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4 La correspondencia Schutz–Garfinkel: el Schutz “objetivista”

Como mostramos en los anteriores capítulos, el tópico acción subjetiva versus orden social actúa, para el esquema interpretativo dualista, como un eje que divide dos tradiciones de pensamiento antitéticas: el subjetivismo y el objetivismo. En el marco de esta división Schutz obtiene el título de “subjetivista” por dedicarse exclusivamente a la primera parte de la dicotomía, mientras que Parsons ostenta el de “objetivista” por reflexionar intensamente acerca de la segunda cuestión. Sin embargo, la indagación en nuestro objeto de estudio revela que un grupo de intérpretes sostiene que existe en Schutz una reflexión acerca del orden social. Y por eso resulta pertinente plantear la idea de un Schutz “objetivista”. Partiendo de estas interpretaciones que señalan los equívocos y prejuicios de la interpretación en términos dualistas de la obra de Schutz, nos proponemos radicalizar ese argumento. Sostendremos esta afirmación en base a acervos bibliográficos inéditos: la correspondencia entre Schutz y Garfinkel y la tesis de doctorado inédita de este último.

1. El orden social en Schutz según los comentaristas

Para algunos comentaristas, el punto más importante de la controversia entre Schutz y Parsons concierne al punto de vista subjetivo. Sin embargo, también señalan que esa “controversia, que trata a la subjetividad desde el punto de vista de la acción, es potencialmente una controversia acerca del problema del orden.” (Hama, 2009: 441-442).

Por su parte, el tratamiento del problema del orden social es analizado por otros intérpretes (Buxton, 1994), como un problema vinculado al campo y la práctica intelectual. Estas interpretaciones sostienen que Parsons y Schutz operan con supuestos radicalmente distintos acerca de la naturaleza y el propósito del conocimiento y de la acción intelectual. Ambas visiones representan puntos de vista muy diferentes de las ciencias humanas. Y la imposibilidad de llevar adelante un diálogo real puede ser atribuida a sus concepciones radicalmente diferentes de la práctica intelectual.

Buxton (1994) sostiene que Parsons concebía la preocupación hobbesiana no solo como una pregunta teórica, sino como un problema del orden real que requería una solución concreta. Para el autor, la solución parsoniana a ese problema, en la forma de un sistema de fines últimos que enlaza a los actores individuales, representa algo más que una demanda teórica. Ese sistema concreto de valores que integra las acciones en curso de los miembros de un sistema social, debe ser establecido y afirmado, pues a través de su poder normativo las formas potencialmente disruptivas de desviación, disidencia o “tensión” pueden ser contrarrestadas. Según Buxton, lo que algunos autores ignoran es que ese sistema de fines últimos es mantenido a través de la acción colectiva de médicos, abogados, clérigos, pero también de académicos. Desde este punto de vista, la teoría científica de la acción social desarrollada por Parsons posee un propósito doble. Por un lado, es un dispositivo analítico que sirve como una representación funcionalista del orden social para fines analíticos. Por el otro, es un medio a través del cual el sociólogo puede contribuir al mantenimiento del control social (Buxton, 1994: 271).

Para este autor, la correspondencia entre Parsons y Schutz no discurrió sobre la pregunta acerca de cómo puede ser comprendida y definida la acción social. Los puntos de disidencia entre ambas figuras tienen sus raíces en formas fundamentalmente incompatibles de la práctica del científico social las que apuntalan sus respectivas visiones sobre la agencia humana con relación al orden social. En este marco, Parsons se interesa por el perspectiva subjetiva en la medida en que está relacionada con el problema del mantenimiento del control social dentro del sistema social. Es en virtud de la orientación subjetiva del actor hacia el orden que la definición de la situación provista por el científico profesional puede ayudar a controlar la acción social (Buxton, 1994: 272). En contraposición, el punto de vista subjetivo está, para Schutz, ligado a las experiencias, a las intenciones y a los motivos de los actores:

Como alguien que ha experimentado de primera mano el modo en que los mundos de la vida pueden ser destruidos y dislocados a través de sucesos externos, Schutz debe haber buscado principios trascendentes de modo de proveer guías para la constitución de la vida cotidiana. Este ámbito podría servir de contrapunto para aquellos regímenes cuyos esfuerzos de controlar y definir la acción social amenazaba la dignidad y la autonomía del individuo (Buxton, 1994: 272).

Lo mismo atañe a la noción de racionalidad. Parsons sostiene que la autoridad científica debe definir en qué grado la acción es o no racional. Por su parte, para Schutz –con un compromiso en la construcción social de la vida cotidiana a través de la acción social—, los elementos sedimentados del conocimiento científico no poseen un estatus privilegiado, sino que son simplemente recursos de los cuales los actores pueden echar mano a partir de su compromiso en las actividades de la vida cotidiana:

Estas visiones contrapuestas muestran una división del trabajo entre la autoridad científica y la agencia humana en la constitución del orden social. Esto sugiere que la controversia Schutz–Parsons fue menos un diálogo de sordos que un conflicto de compromisos (clash of commitments) (Buxton, 1994: 274).

Ese abordaje de la acción y el orden social está en fuerte contraste con el de Schutz. Mientras que para Parsons la teoría de la acción es producida por científicos sociales profesionales, para Schutz esa teoría debe referir al mundo intersubjetivo de la cultura en tanto esquema de significado que se construye únicamente a través de nuestra acción en el mismo. De esta forma, aparece nuevamente desde Schutz una referencia necesaria al mundo de la vida a fin de evitar los problemas de reificación. En el caso de Parsons, los intérpretes señalan las consecuencias políticas –con relación al mantenimiento del control social– que conlleva el hecho de producir una reflexión acerca del orden sin una adecuada referencia al mundo de la vida. Por parte de Schutz, ninguna reflexión científica es posible sin un adecuado fundamento en ese mundo.

También es importante señalar aquí que la afirmación en torno a la existencia de una reflexión sobre orden social en Schutz puede fundamentarse a partir de una serie de investigaciones de economistas afiliados a la escuela austríaca de economía[1] quienes utilizan sus análisis sobre el mantenimiento del orden social, para explicar el problema de la coordinación económica. En esta línea, varios autores consideran que los análisis de Schutz son particularmente coincidentes con la economía austríaca, puesto que promueven significativamente la comprensión de las propiedades de la creación del orden de los procesos de mercado (Ebeling, 1999; Foss, 1996).

