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Del planeamiento urbanístico a la actividad turística

Sobre la ciudad como mercancía

José A. Mansilla, Juliana Marcús, Martín Boy, Sergi Yanes y Giuseppe Aricó[1]

Este libro reúne 8 trabajos, seleccionados de un total de 64 ponencias que fueron presentadas en las III Jornadas Internacionales de Antropología del Conflicto Urbano “El papel del patrimonio en el marco del nuevo turismo urbano”. Dicho evento fue organizado por el Proyecto UBACyT (2014-2017)[2], el cual tiene su sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG), y el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) de Barcelona de forma conjunta y se llevó a cabo los días 13, 14 y 15 de diciembre de 2017 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Para su realización se contó con el apoyo económico del Ministerio de Cultura de la Nación y el auspicio institucional del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Las III Jornadas se presentaron como una continuación de las ediciones realizadas en Barcelona (2012) y Río de Janeiro (2014), las cuales tuvieron como objetivo analizar las tensiones, contradicciones y conflictos que se generan en la producción y reproducción de la ciudad contemporánea, enfatizando aquellos aspectos que más influyen en la distribución y el consumo diferencial de bienes y servicios urbanos e identificando los fenómenos de desacatamiento cotidiano o extraordinario dirigido al rechazo de un orden espacial, económico, político y social considerado como injusto y desigual. El propósito de esta tercera edición fue aportar nuevos enfoques conceptuales para la interpretación de la problemática urbana en el marco de las actuales transformaciones sociales y territoriales de las principales metrópolis iberoamericanas. En este sentido resulta relevante comprender la aplicación y significación del nuevo orden neoliberal en la ciudad mediante la apuesta por un diálogo constructivo entre diferentes disciplinas, tales como la antropología, la sociología, la historia, la geografía, la arquitectura, el urbanismo y la economía política. En particular, se propuso otorgar protagonismo a la investigación sobre la articulación entre los procesos de mercantilización urbana, el patrimonio cultural urbano, los procesos de turistificación y gentrificación.

Las ponencias fueron presentadas en mesas de trabajo que se correspondían con tres ejes temáticos: “Políticas de patrimonialización y dinámicas de turistificación y gentrificación”, “Procesos de regeneración urbana y estrategias de control de la conflictividad social”, y “Retóricas del espacio público y producción del espacio urbano desde las resistencias”. Los 8 artículos reunidos en este volumen resultaron seleccionados y superaron el proceso de evaluación realizado por los y las integrantes del Comité Científico Internacional de las Jornadas a través del sistema doble ciego. Todos ellos son una muestra de la diversidad temática, disciplinaria, geográfica y de género presentada en las Jornadas.

La producción del espacio en la ciudad contemporánea: del planeamiento urbanístico a la actividad turística

En las últimas décadas, asistimos a un cambio gradual en lo concerniente al turismo como fenómeno global. En las ciudades, los usos urbanos cotidianos han pasado a convivir con los turísticos. Los cambios en los gustos y en las demandas de este tipo de consumidores de espacio se han movido desde las artificiosas recreaciones de ciudades como Las Vegas, en Estados Unidos, o los entornos emblemáticos como el del Taj Mahal, en la India, a la búsqueda de experiencias urbanas bajo la premisa de vivir el destino junto a las denominadas comunidades locales, y donde los ejemplos de Barcelona o Berlín se nos aparecerían como punta de lanza de esta dinámica particular. Por su parte, el capitalismo neoliberal necesita de nuevos procesos, bienes y servicios, para continuar alimentando la máquina del crecimiento en la cual está basado. Tal y como señalara en su momento David Harvey (1982), la solución a la crisis del capitalismo fordista vino determinada por la eliminación de las barreras geográficas al capital y por un incremento sustancial de la velocidad de rotación del mismo. En ambos aspectos el turismo desempeña un rol esencial. Es por este tipo de cuestiones que el turista actual ya no muestra atención por elementos consolidados –patrimoniales, culturales, etc.–, que se han ubicado tradicionalmente en lo que se ha venido en denominar la burbuja turística (Judd, 1999), sino que huye de la misma en búsqueda de lo que considera auténtico. Demanda y producción se dan la mano en este ejemplo de superación de anteriores límites internos. Además, las aproximaciones a fenómenos urbanos como la gentrificación[3] o los problemas de transporte y movilidad han quedado, en cierta medida, obsoletas ya que es imposible diferenciar los efectos generados por la presencia constante y decidida de consumidores de espacios turísticos, de aquellas otras dinámicas originadas por sujetos que desembarcaban en ciertos barrios en busca de experiencias urbanas (Gravari-Barbas y Guinand, 2017). Hasta tal punto se ha desarrollado el fenómeno que, en aquellos territorios –barrios, calles y otros emplazamientos– que han vivido dinámicas de gentrificación anteriores y ahora se han visto convertidos, en parte, en novedosos destinos turísticos, ambos procesos se aparecen como indiferenciables (García Herrera et al., 2007).

