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3 Reforma y desalojo de centros históricos en el Golfo Arábigo[1]

Una aproximación al proyecto Msheireb Downtown en Doha, Qatar[2]

Marta Contijoch Torres[3]

Introducción

En las últimas décadas, el rápido desarrollo urbano de algunas de las capitales de la Península Arábiga, en buena parte derivado de los ingresos obtenidos con las exportaciones de petróleo y gas natural, parece haber emergido como una cuestión de creciente interés, incluso más allá de la academia. Como la última de estas ciudades en incluirse en esta dinámica de crecimiento (Mohammad y Sidaway, 2016: 4), Doha ha experimentado pareja transformación de su tejido urbano, una transformación basada en dinámicas de liberalización, desregulación y especulación, acompañadas de grandes inversiones de capital público y en la implementación de grandes proyectos estrella. Todo ello de la mano de procesos de zonificación y segregación que cabe poner en paralelo con procesos de exclusión social que afectan de manera especial a una población trabajadora que contribuye de manera estratégica a la prosperidad económica del emirato.

Cabe, por lo tanto, hablar de Doha como una capital fabricada en el marco de un mercado-mundo en el que los países del Golfo luchan por hacerse un lugar más allá del rol de nuevos ricos, sostenido en una economía asentada en la exportación de los recursos energéticos de que disponen, conscientes de la posición privilegiada que esta les otorga, junto con el desplazamiento de los centros de poder en la región árabe hacia las capitales del GCC[4] (Elsheshtawy, 2010: 249). Un panorama en el que las metrópolis de la zona, asumiendo un lugar como epicentros de la economía mundial, compiten en la búsqueda de reconocimiento por medio de una espectacularización que las haga atractivas para los intereses que determinan el juego del orden (urbano) global (Urry, 2007: 133-134).

Es ese objetivo lo que lleva a estas ciudades de la Península Arábiga a convertirse en escenificaciones al servicio de su propia comercialización como producto en condiciones de seducir a grandes corporaciones transnacionales, para ser elegidas como ámbito de su actuación, si no directamente emplazamiento de sus oficinas centrales, o en pos de devenir sedes de grandes eventos que las posicionen en el calendario internacional. Una dinámica en la que resulta crucial el papel de la arquitectura y el urbanismo, herramientas al servicio del diseño de megainfraestructuras y construcciones icónicas (Jenks, 2005) como emblemas de sus respectivas marcas de ciudad (Kong, 2012).

Es en este contexto que cabe situar la agenda de crecimiento urbano de la capital qatarí y el papel que en ella juega el proyecto de remodelación del barrio del Msheireb. Se trata de un plan de intervención urbanística, con un presupuesto de unos cinco billones de euros, a aplicar sobre un área situada en el centro de la ciudad que concentra las viviendas más antiguas y vetustas del conjunto urbano. Se trata de un sector ocupado principalmente por trabajadores extranjeros con bajos ingresos que sustituyeron a los antiguos habitantes qatarís que, a partir de la década de 1970, abandonaron su residencia en el distrito por nuevos asentamientos periféricos (Wiedmann, Salama y Thierstein, 2012: 42). Una actuación que pretende reconquistar este espacio, morfológicamente central pero socialmente periférico, como el corazón de lo que se prevé que sea la nueva imagen de la capital, por medio de una “remodelación” y una “regeneración” que “conserve el centro histórico de Doha”[5], pero que no consiste en otra cosa que en la substitución de las viviendas más degradadas y habitadas por la cara más oscura de la modernización del emirato: nuevos enclaves más adecuados a los nuevos objetivos en materia de promoción de la ciudad. Ni que decir tiene que esa transformación urbana trae consigo inevitablemente, como ocurre casi siempre en este tipo de procesos, la expulsión de sus actuales vecinos y la liquidación de las formas de sociabilidad que les eran propias.

Se trata, como se ve, de un ejemplo más de las dinámicas de apropiación capitalista de las ciudades, en concreto de las que, sobre todo a partir de los años 1970, han conocido o están conociendo otras ciudades del mundo que encuentran en la tematización[6] de sus antiguos cascos viejos un recurso para la generación de nuevas ofertas residenciales, comerciales o turísticas, pero también para la legitimación simbólica de sus gobiernos. Se trata de jerarquizaciones del espacio urbano destinadas a hacer atractivas ciertas parcelas –con frecuencia sus cascos antiguos– en tanto que exponentes de la verdad de un determinado entorno construido. Una vez marcado su perímetro, llevadas a cabo las reformas pertinentes y ejecutadas las correspondientes tareas de marketing, esa área pasa a ser objeto de vigilancia especial en orden a garantizar que su rehabilitación monumental sea también social, operación que consiste en inhabilitar a quienes habían sido sus habitantes y frecuentadores, ahora considerados como presencias indeseables para la “buena imagen” de la zona exaltada (Delgado, 2014),[7] todo ello en el marco general del ciclo actual de globalización económica, política y cultural y la entrega de las ciudades a la mercantilización neoliberal (cf. Brenner, 2014; Smith, 2008; Brenner, Marcuse y Mayer, 2012; Harvey, 2013).

