contacto y por lo tanto también fue más costoso realizar observación durante reuniones de Comisión o incluso de la sesión parlamentaria, a la cual no asistí personalmente.

El clima de imprevisión e incertidumbre también complotó contra el relevamiento mediante entrevistas. Muchos de mis posibles informantes se mostraron especialmente cautelosos y otros, directamente, no accedieron a ser entrevistados. Lo imprevisto del proceso llevó a varias cancelaciones y reprogramaciones de algunas entrevistas y algunos de estos aplazamientos pudieron también vincularse a las tensiones de emitir ciertas opiniones en contextos políticos inciertos. Al tratarse de un proceso con alta exposición mediática y con entrevistados muchas veces (y sobre todo en aquellas circunstancias) familiarizados con la entrevista periodística, no siempre resultó fácil posicionarme como investigadora y ser reconocida en tanto tal.

También, como veremos especialmente en el Capítulo 3- Folletín, el proceso político en torno a la Ley 26.618 fue crecientemente politizado y antagónico. Así como esto conllevó de mi parte una atención especial sobre mis propios posicionamientos políticos, fue especialmente complicado no ser leída por mis interlocutores (en observaciones y entrevistas) a partir de la grilla “a favor/en contra”, que los hacía evaluar a todo aquel que se les presentase en términos de aliado o enemigo. Entonces mientras los opositores o actores reactivos a la reforma no me recibían, los defensores de la iniciativa muchas veces intentaban congraciarse en las entrevistas, convirtiéndome en una especie de supervisora moral o epistemológica, en especial habida cuenta del rol “experto” jugado por los ámbitos científicos durante el debate (asunto que también abordo en el Capítulo 3).

Trabajar sobre un proceso en curso contribuyó a problematizar el lugar de los posicionamientos políticos en la tarea de investigación.[13]La contemporaneidad del proceso en estudio hizo que varias veces volviera sobre la reflexión en torno al rol del investigador, sus relaciones con aquellos sujetos que, a la vez, son objeto de estudio y acerca del tipo de compromiso envuelto en el trabajo de investigación. Algunas veces esas preguntas surgieron a la hora de observar distintos eventos (marchas, reuniones de comisión). En otras, la interpelación vino del contacto con el activismo de la diversidad sexual y el rol que la academia puede ocupar en los procesos políticos. La “hipercontemporaneidad” del proceso acrecentó tanto los recelos como la solidaridad que suelen primar en el campo de manera simultánea y contradictoria.

En todo caso, estas interrogaciones no fueron una sorpresa: este trabajo se inscribe en el campo de estudios sobre sexualidades, terreno fértil para estas preguntas. La epistemología feminista que abona gran parte de los trabajos del campo, así como su reciente (aunque veloz) institucionalización en tanto espacio académico, hacen que el área de estudios sobre sexualidades sea un escenario en donde “academia” y “activismo” funcionen como dos rótulos en tensión y diálogo. Es el interrogante de varios trabajos que orientan epistemológicamente esta tesis (Sedgwick 1993, 1998 y 1999; Maffía 1998; Pecheny 2004 y 2008; Cornejo Salinas y van der Berge 2010), a la vez que resulta un asunto debatido en varios de los encuentros académicos que también hacen a los insumos intangibles de este trabajo.[14] Por otra parte, así como este campo de estudios mantiene una posición ambivalente respecto de las fronteras entre activismo y academia, también los movimientos de la diversidad sexual cuestionan (tal vez en mayor medida que otros) aquella delimitación.[15]