En este novedoso contexto, el patrimonio juega, cada vez más, un papel fundamental como disputado recurso turístico. Los centros históricos –auténticos reservorios de elementos ideológico-simbólicos– han pasado a convertirse en parques temáticos, donde la memoria colectiva está ausente y el turismo termina desplazando al modelo de relaciones sociales anteriormente vigente. La idea tras ello no es más que continuar con el proceso de mercantilización de las relaciones sociales, acabar con los barrios populares y aprovecharse de pretéritos intentos de monumentalización de la periferia (Bohigas, 1986).

El contexto de todo ello no deja de ser aquella máxima que daba título a una canónica obra de David Harvey (1989) –el paso de la gestión al emprendimiento– y donde el geógrafo británico destacaba y alertaba sobre el rol cada vez más importante que jugaban las ciudades, en las actuales sociedades occidentales, en las dinámicas de acumulación. Tomando en cuenta este contexto, el papel de las ciencias sociales podría ser constatar los efectos que dichas transformaciones están suponiendo para la vida urbana, en una nueva vuelta de tuerca de fenómenos anteriores, y dar respuesta, en la medida de lo posible, a todos aquellos y aquellas que entienden y conocen que, no hace tanto, existía la aspiración de convertir la ciudad en un verdadero espacio de y para el uso; en un territorio para ejercer el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1978).

Políticas de patrimonialización y dinámicas de turistificación y gentrificación

Tras décadas de denostación del turismo de masas, el llamado turismo cultural se ha ido imponiendo como alternativa amable, virtuosa y coherente de la economía posfordista que impera en la organización del turismo actual (Russo y Richards, 2016). En la búsqueda de lo que podríamos denominar la experiencia del patrimonio cultural de un lugar, resulta clave el papel que ejerce lo patrimonial en la producción del universo de sentidos que, del mismo modo que atraen y orientan a los y las turistas, construyen y transforman la ciudad, esto es, producen su espacio (Lefebvre, 2013).

Pero esto no es en absoluto algo nuevo, el patrimonio es uno de los elementos fundacionales del turismo. A pesar de su actual cotidianidad, el viaje extraordinario por excelencia de la modernidad, un renovado Grand Tour, siempre ha precisado territorios y paisajes culturales alejados –espacial y temporalmente– de las urbes emisoras de turistas. El patrimonio ha actuado en numerosas ocasiones como una herramienta de singularización, como un atributo diferenciador que ha permitido componer relatos y escenografías turísticas de diversa condición y alcance. Trascendido el debate autenticidad/simulacro de los años 70, es necesario reflexionar sobre la construcción misma de lo patrimonial, es decir, sobre el proceso mediante el cual lo material o inmaterial llega a ser considerado y tratado como patrimonio/s. En este sentido, el análisis de los patrimonios obliga necesariamente a detenerse en las políticas de patrimonialización y sus actores.

Las dinámicas de turistificación permiten, además, observar cómo el patrimonio no es algo inmanente, sino sujeto a múltiples producciones y legitimaciones. El interés turístico establece unos particulares órdenes patrimoniales e invisibiliza o somete aquellos otros elementos y significados sociales que distorsionan la nitidez de los primeros. Y es que cuando el espacio urbano es la mercancía, su turistificación lleva habitualmente implícita alguna actuación sobre lo patrimonial, ya sea para poner en valor o sencillamente para eliminar su rastro. El orden patrimonial de un lugar no es inmune a la renovación, regeneración, reforma o reestructuración que normalmente traen consigo las ya habituales transformaciones urbanas de la ciudad neoliberal, pero tampoco a la normativización de los comportamientos que le suele ir acompañado (Delgado, 2011).