En el caso de Doha, ese ingrediente tematizador serviría al objetivo de desmarcarse del modelo regional de desarrollo que ha pretendido significar Dubái (Rizzo, 2013: 540-541), emparentado a su vez con el de otras ciudades como Hong Kong, Singapur o Shanghái (Elsheshtawy, 2004) y seguido por buena parte de las grandes urbes de lo que se ha denominado Oriente Medio, basado en una rápida diversificación y un crecimiento urgente en múltiples direcciones (Wiedmann, Salama y Therstein, 2012: 47). Como una estrategia para mantenerse en liza, con un perfil propio, con otras capitales del Golfo para la captación y el mantenimiento de sectores económicos que, en el marco de una economía post-petróleo, conviertan estas metrópolis en grandes centros receptores de flujos globales de todo tipo (Salama y Wiedmann, 2013: 93), Doha aspira a promocionar, tomando su propio tejido urbano como instrumento fundamental, una imagen de Qatar como participante activo en los asuntos de la región, gran hub de inversiones, medios de comunicación, tránsito de personas, mercancías y capitales, pero igualmente en la producción de conocimiento y la atracción de turismo en tanto que referencia cultural internacional y sede de grandes eventos deportivos (Salama y Wiedmann, 2013: 94). Es en esta línea que cabe leer proyectos como la intervención sobre el Msheireb o la Educational City; esta última supone un ejemplo del esfuerzo por convertir Doha en centro de la educación superior regional e internacional, lo que la desmarcaría del modelo emiratí, que parece haber descuidado esta dimensión de la producción de conocimiento a la hora de perfilar su marca urbana. Todo ello sin renunciar a lo que se supone que es su identidad; es más, convirtiendo a esta en parte del producto a colocar en el mercado internacional de ciudades mediante las correspondientes técnicas de marketing urbano.

De este modo, el proyecto Msheireb Dowtown Doha no sólo persigue la recuperación del centro urbano para la población qatarí que un día lo habitara, así como para empleados procedentes de países eminentemente europeos, ambos grupos con mucho mayor poder adquisitivo que los actuales residentes del barrio, sino, igualmente, abrir la puerta al desarrollo de una arquitectura de inspiración supuestamente vernácula que rompa con la dependencia respecto a los modelos constructivos occidentales que han guiado la urbanización de la capital qatarí hasta el momento, erigiéndose, de este modo, en un núcleo cultural y patrimonial de la ciudad que recree, en su propia morfología, “un estilo de vida enraizado en la cultura qatarí”[8], de acuerdo con las aspiraciones de preservación de las “tradiciones culturales” que recoge el documento Qatar National Vision 2030 (General Secretariat for Development Planning, 2008: 4 y 2011: 20; Scharfenort, 2013)[9].

Un ejemplo más de la asunción de un cierto orientalismo (Said, 2016 [1978]) por parte de algunas ciudades árabes como una estrategia para vindicar, a través de la misma configuración urbana, su propia especificidad en tanto que tales en un contexto postcolonial. Ello por medio de la creación de un entorno concebido de acuerdo con lo que se considera una tradición urbana árabe y qatarí, en la línea de las referencias a la ciudad islámica que encuentran sus raíces en la visión de orientalistas ingleses y franceses en la década de 1920 (Abu-Lughod, 1987; Stewart, 2001). Es a partir de ahí que Doha aspira a generar un diferencial propio a la hora de convertirse en un nuevo paradigma regional de ciudad árabe moderna, cosmopolita, sostenible, ecológica, pero igualmente fiel a aquello que se considera la autenticidad de su tradición (Scharfenort, 2013)[10].

A partir de estas consideraciones previas, el objetivo aquí será ofrecer una primera aproximación al barrio del Msheireb y al proyecto de intervención sobre él, de forma que se dé especial cuenta de las formas de sociabilidad que registraba, en la primavera y el verano de 2016, este distrito en destrucción, todo ello contrastándolo con el nuevo perfil urbano y social que vaticinan los espacios culturales, las sedes gubernamentales, las nuevas áreas residenciales y comerciales que conformaran el futuro Msheireb Downtown. Esta inmersión inicial en lo que se espera que sea el marco de una futura investigación en mayor profundidad sobre las consecuencias sociales del modelo de crecimiento urbano que está conociendo Doha, pretende, por lo tanto, poner en discusión las formas singulares de tematización de centros urbanos y los consecuentes fenómenos de gentrificación que están teniendo lugar en algunas de las principales ciudades del Golfo.