Desde hace unos años la economía ha estado prestando especial atención al trabajo de Schutz. Más específicamente, Schutz ha sido “redescubierto” principalmente por un número pequeño de economistas afiliados a la escuela austríaca de economía. El interés actual en su obra radica, en parte, en la creciente batalla emprendida contra el abordaje del problema de la coordinación ofrecido por la corriente dominante, la economía neoclásica. En oposición a la maximización racional de los individuos, estos comentaristas retoman las afirmaciones de Schutz respecto de la existencia de estructuras intersubjetivas de significado que hacen posible que el individuo actúe en el mundo social (Mote, 2001: 119). Particularmente, resultan interesantes las contribuciones de tres economistas: Roger Koppl (1997), Nicolai Juul Foss (1996) y Bruce Pietrykowski (1996), pues son ellos quienes han exhibido un interés más profundo en revivir partes del marco hermenéutico de Schutz para las ciencias sociales (Mote, 2001: 221). Estos autores sostiene que la obra de Schutz da respuesta al eterno problema del orden social, y que esa respuesta resulta de utilidad para abordar la versión económica de dicho problema: el problema de la coordinación. Y según estos economistas, el análisis schutziano del orden social puede rastrearse en las nociones de tipificación y anonimato.

Sin embargo, fue Garfinkel quien más se ha dedicado al análisis del orden social. En su tesis de doctorado The Perception of the Other: A Study in Social Order[2] presenta un capítulo dedicado a las diferentes interpretaciones del orden social presentes tanto en el trabajo de Schutz como en el de Parsons.

2. La interpretación de Garfinkel

2.1. Breve reseña de los vínculos personales y profesionales entre Garfinkel, Schutz y Parsons

La primera carta que Garfinkel le escribe a Schutz[3] comienza de la siguiente manera:

Soy ayudante de cátedra (Teaching Fellow) en el Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad de Harvard, donde me encuentro, de momento, completando mi tesis de doctorado bajo la supervisión del Dr. Talcott Parsons […] He sentido por un largo tiempo la necesidad de hablar con usted y he sido alentado por el Dr. Gurwitsch para solicitarle un encuentro (Garfinkel, 1949).

Pero, ¿por qué querría un joven norteamericano, sociólogo, estudiante de postgrado en Harvard, trabajando en su tesis de doctorado bajo la dirección de Parsons, ponerse en contacto con Schutz? (Psathas, 2009: 401). Esta es una pregunta interesante, particularmente a la luz de la mencionada antítesis presentada por los intérpretes en los capítulos anteriores. Garfinkel se encontraba, en aquel momento, trabajando en el problema del orden social bajo la dirección de Parsons, no obstante, consideraba necesario profundizar su análisis en dirección a una reflexión fenomenológica:

Con un énfasis sociológico, mi trabajo de doctorado está organizado alrededor de dos tópicos: el primero, una consideración teórica de las condiciones, concebidas de modo analítico, bajo las cuales las relaciones sociales permanecen continuas; y, segundo, el efecto, testeado experimentalmente, de “destrucción” sistemática de las estructuras de significado que constituyen al alter ego […] Estas tareas me han encaminado profundamente hacia sus trabajos así como hacia los escritos de Husserl y del Dr. Aron Gurwitsch. La orientación de mi tesis ha sido tomada principalmente de estos trabajos, pero particularmente de su artículo, On Multiple Realities, y de su libro, Der Sinnhafte Aufbau der Sozialen Welt (Garfinkel, 1949).

Garfinkel se introdujo en la fenomenología como estudiante en la Universidad de Carolina del Norte entre los años 1939 y 1942. En algunos cursos de filosofía en los que participó se presentaban textos de Husserl, Marvin Farber y Schutz. En el año 1946 comienza sus estudios en Harvard y es en ese momento en el que Parsons se convierte (junto con Frederick Mosteller y Robert Freed Bales) en tutor de su tesis de doctorado. El mismo año conoce a Aron Gurwitsch y discuten temas vinculados a la fenomenología y a la sociología. Gurwitsch le recomienda a Garfinkel que le escriba a Schutz y le presente su trabajo. Garfinkel estaba interesado en el asesoramiento y la opinión de Schutz particularmente, porque en su trabajo retomaba muchas de sus contribuciones. De ese modo, comienza una correspondencia y una serie de encuentros cara a cara con Schutz. Garfinkel viaja regularmente para “pasar tardes de tutoría” en New York.” (Psathas, 2009: 402).

Según relatan los comentaristas, en lugar de plantear una crítica directa a Parsons –su director—, Garfinkel plantea comparaciones entre la obra de su tutor y la de Schutz, que le permiten seguir una perspectiva alternativa. Resulta interesante que, a pesar de que Parsons fue su director de tesis, esta representa una evaluación crítica y un rechazo a favor de Schutz (Psathas, 2009: 411). De modo que la profundización en los análisis de Schutz le permitió a Garfinkel realizar una evaluación crítica de la perspectiva parsoniana.

En una carta del 8 de Octubre de 1953, Garfinkel (1953a) le envía a Schutz dos trabajos de su autoría. El primero titulado “Cuatro decisiones pre-teóricas de Talcott Parsons y Alfred Schutz” (Garfinkel, 1953c), el segundo, “Notas sobre la actitud sociológica” (Garfinkel, 1953b).[4] En el primer artículo, tematiza cuestiones epistemológicas vinculadas al problema del orden social en la obra de ambos autores. Como mencionamos, su interés era el de someter a consideración de Schutz la interpretación de su obra tal como fue incorporada a su tesis. La respuesta de Schutz al trabajo de Garfinkel resulta iluminadora para nuestra indagación en torno a la correspondencia y los vínculos Schutz–Parsons.

2.2. La interpretación garfinkeliana del orden social en Schutz

En el primer escrito, Garfinkel detalla cuatro problemas pre-teóricos a partir de los cuales pueden compararse las decisiones de Schutz y Parsons. Para comenzar, aclara que su intención no es la de criticar esas decisiones, sino la de establecer un criterio comparativo con el fin de observar el modo en que las diferencias en las decisiones metodológicas y epistemológicas “derivan (eventuate) en diferentes concepciones sostenidas por los dos hombres acera del problema del orden social.” (Garfinkel, 1953c: 1).

En ese trabajo, el autor menciona una serie de problemas epistemológicos que enfrentan tanto Schutz como Parsons y analiza las distintas decisiones tomadas por ambos para dar respuesta a cada uno de ellos. Esos problemas refieren, en primer lugar, a la necesidad de desarrollar una teoría de los objetos; en segundo lugar, a la determinación del estatus lógico y los usos de los tipos ideales empíricos; en tercer lugar, a la reflexión en torno a la posición del observador como parte del campo de observación; y, por último, al análisis del estatus lógico y los usos de las categorías “subjetivas”.