Es por esto que, desde las ciencias sociales, resulta interesante plantear los siguientes interrogantes: ¿qué dinámicas conectan la turistificación con la gentrificación?, ¿qué estrategias de patrimonialización colaboran o resisten a estos procesos?, ¿se intuyen elementos patrimoniales anti-turísticos?, ¿qué lugar ocupa el conflicto social en la ciudad turística? Y es que si bien podemos entender los procesos de turistificación como catalizadores de procesos de gentrificación, no podemos obviar que, en realidad, tal y como ya hemos señalado, ambos se retroalimentan. En tal sentido, para que el relato urbano del turismo tenga solidez, necesita extirpar aquellos elementos del lugar –sean personas, comercios, edificios, olores, sonidos, etc.– que lo desmientan como lugar turístico. En estos procesos capitalistas de “higienización” y “sanación” urbana, las tensiones, conflictos o acuerdos entre cosmos patrimoniales juegan un papel fundamental en la configuración del lugar como espacio turístico. Aquellos elementos que de un modo u otro interceden en la construcción de lugares impregnados de modernidad, seducción, progreso, seguridad y bienestar, son contenidos, sometidos, desmembrados y finalmente borrados. En un momento como el actual, en el que el turismo se erige como una de la creaciones perfectas y sofisticadas del neoliberalismo, resulta totalmente pertinente generar reflexiones en torno a dichas políticas de patrimonialización y el vínculo que establecen con dinámicas de turistificación y gentrificación, las mismas que hoy por hoy protagonizan una parte importante de las tensiones y los conflictos urbanos que organizan las ofensivas y las resistencias en la ciudad.

Procesos de regeneración urbana y estrategias de control de la conflictividad social

No podemos olvidar, sin embargo, aquellos aspectos de la urbanización capitalista ligados a los procesos de desposesión y apropiación de plusvalías que se presentan en los proyectos de regeneración y recualificación urbana. No todo es turismo. Bajo la lógica del urbanismo neoliberal, el espacio urbano se constituye como una mercancía producto del accionar de desarrolladores inmobiliarios, operadores turísticos y gobiernos de todos los niveles, de forma que las ciudades devienen marcas registradas, experiencias o estilos de vida para ser comercializadas y consumidas por elites locales y globales con capacidades económicas diferenciales. Estos usos de la ciudad como valor de cambio y reserva de valor entran en conflicto con aquellas prácticas ligadas a su valor de uso, es decir, a las apropiaciones que los habitantes de la ciudad hacen del espacio urbano en la reproducción de su vida cotidiana.

Es necesario, entonces, reflexionar sobre los distintos mecanismos utilizados en los procesos de regeneración urbana localizados en centros históricos y zonas degradadas, cuyo objetivo es apropiarse de grandes plusvalías urbanas y, simultáneamente, ejercer la dominación en el plano de la producción y la regulación del espacio (Delgado, 2007). En la ciudad neoliberal, las estrategias de control de la conflictividad social se ocultan detrás de una apariencia de participación y gobernanza, delegando la expulsión de los sectores indeseados a las fuerzas del mercado. Lejos de ser meros saberes técnicos y neutrales, la arquitectura y el urbanismo funcionan entonces como dispositivos de ordenamiento y de control social para desplazar hacia los márgenes de la ciudad a aquellos sectores considerados como problemáticos, ya sea por una supuesta carencia moral, estética o económica. De este modo, la planificación y el diseño urbano buscan canalizar las fuerzas sociales en las direcciones establecidas por quienes detentan capital y poder.

En este sentido, es necesario avanzar en el conocimiento de cómo actúan los actuales procesos de regeneración y recualificación urbana, proyectos de regulación del espacio urbano, y grandes proyectos urbanos y su impacto en los usos y los modos de habitar la ciudad. Particularmente, avanzar en el conocimiento sobre las transformaciones espaciales y sus impactos en la población local, y los mecanismos y recursos que fueron desplegados para gestionar los conflictos, legitimar las transformaciones y doblegar resistencias. Ejemplos de ello son las dinámicas ocurridas en los frentes marítimos y fluviales de grandes ciudades como Barcelona o Guayaquil, los proyectos urbanos realizados en el marco de grandes eventos deportivos y culturales, como los acontecidos recientemente en Río de Janeiro y Buenos Aires, y la circulación de modelos de ciudad y su influencia en distintas ciudades de Iberoamérica, los cuales promueven proyectos de regeneración urbana impulsados por las administraciones locales y nacionales con el fin de atraer turismo y grandes capitales inmobiliarios (Cuenya, 2016; De Mattos, 2007; Pírez, 2014). Estos proyectos tienden a favorecer la residencia de sectores medios y altos en detrimento de los grupos conformados por los sectores populares los cuales, mediante mecanismos implícitos y explícitos, deben migrar de barrios centrales a zonas periféricas de la ciudad (Carman, 2006; Marcús, 2014; Rodríguez y Di Virgilio, 2014).