Consideraciones metodológicas

Este trabajo contiene impresiones obtenidas en una aproximación al campo realizada en la ciudad de Doha en dos estadías de tres semanas cada una en los meses de marzo y julio de 2016. Se trata de un análisis atento a las consecuencias sociales del modelo específico de crecimiento urbano que está conociendo la capital qatarí, con énfasis en la actuación sobre esta parte de su centro urbano; un proceso que permite conocer de cerca formas singulares de tematización de centros urbanos y de los consecuentes fenómenos de gentrificación que están conociendo ciudades del Golfo Pérsico.

Estos primeros pasos etnográficos consistieron en deambulaciones por las calles de Doha a distintas horas del día y diferentes días de la semana, a pie y, cuando no era posible de otra forma, en coche. El objetivo fue obtener una impregnación de los diferentes ambientes urbanos y recopilar observaciones sobre la vida social en la ciudad, es decir, atendiendo solo el flujo de acción que transcurría ante mí, siguiendo las técnicas clásicas habituales en el registro de la actividad en lugares públicos (Lofland y Lofland, 1984 [1971]; Whyte, 2004 [1980]), a la manera de lo que Colette Pétonnet (1982) denominara observación flotante. Es importante remarcar al respecto que Doha es una ciudad sin apenas nada que recuerde a la noción eurocéntrica de espacio público, con escasos marcos de sociabilidad viandante más allá de los centros comerciales, con una prestación de transporte público mínima y en la que desplazarse a pie entre puntos de la ciudad resulta prácticamente imposible, habida cuenta del despotismo ejercido por el automóvil en la organización de la movilidad urbana.

Por supuesto que mi condición de mujer europea ha sido una dificultad añadida en esta primera fase de trabajo a pie de calle, en especial a la hora de acceder al Msheireb, un barrio habitado principalmente por hombres, trabajadores inmigrados y raramente visitado por los empleados de origen europeo, y en el que las diferencias de género, clase y raza convertían en discordante mi mera presencia. El mismo tipo de problemática se acentuó en el momento de aproximarme al complejo Barwa Al Baraha, situado en la Industrial Area, donde buena parte de los antiguos vecinos del Msheireb están siendo realojados a medida que se lleva a cabo la demolición de sus antiguas viviendas y las tiendas que regentaban. Si mi presencia ya resultaba extraña en el Msheireb, iba a resultarlo aún más en este complejo situado en el extrarradio de la ciudad, a prácticamente una hora del centro, alejado de todos aquellos servicios a los que cualquiera que habite en alguna de las áreas residenciales que salpican el anillo suburbano de la capital qatarí tiene acceso en apenas 20 minutos de trayecto en coche, y donde la visita de alguien europeo no vinculado a la empresa que pueda haber contratado a alguno de sus residentes resulta insólita.

El reconocimiento de estos problemas en la aproximación al terreno de la que aquí se informa son, al mismo tiempo, expresión de la consciencia que la investigadora tiene de las tareas pendientes –profundización y sistematización de los registros empíricos, compilación de datos de archivo y administrativos, entrevistas con informantes clave–, que desde luego serán prioritarias en futuras incursiones al campo para abordar la investigación prevista.

Impresiones sobre los restos del antiguo Msheireb

Resultado de las primeras expansiones urbanísticas de mediados del siglo XX, derivadas de la inversión pública de los ingresos obtenidos con la explotación de los recursos energéticos de que dispone Qatar (Rizzo, 2013.: 537), el área que se extiende entre Al Rayan Street, delante de la sede del Gobierno (Amiri Diwan), Al Diwan Streety Al Asmak Street, frente al nuevo Souq Waqif –inaugurado en 2008 como preludio de la intervención más amplia que supondría el proyecto que nos ocupa– concentra una suma de edificios mal conservados, ordenados en una retícula de vías más estrechas que las que tejen las áreas de urbanización más reciente de la ciudad. Allí, una urdimbre de callejuelas da acceso a los edificios de viviendas y desemboca en calles flanqueadas de pequeños comercios, que, a su vez, fluyen hacia vías intraurbanas más rápidas, de dos a cuatro carriles que, dependiendo de la hora, absorben con dificultad el tráfico que se dirige hacia otros puntos de la ciudad. Son estas pequeñas avenidas, junto con los parterres de césped que bordean Ahmed Bin Mohammed Bin Thani St. –una de esas vías rápidas que contribuye a delimitar el barrio–, las que cada noche, terminada la jornada laboral, o los viernes, siempre festivos, se convierten en lugar de encuentro para los habitantes del barrio, en su mayoría asalariados extranjeros empleados sobre todo en la construcción, llegados principalmente de países asiáticos como India, Pakistán, Sri Lanka, Nepal o Filipinas, pero también de otros países árabes[11].