Acerca del primer problema, Garfinkel sostiene que toda teoría de los objetos debe hacer referencia a cuestiones epistemológicas, pues, con el objeto de definir tal teoría, se vuelve necesario utilizar términos tales como “objeto real” y “conocimiento del mundo objetivo”. Esa decisión es tomada por Parsons a favor de una “teoría de la correspondencia” (correspondence theory) de la realidad. Mientras que la decisión de Schutz puede ser denominada “teoría de la congruencia” (congruence theory) de la realidad.[5]

La teoría de la correspondencia de la realidad establece que al teorizar acerca del mundo se parte del supuesto de que existe una diferencia entre el objeto del mundo externo “percibido” y el “objeto concreto”. De esto se sigue que nunca puede agotarse el número de afirmaciones fácticas que pueden hacerse acerca de un objeto. La teoría de la correspondencia sostiene, además, que la función de cualquier esquema categorial consiste en aportar cierto tipo de aproximación a lo que realmente está “ahí fuera”. De tal manera, un modelo analítico debe juzgarse no solo con referencia a su utilidad en el marco de los propósitos del observador, sino también en relación con la medida en que este aporta una reproducción precisa de la realidad. Desde esta teoría, tal precisión es un resultado automático si se actúa de acuerdo a un correcto respeto de los cánones de la indagación lógico-empírica. Además, la teoría de la correspondencia realiza una separación entre el mundo real y la interpretación subjetiva del mundo real. La separación es tal que no hay, por un lado, objetos reales en toda su completitud y, por el otro lado, representaciones conceptuales de esos objetos. Desde esta perspectiva, tales representaciones “al abstraer ciertos rasgos de los objetos concretos lo enfrentan al científico con una reproducción degradada.” (Garfinkel, 1953c: 4-5).

Por su parte, la premisa destacada de la “teoría de la congruencia”[6] de la realidad sostiene que el objeto del “mundo exterior” percibido es un objeto concreto, y que los dos términos, “objeto percibido” y “objeto concreto” son sinónimos y términos intercambiables. Esta visión plantea, en contraste con la teoría de la correspondencia, que las evidencias sensoriales son las condiciones, pero no los contenidos de la percepción. La concreción solo es posible desde el momento en que hay un estándar fundamentado en el orden no-perceptual el que permanece invariante bajo los diferentes aspectos sensoriales. Un objeto real es cualquier conjunto de experiencias unificadas sin tomar en consideración el hecho de que estas se fundamentan de modo ideal o sensorial. De esta forma, la plenitud del objeto concreto no proviene del énfasis esquemático de la representación conceptual del objeto. Por el contrario, el objeto concebido nunca aparece excepto a través de su esquema. El esquema de especificaciones es precisamente el objeto mismo. El carácter concreto del objeto se encuentra en el objeto constituido como una unidad de significado. De tal manera, habrá realidades múltiples, una pluralidad de mundos de significado cada uno constituido por su particular actitud:

Mientras que en la teoría de la correspondencia puede formularse la pregunta acerca de qué es el mundo objetivo y qué es el conocimiento objetivo, solamente es posible preguntarse bajo las premisas de la teoría de la congruencia, cuáles son distintos mundos objetivos y cuáles son las variantes del conocimiento objetivo (Garfinkel, 1953c: 6).

En segundo lugar, con relación al estatus lógico y al uso de los tipos ideales, Parsons parte del hecho de que el lenguaje no es constitutivo del objeto. Asimismo, asume que las representaciones abstractas sirven como estándares arbitrarios de comparación con los acontecimientos reales y que el objeto es independiente de ellas. Por su parte, para Schutz, el objeto es constituido de acuerdo a los propósitos del individuo y, por lo tanto, la cuestión de la relevancia se transforma en algo importante si lo que se intenta es describir los rasgos estructurales del objeto. En este sentido, el tiempo y el espacio del actor así como su sistema de relevancias son aspectos de la organización de la unidad de significado y esa organización no es una aproximación al objeto, sino el objeto tal como se le aparece al actor. El lenguaje es, por tanto, inseparable de la unidad de significado. El tipo ideal es, entonces, el objeto construido por el actor en tanto orientado hacia este.

En tercer lugar, con relación al tópico del observador como parte de su campo de observación, puede sostenerse que, en la teoría de la correspondencia, el observador es quien decide si el conocimiento del mundo que posee el actor es exacto y quien provee, metodológicamente hablando, el criterio –el cual es externo a las experiencias del actor– para decidir qué es para el actor una cuestión de creencia, fantasía, hecho, teoría o sentimiento (Garfinkel, 1953c: 17). El hombre racional y el ideal racional del científico comparten “la comunidad de un mundo considerado racionalmente.” (Psathas, 2009: 408). Cada uno de ellos puede encontrar la verdad si sigue los procedimientos racionales. Para Schutz tales nociones son suspendidas, no se parte ni de la noción de comunidad ni de la de hombre racional, sino que la pregunta se concentra en tratar de comprender el modo en que las personas “construyen, mantienen, alteran, validan, cuestionan y definen un orden juntos.” (Garfinkel, 1953c:19). El actor y el observador “actúan solo sobre la base de aquello que saben” y la respuesta a sus acciones debe buscarse en las construcciones y en la lógica de la vida cotidiana, en la estructura de relevancias, y en lo que es adecuado para el propósito a mano.

Por último, con relación al estatus lógico de las categorías subjetivas, en el marco de la teoría de la correspondencia parsoniana se establece una diferencia entre la percepción del objeto y el objeto concreto. En la separación entre sujeto y objeto la única función de las construcciones empíricas es que resultan útiles en términos de “economía” de actividad. La separación entre sujeto y objeto requiere que Parsons inserte “entre” ellos la noción de relación: “El sujeto permanece relacionado al sistema de objetos a través de sus orientaciones de acción.” (Garfinkel, 1953c: 21). Por el contrario, para la teoría de la correspondencia “sujeto y objeto son constituidos simultáneamente como un campo unificado.” (Garfinkel, 1953c: 9-12).

Con estas comparaciones se abre el camino para demostrar el modo en que estas decisiones conducen a diferentes concepciones del problema del orden:[7] “las diferentes decisiones los conducen a diferentes expresiones de la pregunta y de este modo difieren las diferentes visiones con relación a la solución correcta.” (Garfinkel, 1953c: 23). Según Garfinkel, del mismo modo en que el observador parsoniano se sitúa, en términos epistemológicos, externamente respecto de su objeto de indagación, la definición del problema del orden social se establece a partir de un criterio “externo” al mundo social, ese criterio es el del propio observador:

El problema del orden consiste en la especificación, por parte del observador, de aquellos factores que condicionan tanto la permanencia como el cambio. Las similitudes entre Parsons y Schutz se vinculan a su preocupación por alcanzar algo más que un vocabulario que permita un grupo de descripciones estáticas. Cada uno busca tratar con el problema de la permanencia y el cambio invocando un conjunto de términos que les permita describir el “camino” para la alteración de aquello que aparece como estático (Garfinkel, 1953c: 23. Nuestro énfasis).