Durante el trabajo de campo varias veces se presentó la disyuntiva de cómo y qué fenómenos observar. Una situación “ilustrativa” y un ejemplo paradigmático de aquello se dieron en relación a la Sesión en la Cámara de Diputados y en la de la resolución en Senadores: en el primer caso, se trató de la jornada en que finalmente se debatiría el proyecto de modificación del Matrimonio Civil en el recinto de Diputados. Entonces había logrado ingresar como público, pero no conseguí trasladarme a los balcones donde se apostaban los periodistas. En las reuniones de Comisión a las que había asistido, colocarme entre ellos había sido el lugar más cómodo para realizar la observación y tomar notas. Esta vez, sin embargo, no pude acceder a la zona reservada para los trabajadores de prensa y habiendo ingresado gracias a la asesora de una de las Diputadas firmantes del proyecto, quedé apostada con los activistas LGBT que habían entrado de la misma manera. Compartir la larga jornada (desde las 14 hasta casi las 3 de la mañana) disparó algunas reflexiones, preguntas y miradas extrañas (¿Tenía que abuchear o aplaudir con ellos? ¿Quién era yo, que tomaba nota de todo? ¿Qué hacer cuando la emoción ganaba?). El lugar en el que había terminado no era neutral, y tampoco había mejores alternativas: el piso superior estaba copado por los sectores reactivos, ¿sería mejor verlo desde esa perspectiva? ¿Y qué pasaba con los potenciales entrevistados que me llegaran a ver en un lado o en otro? Finalmente una imagen resumió mis inquietudes: al día siguiente, en la tapa de un matutino se podía distinguir una figura extraña en la foto de la escena de aprobación de la Ley: en un palco, mientras varios festejaban y agitaban sus banderas, una chica miraba anonadada, cuaderno en una mano y grabador en la izquierda.

Otro ejemplo paradigmático de aquello se presentó el 13 de julio, día anterior al debate en la Cámara de Senadores, cuando se congregó una “Marcha a favor de la familia”, oponiéndose a la ampliación del matrimonio para las parejas homosexuales. En otra ocasión ya me había resultado en cierta medida desagradable asistir a este tipo de convocatorias contrarias a la sanción de la ley. Junto a los intentos de distanciamiento con los que pretendía registrar el evento, aparecían también sentimientos encontrados y no sabía cómo manejar mi presencia en ese entorno. Pese a la moderación y prolijidad ensayada, algo en mi apariencia o mis gestos denunciaban cierto carácter “intruso”. Acostumbrada a gozar de varios privilegios que me permiten transitar sin conflicto por ámbitos públicos (soy blanca, rubia y respondo a los parámetros esperados de la feminidad), en algún momento me produjo cierto temor la cercanía física y algunas miradas y consignas cargadas de superioridad moral de los manifestantes que me rodeaban.

De todos modos, ante el peso político de la convocatoria de la jornada previa al debate, mi intención inicial había sido concurrir para observar aquella manifestación opositora a la iniciativa. Sin embargo, cuando llegó la hora de ir, cambié de parecer y decidí sumarme (ya no como “investigadora”) a la modesta actividad de apoyo a la sanción de la ley que se organizaba en simultáneo. Más allá de que no se me ocurrió solicitar ayuda en el trabajo de observación (que podría haber permitido “estar en dos lugares a la vez”), creo que entonces primó un impulso que no quise soslayar.

Como ilustran ambas anécdotas, reflexionar en torno a mi rol como investigadora fue una tarea encarada una y otra vez durante el trabajo de campo. En algunos casos fueron mis propias inquietudes las que me llevaron a repreguntar en torno a ello, y otras veces se dio a partir de los contextos de interacción en el campo.

Al trabajar sobre un proceso en curso, y más especialmente, sobre una disputa política, fue provechoso volver sobre “la posición del observador”, tal como la formulan Sigal y Verón:

Observar un juego de discurso (en nuestro caso, el discurso político) implica ponerse fuera del juego. Pero ponerse fuera de un juego no quiere decir ocupar la posición de lo que sería un observador absoluto; significa simplemente jugar a otro juego (en este caso, se trata de ese discurso que se llama “ciencia”). Lo que podemos llamar el “principio de observador” afirma solamente que no se puede al mismo tiempo jugar a un juego y observarlo. Conviene subrayar que en esta perspectiva (…) la ciencia no es un metajuego: ella es apenas un juego entre otros (Sigal y Verón 2003: 17, resaltado en el original).

La “posición del observador” que aportan Sigal y Verón permite pensar el análisis de los fenómenos políticos desde una postura alejada de cualquier pretensión de neutralidad. La posición del observador es una posición situada y por lo tanto, el análisis de los discursos políticos también está situado. En el Capítulo 4, cuando analice los discursos políticos circulantes en el espacio público institucional, será importante tener en esto en cuenta: los resultados allí volcados no pretenden un apego exhaustivo a los tópicos del debate, sino que derivan de las preguntas y la perspectiva de investigación propuestas. A la vez, en dicha posición de observador también confluyen preocupaciones políticas e identificaciones personales.