Retóricas del espacio público y producción del espacio urbano desde las resistencias

Existen, por otro lado, elementos cruciales que definen y caracterizan a las actuales retóricas del espacio público, un término que, durante las últimas décadas, ha llegado a encarnar un concepto intrínsecamente etéreo y paradójico y del que algunos autores consolidados han hecho bandera y acción (como, por ejemplo, Jordi Borja, en sus publicaciones de 2003 y 2014). Aunque la idea de espacio público se funda, a un nivel meramente teórico, en la igualdad entre quienes lo ocupan y transitan, en la práctica éste funcionaría en base a la exclusión. De hecho, lo que realmente subyace a este concepto no sería sino un discurso prefabricado que se fundamenta en el carácter consensualista y, por ende, sustancialmente burgués que el propio Jürgen Habermas asignara a la idea de esfera pública (Delgado, 2011). Evidencia bien ilustrativa de ello sería el actual discurso mediático, político y económico, que legitima e incluso eleva el espacio público a la categoría de valor. Se trataría de una verdadera retórica estructurada de tal manera que se oculta, a la vez que resuelve, las contradicciones que se dan en el mismo. Así, los conflictos sociales profundos, que repetidamente se vuelven a presentar en la realidad práctica y simbólica de espacios públicos concretos, esto es, en lo urbano, son presentados como consecuencia de determinadas fórmulas urbanísticas que se pretenden urbanas y, por tanto, son solucionables desde la intervención física. Ligado a ello, y como si de un ideal normativo se tratara, el espacio público aparece insistentemente representado como un lugar armonioso e igualitario, reflejando el producto de cierto imaginario social –destinado a las clases medias, pero también a los y las turistas– antes que un lugar empíricamente constatable.

La inoculación de estos elementos ideológicos en la calle constituiría la elevación a norma del ideal burgués de un espacio desconflictivizado y civilizatorio, en el cual desaparecerían mágicamente todas las desigualdades sociales reales gracias a las habilidades deliberativas de sujetos racionales capaces de superar sus diferencias mediante el diálogo. Sin embargo, la calle, con su caótica deriva, no parece el espacio ideal para situar la mítica esfera pública. Así, los que quieren transformar la calle en espacio público, entendido desde el consensualismo liberal habermasiano, se encuentran con la presencia ineludible de las denominadas resistencias.

Efectivamente, la irrupción e inmediata censura de los usos y prácticas no regladas en el espacio público revelaría que la esfera pública se encuentra conformada por la confrontación entre diversos públicos que pugnan por el espacio. De ese modo, la tensión en el espacio público aparece de igual forma en los casos donde los sectores más vulnerables se autogestionan a partir de una serie de prácticas de las denominadas informales, que, si bien a primera vista parecen espontáneas, en realidad están profundamente organizadas. Estas prácticas, además, las suelen llevar a cabo actores sociales percibidos por el imaginario hegemónico como sectores naturalmente excluibles del espacio público –inmigrantes, trabajadoras sexuales/prostitutas, vendedores y vendedoras ambulantes, personas que viven en la calle, cartoneros y cartoneras, etc.–, pero que hacen de la calle su refugio, campo de juegos o medio de subsistencia asumiendo formas de desorganización social de carácter no burocrático.

Así, cabe preguntarse en relación a esto, ¿hasta qué punto las retóricas del espacio público consiguen conformar, normativizar y fiscalizar lo urbano en directa consonancia con los valores de las democracias liberales?, ¿es posible que el espacio público se construya también gracias a las prácticas periféricas llevadas a cabo desde las resistencias, es decir, mediante la acción contestataria de diferentes colectivos excluidos y marginalizados?, ¿quiénes quedan excluidos y excluidas cuando se señala que el espacio público es de y para todos y todas?, ¿el espacio público representa simplemente un concepto, un ideal, una creencia, o refleja también la forma urbana que adoptan los conflictos, es decir, el escenario donde se manifiestan y materializan disputas concretas que apelan, precisamente, al tan manido derecho a la ciudad?

