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1 Preservar para transformar

El “patrimonio industrial” en el proceso de recualificación del barrio de Barracas
(Buenos Aires, Argentina, 2003-2015)

Silvia Hernández[1]

Introducción[2]

Barracas, al sudeste de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), es un barrio de marcada historia portuaria e industrial, que albergó desde fines del siglo XIX grandes establecimientos manufactureros. El proceso de desindustrialización nacional y la mudanza de plantas al Gran Buenos Aires desde la última dictadura cívico-militar (1976-1983) forzó el cierre de muchos de estos establecimientos, provocando una caída de la actividad general del barrio y una degradación de las condiciones de vida de sus habitantes (González et al., 2015). En la década de 1990 se inició una nueva oleada de cierre de plantas, efecto de una serie de políticas desfavorables para la producción, así como de la concentración de la industria alimenticia, que dejó en desuso numerosos inmuebles industriales, algunos de los cuales fueron adquiridos por inversores inmobiliarios.

Comienza así una tendencia al reciclaje de fábricas, talleres, almacenes, depósitos e infraestructuras ferroviarias desafectados y a su refuncionalización como destinos prioritariamente comerciales, como parte del creciente desarrollo de los servicios en la economía urbana. Esto se acentuó en los años 2000 con la incorporación de nuevas refuncionalizaciones de edificios fabriles orientadas también a residencias de categoría, dentro de un proceso más amplio de extensión del centro de la ciudad hacia los barrios del sur, especialmente del sudeste. Ello fue acompañado, por una inédita movilización por parte de los desarrolladores inmobiliarios y de sus aliados, de la categoría de “patrimonio industrial” como aspecto emblemático de Barracas.

En este trabajo se analizarán la circulación y los sentidos que adquiere dicha categoría dentro del proceso más amplio de patrimonialización y recualificación de Barracas que cobra fuerza luego de la crisis de 2001-2002; un proceso que, si bien no se realiza sin contradicciones[3], se orienta en favor de una reconversión de usos hacia las residencias y los servicios, y de una elevación del valor del suelo. En el discurso que acompaña la recualificación, las fábricas refuncionalizadas en los años 2000 aparecen como marcador de distinción y originalidad, en contraste con otras zonas de la ciudad que habrían perdido personalidad a causa de la gran cantidad de demoliciones y nuevas construcciones entre 2003 y 2008. Contribuyen, luego, a compensar simbólicamente el desclasamiento y el riesgo que supone invertir en el “sur”, área históricamente estigmatizada como peligrosa, degradada u olvidada. Se presentan, por último, como iniciativas “de interés cultural y comunitario” en respuesta a una “demanda de los vecinos”[4]: la caracterización de las refuncionalizaciones como proyectos que implican una “puesta en valor del patrimonio” tiende a diluir los aspectos conflictivos y de clase del proceso de recualificación, desdibujando su orientación hacia sectores de alto poder adquisitivo y permitiendo a los promotores inmobiliarios sortear el conflicto existente en Barracas desde 2007[5].

En primer lugar, este artículo retoma brevemente la emergencia de la categoría de patrimonio industrial tanto en ámbitos académicos como en la gestión cultural y la preservación patrimonial, y ubica el modo en que ha sido abordada la cuestión del patrimonio industrial en el estudio de procesos de recualificación urbana. Luego, se desglosan las condiciones más inmediatas en las cuales emerge la categoría de “patrimonio industrial” en Barracas, para mostrar que, si bien el proceso analizado tiene características novedosas, se monta sobre algunas iniciativas y narraciones precedentes. Finalmente, se analizan algunos de los principales sentidos discursivos e ideológicos que adquiere el “patrimonio industrial” en las prácticas discursivas de distintos actores implicados (desarrolladores inmobiliarios, agencias de marketing, la exposición de arquitectura, diseño y decoración Casa FOA, el diario La Nación, y entidades gubernamentales como el Ministerio de Desarrollo Económico, el Centro Metropolitano de Diseño –CMD– y el Distrito de Diseño), emergiendo como el rasgo distintivo de Barracas que permite legitimar un proceso de recualificación orientado hacia nuevas actividades (servicios e “industrias creativas”) y hacia residencias para sectores medios y altos.

El objetivo del trabajo es mostrar cómo la categoría de “patrimonio industrial” se inserta en la pugna de los actores del mercado inmobiliario por fijar el sentido del cambio de imagen del barrio y cómo la historia fabril es retomada en una narración que justifica los nuevos proyectos. Asimismo, se mostrará que los sentidos asociados al patrimonio industrial distan de ser un conjunto coherente y unificado: el discurso patrimonial ofrece una matriz de producción de sentido versátil, capaz de funcionar en estrategias disímiles, y de albergar formas heterogéneas de patrimonialización del paisaje industrial.

Acerca de las estrategias de abordaje y de la metodología

Este análisis se interesa por cómo los discursos, las representaciones y los mitos contribuyen de manera específica a la conformación de la geografía simbólica de la ciudad. Por ejemplo, la sanción de un área o un inmueble como “patrimonio” recualifica al objeto en cuestión, modifica la imagen del lugar donde se emplaza y reestructura su posición respecto de otros lugares. Por ello, contra ciertos sentidos que aparecen como evidentes, este trabajo focaliza en las prácticas discursivas que nombran, dividen, jerarquizan, cualifican a ciertos inmuebles en particular y al barrio de Barracas en general. Esto supone comenzar por una desnaturalización del valor patrimonial como cualidad de los objetos. Contrariamente a un esencialismo que presupone que el patrimonio es un atributo de bienes y prácticas, el valor patrimonial es un efecto de atribución, y el “patrimonio” es un modo histórico, entre otros posibles, de objetivar y tratar la memoria colectiva.

Esta problematización se ubica en un espacio intermedio entre dos vertientes teóricas principales. Por un lado, los estudios en comunicación, entendidos como aquellos atravesados por una preocupación acerca de la ideología, el discurso y la producción de subjetividades[6] y dedicados al análisis de la producción social de significaciones y la politicidad de dichos procesos (Caletti, 2002). Por el otro, una sociología urbana crítica que, preocupada por la producción y los efectos de sistemas de clasificación social y espacial, permite abordar los procesos de transformación del barrio atendiendo a la conformación disputada de espacios sociales. Aquí, se retoma el concepto acuñado por Pierre Bourdieu de “luchas de clasificación”, que permite dar cuenta de las luchas que se orientan a establecer principios de división del mundo y que arroja luz sobre el carácter procesual y conflictivo de los sistemas clasificatorios que dan consistencia al sentido común en una sociedad dada (Bourdieu 1985; 2012 [1979]; Depaule y Topalov, 1996; Topalov, 2002).

El trabajo se basa en observaciones realizadas en campo y en el análisis de distintos tipos de documentos. Respecto del material de prensa, se privilegió el diario La Nación (dada su alianza con actores del mercado inmobiliario y con otros actores intervinientes en la recualificación de Barracas, como Casa FOA, y por su apoyo al partido político Propuesta Republicana (PRO), gobernante en la ciudad desde 2007), y el suplemento de arquitectura y urbanismo “Metro Cuadrado” del diario Página/12 (opositor al PRO), suplemento cuyo editor se posicionó en favor de la preservación patrimonial en la ciudad, convirtiéndose así en un importante aliado de las asociaciones vecinales patrimonialistas. Más allá de este privilegio, se recurre también a otras fuentes hemerográficas, tanto de prensa nacional como local y de archivo[7]. Se utilizan también entrevistas realizadas en 2014 con un arquitecto responsable de una de las refuncionalizaciones y con una funcionaria a cargo de la política de distritos económicos[8]. Se recurrió además a un conjunto heterogéneo de documentos, que abarcan folletos, publicidades, guías turísticas y material promocional, sitios web de actores relevantes (de las desarrolladoras de las refuncionalizaciones, del CMD), con el fin de relevar el modo en que aparecen la arquitectura y el paisaje industrial y en que son relatadas las operaciones sobre ellos ejercidas. Finalmente, este estudio se completa con observaciones y visitas al campo que incluyen la participación en visitas guiadas y exposiciones ligadas a la cuestión del patrimonio en Barracas.