La teoría de la correspondencia, con su separación de sujeto y objeto, plantea el interrogante en torno a si los cambios de la situación o del actor serán concebidos independientemente entre sí. El actor confiere significados a su situación objetiva y se le permite tratar a esa situación en términos de sus significados atribuidos. Por lo tanto, el problema resulta difícil de abordar porque debe discernirse entre la representación de la situación tal como aparece desde “dentro” y la situación tal como aparece desde “afuera” (Garfinkel, 1953c: 24). Esto es una consecuencia del problema que presenta la teoría de la correspondencia con relación a la separación entre sujeto y objeto. Dada la distinción, tal como es delineada por las decisiones de Parsons, el problema se plantea en términos de cómo tratar con un sistema de acción en una situación de acción descrita desde el punto de vista del observador, por un lado, sin reducir la visión del actor al estatus de mero epifenómeno; y, por otro, la contradicción que se presenta entre una concepción de individuo como fuente de cambio en el sistema, con el consecuente riesgo de indeterminación, en contraposición al determinismo del sistema en tanto fuerzas impersonales que empujan al individuo. No obstante, el supuesto de comunidad, la naturaleza concreta y real de los objetos, y la decisión de permitir al observador una representación anónima a partir de la noción de acto racional, le permiten a Parsons superar este problema. La situación desde adentro y la situación desde afuera son la misma cuando el actor está racionalmente orientado hacia las realidades lógico-empíricas de su situación. De este modo, se plantea la continuidad analizada en capítulos anteriores entre el mundo de la vida y la reflexión científica. Actor racional e ideal racional del científico comparten esa comunidad –de la que habla Psathas– de un mundo considerado racionalmente.

Por otro lado, Parsons plantea la metáfora del equilibrio sistémico. El sistema de acción es concebido como relacionado sistemáticamente a escenarios estructuralmente relevantes. Y esto en el sentido de que algunas de sus operaciones, conocidas como operaciones límite (boundary operations) sirven para mantener aquellas características de la actividad que se mantienen relativamente invariantes en relación con las alteraciones de los escenarios estructuralmente relevantes. Es decir, esas operaciones mantienen la particularidad de un sistema respecto de sus escenarios. Las acciones muestran no solo el mantenimiento de los límites, sino también en las condiciones de su ocurrencia, el mantenimiento de sus propias características en tanto operaciones. Esto se denomina “propiedad de un sistema de auto-mantenimiento o continuidad”.

Por su parte, las decisiones tomadas por Schutz sugieren la necesidad de desarrollar un vocabulario que provea a la estructura significativa del mundo social de los actores, acción situación y objetos. Conceptos que son utilizados para concebir el fenómeno de la continuidad de la actividad. Según su perspectiva, el mundo significativo es constituido, mantenido y alterado a través de las acciones de los actores. En tanto las condiciones de ese mundo significativo se mantengan, la continuidad de las acciones intersubjetivas proveerá el orden social. Por otro lado, para Schutz no es necesario elaborar metáforas o consideraciones adicionales para tratar el problema de la alteración, puesto que las especificaciones iniciales de actor, acción y orden de los objetos ya incorporan la idea la alteración.

Siguiendo los argumentos de Garfinkel, el problema del orden para Parsons, consiste en el establecimiento por parte del observador de las condiciones estructurales de un sistema de actividad bajo las cuales los patrones de actividad normativamente orientados continúan manteniendo al sistema de actividad en tanto sistema. Es decir, consiste en establecer aquello que es necesario para mantener un sistema de actividad como tal. Por su parte, para Schutz, son las condiciones estructurales de un sistema de actividad –y el modo en que esas condiciones se mantienen– las que están en el centro de la reflexión.

Fundamentalmente, al hablar de orden social en Schutz, Garfinkel se refiere a la noción de órdenes de realidad o ámbitos finitos de sentido. En ese contexto, al examinar un ámbito de la realidad en particular, por ejemplo, el mundo de los sueños, el mundo del teorizar científico, o el mundo de la vida cotidiana, la pregunta que formula Schutz, según Garfinkel, refiere a las condiciones básicas estructurales que permanecen y que mantienen ese orden.[8] Esto es, refiere a las condiciones o características básicas que constituyen su estilo cognoscitivo específico. Garfinkel vincula esas seis condiciones básicas y les asigna un “carácter sistémico”, es decir, los rasgos del estilo cognoscitivo que corresponden a cada ámbito particular de sentido, poseerán un carácter sistémico: “existen seis construcciones que utilizaremos. Tomadas como un todo, nos referiremos a ellas como estilo cognoscitivo, o actitud, o modo de atención, o rol; siendo todos estos términos sinónimos e intercambiables.” (Garfinkel, 1952a: 160).

Precisamente, la tesis de doctorado de Garfinkel,[9] se orientó a transformar el análisis schutziano de las realidades múltiples en un programa para la investigación empírica (Psathas, 2009: 417). Garfinkel tomó como punto de partida las formulaciones de Schutz hasta el punto de llevar adelante una operacionalización de esos seis rasgos –o condiciones básicas estructurales, en sus propios términos– y sostuvo que las manifestaciones empíricas de esos rasgos pueden ser estudiadas empíricamente. Garfinkel se propuso utilizar un formato experimental con el objeto de testear ciertas hipótesis sobre las consecuencias que derivan de la remoción o de la inoperancia de cualquiera de las seis características propias de un ámbito finito de sentido determinado. Su análisis de la interrelación de esos seis rasgos lo llevan a concluir que cualquier falla en uno de ellos podría tener serias consecuencias para el resto. De esta forma, cada estilo cognoscitivo puede ser interrumpido por la introducción experimental de la posibilidad de que cada una de esas características fracase, desaparezca o, en el momento en que se requiera una respuesta del Otro, con la aparición o el fracaso en tal respuesta.[10]

Desde este punto de vista, el orden social es el equivalente a un ámbito finito de sentido, en el que el actor social está involucrado en un sistema de orden que requiere que los Otros operen dentro del mismo estilo cognoscitivo. Si el investigador es capaz de inducir en el “sujeto del experimento” la aparición y la certeza de que el Otro no está operando del mismo modo, entonces la consecuencia para el sujeto podría ser la interrupción de determinado rasgo propio del ámbito finito de sentido: “si la otra persona es inoperante, el orden fracasa al no poder concretar su criterio organizador; entonces, si el esquema motivacional fracasa el Otro, en tanto objeto, fracasa y la organización de la experiencia también (Garfinkel, 1952a: 396).

El teorema se presenta como una proposición que puede ser testeada de modo empírico y es enunciado como una generalización empírica universal: partiendo del hecho de que la persona opera dentro de la actitud natural, puede suceder que la concepción del Otro sea perturbada de modo que la persona en cuestión resulte incapaz de formar una percepción de esa otra persona. En consecuencia, será imposible escuchar lo que el Otro está diciendo o reconocer lo que el Otro está haciendo. Se experimentará el comportamiento de la otra persona como carente de sentido. El experimento desarrollado por Garfinkel demostró que al producirse esa “incongruencia” los sujetos intentarán resolverla. Garfinkel examina detenidamente las respuestas de los sujetos y descubre una serie de “dispositivos” (devices) para resolver la incongruencia, que más adelante denominará “métodos”.