En algunos casos, fueron las y los entrevistados o potenciales entrevistados quienes me indicaron las credenciales que portaba (ser joven, pertenecer a la Universidad de Buenos Aires) y las dificultades de pretender “ocultarlas”.[16] En otros casos, asumí que algunas de las preguntas que orientan mi investigación están directamente ligadas a los problemas políticos que me preocupan. Reconociendo que la vida política no se congela entre paréntesis en un proceso de investigación doctoral, en vez de tratar de cancelarlos, procuré tener aquellas preocupaciones políticas lo más en la mira posible: explicitándolas una y otra vez. En definitiva, el desafío consistía en que los impulsos hacia el compromiso y los impulsos hacia el distanciamiento se mantengan en jaque unos a otros (Elías 1990).

Finalmente, al hecho de trabajar sobre un proceso político en curso se sumó que el mismo tenía una resolución final binaria, “por sí o por no”, en un marco temporal indefinido. A diferencia de otros estudios donde la contemporaneidad también es una característica, y aun cuando el proceso mismo (más allá de su resolución) pudiera aportar, el sentido se completaría con la definición estatal sobre la cuestión y eso era un asunto sobre el que no se tenían certezas. El carácter predictivo reclamado a la ciencia no podía ser satisfecho (al menos por quien escribe) y eso no siempre resultaba comprensible para otros (que solían aburrirse cuando mis respuestas se extendían más allá del “sí, se va a aprobar” o “no, no creo que suceda”). Cuándo y cómo se resolvería el asunto era una incertidumbre. Ello imprimió al trabajo una cuota de suspenso que me interesó mantener en el informe final. Por eso esta tesis se organiza en cuatro capítulos y un folletín, asunto que explico a continuación.

Estructura: una tesis en cuatro capítulos y un Folletín

El texto se organiza de la siguiente manera: en un primer capítulo conceptual, seguido de capítulos en los cuales describo empíricamente y analizo los procesos socio-políticos objeto de esta tesis, para concluir con una recapitulación y discusión de los principales hallazgos.

En el primer capítulo presento la perspectiva de análisis de la investigación. Examino otros estudios que han abordado el reconocimiento legal de las parejas gay-lésbicas en diferentes contextos nacionales, coloco el trabajo en el marco de estudios sociales sobre sexualidad y especifico la orientación politológica que lo enmarca. Para ello se sitúan las preguntas de la investigación en el escenario teórico-político de democratización acaecida en América latina en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI. Se presentan algunas de las herramientas analíticas que guían el análisis y se definen conceptos clave como democracia, ciudadanía y espacio público. Se reflexiona sobre los vínculos entre Estado y sexualidad hasta concluir en la definición del objeto de estudio: las regulaciones estatales de la conyugalidad.

El Capítulo 2 interroga sobre el movimiento social de la diversidad sexual en Argentina, el cual formula la demanda de reconocimiento estatal de los vínculos conyugales de gays y lesbianas. Se reconstruye la trayectoria de los vínculos históricos entre el Estado y las homosexualidades a fin de contextualizar la puesta en agenda y tratamiento de la Ley 26.618. Se presentan los argumentos centrales de los debates en torno al matrimonio dentro de lo que definiré como “espacio público LGBT” y los interrogantes que interpelan al movimiento de la diversidad sexual local a partir de la Ley de Unión Civil de la Ciudad de Buenos Aires del 2002. Finalmente, se presentan algunas características de este movimiento social al momento de discutirse la posible reforma de la Ley de Matrimonio.

Indagar sobre un proceso político en curso permitió un acercamiento preferencial a su coyuntura, los actores, discursos y escenarios del fenómeno. Sin embargo, trabajar una disputa contemporánea también implicaría acompañar un proceso abierto e indefinido que pocos imaginaban tan dinámico, con tantas etapas, en tantos capítulos. Lo fui siguiendo como se sigue una novela de folletín. Y así se presenta en el Capítulo 3. Luego de indicar los antecedentes de la cuestión, se avanza por “entregas”.

Las entregas se definen según momentos descriptivos y analíticos del proceso que concluye con la sanción de la Ley 26.618. La presentación bajo este formato responde en parte a motivos pragmáticos: como los escritores de novela en folletines, esta tesis comenzó a escribirse sin tener definido el final.[17] Había entonces una decisión analítica de cuándo dar “inicio” al proceso, o dónde encontrar sus albores, pero no podía definir a priori cuándo ni cómo sería su punto de cierre. La historia que contase, por lo tanto, no era de aquellas que adquiriera su sentido a partir del desenlace, sino que los sentidos tendrían que emerger previamente.