La emergencia del patrimonio industrial en el marco de los procesos contemporáneos de transformación urbana

Los cambios en el modo de acumulación capitalista que, con distintos ritmos, se dieron en la segunda mitad del siglo XX, son fundamentales para comprender la emergencia histórica de lo industrial como un tipo específico de patrimonio. El crecimiento del sector de servicios dentro de las economías urbanas, la importancia adquirida por el sector financiero en detrimento del productivo, la desconcentración de los procesos productivos en establecimientos pequeños, provocaron, entre otros efectos, que grandes establecimientos fabriles, infraestructuras de transporte, y otras instalaciones como galpones y depósitos, quedaran obsoletos y desafectados. Este proceso hizo posible que los edificios industriales (así como las maquinarias, los molinos, las chimeneas, etc.) pudieran ser separados de su función utilitaria y recibir una nueva significación, esta vez estética. Entonces, es posible sostener que, en tanto modo de reinscripción simbólica de las fábricas obsoletas en un nuevo discurso sobre la ciudad, el “patrimonio industrial” constituye una respuesta ideológica a la transformación del modo de producción y a las consecuencias de este proceso en la economía y la morfología de las ciudades.[9]

A mediados del siglo pasado, el patrimonio industrial emergió en estudios académicos y en ámbitos ligados a la gestión cultural y la salvaguarda patrimonial. En 1955, en un artículo publicado en la Universidad de Birmingham, Michael Rix denominó “arqueología industrial” a una naciente disciplina encargada de producir un saber acerca de los “monumentos industriales”. Esta disciplina fue reconocida institucionalmente tan sólo cuatro años después, con la creación por el Consejo Británico de Arqueología del National Survey of Industrial Monuments, organismo consagrado a la preservación de esta arquitectura.

Un evento pionero en la consideración específica de las fábricas desafectadas como objetos patrimoniales fue el primer Congreso Internacional para la Salvaguarda del Patrimonio Industrial realizado en 1973 en Ironbridge, Gran Bretaña, del cual se desprendió la creación del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH, sus siglas en inglés), que desde la década de 1980 es asesor del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS-UNESCO). Asimismo, la Convención de Granada para la Salvaguarda del Patrimonio Arquitectónico de Europa de 1985 sumó a los criterios de patrimonialización existentes (interés histórico, arqueológico, artístico, y científico), el interés social y técnico, lo que permitió incluir fábricas y demás construcciones de abastecimiento, infraestructura y transporte. El impulso a la patrimonialización se tradujo también en una promoción de las refuncionalizaciones: en la misma declaración de Granada se subrayó la necesidad de una reafectación del patrimonio a nuevos usos, algo que ya había sido mencionado en la Carta de Venecia del ICOMOS de 1964.

La primera inscripción de un edificio industrial en la lista de patrimonio cultural de la UNESCO llegaría en 1994, con el complejo siderúrgico Völklingen (Alemania). Al año siguiente, Louis Bergeron, presidente del TICCIH, propuso descartar el giro “arqueología industrial” y hablar de “patrimonio de la industria”, incorporando el argumento de la memoria sociocultural:

[…] la herencia de la civilización industrial es también toda una memoria del trabajo, toda una historia de la organización del trabajo, de los métodos de producción, más allá incluso de la tecnología de las herramientas stricto sensu. Ello le da al estudio de la arqueología industrial una dimensión humana, social y de identidad, que le confiere su pleno valor y, sobre todo, su derecho a formar parte del conjunto del patrimonio nacional con la misma categoría que la historia de la literatura, de las bellas artes o de las grandes corrientes espirituales de un país en concreto. (Bergeron y Dore-Ferré, 1996:177)

La emergencia de lo industrial como patrimonio en ámbitos académicos y de gestión cultural puede ser analizada a la luz de otros procesos: los de recualificación urbana y de generación de nuevas tipologías residenciales, ligados a transformaciones en las sociedades del capitalismo tardío. El lugar de la cultura y del patrimonio (en este caso, industrial) ha sido ampliamente relevado en estudios sobre gentrificación y recualificación urbana, que han mostrado cómo, desde la década de 1980, en el marco del mencionado retroceso de la producción manufacturera en las ciudades de los países centrales (y, posteriormente, en algunas ciudades de otras partes del globo) y de una creciente competencia interurbana (por la cual las ciudades se enfrentan entre sí a la hora de atraer y retener capitales, profesionales, turistas, etc.), el patrimonio permite revalorizar la identidad local como “marca” y generar espacios “únicos” explotables como recurso económico (Carman, 2006; Harvey, 2013; Lacarrieu et al., 2004; Yúdice, 2002; Zukin, 1995; Zunino Singh, 2006). Estos estudios focalizan en el lugar de una economía simbólica en los procesos de mercantilización del espacio urbano que, en muchos casos, desencadenan gentrificación (Deutsche, 2001; Zukin, 1995). La cultura urbana, el patrimonio y el arte público, movilizados por actores corporativos, del sector público y/o por actores del campo artístico y cultural, devienen fuerzas activas en la resignificación de los espacios urbanos y en el establecimiento y justificación de principios de inclusión/exclusión de sujetos, dejando a la vista la relación entre capital cultural, político y económico en la producción de la ciudad contemporánea. En este marco, autores como Julier (2005) muestran que la patrimonialización de edificios e infraestructuras industriales obsoletas constituye una respuesta, con variaciones según las ciudades, a los efectos en el ámbito urbano de las transformaciones del modo de producción dominante. También, distintos estudios han mostrado la correlación entre la promoción cultural y patrimonial de las administraciones locales y procesos de aumento de la rentabilidad del suelo (Julier, 2005; Rousseau, 2010), aporte fundamental dada la importancia que adquieren en Latinoamérica los gobiernos locales en la conducción de procesos de recualificación y gentrificación (Di Virgilio y Guevara, 2015; Herzer, 2008; Herzer, 2012; Janoschka y Sequera, 2014; Rodríguez et al., 2012).

En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, un caso relevante es el de Puerto Madero, que por lo general es tratado como un caso emblemático de “empresarialismo urbano” (Cuenya y Corral, 2010; Di Virgilio y Guevara, 2015; Rodríguez et al. 2008). Menos atención se presta a que, en su primera etapa, fue un caso relevante de refuncionalización acompañada de patrimonialización de la infraestructura portuaria. En 1991 se declaró la zona como distrito especial U32 (“Área de Protección Patrimonial Antiguo Puerto Madero”) y en 1993 se aprobó una reglamentación específica para la preservación de los depósitos portuarios, calificados como “arquitectura industrial inglesa” por la Corporación Puerto Madero, a cargo del proyecto. Aquí el discurso patrimonial fue usado para aportar un valor distinguido a los docks y para justificar la intervención sobre la Costanera Sur, que, al ser referida como “patrimonio” incrementaba su prestigio simbólico (Girola et al., 2013).

Por otra parte, el desarrollo del loft como tipología residencial ligada a la refuncionalización de fábricas en desuso comenzó a instalarse en el mercado inmobiliario de los Estados Unidos desde la década de 1970. Tal como señalan distintos estudios (Sequera, 2015; Zukin, 1989 [1982]), los lofts, asociados al modo de vida de los artistas, devinieron un modelo residencial y cultural para sectores medios y altos, y las fábricas desafectadas se convirtieron progresivamente en un novedoso soporte de expresión para la sociedad postindustrial. Uno de sus impulsores en Buenos Aires fue el artista y empresario inmobiliario Osvaldo Giesso. En los años 1980 promovió el reciclado de fábricas en desuso en San Telmo con destino residencial, de la mano de la formación de un clima artístico y bohemio. Asimismo, en otras zonas de la ciudad ya existían refuncionalizaciones de infraestructura industrial a gran escala, como los silos de Dorrego, los lofts de Darwin o los mencionados docks de Puerto Madero. También, grandes centros comerciales como el Spinetto (1988), el Alto Palermo (1990), o el Abasto (1998) se emplazaron en antiguas fábricas y mercados. Sin embargo, el caso de Barracas se distingue de éstos en tanto aquí la categoría de “patrimonio industrial” trasciende una recualificación restringida a unos edificios en particular y emerge como un elemento central de la nueva identidad de un barrio.