Según Psathas, el intento de Garfinkel no consistió en descubrir ámbitos finitos de sentido adicionales a fin de describirlos, tampoco estaba interesado en extender los análisis de Schutz a fin de aprehender el modo en se intersectan y vinculan entre sí los distintos ámbitos. Garfinkel aceptó el hecho de que el actor en la actitud natural y en la realidad eminente de la vida cotidiana puede constituir el foco de la atención sociológica. Tomando las consideraciones de Schutz como punto de partida, se formuló la siguiente pregunta: ¿cuáles son los fundamentos del orden social, cómo hacen los actores sociales para constituir, mantener y modificar ese orden, y cómo las interacciones de los actores y las percepciones de las acciones mutuas afectan el sistema de orden? (Psathas, 2009: 418). La experiencia de los sujetos constituye el principal interés de la sociología. Desde la perspectiva garfinkeliana, una sociología empírica debería seguir las reflexiones schutzianas y a la vez agregar nuevos descubrimientos a partir de un agudo examen de los modos en los que los actores, en la vida cotidiana en situaciones concretas de elección y de acción, consiguen realizar aquellas cosas necesarias para el mantenimiento del orden hacia el cual se orientan: “Únicamente ‘¿cómo se realiza esto?’ se convierte en pregunta y no cómo puede teorizarse acerca de esto.” (Psathas, 2009: 418). En este marco debemos realizar una importante aclaración: si bien Garfinkel desde principios de los años 60 se aparta de la sociología al proponer su etnometodología,[11] es posible sostener que, en el momento de la correspondencia entre Garfinkel y Schutz, todavía existía en Garfinkel un anclaje en la reflexión sociológica.[12]

En consonancia con el análisis del orden social presentado por Garfinkel, las interpretaciones actuales de la obra de Schutz (Knoblauch; Kurt; Soeffner, 2003), recuperan su reflexión en torno a los ámbitos finitos de sentido, y centran fundamentalmente su análisis en el orden comunicativo del mundo de la vida. Para estos autores, los procesos a partir de los cuales se produce el orden se basan, siguiendo a Schutz, principalmente en el fenómeno de apresentación,[13] en el lenguaje y en la comunicación.

Sobre todo, los miembros de una sociedad producen y reproducen en la comunicación lingüística el supuesto recíproco de un mundo de la vida común compartido. Estas construcciones intersubjetivas mediadas lingüísticamente constituyen una de las condiciones básicas que hacen posible la socialidad. Y, “puesto que el orden del mundo de la vida se realiza por medio de signos, símbolos y acciones comunicativas, hablamos, en consecuencia, de un orden comunicativo del mundo de la vida.” (Knoblauch et al., 2003: 12).

A diferencia de Husserl, el fenómeno de la apresentación se interpreta para Schutz en un sentido pragmático. Sobre la base de las relevancias y ligado a la capacidad para la tipificación, se construyen las distintas formas apresentacionales de los órdenes de realidad. Schutz toma para su concepto de orden –por desgracia solo insinuado y esbozado– la idea de Bergson acerca de que es posible vivir tanto en el caos de la naturaleza y al mismo tiempo en distintos órdenes. Estos distintos órdenes son caracterizados por Schutz a través de cuatro esquemas, que se incluyen en esa situación apresentacional.[14] La introducción de estas cuatro etapas de la situación apresentacional constituye para los actores un orden disponible de experiencia, el que se revela como un mundo mediado por sistemas apresentacionales. Estos órdenes se producen en la experiencia y en la percepción subjetiva y establecen el fundamento de la intersubjetividad, pues hacen posible la comprensión intersubjetiva de los signos y los símbolos. Sin embargo, Schutz no desarrolla este análisis del orden apresentacional en profundidad.

El concepto de órdenes apresentacionales se vincula a la teoría de la trascendencia y constituye un fundamento esencial para la teoría de Schutz de los signos. De acuerdo con esto, los signos y los símbolos son definidos por Schutz como los medios por los cuales el hombre trata de entenderse con sus múltiples experiencias de lo trascendente. A cada una de tales experiencias de lo trascendente (la trascendencia del tiempo, el espacio, el mundo del Otro y las diferentes provincias de sentido) corresponde una forma específica de relaciones apresentacionales que pueden ser explicadas por el motivo pragmático que gobierna al individuo en su esfuerzo por entenderse con ellas.

Como afirma Ilja Srubar (1988) las distintas realidades se integran en un orden a través de la “función de sujeción significativa” (Sinnklammernfunktion) del sistema apresentacional, mientras que los diferentes tipos de experiencia de lo trascendente se vinculan con el sujeto actuante en lo cotidiano. El orden del sistema apresentacional no existe como un sistema semiótico, sino que se realiza, se reproduce y se transforma en la acción, en lo que Schutz denomina “comunicación” (Knoblauch, et al., 2003: 21-22).

La teoría del mundo de la vida le asigna a los signos y a los símbolos esa particular “función de sujeción significativa” (Sinnklammernfunktion), pues con ayuda de los signos como elementos del lenguaje, por ejemplo, es posible superar los límites o “trascendencias” que existen entre los individuos; las “trascendencias” del mundo de los Otros pueden ser superadas mediante el uso de signos. Por otro lado, los símbolos hacen posible la comunicación de las experiencias extra-cotidianas, proveyendo una comprensión común de la experiencia religiosa, científica, estética o política y de las ideas y conceptos que trascienden la vida cotidiana en los contextos intersubjetivos.[15] En este sentido, los símbolos aseguran que los límites del mundo de la vida cotidiana puedan ser superados y que nosotros, como individuos, podamos compartir con otras personas las esferas de la realidad simbólicamente representadas. Los signos y los símbolos son elementos del mundo de la vida, los que son compartidos intersubjetivamente y heredados de modo de asegurar la cohesión y la significatividad del mundo de la vida individual como un todo.

Sin embargo, cabe aclarar que cuando se utiliza el concepto de mundo de la vida debe evitarse un malentendido habitual. No debe equipararse el concepto de mundo de la vida (Lebenswelt) con el de mundo cotidiano (Alltagswelt). Por el contrario, Schutz considera el mundo cotidiano únicamente como uno –si bien el dominante– de los “órdenes” del mundo de la vida (Knoblauch, et al., 2003: 22). En tanto realidad, el mundo cotidiano es dominante, pero no solo eso, porque aquí también predomina el “motivo pragmático” y porque actuamos sobre las cosas de ese mundo, sino también porque únicamente aquí tiene lugar la comunicación con los Otros. A causa de que estos ámbitos finitos de sentido son accesibles a través de la comunicación de igual manera que la realidad intersubjetiva del mundo cotidiano, en el que se producen y a través del cual se transforman, podemos hablar de un orden comunicativo del mundo de la vida (kommunikative Ordnung der Lebenswelt) (Knoblauch, et al., 2003: 29).