El conglomerado urbano del actual Msheireb lo forman viviendas, pequeñas tiendas de electrónica, de ropa tanto de hombre como de mujer, lavanderías, barberías o cafeterías y restaurantes, casi todos regentados y frecuentados por los mismos residentes del distrito que, sobre todo tras salir del trabajo, suelen ir en grupo a por comida y bebida que consumen en el mismo establecimiento en que la adquieren o bien en alguna de las calles aledañas, de pie o sentados en la misma acera o en los escalones de acceso a algún comercio o a algún edificio de viviendas. Las dos mezquitas con las que cuenta el barrio y sus entornos devienen también lugar de reunión para algunos de sus habitantes, especialmente durante los instantes previos y posteriores a los dos últimos salat del día, sobre las seis y media y las ocho, respectivamente. En algunos casos, los pequeños puestos de relojeros repartidos por distintas esquinas devienen también lugar de congregación para algún grupo de hombres, que charlan alrededor del sitio mientras beben algún refresco.

Estos pequeños comercios conviven con hoteles de nueva construcción y grandes descampados que funcionan como aparcamientos, donde no es extraño ver, de nuevo, pequeños grupos de hombres conversando, comiendo y bebiendo refrescos alrededor de algún pick up Toyota Hilux –el modelo de vehículo que este grupo de población suele conducir–, aparcado entre camiones de distintos tamaños e incluso algún que otro autocar blanco de los que trasladan a estos obreros desde donde son alojados hasta sus puestos de trabajo. Son estos trabajadores, empleados en la edificación del mismo Msheireb Dowtown o de cualquiera de los otros proyectos en ejecución en el distrito, como la futura estación de metro, los que pueden verse vestidos con el característico mono azul que los distingue como obreros de la construcción, algunos también con chaleco reflectante y casco. Se les puede observar comiendo en alguno de los restaurantes o sentados en la esquina de la calle Wadi Musheirib con Al Asmakh St., esperando el autocar proporcionado por sus empresas para llevarlos de nuevo a alguno de los labour camps[12] del extrarradio, si es que no habitan en el barrio.

Toda esta actividad, que encuentra su punto álgido entre las siete y las nueve de la noche e incluso algo más tarde los jueves, se desarrolla a la sombra de numerosos edificios antiguos ya vacíos, tapiados para su demolición, esperando el avance de las obras de remodelación del barrio, que complican todavía más la circulación en coche en uno de los pocos lugares de la ciudad en el que el automóvil se ve obligado a subordinarse a los peatones. Es así como algunos tramos de acera se encuentran prácticamente inutilizados por las labores de derribo y edificación en calles como Umm Wishad St., cercana a la zona del Msheireb Dowtown ya en construcción, donde es habitual ver columnas de viandantes avanzando por la calzada en fila o por parejas, compartiendo espacio con quienes tratan de desplazarse en bicicleta. Lo hacen contribuyendo a su manera a la regulación del tráfico, proporcionando indicaciones a algún coche que intenta avanzar por unas calles todavía más estrechas por los vehículos aparcados, muchos en doble fila, y en las que la visibilidad, una vez anochece en torno a las seis, es escasa.

Cabe, igualmente, destacar que la presencia de mujeres en la calle es, con muy raras excepciones, casi nula, en un distrito en el que, de acuerdo con los datos que proporciona el último censo del año 2015 (Ministry of Development Planning and Statistics, abril 2015), de sus 9.791 habitantes, tan sólo 1.690 eran mujeres[13]. Esos datos oficiales no incorporan la pirámide de edad de la población del barrio, pero en ningún momento de la observación sobre el terreno se constató la presencia de niños o personas de edad. De hecho, no existen en el distrito parques o plazas destinados total o parcialmente a este tipo de usuarios, como tampoco instalaciones deportivas o educacionales. Como en buena parte de la ciudad, no se aprecia actividad policial o de vigilancia privada. Finalmente, algunos de los pocos autobuses empleados casi en exclusiva por estos trabajadores –única forma de transporte público hasta que finalice la construcción de la red de metro– parten de la estación central de Al Ghanim, a unos pocos metros del área, y recorren las principales vías que la rodean, con una frecuencia mínima de 30 minutos que puede llegar a extenderse hasta las dos horas.