La emergencia del “patrimonio industrial” en el proceso de recualificación de Barracas

Tras la salida de la crisis económica iniciada a fines de los años 1990, la Ciudad de Buenos Aires experimentó desde 2003 y, mayormente, desde 2005, un marcado aumento de la actividad de la construcción que se mantendría hasta fines de dicha década. Durante los primeros años de este auge, la mayor cantidad de inversiones –especialmente para la construcción de viviendas de categoría de varios pisos– se concentró en barrios ya previamente más cotizados ubicados en el centro y norte (Baer, 2008) y mostró una tendencia a la construcción de nuevos edificios de gran altura. Este “boom” tuvo su contrapartida en conflictos llevados adelante desde 2006-2007, donde agrupaciones barriales y ONGs como Basta de Demoler, acompañados por algunos medios de prensa y por funcionarios y políticos de la oposición al gobierno, se alzaron contra las demoliciones y la verticalización, movilizando categorías como la de “torres”, “construcción indiscriminada” y “especulación inmobiliaria”.

A partir de 2007, con el encarecimiento y la escasez de terrenos vacantes en los barrios más demandados, las miradas de algunos grandes inversores inmobiliarios se volcaron hacia Barracas, un barrio que hasta entonces no había mostrado mayor movimiento ni aumentos en el precio del suelo, históricamente bajo en comparación con el resto de la ciudad.[10] Dada su cercanía al centro, se volvió una zona posible de inversiones. Según datos del Ministerio de Desarrollo Urbano de la ciudad, en 2001, inmediatamente antes de la eclosión de la crisis, el valor del metro cuadrado en Barracas representaba el 60% del promedio del valor en la ciudad (U$S335 contra U$S550). Sin embargo, en diciembre de 2008, esta relación había pasado a ser del 70% (U$S821 contra U$S1149). Además, existen diferencias entre los barrios al sur: mientras que en diciembre de 2001 el precio promedio en Barracas superaba sólo en un 20% a La Boca (U$S335 contra U$S271), para diciembre de 2008 esta diferencia se había hecho del 74% (U$S821 contra U$S470).

Entre 2000 y 2004 los pedidos de permisos de construcción otorgados en Barracas estuvieron en promedio entre el 1 y el 1,5% de los pedidos totales de la ciudad durante el quinquenio, mientras que el barrio de Palermo concentraba en promedio el 7,5%. En 2008, Barracas alcanzó el 2,1% de los permisos otorgados en la ciudad, con un importante incremento de permisos en viviendas “lujosas” y “suntuosas”[11]. Asimismo, aumentó el peso de Barracas en la distribución porcentual por barrio de metros cuadrados en departamentos entre 2001 y 2011, pasando de un 0,6% a un 1,9%, dato que permite hablar de una tendencia a la residencialización. Dentro de Barracas existen heterogeneidades en el precio del suelo: al este de la autopista 9 de Julio Sur, donde se concentra la mayor densidad y actividad comercial, los precios son más elevados que en la zona centro o sur. Según datos del Ministerio de Desarrollo Urbano, todos los terrenos ofertados en el barrio en 2008 y 2009 se ubicaban en zonas aptas para construcciones de varios pisos, favoreciendo una tendencia a la verticalización.

La viabilidad de Barracas como zona alternativa de inversiones requería, no obstante, una recualificación simbólica que permitiera despegarlo de la histórica imagen negativa del “sur” y lo hiciera atractivo tanto para inversores como para clientes.[12] En este marco, la categoría de “patrimonio industrial” comenzó a tener una importante circulación en prensa especializada como el rasgo distintivo del “renacimiento” de la zona. La muestra anual de decoración Casa FOA realizada en 2005 en la fábrica refuncionalizada Barracas Central fue un momento decisivo en este sentido. A fines de ese año, el editor del suplemento “Metro Cuadrado” realizó un balance anual de la cuestión patrimonial en la ciudad y destacó en primer lugar:

Este va a ser recordado como el año en que despegó Barracas, el lado sur que continúa físicamente ese éxito inmobiliario llamado Puerto Madero. Ya se siente una electricidad en ese barrio, que en los últimos años recicló mejor o peor algunos edificios industriales para destinos comerciales. La etapa actual es la de creación de vivienda de alto impacto y estilo, reutilizando también edificios como el de Bagley, en el emprendimiento Moca, y la vieja fábrica de hilados donde se realizó el FOA 2005, un proyecto impecablemente respetuoso del aspecto patrimonial del bello, muy bello, edificio de cúpula y manzana completa, triangular. (“Un año de patrimonio”, Metro Cuadrado, Página/12, 17/12/2005)

Pero esta emergencia hundía sus raíces en procesos previos. Ya en la década de 1980 algunos arquitectos, historiadores y urbanistas habían señalado la arquitectura industrial en Barracas como una tipología reutilizable y patrimonializable.[13] La posible convergencia de patrimonialización y refuncionalización de la arquitectura industrial aparecía en el Inventario de Patrimonio Urbano de Barracas (IPU-B) de 1989[14], que separaba al patrimonio de la monumentalidad y se lo resituaba en lo cotidiano de la vida barrial. El acento estaba puesto en la refuncionalización como modo de reintegrar la arquitectura industrial (devenida patrimonio) con las necesidades actuales del barrio:

El patrimonio arquitectónico y urbano es parte integral de la identidad de un barrio y es por esto que su puesta en valor y protección requiere de precisa identificación, clasificación, análisis y amplia difusión para que sea reconocido por todos. Las barracas, que en su conjunto identifican este barrio, son edificios significativos que le dan carácter a una esquina, a una calle o a una manzana. Este ejemplo de arquitectura industrial ladrillera es representativo del patrimonio construido en el barrio, que es necesario poner en valor adecuándolo a un nuevo uso correspondiente con las necesidades actuales de trabajo, educación y vivienda. (IPU-B, 1989:163)

Las refuncionalizaciones propuestas durante la década de 1980 apuntaban generalmente a la creación de entidades públicas o para la comunidad local.[15] En cambio, las refuncionalizaciones a partir de 2003 estuvieron principalmente impulsadas por grandes actores del mercado inmobiliario que orientaron las residencias y oficinas producidas a sectores de alto poder adquisitivo. En los proyectos de mayor visibilidad, el valor patrimonial resultará un plus de distinción tanto de los inmuebles en cuestión como de la zona en general, y, posteriormente, una estrategia de afirmación de una vocación ética de preservación de la identidad local, en una coyuntura ya marcada por el conflicto contra la construcción de “torres”. En el marco del conflicto “anti-torres” mencionado, la asociación vecinal Proteger Barracas (fundada en 2007 y aún existente) rechazó desde entonces las “construcciones en altura” argumentando la necesidad de “preservar el patrimonio” barraquense y la “calidad de vida de los vecinos”.

Veremos a continuación qué sentidos fueron asignados al “patrimonio industrial” y cómo esta categoría se vinculó, en la estrategia de los impulsores de la recualificación de Barracas, con memorias preexistentes y con formas heterogéneas de intervención sobre el paisaje industrial.