Detendremos en este punto nuestro análisis del orden social en la obra de Schutz según la interpretación actual, pues lo que resulta interesante en este caso es rescatar la interpretación de Garfinkel junto con el hecho de que Schutz tuvo la oportunidad de responder a sus comentarios.[16] En cierta forma, esa respuesta puede ser considerada como una oportunidad para recobrar un análisis retrospectivo de la correspondencia. Por tal motivo y, planteado el problema de que solo uno de los autores pudo presentar su visión retrospectiva, consideramos que Schutz posiblemente haya presentado esta visión a través de su correspondencia con Garfinkel, particularmente en lo que atañe al dualismo que se le adjudica.

3. Una “retrospectiva posible” de Schutz

Si bien Schutz no tuvo la oportunidad de realizar una retrospectiva acerca del debate, es posible reconstruir sus puntos de vista a partir de la carta que oficia como respuesta al manuscrito de Garfinkel.[17] Es en este sentido que hablamos de “retrospectiva posible”. Lo que resulta interesante para nuestra interpretación es que, si bien la respuesta de Schutz no menciona siquiera el problema del orden social, el punto fundamental de la misma reside en la insistencia del autor en torno a su afinidad y complementariedad con el pensamiento de quien, desde la interpretación dominante, es su oponente. Así comienza la respuesta de Schutz a Garfinkel: “Al leer sus interpretaciones de la teoría de Parsons y la mía, no estoy tan seguro –como usted asume– de que haya realmente tales diferencias fundamentales entre nuestras ‘decisiones’.” (Schutz, 1954: 1).

Schutz le explica a Garfinkel que no llega a captar del todo la diferencia básica entre lo el autor denomina teoría de la correspondencia y teoría de la congruencia:

¿Podría, en su lugar, ser interpretada la diferencia entre Parsons y yo como una diferencia en el nivel de investigación? Parsons piensa que la investigación empírica, en tanto se lleva adelante lo suficientemente lejos y se agrupa de acuerdo a un esquema conceptual, conducirá necesariamente a interpretaciones (insights) en torno a problemas, los que solo pueden ser tratados en un nivel puramente teórico. Yo, al comenzar por una filosofía básica, trato de explicar los hechos empíricos como aplicaciones especiales de las interpretaciones (insights) obtenidas a partir del análisis fenomenológico de las estructuras de la conciencia (Schutz, 1954: 1. Nuestro énfasis).[18]

La consecuencia de esto, a juicio de Schutz, es que Parsons cae en contradicciones, puesto que espera que al coordinar los hallazgos de la sociología, la psicología conductista, la antropología, el psicoanálisis y los resultados de la investigación de los grupos pequeños, podrá realmente alcanzar una teoría de la acción con ciertas categorías básicas, tales como roles, expectativas, etc. Sin embargo, para Schutz resulta que todas esas categorías básicas que son el resultado de su investigación son equívocas y ambiguas, “conté al menos siete significados del término expectativa tal como es utilizado por él”. Y lo mismo es válido para los otros conceptos fundamentales en su teoría:

Por mi parte, trato de comenzar con la aplicación del análisis de Husserl de la estructura de la vida consciente al problema del mundo social, lo que para mí es, básicamente, el mundo de la intersubjetividad tal como es experimentado en la actitud natural. A partir de aquí, trato de explicar y de elucidar el fenómeno concreto del mundo social definiendo el tema de las ciencias sociales como el intento de explicar ese fenómeno en términos de las experiencias que poseen en su actitud natural las personas que viven su vida cotidiana dentro él, y en términos del significado que esas experiencias poseen para ellos. En una palabra, mi ideal sería terminar donde Parsons comienza (Schutz, 1954: 2. Nuestro énfasis).

Esa intencionalidad de complementariedad de su proyecto con el de Parsons es señalado por Schutz a lo largo de toda la correspondencia:

[Con relación a SSA] lo estudié detenidamente […] e inmediatamente me di cuenta de la importancia y el valor de su sistema y también del hecho de que comienza exactamente donde mi propio libro termina […] Encontré nuevos e interesantes puntos de convergencia y de divergencia con respecto a mi propio pensamiento (TSA, 97. Nuestro énfasis).[19]

Schutz niega que su postura sea antagónica o antitética a la de Parsons, tal como plantea el mismo Parsons y como también lo hace la mayor parte de los intérpretes. Retomando una cita ya mencionada:

Usted me imputa de principio a fin, por tanto, una actitud antagónica hacia su posición, actitud que yo no he tenido en lo más mínimo. Por cierto, hay críticas a alguna de sus teorías en el artículo, y nunca he dudado en esclarecer los puntos en los cuales discrepo con usted. Pero me parece que la mayor parte de mi artículo muestra dónde y hasta qué punto nuestras teorías se unen (TSA, 95. Énfasis en el original).

Schutz plantea repetidas veces que su estudio crítico a SSA está escrito con la intención de continuar la discusión sobre los principios de las ciencias sociales, más que de criticar el gran trabajo de Parsons. En este sentido, puede sostenerse que Schutz acentúa los elementos que tiene en común con Parsons y entiende sus inquietudes teóricas como complementarias (Eberle, 1984: 261).[20]

Lo decisivo aquí es señalar que Schutz referencia esa complementariedad a SASW. Según el autor, los principios de ese libro están integrados en un sistema teórico de la acción social que, sin duda, comienza desde un punto de vista distinto del de Parsons, a pesar de que comparte el propósito de desarrollar un esquema teórico para uso empírico:

Si me referí en mi última carta a mis propios escritos [se está refiriendo a SASW], lo hice exclusivamente con el propósito de dar una explicación del doble objetivo que tenía en mente al escribir mi primer artículo: en primer lugar, dar cuenta de su teoría y, en segundo, demostrar hasta qué punto es compatible con mi propio trabajo (TSA, 110).

También puede comprenderse esa intención de complementariedad tomando como eje el proyecto husserliano de fundamentación de las ciencias del cual se nutre Schutz:

Para evitar malentendidos, debemos enfatizar que el análisis de Husserl no debe ser interpretado como una expresión de hostilidad con relación a la ciencia moderna. Al no intentar desafiar la legitimidad de las indagaciones científicas ni la validez intrínseca y el carácter productivo de los resultados ya obtenidos, Husserl plantea la pregunta acerca del mismo sentido de esas indagaciones […] Dicho de otro modo, todas las ciencias se basan en supuestos a partir de los cuales se determina esencialmente su sentido. Con el desarrollo de la ciencia moderna, esos supuestos tienden a pasarse por alto y, en muchos casos, a caer en el olvido. Desde una comprensión filosófica de las ciencias y, distinguiéndose de la correcta aplicación de los procedimientos metodológicos así como de la invención de nuevos métodos, resulta necesario develar el fundamento en el cual se arraigan las ciencias, esto implica hacer explícitos los supuestos sobre los cuales éstas descansan y por los cuales son posibles (Gurwitsch, 1974: 138. Nuestro énfasis).