Más allá de su resolución favorable o negativa, el proceso de matrimonio gay-lésbico señaló varias vicisitudes de la política contemporánea y del tratamiento estatal de una cuestión vinculada a la sexualidad. Narrarlas en folletín procura servir como “fresco lírico de la sociedad en su conjunto” (Rivera 1968: 10).

A partir de las herramientas conceptuales presentadas en el Capítulo 1, el Folletín analiza el proceso de disputa en torno a la regulación estatal de las parejas gay-lésbicas en Argentina. Se presentan los actores participantes, las sucesivas disputas en torno a los espacios y reglas del debate, la definición del asunto y finalmente, se considera su resolución como el momento de respuesta estatal ante la cuestión. El formato de folletín permite también reflejar el modo que esta tesis comprende los procesos políticos. Esto es: a partir de describir gradualmente el proceso, será posible recuperar la contingencia e inmanencia de los fenómenos políticos.

En el Capítulo 4 analizo los discursos circulantes en el espacio público institucional en torno a la posible reforma de la Ley de Matrimonio Civil. Dos ejes organizan la presentación: el primero interroga sobre los lugares de enunciación puestos en juego durante el debate. La ausencia de una primera voz homosexual dará lugar a una variedad de identidades desde las cuales disputar el sentido de la posible reforma. Así se concluirá en una reflexión sobre las identidades políticas y su capacidad transformadora. A su vez, la homosexualidad será designada de manera heterónoma, dando lugar a nuevos perfiles de visibilidad. En el segundo eje analizo dicho perfil de la homosexualidad, proponiendo la figura del “pudor”. A su vez, dado que ese segundo eje interroga sobre los elementos de la institución matrimonial puestos en debate, expongo las persistencias y continuidades que la reforma dejó incólumes en lo que refiere a los modos de pensar aquello que será definido como el sujeto conyugal.

Finalmente en las conclusiones, luego de recapitular los principales hallazgos, avanzo sobre los efectos democratizadores del proceso en torno a la reforma de la Ley de Matrimonio, así como sobre sus limitaciones. Planteo las transformaciones en términos de visibilidad que el proceso acarrea y las perspectivas que se abren a futuro.

Esta tesis articula discusiones politológicas acerca del Estado, las políticas públicas y el acceso a la ciudadanía con discusiones provenientes de otras disciplinas sociales sobre sexualidad, identidades colectivas y dispositivos de regulación social. Apunta a brindar contribuciones empíricas y analíticas a las cuestiones referentes al campo de la diversidad sexual y la consecución de políticas públicas que faciliten el reconocimiento y ejercicio plenos de la ciudadanía, y que permitan a futuras investigaciones nutrirse de las descripciones y herramientas teóricas que surjan de este trabajo.

 