Un barrio con “olor a galletitas”: la revitalización de la memoria olfativa barrial

Una de las operaciones discursivas centrales es el recurso a la memoria local, a la nostalgia, que permite enraizar los actuales proyectos inmobiliarios en la historia afectiva del barrio. En otros términos, la categoría de “patrimonio industrial” fue movilizada apelando no sólo a lo arquitectónico, sino también a imágenes propias de la memoria barrial. La agencia de marketing “Remolino”, a cargo de la promoción de la ex fábrica Bagley (devenida complejo residencial “MOCA Viviendas Creativas”), creó en 2006 la etiqueta “Barracas Dulce” para designar la zona más céntrica, cercana a los barrios de San Telmo y Constitución, movilizando la imagen olfativa del “olor a galletitas”.[16] Según Gastón Trajtemberg, representante comercial de Copelle, desarrolladora de MOCA: “Barracas dulce es lo que está entre la ex Canale y la antigua Bagley […]. El barrio es recordado por todos los que vivían acá por el olor que había y por la atracción que generaban estas dos fábricas.”[17] Esta referencia captura la pregnancia que el aroma posee en la memoria de los locales (“Amábamos el aroma a vainillina que emanaba de Bagley”, dice un nacido en Barracas)[18] y se expande hacia los artículos periodísticos que anuncian el “renacimiento” de Barracas:

Barracas dulce: un barrio que crece al Sur con el recuerdo del aroma a galletitas

A medida que el Sur de la Ciudad crece y se equipara con los barrios del Norte, la tendencia a reciclar las viejas fábricas de galletitas se cotiza en alza. Canale, Bagley y Terrabusi lideran los proyectos que se combinan con la nostalgia.

El olor a bizcochos y galletitas recién horneadas todavía es un recuerdo presente entre los vecinos de Barracas. La vigencia del aroma suave permanece en la memoria mientras las antiguas fábricas de Canale y Bagley se transforman. La primera se convirtió este año en escenario de la muestra de decoración “Casa FOA” y la segunda está en obra para ofrecer muy pronto un complejo de departamentos de lujo llamado: viviendas creativas “MOCA”. Por eso, el sector que delimitan en uno de los barrios más antiguos de la ciudad, adquiere un nuevo nombre: Barracas dulce. (“Barracas dulce: un barrio que crece al Sur con el recuerdo del aroma a galletitas”, Clarín, 20/11/2006)

El olor a galletitas remite a un pasado barrial añorado, dorado, mítico, sin conflicto: los años de la infancia, y cuenta su historia a partir de la percepción olfativa de niños, vecinos y consumidores. Este recurso sensorial contribuye al proceso de cualificación del barrio en dos sentidos: por un lado, lo separa del “gris” y del “abandono” con que se lo caracterizó en años previos, y, por el otro, lo integra al conjunto de los barrios deseables y con identidad propia. Esta apelación sensorial se combinará, como veremos, con otras referencias a la memoria barrial y con un énfasis puesto en otro tipo de operaciones, como por ejemplo el recurso al color y al diseño para conjurar el gris que se atribuye al paisaje industrial.

Central Park y MOCA: Los desarrollos inmobiliarios como “polos culturales”

Además del recurso a la memoria afectiva del barrio, en la estrategia de desarrolladores y sus aliados, los gerentes de las fábricas refuncionalizadas se esfuerzan por aparecer como actores culturales del barrio, lo cual permite apartar estos emprendimientos inmobiliarios del reino del interés económico y los acerca al del aporte desinteresado al bien común. Asimismo, la puesta en marcha de iniciativas vinculadas al arte y la cultura compensa anticipadamente el “desclasamiento” que el sur significa para posibles clientes. Finalmente, el recurso al patrimonio industrial, a la promoción cultural y al color constituye una respuesta al desafío estético que supone la imagen industrial de los edificios así como el paisaje industrial “gris”.

En Central Park (ex imprenta Fabril Financiera), un complejo de oficinas y comercios ubicado en una antigua fábrica que ocupa toda la manzana[19] funciona el “Sector de los Artistas”, con estudios tipo loft. En 2004 los artistas que tenían allí sus talleres eran tres; menos de una década después ya se habían instalado más de diez, en su mayoría consagrados en el espacio local, y en la actualidad, se cuentan unos veinticinco artistas. En mayo de 2011 se hizo la primera edición de “Talleres Abiertos de Par en Park”, un evento que se promocionaba como una “apertura a la comunidad” y que consistía en la apertura al público de los ateliers (con posibilidad de venta de obra) complementada con un desfile de modas, que anticipaba la creación del Distrito de Diseño que llegaría dos años más tarde al barrio.

Por otro lado, en 1998 los propietarios encargaron al artista plástico Pérez Celis la pintura de la fachada, hoy devenida su rasgo característico, y en 2001 éste realizó una escultura visible desde la autopista 9 de Julio, dando cuenta de la centralidad otorgada al arte y al color en la reconversión del “gris” asignado al paisaje fabril:

“Barracas arty. […] ‘En Recoleta esto hubiera sido un mamarracho, pero en este barrio tan gris vino a revitalizar la zona’ dice Bernardo Fernández, presidente de la firma y responsable de semejante jugada. Con un banco interno, piscina y bar-restaurante, aquí conviven en perfecta armonía las oficinas de los empresarios con los talleres de los mejores artistas.”[20]

Por su parte, el complejo “Viviendas Creativas MOCA”, emplazado en la antigua fábrica de alimentos Bagley, fue promocionado desde su lanzamiento en 2007 por sus desarrolladores como poseyendo todas las prestaciones de un barrio cerrado (country) pero en un espacio urbano céntrico[21], aspecto en el que no difiere del modo en que se promociona cualquier otro edificio de categoría.

Ahora bien: en las “torres country[22] el esfuerzo de desarrolladores y residentes está puesto en un “trabajo de enclavamiento” que mantenga –o que proporcione al menos la ilusión de– cierta separación entre el interior pretendidamente homogéneo y el exterior (Elguezábal, 2015), aspecto que se observa en MOCA cuando se lo promociona como un country cerca del centro. Sin embargo, también aquí se observa el movimiento inverso: si bien el edificio no se encuentra oficialmente catalogado, el patrimonio y la actividad cultural forman parte del corazón del programa llevado adelante por los desarrolladores para legitimar su presencia y promover a Barracas como barrio deseable para grupos acomodados. Por ejemplo, en el Salón del Mercado Inmobiliario 2009 organizado por el diario La Nación, Viviendas Creativas MOCA obtuvo el premio a la Excelencia Inmobiliaria en la categoría Restauración y Puesta en Valor. Por otra parte, la generación y la promoción de “poros” culturales –como el espacio PICA (una vidriera que abría al interior y que exhibía obras de artistas nóveles), el Centro Cultural MOCA y la Fundación Lebensohn (con actividades culturales y exposiciones artísticas gratuitas), las visitas guiadas o las muestras especiales como “Fuga industrial” [23]– formarían parte de un trabajo de “desenclavamiento”: aparecen como vasos comunicantes entre el interior y el exterior, y como muestras de la voluntad de los desarrolladores de contribuir a la vida del barrio.

El “patrimonio industrial” como emblema de Barracas: el rol de Casa FOA[24]

Además de los desarrolladores inmobiliarios, la exposición de diseño, decoración y arquitectura Casa FOA[25] (realizada en Barracas en 2005, 2006, 2011 y 2012) tuvo un rol central en la movilización de la impronta industrial como rasgo diferencial del barrio. En todas sus ediciones, Casa FOA pone de relieve el “valor patrimonial” de los inmuebles donde se instala, sin abrir la discusión sobre los usos de los edificios reciclados ni sobre sus efectos en la zona. Casa FOA no sólo promueve el diseño y la decoración, sino también el desarrollo inmobiliario del lugar donde se instala. En palabras de Marcos Malbrán, organizador: “todas las obras realizadas tienen carácter de permanencia ya que, detrás de la exposición, hay un proyecto inmobiliario.”[26] Por su parte, el “valor patrimonial” aparece siempre como un gesto de responsabilidad de la muestra para con los “vecinos” del lugar: “En todos los casos, la memoria urbana de los edificios monumentales se activó con propuestas de diseño contemporáneo”.[27] El recurso al patrimonio permite tomar distancia del interés puramente económico, de forma similar al recurso a la cultura en MOCA y Central Park.