En este sentido, tampoco debe entenderse el análisis de Schutz como una expresión de hostilidad hacia la concepción parsoniana. Como fue mencionado anteriormente, el proyecto de Schutz conllevaba un intento de reflexión en torno a la necesidad de explicitar los supuestos básicos de la indagación en ciencias sociales, a partir de una reflexión filosófica y de una reivindicación epistémica del mundo de la vida. En contraposición al abandono por parte del análisis parsoniano, el proyecto de restitución de la reflexión sobre el mundo de la vida toma forma en SASW.

4. La importancia de referenciar la correspondencia a SASW

Como se desprende de las citas del apartado anterior, a fin de explicitar su intención de complementariedad respecto del trabajo de Parsons, la que se basa en su proyecto de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales, Schutz nos refiere a su primera obra SASW. La frase “inmediatamente me di cuenta de la importancia y el valor de su sistema y también del hecho de que comienza exactamente donde mi propio libro termina” da cuenta de esa intención. Para Natanson, esa frase hace explícita la concepción schutziana de la relación que debe entablarse entre ciencia social y filosofía: “tal explicación revelaría las razones de la convicción schutziana de que el trabajo de Parsons era importante, valioso y abierto a una fundamentación filosófica en términos del abordaje que Schutz trató de proveer en SASW.” (Natanson, 1978: xi. Nuestro énfasis).

En esto coinciden muchos intérpretes, “Schutz, por otra parte, basa su trabajo crítico en el análisis detallado que había presentado en SASW.” (Sprondel, 1977: 11).[21] El tema directo de la correspondencia son las ideas de Parsons presentadas en SSA, “ideas que Schutz examina y critica sobre la base de su propio trabajo elaborado en SASW.” (Kassab, 1991: 3). La escena del debate está claramente definida por sus propias publicaciones y por la reacción de la comunidad científica en ese momento. El libro de Schutz SASW había aparecido en Viena en 1932 y había llamado la atención de los lectores de habla inglesa a través de una reseña en Economica en 1937. El primer libro de Parsons, SSA, fue publicado el mismo año (Grathoff, 1978a: xxiii). En este sentido, resulta útil la recomendación de Rehorick (1980):

En primer lugar, es necesario experimentar la profundidad y la complejidad de los textos originales, leyendo SSA de Parsons y, luego, SASW de Schutz. Tal abordaje debería ayudar a diferenciar las ideas centrales de las periféricas y de distinguir los temas en primer plano de aquellos en segundo plano (Rehorick, 1980: 347-348). Recomiendo realizar un esfuerzo por contextualizar la correspondencia dentro de los objetivos teóricos más amplios de Schutz y Parsons como un modo de continuar el diálogo sobre el debate entre ellos (Rehorick, 1980: 355).

Como ya se habrá hecho evidente para el lector, en este capítulo hemos intentado profundizar y ampliar lo ya señalado por los autores que ponen en evidencia los equívocos en torno al análisis de la obra de Schutz. Esto es, a lo largo de este capítulo hemos puesto en evidencia los prejuicios del marco interpretativo que la encuadra dentro de la problemática del dualismo. Los intérpretes introducen el dualismo, por un lado, en la obra de Schutz y, por el otro, en el análisis de la correspondencia entre éste y Parsons.

Con relación al primero de esos ejes –la introducción del dualismo en la obra de Schutz– pudimos demostrar, basándonos en fuentes secundarias, pero fundamentalmente a partir de materiales inéditos, que, si bien las interpretaciones dualistas presentadas en los capítulos anteriores, sostienen que Schutz no analiza el problema del orden social, es posible reconstruir esa problemática en la obra del autor, de modo que resulta pertinente hablar de un “Schutz objetivista”. La tesis de Garfinkel en torno a las consecuencias de las decisiones epistemológicas para analizar el problema del orden social, resultan significativas para nuestra indagación en un punto: del mismo modo en que el observador parsoniano se sitúa, en términos epistemológicos, externamente respecto de su objeto de indagación, la definición del problema del orden social se establece a partir de un criterio “externo” al mundo social, ese criterio es el del propio observador. Por su parte Schutz, con un fuerte compromiso en el mundo de la vida, refiere el problema del orden a las condiciones que hacen que ese mundo significativo se mantenga y que garantizan la continuidad de las acciones intersubjetivas. Si bien en la obra schutziana el problema del orden social ha aparecido de modo implícito, esa noción de orden arraiga en el mundo de la vida cotidiana y es una construcción de carácter dinámico.

Con relación al segundo eje, echamos luz sobre el prejuicio contenido en la interpretación de la obra de ambos autores de modo antitético. Realizamos esa relectura a partir de la interpretación que el mismo Schutz hace de sus vínculos con Parsons y señalamos su intención de complementariedad. De este modo, pudimos reconstruir una “retrospectiva posible” a partir de la correspondencia inédita entre Schutz y Garfinkel, al recuperar la interpretación del primero acerca de sus intercambios con Parsons. Allí fuimos remitidos, tanto por Schutz como por el resto de los intérpretes al análisis de la primera obra del autor, SASW. A fin de explicitar su intención de complementariedad respecto del trabajo de Parsons, Schutz nos referencia a su primera obra SASW. De esta forma, es importante reconstruir el proyecto y las preguntas a las que da respuesta ese texto, pues es ese texto el que opera en el trasfondo del estudio crítico de Schutz a SSA. Es importante señalar que las preguntas y las respuestas que articulan el primer libro de Schutz, son las que dieron sentido al estudio crítico al trabajo de Parsons y al debate posterior entre los autores.

Resulta entonces central para nuestra argumentación recuperar el proyecto de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales que toma forma en el primer libro de Schutz. Pero más interesante aún es recuperar las influencias y las discusiones que están en la base de ese libro, pues ellas remiten a los tópicos planteados por los intérpretes. El contexto de la obra de Schutz es el de las discusiones entabladas en el seno de la escuela austríaca de economía. En ese ambiente intelectual, Schutz intenta dar respuesta a la crisis de fundamentación de los conceptos científicos, la que aparecía como consecuencia del dualismo mundo–ciencia, subjetivismo–objetivismo y apriorismo–empirismo sostenido por los representantes de esa escuela. Así, se hace evidente que el proyecto schutziano parte de las discusiones en torno a esos dualismos y, como será demostrado, en base a su proyecto de fundamentación fenomenológica de las ciencias sociales, Schutz superará tales dicotomías.

En el capítulo siguiente argumentaremos, de acuerdo a nuestras investigaciones previas que, desde los inicios, la reflexión schutziana estuvo marcada por un intento de superación del dualismo en las ciencias sociales. Como será demostrado, una parte importante del proyecto schutziano se basa en el intento de superación del dualismo subjetivismo–objetivismo weberiano, motivo por el cual, entender que Schutz radicaliza el polo subjetivo de la reflexión de este autor en detrimento del objetivo, resulta insostenible. Lo mismo hará Schutz con los otros dos dualismos. A continuación presentaremos una interpretación sistemática de la correspondencia en clara oposición al argumento propuesto por la tradición interpretativa dualista. Las evidencias que se presentan en los capítulos que siguen nos permitirán sustentar la principal afirmación de este trabajo, esto es, que el debate no debe ser interpretado como una confrontación subjetivismo–objetivismo, sino como parte del proyecto schutziano de superación de todos los dualismos a partir de una fundamentación fenomenológica que recupera el mundo de la vida como fundamento olvidado de las ciencias sociales.