El proyecto Msheireb Dowtown Doha

Todo este paisaje social y sus protagonistas ha desaparecido por completo en el proyecto Msheireb Downtown, financiado por la promotora inmobiliaria Msheireb Properties, subsidiaria de la organización semiprivada y con capital estatal Qatar Foundation, que pretende jugar un papel fundamental en el logro de los propósitos de la QNV 2030 de alcanzar una economía menos dependiente de la explotación de los combustibles fósiles para esa fecha. Según lo planeado, supondrá la reconstrucción de un total de 31 hectáreas, que serán reconvertidas en cinco nuevos distritos que harán cohabitar sedes gubernamentales, espacios culturales –un museo, casas museo y el archivo nacional–, oficinas (280.000 m²), áreas residenciales (222.000 m² y un total de 900 nuevas unidades), hoteles (117.000 m²), una mezquita y, sobre todo, establecimientos comerciales, que probablemente trasladen al centro de la capital el modelo de los malls que proliferan en las zonas suburbanas. Por último, 11.000 plazas de aparcamiento completarán el futuro Mshreireb[14].

Si bien el diseño del plan de intervención urbanística, a cargo del estudio de arquitectura inglés Allies & Morrison, juntamente con las constructoras Arup y Aecom, también inglesas, se inició en el año 2005, las labores de demolición y reconstrucción no empiezan hasta cuatro años más tarde y su finalización no está prevista hasta 2022, coincidiendo con la celebración de la FIFA World Cup de la que Doha será sede (Woodman, 2012). Igualmente, el proyecto ha contado con tres años de investigación previa –con la colaboración del arquitecto y urbanista Tim Makower como Architectural Language Advisor[15]– con el objetivo de desarrollar un lenguaje arquitectónico distintivo que reinterprete los elementos de diseño considerados tradicionales y “refleje y recree auténticamente el patrimonio qatarí”[16], pero que al mismo tiempo contribuya con un diseño “sostenible”[17] a revertir el modelo de crecimiento urbano de la ciudad, marcando, de este modo, una doble distinción con los procesos de dubaización que, como se ha dicho, han caracterizado el desarrollo urbano de algunas de las capitales de Oriente Medio, como por ejemplo El Cairo (Adhan, 2004), y de otros países del mundo árabe, como Jartum y Nouakchott (Choplin y Franck, 2010).

Doha sigue así la tendencia emulada por otras ciudades de la región, donde proliferan los proyectos basados en una mirada sobre el pasado que no consiste en otra cosa que en una relectura moderna de los esquemas urbanísticos y arquitectónicos propios de lo que se considera la ciudad árabe tradicional (Herrero de Jáuregui, 2013; Elshseshtawy, 2004: 3-6). No hace falta evidenciar las dificultades e implicaciones que –como ya denunciara Abu-Lughod (1987)– supone la enumeración positiva de aquello que condensaría el carácter islámico, árabe o, para este caso, qatarí, de una ciudad; algo que supondría asumir que dichas características serían, en efecto, consecuencia de la naturaleza igualmente islámica o árabe atribuida a quienes se supone que la habitan y que sería, también, delimitable de manera más o menos objetiva.

Para el caso del nuevo Msheireb, propiedades como “la simplicidad, la solidez y el diseño pasivo de bajo consumo”[18] son las que sintetizan esta tradición qatarí en la que se basaría el proyecto, poniendo el acento en la adaptación al territorio por medio de la adopción de técnicas constructivas y elementos arquitectónicos –como los baghdir, que permiten captar el viento para una mejor ventilación de los edificios colectivos– que se quieren distintivos, tradicionales y adaptados a las condiciones medioambientales del lugar. Igualmente, se pretende recuperar el modelo de casa patio, sustituida en su momento por el modelo de las villas suburbanas, junto con la relación entre los espacios distinguidos como públicos y privados que dicho esquema de vivienda propone (Herrero de Jáuregui, 2013).

De este modo, el desarrollo y la plasmación sobre el tejido urbano de la capital qatarí de este nuevo lenguaje arquitectónico no propone sino la tematización de lo árabe y lo qatarí para una publicitación competitiva de la ciudad y su centro urbano que atraiga de nuevo aquellos grupos con mayor poder adquisitivo, especialmente población qatarí[19], pero igualmente flexible como para que pueda ser leído de forma adecuada por usuarios no nacionales: “Construir a partir de la tradición arquitectónica qatarí haciendo uso de un nuevo lenguaje, rico en referencias y fuerte en resonancias, flexible para ser hablado en distintos acentos, pero consistente para ser entendido por todos”[20]. Todo ello como una vía para restaurar los fuertes vínculos sociales que una vez definieron la sociedad qatarí, pero sin por ello renunciar a todas aquellas comodidades que se consideran propias de un estilo de vida moderno.