Si bien las localizaciones predilectas de las exposiciones de Casa FOA han sido desde sus comienzos Barrio Norte y Recoleta (barrios del norte ligados a la burguesía tradicional argentina), la exposición ha salido en ocasiones hacia otros lugares, iluminando o bien tipologías residenciales novedosas orientadas a sectores de alto poder adquisitivo (como lofts en Palermo en 1989 y 1992, y countries en las afueras de la ciudad en 1996 y 1997), o bien zonas que estaban siendo producidas como suelo atractivo para la inversión inmobiliaria (como Puerto Madero en 1993 y 1999, y Barracas a partir de 2005). La primera exposición en el sur de la ciudad se hizo en un edificio histórico de San Telmo en 1995 y permaneció como un episodio aislado. Recién desde 2005 se hicieron frecuentes las locaciones situadas en la zona sur, más precisamente en Barracas, tomando cada una de estas ediciones una antigua fábrica en vías de refuncionalización. Este desplazamiento geográfico y de tipología edilicia fue acompañado por la ampliación de los alcances de la categoría de “patrimonio” empleada por los organizadores a la hora de justificar la elección del edificio sede. “Patrimonio” no podía restringirse ya a los hôtels particuliers o a la arquitectura francesa del norte de la ciudad: el análisis de artículos publicados por el diario La Nación, principal medio de comunicación promotor de las exposiciones, del sitio web de Casa FOA y de otros artículos de prensa, muestra que la elección de fábricas refuncionalizadas en Barracas en 2005 y 2006 vehiculiza la estrategia de consolidación del “patrimonio industrial” como factor de atracción para la oferta y demanda inmobiliarias.

La edición de 2005 se realizó en Barracas Central, ex textil Piccaluga, cuyos lofts de categoría salieron a la venta una vez terminada la muestra.[28] Casa FOA trajo aparejada también una intervención sobre el entorno: antes de la feria, los frentes de las casas del Pasaje Lanín (sobre uno de los laterales del edificio), que habían sido pintados con diseños abstractos en 2001 por iniciativa del artista plástico Marino Santa María, fueron cubiertos por coloridas venecitas. Se puso de relieve la arquitectura industrial como un valor patrimonial, convocando aspectos estéticos y afectivos: “[…] el sitio elegido es una esquina muy querida para los vecinos del barrio de Barracas porque representa algunas de las corrientes estéticas que influyeron en la arquitectura industrial rioplatense de principios del siglo pasado.”[29]

Casa FOA 2006 se hizo en el Palacio Lezama (ex-Canale, fábrica de productos alimenticios)[30]. La mención al edificio como “patrimonio industrial” es central, y la preservación de las antiguas instalaciones se presenta como respuesta a una demanda de los “vecinos”:

“Al igual que en Barracas Central y otra decena de inmuebles donde se realizó la exposición, la recuperación arquitectónica del Palacio Lezama vuelve a ser una pieza clave. Gran parte del interior del edificio y la fachada serán reciclados y el emblemático reloj de la torre, que quedó en desuso casi al mismo tiempo que cerró la fábrica, volverá a funcionar gracias al pedido de todos los vecinos”, cuenta Inés Campos Malbrán. (“Casa FOA renueva su apuesta en el Sur”, La Nación, Información general, 01/09/2006)

Por un lado, la inserción de la arquitectura industrial en el paisaje contemporáneo a través del reciclado refuerza lo que aparece como una “continuidad natural” entre el “pasado industrial” y las actuales oficinas. Por el otro, se opera un corte entre el “declive industrial” y la actual “revitalización”, como se observa en la elipsis de los cien años y la contraposición entre el “caos” y el “palacio”:

Palacio Lezama: patrimonio urbano

Reciclar el pasado

Proponen oficinas con servicios cinco estrellas como destino para la antigua fábrica de bizcochos. […] Casi cien años más tarde, y de prosperar la actual iniciativa, ese caótico conjunto de hormigón y ladrillo se convertirá en el Palacio Lezama, un ejemplo de cómo la arquitectura industrial del siglo pasado puede insertarse en el paisaje contemporáneo y adaptarse a las exigencias del mercado inmobiliario. (“Reciclar el pasado”, La Nación, Sección Arquitectura, 18/10/2006)

Casa FOA volvió a realizarse en Barracas en 2011 en el actual Centro Metropolitano de Diseño (CMD, ex-Mercado del Pescado)[31]; y en 2012, en Molina Ciudad, ex-Alpargatas (Planta 2)[32]. En estas dos ediciones, los sentidos asociados con la categoría de “patrimonio industrial” se reconfiguran por efecto de las protestas de “vecinos patrimonialistas” del barrio y de otras partes de la ciudad en curso desde 2006. Así, se observan marcas discursivas de la urgencia de los actores ligados a las refuncionalizaciones por posicionarse como “defensores del patrimonio” en una coyuntura donde el conflicto por las demoliciones y la verticalización se encontraba avanzado.

Uno de los sentidos novedosos es la aparición del discurso de la “sustentabilidad”: reciclar edificios obsoletos sería una práctica “sustentable”. Si por un lado, y teniendo en cuenta que la edición 2011 se realizó en un edificio de gestión pública, ello se relaciona con las declaraciones desde el gobierno local del objetivo de impulsar una “ciudad verde”, por el otro aparece como una toma de posición en el escenario de conflicto donde no sólo se cuestionaba la construcción de “torres” en términos ambientales (Azuela y Cosacov, 2013), sino que también el rechazo a la “especulación inmobiliaria” amenazaba con volverse en contra de la gestión del propio Jefe de Gobierno Mauricio Macri (2007-2015), acusado de favorecer y participar de ella. En este marco, la aparición del discurso de la sustentabilidad puede interpretarse como un intento por parte del gobierno local y de los actores inmobiliarios por mostrarse preocupados por la cuestión urbana: se sancionan ciertos edificios como “patrimoniales” y su reciclado es mostrado como una “puesta en valor” respetuosa del paisaje, por contraste con las “torres”, que serían incrustaciones artificiales y no “sustentables”.

Preservación histórica

La estructura principal del cuerpo del edificio [de la ex Alpargatas] se restaurará y se conservarán todos los rasgos que hagan a la identidad y la historia del lugar: la chimenea, las pilastras y los ornamentos. […] “Es una gran puesta en valor lo que estamos haciendo”, [dice] Aglianon [director de GES]. “Ahora estamos justo en la etapa de demolición. Pero no hay demolición por sí misma y eso que podríamos demoler todo y hacer dos torres inmensas, porque el código [de Planeamiento Urbano] da. No nos interesó y a la gente que compró tampoco. Ellos pagaron por este pedazo de historia”, agrega Barenboim. […] (“La huella de Alpargatas”, El cronista, Sección Real Estate, 26/04/2012)

El arquitecto levantaba acta del conflicto en torno de las demoliciones, y se anticipaba: “no hay demolición por sí misma”. La “puesta en valor” aparece como una actitud ética –“podríamos demoler todo y hacer dos torres inmensas”– mediante la cual legitima sus intervenciones poniéndose por fuera del blanco de ataque de los “vecinos patrimonialistas”. En esta “revitalización” del barrio, que aparece como respetuosa de su identidad y cuidadosa de su ambiente, no se someten sin embargo a debate ni los usos de esos espacios refuncionalizados ni sus posibles efectos sociales (recambio poblacional, encarecimiento, fragmentación urbana, etc.).

El CMD y el Distrito de Diseño: la activación cultural y patrimonial de “Barracas al fondo”[33]

El Centro Metropolitano de Diseño (CMD), institución dependiente en la actualidad de la Subsecretaría de Desarrollo Económico del Ministerio de Modernización, Innovación y Tecnología la ciudad, se instaló en 2001 en el ex-Mercado del Pescado, un antiguo mercado ubicado al sudoeste del barrio, que desde 2013 es núcleo del Distrito de Diseño (DD). Además de su función declarada de promoción de una industria estratégica[34], el CMD es un actor central en el cambio de imagen de un área que los locales denominan como “Barracas al fondo”, devaluada en términos inmobiliario y escasamente demandada por el mercado inmobiliario por su distancia al centro, por la presencia de talleres y depósitos, por la cercanía de la Villa 21-24 y el Riachuelo, y por las restricciones a la construcción en altura (Scillamá, 2014). Este rol se vio potenciado por la creación del DD, un área dentro de la cual las empresas vinculadas al diseño obtienen exenciones impositivas y líneas de crédito preferenciales. Como contrapartida, el gobierno local se compromete a invertir en infraestructura y seguridad. Si en otras áreas del barrio más cercanas al centro porteño, son los actores directamente vinculados al negocio inmobiliario los que desplazan las fronteras para hacer de Barracas un barrio deseable o visitable (como “Barracas dulce” o “Barracas outlets”), cuando lo que está en juego es volver atractivo un sector que promete escasa rentabilidad como “Barracas al fondo”, serán los poderes públicos los que asuman esa tarea ligada al empresarialismo urbano (Harvey, 1989).