  1. Los vínculos de Alfred Schutz con la escuela austríaca de economía serán analizados en el siguiente capítulo.
  2. Cfr. Garfinkel (1952a).
  3. Cfr. Garfinkel (1949).
  4. El primero procedía sin duda de un capítulo de su tesis de doctorado, probablemente del Capítulo 5 titulado “Una comparación de las decisiones de Parsons y Schutz.” (Psathas, 2009: 404-405). Si bien el manuscrito enviado por Garfinkel a Schutz y el Capítulo 5 de su tesis de doctorado presentan la misma estructura, difieren en algunos puntos de su desarrollo. Por tal motivo, a los fines de nuestra investigación, trabajaremos con ambos. Dejaremos para investigaciones posteriores el segundo artículo enviado por Garfinkel.
  5. Garfinkel aclara que retoma ambos términos de Felix Kaufmann.
  6. “La teoría de la congruencia no es más que una paráfrasis de la correlación entre Noesis y Noema, la que Garfinkel denomina como ‘la relación entre objeto y actitud’.” (Hama, 2009: 445).
  7. “Usted podrá ver que he realizado el siguiente análisis de las consecuencia de un modo rápido y desprolijo. Le pido, entonces, que considere el análisis como un punto de partida para una elaboración posterior.” (Garfinkel, 1953c: 23).
  8. Para un desarrollo de estas seis “condiciones estructurales” véase CPI, 229.
  9. En su tesis Garfinkel utiliza y cita todos los escritos de Schutz disponibles hasta el momento. Esa bibliografía incluía el primer libro de Schutz (SASW) y los artículos “Phenomenology and the Social Sciences” (CPI, 118-139), “The Problem of Rationality in the Social World” (CPII, 64-88), “On Multiple Realities” (CPI, 207-259), “Sartre’s Theory of the Alter Ego” (CPI, 181-203), “Language, Language Disturbances and the Texture of Consciousness” (CPI, 260-286), “Choosing Among Projects of Action” (CPI, 67-97) y “Common-Sense and Scientific Model Constructs of Human Action and the Concept of Rationality” (Schutz, 1952c).
  10. En su trabajo posterior, Garfinkel estudiará esos rasgos a partir de la ruptura de las expectativas en situaciones de la vida cotidiana.
  11. El autor diferencia explícitamente su etnometodología respecto del abordaje de la sociología y se refiere a ambos abordajes como “inconmensurables” (Garfinkel & Wieder, 1992; Psathas, 1999, 2004). Como tal, la etnometodología se plantea como diferente de la sociología, puesto que es necesariamente una ciencia empírica que no requiere, como lo hace la sociología convencional, del nivel de lo hipotético, de lo típico o de las instancias idealizadas (Psathas, 1999).
  12. “Puede sostenerse que, en este momento, Garfinkel continúa bajo la influencia del pensamiento de Alfred Schutz, no obstante, al mismo tiempo, se encuentra trabajando en lo que más adelante será su propio programa [la etnometodología].” (Psathas, 2004: 18).
  13. Basándose en el fenómeno general de apareamiento o acoplamiento desarrollado por Husserl, Schutz limita su análisis a una forma particular de ese fenómeno llamada “apresentación” o “apercepción analógica”. Schutz sostiene que todas las relaciones signantes son casos generales de esa forma de apresentación. El fenómeno general de apareamiento o acoplamiento constituye, según Husserl, una característica general de nuestra conciencia. Es una forma de síntesis pasiva que suele ser denominada asociación. El caso más primitivo de asociación por acoplamiento o apareamiento se caracteriza por el hecho de que dos o más datos están intuitivamente dados en la unidad de la conciencia, que por esa misma razón integra dos fenómenos distintos en una unidad, independientemente de que se atienda o no a ellos (CPI, 295). Cuando percibimos un objeto del mundo externo, la percepción del lado visible del objeto supone una apercepción por analogía del reverso oculto, esa apercepción del reverso del objeto que completa la apercepción del lado frontal, es una anticipación más o menos vacía que se basa en nuestro acervo de conocimiento, es decir, en nuestras experiencias pasadas de objetos normales de esta especie. El término apresentante, el lado frontal del objeto, es acoplado o apareado al término apresentado, la anticipación de su reverso. En el caso de una relación signante, el objeto, hecho o suceso llamado signo o símbolo se refiere a algo diferente de sí mismo. Experimentamos intuitivamente algo como indicando, en calidad de signo, alguna otra cosa.
  14. Aquí se refiere Schutz al esquema aperceptual, al esquema apresentacional, al esquema referencial y al esquema contextual o interpretativo. Para una descripción detallada de los cuatro esquemas véase CPI, 299.
  15. Para un desarrollo detallado de la teoría de los símbolos en Schutz véase Dreher (2003).
  16. Cfr. (Schutz, 1954).
  17. “Todo lo que precede refiere a su trabajo acerca de la comparación entre las ‘decisiones sobre problemas pre-teóricos entre Parsons y yo’, tal como usted los denomina (a propósito, ¿cree usted que estos problemas son pre-teóricos? Yo pienso que esos problemas son fundamentalmente teóricos).” (Schutz, 1954: 2).
  18. “El esfuerzo de Garfinkel por obtener una evaluación de Schutz, particularmente respecto de la dirección que estaba tomando su tesis doctoral, no recibió una evaluación positiva en lo absoluto.” (Psathas, 2009: 428). “Me parece que Schutz no consideró necesaria esta elaboración y, mientras que Garfinkel trataba de señalar las diferentes posiciones ontológicas (y epistemológicas) de ambos autores, Schutz se contentaba con presentar las diferencias en términos de cómo cada uno procede en la investigación.” (Psathas, 2009: 410).
  19. En un texto del año 1944, “Conceptos fundamentales de la Fenomenología”, puede encontrarse una frase similar: “buscando un verdadero comienzo de todo el pensamiento filosófico, la fenomenología espera terminar una vez plenamente desarrollada, allí donde comienzan las filosofías tradicionales. Su lugar está más allá –mejor dicho, antes– de todas las distinciones entre realismo e idealismo.” (CPI, 101).
  20. “Schütz betont das Gemeinsame mit Parsons und versteht ihre theoretischen Bemühungen als komplementär.” (Eberle, 1984: 261).
  21. “[Schutz] Andererseits basiert seine Kritik nachhaltig auf den Detailanalysen, die Schütz im Sinnhaften Aufbau der sozialen Welt vorgelegt hatte.” (Sprondel, 1977: 11).


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