Expulsión y desalojo

Es bajo este alegato que centros comerciales con aire acondicionado, nuevos hoteles, oficinas y residencias de lujo sustituirán las viejas viviendas habitadas por unos trabajadores con pocos ingresos que hasta ahora encontraban en las calles de este barrio un espacio donde desplegar un tipo de sociabilidad que difícilmente puede tener lugar, al menos con la misma intensidad, en otros lugares de la ciudad en los que su presencia no siempre es bien recibida. El destino de algunos de estos residentes desalojados será ahora el mencionado nuevo complejo Barwa Al Baraha, a más de 20 km del centro, en la Industrial Area, a donde también irán a parar algunos de los negocios que regentaban (Mohammad y Sidaway, 2016: 10-11). Con capacidad para unos 50.000 residentes –de acuerdo con los datos que proporciona la promotora Barwa en su página web[21]– esta suerte de colonia emula los labour camps, igualmente situados en el extrarradio de la capital. Ubicado a prácticamente una hora de coche del centro, al final de una carretera que empieza siendo E Industrial St. –la vía rápida, de cuatro a cinco carriles por sentido, que conecta esta zona de la ciudad con el resto–, pero que termina por convertirse en una vía de tan sólo dos carriles por sentido, con grandes áreas sin urbanizar que se abren a lado y lado, combinándose con algunos tramos en obras mal señalizadas y por la que, aparte de algunos camiones de obra, circulan muy pocos vehículos.

Si bien, a diferencia de otros labour camps –sobre todo aquellos de nueva construcción como la nueva Labour City, a unos pocos kilómetros–, el complejo de Barwa no está cercado, al menos por el momento, aunque sí presenta la misma disposición y está igualmente equipado con cámaras de videovigilancia repartidas entre distintos puntos del área. Lo componen el mismo tipo de edificios de unos cuatro pisos de altura, numerados y colocados en batería a los márgenes de una avenida principal con un carril para cada sentido, separados por una mediana que en algunos tramos todavía se encuentra abierta y con restos de obra, probablemente esperando que acaben de instalar la infraestructura de algunos servicios. Es en este eje central donde confluyen perpendicularmente las pequeñas calles que dan acceso a los módulos de viviendas, algunos todavía sin ocupar y en otros casos incluso todavía inacabados, que contrastan con aquellos ya habitados. Las luces de estos últimos son unas de las pocas fuentes de iluminación, junto a la línea de farolas de la vía principal, que emiten una luz tenue que apenas aporta visibilidad. Las torres de focos repartidas por el campo se mantienen, por el momento, apagadas.

Un espacio central, a modo de plaza, separa y divide en dos las zonas de apartamentos, y concentra algunas tiendas de tecnología, de ropa, colmados, pequeñas cafeterías y algún restaurante, acompañados por otros locales todavía vacíos o señalados con un cartel que indica la próxima apertura. De manera parecida a como sucede en el actual centro de la ciudad, tanto esta zona central de tiendas como las áreas de césped que se abren en el espacio entre bloques, las aceras y los accesos a los apartamentos, devienen lugares de encuentro y se reproduce en ellos la imagen de hombres sentados, solos o en grupo, congregados charlando junto a alguna cafetería, en la entrada de alguno de los módulos de viviendas o sencillamente ocupando la acera o alguna de las zonas con hierba que sirven de mediana en la avenida principal. Como ocurre en los alrededores de otros labour camps, filas de autocares blancos se encuentran aparcados en los descampados que rodean el complejo y en los que son contados los vehículos particulares.

A modo de conclusión

Bien podemos hablar de la existencia de un mercado global de ciudades, en el que éstas competirían por atraer aquellos flujos de capitales, actividades y personas solventes que las sitúen en posiciones de privilegio, y en el que la espectacularización de la vida social en general –en los términos en los que hablara de ella Guy Debord (1992 [1967])– juega un papel fundamental a la hora de exhibir atributos singulares que la hagan reconocible y atractiva, dotada de una idiosincrasia formal y vital propia, una tendencia de la que tampoco escapan las capitales del Golfo.

Y es en el marco de esta competición interurbana por la captación de capitales que cabe leer la implementación de proyectos como el Msheireb Dowtown Doha y el papel que en él juega la tematización de lo árabe y lo qatarí, como herramientas fundamentales para generar una marca de ciudad distintiva que haga el centro de la capital del emirato atractivo para sectores sociales con mayor poder adquisitivo que aquellos que todavía ahora residen en el distrito, aunque ya esté en marcha su deportación a otros barrios. De este modo, la realización de un nuevo tipo de entorno edificado viene de la mano de una propuesta de vida específica que, de forma paralela al modo en que pretende hacerlo el nuevo espacio construido, aúna y sintetiza tradición, identidad y cosmopolitismo, pero de la que ha sido expulsada la realidad, para el caso que protagonizan los miles de trabajadores extranjeros que viven todavía en el casco antiguo de Doha en transformación, y para quienes la cotidianeidad aparece dominada por todo tipo de abusos y negaciones.