En este marco, la cultura, el arte y el patrimonio serán movilizados por la gestión del CMD como herramientas de conversión de la degradación urbana en algo atractivo, como productores de representaciones de un lugar que visibilizan y transforman a la vez. A diferencia de otros procesos de cambio urbano donde se recurre al arte y al patrimonio, aquí la intervención no está impulsada por actores ligados al campo del arte, ni por residentes dispuestos a invertir su capital social y cultural en la producción de formas de distinción, ni por institutos de gobierno especializados en áreas de cultura, sino por una institución gubernamental ligada al desarrollo económico.

Cabe detenerse primero en la patrimonialización oficial del antiguo Mercado. A comienzos de los años 2000, el edificio era valorado positivamente por su carácter “representativo” de la identidad de Barracas y de su “pasado industrial”. En la voz de sus promotores, su reciclado y “puesta en valor” aparecían como un modo de restituir su carácter pintoresco al sur y de atraer inversores:

“Este mercado fue una contribución muy importante al barrio, porque consolida la identidad barrial (Barracas ya tenía un perfil industrial) e inaugura un nuevo referente que le va a dar mayor actividad y mayor densidad de edificación. Es un referente de identidad para Barracas”, asegura Jorge Tartarini, encargado de la investigación histórica y el estudio planimétrico del edificio. (“Reciclaje del ex Mercado del Pescado, en Barracas: El diseño tendrá casa propia”, Página/12, Metro Cuadrado, 24/03/2001)

El antiguo Mercado posee actualmente un nivel de protección cautelar y forma parte, desde 2007, del Área de Protección Histórica N°7. Esto muestra un desplazamiento respecto de los alcances y la relevancia otorgada a lo patrimonial. El edificio que fuera calificado como “testimonio de un pasado pero [sin] demasiada importancia histórica” por el arquitecto Slautsky en 1985[35], es considerado hoy en día por los promotores del CMD como una “ciudad-usina creativa” basada en una “estética neo-industrial”, con una “fachada histórica”, implantada en un área con “valor patrimonial” (Becerra et al., 2013), aspectos que permiten proyectar dicha imagen hacia afuera del barrio y hacia otros grupos sociales más allá de los residentes.

Sin embargo, la patrimonialización del edificio es sólo un aspecto del rol del CMD-DD en el cambio de imagen del sudoeste de Barracas: este proceso se completa con la puesta en circulación de imágenes del pasado, del presente y del futuro del barrio, del lugar del diseño, la cultura y el patrimonio en el espacio urbano, y de los sujetos implicados en la actual “transformación”. Esta tarea ideológica puede analizarse a través de cuatro operaciones puestas en juego desde el CMD-DD en eventos dirigidos al público en general, así como en notas periodísticas:

Del pasado fabril al presente creativo: El pasado fabril del barrio aparece como fundamento de los nuevos usos del suelo ligados a las “industrias creativas”, permitiendo establecer una continuidad no conflictiva entre la producción manufacturera y la basada en la “innovación” y la “creatividad” que se intenta instalar en la zona: “La revitalización del barrio de Barracas a través de la promoción del diseño se orienta a mantener el perfil industrial pero dotándolo de creatividad e innovación” (Becerra et al., 2013: 24). La desindustrialización y posterior reconversión de usos del suelo aparecen como procesos de “diálogo” armónico entre lo viejo y lo nuevo. Lo fabril queda definitivamente relegado a un tiempo pretérito, mientras lo “creativo” es asumido como su heredero.

El diseño como creador de sentido urbano: El diseño aparece aquí como una disciplina vinculada al urbanismo y la arquitectura, cuya especificidad radicaría en su capacidad de dotar de sentido a espacios urbanos que carecerían de él o que lo habrían perdido.[36] A diferencia del punto anterior, el pasado fabril emerge ahora como un muro gris que es necesario cubrir con color, en un sentido similar al visto en el caso de Central Park. Esta representación del color y el diseño como operadores de la revitalización del área aparece especialmente en torno de las iniciativas y certámenes de muralismo realizadas en los alrededores del CMD. En las palabras de Leandro Frizzera, director artístico del encuentro internacional de arte callejero Meeting of styles (2012)[37]: “El aporte que [el festival] deja es poder exhibir nuestro trabajo dentro de un marco que es para todos. En este caso hay mucha gente que se está convocando para cambiarle totalmente la cara a un lugar que está completamente gris.”[38]

Los “creativos” y la épica refundacional: La tercera operación ideológica muestra a los diseñadores o “creativos” (designación que se extiende a los artistas callejeros cuando participan de actividades programadas de “embellecimiento urbano”) como los artífices del “renacimiento”, como los “héroes” que atraviesan la frontera urbana entre una ciudad cualificada y un territorio sin cualidades. En dos ediciones consecutivas (2014 y 2015) el CMD-DD llamó a diseñadores a renovar las fachadas de cuatro comercios del Boulevard Iriarte mediante el siguiente slogan: “En el Distrito de Diseño, los héroes son diseñadores” y con el hashtag #DiseñadoresABarracas, dando forma a una épica del arribo al barrio de la “clase creativa”.

Los “vecinos” como protagonistas del cambio urbano: En las intervenciones y los eventos analizados aparece asimismo el “vecino”, categoría genérica que interpela a un sujeto identificado con el barrio, llamado a “protagonizar” su “renacimiento”. Ahora bien, esta participación se encuentra restringida a la elección de colores y formas sobre un espacio urbano estetizado y festivo, que aparece despojado de conflicto. Esta interpelación a los sujetos como “vecinos” se apoya en la apropiación de fechas de valor simbólico local, como el día de Barracas (30 de agosto)[39]. En 2014 se convocó a los “vecinos” a votar entre las propuestas recibidas para la intervención en el bajo-autopista de la avenida Iriarte:

¿Sabías que podés participar en la elección de la obra artística que va a intervenir el paso Bajo Autopista 9 de Julio Sur e Iriarte? Diseñadores y arquitectos ya están trabajando en pensar propuestas que le den vida a la puerta de entrada del Distrito de Diseño. Imaginate graffitis, murales o un cambio de fachada que llene de color el arco: durante el Día de Barracas vas a poder votar el proyecto que más te gusta. (CMD, “Intervenciones de diseño en el Bajo Autopista”, buenosaires.gob.ar, s/f)

El CMD-DD opera como un actor central del cambio de imagen del sudoeste del barrio a través de intervenciones callejeras y de la puesta en circulación de representaciones de la tradición barrial como una marca de identidad posible de ser consumida, así como de imágenes que agregan a ese sector rasgos que señalen su plena pertenencia a un circuito de vanguardia.

Conclusiones

Este trabajo mostró el proceso por el cual la categoría de “patrimonio industrial” adquiere un rol central en la recualificación de Barracas. Primeramente, permite conectar la recualificación actual con algunos elementos de la memoria local, al tiempo que agrega un plus de exotismo, exclusividad, y bohemia a los proyectos inmobiliarios de refuncionalización. Por otro lado, las fábricas funcionan como puntos emblemáticos, como sinécdoques del barrio o de partes (como en el caso de “Barracas dulce”), contribuyendo a su recualificación global a través del fortalecimiento de su imagen de “antiguo barrio industrial que renace”.