Estas y otras preguntas intentarán ser abordadas en la presente publicación. Sin ánimo de dar respuestas acabadas, este libro persigue el objetivo de avanzar, desde las ciencias sociales, en el conocimiento de los nuevos roles que el turismo, el patrimonio, las reformas urbanas y el espacio público desempeñan en las urbes contemporáneas.

Referencias bibliográficas

Bohigas, O. (1986). Reconstrucción de Barcelona. Madrid: MOPU.

Borja, J. (2014). Aproximación a la identidad y el espacio público. En Sánchez González, D. y Domínguez Moreno, L. A., Identidad y Espacio Público (pp. 25-40). Barcelona: Gedisa.

Borja, J. y Muxí, Z. (2003). El espacio público. Ciudad y ciudadanía. Barcelona: Electa.

Carman, M. (2006). Las trampas de la cultura. Los “intrusos” y los nuevos usos del barrio de Gardel. Buenos Aires: Paidós.

Cuenya, B. (2016). La política urbana frente a la mercantilización y elitización de la ciudad: algunas reflexiones y referencias a la situación argentina. Cuaderno Urbano, 21 (21), 167-194.

Delgado, M. (2007). La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del Modelo Barcelona. Madrid: Ediciones de la Catarata.

Delgado, M. (2011). El espacio público como ideología. Madrid: Ediciones de la Catarata.

De Mattos, C. (2007). Globalización, negocios inmobiliarios y transformación urbana. Nueva Sociedad, (212), 82-96.

García Herrera, L. M., Smith, N. y Mejías Vera, M. A. (2007). Gentrification, Displacement, and Tourism in Santa Cruz de Tenerife. Urban Geography, 28 (3), 276-298.

Gravari-Barbas, M. y Guinand, S. (2017). Tourism and Gentrification in Contemporary Metropolises: International Perspectives. London: Routledge.

Harvey, D. (1982). The limits to capital. London: Verso.

Harvey. D. (1989). From managerialism to entrepreneurialism: The transformation in urban governance in late capitalism. Geografiska Annaler. Series B, Human Geography, Vol. 71, No. 1, The Roots of Geographical Change: 1973 to the Present (1989), 3-17.

Hiernaux, D. y González, C. I. (2014). Turismo y gentrificación: pistas teóricas para una articulación. Revista de Geografía Grande Norte, 58, 55-70.

Judd, D. R. (1999). Constructing the Tourist Bubble. In Judd D.R. and Fainstein S. (eds), The tourist city (pp. 35-53). New Haven and London: Yale University Press.

Lefebvre, H. (1978). El derecho a la ciudad. Barcelona: Península.

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio. Madrid: Capitán Swing.

Marcús, J. (2014). “Vos (no) sos bienvenido”: el control y la regulación del espacio urbano en la Ciudad de Buenos Aires. Scripta Nova, XVIII, núm. 493 (15), 1-17.

Pírez, P. (2014). La orientación de los procesos urbanos en el gobierno local (una aplicación metropolitana). Economía, Sociedad y Territorio, (XIV), 523-548.

Rodríguez, M.C. y Di Virgilio, M. (2014). Ciudad de Buenos Aires: políticas urbanas neoliberales, transformaciones socio-territoriales y hábitat popular. Revista de Direito da Cidade, 6 (2), 323-347.

Russo, A. P. y Richards, G. (2016). Reinventing the Local in Tourism. Producing, Consuming and Negotiating Place. Bristol: Channel View Publications.


  1. José A. Mansilla y Giuseppe Aricó (OACU), Juliana Marcús y Martín Boy (IIGG/CONICET) y Sergi Yanes (Turismografias).
  2. Nos referimos al proyecto de investigación “La incidencia de los procesos de mercantilización de la Ciudad de Buenos Aires en los usos legítimos e ilegítimos del espacio urbano”, dirigido por Juliana Marcús (20020130200080BA).
  3. Daniel Hiernaux y Carmen I. González introducen el concepto de “gentrificación criolla” para el caso latinoamericano definiéndolo como aquel que “distingue los procesos ya tradicionales y bien explicados de transformaciones inducidos por los recambios de población en espacios degradados del primer mundo, de aquellos que adquieren matices mucho más críticos en tanto que son más violentos frente a la población residente, en lo material como en lo simbólico” (2014: 63).


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