Algo importante a subrayar aquí. La presente aportación ofrece un ejemplo de dinámica de gentrificación, en el sentido que habitualmente se emplea el término en la actualidad, es decir como proceso de suplantación de vecindarios populares por otros bienestantes. Pero también advierte sobre los usos abusivos, por generalizadores, del concepto desde que fuera acuñado por Ruth Glass en los años 60 y adoptado luego por otros autores como Michael Pacione o Neil Smith, siempre para transformaciones urbanas en contextos anglosajones como Londres, Boston o Nueva York. Ha sido más tarde que el término se ha acabado por ser empleado para etiquetar dinámicas urbanísticas marcadas por dimensiones económicas, político-institucionales y socio-culturales particulares y que invitarían al uso del plural gentrificaciones (Chabrol et al., 2016) para referirse a esa heterogeneidad de dinámicas de reapropiación capitalista de las ciudades basada en la expulsión de pobres e indeseables.

Un ejemplo de ello nos lo brinda este caso del Meshreib de Doha, en que la gentrificación ha sido puesta al servicio de dinámicas de revitalización de centros urbanos, una modalidad específica y relativamente reciente de gentrificación que tiende a extenderse ya a nivel planetario (Bidou-Zachariasen, 2003). Lo que tenemos en procesos como este es que, más allá de la evidente estrategia de creación de plusvalías por medio de la intervención sobre parte del tejido urbano, y la expulsión de sus actuales residentes hacia áreas morfológica y socialmente periféricas, el proyecto Msheireb Downtown ofrece un ejemplo de cómo este tipo de expresiones de urbanización del capital en clave patrimonial funcionan también en orden a la creación de nuevos espacios de unificación simbólica y de consenso que sirven a la legitimación simbólica de las élites que se beneficiarán de su implementación y los Estados que las amparan. En este caso, como en tantos otros, el Msheireb está destinado a ser un espacio-escenario en el que, de nuevo, no habrá lugar para quienes precisamente lo habrán hecho posible con su trabajo.