La emergencia del patrimonio industrial no supone la recuperación de una historia hasta entonces no tenida en cuenta. Es más bien una operación ideológico-discursiva triple, por la cual fábricas, puentes, mercados, estaciones de tren, son escindidos del presente, trasmutados en testimonios de un pasado más o menos lejano, y nuevamente reinscriptos en el presente bajo la forma del patrimonio. El pasado industrial no desaparece, sino que es fijado y neutralizado de dos modos: como un tiempo pretérito, terminado, y como una imagen pacificada sobre la que montar un nuevo “renacimiento”. La conversión del paisaje fabril en un objeto de contemplación estética, la reintroducción de la monumentalidad y del peso del poder de las clases dominantes a través de la exaltación de la “sólida arquitectura” y de las “fuertes columnas”, son rasgos de un reordenamiento simbólico del paisaje sustentado en una empresa de clase. Que el “patrimonio industrial” llegue a ser el rasgo emblemático de Barracas puede ser leído como una victoria de actores corporativos y de ciertas áreas del gobierno local en la fijación del sentido del proceso de recualificación.

Así, la historia de los trabajadores no ha pasado al actual repertorio de lo patrimonial. Por un lado, porque sus viviendas, sus lugares de reunión, sus comercios, no han pervivido salvo en contadas ocasiones, y, en estos casos, han sido traducidos en buena medida a formas pintorescas como el conventillo. Pero, fundamentalmente, porque con la trasmutación de las fábricas en patrimonio industrial, la huella del trabajo se borra en favor de un barrio mítico de patrones audaces, de chimeneas humeantes y de niños golosos. Nada se dice, por mencionar sólo algunas, de las huelgas generales de 1896, de la huelga de cuatro meses de Fabril Financiera de 1969, o de la de Alpargatas de 1979. Nada se dice, tampoco, de la existencia de la villa más grande de la ciudad dentro del barrio mismo. Nada se dice de la cercanía de los hospitales públicos neuropsiquiátricos[40]. Se invisibilizan además otras problemáticas acuciantes dentro del área, como la contaminación, la ausencia de políticas de vivienda integrales o la precariedad habitacional.

Ahora bien: este proceso no ocurre sin contradicciones. Por un lado, porque en el período analizado, correspondiente a un ciclo de intensificación (en las zonas previamente más valorizadas) y de expansión (hacia áreas llamadas “alternativas”, como Barracas) de la inversión inmobiliaria, manifestada especialmente bajo la forma de demoliciones y verticalización, pudo verse en Barracas que la recualificación fue desigual, lo que se manifiesta en tres grandes características: siguió el patrón de las fragmentaciones preexistentes –localizándose las nuevas inversiones espacialmente sobre las grandes avenidas y en la zona más cercana al centro y a San Telmo–; reforzó algunas centralidades dispersas –como el entorno del pasaje Lanín–; y trajo consigo la avanzada por parte del gobierno local sobre áreas aún no rentables para la inversión privada, como es el caso del CMD.

Por el otro, porque suscitó una disputa alrededor de los sentidos asociados a la emergencia de Barracas como barrio patrimonial. Los actores interesados en la “revitalización” a través de la atracción de inversión privada de gran escala mantendrán una concepción de patrimonio restringida a lo singular y lo monumental, donde las fábricas serán el patrimonio barraquense por excelencia. Esta versión restringida deja lugar a la posibilidad de demoler otras edificaciones de menor porte, para habilitar la construcción de nuevos edificios. En cambio, los “vecinos patrimonialistas” agrupados en Proteger Barracas y sus aliados defenderán una concepción ampliada del patrimonio, donde las fábricas son un elemento más dentro de un conjunto amplio de bienes patrimonializables. Para este conjunto de actores, el eje de la identidad barraquense serán las “casas bajas”, y su estrategia estará ligada a lograr formas de patrimonialización que impidan su demolición y favorezcan su rehabilitación. Resulta importante señalar que, aún para posiciones enfrentadas, la consideración de Barracas como barrio patrimonial aparece como una evidencia y la valoración positiva de su patrimonialización se encuentra fuera de discusión. El patrimonio forma parte de un consenso básico, sobre el cual se montan disputas acerca de su sentido y de sus alcances, así como los conflictos acerca del curso de la recualificación del barrio. El estudio de los alcances y las implicancias políticas de dichos conflictos queda como una línea de trabajo que se desprende de lo dicho hasta aquí.