  1. En la tesis de maestría señalaba: “El tiempo que media entre el proceso analizado y el momento de realización de las entrevistas conlleva una serie de hiatos. Especialmente hay que tener en cuenta que los relatos de las y los entrevistados se dan en el contexto de un reciente cambio de partido gobernante en la Ciudad de Buenos Aires. Esta modificación no es menor considerando que desde la autonomización de la Ciudad, todos sus Jefes de Gobierno habían surgido de coaliciones de centro y centro izquierda, mientras que en diciembre de 2007 asumió Mauricio Macri por el Partido Propuesta Republicana (PRO), de centro derecha. En el plano nacional, el contexto de las entrevistas está marcado por el conflicto desatado por el intento de modificación del sistema de retenciones del gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el cual sectores agropecuarios mantuvieron un lock out durante 127 días. Estas y otras condiciones como la apropiación del discurso de los derechos humanos por parte del gobierno nacional (y su desprestigio entre sectores opositores) informan sobre los relatos recogidos durante las entrevistas y moldean el balance provisorio que realizan las y los entrevistados de aquel diciembre del año 2002, cuando se sancionó la ley” (Hiller 2009: 21).
  2. Sobre la utilización de documentos oficiales en investigación social, ver Capítulo 4 de Valles 1997 y Hammersley y Atkinson 1994: 151 y ss.
  3. Los hiatos entre lo “oficial” y lo “oficioso” en el campo de las regulaciones estatales de la sexualidad son presentados, a partir de Boltanski, en Petracci et al. 2009 y en Pecheny y De la Dehesa 2010.
  4. El procedimiento parlamentario indica que las Comisiones son la primera instancia de debate en el seno del Congreso, por lo que incluyo en el rótulo “debates legislativos” aquellos que acontecen en reuniones de Comisión. Como veremos en el Capítulo 3, estos espacios fueron de especial importancia en el proceso en torno al matrimonio gay-lésbico.
  5. Esta tesis privilegia en el análisis al movimiento LGBT por sobre otros actores de la sociedad civil, dado que en el seno de este movimiento se planteó la problemática e impulsó la iniciativa, hasta lograr que se impusiera en la agenda institucional.
  6. “La lógica y el poder de las muestras intencionales reside en seleccionar casos ricos en información para estudiarlos en profundidad. Los casos ricos en información son aquellos de los cuales se puede aprender acerca de los aspectos de importancia central para la investigación” (Patton 2002: 169).
  7. Entre los diez legisladores que votaron negativamente al proyecto de Ley de Unión Civil, intenté contactarme con cinco de ellos por ser quienes habían encabezado el bloque opositor. Solo una (entonces en funciones públicas en el Consejo Nacional de la Mujer) accedió a participar de una entrevista. El resto rechazó o dilató los sucesivos pedidos de entrevista. Esta dificultad intentó ser subsanada con distintas fuentes secundarias, principalmente declaraciones públicas a medios de prensa nacional.
  8. Una potencial entrevistada solicitó por medio de sus secretarios que le enviara previamente la guía de pautas de la entrevista. Accedí a ello, pero de todos modos la entrevista nunca se concretó.
  9. A la observación sistemática de estos eventos se sumarían las notas (más dispersas y menos metódicas) acumuladas en años anteriores de eventos ligados al reconocimiento legal de la conyugalidad gay-lésbica, como la presentación pública de alguno de los proyectos que luego serían debatidos y las presentaciones ante el Registro Civil de parejas amparistas a los cuales había asistido y registrado, sin tener precisiones respecto del uso que luego les daría
  10. Sobre los distintos registros de las notas de campo, ver Piovani 2007: 201-202.
  11. Mi trabajo no se centra en el análisis de la cobertura mediática como tal, pero sí se nutre de otros trabajos encarados desde las ciencias de la comunicación como Vallejos 2011.
  12. En 2007 asumió la Presidencia de la Nación Cristina Fernández, esposa del presidente saliente, Néstor Kirchner. Las elucubraciones en torno a las relaciones de poder y el tipo de lazo al interior de dicho matrimonio presidencial podrían analizarse en futuros trabajos, como otro modo de acceder a los discursos públicos e imaginarios en torno a las relaciones conyugales.
  13. Fue de utilidad la lectura de Fontana y Frey (2005), aunque no coincido plenamente con las aproximaciones “empáticas” que proponen.
  14. Por ejemplo: Seminario de Discusión sobre Sexualidades (Buenos Aires, 3 y 4 de diciembre de 2008); Seminario Sexualidades Doctas (Córdoba, 10 y 11 de diciembre de 2009); Semana Sur-Sur sobre Sexualidad y Política (Buenos Aires, 26 al 30 de abril de 2010).
  15. Hace ya casi veinte años, Bozon y Leridon (1993) definían los estudios sociales sobre sexualidad como un campo poco estructurado, muy permeable a las representaciones, a las demandas y a los debates del propio mundo social.
  16. A este respecto, ver Padfield y Procter 1996 y Reay 1996.
  17. La novela de folletín, novela por entregas o novela popular es un género literario que se desarrolla a lo largo del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial (Rivera 1968; Eco 1995). Tanto Bourdieu (1996 a) como Rivera (1968) refieren a los escritores de folletín como “ilustres desconocidos” que trabajaban casi a “destajo” y muchas veces, al mismo tiempo que sus obras iban siendo publicadas, por lo que escribían sin tener un recorrido prefijado. Incluso los lectores (que en nuestro caso será el proceso político mismo) influenciaban el curso de los acontecimientos enviando pedidos por carta a los periódicos en los cuales los folletines salían publicados.


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