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  1. Si bien la denominación reconocida internacionalmente sería la de Golfo Pérsico, el término preferido en la región árabe de este cuerpo geográfico sería el de Golfo Arábigo o Khaleej. A lo largo de este texto se ha optado por hacer uso de esta segunda denominación.
  2. El presente artículo da cuenta de las impresiones obtenidas en una aproximación al campo realizada en la ciudad de Doha en dos estadías de tres semanas cada una en los meses de marzo y julio de 2016, una investigación realizada al amparo del proyecto I+D Transformaciones urbanas, sistemas de transporte y siniestralidad vial en África (TRANSAFRICA), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad con referencia CO2015-68476-P.
  3. Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU).
  4. Gulf Cooperation Council, integrado por Bahrain, Kuwait, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.
  5. Véase la página web del proyecto en Msheireb Downtown Doha, Project Overview: [En línea] https://goo.gl/zR74Pn [18/1/2017]. Todas las citas de libros, artículos y páginas webs referenciadas en otras lenguas son traducciones propias.
  6. Recuérdese que por tematización Niklas Luhmann (1998: 77-92) entiende la reducción a la unidad de que una determinada realidad puede ser objeto, con el fin de reducir sus índices de complejidad y orientar su percepción en un sentido homogéneo. Por supuesto, tematización no es, para Luhmann, sólo sometimiento de la vida social a una simplicidad representacional inspirada en lugares comunes que son permanentemente enfatizados, sino también monitorización, es decir control de las conductas que en tales escenarios deben desarrollarse.
  7. Los trabajos sobre este tipo de procesos de recreación artificial de “centros históricos” son abundantes y remiten a casos en todo el planeta. Para una visión en perspectiva menciono a Melé (1998) y como ejemplo paradigmático, al tiempo que precedente destacable, el excelente trabajo de Cócola (2011) sobre la invención del “Barrio Gótico” de Barcelona en los años 20 del siglo pasado. Para la forma que este tipo de implantaciones se ha producido en otros países árabes, véanse los casos reunidos por Elsheshtawy (2011).
  8. Véase Msheireb Downtown Doha. Project overview. [En línea] https://goo.gl/zR74Pn [18/1/2017].
  9. La QNV 2030 es un documento publicado en 2008 en el que el emir determina las estrategias y objetivos que en principio deben guiar el desarrollo humano, social, económico y ambiental del país, como los cuatro pilares que deben sustentar todas y cada una de las acciones que se lleven a cabo tanto desde el sector público como el privado. Dichas directrices se concretan en planes quinquenales apodados Qatar National Development Strategy, donde se recogen las acciones específicas orientadas a materializar las aspiraciones de la QNV 2030.
  10. Una lógica parecida es la que están siguiendo los planes directores de otras ciudades de la Península Arábiga, como Riad y Yeda, en Arabia Saudí, o incluso en la creación de nuevas ciudades que incorporan morfologías o hitos arquitectónicos “islámicos”, como Masdar, en Abu Dabi, o el proyecto KA CARE, a 30 kilómetros de Riad (Herrero de Jáuregui, 2013).
  11. A falta de fuentes estatales o más recientes, según las cifras que proporciona Agatino Rizzo (2013: 533-534) para el año 2008, tan sólo el 20% de la población del emirato estaba nacionalizada como qatarí, mientras que el 80% restante lo conformaban trabajadores procedentes principalmente de los países asiáticos mencionados, además de otros países árabes, como Sudán, Argelia, Egipto, Jordania, Libia y Líbano, así como de los países apodados occidentales. Como parte de la falta general de datos oficiales relativos a la población foránea en el país, el estado qatarí no proporciona información desglosada por nacionalidades, y menos aquella concerniente a los ingresos de estos trabajadores (véase el último censo en Ministry of Development Planning and Statistics, abril 2015). Sin embargo, son ostensibles las amplias diferencias en las condiciones de vida de los extranjeros provenientes de países occidentales, que realizan trabajos de mayor cualificación asociados a retribuciones más elevadas, y los que proceden de países asiáticos y árabes, que ocupan puestos con menos cualificación –lo que no significa que su cualificación sea, en efecto, menor– y con salarios significativamente más bajos. Para una aproximación en mayor profundidad a las condiciones de vida de este segundo grupo y al sistema kafala de contratación en origen que dispone la presencia de trabajadores foráneos en el país, véanse los trabajos de Gardner et al. (2013) y Nagy (2006).
  12. Con el término labour camp se hace referencia a las instalaciones situadas en la periferia de la capital qatarí en las que son alojados buena parte de estos trabajadores (Gardner et al., 2013: 10). Se trata de complejos-dormitorio de un tamaño variable, donde el empleador proporciona habitación a sus empleados contratados en origen. Han sido reiteradas las críticas a nivel internacional por las condiciones de hacinamiento, falta de servicios básicos, así como por la segregación que impone este tipo de residencia en el extrarradio. Una reprobación que, tal y como se reportaba en la publicación digital Doha news (Kovessy, 5 noviembre 2015), ha motivado la construcción de nuevos enclaves, igualmente periféricos y con reforzadas medidas de seguridad y control, pero publicitados por las mejores condiciones que supuestamente ofrecen, y que tratan de limpiar la mala reputación que buena parte de los países de la Península Arábiga merece mundialmente por el trato que en ellos recibe esta mano de obra contratada en origen.
  13. Si bien estas cifras se equilibran para el conjunto de la ciudad –con un total de 956.457 residentes, sobre los más de 2,4 millones que habitan el país, en que el número de varones (706.430) sigue superando con creces el de mujeres (250.027) –.
  14. Véase la descripción de la disposición del nuevo distrito en el apartado Quarters de la página web del proyecto: [En línea] https://goo.gl/gy22iP [19/1/2017].
  15. De acuerdo con la referencia que se hace en la propia página del urbanista inglés (véase Makower Architects. Msheireb: [En línea] https://goo.gl/qwwVWt [19/1/2017]), el término Architectual Language Advisor haría referencia a una figura creada expresamente para designar el rol de Makower en la creación de este nuevo lenguaje arquitectónico.
  16. Véase el apartado A new architectural language en la página web del proyecto: [En línea] https://goo.gl/KBTio7 [19/1/2017].
  17. Véase el apartado Sustainability en la página web del proyecto: [En línea] https://goo.gl/zM8BCZ [19/1/2017].
  18. Véase de nuevo la página del estudio Makower Architects dedicada al proyecto.
  19. Tal y como recogía Le Figaro (7 marzo 2012), la población no qatarí podrá tan sólo acceder a contratos de arrendamiento a largo plazo, sin poder optar, por el momento, a la compra de vivienda o locales comerciales.
  20. Véase Msheireb Dowtown Doha. A new architectural language. [En línea] https://goo.gl/KBTio7 [19/1/2017].
  21. Véase la página que la promotora Barwa dedica al proyecto: [En línea] https://goo.gl/okn1SC [10/4/2017].


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