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  1. Universidad de Buenos Aires (UBA) / Universidad Paris VIII.
  2. Este trabajo se enfoca sobre uno de los ejes de una investigación doctoral más amplia acerca del proceso de patrimonialización de Barracas entre los años 2003 y 2015.
  3. Dada la extensión y los objetivos de este artículo, no profundizaré en los conflictos que atraviesan este proceso, que serán sólo esbozados.
  4. Empleo comillas para aludir a categorías o giros nativos.
  5. Ligado a la formación de Proteger Barracas, una asociación de residentes que rechazan la “especulación inmobiliaria” y la construcción de “torres”, mediante el recurso a la defensa del “patrimonio barrial”. Acerca del rechazo en la Ciudad de Buenos Aires a la construcción de edificios en altura, designados mediante la categoría de “torres”, cf. Marcús et al. (2016), González Bracco (2013), Elguezábal (2015).
  6. Para la formulación de este enfoque se recuperan conceptos de la teoría marxista de la ideología, del análisis del discurso y de la teoría política contemporánea, que abren nuevos caminos para pensar los vínculos entre significación, política y subjetividad. Cf. Aguilar et al., 2013-2014; Althusser, 2004 [1967]; 1984 [1970]; Foucault 1992 [1969]; 1992 [1970]; Laclau y Mouffe 2004 [1985]; Pêcheux, 1975; 2013 [1984]; Rancière, 2007 [1996]; Zizek, 1992.
  7. El material de archivo se obtuvo prioritariamente en el Archivo Histórico Enrique H. Puccia, ubicado en Barracas.
  8. Estas entrevistas son solo algunas de las que componen el trabajo de investigación doctoral ya mencionado.
  9. Tomando como base los desarrollos montados sobre la teoría althusseriana de la ideología (Althusser, 2004), afirmo que el patrimonio es ideológico porque en las ciudades del capitalismo tardío constituye una de las formas simbólico-imaginarias principales mediante la cual experimentamos nuestra relación con los procesos de acelerada transformación urbana. El patrimonio como ideología es uno de los lenguajes materiales con los que los sujetos estructuran de forma imaginaria su relación con la historia de la ciudad y de su identidad colectiva, así como con las contradicciones que emanan de la intervención del capital en el entorno urbano. Es a través de ese lenguaje que se libran disputas acerca del presente y el futuro de los lugares.
  10. Salvo en algunas zonas específicas, como la Avenida Montes de Oca y las zonas más cercanas a San Telmo, donde los precios eran más altos que en el resto del barrio, aunque de todas formas inferiores a los de los barrios más cotizados.
  11. En las estadísticas provistas por el gobierno local, las viviendas se clasifican en “suntuosas”, “lujosas”, “standard” y “modestas”.
  12. En mi investigación doctoral analizo la construcción ideológica en medios de comunicación y en las palabras de funcionarios gubernamentales de un diagnóstico del “sur” de la ciudad a partir de tres ejes de representaciones: el sur olvidado; el sur peligroso; y el sur como cuna de lo porteño. Por razones de espacio y pertinencia no me explayo aquí sobre el punto. Para otros desarrollos acerca de la construcción de una ideología del “sur”, cf. Gorelik, 2010 [1998].
  13. Una refuncionalización pionera fue la antigua “Gran Fábrica de Corsés La Ninfa”, reabierta en 1984 por la Academia Nacional de Bellas Artes y la Fundación Antorchas como sede de la Fundación Tarea, dedicada a la conservación del arte colonial argentino.
  14. Aslan, L., I. Joselevich, G. Novoa, D. Saiegh y A. Santaló (1989). Inventario de Patrimonio Urbano de Barracas 1872-1970.
  15. Un ejemplo fue el proyecto finalmente no concretado de un equipo de arquitectos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por Jorge Slautsky, que, en 1985, proponía instalar en el antiguo Mercado del Pescado (hoy CMD) un espacio de servicios comunitarios.
  16. Ya desde mediados de la década de 1990 habían aparecido, junto con la diversificación de las funciones y profesiones asociadas al Real Estate, estrategias de marketing aplicadas al rubro inmobiliario, por las cuales los nuevos edificios ya no eran identificados por su dirección postal sino por su nombre “propio”, que es la marca puesta por su promotor (Elguezábal, 2015), como MOCA, Barracas Central, Central Park o Palacio Lezama, en Barracas. El aumento de la competencia en el sector luego de 2003 iría acompañado de la proliferación de particiones de los barrios que procuran darle a cada sector un “perfil” que cualifique a los productos inmobiliarios, como Palermo Soho, Palermo Hollywood, Palermo Queens.
  17. Fuente: “Barracas dulce: un barrio que crece al Sur con el recuerdo del aroma a galletitas” (20/11/2006). Clarín. Recuperado de https://goo.gl/DJ9e9W.
  18. Retomado de un comentario recibido en el blog de Proteger Barracas el 20/11/2010.
  19. Inaugurada la primera etapa en 1998, Central Park fue originariamente un “hotel de empresas” emplazado en la ex-imprenta Fabril Financiera. Además de oficinas en alquiler, el complejo posee actualmente un banco, locales gastronómicos, outlets de ropa de marca (“Barracas Outlets”) y un sector de ateliers de artistas.
  20. “El boom Barracas”. Revista Oh La La!, mayo de 2008.
  21. La planta de Barracas dejó de producir en 2004, año en que Bagley fue comprada por Arcor y Danone, y devino Bagley Latinoamérica. El desmantelamiento de la planta venía realizándose de forma confidencial desde la compra por Danone en 1996. Luego de la compra, se dividió en cuatro predios, uno de los cuales corresponde a MOCA.
  22. Categoría con la que se suele denominar a los edificios de muchos pisos, perímetro libre y servicios adicionales como salón de usos múltiples, gimnasio, lavadero común, piscina, seguridad privada, etc.
  23. El centro cultural funcionó solo un año (2008-2009) y PICA no se encuentra actualmente en uso. La galería de arte de la Fundación Lebensohn estuvo activa hasta 2017, cuando se mudó al norte de la ciudad. “Fuga industrial” se realizó en diversas ocasiones, ocupando un depósito donde se conservan inmensos toneles de Hesperidina.
  24. Para un estudio más detallado del rol de Casa FOA en la patrimonialización de Barracas, cf. Hernández (2015).
  25. Casa FOA es una exposición anual organizada desde 1985 por la Fundación Malbrán. Se realiza en sedes rotativas a beneficio de la Fundación Oftalmológica Argentina (FOA).
  26. Fuente: “Casa FOA renueva su apuesta en el Sur” (01/09/2006), La Nación, Información general. Recuperado de https://goo.gl/g4BJoi.
  27. Fuente: “Casa FOA y Macri se mudan a Barracas” (13/09/2011), La Nación, Martes visuales. Recuperado de https://goo.gl/BNfouF.
  28. Es una antigua fábrica textil de planta triangular construida en 1920. El edificio está catalogado y fue adquirido en 2005 por BARESA SA para el desarrollo de setenta lofts con spa, piscina y gimnasio, doce locales comerciales (en su mayor parte hoy inactivos) y una galería de arte.
  29. Fuente: “Casa FOA ahora mira al Sur” (22/10/2005), La Nación, Sección Información general. Recuperado de https://goo.gl/azxppf.
  30. El edificio data de 1910, se encuentra catalogado y está dentro del Área de Protección Histórica N°1. La fábrica de Canale, que ya tenía dificultades financieras desde comienzos de la década de 1980, fue adquirida en 1994 por el grupo SOCMA de Franco Macri, y revendida en 1999 a la multinacional norteamericana Nabisco. Edelven SA, desarrolladora de Central Park, estuvo a cargo de su refuncionalización tras la compra del inmueble en 2006. Posee oficinas de categoría y un sector comercial, seguridad las 24 horas, zonas de exposición de arte y salones de usos múltiples, un sector comercial y gastronómico y 400 cocheras. Se estima que podría albergar entre cinco y seis mil empleados. Desde marzo de 2015 es sede de varios ministerios del Gobierno de la Ciudad, mudados allí tras el fracaso en 2013 del traslado a los terrenos linderos a los hospitales psiquiátricos Borda y Moyano, también en Barracas.
  31. El edificio, inaugurado en 1934, funcionó como mercado abastecedor de pescado hasta su cierre en 1983 por la apertura del actual Mercado Central. Mientras estuvo inactivo, fue locación de múltiples filmaciones y ya desde la década de 1990 hubo diferentes proyectos para reutilizarlo, como por ejemplo como museo del fútbol o del tango. Finalmente, en 1999 el gobierno local anunció las inversiones para un centro de moda y diseño y en 2001 se llamó a concurso para la primera etapa de refacción y remodelación. La refuncionalización se completó en 2010. El CMD promueve actividades ligadas al diseño (apoyo a empresas, capacitación, centro de exposiciones, etc.). En 2007, el edificio y su área aledaña fueron declarados APH7. En noviembre de 2013, el CMD se convirtió en el corazón del Distrito del Diseño.
  32. Tras la quiebra de la firma de indumentaria Alpargatas, los siete edificios que le pertenecían en el sur de la ciudad fueron vendidos. En la antigua Planta 2, un inmueble inaugurado en 1883 que ocupa una manzana entera, tuvo lugar el primer outlet de la ciudad ­­­–de venta de artículos escolares– durante la crisis de 2001-2002. Existió luego un proyecto para trasladar allí una sede del Gobierno de la Ciudad, finalmente desestimado. En 2011, el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales determinó que se trataba de un inmueble con valor patrimonial. “Molina Ciudad”, iniciado ese mismo año, es un proyecto que comprende 315 lofts, 400 cocheras, oficinas y locales comerciales en una planta baja de acceso público, llevado adelante por GES Desarrollos SA. El propio Mauricio Macri (Jefe de Gobierno de la Ciudad entre 2007-2015 y actual Presidente de la Nación) participó en la adquisición y refuncionalización del actual complejo a través de un fideicomiso constituido en 2011, y desde 2012 se encuentra dentro del Distrito de las Artes.
  33. Para un análisis más detallado del rol del CMD-DD en el proceso de recualificación de Barracas, cf. Hernández (2017).
  34. El diseño aparecía, en el cambio de milenio, como una rama dinámica capaz de ofrecer soluciones a la recesión económica que había eclosionado en 2001. Esta promoción recibió un fuerte impulso en 2005, cuando, tras una campaña realizada desde el propio CMD, la UNESCO declaró a Buenos Aires la primera “Ciudad de Diseño” en el marco de su programa Red de Ciudades Creativas, al que luego se unirían otras ciudades del mundo.
  35. Fuente: “¿Una nueva casa para los viejos barrios porteños?” (30/06/1985), Clarín.
  36. Para mayores referencias acerca de la consolidación del diseño como una disciplina que trasciende la elaboración de objetos singulares para pasar a ser central en la orquestación estética de espacios urbanos, cf. Julier, 2005.
  37. El festival convocó a casi cien artistas callejeros de diferentes países para pintar murales en los grandes paredones exteriores de playas de camiones, galpones y fábricas aledaños al CMD.
  38. Fuente: “Graffiteros y muralistas lucen su arte en un festival en Barracas” (22/11/2012), La Razón.
  39. Las instituciones barriales, como la Junta de Estudios Históricos de Barracas, organizan anualmente festejos para cada aniversario. El CMD-DD realiza también actividades para la fecha, pero con un programa diferenciado, lo que revela la distancia entre lo que está en juego para unos y para otros, así como la no coincidencia de los públicos a los que se dirigen.
  40. Únicamente mencionados cuando existía la posibilidad de reconvertirlos en edificios de la administración pública en 2013.


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